Luz del sol sobre el agua
LUZDEL SOL SOBRE ELAGUA
1
Un día, a primera hora de la tarde, empezó con una declaración que surgió de la nada.
―…Al, estoy aburrida. Has de iniciar algo que sea de mi interés.
―Oye, oye, Princesa. Hasta un tirano se sorprendería con tu frase inicial. Yo tampoco puedo seguirte el ritmo si no cambias la velocidad de tu discurso según la situación. ¿Qué fue eso?
―Estoy aburrida. Has de iniciar algo que sea de mi interés. Si no eres capaz de hacerlo, te he de rebanar la cabeza.
―¡¿Eh?! ¿No hay duda de que estás siendo una tirana? gritó Al con voz sofocada, levantando ambas manos y mirando al cielo.
Apoyado contra el barandal de hierro del balcón, cuando ęjó la vista en el magníęco cielo azul, vio cómo las nubes se deslizaban rápidamente por la vasta extensión mientras eran empujadas por el viento. Pensando distraídamente que el clima de mañana podría empeorar, justo después de eso, la punta de la barbilla de Al, que estaba inclinada hacia atrás, fue empujada por una vigorosa fuerza.
―¡Ah! ¡Guau! ¡Aaay!
Justo así, el cuerpo sin apoyo de Al medio giró, usando el barandal como punto de apoyo ęjo. Quedando peligrosamente cerca de ser lanzado por los aires, inmediatamente se agarró de algo con su brazo derecho, jalando desesperadamente hacia sí la suave y lisa sensación.
―¡E, Es, ¡Eso estuvo cerca! Ahora mismo, estaba completamente deambulando en la frontera entre la vida y la muerte…
―Por desgracia, tu crisis sigue en curso… no, tu situación actual es más peligrosa.
―¿Eh?
Mientras miraba al jardín que estaba situado justo debajo del balcón, justo cuando Al exhaló un suspiro de alivio, le dijeron que estaba en más peligro que antes.
Dejando escapar una voz tonta, Al regresó su mirada al balcón. Entonces, al otro lado del barandal de hierro, vio el brazo pálido al que se había aferrado apresuradamente; la dueña del brazo sonreía sádicamente. Era una joven de cabello anaranjado, vestida con un atrevido vestido rojo que dejaba al descubierto su deliciosa piel. Sosteniendo sin esfuerzo el cuerpo de Al con el brazo izquierdo que él tenía agarrado, ella le extendió sus delicados y pálidos dedos…
―¡¿Pri-Princesa?! ¡Princesa! Con un corazón más misericordioso, ¡por favor, escúchame! Solo tengo una cosa que pedirte, ¡te lo prometo!
―A pesar de que haya sido solo por unos cuantos segundos, has de abrazar el honor de tocar mi exquisita piel de gema, y te hundirás hasta el fondo.
―¡Aaaaaay!
Junto con la cruel declaración, los dedos de la mano de Al fueron apartados del brazo de ella como si hubieran sido repelidos. Lo que ella hizo fue, básicamente, un golpe rápido en la frente, solo que lo aplicó en los dedos de Al; sin embargo, la velocidad y la fuerza de ese golpe rápido estaban en un nivel completamente diferente. Un sonido agudo resonó, y la fuerza del impacto lanzó todo su cuerpo por los aires.
Voló hacia atrás con la sensación de Ěotar en el aire tomando el control de su cuerpo, mientras permanecía boca abajo… se precipitó de cabeza en un cuerpo de agua, sumergiéndose bajo la superęcie.
―¡Ju, ju, ju-justo ahora! ¡Siento como si el señor Al hubiera caído en el estanque!
―Oh, Schult. Te has dejado ver en el momento idóneo. Tengo el deseo de tomar té, así que has prepáralo sin demora. Es tu trabajo. No me hagas esperar.
―¡S-Sí! ¡Por supuesto! Pero, ¡el señor Al también parece que tiene problemas!
Con burbujas Ěotando por los huecos de su casco, Al se hundió en el agua bastante profunda. A lo lejos, pudo oír la voz preocupada del niño, así como una risa bulliciosa que provenía de la muchacha que estaba usando su aprieto como aperitivo para su aburrimiento.
“… Me pregunto qué diablos estoy haciendo.” pensando eso, Al dio una patada en el fondo del estanque, impulsándose hacia la superęcie con un potente empuje.
2
En la zona suroeste del Reino Dragón de Lugunica, este lugar era conocido como la Baronía Barielle, la cual era gobernada por el barón Leip Barielle. Leip, el Señor del territorio, había establecido una regla de tiranía que era odiada por todo su pueblo. También había establecido fuertes impuestos y hecho obligatorio el trabajo excesivo, lo que hizo que en una ocasión se hablara de la Baronía Barielle como una colonia penal.
No obstante, durante estos pocos meses, la mala reputación de la Baronía Barielle había desaparecido en las sombras. Lejos de eso, circulaban rumores de que las relaciones entre el Señor del territorio y el pueblo estaban en su mejor momento en los últimos años.
Todo ello se debía a Leip, que había cambiado de actitud tras tomar como esposa a una mujer joven, inteligente y hermosa, fruto de comenzar a esforzarse por su pueblo y que… no. Todos sabían que no era así.
El cambio no se había producido en su actitud, sino en el propio Señor del territorio. En particular, aunque Leip había estado administrando su Baronía, cayó enfermo, por lo que su esposa, que se convirtió en la Señora del territorio en su nombre, había mejorado las relaciones de sus tierras con su propia habilidad.
Desde que Leip había caído enfermo, el destino de su territorio fue conęado en manos de la elegante mujer, sustituyendo la posición de Leip como nueva Señora de la Baronía. Sus talentos eran considerados como algo divino, y había capturado de golpe los corazones de la gente.
Ocupando el lugar del anterior Señor que explotaba continuamente a su pueblo, había una Señora que administraba un reinado que apoyaba a su gente. Con su belleza digna y sin precedentes, así como sus frecuentes observaciones del territorio que la hacían accesible, la gente de la Baronía Barielle estaba cautivada por su existencia.
Esa era la reputación de la compasiva mujer, admirada y alabada por la gente como la “Princesa del Sol”.
―…Si se corre la voz de que la Princesa del Sol intentó ahogar a su asistente arrojándolo al estanque, no tengo idea de qué van a pensar las personas al respecto.
―No hables de algo tan escandaloso como eso. Para empezar, los muertos no tienen boca para que su voz sea escuchada… Comparando las aęrmaciones de ti, un ruęán que se asemeja a un hombre sospechoso, y la hermosa yo, ¿a quién crees que la gente le creerá?
―¡Lo que acabas de decir ahora es especialmente escandaloso, sin duda! aęrmó Al, con un pulgar hacia arriba, mientras estaba sentado con las piernas cruzadas cerca del estanque en el jardín de la mansión.
Estaba empapado de la cabeza a los pies tras haber sido sumergido en el estanque, y su ropa, por no mencionar la interior, también estaba completamente mojada. Al quitarse las zori para exponerlas al sol, la mitad superior del cuerpo de Al quedó desnuda mientras se quitaba el chaleco, luchando por exprimirlo.
Colocando la tela entre su barbilla y su pecho, usó su brazo derecho para apretarla con fuerza. Era natural que tuviera dięcultades para exprimir el agua de su ropa, ya que solo tenía un brazo, pues el izquierdo no estaba donde debería estarlo.
―¡Señor Al, yo la exprimiré! ¡Por favor, déjamelo a mí!
Incapaz de quedarse de brazos cruzados y ver a Al seguir batallando, el pequeño decidió levantar la voz. Con una cara tierna y adorable, y vistiendo un pequeño uniforme de mayordomo, su apariencia era reconfortante porque parecía que estaba tratando de hacer algo que todavía no podía hacer.
Por otro lado, incluso esos sentimientos fueron…
―Para. Será problemático si tus dedos se ponen ásperos por realizar un lavado como ese. Si tu comodidad ha de deteriorarse, te destituiré inmediatamente del puesto de recostarte a mi lado.
―¡Uah, uah, uah! ¡Lady Priscilla, me sorprenderé si me abraza tan repentinamente…!
Justo cuando ella lo tomó en sus brazos desde detrás, el chico con el rostro enrojecido, Schult, se encogió en sí mismo. Mirando su expresión avergonzada mientras era introducido en los brazos de la joven, era un misterio cómo la impresión que provocaba sonrisas anteriormente había cambiado a una sensación inmoral, hasta el punto de que resultaba casi extraño.
―¿Qué, Al? ¿Por qué razón nos miras distraídamente con una expresión de idiota en tu rostro?
Diciendo eso, la joven de cabello naranja que tenía a Schult en sus brazos sonrió atrevidamente.
Ciertamente ella era el sol, alguien con una belleza radiante tan brillante que cegaría los ojos de las personas que la vieran. Cabello naranja que brillaba a la luz del sol y ojos que eran como llamas que ardían ferozmente. Con el encanto cautivador que poseía, así como sus reęnados miembros que se exponían sin remordimientos, cautivaba los corazones de quienes la veían, sin importar si eran hombres o mujeres.
Una joven que dejaba una impresión tan fuerte, que incluso su vestido rojo no lucía lo suęcientemente bien comparado con ella. Era nada menos que la propia Princesa del Sol, que dirigía la Baronía en lugar de su marido, la propia Priscilla Barielle.
―Ah, nada, solo estaba conęrmando que el Oneshota es lindo, sí. Gracias por la comida.16
―De nuevo, esa es una palabra que yo no conozco. ¿Es otra del “Idioma de la Gran Cascada” de tu pueblo natal o algo así?
―Sí. Además, hay agua por aquí y allá dentro de mi casco, y es difícil ver lo que tengo delante. Es algo así.
Alineando excusas vagas, Al se puso la mano en el casco, haciéndolo sonar mientras se lo ajustaba. El sonido metálico procedía de la parte soldada del casco de acero negro que siempre llevaba en la cabeza.
Schult, que seguía en brazos de Priscilla, abrió ampliamente los ojos al ver cómo Al jugueteaba con su casco.
―¡El casco! ¡Su casco se oxidará si lo deja así! Si se queda sin casco, ¡se quedará sin cabeza! ¡Qué miedo! ¡Tiene que secarlo rápido!
―Tu malentendido es adorable, pero mi cabeza no está hecha de hierro, así que no me quedaré sin ella, ¿sabes? Y tampoco hay necesidad de preocuparse por que este casco se oxide.
―¿Eh? ¿No se oxidará? Y usted también tiene cabeza… es un poco decepcionante.
16 La mayoría de los lectores probablemente ya lo sepan, pero おねショタ (oneshota) signięca: «chica mayor x chico joven».
―No sé qué parte de eso es decepcionante, Schult.
Al sonrió irónicamente a Schult, que parecía triste por alguna razón, y luego le dio un manotazo a su casco para sacar el agua.
―Este casco ha sido fabricado de forma especial. Es algo con lo que tengo una conexión bastante especial, ¿ves?
―Eh, es la primera vez que escucho sobre ello. ¿De dónde lo has robado?
―¡¿Por qué tu primera opción es “robar”?! Vamos, ¡ten más fe en mí!
―No puedo pensar que alguien con tus medios sea capaz de comprar algo de ese calibre. ¿De dónde lo has robado?
―¡Es del Coliseo de los gladiadores en el que estuve hace mucho tiempo…! Pero ¡no es que lo haya robado! Es que cuando huía de aquel lugar, un tipo de buen corazón me lo dio. Estaba expuesto en el Coliseo, así que creo que es un casco bastante decente. A lo mejor.
En el momento en que la palabra “gladiador” apareció en la explicación de Al, la tristeza recorrió la expresión de Schult durante un breve instante. Por otro lado, la actitud de Priscilla, que ni siquiera parpadeó a pesar de oír la misma palabra, hizo que Al se alegrara un poco.
―En efecto, fuiste uno de los gladiadores en Vollachia. Si es así, entonces debes de ser de algún lugar de la Isla de los Gladiadores Ginunhive. Ese casco sería un objeto asociado al Rey Gladiador, o de forma más exacta, una réplica.
―¡Ni siquiera puedo ocultarle nada a una persona tan culta! Sí, tienes razón, me obligaron a trabajar en la Isla de los Gladiadores durante mucho tiempo. Allí también es donde perdí mi brazo izquierdo. El casco es la alternativa para mi indemnización. escupió Al de mala gana, algo ofendido por el hecho de que su historia personal hubiera sido expuesta tan profundamente. De cualquier forma, dejando de lado su origen, era cierto que su casco había sido fabricado de forma especial. No había necesidad de quitárselo y secarlo.
―Así que no sirve de nada, aunque pongas esa cara de curiosidad, Schult.
―Ah, um, ¡la verdad es que no me da curiosidad! ¡Los hombres son más que solo su cara!
―¡De eso no es de lo que estaba hablando! ¡Y me hirió innecesariamente!
Sin poder consolar a Al, los hombros de Schult cayeron desanimadamente. Al acariciar la cabeza del chico, cuando Priscilla lanzó una mirada de reojo al hombre con casco…
―¿Qué? El valor de un hombre no es determinado solamente por su rostro; no obstante, es uno de los estándares que, en última instancia, decide su valía. Schult, tú tampoco debes olvidar que te has ganado mi favor debido a tu adorable apariencia. Debes retrasar tu desarrollo tanto como sea posible. Además, no seré misericordiosa con cualquier vello no deseado.
―Al menos haz que sea una orden que de alguna forma se pueda cumplir con esfuerzo, Princesa.
―¡Ha-Haré mi mejor esfuerzo…!
―¡¿Ves?! Schult es tan sincero que se lo creyó.
Mientras Schult hacía su declaración apretando los puños, Al le dio una mirada de lástima. Por otro lado, para Schult, dedicarse a Priscilla era algo que equivalía prácticamente a su razón de vivir. Sería insensible interponerse en su camino.
Después de elegir en qué dirección iría su asistente con un comentario casual, Priscilla sacó un abanico de su escote. No importaba cuántas veces Al viera el mismo gesto, era un escondite atrevido que también resultaba agradable a la vista, pero Priscilla se tapó la boca con el abanico, y…
―Hm, el tedio que se había desviado ha vuelto. Al, pronto has de proporcionar tu próximo acto de entretenimiento. He disfrutado viéndote ahogarte en el agua. Lo siguiente será… hmm, ¿has de bailar encima de una hoguera?
―Ohh, es una buena idea. También tenía ganas de secar mi ropa ahora mismo, ¡oye, idiota!
―Pese a estar a punto de aceptarlo una vez, ¿por qué has recuperado tu juicio tan abruptamente? ¿Qué fue eso, justo ahora?
―Solo hago el papel de hombre sensato después de ęngir que le sigo la corriente al tonto, pero no hagas que tenga que explicarlo. Me vas a desgastar el corazón.
Cuando Al, abatido, se encogió de hombros, pudo ver que el ánimo de Priscilla empezaba a inclinarse al lado malhumorado. Era tan voluble como un gato, pero mucho más violenta que uno. Eso era lo que daba miedo de su Señora.
Pensativo, Al inclinó la cabeza hacia un lado, inseguro de qué hacer, aunque quería complacerla de alguna forma.
―Como bufón que sirve para mi entretenimiento, siempre has de mantenerte consciente de tu deber mínimo. Acata el ejemplo de Schult. Si fueran mis palabras, aquel está dispuesto a cumplirlas, sean lo que sean.
―Es una exigencia demasiado exagerada.
―No lo es. Schult, cuéntame una historia que alivie mi tedio. Ahora mismo, en este lugar.
―¡¿Eh?! Ah, sí, haré mi mejor esfuerzo. Umm, umm…
Como Al no podía cumplir sus deseos, Schult fue elegido para recibir la tiranía de Priscilla en su lugar. Ver al chico pensando todo lo que podía para que se le ocurriera algo empezaba a pesarle en la conciencia, así que intentó detenerlo, pero…
―¡Ah! ¡Me acuerdo de una cosa! Hace un momento, una sirvienta estaba hablando de un rumor. con su rostro iluminado, Schult habló con la mano levantada en el aire.
―¡Escuché que ha habido muchos casos de personas desaparecidas, en una aldea que está al sur del territorio! Hay un bosque cerca de la aldea, ¡y se dice que cualquiera que se acerque al manantial no podrá regresar! Es un rumor sobre la “Pesadilla de Ladrima”. Ooh, ¡qué miedo!
―¿Qué demonios? Con eso de que no tengo cabeza y lo otro, ¿te gustan las historias de Hollows o algo así?17
Sonriendo con ironía al darse cuenta del inesperado interés de Schult por los Hollows, Al dejó escurrir el agua por las aberturas de su casco. Después de eso, dejando escapar un ruido metálico de la parte soldada del mismo, cuando volteó hacia Priscilla con un: “Oye, Princesa…”.
―La aldea al sur, “Pesadilla de Ladrima”, un manantial que provoca el desaparecer de la gente… Ya veo.
17 Hollow = fantasma en el universo de Re:Zero
Ver a Priscilla murmurando de forma cansada hizo que Al tuviera un mal presentimiento.
Y así, el mal presentimiento que tenía se hizo realidad antes de que pudiera hacer algo.
―Interesante. dijo Priscilla, cerrando su abanico y apuntando con el extremo de este hacia Al y Schult.
―Será suęciente para aliviar mi tedio. ¿Por qué no resuelvo ese incidente por mi propia mano?
Completamente motivada y totalmente dispuesta a meter su nariz en un asunto problemático, Priscilla sonrió, con una expresión tan brillante como el sol.
3
…Ladrima, el poblado que se encontraba en la zona sur de la Baronía Barielle, era una aldea normal que podía encontrarse en cualquier parte. Lejos de las carreteras principales del Reino, cualquier señal de su desarrollo era escaso. No era más que una de las muchas aldeas que existían dentro del territorio, y lo único que tenía de mínimamente popular eran sus Ěores, que eran la especialidad de la aldea. Los aldeanos vivían sus vidas con pocos cambios porque les gustaba que fuera así. Por eso, en la actualidad, la aldea de Ladrima estaba envuelta en un alboroto debido a los extraños incidentes que rara vez les pasaban.
―…Bueno, es por eso por lo que dije que deberíamos disfrazarnos antes de venir aquí.
―No digas tales tonterías. ¿Por qué sería necesario para mí el disfrazarme y el eludir la atención de la gente? No hay razón existente para que yo me avergüence. Los plebeyos han de grabar mi inĚuencia en su memoria hasta hartarse.
―Digo eso para asegurarnos de no destacar, no porque debamos de sentirnos avergonzados, pero… creo que ya no se puede evitar.
Rascándose la nuca, Al suspiró por las miradas que les dirigían. Todas ellas venían de los aldeanos de Ladrima, que estaban sorprendidos por los intrusos que aparecieron de forma tan repentina, lo que era una reacción razonable.
Después de todo, el carruaje de dragón que se detuvo en la aldea estaba decorado con oro, plata y joyas, que era básicamente la forma exteriorizada de los gustos de un rico presumido.
Junto con un carruaje de oro brillante y elocuente, si además de eso aparecía una joven extraordinariamente hermosa, era justo que los aldeanos se sintieran confundidos, inseguros de lo que estaba pasando. Tal y como Al había pensado, gran parte del asombro de los aldeanos se dirigía hacia Priscilla y el carruaje de dragón, pero no era consciente de que bastantes de ellos miraban ęjamente al hombre manco, con casco y atuendo excéntrico.
Si se trataba de destacar, entonces la Señora y el sirviente eran similares en ese sentido. En cualquier caso…
―En primer lugar, la base de una investigación es hacer progresos constantes recopilando información de la gente, pero…
―Las investigaciones lentas y constantes no van conmigo. Hemos de dirigirnos inmediatamente hacia el manantial del que se habló antes.
―¡Me imaginaba que dirías eso! Schult, ¿puedes seguir haciéndole compañía?
Dado que su Señora odiaba el sonido de palabras como “lento y constante”, así como “poco a poco”, parecía que no tenía intención de seguir las tenaces reglas de la investigación. Como Priscilla ya se había cansado de esperar, Al intentó encomendársela a Schult, que también la acompañaba.
En cambio, no obtuvo respuesta. Al se dio la vuelta, solo para ver al joven mayordomo repasando con total concentración un gran libro, mientras mostraba una expresión solemne en su cara.
―¿Schult?
―¡Ahh! ¡Ah, lo siento! ¡Estaba demasiado concentrado en el libro!
―Regañarte con “¡Eso es un descuido de tus deberes!” puede esperar. ¿Qué es ese libro?
―¡Me lo dio Lady Priscilla! Dijo que sería útil que recordara las historias para cuando ella estuviera aburrida… Me dijo que siguiera leyéndolo hasta que pudiera recitarlo.
Como Schult acababa de aprender a leer y escribir, estaba luchando con el gran reto que se le había planteado, hasta el punto de que en cualquier momento podría salirle humo de la cabeza. Las acciones frívolas y autocomplacientes de Priscilla eran algo habitual, pero Al seguía sintiéndose mal por Schult, ya que el pequeño estaba a merced de sus caprichos.
―Princesa, ¿qué le has enseñado a Schult esta vez? Siento pena por él.
―El conocimiento ayudará a la vida de uno. Schult tiene una miríada de cosas que debe de aprender. No lo compares con tus estándares patéticamente pequeños según tu propio entendimiento. Mas no negaré tu sentimiento de querer admirar a un Schult diligente y de ojos llorosos.
Mientras se cubría la boca con el abanico, Priscilla le dio una mirada de reojo a Schult. Sus planes, cuidadosamente organizados, eran extremadamente difíciles de descubrir. Aunque también incluía la posibilidad de que el “plan” ni siquiera existiera.
―Schult tendrá que mantenerse fuerte. Aunque es probable que la inquietud de los aldeanos llegue pronto a su límite. En verdad deberíamos explicarles todo el asunto.
―Además de eso, estarás recopilando información de la gente de forma lenta pero constante, ¿es eso lo que estás diciendo? Bueno, supongo que está bien. Hasta que Schult termine de leer su libro, he de hacer una excepción e ir contigo.
Para sorpresa de Al, Priscilla aceptó su aprensiva sugerencia sin protestar. Antes de que ella cambiara de opinión, él levantó la mano mientras miraba a la gente que se reunía a su alrededor desde la distancia…
―Perdón por sorprenderlos. No somos nadie sospechoso. Puede que no lo parezcamos, pero, por favor, piensen en nosotros como algo parecido a un equipo de investigación. Recientemente, han ocurrido un par de incidentes en los alrededores de esta aldea, ¿verdad? Estamos aquí para investigarlo. Haciendo señales hacia las tres personas del grupo, incluido él mismo, mientras aclaraba el propósito de su visita, los aldeanos se miraron entre sí.
Honestamente, lo que decía no era persuasivo. Junto con su aęrmación de que no eran sospechosos, y el equipo de investigación formado por una mujer, un niño y un hombre con casco, había demasiados puntos dudosos. Al ya estaba preparado para que la recopilación de información se volviera complicada y ardua.
No obstante…
―La mujer que está a su lado… Puede que suene grosero si digo esto, pero ¿es la Princesa del Sol?
―¿Oh?
La persona que dio un paso al frente con indecisión era un hombre de cabello corto con algunas canas mezcladas, que parecía cercano a la mediana edad. Miró ęjamente a Priscilla, como si estuviera actuando como representante de las opiniones de los aldeanos.
Al percibir su mirada, Priscilla dio un pequeño resoplido, junto con un “Hmph”.
―Ni una sola vez me he referido a mí misma con ese nombre. Mas es cierto que los plebeyos del territorio me consideran afectuosamente como tal. No obstante, si contemplan mi eminente belleza idéntica al sol, es una conclusión razonable.
―¡Ohh, justo lo que pensaba!
Los ojos del hombre brillaron al escuchar las palabras de Priscilla, que eran bastante autocomplacientes. Después de eso, al transmitir su asombro y estupefacción a los demás aldeanos, todos se arrodillaron simultáneamente.
―¡Pe, Pensar que la Princesa del Sol nos visitaría en verdad! Estuvimos consultando a las aldeas cercanas sobre el manantial, pero…
―Pasó de un lugar a otro, y por ęn ha llegado a mis oídos. He arribado en persona a esta aldea por eso. Seguramente, ¿puedo esperar que no malgasten mi esfuerzo en venir aquí simulando ignorancia, diciendo que es un asunto que ya ha sido tratado?
―¡S-Sí!
Tomando el control de la voluntad de la aldea en un instante, Priscilla miró con satisfacción a los aldeanos arrodillados. Después, se dio la vuelta para mirar a Al, que había permanecido inmóvil todo el tiempo…
―Aquí. ¿Qué haces, Al? Progresar de forma lenta y constante es tu tarea. Yo he de hacer gala de mi autoridad así. Mientras yo lo hago, tú has de cumplir sin demora con tu papel.
―Me parece muy bien, pero… ¡No lo sé, no me basta con eso!
Cuando acompañaba a Priscilla a hacer algo, había veces en que Al dudaba seriamente de si estaba tomando la decisión correcta, o si en realidad se estaba equivocando. Probablemente era porque nunca la había visto fallar.
―Naturalmente. Al ęn y al cabo, este mundo está hecho a mi conveniencia.
Pronunciando su frase característica de forma audaz, Priscilla se rio mientras le daba a Al un empujón de apoyo en la espalda.
Después, gracias a los obedientes y cooperativos aldeanos, la recopilación de información avanzó con bastante Ěuidez.
―Hay un bosque junto a la aldea, y en él hay un manantial. Y, durante estos dos meses, dicen que la gente que se dirigía al manantial desapareció una tras otra. Primero, fue un aldeano, luego fue la persona que fue a buscar al aldeano desaparecido, y luego fue alguien que pasó por allí, y luego…
―Se esparció un rumor insólito; una vez cada varios días, habrá alguien que se acerque al manantial y luego desaparezca. …Qué idea tan peculiar y absurda es.
Priscilla entrecerró los ojos ante la información que había recabado de los aldeanos, organizada y presentada ante ella de forma directa. Parecía terriblemente aburrida, pero Al tenía la misma opinión que ella.
Sin duda, no era más que el dicho: “un cazador de momias convirtiéndose en momia” sucediendo en la vida real.18
―También dijeron que enviaban grupos de búsqueda desde la aldea una y otra vez, pero el resultado ęnal siempre era terrible. Al parecer, el bosque se nubla por la niebla y terminaban quedándose solos cuando se daban cuenta. También hubo casos en los que algunos consiguieron volver sanos y salvos, pero otros tampoco regresaron. Así es como se suceden los incidentes de personas desaparecidas.
―Esa no es razón suęciente para el daño continuo que se ha hecho a esta aldea. Los tontos plebeyos que osan aventurarse en un bosque peligroso, seguramente no se limita a los pobladores de esta aldea. ¿Qué tienta a los forasteros?
Como era de esperar, Priscilla veía las cosas de manera distinta. Impresionado por lo que ella se enfocaba, Al silbó para expresarlo, pero su silbido no emitió sonido alguno. Antes de incurrir en el disgusto de Priscilla con el ruido que sonó como un suspiro ronco, se aclaró la garganta con un “Ejem”.
―Esta es la pieza clave. Trata de este manantial, pero fue exagerado incluso antes de que se extendieran los rumores. Al acercarte al manantial, serás engullido por la niebla. Si consigues atravesarla… supuestamente, podrás reunirte con los muertos.
―…Uhm. Reunirse con los muertos, ya veo.
―También hay rumores de que está conectado con el más allá o lo que sea, pero ambos son un montón de tonterías. Pero, inesperadamente, es un sinfín de gente la que se deja engañar por ese rumor. Hasta ahora, solo unas pocas docenas de
18 ミイラ取りがミイラになる («un cazador de momias convirtiéndose en momia») es una frase que se utiliza cuando alguien que fue a buscar algo o a alguien, termina siendo inĚuenciado o atrapado por lo que o quien estaba buscando. También puede signięcar que alguien que fue a convencer a alguien más, termina siendo convencido en lugar de la otra persona.
personas han sido víctimas de él, pero podría convertirse en un incidente grave si el número sigue aumentando.
Si el origen de los rumores… la raíz de todos los males, no se resolvía rápidamente, podría convertirse en una situación en la que el país no tuviera más opción que movilizarse. Una vez que eso pasara, aunque el asunto se resolviera, las capacidades de Priscilla como Señora de la Baronía se verían cuestionadas.
Como alguien que estaba a la espera de participar en la Selección Real, sería preferible que se evitara ponerla en una mala posición. Pensando desde ese punto de vista, la elección de Schult de informar sobre el rumor del incidente fue absolutamente correcta. Debido a eso, fueron capaces de tomar las medidas necesarias para resolver el problema.
―¿Qué hacemos, Princesa? Hacer un equipo improvisado de investigación y aniquilar el problema sería una de las opciones que podríamos tomar.
―Obviamente, hemos de dirigirnos inmediatamente al bosque e inspeccionaremos el verdadero manantial. Si es un problema que puedo solucionar, entonces he de ponerle ęn con mis propias manos. ¿No hay objeciones?
―¿Hablas en serio? Con dirigirnos al bosque, ¿quieres decir… que entrarías allí? Podrían salir insectos por ahí, ¿sabes?
―Tonto. ¿Es esa razón suęciente para que yo me retire? En primer lugar, mi radiante autoridad repele aquellos equiparables a insectos.
Declarando algo que en realidad no podía aęrmarse como mentira, Priscilla parecía completamente motivada para entrar en el bosque.
No era una decisión con el propósito de ser digna de elogio, ya que Al sabía que Priscilla no decía eso solo porque quisiera encargarse del problema de inmediato. Simplemente le pareció que parecía bastante proactiva a la hora de resolver el asunto. A diferencia de lo que era habitual en ella, estaba siendo comprensiva.
Por otro lado, el nivel de desconcierto de Al no era tanto como el de los aldeanos que acababan de enterarse del plan de Priscilla.
La idea de que la representante del Señor del territorio, Priscilla, se aventurara directamente en el bosque, les provocaba un tipo de perplejidad que les hacía sentir como si su mundo estuviera de cabeza. Presas del pánico y con total alteración, los aldeanos trataron de impedirlo.
―¡Nos, Nosotros no podemos permitir que la Princesa del Sol haga algo tan peligroso! Si insiste en que debe ir, ¡la seguiremos! Todos los aldeanos ayud…
―¡Espera, espera, espera, espera! Sé que estás preocupado, ¿pero todos los aldeanos? No seas ridículo. No seremos capaces de movernos ni un poco si nos acompaña una gran multitud.
Al habló, alarmado cuando el jefe de la aldea perdió la calma, pero parecía que el hombre no era la única persona que creía en la imprudente declaración que hizo al momento. Los aldeanos parecían realmente dispuestos a acompañar a Priscilla.
El jefe apretó el puño con fuerza, con un ligero temblor en la voz.
―La era del anterior Señor del territorio nos pareció un inęerno. Las palabras no bastan para describir nuestra gratitud hacia usted, la Princesa del Sol, que ahora gobierna la Baronía en lugar de ese Señor. Al menos, ¡déjenos ser sus escudos humanos!
―Hm, hm. Esa forma de pensar no está mal. Lo están haciendo bastante bien para ser una horda de plebeyos. No olviden la lealtad que me están jurando.
―¿Es momento de decir eso?
Priscilla parecía estar contenta, pero solo sería problemático y pesado, aun si trajeran un montón de gente incapaz de luchar.
Utilizando su vocabulario al máximo, Al se esforzó por engatusar a los aldeanos para que dejaran de brindarles ayuda.
―Les agradecemos mucho que piensen así, pero no tiene sentido sobrecargarnos con escudos humanos. La Princesa del Sol desea que se queden aquí tranquilamente, esperando buenas noticias.
―Esa es una interpretación bastante conveniente de mis palabras.
―¡La Princesa del Sol desea que los habitantes del territorio permanezcan a salvo! Hurra, ¡larga vida a la Princesa del Sol!
―¡L-Larga vida a la Princesa del Sol…!
Cuando Al levantó los brazos al aire con desesperación, los aldeanos se vieron incitados a hacer lo mismo mientras alzaban la voz. La situación se estaba desarrollando de manera muy forzada, pero con esto, Al esperaba poder poner ęn al autosacrięcio de los aldeanos.
Después de eso, todo lo que tenían que hacer era darse prisa e irse antes de que los aldeanos entraran en razón.
―Vamos, Princesa. La vida es limitada, pero las posibilidades son inęnitas. Let’s go por un mañana esperanzador.
―Mh, ¿”let’s go”, dijiste? Es una nueva palabra del “Idioma de la Gran Cascada”. Me gusta cómo suena.
Cuando Al jaló suavemente la mano de Priscilla, ella lo siguió sin enojarse ni protestar. Detrás de ella, Schult seguía lidiando con el contenido del libro, siguiéndolos mientras parecía que la cabeza le iba a explotar en cualquier momento.
―Bien, entonces hemos de solucionar la situación sin demora. Let’s go. usando la palabra recién aprendida, con buen humor, Priscilla autorizó la partida del carruaje de dragón.
Los aldeanos observaron el carruaje dorado partir, dando tres vítores a Priscilla durante todo el rato.
4
El bosque con el manantial en cuestión tenía un ambiente peculiar que Ěotaba a su alrededor, como si rechazara que cualquier persona entrara en él.
Tanto si se debía al problema del manantial que estaba ocurriendo, como si era algo propio del bosque que estaba allí desde el principio, fuera lo que fuera, no cabía duda de que algo malévolo estaba impregnando la zona.
―Bueno, aun así, ignoramos eso y entraremos en el bosque sin dudarlo. murmuró Al con calma, mientras pisaba la hierba que asomaba por el suelo y forzaba la vista hacia los grandes y descuidados árboles.
Varios minutos después de partir de Ladrima, el trío llegó a su destino, y ya habían comenzado su investigación mientras pisoteaban el suelo. Por supuesto, no podían atravesar el bosque en el carruaje de dragón, así que la inspección se estaba llevando a cabo a pie.
Al caminaba al frente, usando su Espada Dragón Azul para abrirse paso cortando la vegetación que les bloqueaba el camino. Marchaban hacia adelante de tal forma que las dos personas que iban detrás de él seguían sus pisadas, que se formaban en el suelo con los ęrmes pasos de sus zori. Así…
―¿No era mejor dejar a Schult en el carruaje de dragón, junto con el conductor?
Girando la cabeza hacia un lado, Al se dirigió a las dos personas que iban detrás de él: Priscilla, que se adentraba audazmente en el bosque con sus zapatos de tacón alto, y Schult, que la seguía tímidamente mientras la tomaba del brazo.
Al oír esas palabras, la mirada de Schult se transformó en una de disculpa. Por el contrario, Priscilla fulminó a Al con la mirada.
―Tonto. Si Schult se hubiera quedado en el carruaje de dragón, no encuentro el sentido de traerlo con nosotros. Soy capaz de discernir que deseas estar a solas conmigo en la oscuridad, pero piensas demasiado con la parte inferior de tu cuerpo.
―¡No hice esa sugerencia con pensamientos inmorales! ¡La hice con la parte superior más pura de mi cuerpo!
―¡Est, Está bien! Haré mi mejor esfuerzo para no causarle molestias a los dos… ¡ah! ¡Me voy a caer! ¡Muh! ¡Lo soportaré!
―Hm, bien hecho, Schult. He de elogiarte por ello.
A diferencia de Al, cuya sugerencia había sido apartada, Schult parecía deleitado, elogiado por Priscilla después de casi tropezar. No es que estuviera celoso. Tal vez, quizás.
Más que eso, lo que más le preocupaba era la lentitud con la que caminaban y el ambiente tenso. El alboroto por el manantial no atraía demasiado su interés, pero le estaba estresando lo lentos y pausados que estaban siendo.
―¿Por qué no solo incendiamos el bosque? Así será rápido y fácil porque el manantial también se evaporará.
―El número de las tontas declaraciones que dices ha aumentado más de lo usual, Al. En primer lugar, ¿cómo vas a solucionar el incidente utilizando tal método? Eso es equiparable a una derrota.
―¿Es un problema de ganar o perder?
―Todo lo será, si uno lo considera como tal. Como los perdedores siguen siendo derrotados sin reconocerlo, la creencia de que perderán incluso antes de que empiece el partido se arraiga en ellos. aęrmó Priscilla con ęereza, cruzándose de brazos con un “Para empezar”.
―También son de mi agrado las llamas. Quemar objetos me emociona.19 Mas, prender fuego al bosque solo porque hay gente que se acerca al manantial… eso es una razón rastrera y despreciable para el incendio que sería causado. Qué insensato.
―Lo que no entiendo más que esas son tus preferencias… Pero, está bien, lo entiendo. Volveré a cortar las plantas.
Decidiendo al instante que no tenía sentido oponerse a las opiniones de Priscilla, Al se centró en crear un camino por el que pudieran caminar con su Espada Dragón Azul. El camino hacia su destino era un sendero sin huellas. El bosque era tan denso que podía entender por qué mucha gente desaparecía, pero también lo hacía preguntarse si la razón por la que desaparecían no estaba relacionada con el manantial.
19 Lo que Priscilla realmente dice aquí es «テンションが上がる». Que sería «mi tensión está aumentando» si se tradujera de manera literal, pero eso signięcaría algo distinto.
No había muchas razones para adentrarse en un bosque que no era tan grande. Aunque, eso era comprensible, ya que ni siquiera cumplía con los requisitos de tener un sendero por el cual la gente pudiera pasar.
―Tentados por el manantial del bosque, ya veo. Qué cuento más trillado. dijo Priscilla desde atrás, como si intentara reprimir su aburrimiento. Al oír eso, Al asintió con un “Sí”.
―Al parecer, la primera persona que desapareció vio una luz magníęca que danzaba en el bosque. Fue guiada por ella, y la siguió sin pensarlo… Y ahora, aquellos que quieren reunirse con los muertos siguen siendo tragados por el manantial, uno tras otro.
―Querer reunirse con los muertos… Cada vez se reduce más a un cuento trillado.
Al sintió que algo estaba fuera de lugar con lo que Priscilla acababa de decir. Aburrimiento, enojo, insatisfacción, gozo, alegría… sus caprichos eran erráticos y elusivos, pero lo que murmuraba no coincidía con ninguna de esas emociones.
Era como si en ese momento sintiera una emoción parecida a la envidia o a los celos. Eso era lo que él pensaba.
―…Princesa, ¿no tienes a alguien con quien te quieras reunir?
―No tengo ni idea. De forma reciente, la única persona con la que estoy familiarizada y que ha fallecido es mi querido marido.
―Aún no está muerto. Desde un punto de vista externo, solo está bajo cuidados médicos.
―Incluso deja el cuidado de su sistema excretor en manos de otros. Sin duda, eso es equivalente a estarlo.
Al ya no podía percibir ningún indicio extraño en su actitud, que ni siquiera intentaba ocultar su disgusto. Ignorándola y encogiéndose de hombros, miró a Schult, que había permanecido en silencio durante su conversación. Quizás, el tema del que Priscilla y él hablaron era inquietante para un chico tan joven como Schult. Tal y como esperaba, Schult pareció recordar a la persona que se había mencionado en su diálogo, y su cara se puso blanca como el papel.
―El Señor era… una mala persona, ¿cierto?
―Lo contrario de la justicia es otro tipo de justicia. Hay un sabio dicho así, pero al Señor Leip no se le puede calięcar de justo, por no decir otra cosa. Es un tipo completamente malvado. Aunque tampoco es que nosotros seamos los justos.
Marido de Priscilla y quien originalmente era el Señor de la Baronía Barielle, Leip Barielle había estado confabulando para hacerse con el verdadero poder del Reino utilizando a su esposa como su títere. Sin embargo, sus objetivos fueron destrozados por Al y Schult, y ya había quedado devastado mentalmente, perdiendo la capacidad de funcionar con normalidad en la vida cotidiana.
―Mucha gente se alegró de verlo así. Es una prueba de la popularidad de la Princesa, pero es lamentable.
―Pero, yo… al menos, rezaré para que su alma esté en paz.
―Ya dije que todavía no está mue… intentó decir Al, pero se detuvo al ver que Schult cruzaba las manos con expresión solemne. Supuso que estaba bien que al menos una persona llorara sinceramente a Leip, con la esperanza de que el Señor se volviera, aunque fuera solo un poco, mejor en su próxima vida.
―Agh, para, para. Es una pérdida de tiempo, el rezar por ese hombre demacrado y senil.
En cambio, parecía que Priscilla desaprobaba la oración a la que Al había hecho la vista gorda. Con una mirada ardiente en sus ojos, sacudió la cabeza de Schult, que se aferraba a su brazo.
―Si tienes tiempo para dedicarlo a tales trivialidades, vuelve a memorizar el contenido del libro.
―¡Eh, ah, sí! ¡Memorizaré el contenido del libro! Uhm, el primero es…
―No maltrates a un niño inocente…
Aunque Al se reęrió al comportamiento inmaduro de Priscilla, Schult dejó de rezar y regresó a su recitación del libro. “Pobre Leip”, pensó mientras, en su interior, juntaba las manos en una oración para el Señor en lugar del pequeño, clavando su espada en una rama sorprendentemente gruesa que tenía delante y cortándola.
―Hablando de eso, Al. Parece que rechazas la idea de reunirte con los muertos, algo casi terrible.
―Porque es imposible que exista. Si morimos, se acabó. No podemos reunirnos con los muertos, y no se nos permite intentar hacerlo. Eso solo nos hará miserables. Tú tienes la misma opinión, ¿verdad?
El espacio entre los árboles era pequeño y estrecho. Agarrando una rama, Al le dio una patada. No se rompió de un golpe. Volvió a golpearla con el pie, pero seguía negándose a romperse. La madera era dura.
―Aunque hayamos llegado a conclusiones similares, con respecto a tú y yo, los procesos que hemos seguido para llegar a eso son dispares. No podemos reunirnos con los muertos. Eso es cierto.
―………………
Con su tercera patada, el árbol se desplomó con un ruido sordo. Levantándolo con su espinilla y apartándolo, continuó creando el camino…
―¿O… es que hay alguien con quien no deseas reunirte?
Rechinando los dientes ante las palabras que resonaban en sus oídos, la pierna en la que había puesto demasiada fuerza arrojó a un lado el árbol caído. Rodó desordenadamente por el suelo del bosque, alborotando las hojas y ramas cercanas, y Al exhaló un largo suspiro.
Realmente era una chica que pisoteaba directamente y sin piedad los corazones de los demás.
―¿Sabes qué, Princesa? ¿De verdad crees que voy a hablar de algo tan serio como eso…?
Calmando su corazón a la fuerza, Al ęngió una actitud despreocupada y se dio la vuelta. Sin embargo, sus palabras no llegaron a Priscilla. No solo a ella, sino también a Schult.
―………………
La zona estaba cubierta en niebla. Y, antes de que se diera cuenta, Al se quedó solo.
5
Al observó a su alrededor. Cuando se dio cuenta, su visión estaba nublada por el blanco, y sentía que estaba en un mundo que solo vagamente se parecía a un bosque. De hecho, no estaba seguro de seguir en el bosque. Incapaz de sentir la presencia de las dos personas que estaban a su lado, colocó su Espada Dragón Azul sobre su propio hombro.
―Tiene que ser una broma. Esto se está desarrollando tal y como oí que sería.
El testimonio de los aldeanos, la historia de la que él dudaba, pensando que no era más que un cuento sospechoso, se había hecho realidad. Adentrarse en el bosque del manantial provocaba que el intruso fuera capturado por la niebla, dejándolo completamente solo. Había gente que conseguía atravesarlo y regresar, pero si no tenían suerte, entonces sería arrastrado al manantial…
―Y podrán reunirse con los muertos, ¿eh? Lo siento, pero eso no me hace feliz.
Dependiendo de la persona, podría valer la pena correr el riesgo de desaparecer por eso, pero reunirse con los muertos solo hacía que Al sintiera que era algo raro.
―En lugar de eso, estaría más feliz si pudiera tocar accidentalmente a la Princesa con el pretexto de la niebla.20
Dando prioridad a segundas intenciones sobre el sacro misterio del manantial, Al extendió su Espada Dragón Azul y separó la niebla. La punta de la espada tocó el aire, y no pudo detectar la existencia de los árboles que antes abarrotaban la zona. No era natural.
Siguiendo la teoría de cuando uno se pierde en un lugar desconocido, lo más prudente sería quedarse quieto todo lo posible. No obstante, Al sabía que sus dos compañeros, que eran poco convencionales e ignorantes respectivamente, probablemente no se acatarían a eso.
―No tengo más opción que ir a buscarlos, ¿eh? Dame un respiro.
Exhalando un suspiro ante la situación en la que no tenía más remedio que moverse activamente, avanzó de forma tranquila entre la niebla.
20 Lo que Al en realidad dice aquí es: «ラッキースケベ» (lucky sukebe). Es un tipo de fanservice en el anime/manga donde un personaje accidentalmente ve a otro personaje desnudo o donde accidentalmente le toca «ya sabes qué» a otro personaje.
Que la niebla se atribuyera a una señal de desgracia era una idea aceptada en todas las partes de este mundo. La niebla que lo rodeaba era diferente de la que se consideraba un mal presagio, pero no por ello era menos inquietante.
Rastrillando la niebla, tan espesa que podía sentirla, Al aguzó el oído en busca de sus dos compañeros. Se resistía a llamarlos por instinto. De alguna manera, tenía un mal presentimiento. Era…
―… ¿Quién es?
Al se detuvo de golpe, cauteloso ante el aliento que oía más allá de la niebla. En el interior del casco, lo que agitaba sus tímpanos era el sonido de la respiración de otra persona, pero era demasiado profunda para que pudiera pensar que se trataba de Priscilla o de Schult.
Era obvio que la otra persona sonaba como un hombre. Ninguno de sus compañeros encajaba con esa descripción. Con las tensiones subiendo, Al se preparó.
―………………
Delante de él, pudo oír el débil sonido de unos pasos que se acercaban. Se dirigían rápidamente hacia él.
Seguramente, no era posible que los muertos aparecieran…
―…Te encontré, traidor.
―………………
Mientras Al se estremecía, un anciano de complexión robusta atravesó la niebla, apareciendo ante sus ojos. Era un anciano de cabello blanco que usaba vestimentas bien confeccionadas y tenía los ojos turbios por la ambición.
Era alguien que Al reconoció. Con los ojos hirviendo de odio, el hombre lo miró ęjamente…
―Eres un…
―¡¡Ya dije que todavía no está muerto!!
Antes de que el hombre escupiera su rabia, Al le lanzó un tajo que lo cortó en diagonal.
―………………
Incapaz de reaccionar a tiempo al repentino acto de violencia, el anciano recibió el golpe por completo. Entonces, el hombre simplemente se dispersó en la nada al caer de espalda, fundiéndose en la niebla sin dejar rastro.
Viendo desaparecer al hombre, Al levantó su Espada Dragón Azul mientras respiraba con dięcultad. No había manchas de sangre en su hoja.
―¡Oye, así que en verdad es una historia falsa! Al menos tráeme a los muertos. ¡A los muertos!
Ante la súbita aparición del anciano al que recientemente se mencionó en la conversación, más aún, que seguía vivo, Al expresó su enojo hacia el chapucero y descuidado fenómeno sobrenatural. No importaba cómo lo viera, lo que acababa de ocurrir era demasiado realista.
Probablemente no fue porque decidiera escuchar la opinión de Al, pero mientras seguía despotricando, múltiples sombras surgieron a su alrededor, cambiando de lugar con la desaparición del falso Leip.
Un hombre enorme cubierto en armadura de la cabeza a los pies, un hombre vestido de negro que sostenía una larga katana, un hombre semidesnudo, más pequeño, que tenía cuchillas fusionadas a sus puños, y también había otros que Al pudo reconocer. Dejó escapar un suspiro involuntario.
―Una reunión de compañeros gladiadores me parece bien, pero ¿qué demonios? ¿Ustedes murieron sin que me diera cuenta?
―………………
No hubo respuesta. En lugar de eso, el hombre vestido de negro azotó con su arma, trazando una línea horizontal.
Al redujo inmediatamente la distancia, agachándose para evitar el destello plateado de la espada. Había desaęado ese golpe miles y decenas de miles de veces. Su cuerpo recordaba lo que se avecinaba. Al interceptó el rodillazo que siguió al primer golpe con su propia espada, y atravesó a su oponente en el momento en que este perdió el equilibrio.
El enorme hombre con armadura tenía la costumbre de levantar el brazo cada vez que ejecutaba una técnica poderosa. El más pequeño se distanciaba de los que se lanzaban contra él esperando la muerte, temiendo el daño que pudieran hacerle. Nada había cambiado. De hecho, habían empeorado en términos de calidad.
―¡No son lo suęcientemente ęeles a los originales…!
Atravesando el torso del hombre grande que levantó el brazo, Al lanzó la Espada Dragón Azul hacia el lugar donde sabía que el hombre más pequeño retrocedería, viendo que se negaba a acercarse más. Escupiendo niebla en lugar de sangre desde donde estaban fatalmente heridos, los impostores de sus viejos amigos se desvanecieron.
El siguiente que apareció no era un gladiador. Sin embargo, Al también reconoció su cara. Con toda su gratitud, blandió su espada.
―¡Muchas gracias por el regalo de despedida!
Atravesó el cuello del guardián, la persona que le había dado el casco de acero como regalo de despedida cuando escapó del Coliseo. Viendo cómo la sonrisa maliciosa se disolvía en la niebla, Al conęrmó que había repelido la segunda oleada de enemigos.
―Maldita sea, obligarme a hacer algo que me deja un mal sabor de boca… Todos estaban vivos cuando hui de allí en primer lugar. Ah, excepto Ghajit, a él lo maté.
Al igual que hizo con el impostor, Al había matado a Ghajit atravesándolo por el estómago. Si era eso, entonces podía decirse que ciertamente se había reunido con los muertos.
―Algo no huele bien… Bueno, no tiene caso si no puedes elegir a quién quieres ver.
Solo sorprendería a la persona que fuera a reunirse con los muertos, si las personas con las que se asociaban anteriormente fueran invocadas al azar por todos lados. Para empezar, también aparecían los vivos, así que las condiciones previas para encontrarse con los muertos ya se habían derrumbado.
―Aunque estoy lidiando con los rumores en orden. ¿Será el más allá lo próximo que desmentiré si las cosas siguen así?
En ese caso, predijo que el nombre de “Al” aparecería en la lista de desaparecidos. Para ello, bastaría con que la niebla que había encontrado hace unos momentos lo matara, o que ocurriera otro suceso impredecible en la misma zona.
―Parece que la tercera oleada llegó mientras hablaba de eso.
Mientras Al adoptaba una postura con la espada ęrmemente sujeta en la mano, harto de todo aquello, la niebla que tenía a la vista empezó a retorcerse. La silenciosa y turbulenta niebla se entretejió para formar una ęgura, moldeándola en la existencia de un nuevo ser.
A estas alturas, ya no le sorprendería quién se le presentara… o eso fue lo que pensó. Entonces…
El ser que se suponía construido por la niebla blanca, era de una oscuridad total, hasta el punto de llenar por completo su visión.
Esbeltas extremidades que estaban envueltas por el color oscuro. La niebla agitada fue engullida por la sombra negra azabache que se expandió con vehemencia, perdiendo su forma original y haciendo que el mundo se sobrescribiera con facilidad.
…Lo que se replicó fue un ser prohibido que no debería haber estado allí.
―…Ah.
Una respiración ronca escapó de sus pulmones, y Al fue consciente de que estaba inmovilizado e inutilizado.
Se había dado cuenta de que esta niebla replicaba a las personas con las que su objetivo tenía algún tipo de conexión, estuvieran muertas o no. Sin embargo, esto… era romper las reglas.
Esto trascendía la vida y la muerte. Era un acto blasfemo contra todo lo que alguna vez existió.
―¡Ah, aaaaahhhhhhhhhh…!
Una furia inexplicable y despiadada brotó del interior de Al, haciendo que soltara un grito impulsado por sus intensas emociones.
Tenía que obedecer a la voz que inspiraba su voluntad de actuar, levantándose del suelo de una patada y atravesando la sombra que tenía delante, empleando hasta la última pizca de su fuerza. Eso era lo que tenía que hacer.
A pesar de eso, su grito de determinación resonó agudamente. El pie que se suponía debía pisar el suelo tembló, y la espada con la que planeaba golpear al enemigo se deslizó de su agarre aĚojado, cayendo al suelo.
No podía moverse. No era capaz de moverse. Era imposible hacerlo, porque era inútil.
Miles, decenas de miles, varios cientos de millones de intentos. Incluso con todo eso, era inútil. …Incluso ahora, Al ya estaba seguro de que era imposible.
―………………
Con los dientes castañeando, Al sentía que sus rodillas se doblarían en cualquier momento.
Frente a él, la sombra empezó a avanzar lentamente hacia su dirección. El ser cubierto de negro llevaba un vestido del mismo color que la oscuridad que la ocultaba del mundo. El dobladillo de su vestido se mecía entre las sombras, y sus delgados brazos se alzaban mientras se estiraban.
Él vio cada uno de sus delicados y Ěexibles dedos. Silenciosos, tiernos y cariñosos, buscaban su indefenso cuello.
Estaría tranquilo si ella lo tocara. Estaría tranquilo. Por eso…
―………………

La repentina sacudida de terror hizo que Al se desplomara en el suelo, cayendo de sentón. La petrięcación involuntaria de su cuerpo había desaparecido. Haciendo todo lo posible por retroceder, intentó distanciarse de ella.
―De…tente. Y-Yo, yo estoy… ¡Estoy…!
―………………
Con la voz entrecortada, el grito de Al se negó a manifestarse. La sombra no prestó atención a su rechazo, acortando la distancia que acababa de ampliar, acercándosele y persistiendo en posar sus dedos sobre él.
Al estuvo a punto de soltar un grito de desesperación, pero…
―¿Eh?
Al momento siguiente, el pecho de la sombra fue atravesado desde atrás por una centellante espada carmesí.
Mientras se sorprendía por el espectáculo que se desplegaba ante él, de inmediato, una luz cegadora emergió del lugar donde la espada se había clavado. Un resplandor rojo y blanco creció uno tras otro, y la oscuridad formada por la niebla estalló en llamas al instante. El cuerpo de la ęgura quedó completamente cubierto por el fuego.
―…Qué frívolo. Al ęnal, una falsięcación no es nada más que esto.
Más allá de la niebla que se evaporaba en una llamarada escarlata, la voz de la muchacha de aspecto aburrido llegó a oídos de Al. Al otro lado del muro de llamas que titilaba entre ellos, estaba Priscilla, con una espada carmesí en una mano.
El poder de la preciada espada había incinerado la sombra tejida por la niebla. Había sido, justo frente a Al.
―Cómo, te atr…
―………………
―¡Mira lo que hiciste! Delante de mí, ¿cómo pudiste…? ¡¿Agh?!
―A callar. No dirijas tu desorientada ira hacia mí, tonto plebeyo.
Mientras Al rechinaba los dientes y su cuerpo temblaba de furia, Priscilla le asestó un golpe certero con su espada en un lado de la cara. Volcado por la fuerza, Al parpadeó sorprendido por el impacto.
―¡Ah, agh…! Hk, Prin… ¡Guoa! ¡Quema! ¡Agh! ¡Fuego! Ahh, ¡fuego!
―Esta es una penalización por tu insolencia. Con las llamas de la Espada Yang, has de quedarte un poco calvo y de reĚexionar sobre tus acciones.
Como resultado de recibir el castigo de la cruel Priscilla, una parte del casco de Al se incendió. Hizo un esfuerzo por apagarlo revolcándose desesperadamente por el suelo del bosque, hundiéndose en la tierra de forma desaliñada una vez extinguidas las llamas.
Mirando hacia abajo a Al, Priscilla clavó su Espada Yang en el suelo, dejando escapar un resoplido de desdén mientras lo hacía.
―Cuantos más grilletes se encadenen a uno, más se verá tentado por este tipo de males. Cuanto más se aparente desinterés, más probabilidades se tendrá de acabar así. Qué vergonzoso. Qué risible.
―P-Princesa, ¿eres la verdadera? No eres falsa, ¿verdad?
―Si te piso como suelo hacer, ¿hará el placer que recuerdes tus memorias?
―¡Guau, es realmente ęel a la original! ¡Tú sí eres la auténtica!
Mirando a la hermosa joven que ladeaba la cabeza con un toque de su crueldad, Al estaba aliviado, sintiendo que había vuelto al mundo que estaba dentro del territorio de la cordura.
Justo antes de eso, todavía sentía los efectos del terror que fue replicado, pero ahora que se había disipado en la niebla, podía decirse a sí mismo que se trataba de una falsięcación. No había ningún problema. No debería haberlo.
Por ahora, simplemente podía estar contento de haber podido reunirse, y también de que ninguno de los dos hubiera sufrido daño alguno.
―¿Estás completamente bien?
―No hay posibilidad de que me deje tentar por una ilusión tan baja. No te muevas innecesariamente de donde te encuentras. La niebla se despejará pronto. Schult se encargará de ello.
―¿Schult lo hará? ¿Por qué?
―Te he dado ya la respuesta. Si Schult no es un tonto descomunal que no conoce límites, entonces no hay problema.
Con la mención del joven mayordomo que no estaba presente en ese momento, Al se quedó perplejo ante la aęrmación sin titubeos de Priscilla. Sin embargo, su perplejidad no se resolvió con palabras, sino con los resultados.
―………………
Una curva retorcida. Era algo deęnitivo, distorsionando enormemente la visión de Al hasta el punto de que solo podía describirse de esa manera. Dentro de la realidad retorcida, solo el paisaje se deformaba, ya que no hubo cambios en Priscilla, que permaneció de pie con los brazos cruzados. Dejándolos a ella y a Al ilesos, solo el mundo recibió un tremendo giro, deformándose y desgarrándose. Después, la niebla se fue deshaciendo poco a poco, desgarrándose indiscriminadamente…
―No es posible.
Justo después de que Al parpadeara, la niebla que se había esparcido en enormes cantidades se desvaneció por completo. Él y Priscilla estaban de vuelta en el interior del bosque, y además de eso, fueron trasladados a un terreno de hierba al lado del manantial.
Delante del embobado Al, un manantial que no era tan grande se extendía por la zona. El agua era cristalina, con innumerables hierbas acuáticas Ěotando en su superęcie, y pudo ver que los pétalos se mecían con el viento por aquí y por allá.
Y, un niño estaba de pie en medio del manantial, metido hasta la cintura en el agua con ambas manos levantadas en el aire.
―¡¿Schult?! ¿Qué haces?
―Schult ha desterrado el mal que ha estado rodeando este manantial. Creando la niebla, extraviando a aquellos que perdían el camino, y sumergiéndolos en el manantial cuando han quedado hechizados. Un mal hechizante y repulsivo como ese.
Al decir esto al atónito Al, Priscilla miró al manantial con expresión de disgusto. Al percatarse de la presencia de ambos, la cara de Schult se iluminó de alegría y comenzó a dirigirse hacia ellos.
―¡La-Lady Priscilla! ¡Señor Al! Lo he encontrado, como pueden ver. ¡El Espejo de Agua, estaba hundido bajo el agua tal como me lo enseñaron!
―Con “Tal como me lo enseñaron”, quieres decir…
―¡En el libro que me dieron, era tal y como estaba escrito en el cuento de hadas!
Mientras Schult decía eso al cruzar el agua, abriéndose paso hasta ellos, Al se quedó sin palabras, recordando el libro que el niño había estado leyendo. El libro que Priscilla había hecho leer a Schult hasta que se lo supiera de memoria, obligándolo a recitarlo incluso cuando estaban en el bosque. El libro trataba sobre…
―Manantiales, lagos y la orilla del agua. Cerca de esos lugares abundan anécdotas tales como esta. Si es así, en las zonas de agua donde su Ěujo se concentra en un solo lugar, el prana es propenso a acumularse allí. Naturalmente , aunque raros, hay casos en los que dan lugar a fenómenos como este.
―¡En él estaba escrito el secreto de cómo no dejarse tentar por el monstruo, o el Hollow, en la orilla del agua!
―Es un cuento de hadas para leer en voz alta a los niños, de forma divertida. explicó Priscilla, cerrando uno de sus ojos con indiferencia, pero la estupefacción de Al seguía presente, sin poder ser suprimida. Eso signięcaba que ya había discernido la verdad del manantial, desde el mismo momento en que se enteró de una parte del rumor.
―Lady Priscilla, este es el Espejo de Agua. Lo rompí y la niebla desapareció.
Saltando fuera del manantial, Schult corrió hacia Priscilla, aunque estaba completamente empapado. Delante de ella, le entregó un cristal ligeramente blanco y translúcido. Probablemente, ese era el Espejo de Agua.
―Bien hecho. He de elogiarte por ello.
―¡Muchas gracias! Me alegra haber podido ser de ayuda.
Cuando Priscilla recibió el Espejo de Agua, echando la barbilla hacia atrás, una amplia sonrisa se esbozó en el rostro de Schult. Observando la interacción de ambos desde atrás, Al se rascó la nuca, sintiéndose incómodo.
―Entonces, ¿ya está resuelto el caso? El incidente fue causado por las maldades del prana acumulado, o lo que sea.
―…Así, un incompetente podría haber llegado a esa conclusión antes de regresar.
Al detectar un atisbo de amenaza en su insensible comentario, tanto Al como Schult abrieron los ojos de par en par. Poco después, el Espejo de Agua estalló en llamas en la mano de Priscilla. El calor abrasó los trozos transparentes de prana y después…
―…Hhk.
El Espejo de Agua cambió bruscamente de forma, lanzándose fuera de la mano de Priscilla. Dos pares de alas, un cuerpo pequeño de color azul y unos saltones ojos compuestos… Era un ser anormal que tenía el cuerpo de un humano, junto con las alas y la cabeza de un insecto.
Lanzando un chillido agudo, el ser deforme intentó escapar de la zona. No obstante…
―… ¿De verdad crees que te dejaré escapar con facilidad, Espíritu Maligno?
La punta de la giratoria Espada Yang cortó las alas del pequeño ser, perforando su torso y clavándolo al suelo. Inmovilizado junto a la tierra como un espécimen preservado, el ser anormal agitaba sus extremidades, luchando por liberarse.
―…Hhk.
―No chirríes como un ave. Combinado con tu espantosa apariencia, me encuentro plenamente repugnada por tu existencia.
Priscilla retorció su espada de forma irritada, arrancando gritos adicionales del ser parecido a un insecto. Atestiguando tal escena, Schult cayó al suelo, ya que sus piernas cedieron, y Al tragó una gran bocanada de aire.
―Princesa, ¿eso es un Espíritu…?
―Lo es, como puedes ver . En su mayor parte , el Espejo de Agua se había disfrazado de algo creado de forma natural , en un intento de esperar a que nos retiráramos . Esa desvergüenza , así como la osadía de subestimarme … es merecedora de diez mil muertes.
―Ohh, es un Espíritu Maligno. Es la primera vez que veo uno…
Al hizo una mueca, mirando al Espíritu… el Espíritu Maligno que jadeaba desesperadamente, ensartado por la Espada Yang de Priscilla.
Los Espíritus Malignos eran una especie de Espíritus , pero no había diferencias entre ambos en un sentido estricto. Sin embargo, como Espíritus que albergaban malicia contra personas y animales , el término “Espíritu Maligno ” se había extendido por todas partes . Originalmente , los Espíritus eran formas de vida sobrenaturales que estaban representadas por el prana, en su mayoría libres de los aciertos y errores del mundo físico . Por otra parte , era poco frecuente , pero nacieron Espíritus que evidentemente sentían mala voluntad hacia los que los rodeaban, como lo que había dentro del Espejo de Agua. Se les llamaba “Espíritus Malignos ” y recibían el mismo trato que las mabestias , designados como perjudiciales enemigos de la humanidad.
―Este había estado atrayendo a los humanos utilizando la habilidad del Espejo de Agua, ahogándolos en el manantial y absorbiendo todo su Odo. Presumiblemente, utilizaba ese método para amasar su fuerza. Es comparable a los rasgos de una planta carnívora.
Su explicación implicaba que los desaparecidos habían sido víctimas del plan del Espíritu Maligno, una y otra vez.
Si los desaparecidos habían conęado su único deseo al manantial y pudieron reunirse con las personas que querían ver antes de morir, no sonaba tan mal. Aun así, si fueron devorados con sus deseos en vano, entonces…
―Lady Priscilla, ¿el Espíritu Maligno…? ¿Qué vas a hacer con él? ―Obviamente , me desharé de él. Continuó con sus actos bárbaros dentro de mi territorio. No hay expiación para eso , no importa cuántas veces lo he de sacrięcar . Mas soy benevolente y generosa. …Pues, aunque sea merecedor de diez mil muertes, yo he de conformarme con una sola.
Schult parecía sentir cierta simpatía por el Espíritu Maligno que lanzaba angustiosos gritos de dolor. A pesar de ello, Priscilla simplemente no prestó atención a su compasión.
Tal vez el Espíritu Maligno había encontrado un rayo de esperanza en el comportamiento de Schult, ya que detuvo sus miembros agitados, levantó el cuello para que el muchacho pudiera verlo y empezó a gritar como si estuviera haciendo un llamado desesperado. Parecía que actuaba como si suplicara ayuda, como si dijera que haría cualquier cosa por él.
―…h.
Contemplando al Espíritu Maligno, Schult se quedó con la voz entrecortada y se le llenaron los ojos de lágrimas. Incluso cuando la miró sin saber qué decir, los ojos rojos de Priscilla no vacilaron en lo más mínimo.
Y entonces, antes de que se crearan fricciones innecesarias entre la joven y el chico, Al intervino.
―Piensas esto. Lo hice por impulso. No volveré a hacerlo. Pasaré página. Aunque esté intentando decirte que…
―¿Señor Al?
―Ya lo oíste en la aldea. La primera víctima fue guiada por una luz oscilante dentro del bosque. Eso signięca que este tipo ha tenido de objetivo a los humanos desde el principio.
Los Espíritus Malignos eran Espíritus Malignos, su naturaleza no se transformaría en otra cosa tan abruptamente. Tampoco había razón para su malicia, ya que eran puramente un enemigo contra la humanidad. Por eso, no necesitaban simpatía ni compasión.
―Como mucho, has de morir quemado poco a poco. Con eso, ha de ser el descanso de las almas de mi gente.
Cuando Schult calló ante las palabras de Al, Priscilla declaró abiertamente tal cosa, concentrando su poder en la Espada Yang.
Siguiendo su voluntad, la hoja de la Espada Yang empezó a emanar una luz rojiza. Las brillantes y abrasadoras llamas serpentearon hacia el ęlo de la espada, incinerando el pequeño cuerpo del Espíritu Maligno.
Se oyó un chillido ensordecedor. No obstante, fue ęnalmente devorado por las llamas, desvaneciéndose lenta y seguramente, desapareciendo… cortado sin previo aviso, para no volver a ser escuchado jamás.
Ese fue el acto ęnal para los casos consecutivos de personas desaparecidas… “La Pesadilla de Ladrima”.
6
―Desde el fondo de ese manantial, escuché que los huesos de los desaparecidos fueron encontrados uno tras otro. La mayoría se convirtieron en montones de huesos, pero dicen que de algún modo podrán distinguir quién es quién con los accesorios que llevaban las víctimas.
Pocos días después de que se resolviera el incidente del manantial, Al le comunicó a Priscilla lo que acababa de oír.
Estaban en el balcón del segundo piso de la Mansión Barielle, durante la hora del té que tomaban entre sus horas de trabajo. Priscilla, que estaba bebiendo el té que Schult le había preparado, frunció el ceño ante el informe del hombre que apareció frente a ella.
―¿Ese manantial? ¿De qué estás hablando?
―¡Es la continuación de la historia de los asuntos relacionados con el Espíritu Maligno que acabamos de vivir! ¡Parece como si realmente lo hubieras olvidado, y eso me asusta!
―Manantial, Espíritu Maligno… ah, estás hablando de Ladrima. No revivas un tema que ya ha perdido mi interés. Harás que me pregunte qué está pasando.
―¿Es mi culpa? ¿Fue mi culpa? Está bien, ¡lo sientooo!
Disculpándose con Priscilla, que parecía tan desinteresada como insatisfecha, Al se sentó en el lado opuesto a ella. Una brisa ligeramente cálida corría por el balcón, y el clima era agradable hasta el punto de que el calor del sol podía hacerlo sentir somnoliento.
Priscilla volvió a dejar su taza sobre la mesa, mientras resoplaba por la actitud despreocupada de Al.
―Para empezar, ¿cómo puedes revivir una historia ya concluida, en ese deplorable estado tuyo? Solo para que lo sepas, tú desempeñaste un papel menor que el de Schult durante aquel día.
―¡Basta! ¡Porque eso no puedo negarlo! ¿Olvidaste todo el incidente, pero recuerdas eso?
Era difícil olvidar la verdad de que estaba atrapado dentro de la ilusión del Espejo de Agua, volviéndose un estorbo para sus compañeros. La cara de Al enrojeció dentro del casco al verse obligado a recordar aquello, señalando con un dedo a Schult, que estaba rellenando las tazas de té.
―En serio, ¿por qué no funcionó la trampa del Espejo de Agua contigo y con Schult? Puedo entender por qué no funcionó contigo, porque estás a otro nivel, ¡pero Schult no es más que un shota!
―Ah, sí. Solo soy un “shota” …
―Perdona que te lo diga mientras pareces estar avergonzado, pero shota no es una palabra que se use para halagar a alguien.
Mientras Schult se reía tímidamente, Al le dio palmaditas en la cabeza hasta despeinarlo, acercando su cara al chico. Era como si le estuviera pidiendo la clave para atravesar la ilusión, a lo que Schult respondió dirigiendo la mirada al suelo.
―No hice nada especial. Pero antes de eso, ¿qué ilusión…?
―¿Desde ahí empezamos?
―No es un tema difícil. Es que Schult no tenía una persona fallecida con la que deseara reunirse, ni sentía la necesidad de aparentar desinterés y ocultar su deseo de hacerlo, porque no tiene a nadie con quien busque reunirse. En primer lugar, su prerrequisito para caer víctima de la ilusión del Espejo de Agua variaba del tuyo.
Arrebatando a Schult de Al nuevamente, Priscilla puso al chico entre su escote. Mientras contemplaba la envidiable vista, Al entrecerró los ojos, meditando sobre el contenido de la aclaración de Priscilla.
…La razón por la que Schult no fue atrapado en la ilusión, fue porque no tenía los recuerdos felices para cumplir los requisitos de estar atrapado en ella.
Siendo huérfano, Schult fue encontrado cuando estaba al borde de la muerte, y no tenía recuerdos de su familia, ni de días alegres de antes de que se lo llevara Priscilla. Por eso, la ilusión no funcionaba en él.
Si ese era el caso, ¿la negación de los efectos de la niebla era algo afortunado o desafortunado? ¿Cuál sería?
―Al menos, no me sentía afortunado…
Fue un periodo de tiempo en el que se relacionó tanto con los vivos como con los muertos durante los muchos encuentros que tuvo en la niebla, pero para Al, todos ellos fueron reencuentros no deseados. Además, todos ellos eran falsos.
―………………
Con la expresión oculta bajo el casco, Al miró a Priscilla, que parecía encantada con Schult entre sus brazos.
La muchacha que había atravesado las sombras con la centellante Espada Yang no lo interrogó sobre lo que había visto en la niebla. Por supuesto, probablemente ni siquiera recordaba lo que había quemado.
Aunque Al comprendía que ella no estaba siendo considerada ni nada parecido, que solo era el resultado de cómo debía existir, encontró consuelo en su actitud, sintiéndose complacido por ella.
―¿Qué pasa, Al? ¿Es que me miras ęjamente? No puedes cambiar posiciones con Schult.
―¡Es cierto que tengo envidia, pero no te miro por eso! …Por cierto, ¿en verdad no viste nada en la niebla?
―Lamentablemente, la única persona que conozco que ha fallecido es mi querido marido.
―¡Ya dije que todavía no está muerto! ¡Aunque lo vi en la niebla! ¡Él está vivo!
Entre los diversos reencuentros no deseados que tuvo, encontrarse con Leip fue una de las experiencias más incómodas que había vivido. Priscilla rio suavemente ante su revelación, y Schult puso cara de sorpresa. Después de seguir riendo por un rato, inclinó ligeramente la cabeza.
―Por cierto, Al. ¿Dónde has escuchado el informe de la aldea que me acabas de dar?
―Ah, llegó un mensajero de la aldea en cuestión hace un rato. Me contó toda la historia, te mandó saludos y… oh, sí, unas Ěores fueron entregadas en la entrada.
―¡…! ¡Tonto sin remedio! ¡Habérmelo dicho antes!
―¡Ahhh! ¡¿La-Lady Priscilla?!
Los ojos de Priscilla se iluminaron ante la última parte del informe de Al, después levantó a Schult como una princesa y salió rápidamente del balcón. Al tardó un poco en comenzar a perseguirla, ya que ella salió a toda velocidad, pero enseguida la siguió con prisa.
Así, Al ęnalmente alcanzó a los dos en la entrada de la mansión, frente a un gran ramo de Ěores.
―¡Sí, sí! Majestuoso, elegante y verdaderamente adorable. He de elogiar a los habitantes de Ladrima por ello.
Poniéndose una mano en la cadera con gran entusiasmo, Priscilla dio una amplia sonrisa ante el ramo; las Ěores que se trajeron a la mansión junto con el informe eran de la mejor calidad, con sus rojos pétalos Ěoreciendo con opulencia.
La reacción de Priscilla fue parecida a cuando le regalaron un lujoso carruaje de dragón dorado, cuando vio muchas obras de arte extrañas y también a cuando admiró a Schult. En otras palabras, estaba eufórica.
―¿Esas Ěores son de tan buena calidad?
―Jaah, qué patético es ser un ignorante. Estas son Ěores que solo Ěorecen en una parte de Lugunica, en el bosque del manantial en Ladrima, llamadas “Kurenai”.
―Nunca había escuchado sobre ellas… espera, ¿qué? ¿Acabas de decir que solo Ěorecen en el bosque de ese manantial?
―Solo Ěorecen durante ese determinado periodo de tiempo. Puede que sea la única razón por la que esa insignięcante aldea merezca existir.
Cruzando los brazos y levantando su abundante busto, Priscilla asintió una y otra vez como si estuviera comprobando la calidad de las Ěores. Mirando de reojo su expresión serena, Al comprendió por qué parecía tan impaciente por resolver el incidente del manantial. En retrospectiva, estaba totalmente en contra de quemar el bosque.
Su expresión radiante le dijo la razón de esto, de aquello y de todo.
―Entonces, Princesa, salvaste esa aldea porque ibas tras esas Ěores desde el principio, ¿verdad?
―No digas tales tonterías. Ladrima es de mi territorio. De ninguna forma les concedería mis actos de buena voluntad solo por eso. …Mas no negaré que por eso tomé acción inmediata.
Sin remordimientos ni intención de ocultarlo, Priscilla se acercó al ramo sin dudarlo.
Si se conociera la verdad de sus actos, los aldeanos que la ensalzaban como diosa de la misericordia quedarían desconcertados. Por supuesto, no tenía sentido hacérselos saber. Había cosas que era mejor que no se supieran, como cuando se dice que la ignorancia es una bendición.
―En realidad, salvaste la aldea. Aunque priorizaras tus deseos personales.
Debido a que Priscilla quería admirar las grandes Ěores de tonalidad roja, las acciones que tomó para hacerlo salvaron a la aldea, y eso acabó provocando que los aldeanos le dieran su apoyo. Básicamente demostró lo que ella siempre decía: “Este mundo está hecho a mi conveniencia”.
―Lady Priscilla, ¿adónde debería llevar las Ěores?
―Has de adornar mi recámara y toda la mansión con ellas. Mientras las Ěores aún alberguen vida, han de complacer a mis ojos con su belleza. Asegúrate de tratarlas con atención para que no se marchiten.
―¡Entendido! ¡Haré mi mejor esfuerzo!
Siguiendo las órdenes de Priscilla, Schult salió corriendo en un esfuerzo por reunir todos los jarrones de la mansión. Tras observar la partida del joven mayordomo, Priscilla se percató de la presencia de Al, y…
―Ejem, Al. ¿Qué estás haciendo? Si tienes tiempo de quedarte ahí sin hacer nada, ve y sé de ayuda a Schult. Asume que cada uno de estos pétalos vale, al menos, más del doble de tu vida.
―…Estás siendo demasiado dura, Princesa.
Con Priscilla de buen humor, muy animada, con su lengua tan aęlada como siempre, Al soltó una avergonzada e irónica risa ante sus mordaces palabras.
Y entonces, antes de que su trasero fuera pateado por la joven carmesí que traía las Ěores rojas detrás de ella, su cruel y compasiva Señora, Al se apresuró a participar en los preparativos para llevar el ramo de Ěores a la mansión.
FIN
