Sección 4
Sección 4
Una vez terminaron de comer y se tomaron un baño (que consistió principalmente en frotarse el cuerpo), dieron el día por terminado, y era hora de irse a la cama.
—Ahora que lo pienso, quizá una caótica reunión nocturna para idear cómo superar esta torre habría sido el camino correcto… pero también es difícil imaginar que encontráramos una respuesta así ahora mismo. El yo del futuro tendrá que encontrar la solución a esos problemas, aunque eso suene un poco despreocupado.
—Realmente, no es un problema cuya solución se nos vaya a ocurrir fácilmente. Tomémonos un poco más de tiempo.
—Es lo que hay. En el peor de los casos, existe la opción de volver a intentarlo mañana sin ningún plan extra. Simplemente prueba y error, en vez de intentar abarcar todas las posibilidades. Lo que ocurre si cometemos un error fatal es preocupante, pero al menos ese imbécil no parece tener intención de matarnos Y quizá encontremos una pista hablando con él, como cuando Emilia consiguió concesiones solo con pedírselo.
—Aun así, necesitamos ser capaces de analizar lo que venga, y eso significa comer y dormir lo suficiente para poder rendir al máximo.
Frotándose las mejillas con ambas manos, Subaru intentó sacudirse de encima los problemas que lo agobiaban.
Así que por hoy ya estaba todo decidido. Todos volvían al carruaje a dormir y prepararse para mañana, pero…
—Subaru, Betty estará junto a Emilia y los demás en el carruaje de dragón, de hecho.
—Bien, entendido. Lo siento, Beako. No vayas a dormir muy tarde. Dejarás de crecer y te quedarás atascada así de chiquita… Espera, así eres bastante linda. Muy bien, Beako, quédate despierta hasta tarde.
—No tienes de qué preocuparte, Betty ya no crecerá más, supongo. Seré linda por siempre, de hecho. Así que me quedaré así, aunque me vaya a dormir temprano, supongo.
Beatrice bostezó y saludó con la mano de manera casual mientras se marchaba. Iba de la mano con Emilia.
—Emilia-tan, cuida de Beako. Hasta mañana.
—Sí, hasta mañana. Subaru, tú tampoco te vayas a dormir muy tarde, ¿sí?
Con eso, y sin reprocharle por haberse quedado levantado hasta tarde, Emilia bajó las grandes escaleras hacia el piso inferior. Viéndolas marchar, Subaru se estiró un poco y caminó por el pasillo del cuarto piso.
Su objetivo era fácil de encontrar: la puerta cubierta de enredaderas que daba al cuarto verde.
Allí…
—¿Eres tú, Subaru?
—… Ah, eres tú.
Frente a la sala se topó con Julius, que abrió los ojos, sorprendido al verlo.
Julius estaba justo a punto de entrar en el cuarto verde. Sus ojos se entrecerraron un instante al ver a Subaru, pero enseguida asintió con comprensión.
—Entiendo. Parece que compartimos el mismo motivo para entrar en esta sala.
—Estoy bastante seguro de que tenemos a diferentes personas en mente… Entonces, ¿debería cederte esta noche?
—No, debo cederte el lugar. Tú estuviste inconsciente dos días. Pudiste confirmar que está a salvo, pero estoy seguro de que ella también esperaba esta noche con ansias.
—… Bueno, si lo dices así, no voy a discutirlo.
Rascándose la cabeza con torpeza ante esa circunlocución elegante, Subaru miró de reojo a Julius.
—No parece que esté forzándose, pero nunca fui bueno leyendo las caras de la gente. Si lo está ocultando, yo no podría darme cuenta.
—¿Estás seguro con eso? Supongo que tú querrías estar a su lado.
Subaru suspiró y preguntó directamente lo que pensaba. Julius sonrió débilmente.
—Es cierto que, de ser posible, me gustaría estar junto a la señorita Anastasia cuando despierte. Es solo que… siento que no sabré qué decirle cuando llegue ese momento. Ciertamente me siento perdido en este aspecto. Es absolutamente patético.
—Primero dirás “estaba muy preocupado, me alegra que haya despertado”, ¿no? El problema es lo que viene después. Esto… Bueno, te lo dejaré a ti.
—Ju.
—¿Por qué te ríes? Con lo en serio que hablaba…
Había sido una respuesta cuidadosamente pensada, pero no parecía satisfacer a Julius. Dándose la vuelta, Julius le dio la espalda a Subaru, que se sintió herido por la risa.
—Eres capaz de decir libremente lo que piensas. Envidio eso de ti.
—Suena como si me estuvieras llamando idiota, lo cual molesta. Oye, ¿a dónde vas?
—Te dejaré este lugar a ti. Regresaré al carruaje de dragón a reposar. Me siento levemente fatigado por todas las actividades de hoy.
Julius levantó la mano mientras se alejaba.
—¿Se ha recuperado tanto como para decir “un poco cansado” después de lo del examen? ¿O también es solo fachada? No puedo saberlo.
—No puedo saberlo, pero…
—… Julius, sí que sería mejor si estuvieras al lado de Anastasia cuando despierte. Cuando haya acabado con todos mis asuntos iré a despertarte, así que será mejor que estés listo.
—…
—Que sepas que estoy bastante seguro de tener muchos más arrepentimientos sobre mis espaldas que tú. Así que este es mi ADVICE. Te lo digo en serio.
Eso fue lo último que Subaru dijo antes de que la figura de Julius desapareciera por el pasillo.
No respondió, pero no se convertirá en un problema.
Al menos, Subaru tenía esa fe en él.
—Voy a entrar.
Negando con la cabeza, dejó de lado su preocupación por Julius y empujó la puerta, entrando al cuarto verde. Como siempre, estaba iluminado por una luz tenue, cubierto por un inmenso verdor, y en el interior descansaban dos chicas en camas de hierba.
La cama más cercana era la de Anastasia, y más al fondo estaba Rem.
—Y en el último rincón, tú.
Al alzar la vista, Subaru vio a Patrasche en completa naturalidad, como si esa situación fuera lo esperado. No solo eso, sino que su fiel dragona había dejado libre la mitad de la cama, haciendo espacio para que Subaru se sentara al lado, junto a donde dormía Rem.
—Eres una dragona de tierra desperdiciada en un tipo como yo.
Riéndose un poco, Subaru se rascó la mejilla y aceptó la consideración de Patrasche, sentándose en la cama y sonriendo suavemente a Rem, que descansaba plácidamente.
—Julius dijo que ella estaba esperando a que cayera la noche…
Se equivoca.
—Eso no es así en absoluto. Rem no está esperando un momento en que pueda hablarle sin interrupciones. Soy yo.