Sección 4
Sección 4
—…… Aah… Aah…
Subaru bajaba un paso a la vez, cuidando dónde ponía los pies.
Cargando a Julius en su espalda, descendía la larguísima escalera, con los pulmones ardiendo en cada respiro.
—Debo… regresar pronto… Emilia-tan y Beako… deben de estar preocupadas.
Cuando volvieron a la sala verde y descubrieron que Julius no estaba, se habían dividido para buscarlo por toda la torre. Mientras Shaula bajaba hasta donde estaba Joseph con el carruaje, los demás se repartieron entre el tercer piso y las habitaciones del cuarto, recorriéndolas una por una.
Todos estaban preocupados por Julius. Todos pensaban en cómo se sentiría tras haber perdido contra Reid, tras haber dejado atrás su espada rota.
No había dudas de que eran personas cuyo corazón se encogía de preocupación.
Pero Subaru era distinto. Subaru, y solo él, había entendido de inmediato hacia dónde Julius había ido tras dejar su espada así, lo que había intentado hacer.
Era algo que solo Subaru podía comprender…
—Vaya… viaje tan agitado…
—¡Ngh! ¿Estás despierto?!
Al escuchar la voz detrás de él, Subaru se detuvo. Julius se movió un poco en su espalda.
—Ah… ¿Dónde… estamos…?
—Vagamente hablando, estamos a la mitad de unas escaleras; y para ser un poco más precisos, estamos a la mitad de una larga escalera; y aún más precisamente, estamos huyendo en la mitad de la escalera entre el segundo y el cuarto piso.
—Estás siendo bastante vago acerca de eso, no es cierto… ¿Me estás llevando en tu espalda?
—Exacto. Y déjame decirte que es la segunda vez que esto ha pasado en un corto período de tiempo. Y estoy haciendo esto solo treinta minutos después de haber pensado que nunca más me gustaría hacerlo de nuevo; ¿cómo crees que me siento acerca de esto?
—No es de extrañar que el viaje haya sido tan agitado…
—¿Quieres que te suelte?
Sintió una ligera exhalación, que supuso era Julius riendo. Eso hizo que Subaru se relajara un poco.
La verdad, no había podido imaginar cuáles serían las primeras palabras de Julius. No sería exagerado decir que temía las posibilidades. Fue un alivio que no fueran ni desesperación ni abatimiento.
—¿Recuerdas lo que pasó?
—… Triste como es, lo recuerdo. Fui fácilmente derrotado por nuestro enemigo, y al final, todavía se me mostró compasión, causándote problemas a ti, a la señorita Anastasia y a todos los demás.
—… No soy alguna clase de demonio que te culparía por perder contra un oponente como ese.
Subaru suspiró ante esa respuesta tan típica de Julius y retomó el descenso. Ahora que estaba despierto, Julius era más fácil de cargar. El peso que lo había estado agobiando se aligeró.
—Puedo llegar hasta el final solo con la inercia.
—… ¿La señorita Anastasia está a salvo? Vi que se había desplomado y que la estaban tratando en la sala del espíritu, pero…
—El diagnóstico actual para ella es que su vida está fuera de peligro. Tú, por otro lado, estuviste bastante cerca de morir. Ese hijo de puta con el parche… te llevarás una sorpresa cuando sepas quién es.
—… Reid Astrea.
Subaru contuvo la respiración y se detuvo un momento al oír esa respuesta tan segura. Pero enseguida volvió a moverse, ocultando su sorpresa.
—¿Así… así que lo supiste todo este tiempo? Él es esa cosa. Shaula dijo que lo conocía, lo cual tiene sentido al ser alguien de hace 400 años… Pero, parece que estaba diciendo la verdad cuando aludió que es alguien difícil de tratar. Lo digo porque se desmayó justo después de ver su rostro.
—Qué dices; había un montón de cosas que hacían sospecharlo. Su flamante pelo rojo y ojos azules. Su técnica con la espada realmente destacaba… si es que se le puede llamar a eso técnica con la espada. Ni siquiera se permitió blandir la espada contra mí. Simplemente debería decir que es una persona poderosa. Incluso el término Palillero es uno que lo denota por lo que he visto en la literatura.
—¿Así que ha sido llamado Palillero desde la antigüedad porque pelea con esos palillos?
—En realidad, hace referencia a que no eligió un arma con la que se especializara. Tuve mis pensamientos sobre él cuando se presentó como un Palillero… pero, no estaba seguro. Me disculpo por no habértelo mencionado.
El matiz de disculpa en el tono de Julius dejó frío a Subaru.
Sí, había pistas, pero en su mente aquello era exigir demasiado. Reid Astrea, el primer Santo de la Espada, era alguien que debía haber muerto hacía cuatrocientos años.
Que unas cuantas características coincidieran no significaba que uno debiera asumir de inmediato que se toparía con una figura legendaria cuyo nombre había quedado grabado en los mitos.
Si fuera tan fácil, Subaru debería haberlo adivinado antes que nadie.
—Emilia-tan y yo mismo dijimos que estos exámenes se parecían a las pruebas de la tumba de Echidna. Así que, si acaso, yo debí haber sacado esa posibilidad. Y por mi negligencia… nos echaron a patadas.
—Já. Independientemente de eso, ¿cómo es que acabamos encontrándonos a este espadachín de leyenda traído del pasado? En un principio, me habría encantado que me concedieran esta bendición, pero considerando la situación…
—Entiendo cómo te sientes. A estos héroes de leyenda se les da bien ser decepcionantes en realidad. La atalaya está repleta de decepciones como Shaula, que había sido juzgada como Sabio.
—… ¿Entiendes… cómo me siento?
Su voz se quebró y se sintió llena de autodesprecio. Cuando escuchó de cerca lo que Julius había gemido, Subaru apretó los dientes por lo desconsiderado que fue lo que él mismo había dicho.
Aun así, evitó tocar ese punto y cambió de tema:
—Si recuerdo correctamente, el primer Santo de la Espada está grabado en las monedas de oro, pero hay una diferencia bastante grande entre eso y el tipo real. En el caso de Shaula, era inevitable, ya que se trataba de la persona equivocada; pero, en el caso de la moneda de oro y Reid, también hay una diferencia considerable entre ellos dos. El tipo de la moneda de oro parecía más bien un tipo de mediana edad.
—Soló un pequeño dato histórico; fue cuando era mayor que Reid realizó sus hazañas que le llevaron a ser contado como uno de los Tres Grandes Héroes. La figura representada en las monedas de oro es probablemente correcta. El de arriba es más joven que el de la historia registrada.
—Ah, es verdad, parecía que ni reconocía a Shaula…
Subaru solo había querido desviar el tema, pero la explicación de Julius resolvió esa duda.
—Entonces… ¿peleó contra la Bruja estando en su mejor momento? Y nosotros tenemos que derrotarlo justo en esa versión…
—Me parece que eso va a ser muy difícil, o casi imposible.
—Sí, seguro que va a ser agotador. Pero estoy seguro de que habrá alguna manera de superar esto si se nos ocurre un plan. Como están las cosas…
Subaru vaciló, inseguro de si era el momento adecuado para contarlo. Pero fue demasiado tarde.
—Como están las cosas… ¿Qué quieres decir?
—Eh, no es nada…
—Subaru.
Si intentaba inventar que había visto un punto débil, Julius lo descubriría enseguida. Así que se resignó.
—… Emilia superó el Examen después de que tú y Anastasia quedaran inconscientes.
—…
—Eso es todo. La razón por la que ella venció a ese tipo no fue debido a que ella fuera más fuerte que él. Digamos que la suerte estuvo de su lado. Porque Emilia es… única en eso.
Era difícil llamar a aquello una victoria simple. Podía decirse que Emilia obligó al examinador, Reid, a reconocer su resolución y su fuerza, pero era complicado explicarlo a alguien que no lo hubiera presenciado.
—En fin, fue una mezcla de factores, pero Emilia aprobó. Aunque según él, solo quien pasa puede subir. Así que, para que todos avancemos, cada uno debe ganar. Es el mismo problema… o peor.
—…
—Así que tendremos que preparar un plan de batalla. Independientemente de la dignidad de la lucha, si no le convenzo de que Beatrice y yo solo luchamos como un dúo, él ni siquiera me dirigirá la palabra. Y en cuanto a Meili, ella no tiene razón para tomar el Examen en primer lugar. Supongo que lo entenderá después de que hablemos sobre eso… Aunque supongo que estará desanimada.
—…
—Así que no es como si no tuvieras oportunidad de un desquite. Aunque claro, no de la misma forma… La próxima vez, intenta más a mi estilo…
—…
—… Ey, ¿estás escuchando? Ey, ¿Julius?
Al notar el silencio, Subaru se preocupó. Llamó varias veces, hasta que oyó un leve jadeo.
—S-sí, estoy bien. Estoy escuchando, por supuesto. Ya veo, la señorita Emilia lo logró.
—Bueno, mencioné eso un poco antes… pero sí. Que eso sucediera significa que pasar el Examen no es imposible. ¿No estás siendo demasiado duro contigo mismo?
—¿Demasiado duro conmigo mismo? Vaya, realmente no necesitas preocuparte tanto. Todo es exactamente como dices. Si la señorita Emilia pudo pasar el Examen entonces él… El Santo de la Espada, Reid, no es un obstáculo insuperable. Que sepamos eso es increíblemente beneficioso.
—S-sí. Bien… mientras lo entiendas.
Para su sorpresa, Julius aceptó el éxito de Emilia mejor de lo esperado. Subaru se sintió un poco decepcionado después de haberse preocupado tanto. No, mejor así.
Acababa de descubrir que alguien más había superado el obstáculo que lo derribó.
—No tenía por qué preocuparme de herir sus sentimientos. Tal vez esperaba que su lado inmaduro pesara más de lo que realmente es. O quizá Julius Juukulius, el caballero, no puede medirse con la misma vara que yo.
Julius soltó un largo suspiro y continuó con tono sereno:
—¿No es hora de que me bajes? Me voy a marear si sigo en tu espalda. No es como si tuvieras la Protección Divina de la Evasión del Viento como los dragones de tierra, ¿cierto?
—Ten paciencia con la brisa y los temblores, y agradece que te esté llevando. Sin duda es un trabajo agotador, pero no puedo ser tan frío como para hacerte caminar por ti mismo cuando estás herido. Emilia-tan me regañaría.
Sacudiendo la cabeza, Subaru reajustó el peso de Julius sobre su espalda.
Julius había sido vapuleado dos veces en un solo día por Reid. Había peleado sin recuperarse del primer combate, así que su cuerpo debía estar al límite, aunque Reid hubiera buscado quebrar más su espíritu que su carne.
Subaru se mentalizó para cargarlo los doscientos escalones que quedaban. Pero entonces…
—No, no puedo seguir causándote problemas. Estaría bien si siguiera desmayado, pero afortunadamente recobré la consciencia. Puedo bajar el resto de las escaleras por mí mismo.
—No seas tan terco. Aunque insistas, es demasiado tarde. Si dices que te avergüenzas de estar siendo cargado en mi espalda, todos los que estaban conmigo ya vieron eso… excepto Shaula y Anastasia, ya que estaban desmayadas.
—Eso es razón suficiente. No puedo permitir que ellas… en especial la señorita Anastasia… me vean así. Por favor, bájame.
—Puedo notar que fuerzas tu cuerpo. Además—
—¡Te he pedido que me bajes!
El estallido llegó sin previo aviso.
—¡¿Whoa?!
De inmediato, el hombro de Subaru golpeó la pared. Julius se había torcido de forma brusca. Por suerte, Subaru había girado hacia el muro; de no hacerlo, podrían haber rodado escaleras abajo.
Pero al enfocarse en protegerse, perdió el control—
—Gh…
—Tú… ¡Imbécil! ¡¿Qué demonios estabas pensando?!
Volteando, vio a Julius tumbado unos escalones más abajo, tras haberse resbalado de su espalda.
—¡Déjalo ya! Ey, quédate donde estás, idiota. Enseguida te ayud—
—¡No hace falta que lo hagas!
—…
—… Puedo levantarme por mí mismo. Tu ayuda es… innecesaria para mí.
Con los codos apoyados en el suelo, Julius levantó una mano para detener a Subaru. Luego, respirando hondo, tensó el rostro y, con esfuerzo, se impulsó para levantarse. Apoyándose contra el muro, poco a poco, estiró las piernas y se puso de pie.
—Tal como dije, ¿lo ves? Puedo pararme por mí mismo.
Su tono apagado dejó en silencio a Subaru.
Julius giró, apoyando su hombro derecho en la pared, y empezó a descender, tambaleante, a un ritmo de caracol.
Un paso. Otro paso. Con cuidado…
—Tardaré un poco, pero no hace falta molestarte. Más importante, las damas abajo deben de estar preocupadas. No creo que solo tú me buscaras.
Otro paso.
—Si es posible, avísales lo que ocurrió. La disculpa y la explicación apropiadas debo darlas yo, por supuesto. Pero así al menos sabrán que estoy a salvo.
Despacio, paso a paso.
—… Preferiría no ser yo quien lo explique, pero es inevitable. Si puedes prepararles un poco el camino, te lo agradecería mucho. Aunque sé que mi deuda contigo ya es grande.
Sin mirar atrás, Julius continuó bajando, hablando mientras avanzaba. Incluso a su paso de tortuga, la distancia entre ambos se alargaba. Subaru podría alcanzarlo fácilmente si quisiera. Para responder a su petición, tendría que pasarlo. Sus piernas comenzaron a moverse.
—Solo tengo que hablar con ellas primero.
—… Sí. Si la señorita Anastasia ha despertado… No, basta. Ese es mi pedido.
Subaru empezó a avanzar. Podría rebasarlo sin problema. Julius, al oír sus pasos, suspiró con alivio. Como si lo instara a adelantarse.
… No, no lo instaba. Lo suplicaba.
Subaru creyó comprender, al menos en parte, lo que Julius pensaba. Lo sabía porque era lo mismo que él mismo había sentido antes.
El motivo por el cual supo de inmediato que Julius había ido a retar a Reid, incluso cuando Emilia y los demás no lo entendieron… era porque Subaru había estado en ese lugar.
Entonces…
—¡Tch! ¡Ah, maldita sea! ¡Mierda mierda mierda! ¡Imbécil! ¡Los dos somos unos enormes imbéciles! ¡MIERDA!
Maldiciendo con rabia, Subaru corrió hacia Julius. No para pasarlo, sino para atraparlo.
Agarró su brazo izquierdo, el que se aferraba a la pared, y se metió a la fuerza bajo su hombro.
—¿Qué…? ¿Subaru, qué estás…?
—¡Cállate! ¿Cómo que puedes caminar solo?! ¡Te veo encorvado! ¡No puedo dejarte atrás así! Emilia me mataría de regaños, ¡pero más que eso, yo mismo no me lo perdonaría!
—Pero yo—
—Ni yo quiero dar mi hombro si no es necesario. Bastante tengo ya en mis manos. Si te molesta, ¡ENTONCES DEJA DE VERTE TAN PATÉTICO!
El grito salpicado de furia de Subaru enmudeció a Julius.
Ya sin la fuerza para apartarlo, Julius dudó en resistirse. Subaru lo sostuvo firmemente y empezó a caminar, obligándole a apoyarse en él.
—No voy a actuar como si supiera o entendiera lo que está ocurriendo en tu corazón.
—…
—Pero, ahora mismo, no necesitas bajar estas escaleras, estas larguísimas escaleras, completamente solo. Te prestaré mi hombro y tampoco lo consideraré una deuda.
—Hablar de favores y deudas es una estupidez. Si empezáramos a contarlas, ¿cuánto le debería yo ya a Julius? Y tendría que contar desde aquel campo de entrenamiento en el castillo.
—Entiendo por qué fuiste contra Reid aun sabiendo que no podías ganar.
En aquel tiempo… Subaru había sido igual.
Entonces también sabía que perdería, pero aun así había desafiado a Julius. Aunque lo derribaran mil veces, aunque lo golpearan, se levantaba y volvía a enfrentarlo.
Porque no tenía otra forma de desahogar la furia que le ardía en el pecho.
Y cuando todo terminó, tras discutir con Emilia y quedarse solo, fue doloroso. Quiso llorar.
… Así que, ¿cómo dejar que él bajara estas escaleras solo?
La misma rabia hervía en su estómago. Pero ahora no sabía dónde descargarla.
—… Subaru.
—¿Qué?
—… Lo siento.
—Cállate.
Respondió esperando que no sonara como si estuviera desquitándose.
Así, hombro con hombro, los dos descendieron lentamente hacia el cuarto piso.
Pasaron otros doce minutos antes de que Emilia respirara aliviada al encontrarlos.
