Después de la fiesta de té de la bruja: Los requisitos para ser una bruja
DESPUÉS DE LA FIESTA DE TÉ DE LA BRUJA: LOS REQUISITOS PARA SER UNA BRUJA
1
Colette metió las manos en el agua helada y sus estrechos hombros se estremecieron.
—Gha, hace frío. Tanto frío…
Se frotó los dedos entumecidos en el agua mientras dejaba escapar bocanadas de aire helado. La suciedad que se le pegaba a los dedos fue cayendo poco a poco al río y empezó a sentirlos de nuevo.
Era esa época del año en la que hacía mucho más frío. Para empezar, en la aldea natal de Colette no hacía tanto calor; sin embargo, aunque estuviera acostumbrada, eso no significaba que fuera inmune al frío de la estación glacial. Para empeorar las cosas, el aire era mucho, mucho más frío este año en comparación con uno cualquiera.
Aunque los adultos probablemente se reirían de ella por ser “insolente” si utilizaba una frase como “en comparación con un año cualquiera” teniendo en cuenta que todavía tenía 12 años.
—Ya está, todo limpio. Aun así, hace tanto frío… Voy a tener que darme prisa y calentarme junto al fuego.
Colette sacó las manos lavadas del agua, agarró el brazalete que había dejado en un tronco cercano y se la puso en la muñeca. Con un estremecimiento de hombros, se dio la vuelta hacia su pequeña cabaña.
Ya se había adelantado y encendido un fuego delante de su cabaña, pues imaginó que algo así ocurriría. Cuando aún no estaba acostumbrada a este tipo de tareas, había acabado aplazando el encendido del fuego hasta más tarde. Por eso no conseguía encenderlo, debido a que tenía los dedos congelados y entumecidos, y quedando incapaz de calentarse.
Por otro lado, Colette se tomó aquellos fracasos como una experiencia de aprendizaje, que le ayudaría a desplegar sus alas y crecer. Probablemente volvería a fracasar la próxima vez que las desplegara, pero también utilizaría esos fracasos como más experiencia.
Sin prisa pero sin pausa, un paso a la vez. Ese era el mantra de Colette.
—No necesito apresurarme ya que es la Temporada de Hielo, aunque será mucho más duro para mí si no lo hago. Así que…
Colette empezó a caminar hacia su cabaña para poder calentarse junto a su fuego, mientras iba marcando con los dedos los pasos que había dado. Entonces...
—…Tú ahí, ¿tienes quizás un momento?
De repente, Colette oyó el eco de una voz. Se detuvo en seco, ya que estaba a punto de volver.
Había oído la voz de una chica que no conocía. La aldea en la que se había criado no era muy grande, así que todos sus habitantes se conocían. Cuando alguien hablaba, sabía de inmediato de quién se trataba.
Como su voz no había coincidido con la de ninguno, Colette se sintió un poco, o más bien, bastante sorprendida. Nerviosa, se dio la vuelta para mirar al río donde acababa de lavarse las manos.
Sin embargo, la sorpresa le llegó en ese momento de una manera mucho mayor que la que tuvo ante la voz desconocida.
—Qu…
—Mis disculpas, pero parece que me vendría bien un poco de ayuda… El agua fría me ha bajado la temperatura corporal y siento que estoy a punto de perder el conocimiento. Puedo morir, entiendes.
La persona estaba siendo arrastrada por el río helado mientras le decía eso a Colette.
Colette apenas pudo evitar soltar un grito y se apresuró a tender la mano a la chica del río.
2
—Tienes mi agradecimiento. Me habría acabado ahogando si me hubieras dejado allí. ¿O quizás me habría congelado antes? En cualquier caso, habría muerto. Algunas personas creen que morir congelado es una forma sencilla de perecer, como quedarse dormido… Pero después de sentir lo que es la hipotermia cuando me empapé en el río, diría que no parece nada sencilla, ¿no te parece?
—U-Uhm…
Colette se sintió abrumada por su acompañante, que no paraba de hablar y no daba señales de detenerse mientras se calentaban junto al fuego. Pero no era que no mostrara respuesta a lo que acababa de ocurrir; la cara de su acompañante estaba terriblemente pálida y los dedos le temblaban de frío. “Tal vez estuviera delirando, acorralada en cuerpo y mente”, pensó Colette. Se compadeció de la temblorosa muchacha, que aún mostraba una sonrisa. Le ofreció suavemente un poco de agua recién hervida, en un intento de aliviar su sufrimiento.
—¿Algo caliente para beber? De verdad, te doy las gracias. Restaurar la temperatura corporal es lo más importante cuando se sufre hipotermia. En ese aspecto, tiene sentido calentar el cuerpo desde dentro. Así que siempre tuviste ese tipo de conocimientos dentro, aunque parezca que vienes de un entorno con una educación mediocre.
—No estoy muy segura de la educación. Pero hasta los niños, por no hablar de los adultos, saben que hay que darle a alguien que tiene frío una bebida caliente, ¿cierto?
—Cierto. Yo era la que estaba siendo la engreída aquí. Entonces aceptaré tu bebida con gratitud.
La chica acercó los labios entreabiertos a su taza de agua caliente y casi la dejó caer, probablemente porque estaba muy caliente al tacto. Respiró y, de algún modo, empezó a beber.
—…Qué chica tan rara. Colette, sin querer, murmuró eso para sí misma.
La chica había sido arrastrada por el frío río. Esa frase por sí sola conllevaba una rara sensación, aun así, la chica desprendía una extraña impresión en muchos otros sentidos.
Tenía el cabello largo y rosa, llevaba una capa hecha para hombres, así como unos zapatos que no parecían en absoluto adecuados para una chica tan esbelta y pequeña como ella. Parecía cercana a Colette en edad, y probablemente era un poco más baja que ella. Sin embargo, sus rasgos faciales eran bastante atractivos, tanto que Colette no podía apartar los ojos de ellos. Poseía una belleza impropia de su edad.
Y lo que más llamaba la atención de esta chica era...
—¿Quizá te han llamado la atención mis orejas?
Colette se dio cuenta por primera vez de que se había quedado mirando las orejas de la chica. En sus características y largas orejas.
En este mundo vivían muchos tipos diferentes de Semihumanos, pero entre ellos, solo había una especie que era conocida por todos por sus largas y hermosas orejas.
—¿Eres una elfa?
—La respuesta a esa pregunta es difícil. Ciertamente, la chica de la que obtuve este cuerpo tenía sangre élfica fluyendo a través de ella; pero, es difícil decir si la misma sangre está fluyendo a través de su cuerpo cuando fue reproducido de esta manera. Si tuviéramos que profundizar más en ello, entonces también es una cuestión de qué parte del cuerpo o del alma de uno gira como su principal fuerza motriz. Este cuerpo es elfo, pero mi alma claramente no lo es...
—Erm, umm…
—…estoy sucumbiendo ante mis malos hábitos otra vez, ¿o no?
La chica respondió por fin a su pregunta, aunque Colette apenas entendió lo que había dicho. Sin dejar de mirar a su alrededor, la chica se rozó el pecho con el dedo y dio un respiro.
Una especie de piedra azul y brillante, de aspecto bastante hermoso, colgaba sobre el pecho de la chica. La tenía apretada entre los dedos mientras murmuraba a sí misma
—lo entiendo, lo entiendo.
—Verás, hay algunas chicas muy escandalosas por aquí. Me adelantaré y me identificaré como elfa por estos lares, para que todo marche bien.
—¡...! En-Entonces, ¿puede que seas mucho mayor que yo?
—¿Mi edad? Si te refieres a este cuerpo, supongo que podría decir que tengo unos 400 años.
—¡400 años…!
Colette había oído que los elfos eran una especie que vivía mucho más tiempo en contraste con su aspecto. Pero, aun así, 400 años era toda una sorpresa; mucho más allá de lo que ella podía imaginar. Porque, cuando se trataba del tema de hace 400 años…
—En aquel entonces, era cuando la “Bruja de la Envidia” ejercía su maldad…
—…
La expresión de la chica se nubló inmediatamente después de haber dejado escapar de su boca el abominable nombre de aquella “Bruja”.
Su expresión solo podía describirse literalmente como nublada. Colette se sintió profundamente arrepentida, preguntándose si su comentario descuidado la habría herido.
—No has hecho nada malo. Es solo que tenía algunas cosas en mente. Lo que me recuerda que aún no he oído el nombre de mi protectora.
—¿…Eh, yo? Soy Colette, y vivo en esta cabaña.
—Ya veo, lo recordaré, Colette. Mi nombre es... Omega. Por ahora eso es todo. — ¿Pequeña… Omega?29
—No estoy muy acostumbrada a que la gente me llame “pequeña”. Suena bastante dulce, ¿no lo crees?
Sin culpar a Colette por su desliz, la chica, Omega, le dedicó una sonrisa adorable, aunque relativamente inteligente. Y mientras mantenía esa sonrisa en su cara, habló…
—Ya que hablamos de “dulce”, ¿tienes algo de comer? Parece que mi estómago, antes dormido, ha vuelto a la vida después de beber tu agua caliente… Estoy famélica.
Aunque no estaba segura de si era buena o mala confiando en la amabilidad de los demás, Colette accedió voluntariamente a la petición de Omega. Por suerte Colette tenía un conejo en su cabaña que había cazado justo antes de encontrar a Omega, así que empezó a prepararlo rápidamente y a cocinarlo para la hambrienta chica.
—Mhm, Colette, para ser tan joven, sí que sabes manejar los cuchillos, ¿cierto? No hay titubeo en tus manos al manipular el conejo.
—Mis padres fallecieron, así que tuve que ayudar con el trabajo de los adultos desde que era pequeña. Por eso soy bastante buena cazando conejos salvajes como este. Oh, pequeña Omega, ¿te parece bien comer carne?
—Sí, no tengo ningún problema con ello. Aunque, conejos, conejos, um...
—¿…? ¿Qué pasa con ellos?
29 En la traducción original se deja el honorífico «chan», que es para referirse con cariño a las mujeres o, en su mayoría, a las niñas
pequeñas.
—Nada, es que últimamente he tenido mala suerte con ellos, así que no son el mejor augurio para mí. Naturalmente, no tengo ningún problema en comérmelos, así que estoy deseando hacerlo.
Como la estaba esperando, Colette se propuso a cocinarlo como era debido para su rara pero bienvenida visitante.
Le apetecía mucho asarlo con hierbas, pero por la forma en que Omega estaba recostada en el suelo, muerta de hambre, no parecía que pudiera permitirse esperar más.
Todo lo que pudo hacer fue espolvorear un poco de sel y pamienta mientras se apresuraba a asarlo en el fuego, preparándolo con rapidez. La fragancia atrajo a Omega que, aunque de forma inestable, volvió a incorporarse.
—¡Aquí tienes! Está caliente, así que ten cuidado al comerlo.
—Vaya, lo dices porque antes has visto mi descuido con el agua caliente, ¿cierto? Claro, llevo un rato mostrándote un montón de torpezas, pero eso es porque este cuerpo parece ser más sensible a las cosas calientes que el que era originalmente mío.
Sinceramente, Colette ya no tenía ni idea de lo que hablaba. Por su parte, Omega aceptó la carne de conejo que le había ofrecido, servida con hueso. Respiró hondo antes de darle un mordisco con delicadeza.
“Darle un mordisco con delicadeza”. Parecía una expresión extraña, pero al menos era la única forma en que los ojos de Colette podían describirla. “Ni siquiera Palmyra, que habitaba la casa más grande de la aldea, habría sido capaz de comerse esto de una forma tan cautivadora”, pensó.
—Mi yo anterior a la que fue arrastrada por el río también era así, pero verás, he estado dormida mucho tiempo. Ha pasado tanto desde que me levanté y caminé por mis propios pies.
—¿De verdad? ¿Por eso acabaste olvidando cómo nadar?
—No, nunca he sido capaz de nadar. Me arrastró el río porque intentaba conseguir algo de agua para calmar mi sed y resbalé. Mis piernas eran más cortas de lo que recordaba, después de todo...
Dio otro mordisco a su carne con hueso mientras confesaba orgullosa que no sabía nadar con un movimiento de pierna. La conversación de Colette con Omega fue refrescante, teniendo en cuenta que estaba acostumbrada a pasar el tiempo en el vano aburrimiento.
Por lo que había oído, Omega parecía estar en medio de un viaje sin rumbo. Francamente, dada su edad y su capacidad para manejar las cosas, ¿no le parecía que viajar sola era una receta para el desastre?
Colette, aunque vacilante, le hizo una propuesta.
—Um, si te parece bien, ¿por qué no te quedas un rato en mi cabaña? Va a hacer mucho más frío, así que creo que deberías prepararte adecuadamente para tu viaje.
—Hmm, agradezco la oferta, pero incluso si te permito hacer todo eso por mí, no hay mucho que pueda dar a cambio...
—...Entonces, por favor, cuéntame una historia.
—¿Una historia?
Colette obtuvo una respuesta positiva a su propuesta, quitándole así a Omega la razón de sus propias dudas sobre ella.
Era una elfa de larga vida, que había superado los 400 años. Un ser que estaba familiarizado con sucesos que muchos que vivían en el presente desconocían.
—Me haría muy feliz que me contaras alguna historia que yo no conozca... Como, por ejemplo, una de hace mucho tiempo, de la era que nadie conoce.
—...
Omega cerró uno de sus ojos y asintió en cuanto Colette le preguntó eso. Entonces…
—En efecto, lo normal es que la gente quiera saber, ¿cierto? Él también era extraño en ese aspecto.
—¿...?
—Mis disculpas. Estaba hablando sola. No me importaría. Al fin y al cabo, conversar con la gente siempre ha sido una de mis cosas favoritas. Si te parece bien, entonces supongo que te molestaré por un rato.
Omega le dedicó una pequeña sonrisa que indicaba que había aceptado la propuesta de Colette.
3
—El mundo era un lugar duro para los humanos hace 400 años. La magia era una fortaleza exclusiva de los Semihumanos y los Espíritus, independientemente del país en el que estuvieras. A los humanos incluso les costaba hacer fuego.
Omega chasqueó los dedos mientras hablaba, haciendo bailar las llamas de la hoguera.


Habían pasado unos días y Omega se había quedado en la pequeña cabaña de Colette. En ese corto periodo de tiempo, esta elfa de aspecto joven había reescrito cada cosa que sabía sobre el mundo, una por una.
Al principio, cuando había sido arrastrada por el río, Omega le había parecido un cúmulo de peligros. Sin embargo, la forma en que desplegaba sus conocimientos y su magia en esas diversas escenas cotidianas había cambiado la percepción que Colette tenía de ella.
Omega era descuidada y, además, una chica distraída. Aun así, la razón por la que podía seguir viajando con un carácter como ese era porque poseía el “poder” para hacerlo más o menos factible.
Podía darse cuenta fácilmente de lo poderosa que era Omega con solo mirar cómo creaba fuego para hervir agua, cortaba leña con el viento y labraba la tierra con un simple chasquido de sus dedos.
—¿Un don para la magia? Ciertamente. Me gustaría decir que cualquiera puede hacer este tipo de cosas con un poco de práctica, pero sería un error. La magia también es un arte, así que depende en gran medida de las cualidades del individuo. Que yo sepa, solo hay dos o tres personas en la historia que puedan hacer lo que yo.
En la historia, no en el mundo. El uso de aquella expresión evocó en la mente de Colette imágenes de la majestuosidad de Omega.
Se quedó estupefacta, impresionada por el perfil de Omega mientras declaraba aquello sin mostrar ningún signo de reírse de ello como si fuera grandilocuente, y mucho menos como si fuera fanfarronería.
Omega declaró sin reservas que era una de las mejores del mundo, y no por presunción. A Colette le vino a la mente una palabra al verla así.
¿Cómo reaccionaría Omega si se armara de valor y la dijera en voz alta?
—…Si tienes algo que mencionar, ¿por qué no intentas decirlo?
Omega dijo eso en un tono tranquilo mientras miraba a la taciturna Colette. Mientras sentía que aquellos ojos azul claro se habían apoderado de ella, Colette pronunció esa “palabra” en voz alta. En cuanto oyó lo que era, Omega le dedicó su sonrisa más cautivadora hasta el momento.
—Sí, es justo eso por supuesto… Soy toda una Bruja malvada ¿sabes?30
Esa fue su respuesta.
30 Omega utiliza «boku» en lugar de «watashi» en este diálogo. Es la única vez que lo hace en la historia.
...En otras palabras, la vida de Colette se había vuelto tal que estaba pasando su día a día con una “Bruja” que sabía sobre los días de antaño.
4
—¿Por qué llevo una capa que no me queda bien, te preguntarás? Eso es porque no me pertenecía desde el principio, la recibí de otra persona.
Omega respondió tranquilamente a la pregunta de Colette mientras esta colgaba su capa, recién lavada, para que se secara.
A Colette le gustaba hacer preguntas, y a menudo hostigaba a Omega para que le contara “historias”, que justo había sido la condición que le ofreció para quedarse por aquí. Su desbordante curiosidad era algo que gustaba a Omega, teniendo en cuenta que le encantaba hablar.
—Al fin y al cabo, la mayoría de la gente tiende a ignorarme cuando hablo amenamente, o me mandan callar a la fuerza desde el principio.
—¿De verdad? Pero qué desperdicio. Tus historias son súper interesantes, pequeña Omega, y me encanta enterarme de todas esas cosas que no sabía.
—Mhhm, eso es bueno. El conocimiento es un tesoro que nadie te puede robar. En contraste con las posesiones, es básicamente como, entre más de ellas tengas, solo pueden darte más ventajas en la vida.
Había muchas situaciones en las que la falta de conocimientos te obligaba a tomar el camino más largo.
Incluso el acto de encender un fuego había sido una dificulta para los humanos, cuando no podían usar la magia. Sin embargo, esa lucha había disminuido drásticamente cuando habían sido capaces de aprender a encender uno.
—Con el conocimiento, acabas por no tener que arriesgar tu vida en situaciones en las que no hay necesidad de morir. Aunque, naturalmente, no debes dejar que se convierta en un tesoro desperdiciado, así que hace falta talento para usarlo.
—Talento...
—En efecto. Sin conocimiento, o, incluso si lo tienes, pero te falta el talento para emplearlo, te acabarán quitando tus cosas. Como esta capa que tengo, por ejemplo.
Señaló su capa, que estaba colgada para secarse, y continuó con el sermón que le estaba dando a Colette, mientras lavaba cosas en el río.
Aunque no tenía muchas, la mayoría del equipaje de Omega había sido prestado por sus dueños originales. Dicho esto, ella no tenía manera de devolver nada de eso actualmente, ya que ya estaban muertos.
Pero probablemente ellos también se habrían compadecido, ya que esta había sido su justa recompensa por intentar robar a Omega. Al fin y al cabo, en este mundo sobreviven los más fuertes, como los peces más grandes se comen a los más pequeños.
—O más bien, supongo que decir “los fuertes devoran a los débiles” es más adecuado. Yo prefiero el dicho “la supervivencia del más apto”, pero está en mi naturaleza querer usar el más exacto posible...
—Tú también has pasado por muchas cosas, ¿verdad, pequeña Omega? ¿Será porque has vivido tanto tiempo?
—Es cierto que he tenido muchas más oportunidades de aprender por haber vivido tanto tiempo. Pero, las cosas que necesito saber siguen aumentando cuanto más tiempo vivo. No creo que llegue el día en que quiera morir, a menos que se me sacie mi sed de conocimiento. En ese sentido, siento que puedo disfrutar de la vida al máximo.
—Errm, ¿ah, sí?
Colette hacía lo posible por entender lo que había dicho, pero debía de ser un tema complicado para ella.
Omega miró con uno de sus ojos cerrados a la chica, que parecía a punto de sacar humo de su cabeza. Luego se estiró y regreso la vista hacia Colette mientras continuaba con el lavado.
—Colette, sobre ese brazalete tuyo...
—...Oh, ¿esto? Acabaría empapándose con el agua del río si me lo dejara puesto mientras lavo, ¿no? Sería un verdadero fastidio si se dañara por el agua o empezara a oxidarse; por eso me lo quito.
—...¿Hmm?
Había colocado en silencio su brazalete de plata encima de un tronco de árbol junto a la orilla del río. El brazalete parecía haber sido trabajado, con dibujos artesanales tanto en el interior como en el exterior. Daba la sensación de que tenía valor por su cuenta, de modo que llevarlo no era meritorio para una joven que vivía en un bosque.
—Sin embargo, pareces tener una crianza bastante decente; ¿de dónde has sacado eso?
—¿Esto? Es un recuerdo de mis padres. Me lo dejaron cuando murieron... Por eso siempre lo llevo conmigo.
—¿Un recuerdo de tus padres? Ya veo.
—Estaban haciendo un trabajo que los sacó de la aldea. Este brazalete también lo trajeron de fuera. Yo era muy pequeña, así que no podía ir con ellos; por lo que me dejaron en casa de la hermana de mi madre... de mi tía. Aprendí muchas cosas allí.
Probablemente quería decir que allí aprendió a cocinar, a lavar y a cazar. El trauma de la muerte de sus padres debía de ser como una costra que seguía cicatrizando en su interior. Mientras nadie intentara arrancársela a propósito, las heridas irían sanando poco a poco hasta que, un día, empezarían a no dolerle.
Ese era el paso del tiempo bajo el que vivía la gente… Dulce música para los oídos de Omega.
—Colette, como parece que aún vas a tardar lavando, no te importa que dé un pequeño paseo, ¿verdad? Ahora que lo pienso, últimamente no hago más que ir y venir entre tu casa y el río.
—Te arrastré del río a mi cabaña, pero...
La cara de Colette pareció mansa al escuchar su propuesta. Omega ladeó la cabeza en respuesta a sus dudas. Su reacción parecía un tanto extraña ante la aprobación de un simple paseo.
—¿Pasa algo?
—No, no, nada en absoluto. Es que no creo que debas ir muy lejos hacia el este del bosque. Ellos erm... Ellos dicen que una mabestia vive allí, así que los aldeanos no se acercan.
—Ya veo. El lado este del bosque, sí. Aprecio tus preocupaciones.
Omega dejó a Colette junto al río para que continuara con el lavado cuando esta la despidió, y se fue a dar su paseo. Luego se estiró en cuanto Colette se perdió de vista.
—¿Así que ha aparecido una mabestia en el este?
Podía decir con seguridad que una mabestia peligrosa apareciendo allí sería un problema que amenazaría la vida tanto de Colette como de los aldeanos.
Las mabestias eran amenazas puras y absolutas para la vida de la mayoría de los humanos. Había muchos tipos distintos de ellas, y sus niveles de peligro también variaban; como sea, sin duda serían un peligro para la persona promedio, independientemente de la especie que fuera.
Mientras pensaba en eso, los pies de Omega se dirigieron lentamente hacia el “lado este” del bosque.
—…
Por supuesto, no era como si Omega estuviera tratando de hacer caso omiso de las palabras de advertencia de Colette sin ninguna razón.
Aunque pueda resultar sorprendente, su advertencia hizo que Omega se sintiera inesperadamente agradecida por la amabilidad de Colette. Si una chica con tanta valentía como ella estaba aterrorizada por una mabestia, entonces estaría dispuesta a deshacerse de ella.
Aunque…
—...Hmm.
Omega salió a un pequeño claro en el lado este del bosque. Acarició suavemente su cabello rosa, entrecerrando los ojos ante el espectáculo que tenía delante.
…Ante ella, yacía un suelo ligeramente escarchado, y sobre él podía ver algunos montones de piedras esparcidas. Debía de haber allí más de treinta, más o menos.
Si solo hubieran sido una o dos, podría haberlas descartado por ser obra del juego de un niño, pero un significado más profundo empezó a arraigar con tantas en un mismo lugar.
Teniendo en cuenta que había tantos montones de piedras que habían sido cuidadosamente apiladas, su propósito estaba claro.
Este lugar era un...
—...¿Quién eres?
Omega no dio muestras de sorpresa al oír una voz detrás de ella.
Había sido capaz de sentir que alguien se le acercaba por el sonido de sus pasos, así como por su olor. Lo que no esperaba era que su oponente la llamara. Estaba segura de que la habrían atacado sin molestarse en intercambiar ningún diálogo.
—Primero lo primero, no te guardo rencor. Solo me gustaría aclarar que la razón por la que entré aquí fue, bueno, fue a propósito, pero no por mala voluntad. Oh, eso me recuerda que no llevo ningún tipo de arma encima, así que voy a darme la vuelta lentamente. No te asustarás, ¿verdad?
—...Solo deja de parlotear y date la vuelta.
Omega levantó las manos, mostrando que no era hostil, y también cerró la boca, para mostrar a su oponente que estaba haciendo exactamente lo que se habían dicho. Después de eso, se giró lentamente hacia donde estaba.
—...Nunca te había visto antes.
Una chica alta miró a Omega mientras decía eso.
Vestía ropa negra, tenía el cabello largo y oscuro, era bastante atractiva. Sin embargo, sus ojos sanpaku eran increíblemente afilados, lo que le daba una impresión terriblemente penetrante.
—Hmm.
Justo después de terminar de procesar sus impresiones iniciales, se dio cuenta de que la chica que tenía delante tampoco era tan mayor. Como mucho tenía quince años, así que no parecía haber mucha diferencia de edad entre ella y Colette. Las únicas discrepancias en sus impresiones provenían de su entorno y estatura.
—Qué pasa con esa reacción. Eres una chica tan molesta.
—¿No eres tú la que está siendo terriblemente brusca con una chica joven que acabas de conocer? Además...
—¿Qué?
—Quiero decir, el hecho de que lleves algo como eso fue bastante impactante para mí también, entiendes.
Se había dado cuenta por las señales que había sentido al acercarse por detrás. Sobre todo, por su hedor; que, sostenido entre los brazos de la chica de mirada siniestra, había algo realmente impactante.
Concretamente, el cadáver de una criatura viva que había sido envuelta en tela blanca.
“Alguna vez debió estar en buena forma”, pensó, “pero ahora no conservaba nada de eso”.
—Es demasiado exagerado llamarlo caza. Si lo hubieras hecho, habrías acabado arruinando tanto su carne como su piel. La forma en que lo hiciste sería horrible para conseguirlos por su piel o como alimento. Aun así...
Omega interrumpió sus palabras y luego continuó, mientras examinaba la reacción de la chica.
—Si los estás matando porque sí, entonces no te diré nada.
—… No me hables como si lo supieras todo.
Lanzándole con agresión esas palabras, la chica se abrió paso junto a Omega, y colocó el cadáver en el suelo… O más bien, tal vez debería llamarlo algo que alguna vez fue un conejo. Sea como fuere, lo colocó en el suelo y comenzó a cavar un agujero con el Habou que había traído.31
Enterró el cuerpo, lo cubrió con tierra y apiló piedras encima. Al verla hacer esto, Omega se convenció de que la impresión que había albergado al principio no era errónea.
Tal y como ella había reflexionado, este lugar era un cementerio. Los restos de muchas criaturas debían de estar enterrados bajo los montones de piedras, igual que el conejo de ahora, para ser conmemorados.
—Después de todo, yo también he estado mucho entre tumbas.
—...¿Quién eres? ¿De dónde vienes?
La chica terminó su labor de enterramiento, se levantó y le preguntó eso a Omega.
Había bastante intensidad en ella al no molestarse en ocultar sus manos manchadas de sangre. A Omega le pareció que iba a acabar en este cementerio junto con ellos si metía la pata con su respuesta.
Omega deseaba entablar relaciones amistosas, de ahí que se presentara, aunque no específicamente por la razón antes mencionada.
—Soy Omega, soy más o menos una vagabunda viajera. He pasado por aquí de camino río abajo. No me quedaré mucho tiempo, así que espero que no seas muy dura conmigo.
—Una viajera, ¿eh? A tu edad... No, más bien, esas orejas tuyas... ¿eres una elfa?
Al notar las distintivas orejas de Omega, la cara de la chica se tornó en una de franca incomodidad. Tenía sentido que en esta época siguiera existiendo una fuerte tendencia de discriminación hacia los elfos, aun así, su reacción parecía diferente a las habituales. Debía de tener aún otra razón para despreciar a los elfos. Sin embargo, antes de que Omega pudiera interrogarla al respecto, había comenzado a caminar de vuelta por donde había venido, con las manos aún manchadas de sangre.
—Perdona la intromisión, pero el río está por allí si quieres lavarte las manos.
—...Dijiste que no te quedarías mucho tiempo, ¿verdad? Hazme caso y date prisa en abandonar este lugar.
31 El Habou, literalmente un palo para cavar, era un instrumento utilizado para desenterrar tubérculos y cavar hoyos para
las semillas de varios granos. Básicamente, una pala antigua.
—Realmente no estoy entendiendo de qué trata esta conversación. Supongo que debo ser pésima en esto.
La chica no prestó atención a su parloteo y empezó a alejarse del río sin detenerse. Entonces, justo antes de perderse de vista, habló y dijo:
—Porque si no lo haces, eventualmente tú también serás despedazada por la “Bestia”.
La chica solo dejo esas palabras antes de que su figura desapareciera de la vista de Omega.
—...Una “Bestia”, ella dice.
5
—Así que eso es lo que me contó; ¿por casualidad sabes algo al respecto, Colette?
Mientras cenaban junto al fuego, Omega le contó a Colette lo que había ocurrido en el este del bosque. Colette infló las mejillas mientras escuchaba su relato, sorbiendo de su sopa de verduras.
—Te dije que no fueras a la parte este del bosque...
—¿En serio? Ah, sí. Sin embargo, pensé que podría ayudarte si tenías problemas con una mabestia, teniendo en cuenta que puedo encargarme de la mayoría de ellas. Dicho esto, no me topé con ninguna, sino con una chica con una mirada tan terrible, que casi parecía la de una mabestia.
—...creo que te refieres a la de Palmyra.
¿Era realmente un honor para dicha persona ser señalada simplemente por la terrible mirada de sus ojos? El chico que Omega conocía, que tenía la misma mirada terrible, seguro que se quejaría en voz alta y diría que era vergonzoso.
—Más bien, creo que tiene su encanto... Pero, bueno, los sentimientos de los demás son cosas que no pueden ser deducidas por otras personas vayas donde vayas, así que supongo que no se puede evitar.
—Entonces, ¿de qué hablaste con Palmyra?
—La verdad es que no conseguí mantener una conversación como se debe con ella... Aunque, sí, me dijo que no me quedara mucho tiempo y que me diera prisa en abandonar el bosque si valoraba mi vida.
—¡…hk! ¡Eso es tan...!
Colette alzó la voz de golpe y se levantó de donde estaba sentada. El cuenco que había estado descansando sobre su regazo se volcó, derramando la sopa por el suelo.
—¿Eso no estaba hirviendo, Colette? Deberíamos enfriarlo con un poco de agua cuanto antes...
—Eso es tan... ¡Es tan egoísta de su parte! Por qué Palmyra haría algo así... Hablando rápidamente, Colette dirigió sus ojos temblorosos hacia Omega.
—Eh, pequeña Omega, no te irás, ¿o sí?
Colette le preguntó eso, sin siquiera prestar atención a lo caliente que estaba la sopa que se había derramado sobre su regazo.
Ella no prestaba atención a las palabras que aquella chica… que Palmyra había dicho. Solo deseaba que Omega se quedara con ella. No obstante, ese deseo no podía ser concedido por ella.
—Me alegro por cómo te sientes, pero no pensaba quedarme mucho tiempo desde el principio. Mi cuerpo está mucho mejor gracias a estos últimos días. Me gustaría retribuir tu amabilidad, así que al menos espero encargarme de esa mabestia del bosque, o lo que sea.
—...
—¿Colette?
Omega frunció el ceño al ver que no había obtenido ningún tipo de respuesta por su parte, ni de afirmación ni de negación. Entonces, tras pronunciar su nombre, Colette dejó escapar un breve suspiro y dijo: —Oh.
—S-Sí, claro. Por supuesto. Desde el principio, solo te quedabas aquí por un rato, así que es normal que te marches a otro viaje. Es natural.
Por la forma en que lo decía, parecía más que se estuviera convenciendo a sí misma que diciéndoselo a Omega. Entonces, Colette recogió sus platos y los limpió, aún a medio comer.
Omega no sabía qué decirle a Colette, que tenía un aire tenso. A pesar de ello, sonrió a Omega mientras recogía la cena y dijo:
—Está bien, pequeña Omega. Estoy sola, pero tampoco tanto. Así que...
—”¿Siéntete libre de emprender tu viaje?” Bueno, eso es lo que pienso hacer, pero…
—Sí, adelante. Sería genial. Definitivamente, es lo mejor.
Después de decir eso, Colette le dio la espalda a Omega. Su pequeña espalda parecía desolada, pero no era como si pudiera decirle nada, así que guardó silencio.
Guardó su implacable y despiadado silencio.
6
—...
Aquella noche, Omega se despertó lentamente en su cama.
Sinceramente, levantarse no era su punto fuerte. No creía que fuera un problema de su cuerpo, sino de su alma. Pensándolo bien, nunca se le había dado bien levantarse, ni siquiera cuando había tenido su propio cuerpo. No había sido consciente de ello, pero quizá se debiera a lo que llamaban “baja presión arterial”.
Qué extraño era que ni siquiera cambiando el recipiente de su alma se le solucionasen sus problemas de presión. Pero ahora no era el momento de pensar en la relación de las almas y la presión sanguínea.
—…No está aquí.
Su tosca cama no era más que una manta extendida en el suelo. Su piroxeno azul, que debería estar cerca de la almohada, no se veía por ninguna parte. Omega solía llevarlo como collar, atado a una cuerda, aunque naturalmente se lo quitaba cuando se iba a dormir. Recordaba haberlo hecho también esta noche antes de acostarse.
—¿Colette?
En el interior de la cabaña completamente oscura, una llamarada surgió de los dedos alzados de Omega. No había rastro de Colette en la cama contigua a la suya, y su capa, que debería haber estado colgada de la pared, tampoco se veía por ninguna parte.
Colette había desaparecido, al igual que su piroxeno. Esta relación entre causa y efecto probablemente no hacía falta decirla.
—No es posible, es difícil imaginar que ella estuviera fuera por dinero.
Cansada, Omega se frotó los ojos y se puso apresuradamente la capa, antes de salir de la cabaña.
El aire del bosque por la noche era gélido, y su aliento empañado le restaba fuerza a las piernas. Pero no tenía la opción de abandonar su piroxeno y volver a la cama. No podía separarse de él. Era una de sus cosas más importantes en el mundo.
—...
Cuando empezó a caminar, un sonido sacudió los tímpanos de Omega. Pudo oír un aullido a lo lejos.
El aullido provenía de lo más profundo del bosque. Había sido agudo, parecía llegar hasta más allá del gélido cielo nocturno. En cuanto Omega lo oyó, la palabra “Bestia” pasó por su mente.
—No una mabestia, una “Bestia”, eh.
Omega recordó el estado en que se encontraba Palmyra cuando le había dejado esas palabras, y entonces dio otro paso adelante. No había duda de hacia dónde se dirigía; El bosque del este.
—...
Omega entrecerró los ojos al entrar en el claro que había visitado durante el día, con el cementerio dentro.
El olor a sangre que llenaba sus fosas nasales yacía más espeso en comparación con lo que había olido durante el día. Probablemente debido a toda la sangre fresca que acababa de salpicar el cementerio.
—Hmm.
Omega asintió con la barbilla mientras observaba el cementerio, que ahora estaba teñido de rojo.
La carne y la sangre que estaban esparcidas debían de pertenecer a animales que vivían en el bosque. A primera vista, la escena parecía horripilante, pero ninguno de los cadáveres aparentaba ser humano. ¿Podría haber sido un gesto de la conciencia de la “Bestia”?
—O, quizás, ya había decidido su primer objetivo.
Omega echó lentamente un vistazo al cementerio y a los cadáveres. La luz de la luna estaba obstruida por pesadas nubes, y el suelo estaba envuelto en una oscuridad tan tranquila, que haría que cualquiera quisiera morir.
…Pero la horda de bolas de fuego que Omega había conjurado cortaba la oscuridad sin tregua.
Se convirtieron literalmente en lámparas que dejaban al descubierto el estado de los alrededores manchados de sangre. Eso, y que no era sino un acto de desprecio para aquellos que moraban en la oscuridad, que no sentían aprecio por la luz.
—¡¡¡…Tss tss!!!
La “Bestia” salió volando del velo de oscuridad, soltando un feroz aullido. Atronó hacia Omega a una velocidad vertiginosa y lanzó sus garras contra ella con una fuerza tremenda. Seguramente acabaría como la carne y la sangre esparcidas a su alrededor si terminaba recibiendo su ataque. Dicho esto, Omega no tenía la delicadeza necesaria para esquivar estos ataques con la suficiente rapidez. En cuanto a su capacidad física, era tan delicada y frágil como una niña, tal y como parecía.
Sin embargo, a pesar de su esbeltez, estaba hecha de una naturaleza diferente a la de una semielfa atípica, incluso capaz de romper rocas al golpearlas.
—Vaya, eso me recordó a alguien que me desagrada.
La cara de Omega se amargó unos instantes antes de que las garras se clavaran en su cabeza, mientras los recuerdos pasaban por su mente.
La velocidad a la que pasaban los pensamientos significativos era mucho mayor que la del movimiento de su cuerpo. Había algunas teorías que afirmaban que los flashbacks que aparecían al borde de la muerte eran operaciones de búsqueda que el cerebro, acobardado por el riesgo de muerte, realizaba, utilizando los propios recuerdos para encontrar una forma de escapar de la situación en la que se encontraba.
Así de abrumadora era la velocidad de sus pensamientos. Las garras de la “Bestia” aún no habían alcanzado a Omega, incluso cuando terminó con su absurda intromisión de pensamientos.
…De ahí que un muro protector de tierra se interpusiera fácilmente en el ataque de su enemiga.
—Dona.
En realidad, no necesitó recitar el conjuro. El muro de tierra se levantó mucho más rápido que el movimiento de sus labios. Aun así, se había molestado en recitarlo porque le gustaba poner palabras a las cosas que pasaban.
—...
La “Bestia” salió despedida desde abajo por el muro de tierra que se elevaba, y voló hacia el cielo nocturno. Su pequeña sombra dio vueltas y vueltas; sin embargo, rápidamente dio una patada a la rama de un árbol cercano, dejó de girar y volvió a caer a tierra. Se protegió hábilmente la cabeza y la espalda de la caída, aterrizando en el suelo sobre sus propias cuatro extremidades. Nada mal.
Sin embargo...
—¿No te golpeé hace un momento usando esa misma tierra?
De ninguna manera iba a superar su ataque con una simple contramedida provisional.
Su ofensiva comenzó antes de que la “Bestia”, que ahora había aterrizado en el suelo, hiciera su siguiente movimiento. Una vez más, la tierra se retorció, y esta vez se tragó las extremidades de la “Bestia”, inmovilizándola.
—¡¿…Tss Tss?!
Con los brazos y las piernas engullidos hasta las rodillas y los codos, no le quedaba absolutamente ningún lugar donde depositar su fuerza. Una estaca de tierra se elevó salvajemente hacia el vientre expuesto de la lamentable y forcejeante “Bestia”, mientras yacía incapaz de moverse.
—…Tss Tss
—Usar todo lo que tienes alrededor como herramientas es donde realmente puedes demostrar tus habilidades como mago. Viento, tierra, fuego, agua; todo bajo mi conjuro. …Así debe ser como se siente hacer del mundo tu enemigo.
Omega murmuró esas palabras sin ninguna emoción real mientras soltaba su despiadado golpe. Al recibirlo, la “Bestia” fue impactada en el vientre. Lanzó un rugido de dolor y levantó la cara, enseñando los colmillos.
—…Tss Tss
—Hmm, todavía pareces animada, ¿o no? ¿Tal vez deberíamos repetir dos o tres más de estos?
Omega cerró uno de sus ojos mientras miraba a la animada y aullante “Bestia”, para después apuntarle con la palma de la mano.
Su estaca de tierra le había golpeado las entrañas, aunque había redondeado la punta antes de soltarla, para no hacerle daño. Aun así, tal vez le resultara más fácil dispararle una afilada. Por ahora, si tenía que recurrir al derramamiento de sangre para detener sus movimientos, entonces...
—...¡Ya es suficiente!
Omega había intentado extender la palma de la mano y desatar un torrente de ataques contra ella. Sin embargo, fue detenida en seco.
En sus fríos ojos azules se reflejaba primero la “Bestia” que luchaba, cuyas extremidades estaban atrapadas en el suelo, y luego la chica que se había puesto delante de la “Bestia” para protegerla, Palmyra.
Grandes lágrimas brotaban de sus redondos ojos mientras miraba con odio a Omega.
—¿Qué estás haciendo?
—¡Te lo ruego, ya basta! ¿No crees que no hay necesidad de ir más lejos?
—Es cosa tuya si no soportas mirar, pero no puedo evitar sentir que sería una irresponsabilidad de mi parte dejar que esto exista. Imagino que, en primer lugar, a ti también te habrán molestado, ¿cierto? Debiste de evitado a la “Bestia”.
—¡No! Como si yo fuera a pensar: “¡Quiero que mates a la “Bestia”!”
Palmyra se dio la vuelta mientras las lágrimas corrían por su cara, ignorando las palabras de Omega con un gruñido. Entonces rodeó con sus brazos a la “Bestia” encadenada, tirando de ella en un fuerte abrazo.
—Nunca quise convertir a Colette en una “Bruja”. ¡Quería ayudarla!
Gritó desesperadamente mientras seguía abrazando a la “Bruja”… Más bien, a Colette.
7
...Todas las singularidades de esto habían sido perceptibles, en varios aspectos, desde el principio.
La forma en que vivía Colette, por ejemplo. ¿Por qué una niña de solo 12 o 13 años vivía sola en una cabaña destartalada en un bosque justo al lado de una aldea? Le había dicho que sus padres habían fallecido, pero aún era demasiado joven para vivir sola.
Estaba precisamente en la edad en la que los aldeanos deberían cuidar de ella, dado que había nacido en sus alrededores. La vida comunitaria no sería posible si no fuera por el espíritu de ayuda mutua de la gente.
Si no iban a ayudarla, eso significaba...
—El mero hecho de que una joven haya acabado viviendo en una destartalada cabaña en el bosque es prueba de que Colette es rechazada por la gente de la aldea. No puede recibir ayuda de los adultos, así que no le ha quedado más opción que vivir sola. Aunque, sorprendentemente, parece que ha estado viviendo una vida bastante intensa.
Había adquirido sus habilidades culinarias y de caza cuando sus padres estaban vivos. A pesar de no recibir ningún tipo de afecto de los aldeanos, el amor que había obtenido de sus padres había evitado que muriera.
Sin embargo, al ser rechazada y apartada de su aldea, la soledad de la chica había atraído un problema diferente.
En particular, el problema que Palmyra le había gritado...
—...¿Una Bruja? Esto sí que es algo fatídico.
Las circunstancias de vida de Colette, la presencia de la “Bestia” de la que Palmyra le había hablado, así como la palabra: “Bruja” que había gritado mientras abrazaba a la forcejeante Colette.
El panorama completo que rodeaba este bosque nevado se hizo claro a partir de las piezas fragmentadas.
Había tenido un círculo vicioso, forjado por el miedo que mantuvo contra la inevitable “Bruja”.
—Empezó cuando murieron los padres de Colette.
Palmyra soltó a Colette mientras retorcía su cuerpo con un rugido bestial, y empezó a hablar.
La muerte de los padres de Colette. Ese había sido el detonante del derrumbe de todo.
—La casa de Colette fue atacada por una mabestia. Sus dos padres murieron, dejando sola a Colette...
La casa quedó en un estado espantoso, y los padres de Colette, habiendo sido atacados por la mabestia, aparentemente quedaron en un estado tan terrible, al que nadie podía soportar mirar. Palmyra había dicho que Colette terminó siendo la única que sobrevivió en aquella maldita casa. Posteriormente, Colette fue acogida por uno de sus parientes en la aldea y empezó a vivir allí.
Sin embargo, la tragedia no iba a dejarla escapar.
—La mabestia no había pasado por alto a Colette después de fracasar en su intento de matarla. Encontró la casa que la había acogido y...
—Hundió sus colmillos en esa familia, imagino. Las mabestias son las enemigas de la humanidad. La verdad es que no me extraña que haya algunas por ahí que muestren tanta astucia si es para matar o mutilar.
—...El daño que trajo la mabestia no terminó solo con eso. Siguió y siguió.
La mabestia había seguido persiguiendo a Colette sin mostrar signos de ceder.
La tragedia golpeaba cada casa a la que Colette era llevada. …A pesar de ello, la mabestia nunca se había molestado en matarla.
A medida que el daño se extendía, por muy bondadosos de corazón que fueran los aldeanos, se volvían incapaces de retenerla. Percibían la presencia de la niña llamada Colette como una carga.
—Al final, se asustaron demasiado, hasta el punto de que nadie quiso acoger a Colette. Todo lo contrario, se la llevaron a una pequeña cabaña del bosque... Era como si ella fuera...
—...Un sacrificio humano.
Omega le tomó la palabra a Palmyra mientras esta se quedaba sin palabras. La expresión de Palmyra se puso rígida en cuanto la oyó. Era una chica bastante inocente, a diferencia de lo que cabría imaginar por su cara. Tal vez podría decirse que era buena de corazón, en marcado contraste con su educación.
Sin embargo, no pudo evitar decir que era un sentimentalismo sin sentido si se comparaba con los hechos que tenía a la mano.
—Cuando lo consideras desde la perspectiva de proteger la aldea, deben haber pensado que ofrecer a Colette como sacrificio habría resultado en un daño menor, comparado con derrotar a esta peligrosa mabestia. Es solo natural, desde el punto de vista de la gestión de riesgos.
Los rituales en los que se ofrecían sacrificios, para rezar por cosas como buen tiempo y cosechas abundantes, se habían llevado a cabo en todas partes a lo largo de la historia.
Sinceramente, Omega no veía la validez de ofrecer sacrificios a enemigos que no estuvieran dispuestos a ello. Sin embargo, si dicho enemigo representaba una amenaza concreta, podría decirse que intentar atraer su cordialidad no era tan mala idea.
—Aunque, eso supone que tu enemigo es de los que entienden la conversación.
—...Lo sé bien. Por qué iba a irse una mabestia que carece de todo tipo de razón, aunque le ofrecieran a Colette. Realmente no lo entendí, y sigo sin estar convencida. Pero, todo la aldea era presa del miedo. Por eso intentaron ofrecer a Colette...
—Como sacrificio... Bueno, no, no solo eso. Cuando pienso en la advertencia que me hiciste, Palmyra, es obvio.
—...
—No es nada. Los aldeanos pensaban que Colette era la dueña de la mabestia, ¿cierto?
Podría decirse que eso también fue algo natural.
Habían sido atacados por la mabestia una y otra vez, y cada vez, solo Colette había sobrevivido. Era lógico que la gente pusiera sus sospechas en Colette mientras seguía sucediendo. “Un sacrificio para la mabestia” era una bonita excusa, siendo la verdadera razón mantener a la peligrosa Colette alejada de la aldea.
Debía de ser el mínimo cargo de conciencia que les quedaba a los aldeanos, para no haber hecho ningún intento de matar a Colette.
—Bueno, supongo que se estaban protegiendo a sí mismos. Los humanos no son buenos simpatizando con otros en tiempos en los que no pueden permitírselo.
—Y así, los aldeanos empezaron a llamar Bruja a Colette.
—… Ya veo. No hay mejor prueba de que te han echado que esa.
Reparar sus lazos ya se había vuelto inútil, ahora que la habían insultado con una maldición que insinuaba el ser más abominable del mundo. Sabía lo que significaba para Colette vivir en el bosque, sola.
Y si la conjetura de Omega era cierta, la cacería debía haber empezado, en vez de terminado.
—Hubo incidentes en los que los animales fueron horriblemente asesinados en el bosque, ¿cierto? Este cementerio sirve para enterrar a estos animales masacrados. Tú lo hiciste, ¿verdad?
—...Cómo
—Elemental mi querido Watson.
Las innecesarias palabras que había soltado no calaron en la nerviosa Palmyra. Al querer presumir también de sus conocimientos, había acabado enredando, diciendo palabras que no tenían un significado especialmente positivo.
Sin retractarse de su comentario casual, Omega giró la mano y señaló las lápidas…
—De hecho, cosas similares a esta ocurrían en todas partes hace 400 años. Por aquel entonces, los requisitos para convertirse en “Bruja” eran bastante confusos. Por eso, por decirlo de otro modo, algunos pensaban que tal vez cualquiera podía convertirse en una, siempre que cumpliera los requisitos mínimos. Así, se esparcieron los rituales extraños.
Había existido bastantes de esos rituales, tan espantosos que hacían apartar la vista a cualquiera que tuviera un carácter delicado. Podría decirse que entonces el mundo estaba en su punto más oscuro.
—Esto no está dentro del contexto, pero ¿por qué los rituales siempre deben desviarse hacia el lado de lo espantoso? ¿No sería estupendo que de vez en cuando tuviéramos un ritual que tuviera lugar durante el día, en lugar de por la noche, en el que simplemente colocáramos flores?
—¿Qué intentas decir...
—Ups, perdón. Bueno, no es nada tan complicado... Lo que quiero decir es que la chica que ha sido tratada como “Bruja” por los aldeanos decidió que podría intentar convertirse en una. O quizás empezó el ritual porque tenía la impresión de que se convertiría en una.
Así que, independientemente de la intención real de la persona, el ritual resultaría eficaz cuando se dieran las condiciones adecuadas.
Viviendo sola en el bosque, Colette había provocado involuntariamente estas condiciones.
—Los factores eligen a los que están cualificados. Si ella hubiera sido encontrada por ellos, el camino para ser una “Bruja” se habría abierto... Desafortunadamente, parece que los Factores de Bruja de esta era ya han encontrado individuos calificados. Bueno, supongo que esta es una era carente de Brujas, gracias a ese chico que guarda varios de ellos para sí mismo.32
Para empezar, en esta época, llamaban a los que poseían Factores de Bruja con nombres como Arzobispos del Pecado, en lugar de “Brujas”. Con mucha razón, la forma en que se les trataba no cambió, independientemente de cómo se les llamara.
—Parece que me he desviado de nuevo. De todos modos, Colette fue alienada de su aldea debido a esto, y así, abandonada, comenzó a sumergir sus manos en la realización de estos rituales espantosos para tratar de convertirse en una “Bruja”. …Por suerte, no parece que se haya manchado las manos más allá de matar algunos animales. Aunque, solo habría sido cuestión de tiempo.
—...Probablemente habría, ya sabes, herido a alguien, si la hubiéramos dejado sola...
—En efecto. Vaya, sin duda yo habría sido la principal candidata para eso. O quizá hubieras sido tú. Ambas fuimos atraídas al bosque.
¿Había venido Palmyra esta noche al cementerio porque había predicho que las cosas estaban a punto de progresar?
Considerando que ella estaba llevando a cabo activamente el ritual, el concepto de abrir un camino para convertirse en “Bruja” liberándose de todos sus apegos no era malo. Tenía un ojo muy agudo…
Sin embargo, la predicción de Palmyra estaba fuera de lugar en este caso. Colette no se había fijado en eso.
32 NTL importante: Echidna utiliza el término «子» aquí, que literalmente significa «chico». No está claro a quién se refiere
exactamente, pensé al principio, debe ser Subaru porque Echidna lo habría visto con dos Factores. Sin embargo, no estoy del todo
seguro, sobre todo porque no creo que Echidna llamara nunca a Subaru «子». Aunque es precisamente de esta manera como lo
llama Minerva. Necesitaría releer el arco 4, en japonés esta vez, para ver cómo se refiere a la gente. Aquí también podría estar
refiriéndose a Pandora, o a otra persona. Aquí he optado por la traducción literal de «chico», pero podría ser fácilmente chica, ya
que este término se usa mucho para describir a muchachas de aspecto joven; de hecho, Echidna lo usa para gente como Carmilla y
Daphne. Además, su «gracias a ese» tiene un matiz negativo que imputa la culpa a este «子». ya que está utilizando la frase せいで
para culparlos.
—Siento decirlo, pero esta chica no es una “Bruja”. Y entrando más en materia, su verdadera naturaleza tampoco es la de una “Bestia”. Por cierto, Palmyra, ¿te parece bien que te pregunte algo?
—Qué pasa. Si sabes tanto, ¿qué es lo que...?
—Los aldeanos temen a una mabestia; pero nadie la ha visto, ¿cierto?
Al decir esto, Omega se acercó a las dos chicas abrazadas. Extendió la mano hacia la Colette que aún se resistía… Y le quitó suavemente el brazalete que llevaba en la muñeca.
Al instante, la fuerza del cuerpo de Colette la abandonó.
—...¿Colette? ¡Colette! ¡¿Qué le hiciste?!
—Solo ha perdido el conocimiento desde que se cortó el enlace. Gastó demasiada fuerza, así que no es de extrañar que se quedara dormida de inmediato. En cualquier caso...
Colette respiraba suavemente mientras dormía, a pesar del pánico de Palmyra. Su angelical cara dormida se sentía bastante fuera de lugar en esta brutal situación, pero eso tampoco se podía evitar teniendo en cuenta que probablemente no tenía ni idea de que ella era la “Bestia”.
—Meteors... Fueron nombrados como “Estrellas Fugaces” porque pueden hacer que tus deseos se hagan realidad.33
Deseos así eran fugaces; a la larga se convertían en caldo de cultivo para causar problemas, desviándose de la intención del fabricante. Tanto ahora como antaño, ese era el principal problema subyacente a estos Meteors.
¿Eran los deseos de la gente los que estaban contaminados, o las propias herramientas? Quizá habría sido mejor incluir también un manual de instrucciones con ellas.
—Aunque, con solo mirarla, deberías ser capaz de adivinar qué tipo de uso tiene la herramienta.
De todas formas, había muchos casos en los que no lo harían, así que ¿quizá estaba sobrestimando al público en general?
De todos modos…
33 «Meteor» es comúnmente romantizado de forma errónea como «Mitia». Pero debería ser Meteor, como puede verse aquí.
—Colette ya no andará suelta sin control. Siempre y cuando se deshaga de su brazalete.
—Pero es un recuerdo que le dejaron sus padres...
—Este es el “Brazalete de la Bestia”… Así es como se llama el Meteor. Es una herramienta que puedes activar, aunque no poseas ningún poder especial; un seguro que la gente que carece de fuerza puede usar para protegerse.
Hubo un tiempo en que la humanidad estaba inundada de enemigos. El Brazalete de la Bestia había sido creado por compasión hacia los humanos, que entonces ponían sus vidas en peligro incluso para acampar. Fue creado para ayudarlos.
—Cuando siente el peligro, el maná de su dueño aumenta temporalmente, haciendo que su cuerpo sea capaz de luchar. A cambio, el sentido de conciencia del dueño disminuye drásticamente, y se vuelve similar a una bestia. Por eso se llama el Brazalete de la Bestia.
—Entonces es todo por este maldito brazalete que los padres de Colette, y todas las otras víctimas...
—Oí que sus padres eran comerciantes que tenían tratos con el exterior. Me atrevería a decir que consiguieron el Brazalete de la Bestia en algún lugar de allí. Lo convirtieron en un regalo para su hija, y después de eso...
Aquella fatídica noche, el Brazalete de la Bestia había transformado a Colette en una “Bestia” y se había desatado una carnicería.
Normalmente, el Meteor se ponía en acción siempre que acechaba el peligro; sin embargo, no era demasiado extraño que una niña ingenua pudiera sentir el peligro incluso en la agitación de una pesadilla.
—Lo mismo ocurría allí donde la acogían, hasta que finalmente acababa sola. Irónicamente, Colette se consideraba peligrosa, después de haber sido tratada como la raíz de todos los males. Por el contrario, eso la hizo adquirir las cualidades para controlar el brazalete. La matanza de esos animales fue una “descarada” resistencia.
Esa era la verdad que rodeaba a Colette, la chica que vivía sola en el bosque. Había perdido a su familia, fue rechazada por los aldeanos y expulsada al bosque. La chica había seguido realizando su ritual para convertirse en “Bruja” en lugar de sellar a la temible “Bestia”.
Pero esta vez, iba a sacrificar a la viajera que había pasado por su casa, para convertirse en una “Bruja” de verdad...
—...Eso es ridículo.
—...
—¿De verdad cree que matando a todos esos conejos salvajes se va a convertir en una “Bruja”? Eso es el sueño de una niña.
Omega miró hacia arriba mientras decía eso. El cielo seguía cubierto de densas nubes, sin una estrella a la vista. Eso le molestó, así que levantó los brazos.
En un instante, una ráfaga de viento cobró vida en lo alto del firmamento y dispersó las nubes, revelando la pálida luna que había detrás.
—...Hgha
La luz de la luna se derramó desde el pálido satélite, iluminando a las chicas en el claro del bosque. Entonces, la que estaba abrazando a la “Bestia”, y se encontraba cara a cara con este antiguo ser, jadeó.
Porque, la joven que estaba ante sus ojos era...
—...Ya veo. El hecho de que puedas mantener la calma mientras me miras significa que eres prometedora.
...una “Bruja” de cabello blanco con un atisbo de sonrisa en la cara.
—Los aldeanos maldijeron a Colette como “Bruja”, ¿verdad? Eso no es bueno. Algo como esto siendo confundida como una “Bruja” haría que tanto yo, como aquellas chicas se revolvieran en su tumba.
—Hip
—La aldea estaba por aquí, ¿cierto? Verás, soy malísima con las direcciones.
La “Bruja” sonrió a Palmyra mientras se le helaba la garganta, antes de preguntarle aquello. La asustada Palmyra, incapaz de articular pensamiento alguno, solo pudo asentir repetidamente.
—Muy agradecida.
La “Bruja” agradeció su respuesta, y comenzó a alejarse lentamente. Directo hacia la aldea. Para mostrarles la verdad a todos y cada uno de aquellos cretinos que habían confundido a Colette con una “Bruja”.
—...
Palmyra sintió que se le helaba el corazón al ver a la “Bruja” alejarse en la distancia. Cuando se marchó, dirigió su mirada al cielo, a la luna.
La pálida luna miraba a las dos chicas abrazadas, tan silenciosa como siempre.
8
Comió un poco de carne curada que había sobrado y se calentó el cuerpo con agua tibia.
Después se puso la capa seca y, tras asegurarse de que llevaba los zapatos puestos, terminó de prepararse para el viaje.
—Acabé quedándome más de lo que había imaginado... Aunque supongo que disfruté más de lo que pensaba.
Incluso la vida cotidiana ordinaria era un tesoro en sí misma para alguien con inclinación a poder disfrutar de casi cualquier tipo de acontecimiento desconocido. Mientras abundaran las cosas que sucedían, ella no necesitaba más.
—Dicho esto, no queda nada sustancial. Ese también debe ser mi destino.
Mientras soltaba esas palabras en tono tranquilo, Omega salió de la cabaña que le había servido durante varios días. Como su dueña no estaba, no tenía a nadie de quien despedirse. Una carta de agradecimiento también sería una molestia, supuso.
—Un pájaro no ensucia el nido cuando está a punto de marcharse. Bueno, después de ya haber sido ensuciado bastante.34
Dejando atrás estas impresiones, Omega salió de la cabaña, atravesó el bosque, caminó por el cementerio vacío, antes de salir finalmente al sendero fuera del bosque.
Reanudaría su viaje sin rumbo una vez más. Con esos sentimientos en mente, Omega…
—…¿A dónde vas tú sola, pequeña Omega?
—...Esto sí que es un reencuentro inesperado.
Al ser llamada por detrás, Omega se dio la vuelta, sintiéndose ligeramente desconcertada. Dos chicas jóvenes, una al lado de la otra, aparecieron en su campo de visión.
Las dos chicas, Colette y Palmyra, estaban tomadas de la mano, con los ojos fijos en Omega.
—No habrán venido hasta aquí solo para despedirme, ¿verdad? No debería decir esto, pero no creo que nos hayamos despedido de la mejor manera.
—Te das cuenta, y todavía lo dices... Mira, se te olvidó algo.
34 El modismo sobre el pájaro es uno que se refiere a que cuando uno se va de un lugar debe ver que todo esté en buen orden antes
de irse.
Palmyra le lanzó algo al terminar de hablar. Al instante, Omega estiró la mano para atraparlo mientras se dirigía hacia ella. Intentó tomarlo, pero falló, y el objeto cayó al suelo.
—… Oh, demonios, casi se me olvida.
—...¿Lo dices en serio? Tiene pinta de ser muy importante. Debes de estar mal de la cabeza.
Palmyra le dio un suspiro a Omega mientras esta recogía el importante objeto que había caído cerca de sus pies; Su piroxeno azul. Al lado de Palmyra, Colette alzó la voz y llamó con un: —Pequeña Omega
—Um, sabes, realmente tengo muchas disculpas que necesito pedirte. Después de todo, casi...
—¿Casi me matas? Bueno, a veces esas cosas pasan cuando estás viva. En realidad, no fue más que un intento, así que no tienes que preocuparte.
—¡Pero eso no es justo! Vamos, por favor, por favor, déjame compensarte. No hagas como si no hubiera sido nada y me hagas a un lado.
—...
Ante la apasionada actitud de Colette, Omega se arrepintió una vez más de haberlo arruinado con su elección de palabras. Solo había querido decirle que no se preocupara, ¿cómo había acabado así?
—No hace falta que me des las gracias. Que te trataran como a una “Bruja” fue el resultado de una serie de desafortunados incidentes. Identificamos el origen, así que el malentendido debería haberse aclarado. Ya nadie en la aldea debería tratarte como “Bruja”, ¿cierto?
—Uh-uh, es cierto. Definitivamente ya no.
—Ya veo. Eso me alegra.
Habían ocurrido muchos deslices que no tenían remedio, pero se alegraba de que al menos uno de ellos hubiera terminado bien.
La aldea se había convertido en un pandemonio cuando una “Bruja” real los había visitado. Como lo había escenificado de la forma menos traumática posible, los aldeanos solo tendrían pesadillas el resto de sus vidas.
—Solo queda rezar para que no se ahoguen accidentalmente con su propio vómito.
—...¿Tienes idea de lo que estás diciendo?
—¿...? Solo lo estaba señalando desde una perspectiva lógica, ¿hubo algo extraño en eso?
Palmyra dejó escapar un profundo suspiro mientras Omega ladeaba la cabeza, incapaz de comprender su reacción. Colette intervino en su lugar, con un —Uhm....
—Es gracias a ti, pequeña Omega, que todos en la aldea ya no creen que sea una “Bruja”. Y su malentendido sobre la “Bestia” también se ha aclarado... Pero, ya sabes...
—¿Pero?
—Ahora también saben que soy amiga de una “Bruja”.
—… Eso es...
Omega frunció el ceño mientras Colette lo decía con un ligero golpe en su pecho plano.
Que una “Bruja” real hiciera su aparición había funcionado para demostrar que Colette no era una de verdad. No obstante, parecía que este tipo de tratamiento había funcionado demasiado bien. Los aldeanos buscaron la razón por la que una “Bruja” real había aparecido, y así, Colette había cargado una vez más con la culpa.
Lo que significa...
—Esta vez, no puedo quedarme ni en la aldea ni en el bosque.
—Ya veo... Sí, creo que lo entiendo. No puedo evitar sentir que en parte es mi culpa...
—No, definitivamente todo es culpa tuya.
Palmyra interrumpió a Omega mientras ella buscaba a tientas las palabras, afirmándolo claramente. Casi anonadada por la fuerza de su argumento, Omega se fijó de repente en los trajes que llevaban las dos.
Ahora que veía bien, ambas llevaban ropa de viaje. Y no del tipo que te pondrías para un pequeño recorrido, estaban completamente arregladas para una travesía.
—¿No te lo había dicho ya? No puedo quedarme en la aldea.
—Y también yo he agotado toda mi gentileza con esa aldea. Por eso me voy con Colette.
—Así que íbamos a discutirlo desde aquí... ¿Pero de verdad estás bien sola, pequeña Omega?
Su pregunta tomó desprevenida a Omega en todo su sentido. Y por eso los ojos de las dos chicas brillaron mientras miraban a Omega, cuya expresión facial había cambiado sin querer.
Una de ellas estaba llena de desenfrenado deleite, mientras que la otra estaba llena de nocivo deleite.
—Se los he dicho muchas veces, pero mi viaje no tiene rumbo. No puedo prometerles que vaya a ser una gran aventura spectacular plagada de acción tal como desean las dos.
—¿Spectacu...? Ehm, la verdad es que no te entiendo, pero si es con la pequeña Omega, seguro que será muy divertido. Me encanta salir con amigos.35
—No confío en ti hasta ese punto, pero... siento que tanto tú como Colette caerían en peligro si se las dejara solas.
Colette se agarró alegremente al brazo de Palmyra mientras esta parecía ponerse de mal humor. Entonces, Omega dejó escapar un profundo suspiro mientras miraba a la chica que la veía de arriba abajo.
—De acuerdo. Yo también tengo que enseñarte a usar el Brazalete de la Bestia. No sé hasta qué punto podremos seguir juntas, pero pueden hacer lo que quieran hasta que se harten.
—¡Huraaa! ¡Bien hecho! ¡Sigamos llevándonos bien, pequeña Omega!
Tanto Colette como Palmyra se apresuraron a arrastrar los pies al lado de Omega mientras esta se alejaba resignada.
Habiendo encontrado compañeras en este lugar inesperado, el viaje sin rumbo de Omega, a pesar de todo, continuó.
—...Un viaje sin rumbo, ¿eh? Bueno, comparado con esa aburrida travesía, es mucho, mucho mejor, supongo.
Omega caminaba con las chicas, recordando un incidente que había ocurrido una vez.
El piroxeno azul que colgaba de su cuello temblaba; iluminado por la luz del sol, brillaba intensamente. Casi parecía que intentaba decirle algo a Omega...
Sin embargo, las quejas procedentes del piroxeno solo llegaron a oídos de Omega.
FIN
35 El modismo sobre el pájaro es uno que se refiere a que cuando uno se va de un lugar debe ver que todo esté en buen orden antes
de irse.
