Recomendaciones para Vivir en una Torre
Capítulo 6
Recomendaciones para Vivir en una Torre
Sección 1
—¡Julius tiene que descansar apropiadamente aquí hasta que todas sus heridas sanen! ¡Es lo más de lo más importante!
Emilia gritó con firmeza mientras apuraba al caballero maltrecho y magullado hacia la Sala Verde.
Tras el alivio inicial al ver regresar a Subaru y Julius después de bajar las largas escaleras hasta el cuarto piso, esa fue la reacción inmediata de Emilia.
—Ser capaz de cambiar de mentalidad tan rápido, sin duda, es una virtud, y agradezco la forma en que lo hizo sin permitir ninguna réplica. Si no pregunta el porqué, tampoco tendremos que explicarlo. Seguro que tenía muchas cosas que quería preguntarle a Julius también…
—Aunque no lo haga, estoy segura de que Subaru ha dicho lo importante. Así que, voy a hacer que descanses bien, y todo lo demás puede esperar. ¿A que sí?
Subaru se encogió de hombros mientras Julius se sentaba en la cama de plantas.
—¿Ves?
Emilia, con las manos en las caderas y una expresión imperiosa, seguía viéndose adorable.
—Por supuesto. Ya les he causado a usted y a Subaru demasiados problemas. No seré tan descarado como para desobedecer una orden. Obedeceré.
—Tantas palabras cuando bastaba con un simple “entendido” …
—¡Bien! Entonces queda decidido. Tú eres el que está herido y necesita descansar y recuperarse. No te preocupes por molestarnos. Para eso están los amigos.
—…
—Patrasche, vigila a Julius, por favor. Si pasa algo, relincha fuerte para llamarnos.
Dejando a un lado la disculpa enrevesada de Julius, Emilia se dirigió a Patrasche, que también estaba en la sala verde recuperándose de sus heridas.
Había un límite en cuanto a cuántos podían permanecer en la sala, así que con más heridos, Subaru y Emilia no podían quedarse allí. Por eso, lo mejor era dejar que alguien en tratamiento se encargara de vigilar, y en este caso, lo dejaron a Patrasche.
—Me avergüenza que sientas la necesidad de llegar tan lejos, señorita Emilia. Bajaré la cabeza aquí, como se me ha ordenado.
—Es un poco difícil recuperar la confianza una vez que la has perdido. Hablando de eso, es un poco difícil superar a Patrasche, que casi siempre tiene la máxima puntuación de confianza. Si sucede algo raro, está bien si no te contienes y lo muerdes, Patrasche.
Patrasche relinchó, aceptando encantada el encargo. La más comprensiva del grupo de Emilia parecía sentirse responsable por haber dejado que Julius fuera solo antes.
—Mira, mira. Hasta Patrasche deja salir un “No pasarás la próxima vez”.
—Me pregunto por qué parece que realmente haya dicho eso. Qué curioso.
—Pero, según el ministro de Asuntos Internos bilingüe, más o menos, el significado es correcto. Pero, como es una dama, ella podría terminar sus frases de una forma muy refinada, ¿sabes?
—Con lo fuerte que es nuestro vínculo, últimamente me basta para entenderla incluso sin Otto. Pero si lo dijera, me daría un coletazo. El corazón de una doncella es complicado.
—Me concentraré en curar mis heridas. Poder recuperarme en tranquilidad rodeado de damas como estas es todo un privilegio.
—Te aviso de antemano que todas las chicas de aquí, excepto Anastasia, me pertenecen.
—Yo no soy de Subaru todavía… Pero, ahora que lo pienso, siendo Subaru mi caballero, ¿eso no lo haría mío?
—¡Eso me hace muy feliz pero también me da mucha vergüenza!
Emilia llevó un dedo a sus labios mientras hacía una afirmación bastante atrevida que dejó a Subaru dividido entre la euforia y la ansiedad al girarse hacia Julius.
Sabía que la montaña frente a él tardaría en superarla. Pero estaba comprobando si al menos tenía espacio para respirar y alinearse en la primera estación del recorrido.
—Bueno, como sea, mientras descansas, tal vez quieras sostener tu cabeza y dar vueltas mientras piensas en lo que acaba de pasar, pero no olvides que Patrasche está vigilando.
—Puedes estar tranquilo. No haré gala de tal desvergüenza. Sería muy poco elegante por mi parte.
—… Parece que ya te estás recuperando, eh.
—Ju.
La respuesta, que sonaba al Julius de siempre, hizo que Subaru sintiera un pequeño alivio, y su expresión se suavizó.
—Menos mal que no lo dejé solo en esas largas escaleras. Si eso al menos le ayudó un poco, entonces la enorme vergüenza que sufrí en el castillo habrá servido de algo.
—… Patrasche, cuento contigo.
Con esa última petición a su fiel corcel, Subaru salió de la sala verde junto a Emilia.
Al irse, Subaru notó que Patrasche se acercaba a Julius y escuchó la risa irónica de este al ver a la dragona ponerse en guardia. Era un animal inteligente y se tomaba sus instrucciones muy en serio.
Con el estado mental de Julius y la fidelidad de Patrasche, no hacía falta preocuparse de los que estaban en la Sala Verde por ahora.
—… ¿Debería congelar la puerta por si acaso?
—Siempre me asombra la imaginación de Emilia-tan, pero dejémoslo como último recurso, ¿sí? Tampoco quiero enfadar al espíritu de esa sala.
—Sí, tienes razón. Juju, solo quería ver qué decías. Solo estaba bromeando.
Emilia sacó la lengua en un gesto adorable mientras se disculpaba por la broma. Los labios de Subaru se suavizaron ante esa reacción, pero no mencionó que guardaba en su memoria esa opción.
—De todos modos, dejemos los asuntos de la Sala verde a su espíritu residente. Por lo que he visto, las heridas de Patrasche parecen estar curándose muy bien, así que Julius también se recuperará pronto.
—Sí, así es. Las heridas de Julius… no eran tan graves como parecían. Creo que volverá a estar completamente sano en poco tiempo. Reid lo quiso así, supongo.
—… Se le da bien tomarse las cosas con calma, ¿eh? Supongo que no puedo dejar que Julius escuche esas cosas.
Emilia escogió sus palabras con cuidado, y Subaru se rascó la cabeza mientras asentía.
Que Reid usara palillos como arma era la broma más cruel posible, pero lo cierto era que su fuerza era tan abrumadora que podía jugar con alguien tan poderoso como Julius como si fuera un niño.
La primera generación del Santo de la Espada, el hombre que derrotó a la Bruja de la Envidia junto al Sabio y el Dragón. Ante una leyenda como ese hombre, uno no tenía más remedio que asentir con la cabeza y aceptar las cosas como eran.
Aunque que fuera un modelo personal desastroso para un héroe legendario era otra historia.
—Por ahora, nuestro principal tema sería…
—Encontrar una forma de superar ese molesto segundo Examen o lo que sea, antes de que las heridas del caballero Julius se curen, ¿verdad?
Una voz fría interrumpió la conversación.
Al mirar, era Ram, apoyada contra la pared del pasillo, esperando a que ambos regresaran. Había tenido que esperar fuera por el límite de personas en la sala verde. Subaru se rascó la mejilla cuando ella dijo justo lo que él pensaba.
—¿De verdad mi cara es tan expresiva que puedes leer exactamente lo que pienso?
—Solo tenías una lista de todas tus preocupaciones escrita en la cara. Todos y todo lo que te preocupa ahora mismo está en esa sala, Barusu. Eso es todo.
—Eso no es cierto. Me preocupo por todos aquí, no solo por los de la Sala Verde. Emilia y Beako, obviamente, pero también tú, HERMANA.
—¡Já!
Subaru levantó el pulgar, pero Ram solo bufó con desdén. Subaru hizo un puchero mientras Ram se daba la vuelta y empezaba a caminar, y Emilia se tapaba la boca riendo.
—Está bien. Ram solo se puso un poco nerviosa. Es que no es muy honesta.
—Creo que no estás siendo imparcial, pero si Emilia-tan lo dice…
Echándole un vistazo a Emilia, que sonreía suavemente, Subaru crujió el cuello y siguió a Ram. Ella se dirigía a una de las habitaciones más pequeñas del cuarto piso.
Al entrar…
—… Llegan tarde, supongo. Nos han hecho esperar demasiado tiempo, de hecho. ¿Julius está bien, supongo?
—No te preocupes. Por el momento, parece que ya pasó lo peor. Seguro que estará dándole vueltas a muchas cosas, porque tiene un fuerte sentido de la responsabilidad, pero no caerá en la desesperación ahora.
—Si Subaru lo dice, tomaré esas palabras al pie de la letra, de hecho. Así, nuestros problemas pueden reducirse a únicamente uno, supongo.
Beatrice asintió, y Subaru también antes de mirar alrededor de la sala.
Había muchas habitaciones vacías en el cuarto piso, pero esa era donde habían llevado su equipo, y podía llamarse su base de operaciones en la torre.
Sentados en círculo en la base estaban Subaru, Emilia, Ram, Beatrice…
—Shaula, quiero preguntarte más cosas sobre ese imbécil.
—¡Uhiii, el Gran Maestro tiene una apariencia superespeluznante! Pero, pero, tampoco odio que sea superduro conmigo. Es amor-odio.
—Lo que dice ella, Gran Maestro. Repugnante.
—¡Me están difamando!
…Y con ellos estaban una Shaula inquieta y Meili, que se había acostumbrado a seguirla. Ram culpando a Subaru por las locuras de Shaula era lo habitual.
—De todas formas, gracias a todos por ayudar a buscar a Julius. Aunque le diga que no se preocupe, seguro que se disculpará después, pero lo importante es que está a salvo.
—Está bien. Yo también se lo dije a Julius, pero me alegro de que lo hayamos encontrado sano y salvo. Seguro que todos los demás piensan lo mismo, ¿no?
—Preferiría que mi opinión no fuese la misma que la de la señorita Emilia.
—¡¿Eh?! ¿¡Por qué?!
Subaru intentó llevar la conversación, pero la diferencia de opiniones entre Emilia y Ram la descarriló enseguida.
—Por favor, escuche con atención. Por lo que me han informado, el segundo Examen debe ser superado por todos los presentes en la torre. Y, sin embargo, el caballero Julius tomó el asunto sin consultar a ninguno de nosotros e hizo un segundo intento por su cuenta. Si hubiera un solo paso en falso aquí, podría haber roto la relación de cooperación que hemos construido entre la facción de la señorita Anastasia y la nuestra.
—¿Porque, solo por sus acciones, todos nosotros podríamos haber sido descalificados?
—Si ese fuera el caso, todo nuestro viaje habría sido en vano. Tampoco es seguro que el examinador del segundo piso nos dejara marchar a salvo… y eso incluye a ese falso Sabio de allí.
Ram echó un vistazo a Shaula tras explicar a Emilia.
No esperaba que la involucraran, así que Shaula se señaló a sí misma.
—¿Con “falso Sabio” se refiere a mí? ¡Es superimpensable, llamarme así! ¡O sea, nunca me he llamado a mí misma Sabio! ¡El único nombre que doy es el único que me dio el Gran Maestro, y es Shaula! ¡Soy superdevota a mi único Gran Maestro!
—Es bastante sincera, por lo que parece, Gran Maestro.
—¡No me mires cuando dices eso! … Y tampoco puedo negar lo de Julius.
Aunque no le gustara lo exagerado de sus palabras, considerando el peor escenario, el análisis de Ram no era incorrecto. Julius había expuesto a todos al peligro con sus acciones.
Incluso sin conocer los detalles del examen todavía. Eso lo hacía más imprudente.
—Que eso no fuera propio del caballero Julius es algo que yo, que apenas conozco a ese hombre, no puedo decir. Pero, teniendo en cuenta a Gula, no me pareció una persona que hiciera tales cosas.
—Bueno, estoy de acuerdo con eso… Pero mi opinión es un poco diferente a eso, ya que conozco al tipo. Lo achaco a un Sarampión de Masculinidad.
Una enfermedad que todos contraen una vez. No sé si es justo compararlo con eso, pero el sarampión o la varicela son mucho peores si los coges de adulto. Especialmente porque puede ser mortal.
—Que no haya sido fatal esta vez… Contentémonos con eso y no se lo achaquemos más.
—… Solo que no quiero tropezar por culpa de otro.
Ram murmuró suavemente, apartando la mirada de Subaru.
—¿Y quieres empezar una pelea por eso? ¿O quieres hablarlo? Si no decides, no pienso seguirte el ritmo.
Entonces Meili intervino, cortando la tensión cuando el ambiente estaba a punto de oscurecerse. Apoyada en Shaula, jugaba distraídamente con su trenza mientras miraba alrededor.
—Buenoo, ¿quieren pelear aquííí? ¿O quieren seguir con la conversacióóón? Si no lo deciden prontooo, me desentendrééé.
—Oye… No, tienes razón. Esa posición tuya de espectadora nos ha salvado muchas veces.
—¿Es asííí? Ujujuju, entonces agradécemelo, ¿de acuerdooo?
Meili sonrió con la inocencia de una niña acorde a su edad cuando Subaru le dio las gracias.
Pese a su juventud, Subaru consideraba valiosa su mirada independiente. Al recordar, había sido su sugerencia retirarse del segundo examen.
—Sigue así, ¿de acuerdo? Es importante ver las cosas con compostura.
—Qué convincenteee. Aunque digas cosas así, mi trabajo se acabó cuando salimos del mar de arena, ¿verdaaad? De todas formas, no sirvo para nada mááás.
—Cuantas más cabezas, mejor. Y aunque hayamos cruzado el desierto, todos seguimos en el mismo barco dentro de la torre. Considéralo tu mala suerte y déjame apoyarme en ti.
Meili se sorprendió por la sinceridad con la que Subaru admitía que pensaba pedirle ayuda.
—Ya entiendo por qué Petra siempre se preocupa.
—¿...? ¿Qué pasa con Petra?
—Nada. Más importante, ¿no ibas a interrogar a la medio desnuda?
Meili infló las mejillas y apartó la mirada. Se levantó e intentó empujar la espalda de Shaula. Aunque sus frágiles brazos no podían moverla, Shaula igualmente se adelantó encantada, se arrodilló frente a Subaru y bajó la cabeza hasta el suelo.
—Puede que me falte experiencia, pero cuídeme.
—Es una actitud muy admirable la tuya. Bueno, ahora pasemos al asunto de los regalos de boda… ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡¿Emilia-tan?! ¡¿Beako?! ¡¿Por qué me pellizcan ambos lados?!
—Por nada
—No es nada, de hecho.
Subaru no tenía intención de dejar pasar pellizcos sin motivo, pero el humor de Emilia y Beatrice lo hizo pensárselo dos veces.
—E-el tipo de arriba es inequívocamente Reid Astrea. El propio hombre lo admitió así. Así que te pido a ti, como testigo vivo de aquella época, que nos ilumines. ¿Qué clase de tipo era?
—Era basura humana.
—Ya lo dijiste antes, y lo hemos confirmado viéndolo nosotros mismos.
Los labios de Shaula se torcieron en una mueca desagradable al recordar a aquel muerto. Dejando de lado al hombre de arriba, estaba claro que le sobraban los malos recuerdos.
—Supongo que era de esperar, teniendo en cuenta que se desmayó al verlo.
—Tenemos que pasar a través de él, sea como sea. Me encantaría recibir aunque sea una sola pista sobre cómo superar el Examen del segundo piso.
—Así que, por favor, cuéntanos todo lo relativo a él. La personalidad del Santo de la Espada Reid, sus hábitos, sus relaciones, sus gustos, qué no le gusta, su forma de ser, sus debilidades… Sí, queremos saber su debilidad. Dilo ya.
—¡Estás yendo demasiado rápido! ¡¿Crees que no me habría vengado si conociera sus debilidades?! ¡No tiene ninguna!
—Tch. Inútil.
—Esta niña se cree por encima de mí más que el Gran Maestro…
Shaula frunció los labios ante la presión de Ram, pero solo se encogió de hombros ante su mirada gélida y se escondió detrás de Subaru usándolo como escudo.
—¿Qué estás haciendo, escondiéndote? Definitivamente eres más fuerte que ella.
—No se trata de quién es superfuerte o quién es superdébil. De alguna manera, mis instintos me dicen que haga esto. Tal vez es el Gran Maestro quien tiene miedo. Ese sentimiento de miedo me está afectando, porque somos uña y carne.
—No me eches la culpa de tu falta de coraje.
Incapaz de relajarse al sentir algo blando empujando su espalda, Subaru agarró a Shaula por el cuello y la arrastró de vuelta a donde estaba antes.
Iba a reanudar el interrogatorio, pero…
—Esto… Al final, Shaula no sabe mucho sobre el Examen, ¿verdad?
—No es que no lo sepa. Solo sé que aún no es el supermomento de contarlo todo. O sea, creo que todo se revelará cuando se conquiste la torre.
—Ya veo… Estoy muuuy emocionada.
—No juegues con la inocente Emilia.
—Aunque no conozcas las debilidades del Santo de la Espada, él tiene hábitos, ¿no? Si tiene un patrón de lucha, por ejemplo, podríamos idear una forma de combatirlo.
—Hábitos, ¿eh? Ahora que lo dice, ¡cada vez que intentaba matarlo por acoso sexual, tenía el valor de rascarse el culo mientras se defendía! ¿No es eso un superpatrón?
—Creo que eso solo era para provocarte…
—Creo que su superdebilidad son las chicas bonitas. Supongo que, si pasa una chica superbonita, podría ayudar.
—En ese caso, ¿quedaríamos atrás solo Julius y yo? Eso es aterrador.
—S-Subaru quizás sea capaz de pasar, si se esfuerza, como cegándolo, definitivamente, de esa manera, creo que tal vez realmente podría pasar, ¡supongo!
—¡Eres tan condenadamente linda!
Cuando Beatrice se esforzó por idear una salida que no hiriera sus sentimientos, Subaru la envolvió en sus brazos y le acarició la cabeza.
—En cualquier caso, Emilia tuvo éxito por casualidad, de hecho. Una simple coincidencia. Ese hombre bajó la guardia por casualidad y ella pudo golpearlo por casualidad, supongo.
—¿Y cómo supones que pasó eso?
—Si Emilia hubiera querido matarle, ese hombre no habría sido golpeado, de hecho. Por lo tanto, fue el descuido de ese hombre lo que llevó a la victoria de Emilia, supongo.
—¿Eh? ¿Acabo de ser elogiada?
—Te he elogiado, de hecho.
—Ah, justo lo que pensaba. Juju, gracias. Me hace muuuy feliz.
Emilia celebró el análisis halagador de Beatrice y el cumplido implícito mientras Subaru premiaba a Beatrice con otra caricia en la cabeza.
—Pero es bastante genial pensar que su habilidad para contrarrestar depende de la cantidad de intención de matar. Conque así es, ¿eh? Cuanto más en serio vas sobre eso, tanto más.
—... Miremos lo que dice Barusu desde otro punto de vista: como no sabes hasta qué punto él se puede poner serio, es mejor no dejar que se ponga serio.
—¿No podemos… dejar que se ponga serio?
Recogiendo esa idea, Subaru frunció el ceño. Ram seguía pensativa mientras continuaba.
—La señorita Emilia fue reconocida porque creó una condición y la cumplió… La condición para superar este Examen es bastante voluble, ¿no?
—Pienso lo mismo sobre los detalles difusos de las condiciones. Reflejan muy bien el temperamento del examinador.
—Por eso, creo que lo mejor es entretener al examinador y, de paso, plantear condiciones que puedan servir para el Examen. Además, uno tiene que derrotar al examinador para avanzar al 2º piso.
Al oír la explicación de Ram, a Subaru le cayó la ficha.
Con la cláusula de” sin mover un solo paso”, la avalancha de ataques y un poco de suerte, Emilia había arañado una victoria, incluso si fue tras Reid bajar la guardia y bajo las condiciones más indulgentes para ella. Ahora debían asumir que ganar a la fuerza bruta era imposible.
—Aun así, no creo que pueda ganarle siquiera en un duelo de piedra-papel-tijera.
—Así que tenemos que encontrar una condición que convenza a Reid para que la acepte, y luego hacer lo mejor que podamos… Tal como pensaba, este Examen es uno realmente duro en el que tienes que pensar, ¿eh?
—Más que duro, yo diría que éste es un tipo de acoso diferente comparado con el del tercer piso.
Tras probar conocimiento (de otro mundo), ahora se trataba de probar la fuerza (contra el más fuerte del mundo). En ambos casos, el verdadero objetivo de los exámenes era distinto a lo aparente.
Así que, aunque las dos pruebas eran diferentes, ambas eran claras manifestaciones de la malicia del Sabio que construyó esta torre.
Y entonces…
—… ¿No está bien así? O sea, si no tienen prisa, tómenlo con supercalma.
—Aunque digas “con calma” …
Mientras Subaru observaba pensativo, Shaula, sentada despreocupadamente en el suelo con las piernas cruzadas, intervino alegremente. La cara de Subaru se tensó, pero a ella no le importó. Sus ojos brillaban de felicidad.
—Estaría superbien que el Gran Maestro y todos los demás se queden aquí para siempre jamás. Porque he estado esperando que el Gran Maestro vuelva a casa durante cientos de años.
—Eso es…
—Pueden tomarse el tiempo que quieran, todo el que quieran, para superar los Exámenes. Siempre estaré velando por ustedes; sin importar cuántos días, años, o incluso siglos lleve.
Había un peso en sus palabras que no podía tomarse a broma.
Estaba de buen humor, sonriendo y rebosando afecto hacia ellos—o mejor dicho, hacia Subaru, pero sus palabras también contenían el peso de los siglos que había pasado esperando.
El peso de la guardiana que había protegido la torre durante cientos de años obedeciendo las órdenes del Sabio.
Shaula lo había dicho: estaba prohibido salir sin completar los exámenes. Si se rompía esa regla, aunque fuera Subaru, a quien adoraba como a su maestro, no tendría ninguna piedad.
Que fuera amistosa, que fuera cariñosa, no significaba que fuera aliada.
Cuando se trataba de superar la Atalaya Pléyades, la persona encargada como Guardiana Estelar… Shaula era…
—¡Está bien quedarse aquí y divertirse conmigo!
… no una aliada en la que confiar. Subaru lo sintió dolorosamente claro al ver esa sonrisa en su rostro.