Los guardianes de la llama carmesí
LOS GUARDIANES DE LA LLAMA CARMESÍ
1
—…Señor Al, ¿puedes oír mi voz fuerte y claro~?
—Guoa, en verdad puedo oírte.
Al oír la voz de la joven a través del vaso, Al, que se había mostrado escéptico, involuntariamente murmuró esas palabras.
Comprendía el principio y también había podido imaginar el resultado. Pero eso era todo; al experimentar una sorpresa burguesa al verlo implementado, no pudo mantener las apariencias de ninguna forma.
—Si se trata de apariencias, tu ropa actual te queda sumamente bien~, ten algo de confianza. Ah~, pero, pero, la pose de ponerte el vaso en la oreja puede ser un poco ridícula, ¿no crees?
—Deja de leerle la mente a la gente. Además, no es que lo haga porque quiera.
—Te ves obligado por necesidad, ¿no es verdad? Lo entien~do perfectamente.
Suspirando ante su traviesa respuesta, Al se vio objetivamente tras el comentario de la joven.
Normalmente, el estilo de bandido de Al le aseguraba comentarios sobre que no sabía vestirse para diferentes ocasiones, pero hoy había combinado un traje formal de esmoquin con su tosco yelmo de acero, un estilo sacado directamente de la nueva colección primaveral de Lugunica, acentuado por un vaso vacío que había colocado al lado de su yelmo, y estaba en medio de una conversación con un compañero invisible en un balcón desprovisto de gente.
—Más que ridículo, es simply sospechoso.
—¿No es demasiado tarde para preocuparse por eso?
—Cállate de una maldita vez.
Entendiendo perfectamente sus quejas, la otra persona dijo cosas innecesarias a través del vaso, por lo que la insultó. Después, Al dirigió su mirada hacia al sitio lleno de gente y preguntó: «¿Entonces?».
—En la parte interior del lado derecho del lugar, el caballero dandy con cabello gris y barba.
—Gris, barba y dandy, entendido.
Al recibir esa información, Al escondió el vaso en una esquina junto al barandal del balcón, se enderezó y regresó a la sala de banquetes. Entonces, mientras buscaba a la persona que encajaba con la descripción, tuvo algunos problemas. No quedaba de otra.
Después de todo, esta era una fiesta en la que los invitados ocultaban la mayor parte de sus caras.
Aun así, localizó al objetivo, se presentó y lo guio hacia el pasillo. Entonces…
—…Tus estrellas eran malas.
Después de llevarlo a una zona remota, Al reveló su verdadero objetivo.
Inmediatamente después, su oponente, quitándose la máscara de caballero en más de un sentido, apuntó a su cuello; torciendo su cuerpo para esquivar el ataque, Al sacó un cuchillo y lo clavó en el costado de su oponente, y el veneno que recubría la hoja le quitó la vida.
Sosteniendo el cuerpo que había quedado inerte, escondió el cadáver detrás de la mansión y llegó a un punto donde pudo tomar un pequeño respiro.
—Mierda, seis veces… jodidamente fuerte, era este tipo.
Había sido considerablemente difícil lidiar con uno solo de ellos, y pensar en lo que acababa de pasar le daba dolor de cabeza.
Aguantando el dolor, Al recogió el vaso que había escondido allí de antemano y lo colocó contra un lado de su yelmo.
—Como era de esperarse, el señor Al actuó de forma brillante~. Pero aún queda mucho camino por recorrer, ¿sabes?
—…
—¿Eh? ¿Pasa algo? ¿Puedes oírme? El hilo está bien tensado, así que deberías poder oírme, ¿verdad~?
Al escuchar la voz de la misma chica que había oído mientras estaba en el balcón, Al, habiendo adivinado perfectamente la causa de su dolor de cabeza, aplazó su respuesta un poco y no respondió al «¿Hola?» que recibió.
Sin responder, de repente recordó la razón por la que, en este baile de máscaras, esta Masquerade Night que se celebraba en la Mansión Barielle, se veía obligado a realizar este sangriento trabajo detrás de escena.3
3 NdT: Noche de Máscaras, fiesta, generalmente un baile formal de la burguesía, en la que los invitados usan máscaras.
2
…Eso ocurrió diez días antes de que Al asistiera a la cena, vestido con un traje formal al que no estaba acostumbrado.
—¡Lady Priscilla ordenó que desea muchísimo celebrar una «Mascararey Naig»!
—Una masquerade night…
«¡Sí, y muchísimo!», respondió al murmullo ausente de Al, con los ojos brillantes, el mayordomo shota que trabajaba admirablemente en la Mansión Barielle y era el favorito de Priscilla, Schult.
Mientras esos ojos rojos, rebosantes de entusiasmo y curiosidad, lo miraban, Al jugueteó con los accesorios metálicos de su yelmo, encogiéndose de hombros ante la idea de su Señora.
—Bueno, básicamente es una cena de máscaras, pero ¿qué rayos con esa influencia…? Digo, hasta lo dijo en un idioma extranjero, supongo que es obvio que el causante soy yo.
—Ah, pero fui yo quien dijo que le gustaría muchísimo probarlo. Lady Priscilla me contó que había un tipo de party en la que se ocultaba la cara, y pues, simplemente… así pasó, muy en efecto.
—Ya veo. No es que el favoritismo de la Princesa hacia Schult sea nuevo, y también concuerda con la interpretación de que a la propia Princesa le gustaría un baile de máscaras, así que lo entiendo.
Más bien, la naturaleza de Priscilla era tal que no parecería extraño que celebrara una cada semana. Aunque si Al llegara a decir algo así, sabía que recibiría un regaño, por lo que no lo diría en voz alta.
De todos modos, Al pudo llegar a la comprensión gracias a la explicación de Schult.
—Entonces, Schult y las otras chicas están súper ocupados con las preparaciones.
Mirando a su alrededor, aparte de Schult, que se había detenido frente a Al, se podía ver a los demás sirvientes que trabajaban en la mansión ocupados por todos lados. Por desgracia, Al no podía imaginar cuánto trabajo requería celebrar un baile de máscaras, pero era imposible que fuera fácil preparar una fiesta tan repentina.
No obstante, a pesar de lo presionados que estaban por el trabajo repentino, no se podía ver ningún descontento o insatisfacción en sus caras.
—En serio, ser tan popular a pesar de todo eso es un aspecto tan extraño de la Princesa.
—¡Lady Priscilla es amable y hermosa, así que todo el mundo la quiere muchísimo! Respondiendo con sinceridad a las quejas despreocupadas de Al, el pequeño cuerpo de Schult se levantó inquieto para reunirse con sus compañeros y ayudar en los preparativos de la fiesta.
Schult aún era joven y de poca confianza como sirviente, pero su simple presencia inocente tenía la extraña capacidad para animar a los que lo rodeaban.
—Una técnica que utiliza el encanto de Schult, ¿eh? Como Schult tiende a ser muy querido, estoy emocionado por ver cómo tentará diabólicamente a las chicas una vez que sus extremidades crezcan por completo.
Pasó en el momento en que Al vocalizó ese pronóstico inútil e impuro del futuro.
—Guah~, el señor Al tiene esa imagen mental del pure Schult, qué sucio~.
—…
Prestando atención a la voz repentina, Al entrecerró los ojos dentro de su yelmo y se dio la vuelta.
En el jardín donde había estado hablando con Schult, no se distinguía ninguna otra figura además de Al. Pero, como no era posible que esa voz llena de malicia fuera una alucinación, Al caminó hacia el parterre, donde brotaban flores de color rojo brillante, y se sentó contra la pared de ladrillos.
Entonces, llamando al otro lado de la pared con un «Oye»…
—No aparezcas aquí tan descuidadamente. En la Mansión de Priscilla Barielle empezarán a circular rumores de que el Hollow de la sirvienta que fue decapitada por deslealtad acecha por ahí, noche tras noche.
—Justo ahora es mediodía, Yae tiene piernas y, para empezar, no recuerdo haber sido decapitada por deslealtad~. …Aunque sí que pasé por algo mucho más aterrador que eso.
De hecho, esta persona añadió un comentario de tono ligeramente distinto al final de su réplica. Esa observación maliciosa no podía interpretarse como un rencor, pero hizo que los labios de Al se torcieran bastante.
Escondida tras la pared de ladrillos, la persona que se comportaba de tal manera que los habitantes de la mansión no la descubrieran, la que no se mostraba al otro lado del muro, era una joven de cabello rojo, ojos traviesos como los de un gato y complexión flexible. Anteriormente había trabajado en esta mansión, pero por motivos personales dimitió.
Aun así, la razón por la que no debía ser encontrada no era porque fuera una persona que se había retirado de la mansión.
Después de todo, era una asesina a la que se le había ordenado eliminar a la Señora de la mansión, Priscilla Barielle. Era una traidora cuyos planes habían sido descubiertos y frustrados por nada menos que Al.
…Yae Tenzen, esa era la identidad de la joven que merodeaba detrás de la pared, conversando con Al.
—Desde aquella noche, he sido la fiel sirvienta del señor Al… A tus órdenes y a tu antojo, señor Al, me conformo con actuar como espía, trabajar como asesina y servirte como ramera…
—Deja de hacerme parecer un villano atroz que te obliga a hacer todo eso. Por ahora, solo la parte de espía es cierta.
—Y cuando dices «por ahora», eso significa~…
—Nunca tendrás la oportunidad de hacer esa tercera cosa. No me hagas repetirlo.
—Aunque hay una segunda cosa, solo piensas en la tercera; el señor Al en verdad es un niño de corazón~.
Creía haberlo anticipado, pero aplastado por una teoría tan invencible, Al no supo qué responder. Como prolongar el tema solo lo pondría en desventaja, decidió comenzar a desviar el rumbo de la conversación.
Yae también debería haber sido consciente del riesgo que suponía mostrar su cara en la mansión. Así que, a pesar de ello, superar ese peligro y planear contactar con Al significaba…
—Por cierto, la mansión está muy animada ahora mismo, ¿no? Antes, Schult estaba inquieto… Como siempre, ¡es tan adorable que solo quiero abrazarlo fuertemente!
—Siento lo mismo, pero la razón por la que estás aquí no es solo por síntomas de abstinencia de Schult, ¿verdad? Entonces, qué…
—Parece que el próximo complot para asesinar a la Señora está en marcha.
“¿En marcha?” Interrumpido cuando estaba a punto de continuar, Al entrecerró los ojos ante la agudeza, la frialdad y el contenido cortante de esas palabras, y silenciosamente dejó que la información se hundiera en su cerebro.
Un complot para asesinar a Priscilla Barielle: tenía un tono verdaderamente inquietante, pero el asunto en sí no era sorprendente.
Actualmente, ella era una de las cinco Candidatas a la Selección Real que influiría en el futuro del Reino de Lugunica, e incluso si no fuera por eso, la severidad de su personalidad le facilitaba conseguirse enemigos. No sería extraño que hubiera quienes consideraran a Priscilla un obstáculo, con sus ojos inteligentes que parecían verlo todo, y por lo que desearan que desapareciera.
Pero esa enemistad fácilmente comprensible era un asunto completamente distinto cuando se trataba de algo transmitido por Yae.
—El Imperio de Vollachia está preparando su próximo complot, ¿eh? ¿Cómo te enteraste?
—Había señales de gente entrando y saliendo de la base que yo utilizaba anteriormente. Parece que el sucesor de Yae vino a recoger suministros~.
—Oye, oye, aunque sean la piedra angular de las operaciones de inteligencia del Imperio, estos shinobi han estado actuando de forma descuidada.
—Yo no lo llamaría un error por su parte. El señor Al probablemente no pueda imaginarlo, pero es súper dúper difícil para la gente del Imperio maniobrar en secreto dentro del Reino~.
Yae frunció los labios con expresión de reproche ante el comentario irreflexivo de Al, y acto seguido añadió: «Además~»…
—…No hay ninguna posibilidad de que puedan imaginar que Yae sigue viva, y mucho menos que traicionó al Imperio, así que es una forma normal de actuar para ellos.
Lo dijo en voz baja, con palabras tan afiladas que por sí solas tenían el poder de matar.
—…
Sintiendo una ilusión como si ese filo se hubiera clavado en su nuca, Al cerró un ojo. En realidad, las palabras de Yae no contenían ninguna falsedad. Era una shinobi de un genio incomparable, producida por la aldea shinobi del Imperio de Vollachia, a la que se le había encomendado una misión de suma importancia, una existencia destinada a volverlo realidad. En la probabilidad de uno entre diez mil a que fallara, tenía grabado en su alma que debía suicidarse sin revelar en lo más mínimo de la información del Imperio.
Efectivamente, en su alma. La programación que fue grabada en su alma había sido sobrescrita a la fuerza por Al.
Tal cosa debería haber sido imposible, por lo que este fracaso por parte de Vollachia, con toda justicia, no podía ser condenado.
—Pensar que Yae, que superó todo tipo de penurias en la aldea mientras tarareaba una tonada, vería su cuerpo y su mente obligados a rendirse por un hombre de mediana edad del Reino, traicionando a su propia madre patria.
—Deja de lanzar acusaciones falsas de las que no sé nada. No es cosa de risa.
—… Eso puede ser verdad. Así que, así que, sobre este próximo asesinato~.
—Suena como si estuvieras decidiendo los planes para un día libre…
—No cabe casi ninguna duda de que se llevará a cabo en la próxima velada organizada por la Señora. Creí escuchar que la llamaras «Masquerade Night», ¿no? Al escuchar el pronóstico del complot de asesinato del enemigo que Yae le presentó, contrariado, Al se llevó instintivamente las manos a la cabeza.
Naturalmente, un banquete en el que muchos invitados entrarían y saldrían de la mansión sería la oportunidad ideal para un asesinato. Más aún, sería un baile de máscaras en el que se recomendaba a los participantes ocultar sus caras… Para el Imperio, que deseaba recuperarse del fracaso de Yae Tenzen, era una combinación que parecía bendecirlos con una segunda oportunidad.
También le habría gustado agarrarse la cabeza ante esta casualidad, pero ahí no era donde yacía el mayor suplicio de Al.
—Aunque sugiriera cancelarla porque es peligrosa, lo único que me viene a la mente es que la Princesa no me escucharía para nada…
—Una vez que la Señora decide hacer algo, se niega rotundamente a ceder~.
—Es cierto. En verdad, estoy derrotado.
Jugueteando con los accesorios de su yelmo, Al encogió los hombros ante la posible realidad de terminar disgustando a Priscilla y de recibir un castigo corporal. Si fuera algo como recibir una patada de Priscilla, sería una recompensa; pero, si despertaba su verdadera ira, haciendo que desenvainara la Espada Yang, no podría hacer nada. De cualquier modo…
—…Supongo que también está la idea de que sería mejor saber de antemano cuándo aparecerá exactamente el escurridizo shinobi.
—…
—Yae, haré mi mejor esfuerzo por convencer a la Princesa, pero no cuentes con ello. Yo tampoco lo haré. Lo más importante es que, el día del evento, dedicaremos nuestras fuerzas a repeler a los asesinos. A ti también te pondré a trabajar.
Quitándose sus miserables pensamientos, Al intentó lidiar con la situación de forma constructiva. Entonces, al no recibir respuesta, Al volvió a llamarla: «¿Yae?».
—¿Qué pasa? No me digas que te niegas a pelear con tus viejos compas…
—… No, no es nada de eso. Solo estaba pensando en el miedo que da el señor Al~.
—… ¿Ah? ¿Qué demonios fue eso?
Pensando que volvería a divagar otra vez, Al la interrumpió y la dejó. Entonces, detrás de Al, quien comenzaba a organizar metódicamente los elementos necesarios para el día en cuestión…
—En serio, el señor Al es una persona que da miedo.
Ese último comentario nunca llegó a los oídos de Al, quien estaba inmerso en sus reflexiones.
3
…Así, volviendo al momento de la Masquerade Night en cuestión, cuando Al había terminado de encargarse de uno de los asesinos que se había infiltrado en el evento y recuperado el contacto con Yae.
Como era de esperar, Priscilla no prestó atención a la sugerencia de Al y procedió a celebrar una «Masquerade Night ».
Como consecuencia, Al vestía un esmoquin, un atuendo con el que estaba poco familiarizado, e, inusualmente, no actuaba como el bufón de Priscilla, sino que desempeñaba las funciones de «Caballero» según la percepción de su entorno. …En verdad, era la peor sensación.
No era su tarea actual, sino la situación presente que requería desempeñar las funciones de un «Caballero», era de lo peor.
—¿Holaaa~? ¿Señor Al~?
—Ah, perdón. Te hice esperar un rato.
Con el vaso vacío presionado contra un lado de su yelmo, Al respondió a la voz de Yae, provocada por sus vibraciones.
Unido a la base del vaso que Al tenía en la mano estaba un hilo muy delgado, difícil de ver incluso forzando la vista, que se conectaba con el que Yae tenía en las manos, oculta en las sombras de la mansión. Era un medio para mantener la comunicación a media distancia, utilizando el principio de lo que se conocía como «teléfono de vasos». …Una herramienta épica que él había creído que solo existía en la ficción, pero que era posible gracias a la habilidad de la Usuaria de Hilos, Yae Tenzen.
Durante los preparativos previos al día de la fiesta, Al había instalado los «teléfonos de vasos» de Yae en varios lugares de la mansión, sentando las bases para que pudieran comunicarse de esta manera sin necesidad de verse de forma presencial.


—Aunque, en realidad, si tuviéramos one set de Espejos Comunicantes, no hubiéramos tenido que pasar por ese problema.
—Por favor, no lo digas tan a la ligera~. Si bien es cierto que hay una mayor oferta de ellos en circulación que de otros Meteors, eso no significa que sean fáciles de conseguir. Por no mencionar que actualmente estoy desempleada, soy una mujer himo4 que depende por completo del señor Al.
—Ten cuidado, himo normalmente solo se usa para los hombres.
—Eh~, y exactamente ¿por qué?
—¿Quién sabe? Es una parte extraña del idioma japonés.
Tuvo la impresión de que el término tenía una connotación de género cuando se acuñó, pero Al presentía que investigarlo más a fondo en este mundo no le daría más respuestas, por lo que lo dejó así.
Más importante que eso…
—Eran bastante formidables, pero ¿cómo estamos? ¿Ya terminamos?
—Hmm~, a Yae le gustaría darle una recompensa al señor Al por haber dado su mejor esfuerzo~, pero recapitulando un poco, parece que aún quedan unas ocho personas~.
—¡¿OCHO…?! ¿Aunque la otra vez solo fuiste tú? ¿Quizás solo eras un peón sacrificable?
—Por favor, al menos di que soy nueve veces más excepcional que los shinobi que ahora vienen~. ¡Que se sintieran tan seguros y tranquilos al enviarme sola, es justo por lo linda y confiable que es Yae Tenzen!
Al se había quedado sin palabras ante la longitud del camino que tenía por delante, siendo considerablemente más largo de lo que había imaginado, mientras que las palabras en broma de Yae sonaron huecas en sus oídos.
Sea como sea, los comentarios despreocupados de Yae, a los que no tenía intención de responder, eran probablemente ciertos. …Los varios shinobi que se habían infiltrado en la fiesta con el objetivo de asesinar a Priscilla no serían conscientes en absoluto de que sus identidades se estaban filtrando de esta manera.
Más aún, ni siquiera se trataba de haber sido delatados por una fuente que hubiera obtenido la información por adelantado.
4 NTL: En japonés, «himo» se refiere a un hombre que depende financieramente de una mujer. Yae lo usa para referirse a sí misma, así que Al la advierte de sobre la connotación de género del término, peculiaridad del idioma japonés.
—Los hábitos disfrazados y las máscaras suelen revelarse más en las puntas del cabello y en las comisuras de los ojos que en los gestos o el comportamiento. Soy bastante hábil detectando eso. Como esos disfraces inusualmente buenos para hacer parecer a alguien mucho más joven.
—Eso último no tiene nada que ver con los shinobi, pero es de gran ayuda.
Como arruinaba por completo todo el entrenamiento que habían adquirido a través de sus sentidos como shinobi, debió de ser insoportable para los asesinos. Era doloroso teniendo en cuenta todo el tiempo y los esfuerzos que dedicaron de forma diligente, pero era otra historia cuando el resultado de ese esfuerzo era la vida de Priscilla.
Incluso si tenía que hacer trampa utilizando a Yae, Al purgaría todas las amenazas a la vida de Priscilla.
—Aun si digo eso, no creo que los ocho que quedan vayan a ser pan comido. Dame una ayuda.
—¡Guah~, trabajo tan duro~! Aunque tengo órdenes de que no se me vea, ¿verdad?
—Y asegúrate de hacerlo bien. O si no, ¿qué sentido tiene este baile de máscaras… esta Masquerade Night ?
—Pues al menos, es para evitar un asesina~to.
Afirmando su sentimiento internamente, Al giró lentamente la cabeza y se preparó para lo que vendría a continuación. Quedaban ocho; tenía la intención de que Yae lo ayudara con algunos de ellos, pero tendría que encargarse de la mayoría.
Al menos, si iba a desempeñar el papel de «Caballero» contra su voluntad, esa sería la cortesía apropiada.
—Aun así~.
—¿Eh?
—Esperaba ver al señor Al aparecer con una máscara diferente a la habitual en este raro baile de máscaras, al final terminaste usando el mismo style de siempre~. Qué lástima.
Recibiendo la queja de Yae por el vaso, Al respondió al «colgarlo» en silencio.
Vestido con un traje formal al que no estaba acostumbrado, no se le ocurrió ir más lejos y cambiarse el yelmo. Para empezar, si el tema de hoy era un baile de máscaras…
—… Algo así como la máscara de alguien más, la he estado usando desde que nací.
4
Después, el baile de máscaras celebrado en la Mansión Barielle transcurrió pacíficamente «en apariencia».
Dentro de la mansión, donde montones de personas invitadas por Priscilla Barielle, la llamada Princesa del Sol, iban y venían, sus fieles sirvientes corrían activamente entreteniendo a los invitados al banquete.
Al presenciar sus movimientos ordenados y su forma cortés de trabajar, los invitados de estatus social acorde quedaron asombrados y elogiaron la forma de ser de Priscilla con sentimientos que iban más allá de la adulación, ya que había sido capaz de ganarse tal lealtad por parte de sus sirvientes.
Era algo normal, pero al organizar un banquete, recaía en la parte invitada la responsabilidad de controlar la fiesta, a la vez que se les permitía hacer valer su derecho a mostrar su poder.
Si un banquete deficiente y los errores de los sirvientes se acumulaban, serían ridiculizados como incompetentes por su entorno, causando el declive del honor familiar y crearía grietas que podrían ser aprovechadas. Dicho esto, centrarse en los aspectos negativos de un banquete y evitar organizar un evento sería una negligencia a la hora de mostrar el poder, lo que provocaría el desdén del entorno.
En cualquier caso, los miembros de la sociedad aristocrática no debían olvidar nunca que se trataba de una competición de alarde y que eran estas deslumbrantes batallas las que los salvaban del derramamiento de sangre.
—Por eso, yo también estoy muchísimo más aliviado de que a la «Mascararey Naig» le vaya bien.
Y, mientras observaba a sus colegas trabajar, abriéndose paso entre los invitados que iban y venían, Schult, dándose una palmada de alivio en el pecho, participó en la fiesta con su visaje enmascarado.
Ahora, Schult traía puesta una máscara de conejo, que parecía ser la más adecuada para él, seleccionada por Priscilla entre una variedad de posibles candidatos. No solo ocultaba la zona alrededor de sus ojos, sino que la parte superior de su cabeza estaba decorada con unas lindas y peludas orejas blancas, aunque le eran un poco vergonzosas.
—Pero Lady Priscilla dijo que me quedaba muchísimo.
No había duda de lo que decía Priscilla; tal era la ley de la realidad en el pequeño mundo de Schult.
De hecho, Schult creía que la bella y sabia Priscilla siempre tenía razón. Esta «Mascararey Naig» que ella había sugerido también había sido muy difícil de preparar, pero ahora que por fin se había celebrado, dando como resultado a que mucha gente hablara muy bien de Priscilla.
Era una lástima que no pudiera ver bien las caras de los invitados debido a las máscaras, pero parecía que estaban complacidos con el evento.
—Como era muchísimo de esperar de Lady Priscilla. Ejem, en efecto.
Aunque pensaba que quizá fuera un poco presuntuoso por su parte sentirse orgulloso en ese momento, Schult no pudo evitar sentir el deseo de sacar el pecho de orgullo. En el pequeño mundo de Schult, gran parte de lo que podía enorgullecerse lo ocupaba Priscilla, por lo que realmente no podía evitarlo.
—Ahora que lo pienso, me cuesta muchísimo encontrar al señor Al.
Al era uno de los pocos elementos, aparte de Priscilla, de los que Schult podía sentirse orgulloso, así que, al no poder localizarlo en el lugar, Schult sondeó inquietamente sus alrededores.
Al debería haber asistido a la fiesta con su yelmo habitual, junto con un atuendo formal diferente al de siempre. Schult esperaba verlo con una máscara diferente dada la ocasión, por lo que le resultó un poco decepcionante, pero como parecía ser su favorita, debía de ser algo importante.
En cualquier caso, dado que Al solía vigilar afectuosamente a Priscilla desde fuera del cercado en el que siempre la rodeaban muchas personas, no poder verlo allí hoy era un poco extraño.
—Tú, ¿tienes un momento?
—¡Ah! Muy en efecto. ¿Qué se le podría ofrecer muchísimo, estimado invitado?
Por otro lado, su preocupación por Al se vio interrumpida por la voz de uno de los invitados.
El hombre, que usaba una máscara decorada con plumas negras, preguntó dónde estaba el cuarto de baño, y Schult lo guio con entusiasmo, diciendo: «¡Es muy por aquí!».
En una fiesta con tanta gente yendo y viniendo, Schult no podía desempeñar las funciones de un mozo debido a su baja estatura, por lo que era importante que asumiera el papel de estos diversos trabajos.
—¡Sí! Estimado invitado, el cuarto de baño está muy por aquí… ¿eh?
Señalando con la mano la entrada del cuarto de baño, Schult se dio la vuelta, pero luego inclinó la cabeza. El hombre al que debía guiar no se encontraba por ninguna parte en el pasillo.
—Muy, eh, en efecto… Estimado invitado, ¿dónde podría muy estar? ¡Ja, quizás me apresuré y terminé dejándolo muchísimo atrás!
Sintiéndose extremadamente tenso y con ganas de cumplir su tarea sin importar nada, Schult se dio cuenta de que había comenzado a caminar más rápido y se puso pálido al percatarse de lo inaceptable que fue su acto.
Tal y como estaban las cosas, recibirían críticas por el hecho de que el sirviente de Priscilla no hubiera sido capaz de guiar a un invitado al cuarto de baño, lo que le causaría problemas a Priscilla, por supuesto, pero también a los demás sirvientes, que eran sus colegas.
—Además, además, ¡el estimado invitado podría acabar mojándose muchísimo! Tengo que darme prisa y buscar al…
—Ah~, dulce y pequeño mayordomo, no tienes por qué preocuparte tanto~.
—Au, muchísimo.
Cuando Schult intentó salir corriendo, una mano extendida desde atrás lo abrazó repentinamente. Sus piernas comenzaron a flotar por ese abrazo y, con sus ojos ampliamente abiertos, Schult miró detrás de él.
Al hacerlo, vio a una mujer con un vestido y una máscara de gato sonriéndole.
—En cuanto al caballero al que intentabas guiar hace un momento, su urgencia de orinar se calmó de repente, así que dijo que ya no necesitaba que lo guiaran. Encontró a un amigo suyo y quiso que te mandara saludos.
—¿F-Fue muy así? Me alegra muchísimo oírlo. Señorita… no, estimada invitada, ¡muchísimas gracias por transmitirme el mensaje!
—De nada~, algo así no es nada~.
—¡Es usted una personalidad mucho muy amable! ¡Estoy conmovido muchísimo…! Así que, ¿ehm?
Al agradecerle a la amable mujer que le había transmitido el mensaje, Schult se quedó un poco perdido. La mujer lo había abrazado por detrás, pero por alguna razón aún no lo había soltado.
Continuó abrazando a Schult con fuerza y firmeza, pero con la cantidad justa para no hacerle daño.
—Ahhh, lamentablemente, supongo que si sigo así terminaré avergonzándote, así que tengo que contenerme~.
Y así, después de un rato, volvió a dejar a Schult en el suelo.
—Umm, m-muchísimas, ¿gracias…?
—Ajaja, ¡tu sinceridad es encomiable! Ahora, debes tener trabajo que hacer en el evento, ¿verdad? La Señora también, si no te ve, podría preocuparse, ¿sabes?
—¡Aunque yo no esté presente, Lady Priscilla siempre está rebosante con muchísima confianza! ¡Es mucho muy maravillosa!
—Aun así, ya sabes~.
La mujer extendió la mano y le acomodó suavemente el uniforme de mayordomo a Schult, luego lo giró para que mirara en la dirección opuesta. Empujándolo por la espalda, Schult comenzó a caminar con un sorprendido «Buah».
Cuando miró hacia atrás, la mujer le decía adiós con la mano de forma afectuosa mientras lo veía irse. Schult le devolvió el saludo, sintiéndose un poco avergonzado por parecer infantil, y luego dobló una esquina del pasillo.
Al hacerlo, de repente un pensamiento le llegó.
—Esa persona de hace un rato, tengo muchísimo la sensación de que se parecía algo a la señora Yae…
Al igual que él, Yae trabajó en la Mansión Barielle, pero terminó dimitiendo debido a circunstancias familiares. Fue incapaz de despedirse de ella, pero ella también fue una de las personas que pertenecían al escaso orgullo de Schult.
Después de encontrarse con una mujer que poseía un aura similar, Schult recordó ligeramente esos desolados sentimientos, y se apresuró a regresar a la fiesta.
…Él no estaba para nada consciente de que afuera de la ventana del pasillo, el hombre, quien había dejado caer su máscara de plumas negras al suelo, estaba colgado, sofocado por un hilo enredado alrededor de su cuello.
5
—Y así, por mi parte, fui y salvé a Schult de una situación insegura. Así pude disfrutar al máximo de su cabello esponjoso después de tanto tiempo, Yae está completamente satisfecha.
Al enterarse de sus gustos en medio del relato de los acontecimientos, Al se sintió un poco agotado.
Era un acto meritorio tomar precauciones contra el asesino que tenía como objetivo al favorito de Priscilla, Schult, y que probablemente tramaba algo, pero esta mujer era una asesina.
Al final, eso había frustrado el objetivo de Al de asumir la mayor parte del esfuerzo, pues ambos terminaron derrotando a cuatro de los ocho enemigos cada uno, y además ella había logrado satisfacer sus propios gustos.
Un individuo moralmente corrupto que jugaba con la vida de los demás y se la quitaba por diversión… él no la calificaría así. Para ella, que había sido criada como una shinobi, matar era simplemente una extensión de lo cotidiano.
No obstante…
—Fue difícil, pero nos ocupamos de todos los shinobi que localizaste. ¿Esto significa el final definitivo?
—Mmm~, acerca de eso~.
—¿Qué pasa? Deja de darle vueltas al asunto.
—¿No? Claro, el único shinobi que rivaliza con Yae es el anciano jefe de la aldea, por lo que es absolutamente innegable que fueron por cantidad en vez de calidad, pero…
—Innegable, ¿pero?
—Como es el segundo intento tras el fracaso de Yae, si al menos no incluyen un plan del calibre de Yae, ¿no estarían simplemente desperdiciando sus vidas?
Ante la pregunta de Yae, acompañada de un signo de interrogación, Al contuvo la respiración y se sumió en sus pensamientos.
Aunque Yae se tomaba su autoevaluación en broma, la estimación de que era la obra maestra de la aldea era un hecho que había experimentado directamente el propio Al. En las experiencias personales de Al, quien poseía una habilidad para hacer trampa que interfería con las reglas del mundo, ella estaba en el top tres de los individuos más poderosos que lo habían acorralado.
Como consecuencia de eso, terminó haciendo que Yae probara un infierno que nunca había tenido la intención de hacerla experimentar…
—No obstante, tu opinión es racional. El Imperio no considera las vidas de la gente como tal, así que a menos que realicen un acto como echar hielo poco a poco en una olla sobre una llama para enfriarla…
—El valor de una vida en el Imperio es el de una sola vida. Solo he tenido una audiencia con Su Excelencia el Emperador, pero dijo que las personas deben morir de manera eficiente.
—No creo que pudiera llevarme bien con él…
Como sea, independientemente del Emperador, a quien probablemente nunca tendría la oportunidad de conocer, Al continuó con su reflexión.
Como había dicho Yae, enviar una operación con menos posibilidades de éxito que la suya en una misión en la que ella había fracasado solo provocaría más muertes. Si los principios del Imperio buscaban resultados dignos de las vidas perdidas, entonces existía la posibilidad de que lo que Al y Yae acababan de resolver no fuera más que una evidente distracción.
Es decir, debía haber otro plan, calculado para ser aún más eficaz que el de Yae, actualmente en curso.
—¿Se te ocurre algo?
—Entre el Reino y el Imperio, existía ese pacto de no agresión firmado antes del inicio de la Selección Real. Para que pudieran decir que no lo infringían, los ejecutores del plan deberían estar obligados a suicidarse cuando el acto se completara. En ese caso, nuestro viejo austero no estaría dispuesto a enviar a los jóvenes y prometedores, por lo que la habilidad no sería el motivo de la selección. H~mm, hay demasiadas posibilidades, así que no puedo reducirlas~.
Ronroneando como un gato ante la pregunta de Al, Yae se negó a dar una opinión que se adecuara.
Solo para los shinobi, jugadores versátiles que podían adaptarse a cualquier situación, el número de posibilidades de planes que podían utilizar sus técnicas y habilidades era un valor que rivalizaba con el número de estrellas en el cielo nocturno. Por ejemplo, el veneno que recubría la espada corta que Al había estado utilizando para eliminar a los asesinos a puerta cerrada era algo que había sido elaborado por Yae.
—Un veneno súper letal que puede matar incluso a los shinobi entrenados para resistir el veneno, la mezcla special Jiranme de Yae.
—Puse solo un poco en la punta de mi dedo para probarlo y vi el infierno.
—Ajaja, señor Al, eres un tonto. Bromeas demasiado para alguien que no puede morir.
Era difícil saber si la respuesta de Yae era en serio o en broma, pero desde el punto de vista de Al, era un arma a la que confiaría su vida, por lo que era muy normal que sintiera curiosidad por su eficacia. De hecho, un ligero toque había fragmentado su conciencia y su vida en un instante; era un veneno terriblemente letal.
Y parecía que estaba a punto de volver a quedar en deuda con la eficacia de esa espada corta una vez más.
—Yae, ¿de verdad no sabes cuál es el verdadero objetivo de la estratagema del enemigo?
—Así es. ¿…Qué vas a hacer?
—¿No es obvio?
Ante la suave pregunta de Yae, Al respondió mientras se rompía la cabeza sobre los acontecimientos que se desarrollarían a partir de ese momento.
Con la técnica de hacer trampa que le pertenecía solo a Al, si iba a intentar revelar los enigmáticos objetivos del enemigo…
—… Investigaré con fuerza bruta todas las malditas posibilidades.
Dicho esto, con el fin de causar el mayor daño posible hasta donde la vista lo permitiera, Al se dirigió pesadamente hacia el lugar de la fiesta, repleto de invitados de caras ocultas.
Entonces…
—…El Dona.
Entonces comenzó una furia descontrolada, imparable para cualquiera excepto Al.
6
La misión que se le había encomendado a Hamayal Wesmi, un shinobi del Imperio de Vollachia, era el asesinato de una Candidata Real del Reino de Lugunica, Priscilla Barielle.
Hamayal desconocía el propósito o el objetivo de este asesinato, pero no se le ocurrió cuestionarlo.
Habiendo recibido tal educación, Hamayal, que ya superaba los cuarenta años, se había perfeccionado como un títere desprovisto de libre albedrío, sin preguntas superfluas con respecto a este deber.
Aun así, había muchos puntos en la información que se le había proporcionado que lo hacían desconfiar, como las potentes habilidades de su objetivo, Priscilla Barielle, así como la información sobre Yae Tenzen, que había fracasado en esta misión anteriormente… en especial esta última, dado que ella también era una shinobi, era algo que no podía parecerle indiferente.
—La preciada alumna de Sir Olbart…
Como uno de los renombrados Nueve Generales Divinos del Imperio, Olbart Dunkelkenn hacía honor a su título del Viejo Despiadado. Y, con su talento reconocido por Olbart, el gran ápice de los shinobi de Vollachia, la joven conocida como Yae Tenzen era una enviada del cielo de los shinobi, alabada como un genio.
Esa fue la predecesora de esta misión, y con ella habiendo fallado, sus sucesores fueron Hamayal y los nueve shinobi que habían sido desplegados en la misma misión: un escuadrón suicida de shinobi, para quienes el fracaso era inadmisible.
Dado que actuaban en una nación extranjera, no era un entorno en el que abundaran el apoyo y los aliados, pero con la fiesta nocturna que se celebraba en la mansión del objetivo, más aún, con un baile de máscaras que reunía a invitados con sus caras ocultas, era una oportunidad dorada que el tiempo mismo había concedido a Hamayal y a su equipo.
Con el fracaso de su predecesora en mente, procederían con los máximos preparativos en el tiempo limitado que tenían, la posibilidad que se abría —el pasaje oculto al sótano de la Mansión Barielle— y la estratagema para infiltrarlo desde allí.
El difunto marido de Priscilla Barielle, Leip Barielle, era astuto y cauteloso, y parecía ser una persona que desconfiaba patológicamente de otros; por lo tanto, había pasadizos secretos en la mansión que nadie, salvo él mismo, conocía. Leip había silenciado a los arquitectos y constructores para crear una situación en la que él fuera la única persona que lo supiera, y tras su muerte, esos túneles habrían permanecido cerrados por toda la eternidad, pero Hamayal y los demás shinobi habían conseguido los planos dejados por el arquitecto desaparecido, otorgándole así a estos pasadizos una última oportunidad de ver la luz del día.
El guardián de Priscilla Barielle, quien le dio la vuelta a Yae Tenzen: su atención quedaría ocupada por la distracción creada por los otros nueve shinobi, permitiendo que Hamayal fuera lanzado como la flecha decisiva.
Sin duda, era una estratagema infalible. …No, se suponía que lo era.
—…Tus estrellas eran malas.
Con esas palabras, en el túnel donde no deberían haber sido posibles otros pasos que los suyos, Hamayal fue testigo de cómo emergía un hombre de aspecto excéntrico.
Su cabeza estaba cubierta por un yelmo de acero negro azabache, y la manga izquierda del traje de gala del hombre de un solo brazo, adecuado para la fiesta nocturna, estaba amarrada. Si uno quisiera reunir información sobre Priscilla Barielle, esta era la persona que normalmente aparecería: considerado el único Caballero de Priscilla, el hombre no identificable conocido como Al.
—¿Cómo…?
—¿Se descubrió tu estrategia o algo así? No te preocupes, no es que ninguno de tus compañeros me lo haya dicho. Como sea, sistemáticamente he destruido, herido… bueno, después de intentar un montón de cosas, lo he reducido a la posibilidad de que te estuvieras infiltrando por algún lado, así que te rastreé hasta aquí.
—…
—No entiendes lo que digo, ¿verdad? Lo siento, es un tipo de bug.
Más que negarse a dar una respuesta honesta, Hamayal entendió que Al simplemente poseía un sentido común diferente, uno que él no era capaz de comprender. Si era así, entonces su apariencia excéntrica podría no ser el resultado de una broma de mal gusto, sino algo coherente y racional para Al.
Por otro lado…
—Si te interpones en mi camino, la piedad ha de ser nula.
De cualquier forma, Hamayal no tenía vía de escape.
Los otros nueve shinobi habían perdido la vida. En ese caso, Hamayal necesitaba una muerte que armonizara con la de ellos.
—Te lo digo ahora, pero yo tampoco voy a mostrar piedad…
Al se adelantó ante Hamayal mientras este se preparaba y comenzó a decir algo… pero, antes de que pudiera terminar, una sombra saltó de la oscuridad del túnel y lo mordió.
La garganta de Al tembló y soltó un «¿Qu?» de sorpresa y miedo, pero incluso ese grito fue engullido por la oscuridad total.
Literalmente, la propia sombra de Hamayal se había separado de él, convirtiéndose en una bestia negra azabache que lanzó un ataque… Esta era la técnica que Hamayal dominaba, que le permitía controlar una bestia sombra, conocida como Lobo Fantasma.
En su infancia, Hamayal alimentó a una bestia que devoraba sombras con la suya, y así se criaron juntos.
Sin ojos, nariz ni ninguna de las partes que le darían encanto a una criatura, el Lobo Fantasma creció rápidamente junto con Hamayal, y finalmente tomó la forma de un enorme cuadrúpedo. En verdad, su apariencia se describía mejor como la silueta de un lobo, lo que lo convertía en el Lobo Fantasma.
Normalmente, el Lobo Fantasma se ocultaba en la sombra de Hamayal y se colaba en todo tipo de grietas, lo que le proporcionaba a Hamayal excelentes resultados como shinobi encargado de misiones de asesinato. Todo ese trabajo tan duro culminaría en el asesinato de Priscilla Barielle, su última misión.
Para Hamayal, pasados los cuarenta años, ya no le surgiría un deber más importante que este. Por tanto, el mismísimo final de los pasos que había recorrido, viviendo como shinobi, sería algo que Hamayal adornaría junto a su otra mitad.
Y por eso…
—Un anormal como tú nunca podría obstaculizar este deber.
Sacudiendo ferozmente la cola y las patas traseras, el Lobo Fantasma inmovilizó a Al en el suelo del túnel y pisoteó su vida.
La táctica fundamental de Hamayal consistía en cooperar con su violento Lobo Fantasma para ejecutar a sus enemigos de una manera que no permitiera la más mínima resistencia, una fórmula para una victoria sólida que no necesitaba adaptación.
—…ZRRAARZK.
El Lobo Fantasma gruñó, ansioso por las extremidades de su oponente, cansado de esperar el momento en que su presa perdiera toda resistencia. Para llegar antes a ese momento, el papel de Hamayal no era el de dueño del Lobo Fantasma, sino el de uno que coexistía con él.
No obstante, en ese momento, Hamayal era incapaz de moverse para ayudar al Lobo Fantasma.
Y eso era porque…
—¿…Un hilo de acero, no es así?
Con sangre goteando por su brazo izquierdo extendido, Hamayal saltó hacia atrás y rechinó los dientes.
Su brazo izquierdo sangrante fue el precio que pagó por defender inmediatamente su cuello; recibió numerosos cortes, desde la punta de los dedos hasta el codo. Suprimiendo la sensación de perder el conocimiento, tensó los músculos para detener la hemorragia; habiendo dominado por reflejo las técnicas shinobi hasta tal punto, el corazón de Hamayal ardía de ira.
La razón era obvia: el hilo de acero que había rebanado el brazo de Hamayal era uno de los secretos de las artes shinobi; en la actualidad, era una técnica que solo dominó una persona, aquella conocida como la Sakura Carmesí, Yae Tenzen.
—¡¡¡SAKURA CARMESIIIIIIÍ…!!!
—Ah~, cielos, no tienes por qué gritar tanto.
Mientras el furioso rugido de Hamayal resonaba en el túnel, de repente emergió de su oscura visión una joven de cabello rojo.
Esbelta y flexible, con extremidades templadas como hilos de acero, era una mujer repleta de las refinadas técnicas de los shinobi, Yae Tenzen.
Ella, que fue enviada al Reino y, supuestamente, fracasó en su misión y perdió la vida, estaba allí mismo. Tenía puesto un vestido y ocultaba su cara con una máscara de gato, pero no había duda. Definitivamente era ella.
Había sobrevivido y se escondía en el Reino sin preocuparse por nada. Ante ese hecho, Hamayal se enfureció.
—¿Cómo es posible que un shinobi que ha fallado en su misión aún tenga sangre corriendo por sus venas?
—Basta ya de es~o. Una cara que conocías sigue viva, ¿no sería mejor que ambos aplaudiéramos sonrientes mientras decimos «¿cuánto tiempo que no nos vemos~?» Aunque, supongo que te destrocé la mano izquierda, Hamayal.
—¡SAKURA CARMESIIÍ…!
—Así que no tiene caso, ¿eh? Parece que me has odiado desde siempre.
Mientras sus hilos de acero bailaban a su alrededor, Yae frunció los labios con gesto malhumorado. Ante esa mueca, esa actitud, ese comportamiento, Hamayal no pudo evitar sentir que se le estaba sacando de quicio.
Como ella había dicho, Hamayal conocía a Yae desde que ella entrenaba en la aldea. Él tenía casi el doble de su edad. Yae era una niña pequeña cuando comenzó su entrenamiento, por lo que Hamayal ya se dedicaba a su trabajo como shinobi, pero en la aldea no faltaban los rumores sobre ella.
Aunque su edad solo tenía un dígito, había dominado el Método del Flujo, una técnica que le permitía manipular el maná de su cuerpo, y en menos de un año había adquirido una decena de técnicas que a la mayoría de los shinobi les llevaría varios años aprender. Y su mayor renombre provenía de haber dominado la Técnica del Hilo de Acero, un logro que nadie había alcanzado en siglos.
Sin la más mínima duda, una shinobi entre shinobi, que hacía honor por completo a las valoraciones de niña prodigio y genio… así era Yae Tenzen, dotada de un talento más allá de lo imaginable.
No obstante…
—A pesar de rebosar con tanto talento como shinobi, careces de la determinación de uno. Te ríes frívolamente, nunca afrontas nada de forma directa, no hay nada de seriedad en ti…
—Entiendo que Hamayal y todos los demás en la aldea tengan una imagen idealizada de los shinobi, ¿sabes? Pero yo nunca encajé en esa imagen, y me molestaba que la gente esperara que lo hiciera. En general, solo hago lo que puedo, ¿acaso no son peores los que ni siquiera pueden hacerlo?
—¡¿Rendirte ante el enemigo porque te aferras a tu propia vida es tu justificación para ser así?!
La protesta de Yae, que no sonaba a otra cosa más que a pura pretención, avivó la ira de Hamayal, cuya leña, lejos de consumirse, seguía creciendo sin cesar.
Por qué, cómo; sus lamentos eran interminables. ¿Por qué razón el cielo había escogido a Yae? Una mujer como Yae Tenzen, desprovista de cualquier característica propia de un shinobi, ¿por qué se le había concedido la esencia de un shinobi?
Mientras Hamayal estallaba con emociones que no podían clasificarse ni como envidia ni como frustración, Yae jugaba con los diez dedos que controlaban sus hilos de acero y ronroneaba «Mmrrr~» como un gato.
Ronroneó y después…
—Realmente me rendí, así que, aunque creo que es un poco difícil~ poner excusas por ello, no quiero que te hagas una idea equivocada, así que permíteme corregirlo.
—En este punto, ¿qué estás…?
—…No me rendí porque me aferrara a mi vida. Ni siquiera se me permitió abandonarla. Hamayal, no fue a la muerte a lo que cedí; fue al «terror».
Esas frías palabras de Yae impidieron que la ira de Hamayal siguiera avanzando.
Aunque fuera de carácter poco serio, Yae había recibido el entrenamiento shinobi de suprimir las emociones, habiendo adquirido un espíritu que nunca revelaría nada, sin importar el nivel de tortura; por lo tanto, su declaración era escalofriante y de ninguna manera podía tomarse como una falsedad.
Eso fue algo que atravesó directamente el corazón de Hamayal…
—…Mira, ahora se está levantando. El heraldo de mi «terror».
Efectivamente, pasó justo después de la teatral declaración de Yae.
—…
De repente, el sonido que había estado haciendo temblar sin cesar la fría atmósfera del túnel, desapareció. Esa había sido la respiración voraz del Lobo Fantasma devorando la vida de su presa con todas sus fuerzas.
En algún momento, eso había cesado. Pero, como debía de ser, una vez que el Lobo Fantasma mataba a su presa, debería haber regresado a la sombra de Hamayal; en cambio, eso no pasó.
La razón era…
—Santo cielo… parece que al fin está escuchando lo que digo.
Mientras hablaba, el hombre, que había estado tirado en el suelo, se puso de pie en medio de las sombras. Junto al hombre, el Lobo Fantasma, se arrodilló asimilando la oscuridad del túnel, bajando la cabeza obedientemente.
Como para mostrar su sumisión al hombre… a Al, era la admisión de derrota de la bestia.
—¿Cómo…?
—¿Quién sabe? Es lo que simplemente el señor Al hace.
Al no encontrar las palabras, la pregunta de Hamayal no fue respondida por el hombre en cuestión, sino por Yae. Al percibir una alegría incontenible en la voz de Yae, nuevas brasas de ira ardieron en el fondo del estómago de Hamayal. Mirando a Yae, intentó levantar la voz…
—…
En silencio, ante la intensidad de la mirada de Yae, mirando al hombre en medio de la oscuridad, Hamayal lo comprendió.
Yae Tenzen había sido destrozada. Hamayal evaluó su actitud como la misma poco seria que mostraba en la aldea, pero eso fue un error.
Como ella misma admitió, Yae se había sometida al «terror»; su mente, su forma de ser, había quedado destrozada.
Por lo que la fuente de eso era…
—Yae, no interfieras. Hay algo que quiero que él haga.
—…Como quieras.
Con una reverencia cortés, Yae retiró su red de hilos de acero y dio un paso atrás. Tal y como Al le había ordenado, parecía que no tenía intención de interferir en esta batalla.
Esta era su oportunidad de alcanzar la victoria. Con su Lobo Fantasma sometido por algún método y habiendo perdido su brazo izquierdo, Hamayal no tenía ninguna posibilidad de derrotar a Yae; pero la historia habría sido distinta si a ella le hubieran ordenado retirarse.
Debería haber sido distinta. Era distinta. Sí, fue distinta. Distinta, aun así. Una distinta.
—¡O, RAHHHHHHHHHH!
En su mente, dominada por la ansiedad hasta el punto de borrar su sentido del deber, Hamayal aulló.
Aullando, concentró todas las técnicas que poseía como shinobi y saltó sobre Al. De pie frente a Hamayal, mientras se aflojaba el cuello de su traje de gala, Al habló.
—…Tus estrellas eran malas.
7
…El Sacro Imperio de Vollachia, la Capital Imperial de Lupugana, el Palacio de Cristal.
Sirviendo como castillo del Emperador de Vollachia, era un hermoso palacio que simbolizaba la prosperidad y el poder del Imperio. Aquellos a quienes se les proporcionaban habitaciones en el piso más alto de ese palacio estaban confinados a los puestos más importantes dentro del Imperio, y esta habitación no era una excepción.
Como uno de los Nueve Generales Divinos del Imperio, esta era la oficina de Chisha Gold, que ocupaba la posición del Cuarto.
—Aun así, ¡esta carga de trabajo es tan habitual que bien podrías morir de exceso de trabajo! ¿Cómo es posible que lleves tantas horas, días y años mirando fijamente esos documentos sin cansarte, Chisha?
—Lamentablemente, no creo que me sienta abrumado por una carga de trabajo tan inhumana, hmm. Para empezar, mi trabajo no se limita tan solo al papeleo.
—Entonces, ¿quieres decir que tu carga de trabajo no es solo de esta magnitud, verdad, Chisha? ¡Creo que no hay duda de que tanto Su Excelencia como Chisha morirán por exceso de trabajo!
Hablando en voz alta sin vacilar, haciendo una declaración que lo habría acusado de un delito contra la autoridad, estaba un joven vestido con un kimono.
Sentado deliberadamente en el borde del escritorio de la oficina en lugar de la silla de recepción, el joven trató de insistirle para que dejara todo el trabajo que lo presionaba, a lo que Chisha respondió masajeándose ligeramente la piel alrededor de los ojos.
Aunque efectivamente se sentía cansado, tomar un descanso ahora sería ir acorde a las intenciones del joven, pero no tomarlo y morir por exceso de trabajo también sería ir acorde con lo que dijo el joven. Ninguna de estas opciones era del agrado de Chisha.
—Entonces, supongo que elegiré no frenar mi trabajo, hmm.
Así, si sus esfuerzos iban a detenerse de todos modos, se esforzaría por completar un poco más de trabajo; fue justo entonces cuando Chisha consiguió que las mejillas del joven se inflaran de descontento.
—Lord Chisha, ha llegado una carta sellada.
Al final, con un soldado que le entregó una carta, su trabajo terminó siendo interrumpido de otro modo. Tras colocar la carta sobre su escritorio, instó al soldado a abandonar el cuarto; entonces, al observar el sello de la carta, Chisha entrecerró los ojos.
El plan que había estado llevando a cabo en secreto, esta carta sellada revelaría su resultado.
—No te ves muy bien, Chisha.
El joven había soltado un comentario algo imprudente, pero ignorando su observación, Chisha rompió el sello de la carta y, buscando verificar su contenido, desdobló el papel que contenía. En ese momento…
—…ZRRAARZK.
Junto con el repentino rugido, la bestia sombría que había estado atrapada dentro de la carta, el Lobo Fantasma, atacó a Chisha.
Esos colmillos negro azabache se cerraron ferozmente en Chisha, contrastando con su garganta completamente blanca…
—Por desgracia, acabo de predecir que Chisha moriría por exceso de trabajo y todo eso.
La broma sin sentido se traslapó al sonido de una espada, desenvainada a la velocidad del rayo, que volvía a su funda.
Evidentemente, la espada que destelló como un rayo había cortado limpiamente a la mitad al Lobo Fantasma —que de otro modo habría destrozado a Chisha miembro a miembro— sometiendo en un abrir y cerrar de ojos al monstruo considerado una bestia malévola.
—…
Haciendo honor a su nombre, el Lobo Fantasma se dispersó como un espectro. Al ver cómo su forma se desvanecía como hollín negro, Chisha se acarició el cuello, en el que los colmillos casi se habían clavado.
—Parece que alguien te guarda rencor. Bueno, es normal que alguien que trabaja tanto como tú se le guarde resentimiento, así que me imagino que cosas como estas pasan a diario.
—Al oír eso viniendo de ti, incluso yo me siento obligado a lamentarlo.
El joven rescató a Chisha en un combate instantáneo; por otro lado, sin esperar nada a cambio, simplemente se llevó una taza de té a los labios como si nada hubiera pasado.
Su comentario innecesario, que como siempre iba directo al grano, provocó que Chisha esbozara una sonrisa forzada.
El Lobo Fantasma que desapareció hacía un momento era el arma única del asesino que Chisha había ordenado infiltrar en el Reino; la razón por la que se había vuelto contra Chisha era obvia: era una demostración de su oponente.
El acto de cambiar a los shinobi, que debían ser perfectamente leales a sus órdenes y sacrificarse por su deber, en traidores, e intentar devolver esos colmillos a Chisha, la mente maestra, no era un acto de represalia, sino más bien una amenaza silenciosa.
Una peculiar forma de aconsejar la rendición, dejando claro que continuar significaría la destrucción mutua.
—Parece que la marea ha cambiado… si se llega más lejos que esto, el ocultárselo a Su Excelencia no ha de ser posible. Como era de esperar de la hermana menor… o más bien, quizás fueron las acciones de los guardianes de la hermana menor, hmmm.
Como debilidad del Emperador, Vincent Vollachia, un ser que fácilmente podría convertirse en un problema para el Septuagésimo Séptimo Emperador, y un factor de aprensión en relación al Gran Desastre que llegaría en un futuro no muy lejano, basándose en todas esas posibles perspectivas, había deseado eliminar a Priscilla Barielle del tablero.
Pero Chisha había previsto en cierta medida la inviabilidad de tal acto.
En ese caso, lo que quedaba era hacer lo poco que podía con sus mejores habilidades, y lo poco que podía para garantizar el mejor resultado.
—…Todo para garantizar que el Lobo Espada del Sacro Imperio de Vollachia nunca sea asesinado.
8
—¡La «Mascararey Naig» fue mucho muy bien recibida! Lady Priscilla también quedó enormemente satisfecha, ¡y yo también estoy mucho muy orgulloso!
Con eso, mientras estaba ocupado limpiando el lugar, la adorable cara de Schult brillaba con una sensación de logro, junto con la alegría de haber recibido el agradecimiento de Priscilla, a quien amaba y respetaba en extremo.
Y, habiendo participado en el derramamiento de sangre que se había desarrollado detrás de escena, Al no podía mirar a los ojos al deslumbrante Schult.
No obstante, era lo mejor que Priscilla estuviera contenta. Desgraciadamente, como estaba ocupado trabajando entre las sombras, Al no tuvo muchas oportunidades de participar en la fiesta, pero no se le podía culpar por ello.
—Además, ¡Lady Priscilla me pidió que le transmitiera este mensaje si lo encontraba, señor Al! «El payaso no debe dejarse llevar por el jolgorio detrás de escena. Tales distracciones lo privarían de disfrutar en su totalidad estas raras festividades…» ¡era algo mucho muy parecido a eso!
—Ah, sí, entiendo. Buena imitación, Schult.
—¡Me da muchísima vergüenza! ¡Pero aún me queda muchísimo por aprender! ¡Seré mucho muy diligente!
Quizás porque su imitación de Priscilla era su carta de triunfo, Schult se puso nervioso al ser elogiado por ello; Al lo despeinó y envió al lindo mayordomo de vuelta al trabajo con palabras de ánimo.
Después, dirigiéndose al jardín, donde aún quedaban remanentes del banquete — tal como había hecho diez días antes del baile de máscaras— se apoyó en la pared y la golpeó con la parte trasera de su yelmo.
Cuando lo hizo…
—No hace falta adivinarlo, la Señora está enterada de lo que pasó esa noche, ¿no es así?
—Parece que sí. Por supuesto, no tiene forma de conocer todos los detalles, pero es consciente del alboroto que causé… aunque me pregunto si sabrá de ti.
—Ughhh… si la Señora me descubre, señor Al, me vas a castigar, ¿verdad?
—Sí, ese es el plan. Por eso mismo, deberías entrar en modo shinobi por completo y mantenerte oculta.
Con ambos recargados contra la pared mientras intercambiaban palabras espalda con espalda, Al miró hacia la mansión, que aún se estaba limpiando tras la fiesta nocturna de hace dos días.
—Entonces, ¿qué hay de nuestra limpieza?
—He esparcido todos los cadáveres entre el abono del bosque. Además, con respecto a Hamayal…
—El dueño del Lobo Fantasma, ¿verdad? ¿Qué le pasó?
—Ha fallecido. El Lobo Fantasma que fue enviado de vuelta debe haber sido eliminado. Las vidas de una bestia sombra y un amo sombra están entrelazadas entre sí, y si uno de ellos muere, el otro también perecerá; ese es el precio del poder.
—Así que metí la pata todas esas veces por eso… Más bien, si lo sabías, debiste decírmelo.
—Aunque nunca me lo preguntaste~.
Imaginándola diciendo eso con una expresión un poco odiosa en su cara, Al dio un profundo suspiro.
Con su mente destrozada por Al en ese túnel, Hamayal hizo lo que se le ordenó, enviando al Lobo Fantasma de vuelta a la mente maestra que había ordenado el asesinato de Priscilla, y perdiendo la vida. Eso era exactamente lo que él esperaba, y también que la otra parte recibiera el mensaje y concluyera que no valía la pena el esfuerzo.
Aunque, después de destrozar la mente de Hamayal, la idea se le había vuelto a ocurrir.
—Yae, algo te pasa, ¿verdad?
—Bueno. ¿Qué se supone que significa eso? Aunque hayas capturado a la adorable Yae, hay límites para el abuso verbal.
—Admito que fue un comentario agresivo. Pero…
Cuidadosa y escrupulosamente, Al había utilizado todos los medios posibles para que Hamayal hiciera lo que se le dijera.
Pero no fue capaz de convertirlo en un peón leal como lo era Yae y, a juzgar por los resultados, claramente sentía que era normal que Hamayal encontrara su fin.
En ese caso, ¿por qué Yae había llegado a un estado mental de resignación ante su situación actual?
—Aunque fue nada menos que el señor Al quien me hizo mujer, ¿cómo puedes decir algo así?
—…Has sido mujer desde que naciste, yo no tuve nada que ver con eso.
—Pero incluso a partir de ahora, todavía puedes desempeñar un papel, ¿sabes?
—No digas cosas tan aterradoras. Me pone la maldita piel de gallina.
Probablemente, Yae estaba haciendo una expresión adorable llena de sonrisas, pero ante esa invitación suya, Al se frotó la piel de gallina en la nuca y respondió con frialdad.
De vez en cuando, Yae mezclaba un poco de lujuria femenina en las palabras que utilizaba para provocar a Al.
Eso se debía a que su instinto de supervivencia calculaba la forma óptima de ganarse el afecto de Al.
Y probablemente no había errores en esa solución óptima. Suponiendo que él accediera a sus intenciones, Al probablemente se vería incapaz de utilizar a Yae como lo había hecho en esta ocasión.
Por lo tanto, asegurarse de no aceptar nunca una invitación así era la mejor forma de defenderse para Al.
—Bueno, en primer lugar, nunca podrías influir en mí, ya que no puedes competir con lo sexy que es la Princesa.
—¿Los pechos, no es así~? ¿De verdad son los pechos, después de todo~? Siempre es lo mismo con los hombres~.
—Sin comentarios.
Eso también formaba parte del encanto de Priscilla, por lo que Al no lo negaría de plano.
Además, dudando sobre cómo expresar sus siguientes sentimientos, Al los puso en palabras.
—Yae, esta vez me ayudaste mucho. Gracias.
—… Oh, y pensar que el señor Al expresaría adecuadamente su gratitud… ¿quizás mañana llueva fuego?
—Al menos siempre daré las gracias. ¿Qué rayos piensas que soy yo?
—… Un monstruo, ¿sabes?
—…
Ante la respuesta inmediata que no mostraba la más mínima señal de ser una broma, Al contuvo la respiración. Al recibir solo silencio por respuesta, Yae —cuya cara seguía oculta para él— continuó hablando.
—El señor Al es un monstruo. Eso es algo que sé. Lo que nos diferenciaba a Hamayal y a mí era, sin duda, nuestra tolerancia hacia el «terror»~.
—…Entonces, ¿Hamayal era más débil?
—Al contrario. Es porque ni una sola vez encontré algo que me diera miedo.
Hasta donde él sabía, Yae no había enfrentado ningún fracaso en la aldea shinobi desde su corta edad, superando con facilidad diversos entrenamientos que se consideraban penitencias; probablemente, nunca había habido nada que la aterrara.
Esa emoción que Yae desconocía, Al la había grabado, se la había demostrado hasta en su alma.
—… Agresor del Territorio.
Existía dentro de la activación de la técnica para hacer trampa de Al: su Autoridad, que era una definición única.
La pérdida de confianza, la deficiencia del sentido del deber. Al había analizado que esas eran las causas, pero un poco antes, la subjetividad de la Autoridad de Al había errado, provocando una situación en la que la iniciativa cambiaba con frecuencia entre Víctima y Agresor.
Desde que decidió convertir a Priscilla en Monarca, eso había dejado de errar. … Eso fue hasta que tuvo que entablar un combate mortal para detener a Yae.
La Sakura Carmesí, Yae Tenzen, había sido fuerte. Ella le dio una abrumadora sensación de debilidad a Al, cuya determinación debería haberse endurecido, hasta el punto de que terminó atrapado en la posición de Agresor del Territorio.
Lo que no podía describirse más que como un error de su Autoridad, la activación de un bucle ineludible. Envuelta por el fenómeno que había hecho florecer hasta las obsesiones delirantes de Leip Barielle, Yae logró escapar del mismo destino que él, pero llegó a conocer el «terror».
A partir de entonces, ella…
—Le tengo miedo al señor Al. Aparte del señor Al, no le temo a nada. Incluso la idea de desafiar al señor Al me hace temblar incontrolablemente, y hasta me dan ganas de llorar. Por esa razón, te obedezco.
—Yae…
—Haré cualquier cosa. Obedeceré. Me dedicaré por completo. Serviré. Así que te lo ruego, por favor, no hagas nada que me asuste… que asuste a Yae de nuevo.
Ante esa sincera súplica, Al sintió el peso de lo que había pisoteado y cerró los ojos.
Hace algún tiempo, antes de que Yae cumpliera su papel como asesina, el insuperable precipicio del «terror» aún no existía entre ella y Al.
La cómoda relación de aquel entonces nunca podría volver a restaurarse.
Al había tomado la decisión de sacrificar esa relación relajada para asegurar el futuro de Priscilla.
Por eso…
—Ahh, no me desafíes de ahora en adelante, ¿bien? Mientras obedezcas correctamente, no te haré nada malo.
Después de decirlo en voz alta, pensó que era el tipo de cosas que un villano súper patético diría, lo que lo volvió loco. Pero, como no podía permitirse reírse allí, Al se mordió el interior de las mejillas, soportando el impulso.
Había tardado demasiado en darse cuenta de que era un verdadero villano, qué cosa verdaderamente molesta.
—… Sí, señor Al.
Mientras Al se burlaba de sí mismo, espalda con espalda con él al otro lado de la pared de ladrillos, Yae murmuró.
Apretándose el pecho, palpitante por el «terror» desenfrenado, Yae siguió su corazón y susurró un voto de sumisión al hombre al otro lado del muro: la renuncia absoluta y permanente de su alma, en una voz que él no podía escuchar.
FIN

