La Batalla de la Ballena Blanca
CAPÍTULO 3:
La Batalla de la Ballena Blanca
Con la Duquesa Crusch Karsten a la cabeza, partió la última expedición para derrotar a la Ballena Blanca.
Era la primera operación de este tipo desde la Gran Expedición de catorce años antes, emprendida con la expectativa de combates encarnizados que pocos llegarían a ver.
La fuerza expedicionaria reunida para la campaña estaba bajo el mando de Crusch, y Wilhelm van Astrea, miembro de la familia del Santo de la Espada, fue nombrado capitán.
Las tropas al mando de Wilhelm estaban divididas en quince pelotones, cada uno de ellos dirigido por uno de los veteranos que habían asistido al discurso de Crusch en el gran salón. Cada pelotón estaba compuesto por quince hombres, por lo que la fuerza combinada bajo el mando de Crusch ascendía a unos doscientos veinte.
Sin embargo, la fuerza total de combate no se limitaba a eso. Al parecer, una caravana de carros al mando de Russel iba por delante de ellos hacia el lugar de la batalla decisiva, el Gran Árbol Flugel, para poder empezar a transportar los suministros necesarios para el despliegue.
Además, trece miembros del grupo mercenario de hombres bestia Colmillos de Hierro, cedidos por Anastasia, se habían unido bajo el mando de Ricardo. Ricardo tenía el mando general y dos tenientes a sus órdenes.
Y los «tenientes» de los Colmillos de Hierro eran…
—¡Soy Mimi!
—¡Soy Hetaro!
Con gran energía, las dos bestias gatunas saludaron y se inclinaron cortésmente.
Tenían el pelaje naranja y sus cabezas no llegaban ni a la altura de las caderas de Subaru. Tenían caras adorables, y siendo honestos, las túnicas blancas como la nieve que les cubrían hasta el cuello les sentaban muy bien, así que si Subaru tuviera que expresar sus pensamientos sin rodeos…
—¡Son tan lindo que quiero quedármelos!
—¡Ojou-sama también dice mucho eso!
—Ahí vas diciendo eso otra vez, Nee-san…
La chica que se hacía llamar Mimi rio vibrantemente ante el pensamiento de Subaru, mientras que el joven que se hacía llamar Hetaro parecía extrañamente molesto al reprenderla. Por cómo se dirigía a ella, eran hermanos, probablemente gemelos. Parecían una hermana mayor marimacho con un hermano pequeño dócil y de carácter estricto que le seguía los pasos.
Subaru no tenía nada que objetar al encanto, pero lo que importaba aquí no era la apariencia, sino la habilidad. No se dirigían a un picnic.
—A ver, no es que dude de ustedes, pero… ¿de verdad son tenientes?
—¿Mm? Nii-chan, por cómo hablas, ¿conociste a Mimi en algún sitio antes de ahora? Mmmm, no puedo recordarlo, ¡pero realmente se siente así…!
Mimi se cruzó de brazos y ladeó la cabeza, pero Subaru lo disimuló con una sonrisa tensa.
No se podía evitar que ella no le recordara. Para Subaru, la primera vez que conoció a Mimi fue durante los acontecimientos del último bucle. Además, no era una ocasión que quisiera recordar.
Sin embargo, entonces y ahora, la alegría sin fondo de Mimi no había cambiado en absoluto…
—No te preocupes. Mi nombre es Natsuki Subaru. Entonces, ¿estarán bien?
—¡Claro que sí, no te preocupes! ¡Y Mimi y Hetaro son los mejores! ¡Si TB está con nosotros, somos aún más fuertes! ¡Super mejores! ¡Ka-ching!
—Errr, sí, así es. Nee-san y yo trabajaremos duro.
El hermano menor tomó las riendas de su fanfarrona hermana mayor y, de alguna manera, la controló. Al verlos a los dos, Subaru tuvo que preguntarse si en ese mundo había hermanas mayores aparte de las que obligaban al hermano menor a seguir sus pasos.
—¿…? ¿Qué pasa, Subaru-kun?
Cuando Subaru, que albergaba esa pregunta, miró a Rem, ella ladeó la cabeza con expresión interrogante y una sonrisa adorable. En ese momento, Subaru se aclaró la garganta, volviéndose a mirar a Mimi mientras decía:
—Bueno, eso es mucha confianza. Teniente no es algo que se pueda ser a menos que se esté capacitado.
—En lugar del capitán y de Nee-san, doy órdenes a todos los demás.
—Ahh, ya veo… Un trabajo duro, eh.
Subaru se imaginó a la hermana mayor corriendo junto al beligerante gigante, corriendo por el campo de batalla con una risa alegre. Eso significaría que, teniente o no, Hetaro era el único que realmente realizaba las tareas apropiadas. La simpática hermana mayor era como la imagen de una ingenua imprudencia dibujada por un niño.
—Seguiremos las órdenes de Crusch-sama en la medida de lo posible, pero tenemos nuestras propias formas de luchar. Pensé que era mejor informarle de esto para minimizar el caos, Natsuki-san… Er, ¿Natsuki-san?
—No, sólo me impresiona que seas tan agudo y serio. Esa atención al detalle es comparable a Rem.
—Mm-hmm, ¡es simplemente increíble!
—Ahora harás que Nee-san se vuelva a dejar llevar… Tan linda.
Por alguna razón, Mimi fue la que hinchó el pecho de orgullo al ver la franca valoración de Subaru sobre Hetaro. Hetaro tenía una mirada constreñida por la reacción de Mimi, sólo para deslizar lo que realmente pensaba al final.
Subaru añadió el inconveniente de las hermanas mayores demasiado mimadas a la lista de recelos de alto nivel que tenía hacia los gemelos de ese mundo. Hetaro también estaba a la altura de Rem en ese aspecto. Crecer con Mimi seguramente tuvo no poca influencia en Hetaro.
Tras terminar de reunirse con los hermanos, Subaru miró su teléfono para comprobar la hora.
… Quedaban doce horas para que apareciera la Ballena Blanca.
Les quedaba aproximadamente la mitad de la distancia hasta su destino, lo que probablemente les daría unas cinco horas desde su llegada hasta la batalla decisiva.
—Una vez que lleguemos al Gran Árbol, tendremos que repasar la operación por última vez… Parece que tenerme dando vueltas va a crear bastante caos.
—Esta vez, me tendrás a tu lado, Subaru-kun. No permitiré que se repita lo que ocurrió cuando luchamos contra los Wolgarm —respondió Rem al comentario de Subaru con una tranquila determinación que ardía en sus ojos—. En verdad me opongo a esto. Creo que usar el olor de la Bruja para atraer a la Ballena Blanca es demasiado peligroso… y en primer lugar, el hecho de que el olor provenga de ti es…
—Utilizaré todo lo que pueda. Si añade una décima al porcentaje de victoria, es una apuesta que aceptaré. Me quedo corto en tantos niveles, que si no hago aunque sea esto, nunca lo compensaré.
—Eres increíble, Subaru-kun.
Incluso ante la determinación de Subaru, esto era algo que Rem se negaba obstinadamente a soltar. La forma en que parecía hacer un mohín mientras volvía la cara fue una rara muestra de un torrente de emociones, haciendo que la sonrisa de Subaru no fuera tan tensa como muy, muy suave.
Subaru sintió con demasiada intensidad el evidente cambio en el comportamiento de Rem en el último medio día. Desde el incidente con la mabestia, había estado convencido de que Rem le había abierto su corazón, pero hasta el día anterior sus corazones no habían conectado de verdad.
Tal vez Rem había sentido que donde el tiempo se había detenido, había empezado a volver a moverse. Verdaderamente, era así.
Por eso…
—Quiero ganar esto.
En silencio, Subaru expresó esa esperanza.
Por el momento, las cosas habían avanzado a un ritmo que ni siquiera podía haber imaginado en anteriores ocasiones. Donde nadie le escuchaba por mucho que suplicara, esta vez aceptaban su petición. Las relaciones con el bando de Crusch, destinadas a la ruptura, eran buenas. Dejando a un lado la exposición de todas las cosas embarazosas que llevaba dentro, no era ningún alarde decir que su relación con Rem era ahora un vínculo mucho más fuerte.
Pero, por otra parte, era un hecho que las cosas se habían desarrollado de una manera más peligrosa que nunca.
Incluso en ese momento, la amenaza de la Ballena Blanca estaba grabada en la mente de Subaru, clara como el día. Incluso la fuerza de Rem se había mostrado completamente incapaz de enfrentarse a su enorme estructura voladora, capaz de hacer volar en pedazos un carruaje de dragón sin siquiera atacar, sino con un movimiento de su cola. Sus fauces abiertas se tragaron a un dragón de tierra y el suelo bajo sus patas; sus gritos de muerte, cuando aquellos viles dientes como piedras de molino trituraron su carne, nunca saldrían de sus oídos.
Sólo de pensar que se dirigía a enfrentarse a esa cosa le temblaban los miembros, pero no podía dejar de correr hacia delante.
Sin embargo, incluso mientras la mente de Subaru retrocedía hacia la debilidad…
—…
Rem, sentada a su lado, miraba a Subaru como si pudiera ver directamente dentro de su mente.
No se podía permitir un Natsuki Subaru débil e indefenso ante los ojos de Rem.
—Incluso yo sé que la resolución no hace que todo esté bien, pero…
Aunque hubiera dejado de ser pesimista, eso no significaba que su suerte hubiera mejorado drásticamente. La ruta que seguía le deparaba peligros aún mayores, pero no podía decir en absoluto que los preparativos fueran ideales.
Todo lo que Subaru podía hacer era lo que creía mejor en el limitado tiempo de que disponía, pedir ayuda a las chicas y a sus aliados y dejar todo el resto que quedaba por delante al poder de los demás. Dicho esto, Crusch y los demás no buscaron nada más de Subaru, lo cual no se debía en absoluto a que estuvieran maltratando a Subaru como a un alborotador inútil.
Pero cuando llegara el momento, haría lo que pudiera con todo lo que tenía.
Dado que las cosas que Subaru podía hacer ocupaban un abanico tan estrecho, al menos tenía que comprender firmemente la amplitud del abanico, pensando en lo que podía hacer dentro de esos límites.
—En otras palabras, es lo mismo de siempre. Aunque supongo que no hace falta decirlo.
—¿Qué pasa, Nii-chan? Tienes una ca’a muy decidida.
De repente, Ricardo, que cabalgaba junto a la fila de carruajes de dragones, observó a Subaru, riendo mientras hablaba.
Mirando fijamente al hombre bestia con cabeza de perro, Subaru torció con firmeza las comisuras de los labios.
—Es cierto. Tardé bastante, pero es sólida como una roca. Soy impresionante una vez que me decido, ¿de acuerdo? Pase lo que pase, no voy a renunciar al futuro, aunque me mate.
—¡Eso son palabras de homb’e! ¡Ojou-sama va a estar muy feliz de escucha’ eso! Como me imaginaba, ¡e’es justo el amigo que Ojou-sama necesita!
—Tampoco creo que darle la mano lejos del gran escenario sea algo malo… Ah, pero si me llevo bien con Anastasia, ahí también hay un tipo problemático…
Recordar a Anastasia le hizo recordar la visión de un hombre bien parecido a su lado como un paquete.
Incluso su paliza en el patio de armas a manos de Julius le pareció que había pasado mucho tiempo. Había pasado semanas, aunque en realidad sólo habían transcurrido cinco días.
Entonces, las palabras de Subaru provocaron una enorme e irreprimible sonrisa en la gran boca de Ricardo.
Por la reacción y la mirada burlona de sus ojos, parecía que se había enterado de la humillación de Subaru. Naturalmente, Subaru volvió la cara, visiblemente enfurruñado.
—Si te vas a reír, ríete bien y fuerte. Incluso ahora puedo apreciar lo poco que leí el humor entonces.
—¡Eh, espe’a! No es que me haga g’acia, es ot’a cosa. Bueno, ya lo descub’i’ás po’ ti mismo, ¡así que solta’lo todo aquí se’ía de mala educación!
Convencido de ello, Ricardo se acarició la melena y cortó el tema. A Subaru le resultaba insinuante, pero aunque insistiera, las probabilidades de obtener una respuesta eran escasas.
—Por cierto, he querido preguntarte algo desde que nos pusimos en camino…
—¿Qué? Pregúntame cualquie’ cosa. ¡Somos amigos, Nii-chan! Si no es una locu’a, ¡habla’é de lo que sea! Y si lo es, ¡depende de qué uñas esté pisando!
—Esa parte suena al Kararagi que hay en ti hablando… Estaba pensando, esas enormes criaturas perrunas que montan, son bastante impresionantes.
Subaru señaló por debajo de la entusiasmada grupa de Ricardo a la criatura que montaba, inseguro de cuál era la mejor manera de abordar el tema.
Las bestias que montaban los Colmillos de Hierro de Ricardo eran criaturas completamente distintas de los dragones de tierra. La comparación más cercana era la de un perro enorme, pero los enormes armazones de los carnívoros rivalizaban con los de los leones y tigres de su mundo original, y su velocidad y resistencia no tenían nada que envidiar a las de los dragones de tierra.
El comentario de Subaru provocó una expresión de comprensión por parte de Ricardo, que palmeó la espalda de la bestia.
—No se ven mucho po’ aquí. Estas c’iatu’as se llaman lig’es. En Kararagi son tan p’eciados como los d’agones de tierra aquí. Son muy territo’iales, así que es difícil c’ia’los, po’ eso no hay muchos en Lugunica ni en ot’os países.
—Ligres…
Cuando parpadeó y miró, Subaru pensó que estaba viendo algún tipo de vástago de los Wolgarm con los que había tenido una historia. Afortunadamente, no había signos de cuernos en sus cabezas, y en comparación con esas mabestias, sus caras eran claramente más adorables. Si las mabestias parecían más lobos, podía decir que los ligres definitivamente parecían más perros.
Pero tener a Ricardo, un hombre bestia tipo perro, montado encima de ese perro súper enorme era un poco…
—De alguna manera, es una sensación muy rara, como si alguien debiera pintar esto… ¿pero no te sientes incómodo?
—A veces la gente menciona eso, pe’o no ‘ealmente. Quie’o deci’, soy un homb’e bestia, esto es un animal, g’an dife’encia ent’e nosot’os… Ah, aho’a que lo mencionas, algunos chicos pod’ían enfada’se si dices eso. Aunque a mí no me impo’ta.
—No, me preguntaba si debía decir algo o no. Lo siento, culpa mía.
—¡Gajaja, la honestidad no es lo tuyo!
Mostrando los dientes mientras reía, Ricardo le dio un buen masaje en la nuca. El ligre no reaccionó a la acción de su amo, pero la forma en que se dejó mimar en silencio por su dueño le hizo parecer sin duda un perro bueno y leal. Incluso con la diferencia de tamaño, aparentemente no había perdido ninguna de sus virtudes caninas.
—Los ligres no tienen la potencia de los d’agones de tierra, pero su agilidad está muy po’ encima de un caballo. Sólo mi’ra, esta batalla salvaje pa’a envia’ a la ballena a su mue’te está justo en nuest’o callejón.
—Un caballo, eh. Supongo que aún se mide así la potencia animal, incluso con dragones y perros por todas partes… No es que haya visto un caballo.
Había oído directamente de boca de Emilia que existían, pero aún no había visto ninguna en ese mundo. Aparentemente, su tasa de uso era bastante baja.
A continuación, Subaru señaló a la fuerza expedicionaria que marchaba detrás de ellos.
—¿Así que en vez de caballos tienen ligres tirando de cada carruaje? ¿Por qué no hacer que los dragones de tierra lleven la carga? No quiero que los ligres se cansen antes del evento principal.
—Oye, tenemos que move’ nuest’as p’opias cosas nosot’os mismos. Además, no te p’eocupes, cualquie’ ligre que t’anspo’te ca’ga es un ligre debidamente ent’enado para ello. No los malt’atamos, y ningún enemigo los daña, Ballena Blanca o no.
Con un trago, Subaru evitó de algún modo que su confusión mental interna saliera a la luz. Por otro lado, Ricardo no se percató de la sorpresa de Subaru al hablar.
—Nunca sabes lo que te vas a encont’a’ en el camino, como bandidos o lo que sea. Si ta’das demasiado, llega’ás ta’de, y ése es el peo’ ‘esultado de todos. Así que al menos tenemos que se’ capaces de lleva’ cosas po’ nosot’os mismos.
—… Es imposible que haya bandidos que tengan las agallas de atacar a un grupo completamente armado como ustedes. Si lo hicieran, no sería valiente, sería un suicidio.
—¡Tienes ‘azón!
Ricardo soltó una carcajada y, saludando a Subaru con la mano, se apartó del carruaje de dragón. Ocupó su puesto a la cabeza de las monturas peludas mientras otras personas a su alrededor miraban la ruidosa conversación.
—Parece que Ricardo-sama va por ahí hablando así para aliviar la tensión de todos antes de la batalla.
—…
Al ver a Ricardo alejarse en la distancia, Subaru oyó el suave susurro de Rem en su oído. Una sonrisa amarga cruzó el rostro de Subaru al darse cuenta, de repente, de que el hombre bestia lo estaba cuidando.
—Y yo que pensaba que había endurecido mi resolución…
Lo que significa que, desde el punto de vista de su superior, seguía estando muy verde… aunque la inminente batalla con la Ballena Blanca no era más que el primer obstáculo, y le esperaban otros.
—Caray, puedes decir: «Ponte en marcha, héroe», pero seguro que es más fácil decirlo que hacerlo.
Subaru murmuró en voz muy baja para que Rem no le oyera, pero sus mejillas formaron una sonrisa.
Las cosas que tenía que hacer y las que quería hacer eran la misma cosa, y tenía a alguien a su espalda que le instaba a hacerlas; suponía que eso hacía que todo mereciera la pena.
Su moral estaba en su punto álgido en vísperas de la batalla que se avecinaba.
—… Hora de enfrentarnos, Destino.
1
Afortunadamente, la fuerza expedicionaria llegó sana y salva a su destino sin mayores problemas.
Tal y como estaba previsto, llegaron cinco horas antes de lo planeado, la resplandeciente luna acababa de salir en la noche de la batalla decisiva.
La fuerza expedicionaria se desplegó, enlazó con la vanguardia y procedió a inspeccionar las armas y repasar la operación por última vez. Naturalmente, Subaru participó en la discusión, y cuando se concretaron los detalles de la operación, incluida la forma en que cada uno maniobraría, todo el tiempo que quedaba antes del combate era para la acción libre.
Y mientras pasaba el tiempo hasta la operación con varios pensamientos dándole vueltas en la cabeza, Subaru…
—Seguro que es enorme.
—Pareces muy feliz, Subaru-kun.
Mirando hacia arriba hasta el punto de que le dolía el cuello, Subaru casi no podía ver la copa del árbol porque el tronco era muy alto. Con la forma en que sobresalía de la tierra, sus grandes raíces extendiéndose por toda su base, Subaru no pudo evitar que sus sinceros sentimientos de exaltación brotaran de sus labios.
—Los hombres son criaturas impresionadas por cosas grandes y fuertes por naturaleza. Me impresionó bastante la primera vez que vi un dragón de tierra, ¡pero la madre naturaleza no está nada mal! Ese Flugel hizo un buen trabajo.
Mientras tocaba el tronco del árbol, Subaru alabó el trabajo del sabio que se decía que había plantado el árbol. Por lo visto, era un hombre importante, pero nadie sabía qué había hecho aparte de plantar el árbol; pero aunque ésa fuera su única gran hazaña registrada en la historia, eso no era un problema. El nombre Flugel también era genial.
—Ah, aunque hay que grabar el nombre de alguien para la posteridad. No somos estudiantes en un viaje de estudios, así que es sólo, bueno, los modales adecuados. Rem, préstame un cuchillo para tallar.
—Incluso si eres tú, Subaru-kun, me molestaré si haces eso, al igual que otros.
Rem reprendió de forma suave y adecuada a Subaru por su ardiente y rebelde deseo de grabar su nombre. Luego, mientras Subaru hacía pucheros, ella le dedicó una pequeña sonrisa y miró hacia el Gran Árbol.
—¿Aquí es donde vendrá la Ballena Blanca?
—Sí, ya llegará. Cuando sea el momento, este tele… este metia sonará.
Subaru se sacó el teléfono del bolsillo, tocando la correa para balancearlo a izquierda y derecha. La alarma ya había sido programada para que sonara cuando la Ballena Blanca estuviera a punto de salir.
Eran las mismas palabras que había dicho durante la última reunión, y la explicación para Crusch que se había devanado los sesos para dar. Se sentía culpable por no haber divulgado la verdad, sentía que tenía que compensarlo obteniendo resultados.
Por supuesto, no exponer la verdad ni siquiera a Rem tiró de su fibra sensible, pero…
—Así que ese metia nos alertará de la presencia de una mabestia…
—Mm, así es. Dicho sin rodeos, si no fuera por esto, mi valor esta vez sería…
—… Eso es mentira, ¿no?
Cuando Rem dijo eso con los ojos entrecerrados, Subaru estuvo seguro de que su corazón se había parado. Dejando escapar una voz que ni siquiera llegó a ser un jadeo, sus latidos se reanudaron tardíamente.
—…
¿Qué le había dicho Rem en ese momento?
Debo de haberla oído mal, se esperanzó en vano Subaru, pero los ojos con los que Rem le miraba hicieron añicos esa esperanza.
Lo había dicho, y con convicción.
—¿De qué estás hablando? Sabes lo que me ha’ían si mintie’a sob’e algo como…
—Recurrir al dialecto Kararagi no va contigo, Subaru-kun.
—Er, el hecho es que incluso Crusch y los demás lo aceptaron, así que no puede ser mentira.
No le servía de nada ocultar las cosas a Rem. Aun así, Subaru trató de llevar la mentira hasta el final, pues si se revelaba la verdad, no cabía duda de que anunciaría un empeoramiento de la situación. Si se descubría la mentira, Subaru dejaría de ser coherente con las circunstancias conocidas por Crusch y los demás, pues la única forma de cuadrar esas incoherencias sería explicar el Regreso de la Muerte.
Por supuesto, mientras obedeciera el tabú establecido por la Bruja, no podía revelar Regreso de la Muerte a nadie, más aún porque las bromas hechas por las manos de la Bruja habían progresado finalmente hasta aplastar el corazón de Emilia. Si tenía que adivinar quién sería la próxima víctima, estaba claro que bien podría ser Rem.
… No podía dejar que Rem supiera la verdad.
No obstante, Rem negó lentamente con la cabeza ante las excusas de Subaru.
—Crusch-sama y los demás simplemente decidieron que no era necesario que mintieras. Si te arriesgaras a ello, te enemistarías no sólo con Crusch-sama, sino con Anastasia-sama y con todos los comerciantes del gremio, Russel-sama incluido. Eso no tendría sentido.
—Eso…
Era una verdad innegable.
De vuelta a la mesa de negociaciones, Crusch seguramente podría haber ofrecido cualquier número de refutaciones a Subaru. Russel y Anastasia, ambos experimentados negociadores, podrían haber hecho lo mismo. Sólo podía concluir que el hecho de que hubieran cerrado los ojos ante las incoherencias y aceptado las negociaciones a pesar de todo no se debía a la confianza en Subaru, sino a un juicio basado en las circunstancias.
Subaru había organizado el lugar y las personas para las negociaciones. No era necesario que Subaru les engañara. Por supuesto, el cálculo de que pensarían así era uno de los seguros que Subaru había empleado.
Pero eso se basaba nada más que en los pros y los contras de que el éxito se alineara sobre el más delgado de los hielos.
El tipo de «mentira» que Subaru estaba viendo se basaba en una falsa impresión inicial. Y era el tipo de mentira que nunca necesita ser expuesta si trae resultados… nunca.
Pero era diferente en lo que respecta a Rem.
Entonces, como siempre, Rem se erigió como aliada de Subaru. Subaru era profundamente consciente de que Rem era ahora la persona más cercana a él en ese otro mundo.
Seguir mintiéndole a Rem tenía un significado completamente distinto al de mantener el engaño con Crusch y los demás. Hacer que lo aceptara después de que se hubiera dado cuenta de que era falso dejaba una impresión totalmente distinta: a saber, que no reveló la mentira a Crusch y los demás porque los pros y los contras se alineaban de esa manera, pero no se lo reveló a Rem porque no confiaba en ella.
No podía evitar que ella pensara así, porque lo hiciera o no, no podía revelarle la verdad…
—Rem, yo…
—Está bien, Subaru-kun.
—¿Eh?
Subaru pensaba usar las palabras para suavizar las cosas y proteger a Rem. Pero Rem lo rechazó con un movimiento de cabeza y una fina sonrisa en los labios.
Con Subaru demasiado sorprendido para cerrar la boca, Rem dirigió una mirada sincera hacia él y habló.
—Te entiendo lo suficiente como para saber cuándo estás mintiendo, Subaru-kun. Después de todo, te he estado observando mucho, mucho. —Con una sonrisa tímida y sonrojada, Rem se llevó un dedo a los labios. Luego, movió el dedo en dirección a Subaru y continuó—. También sé que no me dirás la razón de la mentira. Pero el hecho de que no me hables de ello no me molesta tanto, ¿sabes?
—…
—A fin de cuentas, creo en ti, Subaru-kun.
En la base del Gran Árbol Flugel, una brisa pasó entre los dos mientras se enfrentaban.
Con Subaru aturdido en silencio, Rem puso suavemente una mano en su pecho y declaró ante él:
—Subaru-kun, si dices que sabes dónde aparecerá la Ballena Blanca, te creo. Si dices que el Culto de la Bruja va tras Emilia-sama y los demás, te creo. Incluso si dices que la luna caerá y destruirá esta nación, te creeré, Subaru-kun.
—… Bueno, yo no iría tan lejos.
—Sí, supongo que no. Pero así de seria soy.
La sonrisa desapareció y Rem miró fijamente a Subaru con ojos muy serios. Luego, bajó las caderas en silencio, agarrando el dobladillo de la falda con ambas manos mientras hacía una reverencia.
—Te adoro con todo este cuerpo y todo este corazón, Subaru-kun; además, ahora y en el futuro, nunca jamás dudaré de ti, Subaru-kun.
—…
—Por lo tanto, no es necesario en absoluto arrinconarte para hacerme creer tu mentira.
Subaru apenas pudo contener el calor que brotaba de su garganta.
Apretó las comisuras internas de los ojos, giró la cara hacia arriba y, abriendo mucho la boca temblorosa, exclamó:
—¡Ahh! En serio, ¡mirar fijamente este enorme árbol realmente eleva la tensión!
—Sí, supongo que sí.
—¡No podré calmarme si no miro a este árbol! No hay ninguna otra razón, ¡pero no podré mirar hacia abajo durante un rato!
—Sí, supongo que no.
Subaru hizo ademán de mantener la cara alta para que no se le saltaran las lágrimas. Era una frágil bravata por su parte, pero Rem, envuelta en amable benevolencia, no le llamó la atención.
En ese momento, Subaru volvió a comprender el verdadero alcance de su propia idiotez.
Si hubiera podido contárselo todo a Rem desde el principio. No podía habérselo contado todo, pero si al menos hubiera podido transmitirle la tragedia que estaba por venir, sin duda Subaru se habría ahorrado que la tragedia se repitiera una segunda y una tercera vez.
Subaru no podía explicar las razones, así que pensó que nadie le creería si decía algo. Así, decidió que tenía que ir por libre, lo que le llevó a varios fracasos una y otra vez.
Pero Rem era diferente.
Ella no estaba pidiendo una razón. Ella creería a Subaru, incluso si él no lo explicaba. Al igual que en ese momento, ella perdonó a Subaru, a su manera suave y cariñosa, por no decir la verdad.
—Esto es cuando, en lugar de lo siento, dices gracias, ¿eh?
Después de contener desesperadamente las lágrimas, Subaru se las arregló para volver a enfrentarse a Rem. Rem esbozó una sonrisa radiante y asintió a su respuesta.
—Para ser honesto, siento que sólo podré devolverte pedacitos super pequeñitos de todo lo que me has dado, Rem…
—Eso no es así.
Rem bajó ligeramente la cabeza al negar las palabras de Subaru.
—Realmente entiendo que hablar así sólo te traerá sufrimiento, Subaru-kun. Que haya hablado a pesar de todo es mi propio egoísmo.
—Yo no lo veo así en absoluto. Yo soy el malo por esconder cosas.
—Pero aun así es realmente egoísta por mi parte. Lo siento.
Las palabras eran autocomplacientes, pero cuando Rem levantó la cara, su expresión era soleada. Al ver que Subaru vacilaba alegremente ante la incoherente visión, Rem ladeó la cabeza.
—Pensé… que estaría bien que pasaras a otros un poquito de la carga que llevas. Como estoy ahora, que no tuvieras a nadie para hacerlo me pone… insoportablemente triste.
—Yo…
En ese momento, Rem transmitió su determinación, la firmeza de sus sentimientos.
Subaru se apoyó en el tronco del Gran Árbol y respiró hondo.
—Yo… amo a Emilia.
—Sí.
Volvió a recordar las palabras que una vez había intercambiado con Rem.
Sabía que las palabras la herían profundamente, que eran palabras que la hacían sufrir, sin embargo Subaru las volvió a pronunciar.
Sin embargo…
—Pero…
—…
—Pero cuando estás conmigo, mi corazón tiembla… Adelante. Probablemente ahora pienses que soy un tipo terrible.
Se preguntaba si la palabra terrible sería suficiente.
Pero eran los sentimientos sinceros de Subaru.
Porque aunque sabía que no podía responder a las esperanzas de Rem, sólo sus palabras habían calentado tanto su corazón.
De alguna manera, el aliento que Rem dejó escapar parecía caliente mientras decía:
—En verdad, eres una persona terrible, Subaru-kun.
—… Lo sé.
—Eso es mentira. Te amo.
—… Lo sé, caramba.
La cara de Subaru se puso roja como la remolacha cuando volvió a decir claramente cómo se sentía.
Si no fuera de noche, aquel enrojecimiento seguramente habría resaltado. Subaru le dio la espalda, como si tratara de ocultar la superficie roja de su rostro, y empezó a alejarse del árbol.
—Es hora de regresar —dijo—. Tenemos que preparar la mente y el cuerpo para cuando aparezca la Ballena Blanca.
Antes de pasar por delante de Rem, le agarró la mano derecha que le colgaba.
Cuando le agarraron la mano, Rem alzó la voz en un pequeño ah, pero al instante se apresuró a igualar el paso de Subaru, mirando fijamente al lado de la cara del joven, uno que él no deseaba que ella viera, con ojos burlones mientras decía:
—Subaru-kun.
—… ¿Qué?
—Me parece bien ser tu segunda esposa.
Eran palabras capaces de hacer que un hombre se detuviera en seco sin darse cuenta.
Cuando Subaru, incapaz de resistirse, miró hacia ella, Rem puso cara de cachorro adorable, pareciendo que movía la cola mientras esperaba la respuesta de Subaru.
Santo cielo, ¿hasta dónde va a llegar esta chica…?
—Si Emilia-tan es una primera esposa muy generosa…
—Bien, cuando volvamos debes convencer a Emilia-sama. Yo también me esforzaré.
Rem cerró la mano libre en un puño, muy animada mientras hablaba con una sonrisa.
Hablar así en broma rompió toda la tensión, haciéndole ver a Subaru lo débil que era. Él en verdad no podía sostener una vela a la chica.
Ningún hombre podría hacer frente a una mujer, ya fuera Emilia o Rem, en ese tipo de situación.
No es que le importara mucho aceptar esa debilidad en particular, en comparación con las otras que había conocido hasta la fecha…
2
A medida que se acercaba la hora, los alrededores del Gran Árbol se cargaban con la tensión propia del campo de batalla.
Tras haber comido y dormido por turnos, el estado de la fuerza expedicionaria reunida en la zona de batalla era óptimo. Los dragones de tierra y los ligres de la caballería respiraban de forma agitada por la nariz, esperando ansiosos la señal.
Todos bajaron la respiración y calmaron el corazón, sin dejar de esperar a que llegara el momento.
En el cielo nocturno de la carretera de Liphas, el fuerte viento hacía que las nubes fluyeran rápidamente.
Como las nubes obstruían la luz de la luna, no pasó un momento sin que se alzaran las miradas, comprobando que no fuera el gigantesco cuerpo de la Ballena Blanca el que nadaba en el cielo. Esa era la vigilancia que reinaba en los corazones de todos los presentes.
—Falta poco para la hora señalada.
Cuando Crusch hizo aquel pequeño murmullo, Ferris, que estaba a su lado, asintió brevemente con la cabeza, echando un vistazo por el rabillo del ojo. En ese momento, ni siquiera Ferris, después de haber servido a Crusch durante tantos años sin perder nunca ese matiz ingenioso, pudo expresar una sola broma.
No es que se hubiera dejado llevar por la tensión. Era porque Ferris sabía cuál era su papel —el de uno de los salvavidas de la fuerza expedicionaria— y se había propuesto cumplirlo a rajatabla.
Era más que probable que las acciones de Ferris alteraran el número final de vencedores supervivientes de la batalla.
Crusch creía que su fuerza saldría victoriosa. Pero no era tan engreída como para pensar que podrían matar a la Ballena Blanca sin sacrificios. No obstante, confiaba en poder mitigar el número de bajas necesarias.
Esa confianza en sí misma provenía de la confianza que tenía en Ferris, su caballero, por lo que tal vez cabría preguntarse si debería llamarse confianza en sí misma.
—…
Wilhelm, armado con espadas, estaba frente a ella, en primera línea de la fuerza expedicionaria.
De las seis espadas que llevaba al cinto, empuñaba una en cada mano, preparado para salir disparado en un instante. El silencioso antagonismo que flotaba en torno al Demonio de la Espada estaba en un reino pulido, afilado hasta la punta mientras se enfrentaba al momento que tanto había anhelado.
Crusch no podía dejar de sentirse envuelta por un sentimiento de admiración fuera de lugar ante la pureza absoluta del Demonio de la Espada: que una persona pudiera mantener un alma tan pura, tan inquebrantable.
Crusch pensó de corazón que algún día ella también llegaría al mismo reino.
—…
Los rostros de cada uno de los valientes guerreros de la fuerza expedicionaria junto a Wilhelm tenían una expresión de endurecida resolución, con la moral alta.
Obedecieron la orden de Crusch, pero mientras esperaban a la Ballena Blanca, seguramente sus corazones albergaban dudas propias, tanto sobre Subaru, la principal fuente de información para la aparición de la Ballena Blanca, como sobre el hecho de que tenían muy poco tiempo para desarrollar lazos de confianza entre ellos.
Y, sin embargo, obedecieron sin decir ni una sola palabra en contra, pues valoraban profundamente el criterio de Crusch. Crusch era plenamente consciente de su propio deber de responder a la confianza que depositaban en ella.
—…
A medida que se acercaba el límite de tiempo, la desbordante voluntad de luchar era tranquilizadora, pero por dentro, Crusch estaba nerviosa.
Crusch tocó la empuñadura de su preciada espada, asegurándose al tacto de que el blasón grabado del león en verdad estaba allí. Era un hábito de juventud, un pequeño hechizo con el que se infundía determinación.
Tenían que ganar.
Sentía la presencia de Ferris a su lado y el legado del Rey León en la punta de los dedos. Por poderoso que fuera el enemigo, era todo lo que Crusch necesitaba para luchar.
Y entonces…
—¡…!
De repente, sonó a través de la carretera de Liphas, subsumida por la oscuridad de la noche.
Tardó en darse cuenta de que la serie de ligeros sonidos que hacían temblar sus tímpanos se asemejaban a algún tipo de música.
Cuando volvió los ojos hacia la fuente del sonido, vio a Subaru poniendo la mano sobre el brillante metia. Era del metia en su mano de donde fluía ruidosamente la música.
Era la señal que Subaru había dicho que anunciaría que había llegado el momento.
—¡Todos en alerta!
Al grito de Crusch, la fuerza expedicionaria se unió.
Según Subaru, la Ballena Blanca aparecería decenas de segundos después de que el metia le alertara. Si había que creerle, no sería extraño que el cuerpo gigante de la Ballena Blanca estuviera nadando en el cielo en ese mismo instante. Con el metia habiéndolo alertado, el lugar también tenía que ser correcto.
Tenía muchas dudas, pero Subaru no le había dado ninguna razón para dudar de él. Crusch dejó a un lado sus recelos y aprensiones, afinando los nervios mientras esperaba a la mabestia.
—…
En medio del silencio, no sintió la aparición de la enorme mabestia.
La expresión de su rostro no era de decepción, propiamente dicha, pero después de que pasara un minuto sin que se produjera ningún cambio en el campo de batalla, Crusch no pudo evitar sentirse, por una vez, desconcertada.
Discrepancias en la información. Suposiciones erróneas. Algún tipo de accidente fortuito.
No había ningún cambio en el silencio que había descendido sobre la carretera de Liphas; no se veía al enemigo en el paisaje que la rodeaba.
Como antes, la luz de la luna estaba obstruida por las nubes, haciendo que una gran sombra oscura cayera sobre las llanuras, pero…
—¡…!
Al levantar la vista, Crusch maldijo al instante su propia superficialidad.
La luz de la luna se desvaneció mientras una sombra caía sobre las llanuras.
La altura de la nube que interceptaba la luz de la luna descendía suavemente, presentándose ante sus ojos.
… Pero no era una nube.
Era una mabestia que flotaba en el cielo en forma de gigantesco mamífero marino.
Mientras Crusch aspiraba, prácticamente todos los expedicionarios llegaron a la misma conclusión. Entonces, como si sus mentes fueran una sola, dirigieron sus miradas hacia Crusch.
… Estaban esperando la orden para un ataque preventivo.
Habían logrado tomar la iniciativa, atrapando a la Ballena Blanca en el momento de su aparición. Sólo quedaba lanzar un ataque sorpresa como estaba previsto, haciéndose con el control del frente.
—…
Crusch inspiró, como para tranquilizar su corazón ante la primera orden de ataque.
La Ballena Blanca aún no se había percatado de los enclenques seres que se le enfrentaban. La Ballena Blanca movía su enorme cabeza como para comprobar dónde se encontraba. Y mientras actuaba así, su guardia estaba baja, llena de aperturas…
Eso fue todo para Crusch.
—Todas las unidades…
Ataque a gran escala, fue a decir cuando…
—¡Ahora!
—¡Al Hyuma!
Mientras la señal saltaba por delante de Crusch, el prana se desplegaba simultáneamente mediante un encantamiento mágico.
El mundo emitió un sonido como si se hubiera congelado, haciendo surgir enormes e increíblemente densos pilares de hielo. Todos y cada uno de los pilares de hielo rivalizaban con el pilar central de una mansión, y había cuatro en total. Lanzados a gran velocidad, los pilares surcaron el cielo e impactaron directamente en el torso de la Ballena Blanca; con un ligero retraso, el grito de la mabestia y los chorros de sangre cayeron a tierra.
Cuando Crusch se apresuró a mirar, el dragón de tierra que montaban Subaru y Rem estaba galopando, atravesando la vanguardia. Mientras Subaru se aferraba a las caderas de Rem, levantó un puño, y Rem, habiendo tenido éxito en su propio deber al lanzar el ataque mágico preventivo, mostraba una expresión muy satisfecha.
La forma en que los dos se adelantaron al resto sacudió a la fuerza expedicionaria.
Al verlos galopar, Crusch no pudo evitar que su propia boca se torciera enormemente.
No con ira, sino con alegría.
—¡Todos, sigan a ese par de tontos!
La orden de Crusch borró las inquietudes mientras los diversos miembros de la fuerza expedicionaria iniciaban la ofensiva. El polvo se levantó en el proceso, y al otro lado, los gritos de la Ballena Blanca volvieron a hacerse fuertes, resonando en el cielo nocturno de la carretera de Liphas.
Tras mucho esperar, la Batalla de la Ballena Blanca había comenzado.
3
Por muchas veces que Subaru experimentara la bendición de repeler el viento, no podía evitar considerarla antinatural. Vibración, viento, postura… el fenómeno imposible impedía que todas esas cosas les afectaran.
Mientras Rem se sentaba directamente sobre el dragón de tierra mientras corría, Subaru puso una mano alrededor de su cadera mientras forzaba la vista. Se relamió los labios, que habían empezado a secarse, humedeciéndolos un poco mientras aspiraba.
La alarma del teléfono había sonado como estaba programada y la Ballena Blanca había aparecido en el crepúsculo sobre las llanuras.
Sólo podía describir la aparición del cuerpo gigante como si partiera el cielo y saliera arrastrándose de la sombra resultante. Su enorme cuerpo infundió un miedo primordial en Subaru, y todos los recuerdos de su vida amenazada volvieron a su corazón.
Cuando miró a su alrededor, la tensión recorría la fuerza expedicionaria, dándose cuenta igual que Subaru. Tal y como estaba previsto, debían lanzar un ataque total a la orden de Crusch.
Pero por un breve instante, la sensación de opresión había dejado incluso a Crusch en blanco, con la respiración entrecortada.
Sólo podía calificarse de error crítico, pero tal era el terror del combate que había provocado la situación extrema.
En consecuencia, Subaru palmeó el hombro de Rem.
—¡Ahora!
—¡Al Hyuma!
Medio segundo antes de que Crusch exhalara, ese grito atravesó los oídos de todas las tropas en el frente.
Respondiendo a la voz de Subaru, Rem dio dirección a la enorme cantidad de prana que había entretejido. Esto dio lugar a cuatro de esos viles pilares de hielo, con sus puntas afiladas abriendo agujeros sin piedad en el vientre de la Ballena Blanca mientras flotaba en el cielo.
El hielo chocó contra su piel de piedra, haciéndose añicos de forma audible. Sin embargo, justo antes de que los pilares destrozados se separaran por completo, la fuerza de sus estocadas atravesó la defensa de la gruesa piel de la Ballena Blanca, esparciendo su sangre por toda la llanura.
El grito de la Ballena Blanca resonó por toda la llanura. A pesar de que el aire temblaba lo suficiente como para entumecer los tímpanos, el dragón de tierra negro como el carbón que Subaru y Rem montaban avanzaba sin miedo.
… Subaru y Rem no habían actuado de forma precipita.
En el momento en que emergió la Ballena Blanca, se produjo una calma momentánea en la fuerza expedicionaria. De no haber actuado durante ese tiempo, el ataque preventivo probablemente habría fracasado.
Aquella pausa fue un momento decisivo. Y sabiendo que esa vacilación momentánea era cuestión de vida o muerte, incluso alguien de carácter tan notable como Crusch se quedó sin aliento ante la amenaza de la Ballena Blanca.
Incluso si hubiera estado medio segura de que la Ballena Blanca aparecería, ver la realidad creaba una onda en el corazón humano. Esa onda podía crear incluso pequeñas distorsiones en el proceso de pensamiento de uno, y la distorsión conducía al estancamiento, y el estancamiento invitaba a la derrota.
De haber sido así, la batalla podría haber comenzado con su bando en desventaja.
… Si había una diferencia entre Subaru y Crusch en ese momento, tenía que llamarlo… amor.
El retraso de una fracción de segundo de Crusch había nacido de su incapacidad para tener una confianza absoluta en Subaru y su metia. Aunque su mente le creyera, no podría obligar a un estadista de su calibre a olvidar sus recelos.
Pero Rem no tenía ni la más mínima duda de que la Ballena Blanca aparecería en el mismo instante en que Subaru dijera que lo haría. En consecuencia, Rem había preparado magia con la mayor potencia de fuego que podía reunir, esperando el momento que Subaru le había indicado, y lanzó un ataque contra la Ballena Blanca en el mismo instante en que apareció.
Si no podía llamar a eso el amor de Rem venciendo, ¿cómo podía llamarlo?
—¡Pero ese análisis es súper embarazoso!
—Subaru-kun, por favor, agárrate a mí con más fuerza. ¡Saldrás despedido!
En contraste con Subaru, que evaluaba su propio inicio de hostilidades, Rem gritó mientras agarraba las riendas del dragón de tierra. Anunció que pasaban de la fase uno de la operación —el ataque preventivo— a la fase dos.
—¡Todos, sigan a ese par de tontos!
Medio segundo después, mientras Subaru y Rem galopaban como el viento, la fuerza expedicionaria detrás de ellos obedecía la orden de Crusch, cargando un cañón tras otro… o más bien, rellenando cosas como cañones con cristales mágicos, y los cañones de cristales mágicos disparándolos como balas de cañón.
Con un rugido, esa descarga aterrizó, su poder destructivo violando la carne de la Ballena Blanca.
En el instante en que impactaron de lleno, los cristales mágicos incrustados en la criatura se transformaron en el poder mágico de su prana correspondiente, ya fuera fuego, hielo o luz, ensanchando la herida que Rem había creado, haciendo que la sangre negra como el hollín se derramara sobre la carretera.
En medio de la llovizna de sangre, el dragón de tierra de Subaru y Rem empleó ágiles movimientos para rodear la retaguardia de la Ballena Blanca. El movimiento fue tal y como estaba dispuesto.
—¡Llamaré la atención de la Ballena Blanca, haciéndola girar para que dé la espalda a la fuerza expedicionaria…!
—¡El cielo! ¡Van a usar un Repelente Nocturno! ¡Por favor, cierra los ojos!
Rem se percató del estado de la batalla, levantó la vista y contempló el cuerno en la frente de la Ballena Blanca mientras gritaba. Subaru se apresuró a seguir sus instrucciones, bajando la cara y cerrando los ojos, y al momento siguiente, el mundo se iluminó.
Una luz blanca estalló en el cielo, y ese resplandor blanco quemó la noche al instante. La luz era tan potente que penetró en los nervios ópticos de Subaru a través de sus ojos cerrados, haciendo que se le trabara la garganta por la sorpresa.
—¡Whoaaa! ¡Es tan increíble como dijiste!
Todo rastro de noche había desaparecido por completo de la carretera de Liphas. Fuera lo que fuese lo que había ocurrido durante esos segundos, los mundos de la noche y el día se habían intercambiado y una luz tan brillante como la del mediodía iluminaba las llanuras.
Por encima de sus cabezas, aparte de los ataques a la Ballena Blanca, una piedra mágica especial con un efecto llamado Repulsión Nocturna había sido lanzada para brillar en lugar del supuesto sol hundido. Normalmente, tan solo era una colección de luz proporcional al prana infundido en ella, incapaz de brillar con mucho más que una luz apagada, pero…
—¿Así que cuando abusas de los activos para juntar una montaña de ellos, terminas con un mini sol en tus manos?
—A fin de cuentas, es difícil seguir la pista de la Ballena Blanca en un cielo oscuro… ¡Esto no ha hecho más que empezar!
Reunir a dos de los mejores mercaderes, incluso para los estándares de la capital real, y hacerlos recolectar todas las piedras mágicas disponibles estaba jugando a su favor.
El alcance efectivo era la zona alrededor del Gran Árbol, y el límite de tiempo era algo menos de una hora, tiempo más que suficiente para poner fin a la batalla decisiva.
Al perderse el crepúsculo sobre las llanuras, el enorme cuerpo se distinguía al flotar sobre ellas. Gracias a ello…
—¡Vaya…!
Hasta ese momento, no había sido capaz de distinguir claramente la Ballena Blanca ni una sola vez, pero ahora, estaba expuesta bajo la luz del día.
—¡¡…!!
El enorme cuerpo de la Ballena Blanca se estremeció mientras bramaba, aparentemente enfurecida por haber sido arrastrada fuera del cielo nocturno.
El rugido que desató superó el nivel de ruido, más cercano a un acto de destrucción en bruto. La atmósfera retumbó, asustando incluso a los dragones de tierra entrenados, haciéndoles rugir violentamente.
Aunque parecía estar sangrando por todo el cuerpo, su nado celeste no se mostraba afectado por las heridas. La cabeza de la Ballena Blanca surcaba el cielo sobre las llanuras, mirando tranquilamente a los enclenques humanos que se atrevían a desafiarla.
—¿Qué…? Tan grande…
La voz de Subaru tembló al salir, incapaz de detener la sensación de que sus miembros se entumecían, incapaces de moverse.
Hasta ese momento, Subaru había visto, rozado y llegado a odiar la amenaza de la Ballena Blanca, pero ante su visión completa, comprendió por primera vez que sólo había visto una fracción del ser.
La Ballena Blanca. Tal y como sugería su nombre, la figura de la mabestia estaba toda cubierta de blanco. Un sinfín de vello corporal brotaba de una piel que se asemejaba a un lecho rocoso finamente cincelado. Las aletas pectorales se extendían desde el vientre como guadañas de parcas, y las aletas dorsal y caudal, más pequeñas, tenían una forma similar.
Dejando a un lado la disparidad de salvajismo, la forma de la Ballena Blanca se parecía mucho a la de las ballenas que Subaru conocía, pero su tamaño traicionaba doblemente sus expectativas.
Por lo que Subaru sabía, la ballena azul, la ballena más grande del mundo, medía casi treinta metros de largo, más o menos, lo que la convertía literalmente en el mamífero más grande de la Tierra. Sin embargo, el enorme cuerpo de la ballena que vio en la distancia superaba fácilmente los treinta metros, probablemente lo suficientemente grande como para superar los cincuenta metros. Su gigantesco armazón se asemejaba más a una montaña que a un ser vivo.
Por alguna broma cósmica, una montaña blanca nadaba tranquilamente en el cielo.
—Subaru-kun.
Con Subaru temblando incluso entonces, incapaz de alinear los dientes mientras mordía, una voz le llamó. Era la voz de Rem, de espaldas a él mientras Subaru se aferraba a las caderas de su pequeña figura. Ella ya estaba justo delante de él, lo suficientemente cerca como para que pudiera oír su respiración, así que no miró hacia atrás a Subaru cuando le hizo la pregunta.
—¿Tienes miedo?
No era una burla, sino una llamada a la confianza.
Con firmeza, Subaru apretó los dientes y torció la boca al responder.
—Sí, tengo miedo de mi brillante futuro y de los elogios que recibiré por derribar esa cosa.
Subaru cumplió las expectativas de Rem con una broma, dándole una palmadita en el hombro por detrás.
—¡Pongo toda mi vida en tus manos! Ahora, ¡huyamos!
—Mi vida también es tuya, Subaru-kun… Bien, vamos.
Cuando Subaru, con su determinación endurecida, declaró que huirían varonilmente, Rem esbozó una pequeña sonrisa con suavidad mientras hacía crujir las riendas con severidad. El dragón de tierra rugió, corriendo por el suelo, impávido incluso ante la fantástica Ballena Blanca.
La Ballena Blanca se giró hacia ellos mientras galopaban a baja altura y a su derecha, con el objetivo de rodear su cola. Se alejaron a toda velocidad de la fuerza expedicionaria, y los gigantescos ojos de la Ballena Blanca se volvieron hacia Subaru y Rem a medida que se acercaban. Sus fauces, capaces de engullir un carruaje de dragón grande, se abrieron de par en par y prepararon su boca, llena de dientes como piedras de molino, para rugir.
Subaru, sintiendo el bautismo por el sonido destructivo, se apuntaló contra el dragón de tierra que montaba.
Y sobre sus cabezas…
—¡¡Para darte la vuelta, debes haberme subestimado mucho…!!
Un instante después de la voz de la valiente heroína, la cabeza de la Ballena Blanca fue cortada superficialmente por un corte horizontal. El corte invisible, que rozó la sólida piel pétrea, volvió a hacer brotar sangre del enorme cuerpo de la Ballena Blanca.
Cuando Subaru miró hacia atrás, hacia el origen del ataque, vio a un dragón de tierra blanco que corría detrás de él al frente de la vanguardia, y a Crusch, erguida, con el brazo extendido tras seguirla en el balanceo. Pero en su mano…
—¡¿No está sosteniendo nada…?!
—Una espada sin forma que ignora el alcance: la famosa esgrima de Crusch-sama es capaz de derribar a cien hombres de un solo golpe —respondió Rem en voz baja mientras Subaru se quedaba boquiabierto.
La anécdota que Rem contó sobre Crusch era nueva para Subaru, pero la exhibición estaba a la altura de las palabras. Aunque parecía desarmada, tal afirmación se ajustaba a la habilidad y fuerza de combate de Crusch.
El corte invisible detuvo la respuesta inicial de la Ballena Blanca; una vez detenido su movimiento, siguieron más ataques. Los cañones de cristal mágico retomaron su trabajo, concentrando su potencia de fuego en la Ballena Blanca y asestándole un golpe tras otro, haciendo que su altitud en el cielo descendiera a medida que se acumulaban los daños y la agonía de la mabestia.
La Ballena Blanca estaba a la misma altura que una nube, pero mientras su cabeza no apuntara hacia arriba, estaba…
—Tan… cerca.
Un único dragón de tierra corrió por el suelo y saltó, haciendo gala de una agilidad que chocaba con su gran armazón al lanzarse por los aires.
Aun así, comparado con la Ballena Blanca, tenía poco tamaño del que presumir. El dragón de tierra que se alzaba ante sus narices debía de parecerle poco más que una mosca a la Ballena Blanca.
… El destello vertical de la espada que corría en línea recta cortó profundamente la nariz de la Ballena Blanca.
La visión del destello metálico desgarrando la blanca y pétrea piel con tanta facilidad hizo que el sonido de los cañones, que resonaba por todo el campo de batalla, se desvaneciera.
No se trataba de un hechizo, ni de un cañón de cristal mágico, ni siquiera del corte de una espada invisible, sino del entrenamiento humano, la prueba de que el acero blandido por el hombre podía alcanzar incluso a la mabestia.
Prueba de que la fuerza de voluntad humana, gastada a lo largo de muchos años, en verdad había alcanzado a la Mabestia de la Niebla.
—… Catorce años.
La figura se agachó mientras le clavaba una espada en la punta hendida de la nariz.
Mantuvo su postura, apuntando la hoja cortante mientras la otra espada se clavaba profundamente, y apartó la sangre de la mabestia de su hoja. Detrás de él, la hostilidad que desprendía era suficiente para deformar el aire.
—Durante todo ese tiempo, sólo soñé con este día.
Cuando la figura enderezó la espalda, la Ballena Blanca torció el cuerpo, tratando de arrojar por los aires a la figura que se había embarcado en la punta de su cabeza. La Ballena Blanca soltó un gemido mientras rodaba en el aire.
Pero…
—¡¡…!!
La Ballena Blanca se arqueó mientras gritaba de dolor, con su cola bailando salvajemente en el cielo.
Un único corte horizontal se sumó al vertical de antes, tallando una herida en forma de cruz en la frente de la Ballena Blanca; la figura pisoteó el lomo de la Ballena Blanca con un ligero sonido de su pie.
Una risa malévola se apoderó del Demonio de la Espada mientras la sed de sangre brillaba en sus ojos azules.
—¡Aquí caerás, y tu cadáver se pudrirá… monstruo inmundo!
Escupiendo esas palabras, Wilhelm preparó sus espadas con ambas manos mientras su cuerpo se convertía en viento.
Corrió por el lomo de la Ballena Blanca desde la cabeza hasta la cola, acuchillando a diestro y siniestro la piel de piedra de la mabestia con las espadas de ambas manos. Al rasgar con facilidad la supuestamente dura y resistente piel, esprintando mientras la sangre negra como el hollín manchaba el cielo, parecía realmente un Demonio de la Espada.
Con Wilhelm aferrado al cuerpo de la Ballena Blanca, ésta no tenía un buen método para sacudírselo de encima. Incapaz de desprenderse del anciano espadachín, incluso mientras se movía para dar una voltereta en el aire con la fuerza de un torbellino, proclamó:
—¡Qué bien que me ayudes a rebanarte más!
Un instante antes de que la Ballena Blanca girara su cuerpo, Wilhelm dio un pequeño salto y clavó su espada justo debajo de él. Cuando la Ballena Blanca giró su cuerpo, la hoja de empuje creó un corte vivo hacia abajo, utilizando el propio cuerpo de la Ballena Blanca al servicio de la hoja.
Entre un grito y una niebla de sangre que moteó su propio torso, el Demonio de la Espada se echó a reír. Carcajeándose, sus viejos huesos siguieron blandiendo ambas espadas mientras se dirigía al flanco del gigante cuerpo. De un golpe, sus espadas tallaron la carne en forma de V, dejando tras de sí una laceración rojinegra.
Un bramido surcó el cielo cuando la Ballena Blanca intentó abofetear con su cola al Demonio de la Espada que caía. Pero un instante antes de que la cola lo golpeara, un dragón de tierra se llevó el cuerpo de Wilhelm. Se había escabullido de la amenaza de una muerte segura.
Al aterrizar, el dragón de tierra echó a correr al instante. La Ballena Blanca cedió a la ira y persiguió al escurridizo Demonio de la Espada.
—¡Eh, no mi’es a otro lado, imbécil! ¡¡También te enf’entas a nosot’os!!
El único golpe de la enorme cuchilla dio de lleno en la mandíbula de la Ballena Blanca, con fuerza suficiente para arrancarle varios de sus enormes dientes.
Era Ricardo, montado en un ligre, quien bramaba mientras galopaban hacia la cara de la Ballena Blanca en ángulo. Tal como había dicho, la feroz criatura tenía más agilidad que un dragón de tierra, y estaba utilizando esa agilidad al máximo, amo a remolque, atravesando la Ballena Blanca mientras su cuerpo se elevaba hacia el cielo.
—¡Oye, aún no hemos te’minado contigo!
Encima del ligre, Ricardo lanzó un grito más bestial que el de un monstruo al blandir la enorme cuchilla. La piel exterior se hizo añicos y la carne se desgarró, todo en una sola embestida. Y tras Ricardo…
—¡Muy bien, vamos!
—Nee-san, ¡estás demasiado al frente! ¡Todos, ahora!
Los tenientes gemelos, ambos a lomos de pequeños ligres, se separaron, dando órdenes a la banda de mercenarios que tenían detrás. Con feroces saltos, una manada de ligres se aferró a la Ballena Blanca y comenzó a correr desenfrenadamente con su gigantesco cuerpo como punto de apoyo. Blandieron espadas y lanzas, infligiendo daño a la Ballena Blanca como un enjambre de avispas.
Aparte de hacer bailar su enorme cuerpo, la Ballena Blanca no tenía ninguna contramedida para sacudirse a los intrusos que se aferraban a ella. Su propio tamaño dificultaba los movimientos pequeños, una debilidad que estaba quedando al descubierto. Además, en ese momento…
—¡Todos, aléjense!
Cuando la orden de Crusch resonó en el campo de batalla, los Colmillos de Hierro que se aferraban a la Ballena Blanca saltaron de su cuerpo como uno solo. Todos los ligres aterrizaron de forma ágil, y la Ballena Blanca, ahora libre de ellos, dio un gran giro, creyendo que por fin había llegado el momento de contraatacar… pero juzgo mal.
—¡Así que expusiste tu flanco…!
El segundo ataque de Crusch golpeó muy por encima, su corte diagonal recorrió el costado de la Ballena Blanca en ángulo, y ese golpe de su espada fue el preludio de un tercer ataque, esta vez, del escuadrón mágico, que no había atacado hasta ese momento, dedicándose únicamente a concentrarse en los cánticos.
—¡Al Goa!
De los cánticos compuestos de varios miembros del escuadrón surgió una aurora al rojo vivo. En aquel mundo, con un sol y una luna flotando en el cielo, nació un nuevo segundo sol, bajo en el cielo y envuelto en llamas incandescentes.
Aun sabiendo que se trataba del poder de la magia de fuego combinada, Subaru no pudo apartar la mirada, contemplando embobado la conflagración que abrasaba el mundo ante él. Las ondas de calor desprendidas por la enorme bola de fuego, de más de diez metros de diámetro, podían quemar la piel incluso a una distancia bien lejana, quemando con suficiente calor como para robarle la humedad de los ojos, incluso con los párpados protegiéndolos.
Esa gran bola de fuego vaciló, luego ganó velocidad.
—¡Uoooo!
La velocidad dio paso a la aceleración, y la aceleración, a un rápido acercamiento. La bola de fuego se dirigió hacia el costado de la Ballena Blanca y la golpeó justo en el vientre. A través de sus heridas acumuladas, el fuego ardió dentro de su cuerpo, y la Ballena Blanca gritó mientras sus órganos internos hervían.
Los mercenarios se apresuraron a evacuar para no ser alcanzados por los fragmentos de llamas que se esparcían por la llanura. Subaru y Rem participaron en esa evacuación, incluso mientras sus ojos seguían rastreando a la Ballena Blanca en llamas.
Aquella circunstancia abrumadora, incluso unilateral, significaba nada menos que el ataque sorpresa había dado sus frutos. A ese ritmo, ¿no podría ser subyugada la mabestia sin que pudiera hacer nada?
—¡Parece que eso lo golpeó bastante fuerte! ¡¿Quizás todo va bien?!
A una distancia fuera del alcance de las llamas, Subaru observó a la Ballena Blanca desde la parte trasera del dragón de tierra, agitando un puño cerrado.
Hasta ese momento, habían abrumado por completo a la Ballena Blanca, infligiéndole sin duda no pocos daños. Con el fracaso de la Gran Expedición catorce años antes como precedente, había estado en guardia, pero esto le puso de buen humor y le hizo creer que podrían ganar. Había mordido el anzuelo del plan preestablecido, haciéndole sentir exultante de que una rápida victoria estuviera ante sus ojos.
Sin embargo, con pesar, Rem sacudió la cabeza ante el punto de vista optimista de Subaru, mirando a la mabestia envuelta en llamas.
—No… si ese fuera el caso, el ataque sorpresa habría hecho que se estrellara contra el suelo.
Sus palabras hicieron que Subaru abriera mucho los ojos. Volvió los ojos hacia la Ballena Blanca, preguntándose a qué se refería.
Incluso entonces, la mitad del cuerpo de la mabestia estaba siendo quemada por la gran magia, sin que las llamas, que se extendían por el vello de su cuerpo, se extinguieran. Los ataques directos de los cañones mágicos habían infligido muchas heridas, y la visión de la sangre que manaba de ellas era francamente dolorosa.
Pero…
—Su altitud… se mantiene.
Mirando hacia arriba, vio que la Ballena Blanca permanecía tranquilamente en el cielo.
No estaba tan alta como para que la caballería no pudiera saltar hasta ella, pero sería muy difícil para los hombres desafiarla a pie. Y lo que es más importante, si la mabestia no caía al suelo, no podrían pasar a la siguiente fase de la operación.
Ricardo llegó a su lado, llevando su enorme cuchilla mientras las salpicaduras de sangre empapaban el pelaje de su cara.
—Jugamos todas nuest’as ca’tas buenas al p’incipio. Que no caye’a significa que esa cosa e’a bien dura, eh —resopló con su hocico canino, moviendo sus orejas puntiagudas mientras decía—: Pa’ece que nos hemos anotado un punto, pe’o no es fácil at’avesar esa g’uesa piel. Excepto pa’a un a’ma como la mía con fue’za b’uta, o las habilidades de Wil-san, es una gota en un océano.
—Tal vez eso va para los ataques físicos, pero parecía que los ataques mágicos funcionaban, ¿no?
—Dudo mucho que sea así. A primera vista, parecían golpes espectaculares, pero ese pelo blanco dispersa el prana, embotando la fuerza. Mi magia tampoco hizo tanto daño como parecía.
Rem expresó con pesar que la magia que representaba su mayor potencia de fuego había sido ineficaz.
Cuando sus palabras llamaron la atención de Subaru, vio que ciertamente había numerosas heridas superficiales en la carne de la Ballena Blanca, pero ninguna llegaba a ser una herida profunda que mermara su capacidad de lucha. Pero al menos…
—Parece que los hechizos de fuego de antes le están quemando bastante bien el pelo.
—Es simple, se quema el pelo mágico pa’a tene’ esa ca’ne de ballena bien hecha pa’a la cena.
Ricardo enseñó ferozmente los colmillos al coincidir con la suposición de Subaru. Con la enorme cuchilla en la mano, le dio una palmada en el lomo al ligre y se lanzó de nuevo hacia la primera línea.
—¡Muy bien, volvamos a darlo todo! Crusch-sama, dale al g’andote un golpe más en las t’ipas, ¿quie’es?
Preparando su propia lista de la compra, se deslizó bajo la Ballena Blanca y volvió a saltar sobre su cuerpo.
Cuando Subaru miró, Wilhelm, que estaba seguro de que se había alejado, también intentaba volver a la Ballena Blanca, esta vez por la cola. Al parecer, la fuerza expedicionaria había llegado a la misma conclusión que Subaru y Ricardo y estaba preparando su siguiente movimiento, es decir, un segundo ataque total.
—En este caso, estarán lanzando potencia de fuego sobre la Ballena Blanca, así que sólo estorbaríamos si nos acercamos. Rem, ¿puedes lanzarle magia como hiciste antes?
—Llevaría tiempo un conjuro de idéntica fuerza, y el prana del elemento agua no puede hacer daño cuando se dispersa. Cualquier cosa de menor fuerza tendría una potencia de fuego insuficiente para empezar, así que…
Si se guiaba por la conclusión anterior de Ricardo, lo correcto era que Rem se uniera a la primera línea, con la bola con pinchos en una mano, y se sumara a los ataques contundentes contra la Ballena Blanca. Sin embargo, si Subaru le obligaba a hacer eso, él se convertiría en una carga. Era patético, pero usar su condición física para implementar una operación señuelo significaba que Subaru no podía separarse de Rem.
—Es una mierda, pero tengo que mirar hasta que haya un movimiento que pueda hacer…
Mientras Subaru hablaba, su dragón de tierra se alejó del campo de batalla a paso lento, y otro dragón de tierra se puso a su lado.
—Esa molesta sensación es igual para mí que para ti-nya.
Era Ferris, montado en un dragón de tierra vestido con placas fuertemente blindadas.
—Tampoco tengo ninguna forma de atacar, así que observar es prácticamente todo lo que puedo hacer-nya. Estoy un poco, bueno, acostumbrado a ello, pero siempre me molesta-nya.
—Tal vez, pero tu curación es la línea de vida de la fuerza expedicionaria. No puede ser que vayas por delante. Te lo ruego, concéntrate en ese trabajo, ¿de acuerdo?
Subaru se lo recalcó sin rodeos a Ferris, aprovechando ese momento para acercarse con su porte normal. La respuesta hizo que Ferris cerrara un ojo con un hmm.
—En verdad has cambiado en un día-nya. ¿Qué te pasó?
—Si tengo que decirlo con palabras, me hice un poco más hombre.
Mientras sus ojos recorrían el cambiante campo de batalla, Subaru respondió con expresión reflexiva, mordiendo amargos pensamientos.
El comportamiento de Subaru hizo que Ferris le clavara sugestivamente un dedo en una mejilla mientras decía:
—Subaru, nyo me digas… ¿Rem te hizo un hombre-nya?
La respuesta fue a la vez un sí y un no rotundo.
Subaru estuvo a punto de lanzar un grito de rabia para callar a Ferris por la vulgaridad fuera de lugar.
—¡Wilhelm-sama…!
Pero fue interrumpido por el grito urgente de Rem.
Cuando envió con prisa su mirada en la dirección en la que miraba Rem, vio al anciano espadachín corriendo a lomos de la Ballena Blanca.
Con una espada, apuñaló el trasero de la Ballena Blanca, desgarrando su cuerpo longitudinalmente mientras corría. Al tiempo que Wilhelm corría de la cola a la espalda, los chorros de sangre de ballena hacían que pareciera perseguido por géiseres.
En ese momento, las obras de Wilhelm fueron realmente las de un dios furioso.
La fuerza expedicionaria levantó el rostro, con la moral por las nubes ante la anormal habilidad del Demonio de la Espada. El ritmo de disparo de los cañones y el vigor de los ataques organizados de los mercenarios y la unidad de caballería aumentaron aún más.
Incapaz de soportar la agonía, la Ballena Blanca se retorció en el aire, completamente incapaz de responder al ataque de la fuerza expedicionaria.
Al ver a la Mabestia de la Niebla, la calamidad que había causado un sufrimiento continuo a lo largo de cuatro siglos, en un estado tan patético, Subaru creía con firmeza que la marea iba completamente a su favor.
—¡Cheeeeeiiiiii!
Con un enérgico arrebato, Wilhelm desenvainó su espada en línea hasta la cabeza de la Ballena Blanca, manteniendo el impulso mientras sus viejos huesos saltaban desde la punta del enorme cuerpo. A la vez que el viejo se retorcía e invertía en el aire…
—¡Pa’a…!
El arma de Ricardo siguió el ritmo de Wilhelm y se elevó para recibirle desde abajo. Wilhelm descendió, apuntando a la cuchilla cuando ésta se elevaba hacia su cenit, y las plantas de los pies del Demonio de la Espada se encontraron con el golpe contundente e inminente de la cuchilla.
—¡Arriba!
La fuerza muscular de Ricardo se sumó a la capacidad de salto de Wilhelm, enviando al Demonio de la Espada volando como una bala.
Las dos espadas de Wilhelm giraron y cortaron salvajemente la cara de la Ballena Blanca. Fue cruelmente destrozada desde la punta de la nariz hasta la mejilla, y Wilhelm lanzó una puñalada hacia su gigantesco ojo.
—¡¡…!!
Las espadas gemelas hundieron sus empuñaduras en el ojo izquierdo de la Ballena Blanca, y un líquido transparente fluyó del destrozado globo ocular.
Wilhelm abandonó al instante las dos espadas hundidas y desenvainó dos nuevas en un santiamén: de derecha a izquierda, sus ataques cortaron por encima y por debajo del ojo; volteando las hojas, añadió cortes verticales a izquierda y derecha.
Como resultado, el globo ocular izquierdo de la Ballena Blanca fue cortado desde cuatro direcciones cuando…
—¡El ojo está cayendo!
Arrancado de cuatro cortes, el ojo izquierdo de la Ballena Blanca cayó atraído por la gravedad, y Wilhelm junto con él…
El grito, de cualquier fuente, se convirtió en verdad, y el globo ocular, escupiendo sangre y fluidos, chocó contra el suelo, aplastándose y salpicando.
Wilhelm aterrizó justo a su lado, el Demonio de la Espada clavando una espada en el globo ocular, amenazando con perder toda coherencia, y lo levantó en alto para que el ojo derecho de la Ballena Blanca pudiera verlo.
—… Patético.
Entonces, la comisura de sus labios se torció en una espantosa sonrisa triunfal.
La Ballena Blanca había quedado indefensa ante las sublimes técnicas de combate del Demonio de la Espada.
Era evidente para todos que su fuerza de combate no estaba determinada por la abrumadora diferencia de tamaño de sus cuerpos.
Quizá la Ballena Blanca necesitó perder su ojo izquierdo para aceptarlo…
—¡El color del ojo de la Ballena Blanca…!
—¡¡Ya viene!!
—Subaru-kun, por favor baja la cabeza…
En cuanto Subaru notó el cambio, Ferris gritó y Rem aceleró el dragón de tierra.
Como se habían detenido, la bendición de repeler el viento no tenía efecto. Subaru, aferrado a Rem mientras soportaba el feroz viento y las sacudidas, consiguió de algún modo volver los ojos hacia la Ballena Blanca que estaba sobre él.
En el campo de visión de Subaru, el estado de la Ballena Blanca cambió de inmediato.
—¡¡…!!
La Ballena Blanca, enfadada por haberle arrancado un ojo, soltó un rugido mientras su único ojo intacto se teñía de rojo intenso.
El globo ocular, ahora del color de la sangre, recorrió con saña la fuerza expedicionaria, la cual retrocedió para poner distancia entre ella y la mabestia. Inmediatamente después, el cuerpo de la Ballena Blanca se estremeció de odio y rabia al producirse un cambio en su carne.
… En el instante en que comenzó el cambio, Subaru fue incapaz de reprimir una sensación de asco que desafiaba a las palabras.
La Ballena Blanca abrió la boca.
No, esas palabras eran a la vez correctas e incorrectas. Para expresar con más precisión la verdad…
… Las bocas de innumerables cavidades de todo el cuerpo de la Ballena Blanca se abrieron y empezaron a alzar la voz.
—¡¡……!!
Reverberaciones como voces chillonas brotaron de las innumerables bocas creadas por toda la carne de la mabestia.
El sonido discordante que uno pensaría que no existe en ese mundo parecía arañar directamente los espíritus de los oyentes, recorriendo desde su oído hasta violar sus nervios craneales.
El daño no se limitó a los seres humanos. Los dragones de tierra y los ligres utilizados como montura se detuvieron en seco, presos de un miedo instintivo y primordial.
La fuerza expedicionaria se vio superada por su peor momento de indefensión desde el inicio de la batalla para derribar la Ballena Blanca.
Y entonces…
—… Ah…
Alzando un coro, las innumerables bocas escupieron una inmensa cantidad de niebla.
En un abrir y cerrar de ojos, la niebla se derramó sobre las llanuras, y el mundo iluminado por el efecto del Repelente Nocturno se tiñó de blanco.
Con la vista obstruida y todo el cuerpo encogido, Subaru comprendió que la Ballena Blanca les había reconocido como sus enemigos.
Fue la Mabestia de la Niebla la que lanzó su grito de guerra y anunció el verdadero comienzo de las hostilidades.
4
Una sonora carcajada resonó en la carretera de Liphas.
Sonidos discordantes brotaban de las pequeñas bocas abiertas en el gigantesco cuerpo de la Ballena Blanca mientras nadaba tranquilamente en el cielo.
Cuando rugía por su propia boca, lo hacía con tal destrucción que hacía temblar la tierra. Pero el sonido emitido por muchas bocas desincronizadas era retorcido y repulsivo, como ser arañado por el propio viento.
La desagradable sensación no fue un golpe en los tímpanos, sino más bien como si a uno le pincharan el cerebro con finas agujas.
Con ese macabro cambio en la Ballena Blanca, Subaru sintió que las tornas habían cambiado.
Le habían asestado ese inmenso golpe preventivo con la fuerza expedicionaria, Wilhelm hizo lo suyo, añadiendo sus propios ataques concentrados. El daño infligido a la Ballena Blanca no fue en absoluto mínimo. Después de todo, la potencia de fuego combinada era suficiente para matar a Subaru cien veces; si se comparaba con otras mabestias, era un poder de ataque suficiente para acabar con toda una manada de Wolgarm diez veces.
La mabestia, bañada en todo aquello, había recibido suficiente daño como para perder un ojo. Si no era suficiente para zanjar la batalla, Subaru esperaba que al menos sirviera para derribar a la bestia, pero…
—¡Mierda, la niebla…!
Sin dejar de lanzar un grito estridente, la Ballena Blanca esparció niebla por sus innumerables bocas.
La niebla se extendió a lo largo de la carretera, avanzando a medida que caía del cielo. El campo de visión de Subaru se volvió progresivamente más blanco, y el efecto del cristal mágico Repelente Nocturno disminuyó.
… La Mabestia de la Niebla había estaba mostrando sus verdaderos colores.
Al empeorar la visibilidad, la fuerza expedicionaria era incapaz de mantener una cohesión firme sobre las llanuras cubiertas de niebla. Además, ¿no parecía que incluso la Ballena Blanca se estaba fundiendo en la niebla, desapareciendo de la vista…?
—¡Me tienes que estar jodiendo…!
—¡Subaru-kun, por favor confíame tu vida!
Rem se inclinó hacia delante y gritó a Subaru, conmocionada por la desaparición de la Ballena Blanca. Subaru respondió a su grito abrazando más profundamente el cuerpo de Rem.
Obedeciendo al chasquido de las riendas de Rem, el dragón de tierra giró sobre sí mismo, hendiendo el suelo mientras comenzaba a esprintar.
Ferris, a su lado hasta poco antes, también giró la cabeza de su dragón de tierra hacia el interior de la niebla. Con la Ballena Blanca entrando en estado de combate, el contraataque se haría desesperado. Naturalmente, no podrían evitarse las bajas. Siendo así, ahí residía su deber, ya que se le llamaba el Caballero Azul, el más grande de los sanadores.
Sin embargo, a pesar de eso…
—¡¡Todos, retirada!!
… un bramido procedente del interior de la niebla resonó, deteniéndolos antes de que saltaran al mar de blanco.
Lo que oían era la voz de Crusch.
¿Qué está haciendo?, decía la mirada en la cara de Subaru, pero al momento siguiente…
—¡¿Whoa?!
El cuerpo de Subaru fue sacudido por la fuerza centrífuga cuando el dragón de tierra viró a la izquierda en una decisión tomada de improviso. Delante, el dragón de tierra de Ferris estaba haciendo su propio giro de emergencia a la derecha, lo que provocó que tomaran caminos separados.
Y el blanco surgió de forma violenta en las esquinas de la visión inclinada de Subaru.
—… ¡Oye, espera!
La mitad del camino que se había abierto al separarse voló por los aires en una sola ráfaga de niebla muy densa.
La fuerza de la alta ola de niebla que salía disparada seguramente se habría tragado a los dragones de tierra si hubieran evadido incluso un segundo más despacio.
Sin haber visto la realidad en acción, uno podría tomárselo a broma, como si se tratara de una simple niebla. Pero nadie que viera de cerca la naturaleza de esa niebla con sus propios ojos la descartaría tan a la ligera.
La superficie de las llanuras rozadas por la niebla estaba surcada como derretida, y la superficie de la carretera se desvanecía hasta los cimientos.
Un cuerpo humano bañado por completo en esa niebla compartiría invariablemente el mismo destino.
—¡Si eso nos golpea…!
Subaru pensaba que se había tomado al pie de la letra las instrucciones previas sobre la amenaza de la niebla de la Ballena Blanca. Pero la realidad superaba incluso sus expectativas.
—¡Así que así de peligrosa es la niebla…!
La Ballena Blanca, llamada Mabestia de la Niebla, tenía niebla que a grandes rasgos se dividía en dos variedades.
La primera era la niebla de gran extensión que esparcía para ampliar su propia zona de nado, como la que había utilizado para cubrir el camino. Y la segunda era la niebla aniquiladora, que había borrado un buen trozo del suelo ante sus ojos justo en ese momento.
No había visto los medios de ataque hasta entonces, pero era este último, la niebla aniquiladora, el que causaba la destrucción. Y aunque una sola mirada bastaba para comprender su poder destructivo, había incluso más que eso.
A saber…
—¡Ahhh!
En un vigoroso destello, una voz galante atravesó la niebla mientras algo abría de repente la blanca escena que Subaru tenía ante sus ojos.
Era un dragón de tierra blanco con Crusch a la espalda que saltó de la niebla. Probablemente había utilizado el ataque de corte invisible de alcance superlargo para dispersar la niebla y asegurar su visión.
Crusch se secó bruscamente el sudor de la frente, jadeando encima del dragón de tierra. Utilizándola como marcador en el centro de la niebla despejada, los elementos dispersos de la fuerza expedicionaria comenzaron a reagruparse con prisa.
Crusch miró a sus subordinados de cada uno de los escuadrones reunidos y preguntó:
—… ¿Cuántas personas fueron alcanzadas?
—Nuestro escuadrón tiene doce personas, nos faltan tres.
—… ¿A quién echas de menos?
—¡No lo sabemos…!
Ante la impaciencia de Crusch, un hombre en la flor de la vida pareció escurrir el bulto mientras negaba con la cabeza.
En circunstancias normales, tal intercambio sería incomprensible. El jefe de escuadrón, consciente del número de personas de su escuadrón, informaba de que no recordaba los nombres de los miembros perdidos. Seguramente tal locura no era posible, no obstante…
—Tenemos catorce y perdimos uno.
—Dos hombres de mi escuadrón. Poco más puedo decir.
—Seis hombres… ¡Lo siento mucho! ¡Nuestra posición era profunda, y no pudimos evitar la niebla…!
Se suceden los informes similares, pero ninguno es capaz de recordar los nombres de sus compañeros desaparecidos.
Era esa extraña circunstancia la verdadera amenaza de la niebla de la Ballena Blanca.
—¡La niebla… aniquiladora…!
En estado de shock, las muelas de Subaru repiquetearon mientras el murmullo subía por su garganta.
A los literalmente aniquilados por la niebla se les borraron del mundo hasta los recuerdos de su existencia. Aunque quedaran pruebas de los borrados, no quedaban recuerdos de su existencia.
Ese era el verdadero significado de que Crusch organizara la fuerza expedicionaria en escuadrones de quince hombres cada uno. Si los escuadrones perdían hombres debido a la niebla, ni siquiera podrían discernir quién había sido alcanzado. Aun así, al tener un número fijo en cada escuadrón, al menos podrían comprender el hecho de que habían perdido gente.
… Subaru conocía ese miedo inquietante a nivel personal, ya que lo había probado el bucle anterior.
Para Otto, el comerciante ambulante que le acompañaba en la carretera, la existencia de un compañero caído presa de la Ballena Blanca, y la existencia de Rem, que se había quedado atrás para frenar a la Ballena Blanca, habían quedado completamente relegados al olvido.
En ese momento, Subaru pensó que Otto había olvidado esos recuerdos inconvenientes por miedo, pero tenía más sentido que estuviera bajo el efecto de la niebla de la Ballena Blanca. Todo recuerdo de su compañero comerciante, y de Rem, se había borrado de ese mundo, igual que cuando, de vuelta en la mansión, incluso la hermana gemela mayor de Rem, Ram, la había olvidado.
Ahora, había vuelto a ocurrir lo mismo. Sin embargo, incluso a pesar de eso…
—Soy el único… que recuerda…
Aturdido, Subaru expresó el hecho innegable.
Al igual que en el último bucle, cuando Subaru nunca olvidó al mercader borrado o a Rem, sacrificándose para que Subaru pudiera escapar, sólo él lo recordaba.
Dos de los jefes de escuadrón reunidos bajo Crusch… se habían convertido en personas diferentes.
Bañados por la niebla aniquiladora, los jefes de escuadra originales habían sido borrados. Todos aceptaron a los siguientes en la línea como líderes de escuadrón en su lugar, sin que nadie notara el repentino cambio de rango.
Ante aquella anormalidad, Subaru supo que la Bruja y la Ballena Blanca estaban realmente cortadas por el mismo patrón.
Natsuki Subaru seguía recordando las cosas que todos los demás habían olvidado… seguramente esto no era ajeno al Regreso de la Muerte, un rasgo que sólo poseía Subaru.
Crusch miró las caras de los expedicionarios y cortó la conversación.
—Ahora que se sumergió en la niebla, no podemos saber desde dónde ataca. Estar reunidos es un mal plan, nos dispersaremos y emplearemos cristales de repulsión de prana.
Al ver a todos asentir a la orden en su visión periférica, los ojos de Subaru se abrieron de par en par al darse cuenta de que no veía a Wilhelm ni a Ricardo entre ellos. Seguramente ni siquiera ellos dos habían sido borrados por la niebla…
—Así que volviste, Wilhelm.
Pero el nerviosismo de Subaru se vio desmentido por el oportuno regreso de una figura desde la niebla.
Tras atravesar la densa niebla, el Demonio de la Espada parecía espantoso, con todo el cuerpo bañado en sangre. Wilhelm se limpió las espadas manchadas de sangre y se embadurnó las mejillas.
—Me adelanté demasiado… ¿nuestras pérdidas? —preguntó Wilhelm.
—Un total de veintiuno… Esencialmente un escuadrón fue aniquilado. Ya no podemos esperar siquiera honrar de forma apropiada la memoria de los caídos.
Ser borrado por la niebla significaba literalmente que la existencia de uno quedaba limpia. No quedaban rastros de ellos, ni siquiera en la memoria de la gente, había un espacio en blanco en el que alguna vez habían existido en el mundo.
Subaru se preguntó si los lazos y los sentimientos, incluso el amor, que habían sido tan ciertos hasta entonces, se habían desvanecido en algún lugar.
Cuando miró más de cerca, Subaru vio una manada de ligres detrás de Wilhelm, y entre ellos estaban Ricardo, a horcajadas sobre su ligre extragrande, y los dos tenientes. Al parecer, al igual que Wilhelm, los que luchaban contra la Ballena Blanca habían sufrido daños mínimos.
—La niebla que sale hace que esto sea difícil. Los cristales de repulsión de prana son escasos, y tenemos menos de los que me gustaría… Si los usamos en el lugar equivocado, estamos acabados.
—Si la golpeamos con un ataque concentrado más, seguramente caerá al suelo. Habiéndola perdido de vista, este es el momento adecuado para emplearlos, evitando un ataque sorpresa entre otras cosas. ¿Objeciones?
Cuando todos respaldaron el criterio de Crusch, su mirada se dirigió a la unidad de apoyo bajo el mando de Ferris.
—Ferris, lanza cristales antimagia desde los cañones de cristal mágico. Sólo dos veces. Debemos emplearlos con cuidado.
—Los preparativos ya están completos-nya~. Cuando quiera, estamos a sus órdenes.
Cuando Ferris se dio un golpecito en el pecho, Crusch apretó la barbilla y miró a todo el mundo antes de que se reanudara la batalla.
—¡De aquí en adelante es la verdadera batalla! ¡La respuesta que queda en sus manos demostrará que nuestros ataques son efectivos sobre la Ballena Blanca! Ciertamente, nuestro oponente es poderoso e insondable. En el peor de los casos, puede que nadie recuerde nuestras muertes. ¡Sin embargo!
Crusch, capaz de lanzar golpes cortantes con la mano desnuda, sacó de su cadera la preciada espada de la Casa Karsten —una espada sin duda desprovista de uso desde hacía mucho tiempo— y la alzó al cielo, declarando en voz alta:
—Por el bien de los muertos sin nombre en sus lápidas, por el bien de los débiles que se verán amenazados por la niebla en el mundo que se avecina, ¡la mataremos, cueste lo que cueste…! ¡Ven conmigo!
Todo tipo de armas se alzaron al cielo, todos gritando exultantes al unísono.
La niebla se estremeció por la increíble subida de moral, encendiendo con ferocidad su amortiguado espíritu de lucha.
—¡Lancen el cristal antimagia!
A la orden de Crusch, los individuos bajo el mando de Ferris dispararon salvas de cañones de cristal mágico; al momento siguiente, con un gran estruendo, los cristales mágicos se elevaron hacia el cielo brumoso cuando…
—¡La niebla… se está despejando…!
… el resplandor de los cristales mágicos al romperse en el cielo borró de golpe la niebla blanca que les obstruía la vista.
Hablando con propiedad, toda la niebla que cubría las cuatro esquinas de las llanuras no había sido barrida. Al final, lo único que había cambiado era la densidad de la niebla, que se había reducido hasta el punto de que ya no resultaba difícil mantener una visión clara.
Pero incluso ese resultado podría considerarse suficiente.
… La niebla de la Ballena Blanca era, al parecer, una calamidad provocada por el enorme prana que poseía. En otras palabras, la Ballena Blanca dispersó su prana en la dirección que quiso, y esto se convirtió en la niebla visible para los demás.
Los cristales antimagia —por derecho, cristales con el efecto de forzar el prana de una zona a un estado incoloro, así neutralizándolo— habían utilizado su poder para anular el prana de la niebla, volándola por los aires.
Era una apuesta peligrosa, ya que si los cristales antimagia funcionaban demasiado bien, también disminuiría la fuerza de sus propios ataques mágicos, pero parecía que no había necesidad de preocuparse mientras pudieran ver restos de la niebla.
—No es suficiente para despejar toda la niebla, ¿eh?
—A su vez, no hay ningún efecto en nuestra propia magia. Yo también estoy en plena forma.
Rem asintió un poco, pero fue el brillo del cuerno en su frente lo que le dio la verdadera respuesta. El hecho de que percibiera el prana que se arremolinaba en la zona y hubiera empezado a volver a acumular energía mágica era la prueba.
—¡Muy bien! Ya no puedo acobardarme. Llegué demasiado lejos para ahora ser inútil. Es hora de que subamos al escenario.
—¡Sí! ¡Déjanos ir!
Rem manejaba las riendas del dragón de tierra, y su bramido coincidía con el rebote de la grupa de Subaru. Subaru se agarró a las caderas de Rem sobre el veloz dragón de tierra, buscando la Ballena Blanca en la fina niebla sobre sus cabezas.
Con Crusch a la cabeza, la fuerza expedicionaria también partió, dispersándose mientras sus distintas partes buscaban a la Ballena Blanca. Con la batalla reanudándose posiblemente en cualquier momento, Subaru sintió que la tensión le secaba la garganta a toda prisa.
Nadie había visto salir a la Ballena Blanca. Se sentía como antes del comienzo de la batalla, cuando esperaban que la Ballena Blanca apareciera en el cielo nocturno, cuando…
—… Niebla.
De repente, un mal presentimiento apareció en el fondo de la mente de Subaru.
No tenía ningún tipo especial de prueba de ello.
Aún podían utilizar la magia dentro del efecto de los cristales antimagia. Cuando recordó las diversas cosas que se habían dicho antes de la operación, y su experiencia al encontrarse con la Ballena Blanca en la vuelta anterior, esa ansiedad afloró de repente a la superficie.
Había restos de niebla muy dispersos en la atmósfera.
La Ballena Blanca había expandido su propio territorio y obstruido sus campos de visión, el truco más viejo en el libro de la Mabestia de la Niebla. Esa era toda la información previa que tenía, pero ¿en verdad podía decir que era la única razón por la que tenía miedo?
Pero antes de que la duda en su cabeza pudiera tomar forma…
—¡¡…!!
… el chirriante coro que resonaba a través de la ligeramente empañada carretera de Liphas se hizo más rápido.
—¡¿Qué demonios fue eso?!
El eco agudo era como el chillido de una mujer, infundiendo una sensación de repugnancia que hizo que Subaru quisiera taparse los oídos. Era a la vez rugido y risa, pero repulsivo a otro nivel, atravesando la niebla para burlarse de ellos a través de las llanuras.
—¡Eso de ahora…!
Subaru trató de formular la pregunta con palabras cuando notó eso… que la niebla enroscada alrededor de todo su cuerpo parecía fundirse con él, como si tratara de impregnar su carne.
Y entonces…
—¡¿Aaa, aaa, aaa…?!
El primer grito salió del jinete de dragón que corría a un lado.
Los hombros de Subaru se sobresaltaron al oír las extrañas voces, que no se parecían en nada a las que provenían de seres humanos cuerdos. Adivinando que algo había cambiado, miró para ver a los soldados de caballería corriendo a su lado, cayendo de sus dragones de tierra uno tras otro.
—¡Hey! ¡¿Qué pasa?!
Siguiendo las intenciones del gritón Subaru, su propio dragón de tierra dio media vuelta y se dirigió hacia ellos. Pasó entre los dragones de tierra, confundidos por la pérdida de sus jinetes, y llamó a los hombres caídos.
—¡¿Estás bien?! Caerse de una montura puede hacerte bastante daño…
Subaru, preocupado por tales heridas, sin darse cuenta dejó que su voz se apagara a mitad de camino. Habiendo caído de sus dragones de tierra, los caballeros se retorcían, pero su estado era mucho más precario que las meras heridas físicas.
—Uu, uu, uu, aa…
Las extrañas voces que emitían no eran como las de los seres humanos; se parecían más a los ruidos de las bestias.
Un hombre echaba espuma por la boca, convulsionándose en el suelo con los ojos en blanco. Otro dejaba escapar un gemido mientras se arañaba desesperadamente los brazos. Otro más apretaba las muelas hasta rompérselas, golpeándose la cabeza contra el suelo.
No había un único conjunto de síntomas, pero aun así, él sabía. Era la locura, usando la niebla como medio para propagarse.
—Esto es…
—La voz de hace un momento afectó directamente a sus mentes a través de la niebla… ¡Es como un envenenamiento de prana, pero esto es terrible…!
Con Subaru conteniendo la voz, Rem se llevó una mano a la frente, poniendo cara de angustia mientras contestaba.
—¿Envenenamiento por prana…? ¡¿Así después de todo esta no es niebla normal?!
A juzgar por el estado de Rem y la sensación de la niebla enrollada alrededor de su cuerpo, Subaru se dio cuenta de que esa era la verdadera función de la niebla.
La niebla de gran extensión era una trampa inevitable que infligía un estado anormal dañino a los seres que se encontraban dentro de su amplio alcance. La inmensidad del efecto, y el daño que infligía, estaban a la vista.
Subaru tampoco creía que los efectos de la niebla se limitaran a los escuadrones que les rodeaban a él y a Rem. De hecho, incluso hasta donde sus ojos podían ver, vio múltiples escuadrones detenidos en seco, tratando de lidiar con el estado anormal de sus aliados.
—¿Así que algunas personas son resistentes a la niebla y otras no…? ¡Yo no siento nada…!
—Sólo siento un poco de… dolor de cabeza… Ya estoy… mejor.
Respirando profundamente varias veces, Rem se tocó el cuerno en la frente mientras se calmaba.
Mientras tanto, Subaru bajó de su dragón de tierra, corriendo a detener a los que intentaban hacerse daño.
—¡Oye, deja eso! Tus heridas… ¡Whoa!
—¡Sí, sí, sí! ¡Retrocedeeeeeeee!
Uno de los confundidos hombres le apartó el brazo de un manotazo, arañándoselo sin piedad. Cuando el agudo dolor hizo retroceder a Subaru, el hombre reanudó su conducta autolesiva, rascándose la cara lo suficiente como para que empezara a sangrar.
—Eso dolió, pero ¿no es esto bastante malo? ¡Puede que no paren hasta que estén muertos!
—¡Subaru-kun! ¡¿Estás herido?!
—¡Duele y tengo un poco de ganas de llorar, pero no es nada! Y lo que es más importante, ¡todo el mundo se destrozará si no hacemos algo! ¿No hay nada que podamos hacer?
Cuando Rem se acercó corriendo, tenía una expresión sombría en el rostro mientras negaba con la cabeza a su respuesta.
—Por desgracia, no sé cuánto efecto tendría mi magia curativa. Esto no es simplemente interferir con el cuerpo, sino con el Odo directamente a través de sus puertas. Solo Ferris-sama puede lidiar con una contaminación de prana tan poderosa…
—En primer lugar, ¿cuánto tiempo durará la contaminación mental? Aparte de nosotros dos, ¡estamos prácticamente aniquilados!
El pelotón que corría junto a Subaru y Rem estaba prácticamente desbordado, y las pocas almas ilesas intentaban evitar que sus compañeros se hicieran daño como Subaru.
—Si Ferris se contamina, estamos totalmente perdidos. ¿Qué hacemos…?
Esto era sólo hasta donde Subaru podía ver. No podía sino desesperarse al pensar que en todas partes era igual.
Junto con Crusch y Wilhelm, si Ferris, su pilar de apoyo, cayera, eso sería todo para ellos. Sería difícil incluso mantener la lucha.
—¡Todos los que puedan moverse, lleven a los heridos al Gran Árbol! ¡Usen la fuerza que sea necesaria!
Pero oyó la voz de Crusch desde el otro lado de la niebla. Una serie de voces respondieron, y al parecer, Crusch había escapado al efecto de la niebla. Estaba transmitiendo cómo se enfrentarían a esa misma amenaza.
Inmediatamente después de ordenar a toda la fuerza que atacara, cambiaba al instante de política. La voz de Crusch estaba contrariada, y Subaru también sintió rabia mientras se desahogaba con la Ballena Blanca.
—Desde el punto de vista de la fuerza, luchar con gente herida es más duro que luchar con los muertos, ¡¿pero a los monstruos se les ocurre hacer eso…?!
—Parece que Félix-sama está a salvo. Con él yendo por ahí curando, los efectos de la contaminación deberían al menos disminuir, pero…
Rem vaciló, pero Subaru sabía lo que intentaba decir.
Con tanto daño sufrido, Ferris tendría las manos completamente ocupadas. Con la mano de obra dividida para recoger a los heridos, su fuerza de combate se redujo aún más. Y lo más importante…
—No hay tiempo suficiente. No podemos estar así de indefensos hasta que Ferris nos cure a todos.
—En el peor de los casos, con la fuerza expedicionaria agrupada así, la niebla de la Ballena Blanca podría tragársela entera. No quiero pensar que sea tan inteligente, pero… dado que creó esta situación, es optimista.
—Es posible que esté haciendo todo esto por instinto, pero… no, no podemos subestimarlo de ninguna manera.
Resignándose al peligro, Crusch quiso confiar a Ferris los expedicionarios heridos. Naturalmente, había que hacer algo para ganar tiempo y que la Ballena Blanca no se acercara a los heridos.
Necesitaban tender un cebo atractivo para distraerla de golpear a fondo a su enemigo.
—… Uffff.
Exhalando profundamente, Subaru vació sus pulmones.
Extrayendo oxígeno de su cuerpo hasta el límite, se sintió naturalmente ahogado dentro de su pecho; los latidos de su corazón se ralentizaron y supo que su ritmo era cada vez más seguro.
Subaru esbozó de forma espontánea una sonrisa tensa ante lo inesperadamente tranquilo que estaba.
Siempre se había dejado llevar por las circunstancias, jugueteando con los acontecimientos que tenía ante sus ojos, y el corazón de Subaru había reflejado sus emociones, desbocándose una y otra vez.
¿Por qué estaba tan tranquilo, entonces, en el precipicio de su decisión?
—… Prestado o no, supongo que el coraje es el coraje.
Subaru se golpeó el pecho e inspiró profundamente. Hizo una pausa, cerró los ojos, espiró y abrió los ojos. Se giró hacia delante. Ante Subaru, Rem, montado en el dragón de tierra, le miraba.
¿Qué iba a decir Subaru? ¿Qué deseaba? Eso era lo que ella esperaba oír.
—Rem, quédate conmigo en la parte más peligrosa.
—Sí, no importa a dónde nos lleve.
Sin dudarlo, Rem aceptó la petición de Subaru, apareciendo una sonrisa en su rostro.
Una vez aceptado esto, Subaru corrió hacia el dragón de tierra. Rem le tendió la mano, y él prácticamente voló sobre el lomo del dragón de tierra, montándose a horcajadas sobre él mientras se dirigía hacia los caballeros que sujetaban a sus compañeros que luchaban en el suelo.
—¡Rem y yo alejaremos a la Ballena Blanca! Mientras tanto, que Ferris les dé tratamiento. Después de entregárselos a Ferris, cualquiera que parezca estar bien, ¡que se junte con Crusch!
—¿Alejarla? ¿Cómo demonios vas a…?
—Así.
Subaru sonrió al anciano soldado que alzaba una voz de duda, tomó aire y se aclaró la garganta, anunciando a continuación:
—… ¡¡¡Todos los que puedan oír esto, tápense los oídos!!! Y si no pueden, ¡¡no me presten atención!!
La potente voz de Subaru resonó en la brumosa llanura.
Rem escuchó cómodamente la fuerte voz de Subaru y luego se llevó las manos a los oídos. Los caballeros cercanos también se apresuraron a taparse los oídos; otros miembros de la fuerza expedicionaria que se encontraban al alcance del oído seguramente habían hecho lo mismo, tal y como Subaru les había pedido en la sesión informativa previa a la operación.
Y entonces, Subaru invocó el tabú de forma voluntaria…
—Puedo regresar de la muerte…
En el instante en que lo dijo, el corazón de Subaru se desgarró por un miedo creciente: que, a pesar de sus intenciones, aquellas manos negras se estiraran hacia sus camaradas, hacia Rem.
Pero forzó ese miedo, alzando la voz para que la Bruja pudiera oírlo.
… ¡¡Puedes tener mi corazón, así que échame una mano!!
Subaru abrió mucho los ojos, reprimió su debilidad y gritó en su corazón, y un momento después, vino a visitarle.
—Te amo.
Era una voz frágil y delicada que parecía susurrarle al oído.
No obstante, ¿cuál era el ardor infundido en su interior que hacía temblar su pecho?
Sin darse cuenta, las lágrimas brotaron de las comisuras de sus ojos, y Subaru se quedó sin aliento al sentir el impulso de perseguir la voz que se alejaba para abrazar a su interlocutor en ese mismo instante.
Todo su cuerpo estaba gobernado por el calor del amor, ardiendo al rojo vivo en su mente…
—… Volví.
Tras una breve estancia, la mente de Subaru despertó a la realidad.
El fervor que había gobernado Subaru hasta el momento anterior se distanció, y fue incapaz de recordar los profundos sentimientos que había tenido hasta entonces. Pero sí sintió desasosiego ante el feroz dolor al que supuestamente se había resignado y que milagrosamente no había llegado. Sin embargo, aun así…
—Rem, ¿cómo es? El olor de la Bruja en mí…
—¡Apestas!
—Esa era la idea, ¡¿pero no es un poco duro?!
Aunque no le hacía mucha gracia recibir una expresión de disgusto de Rem, había cumplido su objetivo.
Con el cuerpo envuelto en el miasma de la bruja, Subaru miró hacia atrás y alzó la voz a los caballeros de alrededor.
—¡Aléjense de nosotros! Acérquense lo más que posible al gran árbol y organícense lo mejor que puedan con Crusch.
—¡Entendido! ¡Buena lucha!
—¡Ustedes también!
Al despachar a los caballeros, la palmada de Subaru en el hombro de Rem fue la señal para que el dragón de tierra echara a correr.
En ese momento, el cuerpo de Subaru desprendía el fresco y persistente aroma de la Bruja, dejando a un lado la contradicción de esas palabras, el aroma tenía que estar flotando a su alrededor. El problema era cuánto efecto tendría sobre la Ballena Blanca.
—Con los Wolgarm, el efecto fue suficiente para cubrir todo el bosque, pero ¿qué tal esta vez…? Para ser honesto, no hay forma de medirlo, pero…
Cuando se había encontrado con la Ballena Blanca en el bucle anterior, ésta había perseguido con tenacidad el carruaje de dragón de Otto después de que Subaru se pasara a él. En aquel momento, no había dicho nada en relación a la Bruja. Así que si Subaru desprendía un olor aún más fuerte que antes, debería ser un cebo de primera para la Ballena Blanca…
Justo después de tener ese pensamiento…
—¡¿…?!
El dragón de tierra, cargando en línea recta, sintió algo y giró bruscamente a su propio juicio, con la fuerza centrífuga sacando un «¡¡ugeh!!» de Subaru mientras se abrazaba con prisa a Rem, justo delante de sus ojos, aparentemente aferrándose para salvar la vida.
—¡¿Qué…?!
—¡La Ballena Blanca!
Mientras Rem, apretada contra él, gritaba, unas fauces gargantuescas surgieron de repente de un lado, atravesando la niebla.
Por un pelo, Subaru y Rem se desviaron de su camino y escaparon, y la enorme boca de la Ballena Blanca pareció deslizarse junto a ellos un poco a la izquierda, mordiendo el suelo, tragándose hierba y tierra vegetal enteras.
Su pétrea piel exterior pareció ser rozada cuando la mabestia pasó a toda prisa, y desde cerca, oyeron el sonido de sus fauces mordiendo el suelo.
Luego, con un rugido, persiguió a la pareja.
—¡¿Ehhhhh?!
La presión era abrumadora y les perseguía desde la retaguardia.
Con la abrumadora sensación persiguiéndole por la espalda de que iban a ser aplastados, el dragón de tierra que montaba el gritón Subaru pateó con fuerza la tierra. Sin embargo, la velocidad de nado de la Ballena Blanca que le perseguía era extraordinaria. Con un cuerpo enorme como una montaña, se desplazaba con tal fuerza que superaba al viento, acortando la distancia con rapidez.
Poco a poco, las fauces se fueron acercando, bebiendo el mundo a su alrededor.
Cuando la punta de su nariz estaba justo a sus espaldas, lo suficientemente cerca como para bañarlos en el hedor crudo de su aliento…
—¡Rem!
—¡Al Hyuma!
… Rem respondió con un conjuro, haciendo que tres pilares de hielo salieran del suelo como uno solo.
Su objetivo era cierto, golpeando a la Ballena Blanca que perseguía a la pareja desde justo debajo de ella, empalando su vientre en un intento de detener sus movimientos. No obstante…
—¡No se detiene…!
Las lanzas de hielo, cada una tan gruesa como cien lanzas juntas, se partieron por la base, emitiendo un agudo sonido al romperse el hielo. Las lanzas de hielo destruidas volvieron instantáneamente al prana de donde procedían, y aunque la Ballena Blanca, habiendo perdido lo que sellaba sus heridas, sangró por ellas, no hubo efecto alguno en su movimiento.
El hecho de que hubiera sido herida y sangrado tanto sólo parecía poner de relieve el alcance de su resistencia. Subaru volvió a asombrarse de lo difícil que era derribar a la Ballena Blanca.
—¡Esto no es como con el Wolgarm cuando era uno contra uno!
—¡¡…!!
A medida que Subaru se alejaba de la Ballena Blanca, levantaba el dedo corazón, burlándose de ella. Enfurecida por el gesto, el rugido de la Ballena Blanca atronó la llanura. Pero desde el lado de su torso…
—¡Ryaaaaa…!
… Wilhelm intervino, volando con un tajo corte vertical.
Clavando su espada, Wilhelm corrió por el flanco de la Ballena Blanca. Cuando Wilhelm atravesó la niebla ensangrentada, los hermanos gatito aparecieron a su lado, a horcajadas sobre sus ligres y mirándose a la cara.
—¡Nee-san, únete a mí!
—¡Hagámoslo, Hetaro!
Cuando los ligres se cruzaron, Mimi y Hetaro saltaron y unieron sus manos. Los dos se pararon ante la herida abierta que Wilhelm había tallado mientras gritaban:
—¡Wa…!
—¡Ha…!
Las voces de ambos se solaparon; las ondas sonoras se ampliaron con una fuerza increíblemente destructiva.
La onda de choque penetró por la herida abierta, haciendo sangrar de nuevo todas las heridas del cuerpo de la Ballena Blanca. El enorme cuerpo se estremeció, y la altitud de la Ballena Blanca cayo precipitadamente contra su voluntad. La Ballena Blanca gimió de dolor, alzando la voz mientras soportaba el dolor, y apenas pudo evitar estrellarse cuando los gemelos, montados en sus ligres, saltaron de su lomo.
—¡Carta de triunfooooo jugada!
—¡Capitán, por favor!
—¡Oh sí, déjenmelo a mí! Si los enanos se esfue’zan, ¡yo también tengo que hace’lo!
En lugar de los gemelos, un gran ligre subió a la Ballena Blanca por la cola.
Girando su cuchilla hacia arriba, Ricardo fue golpeando las innumerables bocas que generaban niebla. Wilhelm hizo lo mismo, asestando cuchilladas a las molestas bocas, silenciándolas una a una.
Pero la Ballena Blanca no dejó que destrozaran sus medios de ataque sin una respuesta. De las bocas, aparentemente infinitas sin importar cuántas destrozaran, brotó un aluvión literal de niebla aniquiladora.
Ricardo, apoyándose en la movilidad de su ligre, y Wilhelm, empujando su cuerpo más allá de los límites humanos normales, continuaron esquivando, esquivando y esquivando esa niebla un poco más.
La fuerza expedicionaria y los Colmillos de Hierro se habían reorganizado y empezaron a disparar cañones de cristal mágico una vez más para ayudar a Wilhelm y Ricardo en su precaria posición. Como los ataques de la Ballena Blanca no daban en el blanco, y al parecer estaba perdiendo la paciencia ante el creciente daño de los molestos atacantes, torció su enorme cuerpo y abrió la boca por completo para esparcir niebla por todas partes.
—¡Rem!
Más rápido de lo que Subaru pudo gritar, Rem hizo que su dragón de tierra saltara sobre el hocico de la Ballena Blanca. La aproximación de Subaru, con el aroma de la bruja flotando a su alrededor, hizo que la Ballena Blanca los mirara por reflejo, desconcentrándose; estaba a punto de lanzarlos por los aires cuando un corte interrumpió su plan.
—¡¡…!!
—Eso es muy grosero de tu parte. Aquí estoy, tras nada más que tu cabeza durante catorce años, y miras para otro lado.
De una estocada, Wilhelm se clavó profundamente en la frente de la Ballena Blanca, deteniendo su movimiento cuando su espada se hundió en el cráneo. Pero el anciano espadachín abandonó al instante su tercera espada, saltando y pateando con toda su fuerza la empuñadura de la espada que había soltado, y retiró su cuarta y quinta espadas, ambas hojas danzando salvajemente por la espalda de la Ballena Blanca.
También sobre el lomo de la Ballena Blanca, Ricardo enlazó con Wilhelm, abriendo su gran boca y riendo.
—¡Esto se está poniendo dive’tido! Es más du’a de lo que pensaba, pero aho’a no es tan fuerte, ¡ja!
—No… la respuesta es demasiado débil.
Mientras Ricardo se regocijaba, Wilhelm frunció las cejas y murmuró. Mordiéndose el labio, Wilhelm cortó la aleta caudal de la Ballena Blanca mientras decía:
—No puedo terminar de creer que mi esposa… la Santa de la Espada… pudiera ser derrotada por el nivel de esta mabestia. Incluso considerando que no tomó la iniciativa y nos separó con niebla al principio…
Mientras Wilhelm blandía sus espadas, su proceso de pensamiento se vio interrumpido por la Ballena Blanca que giraba sobre sí misma.
—¿Qué…? ¡¿Waaaah?!
La acción de la mabestia, diferente de todas las anteriores, hizo que la cabeza de la Ballena Blanca se levantara de repente, y la fuerza hizo que Ricardo y su ligre salieran volando.
Entonces Wilhelm, aún en lo alto de la Ballena Blanca, dijo:
—¡Una más antes de despedirme!
Con la mabestia retorciendo el cuerpo mientras nadaba en el aire, Wilhelm corrió hacia abajo con ágiles movimientos. El cuerpo de la ballena blanca ascendía, y Wilhelm saltaba en dirección contraria. Ajustando con fineza su centro de gravedad y utilizando las estocadas de sus espadas para controlar su postura por la fuerza, el viejo espadachín de gran experiencia ejercitó su cuerpo al máximo, cortando en la base una de las aletas dorsales del extremo del enorme cuerpo.
—¡¡…!!
Al escuchar el grito de la Ballena Blanca, Wilhelm cabalgó sobre la aleta que había hecho volar hasta el suelo. Normalmente, uno pensaría que una caída desde tanta altura provocaría una muerte instantánea, pero las plantas de los pies de Wilhelm se despegaron de la aleta justo antes del impacto, y su dragón de tierra lo atrapó, suavizando el golpe.
—¡Wilhelm!
—…
Subaru intentó asegurarse de que estaba bien, pero Wilhelm no respondió, pues sus ojos estaban fijos en la Ballena Blanca, que seguía ascendiendo con rapidez.
Atraído, Subaru miró hacia arriba y su vista quedó atrapada por la cola de la ballena blanca que nadaba en lo alto del cielo.
La sangre goteaba de la aleta que le habían cortado, derramándose hacia abajo con violenta fuerza. La llanura cubierta de hierba se tiñó de escarlata, y Wilhelm se vio bañado por la lluvia roja, con la voluntad de luchar intacta.
Subaru tampoco creía que la Ballena Blanca fuera a darse la vuelta y huir, pero el objetivo de la mabestia al dirigirse al cielo no estaba claro. Los Colmillos de Hierro y la fuerza expedicionaria miraron inquietos al cielo, y Subaru empezó a preocuparse por los heridos reunidos en las raíces del Gran Árbol.
—Ya viene.
Wilhelm emitió un pequeño murmullo mientras volvía la mirada hacia arriba.
Ver al anciano espadachín entrecerrar los ojos y volver ambas manos a las empuñaduras de sus espadas puso a todos en guardia.
Y entonces, mientras contenían la respiración, se arrepintieron. Demasiado tarde, sabían que deberían haberse desplegado al instante sin esperar a que la Ballena Blanca, que flotaba sobre sus cabezas, actuara.
—¡Viene niebla!
Subaru gritó lo más fuerte que pudo. Rem hizo que el dragón de tierra girara sobre sí mismo y se alejara del frente.
Los dragones de tierra y los ligres que les rodeaban empezaron a correr todos a la vez, pero ya no había margen para que Subaru levantara la cabeza y viera si los demás estaban a salvo.
… Brillante, la niebla aniquiladora se precipitó sobre la tierra con tal fuerza que parecía borrar el cielo.
La niebla era como si las propias nubes estuvieran cayendo. No había forma de evitarla salvo escapar de la zona. Refugiarse tras las rocas o los árboles era una resistencia sin sentido ante la destrucción que engulliría todos los obstáculos.
No podían hacer otra cosa que empezar a correr y rezar para llegar a tiempo.
Demasiado asustado para mirar hacia arriba, Subaru se limitó a sentir la opresión del apocalipsis insonoro que se precipitaba desde arriba. Se acuclilló con seriedad contra el lomo del dragón de tierra, bajando la postura todo lo que pudo mientras corrían…
—¡¿Pudimos pasar?!
Habiéndose escabullido aparentemente de debajo de la espesa niebla y entrado en una zona más despejada, Subaru giró la cabeza y miró hacia atrás.
Detrás de ellos había varias figuras en el suelo que no habían conseguido salir a tiempo, engullidas por la niebla. Con expresiones de miedo y rabia esculpidas en sus rostros, huyeron con denuedo, pero fueron engullidos por la niebla de la cabeza para abajo y desaparecieron.
Los dragones de tierra fueron arrasados con ellos. Con la niebla cayendo y dispersándose por el suelo, no quedó rastro de su destrucción. Ni siquiera sus nombres permanecerían en la memoria de nadie. Nadie excepto Subaru, el único que recordaría sus muertes.
—U… aa…
Frente a Subaru se oían pequeños gemidos procedentes de figuras lejanas dispersas por la niebla. Estaba claro que su número había disminuido mucho desde que se habían reagrupado. Por supuesto, eso era aplicable a los caballeros de la fuerza expedicionaria, pero los Colmillos de Hierro tampoco habían salido indemnes.
Si al menos conservamos nuestras armas principales, pensó Subaru, desviando la mirada.
—Wil…
Divisó a Wilhelm, manteniendo a duras penas una mano en el lomo de su dragón de tierra mientras escapaba del área de efecto de la niebla. Fue cuando Subaru le llamó por detrás cuando se dio cuenta.
… Que desde el otro lado de la densa niebla, la mabestia perseguía a Wilhelm, abriendo su enorme boca.
—¡Corre!
—¿Nn…?
Wilhelm se percató de la inminente amenaza a su espalda casi al mismo tiempo que Subaru gritaba. Pero ambos llegaron demasiado tarde para que pudiera reaccionar a tiempo.
Acercándose sin hacer ruido, las fauces de la Ballena Blanca se tragaron el suelo, al dragón de tierra y a Wilhelm enteros.
Raspando el suelo, todo lo que había en la superficie alrededor de Wilhelm fue arrancado, entrando en la boca de la Ballena Blanca.
—¡Aaah…!
Ante la conmoción de aquel espectáculo, no sólo Subaru gritó, sino también Rem.
Conociendo el rencor que le guardaba el viejo, la sensación de pérdida era mucho mayor. Más importante aún, perder su principal fuerza de combate haría su situación más grave, pero…
—¡Oh, no, no!
Esta vez, alguien más levantó la voz desde justo al lado de ellos.
Antes de que pudieran reaccionar, un ligre entró por un lateral, chocando con su dragón de tierra y haciendo volar a Subaru y Rem.
—¡¿Eaaah?!
Al caer del tambaleante dragón de tierra, Subaru hizo una mueca de dolor por los golpes recibidos. Por la voz, supo que era Ricardo quien había cometido el repentino acto de violencia, pero antes de que pudiera preguntar cuál era la gran idea…
—… ¡Gaa!
… Subaru jadeó al ver florecer flores carmesí ante sus ojos.
—¿Eh?
El ligre fue cortado en pedazos y su carne voló por los aires mientras su cadáver rodaba cruelmente por la pradera. El hombre bestia de gran estatura que debería haber estado a horcajadas sobre él había desaparecido, dejando en su lugar un vasto charco de sangre fresca.
La Ballena Blanca nadaba a baja altura, balanceando su enorme cuerpo y agitando la cola que estaba cubierta de la sangre de Ricardo.
¿Él… nos protegió?
Entonces, ¿qué… le pasó a Ricardo?
Se le ocurrieron varias preguntas, pero Subaru las dejó a un lado cuando se dio cuenta de algo que no podía ignorar.
Ante él había una Ballena Blanca, que había acribillado a Ricardo con su cola.
Y…
—Imposible…
Cuando miró hacia atrás, vio la Ballena Blanca que se había tragado a Wilhelm y el suelo a su alrededor que empezaba a morder.
Delante, detrás y arriba, vio otra figura con forma de ballena en lo alto del cielo, esparciendo niebla por todas partes.
… Las infinitas bocas de las tres Ballenas Blancas rieron juntas, arrancando la desesperación de los hombres.
Poco a poco, Subaru volvió a sentir que la esperanza quedaba borrada por una pesadilla.
