Las Candidatas al Trono y Sus Caballeros
CAPÍTULO 4:
Las Candidatas al Trono y Sus Caballeros
La chica de ojos desorbitados y cabello rubio desaliñado llevaba unos harapos viejos y mugrientos. Era una chica tempestuosa de los barrios bajos, más mugrienta que dura. Esa era la imagen de la chica llamada Felt en la mente de Subaru.
Mientras Reinhard hacía su declaración, las damas de honor acompañaron en silencio a Felt en su entrada en la sala del trono. Caminando con gracia sobre la alfombra roja, parecía la hija de un noble.
Subaru había pensado mucho antes: «Podría brillar si alguien la puliera». Pero esta piedra en bruto, pulida gracias al poder de la familia de Reinhard, no sólo brillaba… De hecho, el único término que le hacía justicia era radiante.
Felt pasó lentamente ante la mirada estupefacta de Subaru y se plantó ante Reinhard. Éste asintió con una sonrisa encantadora ante su aspecto y se dirigió a ella con el máximo respeto.
—Felt-sama, gracias por agraciarnos con su presencia.
Felt levantó los ojos y le llamó.
—… Reinhard.
Reinhard respondió a su voz clara como una campana.
—¿Sí?
Caballero y dama, sus ojos se encontraron. Y entonces…
—… A ver. ¡¿Cuál es la gran idea, arrastrándome aquí sin ninguna explicación?!
… levantó el dobladillo de su vestido, y su larga y delgada pierna trazó un arco, un arco que estaba a punto de golpear justo en la punta de la barbilla de Reinhard cuando el caballero levantó una mano, deteniéndola en seco.
—Estoy bastante sorprendido. ¿Qué provocó este arrebato?
Manteniéndose en equilibrio sobre una pierna, Felt golpeó violentamente su vestido con rabia.
—¡No me bloquees y luego te hagas el tonto! ¡Es este sitio! ¡Esta ropa! ¡Ellos! ¡Tú! ¡¿Qué demonios está pasando aquí?! ¡No puedo seguir aguantando esto!
Era un vestido caro, sin duda hecho a medida para ella. Verlo tratado con tanta rudeza hizo que las damas que la atendían se desplomaran al suelo como si les dieran vueltas los ojos.
—¿No te gustó el vestido? Creo que te queda muy bien.
—¡Esto no es por el vestido, y no es que sea vergonzoso! ¡Estoy diciendo que lo odio! ¡Y no sólo el vestido! ¡También te odio a ti! ¡¿No crees que secuestrar y retener a una chica contra su voluntad es vergonzoso para un caballero de honor?!
—Si es por la prosperidad del reino, hay que hacerlo —declaró Reinhard sin vacilar.
Felt se llevó una mano a la frente como si le estuviera dando dolor de cabeza.
—Me alegro mucho. Pensaba que había cambiado por completo, pero sólo es su aspecto. Supongo que los leopardos realmente no cambian sus manchas, ¡y no soy sólo yo! —comentó Subaru para sí.
Habría sido una historia lamentable para el Viejo Rom si hubiera tenido que informar de que ella se había convertido en una persona totalmente diferente.
Se sintió aliviado al poder confirmar que estaba sana y salva en un lugar que no esperaba. Por otro lado, no podía evitar pensar que el hecho de que Felt se viera arrastrada a convertirse en candidata real no era una mera coincidencia, sino algo preparado de antemano. Después de todo, Reinhard la conoció porque fue ella quien había robó la placa de Emilia…
Emilia, al darse cuenta de quién era Felt, había llegado aparentemente a la misma conclusión que Subaru.
—¡¿Es esa chica… de entonces…?! Por eso Reinhard estaba tan sorprendido…
Desde el punto de vista de Emilia, Felt había pasado de ladrona de su insignia a rival por el mismísimo trono.
Las demás candidatas, los caballeros y los nobles mostraron reacciones apropiadas ante el grosero comportamiento de la recién llegada, ninguna amistosa. Bajo las miradas austeras, Felt chasqueó la lengua con rudeza.
En el poco tiempo que Subaru la conocía, nunca había sido tan mocosa. Supuso que era producto de varias cosas ocurridas durante el último mes. Subaru había pasado por muchas cosas, pero su transformación de niña de la calle a candidata real era una historia de Cenicienta que rivalizaba con la suya.
Felt estaba escudriñando la sala para evaluar su entorno cuando, de repente, se fijó en Subaru entre los caballeros de la primera fila y se iluminó.
—¡Oh, hey! ¿Qué estás haciendo aquí, Nii-san?
Felt apartó a Reinhard con una mano en el pecho y se acercó sin miramientos.
¿Adónde fue a parar todo ese comportamiento femenino?, se preguntó Subaru mientras levantaba una mano, encantado de saludar a una cara amiga.
—Hola, cuánto tiempo. Parece que gozas de buena salud —dijo Felt.
En el instante en que el soleado saludo escapó de sus labios, pateó a Subaru directamente en el estómago, haciéndole caer de rodillas.
Violencia inesperada. Subaru gimió, forzándose a levantarse con una pierna mientras Felt se cruzaba de brazos y asentía con la cabeza, comentando:
—Parece que tu barriga se curó del todo, pero tienes un montón de cicatrices nuevas en otros sitios. ¿Estás bien?
—Si estás preocupada, tómatelo con calma, ¡maldita sea…! ¿A qué viene esa patada en vez de un saludo más normal? Mierda, ¿y si me hubieras roto algo…? Tampoco es que haya pasado tanto tiempo.
Aunque la herida ya estaba completamente cerrada, Subaru tenía una gran cicatriz horizontal blanca justo en el vientre. También tenía cicatrices de mordeduras de mabestias por todo el cuerpo.
Ya no podía seguir hablando de que las cicatrices en la espalda eran la vergüenza de un caballero.
Aunque tranquilo y reservado en apariencia, Marcus hizo un gesto hacia el estrado, deseoso de continuar con la reunión.
—Felt-sama, si terminó de saludar a su viejo amigo, ¿podría venir por aquí?
Felt frunció el ceño ante la expresión solemne de su rostro, y mantuvo su expresión mientras ella se adelantaba.
—¿Qué quieres que haga aquí?
—«Compórtate más como una dama», me gustaría decirte, pero en vez de eso, quiero que sostengas esto —contestó Reinhard.
Felt frunció el ceño ante la broma de Reinhard. Reinhard sacó del bolsillo un emblema de dragón y se lo depositó en la palma de la mano. Al instante la gema emitió una luz blanca.
—Yo también lo pensé cuando robé una de éstas, pero son unas rocas extrañas. ¿Por qué brillan?
Felt dijo con alegría algo muy peligroso. Marcus pareció darse cuenta de su descuidada afirmación.
—¿Robar?
Pero Reinhard se apresuró a capear el temporal.
—Como pueden ver, la Joya del Dragón reconoce a Felt-sama como doncella. Ahora que su participación ha sido confirmada, creo que esta selección real comienza de verdad.
Marcus se llevó una mano al pecho y se arrodilló. Reinhard le siguió, y luego todos los Caballeros de la Guardia Real.
Los caballeros informaron de que su misión había sido un éxito. Gracias a sus esfuerzos, habían encontrado a cinco Doncellas Dragón, es decir, habían reunido a las candidatas para ser la próxima monarca de Lugunica.
—Ya veo. Así, este día pasará a la historia —comentó Priscilla.
Era la definición misma de un acontecimiento multitudinario y de obligada asistencia. Seguramente, todos los presentes debían de estar profundamente conmovidos por la ocasión, o eso pensó Subaru mientras observaba, y se dio cuenta de que, por su parte, los funcionarios del gobierno parecían preocupados, con expresiones de desconcierto y asombro.
Y un hombre de entre ellos se adelantó.
—¿Perdón, si me permite?
Era un hombre de mediana edad, encorvado y con bolsas de aspecto poco saludable bajo los ojos. Se acariciaba la espesa barba como un aparente tic nervioso.
—No tengo palabras suficientes para agradecer a los caballeros del reino, y a los Caballeros de la Guardia Real en particular, todo lo relacionado con esta ceremonia de selección real. Sin su ayuda, seguramente no habría sido posible organizarla en tan poco tiempo.
—Eres demasiado amable —respondió Marcus.
—Sin embargo, y no me produce ninguna alegría decir esto, aunque sigamos la Tabla del Dragón, ¿no hay varios… problemas, con las seleccionadas?
—¿Exactamente qué estás diciendo?
—Me pregunto si nos hemos centrado demasiado en las cualificadas para ser Doncellas Dragón, y no lo suficiente en las cualificadas para llevar la mismísima corona del reino sin convertirse en objeto de burla.
La declaración del jorobado estaba claramente teñida de ira.
—¡Escúchenlo, escúchenlo! —dijeron algunos funcionarios en señal de apoyo.
Y continuó:
—El Pacto con el Dragón es el asunto más grave. Lugunica ha llegado hasta aquí como Reino Amigo del Dragón y no puede sobrevivir como nación sin el Pacto. Pero valorar el Pacto mucho más que al pueblo sembrará las semillas de la discordia futura.
—En otras palabras, ¿las Doncellas Dragón por cuya búsqueda los caballeros derramamos nuestra sangre no harían reyes dignos de nuestra lealtad?
—Yo no lo diría así, pero en esencia, sí.
El hombre sudó frío ante el franco resumen de Marcus y, al cabo de un momento, reconoció el verdadero significado de sus comentarios oblicuos. Los caballeros se habían esforzado desesperadamente por resolver un problema casi irresoluble. Esta ridiculización de sus esfuerzos no les infundía precisamente emociones agradables.
Subaru, de pie junto a los caballeros, sintió en su piel la ira caliente que le rodeaba.
—Huele a que algo se está quemando aquí… —comentó.
Al oír el murmullo de Subaru, Al se dirigió alegremente a otras dos personas de la misma fila.
—Bueno, seguro que sonaba como si estuviera insultando a los caballeros. No me importa, pero ¿qué piensan ustedes dos?
Los dos a los que se había dirigido, Julius y Ferris, giraron la cabeza hacia Al y Subaru. Ferris habló primero.
—En lo personal nyo me importa, ¿nya? A ver, diga lo que diga el Barbón, mi lealtad pertenece a una sola persona, ya ves-nya.
Julius continuó.
—No iré tan lejos como Ferris, pero siento lo mismo. Ya he prometido mi espada. Un día, ellos ofrecerán su lealtad a otro. No pretendo ser tan estrecho de miras que mi corazón se perturbe antes de ese día.
—Ja, eso está muy bien por su parte —dijo Al, ya que no quería ser menos—. Por supuesto, a mí me pasa lo mismo con la Princesa.
Los otros dos sólo pudieron esbozar sonrisas irónicas ante aquello.
Subaru no estaba precisamente disfrutando de ser quien replicase en aquella rutina de comedia.
Ferris tenía a Crusch. Al tenía a Priscilla. Eso tendría que hacer de Julius un partidario de Anastasia. Eran tres caballeros que gozaban de la plena confianza de sus amas. Al comparar su posición con la suya, Subaru sintió un agudo sentimiento de inferioridad, aunque sin duda deseaba cumplir los deseos de Emilia tanto como cualquiera de los demás…
Subaru sintió una extraña sensación de inquietud a medida que se intensificaban las idas y venidas en la sala del trono. La opinión anterior no era más que el principio, ya que los funcionarios civiles fueron aireando su descontento uno a uno.
—Hay que ser a la vez doncella y rey. ¿Quizás no son suficientemente conscientes de que deben llevar la corona?
—No importa lo arregladas que vayan, su comportamiento deja al descubierto su verdadera naturaleza.
—No son lo bastante refinadas. Les falta educación. ¿Cómo pueden ser monarcas así?
Una voz familiar interrumpió a los funcionarios civiles.
—Seguro que no es un problema~. Creo que tal abundancia de personalidad hará una selección real muy divertida~.
—¡Tu cállate!
Subaru miró a Emilia y a los demás. Sin duda, la actitud grosera y directa de Felt había sido lo que más había molestado a los funcionarios. Pero no podía decir que las otras candidatas no hubieran provocado malestar.
En realidad, la expresión de Emilia, como si tratara de soportar el dolor, le dolía agudamente. Deseaba desde el fondo de su corazón precipitarse en ese momento y darle un hombro en el que apoyarse.
La única palabra de Miklotov silenció la sala del trono.
—… Silencio. —Miklotov, el hombre de mayor importancia del lugar, entrecerró los ojos mientras miraba a Felt. Tras guardar silencio durante un rato, el anciano dejó escapar un suspiro—. Mmmm. Ese fue un comportamiento un tanto irreverente, así que entiendo la opinión de Rickert-dono. Desde ese punto de vista, creo que todo el mundo debería escuchar un breve resumen de la historia personal de la candidata.
Un anciano calvo y de rostro severo secundó la opinión de Miklotov.
—… Efectivamente. Podemos decidir si ella es adecuada o no a partir de eso.
Al ver que el resto del Consejo de Ancianos asentía, el funcionario civil aparentemente llamado Rickert dio un paso atrás. Miklotov continuó:
—Reinhard-dono. Primero nos gustaría escuchar lo más destacado de lo que sabe.
Cuando le llamaron, Reinhard se arrodilló en una muestra del máximo respeto. Subaru ni siquiera estaba implicado, pero aun así le entró un sudor frío. Después de todo, decir la verdad sin rodeos expondría naturalmente la vida delictiva de Felt y provocaría más problemas.
—Hasta hace aproximadamente un mes, Felt-sama vivía en un rincón del Barrio Bajo de la capital real, también conocido como «los barrios bajos». Surgió una ocasión en la que tuvo la oportunidad de tocar una Joya del Dragón. Habiendo juzgado que estaba cualificada para ser una Doncella Dragón, la traje conmigo como algo natural.
Para calmar las inquietudes de Subaru, Reinhard hizo su informe mientras esquivaba hábilmente las partes problemáticas. La explicación tenía grandes y evidentes lagunas, pero la asamblea no se centró en ellas, sino en otras cosas.
—Una chica de los barrios bajos… Reinhard-dono, ¿está usted loco? —explotó Rickert—. ¡¿Traes a una vagabunda de las calles a una ceremonia para elegir al monarca que debe cargar con el futuro de Lugunica?! ¡¿Qué te crees que es el trono real?!
—…
Reinhard había hecho lo que se le pedía, mostrando la máxima cortesía a quienes dirigían la reunión. Su gallardo perfil no revelaba el menor atisbo de negatividad. A continuación Rickert dirigió sus palabras a Miklotov.
—Hay que elegir a alguien adecuado para la corona. No podemos simplemente poner nuestras manos sobre cualquiera que pase por ahí…
Mientras Rickert intentaba convencer elocuentemente a Miklotov, una voz familiar echó agua fría sobre sus esfuerzos.
—Rickert-san, está demasiado acalorado por este asunto, ¿no~?
—Tonterías, Roswaal. No apruebo tal conducta. No sólo yo, sino todos los funcionarios. Hasta ahora lo hemos pasado por alto porque estamos en tiempos de crisis, pero no callaré más. ¡Ni sobre la Casa Astrea trayendo a una chica abandonada a estos salones, ni sobre ti, el tonto nominando a una semidemonio para ser monarca…!
—Rickert-san. Le sugiero que modifique sus comentarios. —Las gélidas palabras resonaron en toda la sala. El rostro de Rickert, enrojecido por la indignación, palideció. Roswaal continuó—: Es de mala educación dirigirse a una semielfo como «semidemonio». Además, Emilia-sama sigue siendo una candidata real… ¿Entiendes quién de nosotros debe recordar su lugar?
El tono de voz de Roswaal no cambió respecto a la norma, pero el poder que había detrás hizo que Rickert desviara la mirada. Sacudió la cabeza, como para disimular su intimidación, e hizo un gesto dramático hacia el estrado.
—¿Y qué? No creo que mi afirmación sea errónea. Que esté cualificada como Doncella Dragón no significa que esté cualificada para ser rey. ¡Miklotov-sama! ¡Por favor, reconsidérelo! La futura prosperidad del reino no puede basarse en la elección de una obscena candidata real como…
—… Reinhard-dono.
El sabio no se dirigió a Rickert, intentando influir en su opinión, sino al caballero pelirrojo.
—¿Esta chica…?
—No puedo estar absolutamente seguro, pues ya no existen los medios para demostrarlo con certeza… Sin embargo, debo resistir el impulso de calificar esta coincidencia de casualidad.
—Entonces, ¿cómo lo llamarías?
—Yo lo llamaría destino.
Ante la respuesta de Reinhard, Miklotov cerró los ojos como si aquella afirmación tuviera algún significado especial.
Ni Subaru ni los que le rodeaban tenían ni idea de lo que hablaban. Parecía que sólo ellos dos sabían a qué se referían. Rodeado de tal confusión, Miklotov se llevó una mano a la frente, como lamentándose por la situación, y miró a los demás ancianos.
—¿No se han dado cuenta? Echen otro buen vistazo a Felt-sama… Si no pueden darse cuenta incluso entonces, debo cuestionar su fidelidad a tu propio reino.
En respuesta al desafío de Miklotov, los ocupantes de la sala contuvieron la respiración y miraron a Felt. Felt, en el ojo de una tormenta de miradas desenfrenadas, frunció el ceño abiertamente.
Rickert señaló sin rodeos los defectos de Felt.
—Mirándola, claro que se nota… ¡todavía es muy joven, y hay demasiadas cosas que tendría que aprender antes de poner un pie cerca de un tro…!
De repente, su rostro se puso rígido, como si se hubiera dado cuenta de algo, y sus ojos se abrieron de par en par, sorprendidos.
—¿Cabello rubio y ojos carmesí?
En cuanto Rickert lo dijo, los demás funcionarios fueron golpeados con fuerza similar, como una fila de fichas de dominó. El único que no se vio afectado fue Subaru, ignorante del conocimiento común en aquel mundo.
Cuando Subaru miró a un lado, Ferris y Julius parecieron comprender. No podía saber qué demonios estaba pensando Al, como de costumbre, pero éste no mostró ningún signo especial de sorpresa.
—Cabello rubio y ojos carmesí: son peculiares del linaje de la Familia Real de Lugunica. Pero no puede ser. Todo el linaje real murió en ese incidente hace medio año. Es simplemente imposible que esta chica sea…
Reinhard interrumpió con calma la contundente negativa de Rickert.
—… Rickert-san, ¿conoce cierto incidente ocurrido en palacio hace unos catorce años?
Las palabras que salieron de los labios de Reinhard golpearon a Rickert con más fuerza aún.
—Reinhard-dono… Seguro que no está diciendo eso…
—Hace catorce años, unos ladrones se infiltraron en el castillo y secuestraron a la hija del difunto segundo príncipe, Fold-sama. A los ladrones se les permitió escapar, y la hija nunca fue encontrada.
Este fue el tipo de fracaso nacional que nunca se filtró a los de fuera.
—Como el asunto no estaba escrito en la Tabla del Dragón, los ladrones pudieron infiltrarse fácilmente en el palacio real en aquel momento. Como había otros asuntos urgentes, no se llevó a cabo una búsqueda exhaustiva de la hija.
—Mmmm. Ese incidente fue el detonante de la disolución y reconstitución de los Caballeros de la Guardia Real. Tus parientes no fueron ajenos a este asunto, creo.
—Por lo tanto, tengo información que de otro modo sería desconocido para mí. Y basado en esto…
Miklotov replicó a la respuesta minimalista de Reinhard con un movimiento de cabeza. Sin embargo, el frenesí de Rickert no daba señales de disminuir.
—¡Esa es una posición extrema, no, irracional! ¿Debemos creer que una hija de la casa real desapareció sin dejar rastro hace catorce años, terminó viviendo en los barrios bajos, y ahora la descubres por casualidad cuando se acerca la selección real? ¡¿Y encima está cualificada como Doncella Dragón?!
Incluso después del aluvión de información, Rickert seguía en pie.
—¡Esto es absurdo! —se rio—. Todo esto es demasiado artificioso. Podrías haber encontrado fácilmente a una muchacha con calificaciones de doncella y teñirle el cabello y usar magia para alterar el color de sus ojos… ¿Seguro que no has incurrido en un comportamiento tan vergonzoso?
—Lo juro sobre mi espada.
Reinhard dejó en el suelo la espada que llevaba en la cadera, ofreciéndola como muestra del mayor respeto. Rickert, al ver que el caballero entre los caballeros mostraba tal deferencia, se encorvó pesadamente.
—… Con toda la familia real ya perdida, no existen medios para confirmar si tiene sangre real o no. No creo que nadie incline la cabeza basándose en meras suposiciones sobre su identidad.
—Eso es natural. Sin embargo, estoy seguro de que Felt-sama es digna del trono… incluso sin una reclamación por sangre.
La inquebrantable respuesta de Reinhard arrancó a Rickert un suspiro resignado.
—Parece que el Santo de la Espada de nuestra era está bastante interesado en ella.
Una vez más, dirigió su mirada a Felt, el tema que los ocupaba.
—Dejando de lado tus calificaciones de doncella, vienes de los barrios bajos. Y es posible que poseas el linaje real, presuntamente perdido. Ni siquiera puedo imaginar la angustia que esto debe traerte. ¿Estás decidida a llevar esto a cabo?
La declaración sonó como una prueba, un ritual para que Rickert pudiera utilizar su respuesta para desprenderse de sus recelos. Sólo cuando recibiera la respuesta de Felt podría dar por terminada la discusión.
Pero Felt negó rotundamente su calificación, ignorando por completo el flujo de la conversación hasta ese momento.
—¿Eh? ¿De qué estás hablando, viejo? Nunca dije una palabra sobre reinar.
La inesperada respuesta tomó desprevenidos a todos los presentes.
—Me sacaron de los barrios bajos contra mi voluntad —continúo—. Le dije que me devolviera y no lo hizo, y escondió mi ropa vieja para que tuviera que llevar esta estupidez. Estoy muy enfadada. Estoy enfadada como no tienen idea. No, no lo acepto.
La furia de Felt provocó otro incómodo silencio en la sala. Incluso Subaru, famoso por su incapacidad para leer el estado de ánimo, se dio cuenta de que las cosas iban mal.
Entre los silenciosos candidatos restantes, Priscilla, con los brazos cruzados y expresión aburrida, espetó:
—… ¿Hasta cuándo van a alimentar esta aburrida e inútil discusión?
Cuando todos los ojos se posaron en la muchacha, su pecho se agitó sobre sus brazos cruzados.
—Aunque sólo sea de nombre, se han reunido cinco para que el proceso pueda comenzar. Todo lo que tenemos que hacer es empezar, y las indignas serán eliminadas a su debido tiempo. Después de todo, yo seré la última en pie. Si el exceso de equipaje está calificado para ser rey o no, es completamente irrelevante.
El argumento descarado e irracional de Priscilla provocó una reacción acalorada de Felt.
—¿Ahh…?
Bajó de la tarima y miró a Priscilla de frente.
—Antes pensaba que eras una chica bella, pero supongo que dentro de tu cabeza también hay un parterre, ¿eh? Si quieres pelear, me apunto. Todos saben que conmigo obtienes más de lo que esperas.
—Qué arrogancia. ¿Sabes quién soy…?
—¡Ja, como si lo supiera…!
Felt eludió la afirmación de Priscilla con una sonora carcajada. Los ojos de Priscilla se entrecerraron cruelmente.
Con la respiración entrecortada de Subaru por el decisivo cambio en la atmósfera, Al gritó a su lado:
—Princesa, esto es…
Debía saber exactamente lo que Priscilla iba a hacer.
Entonces, al grito de Al, una ráfaga de viento atravesó la cámara. Reinhard se puso delante de ella en una fracción de segundo y habló en voz baja.
—… Perdóneme, Priscilla-sama.
En un abrir y cerrar de ojos, el caballero que un momento antes estaba arrodillado en el estrado se había interpuesto entre las dos candidatas reales. El caballero pelirrojo estaba frente a la chica de cabello naranja, y detrás de él, Emilia sujetaba a Felt para protegerla.
Los ojos violetas de Emilia se llenaron de ira mientras regañaba a Priscilla.
—Tanta hostilidad en un lugar tan importante como éste… ¡¿En qué estás pensando?!
No obstante, Priscilla se desentendió de la molestia con un gesto de la mano, insensible a cualquier punzada de culpabilidad.
—Sólo estoy enseñando a una perra sin entrenamiento el lugar al que pertenece. Después de todo, la descortesía hacia mí sólo puede pagarse con la vida.
Emilia insistió ante la impenitente Priscilla.
—¿No vas a decir que lo sientes? ¿O en realidad no te das cuenta de que hiciste algo malo?
Por un instante, las palabras hicieron que el rostro de Priscilla se quedara en blanco. Luego, miró a Emilia con una risa apenas contenida.
—Ahh, esto es muy divertido. Pocas veces me he entretenido tanto. Puedes tomarlo como un cumplido.
—Qué chica tan desagradable eres. ¿De qué estás hablando?
—¿Dices que una debe disculparse por hacer algo mal? Si es así, ¿por qué no te disculpas tú, semielfa de cabello plateado? En tu caso, «siento haber nacido».
Incluso Subaru pudo darse cuenta de que la conmoción había atravesado todo el cuerpo de Emilia. Sus hombros se estremecieron y su intrepidez desapareció de sus ojos, sustituida por un agudo dolor.
—No tengo… ninguna relación con la Bruja…
—¿Significa algo para alguien semejante excusa? Eres la viva imagen del ser tabú para el mundo. Tu sola visión infunde miedo y hace temblar los corazones. ¿No es por eso por lo que te cubres y oscureces tu apariencia?
Asaltada por todos lados por las enconadas palabras de Priscilla, Emilia inclinó en silencio su pálido rostro.
Incluso Subaru comprendió el significado de las palabras de Priscilla. Lo entendía, pero no podía aceptarlo, porque injustamente traía dolor a Emilia por razones que no tenían nada que ver con ella en absoluto.
No podía soportarlo más. Aun así, una vez más, Subaru tuvo que esperar para actuar mientras Al, con el rostro ilegible bajo el casco, criticaba con franqueza el despotismo de Priscilla.
—Princesa, ¿podemos dejarlo así? Añadir más enemigos aquí nos pone en un serio aprieto, especialmente si uno de ellos es el Santo de la Espada. ¿Qué tal si te disculpas?
—Mi vasallo no debería hacer una exhibición tan patética. ¿Y qué hay del Santo de la Espada? Simplemente el supuesto más poderoso de la tierra. Haz algo.
—No duraría ni un minuto…
Al había evaluado con calma a su posible contrincante, izando la bandera blanca en poco tiempo. Su actitud exasperó a Priscilla y toda la malicia y enemistad que había existido hasta entonces pareció disiparse.
Nadie en la sala, Subaru incluido, pudo ocultar su asombro ante el hábil manejo de Al de una bestia tan feroz. Pero al menos, la amenaza inmediata de una situación explosiva había sido desactivada.
Una vez zanjado el asunto, la sala volvió a sumirse en el silencio. De repente, un timbre agudo resonó por toda la sala: el sonido de una moneda arrojada a un cuenco. Miklotov llamó entonces la atención del grupo.
—… ¿Están todas satisfechas? Parece que tanto Felt-sama como Emilia-sama se han calmado lo suficiente…
Emilia respondió primero.
—S-Sí… estoy bien. Parece que ella también lo está…
—¡Hey, suéltame! ¡Ni siquiera he hecho nada!
Ante el arrebato de Felt, Emilia se apresuró a asentir y la dejó marchar.
—¡Estaba bien, así que no tenías que hacer nada! —se enfadó—. ¡¿Te parezco una niña débil?!
—… Sí, era innecesario. Lo siento.
—… No te voy a dar las gracias.
Felt frunció el ceño. Al darse cuenta de su actitud, Reinhard asintió cortésmente a Emilia antes de volver con los caballeros, dejando que Emilia y Felt se alinearan incómodamente con las demás candidatas. Sólo Priscilla parecía inmutable, con la misma mirada aburrida con la que había empezado. No parecía estar reflexionando en lo más mínimo sobre el error de sus actos.
En cualquier caso, Miklotov, viendo que la disputa había quedado zanjada, anunció de nuevo:
—Entonces, prosigamos con nuestro orden del día: la disputa sobre la sucesión real. El Consejo de Ancianos propone por la presente una reunión entre todas las candidatas a la selección real.
1
El solemnísimo anuncio de Miklotov trajo de nuevo la tensión a la sala. Espontáneamente, incluso las candidatas se pusieron un poco más erguidas; los rostros de los espectadores ya no parecían relajados.
Miklotov escrutó las expresiones de los demás miembros del Consejo de Ancianos, buscando confirmación con su anuncio del comienzo formal de la reunión. En respuesta, los ancianos inclinaron la cabeza uno a uno en señal de asentimiento.
—Les agradezco su aprobación. Comencemos el debate. Aunque el tema en discusión es quién será rey… la cuestión es el método de selección. Hemos reunido candidatas a través de las Joyas del Dragón, pero el método de selección no está grabado en piedra. Para determinarlo, pensé que lo mejor sería preguntar primero hasta dónde están dispuestas a llegar las candidatas.
Los miembros del Consejo de Ancianos asintieron a las palabras de Miklotov. Al ver que no había objeciones, Miklotov miró hacia Marcus, que estaba preparado en una esquina del estrado. El caballero se adelantó una vez más, haciendo una profunda reverencia en representación de todos los presentes.
—Entonces, si se me permite el atrevimiento, continuaré. Creo que cada candidata presente tiene un caso que presentar. Me gustaría que todos en la cámara escucharan estos argumentos. Primero, comencemos con Crusch-sama. ¡Felix Argyle-dono!
Crusch asintió tranquilamente a las palabras de Marcus.
—Mm.
Ferris levantó la mano despreocupadamente.
—¡Señor, sí, señor-nya!
Mientras Ferris se adelantaba para unirse al lado de Crusch, miraba a Marcus por el camino, levantando las mejillas con los dedos índices.
—Capitán, sigo diciéndote que me llames Ferris, nyo Felix. Que nyo lo hagas hace que mi corazón duela-nya.
La barbilla de Marcus se levantó de inmediato.
—No tengo intención de conceder un trato especial a ningún subordinado, incluido usted. Preséntate.
Ferris le sacó la lengua con insatisfacción mientras permanecía junto a su ama, Crusch.
—Crusch Karsten, candidata real y jefa de la Casa Karsten.
—Ferris de la Casa Karsten, caballero de Crusch-sama.
Crusch se anunció sin la menor muestra de timidez, y Ferris permaneció con su despreocupación de siempre. Marcus enmendó su autopresentación.
—Sir Felix Argyle.
El ceño de Ferris estaba fruncido.
—Huh, ¿así que su verdadero nombre es Felix? Es un nombre muy masculino —comentó Subaru.
En Japón, los hijos mayores de las antiguas familias de samuráis heredaban un nombre determinado independientemente de su sexo. También había una moda muy arraigada por la que los juegos de citas cambiaban el sexo de los generales de los libros de historia y los convertían en chicas muy bellas.
—Subaru, ¿no te has enterado? —contestó Reinhard.
—¿De qué?
—Ferris no sólo tiene nombre de hombre. Es muy masculino.
—… —La declaración de Reinhard detuvo los pensamientos de Subaru. Se cruzó de brazos, inclinó la cabeza, cerró los ojos y reflexionó seriamente sobre el significado de aquellas palabras—. ¿Qué… acabas … de decir?
—Ferris no sólo tiene nombre de hombre. Es muy masculino.
Palabra por palabra, sílaba por sílaba, Reinhard repitió la importantísima afirmación.
En el instante en que su mente procesó la información, el grito de Subaru resonó por todo el pasillo.
—¡¿Quéééééééééé?!
—¡¿Es hombre?! ¿O es que el caballero entre los caballeros es muy malo para los chistes? Esto no tiene gracia.
Se lamentaba mientras miraba a Ferris de arriba abajo.
Ciertamente, Ferris era alta para ser una chica. Pero esos rasgos faciales y los contornos de su cuerpo le parecieron completamente femeninos. Algunas partes eran pequeñas para el cuerpo de una mujer, pero había muchas mujeres en el mundo con el pecho plano, incluso de adultas. Eso no era prueba de nada.
Sin embargo, Crusch, que hasta entonces había guardado silencio sobre el asunto, afirmó que la causa de su conmoción era la verdad.
—Ah, ¿apenas te enteras? Puedo declarar firmemente que mi caballero, Ferris, es un hombre.
—C-Cualquiera puede decir cualquier cosa… Necesito pruebas. Sí, ¡no creeré sin pruebas!
—Cuando era joven, Ferris y yo nos bañábamos juntos, y él ciertamente tenía un órgano masculino entre sus…
—¡¡Lo siento mucho!! ¡¡No quiero hacer hablar a una chica bella de órganos masculinos!! ¡¡Error mío!!
Y así, Subaru se rindió de forma espectacular. Miró fijamente a Ferris, que ahora estaba al lado de Crusch.
—¡Esto también es culpa tuya, maldita sea! ¡Me engañaste! Un tipo bajo esas orejas de gato, ¡ugh! ¡Sólo recordar ese mordisco me hace estremecer!

—Hey-nya, te equivocaste tu solito, Subaru. Nunca dije una palabra sobre ser una chica.
—¡No te metas conmigo, perra… corrección, bastardo!
Ferris soltó una risita, sacando la lengua con un guiño. Crusch parecía satisfecha cuando comentó:
—Todo el mundo pone esa cara cuando se entera. Es muy divertida y nunca pasa de moda. Aunque no muchos tienen una reacción tan grande.
Miklotov frunció el ceño de forma poco habitual.
—Mmmm. Es de mal gusto continuar con esto, sabiendo lo que resultará, Crusch-sama.
Por su parte, el rostro de Crusch volvió a endurecerse ligeramente mientras negaba con la cabeza.
—Parece que ha entendido mal, Miklotov-sama. Yo no ordeno a Ferris que se vista así. Todo es de su libre albedrío.
Rickert presentó una objeción a las palabras de Crusch.
—Aunque creo que es el deber de un amo ver que un vasallo esté vestido apropiadamente…
Los ojos de Crusch se entrecerraron en respuesta.
—¿Dices que es el deber de un amo ver que un vasallo esté vestido apropiadamente? En ese caso, deseo que Ferris vaya vestido como lo está ahora. ¿Entiendes por qué?
—Me hago la misma pregunta.
—Es muy sencillo: uno debe vestirse de la manera que haga brillar más su alma. El atuendo actual de Ferris le sienta mucho mejor que una armadura de caballero, igual que yo llevo mi propio atuendo porque me sienta mejor que cualquier vestido.
Crusch sacó pecho en un alarde de orgullo personal mientras hablaba. Cuando Ferris se puso a su lado, ella —o más bien él— sonrió al ver a su galante ama.
Ver a Crusch tan serena hizo que Rickert perdiera las ganas de discutir. Mientras guardaba silencio, Subaru tampoco pudo evitar sentir cómo se le agitaba el pecho ante la compostura de Crusch.
Reinhard comentó, con una voz que parecía bastante alta teniendo en cuenta las circunstancias:
—No era para esperar menos de Crusch-sama… Entre las candidatas, es la primera en expresar su opinión, pero también la que cuenta con el apoyo más fuerte. Diga lo que diga, habla con una confianza diferente a la de los demás.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Subaru a Reinhard desde un lado.
—La Casa Karsten que encabeza Crusch-sama es una familia de duques y duquesas que han apoyado al Reino de Lugunica desde el principio de su historia. La casa ha demostrado su lealtad a la nación a través de muchos hechos. Y la sabiduría con la que dirige Crusch-sama siendo una duquesa tan joven la convierte en la favorita de la selección real.
—Así que ella es… ya veo, la favorita según la puntuación inicial.
Incluso Subaru, que carecía de conocimientos detallados sobre rangos y títulos, sabía que ella sólo estaba a unos pasos de la cúspide de la pirámide. Con la familia real aniquilada, la opinión pública probablemente favorecía a alguien cercano al difunto rey.
El leve murmullo se extendió por la sala mientras la gente de alrededor asentía entre sí sobre la superioridad de Crusch. Por lo visto, que fuera la favorita en la selección real era algo que había que aceptar como un hecho.
Sin embargo, fue la propia Crusch quien interrumpió los murmullos.
—Parece que muchos aquí albergan un pequeño error de concepto—. Cuando la calma volvió a la sala, asintió con la mirada serena—. Me esfuerzo por ser plenamente consciente de lo que todos esperan de mí al ocupar el trono. La Casa Karsten es una casa que ha tenido gran autoridad e influencia política durante muchos años. Si tengo éxito como monarca, la política en todos sus aspectos están garantizadas para continuar sin siquiera una ondulación… ¿Correcto?
Varios de los presentes en la sala asintieron al escuchar el elocuente discurso de Crusch.
—Lamento defraudar sus expectativas, pero no puedo garantizar tal cosa.
Ante la declaración de Crusch, la sala del trono enmudeció brevemente, para estallar en un terremoto varios segundos después.
—¿Qué significa esto? —exclamaron varios de los reunidos cuando Crusch levantó la vista hacia el estrado, con expresión inmutable. Agitó su cabello verde oscuro mientras su mirada galante miraba más allá de ellos hacia un mural grabado en la pared detrás del trono real.
—El Reino Amigo del Dragón de Lugunica… Esta nación se ha mantenido próspera honrando el Pacto hecho con el Dragón hace mucho tiempo. Gracias al Dragón, se han evitado diversas crisis, desde guerras hasta plagas y hambrunas. La palabra Dragón nunca ha desaparecido del reino en ningún momento de su larga historia.
Todo ello según el relato de Marcus sobre «El Pacto con el Dragón» al comienzo de la reunión.
Mantener el Pacto entre el Reino de Lugunica y el Dragón había traído fama y prosperidad a lo largo de la historia. Mientras todos reflexionaban sobre el significado de sus palabras, Crusch se cruzó de brazos y observó a los presentes.
—En su mayor parte, la prosperidad traída por alcanzar el Pacto con el Dragón ha sido algo bueno. Si surge la guerra, el Dragón respira y quema a nuestros enemigos. Si hay plaga, emplea su maná para curar a la gente. Si hay hambruna, empapar la tierra con Sangre de Dragón concede la bendición de la abundancia. Y así, la guía del Dragón nos ha salvado de las penurias y ha garantizado nuestra gloria… —A pesar de los detalles brillantes en los labios de Crusch, su rostro no se iluminó. Bajo la silenciosa atención de toda la asamblea, comentó—: Permítanme preguntarles: ¿No les parece vergonzoso?
La sala volvió al silencio con una sensación de tensión aún mayor que antes. Pero si hubiera que comparar las emociones de sus ocupantes, la ira más acalorada y cruda procedía sin duda de Crusch, de pie ante el trono.
—El Pacto garantiza que estaremos protegidos de cualquier crisis y cualquier dificultad mientras lo mantengamos. Y así, hemos descendido a la blandura y la depravación, dependiendo ahora de un cambio de liderazgo para su continuación. Y pensar que das esto por sentado.
El severo regaño de Crusch incitó a uno de los miembros del Consejo de Ancianos a levantarse, con la voz temblorosa por la ira.
—… ¡Has ido demasiado lejos, Crusch-sama! No puedo permitir que nadie se burle del Pacto. ¿Tienes idea de los sacrificios que se le han ahorrado al reino desde el Pacto con el Dragón hace mucho tiempo…? ¡¿Niegas el peso de la propia historia?!
—Ya afirmé que esta prosperidad pasada es sobre todo algo bueno. No han salido de mis labios palabras que afirmen que yo misma no he sido beneficiaria de su bendición. La Casa Karsten nació con el reino y ha compartido su gloria. Si una crisis hubiera destruido el reino, mi casa habría compartido su destino. Siempre que el Dragón ha salvado a la nación, también ha salvado a mi casa. —Crusch hizo una breve pausa—. Sin embargo, el futuro es harina de otro costal. ¿No piensan en el patético espectáculo que ofrecen en este momento? ¿No han dejado de usar sus mentes porque se aferran al Dragón y al Pacto? Cuando la guerra, la peste y el hambre vuelvan a asaltar el reino, ¿no podremos hacer otra cosa que cantar las alabanzas del Dragón?
—Eso…
—Esta nación ha confiado en los escritos de la Tabla del Dragón durante demasiado tiempo, volviéndose tan blanda y débil que no puede sostenerse sobre su propio poder. La nación da por sentado que el Dragón y la profecía la ayudarán siempre que se tambalee. Pero, ¿se puede argumentar que, para empezar, nos hemos esforzado por evitar que ocurran tales cosas? Una serie de calamidades en los últimos años, incluyendo el fracaso de la Gran Subyugación hace catorce años, son cosas que cortejamos a través de esa debilidad.
Todos contuvieron la respiración, asombrados, ante la declaración de Crusch.
Bañada por miradas de asombro e ira, levantó el puño y declaró noblemente:
—Si el reino ha de desmoronarse sin la protección del Dragón, que se desmorone. Una nación demasiado bendecida se estanca, ese estancamiento propicia la corrupción, y la corrupción provoca su desaparición. Eso es lo que pienso.
—¿Estás… estás diciendo que destruirás la nación?
—No. Si la nación ha de desmoronarse sin el Dragón, debemos convertirnos nosotros mismos en el Dragón. Todo lo que el reino ha confiado en el Dragón hasta ahora debe ser soportado por el rey, el ministro y el pueblo. Además… —Crusch respiró hondo—. Cuando sea rey, haré que nos olvidemos del Pacto con el Dragón, pase lo que pase. El Reino Amigo del Dragón de Lugunica no pertenece al Dragón, sino a nosotros.
—…
—Nos esperan tiempos difíciles. Quizá sean desastres que evitamos en el pasado gracias al poder del Dragón, o quizá calamidades aún mayores. Pero no deseo vivir de una manera que avergüence mi propia alma. —Crusch bajó la voz. Sacudió la cabeza y bajó la mirada—. Hace tiempo que albergo dudas sobre el estado del reino. Creo que este curso de los acontecimientos es una oportunidad enviada por el Cielo para enderezarlo.
En términos de lealtad al difunto rey, o falta de ella, era una declaración blasfema por la que uno podía ser degollado en el acto.
Subaru asimiló todas las palabras de Crusch.
—Los nobles tienen razón en teoría, pero…
Mucho de lo que dijo es difícil de negar, pensó para sí. Mirando a su alrededor, vio que no era el único; nadie estaba dispuesto a alzar la voz contra el atrevido argumento de la muchacha. Aquí había una chica dispuesta a destrozar la historia del reino, la esencia misma de lo que suponía ser un monarca.
Miklotov, tras haber escuchado hasta el final las afirmaciones de Crusch, pasó el asunto a Ferris, que estaba a su lado.
—Mmmm. Entendemos el punto de vista de Crusch-sama. Ahora bien, Felix Argyle-dono, ¿hay algo que desee añadir?
Al parecer, correspondía al vasallo abogar por su ama.
—Gracias por preguntar, pero nyo tengo nada más que añadir-nya. Los pensamientos de Crusch-sama son exactamente como ella dice. Y la historia demostrará que las acciones de Crusch-sama son correctas… Nyo tengo la menor duda de que será mi ama quien se convierta en rey-nya. —Ferris se inclinó solemnemente sobre sus esbeltas caderas al expresar su inmensa confianza. Luego su rostro volvió a su expresión aduladora habitual mientras sonreía a Crusch—. Crusch-sama, está tan increíble como siempre. Casi me desmayo-nya…
—De vez en cuando, no entiendo lo que dices, Ferris. Pero te perdono. Nunca harías nada que me dañara.
La cálida consideración hacia Ferris en los ojos de Crusch puso de manifiesto la solidez de su relación.
Concluida esa expresión de confianza en Crusch, Miklotov puso brevemente las cosas en orden.
—Mmmm, por fin tenemos noticias de una persona… Mmm, aunque parece que sus opiniones han creado bastante revuelo.
Para el Consejo de Ancianos y los funcionarios civiles, los planes de la candidata con mayor respaldo fueron un rayo caído del cielo. Era evidente que todo el intercambio había alejado a muchos posibles partidarios. Pero cualquiera que escuchara aquel discurso no albergaría ninguna duda de que quienes la apoyaban depositaban en ella la mayor confianza posible.
—Aunque todavía no sé cómo van a elegir a alguien… —comentó Subaru para sí mismo.
El objetivo de esta exhibición era determinar cómo lo harían. La falta de reglas rígidas le obligaba a seguir observando el debate, a pesar de sus sentimientos encontrados.
Marcus, aparentemente recobrada la compostura, prosiguió.
—Entonces, continuemos, siguiendo con la siguiente de la fila junto a Crusch-sama.
La chica de cabello naranja se adelantó con una mirada arrogante.
—Hmph, finalmente. Es Tiempo de Hiper Priscilla.
Subaru se quedó en shock ante la extraña combinación de palabras.
—¿Acaba de decir, Tiempo de Hiper Priscilla…?
Al se acercó y se puso al lado de Priscilla, haciéndole un gesto con el pulgar hacia arriba como si se estuviera atribuyendo el mérito.
—Parece que todos los ojos de la gentuza están puestos en mi preciosa persona.
—Usaste eso muy bien, Princesa. Lo clavaste a la perfección, como un gran uppercut.
Ignorando el hecho de que las miradas la consideraban menos «asombrosa» que «bizarra», Priscilla echó los hombros hacia atrás, orgullosa del halago fuera de lugar de Al.
—Muy bien, Priscilla Bariel-sama, si es tan amable…
—Aunque me duela, te seguiré la corriente. Sólo tengo que demostrar mi majestad a los viejos fósiles y establecer que simplemente deben elegir obedecerme, ¿sí? Un asunto sencillo.
Mientras hablaba, sacó un abanico del enorme hueco de su escote, lo abrió sonoramente y lo utilizó para ocultar su boca mientras soltaba una risita. Su aspecto adorable chocaba con su risa malvada y sádica.
—… La Novia Sangrienta. Qué descaro.
Tales palabras de profundo e hirviente resentimiento recorrieron toda la cámara.
Gracias a la explosiva declaración de Crusch, el ambiente en la sala distaba mucho de ser cálido. Los murmullos helaban aún más el aire.
Y el prólogo de la selección real apenas había comenzado.
2
Sin vacilar, Priscilla atravesó la inquietud que reinaba en la sala con una voz completamente cansada.
—Qué abucheos tan aburridos e insignificantes. Estoy tan acostumbrado a ellos que ni siquiera me sirven de arrullo.
Sin duda se refería a la reacción que se había producido a su alrededor momentos antes, incluidos los abucheos que la llamaban la Novia Sangrienta. Priscilla no se inmutó ni intentó rebatirlos.
Tras la declaración de Priscilla, Miklotov interrumpió inquisitivamente.
—Esto ha estado en mi mente desde mucho antes. Bariel… ¿Lyp Bariel-san, él…? Mmm. Ahora que lo pienso, no he visto ninguna de Lyp-san. ¿Dónde está…?
—Ese viejo lascivo se volvió senil de repente hace medio año. Seguía siendo incapaz de distinguir entre sueño y realidad, y falleció a los pocos días.
—¿Qué, Lyp-san…? Mmmm. Priscilla-sama, ¿y su relación con Lyp-san?
Mientras Miklotov expresaba su sorpresa, Priscilla comentaba con dulzura la muerte de su compañero.
—Supongo que eso me convierte en su viuda. No me tocó ni con la punta de un dedo, así que nuestra relación fue, literalmente, sólo de nombre.
—Princesa, ¿no es un poco duro decirlo así? —se apresuró a decir Al.
Priscilla no le prestó atención, recorriendo con la mirada a la multitud como si se atreviera a quejarse.
—Fue una muerte sin sentido para poner fin a una vida sin valor. Si la vida de ese anciano tuvo algún significado, es el hecho de que me transfirió todo su patrimonio. En consecuencia, la Casa Bariel es mía.
Su mirada no hizo sino aumentar el descontento en la sala, pero en realidad nadie presentó objeción alguna. Incluso Rickert, que había protestado contra Crusch con tanta vehemencia, carecía al parecer de valor para entrar en una guerra de palabras con un oponente inmune a la lógica. Y así, Miklotov respondió:
—Mmm. Entiendo. Como Lyp-san era un conocido de muchos años, lamento enterarme de su fallecimiento… Pero veo que su reclamo está en terreno firme, Priscilla-sama.
—Por supuesto.
Mientras Priscilla asentía con arrogancia, Miklotov desvió ahora la conversación hacia el vasallo que tenía a su lado.
—Aunque me gustaría presionar para obtener más detalles, ¿tiene el caballero a su lado algo que añadir?
—Aahhh… Eh, ¿yo?
La respuesta bostezante de Al hizo un espléndido trabajo atrayendo el antagonismo a su alrededor. Era como si el siervo enfriara el calor que su ama había traído a la sala.
—Sí, usted. Su atuendo es muy inusual. No le he visto entre los Caballeros de la Guardia Real… ¿y su yelmo?
—Oh, ¿puedes decirlo? Esto se hizo en Volakia, al sur. Fue muy difícil sacarlo de allí. Es resistente, así que ha aguantado mucho tiempo. Además, se ve bien, por lo que es bastante importante.
—¿Del Imperio de Volakia…? Entonces, usted no está asignado a los Caballeros de la Guardia Real.
—Corté todas mis conexiones con Volakia. Ahora soy un vagabundo que sigue la corriente… Así que, por favor, llámame Al. Además, pareces un poco molesto porque no te muestro mi cara… ¿Puedes darme un respiro con eso?
La profusión de groserías de Al atrajo miradas aún más agudas. Ante tanta atención, Al deslizó hábilmente una mano bajo la barbilla del casco y empezó a levantárselo.
—¡Urk…!
De repente, alguien lanzó un grito de dolor cuando el casco se elevó a la altura de la boca. Era difícil culparle por ello. Después de todo, la parte visible de la cara de Al estaba cubierta de viejas cicatrices de quemaduras, cortes y quizá de otras fuentes.
No era exagerado decir que sus cicatrices eran diez veces más graves que las de Subaru.
—Así que ya ven, mi cara es un espectáculo lamentable. Por eso espero que me permitan la descortesía de mantener mi cara cubierta delante de todos.
—Esto puede ser una descortesía aún mayor… —interrumpió Marcus—. Si vienes de Volakia con semejantes heridas, por casualidad ¿fuiste Esclavo de la Espada?
—Hehhh, no es para esperar menos del capitán de los caballeros. A ese Imperio le gusta guardar sus secretos, pero al parecer tú sabes un par de cosas sobre sus partes más oscuras. Sí, fui Esclavo de la Espada, un veterano de diez años y pico.
Los murmullos volvieron a extenderse por la sala cuando el término «Esclavo de la Espada» se repitió en los labios de muchos caballeros. Por las palabras que formaban el compuesto, parecía significar «un esclavo que empuña la espada».
—Entonces, ¿he de suponer que estuviste en una o dos batallas?
—Creo que es un poco obvio. Metí la pata cuando era joven y perdí un brazo, ya ven.
Al, siempre haciéndose el tonto, no se inmutó al comentar la espantosa experiencia. Por su parte, los que momentos antes le habían mirado con tanta hostilidad estaban ahora estupefactos.
Pero Subaru fue sacudido por el impacto aún más que el resto.
De vuelta en el carruaje de dragón, Al no había hablado mucho de su propio cuerpo. Restó importancia a la causa de la pérdida de su brazo y esquivó por completo el tema de su casco. Pero Subaru también había estado evitando inconscientemente ese tema. Después de todo, al igual que él, Al había sido invocado desde otro mundo; en otras palabras, sus experiencias habían golpeado a Subaru muy de cerca. Perder un brazo, tener la cara llena de cicatrices hasta el punto de no poder mostrársela a nadie más… ese era un futuro que Subaru, con innumerables cicatrices ya grabadas en su cuerpo, podría haberse encontrado fácilmente por sí mismo.
Si el escalofrío que le recorría la espina dorsal era un indicio, Subaru nunca habría sido capaz de soportarlo.
Miklotov volvió a hablar.
—Mmmm. Procedente del Imperio de Volakia… ¿Es por eso por lo que terminaste al lado de Priscilla-sama?
—En absoluto. Es el resultado de un pequeño juego mío —respondió Priscilla—. Desde el principio, que yo me convirtiera en rey fue tan bueno como la divina providencia. El resultado será el mismo independientemente de mi vasallo. Por lo tanto, soy libre de elegir al vasallo que me guste. Como muestra, este hombre es suficientemente divertido y algo más.
—Entonces, ¿cómo llegó a elegirlo?
—¿Qué quieres saber…? Lo vi en un concurso de culturismo que organicé en mi mansión, y al ganador le ofrecí el puesto de vasallo mío. Fue un espectáculo divertido.
Priscilla dirigió a Al una mirada cargada de significado mientras respondía a Miklotov.
—Mmmm, ya veo. Así que él fue el ganador de ese concurso…
—No, no gané —le corrigió Al—. La vida no es lo bastante amable para que un manco venza a un grupo de fornidos culturistas. Tuve suerte de quedar entre los cinco primeros en la ceremonia de la victoria.
Miklotov se sorprendió de que Al le interrumpiera.
—Vaya. Entonces, ¿cómo te convertiste en vasallo de Priscilla-sama…?
Priscilla se enderezó con orgullo mientras le daba una fuerte palmada en la espalda a Al.
—Ya te lo dije. Soy libre de elegir a quien me plazca. —Al soltó un fuerte y seco ¡Ahhnn! audible para todos, mientras ella continuaba—: Para empezar, mis agudos ojos me permitieron discernir que es una maravilla física, mucho más que una colección de patanes de pocas luces demasiado confiados en sus musculosos brazos. Y más que eso, sólo él presumía de haber escapado de Volakia y de haber nacido más allá de las Grandes Cataratas.
Priscilla concluyó enérgicamente su relato, pisando fuerte con un tacón alto mientras todos los ojos se posaban en ella.
—Y así, seleccioné a Al para ser mi vasallo. Es providencia que mi selección de Al, y mi camino para convertirme en rey, brillen ambos de acuerdo con mi gloria.
No albergaba ni la más mínima molécula de duda o vacilación. Estaba tan llena de confianza que daba miedo.
—¿Dices que… el Cielo te eligió…?
—Pero claro. Después de todo, nada ocurre en este mundo que no me beneficie. Además, soy yo quien merece ser rey, y ningún otro. Sólo tienen que inclinarse ante mí y servirme.
Todos se quedaron boquiabiertos ante su insolente declaración. El único que no se sintió afectado por su altanería fue el hombre que llamaba a la chica su ama.
—Princesa, ¿en qué te basas para todo eso?
—Es muy simple. Servirme significa estar del lado del ganador. Puedes tener lo que desees; lo permito. Pero no permitiré que sirvan a nadie más. Eso es todo.
Priscilla se echó el cabello naranja hacia atrás y levantó la mano en un gesto altivo hacia el cielo. Era un gesto que significaba: «Ya dije todo lo que tenía que decir». A continuación, dio la espalda al Consejo de Ancianos en el estrado y se marchó. Antes de darle la espalda para seguirla, su caballero miró hacia el estrado y dijo:
—Puede que no les guste cómo lo dice, pero la Princesa da en el clavo. Si quiere algo, mientras no cambie de opinión, lo consigue… Eso es porque los cielos mismos han elegido a Priscilla. Estoy seguro de que han oído cómo últimamente las tierra del viejo… Er, las tierras de Lyp-sama se han recuperado.
Al dirigió una mirada significativa a Marcus.
—Ya lo hemos confirmado por nosotros mismos. Tras el fallecimiento de Lyp Bariel-sama, Priscilla-sama tomó el control de la política dentro de sus tierras… dando como resultado la prosperidad sin precedentes de la región.
—Bueno, no confundan eso con que trabajamos duro por el bien de los demás o algo así, ¿bien? Las suposiciones de la Princesa siempre dan en el blanco como si fuera natural. Tiene razón en todo, sin peros.
—……
—Bueno, si están bajo el mando de la Princesa, pueden hacer lo que quieran. Puestos a apostar al caballo ganador, creo que es mejor hacerlo cuanto antes.
Era como si tanto la ama como el siervo, tan llenos de confianza, hubieran olvidado su humildad allá en el vientre de sus madres. Cuando volvieron a su lugar entre las candidatas, la tensión en el aire se relajó como algo natural.
—Un combo de chico travestido y chica guapa, una viuda rica y un tipo de otro mundo, esto es algo totalmente rompedor de géneros…
Mientras Subaru murmuraba, la ceremonia de selección real continuó. La siguiente persona llamada por Marcus fue la chica de cabello violeta.
—La siguiente, entonces, es Anastasia-sama, y su caballero, Sir Julius Juukulius. ¡Adelante!
La muchacha reaccionó con elegancia, pero Priscilla había dejado vestigios de agitación febril flotando sobre la cámara. Fue entonces cuando Julius levantó una mano hacia el cielo y la hizo oscilar hacia abajo. El crujido seco resonó, forzando un cambio ineludible en la atmósfera.
—Muchas g’acias —respondió Anastasia a este generoso gesto, sonriendo agradablemente mientras avanzaba. Julius se puso a su lado.
… Así avanzaron hacia el primer plano la amo y el criado de aspecto más convencional.
Ante la siguiente candidata real, Subaru aclaró sus pensamientos y volvió a concentrarse en el futuro.
3
Anastasia sonrió con calidez.
—Si espe’an que sea tan intensa como las dos últimas, estoy en un ap’ieto. Dudo que quie’an que sea demasiado fue’te, así que supongo que mi t’uco es que no tengo ninguno. —Su comportamiento y su agradable sonrisa relajaron parte de la tensión de la sala—. Ahora bien, yo, Anastasia Hoshin, habla’é un momento. Espe’o que pe’donen mi indiscreción, ya que soy una fo’aste’a y todo eso.
Julius se acarició la parte delantera del cabello con un movimiento innecesariamente pulido para llamar la atención.
—Soy el caballero de Anastasia-sama, Julius Juukulius. Por favor sean gentil con ella.
Subaru finalmente razonó que lo de su «truco» era una broma de alto nivel. Pero lo que no podía quitarse de la cabeza era el contraste del acento de Anastasia. Al parecer, Subaru no fue el único que se dio cuenta, ya que Miklotov preguntó:
—Con ese acento tan peculiar, ¿es natural de Kararagi?
—Exactamente. Nací en Kararagi en la clase más baja de la Liga de Ciudades de Lib’e Come’cio.
Los ojos de Miklotov se entrecerraron ligeramente.
—Mmmm. La clase más baja… entonces, ¿cuál es su conexión con Lugunica?
Si clase más baja significaba allí lo mismo que en Lugunica, Anastasia nació plebeya. Dependiendo del significado del término, podría implicar algo aún más bajo.
—Nací en la clase más baja, pe’o aho’a tengo una mansión p’opia en la ciudad. Tengo tiendas en muchas ot’as ciudades… Así me impuse por prime’a vez en Lugunica.
—Es la presidenta de la Compañía Hoshin, la empresa más influyente de Kararagi —añadió Julius—. Durante muchos años, este puesto en su nación lo ocupó la Compañía Industrial Lushika, pero gracias al genio comercial personal de Anastasia-sama, se reconstituyó con un nuevo nombre, la Compañía Hoshin.
De pie junto a Julius, Anastasia enarcó las cejas como si estuviera un poco avergonzada.
Si la declaración de Julius podía tomarse como un hecho, el pronunciamiento de Anastasia había sido humilde en extremo sobre sus hazañas. Julius continuó:
—Junto con su vasta expansión por Kararagi, también se hablaba de expandirse por Lugunica. Ese fue el impulso que me llevó a conocer a Anastasia-sama.
—Mmmm. Así que a pesar de haber nacido en un origen humilde, se estableció como una joven y brillante comerciante… —respondió Miklotov— Debo decir que esto me recuerda a los cuentos del fundador de la propia Kararagi.
Cuando los labios de Miklotov se curvaron en una sonrisa, Anastasia juntó las manos y le brillaron los ojos.
—Sí, exactamente. Siemp’e admiré a ese homb’e, Hoshin de los Pá’amos. Cuando llegó el momento de establece’ mi apellido como comerciante, decidí adopta’ el apellido Hoshin en su hono’.
Miklotov alabó el espíritu de Anastasia.
—Hoshin es el apellido de un gran hombre conocido en todo el continente, venerado desde la antigüedad hasta el presente. Ponerte su apellido… ya veo, una espléndida muestra de espíritu.
Incluso Subaru había oído hablar de Hoshin de los Páramos. Si no recordaba mal, el hombre era el protagonista de una de las baladas que se cantaban en ese mundo.
—Una de las cosas buenas de Kararagi es que dio una opo’tunidad a una chica como yo —continuó Anastasia—. ‘Esulta que tengo un ve’dade’o don para olfatea’ el a’oma del o’o, y además es divertido.
Subaru vio que estas declaraciones estaban creando un considerable revuelo a su alrededor. A juzgar sólo por las apariencias, Anastasia era más joven que él. Dada su edad y la reacción a su alrededor, al parecer tenía fama de monstruo en el mundo de los negocios.
—El genio comercial de Anastasia-sama es un don divino… —comentó Julius—. No es exagerado decir que rivaliza con el mismísimo Hoshin. Mi propia falta de habilidad en esta área me hace envidiarla.
La floritura retórica de Julius provocó un generoso asentimiento de Miklotov.
—Vaya, vaya, debe de ser muy especial para que «El Mejor de los Caballeros» presuma así de ella.
Pero Subaru, incapaz de aceptar esa última frase, preguntó al hombre que estaba a su lado:
—¿Oí mal? ¿Acaba de llamarle «El Mejor de los Caballeros»…?
Reinhard respondió a la pregunta de Subaru con naturalidad.
—Así le llaman. Entre los Caballeros de la Guardia Real del Reino de Lugunica, Julius es el segundo después de Marcus, capitán de la guardia. Hay un vicecapitán, pero es un cargo ceremonial que sólo existe de nombre, así que es mejor considerarlo vacante. En habilidad con la espada, uso del maná, pedigrí y hazañas, Julius cumple todos los requisitos de un caballero y no tiene rival. Es sin duda digno de ser llamado «El Mejor de los Caballeros».
—Pero cuando en la capital se habla del «caballero entre caballeros», se refieren a ti, ¿no? Eres muy conocido, además nunca lo has negado, ¿verdad?
—Las calificaciones para ese apodo son algo diferentes. Ciertamente, en términos de fuerza sólo con la espada, soy más fuerte que Julius. Aún tengo que conocer a alguien más fuerte que yo.
Sin más, declaró que era el más poderoso de todos.
Subaru no sabía qué responder, pero Reinhard no estaba fanfarroneando. En todo caso, sus ojos estaban llenos de envidia y tenía los labios apretados.
La forma en que Reinhard parecía acorralado dejó a Subaru preguntándose qué hacer, pero, más rápido de lo que pudo decir nada, el debate prosiguió con algo que no podía ignorarse.
—Está claro que las relaciones entre ama y criado son muy buenas —dijo Miklotov—. Mmmm. Anastasia-sama, hay algo que deseo preguntarle… Usted es nativa de Kararagi. ¿Cuál es su propósito al buscar ser rey?
—Ahh, así que mi luga’ de nacimiento ‘ealmente te molesta, ¿no?
Era un tema natural que plantear. Las naciones también existían en este mundo, lo que significaba que había fronteras entre estados y pueblos. Subaru no sabía lo altas que eran las barreras, pero incluso en estado de emergencia, el trono de tu propio reino no era algo que entregar a la ligera a un visitante de otra nación.
Toda la sala contuvo la respiración mientras Anastasia, rodeada de tensión, sonreía irónicamente.
—Tienen expectativas tan altas que me están poniendo ne’viosa. Po’ desg’acia, no tengo grandes ideales como C’usch-san, o la confianza de P’iscilla-san en que he sido elegida para la g’andeza.
—¿No estarás diciendo que… la Joya del Dragón reaccionó a ti por pura casualidad?
Ante la pregunta de Miklotov, Anastasia le sacó la lengua y respondió con indiferencia.
—Ajaja, si fue’a así ni siquie’a yo me deja’ía ve’ po’ aquí. Cla’o que tengo mi p’opio objetivo. Ya ven, en ‘ealidad soy muy codiciosa—. La declaración, tan contraria a lo que se esperaba, hizo dudar a la mayoría de los presentes—. C’eo que he sido más codiciosa de lo no’mal desde que e’a pequeñita. La ‘azón po’ la que me conve’tí en una me’cade’ de p’ime’a con olfato para el o’o es po’que lo quie’o más que los demás.
—¿Tanto así?
—Como asistenta en la p’imera pequeña empresa para la que t’abajé, le hice un pa’ de suge’encias al dueño y fueron un g’an éxito, así que me involuc’é en negocios cada vez mayo’es, y p’onto estaba viviendo tan a lo g’ande que me olvidé de lo que e’a se’ de clase baja. Debe’ía habe’ sido dive’tido, pe’o descub’í que no e’a lib’e. E’a incluso menos lib’e que antes.
Anastasia, contando con los dedos los escalones que había subido, negó con la cabeza.
—… Mmmm. ¿Y por qué fue eso? —preguntó Miklotov.
—Eso es lo que da miedo de la codicia. Cuanto más tienes en tus manos, más quie’es tene’ en tus manos. «Quiero esto. Quiero aquello». No es suficiente. Nunca es suficiente, y entonces me di cuenta. —Anastasia sonrió mientras señalaba hacia sus pies. Estaba claro lo que indicaba: el propio palacio—. Soy codiciosa, así que quie’o cualquie’ cosa. Pero aún no estoy satisfecha. No sé cómo es la ve’dade’a satisfacción. Así que quie’o un país propio.
—¿Estás diciendo que quieres que este reino pese sobre tu codicia?
Anastasia respondió al reproche de Miklotov con una robusta sonrisa.
—Oye, si eso hace pedazos mi balanza, cla’o. Esta’é muy contenta de tene’ mi ‘ación y esta’ totalmente satisfecha. —En otras palabras, anunciaba que buscaba el trono real por su propia avaricia—. Pero si pone’ mis manos en el ‘eino no es suficiente… p’obablemente usa’é este país como t’ampolín pa’a consegui’ aún más.
—¿Y qué será del reino si lo obtienes y sin embargo no tiene valor para ti?
—Te lo dije, ¿no? Soy codiciosa. Así que una vez que algo es mío, es mío en las buenas y en las malas. Y si tengo un antojo aún más fue’te, uso todo lo que tengo para satisface’lo. Mi vida en Kararagi, la Compañía Hoshin y toda la gente que trabaja allí fo’man pa’te de mi afán de ‘ealización. Nunca los desecha’ía. Así que… —Anastasia recorrió con la mirada los rostros de todos los presentes—… ¿Qué tal si se ‘elajan y se vuelven míos?
Miró a través de la cámara con la misma sonrisa cálida y amable que había lucido al principio.
Su forma de pensar se basaba en el deseo, pero eso hacía que su argumento fuera muy sencillo. Quería el trono para sus propios deseos y, desde el día en que fuera suyo, trabajaría incansablemente por la prosperidad del reino. No lo tiraría por la borda, dado que su personalidad le exigía convertir cualquier cosa que poseyera en algo más grande y grandioso que antes. Ése era su mensaje.
—Mmmm. Anastasia-sama seguramente ha presionado lo suficiente. ¿Tiene algo que añadir, Julius-dono?
Una vez concluido el discurso de su ama, llegó el momento de que el vasallo expusiera sus argumentos. Ambos habían discutido de antemano sobre la idoneidad de la ama para ser rey, pero Julius se adelantó e indicó a Anastasia con la mano mientras decía:
—Anastasia-sama utilizó la palabra codicia para expresar sus deseos, pero dicho de otro modo, esto revela la profundidad de la emoción que hay detrás de su ambición. Por otra parte, desde el punto de vista de los negocios, es capaz de tomar cualquier decisión sin implicación emocional, una cualidad indispensable en un estadista.
—Mmmm. Ciertamente, es como dices.
—Además, como dije antes, Anastasia-sama es una brillante mujer de negocios, algo que este reino necesita desesperadamente en estos momentos. Los repetidos y graves enfrentamientos con las naciones vecinas, en particular, las escaramuzas con el Imperio, han vaciado nuestras arcas; con la gran hambruna del año pasado, las finanzas del Reino de Lugunica se encuentran en un estado precario.
Los rostros enrojecieron cuando Julius tocó bruscamente los trapos sucios de la nación.
—Creo que tales detalles no deberían divulgarse tan a la ligera en un lugar público, Julius-dono.
—La importancia de la reconstrucción financiera para la nación es de dominio público desde hace varias décadas. No creo que haya ninguna razón para ocultárselo a los aquí reunidos. ¿No creen que la razón misma por la que los asuntos de la nación se han estancado es porque hemos desviado la mirada de este difícil estado financiero durante tanto tiempo?
—¿Así que un simple caballero nos habla de asuntos políticos ajenos a su competencia…?
—Así es. Estos asuntos afectarán muy poco a la Casa de Juukulius. Incluso si apartamos la vista, seguramente no será nada irreversible para mi generación. Sin embargo, aunque mi casa salga indemne, no puedo ignorar el asunto de que el trono al que sirvo caiga en desgracia. —Con las venas abultadas en la frente del Consejo de Ancianos, Julius volvió a mirar a Anastasia—. Sin embargo, la Compañía Hoshin nos ha conectado con la extrema prosperidad que se disfruta en Kararagi, trayendo un viento fresco a Lugunica. He comprobado por mí mismo que Anastasia-sama es digna de ser rey si continuamos por este camino. ¿Cómo puedes llamar a esto, si no destino?
Tal vez Julius se había dejado llevar por el fervor, pues su tenor se elevó y sus palabras se aceleraron.
—Si el Cielo elige al rey, entonces eligió a Anastasia-sama. Yo, devoto de la Familia Real, habiendo jurado mi lealtad al reino, declaro por la presente que Anastasia-sama es digna del trono… Les agradezco que me prestasen sus oídos.
Julius se comportó como un actor de teatro mientras resumía su discurso para el público. Los asistentes, hipnotizados por su aura, parecieron volver en sí al contemplar a ama y vasallo. Sin embargo, ni siquiera entonces vaciló la serena expresión de Marcus.
—Julius-dono, ¿puedo juzgar esto suficiente?
Julius, probablemente acostumbrado a la actitud de su oficial superior, declaró:
—Sí, muchas gracias. —Volvió al lado de su ama—. Estuvo espléndida, Anastasia-sama. Es en un lugar como este donde su flor puede florecer con todo su esplendor.
—Sí, sí, e’es muy amable. Hay que ve’, no necesitabas deci’ eso. Es tan emba’azoso.
Anastasia se abanicó con una mano mientras volvía con Julius hacia las demás candidatas. Ahora que el bando de la tercera candidata había hecho valer su derecho, la siguiente en la fila era…
Tras un breve silencio, Marcus pronunció el nombre de la chica de cabello plateado que había guardado silencio hasta ese momento.
—Entonces, la siguiente candidata: Emilia-sama.
Era la única candidata que carecía de un caballero propio. Cuando la llamaron por su nombre, levantó la cabeza. De reojo, Subaru pudo ver preocupación en su pálido y bello rostro, pero, con una mirada de fuerte determinación, Emilia respondió.
—Sí.
Dio un paso adelante. Su parte en la selección real había comenzado.
… Fue entonces cuando Natsuki Subaru tuvo un pensamiento.
4
En el instante en que la mano y el pie derechos de Emilia avanzaron juntos en su primer paso hacia el centro, Subaru pensó…
Tengo que hacer algo.
En cualquier día normal, podría apreciar plenamente lo adorable que parecía —E M C (Emilia-tan es Mayormente un Cachorro)— pero era un mal presagio dadas las circunstancias.
De alguna manera, aunque las manos y los pies de Emilia se movían a un ritmo normal, él notó que su zancada parecía tensa justo antes de llegar al centro.
El Consejo de Ancianos la contempló cuando dio un paso al frente. No obstante, los susurros no cesaron. Repetidamente, los oídos de Subaru captaron la palabra semidemonio.
Reinhard se movió para calmar los nervios de Subaru, en carne viva por el desagradable ambiente.
—… Todo está bien, Subaru. No tienes que preocuparte.
—No leas mis pensamientos así. ¿Acaso soy un libro abierto?
—Las malas palabras se superan viendo las cualidades de una persona ante tus propios ojos. Cree en Emilia-sama.
Pero Subaru debería haber sido quien lo afirmara. Que Reinhard se lo dijera a él le dejó una decepción sin nombre en el pecho.
Tras la declaración de Reinhard, la cháchara retrocedió como la marea, como para darle la razón. Roswaal había avanzado hasta situarse junto a Emilia.
Al ver a Roswaal junto a Emilia, Marcus, el maestro de ceremonias, inclinó la cabeza con una mirada de peso.
—Entonces, Emilia-sama, y Roswaal L. Mathers-sama, si son tan amables…
El tono de Roswaal era despreocupado incluso ahora.
—Sí, sí~. Vaya, siguiendo los pasos de todos estos caballeros~, me siento tan terriblemente fuera de lugar~.
Pinchó a Emilia con un «¿Verdad?». Por supuesto, no obtuvo ninguna reacción. Una respuesta normal tal vez fuera demasiado esperar, dada la tensión de momentos antes. La insensibilidad de Roswaal crispó aún más los nervios de Subaru.
Pero un instante después dejó de lado incluso esos fuertes sentimientos. Después de todo…
—Miembros del Consejo de Ancianos, es un placer por fin conocerlos. Me llamo Emilia. No tengo apellido. Por favor, llámenme simplemente Emilia.
Su nombre, pronunciado con voz clara como una campana, pareció grabarse en el corazón de todos los presentes. Su voz no tembló y miró al frente, firme y fuerte.
Subaru tuvo que preguntarse a dónde había ido a parar toda aquella ansiedad de hacía un momento. Emilia, al declarar su nombre ante el Consejo de Ancianos, no iba a ser superada en absoluto por las demás candidatas.
—Y yo soy el humilde hombre que propone a Emilia-sama, Roswaal L. Mathers~, con el rango de marqués. Agradecemos el valioso tiempo del Consejo de Ancianos~ —siguió Roswaal.
Miklotov se acarició la barba mientras dirigía el rumbo de la conversación.
—Mmmm. Así que fue nombrada, no por los Caballeros de la Guardia Real, sino por el Mago de la Corte. Me gustaría mucho escuchar los detalles de por qué esto es así. —Miklotov echó una mirada penetrante a Emilia y luego otra a Roswaal antes de continuar—. Por favor, facilítanos detalles sobre la candidata Emilia-sama, incluyendo su linaje.
—Entendido. En primer lugar, aunque creo que todos los presentes lo saben, comenzaré con las circunstancias del nacimiento de Emilia-sama~. Como pueden ver por su hermoso cabello plateado, su piel tan pálida que casi se puede ver a través de ella, sus ojos violetas que parecen capturar el alma misma, y su voz, como una campana de plata, que resuena de forma inolvidable en los oídos, incluso en los sueños. Como bien saben, estas encantadoras cualidades son la prueba de que por las venas de Emilia-sama corre sangre élfica.
Un anciano calvo sentado en el Consejo de Ancianos interrumpió la explicación de Roswaal.
—Y la otra mitad de su sangre es humana, es decir, ¿es una semielfa? —Una vena se abultó en la frente del anciano de grandes rasgos, el odio en sus ojos atravesó a Emilia mientras escupía—: ¿Cómo te atreves? ¿No tienes vergüenza de traer a esta mugre semidemonio de cabello plateado ante el trono real?
—Bordeaux-dono, sus palabras van demasiado lejos —replicó Miklotov.
—Miklotov-san, ¿no lo entiende? ¡Una semidemonio de cabello plateado con una apariencia que se corresponde con la Bruja de los Celos tal y como se transmite por los viejos cuentos! Una vez consumió la mitad del mundo; ¡llevó a todos los seres vivos a la desesperación, el caos y la aniquilación! ¡No alegues ignorancia!
—…
—¿Cuánto crees que tu apariencia y linaje por sí solos hacen temblar a los demás? ¿Nos pides que coloquemos a un ser así en el trono real? Inconcebible. Incluso los plebeyos de otras naciones nos llamarían una colección de locos, por no hablar de la gente del Reino Amigo del Dragón de Lugunica, ¡la nación donde duerme la Bruja!
Bordeaux dio un pisotón con los brazos abiertos mientras gritaba, con un tono y unos modales crispados. Ni siquiera este acto provocó reacción alguna en Emilia. El ambiente en la sala se enfrió de inmediato.
Entonces…
—Bordeaux-sama, ¿ya terminó~? —replicó Roswaal.
—Si preguntas si eso es todo lo que tengo que decir, entonces no he dicho lo suficiente. ¿Siquiera comprendes lo que has hecho, Alto Hechicero de la Corte?
Parecía que Bordeaux intentaba someter a Roswaal.
—Lo entiendo perfectamente~. Bordeaux-sama, hablando en nombre del Consejo de Ancianos~, expresa que la reacción del pueblo al ver a Lady Emilia sería de preocupación, ¿sí~? —Roswaal levantó un dedo—. Sin embargo, ¿quizás lo olvidó, Bordeaux-sama~? El asunto del que habla no tiene nada que ver con la selección real~.
—… ¿Qué quieres decir?
Roswaal bajó la voz y miró al Consejo de Ancianos.
—Si se me permite, es precisamente como Priscilla-sama dijo al principio~. Aunque sea como mera formalidad, hay cinco candidatas, así que la selección real puede comenzar~. Y si comienza, sólo hay que ver a través de ella, ¿no~?
Miklotov entrecerró los ojos.
—Mmmm. En otras palabras, ¿estás diciendo que lo importante es que la Joya del Dragón eligió a Emilia-sama, y que su idoneidad real para suceder como monarca es… irrelevante?
—Aunque sea una forma cruenta de decirlo, piensa en ella como un caballo de acecho~. La apariencia de Emilia-sama es muy particular. Prácticamente ningún ser humano de puede mirarla y no pensar en la Bruja de los Celos~. Es fácil emplearla como peón en nuestro tablero de ajedrez.
Y así, Roswaal negó toda posibilidad de que Emilia sucediera al trono.
La sorpresa fue suficiente para que Subaru olvidara por completo su enfado por los comentarios destemplados de Roswaal.
Él era el patrocinador y soporte de Emilia, que sabía lo mucho que Emilia se esforzaba por ser rey, y sin embargo dijo eso.
—¿Así que la selección real entre cinco candidatas sería en realidad entre cuatro? —preguntó Bordeaux.
—¿No crees que reducir las opciones reduce la posibilidad de disolución~? La actual falta de rey invita a otras naciones a intervenir en nuestros asuntos internos~. ¿No deberíamos preparar contramedidas para atenuar esta amenaza~?
La sugerencia de Roswaal sumió a Bordeaux en una profunda reflexión. Los demás miembros del Consejo de Ancianos parecían dispuestos a decir: «Bueno, si es así…».
Decidir abandonar todo el duro trabajo de Emilia al borde del camino para utilizarla como caballo de presa de la carrera.
Un grito de rabia resonó en toda la sala.
—¡No me vengas con esa mierda!
Cuando el eco se apagó, la sala volvió a quedar en silencio.
El único sonido que quedaba en la silenciosa sala era la respiración entrecortada del chico que había gritado: Subaru.
Con la cara roja de ira, el fondo de la mente de Subaru anunciaba: «Ahora sí que metiste la pata».
Pero ya era demasiado tarde para echarse atrás. No podía retroceder.
Ahora que Subaru se había adelantado de improviso, Roswaal giró la cabeza y le miró fríamente.
—No pensé que fueras tan obtuso~. Este no es lugar para que hablen personas como tú. Discúlpate y vete~.
—No me vengas con esa mierda. Dije lo que quería decir. Y añadiré esto. Todos ustedes deberían disculparse.
Roswaal ya no era tan distante. En su lugar había un aura sobrecogedora, que helaba la sangre; sólo mirarle le hacía tiritar hasta los huesos. Quizá la agitación del aire a su alrededor se debía a una gran cantidad de maná.
—Estoy aún más sorprendido por tu desprecio por tu propia vida~.
Subaru apretó los dientes. En el fondo de su mente sabía qué esperar: un poder abrumador, un vórtice de grandes llamas. Recordó la visión de las mabestias Wolgarm en el bosque, calcinadas sin piedad ni misericordia.
—Si te arrodillas en este instante, te permitiré irte sin mayor problema. Pero si insistes en ser terco~…
La selección real era el asunto más grave para toda la nación. Por deshonrarla con sentimientos individuales, Roswaal sentenciaría a Subaru a la hoguera en nombre de la dignidad del reino.
El enorme peligro hizo que las rodillas de Subaru pidieran clemencia. El temblor se extendió desde la punta de sus dedos; si no hubiera apretado los dientes, todos los estarían oyendo traquetear en ese momento.
Pero…
—¡D-Dije que no soy yo quien debe disculparse, son todos ustedes!
Su voz chillona tembló. Pero aun así, Subaru no se arrodilló. No podía arrodillarse, porque Emilia no había hecho nada malo.
—Muy bien~. No se puede hacer nada sin poder. Te inculcaré esta lección. Aunque no pueda servirte en este mundo, tal vez lo haga en el próximo~.
Ignorado su último ultimátum, el poder que fluía de Roswaal se manifestó en forma de una esfera llameante, tan brillante que su luz deslumbró a toda la cámara. La masa de fuego sobre la mano de Roswaal ardía con la intensidad de un sol en miniatura, tanto que Subaru, que se encontraba a cierta distancia, sintió que su piel empezaba a arder.
—He aquí, maná de fuego del mayor poder… Algoa.
Con una última y cruel palabra, Roswaal giró su mano hacia Subaru. La bola de fuego salió disparada de su palma, y el calor se acercó lentamente a Subaru hasta quemarle por completo.
Subaru trató inmediatamente de esquivar, pero su cuerpo simplemente no se movía. Tal vez fuera porque le temblaban las piernas, o tal vez porque el conocimiento de la muerte inminente se había extendido desde sus ojos al resto de su cuerpo.
No.
Fue porque Emilia estaba de pie detrás de Subaru.
Por eso, en ese mismo momento, no podía moverse de aquel lugar…
—¡…!
Al instante, todos contuvieron la respiración ante lo que siguió.
En el instante en que la bola de fuego chocó con Subaru, fue aniquilada por un pálido resplandor azul que cubrió todo su cuerpo. Los poderes del rojo y el blanco se enfrentaron entre sí y se desvanecieron en nada más que vapor blanco.
Y mientras los espectadores se quedaban boquiabiertos, una voz, clara como una campana, habló con el mismo tono gélido.
—… Es suficiente. No permitiré más violencia en mi presencia. Si desea continuar con esto…
A la voz resuelta de Emilia siguió otra más neutra.
—… Entonces estoy preparado para ejercer mi poder como mi amada hija exige.
Las cejas dudosas se alzaron ante el origen de la voz, pero al momento siguiente, todos se dieron cuenta: el frío cortante que se extendía por la cámara manifestaba la gélida ira del Gran Espíritu.
El pequeño gato gris se cruzó de brazos, emitiendo un pequeño bufido con su nariz rosada mientras flotaba lentamente hacia abajo. Sus ojos negros estaban congelados en una expresión de frialdad sin precedentes.
—Ustedes, humildes humanos, están diciendo bastantes cosas delante de mi hija.
—…
Cuando la mirada carente de emoción de Puck barrió la zona, las reacciones más fuertes vinieron de los caballeros. Sus espadas ya estaban desenvainadas mientras levantaban la guardia hacia el pequeño gato que flotaba sobre sus cabezas.
Subaru, rezagado por el cambio de los acontecimientos, no había comprendido del todo lo que estaba pasando.
—… ¿Ah? Er, ¿qué?
Fue un momento después de estar seguro de que Roswaal realmente lo quemaría hasta la muerte. Había pensado que estaba protegiendo a Emilia, pero ella estaba de pie delante de él, y todo el mundo estaba mirando cautelosamente a Puck, preparado en una posición para defenderla.

Y sus miradas cautelosas también contenían algo que parecía miedo.
El ronco murmullo de Miklotov golpeó la silenciosa galería como un rayo.
—La Bestia Apocalíptica de Escarcha Eterna.
Al oír estas palabras, las orejas de Puck se agitaron y respondió al anciano.
—Ah, es verdad, algunos me han llamado así. Parece que estás informado para ser tan joven.
Aunque todos los demás estaban tensos, el agudo ingenio de Miklotov le permitió mantener la calma en presencia de Puck.
—Que me traten como a un joven a mi edad es una experiencia que debo atesorar profundamente.
Puck respondió a la actitud del anciano con un pomposo movimiento de la cola.
—Eres libre de llamarme como quieras. Pero si quieres detalles sobre quién y qué soy, deberías preguntarle a ese, no a mí.
A sugerencia de Puck, Miklotov llamó a Roswaal.
—Supongo que sí… ¿Roswaal-sama?
Al aceptar la llamada, Roswaal bajó solemnemente la cabeza antes de señalar a Puck y Emilia con una mano cada uno.
—Como ha supuesto~, Miklotov-sama… Se trata de un ser sobrenatural, uno de los Grandes Espíritus de antaño, conocido por nuestros antepasados como la Bestia del Apocalipsis de la Escarcha Eterna. Y actualmente, es el espíritu contratado de Emilia-sama~.
Bordeaux miró fijamente a Puck, con la voz ronca por la magnitud de su conmoción.
—¡No puede ser! Uno de los Cuatro Grandes Espíritus al servicio de alguien… ¡y encima de una semidemonio!
Pero ni siquiera el anciano pudo reunir el valor necesario para señalar a un ser capaz de convertirle en una escultura de hielo.
—Ahora mismo todos ustedes, ese jovencito incluido, deberían estar agradecidos a Lia de que no esté convirtiendo este lugar en un glaciar. Mi linda, amada hija me lo suplicó, así que me comportaré… Si ella no me lo impidiera, todos ustedes ya serían carámbanos de hielo.
La forma despreocupada en que lo dijo sólo hizo que la amenaza pareciera mucho más gélida, helando hasta los huesos a todos los presentes. Ante su presencia, era evidente que no estaba alardeando.
Cuando las vidas de todos los presentes estaban a merced de su poderosísima zarpa, el repentino sonido de una inhalación sonó terriblemente fuerte.
—¡Ho, ho, ho!
La visión de Miklotov dándose palmadas de júbilo en los muslos parecía enormemente fuera de lugar.
—Incluso mi corazón dio un vuelco. Permítanme calificarla de presentación de lo más divertida.
Las palabras de Miklotov hicieron que Puck bajara la expresión y se encogiera de hombros.
—Mm, nos pillaron. ¿Ves, Roswaal? Te dije que no era bueno exagerar.
En ese instante, el frío que envolvía la cámara desapareció. Entre los perplejos espectadores, Roswaal se golpeó ligeramente la frente.
—Vaya~, y yo que tenía tanta confianza… Es tan desalentador~.
—¡E-Espera…! ¿De qué demonios estás hablando?
Parecía que sólo Puck, Roswaal y Miklotov estaban al tanto de esta elaborada broma. Roswaal finalmente desvió la mirada hacia el desconcertado Bordeaux y dijo:
—En pocas palabras, este intercambio fue el discurso del bando de Emilia-sama~. Entiendo que el formato difiere un poco del de las otras candidatas~, pero…
Ante la mirada de Miklotov, Roswaal levantó ambas manos en señal de rendición.
Subaru dio un pisotón en el suelo, mirando a Roswaal mientras éste volvía a adoptar su conocida expresión de payaso.
—¡¿Así que estás diciendo que todo esto fue una actuación para mostrar a todos el poder de Puck y grabarles a fuego que puede hacer más que esto?! ¡¿Es eso?!
Mientras Subaru gritaba la explicación, fue Bordeaux quien tuvo la sensación más fuerte de haber sido estafado.
—Eso fue actuación… ¡¿Actuación?! ¡Entonces todo esto fue una farsa de principio a fin! ¡Roswaal! Maldito seas, ¡¿qué crees que es este lugar?!
Puck empezó disculpándose.
—Sí, sí, por supuesto que estás molesto. Te pido disculpas. Me disculpo profundamente. Perdón. Perdón. Mi error… Pero todo lo que dije era la verdad. —La última parte, sin embargo, hizo latir más fuerte el corazón de Bordeaux. El pequeño gato rodeó al anciano y añadió—… La razón por la que no te congelo ahora es la benevolencia de Emilia. No lo olvides.
La voz de Puck era tranquila, pero de algún modo amenazadora. Bordeaux rebatió con la terquedad de un anciano.
—Y ahora amenazas. Estas palabras y esta demostración de fuerza transmiten: «Haz lo que te digo o serás un carámbano». Si esto no es chantaje, ¡¿qué es…?!
Entonces, Emilia afirmó de todo corazón sus sospechas.
—… Sí, te estoy amenazando —dijo—. Voy a volver a exponer mi caso a los estimados miembros del Consejo de Ancianos. Mi nombre es Emilia. Pasé mucho tiempo en el Gran Bosque de Elioor, el Mundo de la Escarcha Eterna, y me sirve Puck, el Gran Espíritu que gobierna el maná de fuego. Soy una semielfa de cabello plateado. La gente de los pueblos cercanos me llamaba… —Emilia hizo una pausa, observando los rostros del Consejo de Ancianos en el estrado—… La Bruja Helada, nacida en el Bosque Helado.
Bruja.
Al oír esa palabra, la atmósfera de la sala cambió. Todos cerraron la boca, incapaces de hablar; todos menos uno, Miklotov, que al parecer estaba hecho de un material más duro que el resto.
—Has mostrado tu poder, y ahora expones tus exigencias. En verdad, este es el camino de una bruja… Entonces, ¿qué busca la Bruja Helada al amenazarnos así?
—No tengo más que una única exigencia. Simplemente quiero un trato justo.
—… ¿Trato justo?
—Comprendo que se me considere con prejuicios, tanto por ser una semielfo como por ser una bruja. Pero aun así, rechazo por completo que eso me prive de esta posibilidad.
—¿Así que deseas ser tratada justamente como candidata a la selección real?
Sin duda, sus recuerdos estaban llenos de la inexpresable maldad que había experimentado a diario. Sin duda, ser perseguida por las circunstancias de su nacimiento no había ocurrido sólo una o dos veces.
—La imparcialidad es algo muy valioso para mí. Eso es lo único que exijo de ustedes: que me traten con imparcialidad. A cambio, no haré nada injusto, como usar mi espíritu contratado como escudo con el que usurpar el trono real.
Esa era sin duda una opción disponible para Emilia. Pero no la eligió, sino que optó por una situación que, en todo caso, la ponía en desventaja. Al fin y al cabo, es como ella misma explicó:
—En comparación con las demás candidatas, soy inexperta y tengo demasiadas carencias. Hay una montaña de cosas que desconozco y que debo estudiar. Aun así, creo que mi esfuerzo por alcanzar mi meta no es menor que el de cualquier otro.
Subaru había visto por sí mismo cómo Emilia se tomaba muy en serio sus estudios en la mansión. Por eso sabía la verdad detrás de su afirmación más que nadie de los presentes.
No podía ocultar su temblor. Era extraño que tuviera la garganta tan seca y, sin embargo, los ojos le escocían, a punto de derramar lágrimas. Se contuvo desesperadamente para no llorar a lágrima viva.
—No sé si mis esfuerzos son dignos del trono —dijo Emilia—. Pero mi deseo de que mis esfuerzos estén a la altura de la tarea es genuino. Creo que estos sentimientos no son desiguales a los de las demás candidatas. Por lo tanto, por favor, mírenme con ojos imparciales. Mírenme como Emilia, sin apellido, y no vean a la Bruja Helada, ni a una semielfa de cabellos plateados. Mírenme a mí.
El murmullo final resonó como una súplica solemne. Pero la fuerza de la voluntad que había detrás no disminuyó el poder de su petición.
La sala se sumió en el silencio durante un rato. No es que se quedaran sin palabras. Estaban esperando.
Finalmente, Bordeaux, bañado por las miradas de todos los reunidos, suspiró largamente.
—Mi opinión no cambiará. Es inequívoco que tu apariencia, que recuerda a la Bruja de los Celos, tendrá efectos nocivos sobre el populacho. Pondría a la selección real en una situación precaria. —Su voz grave había argumentado, hasta ese momento, en contra de la posición de Emilia. Una tenue sombra se formó alrededor de los ojos violetas de Emilia. Pero Bordeaux continuó—: Sin embargo, el sentimiento es un ámbito en el que nadie puede entrometerse. Además, es algo sobre lo que nadie puede hacer nada, piense lo que piense. Aun así, me disculpo por mi grosería anterior… No, me disculpo profundamente por mi actitud, Emilia-sama. —Bordeaux se arrodilló en ese momento, mostrando el mayor respeto que pudo—. Podrías congelarme donde estoy si no me someto a tu voluntad. No obstante, aun así, no lo has hecho, pidiendo sólo un trato justo… Es un acto digno de respeto.
Ahora que hablaba con calma, el rostro de Bordeaux era amable e intelectual; en ese momento Subaru pudo entender por qué estaba en un Consejo de Ancianos. Su respuesta hizo desaparecer la sombra de los ojos de Emilia, sustituida por una expresión más brillante y natural de alegría por haber sido aceptada.
Sus labios se curvaron en una agradable y florida sonrisa.
Bordeaux, bajo la fuerza de su mirada, perdió el aliento y enrojeció.
Miklotov redirigió la conversación.
—Aunque fue una digresión bastante tormentosa, creo que ya se dijo bastante. Emilia-sama, Marqués Roswaal, ¿tienen algo más que decir?
—No.
—No he hablado lo suficiente~. ¿Qué hacer~…?
Marcus puso fin rápidamente al comentario juguetón de Roswaal.
—… En ese caso, muchas gracias.
Dio una ligera palmada a la alta espalda de Roswaal antes de que Emilia se volviera hacia Subaru, que seguía de pie justo detrás de ella.
Sus ojos violetas delataban un torbellino de emociones encontradas. Su lengua roja asomó por su boca como si estuviera a punto de decir algo…
Desde el estrado, Miklotov enarcó una ceja y miró a Subaru.
—Por cierto, ¿cuál es la posición de ese joven?
La pregunta, relativa al Subaru desatado, volvió a tensar el rostro de Emilia.
—Ah, err, él es mi, ah… Umm…
Toda su compostura anterior salió volando por la ventana. Y así Emilia había vuelto a ser la chica que había encendido el amor que ardía en el pecho de Subaru día tras día.
Aliviado por la visión, Subaru palmeó el hombro de Emilia mientras se adelantaba.
—Está bien, Emilia. Yo también estoy listo para esto.
—¿Listo para esto…? Espera, Subaru, ¿qué crees que estás haciendo…? Espera un momento…
Cuando ella le llamó desde atrás, Subaru se adelantó con valentía. Ante las miradas del Consejo de Ancianos en el estrado, el muchacho apretó los dientes y levantó enérgicamente la cabeza. Como había aprendido por observación, Subaru se inclinó sobre una rodilla como habían hecho los caballeros y abrió la boca, con el corazón acelerado mientras hablaba con el mayor respeto que podía reunir.
—Encantado de conocerles, miembros del Consejo de Ancianos. En primer lugar, me gustaría disculparme por la tardía presentación. ¡Me llamo Natsuki Subaru! Un sirviente de la Mansión Roswaal y caballero de la candidata real, ¡Emilia-sama!
Subaru, sintiendo el peso del silencio de la sala sobre él, apretó los dientes para vencer la tensión.
—Estoy encantado de conocerles —terminó.
El desubicado Subaru se había unido a la batalla para definir claramente su propio lugar en el mundo.
Sintió que bajaba la temperatura, aún más fría que cuando había aparecido Puck.
5
Natsuki Subaru se había encogido de hombros ante los esfuerzos de Emilia por detenerle y se había declarado su caballero.
Cuando Subaru hizo su anuncio, la sala se quedó sin sonido, sustituido por una nube espesa y desagradable. Al ver las miradas conflictivas de los espectadores, Subaru se dio cuenta de que algo iba profunda e inesperadamente mal cuando Miklotov preguntó:
—Mmmm. Un caballero, ¿verdad? Marqués Roswaal… ¿Quién es?
—Ahhh~, un chico algo ignorante, ¿no…? Esta es una actuación pobre, incluso para él~.
—De hecho, ¿cuál es el estatus del caballero actual de Emilia-sama?
—A diferencia de las otras candidatas, ahora mismo Emilia-sama carece de un caballero en el que pueda depositar su confianza~. Eso es ciertamente preocupante. Sin embargo, eso no significa que cualquiera pueda ser un caballero, en particular uno que pretenda ser caballero de alguien que algún día puede llegar a ser rey~. —Roswaal siguió hablando en su tono normal, aparentemente para beneficio de Subaru—. La fidelidad hacia el señor es uno de los requisitos para ser caballero. Además, se requiere poder para defender a su señor. Debe tener alguna cualidad especial que le permita abrir el camino para que su señor se convierta en rey. Si no es así, entonces…
Una voz interrumpió bruscamente el discurso de Roswaal, procedente de la fila de candidatos. Todas las miradas se posaron en el apuesto joven de cabello violeta: Julius.
—… Solo eso no es suficiente, Marqués Roswaal. —Julius hizo una elegante reverencia—. Perdonen mi intrusión. Sin embargo, hay algo que debo preguntarle.
Cuando Julius le indicó, Subaru frunció el ceño, recordando la hostilidad del primero desde antes de la selección real.
—No hace falta que estés tan a la defensiva. Sólo tengo una pregunta. Una vez hecha, puedes hacer lo que quieras.
—¿Te parezco que estoy a la defensiva? ¿Por qué no me dejas relajarme un poco? Y la pregunta, ¿qué tal si la dejas para mañana?
—Déjate de bufonadas. Al menos, si realmente deseas ser el caballero autodeclarado de Emilia-sama.
—… ¿Qué quieres decir con eso?
Julius miró a Subaru con exasperación, como si fuera un completo zoquete.
—Parece que no lo entiendes. Acabas de anunciar que eres caballero ante todo el cuerpo de Caballeros de la Guardia Real del Reino de Lugunica.
Julius hizo un gesto lentamente para indicar a los caballeros alineados detrás de él. Incitados por sus palabras, los caballeros en sus filas se pusieron firmes sin alterar un solo hilo de la alfombra, saludando con las espadas en alto.
—Les salió de aplauso. ¿Todos ustedes practicaron eso sólo para hoy?
Subaru despotricaba para mantener la cordura ante la presión, pero la serena compostura de Julius no flaqueaba.
—Efectivamente, porque somos muy conscientes de que encarnamos la dignidad del reino a diario. Nos entrenamos en cuerpo y espíritu, incluso en cómo comportarnos en un lugar ceremonial. ¿Estás preparado para aprender todo esto?
Sólo entonces Subaru comprendió la verdadera intención de la pregunta que se le había formulado. Julius le estaba preguntando si estaba preparado para cargar con el peso del título de caballero, como hacían los Caballeros de la Guardia Real detrás de él.
Subaru se había llamado a sí mismo caballero para demostrar que era el partidario de Emilia y la persona que la tenía más presente ante sus candidatas rivales, ante los caballeros, ante el Consejo de Ancianos y ante todos los implicados en la selección real.
—Quiero… hacer rey a Emilia-sama. No, yo la haré rey.
—¿Tienes suficiente determinación y fuerza para hacerlo?
—La determinación no lo es todo, y sé que no soy lo suficientemente fuerte. Puede que el sentimiento de mi corazón no sea la misma lealtad y fidelidad que la de otras personas… pero mi respuesta no cambiará. —Subaru respiró hondo, se humedeció la lengua y se preparó para dar un paso adelante—… Haré rey a Emilia-sama. Haré realidad su deseo.
—… ¿No crees que es una respuesta excepcionalmente arrogante? —La consternación se adueñó de la expresión de Julius, como si estuviera escuchando el relato de un sueño vacío—. ¿Entiendes? Las personas se dividen según su nacimiento. Quizá sea mejor utilizar el término capacidad. No se gana nada intentando superar la propia capacidad. Además, nunca obtendrás lo que buscas al hacerlo, especialmente no el título de caballero, que tan frívolamente brota de tus labios.
Julius clavó la vaina de su espada en el suelo con un golpe seco. Un momento después, los caballeros reunidos tras él emitieron el mismo sonido. El eco duro y pesado demostró que tenía a todos los caballeros detrás de él.
—Los que aspiran a ser caballeros requieren lealtad a su señor y al reino y el poder de proteger a su señor por la fuerza. Nadie puede llamarse caballero sin una de estas dos cosas. ¿Aún puedes decir que existe la voluntad, el poder, la determinación dentro de ti?
—No me vengas con tus colegas. Sé que ahora mismo no tengo el poder para lograr mi meta…
—¿Dices que aceptas tu actual falta de poder? Ya veo; es un pensamiento precioso. Si no hubieras reconocido tu debilidad, me habría visto obligado a reducirme a tu vergonzoso nivel. —Subaru no pudo responder mientras Julius, incapaz de disimular su desprecio, se burlaba de él—. ¿Comprendes que te faltan fuerzas? ¿Lo declaraste tan alto esperando una recompensa? La debilidad es motivo de vergüenza, no de orgullo.
—¡…!
—A continuación, sin duda dirás que tus sentimientos te llevarán adelante. Ya veo. Tus emociones lo vencen todo. Muy bien. ¿Te esforzaste por ganarte el derecho a estar en este palacio con la fuerza de tus fuertes y elevados sentimientos? ¿Viniste aquí en un esfuerzo por insultarnos, a los Caballeros de la Guardia Real, en el grado más alto posible? —Las severas palabras le mordieron. Pero aun así, Julius no envainó su espada verbal—. Sólo aquellos de cierto nacimiento pueden ser recomendados para ingresar en los Caballeros de la Guardia Real, el pináculo de la caballería. Esto no es por deferencia al linaje, sino porque sus antepasados han demostrado su lealtad al reino, hasta la misma sangre que corre por sus venas. No acepto que tú, ni el mercenario que se hace llamar Al, tengan ninguna cualificación para llamarse caballeros.
—Linaje… ¡No es como si una persona pudiera hacer algo con algo así…!
—En efecto. Es tal y como dije. La gente está separada por el nacimiento. Era lo mismo en tu casa. Que dos personas hayan nacido no las hace iguales.
—…
—Por supuesto, no todos los nacidos en casas de caballeros se convierten en caballeros. A muchos les falta voluntad. Un caballero se esfuerza eternamente por alcanzar mayores alturas, siempre dispuesto a dejar su vida a un lado, tosiendo sangre, para proteger cualquier grandeza que haya detrás de él. Ese es el máximo honor de los cualificados.
Con el pensamiento clásico de un noble, Julius pisoteó los sentimientos de Subaru, rechazando la esencia de su propia existencia. Y todos los caballeros allí presentes sintieron exactamente lo mismo.
Ni una sola persona en aquel lugar reconoció a Subaru como caballero.
Y aun así…
—… De todas formas haré rey a Emilia —dijo Subaru.
—No lo entiendo. Ante tal rechazo, ¿por qué sigues aquí?
Las frías miradas de toda la sala observaron la imprudencia de Subaru con desprecio y desdén. Pero Subaru no podía sentir nada de eso.
Sintió algo mucho más fuerte: la mirada de la chica de cabello plateado que tenía detrás. Sintió a Emilia.
No podía mirar atrás. No tenía valor.
Al sentir su presencia, dudó un instante y luego respondió.
—… Porque ella es especial.
Esa fue su respuesta.
Los ojos de Julius se abrieron ligeramente en aparente sorpresa. Sin embargo, el arrebato de emoción se disimuló de inmediato cuando su rostro volvió a calmarse.
—Eres obstinado. Acepto que tienes una razón para estar aquí, independientemente de si estás cualificado o no. En ese caso, no tengo nada más que decirte.
Julius dio la espalda a Subaru como si volviera a la fila de candidatos. Pero su primer paso se detuvo, y sólo su cabeza se volvió hacia Subaru.
—… No obstante, no creas que te acepto como caballero, ni que nunca lo haré.
—¿Qué estás…?
—Entiendo que la estimes lo suficiente como para desear protegerla. Aun así, tus pensamientos son… No, sería indecoroso explayarse profundamente sobre ello. —Julius negó con la cabeza, compadeciéndose de Subaru—. Un hombre que trae tal expresión a quien desea estar a su lado… no es un caballero.
Los pensamientos de Subaru se desplazaron tras él. Todo parecía frío.
Se preguntó qué cara tendría Emilia.
Estaba demasiado asustado para averiguarlo.
Por eso lo siguiente que salió de los temblorosos labios de Subaru fue un intento transparente de decir la última palabra.
—¿Dices que si puedes ser caballero o no se decide desde el nacimiento? ¿Qué, cada uno de ustedes era un niño de oro, el mejor en todo? No me hagas reír. Tú no eres el que se hace llamar el caballero entre los caballeros. No creas que nada de lo que digas puede afectarme.
Era un insulto barato. Pero Julius no mostró sus emociones mientras respondía con notoria despreocupación.
—Natsuki Subaru, ¿cierto? Deberías saber que proferir insultos tan baratos a los demás disminuye no sólo tu propia valía, sino que daña la valía de todos los que te rodean. Natsuki Subaru. No hay belleza en ello.
Y así, Julius resumió las palabras y acciones de Subaru hasta la fecha, rechazándolas, y a él, de un plumazo.
Ese único comentario hizo que Subaru se diera cuenta de que él, y su propia conducta, habían tocado fondo.
Las candidatas miraron fijamente a Subaru. Detrás del digno Julius, muchos de los caballeros hervían de resentimiento ante la grosera declaración de Subaru.
Por su parte, las filas de funcionarios civiles no le tenían ningún cariño a Subaru, que parecía incapaz de esgrimir ningún argumento que no estuviera basado en el sentimentalismo. Ni siquiera tuvo el valor de levantar la vista para ver qué pensaba de él el Consejo de Ancianos.
Aunque eso significara enemistarse con todo el mundo, estaría del lado de Emilia.
Hasta ese momento, su determinación para esa parte, al menos, se había mantenido firme, pero…
Antes de que Subaru se atreviera a mirar atrás, una voz, clara como una campana, se dirigió hacia él.
—Subaru, es suficiente.
El temblor de la mano que le tocaba el hombro le sobresaltó lo suficiente como para querer apartar la mirada.
Emilia agarró la muñeca de Subaru mientras inclinaba la cabeza ante el Consejo de Ancianos y decía:
—Les pido disculpas por hacerles perder el tiempo. Se marchará inmediatamente.
Las palabras «perder el tiempo» se clavaron en el corazón de Subaru más afiladas que cualquier navaja.
Pero no pudo decir nada.
Había tomado de forma indiscutible su resolución, su determinación y a sí mismo, y los había pisoteado a todos.
Subaru no se resistió mientras le alejaban del escenario por el brazo. Mientras Emilia tiraba de él hacia delante, él seguía sin poder mirarla a la cara.
Desde el estrado, Miklotov sonaba ronco, pero, misteriosamente, su voz llegaba lejos.
—Juzgo que algo de esto ha sido tiempo bien empleado, Emilia-sama. —Ninguno de los dos dejó de caminar mientras Miklotov continuaba—. Nos demostró que, como mínimo, no eres una semielfa como la que el mundo teme. Tienes un buen vasallo.
Emilia hizo una pausa y miró hacia atrás.
—… Subaru…
Estaba observando al Consejo de Ancianos en el estrado. Subaru, de pie junto a ella, no estaba en absoluto en su campo de visión. Pero cuando ella se giró, él pudo ver claramente su cara.
Su expresión estaba congelada. Sus ojos estaban frígidos con la disposición a desechar algo sin emoción, cuando su voz tranquila y clara dijo con claridad…
—… No es vasallo mío.
Así, desdeñó las palabras y los sentimientos de Subaru hasta ese mismo momento.
6
Subaru deambulaba por un pasillo fuera de la cámara, completamente sin rumbo.
No recordaba gran cosa después de haberse humillado ante Emilia y un público enorme. Lo único que recordaba era que el capitán de los caballeros había permitido su marcha y había dejado su destino al juicio de Emilia.
Habría sido un error decir que estaba allí porque no quería causarle más problemas a Emilia. La razón por la que había huido, incluso después de haber ido en contra de sus instrucciones para llegar al palacio en primer lugar, era mucho más simple.
… No podía soportar más los frígidos ojos de Emilia.
Subaru se reprendía mentalmente mientras el guardia que le había escoltado hasta la sala de espera del castillo le miraba preocupado.
—¿Te pasó algo?
No había visto la humillación de Subaru porque había estado apostado fuera de las enormes puertas dobles. Además, su comportamiento mostraba respeto hacia alguien que creía que estaba involucrado con una de las candidatas reales.
—No es… nada. Perdón por las molestias en medio de un trabajo muy importante.
—No me importa. Dentro de la sala del trono, están decidiendo el futuro de toda la nación. Aunque no esté cualificado para estar dentro, estoy orgulloso de estar al margen.
La ironía de las palabras, pronunciadas con voz clara, dejó a Subaru con un sentimiento de incomodidad. Aquí estaba un tipo lleno de orgullo por lo que estaba haciendo al borde de la selección del próximo rey.
¿Y Subaru? ¿Podría alguien enorgullecerse de lo que había hecho?
Nadie lo haría. Y la única persona que había querido que reconociera sus esfuerzos le había rechazado.
—…
Incapaz de quedarse quieto, Subaru desvió la mirada cuando de repente se percató de un alboroto al final del pasillo. Justo cuando giró la cabeza para mirar, apareció un guardia, aparentemente con prisa.
—¡Perdón, abran paso! ¡Hemos capturado a un intruso! ¡Necesitamos órdenes del capitán!
—¡Espera, todavía están en medio de la conferencia! Retengan al intruso en los barracones hasta que…
—Las circunstancias no nos lo permiten. De cualquier forma, ¡¡no podemos tomar esta edición por nuestra cuenta!!
Haciendo caso omiso de las exhortaciones de su camarada, el guardia volvió a gritar hacia el pasillo. Varios hombres arrastraban hacia delante al intruso que se había colado en el castillo.
Subaru, preguntándose qué era tan malo como para interrumpir la selección real, miró al intruso. Entonces…
El arrepentimiento, más fuerte que cualquier otra cosa, golpeó aquel día a Natsuki Subaru.
—… ¿Ah?
Se quedó boquiabierto mientras cuatro hombres arrastraban al hombre de pies y manos, intentando desesperadamente avanzar con un anciano calvo al que Subaru conocía bien.
Era el Viejo Rom, que no tenía nada que hacer allí.
—…
Había dejado un mensaje en casa del frutero para que le esperara. ¿Qué hacía allí el Viejo Rom?
La mente de Subaru se quedó en blanco, pero entonces, por una vez, encontró al instante la respuesta a su pregunta.
—E-Espera… No me digas, él…
Él me siguió. Al principio, Subaru dudó de sí mismo, pero luego le invadió la certeza.
Si el Viejo Rom había intentado colarse en el castillo en ese momento, el detonante no podía haber sido otro que el mensaje que Subaru dejó en Cadmon. El avispado anciano dedujo que Subaru tenía motivos para pensar que Felt estaba en el palacio real. Y había intentado entrar por todos los medios.
Sin duda, la propia torpeza del Viejo Rom había llevado a su descubrimiento y captura. Pero Subaru fue quien provocó ese resultado. Subaru sabía lo valiosa que era Felt para el Viejo Rom. Debería haber sabido que Rom podría perder la cabeza por ello…
—¡…!
Los guardias pasaron ante sus ojos. Cuando los alcanzó, el Viejo Rom ya estaba demasiado lejos. Subaru se quedó inmóvil, viéndolos pasar en silencio.
Si hablaba con los guardias, podría explicarles quién era el Viejo Rom. Pero eso también significaba admitir que Subaru estaba relacionado con un intruso que había intentado entrar ilegalmente en el palacio.
No terminaría sólo con Subaru. Llegaría a ser una bola y una cadena aún más pesada en el tobillo de Emilia.
Hasta ahí llegó antes de hacer una doble toma mental.
Cuando consideró la posibilidad de dejar que el Viejo Rom se pudriera, utilizando a Emilia como razón, se sintió asqueroso.
—¡Eh, esperen un…!
Subaru gritó para detenerlos, pero un bramido malhablado sepultó sus palabras. En silencio, sus ojos se abrieron de par en par al darse cuenta de que el torrente de insultos provenía del mismísimo Viejo Rom.
—¡Ja! ¡Ustedes, nobles de alta alcurnia, tienen un gusto horrible! ¡¿Un viejo cautivo torpe es algo para mirar?! Si te vas a reír, ríete, jovencito de mente sucia. —El Viejo Rom, que observaba a Subaru conteniendo la respiración, hizo una mueca de asco con su rostro magullado—. ¡Si quieres mirar fijamente, mira bien a este viejo verde de los barrios bajos!
Uno de los guardias, ofendido por las groseras palabras del intruso hacia Subaru, un VIP, bajó el puño en señal de castigo.
—… ¡Cuida tu lengua!
—¡Ugh!
—¡Espera, por favor! No hay necesidad de ser tan violento… —replicó Subaru.
—Eres muy amable, joven. ¿Qué les parece, caballeros? —respondió Rom—. Su querido amo les está dando una orden. ¿Por qué no mueven el rabo y hacen lo que él dice?
—¡¿No has dicho suficiente, vagabundo?!
Los caballeros respondieron al continuo abuso verbal del Viejo Rom con golpes aún más duros que antes.
Por un momento, la mirada del chico se encontró con la de Rom, y Subaru comprendió su intención.
… Incluso en ese lugar, el Viejo Rom lo estaba cubriendo, porque si Subaru decía demasiado, sólo se pondría en una posición peor.
—No te metas, jovencito.
El pequeño y débil murmullo fue seguido de insultos como los de antes en beneficio de los guardias. Sólo Subaru se dio cuenta del verdadero significado de las palabras de Rom.
Y esa frase dejó una cicatriz muy profunda en Subaru.
Subaru había tendido la mano, sólo para que fuera rechazada, su ayuda denegada, igual que en la cámara. No importaba lo que intentara hacer, la persona en cuestión no necesitaba ni quería su ayuda.
—…
Subaru se quedó en silencio. Los guardias saludaron, una vez más arrastrando al Viejo Rom con ellos. Su destino, la sala del trono, estaba más adelante. Se preguntó qué trato recibiría Rom en el lugar de la selección real.
Sacudió la cabeza, ahuyentando las imágenes. Rom tenía muchas más posibilidades de conseguir un indulto sin que Subaru abriera su gran boca. Además, había tres personas presentes que le conocían, y una de ellas era prácticamente un pariente. No era probable que le ocurriera nada malo.
Probablemente nada. Casi definitivamente nada. Su juicio no debería haberse equivocado, pero…
—¿Para qué estoy… haciendo esto…?
7
Los murmullos se extendieron por la sala del trono. La causa de este intercambio de murmullos era obvia. El alboroto había comenzado cuando Marcus, al recibir un informe de los guardias, arrastró hasta la sala del trono a un vagabundo que se había infiltrado en el castillo. Al principio, muchos dudaron del juicio del capitán de la guardia, pero una mirada al intruso hizo que numerosos participantes comprendieran la razón de su decisión.
Y entonces…
—Ya hablé, dejen ir al Viejo Rom. Es todo lo que pido.
—… Desgraciadamente, no puedo cumplir.
En el centro de la sala, Felt y Marcus seguían enfrentados en un tenso punto muerto. A Felt se le hinchó una vena de la frente al ver cómo Marcus desestimaba su petición.
Reinhard alzó la voz en un intento de mediar.
—Capitán, creo que esa explicación es insuficiente…
Pero Marcus rechazó su intervención.
—Silencio, Reinhard. Entiendo que desees apoyar a la mujer a la que has jurado tu espada, pero su aceptación de tu espada está supeditada a su voluntad de convertirse en tu rey. Durante el desarrollo de esta conferencia para la selección real, Felt-sama anunció públicamente que no tiene intención de participar en el proceso de selección. Abandonar sus calificaciones significa abandonar cualquier derecho que pudiera tener a darnos órdenes a los Caballeros de la Guardia Real… ¿Entendido?
Marcus expuso la lógica de su negativa a cumplir la exigencia de Felt. Sus palabras hicieron fruncir el ceño a la antigua ladrona, que se arañaba furiosamente su propio cabello rubio.
—Esto se está volviendo molesto, así que vamos a resumirlo, ¿sí? En otras palabras, ¿no harás lo que digo porque no quiero hacer esto de la selección real?
—… Ese es, en efecto, el quid de la cuestión.
—Ohhh, ya veo. Lo entiendo… Eres tan molesto.
Los ojos felinos de Felt miraron ferozmente a Marcus. Marcus mantuvo fácilmente su aplomo habitual bajo la presión de la mirada casi asesina de la joven.
Entonces el anciano, que había guardado silencio hasta entonces, lanzó un grito lastimero que resonó en toda la sala.
—¡Nada de eso importa…! ¡Apúrate y sálvame! ¡Felt, soy yo! ¡El Viejo Rom con el que vivías en los barrios bajos! Realmente no entiendo todo esto, pero puedes salvarme, ¿verdad? ¡Entonces sálvame! ¡¡No quiero morir!!
Arrodillado sobre la alfombra extendida por el suelo, el anciano esbozó la sonrisa más amable que pudo mientras le suplicaba. La vergonzosa exhibición de dejó a Felt sin habla. Incluso los asistentes mostraron indicios de repugnancia ante el miserable anciano.
—¡Siempre te he salvado cuando estabas en apuros! Muchas, muchas veces. Devuélveme esos favores, ¡ahora! ¡Ahora, te digo! ¡Rápido, rápido! Haz algo, ¿quieres?
El anciano lanzó salivazos mientras pedía a gritos un rescate rápido, agitándose con lógica interesada. Era un espectáculo tan mezquino y vergonzoso que incluso aquellos predispuestos a la simpatía y la compasión se verían muy tentados a alejarse.
En poco tiempo, el anciano se había granjeado la enemistad de la mayoría de los ocupantes de la sala.
Reinhard, presintiendo el peligro en el comportamiento del anciano, se adelantó al instante.
—Esto es malo…
El caballero pelirrojo comprendió instintivamente la verdadera intención del anciano y juzgó que debía adaptarse a las circunstancias.
—… No te muevas, Reinhard. No será nada bueno si reaccionas como no debes… —Pero sus esfuerzos se vieron frustrados desde el principio por Priscilla, que sonreía astutamente mientras ocultaba la boca con su abanico—. ¿Por qué actúas con tanta prisa, Reinhard…? Casi parece que quisieras hacer callar a este anciano antes de que diga algo que te molestaría. Simplemente aterrador…
Me pilló, pensó Reinhard, apretando los dientes al darse cuenta de su error. Priscilla se encogió de hombros de un modo más propio de ella. A su alrededor, la gente parecía recuperarse de su estupor y cuchicheaba sobre lo que acababan de ver: un anciano suplicando patéticamente por su propia vida.
—¿Has visto? Qué antiestético.
—Y esa cara es aún peor. Ni siquiera puedo sentir simpatía. Es la viva imagen de un ladrón.
—No debería ser liberado, aunque Felt-sama lo defienda…
Incluso los caballeros que esperaban que se sobreseyera el delito empezaron a fruncir el ceño ante el anciano.
—Felt-sama se crio en los barrios bajos… ¿donde vive gente como él?
—Incluso si realmente tiene sangre real, ¿puede alguien con semejante educación manejar los deberes reales…?
—Tenemos que repensar esto. O simplemente hacer lo que dice la Tabla del Dragón sólo de nombre…
Reinhard se mordió el labio cuando los murmullos que se extendían confirmaron sus peores temores. Había llegado demasiado tarde, sin oportunidad de refutar las palabras que menospreciaban a la muchacha a la que veneraba como su ama.
Luego, con los murmullos de los caballeros a su alrededor, observó desde atrás cómo la muchacha bajaba ligeramente la cabeza…
Finalmente, incapaz de seguir escuchando, la joven se soltó con un grito agudo y malhablado:
—… ¡¡Podrían callarse, imbéciles de mierda sin bolas!!
Una oleada de conmoción sumió a la sala en el silencio. Los asistentes se miraron unos a otros, aparentemente incapaces de creer lo que sus oídos habían oído, cuando la chica, con los hombros caídos, se adelantó. El anciano gigante estaba arrodillado, y ella era una chica pequeña, pero aun así tuvo que mirarle. Sus ojos rojos se llenaron de dolor.
—¿Qué pasa contigo? Esa es la peor y más patética súplica por tu vida, y créeme que en verdad la odié.
—…
La sonrisa amistosa del anciano al verla acercarse se congeló.
—Oye, Viejo Rom. Nosotros, la gente de los barrios bajos, no tenemos ayuda, ¿verdad? Sabemos que la gente de arriba mira con desprecio la pobre vida que llevamos, y todos tenemos personalidades podridas, yo incluida. Es un lugar terrible para vivir.
Habiendo valorado tan bajo tantas cosas, incluida ella misma, Felt hizo una pausa para respirar y añadió: «Pero…».
—Sí, somos un montón de basura en el fondo del montón de escoria… pero aunque vivamos en un lugar así, hemos llegado hasta aquí teniendo al menos una pizca de orgullo en nosotros mismos. No importa lo bajo que nos vean los demás, no bajamos la cabeza.
—Felt…
—Ojalá pudiera enseñarte tu cara usando un espejo. Luciendo toda mansa y sumisa, moviendo la cola y deseosa de complacer, sólo para salvar tu vida… ¡A eso no se le puede llamar vivir!
Muchos de los asistentes asintieron con gravedad a las palabras de Felt, entre ellos Crusch. Las ideas que había expresado Crusch estaban muy en sintonía con las palabras de Felt.
La pequeña se puso las manos en las caderas y afirmó sin rodeos:
—Si querías que te perdonara la vida, te has equivocado. De ninguna manera renunciaría a mi derecho a huir de un lugar de mala muerte sólo para salvarte, si así es como vas a ser.
El joven pelirrojo la observó. Su declaración significaba que estaba abandonando a alguien muy cercano a ella, abandonando su derecho a dar órdenes… y negándose a participar en la selección real.
—… Felt-sama.
Reinhard no pudo soportar el dolor que su declaración le hizo sentir. Lo había visto venir. Había adivinado cuál sería la reacción de la orgullosa muchacha al ver el comportamiento del viejo. En ese sentido, le estaba siguiendo el juego a Priscilla y a los ancianos… no, a un anciano.
Ahora abandonado, los hombros del anciano cayeron, inclinándose hacia delante en el suelo como si toda fuerza de voluntad le hubiera abandonado. Pero a Reinhard no le pasó desapercibido el leve e instintivo aflojamiento de los labios del anciano. No se trataba de una muestra de desesperación ni de arrepentimiento, sino de la sensación de que sus acciones habían dado el resultado esperado.
El viejo se había jugado la vida, y lo había conseguido a lo grande.
Reinhard quería desenmascarar el plan del viejo, decirle a Felt que tenía que cambiar de decisión. Pero Reinhard no podía hacer tal cosa: tenía las manos atadas, precisamente por ser quien era y por lo que era.
Marcus, al ver al anciano agachar la cabeza ante la muchacha, debió de decidir que la discusión había terminado. El caballero tiró de los grilletes del anciano y el tintineo de la cadena resonó en la sala.
—Me disculpo profundamente por causar este alboroto ante el trono. Retiraré inmediatamente a este…
De repente, Felt interrumpió las disculpas de Marcus y su intento de marcharse.
—O algo así, supongo. Estaba esperando a que alguien sacara conclusiones precipitadas… —La boca de Marcus se cerró con una rara expresión de vergüenza. Al ver cómo se derrumbaba su solemne fachada, Felt sonrió, sintiéndose muy orgullosa de sí misma. Giró ante el estupefacto público—. Así que, suelte sus manos, capitán. Esos grilletes son demasiado pequeños para él. Duele sólo de verlo.
—Ya le he informado varias veces, Felt-sama, que no puedo cumplir sus órdenes…
—Porque no quería hacer esto de la selección real, ¿verdad? Entonces es simple. Lo haré, la selección real. Sólo tengo que intentar ser rey, ¿verdad?
—¡…!
La declaración, acompañada de una carcajada que dejaba ver sus dientes de sierra, provocó un escalofrío en toda la sala.
Muchos de los espectadores parecían atónitos ante la ligereza con la que había tomado una decisión tan crítica. Pero, naturalmente, la reacción del anciano fue aún mayor, sus sentimientos sobre su anuncio evidente en su rostro.
—¿Q-Qué estás diciendo, Felt? Lo acepté. Lo que dijiste es cierto. No puedes vivir perdiendo tu orgullo. Que me dejaras libre no podría ser…
—Para eso, viejo de mierda. ¿Qué, has vivido tanto tiempo sin saber que no sabes actuar ni aunque tu vida dependiera de ello? He estado contigo el tiempo suficiente para saber todo tipo de cosas sobre ti, como… ¡cuando dices una mentira, el remolino de tu frente se vuelve hacia atrás!
Felt levantó las mejillas y se dibujó un pequeño dibujo en la cabeza para demostrarlo. Su gesto hizo palidecer al Viejo Rom.
—¡Estás mintiendo! —gritó y se tocó la cabeza con los brazos atados.
—Sí, estoy mintiendo. Vaya, pareces estúpido. No me compadezcas —dijo Felt observándolo.
—… ¿Ah?
El viejo Rom estaba fuera de sí por caer tan fácilmente en su trampa. Felt sacudió la cabeza.
—Así que ahí lo tienen. Quítenle esos grilletes. Todo hasta ahora era sólo la fantasía salvaje de un viejo senil.
Incluso entonces Marcus arrastró los pies.
—No podemos simplemente dejarlo ir con tan endeble argumento…
—… Este viejo es de mi familia —afirmó Felt con decisión—. Déjalo ir, ahora.
Al oír estas palabras, el rostro de Marcus registró sorpresa durante un breve instante. Al instante siguiente, la vacilación desapareció.
—Como usted ordene.
Marcus se puso firme y soltó los grilletes del Viejo Rom. Luego, ordenó a los guardias que tenía detrás:
—Quítenle los grilletes.
Pero Felt levantó una mano para detenerlos.
—¡Demasiado lento…! ¡Reinhard!
—Aquí estoy.
Reinhard respondió al instante a la aguda voz de la chica, y su alto cuerpo avanzó hacia el centro de la cámara. Cuando el joven pelirrojo se puso al lado de Felt, ésta ni siquiera le miró. En su lugar, cruzó los brazos e hizo un gesto con la barbilla.
—Hazlo.
Fue el mando más corto del mundo.
—Sí, Ojou-sama…
Reinhard levantó una mano hacia el cielo, los dedos rectos, cortando el aire como un cuchillo. Las muñecas del anciano estaban atadas con grilletes de metal, pero la mano del caballero las cortó como si fueran de papel. Los grilletes, cortados limpiamente en dos, se deslizaron como si se derritieran, cayendo al suelo. Un tintineo agudo resonó en la cámara. En cierto sentido, ese sonido anunciaba que aquel era el momento en que ambos se habían convertido en ama y vasallo.
—Así que todo salió como querías, ¿no? —comentó Felt.
—En absoluto. Esto fue guiado por la mano del Destino.
—¡Ja! Otra vez el destino. ¿Qué, eres esclavo del destino?
—No, soy, más que nada, su caballero, Felt-sama.
—No eres divertido… —murmuró Felt mientras parecía ceder ante su implacable apoyo.
El Viejo Rom seguía postrado mientras los dos charlaban delante de él.
—¿Por qué, Felt…? Quería que tú…
—Tengo una idea bastante clara de por qué dijiste todo eso y de lo que buscabas: viste que odiaba tanto estar aquí que no podía soportarlo, ¿verdad? Así que pensaste en darme un empujoncito útil —respondió Felt.
—Si entiendes eso, ¿entonces por qué…?
Cuando el anciano intentó formular la pregunta, Felt soltó una carcajada incómoda.
—¿Qué, crees que puedo volver a hurtadillas a la ciudad después de abandonar a mi propia familia? Es imposible que sea tan desvergonzada.
Cuando el Viejo Rom oyó estas palabras, su rostro se descompuso en una expresión distinta a la amargura. Le dio la espalda, frotándose la cara con un brazo para ocultarla.
—¡Perdí! Y todo porque… —El Viejo Rom miró al cielo, con voz ronca y temblorosa de disgusto y de algo poderoso e inexpresable—… ¡la crie demasiado bien!
8
El grito lastimero de Rom sobre cómo había criado a la chica resonó en la sala. Miklotov, tal vez conmovido por el lamento, se aclaró la garganta, tratando de aclarar el aire en el proceso.
—Bueno, entonces, Felt-sama, Reinhard-dono, ¿puedo concluir que ambos tienen la intención de participar en la selección real?
—Claro, adelante.
—Sí, como desee mi Ojou-sama.
El comportamiento de Felt fue insolente hasta el final, y Reinhard la siguió. El indulgente sabio dejó pasar la incongruencia sin hacer comentarios, respondiendo en voz baja: «Entendido», mientras asentía.
—Aunque ha habido algunos pequeños alborotos, creo que todos los preliminares han concluido —continuó—. Felt-sama, ¿tiene algo más que añadir?
Seguramente le pareció adecuado dar a Felt la misma oportunidad de pronunciar un discurso que habían recibido los demás candidatos.
Respondió a la pregunta con un «Hmm» y se lo pensó un poco.
—Bueno, una cosa.
Aterrizando sobre una propuesta, Felt levantó un dedo y miró hacia arriba, bañada en las miradas del estrado. Sus ojos rojos se iluminaron al observar los rostros de los presentes. Finalmente, respiró hondo y sonrió animada mientras dirigía una mano hacia el Consejo de Ancianos.
—Odio a los nobles.
Mantuvo esa sonrisa en su rostro mientras señalaba a los Caballeros de la Guardia Real con la otra mano.
—Odio a los caballeros.
Luego, con los dos brazos aún abiertos, dijo, con una sonrisa espectacular y el máximo veneno…
—… ¡Odio este reino!
Y continuó.
—… Odio a todos los que están en esta sala, odio la estructura que han construido, odio cada pequeña cosa de aquí. Por eso creo que voy a romperlo todo. ¿Qué les parece?
Felt inclinó la cabeza. Por un momento, su comportamiento detuvo el tiempo. Entonces, la cámara explotó.
—¡¿Q-Qué está diciendo?!
—¡¿Aquí se elige al rey y ella dice que destruirá la nación?!
—¡¿Para qué hemos gastado todo este tiempo?!
Felt ahogó de golpe los gritos de rabia de los curiosos.
—Ohh, ¿ahora dónde está toda su altanería? ¿Qué pasa con esa orgullosa historia? Miren, cuando me convierta en rey, la romperé toda. Voy a aplastarlos a todos ustedes, cabezas huecas, que aún no ven que el suelo se desmorona. Necesitan un soplo de aire fresco.
El discurso de la muchacha de rostro brillante sumió a la sala en un caos sin precedentes.
Miklotov, al escuchar la proclama temeraria sin precedentes, asintió generosamente con la cabeza, sin cambiar de expresión, mientras miraba al caballero que estaba junto a la muchacha.
—Su ama es toda una luchadora. Habiendo oído sus palabras, ¿qué piensas de ellas?
—… A decir verdad, creo que los deseos de Felt-sama están, por desgracia, todavía en el reino de la fantasía.
—¡Hey!
—Sin embargo, algún día, las palabras de Felt-sama llegarán a todos. Es mi deber darle todo mi apoyo hasta que llegue ese día.
—Pero Felt-sama te cuenta entre las cosas que pretende destruir, ¿no es así? —cuestionó Miklotov.
Reinhard se inclinó profundamente sobre una rodilla ante Miklotov, sin dar muestras de ceder.
—Seguramente después de la destrucción, vendrá la renovación. Si ella me acepta, no tengo mayor deseo que estar a su lado durante ese tiempo.
Felt se rascó el cabello con furia mientras observaba su caballeroso perfil.
—Así que al final, ¿qué eres, mi aliado o mi enemigo?
—Tu aliado. Tuyo, y sólo tuyo.
—… Bien. Te daré un buen uso.
Con su aceptación, la candidata final a la selección real los declaró ama y vasallo.
Miklotov bajó la cabeza mientras contemplaba la radiante fila de candidatas reales.
—Finalmente, todas las candidatas han sido reunidas. Pregunto al Consejo de Ancianos, ¿tenemos un consenso? —Cuando Miklotov cerró los ojos, la atmósfera que le rodeaba cambió. La voz del anciano transmitía el poder de una voluntad fuerte—… Hermanos míos, pido su consentimiento para anunciar que esta selección real comenzará con los cinco candidatas reunidas hasta la fecha.
—… Por la autoridad del Consejo de Ancianos, concuerdo.
—Y yo.
—Yo también estoy de acuerdo.
Uno a uno, los miembros del Consejo de Ancianos aceptaron la propuesta de Miklotov con solemnes asentimientos. Escuchándoles hasta el final, finalmente Miklotov se levantó de su asiento, caminando junto al trono vacío antes de abrir los ojos.
—… ¡Entonces, anunciaré las reglas para la selección real!
Crusch Karsten, jefa de la Casa Karsten.
El caballero más importante de Crusch, el Caballero Azul, Felix Argyle.
—Las candidatas son Crusch Karsten, Priscilla Bariel, Anastasia Hoshin, Emilia y Felt. ¡Las cinco reúnen los requisitos para ser Doncellas Dragón!
Priscilla Bariel, la Novia Sangrienta.
El mercenario Al, vagabundo manco de otro mundo.
—¡El día será un mes antes de la Ceremonia del Amigo del Dragón dentro de tres años, renovando el Pacto con el Dragón!
La joven presidenta de una empresa extranjera, Anastasia Hoshin.
El principal caballero de Anastasia, el Mejor de los Caballeros, Julius Juukulius.
—¡La selección se hará según la guía del Dragón a través del resplandor de las Joyas del Dragón y la voluntad combinada del pueblo de la nación!
Felt, del linaje real perdido (sin confirmar).
El principal caballero de Felt, Reinhard van Astrea, el Santo de la Espada.
—¡Hasta el día señalado, todas las candidatas al trono trabajarán para defender sus propias tierras y el reino en la mayor medida posible!
La semielfa de cabello plateado, Emilia, la Bruja Helada.
Y ausente de ese lugar, su autodeclarado caballero, Natsuki Subaru.
—¡Cumplidas las condiciones mínimas, anuncio que la selección real ha comenzado…!
El gran grito de Miklotov llenó la sala de un fervor increíble. Nadie hablaba, pero todos eran incapaces de contener sus gritos sinceros.
Miklotov, sintiendo las olas de emoción que le invadían, se enderezó y declaró…
—¡Que comience la selección real!