Sección 3
Sección 3
Subaru subió corriendo por la larguísima escalera, pero cuando llegó a la cima, ya era demasiado tarde.
—¡¡¡Julius!!!
Un grito ronco salió de su garganta a pesar de la carga brutal que había puesto sobre sus pulmones.
Pero su voz, sus palabras, no tenían la fuerza suficiente para cambiar la situación.
Una luz blanca cubrió aquel espacio que ya de por sí era blanco.
Subaru no sabía cuál era el principio detrás de aquello. ¿Era porque se trataba de un tajo que, según él, podía cortar incluso la luz? ¿O era la proeza de un espadachín que había roto por completo el molde humano? Fuera cual fuera la razón, el corte liberó una onda expansiva que arrasó con todo.
La persona que estaba en la trayectoria del tajo fue tragada por la luz y salió despedida sin poder oponer resistencia.
Y, literalmente en un abrir y cerrar de ojos, la luz desapareció, dejando solo al alto hombre pelirrojo y al espadachín de cabello púrpura, desplomado en el suelo como un cadáver.
—¡Vaya, pero si has venido, cachomierda!
Mientras Subaru se quedaba sin palabras ante la escena, el pelirrojo le habló con ligereza. Su rostro parecía haber olvidado lo que acababa de pasar; sonreía como un tiburón, respirando con total normalidad.
Entonces señaló al espadachín caído, a Julius.
—Llegas tarde, cachomierda. Ya he limpiado todo aquí, y tengo el presentimiento de que seredes molestos, así que apresúrate, levántalo y saquen sus culos de aquí.
—… Reid Astrea…
—Coño, cachomierda. No vayas metiendo la nariz en los nombres de otras personas, oye. No agües la fiesta, es mucho más genial no dar nombres, cachomierda.
El Palillero—o más bien, Reid—se mostró molesto por haber sido llamado por su nombre.
Subaru tenía sus propias quejas sobre ese comentario irrelevante, pero no actuó imprudentemente. Despacio, sin apartar los ojos de Reid, se acercó a Julius.
—No es menester que me mires tanto, cachomierda; no voy a agarrarte y engullirte.
—Lo siento, pero, de donde vengo, es de sentido común no mirar hacia otro lado cuando te encuentras con un oso.
Aún en guardia y sin perder de vista a Reid, Subaru se agachó y comprobó que Julius seguía respirando. Estaba inconsciente, pero al poner la mano frente a su boca, pudo sentir el leve aliento.
—Esto es bastante amable de tu parte, considerando que dijiste que la próxima vez no nos lo pondrías fácil.
—No realmente. Oye, ser derrotado por palillos y escabullirse a casa es más lamentable que ser asesinado por palillos, ¿no crees? Yo sí lo pienso. Preferiría morir que mostrarme ante otros de manera tan miserable. Así que los derroto con mis palillos y dejo que fuyan de vuelta a casa.
—Déjame retirar lo que dije acerca de que eras amable, escoria.
—¡Já! Nunca me impresionarás, sin importar lo que digas, cachomierda. Además, no tengo ninguna intención de probaros más hoy. Mas, si quieres probarme, apalizarte he. Como a ese chico debajo de ti.
Rascándose la barriga con la mano derecha, apuntó a Subaru y a Julius con los palillos en la izquierda.
—¡Hijo de puta…!
—Sí, sigue ansí. No te quedes en silencio mientras cargas a tu camarada, sigue comportándote como un mal perdedor. Eso es lo más inteligente y fácil que puedes facer si ansí te sientes mejor. Aunque sea irritante.
Reid se sentó y entrecerró cruelmente su ojo azul. Escuchando aquellas burlas victoriosas, Subaru logró como pudo cargar con Julius.
—La próxima vez, trae a una desas mujeres atractivas, cachomierda. Como esa fermosísima chica, por ejemplo.
Hasta el final, Reid agitó la mano, negándose a llamarlos por su nombre.
Pero Subaru no tuvo respuesta para aquella actitud burlona. No pudo hacer nada más que huir.