Natsuki Subaru, el Caballero Autoproclamado
CAPÍTULO 5:
Natsuki Subaru, el Caballero Autoproclamado
… Subaru se enteró de cómo había transcurrido la historia en su ausencia gracias a Reinhard y Ferris, que habían aparecido juntos en la sala de espera del castillo.
—Y así comenzó la miaugnífica selección real-nya —concluyó Ferris—. Subaru, vas a servir como caballero de Emilia-sama, ¿eh? Buena suerte a los dos-nya.
Ferris terminó su resumen, pero el giro sarcástico del cuchillo al final fue muy afilado. Había estado en la sala de principio a fin; seguramente sabía muy bien en qué estado mental se encontraba Subaru. Pero Subaru no tenía tiempo para prestar atención al pinchazo. Los detalles de la selección real eran cruciales, pero en ese momento, había un asunto que Subaru tenía que averiguar incluso más que eso.
Al ver que Subaru era demasiado tímido para preguntar, Reinhard respondió a su pregunta tácita.
—… El viejo está ileso. Su liberación fue asegurada gracias a la amabilidad de Felt-sama.
—¡…!
—No pensé que entraría por el mismo pasillo sin que te viera la cara, y sabía que se conocían. Era fácil adivinar por qué estabas ansioso.
Cuando Subaru levantó un dedo, Reinhard se apresuró a calmar sus preocupaciones. Pero ni siquiera él conocía el verdadero origen del sentimiento de culpa de Subaru.
En el instante en que Subaru básicamente dejó que el Viejo Rom se pudriese, se formó en el fondo de su corazón una nube oscura de la que no había salvación.
—Es maravilloso-nya. Deberías agradecérselo a Reinhard y a Felt-sama porque todo es gracias a ellos —añadió Ferris—. Ahora ya nyo tienes que poner ninguna excusa, Subaru-nya.
—…
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Subaru. Levantó la vista y se giró hacia Ferris. Sus ojos ámbar brillaban como si pudieran ver a través de Subaru, hasta el fondo de su alma.
Que alguien mirara dentro de él le resultaba profundamente desagradable. Así que Subaru obligó a su rostro rígido a moverse para disimularlo.
—S-Sí… ¡Estoy tan contento! ¡Totalmente como me lo imaginaba! Realmente fue una buena idea dejárselo todo a Emilia-tan y a Felt… Mejor que cualquier cosa que yo hubiera podido hacer… ¿Verdad? Así es, ¿cierto? —Subaru extendió los brazos de par en par mientras les daba a ambos una dosis de deliberado, exagerado y payaso comportamiento, sus siguientes palabras aún más precipitadas y frívolas—. Pero en serio, Felt realmente puso su corazón en ganar la selección real gracias a mí, y eso significa un fuerte rival más para el trono. Emilia-tan podría echarme un buen regaño por esto.
Las expresiones de Reinhard y Ferris cambiaron en respuesta al repentino cambio de Subaru, pero al final decidieron no insistir.
Ambos caballeros le mostraban compasión. Subaru, dolorosamente consciente del hecho, ignoró las súplicas de su lisiado corazón.
—Así que ahora que la charla terminó, ¿dónde está Emilia-tan y todo el mundo?
—Las candidatas se quedaron en la cámara para discutir los detalles del proceso de selección real. Durante ese tiempo, dije que iría a ver cómo estabas, y Ferris vino conmigo —respondió Reinhard.
Las acciones de Reinhard tenían sentido, pero no podía dejar de preguntarse por qué Ferris también estaba dando la cara. Así, Subaru le preguntó a este último:
—Gracias por venir a verme, pero ¿les parece bien no estar al lado de sus amas?
—Está totalmente bien-nya. Crusch-sama es mucho más fuerte que yo, ¡así que es perfectamente seguro-nya!
—Sólo por decirlo así… ¿Cómo es que un holgazán como tú está en los Caballeros de la Guardia Real?
Ferris miró de reojo a Subaru y le movió un dedo. La punta de su dedo brilló con una luz azul.
—Hay una razón muy simple-nya. Tengo un talento especial muy demandado-nya.
—Eh… ¿Por qué me siento más ligero, como si mis hombros, rodillas y caderas ya no trabajaran tanto…?
—Subaru, te duele todo el cuerpo como a un viejo-nya.
—¿Ese es tu punto de venta, eh…? Cierto, escuché que eres un muy buen usuario de maná de agua.
En primer lugar, la razón por la que a Subaru se le permitió ir con Emilia a la capital fue para mejorar el mal estado físico en el que se encontraba. Quien debía curarle no era otro que el hombre de orejas de gato que tenía ante sus ojos.
Reinhard respondió al comentario de Subaru diciendo:
—Las palabras «muy buen usuario» no bastan, Subaru. Es más justo llamar a Ferris el mayor maestro de magia de tipo agua del continente. No en vano lleva el título de «Azul», situándose en la cúspide de los que comparten su afinidad mágica a pesar de su corta edad.
Los elogios de Reinhard hicieron que Ferris sacara pecho, sin mostrar la más mínima pizca de modestia.
—Nya, el título vino de todos mis fans.
Dado que realmente era un sanador tan bueno como su título, Subaru vio a sus numerosos admiradores bajo una nueva luz. Realmente ponía en perspectiva que justo Ferris lo fuese a tratar.
El tono de Subaru era pesado y dolorido cuando llegó a la respuesta que esperaba.
—… Así que Emilia-tan realmente lo hizo…
—Sí, Emilia-sama organizó tu tratamiento —concluyó Reinhard.
Subaru sólo podía adivinar las idas y venidas que organizó para su curación. Por eso no pudo evitar que la pesada melancolía creciera en lo más profundo de su corazón.
Pedir a Ferris, de la facción de Crusch, que tratara su cuerpo significaba confiar en un rival político en vísperas de la selección real. En otras palabras, Subaru había sido un peso muerto para Emilia… otra vez.
—Oye, ¿por qué tengo que aceptar el tratamiento pase lo que pase? —preguntó.
—Porque ella ya pagó-nya. Si nyo te curo, Subaru, significará que Emilia-sana hizo todo ese esfuerzo para nada-nya.
—¿Cómo pagó? Si es sólo algún objeto, puedes devolverlo…
—Nyo es un objeto-nya, y una vez dado ya nyo puede devolverse. Así que tengo que decir que nyo a tu petición, Subaru-nya.
Disparado a quemarropa, Subaru sólo pudo llevarse una mano a la frente y acunarse la cabeza.
Aunque Subaru no quería ser un estorbo, parecía que eso era todo lo que había sido para Emilia. Quería ayudarla. Esa era toda la razón de Subaru para estar allí. Era la única razón que daba sentido a su existencia en ese lugar.
Una voz tranquila resonó en la sala de espera. El interlocutor no era Reinhard ni Ferris, sino un hombre de rasgos refinados apoyado en la puerta abierta: Julius.
—… Si tanto maldices tu propia falta de fuerza, creo que tienes una opción que puedes tomar.
Subaru levantó la cara como si le hubieran dado una bofetada.
—¿Qué? Ah, eres tú.
Subaru frunció el ceño con resentimiento. Julius recibió su mirada con calma y serenidad.
—Preferiría que no pusieras esa expresión tan desagradable. No esperaba una cálida bienvenida, pero dejarse llevar por las emociones…
—Me dejé llevar por mis emociones… ¿Y qué?
—… Pone en tela de juicio el carácter de los que están contigo. Esfuérzate por recordarlo.
—¡Ugh…!
Subaru sintió un nudo en la garganta. No eran las palabras en sí, sino los lugares sensibles en los que se clavaban.
Mantuvo el silencio mientras Julius pasaba junto a él hacia una ventana abierta.
—Ahora, supongo que querías preguntarme qué hago aquí. —El caballero le dio la espalda, observando los terrenos más allá del palacio, entrecerrando los ojos mientras soplaba una brisa—. Naturalmente, vine a verte. Me gustaría que me acompañaras durante un breve tiempo.
¿Qué te parece?, preguntó Julius con un gesto de la mano. La mirada penetrante del hombre ya entonces daba a entender que no se trataba de una sugerencia amistosa.
—Para que lo sepas, nunca diría que sí a algo así, sin conocer el lugar ni saber para qué, ni siquiera con una hora de sueño.
—El lugar es la plaza de armas. El objetivo… Sí. —En respuesta a las palabras aparentemente despreocupadas pero extremadamente mordaces de Subaru, Julius bajó la mirada aparentemente pensativo. Luego, con una sonrisa arrogante, habló con tanto veneno como Subaru—. ¿Qué tal si… te enseño una o dos lecciones sobre la realidad?
1
Unos diez minutos después de aquel intercambio precariamente sarcástico, Subaru estaba de pie sobre un suelo arenoso y apretado.
Se habían trasladado de la sala de espera del castillo a la guarnición de caballeros adyacente al castillo. El apisonado terreno de entrenamiento, de color rojizo, estaba rodeado de robustos muros que denotaban la historia del lugar.
La zona tenía quizás la mitad del tamaño de un campus de secundaria, lo que ofrecía mucho espacio para correr y cruzar espadas.
Subaru puso a prueba su equilibrio y comenzó a estirarse.
Reinhard, de pie a la entrada del patio de armas, intentó que Julius cediera.
—Julius, deberías dejar esto. No es propio de ti. —La expresión de su rostro no era de apuro o ira, sino de pura preocupación por el bienestar de Subaru. Y continuó—: Acepto que fue algo mezquino por su parte, pero no era nada que no pudiera arreglarse con una retractación. Normalmente, tú mismo lo juzgarías así, ¿no?
—Así es, mi buen Reinhard. Normalmente, lo haría. —Julius se quitó una a una las condecoraciones de gala de su uniforme de Caballero de la Guardia Real mientras miraba a Reinhard sin mostrar emoción alguna—. Si no hubiera sido este día, y si le hubiera conocido en un lugar diferente, podría simplemente haberle dejado en paz. No obstante, no estaba destinado a ser así. Mi buen nombre fue mancillado ante aquellos relacionados con el trono, y él habló con ligereza de la propia caballerosidad. Además, no sólo no se ha disculpado, sino que ha acumulado insultos adicionales. —De súbito, los murmullos que llenaban el patio de armas enmudecieron—. ¡Ahora castigaré al rufián que mancilló mi honor de caballero! ¿Alguna objeción?
—¡¡…!!
De repente, un tifón sin palabras rugió en el aire sobre el campo de entrenamiento. Los caballeros y guardias reunidos gritaron, y sus voces crearon el vendaval. Sin duda veían las cosas muy sencillas: Julius era su representante contra Subaru, el hombre que les había faltado al respeto a todos.
Nunca en su vida Subaru había estado ante tanta gente que le dirigiera emociones tan hostiles.
—Las probabilidades de que nadie apueste por mí son de setecientas a cero. Soy tan impopular que podría llorar… —comentó.
A decir verdad, le heló hasta los huesos; su cuerpo se llenó de unas ganas irrefrenables de caer de rodillas. No obstante, su corazón estaba en calma, y aunque sus miembros se sentían pesados, no temblaban.
No es que se hubiera resignado a su destino. Subaru realmente no entendía el estado mental en el que se encontraba cuando Julius volvió a hablar.
—Ahora bien, antes de comenzar, volveré a preguntar: ¿Tienes intención de disculparte por tu anterior incorrección y pedir perdón? Si presentas una disculpa completa por tus repetidas transgresiones aquí y ahora, te perdonaré.
—Repetidas transgresiones, eh. No se me ocurre ninguna… ¿Y disculparme cómo?
—Pon la frente en el suelo con lágrimas en los ojos. O, si te parece más apropiado, rueda por el suelo y enséñame la barriga para ganarte mi favor como el buen perrito faldero que eres.
—Ninguna de las dos opciones es muy elegante, así que si no te importa, paso de las dos.
Sin duda, nunca esperó que Subaru aceptara.
—Ya veo —murmuró Julius para sí mismo con sequedad mientras finalmente entregaba su espada de caballero a uno de sus compañeros que estaba a su lado. A cambio aceptó un par de espadas de madera—. Hablando con propiedad, no sería extraño que un hombre te cortara por tu lengua soez. Sin embargo, eres vasallo de Emilia-sama, lo desee ella o no. En consecuencia, me enfrentaré a ti usando una espada de madera.
¿Alguna objeción?, preguntaron los ojos de Julius. Subaru respondió con un gesto seco de la mano, indicando que no había ningún problema. Concluyendo que su oponente había aceptado por sus gestos y expresión, Julius asintió.
—El árbitro será Ferris.
Julius le miró de reojo, mientras Ferris levantaba despreocupadamente la palma de la mano y le devolvía el saludo.
—Claro, seguro-nya.
Había aceptado fácilmente el papel de árbitro. No había forma de saber lo que pensaba por dentro. A diferencia de la esperanza de Reinhard de poner fin a esto, Ferris parecía demasiado ansioso por que todo empezara.
—Ambos-nya, vayan con todo. Nyo importa qué horribles heridas sufras, puedo curarlas mientras nyo mueras de verdad, Subaru, ¡así que buena suerte-nya!
—¿Por qué me dices eso sólo a mí? Preocúpate del otro, caramba.
—¡Qué resolución tan fuerte-nya! Todos, ¿escuchan? ¡Muy bien, uno, dos, nya!
Volviéndose hacia los espectadores, Ferris levantó ambas manos y las bajó. A su señal, la plaza estalló en carcajadas, despreciando las imprudentes palabras de Subaru.
Bañado en carcajadas, Subaru dio un paso al frente y se giró para mirar a Julius. Cuando Julius le ofreció una de las armas de práctica, agarró la empuñadura con firmeza, como si estuviera acostumbrado a ella. Del mismo modo, Julius agarró la otra espada y anunció el comienzo del duelo simulado.
—Al menos eres entusiasta. ¿Empezamos?
Subaru, con la piel crepitando por la energía eléctrica del público, preparó la espada de madera y tiró hacia atrás, luego hizo girar el arma que tenía en la mano mientras se quejaba:
—Ah, tiempo muerto. Esto no me gusta.
—¿Es así? No creo que difieran mucho, pero puedes usar ésta si lo prefieres…
—Perdón, perdón. Soy un hijo de la era moderna, así que no quiero usar algo que no me sienta bien.
Mientras hablaba, aceptó con una mano la espada de madera que Julius le ofrecía. En su lugar, le ofreció a Julius la espada que le había entregado poco antes…
—Uy.
—…
La mano de Subaru soltó la espada de madera un instante antes de que los dedos de Julius pudieran sujetarla. Naturalmente, la gravedad hizo que el arma cayera. Julius se inclinó instantáneamente hacia delante mientras su mano la perseguía. El caballero, con el cuerpo curvado hacia delante, había perdido su ventaja de altura sobre Subaru.
—… Hmph.
Subaru dio un paso adelante y giró la espada de madera que tenía en la mano de abajo a arriba, apuntando directamente a la punta de la barbilla de Julius. Al mismo tiempo, su mano izquierda se impulsó hacia delante, lanzando la arena que había recogido disimuladamente durante sus ejercicios de calentamiento hacia los ojos de Julius, un clásico ataque cegador por sorpresa en dos tiempos.
… Tengo esto, pensó Subaru, sonriendo con maliciosa satisfacción por su pequeño truco. Al momento siguiente, oyó una voz pegada a su oído.
—Parece que de verdad no tienes vergüenza… Vaya que muestras lo fácil que es ser vulgar.
Simultáneamente, un puño golpeó a Subaru. Sintió un golpe contundente y seco en el plexo solar.
El golpe en el torso le sacudió el resto del cuerpo. Se sintió ingrávido; justo después de que sus pies abandonaran el suelo, su cara se estrelló con fuerza contra la tierra. La tierra arenosa le manchó la cara, mezclada con el vómito expulsado por el golpe. El dolor y el calor golpearon su cerebro con la misma fuerza. Al momento siguiente, el lugar estalló en bulliciosos vítores al ver cómo Subaru, el tonto que no sabía cuál era su lugar, recibía su merecido.
El chico se acurrucó en el suelo mientras el dolor se apoderaba de él, gritando al cielo.
Alto, más alto. Lejos, más lejos.
2
—Informando. En estos momentos, Julius-dono y… el vasallo de Emilia-sama, Natsuki Subaru-dono, están enzarzados en un combate simulado con espectadores en la plaza del patio de armas.
—… ¿Eh?
Al oír el informe del guardia, los pensamientos de Emilia se escaparon en un susurro sin aliento.
Mantén la calma, mantén la compostura, le decía una voz en su interior. No sabía lo que quería decir.
—¡¿Por qué estarían haciendo tal cosa…?! El patio de armas, te refieres al edificio de los caballeros junto al palacio real, ¿verdad? ¿Julius y Subaru están… peleando allí?
Emilia no podía ocultar su desconcierto. El guardia, sin embargo, no podía dejar pasar una parte sin corregir.
—Perdóneme, pero es un simulacro de combate. No es una pelea por rencor personal, sino una cuestión de honor de Julius-dono.
Sus modales, al borde de una abierta falta de respeto, estremecieron aún más a Emilia.
Pensó en la guerra de palabras entre Subaru y Julius en la sala del trono. Ninguno tenía una buena impresión del otro, y si ese era el motivo de un duelo privado…
—De todos modos, tengo que parar esto inmediatamente. Llévame a este patio de armas…
Emilia estaba a punto de salir corriendo hacia la plaza para hacerles entrar en razón cuando una voz aguda intercedió: la de Anastasia.
—Ah, c’eo que debe’ías deja’los en paz.
Cuando Emilia se volvió, vio que Anastasia había levantado una mano, captando la atención sobre ella. Tras pasar de la sala del trono a una sala de conferencias, las candidatas estaban sentadas, con sus asociados a su lado.
Naturalmente, todos los demás también habían oído el informe. Anastasia continuó:
—Quie’o asegu’a’me de algo. ¿Quién p’opuso este simulac’o de combate?
—Entiendo que Julius-dono lo hizo —respondió el guardia—. Sin embargo, debido a que Natsuki Subaru-dono aceptó, estamos en la situación actual…
Anastasia asintió generosamente a la respuesta del guardia antes de volver a mirar a Emilia.
—Ahh, está bien, está bien. Sólo necesitaba sabe’ que fue idea de Julius. Ya que Julius empezó, estoy en cont’a de pa’a’lo.
La respuesta de Anastasia la enfrentó directamente con Emilia.
—Tu caballero y mi… mi amigo, están enfrentándose. ¿No estás preocupada?
—¿P’eocupada? ¿Po’ qué? ¿De que Julius vaya demasiado lejos y me haga paga’ por curar a tu chico?
Anastasia ladeó un poco la cabeza, desconcertada. Emilia se quedó sin palabras.
En lugar de la semielfa, Priscilla esbozó una pequeña sonrisa tras su abanico.
—Ciertamente. Por lo que he visto, es un tonto incorregible. Imagino que hoy le están restregando la cara por segunda vez por exceso de terquedad.
—Tal vez. En el vestíbulo, tenía valo’ —añadió Anastasia—. Te dan ganas de admi’a’le, ya que p’obablemente alguien le ti’ó al ot’o lado de la habitación.
Las sonrisas malintencionadas que ambas intercambiaban dejaron a Emilia sin poder creer lo que veían sus ojos, con la voz temblorosa.
—¿No tienes nada más que decir…?
Pero para aumentar su sorpresa, Crusch rompió su silencio y anunció su propia oposición a la opinión de Emilia.
—Si el vasallo de Emilia hubiera solicitado un duelo, estaría de acuerdo en que es correcto detenerlos. Sin embargo, dado que es Julius-dono quien lo solicitó, y el vasallo de Emilia quien aceptó, creo que detenerlos es un error.
—¿Por qué? Quiero decir, Subaru no es mi…
—Si no lo entiende, ninguna explicación será suficiente. Además, aunque su temperamento era rápido, esto es algo necesario.
Crusch interrumpió a Emilia con un tono enérgico que no permitía más discusión. Crusch también había adoptado la dura postura de que Emilia no debía involucrarse.
El estancamiento de la conversación hizo que el rostro de Felt se agriara antes de alzar la voz, molesta.
—De todas formas, ¿por qué vino ese guardia a contárnoslo? Quiero decir, una cosa es que vayas a informar antes de que empiecen, pero ¿por qué ponerte en plan débil en medio de todo esto? Sólo espera a que terminen de pelear y dinos qué pasó después.
La pregunta de Felt, formulada con los brazos cruzados y mala actitud, hizo palidecer visiblemente el rostro del soldado. Marcus, intuyendo por su comportamiento que algo iba mal, se puso delante de su subordinado y rompió su silencio.
—Informe.
—¡Señor! He venido a pedir órdenes porque… ¡el simulacro de duelo entre Julius-dono y Natsuki Subaru-dono es excesivamente unilateral!
—… ¿Qué quieres decir con eso?
—Julius-dono seguramente se está conteniendo… pero no lo parece.
El guardia parecía afligido, como si hubiera visto un espectáculo tan miserable que no se atreviera a mirar en dirección a Emilia. Eso anunció a todos los presentes el terrible espectáculo que se estaba produciendo.
Aquella noticia fue la gota que colmó el vaso para Emilia, que echó por tierra su indecisión y salió corriendo de la habitación.
—¡Tengo que detenerlos…!
Corrió por el pasillo hacia la guarnición de caballeros y la plaza de armas que había dentro.
Una vez que Emilia se marchó, la sala parecía al borde del alboroto cuando Al levantó la mano y sugirió:
—¿Qué tal si seguimos a la dama y también nosotros echamos un vistazo? —Señaló hacia la puerta abierta y se encogió de hombros hacia Priscilla, que estaba a su lado—. Te gustan este tipo de cosas, ¿verdad, Princesa? Ver a una bestia feroz jugar con un bicho débil.
Priscilla le dio ligeramente la espalda mientras su encantadora risa agitaba sus abundantes pechos.
—No me eches en cara tus pequeños delirios, Al. Bueno, lo disfruto… Muy bien. De todos modos, quería descansar de esta charla terriblemente prolija. Despreciar a una variedad de tontos y reírse de ellos es bueno para el alma.
El ojeroso guardia empezó a sudar frío cuando Priscilla le acercó la punta de su abanico.
—Condúcenos a esta plaza de armas, yo lo ordeno.
3
La sangre de las heridas de la cabeza de Subaru se filtró en sus ojos. Se los limpió para aclarar su visión enrojecida.
Ya había perdido la cuenta de las veces que le habían tirado al suelo. Ya tenía el ojo izquierdo hinchado; notaba demasiada sangre como para saber si era sólo el labio o si también se había cortado el interior de la boca.
No sintió realmente el dolor.
No estaba seguro de si el dolor había llegado a ser tan grande que se había entumecido o si era la adrenalina que empapaba su cerebro. Probablemente eran varias cosas.
Pero lo que sacaba el dolor de la mente de Subaru era pura ira.
La fuerza de espíritu de Subaru, tan desviada de la norma, le valió la exasperación de Julius, no el elogio.
—¿Qué tal si por fin reconoces tus propias limitaciones? —Su apuesto rostro seguía sin una mota de polvo o una gota de sudor mientras balanceaba con calma la punta de la espada de madera desgastada que había utilizado para hacer papilla a Subaru. Continuó—: Seguro que a estas alturas eres dolorosamente consciente de la diferencia entre nosotros, y de lo gravemente que me has insultado al tratar la palabra caballero con tan despreocupado desdén.
No era un intento de apelar al corazón de Subaru, sino de hacerlo pedazos.
Julius sólo golpeaba a Subaru para mostrarle lo que significaba ser un caballero. Subaru sólo se resistía temeraria y obstinadamente a la realidad que Julius le estaba inculcando. No había espacio para que nada creciera entre ellos. Y nada lo hizo, por mucho que durara su enfrentamiento.
—Creo que ir más lejos puede poner tu vida en peligro —le dijo Julius.
—… Como si esto fuera a matar a alguien. No hables de ello como si lo supieras.
—Suenas como si tuvieras experiencia previa.
—Sé más sobre eso que cualquier hombre en este mundo.
Desde que Subaru había pisado aquella tierra, había perecido un total de siete veces. No había nadie en todo el mundo que se hubiera enfrentado a la muerte tantas veces como Subaru.
La gente usaba palabras como: «duele lo suficiente para morir, mortifica lo suficiente para morir, basta para morir», pero él sabía que la gente no moría de esas cosas.
Sacudiendo su cabeza cortada y palpitante, Subaru levantó lentamente su arma, también alzando la voz. En el instante en que puso a Julius a tiro, la punta de su espada de madera gritó mientras la levantaba para blandirla…
—No hay belleza en ti.
Un momento antes de que Subaru estuviera a punto de lanzar un golpe descendente, un golpe impactó su muñeca derecha, la mano de su espada. El fuerte golpe hizo volar su espada de madera, y los ojos de Subaru la siguieron instintivamente. Al momento siguiente, recibió otro golpe en el plexo solar.
Se le cortó la respiración y, sin poder amortiguar la caída, Subaru rodó por el suelo, intercambiando la tierra y el cielo unas cinco veces antes de acabar boca arriba, con los brazos y las piernas abiertos. Subaru tosió sangre, literalmente.
Los caballeros y guardias seguían reunidos para ver la flagelación pública de Subaru a manos de Julius. Pero ya no había vítores.
Subaru era el villano que había menospreciado la naturaleza misma de los caballeros en la selección real que determinaría el futuro del reino. Y así, Julius se levantó para representar a los Caballeros de la Guardia Real y reprenderle, haciéndole probar el dolor hasta que se disculpó… Ésa era la escena que habían venido esperando ver.
De hecho, cuando había empezado, vitoreaban con alegría, o se reían con burla de la patética exhibición de Subaru, apoyando sin reservas a su camarada Julius. Lo que había cambiado era que ahora todos entendían que se trataba de una paliza, y nada más.
Había un enorme abismo de habilidad entre Julius y Subaru. Poco hábil en ataque y muy abierto en defensa, el chico era derribado una y otra vez.
Al principio, sonaban risas burlonas cada vez que caía. Los suspiros exasperados comenzaron cuando el número superó la decena. Cuando la gente perdió la cuenta, todos querían apartar la mirada. Que se acabe de una vez, pensaron. Cualquiera podía ver quién había ganado y quién había perdido. Habían vuelto a aprender que los caballeros eran superiores. Más allá de eso, se trataba de una disputa sin sentido.
Pero Julius siguió golpeando a Subaru y no dio muestras de ceder.
Como árbitro, Ferris tenía autoridad para detener el combate en cualquier momento, pero no hizo ademán de parar, por muy herido o lesionado que estuviera Subaru.
Y el propio Subaru traicionó las esperanzas de los caballeros, levantándose de nuevo.
Todo el mundo lo entendió. Esto ya no tenía ningún sentido, ningún significado. No era más que una patética muestra de obstinación sin sentido. Por eso, al final, lo menos que podían hacer era ver cómo Subaru se empecinaba hasta el amargo final. No se marcharon, porque los que veían cómo se desarrollaba el espectáculo se habían convertido en parte de él, y compartían la responsabilidad.
—…
La temblorosa parte superior del cuerpo de Subaru se incorporó ante los ojos de los caballeros espectadores. Recogió la espada de madera que había caído a su lado y la utilizó como muleta para levantarse. Tosió violentamente, vomitando un gran volumen de sangre.
La visión sombría confirmó los pensamientos de todos. Como si por naturaleza, entendieran…
El siguiente intercambio sería el golpe final en esta disputa sin sentido.
4
… Un golpe más y habré terminado.
Curiosamente, Subaru había llegado a la misma conclusión que los espectadores que observaban su absurdo. Pero ya no le importaba lo que vieran los demás. Dentro de Subaru, no había nadie más que él y Julius.
No se levantaría tras el siguiente golpe. Incluso si la espada de Subaru milagrosamente hiciera contacto, Subaru sería incapaz de continuar.
Entonces, ¿por qué desafiarle? Si el resultado final sería el mismo, ¿para qué intentarlo?
No podía ver la respuesta. Había perdido su razón original para empezar la pelea, lleno puramente de odio hacia Julius, de pie indiferente en su hinchado campo de visión. Así que decidió que pondría todo lo que tenía en un golpe final, con el objetivo de romper el puente de la nariz de Julius.
—…
Le dolían los pulmones sólo de respirar. Al exhalar le dolía aún más la boca.
Apartando la agonía con su débil conciencia, Subaru hizo acopio de las fuerzas que le quedaban y esperó su oportunidad, con la esperanza de que Julius bajara la guardia aunque sólo fuera un momento. No podía dejar escapar esta oportunidad.
… DueledueledueledueledueledueledueledueledueleMUERE.
—¡…!
La mirada de Julius pareció desviarse por un instante. En su andrajoso estado, Subaru hizo su ataque.
No oyó nada. Dejó todo atrás, levantando su espada con todo su espíritu.
Julius, que había desviado ligeramente su atención de Subaru, aún no había reaccionado. Algo había atraído su atención, pero cada célula del cerebro de Subaru estaba dedicada a pensar en ese único golpe.
—¡…!
Le pareció oír algo, algo en aquel mundo sin sonido, donde sólo existían él y su objetivo.
—… ¡ru!
Oyó una voz. La voz de alguien. La voz de alguien en sus oídos.
Su mente estaba siendo arrastrada. Pero todo estaba olvidado, ahogado por su furor.
En ese momento, sus ojos se clavaron en lo único que daba sentido a su existencia.
—… ¡baru!
La voz se hizo más clara. Empezó a tener sentido.
Si la oía claramente, no habría vuelta atrás.
Por eso Subaru lo apartó todo, para escapar del miedo abrumador que aún le perseguía, pisándole los talones. Con cada gramo de su ser gritó.
—¡Subaru!
—¡¡¡SHAMAAAAK!!!
Traicionando la voz clara como una campana que tenía en los oídos, Subaru recitó el conjuro a pleno pulmón.
Una nube negra estalló, tiñendo de negro el suelo marrón rojizo de la plaza de armas, borrándolo todo.
Se desplegó un reino de olvido. En él, Subaru se precipitó hacia delante, gritando con su voz gutural. En este espacio donde la razón no tenía peso, su cerebro ordenó a sus brazos que se balancearan hacia abajo. La nube oscura se tragó los miembros que se extendían frente a él, ignorando todo lo demás para hacer lo que se les ordenaba, de modo que la punta de «algo» pudiera alcanzar…
—Entonces, ¿esta es tu arma secreta?
Clara como el día, Subaru oyó la voz en un mundo que debería ser insonoro.
La nube negra se iluminó y, desde el interior de la fuente de luz, una espada de madera atravesó el aire, golpeando sin piedad el cuerpo de Subaru contra el suelo.
La voz que le llegó desde arriba sonaba más sorprendida que dolida.
—No esperaba que usaras magia de tipo oscuro. Admito que me pillaste por sorpresa. —Subaru, tendido en el suelo con las extremidades extendidas, miraba al cielo aturdido mientras se enfrentaba a la realidad—. Sin embargo, tu entrenamiento es deficiente. Una magia de tan bajo nivel sólo puede funcionar con alguien de menor habilidad que tú, o tal vez con una bestia poco inteligente. Tal plan no funcionaría contra un solo Caballero de la Guardia Real. —La voz parecía transmitir lástima. Piedad que aplastó el corazón de Subaru y le dijo que lo dejara todo.
Había pensado que podía cambiar su situación. Pensó que incluso él podría lograr algo.
—Eres irremediablemente impotente. No tienes lugar a su lado.
Esas palabras, al menos, deseaba refutarlas: palabras que negaban que su vida tuviera algún sentido. Subaru movió el cuello para mirar fijamente al hombre, intentando que al menos se retractara de esa parte…
—……
… pero en su lugar, vislumbró a la chica de cabello plateado y ojos violetas.
Estaba inclinada sobre una terraza en un piso a media altura de la muralla del palacio real que daba a la plaza de armas. Detrás de ella había chicas que él reconoció, cada una observando fríamente los resultados.
Los pensamientos detrás de su rostro blanqueado ya no importaban.
A Subaru ya no le importaba lo que pensaran de él.
O más bien, eso habría sido cierto si la persona que estaba allí no hubiera sido la última persona en todo el mundo que él quería ver en ese estado.
—……
En su interior, Subaru oyó un sonido como el de un hilo que se rompe.
Eso fue lo último que supo antes de que su conciencia empezara a desvanecerse muy, muy lejos.

Con su mente, cerrada hasta ese momento, suelta, el mundo perdió rápidamente su color. Esta vez, la mente de Subaru lo dejó todo atrás mientras se precipitaba al fondo del abismo.
—… Subaru.
Le pareció oír un murmullo que no debería haber oído. Luego, su mente se terminó de desvanecer.
5
Cuando Subaru despertó, sus cejas se fruncieron mientras miraba un techo desconocido.
Para Subaru, que normalmente se despertaba más rápido de lo que le gustaba, el breve periodo de vaguedad mental entre el sueño y el despertar completo era un tiempo precioso. Durante varios segundos, Subaru se sumergió en ese estado nebuloso e ilimitado mientras su mente buscaba a tientas sus recuerdos, como qué había hecho antes de dormir, qué era ese lugar…
Subaru sintió que la sien le palpitaba dolorosamente. Aquel dolor le hizo recordar todo lo que había vivido.
—Lo recuerdo…
Recordó la desgracia que había sufrido antes de acabar donde dormía.
Se llevó una mano a la frente, pero sus ojos fueron atraídos por el descubrimiento de una grave cicatriz cerca de la muñeca que no recordaba. Inmediatamente se dio cuenta de que llevaba las huellas de la magia curativa.
Y que podía sentir los rastros de heridas en su cuerpo significaba…
—No… morí.
Tocándose la frente, presumiblemente agrietada, y la muñeca, probablemente fracturada, dejó escapar un suspiro, lamentando que la curación hubiera eliminado todo dolor físico. Si no fuera por el ardiente sentimiento de humillación que sentía en el pecho, casi pensaría que todo aquello nunca había sucedido. No…
Ahora que Subaru había recuperado la conciencia, la mirada de traición que ella le dirigió era algo que ningún hechizo podría curar.
—… Subaru.
Emilia estaba sentada a un lado de la cama, con sus ojos violetas llenos de melancolía. Por ninguna razón que él pudiera discernir, había doblado sobre su regazo el manto blanco que llevaba puesta mientras vigilaba a Subaru.
Los rayos del sol de poniente que se filtraban por la ventana abierta hicieron adivinar a Subaru que habían pasado varias horas del mismo día.
Lo primero que dijo fue bastante inofensivo e inofensivo.
—… ¿Ya terminó la discusión sobre las candidatas reales?
Al parecer, Emilia esperó a que él pusiera alguna excusa antes de abrir un poco más los ojos, sorprendida por la forma en que él intentaba fingir que no había pasado nada.
—Sí, terminó… La mayor parte de lo que todos querían decir salió en la sala del trono, así que el resto fue principalmente resolver los detalles minuciosos sobre la selección real. La mayoría de las cosas se resolvieron con la aprobación de Roswaal.
Emilia negó con la cabeza, con un sutil lamento en la voz ante su propia impotencia. Subaru se dio cuenta de que eso le reconfortaba: Emilia, arrepentida por no poder hacer nada en la selección real, compartía de algún modo su miseria.
Subaru trató de ocultárselo a sí mismo intentando ser simplista.
—Así es. Entonces probablemente perdiste mucho tiempo esperándome mientras estaba dormido. De todos modos, volvamos directamente a la posada. Hay que recoger a Rem y hacer planes para la selección real, ¿verdad?
—Subaru.
—Aquí en el castillo no sabes quién está mirando o escuchando, así que mejor guardar la charla profunda hasta que estemos de vuelta en la mansión, ¿no? ¿O antes tienes que hablar con los altos cargos de la capital?
—Subaru…
—Errrr, ¿quizás sea mejor hacer pactos de no agresión con algunas de las candidatas? Es duro cuando no sabes quién va por ti y cuándo…
—¡Subaru!
Emilia gritó bruscamente a Subaru en medio de sus divagaciones, cortando sus excusas. Él volvió a desviar la mirada hacia ella.
Le habló en voz baja, pero con gravedad, sin dejarse influenciar.
—… Tenemos que… hablar.
Emilia se levantó de su asiento, con los brazos fuertemente abrazados a la tela de su manto doblado. La rigidez de sus mejillas transmitía mejor que cualquier palabra que la conversación que se avecinaba no iba de nada bueno.
—Hay cosas que quiero preguntarte… De verdad, muchas cosas.
Sus labios temblaron, como si dudara, buscando a tientas el tema exacto que debía abordar.
—… Sí, supongo que sí.
Subaru tenía una idea bastante clara de por qué ella dudaba. Todo lo que Subaru había hecho hasta entonces había sido completamente inesperado… Por lo tanto, Emilia estaba buscando la manera correcta de preguntar acerca de la verdadera intención de Subaru detrás de sus acciones de ese día.
Sólo tenía una única y descarada razón que dar. Pero la pregunta en labios de Emilia no era lo que él quería.
—Err, entonces… ¿Por qué… peleaste con Julius?
Esa respuesta era mucho más difícil de dar. ¿Qué importancia tuvo esa batalla…?
—Tenías una razón para ello, ¿verdad? Eres tú, así que seguro que tenías una importante…
Ya abatido, Subaru había estado esperando en el pasillo cuando Julius apareció ante él. Cuando Julius le invitó a la plaza de armas, Subaru consideró inmediatamente que sería una venganza por la grosería que había mostrado en la sala del trono.
Desde luego, intentaba apreciar la diferencia de poder que ostentaba Julius en comparación con él.
Sabía desde el principio que no tenía ninguna posibilidad de ganar. Y, sin embargo, Subaru tomó la espada de madera, le retó a una batalla sin esperanza y le hizo polvo.
¿Por qué hizo todo eso? La respuesta fue…
—Quería… venganza.
—… ¿Ah?
Subaru levantó la cara. Mirando el desconcierto en los ojos de la belleza de cabello plateado, continuó:
—Quería demostrarle que… no soy algo que se pueda tirar a un lado de la carretera. Pensé que podía devolvérselo y demostrarle que podía… mantenerme firme ante tipos como él, aunque sólo fuera un poco.
Sus palabras eran confusas. Se resentía por no haber sido capaz de expresarse con más claridad. Si no fuera por las emociones que ardían en su pecho, golpeándole el corazón, no tendría que soportar pensamientos tan contradictorios.
—Subaru…
—Fui… terco. Le odiaba. Por decir que soy vergonzoso, impotente, cómo estorbo… cómo no soy digno de ti, cómo intentó alejarme de ti… Así que me enfrenté a él.
Supuso que la última fue la gota que colmó el vaso.
Sí, Julius había estado reprendiendo severamente a Subaru, diciéndole que no era digno de Emilia. Pero ni siquiera tenía que decir eso. El propio Subaru lo sabía mejor que nadie. Para disimularlo, se había puesto desesperadamente una máscara, fingiendo ignorancia, pero aquel hombre había descubierto fácilmente su bravata. Así que incapaz de perdonarle, Subaru se había enfrentado a él, llevando al resultado inevitable.
La lánguida respuesta del chico, pronunciada con la cabeza gacha, hizo que a Emilia se le cortara un poco la respiración.
—¿Por eso…?
Sin duda, no era la respuesta concreta que había estado buscando. Fueran cuales fueran los elevados ideales a los que se había aferrado, la verdad tras la banal terquedad de Subaru los traicionaba.
Subaru escuchó el rastro de decepción deslizarse por sus labios.
—… Emilia… -tan, tú…
Sus temblorosas palabras habían obligado a Subaru, que se sentía impotente, a confesar.
Emilia no había tenido intención de hacerlo. No comprendía lo cruel e implacable que era su acto. Por eso, mientras Subaru hablaba con voz frágil, era incapaz de siquiera de mirarla.
—… Simplemente no lo entiendes.
Eso fue lo que dijo.
En el momento en que lo dijo, Subaru se dio cuenta de que había estado arremetiendo contra alguien. Negar que alguien lo entendía era la peor de las excusas, apartar a esa persona de tu corazón.
Subaru fue incapaz de mantener el rostro levantado cuando escuchó una voz que sonaba sin aliento.
—… Tienes razón.
Su acuerdo, expresado casi como un suspiro, hizo que pareciera que había comprendido lo que él había dicho, que estaba de acuerdo en no insistir más en el tema.
Su reacción hizo que los hombros de Subaru se aliviaran. Fue entonces cuando dijo:
—Mañana, Roswaal y yo volveremos a la mansión. Tú permanecerás en la capital real para centrarte en el tratamiento médico.
Subaru no podía entender sus palabras.
—¿Eh?
Cuando él ladeó la cabeza, confundido, Emilia se esforzó por ocultar su gran emoción mientras se volvía hacia él.
—Eso es lo que acordamos en primer lugar, ¿no? Viniste a la capital real para que tu puerta agotada pueda ser curada. Ferris estuvo de acuerdo, así que serás curado por él, y luego te recuperarás.
—E-Espera un minuto.
Emilia expuso los planes para Subaru con rapidez.
—Durante tu estancia en la capital, estarás al cuidado de Ferris… o mejor dicho, de Crusch-sama de la Casa Karsten. Rem se quedará contigo, así que no tendrás que preocuparte por nada.
Subaru, dándose cuenta de que su intención había pasado completamente desapercibida, la llamó con voz desesperada.
—¡Dije que esperes!
Inmediatamente estiró las yemas de sus dedos, agarrándola de la manga como si eso fuera a impedir que se apartara.
—¿Por qué…? Dímelo…
En respuesta a la frágil voz de Subaru, Emilia apartó la mirada mientras decía:
—… Te exiges demasiado cuando estás cerca de mí. ¿No es así?
Subaru contuvo la respiración ante sus palabras. La expresión de Emilia era ilegible. Se esforzó, intentando que ella le mirara.
—No tienes que… decirlo así…
—No me equivoco, ¿verdad? Fue así cuando nos conocimos, también en la mansión. Y hoy más de lo mismo… Todo eso es porque estuviste junto a mí, ¿no?
Su forma de hablar estaba cargada de descontento.
Ante la negatividad y el cinismo que no eran propios de Emilia, Subaru sólo pudo sacudir la cabeza.
—Eso no es lo que intentaba decir… Yo sólo…
—¿Sólo?
—Sólo hice esas cosas… porque quería darte algo…
—¿Darme… algo?
Cuando ella se hizo eco de sus palabras, Subaru asintió con determinación.
Había luchado seriamente contra el destino por el bien de Emilia, y sólo por el de ella. Era ese sentimiento, por encima de todos los demás, el que quería que ella comprendiera.
… Por eso, las siguientes palabras que salieron de su boca dejaron a Subaru en estado de shock.
—… Todo fue por tu propio beneficio, ¿no?
—…
Más allá del silencio, el cerebro de Subaru estaba completamente en blanco.
No sabía qué decir. No sabía qué quería decir.
—Yo… yo sólo… quería… darte…
¿Tristeza? ¿Sufrimiento? ¿Arrepentimiento? ¿Ira? ¿Pena?
… Quiero darte felicidad.
… Quiero ayudarte a conseguir lo que deseas.
… Quiero protegerte de todo lo que te entristece.
Esos eran los sentimientos puros que Subaru sentía por Emilia y que constituían la base de todas sus acciones.
Había actuado creyendo que sus esfuerzos transmitirían sus sentimientos con más fuerza que cualquier palabra.
Pero esa había sido su presunción engreída, hecha sin ninguna consideración por los sentimientos de los demás.
—… ¡Mff!
El aturdido Subaru chilló sorprendido por el repentino impacto de una tela suave en su cara. Cuando apartó inmediatamente el material, se dio cuenta de que era el manto blanco con un halcón bordado que Emilia tenía en las manos y que le había golpeado con ella.
Pero no podía asociar a Emilia con una acción tan violenta. Aunque aceptara que, lógicamente, Emilia se lo había lanzado, no podía aceptarlo emocionalmente.
Después de todo, la Emilia que Subaru conocía era siempre amable, llena de afecto maternal y, aunque no era consciente de su propia vena testaruda, era una chica de corazón blando que no podía dejar de ayudar a los demás aunque lo intentara.
Entonces, ¿por qué?
La mirada violeta de Emilia se estremeció con una oleada de emociones. Su rostro estaba tenso mientras se mordía el labio, que parecía temblar por la feroz emoción. Nunca había visto ninguna de esas cosas.
Ni su expresión ni su mirada encajaban en absoluto con la chica que él conocía. Sin embargo, ambas estaban dirigidas a él.
Comprendía lo fuera de lugar del sentimiento, pero pensaba que así ella era… hermosa.
La oleada de emociones se convirtió en lágrimas que llenaron sus ojos morados.
—¡Deja de mentir sobre hacer todas estas cosas por mi bien!
Con un pequeño movimiento de cabeza, pareció desahogarse de todo lo que la atormentaba.
—Venir al castillo, pelear con Julius, usar magia… ¿Dices que todo fue por mí? ¡No te pedí ninguna de esas cosas!
—¡…!
—¡Todo lo que quería era que hicieras las cosas que te pedí que hicieras!
—……
—Oye, ¿te acuerdas? ¿Lo que te pregunté?
—P-Pues…
Escucharla rechazar sus acciones tan claramente congeló la mente de Subaru con terror. Por eso no pudo dar una respuesta a su pregunta dentro de su confusa cabeza.
Ante la imposibilidad de Subaru de responder, Emilia cerró los ojos con firmeza.
—Te pedí que te quedaras en la posada con Rem y esperaras.
—……
—Usar más magia sería muy malo para ti, por eso te pedí que no lo hicieras.
Recordó que ella había usado las palabras «por favor» para ambas cosas.
En ambas ocasiones, Emilia le había instado encarecidamente a comportarse por preocupación por su salud. Pero en cada ocasión Subaru pisoteó sus palabras basándose en sus propias ilusiones egoístas. En algún lugar de su interior, había pensado en las cosas tan frívolamente, como si los buenos resultados siempre le permitieran suavizar sus promesas incumplidas. Pero como resultado, Subaru no sólo había hecho caso omiso de sus súplicas, sino que no tenía ni una sola cosa adecuada para demostrarlo; de hecho, sólo se había deshonrado a sí mismo y la había retrasado.
Pero aun así, al menos quería que ella comprendiera que las motivaciones subyacentes eran auténticas.
—Siento no haberte escuchado. Lo siento mucho, muchísimo. ¡Pero! Pero te equivocas, yo, yo no hice todo eso por mi bien…
Pero Subaru tenía la lengua como entumecida, rechazando sus esfuerzos por expresar sus sentimientos con palabras. Mientras se esforzaba por encontrar palabras, Emilia lo miraba con tristeza.
Sus palabras fueron imperdonablemente egoístas. Nunca debería haberlas dicho.
—Emilia, ¿no… me crees?
Alguien que acababa de negar que pudiera entenderle no tenía derecho a decir nada de eso.
—Quiero creerte… en verdad quiero hacerlo, Subaru.
Parecía que quería llorar. Puede que ya estuviera llorando. Pero Subaru no tuvo el valor de averiguarlo. No se atrevía a mirarla, a pesar de que ella podría estar llorando; a pesar de que él podría haber sido la razón por la que ella estaba en ese estado. Subaru había seguido corriendo hacia delante tratando de evitarlo, pero en el momento más crítico…
Las emociones de Natsuki Subaru estallaron.
—Quería creerte… ¡pero fuiste tú quien me detuvo, Subaru!
Aunque en ocasiones anteriores había perdido la calma y la lógica por la ira, ésta era la primera vez que él la veía desprenderse de ellas, como si fueran grilletes para sus emociones. Liberada de esas ataduras, Emilia volcó en palabras sus desbordantes sentimientos.
—No mantuviste ni una sola promesa, ¿verdad, Subaru? Tú… prometiste, pero las rompiste todas como si nada y acabaste aquí, ¿verdad?
Había pisoteado las promesas que hicieron juntos, es decir, su confianza.
Su afirmación de que lo había hecho todo por ella era una justificación moral que sólo tenía sentido para el propio Subaru.
Emilia continuó diciendo:
—¿Incumpliste tu palabra, pero luego dices que quieres que confíe en ti? Pidas lo que pidas, no puedo hacerlo. No puedo…
¡No!, quiso gritar en voz alta. Pero en realidad, la garganta temblorosa de Subaru no emitía ningún sonido; sentía la cabeza tan pesada como el plomo, demasiado pesada para levantarla de su posición baja, boca abajo.
Frente a la chica que lloraba, con cuyas emociones había jugado, que buscaba una respuesta honesta de su parte, Subaru eligió darle la espalda, y así, continuar traicionándola.
—… Oye, Subaru. ¿Por qué quieres ayudarme tanto? —preguntó ella.
Seguramente fue la duda anidada en la mente de Emilia lo que le impidió preguntar muchas veces antes. Viendo a Subaru correr cubierto de heridas, obligándose a sonreír todo el tiempo, o viéndole soportar un gran dolor y saltar a las fauces de la muerte, debió de albergar esas dudas durante algún tiempo. Por lo tanto, era inevitable que ahora insistiera en el tema.
Si Emilia no dejaba salir todo, si guardaba sus recelos para siempre en lo más profundo, sin entender por qué Subaru seguía haciendo todo lo posible por ella, sólo le traería más dolor.
La pregunta era la última oferta de salvación de Emilia a Subaru. Él había pensado que, al haber tratado tan a la ligera sus promesas, no había nada que pudiera decir que pudiera llegar a ella, pero aun así, ella le pedía que se lo dijera con sinceridad.
… ¿Por qué Subaru se dejó la piel por Emilia?
… ¿Por qué se había aferrado tenazmente a ella desde que llegó a ese mundo?
—Quiero hacer todo lo posible para ayudarte porque me salvaste…
—¿Yo… te salvé…?
—Así es.
Cuando de repente le invitaron a entrar en otro mundo, estaba completamente perdido, sin distinguir la derecha de la izquierda, con la inevitable violencia amenazándole; por lo que sabía, ese mundo habría sido su fin.
—No creo que entiendas cuánto… me ayudaste. Pero eso… me salvó, más de lo que las palabras pueden expresar.
Lo que Emilia había salvado entonces no era su vida, sino al propio Subaru.
No empezó con Subaru. La primera vez, fue Emilia quien hizo la salvación. Todo lo que había hecho desde entonces no era más que devolverle lo que ella le había dado.
—Subaru, no entiendo…
—Eso es… inevitable. Pero es verdad. Tú me salvaste. Por eso intenté… devolverte el favor… pero ahora…
No es sólo eso, fueron las palabras que deberían haber seguido. Pero Emilia estalló de emoción, su cabello plateado se agitó violentamente mientras sacudía la cabeza, así que las palabras nunca llegaron.
—¡Te lo dije, no lo entiendo! ¿Te salvé? No hice tal cosa. La primera vez que te vi fue en el almacén de botines. ¡Nunca te había visto en mi vida!
—No, escucha…
—Si te hubiera conocido antes, si eso fuera verdad, yo… yo…
Enterrando la cara entre las manos, Emilia rechazó a Subaru. No le escucharía más. Sus palabras no tenían la fuerza suficiente para impedir que se encerrara en su caparazón.
No tenía ni idea de qué punto sensible de ella había rozado. No lo sabía, pero tenía que seguir hablando. Por eso Subaru se recompuso rápidamente y dijo:
—Quizá no lo entiendas, pero igual escúchame. Es la verdad. La primera vez que nos vimos cuando vine a este mundo…
Al instante, la escena se detuvo y Subaru se dio cuenta de que había rozado lo prohibido. Este era el mundo donde el tiempo se congelaba y todo se detenía.
Ya no oía ni siquiera los furiosos latidos de su corazón. La voz de Emilia, que había oído hasta ese mismo momento, se hizo distante. Incluso los agudos zumbidos se desvanecieron sin dejar rastro mientras el mundo del silencio le llamaba.
Subaru no pudo contener su ira, tanto contra sí mismo, como contra la sombra que no respetaba el estado de ánimo, la sombra que infligía un dolor interminable a Subaru cuando hablaba de su rasgo peculiar.
Tras el aviso del mundo detenido de que había estado a punto de violar el tabú, el tiempo volvió a correr.
… Con un impacto, Subaru se dio cuenta de que todo su cuerpo había empezado a sudar frío.
Por capricho de la sombra, no había recibido una pena dolorosa. Lo recordó. Si seguía hablando como acababa de hacerlo, la sombra torturaría sin piedad su corazón en el mundo helado.
Las palabras que habría pronunciado se le volvieron a caer por la garganta. Los pensamientos sinceros que quería compartir no tenían lugar donde ir, una piedra de molino que los hombros de Subaru no tenían más remedio que soportar.
—… Una vez más, no dices nada —dijo Emilia.
Su voz fría y dura le golpeó los tímpanos. Sonaba a desesperación, como si se hubiera rendido. La rabia inusitada, la tristeza en su pecho que no tenía salida… ¿qué podía hacer él al respecto? Aunque intentara decirle lo que realmente sentía, ella ya no le escuchaba. Y si intentaba contárselo todo, esa maldita sombra se interpondría en su camino para impedírselo.
—¿Por qué… no lo entiendes…? —preguntó.
—… Subaru.
—Pensé, que tú… Tú de todas las personas lo entenderías…
—La yo dentro de tu cabeza es impresionante, ¿no?
Esa única frase estaba llena de suficiente distancia y aislamiento como para hacerle llorar.
Cuando Subaru levantó la cara, asombrado, Emilia apartó los ojos y le dio la espalda.
Se preguntó a quién iba dirigida la solitaria sonrisa que asomó a sus labios… ¿a él o a ella?
—Ella lo entiende, todo, sin siquiera tener que preguntar. Tu dolor, tu tristeza, tu rabia… los siente todos como propios —dijo Emilia.
—…… ¿Huh?
—… Si no lo dices, no puedo entender, Subaru.
Había sido rechazado. Le habían hecho pedazos. Su ilusión se hizo polvo.
La única cosa en la que realmente pensaba que podía creer desde que cayó en ese mundo se desvaneció.
—Todo…
Había arriesgado su vida, soportado el dolor de ser mordido por todas partes, enjugado sus lágrimas y las había superado, todo para seguir protegiendo a la ídolo que había erigido en su mente.
Y así, su utopía arbitraria, que nunca había existido, se desmoronó sin hacer ruido.
Le temblaban los labios. Sus ojos estaban calientes por dentro. Le temblaba la lengua. Los latidos de su corazón eran tan fuertes que podía oírlos.
—Todo… lo que he hecho…
Levantó la cara y se encontró con los ojos violetas de Emilia. Sólo estaban llenos de tristeza. Cuando vio su propio rostro reflejado allí, fue realmente lamentable y más allá de la salvación.
Alzó su voz chillona de rabia, tanto que la habitación pareció temblar con ella.
—… ¡Has llegado hasta aquí gracias a mí, ¿verdad?! ¡Como en el almacén de botines cuando te robaron la placa! ¡Te salvé de esa asesina en serie superpeligrosa! ¡Puse mi cuerpo en peligro! ¡Todo porque eres importante para mí!
Le temblaban las yemas de los dedos al agarrar las sábanas. Sus uñas se le clavaron en las palmas de sus manos y lentamente extrajeron sangre. Continuó enumerando todas las hazañas en su haber que se le ocurrieron mientras intentaba perseguir la sombra de ella, lejos en la distancia.
—¡Como en la mansión! Apenas aguanté allí. Me rompieron el cráneo, mi cabeza salió volando, pero todos en el pueblo se salvaron, ¡¿no?! Y las cosas salieron de la mejor manera posible con Ram y Rem, ¡estoy seguro de ello! Eso es porque yo estaba allí, ¿verdad?
El hecho de haber salvado a todo el mundo en el almacén de botines y en la mansión había sido posible gracias a él. Ésas eran las hazañas de las que Subaru debía sentirse orgulloso y por las que debía ser recompensado. Había llegado tan lejos. Había hecho tanto.
—¡¡¡Tienes que deberme algo por todo lo que he hecho por ti…!!! —añadió.
Gritó porque el significado de todas sus acciones, y los pensamientos detrás de ellas, habían sido refutados. La vanagloriosa búsqueda de alabanzas de Subaru, su carcomido deseo de satisfacción y su egoísta deseo de ser deseado, habían sido los extremos inconscientes que le habían conducido por su camino.
Y todos se resumían en una sola palabra definitoria.
Con voz vacilante y temblorosa, Emilia le dijo a Subaru, que respiraba agitadamente con sudor en la frente:
—… Cierto. —Lo dijo en un tono de aceptación, de resignación, de resolución; en otras palabras, era el fin—. Subaru, estoy en deuda contigo por muchas cosas que has hecho, así que…
—Sí, así es. Es por eso que yo…
—Te lo devolveré todo. Entonces podremos acabar con esto.
Su afirmación, increíblemente clara, levantó la cara de Subaru como si le hubieran dado una patada. Y cuando vio que la mirada de Emilia era aún más hueca que antes, se dio cuenta de que sus precipitadas palabras nunca debieron ser pronunciadas.
En una rabieta infantil, había pisoteado incluso sus pensamientos más puros, tirándolo todo por la borda.
—… Es suficiente, Natsuki Subaru.
Si la relación entre ellos sólo consistiera en devolver favores, esa relación terminaría en cuanto se pagara la deuda.
Esa era la única conclusión a la que podía llegar la situación, ahora que había hecho recuento de las cosas que había hecho con la esperanza de darle algo sin pensar lo más mínimo en una recompensa.
Desde su primer e íntimo encuentro, ella había llamado a Subaru por su nombre. Comprendió demasiado tarde que no podría recuperar el afecto que había perdido.
—Rem vendrá más tarde. Haz lo que te dice. Todo lo demás, lo arreglaré después, así que… —dijo ella.
Ni siquiera podía responder. Tampoco había nada que pudiera pedirle.
Emilia echó a andar, poniendo distancia entre ellos; distancia física, pero una distancia emocional mucho mayor. En ese momento, a Subaru le faltó valor para acercar los dedos a su espalda, o incluso para mirarla mientras se marchaba.
Cuando Emilia se acercó a la puerta, se detuvo bruscamente y murmuró.
—Me… —dijo en voz baja, como si quisiera decírselo menos a Subaru que a sí misma—… Me hice ilusiones. Pensé que, sólo tal vez, tú… tú no me darías un trato especial, Natsuki Subaru. Pensé que podrías mirarme como una persona normal, como una chica normal, igual que cualquier otra…

Esta era la chica que había exigido un trato justo en la cámara en la selección real.
El hecho de que fuera una semielfa debió causarle un intenso y prolongado sufrimiento para que deseara algo tan exiguo. Pero…
—No puedo… hacer eso —respondió Subaru, su voz un murmullo entrecortado y silencioso.
Emilia no había hablado como si buscara una respuesta. Por lo tanto, el propio murmullo de Subaru no era una respuesta, sino una declaración en su propio beneficio.
Reflexionando sobre las palabras de Emilia, Subaru negó débilmente con la cabeza.
—Aunque echaras a todas las demás personas del mundo entero, no podría hacerlo. No puedo mirarte igual que a todos los demás, simplemente no puedo.
Esa, al menos, era la inconfundible verdad.
Oyó cerrarse la puerta. El aire volvió a la calma.
Al quedarse solo en la habitación, Subaru se acurrucó sobre las mantas, con la mirada perdida.
De repente, se acercó a la esquina de la cama. Vio el manto que había caído al suelo.
Extendió la mano, lo acercó y lo abrazó. Mientras lo abrazaba, sintió como un rastro de calor humano permanecía en él cuando todos los demás se habían desvanecido. Subaru lo apretó contra su pecho, como si intentara unir ese calor a sí mismo.
… Ese día, por primera vez en ese otro mundo, Natsuki Subaru se quedó verdaderamente solo.