Sección 5
—¡Ahhhh! ¡Gyaaaaah!
—Duele, dueledueledueledueledueledueleduele.
El dolor, el tormento, las náuseas, el ardor, todo reducía a Natsuki Subaru a polvo.
Sus brazos, piernas, cara, todo quedó destrozado, aplastado, roto por las escaleras de piedra contra las que se estrellaba, hasta que perdió su forma humana y se convirtió en algo no humano. Moldeado en algo que no era “Natsuki Subaru”.
Estaba dejando de ser “Natsuki Subaru”. Perdió su memoria, su forma. ¿Cómo podía este trozo de carne, este saco de sangre, definirse como “Natsuki Subaru”?
—”Los recuerdos, son los que moldean a las personas.”
La mente de Subaru fue engullida por el dolor y la pérdida cuando de repente oyó esa voz.
—¿Quién ha dicho una estupidez así? ¿Quién está soltando esa mierda como si entendiera lo que está pasando aquí?
—Pero hay algo de cierto en eso. Los recuerdos son los que moldean a las personas. Es un gran dicho.
—Si era así, ¿en qué demonios convertía eso a alguien que había perdido los recuerdos y ya no era quien fue una vez?
—Fghn.
Su garganta, que había estado gritando y literalmente escupiendo sangre, ahora estaba aplastada.
Para cuando llegó al suelo muy, muy abajo, Natsuki Subaru estaba hecho pedazos.
No se despertará del sueño. Natsuki Subaru la cagó. El papel maché se desmoronó.
—¿Quién eres tú?
Tras el terrible dolor y toda la sangre derramada, la existencia de Natsuki Subaru se hizo añicos completa y totalmente.
Sección 5
El dolor intermitente y el ardor feroz sobrescribieron por completo su existencia.
Cada pieza que formaba su cuerpo había sido aplastada, rota y destrozada, y el dolor de todo ello estaba grabado a fuego en su cerebro, royendo sus nervios, desgarrando su alma.
El dolor gobernaba su mundo.
Solo había dolor. Dolor y nada más. El mundo era solo dolor. Hasta que incluso el pensamiento de que el mundo era solo dolor fue sobrescrito por más dolor.
La ansiedad, la confusión, el estrés, la pena, la ira, la desesperación; nada de eso significaba nada ante el dolor. No tenían ningún valor. Así es, ningún valor en absoluto.
Pensamientos, acciones, reflexiones, opiniones, esperanzas, recuerdos… todo era igual de insignificante.
Entonces, ¿qué sentido tenía sentirse mal por perder algo inútil? No había nada excepto dolor sin fin. El dolor era el mundo entero.
Y entonces, ese dolor interminable de repente dejó de existir...
—¡¡UAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!!
Despertó con un grito.
Simplemente gritó, olvidando que su garganta había sido aplastada y cómo se había ahogado en la sangre que la llenaba.
—¡¡AAAAAAAAAH!! ¡¡UAAAAAAH!!
Se agitó mientras gritaba, intentando protegerse de ser destruido por la escalera de caracol. Intentó proteger su brazo derecho roto y su cuerpo hecho papilla cuando se dio cuenta de algo. Sus brazos y piernas... podían moverse.
Se movían, pero perdió el equilibrio y, experimentando de nuevo una sensación de caída, golpeó el suelo. Se retorció sobre el suelo nudoso. Sintiendo la textura del suelo, que parecía cubierto de un entramado grueso, Subaru comenzó a toser con inquietud.
Con una tos, vomitó, despejando su garganta. Lo que fluyó de su boca fue ácido estomacal amarillo, no sangre. El sabor y olor agrio y amargo cubrieron su boca, y empezó a toser incontrolablemente.
—¡U… buegh! ¡Gueeeegh! ¡Geooogh! ¡Gaogh!
Limpiándose furiosamente las lágrimas y los mocos de la cara, golpeó débilmente su frente contra el suelo una y otra vez. Tras repetir ese proceso, respirando entrecortadamente, se dio cuenta.
El dolor abrasador que había sofocado su cuerpo sin piedad había desaparecido.
—… Ah.
Y mientras se estremecía por el dolor que había desaparecido repentinamente, finalmente notó otra cosa.
Mientras estaba encogido en el suelo, alguien le frotaba suavemente la espalda.
—¿Te has calmado?
Girándose, a través de las lágrimas que aún llenaban sus ojos, vio el rostro de la persona que lo consolaba. Incluso a través de esa bruma borrosa, seguía siendo claramente una chica hermosa, con cabello plateado y ojos amatistas. Al verla allí, con el ceño fruncido por la preocupación por él, tragó saliva.
Alguien le había tocado la espalda. Justo como entonces, antes de que el dolor viniera a por él.
—Tengo que escapar. Dolor. El dolor viene.
—Suba...
—¡¡UAAAAAAAAAAH!!
Justo cuando ella empezó a hablar, Subaru apartó violentamente la mano de su espalda y se cayó.
—La espalda... fue la espalda. Me tocaron la espalda. En ese preciso instante, justo antes de la caída, alguien me tocó la espalda. Me tocaron. Ahí, en la espalda. Por eso, mi espalda... pase lo que pase, jamás... nadie debe tocarla. No puedo ni concebir la idea de volver a experimentar ese dolor una vez más.
—Hii…
Podía sentir los pelos de su espalda erizándose mientras se arrastraba hacia atrás. Sin siquiera ponerse de pie, intentó alejarse de la chica que le había estado frotando la espalda. Entonces su cuerpo golpeó algo detrás de él.
Al mirar hacia atrás, sus ojos se encontraron con algo duro.
—...
Un gran cuerpo negro miraba a Subaru con ojos amarillos mientras él se encogía en el suelo.
El brillo agudo y reptiliano en esos ojos y la hilera de dientes afilados en su boca hicieron que el terror de Subaru estallara.
—¡Subaru! Cálmate, supon... ¡agh!
—¡Beatrice!
En el momento en que su miedo tomó el control, Subaru se sacudió violentamente el ligero toque que se aferraba a él. Cayendo tras haberlo arrojado lejos, hubo un grito y alguien corriendo hacia allí.
Subaru no tenía la capacidad mental para mirar lo que estaba pasando mientras salía disparado de la habitación, gateando a cuatro patas.
Empujando sus piernas temblorosas, su hombro se estrelló contra la pared. El agudo impacto y el dolor arrojaron un velo rojo sobre su conciencia.
Era dolor. Tenía que huir de todo el dolor.
— ¡Hah… hih… aih… gh!
Tambaleándose, quedándose sin aliento, babeando, corrió por el pasillo como si su vida dependiera de ello.
Su cara estaba ardiendo, y sentía que el corazón le iba a estallar. Era casi como si su sangre fluyera hacia atrás a través de cada vena de su cuerpo.
—Por eso, corre. Si no corres, te alcanzará. La Muerte te alcanzará.
Podía oír los pasos de la Muerte alcanzándolo lentamente. Lo perseguía, así que huyó con desesperación. Corrió y corrió y corrió. Corriendo sin pensar.
Aunque había sufrido tanto, soportado tanto dolor, aunque debería haber muerto. Aunque debería haber estado muerto, la Muerte seguía persiguiéndolo, decidida a matarlo.
—¿Por qué no se acaba? Si tengo que sufrir así, entonces estaría mejor...
—Ahhhh...
Se sentía como si se estuviera ahogando.
Se sentía como si estuviera luchando por intentar salir del agua, aunque no hubiera nada de agua donde él estaba.
Ahogándose, ahogándose, luchando mientras se ahogaba, dirigiéndose hacia la superficie, pateando y luchando, pateando y luchando, pateando y luchando, forzándose forzándose forzándose, forzándose…
Al encontrar una escalera, subió a ella, poniéndose a cuatro patas mientras gateaba hacia arriba sin pensar.
Dado que Subaru no se estaba ahogando realmente, dirigirse hacia arriba no iba a salvarlo. Aun así, como un pobre payaso, forcejeaba desesperadamente por su vida.
Luchando, luchando con todas sus fuerzas, solo agitando sus extremidades con urgencia absoluta, y tras el amargo final de ese esfuerzo tan errático...
—Tú, qué coño faces aquí tan temprano, oye.
—...
Al sentir una presencia aterradoramente grande, las piernas de Subaru se detuvieron.
No, no fueron solo sus piernas las que se detuvieron. Su respiración entrecortada, el sonido exasperante de su corazón latiendo en sus oídos, sus rodillas temblando de miedo y agotamiento; todos y cada uno de sus procesos biológicos se habían detenido por completo.
Un espacio se abrió ante él, un mundo blanco, y un ser demasiado poderoso estaba de pie en el mismísimo centro.
—¿Qué demonios es esto? ¿Quién es ese? ¿Qué es esa cosa envuelta en un aura tan inhumana?
—Ah.
— Ey, ¿sólo una persona? No eres más que un gusano solitario que no merece ni que le fablen, oye. Tratándose de un gusano, en vez de decir “solo una persona” debí decir “solo un animal”; y siendo un animal, no mereces ni consideración. Vete a reunir a la fermosura de ayer y a esas buenas mozas, oye. Ey, ¿estás escuchando? Oye, ey, oye tú.
Fuera lo que fuera, desató una andanada despiadada de palabras contra Subaru antes de que pudiera registrar lo que estaba pasando.
Avasallado por esa violenta retahíla, todas las funciones vitales de Subaru empezaron a funcionar de nuevo. Y entonces comprendió.
En su terror y su huida, había puesto un pie en un lugar en el que absolutamente no debería estar.
—Esta es la jaula de una bestia feroz en la que nunca debió entrar.
—¿Estás escuchándome o qué?
Antes de darse cuenta, la cara de la figura estaba lo suficientemente cerca como para sentir su aliento.
Largo cabello rojo, un parche negro sobre el ojo izquierdo, el kimono colgando descuidadamente del hombro derecho y un sarashi blanco alrededor de la cintura, y por alguna razón dos delgados palillos de madera en la mano.
Y para Subaru, las puntas de esos palillos romos y totalmente insignificantes parecían ser la Muerte.
—Hiii…
—Oye oye, venga ya, ¿en serio estás plorando? Ey tú, ¿acaso plorando y berreando estás? Ey tú, ¿peleaste con tus compañeros allá abajo? Ey tú, ¿estás plorando porque humilládote he?
Las mejillas del hombre se deformaron al ver a Subaru congelarse cuando alguien más notó su terror.
—Qué tipo más inútil.
Dijo el hombre, rascándose la cabeza con incredulidad.
—Imbécil. No te hagas una idea equivocada, cachomierda.
Con un semblante como el de un tiburón feroz hambriento de sangre, el hombre clavó el palillo en el pecho de Subaru.
La punta se deslizó entre sus costillas, donde hizo cosquillas a los órganos que se suponía debían estar protegidos por su caja torácica con una gentileza burlona, con una crudeza empática.
Solo eso bastó para sacudir su cuerpo con un dolor tan terrible que tosió sangre.
—Gh… gha… ¡¿aaaAAAAAA?!
—Qu… Ey tú, ¿qué coño faces fuyendo? Peor aún, ey tú, ¿qué clase de broma es esta, que el lugar al que fuyes sea donde estoy yo? Ey tú, no soy tu guardián ni tu compañero. Ey tú, ¿no eres quien elige con quién se junta?, ¿quieres morir, joder?
—¡Guih… gah… aggh… guguiaagh!
El hombre jugaba con los órganos de Subaru como un artista incluso mientras descargaba su irritación. Y esa manipulación aterradoramente precisa y hábil delataba el absurdo genio del hombre.
—Este es alguien a quien nunca se debe provocar.
Esto era lo que podía lograr una persona bendecida con un genio para la violencia. Un ser creado para torturar a otros, la cúspide de la barbarie, una encarnación de la violencia.
—No, este tipo, este lugar... todo escapa demasiado a mi comprensión.
—Vete a la mierda, cachomierda.
El hombre perdió el interés, y al momento siguiente la sensación del palillo sondeando sus órganos desapareció. Y entonces pateó salvajemente a Subaru con su larga pierna, enviándolo a volar hacia atrás.
Cuando sus pies dejaron el suelo, Subaru se dio cuenta de que había perdido pie en las escaleras. Las escaleras.
—¿Voy a caer rodando otra vez?
—¡No… NOOOOOO…gh!
Provocado por el trauma de caer por las escaleras de nuevo, inmediatamente clavó sus uñas en el suelo.
Hubo un ruido retorcido mientras las uñas de su mano derecha que intentaban agarrar el suelo se arrancaban. La sangre salpicó y un dolor nuevo y fresco se grabó en su cerebro. Pero, aun así, logró controlar su caída. Eso era lo importante.
—¡GH… GHGHHH…!
Soportando el dolor de las uñas arrancadas, sujetando su mano llena de sangre, emprendió la huida. Aunque era demasiado lento para ser realmente una huida. Apoyando el hombro contra la pared, arrastró las piernas mientras huía de la violencia.
Quería alejarse lo más lejos y rápido posible. En algún punto del camino, estaba en medio de una larga, larga escalera. Al fijar la vista desesperadamente en algún lugar lejos de todos, había terminado en un lugar absurdo.
—No, cuando se trata de ser un lugar absurdo, este mundo en sí es así.
—Duele… duele, duele, duele…
—¿Por qué estoy en un lugar como este, en un mundo como este?
Aunque lo habían hecho pedazos, aunque lo habían destruido, aunque todo debería haber terminado.
—¿Fue ese dolor abrasador solo un sueño? ¿O una alucinación? Si así era, ojalá fuera verdad.
—Un sueño… premonitorio…
Eso era lo que había imaginado que era aquello tan misterioso que le había ocurrido a su cuerpo.
Porque ver escenas que ya había visto, interactuar con gente con la que ya había tratado antes, tener conversaciones que recordaba haber tenido ya, eventos por los que ya había pasado; aquello era demasiado para que él pudiera manejarlo.
Así que, para encontrarle sentido a lo que había sucedido, para explicárselo a sí mismo, lo había visualizado como un sueño premonitorio.
Está seguro de que en algún lugar del fondo de su mente, se había aferrado a ello vagamente como si fuera el problema de otro, como un incendio en la orilla opuesta de un río. Sin saber que el precio por esa interpretación superficial e insolente era un sufrimiento terrible.
—...
Cuando volvió en sí, estaba agachado en el lugar.
Sentado en las escaleras, se apoyó contra la pared, mirando con apatía la sangre roja que goteaba de sus dedos.
Futilidad, pérdida, desesperación y negatividad se arremolinaban en su cabeza.
—¿Por... qué...?
Hace solo unas pocas horas, había estado despreocupado y cómodo, viviendo una vida aburrida y normal.
No había peligro, y nada de qué preocuparse aparte de su futuro sin rumbo. Nadie le amenazaba. Era solo una vida tibia sin nada destacable.
—Estaba en un lugar donde todo lo que tenía que hacer era bajar la mirada ante la mirada de mis padres.
—¿Es esto lo que recibo por hacer eso? ¿Por causarles tantos problemas? ¿Por decepcionarles siempre? ¿Por no ser un buen hijo? ¿Es por eso por lo que fui arrojado a este infierno donde tengo que experimentar un dolor insoportable pero no puedo morir?
—En retrospectiva, si lo hubiera sabido… Habría actuado de una manera más apropiada.
—… Ojalá hubiera dicho “hasta luego”.
La suya era una vida llena de arrepentimientos, y ese fue el primero que le vino a la mente.
—Cuando salí de casa, oí la voz de mamá diciendo “Ten cuidado” y no contesté. ¿Por qué?
—Porque no fregué las tazas que había dejado en el fregadero de la cocina.
—Guh...
—No fregué las tazas.
—No me molesté en limpiar las manchas marrones que se quedaban pegadas tras beber el chocolate caliente.
—Si hubiera respondido a la voz de mamá, hubiera empezado una conversación con ella y quizás me habría dicho que lavara las tazas.
—Ignoré las palabras de mi madre porque no quería lavar las tazas.
—No dije nada. Salí de casa sin decir nada, fui a la tienda de conveniencia, usé dinero que ni siquiera había ganado yo mismo, y luego acabé en este lugar.
—No les dije nada a mamá o papá, no fregué las tazas, y luego acabé aquí.
—Seguramente muera aquí, sin limpiar las tazas y sin siquiera haber dicho una palabra a mi bondadosa madre.
—Moriré, habiendo causado siempre problemas, sin devolver nada, sin siquiera fregar unas tazas.
—...Voy a morir...
—Morir. Todo ser vivo muere algún día, pero aquí es donde yo muero. Voy a convertirme en una masa sucia y sangrienta y moriré, rodeado de gente que no conozco, sin mi papá ni mi mamá.
—...
Al darse cuenta de eso, sintió que la Muerte se acercaba. Observándolo desplomado allí desde abajo de las escaleras. Riéndose de él. Podía ver su boca sonriendo, burlándose de él.
Reconoció el rostro de la Muerte. Pensando en la gente que había visto en este lugar tan lejos de sus padres, se dio cuenta rápidamente. Era una pregunta trivial. La Muerte no llevaba otro rostro que el suyo propio, devolviéndole una sonrisa burlona.
—No te rías.
Fulminó a la Muerte con la mirada; sus ojos llenos de un odio negro y profundo.
—No te rías. No te atrevas a reírte. No te atrevas a.… reírte.
Estallando en ira ante la Muerte que se negaba a dejar de sonreírle con burla, Subaru se puso de pie.
Apoyándose en la pared, se acercó a la Muerte. Se acercó a la Muerte que se negaba a dejar de reír.
—No te rías, basta. Voy a morir. Pero no por ti. Tú no me vas a matar...
Por primera vez, hubo una alteración en la sonrisa burlona de la Muerte.
Parecía molestia hacia él por no hacer lo que quería, por no convertirse en su marioneta. Sintiendo una emoción ante esa reacción, Subaru siguió adelante, con el rostro aún contorsionado por la rabia.
—No voy… a ser asesinado por ti. Moriré. ¡Definitivamente moriré! ¡Moriré! ¡Morí! ¡Ya he muerto! Morí y volví aquí, pero no voy a dejar...
—Que tú me mates.
Justo cuando estaba a punto de decir eso...
—...
Sus labios dejaron de moverse como él quería. Y sus ojos, que miraban fijamente a la Muerte, no podían moverse. Sintió que perdía todo el control de su propio cuerpo.
Ni siquiera podía preguntar por qué. Todo lo que podía hacer era esperar algún cambio.
—No puedo moverme. No, no es mi cuerpo el que no puede moverse. El mundo mismo se ha detenido.
La Muerte frente a él también se había detenido, con el rostro aún deformado por la rabia.
Solo había una cosa que se movía en el mundo congelado.
Era…
—Te amo.
Era, probablemente, una mujer de negro.
Una mujer con extremidades esbeltas y envuelta en oscuridad. Todo su cuerpo era negro puro.
No estaba claro si el negro tiene la forma de una mujer o si la mujer viste de negro, y no creo que tenga sentido decidirlo.
En cualquier caso, era una mujer de negro. Parecía que también llevaba un traje negro y un velo negro que ocultaba su rostro por completo.
—Te amo.
Sin embargo, las palabras que salieron de los labios de la mujer envuelta en oscuridad contenían una emoción inimaginablemente fuerte.
Cuántas emociones tendría que concentrar en su interior para acercarse a dicha fuerza con la que aquellas palabras escaparon de los labios de la mujer.
Había una calidad, había una cantidad, había una sensación de tiempo, había peso, había valor… y todo eso era únicamente el concepto general.
Subaru no sabía aproximadamente cuántas personas en el mundo habrían pronunciado “Te amo”, pero incluso si se pudiera juntar todos aquellos “Te amo”, seguramente nunca equivaldrían al “Te amo” de esta mujer.
Y lentamente, la mujer que había estado susurrando gentilmente sus palabras de amor dirigió su negro brazo hacia el pecho de Subaru.
Unos dedos delgados atravesaron su pecho, su piel, su carne y sus huesos, y acariciaron su corazón palpitante.
—...
Pasaron varios minutos, docenas de minutos, no sabía cuánto tiempo había pasado. Su corazón había sido consciente de su presencia desde que despertó, pero nunca había sido tan consciente de ello como en este momento… de que nunca la odió.
Porque…
—Te amo.
Ella había acariciado su corazón con la misma pasión que había en sus susurros.
Pero de repente, un gran impacto le recorrió; y su cuerpo, temiendo al dolor, sucumbió completamente. Su cuerpo siendo destrozado por su caída, su alma ardiendo y siendo abrasada fuera de la existencia, e incluso el dolor de su corazón que se sentía culpable mientras recordaba a su madre, todos aquellos dolores parecían insignificantes comparados con este dolor.
Subaru quería que ella le dejara gritar.
Si hubiera podido gritar hasta quedarse ronco, podría haber aliviado el dolor un poco. En vez de enfrentarse únicamente al dolor, podría haber sido capaz de escapar un poco pensando en otras cosas aparte del dolor que estaba sufriendo.
Pero ahora era incapaz de hacerlo. Solo podía enfrentarse a su dolor.
—Te amo.
Su amor no liberaba su corazón.
Era casi como si no le permitiera prestar atención a nada más que a ella, como una codicia insaciable de exclusividad.
Como si ella tuviera envidia de todo lo que le rodeaba.
—... Hah.
La liberación fue repentina.
—...
Exhalando, se desplomó en el sitio.
Con lágrimas derramándose de sus ojos, no pudo mantener el control de su continencia. Sintió una sensación caliente y húmeda alrededor de la entrepierna, y la orina comenzó a gotear por las escaleras.

La Muerte, inmóvil, señaló ese acto patético y vergonzoso y se carcajeó. Cuando vio a esa figura riéndose, se dio cuenta de que había sido engañado.
Lo había planeado todo, sabiendo que si fingía mostrar debilidad, Subaru se lanzaría sobre ella, despertando a un tigre dormido que nunca debió ser perturbado.
—Solo...
El resto de su pensamiento no llegó a convertirse en palabras.
Se agarró la cabeza. La sangre aún goteaba de sus dedos heridos. Las lágrimas, la orina, todo se sentía como un castigo por su propia debilidad, por su propia estupidez.
—...Mátame ya.
Esas palabras no fueron pronunciadas.
—Incluso si me mataran, ¿realmente “moriría”?
Escuchó el sonido de pisadas que subían por las escaleras, y el sonido de voces ansiosas que corrían hacia donde se encontraba.
Hasta entonces, siguió llorando como un niño idiota, manchado por su propia inmundicia y decepción.
Los restos rotos siguieron llorando. Siguieron llorando.