Leilani Alnair
Capítulo 5
Leilani Alnair
1
Leilani Arnail, Arzobispo del Pecado del Culto de la Bruja representando la Gula, cree obstinadamente que ella es la existencia más miserable, frágil y digna de lástima de este mundo.
Primero, se compadeció de haber nacido mujer, incapaz de superar a los hombres en estatus o fuerza física.
Luego, se compadeció de haber nacido fea, incapaz de recibir el favor o el trato preferencial de los demás.
Además, se compadeció de haber nacido en una familia pobre, privada de la oportunidad de adquirir educación.
A su vez, se compadeció de haber nacido como una persona ordinaria y sin talento, obligada a esforzarse ciegamente.
Sumado a esto, se compadeció de haber nacido con un cuerpo enclenque, alejada de poder disfrutar de una vida cotidiana saludable.
Aún más, se compadeció de haber nacido en una época despiadada, incapaz de conocer la calidez de la compasión humana.
Y, se compadeció de su destino de no ser comprendida por nadie, al haber nacido como una existencia solitaria.
La lástima era un sedimento incrustado en su alma, algo completamente inseparable de la vida de Leilani.
Por lo tanto, incluso ahora que ha sido compatible con el Factor de la Bruja y elegida como el Arzobispo del Pecado de la Gula, Leilani Arnail sigue creyendo obstinadamente que es una existencia que merece ser compadecida.
Es una mujer. Una mujer fea.
Una mujer pobre y fea.
Una mujer pobre, fea y sin talento.
Una mujer enfermiza, pobre, fea y sin talento.
Una mujer enfermiza, pobre, fea y sin talento a la que nunca han tratado con amabilidad.
Una mujer enfermiza, pobre, fea y sin talento, incomprendida por todos y a la que nunca han tratado con amabilidad... Esa es Leilani Arnail.
Por eso, la Autoridad de "Atracón" de Leilani obliga a los demás a sentir esa lástima por ella.
—Soy una mujer indigna, inútil, insolente, descuidada, reprochable, imperdonable, carente de virtud, imprudente, impura, sucia, corrompida, maleducada, torpe, indecorosa, fracasada, incompleta, inepta, antiestética, fea, deforme, falsa, deshonesta, inadecuada, desprevenida, desatenta, falta de preparación, ignorante, inexperta, confusa, desagradable, irracional, absurda, irregular, deshonrosa, vil, mediocre, estúpida, vacía, defectuosa, incompetente, servil y sin valor alguno.
Leilani, la mujer más digna de lástima de este mundo, es menospreciada, despreciada, considerada como una existencia insignificante y compadecida por todo y por todos.
Como resultado de ser compadecida de esa forma, Leilani deja una pequeña marca de mordedura en la vida de esa persona.
La herida penetra lenta pero inexorablemente; se expande y profundiza esa marca de mordida.
Como si fuera una llaga que se forma dentro de la boca, perdura interminablemente como una pequeña y sutil incomodidad en el alma del otro…
—Y finalmente, cubriré por completo su corazón y el camino de su vida con esta indigna persona que soy.
Primero, las personas involucradas en recuerdos insignificantes y triviales son reemplazadas por la existencia de Leilani.
Luego, las personas involucradas en recuerdos que causan impresión al evocarlos son reemplazadas por la existencia de Leilani.
Además, las personas involucradas en recuerdos nostálgicos que reviven profundamente las emociones son reemplazadas por la existencia de Leilani.
A su vez, las personas involucradas en recuerdos que dejaron una profunda cicatriz en la vida son reemplazadas por la existencia de Leilani.
Sumado a esto, las personas involucradas en recuerdos indispensables para el propio camino son reemplazadas por la existencia de Leilani.
Aún más, las personas involucradas en recuerdos sobre los que se vertió un amor incondicional son reemplazadas por la existencia de Leilani.
Y, las personas involucradas en recuerdos vinculados a la propia razón de existir son reemplazadas por la existencia de Leilani.
Las víctimas cuyas vidas han sido cubiertas por completo por el "Atracón" de Leilani ven cómo todas sus existencias preciadas son reemplazadas por "Leilani", sobrescribiendo todos sus recuerdos.
Para aquellos que han sido devorados por el "Atracón" de Leilani, ella se convierte en su amiga, su mentora, su amante, su familia y la existencia más importante de este mundo.
Por lo tanto, no les importa sacrificar sus vidas por el bien de Leilani.
La protegerán usándose a sí mismos como escudos contra cualquier oponente, se entregarán por completo a ella y la amarán hasta que sus almas se consuman.
—Todos y cada uno de ellos eran personas con un corazón tan generoso que se compadecían de una mujer como yo.
El objetivo por el cual Leilani había venido a las Dunas de Arena de Augria era el Santuario sellado de la Bruja de la Envidia, que se encontraba más allá de la Atalaya Pléyades.
Sabía que para llegar allí tendría que enfrentar numerosos obstáculos, dificultades y adversidades, pero Leilani no los subestimó.
Dado que ella era la existencia más digna de ser compadecida en este mundo, no tenía margen para relajarse.
Por lo tanto, Leilani reunió ciento cincuenta carruajes de dragón y a novecientas personas que se compadecían profundamente de ella, y desafió las Dunas de Arena de Augria.
El resultado, se podría decir que fue desastroso. Los novecientos compasivos guerreros cayeron esparcidos en la arena uno tras otro, y los ciento cincuenta dragones de tierra murieron trágicamente.
Intentaron proteger a Leilani a toda costa, arrojando sus vidas desesperadamente, pero fue en vano.
El cruel mar de arena se tragó la sabiduría de los compasivos guerreros, y finalmente, la vida de Leilani también pendió de un hilo. Por un instante, la mujer más digna de lástima del mundo, Leilani Arnail, casi pierde la vida allí…
—Bueno, es mucho más RELAX y cómodo si no te mueves de esa forma~.
Cuando escuchó esa voz y su vida fue salvada, Leilani se convenció. De que incluso el destino sentía lástima por esta mujer, la que más merecía ser compadecida en el mundo.
2
Los días junto a Shaula, quien se autodenominaba la "Guardiana de las Estrellas" y se jactaba de ser la vigilante de la torre, fueron para Leilani una acumulación de sufrimientos dignos de compasión.
Careciendo de casi cualquier emoción humana, Shaula no mostraba ni una pizca de compasión, consideración o empatía que debería otorgarse de manera espontánea a los débiles dignos de lástima.
Leilani no podía evitar sentir lástima de sí misma por encontrarse en la humillante situación de tener que mendigar atención y cuidados de forma tan indecorosa.
Sin embargo, por muy necia que fuera Shaula, no podía escapar de la influencia del "Atracón".
Con total certeza, de forma lenta pero segura, los recuerdos de la despreocupada Shaula fueron siendo objeto de un "Atracón" por parte de Leilani.
Se dio cuenta de que todo —el rostro, la voz, el olor— de las personas que Shaula había conocido, odiado, amado y con las que había forjado lazos a lo largo de su vida, fue reemplazado por "Leilani", y que su forma de tratarla había cambiado.
El desencadenante de esa influencia fue, sin lugar a dudas, la presencia de los bebés en el vientre de Leilani.
La Autoridad de Leilani, que era tan difícil de usar que daba lástima, requería mucho tiempo para someter al objetivo a un "Atracón".
A medida que el "Atracón" avanzaba, la presencia de Leilani dentro del oponente se hacía cada vez más grande; pero antes de que eso sucediera, el objetivo ni siquiera sentía lástima por ella.
Por lo tanto, para Leilani, alguien como Shaula —con quien ni siquiera se podía razonar o usar el sentido común desde un principio— era por naturaleza el tipo de existencia más peligrosa y con la que le resultaba más difícil lidiar.
Contra un objetivo de ese tipo, Leilani no era más que una mujer patéticamente impotente.
Y allí es donde fue de utilidad…
El vientre enormemente abultado de Leilani, es decir, la prueba de que era una mujer embarazada.
Era algo curioso, pero las personas tienden a compadecerse en exceso de esa criatura conocida como mujer embarazada.
Le sorprendió sinceramente que esa lógica también funcionara con alguien como Shaula, pero esta vez también lograron compadecerse de ella sin contratiempos, lo que le permitió llegar a activar su Autoridad de "Atracón".
Esto también era mérito de los bebés de Leilani, bebés que había mantenido en su útero a pura fuerza de voluntad durante más de tres años para permanecer siempre como esa existencia compadecida que es una mujer embarazada; y que, al parecer, se trataba de un embarazo múltiple.
Aunque, irónicamente, los propios bebés, como si ignoraran por completo los sufrimientos de su lastimosa madre, pateaban tontamente el vientre desde adentro con frecuencia, suplicando incesantemente que los dejara salir.
Esos bebés no sabían absolutamente nada sobre los sentimientos de su lamentable madre por tener unos hijos que no comprendían su corazón.
Este mundo está lleno de todo tipo de injusticias y absurdos que caen sobre uno sin remedio.
No hay evento más digno de compasión que nacer en un lugar así.
Leilani, como madre, sentía pena por sus hijos desde el fondo de su corazón y, por esa razón, los mantenía retenidos en su vientre.
Lamentablemente, esas plegarias de Leilani seguían sin llegar a los hijos que, incluso en ese momento, continuaban pateándole la barriga.
—Leilani, la comida ya está lista~. Si la pruebo yo, tu porción va a superdisminuir, ¡o sea que, PLEASE pruébala tú misma!
Con una voz arrastrada, Shaula, que había estado hirviendo una olla para Leilani, la llamó desde el otro lado.
A diferencia del principio, la actitud de Shaula hacia Leilani se había suavizado considerablemente.
Aquellas conversaciones con ella, en las que no ocultaba su actitud despectiva y brusca y la trataba de frente como si fuera un estorbo, agotaban los nervios…
Aunque estaba exhausta, ya no quedaba rastro de la Shaula que trataba con desprecio a la lastimosa mujer embarazada que era Leilani.
—El "Atracón" había avanzado, y la reescritura de la mayor parte de los recuerdos de Shaula ya se había completado.
Dentro de los recuerdos que había en ella, "Leilani" estaba presente en casi cada una de las escenas; la entrada y salida de absolutamente todas sus emociones estaban repletas de "Leilani". Seguro que había escenarios donde múltiples "Leilani" existían al mismo tiempo, pero Shaula no se daba cuenta.
Y no era porque Shaula fuera especialmente tonta. —No le pasaba solo a ella, a todo el mundo le ocurría. Nadie era capaz de notar los efectos de la Autoridad de "Atracón" de Leilani. Ninguna persona podría dudar jamás de los preciados recuerdos que residen en su propio interior.
Mucho menos podrían sospechar que habían sido implantados por una mujer patética e insignificante.
—¿Leilani~?
Al ver a Shaula llamándola con la cabeza ladeada y una expresión de completa idiotez, Leilani sonrió profundamente con lástima.
Muchos seres sienten una oscura superioridad al tenderle la mano a una mujer digna de compasión. Shaula tampoco podía resistirse a ese placer que tantas personas albergaban.
Estaba atrapada, atada y devorada por completo.
Levantándose del lecho que Shaula había preparado usando mantas y los restos de un carruaje de dragón destrozado, Leilani compadecía, a través de su "Atracón", a la Shaula que se compadecía de la Leilani que debía ser compadecida.
El Evangelio le había indicado a Leilani que se dirigiera al santuario de la Bruja de la Envidia.
Al igual que cualquier otro Cultista de la Bruja, Leilani, como Arzobispo del Pecado de la Gula, tampoco tenía ni la más mínima intención de desobedecer lo escrito en el Evangelio.
Ciertamente, el Evangelio le había concedido a Leilani la buena nueva de permitirle seguir siendo una existencia que merece ser compadecida.
Por lo tanto, para cumplir con lo estipulado en el Evangelio, Leilani preparó a las novecientas personas que había sometido a su Atracón y desafió el mar de arena.
Esas novecientas personas que compadecían a Leilani y los ciento cincuenta dragones de tierra habían sido aniquilados; pero, a cambio, había conseguido a esa estúpida Guardiana de las Estrellas, la cual debería ser más que suficiente para cumplir ese mismo rol.
Después de todo, la Shaula que había sido devorada por completo por el "Atracón" ya estaba dominada por la lástima hacia Leilani.
—Señora Shaula.
—¿Mmm~? ¿Qué superpasa?
Ante Leilani, que la llamaba sentada desde la cama, Shaula no se movió.
A pesar de que le estaba suplicando implícitamente que le tuviera lástima y le prestara ayuda rápido por ser una mujer embarazada, era una idiota sin nada de tacto.
Sin mostrar ni una pizca de esa lástima, Leilani acarició con ternura su vientre hinchado.
—Al ser bendecida con la amable y magnánima misericordia de usted, esta indigna persona es desproporcionadamente afortunada. Después de todo, usted siempre pone en primer lugar en sus pensamientos a esta inútil...
—¿Ah? Te equivocas por completo~.
—¿Eh?
Un destello de luz blanca la atravesó.
3
—Ah...
Sus pies se enredaron en la textura de la arena y cayó de bruces en el lugar.
Ya no podía dar ni un solo paso más. Agotada su voluntad y su fuerza física, esperando únicamente la muerte, Leilani se compadeció de sí misma desde el fondo de su corazón.
Había sido un acto de violencia demasiado incomprensible.
¿Qué significaba entonces aquella expresión relajada que había tenido hasta ese momento?
La Shaula que había cambiado repentinamente, la mirada de la chica en el último segundo mientras atravesaba a Leilani con la luz, carecía totalmente de emociones.
No había ira, ni tampoco intención asesina.
Con unos ojos desprovistos de cualquier sentimiento, le disparó a Leilani.
Y luego, sacó a Leilani, quien estaba al borde de la muerte por un solo ataque, fuera de la torre y la arrojó al mar de arena.
—I...
Con la respiración entrecortada, dejando que la arena absorbiera la sangre que brotaba a raudales de su cuerpo perforado... A pesar de haber llegado a esos extremos, Shaula no le había dado el golpe de gracia a Leilani.
Simplemente la arrojó al mar de arena, pero dejó el equipaje con comida y agua a su lado.
Sin embargo, no la iba a llevar a ningún asentamiento humano, y mucho menos pediría ayuda por ella.
No tenía sentido.
No, sí que lo tenía. Sabiéndolo perfectamente, se compadeció de sí misma.
—Ugh…
No la iba a matar. Tampoco la iba a dejar vivir. Era una apuesta vergonzosa que dejaba la decisión final al cielo, todo para no ensuciarse las manos cruelmente. Oh, qué digna de lástima era Leilani.
—E...
La sangre que brotaba era, sin duda, la propia fuerza vital de Leilani. Cuando esta se agotara la lastimosa vida de Leilani se esparciría trágicamente por la arena.
Eso también se estaba transmitiendo a los bebés dentro de su vientre hinchado, que ahora se agitaban más que nunca, tratando de patear y romper el útero.
Los fetos, presas del pánico ante la situación crítica de su madre, también se daban cuenta. De que, si las cosas seguían así, se la llevarían con ellos a la tumba.
—O...
Como era de esperar, si Leilani moría, los bebés en su vientre también morirían.
O más bien, tal vez ya estaban muertos.
El rayo de luz que disparó Shaula había atravesado a Leilani justo por debajo del pecho.
No habría sido ninguna sorpresa que ese ataque, que probablemente no tuvo más motivo que ser un blanco fácil de apuntar, ya le hubiera arrebatado la vida a aquellos fetos múltiples que aún no conocían el mundo exterior.
Si había algún niño muerto, daría lástima, pero al final solo era una cuestión de qué tan pronto o tarde sucedería; no se acercaba ni por asomo a lo digna de compasión que era Leilani.
Después de todo, tener parientes de sangre tan cerca y que los únicos que la acompañaran fueran unos bebés en su vientre incapaces de brindarle ninguna ayuda... ¿Acaso podía existir algo más digno de lástima?
Definitivamente, Leilani era la mujer más digna de compasión del mundo…
—¡Oye! ¡Efectivamente es una persona! ¡Hay alguien tirado! ¡Y todavía está viva!
De repente, la voz gruesa y desesperada de un hombre golpeó con fuerza los oídos de Leilani, quien se encontraba compadeciéndose de sí misma.
Sintió la presencia de alguien acercándose corriendo y el sonido de la arena siendo pateada.
Su cuerpo fue levantado bruscamente por unos brazos robustos que llegaron justo a su lado, y Leilani jadeó de dolor mientras un rostro desconocido se reflejaba en su visión borrosa y nublada.
No era Shaula. Era un hombre. Y no estaba solo; se sentía la presencia apresurada de otras personas corriendo hacia ella.
Todos tenían rostros que reflejaban lástima al ver a una mujer con heridas mortales.
Ante ese hecho, Leilani sintió que el destino se había compadecido de ella y le había tendido una mano.
Como era de esperar, era natural que incluso el destino se compadeciera de la mujer más digna de lástima del mundo.
—Es una herida terrible... Además, ¿acaso está embarazada? Esto es malo... ¡Necesita tratamiento!
Gritó el hombre, dándole instrucciones a los que lo rodeaban. Al escuchar la palabra "tratamiento", Leilani se dio cuenta de que el hombre tenía conocimientos de magia curativa, y se regocijó aún más por esa compasión del destino.
En contraste con el regocijo de Leilani, el hombre frunció el ceño como si se lamentara, soltando un "¡Maldición!".
—¡Uno ya no tiene salvación, está muerto...! Pero, hay otro... ¡No, dos están vivos!
—...
—¿Debería priorizar a los bebés...? No, ¿a ella...?
En el proceso de examinar la herida, el hombre notó la existencia de los fetos en su vientre y expresó sus dudas en voz alta.
Por su forma de hablar, Leilani comprendió de inmediato que no había manera de salvar tanto a la madre como a los hijos.
Al darse cuenta de esto, Leilani reunió todas sus fuerzas y, en un acto reflejo, agarró el brazo del hombre.
El hombre abrió mucho los ojos soltando un gesto de sorpresa claro. Mientras él la miraba fijamente a los ojos, Leilani habló con la voz temblorosa.
—A... los be... bés...
El hombre abrió los ojos de par en par ante aquella súplica torpe y entrecortada.
Así es, los bebés no importaban en lo absoluto. ¿Qué le importaban unas vidas que aún no habían nacido?
Quería que ayudaran a la mujer digna de lástima que estaba justo frente a él hoy. A la lamentable Leilani que estaba a punto de dar su último aliento en cualquier momento.
Los bebés podrían volver a hacerse siempre y cuando ella, la madre, estuviera allí. Originalmente, solo eran la semilla de algún hombre que se había compadecido de Leilani, sin saber siquiera quién era el padre; no eran más que accesorios para inspirar lástima.
Y sin embargo…
—¡...! ¡Ah... ah, lo entiendo! ¡Por supuesto! ¡Los salvaré, te lo prometo! ¡A tus... tus bebés no los dejaré morir!
En ese instante, el hombre malinterpretó la súplica de Leilani, creyendo que era el amor de una madre al borde de la muerte haciendo un último esfuerzo por sus hijos; y en sus ojos se encendió la llama de una fuerte determinación.
—No... a, mí...
Se retorció desesperadamente, intentando corregir ese error. Fue inútil.
El cuerpo de Leilani, que había perdido demasiada sangre, no le obedecía; su garganta estaba obstruida por el líquido que rebozaba, y la súplica de Leilani se mezcló con un desagradable gorgoteo, impidiendo que su voz saliera correctamente.
Y así, sin poder lograrlo, un dolor insoportable, como si le revolvieran el cerebro directamente, se apoderó de ella, y la consciencia de Leilani se tiñó de blanco.
—...
Le estaban abriendo el vientre. La sensación de que el agujero que ya tenía en el estómago se ensanchaba y de que sus entrañas eran apartadas llegó en rápida sucesión; a cambio de la vida de Leilani, los bebés estaban siendo arrastrados hacia el exterior.
Ante ese dolor, esa sensación de pérdida y ese sufrimiento desesperante, el Arzobispo del Pecado de la Gula gritó con todas sus fuerzas.
—Detenteparadetenteparadetentepara. ¡Aaaaaaaaah! Paradetenteparadetenteparadetentepara. ¡Iigii! ParadetenteparadetenteparAAaAadetenteparaaAaAa. ¡Ugogh, gegh! ParadetenteeEeEparadetenteparadetentepara. ¡EaAaAah, eaaAaAaah, eaaAaAaah! ParadeteEeeEenteparadetenteparadetEeEnteparaaaAaA. ¡Oooh, oooh! Paradetenteparadetenteparadetentepara…
Gritó, se retorció, chilló y sollozó.
Leilani suplicaba la piedad de todo el mundo.
Sin embargo, las manos del hombre, que intentaban consumar lo que él creía que era el amor compasivo de una madre, no se detuvieron.
Aquel grito desgarrador fue apagándose poco a poco, y hasta el momento mismo de su muerte, los oídos de la lastimosa mujer, cuyos verdaderos sentimientos jamás fueron comprendidos por nadie, captaron el llanto de dos bebés varones que acababan de nacer a este mundo.
Los dos recién nacidos que fueron recibidos en los brazos del hombre mientras dejaban escapar su primer llanto en este mundo estaban, a cambio de sus propias vidas, despidiendo a su madre que moría.
Unos hijos que, al mismo tiempo que nacían, cometían el pecado imperdonable de devorar la vida de su propia madre; el colmo absoluto de la Gula.
Mientras escuchaba ese llanto perdiéndose en la distancia, Leilani Arnail se compadeció de sí misma.
—Ciertamente… soy la mujer más digna de lástima de este mundo.
Eso pensó, mientras se compadecía a sí misma. Un último pensamiento.