Sección 2
Sección 2
—Tienes mi agradecimiento. Me habría acabado ahogando si me hubieras dejado allí. ¿O quizás me habría congelado antes? En cualquier caso, habría muerto. Algunas personas creen que morir congelado es una forma sencilla de perecer, como quedarse dormido… Pero después de sentir lo que es la hipotermia cuando me empapé en el río, diría que no parece nada sencilla, ¿no te parece?
—U-Uhm…
Colette se sintió abrumada por su acompañante, que no paraba de hablar y no daba señales de detenerse mientras se calentaban junto al fuego. Pero no era que no mostrara respuesta a lo que acababa de ocurrir; la cara de su acompañante estaba terriblemente pálida y los dedos le temblaban de frío. “Tal vez estuviera delirando, acorralada en cuerpo y mente”, pensó Colette. Se compadeció de la temblorosa muchacha, que aún mostraba una sonrisa. Le ofreció suavemente un poco de agua recién hervida, en un intento de aliviar su sufrimiento.
—¿Algo caliente para beber? De verdad, te doy las gracias. Restaurar la temperatura corporal es lo más importante cuando se sufre hipotermia. En ese aspecto, tiene sentido calentar el cuerpo desde dentro. Así que siempre tuviste ese tipo de conocimientos dentro, aunque parezca que vienes de un entorno con una educación mediocre.
—No estoy muy segura de la educación. Pero hasta los niños, por no hablar de los adultos, saben que hay que darle a alguien que tiene frío una bebida caliente, ¿cierto?
—Cierto. Yo era la que estaba siendo la engreída aquí. Entonces aceptaré tu bebida con gratitud.
La chica acercó los labios entreabiertos a su taza de agua caliente y casi la dejó caer, probablemente porque estaba muy caliente al tacto. Respiró y, de algún modo, empezó a beber.
—…Qué chica tan rara. Colette, sin querer, murmuró eso para sí misma.
La chica había sido arrastrada por el frío río. Esa frase por sí sola conllevaba una rara sensación, aun así, la chica desprendía una extraña impresión en muchos otros sentidos.
Tenía el cabello largo y rosa, llevaba una capa hecha para hombres, así como unos zapatos que no parecían en absoluto adecuados para una chica tan esbelta y pequeña como ella. Parecía cercana a Colette en edad, y probablemente era un poco más baja que ella. Sin embargo, sus rasgos faciales eran bastante atractivos, tanto que Colette no podía apartar los ojos de ellos. Poseía una belleza impropia de su edad. Y lo que más llamaba la atención de esta chica era...
—¿Quizá te han llamado la atención mis orejas?
Colette se de cuenta por primera vez de que se había quedado mirando las orejas de la chica. En sus características y largas orejas. En este mundo vivían muchos tipos diferentes de Semihumanos, pero entre ellos, solo había una especie que era conocida por todos por sus largas y hermosas orejas.
—¿Eres una elfa?
—La respuesta a esa pregunta es difícil. Ciertamente, la chica de la que obtuve este cuerpo tenía sangre élfica fluyendo a través de ella; pero, es difícil decir si la misma sangre está fluyendo a través de su cuerpo cuando fue reproducido de esta manera. Si tuviéramos que profundizar más en ello, entonces también es una cuestión de qué parte del cuerpo o del alma de uno gira como su principal fuerza motriz. Este cuerpo es elfo, pero mi alma claramente no lo es...
—Erm, umm…
—…estoy sucumbiendo ante mis malos hábitos otra vez, ¿o no?
La chica respondió por fin a su pregunta, aunque Colette apenas entendió lo que había dicho. Sin dejar de mirar a su alrededor, la chica se rozó el pecho con el dedo y dio un respiro. Una especie de piedra azul y brillante, de aspecto bastante hermoso, colgaba sobre el pecho de la chica. La tenía apretada entre los dedos mientras murmuraba a sí misma —lo entiendo, lo entiendo.
—Verás, hay algunas chicas muy escandalosas por aquí. Me adelantaré y me identificaré como elfa por estos lares, para que todo marche bien.
—¡...! En-Entonces, ¿puede que seas mucho mayor que yo?
—¿Mi edad? Si te refieres a este cuerpo, supongo que podría decir que tengo unos 400 años.
—¡400 años…!
Colette había oído que los elfos eran una especie que vivía mucho más tiempo en contraste con su aspecto. Pero, aun así, 400 años era toda una sorpresa; mucho más allá de lo que ella podía imaginar. Porque, cuando se trataba del tema de hace 400 años…
—En aquel entonces, era cuando la “Bruja de la Envidia” ejercía su maldad…
—…
La expresión de la chica se nubló inmediatamente después de haber dejado escapar de su boca el abominable nombre de aquella “Bruja”. Su expresión solo podía describirse literalmente como nublada. Colette se sintió profundamente arrepentida, preguntándose si su comentario descuidado la habría herido.
—No has hecho nada malo. Es solo que tenía algunas cosas en mente. Lo que me recuerda que aún no he oído el nombre de mi protectora.
—¿…Eh, yo? Soy Colette, y vivo en esta cabaña.
—Ya veo, lo recordaré, Colette. Mi nombre es... Omega. Por ahora eso es todo. —¿Pequeña… Omega?
—No estoy muy acostumbrada a que la gente me llame “pequeña”. Suena bastante dulce, ¿no lo crees?
Sin culpar a Colette por su desliz, la chica, Omega, le dedicó una sonrisa adorable, aunque relativamente inteligente. Y mientras mantenía esa sonrisa en su cara, habló…
—Ya que hablamos de “dulce”, ¿tienes algo de comer? Parece que mi estómago, antes dormido, ha vuelto a la vida después de beber tu agua caliente… Estoy famélica.
Aunque no estaba segura de si era buena o mala confiando en la amabilidad de los demás, Colette accedió voluntariamente a la petición de Omega. Por suerte Colette tenía un conejo en su cabaña que había cazado justo antes de encontrar a Omega, así que empezó a prepararlo rápidamente y a cocinarlo para la hambrienta chica.
—Mhm, Colette, para ser tan joven, sí que sabes manejar los cuchillos, ¿cierto? No hay titubeo en tus manos al manipular el conejo.
—Mis padres fallecieron, así que tuve que ayudar con el trabajo de los adultos desde que era pequeña. Por eso soy bastante buena cazando conejos salvajes como este. Oh, pequeña Omega, ¿te parece bien comer carne?
—Sí, no tengo ningún problema con ello. Aunque, conejos, conejos, um...
—¿…? ¿Qué pasa con ellos?
—Nada, es que últimamente he tenido mala suerte con ellos, así que no son el mejor augurio para mí. Naturalmente, no tengo ningún problema en comérmelos, así que estoy deseando hacerlo.
Como la estaba esperando, Colette se propuso a cocinarlo como era debido para su rara pero bienvenida visitante. Le apetecía mucho asarlo con hierbas, pero por la forma en que Omega estaba recostada en el suelo, muerta de hambre, no parecía que pudiera permitirirse esperar más. Todo lo que pudo hacer fue espolvorear un poco de sal y pimienta mientras se apresuraba a asarlo en el fuego, preparándolo con rapidez. La fragancia atrajo a Omega que, aunque de forma inestable, volvió a incorporarse.
—¡Aquí tienes! Está caliente, así que ten cuidado al comerlo.
—Vaya, lo dices porque antes has visto mi descuido con el agua caliente, ¿cierto? Claro, llevo un rato mostrándote un montón de torpezas, pero eso es porque este cuerpo parece ser más sensible a las cosas calientes que el que era originalmente mío.
Sinceramente, Colette ya no tenía ni idea de lo que hablaba. Por su parte, Omega aceptó la carne de conejo que le había ofrecido, servida con hueso. Respiró hondo antes de darle un mordisco con delicadeza. “Darle un mordisco con delicadeza”. Parecía una expresión extraña, pero al menos era la única forma en que los ojos de Colette podían describirla. “Ni siquiera Palmyra, que habitaba la casa más grande de la aldea, habría sido capaz de comerse esto de una forma tan cautivadora”, pensó.
—Mi yo anterior a la que fue arrastrada por el río también era así, pero verás, he estado dormida mucho tiempo. Ha pasado tanto desde que me levanté y caminé por mis propios pies.
—¿De verdad? ¿Por eso acabaste olvidando cómo nadar?
—No, nunca he sido capaz de nadar. Me arrastró el río porque intentaba conseguir algo de agua para calmar mi sed y resbalé. Mis piernas eran más cortas de lo que recordaba, después de todo...
Dio otro mordisco a su carne con hueso mientras confesaba orgullosa que no sabía nadar con un movimiento de pierna. La conversación de Colette con Omega fue refrescante, teniendo en cuenta que estaba acostumbrada a pasar el tiempo en el vano aburrimiento. Por lo que había oído, Omega parecía estar en medio de un viaje sin rumbo. Francamente, dada su edad y su capacidad para manejar las cosas, ¿no le parecía que viajar sola era una receta para el desastre?
Colette, aunque vacilante, le hizo una propuesta.
—Um, si te parece bien, ¿por qué no te quedas un rato en mi cabaña? Va a hacer mucho más frío, así que creo que deberías prepararte adecuadamente para tu viaje.
—Hmm, agradezco la oferta, pero incluso si te permito hacer todo eso por mí, no hay mucho que pueda dar a cambio...
—...Entonces, por favor, cuéntame una historia.
—¿Una historia?
Colette obtuvo una respuesta positiva a su propuesta, quitándole así a Omega la razón de sus propias dudas sobre ella. Era una elfa de larga vida, que había superado los 400 años. Un ser que estaba familiarizado con sucesos que muchos que vivían en el presente desconocían.
—Me haría muy feliz que me contaras alguna historia que yo no conozca... Como, por ejemplo, una de hace mucho tiempo, de la era que nadie conoce.
—...
Omega cerró uno de sus ojos y asintió en cuanto Colette le preguntó eso. Entonces…
—En efecto, lo normal es que la gente quiera saber, ¿cierto? Él también era extraño en ese aspecto.
—¿...?
—Mis disculpas. Estaba hablando sola. No me importaría. Al fin y al cabo, conversar con la gente siempre ha sido una de mis cosas favoritas. Si te parece bien, entonces supongo que te molestaré por un rato.
Omega le dedicó una pequeña sonrisa que indicaba que había aceptado la propuesta de Colette.