Aldebarán II
Capítulo 53
Aldebarán II
???: 『 ――Perdona por repetir el mismo chiste, pero este es el regreso de mi carta de triunfo. 』
Tras decir esto, una roca de inmensa masa se precipitó desde arriba.
Aldebarán, resignado a que su plan no era más que una repetición sin originalidad, observó cómo la expresión de Emilia cambiaba en pleno vuelo, esquivando los colosales brazos de piedra extendiéndose hacia ella desde los acantilados.
Emilia: 『 ―――― 』
Primero abrió mucho los ojos al ver la enorme roca, y luego, sintiendo el remordimiento de haber permitido a Aldebarán escapar de la Capital Real reflejado en sus mejillas y cantos, cerró los ojos con fuerza para asegurarse de que su corazón no se viera invadido por la misma sensación de derrota; después de instante de debilidad, preguntándose "¿De verdad puedo hacerlo...?", la gigantesca roca se reflejó en su visión, y se armó de valor como diciendo "¡No tengo otra opción!', mirando al frente con una fuerza aún mayor que antes de aquel momento de duda. ――Estos cambios en su expresión se produjeron en un solo segundo, por lo que era increíble la rapidez con la que había recuperado la compostura.
Al: 『 Pero la motivación por sí sola no basta. 』
La gigantesca roca, desprendida de los escarpados acantilados del cañón, se precipitó al vacío.
La primera maniobra que Emilia intentó con su renovada motivación, fue conjurar una enorme capa de hielo en la trayectoria de la roca para amortiguar su caída. ――Sin embargo, Aldebarán contraatacó disparando una bala de cañón de piedra con su magia, atravesando la pared del cañón para anular su estrategia.
Con las paredes dentadas demolidas, la capa de hielo ya no encajaba a la perfección a lo ancho del cañón, convirtiéndose solo en otro obstáculo que caía junto a la enorme roca.
Emilia: 『 ¡En ese caso...! 』
En cuanto vio que la capa de hielo no había logrado detener la roca, Emilia pasó inmediatamente a la siguiente contramedida.
Con alas de hielo sobre su espalda tras haber sido purgadas, renació como un ángel mientras doblaba sus largas piernas. Luego, colocando las plantas de sus pies sobre las piernas de los soldados de hielo que surgían desde abajo――obteniendo una fuerza en las piernas que el Natsuki Subaru original jamás habría podido reunir, se elevó por los aires.
Emilia: 『 ―――― 』
Tomados por sorpresa por la feroz aceleración de Emilia, los cientos de brazos que surgían de los acantilados no lograron atraparla, permitiendo que el ángel escapara――no, permitiéndole cargar contra Aldebarán.
Mientras Aldebarán se concentraba en interceptarla, su impulso disminuyó, lo que permitió que Emilia, en su arremetida, acortara rápidamente la distancia.
Yae se había quedado atrás para darle tiempo, pero él perdió por completo la ventaja que ella le había proporcionado, así que pudo oír su voz amarga decir: "Intentar ayudarte es realmente inútil, Al-samaaa~".
Al: 『 ¡Aunque eso es solo si me atrapan aquí! 』
Respondiendo a las palabras imaginarias de Yae, Aldebarán respondió al ataque de Emilia con una ráfaga de proyectiles de piedra. Pero Emilia giró sublimemente su cuerpo en el aire para esquivar el siguiente impacto tras la caída de la roca.
Al: 『 ¿¡En serio!? 』
El hecho de que lo hubiera logrado con alas artificiales que, en absoluto, deberían haber permitido tal libertad de movimiento, dejó a Aldebarán atónito.
Naturalmente, las alas de ángel hechas de hielo no podían batirse. El verdadero origen de la maniobra tridimensional de Emilia eran unas alas de hielo más pequeñas que se habían añadido debajo de las principales; al superponer varias alas de hielo, había modificado la forma en que cortaban el viento, lo que le permitía controlar el viento inclinando su cuerpo.
Incluso esa solución aerodinámica fue, sin duda, obra de sus sentidos naturales.
Emilia: 『 ¡Te alcanzaré...! 』
Aunque se desviara de un lado a otro para esquivar, Emilia mantuvo la mínima pérdida de velocidad.
Al exclamar, la distancia entre ambos desapareció. A esa velocidad, Emilia probablemente lograría salir del radio de la explosión de roca a tiempo. Con el golpe que había planeado como carta de triunfo esquivado con tanta facilidad, la situación de Aldebarán era realmente crítica――o, al menos, esa debería haber sido la percepción mutua.
???: 『 ――Hk. 』
Los grandes ojos amatistas de Emilia se abrieron de par en par, reflejando la sorpresa.
Desde su perspectiva, Aldebarán no había hecho nada extraordinario. Si bien seguía disparando una lluvia de piedras que no la alcanzaban, tampoco desplegó magia nueva ni realizó maniobras extremas para evadirla.
Lo mismo ocurrió con su respuesta al vuelo de Emilia, impulsada por la fuerza de los soldados de hielo; a este ritmo, ella lo alcanzaría y él ya no podría esquivar sus gélidos dedos.
Emilia había cumplido sus condiciones de victoria en esta situación. ――Sin embargo, no había rastro de alegría ni satisfacción en los ojos de Emilia.
Eso se debía a que――
Al: 『 ――¿No te lo dije? El mismo chiste. 』
Una roca colosal se precipitó hacia abajo; a cambio de evitar los daños que causaría, a Aldebarán se le permitió escapar de su batalla contra Emilia en la Capital Real.
Por lo tanto, aunque no fuera una idea brillante, llevó a cabo un plan que ya había demostrado su eficacia una vez. Pero esta vez, no había inocentes que pudieran verse involucrados. ――Sí, ninguna persona inocente.
Emilia: 『 ――¡¡AL!! 』
Gritando, Emilia extendió la mano imprudentemente hacia Aldebarán. ――Hacia el único ser, además de Emilia, que se vería atrapado por la furia de la piedra que caía.
△▼△▼△▼△
???: 『 ――¡Eso lo resuelve todo! ¡Has sobrevivido a Sparka! ¡A partir de ahora, puedes considerarte uno de los gladiadores de esta Isla de Gladiadores! ¡Denle la bienvenida a bordo, malditos buenos para nada! 』
La estruendosa bienvenida y los vítores se mezclaron con las burlas airadas.
Tras esa recepción, Aldebarán cayó de rodillas y se apoyó en el enorme cadáver mientras los vítores groseros y vulgares inundaban la arena.
Descansaba lánguidamente sobre los restos de una Mabestia, el Guiltylaw, que había muerto por la espada que le atravesó el grueso cuello. Habiendo perdido la pata delantera derecha y las dos traseras, el Guiltylaw había muerto con una expresión que transmitía más desconcierto y confusión que agonía.
Contemplando ese rostro lastimoso y cadavérico, Aldebarán se sintió profundamente afligido, sus hombros agitándose con respiraciones entrecortadas. ――Aunque, de inmediato sintió repugnancia de si mismo por lo terriblemente engañosa que fue esa compasión.
???: 『 Lograste sobrevivir, ¿eh? Vaya sorpresa. 』
Un hombre de aspecto desaliñado saludó al maltrecho Aldebarán――era un gladiador de la Isla de los Gladiadores, el mismo que lo había encontrado cuando despertó.
La expresión del hombre era compleja, probablemente porque le resultaba incomprensible que Aldebarán haya podido sobrevivir al rito de iniciación para los recién llegados――Sparka. Desde su perspectiva, al recibir la orden de atender las necesidades de Aldebarán como la desafortunada persona que lo había encontrado primero, quizá pensó que la muerte de Aldebarán en Sparka habría evitado que esos problemas se prolongaran demasiado.
Aun así, la supervivencia de Aldebarán fue una sorpresa para él, pero no la única.
Aldebarán tampoco pudo ocultar su asombro por haber sobrevivido.
――Tras sufrir una derrota en una batalla que no podía permitirse perder, Aldebarán se encontraba abandonado en aquel entorno desconocido.
Un ambiente desconocido, gente extraña, y reglas sin explicación suficiente; para Aldebarán, sin duda se trataba de una tierra incivilizada, como si lo hubieran arrojado a un mundo completamente nuevo.
Lo único de lo que podía estar seguro, era de que probablemente había perdido todo valor en su propia existencia, y que probablemente había perdido a la única persona que habría lamentado su pérdida.
Por eso――
???: 『 Aunque dijiste que querías morir, supongo que solo fue puro hablar. 』
Con una mezcla de sarcasmo y rencor, las palabras del hombre calaron hondo en el corazón de Aldebarán.
Derrotado en su primer combate, dándose cuenta de que había sobrevivido al final que sin duda le esperaba, Aldebarán se vio consumido por un sentimiento de pérdida y remordimiento incesante, anhelando la muerte desde lo más profundo de su ser. Por eso Sparka, la prueba a la que se sometía a los recién llegados a la Isla de Gladiadores, le pareció demasiado conveniente en ese momento.
La explicación, directa y sin rodeos, fue despiadada, pero en resumen, se les obligaba a jugarse la vida en un juicio por combate, donde para cualquiera que no demostrara su valía como gladiador, solo le aguardaba la muerte.
Para Aldebarán, que no podía evitar desear la muerte, todo fue demasiado conveniente.
De hecho, cuando Aldebarán fue llevado a la arena junto con otros cuatro recién llegados en las mismas circunstancias, y obligado a enfrentarse a un Guiltylaw, tenía toda la intención de ser asesinado sin ofrecer resistencia.
Pero, a pesar de todo, Aldebarán sobrevivió.
Los demás hombres lucharon, huyeron o suplicaron por sus vidas, solo para ser masacrados igualmente, dejando a Aldebarán como el último en pie. Las garras de la Mabestia lo desgarraron, rompiéndole las costillas mientras lo pisoteaba, y se suponía que allí encontraría la muerte, con sangre espumeante saliendo de su boca.
Y sin embargo――
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
En el instante en que esas palabras cruzaron su mente, Aldebarán expandió su Territorio.
Comparado con el oponente al que había desafiado cientos de millones de veces sin poder vencerlo, este Sparka que solo había logrado matarlo trescientas cuatro veces, no representó ninguna agonía para Aldebarán.
Después de todo, la verdadera agonía llegó después, con el cuestionamiento que lo atormentaba por haber sobrevivido.
――¿Por qué? ¿Para qué? ¿Por qué razón... él no había muerto?
???: 『 ¿Eh? ¿Quieres escuchar sobre el exterior? Incluso si me lo preguntas, hace mucho que llegué aquí... 』
Reconocido como gladiador, Aldebarán había obtenido el derecho a vivir en esta isla.
Dentro de la isla, aislada del mundo exterior, descubrió que formaba parte del Imperio Vollachia, que los gladiadores allí encarcelados eran obligados a luchar en combates a muerte para espectáculos, y que el orden público en la isla se había derrumbado. Pero aún había mucho más que deseaba saber.
Como resultado, el que fue sometido al persistente interrogatorio de Aldebarán fue el gladiador encargado de cuidarlo.
???: 『 Si lo que te interesa es la historia y no cosas recientes... yo tampoco sé mucho al respecto. Bueno, si se trata de una Bruja... al menos conozco a la Bruja de la Envidia, pero... 』
Cuando preguntó para asegurarse, se sorprendió de que el gladiador supiera siquiera de la existencia de una Bruja. Y recitó, como si fuera demasiado aterrador para decirlo en voz alta, la leyenda de la Bruja tal como se la conocía hoy en día――esto le causó una conmoción aún mayor, pues el relato solo hacía referencia a una: la Bruja de la Envidia
La Bruja de la Envidia que amenazó con sumir al mundo en la ruina, había sido sellada por los Tres Héroes
En este mundo no existían leyendas de ninguna otra Bruja, y no se hallaba ningún registro de las Brujas del Pecado. Además, al enterarse de que transcurrieron casi cuatrocientos años desde aquellos sucesos, Aldebarán cayó en la desesperación.
Cuatrocientos años; ese larguísimo paso del tiempo había borrado todo rastro de las Brujas del Pecado de este mundo, pero pensar que llegaría al extremo de olvidar hasta la existencia de la Bruja, la misma Bruja que intentó cumplir su promesa aunque significara renunciar a todo.
Pero lo que fue aún más cruel――
???: 『 ――¿La Bruja de la Codicia? ¿Qué demonios es eso? ¿Algún delirio tuyo? 』
Aldebarán no supo qué responder a las sospechas del hombre.
Era imposible que fuera un delirio. Los días que Aldebarán había pasado junto a la Bruja seguían muy presentes en su memoria. Sus enseñanzas, el roce de sus dedos, las palabras que le había dirigido; lo recordaba todo.
En este mundo, contra la Bruja que ocultaba un poder terrible, sin duda existió otra Bruja que había intentado resistir. ――Aldebarán era su alumno, y la carta de triunfo de la Bruja
???: 『 ¡Mierda! ¿¡Qué te pasa!? ¿¡Respondí a todas tus preguntas y de repente me atacas!? 』
Así escupió el hombre al que Aldebarán había golpeado, enfurecido por la negación de la existencia de la Bruja
Arrojado a este entorno――no, a este mundo completamente nuevo, así terminó su relación con el benefactor que le había mostrado bondad en un principio. Con los demás gladiadores, las cosas también se deterioraron de forma similar, aislando a Aldebarán de sus compañeros.
――Un desviado cautivado por la Bruja; muchas veces escuchó rumores similares sobre él. Parecía que su benefactor se había encargado de difundirlos, pero, en cierto modo, era una apreciación válida. No tenía intención de corregirla.
Sin embargo, le irritaba que lo compararan con un grupo incomprensible conocido como el Culto de la Bruja.
Al preguntar, parecía que se trataba de un grupo que pregonaba el resurgimiento de la Bruja, cometiendo actos terroristas por doquier. Montó en cólera una vez más, exigiendo que no lo incluyeran en el mismo saco, pero esto solo empañaba aún más su reputación.
???: 『 ...Un loco obsesionado con la Bruja como tú... jamás tendrá una muerte digna. 』
Durante el combate a muerte organizado por el entonces Gobernador de la Isla de Gladiadores, esas fueron las últimas palabras del primer benefactor que le mostró bondad, asesinado por la espada bárbara en la mano de Aldebarán.
Limpiándose la sangre de su benefactor, Aldebarán reflexionó un instante sobre esas últimas palabras de rencor, "jamás tendrás una muerte digna", antes de asentir profundamente, confirmando que no cabía duda de su veracidad.
Con su Territorio en pleno auge, Aldebarán siguió sobreviviendo a sus combates a muerte en la Isla de los Gladiadores.
Los que lo habían tildado de loco obsesionado con la Bruja, tarde o temprano se enfrentaron a él en combates a muerte, y sin excepción, todos cayeron ante su espada bárbara.
No le importaba vengarse. Tampoco deseaba limpiar el deshonor de la Bruja. Para empezar, más que ser deshonradas, el destino de las Bruja era la aniquilación misma de su existencia.
Por ende, Aldebarán no buscó una explicación a su continua supervivencia. ――Solo deseaba saber por qué se le había permitido vivir.
Para averiguarlo, no podía permitirse morir.
Sobrevivir al Sparka inicial y seguir sobreviviendo a los combates a muerte posteriores tenía ese único propósito.
Y así, usando su Territorio, sufriendo cientos de muertes cada vez que se enfrentaba a un oponente, pisoteó la vida de toda clase de gladiadores y vivió. Vivió. Y siguió viviendo.
Y entonces――
???: 『 ――Has sobrevivido con éxito. Me quito el sombrero ante la diabólica suerte que te permitió vencer incluso a un gladiador de alto rango. 』
Sí, al presenciar el triunfo de Aldebarán, que aprovechó hasta la más mínima posibilidad de victoria para derrotar a un gladiador de alto rango, el Gobernador profirió palabras de alabanza que no se definieron con claridad como asombro o admiración.
Arrojando a un lado su espada bárbara rota, Aldebarán dio la espalda a la arena, apenas conmovido por el ambiente.
――Desde el momento de su despertar, su primera década en la Isla de los Gladiadores transcurrió en un abrir y cerrar de ojos.
△▼△▼△▼△
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Esos diez años fueron largos, erosionando implacablemente la humanidad de Aldebarán.
El rostro, la voz y la calidez que debería haber recordado vívidamente cada vez que cerraba los ojos, estaban siendo eclipsados por los semblantes cada vez más mortíferas, la agonía y la sangre fría de los que había matado con sus propias manos.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Era cierto. Esas palabras eran ciertas. Ciertamente, nadie podía matar a Aldebarán.
Durante sus diez años en la Isla de los Gladiadores, fue convocado a Sparka en numerosas ocasiones, había estado al borde de la muerte incontables veces en los combates de la arena, y había llegado para matar a muchos de los expertos y seres inhumanos que lo superaban con creces.
En respuesta a las repetidas victorias de Aldebarán, no fueron solo una o dos las veces que se organizaron combates a muerte para tratar de acabar con él, y dado que siempre moría algún gladiador prometedor en esas ocasiones, Aldebarán comenzó a adquirir un estatus de casi intocable.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Tras una década, los rostros en la Isla de los Gladiadores eran completamente distintos a los de cuando llegó.
Aldebarán se había convertido hacía tiempo en uno de sus miembros más antiguos, y ya nadie conocía los rumores de que era un desviado cautivado por la Bruja. Desde que Aldebarán supo del tabú que rodeaba a la Bruja, y del hecho de que la mayoría de la gente no sabía nada más allá de la leyenda, dejó de mencionar el tema por completo.
Sin embargo, ese cambio no se debió a la decepción, ni a la resignación por no obtener las respuestas que deseaba; era algo mucho más serio.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Durante diez años, obligado a luchar a muerte mientras estuvo varado en la Isla de los Gladiadores, en ese lugar donde los tratos de vida y muerte se repetían hasta la saciedad, lo que consumía a Aldebarán era una inmensa desesperación.
¿Acaso la Bruja había existido de verdad? Era una desesperación que ponía en duda su propia existencia.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Si cerraba los ojos, sin duda podía oír esa voz. Recordaba que se lo habían dicho.
Pero, aun así, ¿había sucedido realmente?
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Ya no recordaba el rostro de la Bruja
Ya no recordaba su voz.
Ya no recordaba su calidez.
Durante diez años, sus recuerdos se fueron desvaneciendo, como una cinta de vídeo que repetía siempre que tenía un momento libre. Aunque intentara recomponer la cinta rota, la reproducción seguía siendo imposible, y la cinta misma acababa convirtiéndose en polvo.
Cuando los recuerdos se dispersaron de esa manera, y el polvo se le escurrió entre los dedos, Aldebarán ya no pudo distinguir nada.
――¿Había existido realmente la Bruja?
――¿Los recuerdos de Aldebarán... eran sucesos reales?
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
A veces, sentía un impulso irrefrenable de destruir su propia existencia.
Cuando eso sucedía, Aldebarán entraba en un combate a muerte mientras deshacía deliberadamente su Territorio, y al dejarse golpear brutalmente con su vida en juego, intentaba contemplar el abismo de la muerte. ――No, no solo lo contemplaba, sino que incluso pensaba en dejarse caer en él.
Sin embargo, solo en tales ocasiones, el Territorio salvaba a Aldebarán adoptando una forma inesperada.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Como para validar las palabras de la Bruja que posiblemente no existía, en varias ocasiones, un oponente a punto de matar a Aldebarán sucumbía repentinamente a un colapso mental ante sus ojos.
Cada vez que los ojos de un oponente se ponían en blanco, perdiendo tanto la cordura como el espíritu de lucha, Aldebarán sentía como si una fuerza invisible lo mantuviera con vida, y, preso de la frustración, le cortaba la cabeza.
Incluso después de una década, Aldebarán seguía sin comprender el propósito por el cual lo habían mantenido con vida.
Al contrario, ni siquiera estaba seguro de que algo hubiera intentado mantenerlo con vida.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Estaba aterrado.
De que todo lo que lo había moldeado fuera una mentira, de que los esfuerzos y las palabras de la Bruja nunca hayan existido, de que Aldebarán no era más que un desviado cautivado por la Bruja; con semejante duda carcomiéndole el corazón, soportó muchos años de noches en vela.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Esas palabras alguna vez fueron el sustento de Aldebarán, el fundamento mismo sobre el que se había forjado su ser, pero ahora, le resultaban aterradoras.
Que todo aquello fuera solo producto de sus delirios, que el deber que Aldebarán había asumido, los encuentros y las despedidas que debería haber tenido, quizás nunca hayan existido; tales dudas lo seguían atormentando.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Una espiral interminable de autocuestionamiento.
Una sensación como si estuviera sumido en un pantano de desesperación profunda e insondable, hundido hasta el pecho e incapaz de moverse.
Y así, aquel tiempo en el que solo la forma de su muerte permanecía incierta, parecía que duraría por siempre. ――Sin embargo, un cierto día, los largos días de estancamiento de Aldebarán llegaron repentinamente a un punto de inflexión.
Ese punto de inflexión――
???: 『 ――¡Escúchenme, chusma dispersa por la Isla de los Gladiadores! 』
――A través de los altavoces de toda la isla resonó la voz de una joven, teñida de un calor tan intenso como el fuego.
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――La revuelta simultánea de los gladiadores y el complot para asesinar al nuevo Emperador, utilizando dicha revuelta como distracción.
Esa parecía ser la realidad del punto de inflexión que marcó la vida de Aldebarán.
Fuese como fuere, era imposible que un simple gladiador de la Isla de los Gladiadores conociera todos los detalles, ni Aldebarán deseaba saber más. Por el momento, ya que no hubo cambios en la gestión de la isla, simplemente asumió que la administración tampoco fue derrocada.
Al menos, un cambio de Emperador en ese momento era algo que Aldebarán desconocía.
Pero si hubo algo durante este incidente que provocó en Aldebarán una profunda transformación interior, era evidente――había rescatado a una chica de cabello plateado que se encontraba en una situación desesperada.
Por supuesto, aquel incidente no tenía nada que ver con el objetivo original de Aldebarán.
La chica de cabello plateado era una joven de raza perro con la que se topó por casualidad, y no tenía ninguna relación con el ser de cabello plateado con el que Aldebarán estuvo involucrado. Sin embargo, el hecho de haberla salvado, y la voz de la chica llameante en medio de la revuelta, que había demostrado una actitud de egoístamente seguir su propio camino, le permitieron a Aldebarán tomar una decisión.
――Se aventuraría más allá de este mundo aislado para verificar la existencia de la Bruja
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Siendo asesinado repetidamente por las Mabestias acuáticas liberadas en el lago, Aldebarán finalmente escapó de la isla que lo había mantenido cautivo durante más de diez años, y desembarcó en una tierra que no estaba rodeada de agua. ――Estrictamente hablando, el mundo entero estaba rodeado por la Gran Cascada, así que podría decirse que no existía tierra alguna que no estuviera rodeada de agua; el hecho de que pudiera soltar un comentario así demostraba que aún era capaz de fingir cierta alegría.
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Para Aldebarán, esas palabras eran una maldición, un consuelo, una atadura, y un perdón.
Para discernir el color, el calor, la incierta certeza de aquella fuente ambigua y sin rumbo de una emoción tan abrumadora, Aldebarán decidió seguir el rastro de la Bruja
No había mucho tiempo que perder. Durante la década que pasó en la isla aislada, el mundo que Aldebarán recorría se había ido acercando inesperadamente al mundo que recordaba.
Lo único que quedaba era averiguar si lo que había dentro de Aldebarán era auténtico o no. Así, lo que se requería para comprobarlo era evidencia de la Bruja――
???: 『 ――¿Por qué razón... tu existencia no es mencionada en el Evangelio? 』
El que pronunció esas palabras fue un Arzobispo del Pecado del Culto de la Bruja, inclinando la cabeza mucho más de lo necesario; aunque Aldebarán tenía una cierta idea sobre el motivo, jugueteó con los adornos metálicos de su casco y dio una respuesta evasiva.
El casco de acero negro azabache que había empezado a usar por aquel entonces, fue un regalo de despedida que se había llevado de la Isla de los Gladiadores, y descubrió que su robustez y la cobertura total de su rostro le resultaban muy útiles.
Parecía que a este Arzobispo del Pecado, tan ruidoso y animado, no le hacía ninguna gracia que no haya ni una sola mención de una persona tan llamativa en su tan preciado Evangelio.
???: 『 ――Tú... realmente eres Pereza, ¿verdad? 』
Sinceramente, la batalla contra este Arzobispo del Pecado fue uno de los encuentros más desafiantes de la vida de Aldebarán.
Para empezar, ganar sin morir ni una sola vez era algo en lo que carecía de experiencia, pero aun así, se trataba de un enemigo formidable que le dificultaba aprovechar cualquier oportunidad de victoria. Al final, aunque bien podría haber cumplido las condiciones para ganar, él no ganó.
Incluso comparados con las Brujas――con las mujeres que, al igual que la Bruja, posiblemente no existían, la crueldad de los Arzobispos del Pecado parecía salir airosa.
De cualquier modo――
???: 『 ――No hay nadie que pueda derrotar al tú que yo creé. 』
Con su honor preservado gracias a esas palabras, y habiendo obtenido la información que deseaba, Aldebarán reflexionó. ――Para verificar la existencia de la Bruja, los que tenían más probabilidades de poseer la información que buscaba eran los miembros de la organización herética de la que había oído hablar a menudo, incluso en la Isla de los Gladiadores: el Culto de la Bruja.
Parecían ser un grupo que se ocultaba en lugares completamente desconocidos, pero eso solo si uno intentaba rastrearlos, ya que atraerlos no era particularmente difícil. ――Ciertamente, si se difundieran rumores sobre la Bruja de la Envidia tan venerada por el Culto de la Bruja, algunos acudirían corriendo al lugar.
Aunque, si uno no pudiera soportar lo que se le vendría encima, solo sufriría la muerte de la forma más absurda del mundo: que le arrebataran la vida sin piedad.
???: 『 ¡Debes parar DE INMEDIATO! ¡Eso es una BLASFEMIA! ¡Satella! ¡Cualquiera que no sea Satella! ¡Hablar de cualquier otra Bruja que no sea la Bruja de la Envidia! ¡Es el colmo del sacrilegio! ¡Como aquella que me honra con el favor de su amor, ella es la única digna de descender una vez más a este mundo, ¡¡SOLO ELLA!! 』
No sabía cuánta credibilidad podía otorgar a las palabras del Arzobispo del Pecado, cuyo comportamiento aberrante y conducta desquiciada se acumularon hasta alcanzar niveles insospechados.
Pero, aunque los desvaríos de ese loco no tuvieran sentido para nadie más, sí lo tenían para Aldebarán.
???: 『 ――Nadie puede derrotar al tú que yo creé. 』
Intentando con tenacidad recrear su encuentro con el Arzobispo del Pecado, alargó las palabras, participó en el necesario tira y afloja, y sacrificó su vida cada vez que él estallaba en un ataque de ira, para luego volver al principio. ――Con esta perseverancia, Aldebarán obtuvo la información que deseaba del Arzobispo del Pecado.
Entonces, pasando justo al lado del Arzobispo del Pecado que había acudido corriendo al lugar, hizo que su encuentro jamás hubiera ocurrido.
???: 『 ¡Aah! ¡Aaahhh! ¡AAAAHHH! ¡¡Pereza Pereza Pereza Pereza PEEREEZAAAAAAA!! 』
Mientras Aldebarán evadía y escapaba del cerco del Culto de la Bruja, imaginó al Arzobispo del Pecado lanzando un alarido espeluznante por fracasar en su intento de atraparlo, pero eso ya no le importaba.
En ese instante, Aldebarán solo deseaba una cosa――confirmar la existencia de la Bruja
Él sabía cómo se habían extinguido las vidas de las Brujas del Pecado
La Bruja de la Ira pereció enloquecida tras caer en una trampa, la Bruja de la Lujuria fue incinerada en un gran fuego, la Bruja de la Gula se marchitó hasta la muerte en el Mar de Arena, la Bruja del Orgullo se ahogó en una gran inundación, y la Bruja de la Pereza cayó en la Gran Cascada mientras masacraba al Dragón
Entonces, la Bruja de la Envidia fue sellada en el fin del mundo, y la última Bruja――
???: 『 ――Ya veo. La posibilidad de entrar a este lugar desde fuera de la tumba es ciertamente un fallo estructural importante. Al igual que los mecanismos del Santuario, le faltan algunos detalles. Aunque supongo que algunos aspectos eran inevitables. 』
Una llanura de hierba exuberante y verde, bajo un cielo azul irreal que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Una brisa fresca la atravesaba, y una mesa blanca y una sombrilla se alzaban sobre una pequeña colina.
Sin duda, ese era el escenario de los recuerdos que estaban a punto de desvanecerse de Aldebarán.
En el centro de todo, se encontraba un ser hermoso que podía describirse solo con los colores blanco y negro――
???: 『 ――¿Por qué el amor se desvanece? 』
Tras muchos altibajos, por fin había regresado al Castillo de los Sueños.
Dudando de su propia cordura, Aldebarán casi llegó a creer que podría ser una ilusión.
Un reencuentro que abarcó más de una década para el estudiante y cuatro siglos para la otra persona; con su existencia confirmada, la Bruja――no, la Bruja de la Codicia, con una sonrisa sin sangre, pronunció ese comentario triunfal.
△▼△▼△▼△
???: 『 ―――― 』
Aldebarán había vivido con un solo brazo más tiempo del que jamás había vivido con dos.
Por lo tanto, casi nunca sentía que tener solo el brazo derecho fuera una gran desventaja, pero aun así, en contadas ocasiones, le resultaba un inconveniente.
Por ejemplo, cuando no tenía más remedio que cargar con una persona inconsciente.
Al: 『 Disculpa la rudeza. 』
En brazos de Aldebarán, sostenida por la prótesis mágica de piedra, se encontraba el cuerpo inerte e inconsciente de Emilia.
La persecución aérea de Emilia a Aldebarán, que había comenzado en el vasto cañón, terminó cuando Emilia se desplomó debido a la trampa de Aldebarán.
No fue nada grave. Su carta de triunfo fue la misma que había usado para escapar de las garras de Emilia en la Capital Real.
Emilia, bondadosa como era, no podía permitir que nadie muriera en medio de la batalla. ――Ella también había sufrido una profunda herida en el corazón con la muerte de Priscilla durante Gran Desastre del Imperio.
Por eso, para proteger a Aldebarán, que seguía en medio de la trayectoria que lo llevaría directamente al impacto de la roca, no dudó en interponerse en el peligro.
Al: 『 Aunque no había otra forma segura de atacarla, es una estrategia rastrera incluso para mí. 』
Por supuesto, esa fue la conclusión a la que llegó Aldebarán tras probar varias estratagemas a base de prueba y error.
Había intentado ajustar la trayectoria de la caída de la roca, destrozarla para crear una avalancha de rocas, dirigir su trayectoria con una lluvia de proyectiles de piedra, e incluso emplear toda clase de magias diferentes, pero, salvo la estratagema de usarse a sí mismo como rehén, Emilia siempre lograba encontrar un destello de inspiración y un juicio intuitivo para la situación, superando admirablemente todos ellos.
Ninguno de los insensatos Aldebaráns que recurrieron a esas otras estratagemas, lograron evitar un futuro congelado por las yemas de los dedos de Emilia, así que podría decirse que no tenía más remedio que recurrir a una medida tan desesperada.
Al: 『 Bueno, no es como que eso borre la culpa, ni significa que vaya a ser perdonado. 』
Una excusa para no escuchar a nadie más que a sí mismo, tan infantil que ni siquiera Emilia la perdonaría.
Protegiendo a Aldebarán, Emilia rozó indefensa la enorme roca, y cuando el poderoso impacto la recorrió por completo, incluso ella perdió el conocimiento. Por lo que pudo deducir, ella no parecía haber sufrido lesiones permanentes, solo una fuerte conmoción cerebral, en el peor de los casos. ――Para asegurarse de que así fuera, se realizaron numerosos ajustes meticulosos.
Al: 『 Parece que me he desviado bastante... Esperar a Yae no sería exactamente la mejor idea, ¿eh? 』
Ahora que la caída desde gran altura y la persecución con Emilia habían terminado, por fin tenía suficiente margen para evaluar su entorno. Lo que dedujo al hacerlo fue que probablemente se trataba del Cañón Agzadd, el cañón más grande del mundo, y que se encontraba a una altitud considerablemente diferente a la de su destino: el Gran Géiser Mogolade.
Ya habían cruzado la frontera con el Reino de Lugunica y se encontraban bien adentrados en las Ciudades Estado de Kararagi, pero llevaría mucho tiempo recuperar los miles de metros que había caído para poder retomar su ruta original.
Además――
Al: 『 Dejando a Alter a un lado, ¿será posible reunirse con Roy y el viejo...? 』
Entre los secuaces que había reclutado, no le preocupaba la fuerza de "Aldebarán", pero sí le inquietaban las habilidades y la humanidad de Roy Alphard y Heinkel. Las acciones de Roy estaban restringidas por la marca de maldición, así que no rompería las reglas si apreciaba su vida.
Al: 『 En cualquier caso, lo mejor que puedo hacer es esperar a todos en el punto de encuentro. 』
La máxima prioridad para Aldebarán era llegar al Gran Géiser de Mogolade y cumplir su objetivo.
Necesitaría recurrir a la fuerza de "Aldebarán" para lograr su objetivo, pero, en el peor de los casos, no carecía de medios para hacer algo al respecto incluso sin él. Además, el poder de la Autoridad de Gula de Roy era indispensable para lidiar con las consecuencias de la calamidad que había provocado en aras de este plan.
Por lo tanto, tendría que encontrar la manera de reunirse una vez cumplido su objetivo y, de alguna forma, lograr que siguieran sus instrucciones.
Al: 『 Intentando evitar daños secundarios, solo consigo causar daños terciarios y cuaternarios... vaya ayuda que soy. 』
Tras pronunciar estas palabras, Aldebarán inclinó las alas de piedra de su espalda y, manteniendo su velocidad, descendió lentamente hacia el fondo del cañón. Junto a la orilla del gran río que lo atravesaba, logró aterrizar suavemente. ――Eso era mentira. Se había estrellado seis veces cargando a Emilia, y finalmente logró aterrizar en el séptimo intento.
Al: 『 Sería gracioso que no pudiera volver a ponerme de pie aquí. 』
En una ocasión, quedó incapacitado no solo de las piernas, sino de la cintura para abajo, lo que lo dejó peligrosamente cerca de la parálisis total y le impidió tragar su veneno. Logró dejarse caer al río y ahogarse, pero no deseaba repetir el mismo error.
De todos modos――
Al: 『 Lo siento, Emilia... señorita. 』
Para asegurarse de que ella no se ahogara si el agua del gran río subía por algún motivo, Aldebarán depositó a Emilia no en el suelo, sino en una cavidad del acantilado que estaba un poco más arriba.
Y en su último comentario antes de dejarla allí, dudó un instante sobre cómo llamarla. Vacilando un poco, finalmente optó por referirse a ella como siempre lo hacía, como Aldebarán lo hacía. ――Ahora que su relación había perdido su forma original, no tenía el valor de dirigirse a ella de ninguna manera que reflejara el verdadero vínculo entre los dos.
Al: 『 ――Hk. 』
Justo después de maldecir su cobardía, a Aldebarán le sobrevino un fuerte dolor de cabeza, apretando los dientes.
Tras superar una situación difícil, en el momento en que logró relajarse, las deudas acumuladas amenazaron con estallar. Haciendo todo lo posible por contenerse, se dio diez segundos para respirar hondo antes de engullir su veneno――repitiendo esto una y otra vez, estabilizó su mente.
Si bien este método le permitía a su corazón descansar, no lograba brindarle paz a su cuerpo――y en particular, a su cerebro.
En realidad, su cerebro ya había estado funcionando sin parar durante casi cien horas.
Durante el viaje, "Aldebarán" usaba su magia curativa para ocultarle esa realidad, pero hasta que su cuerpo y mente no se apagaran por completo, era probable que este sobrecalentamiento no disminuyera.
Aun así, se convenció de aguantar un poco más.
???: 『 ――Nadie puede derrotar al tú que yo creé. 』
Al: 『 Aah, así es, Sensei. ――Nadie... puede derrotarme. Así es. Exactamente así. 』
Cuando cerró los ojos, esas palabras resurgieron en la mente de Aldebarán.
Con ese apoyo, Aldebarán――
???: 『 ――Mira eso, es... 』
Al: 『 ―――― 』
???: 『 Es mi―― 』
Al: 『 ―――― 』
???: 『 Mi―― 』
Una voz fragmentada e indistinta resonó en su interior.
A quién pertenecía, cuándo se pronunciaron esas palabras, y cuán profundamente le quemarían el alma; como conocía las respuestas a todas esas preguntas, Aldebarán hizo oídos sordos a su corazón.
No se detendría. Así lo había decidido. Su decisión era firme.
Al fin y al cabo, no podía permitirse detener sus pasos, así que lo decidió.
Ya lo había decidido, y por eso――
△▼△▼△▼△
――Justo después de que Aldebarán, haciendo oídos sordos a sus pensamientos, lograra salir del cañón, reanudando su apresurada marcha hacia el Gran Géiser Mogolade.
Al: 『 ¿Qué...? 』
Y así, lo único que escapó de los labios de Aldebarán fue un suspiro ronco.
Era natural que dejara escapar tal voz. Al fin y al cabo, se trataba de un accidente inesperado, un suceso que había descartado como imposible en el fondo de su mente. ――En el camino de Aldebarán, a unos dos metros por delante, un enorme carámbano se había clavado en su camino.
Al: 『 ―――― 』
Tragando saliva, Aldebarán volvió a mirar el fondo del cañón. Comprendió que Emilia, la única que se había quedado allí abajo, fue quien arrojó aquella enorme placa de hielo.
Pero las heridas que había sufrido eran graves. Todavía faltaban varias horas para que Emilia recuperara la consciencia, así que, en otras palabras, había hecho un último esfuerzo estando inconsciente.
Al: 『 Esa es una persistencia algo monstruosa... 』
Sin embargo, teniendo en cuenta que, si Aldebarán hubiera subido solo cinco segundos más rápido, habría quedado aplastado bajo ese pilar de hielo, se podría decir que había evitado la tragedia por partida doble.
Por supuesto, aunque recibiera un impacto directo, Aldebarán lo repetiría con su Autoridad y prolongaría el resultado de no ser golpeado, pero por el bien de Emilia y por la tranquilidad de Aldebarán, sería mejor que ella no tuviera la oportunidad de intervenir de ahora en adelante.
Aun así――
Al: 『 En las batallas, es algo que surge de vez en cuando, pero es terriblemente aterrador. 』
Incluso en los Sparkas de la Isla de los Gladiadores, en medio de combates a vida o muerte, había ocasiones donde un oponente que sufrió una herida mortal reunía toda la fuerza vital que le quedaba, desatando un ataque con el objetivo de llevarse al otro consigo. Entre las experiencias de Aldebarán, incluso hubo alguien que intentó matarlo después de que le cortara la cabeza.
Acciones impulsadas por la firme determinación de lograr su objetivo, de tal manera que, incluso si perdieran la consciencia o la vida, los vestigios de sus sentimientos, aún presentes en sus extremidades, intentarían cumplir su voluntad.
El último intento desesperado de Emilia fue la manifestación de su deseo de detener a Aldebarán a toda costa, y por eso――
Al: 『 ――Espera. 』
Mientras intentaba elogiar su fuerza de voluntad, Aldebarán contuvo la respiración.
Ante sus ojos, el pilar de hielo rozó a Aldebarán antes de clavarse en el suelo; era una colosal lanza de hielo, una que parecía blandida por un gigante legendario. Pero que eso fuera disparado con el objetivo de matar a Aldebarán era una exageración excesiva, se mire como se mire.
Algo tan masivo era como si――
Al: 『 ――Un ancla. 』
Sucedió justo después de que se le escapara ese murmullo. ――Con la lanza de hielo que Emilia había disparado como referencia, nuevos asesinos fueron enviados tras Aldebarán mientras intentaba avanzar hacia el Gran Géiser Mogolade.
Eso fue――
???: 『 ――Hola, bastardo del casco. Parece que te dieron una buena paliza mientras no miraba. 』
Al: 『 ...Lo mismo podría decir de ti, y también parece que te has vuelto bastante malhablada, Filore-chan. 』
Tras superar sus batallas preliminares, eran compañeros que habían ascendido a la siguiente etapa.
Las Fuerzas Combinadas lideradas por Filore Lugunica――no, por Felt; igual que cuando lo atacaron con una granada cegadora de Recuerdos, ahora se interponían en su camino una vez más.