DESPUÉS DE LA FIESTA DE TÉ DE LA BRUJA: LOS REQUISITOS PARA SER UNA BRUJA
DESPUÉS DE LA FIESTA DE TÉ DE LA BRUJA: LOS REQUISITOS PARA SER UNA BRUJA
Sección 1
Colette metió las manos en el agua helada y sus estrechos hombros se estremecieron.
—Gha, hace frío. Tanto frío…
Se frotó los dedos entumecidos en el agua mientras dejaba escapar bocanadas de aire helado. La suciedad que se le pegaba a los dedos fue cayendo poco a poco al río y empezó a sentirlos de nuevo.
Era esa época del año en la que hacía mucho más frío. Para empezar, en la aldea natal de Colette no hacía tanto calor; sin embargo, aunque estuviera acostumbrada, eso no significaba que fuera inmune al frío de la estación glacial. Para empeorar las cosas, el aire era mucho, mucho más frío este año en comparación con uno cualquiera.
Aunque los adultos probablemente se reirían de ella por ser “insolente” si utilizaba una frase como “en comparación con un año cualquiera” teniendo en cuenta que todavía tenía 12 años.
—Ya está, todo limpio. Aun así, hace tanto frío… Voy a tener que darme prisa y calentarme junto al fuego.
Colette sacó las manos lavadas del agua, agarró el brazalete que había dejado en un tronco cercano y se la puso en la muñeca. Con un estremecimiento de hombros, se dio la vuelta hacia su pequeña cabaña.
Ya se había adelantado y encendido un fuego delante de su cabaña, pues imaginó que algo así ocurriría. Cuando aún no estaba acostumbrada a este tipo de tareas, había acabado aplazando el encendido del fuego hasta más tarde. Por eso no conseguía encenderlo, debido a que tenía los dedos congelados y entumecidos, y quedando incapaz de calentarse.
Por otro lado, Colette se tomó aquellos fracasos como una experiencia de aprendizaje, que le ayudaría a desplegar sus alas y crecer. Probablemente volvería a fracasar la próxima vez que las desplegara, pero también utilizaría esos fracasos como más experiencia.
Sin prisa pero sin pausa, un paso al vez. Ese era el mantra de Colette.
—No necesito apresurarme ya que es la Temporada de Hielo, aunque será mucho más duro para mí si no lo hago. Así que…
Colette empezó a caminar hacia su cabaña para poder calentarse junto a su fuego, mientras iba marcando con los dedos los pasos que había dado. Entonces...
—…Tú ahí, ¿tienes quizás un momento?
De repente, Colette oyó el eco de una voz. Se detuvo en seco, ya que estaba a punto de volver.
Había oído la voz de una chica que no conocía. La aldea en la que se había criado no era muy grande, así que todos sus habitantes se conocían. Cuando alguien hablaba, sabía de inmediato de quién se trataba.
Como su voz no había coincidido con la de ninguno, Colette se sintió un poco, o más bien, bastante sorprendida. Nerviosa, se dio la vuelta para mirar al río donde acababa de lavarse las manos.
Sin embargo, la sorpresa le llegó en ese momento de una manera mucho mayor que la que tuvo ante la voz desconocida.
—Qu…
—Mis disculpas, pero parece que me vendría bien un poco de ayuda… El agua fría me ha bajado la temperatura corporal y siento que estoy a punto de perder el conocimiento. Puedo morir, entiendes.
La persona estaba siendo arrastrada por el río helado mientras le decía eso a Colette.
Colette apenas pudo evitar soltar un grito y se apresuró a tender la mano a la chica del río.