Sección 3
Sección 3
—El mundo era un lugar duro para los humanos hace 400 años. La magia era una fortaleza exclusiva de los Semihumanos y los Espíritus, independientemente del país en el que estuvieras. A los humanos incluso les costaba hacer fuego.
Omega chasqueó los dedos mientras hablaba, haciendo bailar las llamas de la hoguera.


Habían pasado unos días y Omega se había quedado en la pequeña cabaña de Colette. En ese corto periodo de tiempo, esta elfa de aspecto joven había reescrito cada cosa que sabía sobre el mundo, una por una.
Al principio, cuando había sido arrastrada por el río, Omega le había parecido un cúmulo de peligros. Sin embargo, la forma en que desplegaba sus conocimientos y su magia en esas diversas escenas cotidianas había cambiado la percepción que Colette tenía de ella.
Omega era descuidada y, además, una chica distraída. Aun así, la razón por la que podía seguir viajando con un carácter como ese era porque poseía el “poder” para hacerlo más o menos factible.
Podía darse cuenta fácilmente de lo poderosa que era Omega con solo mirar cómo creaba fuego para hervir agua, cortaba leña con el viento y labraba la tierra con un simple chasquido de sus dedos.
—¿Un don para la magia? Ciertamente. Me gustaría decir que cualquiera puede hacer este tipo de cosas con un poco de práctica, pero sería un error. La magia también es un arte, así que depende en gran medida de las cualidades del individuo. Que yo sepa, solo hay dos o tres personas en la historia que puedan hacer lo que yo.
En la historia, no en el mundo. El uso de aquella expresión evocó en la mente de Colette imágenes de la majestuosidad de Omega.
Se quedó estupefacta, impresionada por el perfil de Omega mientras declaraba aquello sin mostrar ningún signo de reírse de ello como si fuera grandilocuente, y mucho menos como si fuera fanfarronería.
Omega declaró sin reservas que era una de las mejores del mundo, y no por presunción. A Colette le vino a la mente una palabra al verla así.
¿Cómo reaccionaría Omega si se armara de valor y la dijera en voz alta?
—…Si tienes algo que mencionar, ¿por qué no intentas decirlo?
Omega dijo eso en un tono tranquilo mientras miraba a la taciturna Colette. Mientras sentía que aquellos ojos azul claro se habían apoderado de ella, Colette pronunció esa “palabra” en voz alta. En cuanto oyó lo que era, Omega le dedicó su sonrisa más cautivadora hasta el momento.
—Sí, es justo eso por supuesto… Soy toda una Bruja malvada ¿sabes?
Esa fue su respuesta.
...En otras palabras, la vida de Colette se había vuelto tal que estaba pasando su día a día con una “Bruja” que sabía sobre los días de antaño.