Sección 4
Sección 4
—¿Por qué llevo una capa que no me queda bien, te preguntarás? Eso es porque no me pertenecía desde el principio, la recibí de otra persona.
Omega respondió tranquilamente a la pregunta de Colette mientras esta colgaba su capa, recién lavada, para que se seca.
A Colette le gustaba hacer preguntas, y a menudo hostigaba a Omega para que le contara “historias”, que justo había sido la condición que le ofreció para quedarse por aquí. Su desbordante curiosidad era algo que gustaba a Omega, teniendo en cuenta que le encantaba hablar.
—Al fin y al cabo, la mayoría de la gente tiende a ignorarme cuando hablo amenamente, o me mandan callar a la fuerza desde el principio.
—¿De verdad? Pero qué desperdicio. Tus historias son súper interesantes, pequeña Omega, y me encanta enterarme de todas esas cosas que no sabía.
—Mhhm, eso es bueno. El conocimiento es un tesoro que nadie te puede robar. En contraste con las posesiones, es básicamente como, entre más de ellas tengas, solo pueden darte más ventajas en la vida.
Había muchas situaciones en las que la falta de conocimientos te obligaba a tomar el camino más largo. Incluso el acto de encender un fuego había sido una dificultad para los humanos, cuando no podían usar la magia. Sin embargo, esa lucha había disminuido drásticamente cuando habían sido capaces de aprender a encender uno.
—Con el conocimiento, acabas por no tener que arriesgar tu vida en situaciones en las que no hay necesidad de morir. Aunque, naturalmente, no debes dejar que se convierta en un tesoro desperdiciado, así que hace falta talento para usarlo.
—Talento...
—En efecto. Sin conocimiento, o, incluso si lo tienes, pero te falta el talento para emplearlo, te acabarán quitando tus cosas. Como esta capa que tengo, por ejemplo.
Señaló su capa, que estaba colgada para secarse, y continuó con el sermón que le estaba dando a Colette, mientras lavaba cosas en el río.
Aunque no tenía muchas, la mayoría del equipaje de Omega había sido prestado por sus dueños originales. Dicho esto, ella no tenía manera de devolver nada de eso actualmente, ya que ya estaban muertos. Pero probablemente ellos también se habrían compadecido, ya que esta había sido su justa recompensa por intentar robar a Omega. Al fin y al cabo, en este mundo sobreviven los más fuertes, como los peces más grandes se comen a los más pequeños.
—O más bien, supongo que decir “los fuertes devoran a los débiles” es más adecuado. Yo prefiero el dicho “la supervivencia del más apto”, pero está en mi naturaleza querer usar el más exacto posible...
—Tú también has pasado por muchas cosas, ¿verdad, pequeña Omega? ¿Será porque has vivido tanto tiempo?
—Es cierto que he tenido muchas más oportunidades de aprender por haber vivido tanto tiempo. Pero, las cosas que necesito saber siguen aumentando cuanto más tiempo vivo. No creo que llegue el día en que quiera morir, a menos que se me sacie mi sed de conocimiento. En ese sentido, siento que puedo disfrutar de la vida al máximo.
—Errm, ¿ah, sí?
Colette hacía lo posible por entender lo que había dicho, pero debía de ser un tema complicado para ella. Omega miró con uno de sus ojos cerrados a la chica, que parecía a punto de sacar humo de su cabeza. Luego se estiró y regresó la vista hacia Colette mientras continuaba con el lavado.
—Colette, sobre ese brazalete tuyo...
—...Oh, ¿esto? Acabaría empapándose con el agua del río si me lo dejara puesto mientras lavo, ¿no? Sería un verdadero fastidio si se dañara por el agua o empezara a oxidarse; por eso me lo quito.
—...¿Hmm?
Había colocado en silencio su brazalete de plata encima de un tronco de árbol junto a la orilla del río. El brazalete parecía haber sido trabajado, con dibujos artesanales tanto en el interior como en el exterior. Daba la sensación de que tenía valor por su cuenta, de modo que llevarlo no era meritorio para una joven que vivía en un bosque.
—Sin embargo, pareces tener una crianza bastante decente; ¿de dónde has sacado eso?
—¿Esto? Es un recuerdo de mis padres. Me lo dejaron cuando murieron... Por eso siempre lo llevo conmigo.
—¿Un recuerdo de tus padres? Ya veo.
—Estaban haciendo un trabajo que los sacó de la aldea. Este brazalete también lo trajeron de fuera. Yo era muy pequeña, así que no podía ir con ellos; por lo que me dejaron en casa de la hermana de mi madre... de mi tía. Aprendí muchas cosas allí.
Probablemente quería decir que allí aprendió a cocinar, a lavar y a cazar. El trauma de la muerte de sus padres debía de ser como una costra que seguía cicatrizando en su interior. Mientras nadie intentara arrancársela a propósito, las heridas irían sanando poco a poco hasta que, un día, empezarían a no dolerle. Ese era el paso del tiempo bajo el que vivía la gente… Dulce música para los ojos de Omega.
—Colette, como parece que aún vas a tardar lavando, no te importa que dé un pequeño paseo, ¿verdad? Ahora que lo pienso, últimamente no hago más que ir y venir entre tu casa y el río.
—Te arrastré del río a mi cabaña, pero...
La cara de Colette pareció mansa al escuchar su propuesta. Omega ladeó la cabeza en respuesta a sus dudas. Su reacción parecía un tanto extraña ante la aprobación de un simple paseo.
—¿Pasa algo?
—No, no, nada en absoluto. Es que no creo que debas ir muy lejos hacia el este del bosque. Ellos erm... Ellos dicen que una mabestia vive allí, así que los aldeanos no se acercan.
—Ya veo. El lado este del bosque, sí. Aprecio tus preocupaciones.
Omega dejó a Colette junto al río para que continuara con el lavado cuando esta la despidió, y se fue a dar su paseo. Luego se estiró en cuanto Colette se perdió de vista.
—¿Así que ha aparecido una mabestia en el este?
Podía decir con seguridad que una mabestia peligrosa apareciendo allí sería un problema que amenazaría la vida tanto de Colette como de los aldeanos. Las mabestias eran amenazas puras y absolutas para la vida de la mayoría de los humanos. Había muchos tipos distintos de ellas, y sus niveles de peligro también variaban; como sea, sin duda serían un peligro para la persona promedio, independientemente de la especie que fuera.
Mientras pensaba en eso, los pies de Omega se dirigieron lentamente hacia el “lado este” del bosque.
—…
Por supuesto, no era como si Omega estuviera tratando de hacer caso omiso de las palabras de advertencia de Colette sin ninguna razón. Aunque pueda resultar sorprendente, su advertencia hizo que Omega se sintiera inesperadamente agradecida por la amabilidad de Colette. Si una chica con tanta valentía como ella estaba aterrorizada por una mabestia, entonces estaría dispuesta a deshacerse de ella. Aunque…
—...Hmm.
Omega salió a un pequeño claro en el lado este del bosque. Acarició suavemente su cabello rosa, entrecerrando los ojos ante el espectáculo que tenía delante. …Ante ella, yacía un suelo ligeramente escarchado, y sobre él podía ver algunos montones de piedras esparcidas. Debía de haber allí más de treinta, más o menos. Si solo hubieran sido una o dos, podría haberlas descartado por ser obra del juego de un niño, pero un significado más profundo empezó a arraigar con tantas en un mismo lugar. Teniendo en cuenta que había tantos montones de piedras que habían sido cuidadosamente apiladas, su propósito estaba claro.
Este lugar era un...
—...¿Quién eres?
Omega no dio muestras de sorpresa al oír una voz detrás de ella. Había sido capaz de sentir que alguien se le acercaba por el sonido de sus pasos, así como por su olor. Lo que no esperaba era que su oponente la llamara. Estaba segura de que la habrían atacado sin molestarse en intercambiar ningún diálogo.
—Primero lo primero, no te guardo rencor. Solo me gustaría aclarar que la razón por la que entré aquí fue, bueno, fue a propósito, pero no por mala voluntad. Oh, eso me recuerda que no llevo ningún tipo de arma encima, así que voy a darme la vuelta lentamente. No te asustarás, ¿verdad?
—...Solo deja de parlotear y date la vuelta.
Omega levantó las manos, mostrando que no era hostil, y también cerró la boca, para mostrar a su oponente que estaba haciendo exactamente lo que se habían dicho. Después de eso, se giró lentamente hacia donde estaba.
—...Nunca te había visto antes.
Una chica alta miró a Omega mientras decía eso. Vestía ropa negra, tenía el cabello largo y oscuro, era bastante atractiva. Sin embargo, sus ojos sanpaku eran increíblemente afilados, lo que le daba una impresión terriblemente penetrante.
—Hmm.
Justo después de terminar de procesar sus impresiones iniciales, se dio cuenta de que la chica que tenía delante tampoco era tan mayor. Como mucho tenía quince años, así que no parecía haber mucha diferencia de edad entre ella y Colette. Las únicas discrepancias en sus impresiones provenían de su entorno y estatura.
—Qué pasa con esa reacción. Eres una chica tan molesta.
—¿No eres tú la que está siendo terriblemente brusca con una chica joven que acabas de conocer? Además...
—¿Qué?
—Quiero decir, el hecho de que lleves algo como eso fue bastante impactante para mí también, entiendes.
Se había dado cuenta por las señales que había sentido al acercarse por detrás. Sobre todo, por su hedor; que, sostenido entre los brazos de la chica de mirada siniestra, había algo realmente impactante. Concretamente, el cadáver de una criatura viva que había sido envuelta en tela blanca. “Alguna vez debió estar en buena forma”, pensó, “pero ahora no conservaba nada de eso”.
—Es demasiado exagerado llamarlo caza. Si lo hubieras hecho, habrías acabado arruinando tanto su carne como su piel. La forma en que lo hiciste sería horrible para conseguirlos por su piel o como alimento. Aun así...
Omega interrumpió sus palabras y luego continuó, mientras examinaba la reacción de la chica.
—Si los estás matando porque sí, entonces no te diré nada.
—… No me hables como si lo supieras todo.
Lanzándole con agresión esas palabras, la chica se abrió paso junto a Omega, y colocó el cadáver en el suelo… O más bien, tal vez debería llamarlo algo que alguna vez fue un conejo. Sea como fuere, lo colocó en el suelo y comenzó a cavar un agujero con el Habou que había traído.
Enterró el cuerpo, lo cubrió con tierra y apiló piedras encima. Al verla hacer esto, Omega se convenció de que la impresión que había albergado al principio no era errónea. Tal y como ella había reflexionado, este lugar era un cementerio. Los restos de muchas criaturas debían de estar enterrados bajo los montones de piedras, igual que el conejo de ahora, para ser conmemorados.
—Después de todo, yo también he estado mucho entre tumbas.
—...¿Quién eres? ¿De dónde vienes?
La chica terminó su labor de enterramiento, se levantó y le preguntó eso a Omega. Había bastante intensidad en ella al no molestarse en ocultar sus manos manchadas de sangre. A Omega le pareció que iba a acabar en este cementerio junto con ellos si metía la pata con su respuesta. Omega deseaba entablar relaciones amistosas, de ahí que se presentara, aunque no específicamente por la razón antes mencionada.
—Soy Omega, soy más o menos una vagabunda viajera. He pasado por aquí de camino río abajo. No me quedaré mucho tiempo, así que espero que no seas muy dura conmigo.
—Una viajera, ¿eh? A tu edad... No, más bien, esas orejas tuyas... ¿eres una elfa?
Al notar las distintivas orejas de Omega, la cara de la chica se tornó en una de franca incomodidad. Tenía sentido que en esta época siguiera existiendo una fuerte tendencia de discriminación hacia los elfos, aun así, su reacción parecía diferente a las habituales. Debía de tener aún otra razón para despreciar a los elfos. Sin embargo, antes de que Omega pudiera interrogarla al respecto, había comenzado a caminar de vuelta por donde había venido, con las manos aún manchadas de sangre.
—Perdona la intromisión, pero el río está por allí si quieres lavarte las manos.
—...Dijiste que no te quedarías mucho tiempo, ¿verdad? Hazme caso y date prisa en abandonar este lugar.
—Realmente no estoy entendiendo de qué trata esta conversación. Supongo que debo ser pésima en esto.
La chica no prestó atención a su parloteo y empezó a alejarse del río sin detenerse. Entonces, justo antes de perderse de vista, habló y dijo:
—Porque si no lo haces, eventualmente tú también serás despedazada por la “Bestia”.
La chica solo dejo esas palabras antes de que su figura desapareciera de la vista de Omega.
—...Una “Bestia”, ella dice.