Interludio - Rem
Interludio
Rem
1
Para la joven Rem, ser comparada con su hermana era una realidad cotidiana sumamente dolorosa.
Entre las razas medio humanas, la fuerza física y el maná de la tribu de los Onis se encuentran entre los más sobresalientes.
La resistencia fisica, la calidad del maná que pueden manejar y su incomparable poder de combate les han valido la fama de ser los más fuertes entre las razas medio humanas.
Si es que la raza de los Onis tiene algún punto débil, este es el escaso número de individuos que la componen.
Al ser una raza especializada en generar individuos poderosos, no logró dar lugar a una gran cantidad de descendientes; por el contrario, a pesar de su fuerza, se vio obligada a llevar una vida precaria, estableciendo asentamientos en lo profundo de las montañas.
Precisamente por ser una raza que vivía en tierras alejadas de los asentamientos humanos, la tribu de los Onis contaba con varias normas estrictas para proteger a sus escasos congéneres.
—Para la tribu de los Onis, los gemelos son “hijos malditos”.
Esa era también una de las normas estrictas establecidas entre ellos.
Por naturaleza, los miembros de la tribu de los Onis nacen con dos cuernos en la cabeza.
En tiempos de paz, los cuernos permanecen ocultos dentro del cráneo, pero cuando surge una situación que despierta su instinto de Oni, los cuernos emergen de su cabeza y devoran todo el maná a su alrededor.
Someten y controlan el maná de la atmósfera, lo que aumenta considerablemente su poder de combate. Los cuernos son órganos destinados a ese fin y, para la tribu de los Onis, representan el orgullo mismo de su especie.
Sin embargo, los gemelos, para colmo, nacen compartiendo esos dos cuernos.
En la tribu de los Onis, quienes pierden un cuerno son llamados “sin cuernos” y pierden su estatus como miembros de la raza.
Ni siquiera la pérdida de un solo cuerno les exime de esa discriminación. A pesar de ello, los gemelos nacen desde el principio sin esos cuernos tan importantes. “¿Cómo no va a ser esto algo abominable?”, pensaban los Onis.
Por ello, a los gemelos se les considera hijos malditos y la costumbre dicta que sean eliminados inmediatamente después de nacer.
El destino de esas gemelas, en condiciones normales, debería haber llegado a su fin en ese momento.
En el instante en que el jefe de la tribu, tras tomar una decisión llena de amargura, iba a ejecutar la sentencia, una de las gemelas liberó un poder mágico inmenso… si no se hubiera descubierto ese talento innato, hubieran muerto ahí mismo.
2
A las gemelas se les puso de Nombre Ram, a la mayor, y Rem, a la menor, y así quedaron registradas en los registros de la tribu de los Oni.
No se puede decir que su vida fuera precisamente un camino de rosas.
Aunque les salvaron la vida, el hecho de ser gemelas era algo que no podían borrar.
Desde el principio, a ambas se les puso la etiqueta de “sin cuernos” y crecieron siendo tratadas con frialdad por su clan.
A pesar de que compartían el mismo linaje, sus padres nunca dejaron de mostrarse distantes con ellas. Los miembros de su clan no ocultaban su repugnancia y desprecio hacia ellas, a quienes consideraban hijas no deseadas. Se puede decir que ese fue el peor entorno posible para su crianza.
Sin embargo, si nos preguntamos cuánto tiempo duró esa vida en un entorno tan hostil, fue hasta que ellas adquirieron conciencia de sí mismas. Para ser precisos, hasta que la hermana mayor de las gemelas estableció su identidad.
Lo más apropiado para describir a Ram en su infancia sería el término “niña prodigio”.
Un talento sin igual entre todas las generaciones de la tribu de los Oni. A pesar de su corta edad, la cantidad de maná que Ram manejaba era excepcional y, sobre todo, la belleza de su cuerno cautivó a toda la tribu.
Sin dejarse llevar por su talento ni su destreza, y mostrándose tan recta y sincera como el único cuerno blanco que lucía en la frente, su presencia hacía que todos los de su tribu inclinaran la cabeza de manera natural.
Para una niña que aún no había cumplido los diez años, ese era un trato excepcional.
Tanto sus padres, que solían mostrarse distantes, como los miembros de su tribu que no ocultaban sus burlas y mofas, e incluso el jefe de la tribu que intentó matar a su hermana inmediatamente después de su nacimiento, se quedaban sin palabras ante el prestigio de Ram.
La tribu de los Oni, elegida entre las razas medio humanas más poderosas; un ser nacido para situarse en la cima de esa tribu.
Precisamente porque veneran a los individuos poderosos, nunca dejan de mostrar el debido respeto ante quienes son poderosos.
Precisamente por ser de esa tribu de Onis, su dedicación a Ram carece por completo de cualquier tipo de interés personal.
La rutina diaria de Rem consistía simplemente en seguir, a paso torpe, el camino glorioso de su hermana.
No tiene ningún talento sobresaliente. La cantidad de maná que puede manejar es normal, y su poder como oni, para alguien con un solo cuerno, está en el promedio. A diferencia de su hermana, no tiene ni una pizca de confianza en sí misma; se encoge detrás de la espalda de su hermana y actúa como una sombra.
Esa era precisamente la estrategia de supervivencia de la pequeña Rem, y el medio de defensa para proteger su corazón aún inmaduro.
No es que envidiara a su hermana. La respetaba. La adoraba.
Tampoco odiaba a sus padres. No amaban solo a su hermana, sino que ambos también a ella.
Tampoco sentía aversión por los de su propia estirpe. Era natural que tuvieran expectativas. Al fin y al cabo, era la hermana menor de su hermana.
Su hermana era más amable que nadie. Sus padres depositaban sus esperanzas en ella. Todos los de su estirpe la animaban a ser tan admirable como su hermana... Todo eso, para Rem, era un suplicio que le desgarraba el alma.
El hecho de que, precisamente, se pareciera como dos gotas de agua a su hermana seguramente influyó en gran medida.
Aunque su estatura, sus rasgos y su apariencia eran muy similares, solo sus cualidades como “Oni” eran muy diferentes.
Por supuesto, Rem también se esforzó por cambiar esa situación.
Aunque no eran más que los intentos ingenuos y torpes de una niña pequeña, Rem probó todos los medios posibles para acercarse aunque fuera un paso a su hermana, esforzándose por superarla en al menos una cosa.
Sin embargo, en todo, su hermana estaba por encima de Rem.
Desde su primera infancia, Rem se dio cuenta de que había un ámbito al que nunca podría llegar, y de que esa persona era la más cercana y la más querida para ella.
No podía estar a la altura de su hermana.
Su hermana, que siempre estaba delante, bañándose primero en la luz que iluminaba el mundo. Su lugar era asomar la cara con miedo y timidez por detrás de la espalda de su hermana, encogiendo el cuerpo ante ese resplandor deslumbrante.
Si se resignaba de esa manera, podía aceptar todas las dificultades del día a día como si fueran hojas y ramas que dejan pasar el viento.
—¿Cuánto tiempo habrán durado esos días en los que aceptaba con resignación esa realidad?
3
Una noche, Rem se despertó porque el calor le impedía dormir.
Recostada en su litera de madera, se quitó la colcha de encima de su cuerpo empapado en sudor. Al mirar a su alrededor, Rem se dio cuenta de repente de que su hermana, que debería estar durmiendo en la litera de al lado, no estaba allí.
Inmediatamente pensó que tenía que ir a buscarla.
Si su hermana estaba despierta, debía seguirla mientras caminaba con aire majestuoso. Aunque solo se tratara de un despertar momentáneo para ir al baño, una obsesión de que no debía faltar a eso dominaba a Rem en esos días.
Al salir de la habitación... justo en ese momento, Rem se dio cuenta, aunque ya era demasiado tarde…
La causa del calor: su hogar, al que estaba tan acostumbrada, estaba envuelto en llamas.
Al soltar el pomo de la puerta por el calor que desprendía, Rem llegó a esa conclusión. Su sentido del olfato, que había estado dormido, se despertó y percibió el olor a quemado. Al sentir un cosquilleo en la frente, sus cuernos asomaron.
De inmediato, haciendo uso de su cuerpo fortalecido, derribó la puerta y corrió a través de la casa envuelta en llamas. No sabía por qué, pero, siguiendo lo que le dictaba su instinto, se dirigía hacia afuera y a ningún lado más que hacia afuera.
Con una sola patada, destruyó la pared ya debilitada y Rem salió disparado de la casa.
Incluso en ese instante, lo que dominaba la mente de Rem era un pensamiento casi fanático: “Debo salir de la casa y seguir las instrucciones de mi hermana”.
Ese pensamiento se vio sustituido en un instante ante la escena que se presentó ante sus ojos al salir de la casa.
En el centro de la aldea, había una montaña de cadáveres carbonizados apilados en un montículo.
Casas en llamas, árboles reducidos a cenizas; el mundo que le era tan familiar se había transformado en un infierno rojo en una sola noche.
Al ver entre los cadáveres retorcidos y chamuscados por las llamas los rostros de personas que conocía, Rem abandonó de inmediato todo pensamiento y se derrumbó en el suelo.
Una silueta envuelta en una túnica negra rodeó lentamente a Rem. El rostro de la sombra, con la capucha calada hasta los ojos, no se veía hasta que se acercó, y ni siquiera le resultaba familiar.
Sin embargo, no percibía ni un atisbo de amabilidad en él, y en las mejillas de Rem se dibujaba una sonrisa que no le pegaba en absoluto.
Era un rostro demasiado resignado para ser el de una niña pequeña, un rostro que parecía haber reprimido la resignación una y otra vez.
Ante esa expresión, que incluso transmitía dolor, la sombra no hizo caso alguno.
Levantó la mano y, apuntando con la brillante hoja plateada que brillaba en su palma hacia la niña, la blandió hacia abajo... Inmediatamente después, los cuchillos de la sombra volaron por los aires al unísono.
Sangre fresca. Cuatro vidas fueron arrebatadas al mismo tiempo. La destreza fue tan precisa que los cuellos decapitados ni siquiera se dieron cuenta de su propia muerte, y ni un solo grito si quiera fue escuchado.
Al sentir la onda de maná que le resultaba tan familiar directamente sobre su piel, Rem se convenció de que había sido obra de su hermana.
En el instante en que se dio cuenta, Rem se puso de pie en el acto.
Si su hermana estaba en algún lugar, debía seguirla.
Sin necesidad de mirar a su alrededor, enseguida encontró a su hermana.
Con un rostro idéntico al suyo, ahora deformado por la tristeza, su hermana corre hacia ella y la abraza. Al comprobar que el cuerpo de Rem en sus brazos no tiene ninguna herida, su cuerpo se relaja con alivio.
Mientras le devuelve el abrazo, Rem saborea una felicidad y una tristeza que no podrían ser mayores.
—Rem no recuenda muy bien lo que pasó después. Supongo que Rem había dejado todo en manos de hermana. Eso era lo mejor y, sobre todo, lo correcto. Porque lo que hace hermana es siempre lo más digno de respeto entre todas las posibilidades. Sin embargo, cuando Rem se dió cuenta, ya estaban rodeadas.
Había tantas siluetas que cubrían por completo el campo de visión de Rem. Mientras las observaba vagamente, Rem seguía creyendo firmemente que hermana se las arreglaría de alguna manera.
La espalda frente a ella gritaba algo con todas sus fuerzas.
Lloraba, se encogía y se esforzaba por comunicar algo desesperadamente.
—A Rem le incomoda que la hagan postrarse en el suelo. Porque mirar a hermana desde arriba es algo que no debe suceder en la forma de vida de Rem. Estar detrás de hermana, haciéndome más pequeña que ella, es la razón de ser de Rem.
Hermana gritó. Se puso de pie y extendió ambas manos frente a mí.
El maná brota a borbotones. Se despliega el poder de su hermana, que se ha salido de su curso habitual, y unas cuchillas invisibles que destrozan todo a su alrededor arrasan el mundo.
Pero, antes de que eso ocurra, su hermana se da la vuelta y abraza a Rem... ¡Tas!
Y entonces, Rem lo vio.
Cómo ese resplandor blanco volaba por el cielo rojo, golpeado de lado por el acero que le había cortado la cabeza a su hermana.
Girando y girando, el cuerno roto da vueltas.
El cuerno partido de raíz, la sangre que brota a borbotones y el grito agudo de alguien.
—Aún Rem se acuerda con claridad lo que pensó al ver aquello. Mientras escuchaba el grito de mi querida hermana, quien había recibido el ataque para proteger a Rem y a quien le habían partido el cuerno, observaba cómo volaban por los aires esos hermosos cuernos blancos que siempre había envidiado.

──Ah, por fin se rompió.
Eso fue lo que pensó.
4
Rem tampoco sabe con detalle qué sucedió después.
Sin embargo, cuando recuperó la conciencia que había perdido sin darse cuenta, Rem se encontraba lejos de su hogar, donde había crecido, refugiada en una gran mansión, y allí también estaba su hermana, quien había perdido su “cuerno”.
Su hermana, que había recuperado la conciencia antes que ella, se alegró mucho de que Rem despertara, pero… lo único que dominaba el corazón de Rem era su hermana, cuya capacidad había disminuido hasta quedar por debajo de la de una persona común al haber perdido su cuerno.
Aunque su comportamiento no había cambiado con respecto a antes, el ingenio que antes demostraba en todo había desaparecido por completo. En numerosas ocasiones, Rem tuvo la oportunidad de ayudar a su hermana, quien se esforzaba en cosas insignificantes.
Y así, frente a su hermana, que había perdido su antiguo brillo y ahora solo poseía habilidades inferiores a las de ella, en el corazón de Rem no surgió un sentimiento de superioridad sin precedentes. Sería un completo error decir que surgió.
A partir de ese momento, lo que se arraigó en el cuerpo y la mente de Rem fue una obsesión que superaba su antiguo sentimiento de inferioridad.
Es decir, un insoportable sentimiento de culpa por haber humillado a su hermana, una figura amada por todo el mundo.
El hecho de que Rem admirara y amara profundamente a su hermana también avivó este sentimiento de culpa. Si el interior de Rem hubiera estado lleno únicamente de envidia y celos hacia su brillante hermana, tal vez no habría sucedido así.
Pero Rem amaba a su hermana. Y no era lo suficientemente fuerte como para olvidar lo que había pensado en el momento en que su hermana se derrumbó y seguir viviendo como si nada.
—Hermana… Tengo que asegurarme de poder hacer todo lo que ella habría hecho.
Al cambiar la forma en que se refería a su hermana y dejar atrás los días en que se había escondido a su sombra, comenzó la lucha de Rem.
En todo lo que hacía, en cada rol que se le asignaba, abordaba las cosas con la mentalidad de “si fuera mi hermana mayor, habría hecho esto”. Después de todo, siempre había observado las acciones de su hermana desde atrás. No tenía dudas a la hora de tomar decisiones.
A pesar de eso, los resultados siempre quedaban por debajo de lo que esperaba. Era lógico: su hermana era mucho más extraordinaria. Ni siquiera sumando a su hermana, ahora incompleta, y a sí misma, que de por sí ya era insuficiente, se acercaban en lo más mínimo a la hermana de antaño.
El camino que, en condiciones normales, su hermana habría recorrido, creado y guiado, Rem tuvo que recorrerlo a tientas, tomando de la mano a su hermana.
─Allí ya no existía la vida de una sola joven llamada Rem.
Para Rem, todo lo que ella era no era más que un mero reflejo de “la vida que le hubiera correspondido a su hermana”. No había forma de que alguien como ella, incapaz incluso de hacer eso satisfactoriamente, tuviera algún valor en el que creer.
Pasaron los días. En la mansión que las acogió tras el incendio de su pueblo natal, Rem se fue desgastando al ver cómo, día tras día, se alejaban cada vez más de su ideal.
No es que no estuviera de acuerdo con su papel como sirvienta. El dueño de la mansión que las acogió era una buena persona y, sobre todo, su hermana estaba tan fascinada que afirmaba que no le importaría entregar su cuerpo y su alma.
Si había algún problema en esos días que parecían ir viento en popa, toda la responsabilidad recaía sobre Rem.
El dueño la elogiaba diciéndole: “Lo estás haciendo muy bien”. Esas palabras las había escuchado muchas veces en su pueblo natal.
“No te exijas demasiado”, le decía su hermana, preocupada por Rem. Pero por más que se esforzara al máximo, nunca era suficiente.
“¿Por qué te esfuerzas tanto?”, le preguntaba alguien a Rem de manera irresponsable.
—Eso está claro. Porque todo le falta a Rem. Porque, aunque exprima hasta la última gota de sí misma, aunque desgaste el alma de Rem y queme su cuerpo por completo, sigo sin alcanzar lo que, en realidad, debería haber tenido.
¿Para qué vivo? Todo es para expiar la propia estupidez de Rem, por haber pensado aquello aquella noche de llamas, y para pagar por mi pecado.
¿Qué debe hacer Rem para expiarlo? Abriéndose camino, arriesgando la vida, por el camino que hermana debería haber recorrido y que Rem le arrebató.
—Porque todo lo que soy es una versión inferior de hermana. Rem no es más que un sustituto.
5
Han pasado casi siete años desde que Rem comenzó a pasar sus días, desgastándose mientras se veía sometida a sus obsesiones.
Aunque para Rem esos días solo traían resultados insatisfactorios, quienes la rodeaban valoraban su esfuerzo incansable. El hecho de que se le considerara la persona más competente de la mansión Roswaal y se le ordenara servir a su lado en este momento crucial, a la víspera de la Selección Real, formaba parte de ello.
Aunque respondía que esa valoración era excesiva para ella, el corazón de Rem estaba lleno de una inquietud y una ansiedad que no se desvanecían.
Tenía un sentimiento de culpa que, lejos de desaparecer con el paso del tiempo, oprimía cada vez más su corazón; eso era lo que seguía obligándola a dedicar su vida a su hermana.
—¡Me llamo Natsuki Subaru! ¡Sin experiencia laboral que valga! ¡Un placer conocerte!
La presencia de un elemento extraño en la mansión de Roswaal se produjo el mismo día en que su hermana y Emilia regresaron de la capital.
Por ser el benefactor de Emilia, un joven herido fue llevado a la mansión. Al despertar, el joven negoció con Roswaal y, en un abrir y cerrar de ojos, se ganó el puesto de aprendiz de sirviente.
Era natural que Rem sintiera una fuerte desconfianza hacia ese joven de origen desconocido.
Especialmente durante su primer y segundo día de trabajo como sirviente, los sentimientos negativos de Rem hacia el joven que esbozaba una sonrisa vacía y se acercaba sin cesar a ella y a su hermana no hacían más que crecer.
Además, de la presencia del joven emanaba un olor que despertaba en Rem recuerdos insoportables.
El aroma de la bruja… En muy raras ocasiones, existen en este mundo seres que envuelven su cuerpo con ese aire tóxico.
Desde la noche en que su pueblo natal fue devorado por un mar de fuego, la nariz de Rem había adquirido la capacidad de detectar ese tenue aroma tóxico. No sabía por qué. Sin embargo, los siete años transcurridos habían demostrado que ese aroma tóxico evocaba recuerdos abominables y que provenía de aquellos que tramaban cosas nefastas.
Naturalmente, la mirada de Rem hacia el joven que desprendía ese aroma tóxico no podía sino volverse severa.
Delante de Roswaal y Emilia, no podía mostrar abiertamente su rechazo, pero, en cambio, se había vuelto más frecuente que lo observara, como si intentara desentrañar su interior.
Para su hermana, que había perdido sus cuernos, la relación con Roswaal, en quien estaba enamorada, era todo lo que podía desear. Para Rem, quien le había quitado a su hermana el lugar al que realmente pertenecía, seguir protegiendo el lugar donde su hermana podía sentirse a salvo no era más que una necesidad. Por eso, Rem no tiene piedad con nada que pueda dañar este entorno.
Por lo que se veía, el joven no hacía nada que provocara un conflicto decisivo. Sin embargo, aunque aceptaba la opinión de su hermana de esperar a ver cómo se desarrollaban las cosas, Rem pensaba que debía alejarlo de la mansión lo antes posible.
Justo cuando Rem estaba a punto de llegar a esa conclusión, pensando que sería demasiado tarde si algo llegara a suceder...
fue cuando se topó con la escena de Emilia haciendo de almohada con sus rodillas para Subaru, quien dormía.
Aunque en ese momento Rem respetó la opinión de Emilia, en su interior se debatía sobre cómo debía tratar a Subaru.
Rem, quien vigilaba de cerca cada movimiento de Subaru, a quien consideraba un intruso, sabía, irónicamente, que él se dedicaba con ahínco a todo lo que hacía. A pesar de su actitud frívola.
Y al ver cómo luchaba por obtener resultados a pesar de su falta de habilidad, Rem no sabía a quién le recordaba.
A partir de la mañana siguiente, la actitud y la postura de Subaru cambiaron visiblemente. Desapareció la tensión que se había sentido hasta entonces y, aunque no mejoró técnicamente, su forma de relacionarse cambió.
Cuando el esfuerzo sin un objetivo claro se transforma en ambición por alcanzar metas, la forma de abordar el trabajo cambia naturalmente. Aunque seguía siendo un estorbo, su desempeño mejoró ligeramente.
Para Rem, que seguía sin aceptar el cambio de entorno, Subaru seguía siendo un estorbo, pero al menos había cambiado de opinión y decidido dejar de tratarlo solo con hostilidad.
El incidente ocurrió después, una noche en la que Roswaal no estaba presente.
—Si nos descuidamos, no sé si el pueblo podría quedar arrasado.
Ante Subaru, quien con rostro serio le advertía de la peor posibilidad, Rem, que lo acompañaba por orden de su hermana, se mostraba escéptica. Sin embargo, en el pueblo de Aram, efectivamente, había niños desaparecidos, y la barrera que debía estar en el bosque había sido roto y ya no funcionaba.
—Rem, vámonos. No nos queda más remedio que resolver esto nosotros mismos.
Llevando a Rem, que se mostraba reticente, hacia lo más profundo del bosque, Subaru intentaba rescatar a los niños que se encontraban en una situación desesperada.
A Rem le resultaba incomprensible. No entendía la razón por la que él, alguien sin poderes, se esforzara tanto por unos niños con los que apenas tenía relación.
No es que fuera una temeridad. Subaru era consciente de su propia impotencia. A pesar de ello, no dudaba en buscar en los demás lo que a él le faltaba. Rem pensó: “Qué arrogante es”.
Cuando Subaru propuso adentrarse en el bosque, encontrar a los niños, mantenerlos con vida mediante magia y seguir hacia el interior en busca de uno de los niños que no aparecía, Rem no pudo sentir más que sorpresa.
Con una mirada que delataba su impotencia, con un rostro que reconocía sus propias carencias y con una voz que repetidamente reprimía la tentación de rendirse, Subaru no dejaba de luchar.
Mientras veía partir a Subaru, quien se adentraba solo en el bosque, y curaba a los niños, el corazón de Rem no dejaba de acelerarse. Una sensación indescriptible llenaba su interior de calor.
Tras dejar a los niños al cuidado del pueblo y guiándose por el aroma de la bruja, Rem llegó hasta donde estaba Subaru, quien se encontraba en una situación desesperada, rodeado por una manada de mabestias
Al ver a la niña dormida en sus brazos, las dudas de Rem se disiparon.
Mientras cubría las espaldas de Subaru, que corría, Rem se lanzó contra la manada de mabestias que los atacaba. Aunque se veía azotada por la sangre y el dolor, el corazón de Rem se sentía ligero, como si se hubiera deshecho de una pesada carga.
Nunca había imaginado que no tener que sospechar de nadie, de Subaru, fuera algo tan placentero.
Inmediatamente después, la conciencia de Rem, engullida por el impacto, cayó en una oscuridad profunda; en su lugar, despertó un instinto bestial dominado únicamente por la voluntad de luchar, y comenzó la masacre.
Disfrutaba con la carne y la sangre que salpicaban por doquier, y sentía alegría al ejercer su poder sin siquiera recordar su objetivo.
La voz de la razón que le decía que no era momento para hacer algo así no llegaba a su instinto.
Más sangre, más vidas, más instinto de Oni...
—...tsschs.
Rem tardó en reaccionar ante el impacto que la empujó por la espalda.
¿Qué fue lo que la empujó por la espalda cuando estaba desprevenida? Al voltear la vista, se encontró con el rostro de Subaru.
En su expresión había alivio, y el instinto de Oni volvió a tomar el control de la mente de Rem.
Justo a su lado, vio acercarse los colmillos de una bestia feroz y rugiente. Debía pisar fuerte, extender los brazos y salvarlo... Justo cuando Rem pensaba eso, una repentina nube de miasma le rozó la nariz.
Eso provocó un retraso en su decisión de apenas un instante.
Y entonces…
—¡Gaaaaaah!!
Rem se dio cuenta de que no había cambiado nada con respecto al pasado.
Al cometer el mismo pecado de antes, por fin se dio cuenta.