Yae Tenzen
Capítulo 51
Yae Tenzen
――Un Shinobi jamás debe entregar su corazón a nada.
En la aldea shinobi del Imperio Vollachia, esta era una enseñanza absoluta impartida a aquellos a quienes se les prohibía llevar otra vida que no fuera la de un shinobi; era una regla férrea que exigía obediencia absoluta, incluso más que la ley de hierro y sangre arraigada en las vastas tierras del Imperio.
Si entregaran su corazón a algo, la afilada espada conocida como shinobi se oxidaría fácilmente.
Por lo tanto, todos y cada uno de los que asumían el manto de shinobi, sin excepción, grababan esa regla férrea en su alma, acatándola sin importar el precio.
Y a pesar de eso――
???: 『 Oye, tú eres igual, ¿verdad? Igual que yo, puedes hacer casi cualquier cosa sin pensarlo dos veces, y así la vida pierde un poco su chispa, ¿no crees? ¿No estaría bien conservar al menos una sola cosa en tu corazón? 』
Cuando el jefe de la aldea pronunció esas palabras, sonriendo con la dentadura que aún conservaba a pesar de su avanzada edad, Yae recordó preguntarse dónde había desaparecido exactamente la férrea ley Shinobi, y sintió una intensa irritación.
――Entre esos sentimientos, se encontraba la firme convicción de que jamás podría vivir así.
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――El Cerezo Carmesí Yae Tenzen, era una Shinobi genio sin igual.
Era un hecho irrefutable, algo que incluso la propia Yae humildemente estaba dispuesta a admitir.
Quienes la rodeaban la elogiaban por poseer el mayor talento que la aldea shinobi había visto desde su fundación, expresando a viva voz su admiración, afirmando que su potencial hasta podría rivalizar con el del Admirador de las Ciudades Estado de Kararagi.
A decir verdad, la propia Yae deseaba fervientemente que dejaran de compararla con semejante individuo, pero dejando de lado esos sentimientos hacia esa persona, el talento de Yae desataba una auténtica locura entre los habitantes de la aldea.
En la práctica, si el talento se definía como la capacidad de sortear con cierto orgullo las numerosas dificultades de un campo determinado, entonces Yae poseía, sin duda alguna, los talentos innatos de una shinobi.
Sin embargo, contraria a la opinión de los que la rodeaban, Yae odiaba profundamente el trato "especial" que recibía.
Era como una especie de rechazo fisiológico, una resistencia a la idea de ser "especial", así que quizás se trataba de un fenómeno que debería denominarse "alergia especial".
No le molestaba que otros recibieran un trato especial, pero en el momento en que ella misma lo experimentaba, la asaltaba una sensación insoportable y sentía un deseo irrefrenable de abandonarlo todo. Era ese tipo de rechazo visceral.
Para Yae, que padecía esta violenta alergia a lo "especial", la férrea ley shinobi que el jefe de la aldea había negado personalmente en la introducción, era algo con lo que tenía una compatibilidad extraordinaria.
Entregarse por completo a algo, era crear una especie de "singularidad" en uno mismo.
Dado que tenía alergia a esa "singularidad", Yae podía obedecer la férrea ley shinobi sin mucho esfuerzo. Ciertamente, podría decirse que era una mujer nacida para ser shinobi.
Pero, por otro lado, esa era una de las razones por las que quienes rodeaban a Yae le daban un trato "especial", así que era un verdadero dilema.
――Para empezar, el camino que recorrían los shinobi era arduo y difícil de sobrellevar.
Solo uno de cada mil aprendices llegaba a ser genin, solo uno de cada mil genins a chunin, y solo uno de cada mil chunins a jonin―― tales sentimientos se repetían a menudo por lo difíciles que eran las pruebas. Hasta el día de hoy, cada vez que Yae escuchaba ese ejemplo, pensaba en que eso requeriría mil millones de candidatos shinobi.
Bueno, era un pequeño alivio que los shinobis veteranos fueran tan conscientes de lo duro que era el camino, hasta el punto de usar expresiones tan ridículas. Sin importar la tortura, era propio de la naturaleza humana querer someterse a ella sabiendo que "esto está diseñado para atacar esta parte" en lugar de sufrirla preguntándose "¿qué sentido tiene esto?".
Y en la práctica, el proceso para completar a un shinobi era, sin duda, la crueldad conocida como tortura.
Yae creía que el entrenamiento shinobi, que comenzaba cuando un niño tomaba conciencia de su entorno, se describía mejor como abuso infantil que como tortura, pero la inmoralidad que conllevaba la formación de los shinobi era interminable, por lo que detenerse en la entrada impediría que la historia avanzara.
En primer lugar, los candidatos a aprendices shinobi eran en su mayoría niños secuestrados.
Como se mencionó anteriormente, el entrenamiento shinobi comenzaba en las primeras etapas de la infancia, pero los ejercicios a los que se les sometía eran tan inhumanos e irracionales que muchos morían sin piedad. En aras de la eficiencia, en lugar de bebés, secuestraban a niños pequeños en edad para comenzar el entrenamiento de inmediato. El hecho de que los shinobi se saltaran la etapa infantil más complicada, revelaba la verdadera crueldad de su inhumanidad.
Así pues, lo primero a lo que se sometía a los niños secuestrados era, por encima de todo, la eliminación de sus recuerdos.
Se decía que los métodos consistían en drogas, señales, y técnicas que influían directamente en la memoria, pero no estaba del todo claro. Simplemente, mediante estos métodos, los niños secuestrados eran limpiados de sus memorias, olvidando por completo a sus familias y sus pueblos. Yae tampoco recordaba los rostros de sus padres, ni siquiera sabía su verdadero nombre. "Yae' fue un nombre que recibió más tarde, y hasta entonces simplemente la llamaban "Rojo N.° 8" por el color de su cabello.
Quienes carecían de aptitudes eran los primeros en fracasar en este proceso de eliminación de memoria. Para algunos, el borrado no era lo suficientemente efectivo, y para otros, demasiado efectivo, dejándolos como despojos inservibles; era un desastre desde el principio.
Y en cuanto a Yae, hasta el punto de considerarse a sí misma insensible, olvidó por completo su pasado en un instante.
Se le había escapado con tanta facilidad que incluso Fujirou Tenzen, el encargado de borrar sus recuerdos, se quedó sin palabras, hasta el punto de que se lo contó después. ――Casualmente, este Fujirou sería más tarde quien le daría el nombre a Yae, y fue el anterior Tenzen cuyo apellido ella heredó
Pero aunque ostentara el título de quien le dio el nombre, su relación fue una fría y obligatoria de instructor y alumna, familiar solo de nombre. Desde la perspectiva de Yae, su impresión de Fujirou se reducía, más o menos, a la de alguien del pueblo con quien tenía mucho contacto y que, además, le dio un nombre.
En todo caso, privados por la fuerza de los cimientos de su corazón, ellos se convertirían en un lienzo en blanco para ser pintado a merced del pincel negro conocido como shinobi; una vez que los niños despojados de su pasado estuvieran preparados, la verdadera esencia del inhumano centro de entrenamiento que era la aldea shinobi comenzaría: no solo el fortalecimiento de la carne y los músculos, sino la reestructuración misma del cuerpo humano.
Destrucción y corrección de los huesos para lograr el dominio de un cuerpo blando y acrobacias que sobrepasaban la comprensión humana; entrenamiento para desarrollar resistencia al veneno mediante avance gradual, desde pequeñas dosis hasta dosis letales; rutinas diarias que consistían en aprender los peligros de las artes marciales y las herramientas shinobi a través del dolor que infligían al cuerpo; y la tarea de cumplir con una cuota de huesos rotos, carne desgarrada y sangre derramada.
Compañeros, fríos e incapaces ver el siguiente amanecer, yacían esparcidos por todas partes; dado que eso también era material de enseñanza para su entrenamiento, para acostumbrarse a la muerte, estaba prohibido enterrarlos, y en su lugar, el hedor pútrido de esos cadáveres pudriéndose día tras día se grababa en sus mentes, provocando que algunos perdieran la cordura.
Todos esos supuestos ejercicios terribles fueron completados con facilidad por Yae. ――No, incluso para ella, decir que fue fácil sería mentir. Yae había enfrentado la adversidad a su manera. Pero a Yae le pareció que la adversidad que había enfrentado, no representaba ni una milésima parte de lo que experimentaron sus compañeros.
Si a eso se le podía llamar talento, ella sin duda lo tenía.
La destrucción y corrección de sus huesos alteraron su percepción del dolor, y la agonía del veneno que parecía derretir y revolver sus entrañas se redujo al mínimo, al igual que la sangre en su orina y heces; con solo tocar un arma shinobi, adquirió un dominio como si la hubiera usado exclusivamente durante diez años, y tras experimentar un arte marcial una sola vez, podía usarla para derrotar a un oponente más grande que ella, y jamás volvería a ser alcanzada por ella. Solo el olor a cadáveres la agotaba, pero también se acostumbró a eso.
Así, tras tales sucesos, la muy joven Yae se convirtió en la primera de mil a una velocidad sin precedentes.
Fujirou: 『 ――A partir de hoy, te llamarás Yae Tenzen. 』
El día que Fujirou le puso ese nombre, fue el día en que se convirtió en genin.
Desafortunadamente, no sintió nada en particular al respecto. Después de todo, la habían tratado diferente a sus compañeros desde el momento en que la llamaron "Rojo N.° 8", así que tener o no un nombre no influía en su autoestima. Solo que recibir ese trato "especial" le resultaba molesto.
――Aún hoy desconoce por qué Fujirou la había llamado Yae.
Había perdido la oportunidad de preguntar. Ahora le había cogido cierto cariño, y la parte de Tenzen también sonaba bien. Era mucho mejor que acabar llamándose Yae Dunkelkenn por algún error.
Al oír el comentario sarcástico de Yae, el jefe de la aldea se partió a reir con un "¡Kakakaka! ¡Ya empiezas a decir cosas insolentes, eh!?". Por cierto, en la aldea shinobi no había ni una sola persona con el mismo apellido que el jefe, pero no estaba claro si era porque era un mal maestro o porque había abandonado sus deberes.
Lo primero parecía más plausible, así que eso era lo que sospechaba Yae.
De cualquier forma, aunque haya pasado de ser conocida como "Rojo N.° 8" a Yae Tenzen, su camino como shinobi, así como la forma en que percibía el mundo, permanecieron intactos. ――Lo que cambió no fue Yae, sino el entorno que la rodeaba.
――Sin duda, esa fue la principal razón por la que Yae había llegado a detestar tanto lo "especial".
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――Ahora, ya se ha mencionado que Yae poseía una "alergia especial", pero para ella, la genin más joven y de ascenso más rápido en la historia, surgió una situación que aceleró dicha alergia.
Finalmente, todos en la aldea reconocieron el talento y las habilidades de Yae, pero al convertirse en genin, hubo uno que quedó cautivado por su prometedor futuro: Fujirou Tenzen.
Como su mentor y guía, Fujirou quedó completamente fascinado por la capacidad de Yae para tomar las primeras diez piezas que él le enseñó y extrapolar las siguientes cien o mil.
Es decir, que aquello era un acto que contradecía la férrea ley shinobi de jamás entregar su corazón a nada.
No le quedó más remedio que forjar con sus propias manos a la genio sin igual, Yae Tenzen, convirtiéndola en una shinobi extraordinaria. ――Fujirou había terminado obsesionado ciegamente con ese sentido del deber.
Fujirou: 『 ¡Tienes talento de sobra para esto! ¿¡Por qué no lo entiendes!? 』
Mientras Fujirou exclamaba esto con los ojos inyectados en sangre, albergaba una fe fanática en el talento de Yae.
Día tras día, ella sentía cómo aumentaba el calor en sus ojos mientras la miraba, pero el daño causado por su erupción fue mucho mayor de lo que Yae jamás hubiera imaginado.
Con la idea de que Yae era "especial" grabada a fuego en su mente, Fujirou organizó la "Ruina Reptante"――un rito estructurado de la misma forma que la Ceremonia de Selección Imperial usada para decidir al próximo Emperador de Vollachia; arrastrando a treinta genin del mismo rango que Yae en ese momento, fue una locura temeraria capaz de sellar la ruina de la aldea.
Los genin fueron llevados a un bosque alejado de la aldea, donde se les ordenó luchar a muerte hasta que solo quedara uno en pie; sin cuestionar las órdenes de sus superiores, sus vidas se desperdiciaron en vano.
Tal como Fujirou había previsto al idear el rito, la única que quedó en pie al final fue Yae Tenzen.
Sin embargo, ella nunca tomó la iniciativa contra los demás, sino que optó por revertir la situación contra cualquier oponente que la atacara, y al final, cuando dejó escapar a su último compañero mientras este rogaba por su vida, Fujirou se enfureció enormemente.
――No, para ser precisos, no fue solo él, fueron todos.
Cautivados por el talento de Yae Tenzen, Fujirou no fue el único que se desvió del camino.
Inspirados por sus palabras, o tal vez por presenciar directamente el crecimiento de Yae, había muchas personas deseando que ella cargara con sus expectativas distorsionadas mediante el ritual que ellos denominaron "Ruina Reptante".
Yae había defraudado las expectativas de quienes creían ciegamente en ella; pero en lugar de aplacar su fervor, este se intensificó, estallando con furia.
Si simplemente se hubieran deshecho de Yae tras su decepción y luego se quitaban su propia vida, aún habría resultado, en cierto modo, conmovedor.
Pero para los que se aferraron a la determinación de repetir la "Ruina Reptante" cuantas veces fuera necesario hasta que Yae se convirtiera en el modelo de shinobi ideal que anhelaban, ya no existía remedio alguno.
Fujirou: 『 ¡Tú eres... la que cambiará la manera en que debe ser un shinobi...! 』
Colapsando mientras pronunciaba esas palabras, Fujirou había muerto, creyendo en el potencial de Yae hasta el final.
La garganta que repetía esa irritante afirmación fue arrancada, e irónicamente, los hermosos pétalos de cerezo blanco como la nieve comenzaron a caer sobre los cadáveres de quien le dio nombre y sus insensatos camaradas, boca abajo en un charco de su propia sangre.
Yae recordó aquellos cerezos ensangrentados junto con una indescriptible sensación de futilidad.
???: 『 ――Ohoho, bueno, esto sí que es serio, ¿eh? ¿Acaso una muchacha cuyo trasero sigue tan pálido como la nieve realmente los derrotó a todos, incluso a los jonin que había entre ellos? 』
Tras llegar un poco más tarde, el jefe de la aldea observó a Yae y los cadáveres de los jóvenes que la rodeaban, y luego dejó escapar esos comentarios despreocupados. Parecía que las operaciones secretas de Fujirou y sus aliados habían sido descubiertas por los altos mandos de la aldea, así que, independientemente del resultado de la "Ruina Reptante", probablemente no habría futuro para ellos.
Ella no quería ni pensar que la razón de esta respuesta tardía, a pesar de tener tan claro el panorama, fuera que habían decidido dejar en manos de Yae la responsabilidad de lidiar con los elementos disruptivos para la aldea.
???: 『 Así que... ¿todos acabaron muriendo? 』
Y aunque esa sospecha no fue la razón, Yae mintió en respuesta a la pregunta del jefe de la aldea.
La razón del disgusto de Fujirou y los demás, fue el compañero genin del que Yae hizo la vista gorda cuando este rogaba por su vida. ――Ella ocultó que no solo le permitió huir de la "Ruina Reptante", sino también escapar de la aldea shinobi por completo.
Ese compañero le sugirió: "Ah, en ese caso, ¿por qué no huyes conmigo?", pero Yae rechazó su oferta con firmeza. No es que deseara quedarse en la aldea, sino que simplemente no quería estar a su lado.
En cuanto a habilidades y talento, Yae era muy superior. Aun así, sus instintos la estaban alertando. ――Si la muerte llegaba a alcanzar a Yae, sería estando al lado de él.
???: 『 ――Mi error, mi error. 』
Así, cuando su compañero se despidió con esas palabras, Yae intuyó su deseo de eliminar a todo aquel que supiera de su existencia, pero ya que él fue lo suficientemente racional como para abandonar ese objetivo, Yae y su compañero genin lograron salir de aquella "Ruina Reptante" como los últimos supervivientes.
Como al final no fue la única superviviente, Yae se preguntó si su estatus de "especial" podría verse afectado, aunque solo fuera un poco, y mientras pensaba en ello――
???: 『 Bien, regresemos. ――Cerezo Carmesí. 』
Dándole la espalda, el jefe de la aldea la llamó por ese alias por primera vez.
Hasta el amargo final, Yae desconocía por qué Fujirou la había llamado así. Pero la razón por la que el jefe de la aldea la había llamado por ese alias fue evidente, incluso sin necesidad de palabras.
――Después de todo, en aquella noche repleta de muertes de shinobis, la flor de los cerezos blancos como la nieve se tiñó profusamente de sangre.
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――El Cerezo Carmesí Yae Tenzen, era una Shinobi genio sin igual.
Como la más joven en ser ascendida a jonin, esa percepción sobre ella se había vuelto inquebrantable, por lo que su "alergia especial" empeoró hasta un punto irreversible.
Para Yae, ser tratada como "especial" era una especie de maldición, una amenaza, una interferencia aborrecible que solo traía malas influencias a su vida.
Las expectativas y esperanzas solían tener una fuerte carga positiva, así que había demasiadas personas en este mundo que las agitaban sin darse cuenta de que podían convertirse en cuchilladas que herían profundamente a otros. Además, blandir cuchillas a ciegas dificultaba que tanto el agresor como la víctima notaran las heridas, una característica verdaderamente nefasta.
Tales cosas influyeron enormemente en su vida hasta entonces, y Yae estaba completamente harta de ello.
???: 『 Oye, tú eres igual, ¿verdad? Igual que yo, puedes hacer casi cualquier cosa sin pensarlo dos veces, y así la vida pierde un poco su chispa, ¿no crees? ¿No estaría bien conservar al menos una sola cosa en tu corazón? 』
Por eso, cuando el jefe de la aldea le dijo esas cosas a Yae, a pesar de ser plenamente consciente de las cuchillas, le pareció verdaderamente odioso.
El jefe de la aldea le estaba aconsejando personalmente que hiciera algo como romper la férrea ley shinobi. No podía creer que él estuviera cuerdo. Para empezar, Yae no buscaba nada parecido a una chispa en su vida. Sería un accesorio superfluo.
Una chispa: es decir, el acto de albergar expectativas sobre las propias habilidades, o depositar esperanza en el propio futuro. ――Fue precisamente el creer en la propia "singularidad" lo que, sin duda, representó un arma de doble filo para Yae.
Por lo tanto, Yae se distanció deliberadamente de la imagen del shinobi ideal en el que todos parecían depositar sus esperanzas y expectativas.
Era la antítesis del shinobi ideal que Fujirou Tenzen había intentado alcanzar con tanto empeño――una actitud, un habla y una conducta frívolas que no dejaban lugar a donde agarrarse, y una actitud amigable que jamás se llevaría bien con nadie.
Con esa humanidad tan superficial, la personalidad de Yae Tenzen cobró forma.
No quería que la malinterpretaran, así que lo aclararía aquí: esta era la consecuencia natural de su rechazo a la idea de ser "especial", y en absoluto estaba inspirada por la propia naturaleza del jefe de la aldea.
Sin involucrarse profundamente en la vida de nadie, sin enfrentarse jamás a nadie directamente, y sin que nadie la apreciara.
Esa era la sabiduría mundana a la que había llegado Yae Tenzen, el Cerezo Carmesí, su filosofía de vida――
???: 『 ――Seguramente no confundes esa forma tan vergonzosa de ser con tu propia naturaleza, ¿verdad? 』
Hablándose de esa manera cuando estuvieron a solas, Yae contuvo el aliento ante la belleza carmesí.
Yae, cuya "alergia especial" se había agravado, odiaba que la trataran como "especial" y, al mismo tiempo, desarrolló un agudo sentido del olfato para detectar lo especial en los demás. En ese sentido, la mujer con la que Yae ahora tenía un contacto cercano parecía ser la personificación misma de lo "especial", tanto por dentro como por fuera.
Pero por otro lado, su especialidad era tan evidente para cualquiera, que no hacía falta tener un olfato fino para percibirla.
――La Novia Sangrienta, Priscilla Barielle.
Para Yae, que había completado todo tipo de misiones como shinobi, los días que pasó junto a esa mujer a la que la población local llamaba cariñosamente la Princesa del Sol fueron bastante impactantes, y profundamente memorables.
Originalmente, la infiltración de Yae como sirvienta en el entorno de Priscilla fue algo orquestado por Chisha Gold, uno de los Nueve Generales Divinos del Imperio.
Yae desconocía la importancia que tenía para el Imperio la participación de una mujer en la Selección Real del lejano Reino de Lugunica, y ni siquiera se lo había planteado.
La esencia de un shinobi era obedecer órdenes sin rechistar, y Yae consideraba esa una cualidad deseable. El único que se atrevía a desobedecer era el jefe de la aldea, y como Yae era diferente a él, permaneció obediente.
Dicho eso, la misión era un tanto ilógica y enigmática.
Básicamente, su trabajo consistía en vigilar al objetivo e informar sobre sus acciones; no recibió instrucciones específicas para sabotear o interrumpir sus planes, ni se trataba simplemente de un asesinato rápido. Dado que Yae fue designada para esta tarea, no cabía duda de que contaban con sus habilidades y su capacidad para regresar con vida, pero mientras estuvo infiltrada en la mansión, sus días como simple sirvienta transcurrían monótonamente. ――Le costaba admitirlo, pero sentía que era un desperdicio del genio shinobi que era el Cerezo Carmesí
En la práctica, los talentos innatos de Yae no se limitaban a los de una shinobi, pues poseía una versatilidad que le permitía dominar con facilidad casi cualquier otra cosa. Así, dominando a la perfección todas las tareas de una sirvienta, la infiltración de Yae en la Mansión Barielle fue tan sencilla como todas sus misiones anteriores.
Sin embargo, solo al interactuar directamente con Priscilla, necesitaba prestar especial atención.
A lo largo de su carrera, Yae había tenido numerosas oportunidades de observar a figuras importantes.
Entre ellas se encontraba la Araña Blanca que le había encomendó esta misión, y en general, el jefe de su aldea, conocido como el Viejo Vicioso, también era una figura importante en el Imperio. También había visto a Su Excelencia el Emperador a lo lejos――en aquel entonces, de pie junto al Emperador, el Rayo Azul la miró fijamente y la saludó con la mano, dejándola con la inquietud de que siempre habría alguien de un nivel superior al suyo.
Y así, incluso desde la perspectiva de Yae, habiendo tratado con individuos de tan alto nivel, la perspicacia de Priscilla tenía un carácter casi insondable, haciendo imposible anticipar hasta qué punto había visto realmente.
Aunque no debería ser posible, se preguntó muchas veces si hasta su propia identidad como asesina enviada por el Imperio había sido descubierta.
Si esa sospecha fuera cierta, no habría habido razón para seguir ignorando a Yae, por lo que su identidad debería haber permanecido en secreto. ――Pero, ¿fue realmente así? Priscilla era tan difícil de descifrar que era muy posible que hiciera la vista gorda incluso si descubriera la identidad de Yae.
Eso podría interpretarse como una predisposición a buscar el peligro sin valorar su propia vida, o quizás solo como el delirio que ella creía completamente sin importarle lo que pensaran los demás, repitiendo a diario cómo se desarrollaría el mundo según sus deseos.
En cualquier caso, considerándolo una desgracia, Yae sentía lástima por la "especial" Priscilla.
Priscilla poseía una belleza excepcional, por supuesto, pero también albergaba un encanto seductor que hechizaba a los demás con sus gestos, sus palabras e incluso su respiración. Lo deseara o no, esa "singularidad" llamaría la atención de todo tipo de personas, dejaría huella en sus vidas, y despertaría sus emociones.
Muchos depositarían sus esperanzas y expectativas en ella, solo para ser consumidos por deseos y emociones impuras. ――Después de todo, incluso la lástima que sentía Yae era consecuencia de la "singularidad" de esa mujer.
Y como si leyera el corazón de Yae, pronunció las palabras mencionadas anteriormente.
Con la mirada fija en el libro que sostenía en sus manos, sentada en su habitación privada mientras Yae servía el té, y al notar que ella ni siquiera la miraba, Priscilla pronunció esas palabras de repente, sin previo aviso.
En cualquier caso, como ya se ha mencionado, Yae siempre estaba alerta al interactuar directamente con Priscilla. Así que, incluso en esta ocasión, aunque se sorprendió un poco, logró responder con su habitual frivolidad.
Con un ligero tono juguetón y fingiendo no tener intención de comprender seriamente el significado, esbozó una sonrisa.
Viendo la actitud inmutable de Yae, Priscilla cerró un ojo.
Priscilla: 『 ――Algún día, tú también no tendrás más remedio que dar todo lo que tienes. Sé diligente y recuerda bien mis palabras. Asegúrate de estar completamente preparada. 』
Yae nunca preguntó por el verdadero significado de esas palabras.
Sus instintos shinobi le advertían que preguntar de nuevo podría levantar sospechas. Pero, probablemente más que eso, Yae se resistía a hacerlo.
No quería oír semejantes palabras de la "especial" Priscilla.
Por esa razón, Yae no comprendió la verdadera intención tras las palabras de Priscilla.
Tampoco sabía por qué Fujirou la había llamado Yae, ni las intenciones del jefe de la aldea al intentar insistentemente que rompiera la férrea ley shinobi, hasta el punto de que lo consideraba acoso; ella no sabía nada.
Para evitar que la trataran como "especial", siguió haciéndose la sorda y apartando la vista de todo aquello.
――Al fin y al cabo, esa era la filosofía de vida de Yae Tenzen: no desear ser "especial", para no ser deseada como tal.
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Al final, el pensamiento de Yae terminó teniendo razón
Habiendo brillado con tanta intensidad, cautivando a multitudes con su ser singular y cautivador, incluso Priscilla terminó entregando su vida en aquellas tierras crueles e implacables del Imperio.
Así, mientras las emociones intensas, sin un lugar adonde ir, le abrasaban el alma, el que había anhelado a esa mujer "especial" que ya no estaba entre ellos, y que aún deseaba recompensarla, estaba consumiendo su vida para lograrlo.
Yae Tenzen no quería vivir a merced de semejante singularidad.
Era por eso, precisamente por eso.
Por eso, tan pronto como fuera posible, libraría al mundo de esa "singularidad" que la había cargado con una fijación tan indeseable.
Sin duda, esa era la única razón por la que Yae estaba dispuesta a arriesgar su vida para ayudar al hombre abandonado por la "singularidad" que su corazón había anhelado――
???: 『 ――Hk. 』
El disco de hielo giraba vertiginosamente en todos los ejes, sin importarle su entorno. Aun así, usándolo como plataforma mientras construía el campo de batalla, Yae interceptó a la chica Oni que se acercaba――Rem.
Un hilo de acero que salió disparado de su mano derecha ascendió verticalmente, y otro hilo de acero de su mano izquierda enganchó una daga para realizar un barrido horizontal; ambos tipos de destellos cortantes, precisos y difíciles de esquivar, acorralaron a Rem por delante y por detrás.
――Gracias a la cooperación de sus oponentes, Yae no pudo impedir que Emilia huyera del campo de batalla.
Habiendo desarrollado alas de hielo en su espalda, Emilia aprovechó el impulso del disco de hielo que entró en giro y se dejó llevar por el viento; persiguiendo a Al mientras este se elevaba hacia un cielo lejano, ella ganaba velocidad rápidamente. A medida que se alejaba de las dos que no podían hacer más que caer en picado, ella finalmente escapó del alcance del hilo de acero.
No era imposible usar el hilo para lanzarle algún proyectil como un fragmento de piedra o una espada, pero――
Rem: 『 ¡Apartar la mirada está prohibido! 』
Contrarrestando el ataque doble de un momento antes, deteniendo la daga con sus cadenas y agachándose para esquivar el hilo de acero, Rem bloqueó a Yae, impidiéndole realizar tal acción.
Apretando los dientes por el fracaso, Yae giró para alejarse de Rem, quien la atacaba con furia. Usando el hilo de acero que había lanzado como agarre, giró ampliamente, rodeando el disco de hielo hasta llegar al otro lado.
Yae: 『 ¿No es un poco injusto volverse tan formidable de repente? ¿Por qué razón―― 』
Rem: 『 ――¡Es amor! 』
Yae: 『 ...¡No debí preguntar! 』
Persiguiendo a Yae mientras cruzaba el disco de hielo, Rem lo atravesó con pura fuerza. Manteniéndose a una distancia prudente de la brutalidad de la chica Oni cuya vitalidad crecía al ritmo del brillo del cuerno en su cabeza, Yae logró esquivar la bola de hierro que empuñaba el robusto brazo. Pegándose a la plataforma giratoria, giró detrás de Rem.
Era una velocidad elevada, pero aunque la dirección de rotación del disco de hielo alrededor de su origen presentaba cierta aleatoriedad, la velocidad de rotación en sí tenía un ritmo fijo. Mientras lo mantuviera, no corría el riesgo de perder la plataforma, así que Yae danzaba libremente sobre el hielo, saltando y brincando como si volara.
Y en contraste con el magnífico dominio que Yae demostraba sobre el disco de hielo, los movimientos de Rem fueron simples y directos――
Rem: 『 ¡No te lo permitiré...! 』
Con firmeza, Rem golpeó el hielo con la punta de la mano, con las puntas de los pies y con la bola de hierro que sujetaba con fuerza; usándolas como cuñas para sujetarse, persiguió ferozmente a Yae con movimientos bestiales.
Lejos de la delicadeza o la gracia, su estilo de caza era el de una bestia carnívora salvaje――y sin embargo, era veloz. Mientras Yae huía bailando, la distancia entre ambas se acortaba en un abrir y cerrar de ojos.
Yae: 『 ¿No te preocupas demasiado por las apariencias? ¿Y no es esa una conducta totalmente impropia para una sirvienta? 』
Rem: 『 Por desgracia, nuestro amo solo exige una cualidad de sus sirvienta――¡máximo esfuerzo! 』
Alzando la vista, Rem giró su cuerpo apoyándose en tres de sus extremidades, utilizando la rotación del disco de hielo para lanzar un ataque con su bola de hierro con un mínimo movimiento. Su potencia se dispersó gracias a la movilización de los hilos de acero, pero como necesitaba dispararlos directamente a su costado, Yae chasqueó la lengua para sí misma.
Una batalla para decidir quién era la mejor sirvienta entre las dos facciones――Yae no podía permitirse bromear sobre tales cosas.
Superior en habilidad, Yae incluso podría afirmar que su fuerza era tres niveles superior, pero contra Rem, Yae simplemente tenía poca afinidad. El Lucero del Alba que empuñaba Rem era un arma pesada, y ese tipo de ataques contundentes que buscaban la muerte de un solo golpe eran los más difíciles de defender con hilos de acero.
La ventaja de los hilos de acero radicaba en su potencial para defenderse de cualquier ataque siempre que estuvieran agrupados y entrelazados, pero esto requería suficiente tiempo y una cantidad adecuada de hilos. Para defenderse de los golpes de Rem, Yae necesitaba usar al menos siete dedos para estar a salvo.
Si no quería hacerlo, también podía esquivar, pero――
Yae: 『 ¡La puntería es demasiado precisa...! 』
A pesar de la inestabilidad de la plataforma, Rem logró lanzar su bola de hierro de forma que se abalanzó sobre Yae como una gran serpiente.
Cada lanzamiento seguía una trayectoria directa hacia el centro exacto del cuerpo de Yae, y aunque no fallaría en defenderse ni siquiera con los ojos cerrados, el ritmo de sus ataques se desmoronaba.
Y por si fuera poco, las temibles capacidades de combate del Clan Oni entrarían ahora en juego ahora.
Rem: 『 ¡¡RAAAAHHhhh!! 』
Con sus cuatro extremidades clavadas en el disco de hielo, Rem desprendía vapor rojo mientras rugía.
Eso fue consecuencia de la baja temperatura por la caída de miles de metros desde gran altura, la capacidad del Clan Oni para revitalizar todo el maná fluyendo por sus cuerpos y, finalmente, la rápida regeneración de las laceraciones infligidas por los hilos de acero de Yae.
Hasta ahora, mientras Yae esquivaba los letales golpes de Rem, le había infligido numerosas heridas con el objetivo de dejarla incapacitada para luchar. Pero ninguna había podido resistir la regeneración de la Oni.
Y, sobre todo――
Yae: 『 ¡Sh...! 』
Llevando sus anillos a sus labios en un beso, los hilos de acero fueron envueltos una vez más por lenguas de fuego.
En ese instante, tras haber cegado a Rem con llamas, Yae apuntó al cuello de la enemiga al otro lado de la ola de calor, y con un rápido movimiento de brazo――a una velocidad casi supersónica, el hilo de acero brilló con la intención de decapitarla.
Esa era una de las técnicas originales de Yae que no se encontraba escrita en ningún libro de secretos, y era el ataque más veloz posible dentro de la Técnica de Hilo de Acero empleada por Yae; algo que Al podría haber llamado un "movimiento definitivo". Tenía la certeza de que este ataque de hilo invisible de alcance incalculable, un destello de muerte absoluta, podría vencer a cualquier oponente. ――Y, sin embargo, Rem lo había esquivado.
Y no solo una, sino dos veces.
Yae: 『 ――Hk. 』
En su primera aparición, fue un ataque que buscó acabar con Rem y Emilia a la vez.
Como lo habían evitado, esta vez apuntó no solo al cuello, sino al pecho, lanzando un único destello que no podía esquivarse con solo retraer la cabeza. Atravesó el viento como proclamando que no permitiría evasiones fortuitas――por eso, el hecho de que Rem lograra esquivarlo no fue un milagro ni una casualidad. Era inevitable.
Rem había comprendido perfectamente la Técnica de Hilo de Acero de Yae.
La niebla helada ya se había disipado, así que este método era distinto al que Emilia había usado para percibir los hilos de acero, basándose en cómo se cortaban las partículas de hielo. Sin embargo, no tenía forma de confirmar el principio exacto de esto.
Yae: 『 No te dejaré hacerlo. 』
Ya no quería mantener las apariencias inútiles, murmuró Yae apretando las comisuras de los labios.
No las dejaré hacerlo. No las dejaré irse. No las dejaré que lo detengan. ――Yae frustraría los planes tanto de Emilia como de Rem.
Yae: 『 ―――― 』
Al extendió sus alas de piedra, y huyó al cielo sin esperar el resultado de la batalla.
Aunque la hubiera dejado atrás, Yae no lo interpretaría como un abandono. No era imposible que la hubiera abandonado, pero Al solía ser ahorrativo. No renunciaría fácilmente a las cartas y piezas de su arsenal.
Por lo tanto, Yae interpretaría la fuga de Al como una confianza que él le depositaba. La interpretaría como una orden para detener a las dos que lo perseguían, costara lo que costara.
En consecuencia, Al se la otorgó a Yae. ――Una licencia para matar.
Yae: 『 ――Aunque signifique matarte, te detendré. 』
Las detendré, las detendré, cueste lo que cueste, las detendré.
Se aseguraría de que Al lograra su objetivo. Eliminaría cualquier obstáculo. Todo estaba pensado para que Al, desorientado tras perder a Priscilla, quien fue su propia "singularidad", desapareciera del mundo cuanto antes.
Después de todo, si no lo hacía, Yae Tenzen no podría volver a ser la misma que obedecía la férrea ley shinobi, la que jamás entregaría su corazón a nada, la que detestaba sentirse "especial", y se alejaba de ello a toda costa.
△▼△▼△▼△
???: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Sí, el monstruo que le había enseñado a Yae Tenzen el significado del terror, repetía esas mismas palabras una y otra vez.
Sus días en la Mansión Barielle, adonde fue enviada como agente encubierta, terminaron abruptamente.
Cumplir con sus tareas diarias de sirvienta, bromear con el adorable aprendiz de mayordomo, y charlar con el caballero bufón que no recibía ningún trato de caballero; trabajar para la deslumbrante Princesa del Sol no había estado tan mal.
Pero, una vez recibida la orden, las emociones de Yae no importarían en lo más mínimo. Cumpliría con su deber y desaparecería sin dejar rastro.
Y así, para llevar a cabo la orden de asesinato que se había emitido tan repentinamente, Yae intentó sorprender a Priscilla en su habitación, pero en un oscuro pasillo de la mansión, aquel hombre la detuvo.
Sin dar lugar a excusas, obstruyéndola como si lo hubiera sabido desde el principio, el hombre――Al luchó contra Yae en una danza a muerte.
Aunque ella la llamara danza a muerte, la diferencia en sus habilidades era evidente. Si bien era el Caballero de una Candidata Real, la fuerza de Al era muy inferior a la de Yae, por lo que el resultado se decidió en un instante――o al menos, así debería haber sido.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
El hombre al que sin duda le había arrancado el corazón, le lanzó esas palabras con el mismo tono. Incluso ante esa situación anómala, el cuerpo de Yae actuó sin demora, arrebatándole la vida por segunda vez.
Alguien que no moriría ni siquiera al ser asesinado; este no era su primer encuentro con un individuo así. Había una gran cantidad de personas extrañas y asombrosas en este mundo, e incluso había luchado contra alguien que tenía no solo dos, sino tres corazones. Lo único que tenía que hacer era aplastar los tres corazones para que muriera de verdad. Lo importante era seguir matándolo hasta que muriera.
Le cortó la cabeza. Le partió el torso por la mitad. Le quemó todo el cuerpo. Le arrancó las extremidades. Le desgarró la garganta. Le destrozó el cráneo. Le sacó los ojos. Le arrancó la piel de la espalda. Le rompió los huesos. Le aplastó los órganos. Le dio veneno. Lo enterró. Lo sumergió en agua. Le retorció el cuello. Le retorció todo menos el cuello. Probando en él toda clase de técnicas shinobi, le arrebató la vida, perpetrando toda clase de matanzas imaginables, llevando el acto de matar hasta sus últimas consecuencias.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Pero, por mucho que lo matara, Al se levantaba y le decía lo mismo.
Utilizando todas las técnicas shinobi de su arsenal e intentando cada contramedida que se le ocurría, Yae finalmente abandonó la razón y se dejó llevar por sus instintos, pero aun así no pudo matarlo. No había logrado matarlo del todo.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Intentó torturarlo hasta el punto de que se arrepintiera de haber nacido. Fue en vano. Intentó abandonar su misión y escapar. Fue en vano. Intentó involucrar a otros en la refriega. Fue en vano.
Cuando finalmente no pudo más, incluso intentó ponerse un hilo alrededor del cuello para acabar con todo.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Incluso eso fue en vano.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
La repetición del mismo diálogo, una hélice interminable que se cernía en el limbo entre la muerte y la muerte; reflexionando sobre esas mismas cosas durante un tiempo que pareció interminable, por primera vez en su vida――Yae Tenzen sintió un profundo terror.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Si eso significaba que podía salvarse, estaba dispuesta a hacer lo que sea. Juró hacer lo que sea.
Si eso significaba que podría terminar con esto, estaba dispuesta a hacer lo que sea. Juró hacer lo que sea.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Aun con el terror recién despertado en su corazón, no obtuvo el perdón de Al, del hombre, del monstruo.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Incluso después de que su corazón quedara destrozado, la crueldad indiferente del monstruo no mostraba señales de detenerse.
Ya ni siquiera podía contarlas. No existía nadie en este mundo a quien Yae hubiera enfrentado hasta la muerte tantas veces como a ese monstruo.
Innumerables veces, Yae lo había matado, e innumerables veces que ella prefería no contar, él la había matado a ella.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
No existía otro igual. Era innecesario. Ni siquiera quería contemplar la posibilidad de que hubiera otro.
Incluso ahora, liberada de aquel tormento sin fin por capricho del monstruo, incluso ahora que le había jurado obediencia y se entregó por completo a su objetivo, aquello seguía grabado a fuego en su alma.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
No le quedaba más remedio que hacer que el monstruo, que el hombre, que Al desaparezca cuanto antes.
Al fin y al cabo, sin importar el detonante, la razón o la relación, el corazón de Yae Tenzen jamás debía estar atado a nada.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
――Después de todo, su corazón jamás debe estar atado a nada.
△▼△▼△▼△
???: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Mientras Yae pronunciaba esas palabras, una luz invisible, como decapitadora, surgió apuntando al delgado cuello de Rem.
Sintiendo esto y sintiendo un escalofrío, Rem, por reflejo, blandió el brazo que sujetaba el Lucero del Alba, desviando el destello con la cadena.
Al borde de la muerte. Sin duda alguna, estaban paradas al borde de la muerte.
Era una situación de alto riesgo que Rem no había enfrentado cuando perdió la memoria y sus fuerzas en el Imperio Vollachia, y ahora se encontraba en un estado que jamás había experimentado antes de perder la memoria, ni siquiera en las batallas contra los Arzobispos del Pecado y la Ballena Blanca.
Rem: 『 ――Subaru-kun. 』
Entre sensaciones que le hacían temblar los órganos y hervir la sangre, el mayor calor se concentraba en el cuerno que le brotaba de la cabeza――sintiendo vívidamente la fuerza, las emociones y las pulsaciones del mundo que emanaban de allí, Rem despertó su a alma pronunciando el nombre de aquel amado muchacho.
Combinando los consejos de la deslumbrante Princesa del Sol con la oleada de sentimientos hacia su amado, la sangre del Clan Oni que corría por sus venas, finalmente pudo manifestarse en todo su esplendor.
Aun así, la diferencia de habilidades entre Rem y Yae era enorme, por lo que el hecho de que pudiera resistir tanto contra alguien considerado uno de los individuos más poderosos que Rem había visto hasta ahora, no se debía únicamente a su fuerza.
Para detener a Yae, para detener a Al y a su grupo, esta era la culminación de las muchas fuerzas que se habían negado a ceder.
Comenzando en la Atalaya de Pleyades, un enfrentamiento con la facción de Felt y luego una batalla en la Capital Real seguida por la implacable persecución de Otto, mediante esta táctica de divide y vencerás y acumulando constantemente irregulars, el grupo de Al quedó atado de pies y manos por las inescapables cadenas del desgaste.
Lo que permitió que la diferencia de fuerza entre Rem y Yae se redujera temporalmente fue el peso de esas cadenas. Además, un irónico giro del destino se había convertido en un viento de cola para Rem.
Eso fue――
???: 『 ――Hk. 』
Yae apretó los dientes mientras uno de sus dedos se alzaba, lanzando un hilo que se desenrolló y cortó el aire en un ataque hacia Rem.
Innumerables destellos cortantes llovían sobre ella, y Rem los sintió agudamente a través de su cuerno; encadenando una evasión perfecta tras otra, logró escapar con la vida que debería haber sido truncada, aferrándose ferozmente al campo de batalla.
El secreto de esa evasión, aparentemente obra de la mano divina――no, de la mano de un Oni, residía en una sola cosa.
Rem: 『 ――Sed de sangre. 』
Podía verla. La sentía. La percibía. ――A través del cuerno del Clan Oni, se transmitía la intención de su oponente.
Evadiendo, rastreando y devolviendo esa frontera de muerte de colores vibrantes, Rem se acercó a Yae.
Justo antes de que Emilia partiera y justo después de que Al huyera del campo de batalla, los ataques de Yae comenzaron a teñirse de una sed de sangre innegable. Una danza desenfrenada de sed de sangre que no mostró vacilación alguna en la voluntad de Yae de decapitarla o cercenarle las cuatro extremidades, estimuló vehementemente sus instintos del Clan Oni, provocando irónicamente un estado de hiperreactividad en Rem.
Si Yae se hubiera atenido a su regla inicial de "no matar" y se hubiera enfrentado a Rem, probablemente la habría dejado indefensa mucho antes. ――Como resultado de empezar a usar todo su potencial como shinobi, los ataques de Yae perdieron la capacidad de alcanzar a Rem.
Si no se trata de una irónica coincidencia, ¿cómo podría llamarse esto?
Rem: 『 ―――― 』
Clavando los dedos de los pies en el disco de hielo giratorio mientras sostenía su cuerpo, Rem agarró a Yae dentro del campo de visión que brillaba con fragmentos de hielo volando a su alrededor. La sonrisa desapareció de su rostro, y ambas se miraron fijamente.
La figura de Yae, con sus ojos almendrados bien definidos, era de una belleza cautivadora mientras controlaba su ritmo cardíaco; en cuanto a lo que sustentaba su cuerpo templado de energía, Rem lo comprendía perfectamente.
Lo que llenaba el delgado cuerpo de Yae hasta el tope, era un sentido del deber.
Un deseo que necesitaba cumplir a toda costa, una plegaria que deseaba lograr sin importar lo que costara; esas eran las cosas que le otorgaban a Yae un poder extraordinario, dándole la determinación de no importarle enemistarse con el mundo.
Por eso, Rem sabía perfectamente de dónde provenía ese sentido del deber.
Rem: 『 Después de todo, yo... Rem es igual. 』
Con un cuerno que le crecía en la frente, el cuerpo cubierto de heridas, cayendo de cabeza desde cinco mil metros de altura, la razón por la que Rem estaba allí ahora, fue también por un sentido del deber.
Un deseo que necesitaba cumplir a toda costa, una plegaria que deseaba cumplir sin importar lo que costara; esas eran las cosas que le otorgaban a Rem un poder extraordinario, dándole la determinación de sacrificarlo todo para salvar a una sola persona.
Por eso, en cuanto al origen de ese sentido del deber, Rem no tenía motivos para ocultarlo.
Ese era――
Rem: 『 ――¡¡Amor!! 』
Yae: 『 Una idiota que solo repite una cosa... ¡hk! 』
Mientras Rem aullaba, la voz de Yae se llenó de irritación en respuesta.
La expresión de la shinobi, de emociones reprimidas o quizás fingidas, una que jamás revelaría sus verdaderos sentimientos, comenzó a desvanecerse lentamente. Sin embargo, Rem no lo interpretaría como arrogancia, descuido o falta de experiencia.
Era natural apretar los dientes. ――Si vas a entregarlo todo por el bien de otro, claro.
Rem: 『 ―――― 』
En medio de la feroz batalla, una línea grabada en la pared del acantilado captó la atención de Rem.
El Cañón Agzadd, cinco mil metros, el tramo final, todo lo que quedaba hasta llegar al fondo era――
Rem: 『 ――¡¡Diez segundos!! 』
Yae: 『 ――Hk. 』
Mientras luchaba contra la tormenta de hilos que parecía una ola gigante acercándose, Rem lo anunció deliberadamente.
Le daría información. Aumentaría los factores que influyeran en su decisión. Perturbaría su pensamiento y provocaría vacilación en al menos uno o dos de esos veinte dedos de sus manos y pies. La irritaría, la desnudaría emocionalmente y haría que Yae la odiara. Haciéndola rebosar de malicia, enemistad e intenciones asesinas, se deslizaría, se deslizaría, se deslizaría, se deslizaría se deslizaría se deslizaría se deslizaría――
Y entonces――
Rem: 『 ¡Aquí! 』
Tal como Rem y Emilia habían planeado――cinco segundos después de que comenzaran los últimos diez segundos, un impacto desde abajo perforaría sin piedad el disco de hielo.
△▼△▼△▼△
???: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Sí, el monstruo que habitaba en el corazón de Yae solía murmurar esas palabras.
Incluso ahora, la voz de aquel hombre que Yae sentía haber escuchado miles y decenas de miles de veces, seguía atormentando sus sueños.
Al principio, aquella frase recurrente de Al le parecía odiosa. Después de todo, hasta las estrellas se cansarían de que las culparan de todo y terminarían protestando.
Aunque no fue culpa de las estrellas que el corazón de Yae estuviera destrozado, sino indudablemente del monstruo, ¿cómo se atrevía a echarles la culpa de esa manera?
Sin embargo, poco a poco, se dio cuenta de que se había equivocado, de que no era que el hombre estuviera eludiendo su responsabilidad.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Cada vez que pronunciaba esas palabras, Al no estaba celebrando su triunfo en absoluto.
Allí no había desprecio ni escepticismo, sino más bien, sentimientos parecidos a la lástima y la compasión.
Como prueba de ello, el monstruo, el hombre, Al se había abstenido de decirlo.
Tras la muerte de Priscilla Barielle, no recurrió a decir que las estrellas le habían fallado.
Cuando su propia inutilidad le impidió salvarle la vida, no recurrió a decir que las estrellas le habían fallado.
Al: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Siempre que el monstruo, siempre que el hombre, siempre que Al pronunciaba esas palabras, era cuando su poder desmesurado frustraba los deseos o las metas de un adversario. Esas palabras, nacidas de la lástima, la compasión y la culpa, siempre buscaban transmitir ese sentimiento al otro.
―― No es tu culpa; tal era su significado.
Ah, no quiero.
No quiero, no quiero, no quiero.
Ella no quería darse cuenta de eso.
Las palabras de Al, la mirada del hombre, el corazón del monstruo――no quería darse cuenta de nada de eso.
Yae no quería descubrir ninguna otra motivación que no fuera el miedo de Al. No quería aceptarlo. No quería sentirlo.
Por eso, cuanto antes, quería acabar con todo.
――A esa "singularidad", no deseaba darle otro nombre que el del miedo.
△▼△▼△▼△
???: 『 Todo... es culpa... de las estrellas... 』
Al oír esas palabras salir de sus propios labios, Yae volvió en sí después de que su consciencia se desvaneciera por un instante.
En ese instante, sintió que la habían lanzado por los aires y que todo le daba vueltas.
Un estruendo, sí, hubo un estruendo.
Algo había golpeado el disco de hielo desde abajo, y el impacto que lo hizo añicos también la había afectado.
Cuando miró hacia el borde de su consciencia para ver qué había destrozado el disco, vio la cima de una enorme montaña de hielo erigida en el fondo del cañón por el que habían caído miles de metros――congelando el gran río que lo recorría, se había convertido en una masa de hielo terriblemente colosal, esperando la caída del disco.
Teniendo en cuenta el impulso de su descenso, la resistencia del aire y el tiempo que llevaban cayendo, estimó que la distancia de la caída era de aproximadamente cinco mil metros――el único lugar geográfico que coincidía con esas especificaciones que se le ocurría era el Cañón Agzadd, el cañón más grande del mundo. Presenciando la gran hazaña de congelar el río que corría por su fondo, Yae comprendió lo extraordinaria que era la magia de Emilia.
Pero lo que más la había impactado――
Yae: 『 ...Eres una mujer bastante dura, ¿verdad? 』
En medio de su visión borrosa, fragmentos del disco de hielo hecho añicos brillaban como polvo de diamante en el impresionante paisaje, y fue entonces cuando Yae divisó a Rem, coronada por su brillante cuerno.
En el momento del impacto, Rem huyó al cielo para evitarlo, y usando los bloques de hielo dispersos como plataformas para acelerar, estaba a punto de abalanzarse sobre Yae, que aún permanecía en el aire.
La habían engañado haciéndole creer que quedaban diez segundos para el impacto, cuando en realidad solo quedaban cinco.
Perder la compostura era una metedura de pata impropia de una shinobi. Quedarse atrás era una imprudencia impropia de una sirvienta. Y faltar al deber que se le había encomendado era una acción impropia del Cerezo Carmesí――
Yae: 『 ――Tus estrellas... fueron malas. 』
No se dirigió a la chica Oni acercándose ante sus ojos, ni a sí misma por protagonizar un espectáculo tan vergonzoso, sino a quien ya no estaba allí, al monstruo que se había elevado muy, muy lejos en la distancia.
Con el mismo matiz con el que el monstruo siempre pronunciaba esas palabras, se las dirigió al monstruo.
Yae: 『 ...Ah. 』
El impacto que Yae recibió le hizo crujir todo el cuerpo, e incluso dudaba de que todas sus extremidades siguieran intactas. Pero este entumecimiento no era nada. Ya lo había superado durante su entrenamiento de resistencia al veneno. Esta sensación en manos y pies no era nada. Todos los huesos de su cuerpo ya se habían fracturado durante sus simulacros de tortura. Esta confusión mental no era nada. Ya había superado el entrenamiento para luchar al borde de la muerte, con grandes cantidades de sangre drenada de su cuerpo. El hecho de que todo eso le resultara útil ahora le hacía sentir como si pudiera oír la risa maliciosa del jefe de la aldea, lo cual la irritaba.
La irritaba, pero――
Yae: 『 ...Aahh. 』
Miles, decenas de miles, cientos de miles, millones, decenas de millones de veces, había repetido los mismos movimientos.
Los hilos de acero que no vieron a nadie empuñarlos en cientos de años, que exigían la delicada habilidad de mover las yemas de los dedos con una precisión milimétrica, en un estado de entumecimiento, con poca sangre y la mente nublada, Yae los manejaba.
Aunque el setenta por ciento de su fuerza vital se esfumara, los dedos que tiraban de esos hilos de acero no fallarían.
Yae: 『 ――¡AAAAAHHHH! 』
Tiró con fuerza de sus brazos y piernas extendidos, y en ese instante, los trozos de hielo atados por esos hilos de acero se dispararon ferozmente hacia el cielo.
Los fragmentos del disco de hielo destrozado, atrapados con sus hilos, Yae los hizo girar violentamente por el aire al ritmo de su cuerpo, estrellándolos contra el costado de Rem mientras cargaba contra ella.
???: 『 ―――― 』
Un estruendo ensordecedor resonó, y un trozo de hielo lanzó a Rem por los aires con una fuerza descomunal.
Como si quisieran rematarla cuando ya estaba en el suelo, los trozos de hielo atrapados por los hilos de acero la golpearon uno tras otro sin cesar; la lluvia de poderosos golpes cayó sobre ella mientras se estrellaba contra la cima de la montaña de hielo.
Una nube blanca de nieve se elevó en el aire, y con la sangre mezclándose con la niebla helada que la envolvía, la montaña de hielo se convertiría en la lápida de la Oni. ――En ese instante, la lápida se perforó, y la bola de hierro que salió disparada de ella se clavó directamente en Yae.
Yae: 『 ――Uh. 』
Las púas que acompañaban a ese atroz trozo de hierro se clavaron en el torso de Yae, penetrando profundamente en el costado de su abdomen.
Pero había evitado el daño en sus órganos vitales desplazándolos. Gracias a las inhumanas modificaciones shinobi en su carne, Yae podía cambiar la posición de sus órganos internos. Las púas atravesaron una cavidad vacía, esparciendo sangre por su espalda.
Sin embargo, este fue un golpe que ella misma recibió deliberadamente.
Apretando los músculos, atrapó la bola de hierro con púas en su propio cuerpo.
Posteriormente, emergiendo de la espesa niebla blanca de la nieve, apareció la Oni ensangrentada, saltando ferozmente hacia arriba siguiendo la cadena de la bola de hierro clavada en Yae.
Su trayectoria fue perfectamente recta, sin ningún giro ni artificio, una línea recta siguiendo su corazón――en su camino mientras ascendía, la esperaba una red de hilos de acero desplegados.
Rem: 『 ―――― 』
Al lanzarse voluntariamente a la jaula de alambre de acero que destrozaría su cuerpo, esta le infligió innumerables laceraciones en su piel blanca, intentando cortarla en cientos de pequeños trozos de carne.
Pero, justo antes de que eso sucediera, los labios de Rem pronunciaron un conjuro:
Rem: 『 Huma. 』
Era un hechizo que creaba hielo, uno del que ella fue testigo durante toda la batalla.
Para que Rem optara por eso en ese último momento, Yae se mantuvo alerta, vigilando dónde se formaría el hielo. Agudizó sus sentidos en todas las direcciones a su alrededor, preparándose para defenderse de cualquier ataque sorpresa.
Pero fue innecesario. No hubo ningún ataque sorpresa. El hielo se formó ante sus ojos.
El flujo de energía de los hilos de acero que deberían haber destrozado el cuerpo de Rem se detuvo. Al mirar, vio que los hilos que se clavaron en su carne fueron detenidos por hielo rojo――por su propia sangre congelada.
En cuanto Yae lo comprendió, su beso prendió fuego a los hilos de acero, y el calor explosivo derritió la sangre congelada, intentando reanudar el ataque letal. Pero... fue demasiado tarde.
Rem: 『 ¡¡YAAAAHH!! 』
Sin inmutarse por la momentánea flexión de los hilos, Rem aulló y alzó el puño contra Yae.
Un golpe imbuido con la determinación de zanjar esta batalla, junto con el poder para lograrlo; el hecho de que el puño blanco y ensangrentado de Rem contuviera tal fuerza fue algo que Yae percibió de sus mediciones.
Por lo tanto, no iba a recibir ese golpe. No podía permitírselo. Después de todo, aún tenía que tratar con Emilia.
Para llegar a ese punto, sacó su carta de triunfo.
Yae: 『 ―――― 』
La movilización de los hilos de acero utilizando los veinte dedos de sus manos y pies, fue esquivada por el enemigo.
Sin embargo, aún no había terminado. La carta de triunfo de la Técnica de Hilo de Acero de Yae Tenzen, sacando su lengua roja como para provocar a su oponente――
Yae: 『 Beehh. 』
Desde un anillo colocado en la punta de su lengua, lanzó su último destello de destrucción.
Fiel a su objetivo, impactó en el delgado cuello de Rem mientras esta se acercaba con ferocidad, arrebatándole la vida de un solo golpe.
△▼△▼△▼△
――El Cerezo Carmesí Yae Tenzen, era una Shinobi genio sin igual.
El Viejo Vicioso Olbart Dunkelkenn tenía en muy alta estima sus talentos y capacidades.
A ella le repugnaba recibir tantos halagos, pero esa reacción negativa parecía alimentar las tendencias sádicas de Olbart, así que nunca la dejó en paz.
Dada su experiencia, él probablemente era más fuerte que ella.
Pero su talento innato superaba con creces el suyo, por lo que con suficiente práctica, se convertiría fácilmente en la Shinobi más poderosa, intocable para cualquiera. Por eso podía comprender, en cierta medida, por qué algunos tenían grandes sueños para Yae.
Aun así, él era él, y los demás eran los demás.
No tenía sentido soñar con lo que otros podían cumplir. Por lo tanto, albergando aún grandes sueños propios, lo único que Olbart pudo hacer por esa chica genio fue ofrecerle un consejo sincero――no, una advertencia.
Olbart: 『 ¿No quieres? Escucha, yo mismo he estado ahí. Personas extraordinarias como nosotros dos terminamos viviendo más que la mayoría de shinobis comúnes sin siquiera darnos cuenta, y terminamos viendo muchísimas cosas. Así que, ocasionalmente, habrá momentos. Momentos en los que tendrás que romper la ley de hierro de los shinobi. 』
Olbart: 『 ¿Eh? ¿Crees que la gente que no valora nada es débil? No no, no lo entiendes. Sería algo así como: no puedes lidiar con un veneno que no conoces, ¿verdad? 』
Olbart: 『 Haces que los mocosos beban veneno cuando son pequeños para que no mueran después. Y decirte que estaría bien conservar al menos una sola cosa en tu corazón, fue solo un consejo para evitar que murieras. 』
Olbart: 『 Después de todo, nunca he amado ni me han amado. Te hace increíblemente débil, ese tipo de cosas. ――Esta debe ser la primera vez que un shinobi se preocupa por alguien... ¡Kakakakka! 』
△▼△▼△▼△
Con un gesto de su as carta de triunfo, un hilo de acero salió disparado del anillo sobre su lengua y, sin titubear, cercenó el esbelto cuello de la chica Oni que saltó hacia ella, separándolo de su torso.
Anulando la restricción de "no matar", había logrado eliminar uno de los obstáculos que se interponían en el objetivo de Al.
Al pensar en ello y anticipar la reacción de Al cuando se entere, Yae sintió una punzada en el pecho――
Yae: 『 ...¿Eh? 』
Antes de poder asimilar la angustia, Yae abrió mucho los ojos, incrédula ante lo que veía.
Sin lugar a dudas, el hilo de acero de Yae había cercenado el cuello de Rem. Había sentido claramente la sensación de arrebatarle la vida a una presa, y sin duda había oído el silbido del viento que soplaba al cortar la sangre, carne y huesos que conformaban una vida.
Y a pesar de todo eso――
???: 『 ――Yo tampoco estaba jugando limpio. 』
Los ojos carmesí de Yae se encontraron con los pálidos ojos azules de Rem. Y aún había luz en ellos.
Entonces, la línea roja que simbolizaba su vida segada, una que sin duda debería haber quedado como marca en su cuello, se desvaneció lentamente――no se había protegido de ella, ni la había esquivado; el golpe que en teoría debería haberle costado la vida, había sido anulado.
Eso no fue algo que pudiera explicarse simplemente por la regeneración del Clan Oni; un milagro que jamás debería haber ocurrido. Incluso en este vasto mundo, alguien capaz de manejar ese nivel de magia curativa era――
Yae: 『 ...Al-sama. 』
El monstruo que, incluso al enemistarse con el mundo, parecía invencible; ella había querido ayudarlo.
Había esperado que, al hacerlo, podría borrar la "singularidad" que habitaba en su propio corazón.
Y sin embargo――
???: 『 ――Tus estrellas fueron malas. 』
Cerrando los ojos, escuchó una vez más aquellas terribles palabras que le erizaron la piel.
Pero curiosamente, en este preciso instante, la sensación que le inspiraron no fue de terror, sino otra cosa.
Yae: 『 La causa de mi derrota... 』
Rem: 『 ――Es amor. 』
El poderoso brazo extendido junto con esa respuesta impactó contra la bola de hierro incrustada en el torso de Yae.
Mucho más letal que la caída desde cinco mil metros, el rayo del Oni explotó――en la cima helada de la montaña entre los riscos del Cañón Agzadd, pétalos de cerezo cayeron como en un réquiem.
――Ante la Oni Azul, el Cerezo Carmesí conocido como Yae Tenzen, efímera como los pétalos de su homónimo, se esparció al viento en un violento esplendor.


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