Sección 3
—En ese caso, no saco nada de jugar contigo. Me largo entonces. Tenía un poco de curiosidad por lo que me había dejado en el plato, pero si todavía no está maduro, entonces no tiene mucho sentido, oye.
—Espera, ¡¿qué quieres decir con irte?! ¡¿Abandonarías esta torre en esta situación?!
—Esa es mi conclusión, y no pienso repetirla. ¿A quién le apetecería jugar con vosotros y estas criaturas? No son más que gotas de pluvia. En esta torre no hay más que criaturas aburridas… a excepción de la fermosísima, que fue capaz de jugar conmigo; el resto no estades a mi altura.
—¡Gh!
Rechinando los dientes, el temperamento de Julius se encendió. Pero dudó en desahogarlo.
Si dejaba estallar su furia ahora, perdería cualquier oportunidad de detener a Reid. En cuyo caso, no habría forma de restaurar la paz y el orden en la torre con todo lo que había sucedido de repente.
—Su naturaleza no tiene remedio.
La expresión de Julius se congeló ante ese murmullo de completa decepción.
Los complejos sentimientos en los ojos de Julius eran lastimosos, como un niño viendo la cima a la que se dirigía oculta por las nubes. Su dolor era algo que nadie más podría comprender jamás.
Pero justo en ese momento, mientras el infierno que hervía desde abajo amenazaba con incinerar a Julius, el hombre mediocre que observaba el campo de batalla desde arriba pudo verlo claramente.
—...Ah...
Cuando ya era demasiado tarde, habiendo observado la batalla desde el quinto piso, Natsuki Subaru se dio cuenta de que había estado tan fascinado por el combate de abajo que se había olvidado de respirar.
El asombro ante lo ridículamente poderoso que era Reid, estar maravillado con él era natural. Pero al ver la habilidad con la espada de Julius y cómo luchaba por primera vez, no había ninguna apertura que él pudiera aprovechar. Era el fruto de un entrenamiento constante e inquebrantable.
Si tuvieran que enfrentarse, Subaru perdería miserablemente sin dejarle ni un rasguño. Incluso en un combate con espadas de madera, Julius le daría una paliza sin sudar.
Dada la fuerza de Subaru, nunca sería capaz de leer el Libro de los Difuntos de Julius.
—Entonces ahora mismo es la oportunidad perfectaaa para dejarlo morir.
La dulce voz de la chica le susurró en el fondo de su mente.
Las filas de las mabestias aniquiladas por Reid estaban siendo rellenadas por los refuerzos que surgían desde debajo del quinto piso. Mientras Julius se quedaba congelado allí, no notó un ataque desatado por una de ellas.
A ese paso, sería abrasado por las llamas del centauro y moriría. Si eso pasaba, Subaru debería haber sido capaz de leer su libro cuando apareciera en la biblioteca.
La chica tenía razón. Esta situación aleatoria era la mejor oportunidad para hacer que muriera...
—¡¡DETRÁS DE TI, JULIUS!!
—¡Gh!
Al oír su voz, el cuerpo de Julius comenzó a moverse de nuevo y evadió el ataque. Las llamas lo rozaron antes de golpear el suelo, aumentando el calor del infierno.
—¡¡!!
Al fallar su ataque sorpresa, el centauro soltó un chillido agudo. Al ofenderse, aparecieron más y más, invadiendo el quinto piso de nuevo.
La situación volvió a un punto muerto mientras Julius se quitaba la capa. Pero con su carga aligerada, no se enfrentó a Reid.
Sus ojos se volvieron hacia Subaru, quien todavía estaba congelado tras advertirle sobre el peligro inminente.
Por solo un instante, a través de la larga distancia, sus miradas se encontraron.
—...
Estaban lo bastante lejos como para no poder ver sus caras con claridad, pero Subaru pudo distinguir sus ojos amarillos, llenos de duda, conmoción y muchas más emociones.
Y mientras Subaru era consumido por el impulso de huir, Julius...
—¡¡Dejo a Echidna… a la señorita Anastasia en tus manos!!
Gritó mientras alzaba su espada de caballero hacia Subaru, señalando la torre detrás de él.
Era una confianza agrietada y maltrecha. Julius estaba depositando su fe en un vínculo poco fiable. Tal vez ni él mismo estaba seguro de si esa era la elección correcta incluso mientras la tomaba.
Pero esas palabras que gritó hicieron entender a Subaru, esta era la determinación de Julius Juukulius...
—¡Gh!
Entrando en acción, Subaru obligó a sus pesadas piernas a moverse. Casi se cae cuando le dio la espalda a la escalera de caracol y comenzó a correr.
No sabía cuál era su destino. Y ni siquiera sabía si estaba escapando o no.
—¿Adónde piensas iiir?
No tenía una respuesta para esa pregunta. Pero, aun así, se negó a dejar que sus piernas se detuvieran. Dejando a Julius escaleras abajo donde se encontraban una horda de mabestias y Reid, Subaru corrió como un gamo.
—Uah… De verdad que su naturaleza no tiene remedio.
En la distancia, Reid, quien observaba la situación a lo lejos, murmuró silenciosamente.
Murmullos que parecían idénticos al anterior.
Y permanecería una incógnita si tales murmullos albergaban una emoción diferente.
Sección 3
—¿Por qué gritó?
—A diferencia de matarlo tú mismo, dejarle morir no debería dejar sensación alguna en tus manos, ¿ciertoo?
Jadeando por aire mientras corría, una voz dulce e infeliz interrumpió sus dudas. La alucinación se anidó en su oído, maldiciendo el egoísmo de Subaru.
—A pesar de que me estrangulasteee.
No tenía respuesta. Estaba siendo contradictorio. No tenía ningún sentido.
Si realmente quería los Libros de los Difuntos, debería haber abandonado a Julius. Y, sin embargo, al final, le había advertido a Julius para que escapara de las llamas. Era natural que la chica a la que había estrangulado con sus propias manos no perdonara eso...
—¡Subaru!
Mientras Subaru corría a toda velocidad, una voz lo detuvo. La voz provenía de una intersección en el pasillo que había pasado por alto; una pequeña figura salió corriendo del pasillo.
—¡Te estaba buscando, de hecho! ¡Está lleno de mabestias por allá, así que es mala idea ir ahí, supongo!
—¿B-Beatrice...? Y...
El vestido de Beatrice se agitaba mientras corría hacia él, con una expresión seria en su rostro. Subaru sintió tanto alivio como conmoción al ver a una segunda persona a salvo. Y la conmoción no terminó ahí.
—… De todos los posibles lugares, tenía que ser aquí donde me encontrara contigo, Natsuki.
La respiración de Echidna era ligeramente agitada mientras seguía a Beatrice.
Era una pareja inesperada, pero lo que hizo que el corazón de Subaru se oprimiera con más fuerza fue la extrema sospecha en los ojos de Echidna.
Era una sospecha natural. Las actitudes de Julius y Beatrice eran las extrañas.
—Si ella sabía lo que le había dicho a Emilia y a Ram en la habitación donde se había escondido el cuerpo de Meili, entonces su reacción era totalmente razonable.
—Beatrice, tú también debiste haberlo oído, ¿verdad? Yo...
—¡Gh! ¡Ahora no es el momento de hablar, de hecho! ¡Ven, supongo!
—¡¿Hablas en serio, Beatrice?! ¡Se ha escapado de la jaula! ¡En una situación como esta!
Agarrando el brazo de Subaru mientras él miraba hacia abajo, Beatrice intentó tirar de él hacia ella cuando Echidna la detuvo. Con su cautela en aumento, señaló a la cabeza de Subaru.
La punta de su dedo se sintió casi como el cañón de una pistola mientras él tragaba saliva. Pero Beatrice se interpuso justo frente a Echidna como para protegerlo.
—¡Apártate, Beatrice! ¡Has oído lo que dijo Ram! ¡Él no es la persona que conoces!
—¡Eso no es cierto, de hecho! Tomándole la mano... ¡Betty, que lo ha tocado, lo sabe, supongo! El contrato entre Subaru y Betty sigue vivo, de hecho. ¡Incluso tú, no dejaré que niegues ese vínculo, supongo!
—…Aunque eso fuera cierto, seguimos sin poder fiarnos de él. Ni siquiera puede darnos una explicación convincente, ¿verdad?
Rechinando los dientes, Echidna desestimó la afirmación de Beatrice.
La emoción violenta causada por la inquietud y la impaciencia estaba completamente en desacuerdo con la impresión que Subaru tenía de Echidna. Estaba desesperada. Estaba desesperada por proteger algo.
Comprendiendo que él era la causa de esa emoción extrema, Subaru tomó aire. Y...
—… ¿Qué estás tratando de hacer?
Empujando hacia abajo el hombro de Beatrice, Subaru dio un paso al frente, quedándose indefenso. Echidna desconfiaba, pero Subaru simplemente negó con la cabeza. No tenía nada preparado.
—Como puedes ver, me rindo... Esta torre ya no tiene sentido.
Juzgó que todo estaba ya mucho más allá de su capacidad para manejarlo. La situación le superaba por mucho y habían surgido demasiadas cosas sobre las que no podía hacer nada en absoluto. Estaba ondeando la bandera blanca, rindiéndose.
Pero Echidna se tomó aquello como algo completamente diferente.
—¿Esta torre ya no…? Es decir, ¿que ya has alcanzado tu objetivo?
—¿Mi objetivo?
—¡No sigas haciéndote el tonto! ¡Tu objetivo es el Santuario de la Bruja, ¿verdad que sí?! Eso se ha cumplido. Por eso revelas tu verdadera naturaleza. Debí haber seguido la intuición de Ana; ¡no debí traer aquí a nadie más! ¡Es mi... error…!
Subaru estaba desconcertado por el murmullo de Echidna, el cual estaba cargado de profundos sentimientos de autorreproche y remordimiento. Ella veía algo que Subaru no podía ver en absoluto. Y dudaba si él estaba relacionado con eso de alguna manera.
—...Da igual. Este mundo está llegando a su fin.
—¡¿Qué es lo que te pasa, Subaru, de hecho?! ¡Esa forma de hablar no es propia de ti, supongo!
—¿No es propia, dices?
Beatrice tiró de su manga mientras él intentaba abandonarlo todo. Al escuchar una súplica entre lágrimas, Subaru la miró.
—¿Qué es “propio de mí”? Esa supuesta “esencia” que ustedes ven... ¿dónde está?
—… Amnesia. ¿Acaso piensas persistir con una mentira tan mala? Estando junto a Ram, quien olvidó a su hermana, y a Julius, quien fue olvidado por todos… ¡tú todavía sigues con esa farsa tan cruel!
—¡¿Una farsa?! ¡¿Farsa dices?! ¡¿Acaso estás diciendo que esto mío es una farsa?!
De repente, la ira llenó la voz de Subaru, ahogando el grito de Echidna. Fulminando a Echidna mientras ella rechazaba bajo la pura fuerza de ello, Subaru mostró los dientes.
—¡Si fuera elegir ser alguien, obviamente elegiría a alguien mejor, ¿no crees?! ¡¿Quién... quién querría convertirse en “Natsuki Subaru” por voluntad propia?! ¡¡EN UN TIPO TAN REPUGNANTE COMO ESE!!
¿Quién querría convertirse en “Natsuki Subaru” si tuviera alguna opción? ¿Quién querría ser este retorcido e insoportable “Natsuki Subaru”?
—¡Todos ustedes se están confabulando contra mí! ¿Quién se creen que son? ¡Lo he perdido todo! ¡Solo regresaba de la tienda! ¡Lo único que recuerdo es que solo estaba conmigo el dependiente! ¿Y de repente un mundo paralelo? ¿Una torre de arena? ¿Un cadáver? ¡Exámenes! ¡Impostor! ¡“Natsuki Subaru”! ¡No me jodas! ¡NO ME JODAS!
—...
—¡Eso es! ¡Debe ser culpa mía! ¡Vine aquí cuando no debía! ¡No quería volver a casa! ¡Tenía demasiado miedo de molestar a papá y a mamá poniendo una cara falsa! Por eso, al principio estaba tan emocionado, ¡pero sólo al principio!
Beatrice y Echidna se quedaron congeladas en su sitio mientras veían a Subaru estallar.
Ellas no podían entender. No conocían la angustia que Subaru estaba sintiendo. Había una brecha entre ellos que no podía llenarse.
Subaru, ellas, ninguno podía ayudar al otro. Era un abismo infranqueable.
—Se preguntarán por qué estoy perdiendo los estribos ahora de repente, ¿verdad? ¡Ni siquiera yo lo sé! ¡Pero, de repente, he llegado a mi límite! ¡Porque estoy así, algo que estaba perfectamente bien se rompió! ¡Aunque me imploren, no puedo hacer nada! ¡Ni una sola cosa! ¡Así que…!
—...
—Así que… perdóname ya, por favor. Perdóname, te lo suplico. Por favor, envíame de vuelta a casa. Si Dios quería castigarme, entonces… lo entiendo; fue culpa mía.
Dijo Subaru con la voz cada vez más ronca, abrumado y conteniendo toda su amargura mientras se arrodillaba.
Y entonces, frotando la frente contra el suelo del pasillo, Subaru suplicó perdón. No sabía a quién debía suplicar; así que, recordando el nombre de todos los dioses que conocía, rezó.
—Si esto es un castigo por ser perezoso, por favor, suplico perdón.
Seguramente se había arrepentido y había reflexionado lo suficiente como para cambiar su vida.
—Así que, por favor, te suplico que me perdones.
Ya no deseaba que más personas se vieran involucradas en el castigo divino resultante de la estupidez de Natsuki Subaru.
No quería salir herido él mismo, ni quería herir a nadie más.
—...
Arrodillado y con las manos en el suelo, Subaru apeló desesperada y llorosamente mientras Echidna y Beatrice le miraban en silencio justo a su lado.
Acercándose a él, Beatrice frotó suavemente su espalda encorvada. Por alguna razón, ella se negaba obstinadamente a abandonarlo.
—...No te creo.
En contraste con la mano de Beatrice, la voz de Echidna era rígida y fría.
—Aunque te abraces la cabeza y solloces, si sigo dudando de ti, mi respuesta seguirá siendo la misma. Recuperaré a Ana. Por ese motivo, soportaré las maldiciones y el odio de quien haga falta.
—...
—...No obstante, no quiero hacer algo que me imposibilite mirar sin remordimiento a la cara a Ana a su regreso.
Echidna bajó lentamente el dedo con el que había apuntado a Subaru, y luego sacudió lentamente la cabeza.
—Beatrice, eres libre de ir con él. Yo buscaré a Julius. Si es posible, reunámonos arriba.
— … Entendido, de hecho. Oye, Subaru, ponte ya de pie, supongo. Betty te llevará incluso si tiene que cargarte, de hecho.
Ella no podía confiar en él, pero tampoco lo mataría. Así que ir por caminos separados era lo máximo que Echidna podía ceder. Beatrice intentó prestarle a Subaru su pequeño hombro para apoyarse.
Con esfuerzo, logró levantar el cuerpo de Subaru. Él exhaló. Y...
—¿A qué viene esto?
Cerrando un ojo, Echidna miró hacia su manga. La mano de Subaru se había estirado para agarrar su manga blanca, sin dejarla ir.
—¿Por qué hice eso?
—Pensé que había dejado clara mi concesión. Así que, ¿por qué haces esto?
—...Julius me lo pidió.
—¿Él lo hizo? No seas estúpido. Él... No, él haría eso...
Por un instante, Echidna vaciló ante la voz llorosa de Subaru.
—Antes que eso, ¿te encontraste con él antes de venir aquí? Él iba a echar un vistazo a la situación en el quinto piso. Y si se encontró contigo… No, más bien, ¿a qué te refieres con que te lo pidió? ¿Dónde está él ahora?
—...ah, ah, no, no es...
Al oír estas preguntas lanzadas a toda velocidad, Subaru experimentó una presión abrumadora debido a su actitud amenazadora.
—Qué patético, hermanitooo... ¿Por qué la detuviste?
El fantasma de la chica observó con decepción mientras Subaru, en su miedo, luchaba por responder. Su mirada se clavó en su corazón, haciendo cada vez más difícil hablar.
Subaru no tenía respuesta para la pregunta de la chica. ¿Por qué había detenido a Echidna? Había recordado el grito de Julius. Ni siquiera había sido una promesa, así que ¿por qué...?
—...Ah...
Evitando la mirada de Echidna, Subaru desvió los ojos mientras ella comenzaba a molestarse por su falta de respuesta. Fue entonces cuando lo vio: Una luz roja flotando pasillo abajo.
En el momento en que vio la luz roja, entendió instintivamente. Se había encontrado con sus ojos.
El enorme cuerpo negro que se fundía con la oscuridad, la brillante luz roja, el par de pinzas afiladas y anormalmente desarrolladas, el aguijón de la cola articulada y alzada brillando con un rayo blanco...
—¿Eh?
—Con un destello, el aguijón del enorme escorpión gigante se convirtió en una luz que atravesó el pasillo.
Sección 4
El aguijón volador destrozó el pasillo, llenándolo de humo ondulante y destrucción absoluta.
Experimentándolo todo en cámara lenta, Subaru vio a la pequeña niña con su elaborado vestido saltar en medio de la terrible destrucción.
—¡¡E.M.T. incompleto, supongo!!
Con una mano sosteniendo la de Subaru, extendió la otra frente a ella.
Al instante siguiente, sintió algo invisible fluyendo fuera de su cuerpo y hacia Beatrice. Su cabeza se nubló por la pérdida de esa enorme cantidad de algo. A cambio, la palma de Beatrice se volvió increíblemente efectiva contra la intensa luz blanca.
—...
Parecía que se había creado una especie de muro de luz. Detuvo el rayo blanco que destruía la construcción de piedra de la torre mientras lo desviaba para que pasara de largo.
Un trueno rugió en sus oídos, su conciencia tembló, y gritó mientras se preguntaba en qué clase de infierno había tropezado.
Protegido detrás de la espalda de la niña pequeña, aferrándose a la vida a la que había intentado renunciar.
—¿Por qué estoy vivo?
—¡Uh… ah!
Mientras maldecía su suerte, un débil gemido le hizo recobrar el sentido. Provenía de Echidna, quien había perdido el equilibrio por el inesperado y furioso ataque del enemigo.
Pero no había suelo que la sostuviera en la dirección en la que caía. El pasillo había sido destrozado por el ataque y había un agujero enorme en el suelo. Y el cuerpo de Echidna estaba siendo succionado por él.
Inmediatamente extendió la mano, pero no había nada a lo que agarrarse. No podía hacer nada más que caer a través del suelo hacia su muerte... si Subaru no le hubiera agarrado la mano.
—¡¿Natsuki?!
—¡Guooooooooh!
Su brazo izquierdo, que sostenía el peso de Echidna, era el mismo que Reid había vuelto a colocar en su lugar después de haberse dislocado. Apretó los dientes contra la sacudida de dolor. Echidna era pequeña, pero si perdía la concentración, ambos terminarían cayendo.
—¿Por qué tomé semejante riesgo?
—…No hagas cosas contradictorias para dificultarme juzgarte.
—¡Como si me… importara! ¡Fue sin pensar!
—¡Esa respuesta... suena muy propia de Natsuki!
Mientras Subaru continuaba con su interminable introspección, Echidna, a quien había salvado, le dirigió una mirada sarcástica. Luego, Echidna apuntó hacia el techo con el brazo opuesto al que Subaru sostenía.
Mirando hacia arriba, él entendió lo que ella estaba haciendo. Había una sombra negra arrastrándose por el techo, acercándose a ellos desde arriba.
Al ver al escorpión gigante blandir su pinza, los pensamientos de Subaru se aceleraron gradualmente.
Normalmente, el aguijón mortal era la imagen estándar asociada con los escorpiones, pero de los cientos de especies de escorpiones, solo unas pocas docenas poseían un veneno poderoso.
En cuyo caso, ¿qué usaban todos esos otros escorpiones para cazar? La respuesta eran sus brutales pinzas.
Si eso los atrapaba, cortaría fácilmente el cuerpo de Subaru o Beatrice...
— ¡¡El Jiwald!!
Los cinco dedos de Echidna brillaron y cinco rayos de luz brotaron de ellos, abrasando las pinzas, la cara y el caparazón del escorpión. Incapaz de soportar la fuerza, el escorpión se retiró de inmediato.
Como si huyera presa del pánico, se escuchó un golpe sordo cuando una de sus pinzas quedó atrás.
— ¡Jiwald! ¡Jiwald Jiwald Jiwaaald!
—¡Espera! ¡Cálmate Echidna! ¡Huyó! ¡Esa cosa huyó! ¡Ha huido!
Aun colgando sobre el abismo, Echidna desató un aluvión de ataques.
Subaru la llamó desesperadamente mientras levantaba su cuerpo. Ella se había agitado y confundido, pero finalmente se desplomó, descansando el peso de su cuerpo sobre Subaru.
—Hah… hah… hah… ¿Lo… lo conseguí?
—… No creo. Probablemente huyó.
Se sentía mal dado lo satisfecha que parecía Echidna consigo misma, pero el escorpión casi con certeza había escapado al otro lado del humo ondulante.
Estaba nervioso, casi esperando el momento en que el humo se dividiera para anunciar el inminente contraataque.
—Pero, no hará eso… ¿no? Eso de ahora era…
—Una mabestia, de hecho. Una grosera que apareció repentinamente en el cuarto piso, supongo. El problema no es solo ese, sino que parece que también están ocurriendo anomalías en los pisos inferiores y superiores, de hecho.
—Arriba, abajo y en el medio. ¿Así que hay problemas en todos los pisos entonces?
Subaru se mordió el labio ante el grave informe de Beatrice.
Julius estaba luchando contra las mabestias en el quinto piso; hubo un encuentro con un escorpión gigante en el cuarto piso. Y que Reid bajara de su piso probablemente también tenía algo que ver con la perturbación de arriba.
—… Aunque no pareces darte cuenta de que uno de esos problemas eres tú.
Echidna se puso de pie, apartándose del pecho de Subaru con ese comentario despiadado. Se secó el sudor de la frente, todavía mirándolo con la misma sospecha de antes.
—¿Quién… demonios eres? ¿De qué lado estás y qué quieres?
—Ni yo mismo lo sé. No entender nada de lo que está pasando me ocurre igual que a ti. Después de todo, yo…
—...Amnesia.
Beatrice terminó su frase. Él no se lo había mencionado a ellas, así que debía ser algo que escucharon de Emilia y Ram.
Sabiendo eso, Beatrice protegió a Subaru, y Echidna no trató de presionarlo al respecto.
Como para respaldar eso, Echidna parecía estar pensando en algo, y de mala gana...
—… ¿Por qué… me salvaste hace un momento?
Ella le hizo esa pregunta a Subaru.
—De no haberme ofrecido tu mano, yo habría muerto por la caída allí mismo. Junto al cuerpo de Ana, probablemente habría acabado siendo una muerte terrible, llena de remordimientos para mí.
— … Fue sin pensar. No lo sé.
La súplica de Julius había cruzado por su mente. Pero eso había sido un factor antes, cuando ella estaba a punto de irse por su cuenta, no cuando estaba a punto de caer. La razón por la que extendió la mano para agarrarla fue simplemente instinto.
—No hay una razón para todo, ¿verdad? Fue repentino, todo fue repentino, por eso yo…
—… Esa podría ser tu verdadera naturaleza como ser humano.
—¿Eh...?
Los hombros de Echidna se relajaron.
Subaru estaba confundido por cómo sonó eso, pero Echidna se encogió de hombros y suspiró.
—Aunque discutamos aquí, no serviría de nada. También sería de necios quedarse mucho tiempo y darle a la mabestia la oportunidad de volver a atacar. Movámonos. Quiero reunirme con Julius.
—Estoy de acuerdo, supongo. Por ahora, alejémonos de este lugar, de hecho. Démonos prisa, supongo.
—Ah, eh, ¿eh...?
Echidna y Beatrice decidieron rápidamente un plan de acción que la mente de Subaru no lograba seguir. Y la pequeña mano de Beatrice agarró la de Subaru como si estuviera comprobando algo.
Él tragó saliva ante esa sensación mientras ella lo miraba con sus ojos azules.
—Tampoco recuerdas sacar a Betty, supongo.
—… Lo siento. No sé de qué estás hablando.
—… Está bien, de hecho.
Pudo escuchar algo terriblemente frágil y solitario en su voz, sintiendo como si hubiera cometido el peor pecado posible en este mundo. Pero incluso mientras era atormentado por esa misteriosa culpa, Beatrice sonrió con audacia.
— Aunque Subaru lo haya olvidado, seguirá presente dentro del corazón de Betty, de hecho. Lo que Subaru grabó a fuego en el corazón de Betty jamás desaparecerá, supongo. Por eso, está bien por ahora, de hecho.
—Beatrice...
—Aunque Subaru lo olvide, Betty nunca lo olvidará. Betty siempre recordará. Y Betty también hará recordar a Subaru, supongo. Por eso, Betty hará todo lo que pueda, de hecho.
Era demasiado deslumbrante para que Natsuki Subaru respondiera.
—¿Cuánta adversidad había superado para forjar un espíritu tan férreo? ¿Cómo había desarrollado una niña pequeña una voluntad tan noble y sublime?
—Ah...
Abrumado por todo ello, luchó por contener el calor que brotaba en el fondo de sus ojos. Beatrice no dijo nada sobre su feroz lucha. Simplemente lo apoyó con la sensación de su mano en la de él.
Con solo agarrar su mano, ya demostraba ser su apoyo.
—Movámonos. Como no podemos volver por el camino por el que vinimos, no hay más opción que ir en la dirección por donde huyó la mabestia.
—Echidna, tú...
—Dejaremos para después lo de perdonar o no perdonar, dudar o no dudar. Mis sospechas sobre ti no se aclararán. Pero la situación tiene sus prioridades. Es una mentalidad indispensable para un comerciante. Y yo lo he estado viendo de cerca todo este tiempo.
Así que no más presiones por respuestas por ahora. Esa fue su conclusión.
Subaru respetó el rechazo de Echidna y su voluntad de ceder en eso, así que tampoco volvió a sacar el tema.
—El suelo se ha debilitado, así que ten cuidado. Y ten cuidado con la pinza que soltó ese escorpión también.
Observando el suelo, Echidna se vengó de lo de antes. Siguiendo su dedo, Subaru vio la pinza del escorpión gigante que había sido cortada por su rayo de calor tirada en el suelo. Con lo enorme y peligrosa que parecía, casi parecía falsa.
Levantando a Beatrice, Subaru pasó con cuidado por encima de la pinza.
El cuerpo de Beatrice era ligero. Parecía tener solo once o doce años, pero era demasiado ligera para una chica de esa edad. Y no era solo por la fuerza que aparentemente había obtenido en el año que no podía recordar...
—Bea...
Al notar algo extraño, comenzó a decir algo cuando sucedió.
Debajo de él, la pinza gigante del escorpión comenzó a temblar, y entonces estalló una luz.
Sección 5
Existe un mecanismo llamado autotomía.
Se refiere a la acción de automutilarse una parte de su propio cuerpo para escapar de depredadores; suele ser conocido como cola de reptil, y ha sido visto principalmente entre artrópodos y reptiles.
También ha sido visto en las pinzas de los cangrejos, y, por lo visto, la mabestia con forma de escorpión realizó algo similar.
Se dice que las extremidades cercenadas actúan como señuelos para atraer la atención del oponente.
Así que no era extraño que la autotomía pudiera usarse por otra razón... incluso siendo usada como una mina capaz de detectar la aproximación de su presa para luego destrozarla.
Un dolor ardiente asaltó sus brazos y piernas.
—Ugh... ghh...
Gimiendo miserablemente, Subaru estaba cubierto de sangre mientras arrastraba las piernas.
No, no solo arrastraba las piernas, había algo más, también.
—… Ya… basta. Déjame… y vete.
Era Echidna quien estaba siendo arrastrada sin fuerzas por Subaru incluso mientras él arrastraba sus propias piernas. Él tenía los brazos envueltos alrededor de los costados de ella, tirando de ella por el pasillo.
Trabajaba frenéticamente, tratando de alejarse lo más posible de la mabestia que les había dejado ese regalo de despedida.
—¡Mierda, mierda, mierda, mierda!
—Bajé la guardia. Fui descuidado. No estaba pensando en absoluto…
Lo que Beatrice había dicho le había dado tal esperanza y, a su manera, Echidna había decidido darle una oportunidad, aunque solo fuera temporalmente.
Por eso había bajado la guardia, solo para que esto sucediera.
Era tan patético, tan patético, tan patético desde lo más profundo de su ser, que rompió a llorar.
¿Por qué, a pesar de estar sumido en semejante crisis, no era capaz de crecer? No podía cambiar. Problemas, pruebas, dificultades… ¿Acaso no son las oportunidades que Dios brinda para crecer?
Si ser apalizado, desangrarse, tener los huesos destrozados, el alma rota y la vida robada es lo único que traen las dificultades, entonces ¿para qué demonios sufre uno?
—Natsu... ki... Ya... es... suficiente...
—¡No es suficiente! ¡Maldita sea, no es suficiente!
—... ¿No debería ser... Beatrice antes que... yo?
Subaru contuvo el aliento mientras Echidna hablaba lentamente, sin abrir los ojos.
Las palabras de Echidna, aunque tristes, tenían razón. Si se hubiera preguntado qué era más valioso para él —si Beatrice o Echidna—, aunque triste, la elección habría sido Beatrice.
Sin embargo, Beatrice no estaba aquí. No estaba ahí. Ya no estaba en ninguna parte.
Porque en el momento de la explosión, Beatrice había estado en sus brazos.
Ella instantáneamente había cambiado a una posición que protegía su pecho y cabeza.
—… Ya… veo. Esa niña… era realmente… así.
Subaru no dijo nada cuando Echidna reconoció lo que su silencio significaba.
No había tenido oportunidad de decirle nada cuando desapareció como si se derritiera. No obstante, únicamente la última expresión en su rostro aún perduraba en sus recuerdos.
Era una mirada de alivio, de afecto por Subaru. Nada más que eso.
—...
Esa expresión demasiado agradable para Subaru había sido el final de Beatrice.
Si es así, que alguien como “Natsuki Subaru”, quien provocó que esa niña pusiera esa cara mientras desaparecía, desaparezca de este mundo sin dejar ni rastro. Mientras maldecía de esa forma a “Natsuki Subaru”, Subaru había escapado arrastrando con él a Echidna, la única que quedaba por el proceso de eliminación.
Ya fuera por expiación, redención o quizás como un pecador que deseaba ser castigado.
Las acciones de Subaru fueron detenidas por la dificultosa respiración de Echidna. Ella, que había estado tan decidida a devolver el cuerpo de Anastasia, le dijo a Subaru que lo que él estaba haciendo era inútil.
Esto también era obvio, ya que ambas piernas habían sido arrancadas por completo de su cuerpo.
—...
En este momento, casi había parado de sangrar.
Arrastrando el cuerpo que era incluso más ligero de lo que había sido Beatrice, y sin realmente recibir primeros auxilios, ¿qué clase de futuro podría esperarla?
—Duele… Ah, de verdad… duele. El cuerpo humano, de verdad, duele…
—Lo siento, lo siento… No, más bien, yo…
—No te disculpes… tan sinceramente, Natsuki. Además… yo, ya no tengo derecho a mostrar mi cara ante Ana… Este dolor es mi única manera de… compensar a Ana.
—¿Compen... sarla...?
Sonaba tan fuera de lugar que Subaru parpadeó, luchando por entenderlo.
Las comisuras de los labios de Echidna se suavizaron.
—Después de todo, ¿no es así? Si yo, devolviera este cuerpo a Ana ahora… Ella tendría que sentir este terrible dolor y… el miedo de la muerte. Eso sería… un infierno. Quiero ser la única que lo sienta.
—Ah… Uh…
— Incapaz de devolver este cuerpo a Ana por su bien, e incapaz de ayudar a Julius… Merezco caer así al infierno.
El desprecio y el autorreproche que soportaba en silencio y sin piedad eran desgarradores.
Sus ojos sin vida dejaban claro que la muerte se acercaba lentamente. Subaru estaba abrumado por la sensación de impotencia mientras veía cómo se le escapaba la vida.
Estúpido e incompetente, impotente e imprudente, no podía hacer nada más que ver las vidas perdidas en pago por eso.
Echidna estaba muriendo, lamentando su impotencia. Dejando a Subaru atrás, ella moriría.
—Por favor, no pienses en… ahorrarme sufrimiento, ¿vale? A mí… me parece bien así.
—...
A medida que su conciencia se desvanecía, sus palabras hicieron que una nueva posibilidad echara raíces en Subaru.
—Hazlo más fácil.
Eso era lo único que podía hacer por ella mientras la muerte se acercaba.
—Oye, ¿escuchaste esooo? A eso le llamas un regalo del cielo, ¿verdaad?
La chica se asomó a mirar a Subaru, quien estaba de pie junto a Echidna mientras ella continuaba respirando tan débilmente. Estaba sonriendo extasiada ante la excusa que le habían dado a Subaru.
—...
Moviendo su cuerpo dolorido, Subaru recogió un fragmento de roca de la pared derrumbada, aproximadamente del tamaño de su puño. Era poco fiable por lo ligero que era, pero suficiente para romper el cráneo de una chica que ya estaba al borde de la muerte.
—Esto es solo liberarla de su miseria, hermanitooo.
Era una petición digna, permitir a alguien una muerte más fácil por su propio bien. La vida era preciosa e irremplazable. Así que el único momento en que había derecho a tomar la vida de alguien era cuando esa petición era genuina.
Esta era la única oportunidad para Subaru, que no había podido hacer nada, de enmendarse.
Era la única oportunidad, y aun así...
—...
Sus manos temblaban. Las profundidades de sus párpados gritaban de agonía, y su garganta olvidó cómo respirar, jadeando en vano.
Alzar sobre su cabeza y hacerlo caer con fuerza… El actual Subaru era incapaz de realizar una acción tan simple como esa. Sus extremidades no se movían, como si se hubiera olvidado de cómo hacerlo.
—...Ah...
Dejando salir un ronco suspiro, el pedazo de escombro cayó al suelo del pasillo, haciendo un sonido sordo.
Reconociendo la derrota y con sus rodillas sin ninguna fuerza, Subaru se derrumbó ahí mismo.
—...Algo como...
—¿Ni siquiera puedes hacer algo simple, Natsuki Subaru?
—Hacerle la muerte más fácil a alguien que está sufriendo y a punto de morir. Ni siquiera puedes cumplir con una farsa como esa.
—La redención eran sólo palabras bonitas; la culpa era sólo algo conveniente; de lo contrario, ¿cómo explicarías este dilema?
—...Natsuki...
—Yo...
— Ni siquiera, eres capaz… de agarrar una piedra… para ayudar al suicidio…
Abriendo apenas los párpados, sus ojos color turquesa sin fuerza reflejaban a un Subaru arrodillado. Aquella voz, tan débil como un suspiro, parecía estar denunciando al miserable Subaru, haciendo que se le cortara la respiración.
Sin embargo, ante un Subaru que se encogía de esa forma, Echidna relajó los labios de una manera que no encajaba con la situación.
—… Perdóname, por dudar de ti.
Así, mientras perdía el aliento se disculpó.
Echidna se disculpó con él. Se disculpó, por haber dudado de Natsuki Subaru.
Y, antes de que él pudiera confirmar sus verdaderas intenciones, murió.
Asesinar a Meili, esconder su cadáver, engañar sobre su amnesia acumulando mentiras, traicionando el deseo que se le había confiado, dejando morir a la niña que intentó salvar su corazón y, finalmente, incapaz de ensuciarse las manos por el bien de la mujer que estaba muriendo. Mientras Subaru sentía lástima de sí mismo, Echidna se disculpó con él y murió.
—¿Y por qué no te mueres y yaaa?
No hacía falta decir que quería morir.
Quería olvidar todo lo que había pasado, y morir.
Quería que la gente de todo el mundo le señalara con desprecio, que le dijeran que merecía morir y que fuera sentenciado a muerte. Natsuki Subaru, desesperado consigo mismo, había cometido un pecado que merecía aquello.
Desesperación.
Sección 6
El mundo estaba a punto de sumirse en la oscuridad.
—...
Mientras Subaru se desplomaba, innumerables manos negras se extendían hacia él. La oscura y maligna influencia era obvia.
Esas manos en espiral agarraron el alma de Natsuki Subaru, tratando de fundirse con él. Podía sentir que su ser se volvía gradualmente hueco, pero extrañamente, no era una sensación del todo mala.
Su alma estaba siendo corrompida, su propio ser sobrescrito.
Al experimentar esa profanación definitiva de la vida, el corazón de Subaru se tranquilizó. Porque nadie más que Natsuki Subaru había cometido esa profanación primero.
Había terminado así como resultado de corromper el alma de “Natsuki Subaru” y sobrescribir su existencia.
—...
—Quiero morir. Desaparecer. Ser aniquilado y destruido, perder toda forma.
—Si resucito, entonces conviertan este cuerpo en cenizas y bórrenlo, tantas veces como sea necesario.
—Te amo.
Mientras Subaru deseaba la muerte, la influencia maligna que traía el final susurraba amor. Incluso si se tapaba los oídos, cerraba su corazón, esos dedos oscuros se deslizaban a través de las grietas de su corazón cerrado y forzaban su entrada.
—Te amo. Te amo. Te amo.
—Ya basta. Las amargas quejas de esa niña son mucho mejores que esto.
—No importa cuántas veces lo repitas, ya lo sé. Yo… no te amo. Yo… no me amo. Sabía lo que era ser amado. Lo sabía muy bien.
Sus padres. Tanto su padre como su madre amaban a Subaru desde el fondo de sus corazones.
Él lo sabía. Era imposible que no lo supiera. Y por eso, Subaru quería desaparecer.
Pese a ser amado por sus padres, era totalmente incapaz de amarse a sí mismo, creía que no merecía ser amado.
—Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo.
—Para, por favor; dame un respiro. Basta ya.
—Ya llegué a esta conclusión hace muchísimo tiempo. Lo sabía. A pesar de que lo sabía, simplemente aparté la mirada. Simplemente intentaba no ver.
Las personas que se esforzaban tanto, se desesperaban y se preocupaban por Subaru no podían ser malas.
Él lo sabía. No podía no saberlo. Por lo tanto, Subaru debería haber muerto.
Debería haberse empeñado en no dejarse llevar por la compasión de quienes intentaban envolver su existencia.
—Si soporto esta tortura hasta el final, ¿concederás mi deseo? ¿Me beberás, me romperás, me pulverizarás y me borrarás en el más allá de la nada para que nunca más tenga que relacionarme con los demás?
—Si puedes hacer eso… si puedes hacerlo, lo aceptaré. Quiero aceptarlo. Si este puede ser el final.
—Si este pudiera ser mi momento final, que Natsuki Subaru simplemente deje de existi...
—Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo.
—No te permitiré seguir.
Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo...
Una voz sonó.
Una confesión interminable de amor susurrando en sus oídos.
Y esa voz que recordaba a una campanilla de plata se alzó, alcanzando a Subaru tras atravesar la confesión de amor sin aparente fin que parecía estar siendo susurrada a sus oídos y estar sobrescribiendo el mundo y la existencia de Natsuki Subaru.
—...
Una luz brotó.
Atravesó las sombrías manos mágicas que intentaban fundirse con Subaru. La luz estalló, y las manos mágicas recibieron el impacto directo… pero aquello solo era una de las innumerables sombras que había.
Sólo una entre miles había sido cortada, y ese esfuerzo no compensaba la hostilidad que provenía de aquella enorme y poderosa masa de sombras. Aun así, la voz que había lanzado aquel ataque avanzó con determinación, esquivando, evadiendo y sorteando con una agilidad excepcional las manos mágicas de la sombra que se abalanzaban hacia ella.
Y...
—¡Subaru!
La voz agarró con fuerza la mano de Subaru.
Su cuerpo fue levantado y llevado a la fuerza lejos de allí. Emilia miraba al frente sin mirar atrás, su largo y brillante cabello plateado ondeando detrás de ella mientras corría.
Él había confirmado que ella seguía viva. Pero su corazón no se hinchó de alegria. Obviamente.
Ya había dejado morir a Julius, Beatrice y Echidna.
Natsuki Subaru era una plaga personificada. Podía evitar la muerte él mismo, pero la factura siempre llegaba, y las personas a su alrededor eran las que tenían que pagar el precio.
Si alguien le hubiera dicho que ese era su destino, lo habría creído.
—Ya es suficiente.
—¿Eh?
—Digo que ya no vale la pena esforzarse.
Resistiéndose a Emilia, quien intentaba tirar de su brazo, Subaru detuvo sus pasos. Emilia aún intentaba llevárselo de allí; pero, ahora con una voluntad inquebrantable, no obedeció
—...
Encarándose el uno hacia el otro, Subaru y Emilia se miraron fijamente.
Mientras el mundo llegaba a su fin consumido por la sombra negra, Subaru miró fijamente a Emilia, quien lo miraba a él.
—¿Por qué intentas salvarme? No tiene sentido. Tú también pensabas que yo era un farsante, por eso me encerraste en esa jaula de hielo e intentaste matarme.
Tergiversó la realidad, reprendiendo a Emilia de forma insultante e injusta para herirla lo más profundamente posible. Para que nunca más pensara en intentar tomar su mano.
Pero a pesar de sus esfuerzos, no funcionaría con Emilia, quien era tan deslumbrantemente seria.
—¿Matarte? ¡Yo no haría algo tan horrible! Solo quería que me contaras bien las cosas. Y ya me lo dijiste, ¿no? Que habías perdido tus recuerdos. Por eso…
—¡Eso...! ¡Pudo haber sido simplemente una excusa conveniente! ¡¿Te lo creíste tan fácilmente?! ¡Es ridículo! ¡Están mal de la cabeza! ¡Tú, Julius y Beatrice...!
Le habían encerrado en la jaula de hielo y les había dicho la verdad sobre su amnesia y sobre su desesperación.
Pero cualquiera con medio cerebro no aceptaría eso ciegamente. Ram y Echidna tenían razón. Y sin embargo, más de la mitad de su grupo eran completos idiotas.
—No, más bien… ¡aquí todos son estúpidos! Al final… en ese estado, al final, hasta Echidna se disculpó conmigo… ¡No lo entiendo!
— ¿Al final, Echidna…? Subaru, ¿qué ha pasado? ¿Acaso Echidna y los demás…?
—¡Murieron! ¡Echidna está muerta! Sus piernas volaron por los aires y se desangró llena de dolor. ¡Murió agonizando! ¡Y también Beatrice!
—¡...!
—Ella también… me protegió. Sacrificarse por mí… Qué absurdo. Ojalá lo hubiera notado antes; pero no lo hice, y murió. Dijo que no se olvidaría de mí…
Aunque Subaru lo hubiera olvidado, Beatrice no lo haría.
Beatrice había declarado firmemente que ayudaría a Subaru a recuperar sus recuerdos, costara lo que costara.
Pero ella había muerto justo después de haber dicho aquello.
Todo fue pura palabrería. Las palabras son efímeras. Y justo después de decir eso… ella evitó que Subaru muriera y, con cara de alivio, desapareció de este mundo.
—Si iba a desaparecer así, ojalá la hubiera detenido. ¿Sacarla? ¿Que yo la saqué? Da igual cómo. En cualquier caso, si la saqué de alguna parte que no fuera este lugar… nunca debería haberlo hecho. Si no lo hubiera hecho, entonces…
—Ella no habría acabado así, desapareciendo con aquella expresión en su rostro.
—Y también ese tal Julius. Seguramente, él ahora ya esté… en un lugar con tantas mabestias espantosas, y con la interferencia de Reid de por medio… y encima me dice “Vete, te la encargo” … Qué idiota.
—Aquí todos eran idiotas. ¿Qué demonios esperaban?
—Retractándose, disculpándose por haber dudado de él… ¿Qué demonios estaban diciendo?
—¿Qué sería de su petición? ¿Qué sentido tendría que volvieran? ¿No era natural que dudaran de él?
Natsuki Subaru estaba aquí porque traicionó todo lo que se le había confiado.
Sobrevivir a solas como si nada le fuera insoportable, así que deseaba desaparecer por completo.
Natsuki Subaru era el más idiota, estúpido, incorregible e incapaz de salvar una mísera cosa...
Si él no era todo aquello, ¿entonces qué...?
—Subaru y yo nos conocimos por primera vez en un lugar llamado el Almacén de bienes robados en la Capital Real.
......
............
..................
—...
Subaru se había quedado inmóvil en un pantano sin fondo de dudas y autocrítica.
Lo que hizo vibrar sus tímpanos fue la repentina confesión de Emilia. Era un relato de recuerdos, con un tono que parecía evocar memorias nostálgicas y entrañables.
— … ¿Qu—?
Ese carraspeo ronco no era una risa burlona que se mofara de su declaración aleatoria. La mente de Subaru no había llegado tan lejos. Simplemente estaba genuinamente desconcertado.
Ignorando su reacción, Emilia empezó a recordar sucesos y a contarlos con los dedos.
—Por aquel entonces, Felt me robó una insignia muuuy importante. Tuve que emprender una búsqueda desesperada con Puck para tratar de recuperarla y entonces, después de perseguirla, luchamos contra la hermana de Meili. Estábamos en grave peligro, pero Reinhard vino a salvarnos. Y después de eso, justo cuando respiraba aliviada, la hermana de Meili fue directa a por mí… y Subaru me salvó de aquello.
—...
—Así fue como te conocí, Subaru. ¿No lo recuerdas?
Al oír su pregunta, Subaru sacudió la cabeza.
Aunque ella había narrado aquellos recuerdos en detalle, él no tenía ni la menor idea de lo que ella había dicho.
Era de esperarse. Aquellos eran los recuerdos de Emilia y “Natsuki Subaru”. Sin importar qué, aquellos eran fragmentos de recuerdos hilados por “Natsuki Subaru”, quien una y otra vez hacía cosas inimaginables para él.
—Pero Subaru me protegió hiriéndose de gravedad, así que te llevé conmigo a la mansión de Roswaal. Y allí, Beatrice curó tus heridas a regañadientes. Ram… y seguramente Rem también, empezaron a llevarse bien contigo.
—...
— Y luego, esa vez fue Meili, y no su hermana, quien incentivó a las mabestias para atacarnos. Subaru y Ram las mantuvieron a raya hasta que Roswaal las eliminó mientras yo permanecía en la mansión. Fue cuando también prometiste llevarme a una DATE… ¿No lo recuerdas?
—...
Sacudió la cabeza.
—No lo recuerdo. Yo no hice algo como eso. No lo hice.
—Y también hicimos muchas cosas en la mansión. Hicimos mayonesa, bebimos alcohol entre todos, Puck hizo que nevara, jugamos al “GAME del Rey” … y después de eso, me llamaron a la Capital Real para la Selección Real, cierto.
—...
— También fue la primera vez que tuve una gran pelea contigo. Yo no quería que salieras lastimado por mi culpa, ni que te exigieras demasiado; tenía miedo y no entendía por qué eras tan amable conmigo. Así que, cuando nos peleamos, pensé que no volveríamos a vernos…
Mientras relataba estos recuerdos, la voz de Emilia empezó a temblar ligeramente.
Había una mezcla de alegría y tristeza, ansiedad y expectación, diversas emociones contradictorias. A Subaru le invadió una sensación de sed.
Anhelar, anhelar, anhelo. Su pecho ardía, consumiéndose en un calor abrasador.
Hacia todo lo que hacía que Emilia pusiera este rostro… no, hacia un único factor, ardía de anhelo.
—No entendía lo que estaba pasando. En ese momento me estaba dejando llevar por el mal momento, y entonces Subaru volvió corriendo a mí cuando estaba en mi peor momento, y después…
—...
—Y después de aquello, ¿recuerdas qué fue… lo que dijiste?
—Yo...
—No lo recuerdo.
No lo recordaba. Aquellos recuerdos no surgirían de la nada.
El temblor en la voz de Emilia, su petición, su voz que resonaba aferrándose a él. Todo aquello hizo evidente...
...que el Subaru que se encontraba aquí ahora no era el “Natsuki Subaru” que ella quería.
Confrontado con el hecho que ya conocía, el alma de Subaru volvió a arder por la envidia y los celos.
Golpeado por la realidad que ya conocía, su alma ardía de envidia y celos.
—¿Por qué tú, “Natsuki Subaru”? ¿Por qué tú y yo somos tan distintos, “Natsuki Subaru”?
—Emilia y todos los demás lo pensaban.
—Devuélvenos al verdadero “Natsuki Subaru”.
—Alguien como tú, alguien como Natsuki Subaru, simplemente debería morir.
—Si fueras “tú” el que estuviera aquí, cuánto cambiaría todo.
—Deberían estar pensando eso, heridos, sufriendo y lamentándose.
Y sin embargo...
—Pero yo lo recuerdo todo. Lo que me dijiste, lo que hiciste y lo que prometiste que haríamos, Subaru. Lo recuerdo todo.
Esa sonrisa estaba cargada de alegría y esperanza, como si nunca hubiera habido tristeza o ansiedad.
Al ver la sonrisa de Emilia, a Subaru le temblaron los labios.
—No había nada. En ninguna parte.
—Todo lo que había dicho, todo lo que había hecho, todo lo que había prometido… ninguna de esas cosas estaba dentro de este cuerpo, dentro de esta cabeza, en lo más profundo de su corazón o en los confines de su alma.
—Y por eso…
—No lo… recuerdo. Aunque me lo pidas, no lo recuerdo. Tú… ¡Tú! ¡Y todos ustedes! ¡¿DE QUIÉN MIERDA ESTÁN HABLANDO?!
Ante su alarido, Emilia abrió de par en par sus ojos amatistas.
Sin dejar de mirarla, Subaru parpadeó rápidamente limpiándose sus cálidas lágrimas; y, con una voz aún más áspera y esforzándose por conservar un tono malicioso, continuó vociferando.
—¡Arriesgar mi vida por otra persona! ¡Salvar a alguien más por reflejo! ¡Correr esforzándome tanto por otra persona! ¡Arriesgar mi vida por alguien más para lograr algo! ¡¿Es todo eso siquiera posible?! ¡¿Yo puedo hacer algo como eso?!
Ella le había contado sus recuerdos, y él respondió que no recordaba nada.
Beatrice había desaparecido antes de que él pudiera responderle, y él todavía no podía superar el arrepentimiento que sentía por eso cuando Emilia comenzó a hablar tan gentilmente sobre sus recuerdos, tratando de persuadirlo.
Julius había confiado en él, Beatrice había creído en él, Echidna le había perdonado, Emilia tenía esperanzas en él.
Todo eso por “Natsuki Subaru”. El que había sido convocado a este mundo paralelo, el verdadero él...
—¡No me vengas con esa mierda! ¡Ese tipo no puede ser Natsuki Subaru!
Era imposible que alguien pudiera confiarle sus esperanzas a Natsuki Subaru.
—¡Lo sé muy bien! ¡Sé lo patético, desagradable, incorregible y lo bastardo que es Natsuki Subaru!
Era imposible que alguien pudiera creer de verdad en Natsuki Subaru.
—¡¿A quién estás mirando?! ¡¿De qué estás hablando?! ¡Ese tipo no está por ninguna parte! ¡Todo es una completa mentira! ¡Las cosas que ese tipo mostró, las cosas que dijo, todo, todo! ¡Sólo era mierda al azar que soltaba por su boca! ¡No hay motivos para creer en él!
Era imposible que alguien pudiera perdonar los pecados de Natsuki Subaru.
—¡¿Crees que hay algún valor en Natsuki Subaru?! ¡Natsuki Subaru es escoria! ¡Es un miserable e inútil bastardo! ¡¡LO SÉ MEJOR QUE NADIE!!
Como si alguien realmente quisiera a Natsuki Subaru a su lado.
—...
Él no tenía esa valía. Ni valía ni nada deseable por el estilo, se mire como se mire.
Natsuki Subaru era una plaga personificada. Sin importar con quién esté, Subaru no hacía más que herirlos, perderlos y traerles la muerte.
Por eso, para.
Emilia y los demás no tenían por qué salir lastimados por culpa de alguien así.
No hay necesidad de ser herido. Así que...
—...Elijan… a otra persona.
Sólo murmuró esas palabras.
Esa era la verdad sin adornos de lo que sentía Subaru.
—...
—No tenía que ser él… de hecho, sería mucho mejor si no fuera Natsuki Subaru.
—¿Por qué confiarlo todo a un tipo que no podía hacer nada? ¿Por qué confiar en él? ¿Por qué perdonarlo? ¿Por qué desearlo?
—Debería haber un modo de que todo fuera mejor. Debería haber alguien que lo hiciera mejor.
—Si ese alguien es el “Natsuki Subaru” que todos desean, ya no se encuentra en ninguna parte.
—Nunca existió. Es una imagen falsa. Una existencia vana, una ilusión imposible.
—“Natsuki Subaru” no es una realidad alternativa de mí, sino un personaje de ficción.
—Por eso, simplemente ignórame y deshazte de alguien como yo. Alguien más fuerte o más inteligente aparecerá. Yo… yo…
—No puedo.
Un sentimiento de impotencia consumió a Natsuki Subaru.
Cada persona tiene su capacidad; un límite adecuado para cada uno. Él quería que ellos lo entendieran; que no estaba cualificado para caminar al lado de Emilia y los demás. Tampoco estaba cualificado para que ellos lo desearan de esa forma.
No era fuerte ni inteligente. No tenían por qué desear a un Subaru así cerca.
Por lo tanto, él...
—Me llamo Emilia. Solo Emilia.
—¿Eh?
Tras liberar toda su impotencia, con el corazón aún preso por las cosas que quería decir mientras se dirigía hacia la nada, la voz que recordaba a campanillas de plata sonó de improviso, provocando que la voz de Subaru sonara involuntariamente.
—...
No entendía el significado de aquellas palabras... o más bien, lo que no entendía era la intención tras aquellas palabras.
Alzando la cabeza, Subaru miró a la persona que se había presentado como Emilia y que estaba de pie, justo delante de él. Ella tenía una mano sobre su propio pecho; y, en sus grandes y redondos ojos amatistas, Subaru pudo ver reflejada su propia figura.
—...
El brillo de aquellos ojos le arrebató el aliento. Y estando justo delante de Subaru, Emilia prosiguió, con ojos sinceros, como si transformara los recuerdos que llenaban su pecho en fortaleza.
—Hay tantas cosas que tengo que decirte, y tantas cosas que tengo que preguntarte. Muchas, muchas cosas. Pero, ahora mismo tengo que escuchar solo una.
—...
—Julius, Beatrice, Echidna… y ahora yo, al tomar tu mano, al huir juntos… queríamos protegerte a toda costa… No queríamos que murieras, porque…
Llena de emociones, Emilia cerró los ojos y se sumergió en sus pensamientos, permaneciendo en silencio durante varios segundos que se hicieron eternos, durante los cuales Subaru podía ver que diversas emociones recorrían su pecho. Entre ellas había incluso preocupación por sus compañeros que no se encontraban aquí.
Con todos esos sentimientos, los labios rosados de Emilia temblaron.
—Tú, que nos has hecho sentir así, ¿quién eres?
—...
—Por favor… dime tu nombre.
La pregunta de Emilia hizo que las profundidades de su corazón se estremecieran.
Las intenciones que ella estaba manifestando no eran negar al Natsuki Subaru que tenía delante, o recuperar al antiguo Subaru.
Intentaban afirmar la presencia de este Natsuki Subaru.
—...
Resentimientos, comportamientos y palabras como “Devuélvenos al verdadero Natsuki Subaru, el de ahora es un impostor” habrían sido más fáciles de soportar.
Porque no era más que algo que Subaru había deseado para sí mismo.
Era el propio Subaru quien seguía prefiriendo ser negado, ser rechazado y que fingieran que nunca había existido, porque él no podía ser el “Natsuki Subaru” que querían.
Pero Emilia… no, no sólo ella, sino que todos los que habían hablado con Natsuki Subaru habían implorado lo mismo hasta ahora.
Daba igual si era fuerte o débil.
Aunque lo hubiera olvidado todo y se dejara ver en un estado tan lamentable, seguía siendo igual.
Con sus palabras, con su comportamiento y con su vida, mostraron que necesitaban a Natsuki Subaru.
—... ¿Por qué...?
—...
—¿Por qué estás aquí, Natsuki Subaru? ¿Qué puede hacer ese tipo? ¿Qué esperan de él?
No lo entendía.
En esta abrumadora desesperación y en esta situación desfavorable, ¿qué pasaría si Natsuki Subaru estuviera aquí? ¿Cómo podría mejorar la situación? ¿Podrían superarla?
¿Cómo podían depositar sus esperanzas en Natsuki Subaru, un tipo que traiciona todas y cada una de las expectativas?
—¿Qué demonios ven en un tipo débil, tonto, miserable y cobarde?
—...Quizás es como dices.
Emilia bajó la mirada mientras Subaru sacudía la cabeza, no tanto en negación, sino como una súplica.
Sus ojos estaban enmarcados por largas pestañas, y su voz siempre tan parecida al tintineo de una campanilla de plata que le hacía cosquillas en el corazón. Todo en Emilia parecía ser ese nudo que ataba a Natsuki Subaru a este mundo.
El impulso de simplemente desaparecer y morir estaba siendo destruido por su deseo de conocer la respuesta que ella estaba preparando. Era como una cuña. Emilia era la cuña que ataba a Subaru a este mundo.
Emilia continuó acumulando palabras hacia Subaru, cuyo corazón estaba siendo apretado por esa cuña.
—Hay gente más fuerte que Subaru, y seguramente también haya mucha gente que sea más inteligente. Pero yo prefiero estar contigo, Subaru, sin importar qué. Creo en que Subaru hará que así sea, por mí, porque así lo deseo. Porque…
—...
—Porque, si puede ayudarme alguien a quien quiero —como tú—, eso me haría mucho, mucho más feliz que si me ayudara alguien que simplemente estuviera disponible y pudiera hacerlo.
Fue lo que dijo Emilia sonriendo.
Sonriendo… y un ligero rubor en las mejillas.
—...
Subaru exhaló, como si jadeara.
Al recibir las palabras de Emilia, todo el tiempo se detuvo dentro de su cuerpo durante un instante.
Podía sentir los latidos de su corazón haciendo bum bum.
Y, al mismo tiempo en que sus sentimientos resurgían en él, otra emoción surgió: burla hacia “Natsuki Subaru”.
—Ja.
—Lo entiendo. Lo entiendo dolorosa y estúpidamente bien.
La fuente inagotable de poder que “Natsuki Subaru” tenía pero que Natsuki Subaru no tenía. Finalmente entendió qué era eso y se rió.
—Ya veo, “Natsuki Subaru”. ¿Te enamoraste de esta hermosa chica?
—...
Una vez que lo entendió, también comprendió de inmediato qué razón tan estúpida era. Era difícil de creer, difícil de aceptar y difícil de perdonar.
—Sin duda ella está muy por encima de ti. Como si una mujer así fuera a fijarse en alguien como tú.
—Tienes a tu lado un caballero tan genial, una mujer tan sabia, una niña tan dulce… y, por último, esta chica tan hermosa frente a mí.
—Confiaban en ti, creían en ti, te perdonaban y deseaban que fueras tú.
No queriendo ser salvados, no aferrándose a la esperanza, sino esforzándose por superar los muros frente a ellos. Queriéndote a ti en lugar de a cualquier persona que pueda hacerlos cruzar el muro.
—¿Cómo demonios te convertiste en el tipo de persona sobre la que pensarían de esa manera?
—Me llamo Emilia. Solo Emilia
Una vez más, Emilia dijo su nombre al silencioso Subaru.
Le miraba con sus ojos amatistas. Los ojos castaño oscuro de Subaru se encontraron con los suyos. Y entonces…
—Por favor… dime tu nombre.
—...
Al escuchar la pregunta de Emilia una vez más, Subaru no supo qué decir.
—Lo había negado una y otra vez.
—No podía hacerlo. No podía serlo. Lo había negado una y otra vez.
—Por lo tanto, esto seguramente no era más que un uso de palabras conveniente.
Confiado, creído, perdonado, deseado.
—¿Y si fuera merecedor de ser tratado así por ellos en esta atalaya del desierto?
—¿Y si fuera alguien que pudiera salvar a Emilia y a los demás en esta atalaya del desierto?
—Si ese alguien era “Natsuki Subaru”, si “Natsuki Subaru” no estuviera en ninguna parte…
—Me llamo Natsuki Subaru.
—...
—Aquel en quien Julius confió, aquel en quien Beatrice creyó, aquel a quien Echidna perdonó, aquel a quien tú —Emilia— deseas... si Natsuki Subaru es el nombre de ese hombre...
El chico de cabello negro respondió a la joven de reluciente cabello plateado, clavando sus ojos castaño oscuro en sus ojos amatistas.
Sus labios manchados de sangre seca respondieron a la pregunta que había salido de los rosados labios de Emilia.
—...YO SOY NATSUKI SUBARU.
—A pesar de que ahora estoy débil y sin fuerzas, y con la mente y el cuerpo destrozados por la desesperación, lo declaro.
—Por Emilia, por Emilia y los demás… por su bienestar, por su tranquilidad… así lo deseo y así lo imploro, lo declaro.
—Eso es lo máximo que puedo hacer para compensar... no, no es nada tan admirable como una compensación... esta es mi patética súplica, lo que Natsuki Subaru puede hacer por las personas que confiaron en él, creyeron en él, lo perdonaron y lo desearon.
—Quiero salvarlos. Y apostaré todo lo que tengo por eso.
—...
Declaró con fuerza que él era Natsuki Subaru.
Pero la sospecha que sentía hacia “Natsuki Subaru” en el fondo de su corazón no se había disipado en absoluto.
El rostro y la voz del hombre malvado que “me” había matado, que había matado a Meili, todavía estaban grabados a fuego en su interior. Y eso tal vez nunca pueda ser exorcizado.
Pero aquello estaba bien. Aun así, estaría bien.
—No es como si quisiera ser salvado. Tampoco es que me aferre a ellos deseando ser salvado.
—Quiero que se salven, pensó.
—Quiero salvarlos a todos, gritaba su corazón.
—Si “Natsuki Subaru” podía hacer eso, entonces yo lo haré.
—Más te vale que la razón por la que empezaste a correr y aquello que buscaste al final de este camino sean lo mismo.
—Mientras el objetivo sea el mismo, entonces sólo seremos enemigos acérrimos en el mismo barco. Te odio, pero no me quejaré. Incluso si no podemos soportar vernos las caras, lidiemos con ello y superemos esto. Así que, te lo ruego “Natsuki Subaru”, déjame salvar a Emilia y a los demás.

—Gracias, Emilia. Tú me hiciste creer.
—...Subaru, yo...
Hubo una ondulación en los ojos púrpuras de Emilia.
Un cambio en la emoción, un cambio en el equilibrio entre la alegría y la tristeza. Y al no querer saber hacia dónde se inclinaba, Subaru bajó la mirada, aunque sabía que era patético.
Justo cuando se preguntaba qué diría ella...
—¡Agh!
El mundo que había estado tan silencioso, como si no quisiera interrumpir su conversación, de repente se hizo pedazos.
—¡Emilia!
El pasillo en el que estaban hablando fue aplastado por una sombra masiva en un abrir y cerrar de ojos.
El suelo perdió su forma y, sin ningún lugar donde apoyarse, el equilibrio de Emilia se desmoronó. Subaru todavía tenía apenas un poco de apoyo, pero se impulsó desde el poco suelo que quedaba y extendió la mano hacia Emilia.
En un instante, la torre se hizo añicos, convirtiéndose en una pila de escombros llena de piedras viejas y arena.
—...
Subaru persiguió desesperadamente a Emilia mientras caía, acortando la distancia, alcanzando su cabello plateado ondeante, y finalmente abrazando su cuerpo esbelto contra el suyo.
—Subaru... Hm...
Emilia se giró mientras él abrazaba su cuerpo suave y cálido. Lo más probable es que tratara de ajustar su posición para amortiguar la caída de él.
Pero eso era confundir quién salvaba a quién.
—¿Qué les pasa a todos ustedes? Pero desafortunadamente, la amabilidad de Emilia no serviría de nada en esta situación.
Emilia no podía saberlo, ya que se había girado para caer de espaldas al suelo.
Pero no estaban cayendo hacia el duro piso de la torre ni hacia el desierto arenoso.
Estaban cayendo en la sombra negra que consumía la torre y guiaba todo hacia la destrucción.
—...
No había forma de resistirse. En los brazos del otro, serían tragados por la sombra, y ese sería el final.
—Pero no es el final. Esto, desde aquí, se convertiría en el principio.
—Lo que habían empezado una vez, se volvería a repetir otra vez aquí, desde el final, otra vez.
—Hagamos una promesa con ese propósito.
—Aquí, en este mundo, haré realidad las palabras que intercambié con Emilia.
—Haber sido salvado; haber deseado querer salvarlos.
—Era hora de empezar desde este final, con todo eso en mente. El momento de farfullar y balbucear había terminado.
—¿Acaso un encaprichamiento que parece una maldición no era algo bonito? Es lo que siempre quise.
—No sé si Natsuki Subaru es digno de ser amado.
—Pero los requisitos necesarios para ser amado por Emilia y por todos los demás ciertamente estaban presentes.
—...
—Aunque lo olviden, aunque no puedan recordar las palabras que me dijeron en este mundo que termina, en este mundo que comienza de nuevo…
—Aunque lo olviden, aunque no puedan recordar las palabras que les lancé en este mundo que termina, en este mundo que comienza de nuevo…
—Yo lo recordaré.
—Lo recordaré todo.
—Esta vez, aunque tenga que aferrarme a ellos, no olvidaré. Pase lo que pase, no olvidaré.
—Solo estos recuerdos... incluso si llegara a morir, no olvidaré.
—Aunque lo olviden… no olvidaré a ninguno de ustedes.
—Recuérdalo siempre, Natsuki Subaru.
Las sombras se acercaban y la oscuridad absoluta fue engullendo a Subaru y a Emilia.
La abrazó con más fuerza, no queriendo perder su calor hasta el final.
Y así, sin más, Emilia y Natsuki Subaru se hundieron hacia las profundidades de las sombras.
Metempsícosis. Todo se estaba deshaciendo. Todo se reducía a la nada. El final llegaba tal y como se esperaba.
Y en el lugar donde todo se volvió cero, comenzó.
Una batalla para matar a Natsuki Subaru y traer de vuelta a “Natsuki Subaru”.