Sección 6
Sección 6
—Al otro lado del túnel había un país de nieve.
Era una broma que no describía en absoluto la extraña escena frente a él.
Había atravesado una pared, no un túnel, y no lo esperaba una tierra de nieve, sino la fría brisa del desierto y el cielo nocturno. Las estrellas brillaban intensamente mientras un mar negro, el desierto, se extendía muy, muy lejos en todas direcciones.
Nada de eso encajaba con lo que había dicho. En cambio…
—… ¿Natsuki?
Al escuchar el murmullo ronco de Subaru, alguien de cabello lila ondeando al viento se volvió hacia él.
Ella sostuvo suavemente su cabello mientras sus ojos verdes se encontraron con los de Subaru. Era justo la persona que estaba buscando.
—… El pintoresco escenario de este SPOT es ideal para un paseo nocturno, ¿verdad?
Ocultando su sorpresa, Subaru se encogió de hombros ante Anastasia mientras cambiaba de tema. Anastasia sonrió levemente.
—Es cierto que la vista es geniar. Pero es una verda’era pena que er paisaje sea to’o negro. Habría si’o diferente si desde lejos se viera también er pueblo.
—Eso es cierto, pero el encanto de mirar hacia el mar de la noche tampoco está tan mal, ¿sabes? Además, aunque digas eso…
Subaru señaló hacia arriba en lugar de hacia afuera. Atraída por eso, Anastasia alzó la mirada hacia el cielo nocturno repleto de estrellas.
—El aire es fresco y limpio, y las estrellas se ven muy bien. Es muy romántico, ¿no crees?
—Es verdad que las estrellas son hermosas, y ‘toy de acuerdo con que er aire es limpio, pero… aparte de contemplar las estrellas, hay otra cosa que llama la atención, ¿no crees?
Levantando la vista, los labios de Anastasia se suavizaron. Al verla, Subaru se detuvo a unos cinco metros de distancia.
Y entonces…
—… Entonces, ¿cuál es tu excusa para esta situación?
—¿Excusa?
—Dejar la habitación a hurtadillas en mitad de la noche, atravesar un pasaje secreto del que nadie sabe, jugar con pájaros en la brisa de la noche… Es demasiado sospechoso.
Anastasia mostró una expresión curiosa, pero Subaru insistió con firmeza.
Los pájaros…
En ese lugar estaban solo Subaru y Anastasia cara a cara, pero había un verdadero público observándolos desde el balcón: aves que no se movían en absoluto, observando en silencio como muñecos.
Y no eran una ni dos, sino un número inquietante. Alineados en el borde del balcón, al menos cincuenta pájaros descansaban sus alas. Una cantidad propia de una bandada. Una bandada, pero no un verdadero grupo, pues no eran todos de la misma especie.
Blancos, azules, negros, moteados, grandes, pequeños, delgados, gordos. No había un patrón que uniera a esa multitud de aves. Eso ya era extraño de por sí, pero lo que más inquietaba a Subaru era la manera en que se comportaban.
—A pesar de la tremenda multitud de pájaros presentes, no solo no se escuchaba su piar, sino que ni siquiera se oía el batir de una sola ala.
Las aves, tan diversas, estaban unidas en silencio, simplemente posadas allí.
—Es inevitable que Natsuki se sienta incómo’o así, pero…—Anastasia llevó una mano a su mejilla—. Llamarlo “pasaje secreto” es una exageración, ¿no crees? Ar fin y ar cabo, Natsuki también se las apañó para llegar hasta aquí.
—Eso… Bueno, un pájaro me guio, más o menos, ¿sabes?
—En ese caso, a mí me ocurrió iguar. Solo ‘taba dando un paseo por la torre durante la noshe. Entonces un pájaro salió de la na’a. Me entró la curiosi’ad preguntándome a qué vino eso, y acabé llegando aquí.
Los ojos de Anastasia se entrecerraron mientras extendía los brazos, imitando el vuelo de un pájaro.
Era evidente que no era una explicación convincente. Subaru no tenía pruebas para refutarla, pero se negaba a creer una historia tan conveniente, poniéndose a sí mismo en un pedestal especial en el proceso.
—Estos pájaros…
—Me pregunto qué les ocurre a estos pequeñines.
—Gh. Eso es justo lo que yo quería preguntar.
Su evasiva era realmente incómoda, y la forma en que las aves parecían observarlos en silencio lo inquietaba de verdad. No lograba leer nada en sus ojos.
—Los pájaros, el balcón… ¿Qué está tramando?
—¿Esos son los pájaros que volaban durante la tormenta de arena?
—Definitivamente son los mismo’ que Ram usó en su Clarividencia. No sé qué pasó con ellos después de que llegamo’ al campo de mabestias… pero parece que llegaron aquí sanos y a sarvo.
Los labios de Anastasia se curvaron apenas en una sonrisa irónica mientras acariciaba la garganta de un ave. El pájaro no reaccionó, y Anastasia suspiró.
—Han estado así todo er tiempo. Yo también estoy bastante desconcerta’.
—A juzgar por mi experiencia, es un poco imposible de creer.
—¿Qué quieres decir?
—Que cada vez que me encuentro con una situación como esta, casi siempre es de vida o muerte.
Tenía una amplia experiencia en acciones imprudentes que terminaban en experiencias cercanas a la muerte.
La más antigua había sido cuando vagó por la mansión de noche y Rem lo mató a golpes. Omitiendo muchos, muchos otros ejemplos, Subaru había llegado más o menos a la conclusión de que las acciones imprudentes siempre conducen al peligro. Y su situación actual era extremadamente peligrosa…
—Relájate. No ‘toy pensando en argo tan indirecto, y no guardo hostili’ad contra Natsuki. Ni contra nadie má’ en esta torre… Ah, exceptuando a los Examina’ores.
—Shaula y Reid, ¿eh?
El rostro de Anastasia se ensombreció al escuchar esos nombres, y Subaru lo notó.
—Tú no lo escuchaste porque estabas durmiendo, ¿verdad? Sobre el tipo nuevo que apareció en el Examen del segundo piso. Él es Reid Astrea, el Santo de la Espada de la primera generación. Parece ser que un mecanismo lo hizo aparecer desde el pasado.
—Esta torre fue diseña’a de una manera muy cuestionable… Me pregunto en qué estaría pensando su creador.
Al oír eso, Anastasia reaccionó con asombro y luego con un breve comentario. Subaru notó cómo su acento de Kararagi se le escapaba en el tono, y respiró hondo.
Hasta entonces, había tratado de interactuar con ella como si fuera Anastasia, o al menos eso intentaba. Pero su verdadera naturaleza era…
—… Ahora que estamos solos, ¿quieres hablar abiertamente un poco?
—Hmm…
—Honestamente, hablar contigo mientras llevas la piel de otra persona es… Digamos lo que digas, nunca podré creértelo del todo. Así que…
—Dices que quieres intercambiar palabras conmigo, pero no con la yo que actúa como Ana.
En un instante, el tono de Anastasia cambió al responder a su propuesta.
Toda su presencia se transformó al instante, como si alguien hubiera accionado un interruptor. Aunque seguía viéndose exactamente igual, era como si otra persona completamente distinta estuviera frente a él. La sensación en sus ojos, la expresión pensativa… todo había cambiado.
—…
Mientras Subaru contenía el aliento, Anastasia—o más bien, el espíritu artificial Echidna—se giró y se apoyó contra la corta barandilla del balcón. Comenzó a acariciar la cabeza del ave blanca que se había posado en la baranda.
—Hace tiempo que no hablamos así.
Y aceptando la propuesta de Subaru, sonrió débilmente.
—¿No piensas venir aquí?
—No, no soy bueno con las alturas, y las medidas de seguridad parecen incompletas, así que paso.
—Descuida, aunque te acerques con la guardia baja, no te empujaré al vacío, ¿sabes?
—No puedo confiar en ese tipo de comentario. Suenas igualita a la original.
A cientos de metros de altura, con solo una baranda a la cintura como protección. Echidna lo invitaba con inocencia, y frunció el ceño ante su negativa.
—¿Te importa? Ya te lo he pedido antes, pero ¿podrías dejar de meterme en el mismo saco que esa Bruja original? Si soy franca, pocas cosas me resultan más molestas que me comparen con alguien que ni siquiera conozco. Incluso si fue la persona que me creó.
—Eso también… No, tienes razón. Lo siento. Trataré de corregirlo.
Hablaba con la voz de Anastasia y lucía igual que ella, pero…
—Eso suena exactamente a lo que diría esa Bruja. Pero si alguien dijera que me parezco a Echidna, yo también demandaría por difamación.
—¿No tienes miedo de que te ataquen en bandada y te picoteen todo el cuerpo hasta matarte?
—Tu imaginación me resulta mucho más aterradora. No irás a decirme que éste es otro de tus juicios basados en la experiencia, ¿verdad?
—Algo así me pasó con unos adorables conejitos que se me echaron encima enérgicamente.
Desde entonces, siempre estuvo un poco nervioso cuando veía a un gran grupo de animales reunidos en un mismo lugar.
—Puedo decir con confianza que en ninguno de mis bucles hubo una “muerte fácil”, pero ese recuerdo fue particularmente malo.
—… De hecho, te has puesto pálido, así que no te preguntaré más al respecto. Y sobre estos pájaros, no es que sienta un afecto familiar por ellos.
Su rostro, al parecer, se había vuelto visiblemente pálido, lo suficiente para convencer a Echidna de retirar rápido la mano del ave. Luego, apoyando ambas manos sobre sus rodillas, volvió a mirar a Subaru.
—Me sugeriste que hablara como soy de verdad, pero… ¿de qué quieres hablar con mi yo que ha olvidado comportarse como Ana?
—Para empezar, tu conexión con este lugar y con estas aves.
—En cuanto a eso, tan solo puedo responder lo mismo que he contestado como Ana. Fui guiada igualmente hacia este lugar por un pájaro. Hasta entonces, no tenía la más mínima idea. Pero…
—¿Pero?
Subaru casi se decepcionó al ver que la respuesta no cambiaba, pero aquel pequeño “enganche” al final le hizo alzar las cejas. Echidna dudó un momento ante esa reacción antes de continuar.
—Siendo completamente honesta, estaba pensando en preguntarte exactamente lo mismo.
—¿Preguntarme algo?
—¿Quizá te sonó a broma con el tono de Ana? Terminé aquí como si algo me hubiera guiado. Y ahora que estoy aquí, estoy hablando contigo… Tú, que estás justo entre mí y el camino de regreso a la torre.
—…
—La guardiana de esta torre, Shaula, te conoce. O al menos, actúa contigo como si eso fuera cierto. Teniendo eso en cuenta, decir esto ahora que estamos a solas quizá sea injusto, pero…
Subaru, atrapado en lo que Echidna estaba diciendo, no la interrumpió. Ella hizo una pausa antes de lanzar su pregunta.
—Natsuki Subaru, ¿quién eres?
—“Quién” preguntas, pero no soy nada especi—
—Antes de dirigirnos hacia Priestella… Hace un año, tras la ceremonia de otorgación de honores por la subyugación de la Ballena Blanca y la subyugación de Pereza, Ana llevó a cabo una investigación sobre ti.
Echidna estaba revelando parte de la estrategia que había seguido el bando de Anastasia.
Una teoría de cómo competir contra su rival Emilia y contra el caballero de Emilia, Subaru, que acababa de recibir una condecoración al valor.
Pero incluso Anastasia Hoshin, la gran mercader que lideraba la Compañía Hoshin…
—No se pudo obtener información sobre tu trasfondo. Ana se quejaba de que únicamente investigar la más mínima información era extremadamente complicado. En cuanto a eso, llegó a la conclusión de que eso quizás se debía a personas a tu alrededor que habían actuado en tu lugar.
—Ocultando los detalles de mi identidad… Si alguien de nuestro grupo estuvo implicado en eso, la suposición obvia es Roswaal, seguido de Otto o Clind.
—Después de todo, lo que se pudo recabar fue tan solo respecto al pequeño suceso en el que te involucraste en la Capital Real, justo antes del comienzo de la Selección Real. Cuando el caballero Reinhard descubrió a la candidata Felt, y había evidencias de que se cruzó contigo. Pero eso fue todo.
No podía haber registros más allá de eso.
Con esa última pieza, el seguimiento de Echidna—o, en este caso, de Anastasia—sobre los pasos de Subaru era prácticamente perfecto.
Salvo por el hecho de que, para ella, seguía incompleto.
—…
Los ojos de Echidna se entrecerraron mientras Subaru luchaba por pensar en qué debía decir.
—El no poder contarle a la gente sobre mi Retorno por muerte ni explicar lo que sé gracias a eso ya me ha causado bastantes problemas antes, pero esta es la primera vez que… El origen de Natsuki Subaru, ser alguien desconocido, es la cadena que me retiene esta vez.
—Yo soy…
—Y así es como acabo de alinearlo todo.
—… ¿Eh?
El ceño de Subaru se fruncía mientras luchaba por encontrar las palabras, cualquier cosa para responder, pero Echidna simplemente extendió las manos. Su tono era tan ligero que lo tomó por sorpresa.
Al ver esa reacción, Echidna asintió para sí, satisfecha.
—Ana y yo te reconocimos como a un caballero recién llegado con un montón de hazañas meritorias, con ese tipo de trasfondo desconocido… Así fue, hasta Priestella. No tengo palabras para expresar como esa impresión cambió con la batalla contra el Culto de la Bruja en Priestella… pero soy consciente de que está cambiando ligeramente de nuevo tras venir a esta atalaya.
—…
—Me preocupaba estar contigo a solas entrada la noche en un espacio más allá de la vista de cualquiera; así que, aunque estuviera en guardia contra ti, quiero que lo perdones por ser algo inevitable.
Cruzando sus brazos abiertos, Echidna ladeó el cuello sonriendo.
Subaru la escuchó hasta el final en silencio, moviendo sus labios resecos, luchando en serio por cómo tomar aquello.
Pero mientras se debatía con eso, lo notó.
Ella apretaba sus manos contra sus rodillas con tanta fuerza que la punta de sus dedos estaba pálida.
—… Oye, no me digas que… ¿De verdad tienes miedo?
—Ese comentario es un poco perturbador. Por ejemplo, ¿qué clase de relación tienes realmente con Shaula?
Respondió a su pregunta con otra.
—Conocí a Shaula por primera vez aquí. No sé nada.
—El Examen del tercer piso, ¿fue coincidencia que lo resolvieras tan rápido?
—… Sí lo fue…
—En ese caso, ¿qué hay de que atravesaras un pasaje camuflado de tal manera que no puede ser visto a simple vista, y llamándome en una situación en la que resultaba que estaba sola?
Lo acribilló con acusaciones directas. Pero esa serie de preguntas le estaba revelando algo a Subaru.
—¿Y qué hay de ti? Intenta ponerte en mi situación.
—Aun así, debido a diferentes factores, considero improbable que seas hostil. Y quiero que pienses de mi revelación de lo profundo de mi corazón como prueba de mi buena fe.
Llevando la mano a su pecho, Echidna explicó lo que estaba pensando.
—Me encantaría creerle y reflexionar sobre lo turbia que deben parecer mi identidad y mis acciones. Me encantaría, pero…
—Por lo visto, mi creadora realmente dejó una cicatriz profunda en tu corazón.
Cuanto más sentía Subaru que el comportamiento del espíritu artificial Echidna coincidía con el de la Bruja de la Codicia, Echidna, más difícil se le hacía creer en ella, sin importar cuánto intentara demostrar su sinceridad.
Ese era el hedor residual de la Bruja.
—Comprendo lo que estás diciendo. Estoy convencido. Dejemos de lado el sí puedo o no confiar en ti…
—Tu problema ha sido bastante bien expresado.
—Supongamos que el hecho de encontrarnos tú y yo aquí ha sido realmente una coincidencia. Entonces, ¿qué es este lugar? ¿Para qué crees que fue construido este sitio parecido a un balcón?
—Tengo una hipótesis relacionada con eso. ¿Recuerdas lo que ocurrió hace tres días… en el mar de arena?
—Hace tres días, o sea antes de llegar a la torre. Fue más que un poco caótico, pero…
—Durante aquel lío, una luz blanca nos atacó mientras eramos perseguidos por los Osos Cortesanos. Parece que aquello fue obra de Shaula, ¿no crees? Lo que significa que este lugar es…
—¿Su… andamio para observar el mar de arena?
Subaru chasqueó los dedos cuando Echidna terminó.
Su conjetura era convincente. La verdad era que ella había continuado disparando a aquellos que se acercaran a la atalaya con lo que ella llamaba Hell’s Snipe desde muy lejos. Subaru se había preguntado cómo lo hacía, ya que no había una sola ventana o manera de ver hacia afuera de la atalaya, pero…
—Quizás haya más lugares como éste en la circunferencia de la torre. Por lo que parece, este espacio no está en la dirección desde la que nos acercamos a la torre.
—¿Y qué hay de los pájaros?
—Los pájaros son un enigma. Aunque se les toque así, no muestran respuesta alguna. Pero… parecen tener temperatura corporal cálida, así que quizás no sean artificiales realmente. De ser posible, me gustaría diseccionarlos…
Echidna miró al ave junto a ella con ojos fríos y calculadores. Sin embargo, retiró la mano y observó la punta de sus dedos.
—Desafortunadamente, no quiero poner aún más carga sobre el cuerpo de Ana. Pero las cosas procederían más rápidamente si diseccionaras a los pájaros…
—Bueno, lo haría si fuera realmente necesario, pero…
Desde que había sido invocado en este mundo hacía poco más de un año, Subaru se había acostumbrado a cazar aves y conejos salvajes. Claro, matar para comer era muy distinto a matar para un experimento…
—Tras matarlo, comerlo sería…
—Sí, también está el problema de los suministros de comida restantes. Entonces, me gustaría pedir alrededor de unos veinte de ellos.
—Además, al matar a uno, los demás pájaros no se quedarían quietos, ¿no crees?
—… Eso parece innegablemente aterrador.
En respuesta a la angustia de Subaru, Echidna también se llevó la mano a la boca.
Las aves no reaccionaron en absoluto a su conversación violenta. Simplemente observaban a los dos forasteros en silencio.
Subaru se contuvo de seguir esa línea de pensamiento cuando la idea de un entierro celestial cruzó su mente.
—Si vamos a hacerlo, entonces hagámoslo tras realizar algunas preparaciones. Por el momento, dejémoslo para después.
—Sin actitud de huir tampoco, ¿eh? Comprendo, muy bien… La verdad es, que es difícil siquiera pensar sobre qué se podría ganar investigando a estos pájaros.
—No sigas diciendo comentarios tardíos con esa atmósfera como si el espíritu de indagación o la sed de conocimiento hubieran ganado, te lo ruego.
—¿…?
Echidna de verdad no parecía saber nada del temperamento de la Bruja, pero aun así, la forma en que sus acciones recordaban a la original hacía imposible que Subaru se relajara. Así que la ignoró y lanzó una pregunta más dirigida a la parte de Echidna que no se parecía a la Bruja.
—Realmente no lo confirmé apropiadamente, pero ¿cómo se encuentra Anastasia?
—… Igual que antes. Incluso ahora, Ana continúa durmiendo en lo profundo de este cuerpo. Nunca he morado en su cuerpo durante tanto tiempo, así que estaría mintiendo si dijera que no me estoy impacientando.
—¿Impacientando?
—Como te dije antes.
Echidna llevó la mano al pecho prestado, insinuando que Anastasia dormía allí mismo, mientras cerraba los ojos.
—Ha pasado un mes desde que tomo prestado su cuerpo. No es que antes lo tomara a la ligera, pero… la sensación de que su vida se va desgastando continuamente es muy pesada.
—…
—Así que tengo que devolverle el cuerpo lo antes posible.
Echidna terminó con eso. Los detalles hicieron que Subaru se diera cuenta de que había estado tomando la situación demasiado a la ligera.
Al mismo tiempo, la desventaja de Anastasia parecía casi demasiado grande.
—Con ese cuerpo… en ese estado andrajoso, ¿puede ella realmente convertirse en Gobernante?
—¿Lo dices como si quisieras que Ana abandonara ese privilegio por el bien de tu líder?
—¡Gh! ¡No digas tonterías! ¡Nada de eso! Yo decía…
—Ana no se retirará, sin importar el qué. Ella tampoco se rendirá. Lo sé.
Subaru dio un paso al frente y levantó la voz, pero Echidna lo interrumpió de golpe.
Abrumado por la fuerza de sus palabras, Subaru parpadeó. Y luego, lentamente, con cuidado…
—¿Acaso Anastasia-san desea tanto su propio país? ¿Aunque tuviera que soltarlo inmediatamente después de conseguirlo?
—Aunque puede que durante menos tiempo que el resto de la gente, la misma Ana utilizará ese corto periodo de tiempo mucho mejor que los demás. Además, Ana tiene una razón para no renunciar al trono.
La voz de Subaru era débil, y la de Echidna estaba llena de fe en Anastasia.
Y la razón que mencionaba para no rendirse era…
—Porque ella lo deseó.
En algún momento, Echidna se había puesto de pie y se acercó a Subaru, quedando frente a frente en medio del balcón.
Lo dijo mirándolo directamente a los ojos. Subaru quedó paralizado en el lugar.
Era un peso distinto al de las pruebas de la Pléyades que lo aplastaba.
No podía moverse, y ninguna palabra acudía a sus labios. Echidna tampoco dijo nada.
Con ambos congelados, el único sonido que cortó el aire nocturno fue el batir de alas a sus espaldas, uniéndose a la bandada en reposo.
Una vez más, un único pájaro voló hacia el balcón
Desde detrás.
—…
Subaru no se había movido desde el principio y aún tenía la pared de la torre a su espalda. Si el ruido venía de atrás, entonces provenía del interior de la torre.
Echidna y Subaru habían sido traídos hasta allí por el batir de alas de un ave.
Así que, naturalmente, un tercer batir de alas también…
—¿Cuál es el significado… de lo que ha dicho ahora mismo?
Una voz que sonaba casi desconcertada, como si algún núcleo de sus creencias hubiera sido sacudido.
Al sonar aquella voz, todas las aves extendieron sus alas al unísono y se lanzaron al cielo con un estruendo ensordecedor.
Partieron hacia el cielo nocturno, rumbo al desierto envuelto en oscuridad. Dejando atrás a Subaru y Echidna, como si fueran náufragos en una isla desierta. Y también a Julius Juukulius.