Sección 5
Sección 5
Subaru notó el cambio cuando sintió que su hombro se sacudía.
—… ¿Eh?
Levantando la cabeza, se puso lentamente de pie.
Su conciencia volvió a la realidad, escapando de la niebla de los sueños.
—¿Me he… quedado dormido?
Llevándose la mano al mentón, se sorprendió de haberse quedado dormido.
Debió haberse desmayado en algún momento mientras hablaba con Rem.
Como había apoyado la cabeza, tenía marcas en la mejilla por las hojas. Pasó los dedos sobre ellas…
—Lo que significa que yo también estaba bastante cansado… ¿Eh, Patrasche?
Subaru se giró a mirar la razón por la que había despertado. Patrasche le había golpeado con la cola. ¿Por qué me despertó?
Pero no tuvo que preguntarle a su querida dragona para obtener la respuesta.
Era obvio.
Por el rabillo del ojo notó algo extraño y se volvió bruscamente.
—… No puede ser…
De las dos camas de la sala, una—la que ocupaba Anastasia—estaba vacía. Subaru sintió un escalofrío.
—D-después de que le dije todo eso a Julius…
—Por quedarme dormido, ni siquiera noté que se fue… No, no es solo eso.
—Despertó… Entonces, ¿qué…? ¿Dónde fue? ¿Al baño? ¿Sin despertarme?
Que Anastasia—o más precisamente, Eridna—hubiera dejado la Sala Verde sin decir nada, mientras Subaru también dormía allí, no era una buena señal.
—¿Por qué lo hizo? No debería ser por la misma razón que Julius se había marchado solo, pero…
—La cama todavía está caliente… Tengo que ir a buscarla.
Aún estaba caliente, y además Patrasche lo había despertado. Probablemente no había pasado mucho desde que salió.
—¡Patrasche! Vigila a Rem por mí. ¡Y gracias por despertarme!
Agitando la mano al breve relincho de ella, Subaru salió corriendo de la sala.
Su mente iba a toda prisa, pero no lograba imaginar a dónde podría ir Anastasia. Si fuera él, lo primero que querría sería asegurarse de que Emilia, Beatrice y los demás estuvieran a salvo, así que en su caso eso significaría comprobar cómo estaba Julius.
—No, espera, es Eridna quien se encuentra dentro de ella ahora mismo. Es imposible que sea algo tan simple. Pero entonces…
No puedo cubrirlo todo solo. Es vergonzoso haberme quedado dormido así, pero debería avisar a los demás para que la busquemos juntos…
—¿Eh?
Estaba a punto de bajar las escaleras para alertar a todos cuando se detuvo en seco.
Era una reacción atónita, confusa. Una reacción a ver algo inesperado, algo que no debería estar allí.
—…
Mientras sus ojos se abrían de par en par, algo cruzó tranquilamente su campo de visión. Era un ave de alas blancas, que volaba con gracia a través de un pasillo bastante estrecho.
—¿Un pájaro…? ¿Aquí?
Subaru se quedó desconcertado por la presencia del ave, que no tenía por qué estar allí.
No hay ventanas ni agujeros en el muro exterior de la torre. Está completamente sellada, y la única conexión con el exterior es la puerta del quinto piso.
—¡Gh! ¡E-espera!
Sintiendo que algo no cuadraba, Subaru corrió desesperado tras el ave, que se alejaba cada vez más.
Vaciló un instante, preguntándose si debía avisar a alguien sobre la desaparición de Anastasia y el pájaro, pedir ayuda quizá.
Pero Subaru eligió seguir al ave. Sus instintos le gritaban que si lo perdía de vista, pasaría algo terrible, así que obedeció y lo persiguió.
Por supuesto, el ave no fue tan amable como para reducir la velocidad solo porque Subaru lo pidiera. Siguió volando con gracia por el pasillo, alejándose más y más.
Subaru lo persiguió con todas sus fuerzas, y al final…
—¡¿...?! ¡¿Ha desaparecido?! ¡Eso es imposible…!
Su voz se quebró al llegar al final del pasillo.
El pasillo era un arco que seguía la pared exterior de la torre, pero no formaba un bucle completo. A mitad de camino había un muro que bloqueaba el paso.
Usando un reloj como referencia, había un muro conectando las posiciones de las doce y las seis, bloqueando el paso sin importar desde qué lado se llegara.
Subaru ya lo sabía, así que había asumido que lograría atrapar al ave a menos que abriera una puerta o entrara en alguna habitación, pero…
—No parece que se haya estampado contra la pared y se haya caído. ¿Qué está pasando aquí?
Sin poder encontrar rastro de dónde desapareció el pájaro, Subaru miró alrededor confundido.
Por desgracia, no había una habitación cerca a la que pudiera haberse escapado. Había aparecido de repente y había desaparecido igual. Casi parecía un sueño, pero…
—… Esto es una pluma, ¿no?
Recogiendo una pluma blanca caída en el suelo, Subaru tuvo la prueba de que el ave realmente había estado allí. Al menos podía llevarla a los demás para demostrarlo. Pero eso no resolvía nada.
—No hay pistas de a dónde desapareció Anastasia…
—No, espera… Tiene que haber algo aquí, donde estaba la pluma…
Pensando eso, Subaru empezó a inspeccionar por completo el suelo y las paredes cerca de donde había estado la pluma. Tocó, empujó y tanteó el suelo de piedra, el techo, las paredes y los alrededores.
Pero no parecía haber nada oculto, y empezó a impacientarse a medida que pasaba el tiempo.
—De verdad debí haber llamado a alguien…
Justo cuando pensaba eso…
—¡¿Ah?!
Puso la palma en el suelo donde había estado la pluma. Y al rozar la pared con los dedos, estos atravesaron la superficie.
No era una ilusión óptica. Extendiendo lentamente la mano, comprobó que no podía tocar la pared.
—Pero estoy bastante seguro de que he revisado las paredes de aquí a fondo.
Para asegurarse de que no estaba enloqueciendo, volvió a probar. La pared estaba allí desde su cintura hacia arriba, pero más abajo era un engaño.
Una pared ilusoria que cubría la entrada. La última vez que había visto algo parecido fue tiempo atrás cuando Petelgeuse y el Culto de la Bruja se escondían en aquella caverna.
—… Quien no arriesga no gana, eh…
Gateando, logró pasar bajo la pared. Dudó un instante antes de decidirse a atravesar y ver qué encontraba.
El ave probablemente pasó por aquí, volando bajo. Si lleva afuera o a otra parte de la torre…
—¡Puah!
Estaba oscuro tras el muro, pero más corto de lo que esperaba. Al cruzar la falsa pared, Subaru inhaló como si saliera a la superficie tras sumergirse. Por alguna razón había contenido la respiración mientras pasaba por la oscuridad.
Y sintió el aire exterior, una brisa helada, contra su rostro.
—… Ohhh…
Abrió los ojos, dejándolos acostumbrarse poco a poco tras el pasaje oscuro.
Lo que vio frente a él fue el desierto nocturno desde un punto muchísimo más alto de lo que hubiera imaginado. Un cielo negro lleno de estrellas titilantes.
Y…
—…
En lo que podía llamarse un balcón de la torre estaba Anastasia, con su cabello lila ondeando al viento, rodeada por decenas de aves.