El Martillo de Hierro de la Espada Absurda
CAPÍTULO 5 El Martillo de Hierro de la Espada Absurda
1
Lo primero que hizo fue obligar a su mente a aceptar el hecho de que había usado Retorno por muerte.
No llegó a tiempo para lidiar con los cinco obstáculos que asaltaban la Atalaya de las Pléyades, y al final, pereciendo junto con la propia Atalaya, todo fue arruinado por esa aterradora sombra negra.
Y así, perdiendo la vida, Subaru obtuvo una nueva oportunidad a través del Retorno por Muerte.
Sin embargo, el Retorno por Muerte de esta ocasión tenía un matiz diferente a los anteriores.
Porque…
—El punto de RESTART es diferente a los de hasta ahora.
Su quinta “muerte”, un hecho que de por sí era para lamentarse enormemente, pero el mayor problema era el cambio en el punto de reanudación de su vida: el cambio a justo después de su regreso del Libro de los Difuntos de Reid, es decir, del Corredor de las Memorias.
—…
Un cambio en el punto de guardado; era algo que se podía prever. El “Natsuki Subaru” de antes de perder la memoria también debió de haber hecho pleno uso del Retorno por Muerte de la misma manera.
Siendo así, los puntos de inicio anteriores, que comenzaban justo después de que perdiera la memoria, eran claramente anómalos. A menos que el punto de guardado se actualizara de alguna forma, un nuevo reinicio desde la Sala Verde era imposible.
Por lo tanto, no le sorprendía la actualización del punto de guardado en sí. El problema era…
—¡Que me han devuelto a justo antes de la peor situación posible, y casi no tengo tiempo para preparar ningún truco…!
Regresar justo después de volver del Corredor de los Recuerdos significaba que los cinco obstáculos ya estaban en marcha.
El leve temblor que sentía bajo su trasero era la prueba de la estampida de mabestias que se acercaba a la torre.
En otras palabras, no significaba otra cosa más que el tiempo límite se había acortado a esa cantidad.
La estampida de mabestias, Reid Astrea, el misterioso escorpión gigante, dos Arzobispos de Gula y la siniestra sombra que devoraría la Atalaya por completo. El tiempo para lidiar con todo eso, el tiempo, el tiempo…
—¡Tranquilízate, supongo!
—¡Ihyai!
Un fuerte impacto en las mejillas hizo volver a la realidad a un Subaru que estaba a punto de caer en un callejón sin salida. Era Beatrice, quien le apretaba las mejillas con fuerza con ambas manos y lo miraba fijamente con sus ojos redondos.
Manteniendo las mejillas de Subaru aplastadas, Beatrice continuó a una distancia donde él podía sentir su respiración.
—Vas a contarme qué pasó dentro del libro, Subaru, de hecho. Háblalo bien y lo pensaremos juntos. Ese es nuestro punto fuerte, supongo.
—…
Sus pensamientos, que casi habían sido dominados por la confusión y el arrepentimiento, se despejaron con las palabras de Beatrice. Con la mente más clara, los enemigos a los que debía enfrentarse se hicieron visibles más allá de la confusión y el arrepentimiento. Al mismo tiempo, recordó el lamentable estado mental que acababa de mostrar.
Hacía apenas un momento, también hubo un regaño severo que había animado a un Subaru que se había quedado estancado…
—”Levántate”, ¿verdad?
—¿Eh?
—No, solo me lo estaba confirmando a mí mismo. De lo mucho que soy un idiota que no avanza para nada.
Respondiendo eso, Subaru se puso de pie mientras sostenía en brazos a una Beatrice que había abierto mucho los ojos. En el Archivo estaban Echidna y Meili, y sabía a grandes rasgos dónde estaban y qué hacían los demás miembros. Y también en qué difícil situación se encontraban en ese preciso instante.
Por eso…
—Seré breve. Fallé en ver los recuerdos de Reid en el Libro de los Difuntos. Hubo una intromisión. El libro está conectado a los pies de una existencia llamada Od Laguna, y ahí me topé con alguien muy problemático.
Ante la rápida explicación de Subaru, las tres abrieron los ojos de par en par, desconcertadas. Disculpándose internamente por no poder darles el tiempo necesario para que sus mentes asimilaran todo, Subaru continuó con una frase decisiva.
Y esa fue…
—El Arzobispo del Pecado de Gula, Ruy Arneb, nos ha declarado la guerra.
2
—De todas formas, para que vengamos hasta este rincón del este y de nuevo nos encontremos con un Arzobispo del Pecado. Definitivamente, parece que Natsuki y ellos tienen una conexión inseparable.
Así fue como Echidna se burló tras terminar de escuchar la explicación de Subaru. Por su forma de hablar, parecía que Gula no era el único Arzobispo del Pecado con el que Subaru se había involucrado. Probablemente, de los siete Arzobispos del Pecado que debían existir, le gustaría pensar que ese era el peor de todos, pero…
—Por ahora, dejaremos para después lamentarnos por la mala suerte que rodea a Subaru. Lo que necesitamos es…
—Ah, primero hay que apoyar a Shaula. Meili, ¿te lo puedo encargar?
Tomando la palabra tras Julius, Subaru le encargó a Meili el frente común con Shaula para lidiar con la estampida de mabestias que asediaban la torre desde el exterior. Habían cortado rápidamente la conversación en el Archivo “Taygeta” y acababan de reunirse con Julius, quien volvía al tercer piso para informarles de la situación crítica. Sabiendo que la causa de la impaciencia de Julius era la horda de mabestias, Meili soltó un “¿Heeeh?” con una sonrisa casi diabólica ante la petición de Subaru.
—Hermanitooo, habías estado diciendo cosas muy pretenciosas y ahora resulta que dependes de mí, qué patéticooo. Pero como me lo pediste con tanta sinceridaaad, me haré cargo. Agradécemelooo.
—¡Por supuesto, te lo agradezco un montón! ¡Te quiero!
—Qué patético…
Con una expresión de hartazgo ante la declaración de amor de Subaru, Meili aceptó de buena gana hacerse cargo de las mabestias. Su actitud parecía de desgana, pero que esa era su forma de ocultar su vergüenza era evidente al verla correr hacia el balcón oculto.
Con esto, el primero de los cinco obstáculos estaba superado. Ahora quedaba…
—Subaru, has mandado a la señorita Meili sola. Debes de tener algo en mente.
—Qué tipo tan perspicaz. Acabamos de hablar de que Gula está aquí.
—…Sí. Y que el que te arrebató tus “recuerdos” anoche es uno de los varios que hay. En ese caso, ¿me estás dando la oportunidad de vengarme?
Julius, con un viejo resentimiento hacia Gula, bajó la voz tocando la espada de caballero en su cintura. Era cierto que necesitaban de su fuerza, y que tenían que hacerle cumplir su venganza.
Sin embargo, el enemigo que Subaru quería encargarle a Julius no era Gula.
—Así es, quiero que cobres tu venganza. Pero el enemigo no es Gula.
—¿Qué dices? Pero en esta situación, ¿qué enemigo podría tener más prioridad que Gula…?
—…Reid bajará. Quiero que tú detengas sus intromisiones.
—…
Al escuchar ese nombre, las arrugas del asombro se marcaron en el entrecejo de Julius.
Para Julius, en lo que respecta a enemigos jurados, era un nombre que estaba a la altura de Gula. Y además, se trataba de una existencia anómala que, en condiciones normales, no haría algo así.
—Es el que haría lo que menos quisiéramos que hiciera en medio de todo este alboroto, de hecho. Betty también opina que si ese aparece todo se irá al traste, supongo.
—Yo opino lo mismo. Dicho esto, que deambule libremente por la torre es una información difícil de creer… o, mejor dicho, que no quiero creer. Natsuki, ¿de dónde sacaste esa información?
—…Sí. Es lo que me dijo Gula.
Tras un instante de vacilación, Subaru mintió descaradamente a la pregunta de Echidna. La verdad era que Gula probablemente no tenía nada que ver con las acciones de Reid.
Eso era evidente al ver la paliza que había recibido Batenkaitos cuando ambos se cruzaron. Por lo tanto, la razón por la que Subaru mintió aquí fue una medida desesperada para hacer que sus compañeros creyeran la información sin pasar por el Retorno por Muerte.
No podía revelarles el Retorno por Muerte a sus compañeros.
Por qué pensaba así, ni siquiera el propio Subaru podía explicar el motivo.
—…
—Julius, al igual que tú, yo también me resisto a alejarte de la amenaza visible y enviarte hacia una amenaza latente. Pero no podemos ignorar las palabras de Natsuki.
Junto a un Subaru que sentía cierta inquietud en su interior, Echidna apoyó la idea de desconfiar de la presencia de Reid. Ante esto, Julius bajó la barbilla.
—Lo sé. No voy a cometer la estupidez de no tomar en serio las palabras de Subaru llegados a este punto. Para ser honesto, es frustrante no poder luchar contra Gula, quien también es mi propio enemigo jurado. Pero…
Cortando ahí sus palabras, los ojos amarillos de Julius miraron a Subaru. Sintiendo su mirada, Subaru asintió profundamente, validando la resolución de Julius.
—Te lo dije hace un momento. Tú eres el único a quien puedo confiarle a Reid Astrea.
—…Me dijiste que si yo no ganaba, el plan fallaría, ¿no es así? Vaya, sí que sabes cómo usar frases letales, irremediablemente.
Si los cálculos se desbarataban y los engranajes se desalineaban, llevaría directamente a una tragedia inconmensurable. Quizás viendo eso en los serios ojos negros de Subaru, Julius suspiró profundamente.
—Lo prometo. Me encargaré de Reid. Pero, en el supuesto caso de que no se mueva del segundo piso, me reuniré con ustedes. ¿Tienes alguna objeción?
—Ninguna. Si Reid no sale y quedas libre, no hay nada mejor que eso. Dejo la decisión en tus manos, pero ganar a Reid también es tu papel.
—Queda entendido. Echidna, señorita Beatrice, les dejo el resto a ustedes.
—Déjamelo a mí…
Cuando Subaru frunció el ceño ante la declaración de dejarle el resto a ellas dos y no a él, Julius dejó una sonrisa afectada y, a continuación, hizo ondear su capa para dirigirse velozmente hacia el segundo piso. Una vez que vio alejarse su espalda, Subaru se dio la vuelta.
—No voy a indagar demasiado sobre cómo has conseguido estar tan seguro de todo esto. Siempre y cuando no traiciones mi confianza ni la de él, claro está.
Subaru contuvo el aliento levemente cuando Echidna le susurró eso al oído.
Naturalmente, ella, que era muy sensata, sospechaba de la fuente de la información de que el Santo de la Espada empezaría a merodear por la torre, dada la poca conexión que había entre Gula y Reid.
Aun así, la razón por la que Echidna no señalaba esa laguna era porque depositaba cierta confianza en las palabras y acciones de Subaru hasta el momento. Y él tenía que corresponder a esa confianza.
—Ugh.
Justo cuando pensaba eso, Subaru sintió un calor punzante en el fondo de su pecho. Era el mismo calor extraño que había sentido al final del bucle anterior, justo antes de ser tragado por la sombra.
Los latidos de su corazón se aceleraron y, empujado por una impaciencia que le resecaba la garganta, cerró los ojos.
Lo que apareció bajo sus párpados fue una luz tenue y frágil que vacilaba… la veía en sus brazos, justo a su lado, y un poco más allá, en la distancia, a lo largo del pasillo.
—¿Subaru?
—…Estoy bien. ¡Nosotros nos reuniremos con Emilita y los demás! ¡Date prisa!
Sacudiendo la cabeza hacia Beatrice, que se asomaba para ver el tenso perfil de Subaru, él la tomó de la mano y aceleró el paso para reunirse con Emilia y los demás.
No, estrictamente hablando, con quienes se apresuraban a reunirse no era con Emilia y los demás. Porque en ese momento, con quien se cruzarían avanzando por el pasillo no era con Emilia…
—¡Barusu! ¡Has despertado!
—¡Ram!
Quien apareció desde el fondo del pasillo fue el mismo dúo de antes: Ram, montada sobre Patrasche, abrazando a Rem. Bajó ágilmente de la espalda de Patrasche y le lanzó las riendas a Subaru, diciendo:
—¡Tardaste mucho en despertar! ¡Te encargo a Rem! No te perdonaré si la lastimas o la tocas de forma extraña, así que protégela con tu vida. Voy a..
—Espera, espera, espera, ¡vamos muy rápido! ¡Entiendo lo que dices, pero cálmate! Tú estás…
—¡El Arzobispo del Pecado de Gula está aquí! La señorita Emilia está luchando contra él, pero está en desventaja. ¡Si no vuelvo ahora mismo, será demasiado tarde!
—…
En ese instante, las emociones que cruzaron el corazón de Subaru fueron complejas. La preocupación por Ram, que iba a ir a la batalla; la ira al confirmarse la presencia del detestable Batenkaitos; pero, por encima de todo, el alivio ante el hecho de que Ram hubiera pronunciado el nombre de Emilia.
La principal razón por la que se había apresurado hasta aquí era evitar que Batenkaitos se comiera el “nombre” de Emilia, y con ello, evitar que Ram abandonara el frente de batalla. Con la certeza de haberlo logrado, Subaru le entregó a la fuerza las riendas que acababa de recibir a Echidna.
—¡Echidna! ¡Llévate a Rem y a Patrasche a un lugar seguro! ¡No vayas al balcón ni al segundo piso! Ahora mismo no te acerques a la Sala Verde. ¡El Archivo de Taygeta debería ser el mejor lugar!
—Natsuki, ¡¿y tú?!
—¡Beatrice y yo nos encargaremos del Arzobispo del Pecado junto a Ram!
Echidna, sorprendida al recibir las riendas, abrió bien los ojos al escuchar las instrucciones de Subaru. Mientras tanto, Subaru acarició el cuello de Patrasche y grabó en su memoria a la Rem que iba en su lomo.
—Antes dijiste que no traicionara tu confianza. Yo te pido lo mismo. Te encargo a Rem. Ella es esencial para “Natsuki Subaru”.
—…Qué forma tan extraña de decirlo. Si se supone que tú también eres Natsuki Subaru.
—…También tengo la esperanza de que tal vez puedas entender un poco mis sentimientos.
Le habían dicho que el objetivo de Echidna, alojada en un cuerpo prestado, era devolver ese cuerpo a su dueña original.
En cierto modo, era parecido a la relación entre el Subaru actual y “Natsuki Subaru”. Al escuchar esas palabras de Subaru, Echidna puso una cara de sorpresa.
—Natsuki, no me digas que tú…
—…Te la encargo.
Sin dejar que Echidna terminara su frase, Subaru echó a correr, dejándolas atrás. Los únicos que iban con él eran Beatrice, que estaba decidida a no dejar a Subaru solo, y Ram, que había salido corriendo primero. Ram miró de reojo a Subaru por encima del hombro.
—¿Por qué has venido, Barusu? ¿Y Rem…?
—¡Me dijo que en vez de preocuparme por ella hiciera lo que tengo que hacer! ¡Me sermoneó dentro del libro!
—¡…! ¿Rem lo hizo? ¿A qué te refieres?
Ante las palabras de Subaru corriendo a su lado, los ojos rosa claro de Ram mostraron agitación. Sin embargo, no tenían tiempo de explicar con todo lujo de detalles lo que había pasado en la Galería de los Recuerdos. Por eso, Subaru le transmitió brevemente solo lo más importante.
—Rem me dijo que luchara y la recuperara. ¡Por eso iré contigo!
—Por supuesto, Betty también está, así que no te olvides de mí, de hecho.
—…Por ahora, lo dejaré pasar. Luego te sacaré respuestas multiplicadas por cien.
—¡Ese “multiplicadas por cien” da miedo!
Viniendo de Ram no sonaba a broma, y Subaru se estremeció. Sin embargo, para un Subaru que no había podido explicar nada importante, era una muestra de compasión por su parte el conformarse con eso. Y también era la prueba de que se acercaba una situación que requería hacerlo.
—¡ICE BRAND ARTS!
Al instante siguiente, al fondo del pasillo blanco y helado, se vio la espalda de Emilia, que bailaba empuñando armas de hielo. A quien se enfrentaba era al Arzobispo del Pecado de baja estatura, Lye Batenkaitos…
—¡Señorita Emilia!
Ese grito de Ram le confirmó a Subaru que había logrado evitar el peor de los casos. Al mismo tiempo, Emilia, al escuchar su nombre, exclamó: “¡¿Eh, Ram?!”, y se dio cuenta de su presencia.
—¡¿Por qué has vuelto?! Además, Subaru y Beatrice también están aquí, me alegro de que estén a salvo… ¡Pero ahora mismo es muuuy peligroso! ¡Retrocedan! ¡Aléjense!
—He dejado a Rem refugiada en un lugar seguro. Ram te ayudará ahora mismo.
Respondiendo a una preocupada Emilia, Ram desenvainó la varita delgada que llevaba sujeta a su muslo. Era la típica varita corta que uno imaginaría en un mago. A primera vista parecía no tener nada de especial, pero cuando Ram la empuñaba, emanaba una extraña e imponente presión.
Viendo la intención de Ram de unirse a la batalla, Gula, que se había alejado de Emilia, se rio a carcajadas.
—¡Ajaja! ¡Vaya, vaya, la hermana mayor ha vuelto! ¡No puede ser, qué masculina! ¿Por qué, por qué, por qué eres tan genial, hermana? ¡De verdad, hermana, eres fantástica!
—…Qué irritante. Te mataré, Arzobispo.
Dejando escapar unas palabras que rebosaban hostilidad de forma directa, Ram avanzó hacia Batenkaitos. Inmediatamente, Subaru extendió su mano hacia su espalda gritando “¡Oye!”. En el bucle anterior había quedado claro que Gula era un oponente poderoso capaz de medirse con el dúo de Emilia y Julius. Por lo tanto, si permitían que Ram actuara de forma imprudente aquí, la ventaja de que Emilia no hubiera perdido su “nombre” podría revertirse en un instante. Con esa preocupación en mente, Subaru intentó agarrar a Ram por el hombro, pero…
—… ¿A quién crees que le estás hablando, Barusu? Quédate atrás.
En el mismo instante en que las yemas de los dedos de Subaru rozaron el vacío, la figura de Ram desapareció.
—¡¿Toh?!
En un abrir y cerrar de ojos, Ram, que había desaparecido, apareció justo delante de Batenkaitos. Al ver la punta de la varita apuntando a su entrecejo, Batenkaitos, que la detuvo con las dagas de ambos brazos cruzados, abrió bien los ojos y soltó un grito de alegría agudo.
—Ajajaa, ¡¿eso de ahora iba en serio?! Crear viento en las plantas de tus pies, me sorprende que no te los hayas volado con eso. ¡Normalmente daría demasiado miedo hacerlo, e~h!
—Deja de evaluar a Ram con un estándar tan estúpido como “normalmente”. Para empezar…
—¡¿…?!
—Pensar que todo iba a terminar con esto, qué poco tomas en serio la ira de Ram.
Al cortar sus palabras, Ram entrecerró los ojos y, un instante después, una cuchilla de viento se generó en la punta de la varita.
Sintiendo el aviso, Batenkaitos se retorció para esquivar, pero no llegó a tiempo. La cuchilla de viento que nació cortó el espacio de forma circular y rasgó incluso la siniestra cara de Gula.
Dejando escapar un grito de dolor, “¡Gi, gaaaaah!”, Batenkaitos, con el lado izquierdo del rostro desgarrado, pateó a Ram hacia atrás en un acto de desesperación. Pero eso también estaba calculado.
—¡Yo también estoy, a-quí!
Desde la espalda del sangrante Batenkaitos, Emilia se abalanzó sobre él blandiendo una gran espada de hielo. Con la distancia que había dejado Ram, su postura era para dar un golpe a tope y sin reparos.
Independientemente del filo, un golpe con la fuerza para dejarlo fuera de combate se aproximaba a la espalda de Batenkaitos…
—La palma del Rey del Puño.
—¡¿Kya?!
Una palma negra que se extendió durante la trayectoria del golpe destrozó la gran espada de hielo como si fuera un caramelo artesanal.
Emilia perdió el equilibrio ante esa destrucción inesperada, y su pierna de apoyo fue pateada por la pierna trasera que Gula había extendido.
El hermoso rostro de Emilia, que soltó un gritito, se invirtió y la punta de un pie saltó hacia su cara. A punto de que el rostro más adorable del mundo se hiciera añicos, en ese instante…
—El rostro de la señorita Emilia es una de sus pocas y, sin duda alguna, mejores cualidades.
El pie de Ram, que había retrocedido una vez, aplastó desde arriba la punta del pie que apuntaba al rostro de Emilia.
Sin detenerse, Ram usó el codo de su brazo izquierdo contra Batenkaitos y extendió su mano derecha hacia Emilia para lidiar con ambos simultáneamente; mandó a volar a Batenkaitos y levantó a Emilia para evitar que cayera al suelo.
—Wow, aah, aah… ¡Ram, gracias! Por un pelito me daba de cabeza contra el suelo.
—Tenga más cuidado, señorita Emilia… Parece que usa técnicas molestas.
—Sí, así parece. Esa palma de antes me dio muuuchos escalofríos en la nuca.
—No solo la palma, pero…
Tomadas de las manos, ambas intercambiaban palabras mientras vigilaban a Batenkaitos. Al final de sus miradas, Batenkaitos había tomado una distancia de casi diez metros en un instante. Fue, literalmente, en un abrir y cerrar de ojos.
—Paso reducido del JUMPER DORKEL.
—Qué nombre tan grandilocuente le has puesto. Pero no es más que un simple truco de magia para ir de aquí para allá.
—A~JAJA, ¿es una broma? Entender la esencia con solo darle una miradita de reojo es hacer trampa, ¿no crees?
Lamiéndose la sangre que fluía de la herida con la lengua, Batenkaitos dejó escapar un suspiro que era una mezcla de terror y admiración.
No parecía una herida tan profunda como aparentaba, pero más que el daño físico infligido, el efecto que ese instante de combate le había provocado a su mente parecía ser mayor.
Y eso era lo mismo para Subaru, que no podía hacer más que observar atónito el intercambio que acababa de ocurrir.
—E-eso de ahora fue…
—Si no piensa en las consecuencias, Ram es el tipo de persona capaz de hacer eso, supongo. La extraña Autoridad de Gula también es de las que terminan aplastadas si la diferencia de poder base es demasiada, de hecho.
El análisis de Beatrice, que sostenía la mano de Subaru, era correcto en cuanto a su comprensión de cómo enfrentar a Gula.
De hecho, incluso Batenkaitos, que había absorbido las artes marciales de todo tipo de maestros y utilizaba tácticas sumamente cambiantes, había sido aplastado como un insecto al enfrentarse a Reid.
—Es solo que no me imaginaba que Ram tuviera una fuerza de combate capaz de rivalizar con eso.
Al haberle dejado la estampida a Shaula y Meili, y haberle confiado la resolución con Reid a Julius, luchar contra Gula con los miembros presentes era la premisa.
Pero, aun así, la idea era que Emilia fuera la fuerza principal, mientras que Subaru, Beatrice y Ram actuarían como apoyo. Ese cálculo de Subaru se había desbaratado. Y encima, en una dirección favorable.
—¡Si es así…!
—¡Pu, kukuku, A~JAJAJAJA! ¡Como se esperaba de ti, hermana! ¡Para causarme esta herida, este corte profundo, frente a la reproducción de la “Bestia Carnívora” Heinerga! Qué bien. Está bien. Puede que esté bien. Está totalmente bien. ¿A que está bien? Seguro que está bien. Tiene que estar bien. ¡Sin duda tiene que estar bien! ¡Y precisamente porque tiene que estar bien! ¡Atracón! ¡PURA GULA!
Los vítores de Gula frustraron el entusiasmo de Subaru, que estaba a punto de apretar los puños al pensar que sus probabilidades de victoria habían aumentado.
Batenkaitos, con la mitad izquierda del rostro teñida de sangre, aplaudió como si no sintiera dolor alguno y miró alternativamente a Ram y luego a Subaru. La luz que albergaban esos dos ojos que brillaban con intensidad era una obsesión terriblemente febril.
—¡De verdad, que la hermana y el hermanín vengan juntos es simplemente irresistible! Mi anhelo del pasado y mi anhelo del presente… ¡Ustedes dos son unos salvadores para nosotros! ¡Todo mi cuerpo, todas mis células, todo mi espíritu, toda mi alma! ¡Hierven! ¡Sonríen! ¡Me ruge el estómago!
—…Con eso de “anhelo”, dejándome de lado, ¿acaso me estás incluyendo a mí también?
—¡No lo entiendes para nada! El hermanín… no, ¡Subaru es especial, te lo digo yo!
Abrazando su propio cuerpo delgado y apelando con una voz empalagosa, los gestos y palabras de Gula hicieron que la horripilante figura del Arzobispo del Pecado se superpusiera con la de una figura imposible que no debería estar allí.
Gula devoraba los “recuerdos” y el “nombre” de los demás, acumulando incontables vidas en su interior. La réplica de esas vidas no se limitaba en absoluto a su forma de luchar en momentos de emergencia.
Los modales cotidianos, la forma de hablar, las manías y hábitos… en última instancia, recreaba incluso esos sentimientos.
El “Rey del Puño” de la palma negra que destrozó la gran espada de hielo de Emilia, el poder sobrenatural del “Saltador” que creó distancia en un abrir y cerrar de ojos, y la “Bestia Carnívora” que redujo la cuchilla de viento a una herida leve; todos parecían superponerse a sus espaldas.
Sin embargo, la “vida” que se reflejaba de forma más vívida en esa pequeña estatura en ese momento era…
—¡Tú, estás imitando a esa chica…!
—¡Eso es, hermanín! El hermanín nos recuerda. ¡El rico odio que debería dirigirse a nosotros! ¡La fragante obsesión! ¡La pasión fresca! ¡Esa sopa negra y espesa hecha de las oscuras emociones concentradas que debíamos saborear! ¡La lameremos hasta la última gota!
Diciendo eso, Batenkaitos abrió los brazos y dirigió una mirada embelesada a Subaru. Ese nivel de éxtasis era de un enamoramiento total, como el de una doncella que anhelaba a Subaru con todo su corazón. Subaru no conocía esa pasión, pero seguro que “Natsuki Subaru” sí.
—El hermanín es un salvador… no, ¡me atrevería a afirmarlo de esta manera! ¡El hermanín es nuestro héroe! Tan entrañable, que se esfuerza tanto, que nos pone ansiosos si no estamos a su lado, que es malo, y que cuanto más lo pensamos, más nos duele y nos duele el pecho, y que además es un héroe que perdona todo eso…
—…
Subaru se quedó sin palabras al ver la figura de Batenkaitos hablando con los ojos brillando intensamente. Esa figura se superpuso con una que no debía estar allí bajo ninguna circunstancia.
Con ella, quien le había golpeado la espalda con fuerza a un Subaru tan desesperado que estaba a punto de cerrarse en sí mismo.
En el instante en que se superpusieron, todo el cuerpo de Subaru fue presa del pavor y la ira, dejándolo incapaz de moverse…
—¡¿Qué te parece!? ¡Vamos a recrear ese momento tan conmovedor ahora mismo! Empecemos desde aquí, ¡hermanín! Desde el principio, no… desde ce…
El “santuario” que jamás debía ser profanado, estaba siendo profanado. Fue en ese instante.

—¡¿Bugh?!
Al estar tan absorto en la reproducción de los recuerdos, Batenkaitos desvió su atención de todo lo demás que no fuera Subaru.
Aun así, no debería haber bajado la guardia ante Ram, a quien no se debía subestimar; sin embargo, a quien Gula debía haber prestado atención en este momento no era a Subaru o a Ram, con quienes al menos se podía dialogar. Sino a…
—Murak, supongo. Y con eso…
—¡Nos acercamos a escondidas, y bam!
Quienes declararon eso asintiendo mutuamente fueron las dos, Beatrice y Emilia. Como resultado de la coordinación entre ambas, Batenkaitos, quien recibió un fuerte golpe en la nuca, se desplomó inconsciente.
El Arzobispo del Pecado de la Gula había sido golpeado de forma espectacular por el martillo de hielo de Emilia, que se le había acercado sigilosamente, y ahora tenía los ojos en blanco.
Al ver eso, con un sentimiento de total asombro, Subaru murmuró con un hilo de voz:
—…Eh, ¿ganamos?
3
—…
Totalmente fulminado, Batenkaitos tenía los ojos en blanco. La protagonista que había logrado eso, Emilia, asintió enérgicamente diciendo “¡Lo logramos!”, corrió hacia Beatrice y las dos chocaron los cinco con una palmada. Al ver eso, un Subaru que se había quedado atrás miró hacia Ram.
—Esto, o sea que…
—El MURAK de la señorita Beatrice… borró su peso con magia Yin y la señorita Emilia se coló silenciosamente a las espaldas del oponente. Es un método muy de la señorita Emilia, pero…
Explicando el método para derrotar a Gula, Ram se masajeó el entrecejo como si sintiera fatiga. Al darse cuenta de su reacción, Emilia la miró con timidez.
—Esto… ¿estuvo mal?
—…No, fue espléndido. Sí, de verdad, fue espléndido.
Tragándose sus complejas emociones, Ram alabó así el logro de Emilia, y a cambio dirigió una mirada de decepción hacia el Batenkaitos derribado.
Ese sentimiento era dolorosamente comprensible. Quién iba a pensar que Batenkaitos, a quien consideraban su enemigo jurado, sería derrotado con tanta facilidad.
—Es un espléndido TEAMWORK entre Betty y Emilia, de hecho. Estás impresionado, supongo.
—Nah, esto fue más bien como un accidente frontal. De todos modos, Emilita y Beatrice, GOOD JOB! ¡Atemos a este sujeto rápidamente y vayamos a solucionar el próximo problema!
—Espera. ¿Piensas dejarlo con vida? No será más que un factor de riesgo.
Ante la indicación de Subaru mientras acariciaba la cabeza de Beatrice, a quien le dio el premio al mérito, Ram frunció el ceño.
Su preocupación era muy válida. Subaru tampoco quería dejar cabos sueltos. Incluso si esa fuera la paz que se obtiene a costa de matar a alguien.
—Pero no digo que lo capturemos porque me desagrade matar. Se supone que vinimos a esta Atalaya para ayudar a las personas a las que estos tipos les han robado la vida, ¿verdad?
—Eso es cierto. Y por eso mismo…
—No hay garantía de que matar a estos tipos devuelva lo que han comido, ¿verdad? Es más, perderíamos la forma de sacarles información. A mí, eso es lo que me da miedo.
—…
Ya le había preguntado a Ruy Arneb sobre cómo tratar los “recuerdos” y los “nombres” devorados en el Corredor de las Memorias.
“No lo sé”, esa había sido su respuesta. Pero esa era la respuesta de Ruy. No significaba que sus dos hermanos fueran a decir lo mismo.
—Si hubiera una forma de sacarle información ahora mismo, estaría bien, pero si no la hay, no podemos permitirnos el lujo de perder el tiempo con él. Los problemas se nos acumulan. Además de este sujeto.
—…Es cierto que me preocupaba el temblor de la Atalaya y el hecho de que Julius y los demás no estuvieran aquí.
Aceptando el argumento de Subaru, Ram puso una expresión seria y se quedó pensativa.
—Ram, yo estoy de acuerdo con Subaru. Por el momento, lo inmovilizaré con unos grilletes de hielo, así que dejemos lo de interrogarlo para más tarde.
En lugar de una Ram que estaba absorta en sus pensamientos, Emilia expresó su acuerdo con Subaru.
Como para demostrar esa postura, cuando Emilia agitó el brazo, un sonido como si el aire se resquebrajara resonó, y las extremidades del derribado Batenkaitos fueron inmovilizadas con grilletes de hielo.
Con los brazos y las piernas completamente congelados, ni siquiera le resultaría fácil darse la vuelta.
—¿Ves? Con esto parece que estará bien, Ram.
—…De acuerdo. Pero déjeme que sea yo misma quien lo interrogue, por favor.
—¿…? Sí, está bien. Ram se encargará de interrogarlo.
Había una ligera diferencia entre los matices de “interrogar” de Emilia y Ram, pero Subaru no veía la necesidad de llenar ese vacío ni tenía motivos para detener a Ram. Gula no merecía ninguna compasión. Esa era la conclusión de Subaru.
—Y entonces, Subaru, Gula de este lado ya está solucionado, pero ¿qué haremos a continuación, de hecho? ¿Vamos a ayudar a Shaula y Meili, supongo? O si no…
—Sí, así es. Espera un momento. Estoy pensando en ello ahora mismo.
Ante la pregunta de Beatrice, Subaru hizo trabajar su mente para decidir el rumbo a seguir.
De los cinco obstáculos, ya había aliado a otros con la estampida de mabestias y con Reid. Y la inesperada intromisión de Gula había sido derrotada con éxito gracias a la colaboración de Emilia y Beatrice.
Los obstáculos restantes eran el escorpión gigante no identificado y la sombra de la destrucción que incluso aplastaba la Atalaya… y, además, a Subaru le preocupaba el otro Gula que aún no se había mostrado.
—Si mal no recuerdo, Ruy hablaba de Lye y Roy… Si Batenkaitos es Lye, el otro debe ser Roy. Ese tipo todavía no se ha dejado ver ni una vez.
Dicho esto, la situación era que los problemas estaban estallando por toda la torre. A estas alturas, era difícil, y no quería creer, que hubiera un obstáculo desconocido que Subaru aún no conocía.
De hecho, parecía no haber rastro de Gula cerca de los compañeros que estaban dispersos por la Atalaya.
Meili estaba luchando contra la horda de mabestias que rodeaba la torre, Echidna se dirigía al Archivo de Taygeta para refugiar a Rem y a Patrasche. Y Julius, a quien se le veía librar un intenso combate en el segundo piso, entre otros, mostraba cambios bastante dramáticos en la situación…
—…Parece que Julius lo está pasando mal. ¿Su rival es Reid, como suponía?
—¿Subaru? Qué demonios estás diciendo, de hecho. ¿A dónde estás mirando y qué estás viendo, supongo?
—¿Que a dónde miro…? De qué estás hablando, Beatrice. Pues a…
Intercambiando miradas con Beatrice que lo observaba desde abajo, Subaru se dio cuenta de lo extraño de su murmullo. Ciertamente, en ese momento, ni siquiera él mismo podía afirmar con seguridad qué era lo que estaba viendo y por qué había hecho ese comentario. Solo que…
—¿Qué es esto? ¿Puedo saber dónde está cada uno y qué están haciendo? ¿Lo puedo ver…?
Agarrando fuertemente su propio pecho, Subaru estaba empezando a reconocer esa sensación; una percepción misteriosa que le hacía sentir algo como una tenue y débil luz.
Era una sensación que se había estado manifestando a Subaru desde el bucle anterior… un sexto sentido que le permitía sentir la presencia de sus compañeros en la torre, aunque no sabía cómo llamarlo.
—…
Ese sexto sentido inconsciente había dado indicios desde el momento en que había logrado reunirse con Ram y las demás sin dudar. Solo que lo había aceptado con total naturalidad, como si fuera un tercer brazo con el que había nacido.
Pero era imposible nacer de forma natural con un tercer brazo.
—…Ugh.
En el instante en que fue consciente de ello, Subaru notó su estado antinatural, y una sensación de repulsión, casi como náuseas, lo asaltó ante esa escalofriante imposibilidad, haciéndolo gemir.
—¡Subaru!
Beatrice levantó la voz y sostuvo a Subaru por los hombros mientras él se tambaleaba. Al notar su extraña reacción, Emilia y Ram también se acercaron, pero Subaru las detuvo con un gesto de la mano.
—E-estoy bien. Solo me mareé un poco…
—¿Cómo que estás bien? Estás pálido. Quizás sea por haber leído el Libro de los Difuntos de Reid, puede que sea mejor que tú también te escondas en algún sitio.
—No me desprecies de esa manera. Justo ahora estoy en medio de una UPDATE.
—¿Apdeit…?
Emilia inclinó la cabeza con curiosidad ante esa palabra desconocida, e incluso ese gesto le pareció adorable a Subaru. Mientras tanto, él intentaba desesperadamente someter ese tercer brazo que había brotado en su interior.
No sabía por qué. Pero no podía dejar escapar este sexto sentido.
En esta situación en la que todos los compañeros se habían dispersado, era un poder que Subaru, incapaz de luchar por sí mismo, anhelaba desesperadamente.
—Date prisa, compórtate y conviértete en mi propiedad…
Este antinatural tercer brazo había aparecido en respuesta al alma de Natsuki Subaru. Siendo así, no había razón para que no respondiera al llamado de Subaru.
—…
Justo después de desearlo, el tercer brazo se fijó en el interior de Subaru. Expandió su percepción de forma increíble, permitiéndole observar las ubicaciones de sus compañeros dispersos por la Atalaya como tenues luces.
—Puedo saber vagamente la ubicación de todos y si están a salvo… con esto…
Para romper esta situación, Subaru aún podía ser útil. Justo cuando pensaba eso…
—Ah, qué injusto es el hermanín, de verdad.
Se oyó una voz que se arrastraba por el suelo y atrajo la atención de Subaru y los demás. Era una voz de rencor… No, de envidia, de un Batenkaitos que yacía boca abajo en el suelo con sus extremidades inmovilizadas por el hielo.
Y antes de que pudieran hacer cualquier movimiento contra el Batenkaitos que había recuperado el conocimiento, él cerró un ojo. En ese instante, su figura desapareció.
—¡¿Qué?!
—Natsuki Subaru.
Ante el asombro por su desaparición en un abrir y cerrar de ojos, Batenkaitos, que había cruzado el espacio, abrió la boca de par en par a sus espaldas. Esa boca llena de colmillos pronunció el nombre de Subaru, y su lengua roja bailó mientras caía sobre él. Su reacción rápida no llegó a tiempo.
“Me va a comer”, temió su instinto ante el acercamiento del depredador. Así, la boca de Batenkaitos se acercó al cuello de Subaru…
—¡BU-EN PRO-!
—…Un destello pasó rozando el hombro de Subaru y se clavó en las fauces abiertas de Gula.
—…
Ocurrió en un instante, ni Subaru, ni Emilia, ni Ram pudieron moverse.
Solo Batenkaitos, que fue lanzado hacia atrás sin poder hundir sus colmillos en el cuello de Subaru, soltó un grito de confusión: “¡¿Eh?!”, debido al impacto que atravesó su propio cuerpo.
El rostro de Batenkaitos había sufrido un daño enorme, no en el lado izquierdo, que había sido cortado y ensangrentado por Ram, sino en el derecho.
Decir eso sería quedarse corto. La mitad derecha de su rostro había salido volando. Desde la mejilla derecha hasta el ojo derecho habían desaparecido, y la herida carbonizada ni siquiera sangraba.
Quien había hecho eso fue la luz blanca que se disparó continuamente hacia Batenkaitos, quien aún estaba en el aire…
Rayos de luz blanca atravesaron el cuerpo de Gula uno tras otro, borrando su existencia. Batenkaitos, con sus extremidades inmovilizadas y suspendido en el aire, no podía evadir los ataques.
Su último recurso, la teletransportación, tampoco funcionó, tal vez porque su punto de origen había sido destruido. Sus miembros, su torso y su cabeza fueron engullidos por la luz.
—¿Eh? La muerte debería ser más…
En su último momento, Batenkaitos intentó decir algo, pero no pudo terminar de decirlo.
Probablemente quería dejar algún comentario de insatisfacción sobre la “Muerte” que se aproximaba tan inminentemente a él. Pero esa respuesta se había perdido para siempre.
Gran parte de su cuerpo fue desintegrado, y los trozos de carne que quedaron de Batenkaitos se esparcieron por el pasillo.
Al presenciar su final, Subaru soltó un “Ah” y recordó cómo respirar. De inmediato, su corazón dio un vuelco y comenzó a hacerse sentir. Como si intentara recordarle a Subaru que había estado a punto de morir, que había estado a punto de ser devorado, empezó a latir con una fuerza abrumadora.
—E-es… estuve muy cerca. Por poco me comen… qué salvada.
Subaru, con las fuerzas a punto de abandonar sus rodillas, relajó las mejillas en señal de alivio. Había sido el resultado de subestimar la enfermiza obsesión de Gula. Afortunadamente, el precio lo pagó el propio Batenkaitos con su vida…
—Quería mantenerlo con vida, pero no puedo pedir tanto. Como sea, me has salvado la vida, Shaula.
—… ¿Shaula?
Ante las palabras de Subaru, que se limpiaba la frente, Beatrice respondió con un tono inusualmente tenso. Subaru, desconcertado por su reacción, la miró y dijo: “¿Beatrice?”.
—¿Qué pasa? ¿Por qué pones esa cara? Es verdad que estuvo cerca, pero…
—No es eso, no es eso, supongo. Subaru, con qué fundamentos llamas a eso Shaula, de hecho.
—¿A qué te refieres con qué fundamentos…?
Subaru se sintió confundido, sin entender el significado de la pregunta de Beatrice. Incluso si le preguntaban por qué, simplemente lo sabía porque lo sabía.
El tercer brazo que se había fijado en su interior… el sexto sentido que le indicaba la ubicación de sus compañeros, le avisó de la presencia de ella que se encontraba al fondo del pasillo.
No sabía por qué estaba allí. Se suponía que ella estaba con Meili en el balcón, lidiando con la estampida de mabestias que se acercaba. Y, sin embargo… ¿Por qué Shaula estaba aquí, y por qué había protegido a Subaru del apetito de Gula?
—Subaru, retrocede.
—¿Emilita? Hasta tú también, ¿qué estás…? ¿Por qué ponen esa cara…?
Emilia detuvo a Subaru con la mano e intentó protegerlo poniéndose delante de él. A su lado, Ram se alineó en silencio con su varita en alto y sus ojos rosa claro afilados hacia el fondo del pasillo, de donde había salido la luz blanca.
La precaución de Emilia y las demás era extraña. No lo entendía. Porque desde el final de su mirada, desde el fondo del pasillo, lo podía sentir.
Esa luz tenue. La prueba de sus compañeros, la presencia aliada que su sexto sentido le indicaba, esa luz estaba encendida. Estaba encendida.
—…¿Shaula?
—…
En el fondo del pasillo, un escorpión gigante con brillantes ojos compuestos rojos se superponía con la tenue luz.
4
La primera vez que escuchó el nombre de Shaula, no es que no hubiera pensado nada. No era como si tuviera un apego especial hacia él.
Simplemente, le sonaba familiar. “Shaula” es el nombre de una estrella que brilla en el cielo nocturno que Subaru conoce; una palabra que significa la constelación de Escorpio.
Que la verdadera identidad de la persona que lleva el nombre de la constelación de Escorpio sea un escorpión gigante negro azabache es una respuesta realmente simple y sin giros. Es tan carente de giros que daban ganas de dudar del buen gusto de la persona que le puso el nombre.
Aunque el candidato a padrino con esa falta de gusto actualmente estaba siendo tratado como “Gran Maestro” por Natsuki Subaru.
—¿Shaula…?
Pensamientos evasivos como esos no duraron ni unos segundos ante el espectáculo que se desplegaba ante sus ojos.
Frotando siniestramente sus gigantescas pinzas, que habían evolucionado para la masacre, y mirándolos con desdén con sus ojos compuestos rojos, el gigantesco cuerpo negro azabache… el escorpión gigante era uno de los cinco obstáculos que atacaban a esta torre.
Al menos, Subaru lo contaba como tal, y en los bucles anteriores el escorpión gigante se había interpuesto en su camino repetidas veces, atormentándolo a él y a sus compañeros… y, en ocasiones, arrebatándoles incluso la vida.
La impotencia de haber visto cómo mataban a Beatrice y a Echidna era algo que jamás podría olvidar. Y pensar que ese gran enemigo que cometió un acto tan imperdonable era, de todas las personas, Shaula, quien se suponía que era de los suyos…
—Subaru, tranquilízate, de hecho. Primero respira hondo, supongo.
—…
Los pensamientos de Subaru, revueltos por la confusión y a punto de perder la calma, fueron interrumpidos.
Al mirar, Beatrice, que le apretaba la mano suavemente, le estaba acariciando la espalda para calmarlo. Esa sensación hizo que Subaru volviera en sí. Inhaló y exhaló lentamente.
—Creo… que ya me calmé. Aunque todavía estoy un poco confundido.
—Con eso basta, de hecho. Entonces, ¿estás seguro de que esa cosa es Shaula, supongo?
—Sí, no hay duda. Siento la reacción de Shaula en esa cosa… A menos que, por accidente, haya sido tragada entera por ese escorpión.
—Lo aterrador de esa chica es que incluso si eso pasara, seguiría como si nada, supongo.
Ante la broma desesperada de Subaru, Beatrice relajó la comisura de sus labios y le siguió la corriente.
Eso no iba a mejorar su estado de ánimo, pero era un paso necesario para enfrentarse a esa dura realidad. De lo contrario, no podría soportarlo.
Esa Shaula inocente y desinhibida que no mostraba ningún tipo de reserva ni consideración hacia Subaru… el hecho de que había estado siendo engañado por ella.
Esa sonrisa, esas palabras, esa actitud, todo… ¿había sido una falsedad prefabricada? Ella… ¿había sido una traidora que los estaba engañando?
—Entonces, preguntémosle directamente.
—¿Señorita Emilia?
Viendo cómo la confianza y la sospecha luchaban en el interior de Subaru, Emilia dio un paso al frente. Y, sin responder al llamado de Ram, tomó una gran bocanada de aire y gritó:
—¡Oye, tú! ¡¿Eres Shaula?! ¡¿O no eres Shaula?!
—…
—…Ah, claro. A lo mejor no puedes hablar. En ese caso, ¡levanta la pinza derecha si eres Shaula, y la izquierda si no lo eres! Así nos entenderemos.
Considerando al escorpión gigante que se mantenía en silencio, Emilia buscó primero el diálogo.
Pese a haber asestado un golpe despiadado a Batenkaitos hacía un momento, básicamente era pacifista, así que se podría decir que su humanidad rebosaba de misterio.
Y la respuesta a la pregunta de Emilia fue…
—¡…Señorita Beatrice!
—¡Lo sé, supongo!
Percibiendo el peligro al instante, Beatrice respondió a una Ram que se había dado la vuelta. Entonces, de la mano que Beatrice alzó, brotó luz y cristales envueltos en luz púrpura flotaron en el aire.
En ese instante, los cristales fueron destrozados por una luz blanca que se aproximaba de frente, y la luz bailó violentamente por el pasillo.
—¡¿Uoooooo?!
—¡Mantén la cabeza agachada, de hecho! ¡Si nos da un golpe directo será nuestro fin, supongo!
La brillante luz blanca y púrpura se desbocó, y el sonido de cristales rompiéndose resonó en una hermosa cadena.
A pesar de ser una vista magnífica que casi quemaba los ojos, el destello disparado por el escorpión gigante… no, el golpe de su aguijón era un arma letal de luz que ya había demostrado matar a Gula sin piedad.
Beatrice estaba protegiendo a Subaru de esa abrumadora intención asesina, que no era solo una flecha, sino cientos, desviándola, repeliéndola y rechazándola con el poder de la magia que había tejido. Esa abrumadora masa, por alguna razón, se dirigía exclusivamente hacia Subaru…
—¡Esa tipa! ¡¿Acaso me guarda algún rencor?!
—¡Tal vez sea porque Subaru siempre la trataba con frialdad y de manera muy seca, de hecho! ¡Discúlpate, supongo!
—¡Perdón! ¡Fue mi culpa! ¡Lo siento! ¡Perdóname! ¡¿Qué tal ahora?!
Subaru y Beatrice se abrazaron mientras se gritaban el uno al otro, sacudidos de pies a cabeza por las ondas expansivas.
Siguió el valioso consejo y le gritó disculpas, pero la luz blanca de respuesta no mostraba señales de debilitarse. Sin embargo, que los ataques se concentraran así en Subaru significaba que…
—¡Es de cobardes apuntar solo a Subaru, abusando de los más débiles!
Gritando eso, Emilia corrió por el pasillo, cargando una espada larga de hielo, y se abalanzó contra el escorpión gigante.
El escorpión la repelió con sus gigantescas pinzas y retrocedió a gran velocidad moviendo sus múltiples patas.
Sin embargo, Emilia se aferró a su gigantesco cuerpo para no dejarlo escapar, y sus hermosas técnicas de hielo destellaron.
—¡Teya! ¡Ei! ¡Uryaaa!
Espadas largas, espadas dobles, lanzas y grandes martillos de hielo nacían uno tras otro y eran destrozados con ligeros sonidos, mientras Emilia hacía bailar su cabello plateado en medio de los fragmentos de hielo que caían brillando.
Frente a esa danza de hielo, la táctica del escorpión gigante era simple. Balanceaba como una tormenta sus pinzas naturales y su aguijón, destrozando las armas de Emilia en un intento de despedazarla.
Una batalla de artes marciales mixtas entre un humano y un ser que no lo era, o entre un hada y un monstruo, se desarrollaba ante sus ojos; un combate muy reñido donde ambos estaban igualados…
—Pero si están igualados, ese equilibrio…
Justo cuando estaba a punto de decir que se rompería fácilmente, Subaru se dio cuenta. En la batalla entre Emilia y el escorpión gigante, faltaba una fuerza que normalmente no sería extraño que estuviera participando.
Y la respuesta a eso se la dio fácilmente la figura de Ram apoyada en la pared. Tenía sudor en la frente, respiraba con dificultad y el brazo que sostenía la varita le temblaba.
—¡¿Ram?! ¿Qué pasa, te dio en algún lado? ¡¿Y la herida?!
—…No grites tan fuerte. Me retumba en la cabeza. Además, no me ha dado.
—Si no te dio, entonces, ¿por qué estás sufriendo de esa manera…?
Rechazando el brazo que Subaru le tendía, Ram sacudió la cabeza. Tal como decía, a simple vista, no parecía haber ningún rastro de heridas en ella.
—Sabía que los tratamientos de Betty y Emilia eran solo arreglos temporales… pero no pensé que aguantaría tan poco.
—¡…! Beatrice, ¿tú sabes qué pasa?
—…Para resumir, el tiempo que Ram puede luchar es limitado, supongo.
Beatrice, que parecía estar al tanto, se lo explicó brevemente, y la respuesta dejó sin aliento a Subaru.
El excepcional talento para el combate que Ram había mostrado en la batalla contra Batenkaitos… o más bien, su fuerza de combate, que había creado la expectativa de que no se quedaba atrás en comparación con Emilia y Julius.
—O sea que no hay historias perfectas con límites de tiempo incluidos… Me lo hubieran dicho antes.
—¿Que le cuente a Barusu mis debilidades por voluntad propia?… Ni en broma.
—¡Es admirable que puedas seguir soltando comentarios venenosos en esta situación, vamos!
Respondiéndole a una Ram que no paraba de hablar, Subaru la cargó en brazos a la fuerza. En los brazos de Subaru al estilo princesa, Ram frunció el ceño.
—Suéltame. Qué degenerado.
—¡No es el momento de decir eso! ¡Si te quedaste sin batería deja que te carguen sin rechistar! ¡Beatrice!
—¡Lo sé, de hecho!
Silenciando a una Ram que se resistía débilmente, Subaru le gritó a la espalda de Beatrice. Entonces, comprendiendo sus intenciones, Beatrice dirigió su mano hacia el frente y desató su poder mágico.
Nuevamente, se desplegaron los cristales púrpuras brillantes que habían detenido la luz blanca de la muerte.
Aquel grupo de cristales, ahora con sus puntas afiladas, apuntaba al escorpión gigante que se enfrentaba a Emilia. En realidad, lo mejor sería acabar con el escorpión gigante aquí mismo, pero…
—No darse por vencido fácilmente es el punto fuerte de Subaru, supongo.
—Lo siento… soy una carga.
—¡Ni se te ocurra decir eso, de hecho!
La inesperada verdadera identidad del escorpión gigante hacía dudar a Subaru sobre si destruirlo.
Adivinándolo sin que lo pusiera en palabras, Beatrice perdonó magnánimamente la debilidad de Subaru y utilizó el bombardeo de flechas púrpuras no para matar al escorpión, sino para dedicarse a apoyar a Emilia.
—¡Emilia! ¡Ajústate a mí, supongo!
—¡Sí! ¡Lo intentaré por intuición!
Esa falta de claridad hizo que su respuesta fuera aún más alentadora; las técnicas de combate de hielo de Emilia se coordinaron con las flechas púrpuras lanzadas por Beatrice.
El sonido del aire congelándose y el del tiempo rompiéndose se superpusieron. El pasillo donde se clavaron las flechas púrpuras hizo un sonido indescriptible y se endureció, limitando el espacio por donde podía deslizarse el enorme cuerpo del escorpión gigante.
Y allí, Emilia, que había saltado por intuición, forjó la espada más fina de todas las que había creado hasta ahora, verdaderamente hecha de hielo fino, y la estocada corrió…
—…
Cuando se ejerce un filo excesivamente agudo, el corte suena similar al sonido del viento. No se sabe a ciencia cierta si algún antiguo maestro espadachín dejó dicho algo parecido, pero al menos en ese instante, el corte lanzado por Emilia sonó para Subaru solo como el sonido del viento.
Cortada por la articulación, la pinza del escorpión gigante salió volando mientras esparcía fluidos corporales verdes.
Cayó con un sonido pesado en el pasillo, dejando a la vista un resultado de batalla evidente. Un resultado de batalla… evidente.
—Si no quieres seguir sufriendo más dolor, compórtate y…
—¡Emilia! ¡Fue autotomía!
—¡¿Eh?!
Despojándolo de una pinza, Subaru lanzó un grito desesperado hacia Emilia, que intentaba exigirle que se rindiera. La destrucción de las extremidades del escorpión gigante; ese había sido el detonante del peor desenlace en el penúltimo bucle.
—…
Independientemente de la súplica de Subaru, el escorpión gigante movió sus múltiples patas y retrocedió. Ese movimiento era el mismo que la retirada que había mostrado en el bucle anterior… de ser así, lo que seguiría también lo sería.
Al escuchar la palabra autotomía, las dos que intuyeron el peligro al instante fueron Ram y Beatrice. Ram reunió la poca fuerza que le quedaba para levantar un viento, y Beatrice desplegó una barrera violeta.
—¡Emilit-!
El grito para pedirle que se defendiera no pudo ni llegar hasta el final. En el instante siguiente, la pinza cortada que había quedado como recuerdo brilló y explotó.
—…
La luz cegó su visión, el impacto sacudió el cielo y la tierra, y el estruendo asaltó sus tímpanos; todo jugaba en su contra. Subaru, abrazando desesperadamente el tacto que sentía en sus brazos, soportó el dolor en todo su cuerpo.
Sus pies se levantaron del suelo, rodó y se incorporó lentamente en medio del espeso humo que se levantaba.
—Geh, goh… to, todos están… gueh.
—Dónde me estás tocando.
La barbilla de Subaru, que tanteaba llorando con los ojos, fue golpeada suavemente con la base de la palma. Subaru se mordió la lengua sin querer y, mientras sus ojos se llenaban aún más de lágrimas…
—Al parecer, tanto Barusu como Ram hemos logrado sobrevivir.
—A-ah, así parece. Lo siento, ¿toqué en algún lugar raro?
—Sí. Me tocaste el hombro.
—¡Por lo que veo, fue la parte más segura de todas!
Frotándose la barbilla pensando que había recibido el golpe de palma de forma gratuita, Subaru se puso de pie. Luego, intentando ayudar a Ram, levantó a la chica que no se encontraba bien de salud, de nuevo en brazos.
—Tch.
—¡No chasquees la lengua! Y las otras dos… ¡Emilita! ¡Beatrice!
Torciendo la cara ante la fría reacción de Ram, Subaru buscó a Emilia y a Beatrice en su campo de visión.
La bomba autotómica del escorpión gigante… Su poder destructivo era inmenso y el daño que recibió el cuarto piso de la Atalaya fue enorme.
Grandes agujeros se habían abierto en el suelo y el techo del pasillo donde estaban Subaru y los demás, y las paredes amenazaban con derrumbarse en cualquier momento.
—¡Emilita! ¡Beatrice! ¡Por favor, respondan!
—Keh, keh… Estamos bien, Subaru. Tanto Beatrice como yo.
Desde el otro lado del espeso humo que se levantaba, más allá del enorme agujero abierto en el suelo, llegó una respuesta.
Acto seguido, abriéndose paso a través del polvo, apareció Emilia con el cabello y la ropa desordenados. Llevaba a Beatrice en brazos, y curiosamente, estaban en la misma situación que Subaru y Ram.
—Menos mal… ¿Las dos están ilesas?
—Mn, estamos bien. Justo antes de que explotara, Ram desvió la onda expansiva con el viento. Gracias a eso, me dio tiempo a levantar un muro de hielo deprisa.
—Y no te equivocas en que fue muy por los pelos, de hecho. Fue por un pelo, supongo.
Emilia, cargando a Beatrice, saltó el enorme agujero y se acercó.
A simple vista, ninguna de las dos parecía tener heridas graves, y Subaru dejó escapar un suspiro de alivio. Luego, se mordió los labios pensando en el perpetrador que había causado este desastre y había huido apresuradamente.
—Esa potencia con una sola pinza… Esto no es un regalo de despedida del que uno pueda reírse. Si así están las cosas, a saber qué otros ataques tendrá preparados.
—Esa terquedad es lo que heredó del Gran Maestro, ¿no te parece?
—…
Al escuchar el murmullo de Subaru, la burla de Ram lo hizo callar. Al repeler al escorpión gigante y obtener algo de tiempo para pensar, las dudas eran infinitas. Y entre ellas, la mayor duda era, sin lugar a dudas…
—…Oigan, ¿de verdad creen que esa era Shaula, supongo?
Se podría decir que la pregunta de Emilia era el consenso de todos los presentes. No, no era un consenso. Subaru era la excepción. Por mucho que quisiera negarlo, estaba seguro de ello.
—Yo estoy seguro. Además, esa cosa iba tras de mí.
—Es cierto que Shaula estaba muy apegada a Subaru… pero hacerlo de esa forma, sabiendo que Subaru podría morir.
—Sin embargo, la señorita Emilia también se habrá dado cuenta, ¿verdad? Que ese ataque que lanzaba luz es lo mismo que lo que apuntó contra Ram y a los demás en las Dunas de Arena de Augria.
—Eso es… cierto, pero…
Ante el severo señalamiento de Ram, Emilia bajó la mirada y guardó silencio. Ella tampoco quería admitirlo, pero en el fondo era consciente de la cruel realidad.
Que la verdadera identidad de ese escorpión gigante era Shaula, y que ella se había vuelto su enemiga. Sin embargo, había algo que no cuadraba en todo eso.
—…
Buscando una respuesta a esa leve duda, Subaru amplió el rango de percepción de su sexto sentido. En sus brazos a Ram, justo enfrente a Emilia y Beatrice.
En un lugar que parecía ser el Archivo de Taygeta sentía a Echidna, Rem y a Patrasche, y un poco más lejos, en el piso inferior, sentía a Josef. Y, si enviaba su conciencia al balcón del cuarto piso, ciertamente, la presencia de Meili estaba ahí.
—Tal y como pensaba, Meili sigue luchando en el balcón ahora mismo…
—…Si es así, eso significa que la chica no fue atacada por Shaula, de hecho.
—Así es… ¿Qué demonios estará pensando Shaula?
Había contradicciones. Las acciones de Shaula eran demasiado irracionales.
Para empezar, con sus propios ojos, Subaru había visto a Shaula en el balcón, conteniendo a la horda de mabestias para hacer frente a la estampida. Lo que había provocado su cambio de actitud después de eso era un misterio, pero ella no había atacado a Meili.
—Oigan, ustedes dos. Llevan un rato hablando como si fuera lo más normal del mundo, pero…
—A Ram también le intrigaba. Barusu, ¿qué es lo que estás viendo?
Ram y Beatrice, hablando con tanta normalidad dando por sentada la existencia del sexto sentido, fueron interrumpidos por Emilia y los demás.
Una reacción comprensible, por decirlo de alguna forma. Más bien, lo extraño era que Beatrice pudiera seguirles la corriente.
—Si el hecho de que hayas sentido a Shaula no es una tontería de Barusu, debe haber algún fundamento. ¿Es alguna magia nueva y extravagante con la señorita Beatrice…? No irás a decir que es una Protección Divina, ¿verdad?
—Es muy ofensivo que la llames magia nueva y extravagante, supongo. Y tampoco es una Protección Divina, de hecho… Es una Autoridad, supongo.
—¿Autoridad…?
Ante la respuesta de una Beatrice con expresión algo amarga, Emilia y Ram inclinaron la cabeza confundidas.
Ambas reaccionaron como si nunca hubieran oído hablar de ello, pero para Subaru, el sonido de la palabra “Autoridad” encajaba perfectamente.
Como si fuera natural que se le llamara así.
—Beatrice, ¿qué es esa Autoridad?
—…Puedes pensar en ella como una versión superior de una Protección Divina, de hecho. Y Subaru está en proceso de recibirla a posteriori, supongo.
—Una versión superior de una Protección Divina, dice.
Ram murmuró pensativa, mirando la cara de Subaru desde sus brazos. Pero por mucho que lo interrogaran con esos ojos rosa claro, Subaru no podía dar una respuesta clara.
Lo único que podía decir era que la explicación de Beatrice probablemente no estaba equivocada.
—No sé los detalles. Pero tal como dice Beatrice, gracias al efecto de esa tal Autoridad, puedo saber vagamente la ubicación de todos dentro de la torre. Así que…
—Increíble… ah, ¿pero es porque con ese poder, Shaula y ese escorpión gigante se superpusieron?
—Así es.
Subaru asintió débilmente ante una Emilia cuyos ojos mostraban una mezcla de asombro y preocupación.
Autoridad, sexto sentido, no importa cómo lo llamen, pero la luz que se siente como Shaula se mantiene en espera en un lugar muy alejado de Subaru y los demás.
Ya sea para curarse del daño de haber perdido la pinza, o porque tiene algún otro propósito, no lo sabe.
Sin embargo, si hay algo que puede decir con seguridad es…
—…Esa cosa probablemente va a venir a por mí.
—…
Era una certeza extraña. Aunque le tomó tiempo aceptar si la verdadera identidad del escorpión gigante era o no Shaula, pudo asimilar rápidamente que el objetivo del escorpión era él.
Si sus otros compañeros no eran el blanco, se podría decir que era un punto ciego que podían explotar.
—Ah, y hablando de la Autoridad…
El origen de la Autoridad que residía en él, lo desconocía, y en ese momento no era importante. Lo que debía importarle más era la Autoridad de los demás; es decir, la Autoridad de Gula. En el pasillo destruido por la bomba de autotomía, ya no quedaba ni rastro de los restos esparcidos de Batenkaitos.
No hacía falta comprobarlo; Gula había muerto ante sus ojos. En ese caso, ¿qué pasaba con las cicatrices de la Autoridad de Gula grabadas en este mundo?
—Ram, ¿tus “recuerdos”…?
—…Si es por Rem, no puedo recordarla.
—…
En sus brazos, Ram negó con la cabeza, echando por tierra la efímera esperanza de Subaru. Al dirigir su mirada hacia Emilia y Beatrice, tampoco parecían haber experimentado cambios en sus “recuerdos”.
Poco a poco, existía la posibilidad de que lo perdido se recuperara con el tiempo, pero…
—Incluso si derrotamos a Gula, no podemos recuperar lo que nos arrebató…
—Es un enemigo muy problemático. Qué molesto.
Al ver materializado el peor de sus temores, Subaru y Ram pusieron expresiones amargas. Sea como fuere, no había forma de deshacer la muerte de Batenkaitos. Una de las opciones para recuperar lo arrebatado por Gula se acababa de desvanecer ante sus propios ojos, eso era un hecho, y…
—…No, no pongan esas caras tan sombrías.
—… ¿Emilita?
Esa atmósfera pesada fue destrozada por Emilia, que dio un paso adelante acortando distancias. Ella, con una luz de seriedad en sus ojos violeta, miró a Subaru y Ram alternando entre ambos y dijo:
—Precisamente porque es un momento difícil y todo es un caos, tenemos que mantenernos firmes. Además, Echidna, Julius y los demás deben seguir esforzándose.
—…
—Además, también tenemos que hablar con Shaula. ¿No creen?
La voluntad de Emilia, siempre optimista, inquebrantable, y que nunca se detiene, impulsaba a un Subaru a punto de tropezar ante cada obstáculo. Y no era solo esta vez. En el bucle anterior, en el anterior al anterior… e incluso no solo a Subaru, sino también a “Natsuki Subaru”, lo levantó de la misma manera.
—¡Mh, bien! ¡A ponernos las pilas! ¡Beatrice, mis mejillas por favor!
—¿M-mejillas? ¿Qué se supone que debo hacer, de hecho?
—¡Golpealas!
—¡Toma ya, supongo!
Ajenas al sentimiento de Subaru, Emilia le propuso una locura a Beatrice. Pero Beatrice aceptó sin dudarlo, y golpeó las mejillas de Emilia con ambas manos. Sonó un smack, y Emilia murmuró “Mnnn” desde el fondo de su garganta.
—Bien, gracias, Beatrice. ¿Te devuelvo el favor?
—Si Emilia lo hiciera, a Betty se le arrancaría la cabeza del cuello, así que paso, de hecho.
—Jeje, qué cosas dices, Beatrice.
Emilia se rió como si le hubieran contado un chiste, pero la mirada de Beatrice iba en serio.
De todos modos, observando el intercambio entre ambas, Subaru notó que él mismo se había relajado sin darse cuenta y había soltado la tensión innecesaria de sus hombros.
No podía permitirse bajar la guardia del todo, pero estar demasiado tenso también era perjudicial.
—La señorita Emilia siempre actúa con mucha naturalidad… Aunque casi siempre es así.
—No creo que tú puedas hablar por los demás… ¡auch!
—No seas insolente. Entonces, ¿qué hacemos ahora?
Ram, pellizcando el cuello de Subaru desde muy cerca, también había recuperado su actitud habitual.
A su pregunta, Subaru asintió lloroso y volvió a concentrarse en su percepción. Quería hablar con Shaula. Estaba de acuerdo con ello, pero ahora no era su máxima prioridad.
La máxima prioridad era reunirse con los no combatientes, como Echidna, o ir a donde estaba Meili para verificar la situación antes y después de la partida de Shaula. Y para ello…
—… ¿Ah?
Al expandir el sexto sentido y buscar las reacciones de sus compañeros dispersos por la torre, Subaru se quedó boquiabierto.
Los compañeros que permanecían en sus puestos no eran un problema. Incluso podía entender al escorpión gigante, presumiblemente Shaula, que se había alejado de Subaru y los demás probablemente para curar sus heridas.
Sin embargo, esta reacción que se desplazaba por la torre a una velocidad vertiginosa y se acercaba en línea recta…
—… ¡Arriba!
—¡Retrocede, Barusu!
La sensación que le ponía la piel de gallina se convirtió en certeza con la advertencia de la Ram que llevaba en brazos.
Saltar hacia atrás siguiendo su advertencia y levantar la vista hacia el techo agrietado y a punto de derrumbarse por la explosión que fue partido en dos en diagonal, ocurrió casi simultáneamente.
Con una fracción de segundo de retraso, la onda expansiva que lo atravesó todo destrozó en pedazos de piedra que formaban la Atalaya.
El polvo, que apenas se había asentado, volvió a levantarse en el aire y la visión se tornó blanca. La solidez de la Atalaya de las Pléyades, que supuestamente era indestructible, no se veía por ningún lado. La autotomía del escorpión gigante, la presión de la sombra negra, y la verdadera identidad de esta destrucción eran…
—¡Subaru…! Y las señoritas Emilia y Ram.
—¡¿Julius?!
El que rompió el humo blanco y saltó junto a Subaru y los demás fue un Julius vestido de blanco y manchado de sangre. Cayendo sobre una rodilla al instante, se limpió con el dorso de la mano la sangre que le corría por la comisura de los labios, y al mirar a Subaru, que estaba igual de cubierto de humo, dijo:
—Pensé que nos separamos solo por unos minutos, pero veo que las cosas también han estado agitadas por allá.
—No tanto como tú, que atravesaste la torre literalmente.
La reacción que había dejado a Subaru boquiabierto era la de Julius, que apareció irrumpiendo violentamente en la Atalaya.
Definitivamente era un movimiento tridimensional que ignoraba los obstáculos físicos como las paredes o los suelos… un comportamiento totalmente alejado de la impresión que Subaru tenía de él.
—Tienes razón, pero… por favor, dime que has decapitado a Reid.
—Me resulta extremadamente difícil como caballero tener que dar un informe que difiere de la realidad.
—…Supongo que esa ya es la respuesta, de hecho.
El ferviente deseo de Subaru fue negado por la expresión solemne de Julius. Y como si quisiera darle la razón al amargo murmullo de Beatrice, se escucharon pasos pisando escombros. El inconfundible sonido de unos zōri.
—¡Ja! Oye tú, conque estás saludando a todas las mujeres que has reunido aquí. Estaba empezando a aburrirme tras deambular por ahí. Mis oponentes debéis ser todos vosotros, ¿no?
—…El peor escenario posible.
La escueta conclusión de Ram era la opinión general de Subaru y los demás en ese momento. La figura que apareció lentamente entre el humo era la de un hombre alto, de largo cabello rojo y con una manga de su kimono desgarrado quitada.
Envuelto en un aura demoníaca feroz, ese hombre era, indiscutiblemente, un martillo de hierro irracional caído del cielo…
—…Reid Astrea.
—Jaja, no me pongas esa cara de asco, cachomierda. Solo vine a ver porque parecía que esta torre se estaba viniendo abajo. Y tú también me estás decepcionando.
—Entonces, ¿qué tal si das media vuelta y vuelves a tu habitación de espera? Si un ser de poder absoluto se dedica a acosar a los más débiles como si tuviera mal carácter, perderá reputación.
—Lo siento, pero desde que nací no he hecho otra cosa que acosar a los débiles. Porque, mires por donde mires en este mundo, solo hay personas más débiles que el menda.
Un comentario arrogante y prepotente, pero que, sin embargo, la presencia abrumadora de Reid impedía negar. Sintiendo eso en carne propia, Subaru contuvo el aliento.
Un problema tras otro se presentaba ante ellos de forma ostentosa, y con un método tan asqueroso de aumentar gradualmente el nivel de dificultad.
—Reid… ¿por qué estás aquí? ¿No se suponía que no podías salir de esa habitación?
—Oye oye, no me fagas reír, fermosísima. Vivo do quiero vivir, corto a quienes quiero cortar, y me follo a las mujeres con las que quiero una nochaza, joder. Como si fuera a seguir las órdenes de otros solo porque quieren.
—Qué egoísta, eres muuuuy caprichoso.
Frente a un Subaru que se mordía los labios ante la situación cada vez más crítica, Emilia se encaró con Reid.
Incluso Emilia, que era amable, pacifista y a veces suavizaba demasiado el ambiente, no pudo evitar fruncir el ceño ante la filosofía prepotente de Reid.
Al parecer, a Reid no le desagradaba hablar con Emilia, quien tenía la cara más adorable del mundo, y respondía claramente de mejor humor que cuando hablaba con Subaru. En medio de todo esto…
—La situación parece ser la peor posible, pero Julius, tengo una buena noticia, una mala y otra mala.
—Hay una mala noticia de más… Empieza por la buena.
—Uno de los Gula que se había infiltrado en la torre, Batenkaitos, está muerto. Su cuerpo está despedazado.
—Eso es…
Julius, que estaba recuperando el aliento, abrió bien sus ojos amarillos al escuchar el informe de Subaru. Luego, casi de inmediato, se tocó el pecho y cerró los ojos que había abierto.
—…Entonces, ¿una de las malas noticias es que los “recuerdos” robados no han regresado?
—Así es. Aunque Gula muera, los recuerdos no vuelven. Ni los míos, ni los de Rem, ni los tuyos. Y la otra mala noticia es que Shaula se ha convertido en una enemiga. Más exactamente, en una enemiga provisional.
—Como su apariencia también ha cambiado, es fácil de identificar. Si ves a un escorpión gigante, es un enemigo.
—Ojalá pudiera creer que son mis oídos los que me engañan.
Sobrecargado de información, Julius se puso de pie, su elegante rostro se tensó. Situándose a su lado, Subaru bajó la voz para no atraer la atención de la bestia feroz.
—De todos modos, por esa razón, tenemos que ser cuidadosos a la hora de deshacernos de Gula. Para empezar, tenemos que encontrar al otro que debe andar por aquí, pero…
—…Subaru, con respecto a ese asunto, yo también tengo una buena noticia y una triste noticia.
—Dos gotas de agua…
Ante el comentario de Julius, que interrumpió a Subaru, Ram murmuró algo que no se podía ignorar, pero Subaru no le dio importancia y apresuró a Julius a que continuara con su discurso, que sonaba como una venganza.
—Entonces, déjame escuchar a mí también primero la buena noticia.
—Sobre la otra mitad de Gula que buscas, sé dónde se encuentra.
—¡…! ¿En serio? ¿Y dónde está? Tenemos que atraparlo antes de que vaya tras los demás, o estaremos en problemas.
—Esa es precisamente la triste noticia que debo darte.
Subaru se inclinó hacia delante y mordió el anzuelo ante la sugerencia de Julius de haber encontrado a Gula.
Deteniéndolo, Julius negó con la cabeza con una expresión severa. Y luego, desenvainó lentamente su espada de caballero y alzó la punta…
—…El Arzobispo del Pecado de la Gula, Roy Alphard, está allí.
—…¿Ah?
Declaró con voz seria, y Julius apuntó la punta de su espada de caballero hacia el frente.
—…
En la dirección que señalaba su espada se encontraba el corpulento hombre con la sonrisa feroz de tiburón. No había lugar para confundirlo con otra cosa, señalaba a la pelirroja máquina de violencia. Y, dirigiéndose a los atónitos Subaru y los demás, Julius continuó.
—El que tienen frente a sus ojos, el primer Santo de la Espada, Reid Astrea. Él es el Arzobispo del Pecado de la Gula, Roy Alphard en persona.
5
Tardar unos segundos en asimilar el sonido de esa declaración y digerir su significado fue necesario.
—¿Reid es Roy Alphard…?
Al escuchar una historia tan inesperada, los pensamientos de Subaru se detuvieron un paso antes de la comprensión.
Era como un libro escrito en caracteres extranjeros que no podía descifrar por mucho que lo intentara.
Habría sido más fácil de asimilar si le hubieran dicho que era algún tipo de acertijo.
—…
En la expresión de Julius, que sostenía su espada de caballero y miraba fijamente a Reid, no había rastro de algo así.
Para empezar, no era el tipo de persona que causaría confusión en vano en un campo de batalla de vida o muerte.
Esa era la evaluación de Julius que tenía Subaru, quien lo había olvidado una vez y lo estaba conociendo de nuevo.
Por lo tanto, no era ni una mentira ni una broma. Y por eso mismo, la situación era grave.
—Pensándolo de forma sencilla, ese Reid sería ese tipo Alphard disfrazado…
—Oye, espera un momento, oye. Ese es un malentendido harto aburrido, oye.
—¿Eh?
—No me jodas, oye. Eh, oye. Oye tú. Oye, no pienses algo tan aburrido como que tomado he la forma de ese imbécil que no pinta nada aquí, oye.
Al escuchar el murmullo de Subaru, Reid, que hasta entonces los había estado ignorando, arrugó el puente de la nariz.
Subaru no podía determinar si esa actitud que mostraba su mal humor provenía del propio Reid o era una actuación del Gula disfrazado.
Sin embargo, su ira no parecía deberse a querer ocultar su verdadera identidad, sino a una irritación más simple e infantil.
—¿No es obvio que yo sería yo? Eso nunca cambiar ha, y por eso estoy aquí parado. ¿Acaso no estás de acuerdo? Oye tú, ¿estás diciendo que estoy equivocado?
—…
Tocándose el parche del ojo izquierdo, Reid afirmó su identidad hacia Subaru mostrando sus afilados colmillos.
Ante eso, en los brazos de un Subaru cada vez más confundido, Ram se movió. Con una ligera sorpresa en sus ojos rosa claro, murmuró en voz baja:
—No me digas que…
—Señorita Beatrice, estoy segura de que lo mencionó. El Arzobispo del Pecado de la Gula con el que lucharon en la Ciudad de las Compuertas de Agua cambiaba de forma a voluntad.
—…Betty también pensó lo mismo que tú, supongo.
Ante la tranquila pregunta de Ram, Beatrice asintió tensando sus adorables mejillas.
Las dos parecían haber llegado a un consenso, pero la comprensión de Subaru y Emilia no lograba alcanzarlas.
Como si la reacción de esos dos la impacientara, Ram dejó escapar un breve suspiro.
—La Gula que fue vista anteriormente en otro lugar cambiaba su forma libremente… No, probablemente tomaba la forma de la persona cuyos “recuerdos” se había comido.
—Es un poder absurdo que no solo reproduce la mente, sino también el cuerpo, de hecho. Haciendo algo así, no sería extraño que si el alma se confunde no pudiera volver a la normalidad, supongo.
—O sea que, ¿no solo roba las técnicas, sino que también puede hacer un TRACE del cuerpo que las usa? Bueno, es cierto que poder hacer eso sería lo óptimo como usuario de habilidades COPY…
Es una historia común que los usuarios que imitan las habilidades de otros terminen siendo derrotados por no poder manejarlas del todo.
Por lo tanto, el método que Ram y Beatrice habían deducido, el de reproducir también el cuerpo del dueño original, parecía un método convincente para llenar la discrepancia entre uno mismo y el otro.
—Y el que lo hace tan bien es Gula… o debería decir que lo “hacía”, supongo.
—¿Hacía? En pasado… no me digas que…
Guiado hasta la conclusión por Ram, Subaru abrió los ojos de par en par, atónito.
Luego, al mirar a Julius buscando esa respuesta, él asintió lentamente bajando su bien formada barbilla.
Luego, fijó de nuevo sus ojos amarillos en Reid y dijo:
—Es tal y como han concluido la señorita Ram y la señorita Beatrice. Ese que está ante nuestros ojos tiene el cuerpo de Roy Alphard. Pero su mente es otra.
—Su mente…
—Roy Alphard devoró los “recuerdos” de Reid Astrea, y esos “recuerdos” le arrebataron el control de su propia alma. Por lo tanto, ha bajado del segundo piso sin ninguna restricción y está aquí de pie.
—…
Al confirmarse una posibilidad que parecía absurda, Subaru se quedó sin palabras. Se preguntaba si algo así era posible.
Pero con eso, todas las dudas respecto a Reid tenían sentido. Cómo es que Reid, que como examinador de la torre no debería poder abandonar el segundo piso, consiguió su libertad en medio de este caos y empezó a deambular por el interior de la Atalaya.
Era porque había tomado posesión del cuerpo del Gula que atacó la torre, liberándose de su yugo.
—Significa que cayó en la trampa más aterradora de la reproducción de “recuerdos”, de hecho.
—Es decir, ganó el que tenía el ego más fuerte… Se metió en una pelea con las de perder.
Ram se burló implícitamente de la imprudencia de Alphard al desafiar a Reid, quien poseía un ego abrumador.
Sin embargo, Subaru compartía la misma opinión. No se sabía quién de los dos, si Reid o Alphard, tenía un nivel de dificultad mayor para ser derrotado, pero el que menos les convenía a Subaru y los demás era, sin lugar a dudas, Reid.
Tanto por su poder como por el hecho de que no sabían si él conocía la información que necesitaban, que él se interpusiera como uno de los cinco obstáculos no era más que un desastre. ¿Por qué Alphard deseó semejante imprudencia…?
—Roy Alphard decía que esa era su naturaleza como Gula.
—… ¿Hablaste con Gula?
—Cuando subí al segundo piso siguiendo tus instrucciones. Fue justo en el momento en que Roy Alphard y Reid se enfrentaban.
Recordando el desarrollo de los acontecimientos, Julius relató lo que había visto. En ese espacio blanco del segundo piso, Reid y Alphard se enfrentaron y, como resultado de tragarse a esa anomalía llamada Reid Astrea, el alma de Alphard fue devorada por completo.

—…Y tuviste las agallas de dejarte comer así sin más.
—Si vas a decir eso, habría que hablar de las agallas que tuvo ese tipo para intentar comerme, oye. Al fin y al cabo, nadie puede torcer su propia naturaleza. Ese enano murió por la suya.
—Pero tú tampoco te resististe a la comida de Alphard. ¿Fue porque estabas seguro de que podías apoderarte de su ego?
—No fue por una razón tan intelectual como esa. Mi certeza se basaba en una sola cosa.
Ante la pregunta de Julius, Reid frunció el ceño y se rascó la oreja con el dedo. Luego, mostrando sus dientes ferozmente y sonriendo como un tiburón, dijo:
—…En que yo soy yo, nah más.
Y así lo afirmó. Probablemente, esa era la respuesta del alma de Reid Astrea, y toda la respuesta que Roy Alphard había malinterpretado.
El desalmado había sido devorado por el monstruo. Y eso, ante todo, indicaba un hecho. Y ese hecho era…
—Eh, ¿puedo hacer una pregunta?
Habiendo ordenado en cierta medida la situación, quien levantó la mano fue Emilia, que se había mantenido en silencio sin intervenir en la conversación hasta el momento. Ella, que había guardado silencio para no interrumpir, dirigió sus ojos violeta hacia Reid y dijo:
—Según lo que acaban de decir… ¿Significa que Reid ha resucitado?
—Aah, gracias. Con esto, agora puedo enseñarte todo tipo de cosas en un lugar apropiado, fermosísima. Bebamos esta noche, oye. A parte de eso… Ah, oye oye, lo haremos como yo te enseñe.
—¿…? ¿Me estás invitando a salir? Pero yo solo he tenido una DATE con Puck y con Subaru, así que no, gracias. Ah, y otra cosa…
Para Subaru hubo un comentario que no podía dejar pasar, pero no era el ambiente para indagar en ello, y también le sorprendió un poco que Emilia estuviera siguiendo el hilo de la conversación tan bien.
Sin prestar atención a la sorpresa de Subaru, Emilia levantó ligeramente el extremo de las cejas y dijo:
—Que puedas salir libremente está muuuuy bien y te felicito… pero tenemos un asunto importante con el chico que intentó comerte y al que tú te comiste. Por eso…
—¿Que le devuelva su cuerpo? Sí, ya sé en qué situación están, fermosisíma. Hay algo que quieren recuperar, ¿no? Tch, ese canijo sabe demasiadas cosas.
—¡…! ¡¿Puedes ver los “recuerdos” de Alphard?! Entonces…
—¿Que les eche una mano? Oye, oye, no me hagas reír, oye.
Lo escupió como si fuera basura, y Reid se agarró con fastidio la venda del abdomen. Al parecer, no satisfecho con su resurrección, Reid también había arrebatado el derecho de vislumbrar los recuerdos de Roy Alphard… en otras palabras, un fragmento de la Autoridad de Gula.
Sin embargo, parecía que eso no encajaba con su sentido de la estética…
—No tengo intención de darles esto, ni tengo la obligación de ayudarles. Para empezar, a excepción de la fermosisíma, ninguno de ustedes ha superado mi examen.
—¿Aún sigues aferrado a tu examen en esta situación?
—Te equivocas, oye. No estoy aferrado al examen. Me aferro a mis principios.
La respuesta de Reid, mostrando los dientes, expresaba su voluntad de una separación absoluta con Subaru y los demás.
Era algo que ya sabía. En los bucles anteriores, por muchos desastres que sacudieran la Atalaya de las Pléyades, nada había logrado hacer flaquear las acciones de Reid.
Incluso tras obtener su libertad, cumpliría su rol como examinador… No, lo que Reid intentaba cumplir no era un rol.
Seguramente intentaba cumplir con ser Reid Astrea. En cualquier caso…
—…Ya veo. Si no estás de acuerdo, entonces no hay de otra.
Dejando escapar un suspiro que insinuaba que era una lástima, esa respuesta fue suficiente para que Emilia tomara la decisión de atacar a Reid.
—Perdóname.
Eso no iba dirigido a Reid, sino a Beatrice, que llevaba en brazos. Al ser lanzada desde los brazos de Emilia cuando esta se giró, Beatrice abrió la boca en un “Eh”, dibujó una parábola y aterrizó suavemente en una silla de hielo creada en el pasillo.
En ese instante, corriendo por el pasillo como una flecha, la espada de hielo de Emilia asestó un golpe hacia el cuello de Reid.
—¡…Ja!
Sin dudarlo una vez que lo ha decidido; Reid detuvo riendo ese ataque sorpresa de Emilia. Lo hizo con dos palillos que sacó del interior de su kimono… otra vez eso. No era la primera vez que veía a Reid usar palillos como arma.
Pero la anomalía nunca dejaba de sorprender. Especialmente ver cómo la presión de la espada de esos palillos mandaba a volar a Emilia y al pasillo, que estaba a punto de derrumbarse.
—¡Ja! ¡Justo como esperaba, lo captas presto, fermosísima! Pero, oye tú, ¿es que acaso no lo sabes? Tu Examen ya ha terminado, ¿sabes?
—¡Si es así! ¡Entonces aprueba a todos los demás también!
—Oye, oye, ¿qué clase de lógica es esa? No hay ninguna razón para que lo haga.
—¡Te lo ruego!
—No tiene nada de adorable suplicar de esa manera. Por agora, déjame ver esas tetas, oye.
Mientras realizaba su danza de espadas de hielo, la súplica tan propia de Emilia caía en oídos sordos para Reid. La batalla que comenzó así, a simple vista, parecía que Emilia, superándolo en cantidad de ataques, lo estaba abrumando.
Pero la realidad era otra. El poder de Emilia para enfrentarse de igual a igual a Gula y al escorpión gigante estaba, sin exagerar, en un nivel al que Subaru no podría aspirar ni aunque hubiera cien de él.
Eso, frente a Reid, era un juego de niños. Con solo unos pocos choques, Emilia fue derrotada por esos palillos tan toscos. Una diferencia de poder tan abismal que resultaba evidente incluso para un ojo inexperto se interponía entre los dos.
—¡Señorita Emilia…! ¡Ugh, Barusu!
—¡Lo sé! ¡Julius! ¡Beatrice! ¡Préstenme su fuerza!
Probablemente Ram vio el mismo futuro de derrota para Emilia. Elevando la voz para responderle a una Ram que también lo hizo, Subaru se preparó para una batalla campal.
Un enfrentamiento inesperado; un campo de batalla que no debería haber sido así en un principio, pero la situación cambiaba a cada segundo. No había más remedio que adaptarse a las circunstancias y dar lo mejor de sí…
—…Esa no es tu forma de pelear, ¿no, oye?
—…
Esa palabra, como si hubiera leído los pensamientos de Subaru, lo cortó más rápido que un palillo. Y la declaración de Reid Astrea no necesitó mucho tiempo para partir en dos la torpe adaptación de Natsuki Subaru.
Al cabo de apenas un minuto, no había nadie más que Reid en pie en el pasillo.
—U-ugh…
Dejando escapar un gemido, Emilia intentaba ponerse en pie a duras penas. Su pierna había adquirido un color doloroso, negándose a convertir su noble voluntad en la fuerza para levantarse.
—…
Beatrice, que estaba tumbada boca abajo a poca distancia, yacía inmóvil e inconsciente.
Por muy experta en magia que fuera, si su agilidad física era la de la niña que aparentaba, no tenía cómo oponerse al viento de espada del legendario espadachín que había revivido tras cuatrocientos años.
—Qué humillación…
Dejando gotear sangre de la boca que murmuraba con odio, Ram, apoyada en la pared, fue la que mejor luchó.
Destrozada, exprimiendo las pocas fuerzas que le quedaban casi agotadas para causarle un rasguño a Reid; ella era la verdadera heroína que merecía ser alabada en este campo de batalla. Y entonces…
—Es inútil hacer trucos baratos, pero aun así es mejor que hacerlos, tú. Bueno, hagas lo que hagas siendo un cachomieda, nada cambiará. Era de esperar en el momento en que esto pasó.
—Hijo… de puta…
Pisoteado por el zōri de Reid, un Subaru que tenía la cabeza aplastada contra el suelo gimió. Era frustrante, pero el dolor en todo su cuerpo que crujía y las palabras condescendientes de Reid lo decían todo.
Incluso si lanzaba un ataque desesperado, no podría esperar ni siquiera el resultado de que “un ratón acorralado muerde al gato”. Si Subaru era un ratón, Reid era un dragón.
Así de abismal era la diferencia en sus niveles de existencia.
No había oportunidad de ganar.
No, no era eso. No había podido crear una oportunidad de ganar.
—Para empezar, no es una cuestión de números. Y eso es lo que vosotros, pardillos, no termináis de entender. Dime, oye… ¿tú también lo crees, no?
—…
Sobre un Subaru que estaba tirado en el suelo, Reid dirigió su único ojo al último enemigo que quedaba.
En una situación en la que nadie más podía mantenerse en pie, Julius Juukulius apenas se sostenía sobre sus rodillas.
De su mirada amarilla, la intención de luchar aún no había desaparecido.
—¿Por qué…?
—¿Ah?
Al breve murmullo de Julius, Reid levantó una ceja. Manteniéndolo en su campo de visión, Julius se limpió la boca y se puso en pie con las rodillas temblando. Y, mirando de nuevo fijamente a Reid, continuó.
—¿Por qué te obsesionas conmigo?
—¿Eeh? ¿Que estoy obsesionado contigo? No fastidies. Bastardos de solo palabras y cara bonita son la raza que más odio, ¿por qué si no? Además, ¿por qué tendría que estar obsesionado?
—Entonces…
—… ¿No eres tú quien tiene razones para estar obsesionado conmigo? Si me retirare agora, ¿de verdad pareciérete bien?
—…
La respuesta de Reid a la pregunta de Julius no podía decirse que fuera clara.
Él mismo era del tipo de personas que no le veían valor a expresar todo con palabras. Por eso, sus respuestas eran en su mayoría sensoriales y difíciles de comprender.
—Tú también, cachomierda. Igual que ese imbécil, tú tampoco entiendes nah de nah. No sabes cómo blandir tu propia espada. Así no me divierto, oye.
—Yo, no… no uso… espada… ¡gaah!
—Tu adaptación a las circunstancias no se diferencia en nada de improvisar sobre la marcha. Las victorias constantes y las derrotas nulas son el privilegio de los fuertes, ¿sabes? Por eso…
Y cortando ahí sus palabras, Reid frunció el ceño y blandió sus palillos.
En ese instante, la luz blanca que se aproximaba al costado del rostro de Reid fue repelida por el golpe de sus palillos con un sonido estridente.
—Tener cojones para usar incluso al enemigo no está mal. Pero vas demasiado tarde.
Mirando hacia el origen de la luz blanca que había repelido, Reid resopló.
A lo lejos en el pasillo que se había convertido en un campo de batalla, los ojos compuestos rojos que flotaban en la penumbra eran la prueba de la amenaza que habían repelido una vez.
Aquello que también había captado el sexto sentido de Subaru, era su última esperanza de darle la vuelta a la situación, pero…
—Tch, ha venido alguien muy problemático.
—¡Gueh!
Diciendo eso, Reid pateó a Subaru a quien tenía pisado, sacándolo del rango de ataque.
Acto seguido, una tormenta de luz blanca llovió a cántaros, reduciendo a cenizas el lugar donde Subaru había estado hasta hace un instante.
Luego, mientras apartaba las flechas perdidas, Reid apuntó al intruso no invitado…
—S-Subaru…
Al lugar donde rodó tras ser pateado, justo al alcance de la mano, lo llamó una Beatrice caída en el suelo.
El llamado de la niña, que había recuperado la conciencia con el rostro pálido, le llegó al corazón a Subaru. Quería borrar a toda costa la ansiedad y el miedo que tensaban ese rostro.
—Todavía, no… Beatrice… desde aquí, encontraré alguna forma de recuperarnos…
—No es eso, de hecho… ¡No es eso, supongo! ¡Viene, de hecho!
—¿Viene?
Ante la desesperada súplica de una Beatrice que escupía sangre con los ojos muy abiertos, Subaru pensó en la presencia del escorpión gigante.
Si hablamos de amenazas, tanto Reid como el escorpión gigante estaban cara a cara. En esta peor situación posible donde ya se habían reunido monstruos aterradores, ¿qué más podría venir ahora…?
—…No me digas que…
—Por eso te lo dije, oye. Que vino alguien muy problemático.
Reid lo afirmó, confirmando los pensamientos que cruzaron por la mente de Subaru. Su tono de voz era serio, y parecía que sentía una verdadera indigestión ante esta situación.
Inmediatamente después, el impacto que surgió desde abajo se transformó en un terremoto violento que sacudió la Atalaya Pléyades.
Recibiendo un impacto que lo hizo flotar en el aire, sin exagerar, el mundo de Subaru se puso patas arriba.
—…
Subaru, mandado a volar sin poder hacer nada.
En el campo de visión de Subaru, los habitantes de este mundo de fantasía mostraban movimientos asombrosos.
En el aire, Emilia desistió de apoyarse en su pierna rota y usó magia desde una posición incómoda, bloqueando uno tras otro los rayos de luz blanca que se disparaban intensamente hacia Subaru.
Julius corrió a través del mundo inclinado y respondió a la intención de lucha de Reid con una estocada con todas sus fuerzas. Y Beatrice dirigió al instante su pequeña palma hacia Subaru y exclamó:
—¡MURAK!
En el momento del cántico, Subaru comprendió que estaba envuelto en una sensación de flotabilidad diferente al impacto que lo había arrastrado.
Una sensación de haber sido liberado del yugo de la gravedad y lanzado a un mundo de ingravidez. En esta situación, incluso si el cielo y la tierra se invertían, no le afectaría mucho. Cada uno tomando la mejor acción posible para sí mismo…
—…Ah.
Como si se burlara de esas “mejores acciones”, una inmensa cantidad de sombra negra azabache engulló la torre entera.
—…
Un aterrador sonido de compresión resonó por doquier, y la Atalaya, que ostentaba una resistencia imposible para ser solo de piedra, fue aplastada.
Una violencia provocada por sombras que, en teoría, no deberían tener masa. Ya no podía llamarse simplemente destrucción; la llegada de un impacto cercano a un desastre natural engulló y masticó fácilmente incluso a aquellos que en este mundo poseían un poder digno de ser llamados superhumanos.
Incluso a Emilia, que se resistió al escorpión gigante deseando asegurar la protección de sus compañeros.
Incluso a Julius, que empuñó su espada de caballero para responder al deseo encomendado por Subaru.
Incluso a Beatrice, que pospuso su propio bienestar y usó magia para proteger a Subaru. En un instante que duró lo mismo que un parpadeo, fueron atrapados por la sombra que se extendía y desaparecieron de la vista.
—…
Sin un sonido, sin dejar rastro, las figuras de Emilia y los demás desaparecieron. Subaru no encontraba las palabras adecuadas en su interior para llamar a ese hecho instantáneo que les había ocurrido. Pero había algo que podía decir con claridad.
—…He fallado.
—…Te amo.
Que él aceptara la realidad y que le susurraran ese amor oscuro y siniestro, ocurrieron al mismo tiempo.
Un espíritu de la palabra de amor transmitido de manera terriblemente directa, como si le susurraran al oído, o lo besaran, o abrazaran todo su cuerpo, o acariciaran su alma. Lo supo de inmediato.
El mayor problema de los cinco obstáculos. Esa sombra que lo devoraba todo, de la cual dudaba que realmente existiera una forma de enfrentarla, había llegado.
Esta era la tercera vez que veía esta sombra, y cada vez que se topaba con ella, Subaru perdía la vida. Y esta vez no era la excepción, en el momento en que esta sombra apareció y lo alcanzó…
—…Oye tú, ¿cómo se te ocurre dormirte, eh?
En un instante, la sombra negra azabache que envolvía a Subaru fue barrida por un solo corte de espada.
—…No puede ser.
—Abre bien tus ojos y observa. Oye tú, ¿cómo que “imposible”? Oye tú, ¿no has abierto los ojos? Oye tú, ábrelos y observa. ¿Qué dices que es imposible para mí?
Reid, blandiendo su espada de caballero con total despreocupación, bramó tras cortar la sombra. En sus manos, empuñaba la espada de caballero que debería haber pertenecido a Julius.
Que una espada sin dueño se blandiera a placer en las manos del Santo de la Espada solo podía llamarse ironía. Pero no tenía tiempo para albergar emociones ante tal ironía del destino.
—…
El efecto de la magia de Beatrice seguía presente, y el cuerpo de Subaru permanecía atrapado en la ingravidez.
En esa torre sin suelo, paredes ni techo, que había perdido su forma original, Subaru la vio.
La presencia de Ram, que aún no había sido devorada por la sombra.
—¡…!
Retorciéndose, pateando escombros, se abalanzó desesperadamente hacia ese cuerpo delgado.
Sus dedos la rozaron, la atrajo hacia sí, y la abrazó con todas sus fuerzas.
La estructura de la Atalaya ya se había derrumbado y había perdido la noción de dónde estaban las paredes y el techo.
A su alrededor solo había un cielo negro, un abismo negro, un mundo negro sin fin. En un mundo donde todo se volvía incomprensible, el calor corporal en sus brazos era lo único real.
—…Ugh.
Solo el cuerpo caliente de una Ram inconsciente y desmayada reclamaba su existencia.
—…
Apretó las muelas y se mordió el labio hasta hacerlo sangrar para animarse a sí mismo.
Hace un momento, en el instante en que todo estuvo a punto de pintarse de negro, Subaru quizás se había rendido a entender la situación y había intentado entregarse al final. Pero hacer algo así era imperdonable ante una vida que estaba viviendo este instante con todas sus fuerzas.
—…Aún hay algo.
Incluso en esta situación, debía de haber algo que pudiera obtener. Hasta ahora, Subaru había sido devorado dos veces por estas manos demoníacas negras azabache y había perdido la vida. Pero ambos finales habían sido repentinos, sin tiempo para hacer algo así.
El poder obtenerlo se debía a la existencia de Ram, que aún seguía luchando por su frágil vida, y a…
—Ja.
Fue gracias a la ayuda de Reid, que mostraba una sonrisa feroz en medio de la misma sombra que Subaru.
Por supuesto, no se lo agradecía. Todo su cuerpo, que había sido tratado a su antojo, era un coro de gritos de dolor, y para empezar, si el límite de tiempo antes de que la sombra engullera la Atalaya se había agotado, era culpa de la intromisión irracional de Reid. Por eso…
—A ti también te vamos a derrotar, tenlo por seguro. Alguien de nosotros.
—Oye tú, el que está ahí; sigue actuando como si fueras genial hasta el final, mierdecilla.
Bajo él, Reid, que sostenía la espada de caballero con agarre inverso, apuntó a Subaru. Había distancia, pero para Reid, unos pocos metros eran como si no existieran.
Y entonces, hacia un Reid que había fijado su hostilidad en Subaru, la sombra negra azabache se abalanzó con fuerza creciente. Pero ni siquiera eso perturbó el aura de la espada de Reid.
No era consciente de ello, pero en ese momento, Subaru tal vez lo vio. Una escena de la leyenda de la Bruja y el Santo de la Espada, que se dice que ocurrió hace cuatrocientos años.
Sin embargo, ignorando incluso eso, la destrucción y la violencia irracionales, en otras palabras, lo que se llama Muerte, se acercaba a Subaru…
—Al menos.
Quería que viviera, aunque fuera un segundo más. Con ese deseo, Subaru abrazó con fuerza el cuerpo de Ram en sus brazos. Al instante siguiente, un torrente de luz que no parecía el destello de una espada engulló a Subaru…
6
Cada vez que se perdía, cada vez que se rehacía, cada vez que se deseaba, reencarnaba.
Una y otra vez, repitiendo incesantemente ese final que se supone que solo ocurre una vez.
—…
De repente, lo pensó. Que, tal vez, que siempre hubiera alguien a su lado en sus últimos momentos fuera una bendición.
Si, en lugar de enfrentarse solo a sus últimos momentos, sus dedos extendidos y su alma frágil lograban acercarse a alguien, y si eso le daba la fuerza para levantarse de nuevo…
—…
Sin embargo, al mismo tiempo también pensó esto: ¿Por qué Natsuki Subaru nunca llega a tiempo? ¿Por qué Natsuki Subaru nunca es capaz de salvar a esa persona que se queda a su lado en sus últimos momentos?
—…
El polvo y la arena se elevaban hasta una altura altísima que no deberían alcanzar. En el balcón de la Atalaya Pléyades, en la tierra que se podía contemplar desde cientos de metros de altura, una horda de mabestias se abalanzaba ferozmente, lanzando ataques como si quisieran derrumbar la torre.
La que estaba deteniendo esa estampida era Meili, luchando con su poder para controlar a las mabestias.
Frente a los desastres que ocurrían en varios lugares de la torre, Julius se dirigía al segundo piso, donde estaba Reid.
Y, para salvar a Emilia y a los demás que se encontrarían con Batenkaitos, Subaru tenía que correr hacia ese lugar lo antes posible, pero…
—¿Gran Maestro? ¿Se encuentra bien?
Llamándolo desde atrás, ella, con su larga trenza negra balanceándose, ladeó la cabeza. Haciendo caso omiso de la dura batalla de hace apenas un instante, ella, demostrando su energía inagotable, se mostraba imperturbable y obedeció sin dudar a Subaru cuando este le hizo detenerse.
En su expresión al hacerlo no se sentía ni prisa ni ansiedad, ni había ni la más mínima chispa astuta de intentar engañarlo. Si eso era fruto de su camuflaje, o si eran sus verdaderos sentimientos, no estaba claro, pero…
— Gran Maestro, ¿me oye? Al igual que usted y yo, los demás parecen haberse visto envueltos en problemas, pero… ¿hay algo que yo pueda hacer por usted, Gran Maestro?
—Ah, sí… Algo que puedas hacer por mí, eh.
—Sí. ¡Si el Gran Maestro me lo pide, entonces yo haría FLY AWAY superenérgicamente hacia el fuego, el agua o incluso la Gran Cascada, por poner unos ejemplos!
Quien dijo eso con energía y sin malicia, levantando ambas manos, era Shaula. Mirando directamente a esa sonrisa sin preocupaciones, Subaru contuvo el aliento levemente.
—…
Había vuelto. Había podido volver a este momento una vez más. Lo que tenía que hacer no cambiaba.
Había personas que quería salvar y enemigos que debía derrotar. Por eso, para confirmar sin dudar lo que debía hacer, Subaru llevaría a cabo un rito necesario. Y eso era…
—Shaula, ¿vas a hacer cualquier cosa que yo te diga?
—¡Por supuestísimo! ¡Cumpliré cualquier petición suya, Gran Maestro! Si es una súplica suya, incluso accedería a algo un poco superextremo. Ah, ah, ah, ¿no me diga que, por fin, ha llegado al límite de su paciencia con mi cuerpo de infarto? ¿Y por eso alejó a los demás para que nos quedáramos a solas? ¡Ay, madre, madre! Qué cosas tiene, Gran Maestro…
—Shaula.
Retorciéndose y apretando sus propias mejillas con las manos, Shaula se sonrojó ante las palabras de Subaru. Sin embargo, Subaru no le siguió el juego a esas palabras suyas y la miró directamente a la cara. Y entonces…
—Dime… si yo te ordenara que murieras, ¿te morirías?