La Mañana que Anhelaba
CAPÍTULO 5:
La Mañana que Anhelaba
—¡¡…!!
No fue consciente del momento exacto en que volvió en sí.
El sonido del fuerte fluir de líquido seguía resonando en sus oídos. Su visión oscilaba entre el rojo y el blanco.
El mundo estaba torcido y deformado.
Incapaz de sentir los brazos o las piernas, profirió un grito grueso y angustiado, como si alguien le retorciera los intestinos como si fueran ropa mojada.
Torció el cuerpo y saltó, cada parte móvil de todo su cuerpo desatando una feroz incomprensión.
… No sabía lo que estaba pasando.
El dolor ardiente de la pierna amputada y las cicatrices del cuerpo azotado por toda la cadena habían… desaparecido.
Había perdido su sangre. Había perdido la vida. Había muerto.
No había querido morir. Odiaba el dolor, el sufrimiento, la tristeza, el miedo, todo eso.
Quería apartarlo todo. Todo lo que podía ver, todo lo que podía tocar, todo lo que podía sentir.
—¡…!
Oyó algo. Oyó la voz de alguien.
Oyó una voz, como si alguien intentara desesperadamente calmar a una fiera.
El significado no sé registro. No entendió el significado. No quería entender el significado.
Era inútil escuchar. Escuchar sólo le haría daño. Escuchar no cambiaría nada.
Sin embargo, al rechazarlo todo, el color volvió al mundo, al igual que el sonido y la forma.
Los sentidos de todo su desaliñado cuerpo le dijeron, correctamente, que la sangre llegaba a sus extremidades.
Su mano agitada golpeó algo, rompiéndole las uñas y desgarrándole el dorso de la mano, haciéndole sangrar. El dolor agudo se le clavó en el cerebro, disminuyendo un poco la fuerza de su grito.
Entonces se dio cuenta. Alguien había agarrado y envuelto sus brazos heridos.
Sintió algo parecido en las piernas. Algo le cubría, impidiéndole mover ambas piernas.
Justo encima de él, su visión registró el familiar techo blanco que ya había visto varias veces.
Se dio cuenta de que estaba tumbado boca arriba en la mullida cama.
Finalmente exhaló, con las fuerzas agotándose en su cuerpo agarrotado, cuando…
—Querido huésped, querido huésped. ¿Por fin se calmó?
—Querido huésped, querido huésped. ¿Por fin dejó de agitarse?
En el instante en que sus oídos escucharon las dos voces familiares, Subaru se acordó de gritar.
1
El cuarto primer día de Subaru en la Mansión Roswaal había empezado de la peor manera posible.
Subaru vivía con la vergüenza de haber muerto ya seis veces desde que llegó a ese mundo.
No fueron muertes pacíficas. Cada muerte conllevaba su propia sensación de pérdida.
No se acostumbraba al dolor y al sufrimiento de aquello. Aunque se levantaba cada vez, nadie podía entender la soledad, la desolación, la angustia que sentía.
Decidiría que, sin importar en qué aprieto se encontrara, su corazón, al menos, no vacilaría.
Pero esa determinación se había hecho añicos con su último Regreso de la Muerte.
Su sensación de pérdida, de desesperación, de soledad, hirió a Subaru tan profundamente como los lazos formados durante los días anteriores.
No había forma de que pudiera recuperarse. No tenía fuerzas para recuperarse.
Emilia, sentada en la cama junto a Subaru, le sonrió mientras le acariciaba la mano derecha herida.
—… Muy bien, listo. Creo que está bien remendado, pero no debes sacudirte así, ¿de acuerdo?
… En ese momento, Subaru y Emilia eran las únicas dos personas en la habitación.
Las dos criadas que habían estado presentes cuando Subaru despertó se retiraron ante el vergonzoso comportamiento de Subaru nada más despertar, dejando las cosas en manos de Emilia.
—Ram y Rem estaban muy preocupadas por ti.
Subaru levantó la cara por reflejo ante la mención de dos nombres que no quería oír.
La reacción de Subaru hizo que Emilia se sorprendiera un poco, pero al instante la ignoró con un pequeño movimiento de cabeza.
—Se sienten inusualmente deprimidas, piensan que pueden haberte ofendido de alguna manera. ¿Qué tal si les dices algo la próxima vez que las veas?
—Ofenderme, ¿eh? No, no hicieron nada… No hay nada entre esa gente y yo.
Las femeninas cejas de Emilia hicieron una suave mueca ante el tono insensible de su voz. Subaru vio su reacción por el rabillo del ojo, pero de sus labios no salió ninguna disculpa ni excusa.
En cambio, lo que salió fue una pregunta sin el menor atisbo de sarcasmo.
—Oye, Emilia, ¿crees… que soy una molestia?
Emilia levantó un dedo y pareció hablar rápido para contener a Subaru.
—¿Cómo podría pensar que eres una molestia? Me salvaste la vida, Subaru. ¿Qué se supone que debes hacer si alguien con quien tienes una deuda se levanta y se va? Realmente me pondría en un aprieto.
Subaru escuchó en silencio, dándose cuenta tardíamente de que estaba observando atentamente cada detalle del rostro y las acciones de Emilia.
—Whoa, enserio yo…
Le descorazonaba que fuera él quien le hubiera dirigido a Emilia esa mirada de desconfianza.
Emilia había dado inesperadamente en el clavo, ¿verdad?
Dejar de pensar en tu benefactor como tu benefactor era lo más bajo que podías hacer.
Emilia era el único oasis que Subaru tenía en un mundo incierto. Subaru, habiendo perdido todo lo demás en lo que había puesto su corazón, no tenía ningún otro lugar al que acudir.
—…
De repente tuvo un pequeño pensamiento.
¿Quizás era a Emilia a quien debía revelar la verdad del Regreso de la Muerte?
—Verás…
Ahora que lo pensaba, hasta el momento Subaru había intentado cambiar por completo su realidad sin salida por su cuenta. Pero lo único que había conseguido era un destino sin salida, con el futuro y el pasado bloqueados.
Salir de ese estancamiento exigía un cambio fundamental.
¿Quizá la respuesta fuera crear un vínculo de confianza con un tercero, alguien en quien pudiera confiar?
—… Emilia, hay algo que quiero decirte.
Las nubes parecieron disiparse cuando los sentimientos de duda e inquietud de Subaru se separaron de su interior.
Al oír caer así el tono de voz de Subaru, Emilia volvió a sentarse en una silla, mirando a Subaru con el rostro tenso por la preocupación.
Viéndose reflejado en sus ojos violetas, Subaru pensó en cómo debía empezar.
¿Cómo debería hablar del Regreso de la Muerte? ¿Quizás Subaru debería averiguar primero si era algo que también le ocurría a otras personas de ese mundo?
La vedad, era una historia bastante divertida. Había muchas posibilidades de que pensara que era una gran broma.
Pero Emilia escucharía a Subaru contarlo, ¿no?
Esa fue la esperanza que hizo que Subaru siguiera adelante.
… Le hablaría del Regreso de la Muerte. Y que esperaba que ella le prestara su fuerza.
Subaru, muy consciente de que aquí estaba, recibiendo ya su gratitud y, sin embargo, haciendo otra petición, abrió la boca.
Cambiarían esta situación extremadamente confusa. Lucharían contra el Destino y ganarían… juntos.
… O eso pensaba.
—Emilia. Yo pue…
Comenzó su confesión. En el momento en que el pensamiento se formó, llegó.
—…
Malestar. Algo está mal, le dijo la mente de Subaru.
¿Qué pasa?, se preguntó, y enseguida se dio cuenta de la razón.
Sonido. El sonido había desaparecido. No había sonido en ninguna parte.
Sus propios latidos. La respiración de Emilia. Los sonidos de la mañana filtrándose por la ventana. Todo había desaparecido por completo del mundo.
Y eso no fue más que el preludio de lo que estaba por venir.
… Luego, el movimiento siguió al sonido, también desapareciendo del mundo.
El paso del tiempo se alargó. Un solo instante se extendía hasta la eternidad. El segundo siguiente simplemente nunca llegaba.
La expresión seria de Emilia permaneció ante sus ojos, inmóvil. Era como una estatua de hielo, su próximo movimiento a una eternidad de distancia.
Subaru estaba igual. No podía moverse. Su boca, sus ojos, quietos por toda la eternidad.
El sonido se había desvanecido, el tiempo se había detenido y la mano de Subaru ni siquiera podía estirarse para suplicar.
Por alguna razón, sólo la mente de Subaru continuó durante el fenómeno más allá de su comprensión.
… Y entonces, de repente, llegó.
Una nube negra. Subaru, incapaz de parpadear, de súbito la vio llenar su visión.
En un mundo donde nada podía moverse, sólo la nube seguía en movimiento. La nube se retorcía y cambiaba de forma. Su masa era tal que podía sostenerse en las palmas de las manos. Poco a poco, los contornos de la nube tomaron forma y terminó de cambiar.
… Subaru vio algo parecido a una palma negra.
Tenía cinco dedos. No llegaba hasta el codo, pero podía distinguir un antebrazo.
Los dedos negros se movieron. Los suaves movimientos de lo que claramente tenía la forma de una mano surcaron el aire. La mente de Subaru jadeó cuando vio hacia dónde se dirigía.
Los dedos negros alcanzaron lentamente el pecho de Subaru… y parecieron entrar directamente.
Subaru sintió la sensación directamente en el alma. La sensación de los dedos rozando sus órganos internos, acariciando su caja torácica…
La incomodidad y la inquietud se apoderaron de Subaru. La nube negra no paraba de moverse.
Era como si no hubiera encontrado lo que buscaba y tuviera que buscar más, más profundamente en el pecho de Subaru.
… Hey, espera un momento.
Su voz no salía. Su cuerpo no podía mostrar resistencia. La mente de Subaru dejó escapar un aullido aterrorizado.
… Esto no tiene gracia.
Subaru fue sacudido más allá de lo que podría llamarse sus entrañas, hasta lo más profundo de su ser.

¿Podría alguien explicar con palabras por qué duele que te dañen los órganos internos?
La pregunta no tenía sentido.
Nadie necesitaba pensar en ello.
En ese instante, Subaru no sintió la necesidad de expresar con palabras cómo se sentía ese dolor insoportable.
Era muy sencillo. Tener el corazón apretado sin piedad se sentía como si su alma estuviese siendo aplastada.
No podía gritar. No podía retorcerse de dolor.
Sólo había sufrimiento. Y junto con el sufrimiento llegó algo que hizo que Subaru deseara poder gritar.
El dolor estaba destrozando a la persona llamada «Subaru». Su mente estaba deshilachada, retorciéndose, desmoronándose. Subaru estaba siendo cortado en pedazos, incapaz de recordar cómo se sentía un pensamiento lógico…
—… baru.
—¿…?
—Subaru, ¿qué pasa? No te quedes tan callado. Me preocupa.
Sus manos estaban sobre los muslos de él mientras la belleza de cabello plateado miraba a Subaru a los ojos con preocupación.
Subaru pareció dejar de contener la respiración cuando estuvo seguro de que sus dedos se movían como pretendía. Se tocó el pecho con cautela, confirmando desde fuera que su corazón emitía latidos tranquilos.
Su cuerpo se movió. Su voz salió. No podía sentir ningún dolor de su corazón.
… Pero el miedo persistía.
Subaru cayó en la desesperación, eso hizo trizas su única esperanza.
Sólo pensar en desafiar a eso por segunda vez provocó que su mente le hiciese ver la nube negra balanceándose.
Subaru no tuvo más remedio que enfrentarse a los hechos.
Incapaz de contener sus emociones, Emilia apoyó la palma de la mano en la cara de Subaru, perdida, mientras formulaba una pregunta incierta.
—… ¿Q-Qué pasa? Has estado actuando raro desde antes. Si algo va mal…
—… Quiero pedirte un favor.
Subaru interrumpió la voz preocupada de Emilia a medio camino, tumbándose y apartando la cabeza.
No podía enfrentarse a ella. Probablemente sus facciones parecían horribles.
Si miraba a Emilia en su estado emocional actual, no se sabía lo que podría decirle.
Haciendo todo lo posible por mantener la mente firme, Subaru sólo pudo decir una cosa.
Tiró las palabras que quería decir. Desechó los sentimientos que quería que ella escuchara.
Lo tiró todo.
—No tengas nada que ver conmigo.
Desganado, fue todo lo que dijo mientras se acurrucaba en la cama. Ni siquiera miró la reacción de sorpresa de Emilia.
Inconscientemente, Subaru había captado con firmeza un hecho en el momento en que la palma de la mano tocó su pecho.
… No se le permitiría liberarse.
Subaru estaba solo. Y seguiría solo.
2
Después de deshacerse de Emilia, Subaru comenzó sombríamente su cuarto bucle.
Roswaal fue a la habitación de Subaru después de que éste hiriera a Emilia con su despiadada declaración.
Subaru no recordaba casi nada de lo que habían hablado. Pero tenía la sensación de que le habían valorado como a un jarrón caro. No sabía si era sólo esta vez o si había ocurrido antes y él no se había dado cuenta.
—Te trataré como a un invitado durante el tiempo que prefieras~.
Subaru sintió que había dicho algo conveniente como eso.
También sintió que los detalles ya no importaban.
Si salía de la mansión, lo callarían para siempre. Eso era seguro. Pero aunque fuera un peso muerto en la mansión, no podría evitar que le hicieran picadillo en un futuro próximo.
Sentía que su partida guardada le garantizaba un BAD END. El hecho de que fuera autosave lo hizo extra brutal.
—…
Subaru estaba encima de la cama y no se movía mucho, pero su respiración era rápida y entrecortada.
Temeroso de quedarse dormido, Subaru había utilizado la pluma que tenía en la mano para hacerse varios cortes en el dorso de la otra mano. Cada vez que sus párpados parecían caer, forzaba su conciencia a despertarse a través del dolor. Si dormía, no sabía con qué se despertaría.
Ya había muerto tres veces.
En el bucle de la capital real, no había experimentado más de tres muertes. Para Subaru, sumergido en ese primer día por cuarta vez, morir una cuarta muerte era territorio desconocido.
… Quizás, si muriera aquí, nunca volvería.
No pudo encontrar la manera de evitar la muerte. Pero aun así, no quería morir.
Desconfiaba de todo y luchaba contra todo en su desesperada batalla por vivir. Olvidó el paso del tiempo, la agitación de su estómago vacío; Subaru se volvió ansioso por simplemente existir.
El dolor de su herida se sentía como la afirmación de su existencia. Los espacios entre los agujeros de su mano desaparecieron.
Dolor. Alegría. Dolor. Alegría. Dolor. Dolor. Dolor…
De repente, se le levantó la cara al oír bruscamente la voz de una chica.
—… Ciertamente tenéis una mirada cobarde.
Una chica estaba de pie en la entrada, apoyada en ella, lanzando a Subaru una mirada como si estuviera contemplando a una bestia.
Beatrice, con la que aún no se había encontrado ni una sola vez durante este bucle, había venido de visita.
La vigilancia de Subaru aumentó ante este cambio de circunstancias sin precedentes.
—… ¿Así que esta vez eres tú?
Tarde se dio cuenta de que su voz era grave y rasposa. Le sorprendió. Su voz contenía más hostilidad de la que había imaginado. Quizá estaba expresando su sensación de que el mundo estaba maldito.
—Sois un tonto incorregible, os consumisteis así en el lapso de un día o dos.
—Nadie te preguntó… ¿A qué viniste?
Beatrice, tras burlarse de la vergonzosa visión de Subaru y recibir a su vez su hosca réplica, entrecerró ligeramente los ojos.
—… Puckie y esa niña le pidieron a Betty que os hiciera una visita.
—¿Puck y… Emilia?
—Supongo que desde que os despertasteis habéis actuado de forma extraña, así que sospecharon que Betty os hizo algo cuando despertasteis. Una sugerencia bastante grosera, si se le permite a Betty decirlo.
Era cierto, y Beatrice era inocente, pero Subaru no se dio cuenta de esas cosas.
Seguramente las palabras despiadadas de Subaru habían herido a Emilia, pero aun así ella estaba preocupada por Subaru, lo suficiente como para hablar directamente con Beatrice, incluso si sus sospechas estaban fuera de lugar…
Como resultado, Beatrice, con una debilidad por Puck para empezar, tenía a Puck rogándole que les ayudara, así que aquí estaba ella, mostrándose de mala gana en la habitación de Subaru.
La preocupación de Emilia por él trajo un poco de calor al corazón de Subaru.
Incluso si no significaba nada en cuanto a romper el estancamiento…
—Entiendo. Ya estoy bien. Viniste a disculparte y eso es suficiente.
Los labios de Beatrice se torcieron cuando Subaru intentó apartarla.
—¿Por qué Betty debe pediros disculpas? Antes que nada, Betty no se irá hasta que se aclare ese malentendido.
En lugar de salir de la habitación, se dirigió a la cama. Subaru estaba a punto de acumular más quejas cuando…
—… ¿Hm?
Subaru la observó mientras arrugaba la nariz e inclinaba la cabeza. Si se quedara callada parecería adorable, pero…
Beatrice pareció disgustada por como la veía y se tapó la cara, aun en dirección a Subaru.
—No es sólo vuestra cara apagada, supongo, la que está podrida. Está bastante espeso a vuestro alrededor.
—… ¿Huh?
—Betty habla del hedor que le hace cosquillas en la nariz. Sería prudente evitar encontrarse con las gemelas por un tiempo.
Beatrice se pellizcó la nariz e hizo un gesto con la mano libre como si ahuyentara un aroma desagradable.
—…
Pero la mente de Subaru no podía desprenderse de la palabra hedor.
Hedor. Ciertamente alguien había usado esa palabra hacia el final del tercer bu…
—¿Un hedor que viene de mí…?
—… El hedor de la bruja. ¿Quizás tenéis la nariz rota?
Recordaba esa palabra. Hacía poco que se había topado con ese vocabulario. Así que eso significaba…
—¿La Bruja de los Celos?
—En los tiempos que corren, Betty supone que no hay otra a la que llamar bruja.
Su afirmación, menospreciándole como a un idiota mezquino, sólo despertó más preguntas en Subaru.
—¿Por qué ese olor viene de mí?
—¿Quién sabe? Puede que la bruja os haya tomado cariño, o puede que os odiase nada más veros. En cualquier caso, que la bruja os dé un trato especial no hace más que atraer problemas.
Beatrice bajó los hombros, su comportamiento sombrío indicaba que cualquier otra conversación al respecto no era bienvenida.
Bruja: un ser rechazado en todo el mundo hasta el punto de que el cuento de hadas «La Bruja de los Celos» no quiso registrar su nombre.
Pero Subaru no tenía ninguna relación con la bruja ni con la historia; sólo había leído sobre ella en un libro.
Naturalmente, sin ningún recuerdo de haber conocido a la bruja, no tenía memoria de cómo podría llevar un aroma persistente de su tacto.
… Rem también había dicho que apestaba a bruja, ¿no?
Pensó que la abrumadora hostilidad estaba relacionada en parte con el olor de la bruja. Si era así, se había ganado su odio por algo de lo que no tenía memoria; con una calumnia apilada sobre otra, sintió que no tenía más remedio que silenciarlo.
Subaru, habiendo comprendido algo que estaba totalmente fuera de su control, suspiró largamente. Como Subaru permaneció en silencio, Beatrice le miró mientras alargaba la mano hacia el pomo de la puerta.
—Si no os pasa nada, Betty se va. Betty debe decirle a Puckie que tuvimos una charla y de lo que hablamos.
Parecía dispuesta a desaparecer en el pasadizo cuando él la llamó para detenerla.
—Espera un segundo.
Beatrice le devolvió la mirada, claramente contrariada.
Subaru se obstinó en llegar a las palabras y las soltó.
—Te sientes mal por lo que me hiciste, ¿verdad?
No sabía si significaba algo o no, pero pensó que valía la pena intentarlo.
Beatrice lanzó una mirada amarga a Subaru, que se golpeó contra la cama y volvió a preguntar.
—¿Te sientes mal por ello? ¿Sí o no?
—Betty no piensa tal cosa.
—Se lo diré a Puck.
Beatrice se colocó frente a Subaru, cruzando los brazos y levantando la nariz con aire altivo.
—Ugh… tal vez Betty lo piense un poquitín minúsculo.
—Te perdonaré si me haces un pequeño favor.
—… ¿En serio?
—¿Podrías protegerme hasta el amanecer del quinto día… pasado mañana?
Era una petición totalmente desvergonzada hecha a una chica que parecía más joven que él.
Beatrice guardó silencio durante un rato ante la sentida petición de Subaru.
—Esa es una declaración bastante vaga. Tal vez haya una razón por la que alguien os persigue.
Las palabras con las que respondió Beatrice fueron bastante naturales y sensatas.
Beatrice no perdía de vista a Subaru mientras se paseaba por la habitación.
—En primer lugar, Betty no quiere traer discordia a esta mansión. Esta mansión es un lugar que Betty no debe perder.
—… No quiero causar ningún problema. Sólo quiero apagar cualquier chispa que salte.
—Es todo un sentimiento viniendo de alguien que intenta convertirlo en un problema ajeno…
—Por una vez, no tengo respuesta.
Beatrice suspiró mientras Subaru se inclinaba ante ella.
Subaru seguía inclinado mientras le parecía oír un sonido como si la puerta se cerrara desde dentro.
El sonido de la petición de Subaru siendo denegada y Beatrice volviendo a su biblioteca.
En cuanto oyó ese sonido, la esperanza de Subaru se quebró.
—¿Podríais extender vuestra mano?
Con Subaru lleno de resignación, Beatrice se acercó al lado de la cama y le ofreció su pequeña mano.
La irritación de Beatrice hizo que Subaru, completamente conmocionado, se apresurara a tomarle la mano. Al hacerlo, Beatrice frunció el ceño al ver el dorso dañado de su mano.
—Repugnante. ¿Quizás sois un desviado insalvable que se deleita autolesionándose?
—Roswaal tiene el mercado de los desviados acaparado. Sólo intentaba hacerme un tatuaje y lo estropeé.
—Vuestro sentido artístico, habilidad y talento para la mentira son inexistentes… No hay quien os salve de eso.
Exhalando, Beatrice puso su pequeña palma sobre la mano de Subaru, como si intentara cubrir las heridas. Sus suaves dedos invitaron a los de él a entrar hasta que sus manos se entrelazaron.
—… Concederé vuestro deseo. En el nombre de Beatrice, se forma el pacto.
La solemne declaración de Beatrice dejó a Subaru completamente sin palabras.
De repente, la chica que tenía ante sus ojos parecía completamente distinta a la de antes. Cuando sus dedos se aferraron a los de él, la calidez que transmitían hizo que su mente percibiera el aura de misticismo que la rodeaba.
—Improvisado o no, un pacto es un pacto… Quizás a Betty le haya conmovido tu irracional petición.
Beatrice le soltó los dedos y volvió a cruzarse de brazos. Subaru se inclinó ante ella, reprimiendo la oleada de emoción que le golpeó.
No expresaba sus emociones con palabras, pero brotaban de un pozo sin fondo en lo más profundo de su corazón.
No sabía cómo reaccionar ante el ofrecimiento de salvación de la fuente menos esperada.
—En serio… una niñita me va a hacer llorar…
—¿No podríais al menos decir pequeña? Además, Betty nunca os perdonará si le decís una palabra a Puckie sobre esto.
—¡¿Así que esa es la parte importante?! La desesperación te hace endemoniado, te lo digo yo.
Subaru esbozó una amarga sonrisa en respuesta a la mirada de auténtica hostilidad de Beatrice.
Su cuarto bucle había comenzado con desesperación. Era una pequeña sonrisa, la única de este bucle, pero estaba ahí.
3
Formando un pacto temporal con Beatrice, Subaru ganó una pequeña pero tangible pieza de seguridad. Sin embargo, las circunstancias que presionaban a Subaru no habían mejorado en absoluto.
Como era su costumbre, Subaru siguió viviendo como un ermitaño en la habitación que le habían concedido; Beatrice no revoloteaba alrededor de Subaru, protegiéndole las veinticuatro horas del día.
El problema era que, desde la noche del cuarto día hasta la mañana del quinto, para reducir el esfuerzo necesario para protegerle durante ese tiempo, saldría de la habitación y no volvería a aparecer hasta la hora señalada.
A cambio, la que visitaba a Subaru una y otra vez, y que actualmente asentía sentada a un lado de la cama con una encantadora sonrisa en la cara, era Emilia.
—Ya veo, así que Beatrice vino a disculparse apropiadamente. Me alegro. Un trabajo bien hecho.
Que Emilia se le acercara así después de que Subaru la hubiera tratado tan mal, lo que le pesaba en la conciencia, no era exagerado decir que la consideraba como una diosa, su única luz en un mundo oscuro.
Cuando Emilia volvió a visitarlo y él intentó disculparse por su grosería inicial, ella se limitó a desentenderse de las horribles palabras de Subaru.
—Sólo estabas abrumado, ¿verdad? Le puede pasar a cualquiera. No se puede evitar. Aunque Ram y Rem estarán encantadas de oírte decir eso.
Subaru no dio una respuesta adecuada a la amable petición que ella había deslizado al final.
Su lealtad era tan grande que matarían a alguien sólo por saber una verdad incómoda. Subaru lo había experimentado en carne propia, pero aun así no podía odiarlas por ello.
Cerró los ojos y recordó sus días en la mansión. Entonces, durante aquellos recuerdos, ¿no hubo momentos en los que Subaru y las hermanas se acercaron más?
… Quizá sólo quería creer que fue así.
Emilia miró la bandeja dejada a un lado de la cama y la comida sin tocar, enfriándose lentamente, que descansaba sobre ella mientras murmuraba en tono hosco.
—Así que realmente no desayunaste, ¿verdad?
—… Lo siento.
Después de atacar a Emilia, Subaru se había vuelto más callado y retraído. Aunque Subaru actuaba así, Ram y Rem cumplían diligentemente con sus obligaciones como sirvientas.
Incluso cuando sabían que nunca tocaría la comida ni les daría las gracias por ello.
Una era grosera, mientras que la otra era educada sólo en apariencia, pero ambas eran muy formales y profesionales en el fondo.
Subaru lo sabía. A pesar de saberlo, no podía aceptar la comida.
… Por lo que él sabía, podría estar envenenada.
Ese fue el pensamiento que pasó por su mente cuando la miró.
Se odió a sí mismo por dudar de ellas dos. No obstante, Subaru sabía que existía un futuro en el que al menos una de las hermanas agitaba una horrible arma para matarle.
Sabía que tenían muchas virtudes, pero de todos modos intentarían matarlo.
Fue cuando Subaru aceptó ese hecho cuando su desesperación comenzó de verdad.
—Quizá sea duro, pero es malo para ti si no comes al menos un poco.
—Mi estómago no lo aguanta… Bueno, quizá, Emilia-tan, si me dieras la comida mientras dices «di aah» podría comer, pero…
Subaru maldijo lo bromista incurable que era, enviando un comentario tan frívolo a Emilia cuando ella estaba realmente preocupada por él.
Sin embargo…
—En ese caso… Di aah.

—… ¿Eh?
—Dije, di aah…
Emilia había dejado la bandeja de comida sobre su regazo, levantando una cuchara y mirando a Subaru.
Utilizó la cuchara para tomar un poco de sopa, que aún estaba algo caliente, y la acercó suavemente a la boca de Subaru.
Subaru negó inmediatamente con la cabeza, incapaz de entender lo que Emilia intentaba hacer.
—No, nonono, espera, espera, Emilia-tan, ¿qué estás haciendo?
—¿Qué quieres decir? Dijiste que comerías si hacía esto, ¿no? Pues come. Estoy diciendo «di ahh» y todo.
—Err, esto es como un ritual que las chicas en realidad no hacen; sus caras sólo se ponen rojas brillantes y hasta ahí llega, al menos eso pensaba?
—Si vas a hablar como un niño, no puedes avergonzarte de que te den de comer como a uno. Eso sería una tontería.
Mientras Subaru arrastraba los pies, Emilia volvió a decir «si aah» con una mirada poderosa y convincente. Subaru finalmente cedió ante la presión, sintiendo que se había puesto rojo hasta la punta de las orejas al abrir la boca.
—A-Aah…
—Ya está, traga. Aquí está el siguiente. Come, come, come, come, come.
—¡¡Eso es demasiado rápido!! ¡¿Eso fue sólo para bajar mi guardia?!
La forma en que Emilia le llevaba la sopa a los labios, automáticamente y sin desperdiciar movimiento alguno, le hizo preguntarse si había participado en una competición de alimentación rápida o algo así. Subaru intentó seguir el ritmo de una cucharada tras otra antes de agitar bruscamente la mano a medio camino.
—¡Tiempo fuera, tiempo fuera! ¿Podemos parar? ¡Está bajando por mi garganta por el camino que no es…!
—Hay que ver, y estaba yendo tan bien, y… ¿Subaru?
—Coff, coff, e-en serio, mi garganta se siente… toda rara…
Subaru apartó la cara de Emilia, fingiendo toser para intentar que la acción pareciera más natural. No quería que Emilia le viera la cara en ese momento.
Algo caliente brotaba de lo más profundo de los ojos de Subaru. Abrió los ojos para dar rienda suelta a sus lágrimas y trató desesperadamente de impedir que fluyeran.
Ella siguió siendo amable con él en un mundo en el que él no veía esperanza.
Se preguntó si realmente era digno de tal trato…
… porque Natsuki Subaru estaba desesperado precisamente porque rechazaba que lo fuera.
—Hey, Subaru.
Cuando ella le llamó preocupada, Subaru carraspeó ligeramente y puso a prueba su voz mientras volvía a calmarse.
—… Mm, ahh, ahh. Bueno. Sí. Ya estoy bien. Creo. Sí, lo estoy.
Puso la expresión más genial cuando se volvió hacia Emilia…
… y se encontró con sus ojos extremadamente suaves, mirándole fijamente.
—Continuemos.
—… La forma en que lo dices hace que de alguna manera esto se sienta realmente travieso…
—¿…?
Emilia, ladeando la cabeza, aparentemente no se había dado cuenta de lo atrevido y hechizante de su afirmación.
O tal vez todo había estado en su cabeza para empezar.
Y así terminó de comer, con Emilia ofreciendo un «di aah» y él abriendo la boca, con las mejillas rojas por la timidez y los complicados sentimientos. Terminada la comida, Emilia dio una palmada de satisfacción.
—Bien. Ahora, ¿qué decimos cuando terminemos de comer?
—Eso fue genial.
—Eso es de mala educación. Una vez más, y dilo bien.
—Gracias por la comida.
—De nada.
Ante la amplia sonrisa de Emilia, Subaru se acarició la barriga, que extrañamente se sentía agradable y llena.
Su estómago no sintió ninguna molestia por haberse llenado después de dos días de ir vacío.
—Ram dijo: «Hace tiempo que no come bien, así que debemos ser suaves con su estómago», y así es como lo hizo Rem. Son tan buenas chicas, ¿verdad?
Las palabras de Emilia, como si presumiera en nombre de las hermanas, apuñalaron las dudas de Subaru como una daga.
Si esa fuera la verdad, estaría tan feliz como para llorar ante tal muestra de preocupación. Pero Subaru sabía que no era así. El propio dolor de la ilusión le hizo querer llorar.
Ojalá su gentileza y su trato amable no tuvieran eso detrás.
—Bueno, ahora que tú también has comido, debes estar cansado, así que me voy para que puedas descansar.
—¿Siempre puedes dormir aquí a mi lado?
—Bien, bien, parece que ya eres el de siempre. En fin, yo también tengo cosas que hacer. No le digas a nadie que estuve holgazaneando, ¿de acuerdo?
Emilia guiñó un ojo y le sacó la lengua.
Subaru, recordando lo que Emilia estaría haciendo normalmente en un momento así, se sintió profundamente avergonzado.
Emilia tenía un reino sobre sus hombros; no tenía ni un segundo que perder mientras pasaba cada día esforzándose por un futuro mejor. No debería haber malgastado ni un solo segundo de ese precioso tiempo en alguien inútil como Subaru.
—… Emilia. Mantén tu puerta cerrada por la noche y no dejes entrar a nadie, ¿de acuerdo?
Tal vez lo dijo porque la amabilidad de Emilia había reavivado la más mínima chispa de la voluntad de desafiar al Destino.
Emilia se echó el cabello plateado hacia atrás e inclinó ligeramente la cabeza ante la repentina admonición de Subaru.
—¿O te colarás?
—Cierto, exa… ¡¡No!! ¡Eh, quien habló fue Puck, ¿cierto?!
—Wow, te diste cuenta.
Puck sacó la cabeza del cabello de Emilia y sonrió a Subaru y a ella. Agitó la cola mientras Subaru lo miraba, sin duda había estado escuchando en ese escondite desde el principio.
—No quería entrometerme en una escena tan encantadora, pero de repente tus emociones se volvieron serias, ¿eh? Eso llamó mi atención.
—… Sólo tengo un mal presentimiento, ¿de acuerdo? Cuida bien de Emilia.
Con la nube negra acechando, Subaru tuvo que ser evasivo al hablar del futuro. Aun así, Puck, capaz de leer sus emociones, aceptó sus palabras sin rechistar.
—Que sepas que no me gusta nada sentirme abandonada en una conversación —se quejó Emilia.
—Sólo digo que una chica hermosa como tú siempre debe tener cuidado con las visitas nocturnas, y tener cuidado con los carruajes y los hombres. ¿Verdad, padre?
—Así es, Lia. Padre te prohíbe ver hombres… en particular hombres morenos y mal parecidos.
—¡¿Et tu, Brute??!
Puck rio a carcajadas cuando Subaru invocó el nombre del famoso traidor. Emilia pellizcó al risueño Puck y se lo volvió a meter en el cabello, esta vez poniéndose en pie.
Subaru se despidió de ambos y, ya solo en la habitación, se dejó caer en la cama.
Había conseguido que tuvieran más cuidado, pero era un pequeño consuelo. Para empezar, la crisis actual tenía poco que ver con ninguno de los dos, así que supuso que no les pasaría nada.
—Aw, no…
En el instante en que la mente de Subaru sintió una pizca de alivio, su conciencia se sumió en un profundo sueño.
Las punzadas de sueño que había mantenido a raya con dolor durante tanto tiempo volvieron de repente, robando a Subaru su voluntad.
Y también tenía el estómago lleno. Sentía que su conciencia se hundía, incapaz de resistir.
4
La conciencia de Subaru se sentía como una nube flotante, atrapada entre el sueño y la realidad.
Había oído en alguna parte que los sueños tenían el efecto secundario de organizar la información del cerebro despierto. Eso explicaría por qué Subaru, tras haber retrasado tanto su sueño, contemplaba una retahíla de recuerdos tan claros y vívidos, como si quisieran atormentar sus sueños.
Los vívidos recuerdos «muertos» de Subaru se repetían una y otra vez, grabándose profundamente en su mente.
Gemía, daba vueltas en la cama; emitía sonidos angustiosos mientras el sudor empapaba todo su cuerpo. Inmersa en lágrimas y sonidos débiles, su alma se iba deshilachando y rompiéndose continuamente, y cuando se cortara el último hilo, seguramente no quedaría nada.
Hasta ese punto había llegado su desgaste, tanto mental como físico.
—…
De repente, la tensión en el cuerpo de Subaru desapareció.
Era como si el frío y el terror que hacían temblar su cuerpo hubieran sido barridos.
… Fueron sus manos.
Alguien sostenía las manos de Subaru.
El tacto de alguien del mundo real calmó a Subaru, que flotaba inconsciente en la cama. Era una sensación cálida, suave, que transmitía compasión.
Sintió que lo habían salvado. Sintió que una suave brisa soplaba en su mente hecha una ruina. Su respiración agitada se calmó; olvidó su sufrimiento y volvió a dormir plácidamente.
¿Quién lo hizo? ¿Qué fue? ¿Era real o sólo un truco conveniente del sueño?
Siguió sintiendo un calor persistente entre las palmas de sus manos…
5
—… Hmm, ¿cuánto tiempo vais a dormir?
—¡Whoaaaa!
Subaru gritó de dolor, tras haber recibido una violenta patada, seguida de un duro aterrizaje en el suelo.
Cuando Subaru sacudió la cabeza y se levantó, Beatrice estaba allí, con el ceño fruncido y una pierna levantada de forma poco femenina. Beatrice resopló, una vez más incapaz de ocultar su disgusto.
—Estabais durmiendo muy cómodamente mientras Betty se molestaba en venir a la hora acordada.
—A ver, ¿tienes que menospreciar a la gente incluso cuando no hace falta?
Mientras Subaru le contestaba, le entraron sudores fríos por haberse dormido sin querer. Había llegado a hacerse daño para mantenerse despierto y en guardia.
—Durmiendo en el importantísimo cuarto día. Tal vez en serio tengo impulsos suicidas.
—¿Podríais dejar de murmurar? Hay lugares más apropiados para ello.
Beatrice, mirando hacia abajo y observando cómo Subaru se pinchaba ligeramente, se sentó en su taburete mientras hablaba. Al verla así, en su posición habitual, Subaru se dio cuenta de que algo no iba bien y miró a su alrededor.
… Ya estaba en la biblioteca cuando se despertó.
—Bueno, esto es una sorpresa. ¿Me cargaste mientras dormía?
—A Betty no le gustaba nada la idea de pasar tiempo en una habitación llena de ese olor vuestro. Esta biblioteca es el lugar de Betty y de nadie más. ¿Podríais comportaros mientras estéis aquí?
Subaru decidió que las acciones de Beatrice, tomadas sin preguntarle, habían mejorado su situación.
El Pasaje de Beatrice impediría a un asaltante localizar a Subaru. Seguramente Rem no tenía medios seguros para atravesar el Pasaje por sí misma.
—Realmente pensaste en esto, ¿eh?
—No os quedéis sentado en el suelo murmurando. ¿Os gustaría ser aplastado como un insecto?
Oh, así que eso es lo que estás leyendo, pensó Subaru, mirando las páginas abiertas ante Beatrice mientras le sacaba la lengua.
Aparentemente, pensar en esto como una consideración sería exagerar el caso. Subaru se levantó del suelo, mirando bruscamente sus propias manos.
Quedaba una sensación extraña. Si alguien le había tomado las manos mientras dormía, entonces…
—Oye Beatrice, ¿no me digas que me tomaste las manos mientras dormía?
—Betty no haría tal cosa. Ni aunque Puckie se lo pidiera a Betty.
—Qué cosas dices… ¡Pero bueno, al menos podemos morir juntos!
—No. Absolutamente no.
Beatrice, bastante amargada, afinó los labios mientras Subaru volvía a mirar alrededor de la habitación.
La biblioteca, llena de libros como de costumbre, carecía de un lugar cómodo para sentarse.
—¿Cómo se supone que voy a matar el tiempo aquí…?
Con el límite de tiempo tan cerca, su ansiedad y estrés aumentaron; era una incógnita cuánto tiempo podría mantener la calma. Si pudiera sumergir su cabeza en algo y olvidar el paso del tiempo…
—Ah, claro. ¿Hay algún libro aquí escrito sólo en escritura I?
—… Pensar que no podéis leer más que las cosas más simples. ¿Cuántos humanos creéis que llorarían de alegría con solo pensar en entrar en la biblioteca de libros prohibidos de la familia Mathers?
—Bueno, me siento mal por ellos… ¿Y qué, estás aquí a tiempo completo?
Subaru nunca había visto a Beatrice paseando, excepto a la hora de comer. Aparte de la excepción de ella visitando su habitación el día anterior, Beatrice siempre estaba en la biblioteca sentada en su taburete.
Beatrice bajó un poco la cabeza ante la pregunta de Subaru.
—Tal es el pacto que Betty hizo.
—Otro pacto, ¿eh? Quizá no debería decir esto cuando me estás ayudando, pero ¿no es duro?
Beatrice cerró los ojos y habló como para cortar toda indagación ulterior.
—Todos los pactos, son cosas que Betty desea.
Había oído el término pacto varias veces desde que llegó a aquel mundo, siempre con connotaciones pesadas.
Beatrice pronunció la palabra con el mismo peso que Emilia y Puck para el pacto espiritual que tenían. Subaru lo apreciaba, ya que él mismo había formado uno temporalmente con Beatrice.
Beatrice parecía tan joven y, sin embargo, allí estaba, cumpliendo un pacto… Por alguna razón, Subaru sintió algo parecido a un dolor insoportable en lo más profundo de su pecho cuando la miró.
—Oye, ¿estás realmente bien con todo…? ¡Whoa!
—Vuestras preguntas se están volviendo molestas. Podéis leer algo y callaros.
Subrayó su afirmación lanzándole un libro. Cuando Subaru lo tomó, se dio cuenta de que el libro estaba escrito en escritura I, hasta el título.
Cuando Subaru levantó la cara, Beatrice ya había perdido el interés por él, bajando los ojos al libro que tenía entre las manos, haciendo ademán de declinar la conversación.
Parecía insistir enérgicamente en que no respondería a más ninguna de sus preguntas.
Aunque su comportamiento no dejaba lugar a las palabras de agradecimiento, Subaru estaba agradecido y feliz.
6
El tiempo en la biblioteca de libros prohibidos transcurrió suave y tranquilamente.
Sin intercambiar palabras, sólo el sonido de las páginas al pasar resonaba en la biblioteca.
Dicho esto, en ese momento el corazón de Subaru no estaba en la lectura; todo lo que hacía era pasar la misma página una y otra vez, haciendo que la misma página sonara como una broma.
… Encerrado en la biblioteca de libros prohibidos, no tenía forma de saber lo que pasaba fuera.
Más allá de que la habitación no tuviera ventanas, la propia naturaleza de la biblioteca era estar en un espacio separado, aislado del mundo exterior.
No tenía forma de saber la hora ni de sentir el paso del tiempo. Se preguntó qué hora sería entonces.
Por simple lógica, estar medio día en la habitación le permitiría pasar la problemática noche. Pero sólo tenía una vaga idea de cuánto tiempo había pasado mientras estuvo en la biblioteca.
No podía confiar en sus propios sentidos, pero también dudó en preguntarle a Beatrice.
No era por una razón tan simple como no querer detener a Beatrice mientras se concentraba en su lectura. Subaru temía que cualquier acción que iniciara pudiera provocar algo.
Tenía los dedos entumecidos de tanto pasar las páginas del libro. La punta de la lengua le pedía agua.
Su corazón latía como una campana de alarma. Se quedó sin aliento.
¿Cuánto tiempo podría mantenerse fuerte ante tanta tensión?
Si el comienzo había sido tan brutal, el final podría ser sin ningún tipo de aviso.
Un murmullo resonó bruscamente en la silenciosa biblioteca.
—… Llaman.
La cara de Subaru pareció levantarse de un salto cuando Beatrice dejó el libro y deslizó las piernas por el suelo.
Más que hablar con Subaru, parecía que murmuraba para sí misma.
—¿Una llamada para Betty?
Beatrice agitó un dedo mientras hablaba. Al momento siguiente, todo el cuerpo de Subaru se sintió enfermo mientras el espacio se doblaba.
Subaru emitió un pequeño gemido mientras todo su cuerpo se estremecía por la sensación que más se asemejaba a flotar. Al oír eso, Beatrice miró a Subaru como si acabara de recordar que estaba allí.
—Ah, estabais allí, ¿no? Betty lo olvidó.
—Es un mal chiste, olvidarte de alguien que está literalmente a tu lado…
—… Puckie está llamando. Parece que es un asunto urgente.
Con esa única advertencia de Subaru, Beatrice pasó junto a él hacia la puerta como si fuera lo más natural y obvio. A Subaru le tembló la voz cuando gritó para detenerla.
—¡Espera, espera! Si sales ahora…
—Si queréis podéis quedaros aquí encerrado. Es probable que en la biblioteca estéis a salvo.
Beatrice dejó atrás sus palabras de evidente sarcasmo al atravesar la puerta. Subaru, con la sangre subiéndole a la cabeza por su actitud, pareció apartar su silla de una patada mientras se levantaba de un salto y se acercaba a la puerta. Había dudado sólo unos segundos, pero…
—Aw, al diablo con eso. ¡¿Cuál es el problema, verdad?!
Espoleado por la malhablada afirmación, abrió bruscamente la puerta y salió.
Al momento siguiente, se dio cuenta.
—Ah…
Sin pensarlo, la voz de Subaru se escapó de sus labios como la de un completo idiota.
Su mano protegía sus ojos de la penetrante luz del sol que le saludaba por la mañana.
Profundamente conmovido, agitó la mano en el aire como para confirmarlo. El cuerpo de Subaru se tambaleó hacia delante, hacia la ventana que, justo en el lado opuesto del pasillo, se asomaba al jardín interior, más allá del cual el sol acababa de empezar a salir.
Era la mañana del quinto día que había anhelado pero que nunca había alcanzado.
—¿Quieres decir… que lo logré? ¡¿Superé la cuarta noche…?!
Incapaz de creer el resultado que tenía ante sus ojos, empujó la ventana, casi golpeándola.
Sujetándose el cabello mientras soplaba una fresca brisa, Subaru respiró el aire fresco de la mañana.
Tropezó, se golpeó la espalda contra la pared y se deslizó hacia abajo, habiendo perdido la voluntad de mantenerse en pie.
No pudo hacer otra cosa que mirar estupefacto.
Se había dejado someter. Se había rendido a la desesperación. Se había desgastado hasta los huesos.
No obstante, Subaru había superado el cuarto día y había llegado al quinto.
—Ja, ja, ja…
Sin darse cuenta, se le escapó una risa seca.
Una vez que empezaba, no sabía cómo parar.
—Jeje, jajaja. ¿Qué es esto? Eh, ¿qué es esto? Simplemente… Jaja…
No se le ocurría ninguna forma racional de mostrar cómo se sentía en ese momento.
Abrazándose las rodillas, Subaru permaneció en cuclillas en el pasillo, riendo como un loco.
Pensó que era un lugar lejano que su mano nunca alcanzaría.
No podía hablar. No podía encontrar las palabras. Finalmente, Subaru tuvo…
De repente, una voz como una campana interrumpió la hueca alegría de Subaru.
—¿Subaru?
Levantando la mirada con fastidio, vio a una muchacha de cabello plateado que estaba en lo más profundo del vestíbulo: Emilia. Pudo encontrarla sana y salva, aquí, en la mañana del quinto día.
Ambos habían superado la cuarta noche. Ese hecho hizo temblar a Subaru.
Había esperado esta oportunidad. Si la mañana del quinto día los saludaba a ambos, podrían reavivar aquella promesa y hacer que se cumpliera.
Presentaría a Emilia a los niños del pueblo, pasearían juntos por el floreciente jardín de flores, formarían juntos los mismos recuerdos… y sin embargo…
—¿Emilia…?
Subaru empezó a sentir una sensación de logro que apenas parecía real mientras Emilia le observaba en silencio. Entonces, como si Emilia hubiera recordado algo, corrió hacia Subaru.
—Subaru, ¿a dónde fuiste?
—Er, bueno…
—Quiero decir… No, está bien. Está bien, sólo… ven conmigo.
Emilia levantó a Subaru con sorprendente insistencia y se escapó con él. Parecía que no iba a aceptar un no por respuesta mientras una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro.
—A dónde vamos… Oye, Emilia, escúchame. Trabajé muy duro para llegar a este punto…
Subaru miró fijamente al lado de la cara de Emilia mientras intentaba encontrar las palabras para transmitir su éxito.
—¿Por qué pones esa cara? Quiero decir, todo salió bien… ¿no? Yo estoy sano y salvo, y tú… Sí. Vamos al pueblo… juntos, y luego…
—…
—Hay muchas cosas que quiero hacer contigo y más aún de las que quiero hablar. Han pasado muchas cosas. Quería que supieras que…
—… Subaru.
Le interrumpió con una breve llamada. Fue entonces cuando él notó el momentáneo titubeo de sus ojos, la irritación que ya no podía ocultar.
La mirada que tenía era como cuando habían estado luchando por sus vidas en la tienda del mercado negro.
—¿Qué demonios…?
Intentó preguntar, pero no pudo. Antes de que pudiera pronunciar «pasó», otro sonido le golpeó los tímpanos.
… Pensó que era un grito. Tal vez fue un gemido.
Era un sonido largo y agudo lleno de tristeza que marcaba hasta el alma.
El aire matutino de la mansión se rasgó por el interminable grito de dolor, como si estuvieran despedazando a alguien.
Atravesaron el pasillo y subieron las escaleras. El ala este del segundo piso de la mansión estaba destinada a los dormitorios de los criados, donde había estado la habitación de Subaru en bucles anteriores.
Emilia le llevó de la mano a la habitación más interior. Y allí estaban…
—Roswaal y…
… El hombre de largo cabello añil entrecerró los ojos al ver que ambos se acercaban corriendo. Junto a Roswaal estaba Beatrice, apoyando la espalda contra la pared mientras un gato gris se acurrucaba en su hombro.
Habiendo llegado los tres, Subaru estaba a punto de preguntar por las circunstancias cuando Roswaal habló con sencillez.
—Entra.
Roswaal señaló la puerta abierta de un dormitorio a su lado.
Cuando Subaru se volvió hacia Emilia, ella también le hizo un gesto con la cabeza. Los claros ojos violetas de Emilia le aclararon las cosas.
Conteniendo la respiración, Subaru entró.
Allí, también, el grito continuó sin cesar, llenando toda la habitación. Subaru entró, con los ojos muy abiertos, helado por la tensión… y entonces lo vio.
Era una habitación inmaculadamente conservada. Parecía la habitación de una chica, con un mobiliario mínimo empleado con el máximo efecto, reflejo de la personalidad de una criada inquebrantable.
Aunque Subaru había recibido una habitación idéntica, se sentía diferente.
Por un momento, tales sentimientos permitieron a Subaru olvidar la visión que tenía ante sus ojos. Pero el momento pasó cuando la horrible verdad se estrelló contra él, una verdad de la que no encontró ningún lugar al que huir.
—¡AaaaaaaaAAAAAAaaaaaaaaaaaaaAAAaaaaaaaAAAaaaaaaaa!
Era Ram gritando, derramando lágrimas, su profunda tristeza amenazando con desgarrarle la garganta.
… Y allí yacía Rem, todavía aferrada a su hermana mayor cuando ésta había exhalado su último suspiro.

7
¿Cuántas veces se le había quedado la mente en blanco por lo que había vivido?
¿Cuántas veces se había enfrentado a la tragedia a golpes?
¿No era hora de que alguien le salvara de esto?
—…
La muchacha de cabello azul yacía sobre la cama, ya sin respiración. Su piel estaba pálida; sus ojos no volverían a abrirse. Estaba vestida con un delicado camisón que le quedaba perfecto.
Subaru se dio cuenta de repente de que no había visto a Rem sin el uniforme de sirvienta ni una sola vez.
—¿Por qué…? ¿Rem…?
Mientras Subaru murmuraba, echándose el cabello corto hacia atrás con la mano, cayó de rodillas.
Le dolía la cabeza. A su cerebro se le ocurrió la maravillosa idea de que lo que veía era fruto de su imaginación privada de sueño.
Esta era su cuarta vuelta a la mansión. Para Subaru, que ya había muerto y regresado tres veces, Rem era la persona de la que más recelaba.
—¿Entonces… por qué mataron a Rem…?
Seguramente fue Rem quien mató a Subaru, y no al revés.
De repente, un diablillo en el hombro de Subaru susurró: ¿quizá no estaba realmente muerta?
¿Quizás todo era un truco, un truco para hacer que Subaru bajara la guardia? Una broma de muy mal gusto era incomparablemente mejor a que la pesadilla que tenía delante fuera real.
Se acercó a Rem para tomarle el pulso, pero…
—¡No la toques!
Cuando alargó la mano para tocar a Rem, la apartó de un manotazo.
Cuando Subaru gritó y levantó la vista, Ram le estaba mirando con rabia. La rabia de su rostro, lleno de lágrimas, ahogó fácilmente cualquier réplica que Subaru hubiera podido pronunciar.
—¡No… toques a mi hermanita!
Se negó a que nadie se interpusiera entre ellas.
Con voz llorosa, Ram se repetía mientras se aferraba al cuerpo de Rem, con las lágrimas cayendo silenciosamente por su rostro.
No había señales de que la devota y dolorida hermana mayor esperara que su hermana pequeña despertara alguna vez.
Eso dejó clara la verdad.
… Rem en verdad estaba muerta.
Cuando Subaru salió tambaleándose de la habitación, Roswaal se quedó en la puerta y expresó sus deducciones.
—Aparentemente, fue muerte por debilitamiento~. Su vigor fue robado mientras dormía, sus latidos se ralentizaron suavemente y el fuego de su vida se apagó~, probablemente obra de una maldición más que de la magia per se~.
Los ojos de Subaru se abrieron de golpe al oír la palabra maldición, la palabra que el bufón creía que era la causa de la muerte.
Muerte por debilitamiento a través de una maldición: esa fue la causa directa de las muertes de Subaru durante el primer y el segundo bucle. En otras palabras, Rem había muerto por la misma maldición que antes había matado a Subaru.
—Pero yo pensaba que la maldición venía de Rem…
En el segundo bucle, Subaru murió debilitado por la maldición, además de tener la cabeza aplastada por una bola de hierro.
Subaru había deducido de las circunstancias de aquella noche que la maldición y la bola de hierro estaban relacionadas. Pero la muerte de la propia Rem a causa de una maldición había hecho trizas su hipótesis.
—¿Entonces el chamán y Rem eran entidades distintas…?
La mente de Subaru era un caos cuando surgió la idea de un sospechoso distinto.
Rem había matado a Subaru por lealtad a Roswaal. Al menos, esa era la única respuesta si las palabras de Rem durante el tercer bucle eran ciertas.
Se preguntó si Rem, que lo había matado por su propia mano, y el chamán estaban conectados de algún modo. Pero si ese era el caso, que Rem muriera esta vez no tenía ningún sentido desde el punto de vista del chamán.
¿Así que quizás Rem y el chamán no estaban conectados para empezar…?
La primera vez, la magia de un chamán había matado a Subaru; la segunda vez, la magia del chamán había debilitado a Subaru cuando Rem lo asesinó por alguna razón. La tercera vez, Rem lo había eliminado sin conexión alguna con el chamán.
—La cuarta vez… no hice nada, así que Rem terminó siendo el objetivo…
Era una suposición infundada, pero basándose en las pruebas circunstanciales, era la única conclusión razonable.
Si Subaru había sido el objetivo por motivos relacionados con la sucesión real, podía entenderlo como un ataque preventivo indiscriminado contra el bando de Emilia. La víctima, fuera Subaru o Rem, era aleatoria.
—¿Pareces estar en una profunda y seria reflexión~?
Los ojos azules y amarillos desparejados miraron hacia abajo, reflejando a Subaru en ellos. Los ojos de Subaru se alzaron al sentir que la mirada escrutadora de Roswaal estaba viendo dentro de su alma.
—Me duele preguntar algo así~… ¿pero tienes alguna idea de lo que pasó, buen invitado~?
—¿Por qué crees que… yo…?
—Oh~, perdona mi rudeza. Simplemente estoy algo~… disgustado en este momento, ya que una de mis lindas criadas sufrió tal destino, ¿ves~?
Roswaal cambió bruscamente su mirada de Subaru a la dolorosa visión del interior de la habitación.
Al verle la cara, Subaru se dio cuenta de lo precaria que era su situación.
Subaru no tenía forma de demostrar su inocencia. Esta vez, Subaru no había hecho nada para ganarse la más mínima confianza de los demás.
Emilia tiró de su manga, hablando con voz ansiosa.
—… Subaru.
Cuando miró, el brillo de sus ojos violetas parecía suplicarle: «Si sabes algo, por favor, dilo».
Toda ella, y en especial sus ojos, se lo comunicaban.
La implicación de responder a la sincera petición de Emilia golpeó con fuerza a Subaru.
Le habría encantado contarle a todo el mundo lo que sabía. Quería gritarlo a pleno pulmón.
Cuando Subaru no respondió, los pequeños dedos de Emilia temblaron un poco al sujetar su manga.
Había pensado que repetir el pasado le llevaría a un futuro mejor, pero aquí estaba, cada resquicio de esperanza tenía una nube oscura, con resultados peores de lo que nunca imaginó posible.
—Subaru…
La confusión le arañaba la cabeza. Había pensado que todo quedaría olvidado y que algún día las cosas irían mejor.
No, pensó que ya se habían vuelto mejores.
… Y en el momento en que lo pensó, ocurrió esto.
—…
En el momento en que imaginó la nube negra y el mundo deteniéndose, un dolor incesante le atenazó la cabeza.
Se le cortó la respiración. La sensación de Emilia tocando su manga hizo que el estómago de Subaru se retorciera de dolor.
Si Emilia mantenía su mirada suplicante clavada en él, el corazón de Subaru vacilaría. Incluso si no lo hacía, Puck, capaz de leer las emociones, podría exponer fácilmente el hecho de que Subaru estaba ocultando algo. Pero aun así, Subaru no podía explicar nada sobre el Regreso de la Muerte.
Y eso significaba que la tortura continuaría, dolor sin fin, una y otra vez.
Sintió que su lengua se secaba rápidamente. Incapaz de resistir el impulso de huir, dio un pequeño paso atrás.
—… Si sabes algo, nunca escaparás de mí.
Para la chica que lloraba a lágrima viva dentro de la habitación, la pequeña acción de Subaru no parecía más que un intento de huir por su propia conveniencia.
Al instante, una furiosa ráfaga de viento hizo temblar violentamente la puerta, y su paso despeinó a Subaru. En el momento en que la repentina ráfaga le hizo cerrar los ojos, un dolor agudo anunció un corte vertical en su mejilla.
—¡Ay…!
Inmediatamente se tocó la mejilla, humedeciendo su palma con sangre. El viento. El viento le había herido.
Desde dentro de la habitación, Ram lanzaba a Subaru una mirada llena de odio mientras dirigía la palma de la mano hacia él.
—¡Si sabes algo, dilo!
—¡Espera, Ram! ¡Verás…!
No puedo decir nada, iba a decir Subaru, pero al instante las palabras murieron en sus labios, pues sabía lo que le iba a ocurrir.
Pero no encontraba ninguna forma de evitarlo.
Con Subaru mordiéndose la lengua, Ram le lanzó otra ráfaga de viento como advertencia de lo que vendría después.
Si hubiera podido evaluar el asunto con calma, lo habría llamado Hoja de Viento.
Magia de viento, magia que infligía cortes como los monstruos torbellino de la tradición. El afilado tajo tenía suficiente potencia como para dejar un corte en el suelo entre Subaru y Rem, partir la puerta por la mitad y detenerse justo en la mejilla de Subaru; tal era el poder con el que le amenazaba.
Si eso le golpeaba de lleno, ante el fenómeno que tenía ante sus ojos, Subaru se olvidaba de respirar. Pero Beatrice extendió su palma color crema frente a Subaru y contrarrestó la Hoja del Viento.
—… Betty es alguien que cumple sus promesas.
Dio una pequeña sacudida a la palma levantada, como si aquello no fuera gran cosa, mientras volvía a mirar a Ram.
—Betty hizo la promesa de proteger a ese hombre de cualquier daño mientras permanezca en la mansión.
—¡Beatrice-sama…!
Mientras que el porte de Beatrice era elegante, Ram se mordía la lengua con indignada ira.
Mientras Ram se hacía a un lado, Beatrice miró a Roswaal, que seguía de pie junto a ellos.
—Roswaal. Vuestra criada está siendo bastante grosera con vuestro invitado.
—Ciertamente~. Me parece muy desafortunado. Si es posible, me gustaría volver a darle la bienvenida como mi invitado~, tan pronto como exhale lo que lleva dentro, para sentirse más ligero~.
—¿Cómo ese podría estar involucrado en este asunto? Estuvo toda la noche en la biblioteca de libros prohibidos.
—Este es un asunto demasiado grave para simplemente dejarlo~. ¿Segura que lo entiendes~?
Al fracasar las negociaciones, Roswaal se encogió de hombros y levantó las palmas de las manos al aire. Subaru vio los múltiples orbes de distintos colores que flotaban de sus palmas.
Eran rojos y azules, amarillos y verdes, e incluso Subaru, que no conocía la magia, comprendió que esos cuatro colores representaban el poder mágico. Sus hermosos resplandores contenían una energía inimaginable.
—Es propio de vos dedicaros a trucos mezquinos. Sólo porque tenéis un poco de talento, un poco más de poder que otros, un pedigrí un poco más fino que otros, necesitáis alardear en la cara de los demás… Sois todo un niño, Betty te lo hace saber.
—Qué mala suerte la tuya~. ¿Es tan grande la diferencia entre nosotros, que caminamos normalmente, y ustedes, que pasan el tiempo en una habitación donde el tiempo se ha detenido~? Quizá deberíamos ponerlo a prueba~.
Podía sentir la tensión mágica entre ellos haciendo que el aire mismo se retorciera. Subaru se estaba convirtiendo en un tercero en discordia a medida que aumentaba la hostilidad.
—Sin embargo~, pensar que te tomarías tantas molestias… ¿de verdad le tienes tanto cariño~?
—Vuestras bromas son de tan mal gusto como vuestro maquillaje, Roswaal. Puckie es el compañero ideal de Betty. Ese humano no puede igualar un pelaje tan encantador.
Beatrice parecía indefensa ante las cuatro bolas flotantes de Roswaal.
No obstante, la chica «simplemente de pie» proyectó algo a su alrededor tan poderoso que hizo que el propio aire se doblara. Algo invisible pero aterrador la rodeaba.
Cuando la situación se volvía explosiva, con ambos portadores de un poder sobrenatural mirándose el uno al otro, la voz chillona de Ram se interpuso entre ellos.
—¿A quién le importa eso? ¡¿A quién?!
Todos la miraron mientras se acercaba furiosa, sujetándose con las manos el dobladillo de la falda.
—Déjenme pasar y no interfieran. Si sabes algo, dilo, todo. Ayúdame… ¡ayúdame a vengarla!
Era una súplica triste y dolorosa. Las palabras se apoderaron del corazón de Subaru. Realmente quería decirle lo que ella quería saber.
Pero Subaru no tenía palabras que ofrecerle.
Ram lanzó a Subaru una mirada abatida y desesperada. Emilia se situó junto a Beatrice, como si ambas protegieran a Subaru de su mirada hostil.
—Lo siento, Ram. Todavía creo en Subaru.
Emilia acercó la palma de la mano a Ram para contenerla mientras miraba a Subaru por el rabillo del ojo. Sus ojos vacilaron, tratando de encontrar las palabras, antes de caer por un momento.
—Subaru, por favor. Si hay algo que puedas hacer por Ram y Rem… por favor.
Su compasión hizo que Subaru se sintiera más avergonzado.
Emilia se había puesto del lado de Subaru, incluso en circunstancias tan extremas, a pesar de que Subaru le había dicho cosas tan horribles al principio de la semana, a pesar de que seguía mordiéndose la lengua en silencio…
—¡Lo siento…!
Como si aplastara las preocupaciones de Emilia bajo su talón, Subaru no dio un paso hacia delante, sino hacia atrás.
En ese instante, los ojos de Emilia enmudecieron mientras sus emociones se desbocaban. Hablaban de conmoción, tristeza y, sobre todo, de la insoportable decepción de que su confianza estuviera a punto de ser traicionada.
Lo que Subaru realmente vio en los ojos de Emilia fue su propia desesperación. Sabía que sus acciones habían abierto la puerta a una pesadilla y que nunca podría volver atrás.
Fue entonces cuando Subaru, incapaz ya de encontrarse con los ojos de Emilia, le dio la espalda.
Al instante, Emilia extendió la mano hacia su espalda. Pero esto fue para bloquear la Hoja de Viento antes de que llegara a Subaru.
El viento chocaba contra puro poder mágico; el prana rebotaba contra el prana mientras Subaru corría.
—¡Subaru…!
Sacudiéndose la voz que intentaba detenerle, Subaru corrió aturdido por el pasillo. Sentía que el enfrentamiento mágico a sus espaldas aumentaba en intensidad, pero Subaru carecía del valor necesario para mirar atrás.
Era débil. Era frágil, incapaz de hacer nada.
Por eso había huido de Emilia, que había confiado en él después de todo aquello, y de Beatrice, que había intentado salvarle la vida, despreciando su buena voluntad y sus buenas intenciones.
Ya no sabía qué hacer. Lo que sí sabía era que Ram gritaba detrás de él como si escupiera sangre…
—¡TE MATARÉ!
Habiendo perdido a su otra mitad, la muchacha le persiguió con un grito que amenazaba con desgarrarla.
Cubriéndose los oídos, sacudiendo la cabeza, emitiendo sonidos sin palabras, Subaru corrió. Corrió.
Y siguió corriendo.
8
Con su atención dedicada únicamente a correr, no sabía cuánto tiempo había pasado. Sin aliento, con las rodillas implorando clemencia y el sudor goteándole por la barbilla, siguió corriendo. Si no seguía corriendo, las emociones incoherentes que le seguían podrían alcanzarle.
Y cuando lo alcanzaran, esta vez todo estaría acabado.
El triste y doloroso grito de Ram, y la malicia y el odio que contenía, aún resonaban en sus oídos.
No podía volver atrás.
Ahora que había huido, Ram y Roswaal no le perdonarían; seguramente Emilia y Puck ya no podrían confiar en él por mantener la boca cerrada. Además, había abandonado a Beatrice a pesar de haber hecho un pacto con ella. Ya no sería su aliada.
—¡No puedo evitarlo…! Quiero… ¡pero no puedo!
No sabía cómo había llegado a esto. No sabía qué había hecho mal.
Subaru no sabía qué podría hacer para que el mundo le perdonara.
—¡Aunque todo fue… tan divertido…!
De repente apareció en otro mundo, no tuvo más remedio que vivir en él. Para Subaru, rodeado de un vasto desierto de ansiedad, la mansión que le había acogido había sido su oasis.
Aquellos amados días, aquel amado tiempo, que no llegaba ni a una semana, parecían tan lejos de Subaru en aquel momento.
Se había rehecho, había revivido, y el mundo le había hundido los colmillos.
… No puedo seguir con esto.
De repente, ese fue el murmullo que surgió en el fondo de su mente.
… Ya no tenía sentido seguir intentándolo.
Hechizado por su propia voz que le suplicaba que cediera, detuvo su paso.
Si hacía lo que decían las palabras, realmente sería más fácil, pensó. Subaru, después de todo, era el tipo de persona que buscaba la solución más fácil a cualquier situación.
No fue sólo Subaru. Es lo que hacía la gente en general. Cuando se enfrentan a dos opciones desagradables, buscan una tercera vía.
¿Quién podría culparle por sentir que había una tercera opción enviada por el Cielo?
De repente la sangre se le fue de la cabeza, haciendo que su corazón, que latía con tanta fuerza, se sintiera distante.
Sus miembros se volvieron pesados; se encontró arrastrando los pies como si le rechazaran.
—…
Fue justo cuando se detuvo que se dio cuenta de los árboles a su alrededor. Estaba en el bosque. Tras salir corriendo de la mansión, al parecer se había desviado del camino hacia el pueblo, perdiéndose en un sendero de montaña.
La penumbra del cielo bloqueado y las zarzas a su alrededor hicieron pensar a Subaru que se parecía al lugar donde había muerto la tercera vez.
En el instante en que recordó su propia muerte, la tercera opción le golpeó en la cara.
—Si muero…
… ¿La salvaría?
—Sí, así es. Si muero, esto cambiará.
Cuando lo dijo con sus propios labios, éstos formaron una sonrisa como si no pudiera haber idea más fina.
Había muerto tres veces. Había llegado al cuarto bucle, donde fracasaba en todo.
Esta vez sólo había valorado su vida. Esta vez, su vida era lo único que le quedaba.
¿Qué sentido tenía seguir luchando y sufriendo si éste era el resultado?
—Si vas a hacerlo, hazlo ya. Ya no importa lo que me pase…
Mordiéndose el labio, aireó su amargo odio por la situación en la que se había visto envuelto.
El cielo azul se desplegó ante los ojos de Subaru, reflejando su odio. Y…
—… Un acantilado.
Seguramente esto fue hecho a la medida por Dios mismo.
La respuesta a esa plegaria seguramente significaba que había un Cielo por el que debía estar agradecido.
… Para que el tonto y patético Natsuki Subaru pudiera encontrar la paz.
El acantilado parecía invitarle a dirigirse hacia él, tambaleándose y arrastrando los pies.
El viento era fuerte. Usando la manga de su chaqueta para protegerse del fuerte viento en contra, Subaru se situó en el borde del acantilado, contemplando el cielo azul más allá. Debajo de él había un precipicio con una cara bordeada de rocas afiladas, una caída de decenas de metros sobre un lugar rocoso más abajo. Si caía desde esa altura, sólo le esperaría la muerte.
Subaru jadeaba pesadamente mientras miraba las rocas de abajo, capaz de imaginarse agudamente su propia muerte.
Volvió a oír el fuerte latido del corazón que había olvidado. Sus pulmones soltaron el aire que habían estado reteniendo. Todo su cuerpo estaba empapado de sudor, haciendo que Subaru sintiera frío mientras cerraba los ojos.
… Si mantenía los ojos cerrados y daba un paso adelante, todo habría terminado.
Subaru se preguntó qué pasaría si volvía a morir.
¿Volvería al primer día en la mansión y empezaría de nuevo el bucle? Pensó que no le importaría.
Si realmente volvía al primer día, Emilia estaría allí, y también Ram, Rem, todos. Subaru trabajaría como sirviente, vería las caras de todos y moriría plácidamente mientras dormía al cuarto día.
Si continuaba así una y otra vez, al menos Subaru se sumergiría en un poco de paz cotidiana.
Parecía un buen plan. Si no podía esperar una salvación mayor, la muerte no era tan mala, pensó.
—…
Y, sin embargo, el cuerpo de Subaru, de pie en lo alto del acantilado, no se movió hacia adelante. Sólo sus rodillas se movían, temblaban.
Se agachó para impedir que le temblaran las rodillas, que se desplomaron en el momento en que dobló las caderas. Cayendo de rodillas, fue como si se postrara ante el cielo. Subaru se mordió el labio al ver lo patético que era.
—Sólo un paso… Ni siquiera puedo hacer… algo tan simple…
… Quizás simplemente le faltó valor.
Incluso bajo persecución, perdió ante sus miedos, demasiado indeciso para ponerse en acción.
Su resolución y determinación eran tan frágiles que resultaba gracioso; Subaru sólo podía permanecer de rodillas y llorar.
No sabía por qué debía vivir, pero tenía demasiado miedo a la muerte como para morir.
Subaru gimió, arañando el suelo por lo verdaderamente patético y antiestético que era.
Siguió llorando y lamentándose de su propia miseria hasta que su resistencia finalmente se agotó.
9
Subaru pensó que la escena que vio mientras estaba inconsciente era una pesadilla.
Estaba en una habitación bien iluminada, en una mesa de comedor con Emilia. Roswaal estaba en el asiento de honor, con Beatrice allí sirviendo té negro a Puck, con la cabeza hundida en un plato justo a su lado.
Emilia reprendió a Puck por bromear en la mesa del comedor, y Rem entró y salió, cumpliendo con sus obligaciones, mientras Ram atendía a Roswaal, ignorando todo lo demás.
Subaru se echó a reír. Los demás rieron con él.
… Y así, vio una pesadilla llena de felicidad y calidez.
Fue un sueño amargo, un sueño que trajo tristeza y una sensación de pérdida desgarradora.
Con el alma destrozada por el dolor, la agonía de Subaru le hizo olvidarse de respirar.
—…
De repente, su rostro se alivió.
Se dio cuenta de que alguien le tomaba de la mano.
El calor transmitido a su palma pareció apartar sus emociones negativas.
Entonces, vio una luz.
Una luz blanca. Una luz deslumbrante. Una luz que parecía guiar su conciencia de vuelta a…
10
—… ¿Por fin os habéis despertado?
Cuando Subaru abrió los ojos, tenía delante el cielo anaranjado del sol poniente.
También se dio cuenta de que se había desmayado en el suelo boca arriba. Así mismo recordó lo que había estado pensando justo antes, como si hubiera consumido su conciencia.
… En concreto, que se había acobardado ante el suicidio, había llorado sin pudor y se había dormido de agotamiento.
Era demasiado vergonzoso para ser gracioso o lamentable. Se había comportado como un bebé. No, Subaru era muy inferior a un bebé, pues no tenían capacidad de pecar.
—¿Podríais decir algo?
—… Algo.
—Qué broma vieja y podrida. Sois muy especial, bromeando con esa cara triste.
Beatrice escupió una amarga respuesta mientras apartaba la mano de Subaru que estaba tocando.
Beatrice llevaba el mismo vestido de siempre, algo que parecía extremadamente fuera de lugar en lo alto del acantilado. Era como un cuadro de paisaje en el que destacaba una chica solitaria.
—… Ninguna persona en su sano juicio sale de excursión vestida así.
—Para empezar, Betty no tenía intención de ir de excursión a alguna montaña rústica. ¿Quizás no deberíais haber huido a un lugar como este y llorar hasta dormiros?
Beatrice estaba agitando la manga de su vestido, haciendo su molesta declaración, cuando Subaru se dio cuenta de lo que Beatrice estaba haciendo fuera de la mansión, hasta el punto de aparecer hasta aquí.
—¿Por qué…?
—¿Qué se supone preguntas a Betty?
—¿Por qué viniste…?
… Aunque Beatrice había cumplido su pacto de proteger a Subaru, él no podía decirle nada.
Al ver que las palabras de Subaru la atrapaban, Beatrice puso cara de exasperación y resopló.
—Betty hizo un pacto para manteneros a salvo. Que os arrojarais por un acantilado para suicidaros sería una afrenta a mi dignidad.
—¿No se suponía que eras mi guardaespaldas sólo hasta… esta mañana?
—… Betty no recuerda haber dicho nada sobre un límite de tiempo. Betty supone que asumisteis incorrectamente que había uno.
Subaru buscaba a tientas entre sus recuerdos mientras Beatrice, mirándole por un ojo, desviaba la mirada. Beatrice estaba usando esa contradicción entre su «suposición» sobre los detalles para continuar su pacto con Subaru.
De repente, a Subaru se le ocurrió cómo una chica con lengua de víbora y personalidad de caballo malhumorado como Beatrice podía mostrar una compasión tan profunda.
Beatrice no le había abandonado. Si eso era cierto, quizá no tuviera que rendirse.
—No es momento para vanas esperanzas.
—¡…!
Beatrice negó con la cabeza, echando agua fría sobre la salida fácil de Subaru.
—No podéis recuperar lo que habéis perdido. Poco más puede hacer Betty por vos. Ya no podéis explicarle las cosas a la hermana mayor. Desperdiciasteis esa oportunidad.
—¡Se…!
Se lo habría dicho si hubiera podido, quiso gritar.
Subaru lo habría confesado todo y habría pedido perdón si su corazón no se hubiera roto en el proceso.
No porque ayudara a Ram, sabía que no lo haría. Simplemente por su propia tranquilidad.
—En un momento como este. ¿Soy idiota…? Sí, soy idiota.
Subaru había llegado hasta aquí poniendo mala cara, disculpándose, suplicando, protegiéndose una y otra vez. Y ahora, había sido conducido a la cima de un acantilado, física y mentalmente, sin ningún lugar a donde huir.
Correr, correr, correr y correr un poco más era exactamente como Subaru había llegado a este punto.
—Si sabes que no puedo volver… ¿qué piensas hacer por mí?
—Como mínimo, Betty hará que muráis donde no pueda veros, para no perturbar sus sueños. Si deseáis huir, Betty os llevará más allá de este dominio.
La amabilidad de Beatrice, envuelta en severidad, caló hondo en su corazón.
La expresión de Beatrice era fría, su mirada ácida, como si contemplara una molestia. Aun así, la amabilidad de la intención tras sus palabras golpeó a Subaru como ninguna otra.
Sin duda Beatrice decía la verdad. Si él deseaba huir, ella estaría de acuerdo y le ayudaría. No sabía lo que le esperaba después de huir. Pero no podía ser peor que esto.
Habiendo destrozado su oasis por su propia insensatez, ¿qué había de malo en tirarlo todo y huir?
—…
La sangre goteaba un poco del doloroso corte que le había dejado en la mejilla la Hoja de Viento.
Al tocar la herida, Subaru se dio cuenta demasiado tarde de que antes ya había sentido algo parecido. El alma misma de Subaru recordaba su agudeza.
Cuando huía de Rem en las montañas, una Hoja de Viento había cortado la pierna derecha de Subaru a la altura de la rodilla. Al tocar la herida, el instinto de Subaru le dijo que se trataba de la misma magia.
—¿La magia que al final me arrancó el cuello fue la misma…? Así que fui… doblemente engañado…
Su tardía comprensión de cómo murió ahondó la silenciosa desesperación de su corazón.
Incluso ahora, aún podía oír el rugido lleno de odio de Ram, sus lamentos desgarradores al perder a Rem.
Ese fue el momento. Ese fue el punto de no retorno.
Subaru nunca debería haber huido de la mansión. Aunque no tuviera la determinación de soportar el dolor, debería haberse enfrentado a Ram y haber hablado con ella.
Había perdido su oportunidad, y ahora sus corazones estaban separados para siempre.
Habiéndolo dejado escapar de sus manos una vez, Subaru nunca podría recuperarlo.
… Al menos, en ese mundo.
Con voz grave y sombría, Beatrice interrumpió su silenciosa contemplación.
—La hermana mayor aguantó por la menor. La hermana menor vivía por la mayor. Ninguna podía existir sin la otra. —Beatrice se pasó los dedos por su propio cabello adornado, sin volver la vista hacia Subaru mientras seguía hablando—. Ahora que una mitad se ha perdido, el todo nunca podrá volver. Tampoco es probable que Roswaal lo perdone.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué sabes…?
Sentía que ella estaba evitando algo. Algo realmente importante.
Subaru instó a Beatrice a compartir sus verdaderos pensamientos. Pero ella movió los dedos de su cabello a la manga de Subaru, tirando suave y repetidamente de él hacia el suelo mientras extendía el pie.
Subaru estaba conmocionado por cómo parecía fluir hacia el suelo. Beatrice se echó el cabello hacia atrás.
—¿Os importa de verdad? Estos últimos cuatro días, habéis pasado la mayor parte del tiempo encerrado en vuestra habitación y habéis tenido poco contacto con los habitantes de la mansión. ¿Creéis que la hermana mayor os dejaría hablarle sobre estos asuntos? Creo que no. No tiene nada que ver con vos.
—¡Ese no es el caso…!
Es imposible que no tenga nada que ver con ello, habría dicho, pero las palabras de Subaru murieron en su lengua.
Sus repetidos bucles le habían dado más de dos semanas de tiempo con todos. Subaru podría haber respondido que había forjado recuerdos con ellos durante el tiempo del que esta Beatrice no sabía nada, pero no lo hizo, porque de repente se dio cuenta de algo.
Subaru se percató de que era posible que no supiera nada de Ram y Rem, ni sus verdaderos rostros, ni sus sentimientos, ni el vínculo que les unía, tal y como Beatrice había afirmado.
Subaru se preguntó qué había aprendido realmente sobre ellas durante esas tres primeras vidas.
¿Qué sentido tenía que Subaru sintiera tal pérdida y desesperación cuando realmente no sabía nada de ellas? ¿En verdad todo fue un mal sueño?
¿En qué podía basarse Subaru para refutar a Beatrice, que miraba severamente a Subaru en ese preciso momento? ¿O es que Subaru no sabía nada, ni una sola cosa, sobre ellas dos?
Aunque había pensado en ellas como personas preciadas que quería proteger…
—¿Así que al final, me puse a trabajar mostrando lo patético que soy, sin saber, sin entender nada…?
… No tiene nada que ver contigo.
Subaru no sabía nada. Había perdido todas sus oportunidades. No le quedaba más que la piel de su espalda.
Dentro de la oscuridad que cubría sus ojos, los recuerdos de los días que había pasado en la mansión se deshicieron, uno a uno, en polvo. El corazón de Subaru también se hizo añicos.
Tumbado boca arriba, Subaru se llevó las palmas a la cara y se lamentó de su propia impotencia.
¿Desde el principio todo fue una utopía fuera de su alcance? ¿Era todo lo que Subaru había visto simplemente un sueño, el tiempo que pasó allí una mera ilusión?
Subaru parecía a punto de echarse a llorar cuando Beatrice le llamó.
—… ¿Cuánto tiempo vais a quedaros? Poneos de pie antes de que os encuentre.
Impaciente porque Subaru seguía sin moverse, le agarró bruscamente las palmas de las manos que le cubrían la cara y se las levantó de un tirón.
Cuando su campo de visión se abrió, la liviana chica utilizó todo su peso para poner en pie a Subaru.
—…
La sensación transmitida por las palmas de sus manos le arrebató los pensamientos.
Ignorando la intención de Beatrice de espabilar a Subaru con tanta insistencia, él palpó sus palmas, sopesando cómo se sentían.
—H-Hey. ¿Por qué estáis tan interesado en las palmas de Betty?
—He sentido estas manos antes, justo así… ¿Ya habías sostenido mis manos de esta forma?
—… Betty lo lamentará por el resto de sus días. ¿Quizás simplemente erais demasiado desgraciado mientras dormíais?
Bruscamente, Beatrice apartó la mirada, dedicándole sólo su mejilla. Subaru flexionó las manos varias veces, reflexionando sobre la cálida y apacible sensación que le habían producido mientras dormía.
… Mientras Subaru tenía su pesadilla. Un sueño con una agonizante sensación de desesperación y pérdida, una y otra vez.
No había sido la única vez que había sentido calor cuando le dolía algo. Había sucedido antes…
—Por aquel entonces… alguien me sujetó ambas manos…
Beatrice enarcó una ceja con suspicacia. Subaru llevó ante sí no solo su mano derecha, sino también la izquierda.
Era difícil para una sola persona sujetar las dos manos de alguien que estaba dormido. Dudaba que una sola persona pudiera tumbarse en una cama junto a otra y sujetarle ambas manos sin dificultad.
—…
Entonces, ¿por qué sintió como si le hubieran sujetado las dos manos? La razón era sencilla.
—Ram. Rem.
Ambos habían sujetado las manos de Subaru mientras dormía.
Había sido aquí, en el cuarto bucle, antes de que ocurriera nada en la Mansión Roswaal. Viendo a Subaru sufrir mientras dormía, ambas se habían apiadado de él y le habían dado una pequeña muestra de compasión.
—…
Te mataré, había gritado la voz llena de odio, su rabia golpeándole como una maldición.
Las crueles palabras habían marcado su corazón. Pero más que eso…
—… ¿No puedes hacer que deje de llorar?
Fue el triste grito de desesperación de Ram por haberle arrancado su otra mitad lo que nunca abandonó sus oídos.
Algún rincón del corazón de Subaru, que ya debería estar destrozado, gritó.
… Por naturaleza, Subaru era de los que elegían el camino de menor resistencia.
No quería sentir dolor, sufrimiento, desesperación. La sola idea de vivir con semejantes cargas le daba ganas de huir.
—¿Qué… estupideces estoy pensando…?
Porque pensó que ya no quería correr. Quería hacer algo.
—Viví y experimenté este tiempo…
Su descarada súplica a Beatrice le había permitido llegar al quinto día con facilidad. Fue el pensamiento de lo que le había recibido ese mismo día lo que decidió a Subaru.
—Así es. Mi vida es mía. Por eso…
¿Qué había de malo en luchar por una vida más fácil y agradable?
—… Yo decidiré cómo usarla.
En el momento en que Subaru lo dijo, cruzó una línea interior. No había vuelta atrás.
Beatrice frunció las cejas ante las palabras de Subaru. Sin embargo, antes de que él pudiera preguntarle por qué hacía eso, sus ojos miraron hacia el bosque, llenos de cautela.
—… Dudasteis demasiado.
Las palabras de Beatrice, teñidas de arrepentimiento, llegaron mientras el susurro del viento entre los árboles del bosque se hacía más intenso. Mezclado con el sonido del vaivén de las hojas, también llegó a oídos de Subaru el sonido de pasos.
Se dio la vuelta. Una chica de cabello rosa estaba delante de él.
11
Ram, con el bosque a sus espaldas, miró fijamente a Subaru.
—Por fin te encontré, no irás más lejos.
El dolor se apoderó del corazón de Subaru al ver la mirada de odio de Ram.
Ram no tenía su aspecto meticuloso habitual. Las ramas habían rasgado y perforado su falda; no había rastro del tocado que normalmente llevaba en la cabeza. Su cabello rosa, amortiguado por el viento, había perdido su belleza habitual.
… Las hermanas se vestían y se peinaban mutuamente.
Subaru lo sabía. Recordaba que se lo habían dicho en algún momento.
Conocía varios secretos más entre las dos hermanas.
—¿Cederíais? Mientras el pacto esté activo, Betty no puede retroceder ante nadie.
—Beatrice-sama, es usted quien debe apartarse. Ahora mismo no puedo contenerme.
—Debéis de estar bromeando. ¿Os oí decir que pensabais conteneros contra Betty?
—¿Quizás ha olvidado que no está en la mansión, Beatrice-sama? ¿Realmente cree que puede proteger a ese hombre lejos de la biblioteca, aquí en el bosque?
Subaru guardó silencio mientras las dos chicas seguían enfrentándose ante él.
Las palabras de arrepentimiento de Beatrice demostraron que las palabras de Ram no eran un alarde vacío. La fuerza de Beatrice venía acompañada de limitaciones, y esta situación las superaba.
Aun así, Beatrice se negó obstinadamente a moverse, manteniendo su pacto frente a Subaru.
Desde atrás, Subaru se acercó a Beatrice. Entonces…
—Boing…
Agarró los dos rollos de cabello adornados de la chica y tiró de ellos, con fuerza.
Los soltó. La gran cantidad de cabello rebotó generosamente. Boing-boing…
—Mm, eso se sintió muy bien.
—Q-Q-Q-Qu…
Con los ojos muy abiertos y la lengua temblorosa, Beatrice se dio la vuelta, muy nerviosa.
Subaru inclinó ligeramente la cabeza mientras la miraba.
—¿Mm?
—¡¿Qué se supone que estáis haciendo?! ¡¿Tantas ganas tenéis de morir?!
—No seas tonta. No quiero morir ni un poquito. Cuando mueres, debería ser una vez, para acabar con tu vida para siempre. En verdad lo creo.
Mientras hablaba, le dio una palmada en el hombro a Beatrice y pasó tranquilamente junto a ella.
Al frente, Ram miraba atónita el rostro de Subaru. Cuando Subaru caminó ante ella, aumentó la guardia, exhalando con los labios fruncidos.
—Cuanto descaro. ¿Finalmente te resignaste a tu destino?
—No exactamente. Más bien… decidí hacer algo.
Al no entender la intención de Subaru, Ram frunció el ceño.
—… ¿Qué?
—Lo siento. Porque fui descuidado, les traje mucha tristeza, chicas.
—¡…! ¡¿Así que le hiciste algo a Rem…?!
—No, lo siento, pero sinceramente no lo sé. Hay tantas cosas que no sé. Pero… —Las palabras de Subaru se interrumpieron mientras se tomaba un momento para respirar—. Hay tanto que no sé, pero creo que ahora sé una cosa.
—… ¿Qué estás diciendo? —gritó Ram, incapaz de aceptar la determinación de Subaru como algo más que un juego de niños.
Ram bajó un pie, pateando la tierra como si zapateara.
—¡Rem ya está muerta! ¡No hay vuelta atrás! ¡¿De qué sirve que sepas algo ahora?!
—No voy a decir que no puedo hacer algo. Ya que porque decidí no hacer nada es que las cosas terminaron así. Soy el primero que sabe que eso no va a convencer a nadie.
No estaba siendo desafiante. Incluso ahora, el arrepentimiento atravesaba profundamente su corazón.
Se odiaba a sí mismo por su propia estupidez y debilidad. Si se pudiera morir de vergüenza, él ya estaría muerto.
Aun así, su vergonzoso comportamiento, su penosa forma de vivir, su patética impotencia, todo ello le había llevado a este lugar.
Y, así, a su conclusión.
—¡¿Y qué es lo que sabes de Rem y de mí?!
—… Tienes razón. No sé nada de lo importante entre ustedes. Pero…
Subaru había pasado casi veinte días con ellas. Ellas no lo sabían, y él era incapaz de decírselo.
Pero Subaru se acordó.
Aunque ellas lo hubieran olvidado, el alma de Subaru lo recordaba. Las había visto. Reído con ellas. Pasado tiempo con ellas.
Los mundos que Subaru había recorrido con Ram y Rem, esos mundos realmente habían existido.
Por eso…
—Es imposible que ustedes supieran esto, pero…
—Que…
—¡Las amo! ¡A las dos!
La hermana mayor brusca y preocupada.
La hermana pequeña sarcástica y superficialmente educada.
Subaru pensó con cariño en los días que había pasado con ambas chicas.
Eran recuerdos preciosos para él, aunque le hubieran matado más de una vez.
Lo suficiente como para que, si tuviera la opción de volver a pasar tiempo con ellas, sería una que elegiría.
El grito de Subaru hizo que Ram abriera los ojos de par en par, paralizada por el shock.

Por supuesto que sí.
Desde el punto de vista de Ram, la declaración de Subaru no tenía sentido, era una tontería vacía.
Además, ya las había abandonado en un instante.
El proceso de pensamiento de Ram se congeló sólo un segundo. Al momento siguiente, su cuerpo se descongeló y saltó a la acción.
Pero una apertura momentánea no dejaba de ser una apertura.
—¡…!
El sprint de Subaru fue sólo un instante más rápido que el cambio de Ram al ataque lleno de ira.
De espaldas a Ram, Subaru pasó corriendo junto a Beatrice, con el cuerpo moviéndose como el viento, en dirección al acantilado.
—¡Espera…!
Detrás de él, llegó el agudo lamento de una chica.
La mente de Subaru nunca llegó a captar de qué chica era la voz.
Había querido ser decidido, pero ahora su proceso de pensamiento estaba hecho una ruina, como si alguien lo hubiera destrozado.
Su corazón latía con fuerza, pero su cuerpo crujía por todas partes, como si traicionara a su mente. Sentía los miembros como pesos de plomo.
Corría con todas sus fuerzas, pero el mundo parecía moverse a cámara lenta. Era como si la mente de Subaru estuviera aplazando todo lo posible los resultados de su cambio de opinión.
… Qué estúpido. Estaba en conflicto incluso entonces.
Él sabía por qué. Se había aferrado tenazmente a vivir sin vergüenza hasta ese punto.
Incluso cuando había querido morir, al final se había acobardado y sólo había podido caer de rodillas.
Pero Subaru podría hacerlo ahora.
—Estoy siendo grosero con Beatrice, eh…
Con esas palabras, Subaru expresó su arrepentimiento final y lo dejó todo atrás.
Corrió hacia el acantilado. Unos pasos más. Estaba demasiado asustado para contarlos. Patético. Demencial. Tuvo ganas de reír. Pero no se rio. No podía reír.
Lo único que dejaba atrás era una vida de muerte en vida. Para Subaru, renunciar a un futuro en aquel lugar significaba que ya había muerto por dentro.
Si pudiera vivir como un muerto andante, podría hacer «algo» con esa vida.
Y esa decisión, la de hacer algo en lugar de no hacer nada, sólo podía tomarla Subaru.
—… Soy el único que puede hacerlo.
Sus pies abandonaron el suelo. Arañó el aire. No podía tocar nada. No podía alcanzar nada.
Tan rápido. El viento era fuerte. Le dolían los ojos. Le dolía la cabeza. El zumbido de sus oídos era lejano. Sentía como si hubiera dejado atrás el latido de su corazón. No podía oír el zumbido. El zumbido dentro de su cráneo era como un disco rayado.
Si terminaba con su muerte, eso era todo.
Pero si pudiera volver atrás…
Porque ella había gritado: «Te mataré».
Si pudiera volver…
—… ¡Te salvaré, lo juro!
Al instante de expresar su determinación, su cabeza se estrelló contra el duro suelo.
Oyó el eco de algo que se rompía de forma espectacular, y luego nada.
La voz llena de odio ya no podía perseguirle. Nada podía, ya no…
12
… Todo lo que había era «la nada».
Abstraído, miró alrededor de la nada de su mente.
Quizás miró alrededor no era la frase adecuada.
Los ojos no existían en su mente. Ni las manos, ni los pies, ni ninguna parte de su cuerpo. Todo lo que quedaba era su mente incorpórea y flotante.
Sin saber nada, sin darse cuenta de nada, miró a su alrededor.
Oscuridad. Una habitación sin nada.
Una habitación que era un mundo sin suelo ni techo, cubierta de una oscuridad tan grande que desafiaba al pensamiento.
De repente, en el mundo de la oscuridad eterna, había un sentido.
Una silueta surgió abruptamente en el «frente» de su mente.
Los contornos de la silueta eran esbeltos y tan negros como el resto; la parte superior del cuerpo era más bien una niebla que rechazaba el reconocimiento de su mente.
Con la aparición de la forma humana, la mente obtuvo su primer deseo fuerte.
Sintió una brecha en el frío cuando la sombra se movió suavemente, como si quisiera transmitir algo a su mente.
No entendía nada. No era consciente de nada.
Pero por alguna razón, su mente no podía apartarse de la sombra…
—… No puedo verte. Todavía no.
Con ese débil susurro, el mundo oscuro desapareció abruptamente, y al hacerlo, la sombra, y su mente, se fueron con él.
<FIN>