La Codicia de un Cerdo
CAPÍTULO 2:
La Codicia de un Cerdo
—… Puede que no lo parezca, pero soy una lectora sorprendentemente ávida.
La chica que habló estaba sentada en una extravagante silla, apoyando un codo en ella. Estaba hojeando un libro exquisitamente encuadernado en el otro brazo, ya hojeando la última mitad, y la visión la hacía parecer diferente de la chica que Subaru recordaba.
Llevaba un camisón rojo de manga larga parecido a un negligé y una capa del mismo color sobre los hombros. Su voluptuoso cuerpo saltaba a la vista con su atuendo, pero la chica no mostró ningún signo externo de preocupación por la presencia de un hombre.
La chica era tan natural, completamente inmersa en su libro, que era fácil olvidar que estaba en medio de la recepción de un invitado.
—…
Subaru se sintió involuntariamente cautivado por la solemnidad de sus gestos. La elegante y blanca punta de sus dedos trazaba los caracteres mientras sus ojos pasaban sobre ellos. El joven tenía la sensación de poder observarla todo el día. Tal vez fuera porque esa faceta desconocida de la chica que tenía delante le había encantado.
—…
Cuando Subaru pisó el suelo enmoquetado con sus zapatillas, se sintió inseguro de qué hacer ahora que le habían ignorado. Se preguntaba si tenía permiso para entrar, pero la señora de la casa no le prestaba atención. Cuando había intentado entablar conversación a la fuerza, ella le había rechazado a la primera palabra.
Seguro que no le estaba diciendo que esperara hasta que terminara de leer su libro…
—Eso es excesivo lo mires por donde lo mires…
Aunque trató de negar su inquietud, verla pasar las páginas con tranquilidad se lo puso difícil. De hecho, Subaru sabía que la personalidad de la chica no era incompatible con tal irracionalidad.
Su cabello era anaranjado, como el sol; sus ojos, carmesí, como el fuego que abrasa todo lo que toca. Tenía una piel blanca y brillante y una figura femenina impresionante. El espeso perfume que la envolvía era como veneno. Era difícil que la palabra hermosa reflejara lo suficiente su imagen mientras examinaba en silencio su libro.
¿Cuánto favor deben haberle mostrado los cielos para que sea amada por todos?
… Su nombre era Priscilla Bariel.
Era una de las candidatas a la selección real, así como la siguiente posible cooperadora con la que Subaru buscaba audiencia.
1
Los hombros de Subaru se hundieron cuando supo que Reinhard estaba ausente de la capital real, un hecho que había confirmado después de salir de la Mansión Crusch y mientras Rem aseguraba una posada. Reinhard era la última persona con la que Subaru esperaba contar.
Una pareja de ancianos habitaba la villa de la capital destinada a la familia Astrea y se había encargado de su cuidado. Cuando Subaru llegó sin previo aviso, ambos le dieron la bienvenida y prestaron oídos a sus peticiones, pero…
—El joven amo regresó a la casa principal con su señora, Felt-sama, y su familia hace unos dos días. Podemos ofrecer contacto con él por nuestra parte, pero…
Tal y como había mencionado durante su visita a la residencia de los Crusch, Reinhard se había marchado. Aunque recordaba lo que Reinhard había dicho, Subaru aún se aferraba a un delgado hilo de esperanza, pero sus súplicas quedaron sin respuesta.
Aunque pudiera llegar a Reinhard de algún modo, la distancia desde la capital real hasta la casa principal de la familia Astrea, y desde allí, la distancia hasta las tierras de los Mathers, era fatal. Las probabilidades de que se uniera a sus fuerzas a tiempo eran desesperadamente bajas.
Subaru se despidió de la pareja de ancianos. Luego, una vez fuera de la vista de la mansión, se agarró la cabeza.
—Roswaal y Reinhard son unos verdaderos inútiles, ¡encima justo cuando realmente los necesito…!
Esta vez, todo iba mal. Un posible colaborador fracasó tras otro, dejando a Subaru al borde del abismo.
Si su punto de restauración de Regreso de la Muerte le devolviera a la noche en que se separó de Reinhard…
—Si no lo tienes, no lo tienes… Piensa, piensa, piensa, piensa. No tengo fuerzas, números, tiempo… nada. Devanarme los sesos es lo único que puedo hacer.
Subaru luchó con desesperación por encontrar el mejor plan de acción.
Ahora que había tachado a Crusch y Reinhard de la lista, a Subaru le quedaban pocas cartas en la mano para elegir. Dadas las circunstancias, suplicar a los Caballeros del reino sin duda produciría los mismos resultados que su negociación con Crusch. Además, Subaru sólo sentía desconfianza hacia ellos.
… Ahora que Crusch, alguien con quien creía tener una buena relación, le había abandonado, una tormenta de paranoia hacia los demás se gestó en el interior de Subaru.
Sin darse cuenta de cómo esto reducía sus ya limitadas opciones, Subaru sólo podía pensar en otras dos personas. Aun así, una significaba inclinar la cabeza ante «El Mejor de los Caballeros», alguien a quien odiaba más que a los Caballeros en general, lo cual era impensable.
Eso dejó a Subaru con un único candidato.
Rem se puso al día. Al ver a Subaru sumido en sus pensamientos, le llamó.
—Subaru-kun, ¿qué debemos hacer ahora…?
—Está bien. Déjamelo a mí. No tienes que hacer nada. No… hagas nada. Sólo quédate detrás de mí. Es suficiente.
Tras esa interrupción, Rem dirigió una frágil sonrisa a Subaru mientras seguía pensando para sí mismo.
… Tengo que evitar por todos los medios que Rem se lleve la peor parte.
Subaru sabía que si era para salvarle, Rem no dudaría en lanzarse al peligro y echar su vida a perder. Tenía que protegerla, pasara lo que pasara.
Subaru estaba seguro de que ella dependía emocionalmente de él, y era su deber salvarla.
Pasara lo que pasara, tenía que evitar perderla. No había otra opción. Si no podía proteger a Rem, salvar a Emilia y a los aldeanos perdería todo sentido. Incluso complacer su odio hacia Petelgeuse sería…
—Espera, eso es…
Subaru se tocó la sien al instante que le vino a la mente un pensamiento extremadamente violento.
Justo entonces, casi había parecido como si eliminar a Petelgeuse fuera más prioritario que salvar a Emilia y a los demás. ¿No era eso exactamente lo que Crusch había señalado antes…?
—Todo está bien. Todo está bien. Voy a… hacerlo bien. Voy a hacerlo. Tengo… que hacerlo.
Subaru se tranquilizó, aparentemente hablando en su propio beneficio. Rumió esas palabras y fingió no haberse dado cuenta de nada, como si estuviera tapando un pozo sin fondo.
Esta era la única forma en que Natsuki Subaru podía mantener su propia cordura.
2
A la mañana siguiente, al amanecer, los dos regresaron al Distrito de los Nobles para seguir el delgado hilo que llevaba las esperanzas que le quedaban a Subaru.
El Distrito de los Nobles, en la parte alta de la capital real, estaba repleto de edificios deslumbrantes. La vistosa fachada de la mansión señorial a la que llegaron Subaru y Rem no traicionó sus expectativas.
No, era más apropiado decir que era más vistoso y extravagante de lo que habían imaginado.
—No hace falta preguntar a quién pertenece esto. No me imagino que a nadie le cueste averiguar quién es el dueño de este lugar…
Subaru se quedó perplejo. La vista de la lujosa mansión no la olvidaría pronto, ni siquiera desde lejos. El tejado estaba pintado de oro y proyectaba la luz del sol de la mañana en todas direcciones, mientras que en las paredes se veían grabadas varias imágenes intrincadas. Por lo que podía ver, había incluso relieves adornando las ventanas, y varias estatuas que sólo podía calificar de arte vanguardista salpicaban el patio.
La casa era un agudo reflejo de los gustos de un gran derrochador. Subaru no pudo evitar una sonrisa seca al considerar cómo el espectáculo afirmaba tan agresivamente la voluntad del propietario.
Mientras Subaru se quedaba clavado en el sitio frente a las puertas, Rem permanecía a su lado con una expresión de estupefacción en el rostro. Si el objetivo de la apariencia externa del edificio era sorprender a los visitantes, lo había conseguido con creces.
—No me dirás que este era el estilo del dueño anterior, ¿verdad? Lo siento por él.
—Ahhhh, bueno en realidad este es el gusto de la Princesa haciendo lo suyo. Fue un cambio de imagen bastante extremo, ¿sabes? Simpatizo con la gente que trabajaba toda la noche, pero ella les abofeteaba las mejillas con sacos de monedas de oro para que no pudieran quejarse.
—Oye, eso es completamente diferente a abofetear a la gente con un fajo de billetes. Golpear a la gente con una bolsa de monedas contaría totalmente como violencia real.
El hombre que estaba al otro lado de la verja se rio de la broma de Subaru. El hombre deslizó sus gruesos dedos por el hueco entre su casco negro y su cuello y se rascó.
Debajo de su casco negro, el portero vestía con tosquedad, como una especie de bandido. Aunque en general resultaba extraño, lo que más llamaba la atención era que le faltaba el brazo izquierdo desde el hombro hacia abajo.
Este hombre manco y despreocupado que ocultaba su rostro, llamado Al, servía como criado de la mujer que Subaru había venido a ver. Llamándose a sí mismo mercenario, era similar a Subaru, invocado desde el mismo mundo. Esa era la base de la extraña compenetración entre ellos, así como la razón de la amabilidad de Al en su visita mañanera.
—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí a una hora como esta? Como puedes ver, tengo la tensión baja, así que no soy una persona mañanera. Si me estás invitando a ir a cazar un bocado o algo así, puede que no esté del todo dispuesto.
—No pienso a invitarte a ir a un restaurante familiar o algo parecido. Hoy, estoy aquí para hablar con tu Princesa.
—¿Con la Princesa…?
Incapaz de ver la expresión tras el casco, no tenía ni idea de cómo le miraba Al en aquel momento. Siguió una desagradable pausa mientras el manco parecía reflexionar.
—Bueno, conseguí recargar mi suministro de energía de doncella, así que supongo que puedo tomar un mensaje.
—Eso fue más sin sentido de lo que esperaba. Además, no es como si no tuvieras criadas en esta mansión, ¿verdad?
—Oye, no entiendes a la Princesa. ¿Crees que podemos tener criadas bailando el vals cuando la Princesa se cree la más linda del mundo? Lo único que tenemos en la mansión es un joven y lindo mayordomo.
—Culpa mía por preguntar… Puede que baje algo el valor, pero sí, ¿siquiera puedes pasar un mensaje?
—Claro —respondió Al con voz despreocupada, desapareciendo con tranquilidad en el interior de la mansión.
Rem, de pie a un lado y un paso por detrás de él, mantuvo su silencio mientras su expresión neutra se tensaba. Pero a través de las yemas de sus dedos, que agarraban ligeramente su manga, él podía sentir la preocupación que ella no podía ocultar. Subaru quería borrar sus preocupaciones, pero eso no era posible cuando él albergaba las mismas.
—Bueno, es ridículamente temprano por la mañana… En el caso de esa chica, esperaría que dijera algo como: «Estás interfiriendo en mi precioso tiempo para dormir…».
—¡Eh, puedes entrar y verla!
Al asomó la cabeza desde la entrada de la mansión y su voz relajada interrumpió la puya de Subaru.
Por un momento, Subaru se sorprendió ante la inesperada rapidez de la respuesta.
—¿No es increíblemente temprano?
—No te lo esperas, pero la Princesa es una persona muy madrugadora. La otra cara de la moneda es que se acuesta muy temprano por la noche. De cualquier manera, entra.
Al se rio de las dudas de Subaru y les invitó a entrar con despreocupación. Mientras le seguían, pronto quedó claro que el interior del edificio era igual de intenso que el exterior.
Hasta un ojo inexperto podría darse cuenta. En el pasillo se exhibían accesorios y obras de arte de aspecto caro, casi hasta el punto de impedir el movimiento. La necesidad aparentemente compulsiva de adornar con oro hasta las lámparas y los marcos de los cuadros parecía una forma de locura.
—Supongo que al principio todo es un poco cegador, pero te acostumbras. Por la mañana no está tan mal, pero por la noche los pasillos dan mucho miedo.
—No soy un niño pequeño, así que no tienes que decirme que los pasillos dan miedo por la noche. ¿Qué clase de adulto eres?
—Los ojos de las estatuas brillan.
—Tu ama está mal de la cabeza.
Cuando Subaru examinó más de cerca las estatuas que bordeaban el pasillo, se dio cuenta de que tenían algo parecido a piedras preciosas incrustadas en las cuencas de los ojos. Probablemente brillarían cuando oscureciera. Tanto al comprador como al diseñador les faltaba un tornillo.
Rem iba detrás de ambos, y de vez en cuando podía oír ruidos procedentes de su nariz. Rem tenía un olfato agudo, y al parecer había captado algún tipo de olor desagradable, mirando fijamente la parte trasera del yelmo de hierro mientras caminaban.
La caminata del trío desparejado pronto llegó a su fin.
—La Princesa está en la habitación de arriba. Todo el piso es una habitación realmente engalanada.
—Suena como una suite de hotel. ¿Podemos entrar?
—Bueno, tú puedes, hermano.
La respuesta de Al contenía una clara insinuación cuando se acercó a las escaleras e indicó el piso superior con el pulgar. Ante el inquietante tono, Subaru le dirigió una mirada cautelosa.
—Oye, no lo digo por ser malo. La Princesa dijo que sólo se reuniría contigo. La joven será escoltada a la habitación de invitados.
—¿Crees que te la voy a entregar cuando antes hablabas de recargar tu energía de doncella…?
—Ahí me pillaste, pero no te preocupes, estaré esperando aquí delante de la habitación de la Princesa. Es una pena, pero dejaré escoltar a la joven a mi superior, Schult.
Anticipándose a las preocupaciones de Subaru, la voz de Al dio a entender que apenas estaba conteniendo la risa cuando chasqueó los dedos. Inmediatamente, apareció un joven de cabello rosa rizado y ojos rojos. Las únicas palabras que a Subaru se le ocurrieron para captar la esencia del joven fueron chico lindo. Su pequeño cuerpo estaba vestido con un traje de mayordomo, mientras que su rostro mostraba una severa y ferviente devoción por sus deberes, pero de alguna manera, daba la impresión de ser un pervertido.
—Cuida bien de nuestra invitada.
—Sí, déjamelo a mí.
Cuando Al le dio una palmada en el hombro al joven, el demasiado bien parecido mayordomo le respondió con formalidad y procedió a acompañar a Rem. Al instante, volvió a mirar a Subaru, aparentemente perdida.
—Lo siento. Espérame arriba hasta que terminemos de hablar. Toda la gente peligrosa de esta mansión, el Tipo del Casco incluido, estará conmigo, así que relájate y espera arriba.
—Eso es duro, hermano, haciéndome pasar por un tipo sospechoso. Aunque los intrusos dicen eso de mí bastante a menudo.
Subaru ignoró la malhumorada respuesta de Al y acarició la cabeza de Rem para tranquilizarla. Rem casi cerró los ojos como si tuviera cosquillas, agachando la cabeza mientras se resignaba a lo inevitable.
Después, se acercó suavemente a él y le susurró una palabra más de precaución.
—Entendido, por favor, ten especial cuidado con esa persona.
Los ojos de Rem miraron a Al sólo un instante. Al parecer, había hecho saltar sus alarmas.
—Mm, por supuesto.
Aunque Subaru realmente quería creer en su amable compatriota, la valoración de Rem sobre su fiabilidad era más natural. Teniendo en cuenta las idas y venidas en la residencia Crusch, lo mejor era también considerar a la gente de Priscilla como adversarios.
Subaru asintió y sonrió. El mayordomo bien parecido guio a Rem y desapareció por un pasillo.
—Uf. No está mal, hermano. Veo que es muy dulce contigo.
—Si vas a hacer eso, haz un silbido apropiado. No es que pueda silbar contigo.
No es que el tiempo fuera tan frío como para impedir físicamente que alguien silbara. En su mayor parte, Subaru tenía amargos recuerdos de cómo había intentado y fracasado en aprender a silbar desde hacía mucho tiempo.
—Ah, no puedo. Mis labios no están intactos. No puedo hacer un silbido de verdad.
—Entonces es así. Lo siento.
La respuesta fue más pesada de lo que Subaru esperaba, así que abandonó cualquier idea de seguir con el asunto.
—Bueno, es una pena hacer esperar así a la señorita, y la Princesa se enfada y asusta si la haces estar sentada mucho tiempo. Mejor ve arriba, pronto.
—Conciso y preciso. Ayuda bastante… Por cierto, ¿cómo está hoy el humor de Priscilla?
Dado que estaba tratando con ella, su disposición actual afectaría a los resultados de cualquier discusión en un grado bastante aterrador.
—Mm, no creo que sea particularmente bueno o malo, así que eso significa que realmente no puedes ir esperando nada. El estado de ánimo de la Princesa puede cambiar antes, después o durante una conversación, y puede subir, bajar, ir a la izquierda, a la derecha o rebotar por todas partes. Lo dispuesta que este a hablar no está escrito en piedra. Hay que saber improvisar para salir del paso.
—Así que un enfrentamiento sin preparación… Mi peor escenario.
Subió las escaleras, pasó por delante de un salón de baile y llegó a una puerta muy ornamentada.
—Esta es la habitación privada de la Princesa, demasiado grande. Nunca me llama para entrar, así que esperaré aquí mientras tú te adelantas.
Siempre relajado, Al se sentó en las escaleras que conducían a la puerta. Mientras lo hacía, sacó su espada curva de la funda que llevaba en la parte posterior de la cadera y se la colocó sobre el regazo.
—No está de tan mal humor, ¿verdad? No quiero que me rebanen a tiras, y estoy cansado de tratar con ella cuando no es razonable y está de mal humor.
—… Lo siento, pero también ha descargado sobre mí muchas de sus irrazonables exigencias.
Después de que Al diera una respuesta contundente a su petición, Subaru respiró hondo y abrió la puerta de un empujón.
3
… Y así, volvemos al principio del enfrentamiento de Subaru con Priscilla.
Después de entrar, Subaru vio a Priscilla esperándole al fondo. Sentada en una silla sobre unas escaleras, seguía leyendo con elegancia, sin reconocer a Subaru.
Sin una línea de apertura para empezar las cosas, el desconcierto y el nerviosismo de Subaru sólo aumentaron a medida que el tiempo avanzaba. Por eso, cuando el sonido del libro de Priscilla cerrándose de repente reverberó por la habitación, los hombros de Subaru saltaron de sorpresa.
—… Ahora bien…
Subaru apretó un poco los dientes, sintiendo que su debilidad había quedado descaradamente al descubierto. Priscilla, sin que pareciera importarle lo más mínimo, acarició la tapa del volumen cerrado mientras hacía sus comentarios.
—Era un cuento aburrido.
—… Aunque parecía que te gustaba.
—Al leer cualquier libro, conviene sumergirse en el mundo que hay entre las páginas y ser capaz de declarar lo que se ha ganado al terminar un relato. Sólo un necio declararía algo aburrido sin haberlo completado.
Parecía que era tan ávida lectora como decían las afirmaciones. Tras declarar la estupidez de valorar libros inacabados, Priscilla tomó el volumen que había leído completo y lo lanzó al aire sin previo aviso.
—… Ahh.
Subaru observó, perdido en su perplejidad, cómo el tomo estallaba repentinamente en llamas. Achicharrado por el increíblemente poderoso fuego, sólo quedaron cenizas negras bailando en el aire.
—En fin, esto me está robando mi precioso tiempo de lectura matutino. Al menos, ¿me trajiste un cuento que despierte mi interés más que ese libro?
Con una sonrisa ladina y astuta, Priscilla volvió a cruzar sus ágiles piernas y señaló a Subaru con un dedo blanco. Subaru sintió como si el calor de la yema de su dedo le presionara la frente cuando quiso mover su lengua reseca.
—… Se trata de Emilia, una candidata a la selección real, igual que tú. Quiero que me prestes tu fuerza para poder sacarla de una situación complicada en la que se encuentra ahora mismo.
—…
Cerrando un solo ojo, Priscilla instó en silencio a Subaru a continuar. Bajo su mirada roja, completamente impasible, Subaru se concentró al máximo en las palabras que había ensayado.
Y así, lo expuso todo a lo largo de varios minutos antes de llegar a su conclusión.
—El Culto de la Bruja… ¿es así…? Hmph.
Apoyándose en un codo, Priscilla se sostuvo la cabeza con la mano mientras con la otra se golpeaba la rodilla. Habiendo escuchado hasta el final la versión modificada de lo que él había dicho en la Mansión Crusch, había murmurado para sí misma con alguna emoción profunda antes de cerrar los ojos.
—Sí, el Culto de la Bruja. Si nadie hace nada, van a herir a un montón de gente. Emilia no será la única víctima. Quiero acabar con ellos antes de que eso suceda. Por eso necesito…
—Jee-jee. Je.
—¿…?
De repente, Priscilla se inclinó hacia delante, con los hombros ligeramente temblorosos. Las cejas de Subaru se alzaron ante el pequeño sonido que salió de su boca, y Priscilla levantó la cabeza.
—¡Ja, ja, ja, ja! ¡Qué divertido! Eres muy divertido. Ya veo, ciertamente influiste en mi corazón más que ese libro. ¡Debes tener un talento increíble para inventar una farsa como ésta!
Priscilla reía y reía, burlándose de Subaru. Era el aullido de una bestia diabólica y carnívora. Instintivamente comprendió que era el tipo de sonrisa que podría lucir un gato mientras atormenta con su garra a un ratón hasta matarlo.
—¡…! ¿Qué es tan gracioso?
—Que no lo entiendas lo convierte en una verdadera obra maestra. Dime, ¿en verdad no comprendes lo ilógicas que han sido tus acciones?
Priscilla se pasó un dedo por el cabello naranja, revolviéndolo mientras soltaba una risita divertida. Subaru recordaba esta forma de hablar, proclamando que el interlocutor había visto a través de él. Era el mismo tono que Subaru había oído varias veces en la mansión Crusch. Decía: «No lo entiendes».
—No sé si simplemente no tienes en quién confiar, pero ir por ahí informando a la oposición de la debilidad de tu propio bando sólo sirve a los intereses de sus enemigos. Para nosotros, verlos bajar la cabeza y decir: «Somos demasiado débiles y estamos desesperados, por favor, ayúdennos», es motivo de celebración.
Priscilla se golpeó la sien con un dedo mientras ridiculizaba la súplica desesperada de Subaru.
Había considerado la posibilidad de que ella lo dejara de lado. Pero no había esperado que lo atacase así.
—No preocuparse por las apariencias está bien, pero consideraste esto muy poco… demasiado poco. Ayudar al enemigo para ayudar a tu propio bando cuando entra en crisis… Tu comportamiento es el de un empleado sin talento. No tienes remedio. La muerte sería mucho más preferible.
Priscilla se levantó de la silla mientras lanzaba insultos sin freno, bajando las escaleras hasta llegar justo delante de Subaru.
—De hecho, sería mejor si te cortara la cabeza aquí y ahora.
Al instante siguiente, Priscilla sacó un abanico de su escote y lo apoyó sobre la carótida del lado derecho del cuello de Subaru. Subaru no había visto ni su paso ni el movimiento de su brazo; sólo un maestro podía hacer algo así.
Aunque el abanico no era un arma blanca, Subaru tuvo la sensación de que podría cortarle la cabeza en cuanto se moviera.
—¿Ni siquiera pudiste verlo? —Priscilla apartó su abanico, hablando como si el involuntario trago de Subaru la aburriera—. No sólo tonto, sino también lento. No hay forma de salvarte… Aunque, soportar un trato tan terrible y seguir pensando en tu ama, admito que esa devoción es admirable. Y así… —Priscilla entrecerró los ojos, abriendo audiblemente su abanico y utilizándolo como una cortina roja para ocultar sus propios labios—. Incluso yo tendría un mal sabor de boca si te despidiera con nada más que una risa. Por lo tanto, te concederé una oportunidad.
—… ¿U-Una oportunidad?
—Sí, una oportunidad. «Esta es tu gran oportunidad», en otras palabras.
La pronunciación de Priscilla de la frase moderna era extraña; quizá la había aprendido de Al. Priscilla volvió a doblar el abanico y lo extendió hacia Subaru. Por alguna razón, Subaru no pudo eludir su movimiento recto y silencioso cuando el extremo del abanico le golpeó en la frente, haciéndole caer de espaldas. Entonces…
—Lámelo.
Ante sus ojos Priscilla ofreció su pie descalzo.
—…
Sin entender a qué se refería, Subaru sintió que su mirada vagaba entre la cara y la pierna de Priscilla.
Con Subaru aparentemente perdido, Priscilla le habló con suavidad, como si le explicara en beneficio de un pobre estudiante… o para atormentar a su esclavo.
—Arrástrate por el suelo, rumia tu humillación como un patético salvaje extraviado y lame mi pie como un bebé que mama de la teta de su madre. Si puedes hacerlo, consideraré tu propuesta.
—¡¿Qué…?!
—Si no quieres, no pasa nada. Si tu escaso orgullo personal es lo primero, agita la cola y tu ama te abandonará a la naturaleza. Cualquiera de las dos formas te proporcionará diversión.
Priscilla ocultó los labios y sonrió, como queriendo decir que disfrutaría de su caída independientemente de su elección.
Subaru sintió que las tripas le hervían de rabia ante la pura malicia del comportamiento de Priscilla. Pero aunque estuvo a punto de gritar algo con voz ronca guiado por las emociones, se contuvo. Si cedía a sus sentimientos y seguía adelante, estas negociaciones también acabarían en fracaso.
—…
Miró entre el pie que aún colgaba ante él y la sonrisa burlona de Priscilla. Cuando cerró los ojos, vio sus caras una tras otra: Emilia, Ram, Beatrice, y los niños y adultos del pueblo. Poco a poco, fue enfriando el magma que hervía en su vientre.
Angustiado y consternado, llegó a la conclusión de que…
—Bien… entendido.
Soportando la humillación, Subaru se arrodilló y sujetó el pie de Priscilla con la mano.
Cuando pensó en las agónicas muertes que Emilia y los aldeanos tuvieron que soportar, ¿siquiera cómo podría compararse la humillación que Subaru probaría ahora? Para evitar ese futuro sin esperanza, para encontrar el mundo al que necesitaba llegar, no le importaba ser un perro o algo peor.
Sus labios temblorosos se acercaron a la punta del pie blanco de ella, a punto de presionar contra su piel clara… cuando…
—Ahh, parece que realmente no eres más que un hombre muy, muy aburrido.

La patada, justo delante de su nariz, hizo volar a Subaru, como si apenas pesara nada.
—…
Sintió girar su cabeza, perdiendo la noción de su espacio circundante.
Subaru no podía comprender lo que había pasado.
Un golpe increíble se estrelló contra su cabeza y, tras unos instantes en el aire, todo su cuerpo se estrelló contra algo. En ese momento, dejó de sentir nada.
Sus intermitentes pensamientos conscientes tardaron un tiempo indefinido en ponerse al día y darse cuenta de que estaba tendido en el suelo, con las extremidades extendidas.
Un gran volumen de algún tipo de líquido viscoso brotó de su nariz.
—Lo que tienes no es lealtad ni fidelidad. Es más sucio que eso. Es la existencia de un perro y la codicia de un cerdo. Un cerdo perezoso que quiere, quiere, quiere. La avaricia de un cerdo es la más desagradable de todas.
Ni el zumbido de oídos ni las náuseas cesaban. El interior de su cráneo daba vueltas. Oyó la voz de Priscilla desde algún lugar, pero los detalles no se hundían en su cabeza.
—Incluso si expulsas al Culto de la Bruja, destruiré tu bando por mi propia mano por albergar a semejante bestia. Tomé esta decisión basándome en tus acciones desconsideradas.
Mientras él se tumbaba, ella le agarró del cuello y levantó su cuerpo con violencia.
Cuando levantó el torso, más sangre brotó de la nariz de Subaru. Subaru tosió, le costaba respirar mientras ella le insultaba sin piedad a quemarropa.
—Enorgullécete de esto. Eres tú quien invitó a la destrucción de esa mujer, Emilia.
Ella lo empujó con toda su fuerza, y el cuerpo de Subaru rodó y se deslizó hasta la entrada.
—¡Aldebarán!
Cuando gritó con voz aguda, la única puerta que daba al exterior se abrió desde el otro lado. Al asomó la cara y miró a Subaru, que estaba cubierto de sangre junto a la puerta.
—¿Qué carajos pasó aquí…?
—Echa a este tonto repulsivo. O córtalo por la mitad, no me importa.
—Bueno, a mí sí me importa… Hey, vamos, hermano.
Sin una sola palabra de réplica a su enfurecida ama, Al levantó fácilmente al Subaru caído y atravesó la puerta. Pero al salir, volvió suavemente la cara hacia Priscilla, que estaba en el centro de la habitación.
—No te enfades tanto, Princesa. La violencia arruina tu cara bonita, ¿sabes?
—Si no deseas que rompa aún más tu roto semblante, termina de llevártelo. No lo diré de nuevo, Aldebarán.
—Como dije, no me llames así.
Rápido de reflejos, Al bajó las escaleras con Subaru al hombro y habló con voz considerada.
—De todos modos, es mejor si te vas mientras las cosas van bien. Es la Princesa. Si cambia de opinión, no es impensable que me diga que te mate. Sal de aquí mientras ella aún piense que está bien no matarte.
—¿E-Ehhh…?
—Esto… es malo. Llamaré a la señorita que trajiste contigo. Apresúrate a irte, ¿bien?
Al se encogió de hombros ante el Subaru apenas consciente, una proeza dadas las circunstancias. Después, aceleró aún más el paso y bajó las escaleras de un salto.
4
—¡¿Subaru-kun?!
Cuando vio a Subaru sentado contra la puerta de la mansión, el rostro de Rem palideció y corrió hacia él.
Subaru se quedó boquiabierto cuando Rem le tocó. Comprobó el estado de sus heridas mientras recitaba un hechizo curativo. Una luz pálida envolvió la herida de la cara de Subaru.
—¿Qué pasó arriba?
—Ahh, eso. Parece que el humor de nuestra Princesa se agrió. Le dije que tuviera cuidado, pero… Bueno, tienes las mismas posibilidades tratando de predecir a la perfección el humor de un gato.
La respuesta de Al fue bastante torpe, pero su declaración no conllevaba ni una pizca de culpa o disculpa. Rem, atónita ante su comportamiento, estuvo a punto de alzar la voz en señal de protesta.
—… No… necesitas decir nada.
—¡…! Subaru-kun, ¿puedes pensar con claridad?
De acuerdo con el tratamiento de su conmoción cerebral, su mente confusa había empezado a despejarse. El rostro de Rem se iluminó al oír la voz de Subaru, pero cerró los ojos, concentrándose en terminar de curarlo.
—En verdad no puedo perderte de vista, Subaru-kun. No has estado fuera ni una hora y vuelves con heridas tan graves.
—Hey, no es como si estuviera tratando de hacer que me lasti…
Ahora que su circulación había vuelto a la normalidad, la sangre volvió a manar con libertad de su nariz. Rem detuvo inmediatamente el goteo con una mano que tenía sobre él, sacó un pañuelo de su costado y se lo puso en la cabeza.
—Por favor, ponte esto en la nariz. La hemorragia se detendrá por sí sola. Continuaré el tratamiento.
—…… Bien.
Subaru se tapó la nariz como le había dicho Rem mientras recibía un tratamiento gradual a través del prana. Mientras tanto, Al observaba, asintiendo como si dijera: «Parece que te pondrás bien».
—No tiene sentido quedarse parado, así que volveré dentro. No sé de qué hablaban, pero por lo que parece, no fue bien. Si tardas mucho en irte, la Princesa me dirá en serio que te mate, hermano.
—¡¿Matar a Subaru-kun…?!
—¡Oye, no pongas esa cara de miedo, jovencita! ¡Estoy diciendo que podría hacerlo! Así que lárguense de aquí antes de que me dé alguna orden. No es que quiera hacer algo así.
Tras su dramática respuesta a la exagerada reacción de Rem, los hombros de Al se hundieron mientras negaba con la cabeza.
—Bueno, cuídate, hermano. Y jovencita… Ah, es verdad, eres Ram. Cuida bien de mi hermano.
—… Ram es el nombre de Nee-sama. Mi nombre es Rem, Al-sama.
Cuando Al pronunció sus frívolas palabras de despedida y le dio la espalda, Rem se presentó formalmente. En ese instante, los pies de Al se detuvieron.
—… ¿Rem?
El manco se detuvo antes de levantar la vista y se dio la vuelta lentamente.
—No seas tonta. Eres Ram, ¿verdad?
—Soy Rem… Perdone mi rudeza, pero ¿dónde conoció a Onee-sama, Al-sama?
Rem explicó cómo la había confundido con su hermana mayor, casi idéntica, al plantear la pregunta. Sin embargo, Al no respondió. Levantó un brazo y se tocó el yelmo, punzando el metal con afán.
—¿Qué carajos está pasando aquí…?
Al parecía nervioso, incapaz de procesar la información. El golpeteo cada vez más rápido era una prueba más.
—¿Así que tú eres Rem… y tu hermana es Ram?
—Sí, es correcto.
—Puede que sea raro preguntar esto, pero… ¿tu hermana mayor está viva?
—¿…? No entiendo el significado de su pregunta. Nee-sama está viva, como debe ser.
En el instante en que Rem dio esa respuesta, Subaru, que había estado escuchando la conversación en silencio, sintió que se le ponía la carne de gallina.
—… Esto no es gracioso.
Una voz grave y fría acompañada de un eco peligroso llegó a sus oídos.
Al estaba inclinado hacia delante, con la mano sobre la frente del casco, murmurando como si le salieran las palabras de la garganta.
Fue entonces cuando Subaru comprendió que Al era el origen del terrible escalofrío que sentía.
Una alarma instintiva se disparó, diciéndole que no podía quedarse aquí. Rem, sintiendo lo mismo, se acercó suavemente a Subaru. Suspendió el tratamiento, aún agachada, mientras le hacía una pregunta con voz audiblemente cautelosa.
—Subaru-kun. Si te presto mi hombro, ¿puedes ponerte de pie?
Ante esas palabras, Subaru inclinó la cabeza asintiendo, haciendo lo posible por acompasar sus movimientos a los de Rem.
—Oigan, relájense. No voy a hacer nada.
Con un movimiento de cabeza, Al se retractó de su espantosa aura y actuó como si estuvieran innecesariamente preocupados.
Los hombros de Subaru se relajaron de forma inconsciente al disiparse la tensión del ambiente. Incluso la expresión neutra de Rem también se suavizó al sentir una impresión de alivio.
—Lamento decir esto cuando el mal ambiente acaba de aligerarse, pero será mejor que se vayan. Parece que yo tampoco estoy de muy buen humor.
—… Entendido. Por favor, dale las gracias por su tiempo.
—Por supuesto. Cuídate.
Tras concluir las cortesías sociales con Al, Rem le prestó el hombro a Subaru. Caminaron juntos, con el pequeño cuerpo de ella soportando el peso de él mientras dejaban atrás la Mansión Bariel.
Descendieron por la colina, alejándose cada vez más de la mansión, mientras Al seguía mirándoles la espalda.
—Tienes que estar bromeando. Así que era eso… Me dan ganas de vomitar.
5
Ahora que las negociaciones con Priscilla Bariel se habían roto, todos los caminos estaban bien cerrados.
—Mi máxima prioridad era pedir prestado algo de músculo, pero supongo que ni siquiera eso puedo conseguir, ¿eh?
Golpeado por la desesperación y la impotencia, Subaru se tapó la nariz mientras las palabras salían a borbotones.
Priscilla le había aplastado en la mañana de aquel día crucial, y ya se acercaba el mediodía. Sólo quedaba medio día hasta la hora que Subaru les había fijado para partir de la capital real. No obstante, a pesar de ello, no podía decir que había dado un paso adelante y otro atrás: todos los pasos habían sido hacia atrás.
—Dejando eso de lado, esa desgracia de mujer arrogante… ¡Se olvidó por completo de la vez que la ayudé…!
Subaru se refería a haber ayudado a Priscilla a escapar de los rufianes que la rodeaban cuando se conocieron. La comisura de sus labios se torció y su lengua se retorció de asco.
Lo cierto es que en aquel momento se había comportado sin la menor pizca de gratitud, pero ni siquiera él había esperado que fuera tan despiadada con alguien que pedía ayuda con desesperación.
Y luego estaba Al, tan indiferente que no dijo nada sobre el acto violento de su ama. Podrían ser del mismo mundo, pero el hombre era inútil para él.
—Malditos sean hasta el último de esos bastardos. No saben nada. No entienden… ¡No es que estén protegiendo a nadie, pero aun así se interponen en mi camino…!
Subaru rechinó las muelas, irritado. Un corte en el borde del labio le humedeció la lengua con sangre, pero no percibió el sabor del hierro, sólo el de la ira y la humillación.
—… Cambia de marcha, cambia de marcha. Este no es el momento de molestarse por esos dos idiotas.
Tenía mucho que procesar.
Tras despedir a Rem en un último acto de resistencia, Subaru se dirigió a su punto de encuentro. Sus pies le llevaron calle abajo, fuera del Distrito de los Nobles y hacia el estrato central de la capital, el Distrito Comercial. Desde allí, navegó entre la multitud, dirigiéndose directamente a su destino.
—¡Wow! ¡Eh usted, Onii-san! ¡Pareces muy herido! ¿Se encuentra bien?
—¿Eh?
Subaru, sorprendido por la brusca voz, bajó la mirada, buscando su origen. La persona que le saludaba era de baja estatura, ni siquiera llegaba a la cadera de Subaru. Era una niña hombre bestia de pelaje anaranjado, grandes ojos redondos y rostro adorablemente alegre, que al parecer se estiraba hacia arriba para verle mejor.
—Estás sangrando, ¿verdad? A veces me corto la boca comiendo, ¡así que lo sé! ¡Debe de dolerte mucho! Parece que estés a punto de llorar.
—No estoy sangrando por una razón de niños pequeños como… Er, estoy ocupado así que, no tengo tiempo para esto.
—¿No quieres que cure eso? Sniff-sniff, sniff-sniff. Además, el olor no es sólo de tu boca, Onii-san. También le sangra la nariz, ¿sabe?
La herida que Priscilla le había hecho debería haberse cerrado ya, pero al parecer el olfato de la chica aún podía detectarla. El desagradable recuerdo resurgió mientras Subaru intentaba quitarse de encima a la chica. Pero antes de que Subaru pudiera hacerlo, otra chica la encontró primero.
—Oye, Mimi. No causes p’oblemas a la gente. Sabes que no debe’ías hace’ tantas t’avesu’as.
Al oír una voz suave, Mimi miró hacia atrás, saludando enérgicamente con sus cortos brazos. La persona que la había encontrado se acercó, sonriendo ante su entusiasmo.
—¡…!
—Siento mucho que mi chica te haya causado p’oblemas… ¿Mmmn?
Subaru se quedó sin aliento. Al instante se dio cuenta de su expresión, lo que la hizo detenerse a mitad de su disculpa.
La sorpresa momentánea desapareció. En su lugar, entró en sus ojos una mirada que parecía dispuesta a acoger con los brazos abiertos un acontecimiento inesperado.
—Tú e’es… Así es, tú e’es Subaru. El caballe’o de Emilia, Natsuki Subaru… Así que todavía estás en la capital, ¿eh? Qué so’p’esa tan inespe’ada.
Era una chica pequeña, con un suave cabello morado pálido. Sus ojos entrecerrados de color azul claro sugerían que tenía una amable consideración por los demás, pero Subaru sabía que, en el fondo, la chica era avariciosa. Aunque se encontrara con ella en otro lugar, era imposible confundir su aura.
—Anastasia Hoshin…
—Mm, ya veo, ‘ealmente te aco’daste de mí. Me p’eocupaba no habe’ causado una gran imp’esión, así que me siento aliviada… Si aún me ‘econoces después de todo lo que te ha pasado, todos los demás también debe’ían pode’ hace’lo.
Anastasia sonrió mientras hablaba en un dialecto de Kansai —o mejor dicho de Kararagi— desconocido para sus oídos.
Subaru, sorprendido por haberse topado con Anastasia, escudriñó la zona. Si Anastasia estaba allí, ese hombre tenía que estar en algún lugar de las cercanías…
—‘Eelájate, Julius está en ot’os asuntos. No vend’á.
—… Así es.
Una vez que se dio cuenta de que la razón de su inquietud estaba más clara que el agua, Subaru dejó traslucir su malestar en su respuesta. Anastasia, llevándose una mano a la boca en señal de diversión, parecía tener la impresión de que él sentía poco amor por siervo o ama.
Subaru no se atrevía a considerar el inesperado encuentro como una oportunidad de oro. En primer lugar, estaba Julius. Dado el antagonismo entre ellos en la plaza de armas, Subaru supuso que unir fuerzas con el bando de Anastasia era totalmente imposible.
—Bueno, pa’ece que estás casi cu’ado. Estaba un poco p’eocupada.
—… Gracias. Tú también pareces gozar de buena salud.
—Supongo que me las estoy apañando.
—¡Sí! ¡Se las apaña!
La respuesta occidental al sarcasmo de Subaru hizo reír divertida a la gatita. Al parecer, se llamaba Mimi y acompañaba a Anastasia.
—¿Debería uno de los grandes de la selección real andar sin escolta estos días?
—Mi plan es viaja’ de incognito. ¿No funciona?
Anastasia miró a su alrededor antes de mostrar su atuendo, que había creado pensando en los conjuntos de las chicas de la ciudad. Sus ropas encajaban perfectamente, pero su característica bufanda de zorro blanco y su enorme bolso no eran un disfraz convincente. Al parecer, Anastasia se dio cuenta al ver la cara de incredulidad de Subaru y se echó a reír.
—Bueno, ¿cómo oculta’ un encanto como el mío? Además, si pasa algo, tengo a mi capitana adjunta, muy fiable y t’abajado’a, ¡así que no te p’eocupes!
—¿Confiable… capitana adjunta…?
Anastasia sacó pecho, más bien plano, en señal de orgullo mientras hablaba, pero cuando vio que se refería a Mimi, Subaru adoptó una expresión dudosa. Mimi, que estaba de un lado para otro en los diferentes puestos, no tenía ningún aspecto fiable.
—Veo que no me c’ees, pe’o es ve’dad. Ella es la segunda al mando de mi ejé’cito p’ivado. C’eo que se enf’enta’ía a Julius mucho mejo’ que tú.
—…
—Ahh, ¿te he hice enfada’? Lo siento, lo siento, me disculpo. Es que pa’eces una pe’sona dive’tida a la que molesta’. Así que, ¿uy?
Uy, mi trasero. Subaru frunció los labios, dejando claro su disgusto.
—Si esto es sólo una pequeña charla, ¿te importaría dejarme seguir mi camino? A diferencia de ti, yo tengo cosas que hacer.
—Vaya, vaya, no e’es dive’tido. ¿Cosas que hace’ como qué?
—Tengo que reunirme con la chica que viaja conmigo. Después de eso, tengo que conseguir un carruaje de dragón y dejar la capital. Cosas.
Había quedado con Rem en uno de los restaurantes de la calle principal de la capital real. Tanto si sus patéticos intentos fracasaban como si tenían éxito, los dos habían planeado conseguir el carruaje de dragón que necesitaban para abandonar la capital real en las próximas horas.
—Hmmm. Consegui’ un ca’uaje de d’agón. Eso dices, ¿pe’o ‘ealmente puedes? Ahora mismo, es mucho trabajo encontra’ uno aquí en la capital. He oído que últimamente es un p’oblema t’as ot’o.
—¿Es difícil conseguir un carruaje de dragón? Eso no debería ser…
Subaru habría seguido diciendo problema, pero la palabra se le quedó atascada en la garganta.
En los bucles anteriores, había dado por sentado su carruaje de dragón cuando regresaba a los dominios Mathers, pero el vehículo de la primera vez era un préstamo de Crusch. Teniendo en cuenta que las circunstancias habían sido similares la segunda vez, supuso que Crusch también les había prestado uno entonces.
—Alguien está comp’ando todos los ca’uajes d’agón de la capital o algo así. Así que si quie’es alquila’ uno aho’a, te va a costa’ mucho t’abajo.
—… ¿En serio?
Anastasia reprimió una risita mientras Subaru sólo podía murmurar desconcertado.
No tenía motivos para mentir. Eso sería un obstáculo incluso para salir de la capital. Subaru se agarró la cabeza, casi incapaz de creer las dificultades que le acosaban.
—¡Ojou, no debería burlarse de la gente! —Mimi tiró de la manga de Anastasia al ver a Subaru agachado—. Carruajes de dragón, ¿te refieres a esas cositas con lagartos? Puede prestarle uno, ¿verdad, Ojou?
—Espera, ¡¿tienes un carruaje de dragón que me puedas prestar?!
—Soy la p’esidenta de la compañía, así que un ca’uaje de d’agones o dos no es g’an cosa, ¿ves? Pe’o pa’ece que no quie’es habla’ mucho conmigo, Natsuki…
—Ugh… Perdón por… cómo me comporté antes…
Cuando ella señaló cómo Subaru había intentado cortar su conversación, él respondió con una expresión incómoda. Anastasia se llevó una mano a la boca y soltó una risita al verlo.
—Está bien, está bien. Te pe’dono. A cambio, ¿te queda’ías conmigo para segui’ cha’lando? Es muy impo’tante mantene’ ‘elaciones fluidas con los demás. ¿Qué te pa’ece la tienda donde quedaste con la chica?
Subaru no pudo reunir las palabras para rechazar la sonrisa de la adorable comerciante.
6
—Aún es un poco p’onto para come’, pero no es bueno senta’se sin pedi’.
Anastasia dijo esto mientras volvía del mostrador con una comida ligera: verduras y carne entre dos trozos de pan, como una hamburguesa alargada. Mimi se la aceptó a Anastasia y le hundió los dientes.
Era un restaurante informal de la Calle Mayor, justo delante de la puerta principal de la capital real. Esta puerta era la más transitada de toda la ciudad, donde la gente entraba y salía sin cesar. El local estaba abarrotado; Subaru y los demás habían ocupado los últimos asientos libres.
—Natsuki, debe’ías come’ todo lo que quie’as. Ya que planeabas encontra’te con esa chica aquí, debías que’e’ come’, ¿no?
—Me siento un poco mal haciendo que me invites a comer cuando te estoy pidiendo un favor. Si realmente quiero comer algo, comeré con mi amiga más tarde. Ana… Er.
Había mucha gente alrededor, pero el establecimiento no era muy grande. Dudó en llamar a Anastasia por su nombre en un local tan estrecho.
—No me impo’ta mucho, pero si tienes p’oblemas pa’a usa’ mi nombre, ¿pod’ías llamarme «Ojou»?
—Sería aún más difícil decir eso… En fin, sobre el carruaje de dragón.
—Yendo al g’ano, ¿eh? No complace’ás a tu socio come’cial si prio’izas sólo lo que tú quie’es. El núcleo de la negociación es cuánto puedes complace’ a la ot’a pa’te. No e’es muy bueno en eso, Natsuki.
Reprendiendo a Subaru por tener tanta prisa, Anastasia mordió su comida de verduras y carne; la forma en que lamía la salsa resultaba encantadora.
Aunque difería de Crusch y Priscilla, Anastasia poseía igualmente un carisma único en todos y cada uno de sus gestos que no se parecía en nada a la gente corriente. Quizá debería decir que todas las candidatas reales tenían una esencia especial.
—Es un poco incómodo si me mi’as mient’as como. No me cria’on con muy buenos modales, ya ves. ¿Estoy haciendo algo ext’año?
—No he sido educado en la alta cultura lo suficiente como para juzgar algo así… No creo que sea raro en absoluto. Simplemente no se ve a menudo a una mujer abriendo la boca así.
—… ¿Estás t’atando de cae’me en g’acia? Si es así, tienes que hace’lo mucho mejo’ que eso.
Anastasia soltó una risita mientras criticaba la torpeza de Subaru. Su despiadada apreciación hizo que Subaru cayera rápidamente de rodillas.
—No estoy bromeando. En verdad estoy en un aprieto, por eso quiero ir al grano.
—Si quie’es apela’ a mi simpatía, ese es el peo’ plan posible cuando t’atas con una chica como yo. Pe’o te aplaudo por intenta’lo. Necesitas un ca’uaje de d’agón, ¿verdad?
Anastasia habló mientras una pluma de un bolsillo. Desde allí, abrió el papel que envolvía la pluma, anotó algo con rapidez y dobló la hoja con pulcritud.
—Anoté la ubicación de una tienda que aún debe tene’ un ca’uaje de d’agón y añadí mi firma. Esto es todo lo que necesitas pa’a log’a’ tu objetivo, Natsuki.
—Bueno, no hay necesidad de actuar toda altiva y poderosa al respecto.
—Cla’o que lo ha’é, no es divertido si lo ent’ego g’atis, ¿ve’dad?
En voz baja, Anastasia dejó el papel doblado sobre la mesa. Apoyó suavemente la palma de la mano sobre él, ocultándolo a la vista, y sonrió a Subaru cuando este hizo una mueca de dolor.
La sonrisa de su rostro era diferente de las que él le había visto antes.
—No tenses así los homb’os; todo i’á bien. Sólo quie’o que te quedes conmigo para cha’la’ un ‘ato. Es t’iste cuando no puedes habla’ de nada excepto de lo que ‘ealmente necesitas. No c’eo que sea demasiado codiciosa por que’e’ cha’la’ contigo hasta que apa’ezca esa chica tuya.
—¿Por qué? Esto es un montón de problemas sólo por una pequeña charla con un tipo como yo. No es que vayas a sacar nada de ello.
—No c’eo que haya nada en este mundo que ca’ezca de sentido. Nunca sabes quién puede acaba’ apo’tándote algo. Y de todos, siento que tú pod’ías tene’ algo especial pa’a mí, Natsuki.
—… No estoy muy agradecido si esa es la impresión que te llevaste de mí en la asamblea de selección real.
—No es que te haya conocido en ot’o sitio, Natsuki.
El desesperado intento de sarcasmo de Subaru fue rebanado y desechado por un sólido argumento. Tras evaluar la petición y el objetivo de Anastasia, Subaru se resignó inmediatamente a su destino.
—Para que quede claro, sólo vamos a hablar hasta que llegue Rem. Y entonces te haré entregar ese papel.
—Cie’tamente miento y engaño a la gente, pe’o te asegu’o que esto es ve’dad. Puedo pone’lo por esc’ito si quie’es.
—Ni siquiera parpadeaste cuando dijiste eso… ¿De qué quieres hablar?
—Te lo dije cuando empezamos, ¿no? El núcleo de las negociaciones es queda’ bien con la ot’a pa’te. Si quie’es mejora’ hablando, tienes que mejo’a’ escuchando. Un buen comienzo se’ía averigua’ qué le inte’esa a tu socio.
O más cándidamente: «Que no parezca que simplemente estás aguantando la conversación». Sería malo para Subaru desviarse de su compromiso y amargarle el humor. Se rascó la cabeza y se sumió en sus pensamientos.
—Oiga, oiga, Ojou, Ojou. Quiero comer más de lo que acabo de comer. ¿Por favor?
—Cla’o, come todo lo que quie’as. Ah, no te ensucies la boca con la salsa. No que’emos que esa ado’able ca’a se ensucie, ¿ve’dad? Bueno, eso también es lindo.
—¡Límpiala por mí! ¡Frota, frota! ¡Sí! ¡Ya vuelvo!
Una vez que Anastasia le limpió la cara, Mimi se acercó volando a un empleado de la tienda muy animada. Subaru se sorprendió al ver a la chica.
—¿Antes dijiste que esa chiquilla es la segunda al mando?
—¿Qué? ¿P’eguntas por Mimi y no po’ mí? ¿Te mueves así, Natsuki? ¿Es po’que te gustan las o’ejas de gatito? ¿Po’ eso intentas ace’ca’te a mi chica?
—No tengo fetiches raros de ese tipo. En primer lugar, si me gustara eso… —Subaru apretó los dientes al recordar la imagen de un caballero con orejas de gato en aquella mansión llena de sabelotodos—. De todos modos, no. Simplemente captó mi interés. Creo que dijiste algo sobre un ejército privado.
—Po’ si si’ve de algo, son bastante famosos en Kararagi. Son la banda de me’cenarios de la Compañía Hoshin, los «Colmillos de Hierro». Soy su patrocinado’a, así que po’ supuesto tengo el p’ivilegio de elegi’ a los miembros. —Anastasia habló mientras desviaba la mirada hacia Mimi, que parecía distraída—. Es muy linda, ¿ve’dad? Es muy dive’tido ab’aza’la y do’mi’ con ella, ¿sabes?
—Es mi turno de preguntar si «te mueves por ahí», caramba. No me estarás diciendo que torciste el brazo para meter a alguien así como segundo al mando, ¿verdad?
—No hay necesidad de p’eocupa’se; está bien. Te lo dije, ¿no? Esa chica sí que es la núme’o dos de los Colmillos de Hierro, y tiene habilidades dignas de una subcapitana. Po’ eso puedo pasea’me po’ la capital sólo con ella.
Sintiendo absoluta confianza en los comentarios de Anastasia, Subaru volvió a observar la espalda de Mimi. Realmente no parecía fuerte en absoluto. Pero las palabras de su ama no dejaban de ser convincentes. Una candidata a la selección real nunca se pasearía con solo un guardaespaldas si esa persona no fuera capaz.
—Ah, pa’a que se sepa, no habla’é en detalle de los miemb’os, ¿bien? No soy tan gene’osa como pa’a pone’ todas mis ca’tas sob’e la mesa. De hecho, estoy bastante segu’a de que es una mala idea.
—Bueno, eso no te hace sonar tan confiable como piensas…
Aunque ella había evitado cualquier esfuerzo por profundizar, Subaru grabó el nombre de Colmillos de Hierro en el fondo de su cerebro como una amenaza potencial más. Si en algún momento Anastasia y él se convertían en enemigos declarados, sería un muro más que superar.
—Natsuki, tienes la f’ente demasiado a’ugada. Pa’ece como si estuvie’as furioso.
—Oye, nací con esta cara, ¿sí? No hay necesidad de ir picando en los complejos de un hombre.
—¿Complejos? Mm, está bien. Dicho esto, mencionaste tu nacimiento, pero ¿dónde naciste, Natsuki? No vemos cabello neg’o muy a menudo po’ estos la’es, y tu atuendo también destaca.
—Nací en Japón, en la Tierra, y esto es un conjunto deportivo, probablemente el único del mundo.
Era un tema extraño. Su sincera respuesta sonó como si estuviera esquivando la pregunta por completo. Efectivamente, hizo que Anastasia pusiera mala cara; su rostro se nubló.
—Japón, en la Tie’a. Nunca he oído habla’ de él. Pe’o… ¿dónde está?
—Más allá de la Gran Cascada. Lejos hacia el este, y luego más al este más allá está Zipang.
—La G’an Cascada…
Subaru dio una respuesta frívola, esperando que ella estallara en carcajadas, pero Anastasia se sumió en sus pensamientos. Subaru enarcó una ceja ante su inesperada reacción.
—¿No te vas a reír? Reinhard pensó que era bastante estúpido…
—Mm. Bueno, ve’ás, de vez en cuando oyes habla’ de gente que viene de más allá de la G’an Cascada. Sin embargo, nunca espe’é que afirma’as que tu tie’a natal está allí.
—¿Qué, hay otros bromistas además de mí? ¿Incluso gente famosa?
—Si quie’es sabe’ más, creo que debe’ías estudia’ sob’e «Hoshin de los Páramos».
Anastasia seguía sin reírse cuando le ofreció un consejo. Subaru ladeó la cabeza ante la mención de «Hoshin de los Páramos». Después de todo, ese era el apellido de Anastasia. Y Subaru recordó que «Hoshin de los Páramos» también era un cuento heroico.
—En realidad no estás emparentada con este Hoshin, ¿verdad? Me pareció oírte decir que tomaste el apellido para ti.
—Es el nombre del fundado’ de Kararagi. Como nativa de Kararagi, no soy completamente ajena, pe’o no hay ‘elación sanguínea. Simplemente decidí apellida’me así. Adecuado pa’a alguien que ascendió hasta conve’ti’se en diosa del come’cio, ¿no c’ees?
—Maldita sea, tienes muchas agallas para decir eso.
Al parecer, valoraba sus hazañas lo suficiente como para declararse diosa sin ningún atisbo de ironía.
Recordó el alarde de Anastasia en la reunión de selección real de que quería conseguir un reino por puro interés personal. Aquella actuación la puso en un tren sin retorno; ya no había vuelta atrás para ella.
—Si f’acaso, la gente me señala’á y se rei’á. Pe’o he llegado hasta aquí. No voy a habla’ demasiado bien de mí misma cuando aún estoy a medio camino de donde voy.
Subaru sólo había oído hablar un poco del lugar de nacimiento de Anastasia durante su demostración de convicción en la reunión de selección real. Al parecer, había nacido en los barrios bajos de Kararagi y después había ascendido a su posición actual sólo por los méritos de su genio. Una gran casa mercantil, tan famosa como cualquier nación, estaba a su servicio, y ella se había declarado candidata al trono real. No era la primera vez que Subaru sentía que la persona que tenía ante sus ojos no se parecía a ninguna otra que hubiera visto antes.
—¿Cómo puedes hacer tanto…? ¿No tienes miedo al fracaso?
—Vaya, vaya, vaya. Natsuki, ¿po’ fin te inte’esaste de ve’dad po’ mí?
Subaru no tenía un plan; simplemente había expresado sus sinceras dudas. Tal vez, al igual que Anastasia, formuló la pregunta porque por fin la estaba mirando de frente: no a un oponente problemático, no a alguien relacionada con Julius, sino a Anastasia, la persona.
—F’acaso, ¿eh? Yo di’ía que también tengo miedo de eso. No es que haya ganado todas las batallas que he lib’ado pa’a llega’ a donde estoy aho’a. Sólo he ganado las que ‘realmente impo’taban.
—¿Nunca te preguntas si has ganado suficientes apuestas? Quiero decir, ya tienes bastante. Eres una gran comerciante, tienes mucha gente a tu alrededor, y…
—… ¿‘Ealmente puedo deci’ que tengo suficiente? Ni siquie’a sé qué me satisfa’ía.
Su voz grave y sus penetrantes ojos azul claro hicieron que Subaru la mirara sin darse cuenta. Cuando Subaru se quedó callado, Anastasia finalmente suavizó los labios y cambió de tema de repente.
—Yo… tengo un sueño.
Subaru no dijo nada mientras golpeaba con un dedo el mostrador, ignorándole.
—He llevado ese sueño conmigo desde mi época en los ba’os bajos, sin sabe’ nunca lo que me depa’a’ía el día siguiente, esfo’zándome al máximo por vivi’… Quie’o todo lo que esté a mi alcance.
—Todo… lo que esté a tu alcance…
—Mi sueño es ve’ quién puedo llega’ a se’, hasta dónde puedo llega’. Pe’o no cede’é ni un ápice hasta que esté satisfecha de habe’lo conseguido. Mient’as viva, todo lo que pueda alcanza’ y agarra’ se’á mío. ¿Mo’i’é sin un centavo? ¿O mo’i’é colmada po’ las innume’ables posesiones que me ‘odean…? Mi vida es una g’an contienda hasta que obtenga uno u ot’o ‘esultado.
Subaru estaba abrumado.
Se dio cuenta de que la chica de baja estatura que tenía delante era una persona increíble, alguien a quien incluso podría admirar.
Su carácter fundamental como ser humano difería del de Crusch y Priscilla. El poder de su carisma no era en absoluto inferior al de ellas. No, para Subaru, en aquel momento, tenía una impresión mucho más favorable de ella que de las otras dos. Con la división entre él y la sabelotodo de Crusch, y teniendo en cuenta el arrogante despido de Priscilla, pensó que Anastasia podría ser un último hilo de esperanza enviado por el cielo con el que podría contar.
Para Subaru, incapaz de reunir refuerzos, ésta era una última posibilidad si quería pedir fuerzas a los demás.
—Hey, Anastasia. Hay algo de lo que realmente quiero hablarte…
Subaru, que al principio había tratado a Anastasia como una molestia a la que había que apartar, ahora se mostraba dócil con ella. Puedo confiar en ella. En ese momento, la imagen de Julius parpadeó en el fondo de su mente, apuñalando el pecho de Subaru, pero reprimió esa herida emocional con todas sus fuerzas mientras intentaba abordar el tema.
—Detente, tiempo mue’to. Sólo has sido tú haciendo p’eguntas todo este tiempo. Estoy feliz de que te hayas inte’esado en mí, pe’o esto no es muy justo, ¿ve’dad?
Anastasia puso el grito en el cielo y detuvo su decidido movimiento.
—Eso no es suficiente para llamarlo… No, no importa. Háblame.
—Sí, sí, el comp’omiso es muy impo’tante. Es una cuestión de ‘elaciones pe’sonales que viene incluso antes de negocia’… Natsuki, pa’ece que te vas de la capital ‘eal, pero ¿has hecho suficiente tu’ismo?
—No lo llames algo casual como hacer turismo, hay que ver. No puedo decir que sí, y seguro que tú tampoco. ¿De verdad es el momento para un viaje sólo para sentirse mejor?
Subaru rechazó el tema interrumpiendo su tren de ideas.
—No pienso limita’me a viaja’, pe’o no te ‘esistas a ve’ luga’es de inte’és. A la gente le gusta explora’ un luga’ con mucha gente y echa’ un vistazo aquí y allá.
A medio camino, la sonrisa tensa de Anastasia desapareció mientras bajaba ligeramente la voz. Aquel cambio en su comportamiento y expresión robó la atención de Subaru. Señaló la calle con la barbilla.
—El ambiente en esta avenida cambió, como la anterio’ zona tiendas. ¿Lo notaste, Subaru?
—… Ahora que lo mencionas, de alguna manera se siente mucho más hostil.
Subaru sólo había conocido la capital real durante varios días y horas, pero incluso él podía sentir que el aire de la capital real era diferente en su piel.
—Las ca’as de la gente han cambiado. Habla’ de la selección ‘eal sacó de la nada a todo tipo de ava’os.
—Creo que no eres quien para hablar, sobre todo cuando eres tú la que se mete en sus asuntos…
—Oye, cuando compa’as a la gente que va po’ montoncitos de monedas con una chica que va det’ás de todo un ‘eino, son bastante patéticos. Además, en los negocios, la velocidad es el nombre del juego… Cuando mi’as lo que hace la gente con olfato pa’a el dine’o, ves más el pano’ama gene’al.
Anastasia pensaba en «el panorama general» de una forma que Subaru no podía comprender.
—Cuando los de a’iba se mueven, la gente empieza a move’se. Cuando la gente se mueve, las cosas también se mueven. Así que aho’a mismo, los me’cade’es viaje’os están llegando a la capital ‘eal desde todas pa’tes. Si la gente está allí, las cosas le siguen. Así que puedo ve’ esto y aquello sob’e lo que está por veni’.
—Las cosas que ves… ¿son mercancía? ¿Hay algún significado especial para lo que están vendiendo ahora mismo en la capital?
—Te diste cuenta enseguida. Po’ cie’to, los p’ecios de bastantes p’oductos están fluctuando po’ aquí en este momento, pe’o las cosas hechas de metal se han enca’ecido especialmente. Alguien se está haciendo con a’mas como espadas y lanzas dent’o y fue’a de la capital.
—Hierro y armas. Me parece haber oído hablar de eso antes… Ahh, de Otto.
La conversación era de cuando había viajado con Otto durante su paso por el bucle actual. Otto se había ahogado en bebida porque llevaba una gran cantidad de mercancía difícil de vender; al parecer, su quiebra estaba realmente asegurada.
—Espadas y armaduras… ¿Así que no sólo hierro en sí, sino armas y esas cosas? No creerás que la gente que reúne todo eso planea empezar una guerra, ¿verdad?
—¿Quién sabe? Es posible que el objetivo sea de natu’aleza más financie’a. Trabaja’ el me’cado a tu favo’ es ‘azón más que suficiente. Los come’ciantes se confabulan bastante ent’e ellos… Si c’een que vale la pena consegui’ algo, lo aga’a’án por el cuello.
Subaru aceptó de buen grado el razonamiento de Anastasia. Sin duda, los comerciantes estarían agradecidos si otra parte les creara una oportunidad de negocio favorable. Una industria próspera estaba relacionada con una ciudad próspera.
—Por la forma en que hablas, ¿la persona que reúne el hierro es bastante conocida? Entonces, ¿quién es…?
—Es alguien que conoces muy bien, Natsuki.
—¿Alguien que conozco…?
—La Duquesa Crusch Karsten. Ella ha estado en una jue’ga de comp’a de hie’o aquí en la capital.
—¿Crusch…?
Subaru, que había estado siguiendo alegremente la conversación, se sorprendió al oír el nombre de alguien tan cercano a él. Pero cuando lo pensó, las cosas cuadraban. Crusch había estado recibiendo invitados día tras día; quizá no sólo trataba con influyentes figuras políticas, sino que también negociaba con mercaderes y regateaba mercancías.
—Ya veo, así que por eso Russel apareció…
—¿Russel Fellow? Es un pez go’do.
Naturalmente, Anastasia reconoció al instante el nombre de Russel. Y gracias a la información de Anastasia, las piezas dispersas del rompecabezas se fueron conectando dentro de Subaru.
—¿Así que toda esa gente entrando y saliendo, poniendo carga en el patio incluso en mitad de la noche, era todo una estrategia para poner a los mercaderes de su parte?
Recordó que la noche en que había intercambiado copas con Crusch, los criados trabajaban afanosamente por toda la casa. Pero parecían moverse con un propósito mayor que el de recoger objetos de metal. Parecían esperar algo más grande que eso…
—… Bueno, no es que tenga algo que ver conmigo ahora.
Al principio, Subaru sintió el impulso de perseguir su duda, pero desistió a medio camino y la dejó a un lado. Lo que Crusch estuviera planeando o lo que estuviera perturbando la economía de la capital real no tenía nada que ver con él. Lo único que le importaba a Subaru ahora era encontrar una forma de oponerse al Culto de la Bruja. No había nada más. Entonces, ¿por qué tenía que darle vueltas a consideraciones innecesarias como ésa?
Mientras los pensamientos de Subaru se detenían, Anastasia murmuraba a su lado.
—… Vaya, vaya, tend’é que tene’lo en cuenta.
Subaru levantó la vista, percibiendo un tono especialmente grave en su voz, cuando vio que ella le tendía suavemente la palma de la mano. Sin pensarlo, Subaru agarró el garabato que necesitaría para obtener un carruaje de dragón.
—G’acias, Natsuki. Me diste suficiente de lo que quería oír.
El garabato y la sonrisa de Anastasia le dijeron a Subaru que la conversación había terminado. Pero Rem aún no había llegado al establecimiento. Y, sin embargo, había utilizado la palabra suficiente…
Cuando los pensamientos de Subaru llegaron a ese punto, se dio cuenta —demasiado tarde— de que algo no iba bien.
—… ¿Fue una coincidencia?
—… Bueno, Natsuki, ¿qué te pa’ece?
Mientras Subaru apretaba los dientes, Anastasia se dirigió a él con indiferencia. Sus ojos azul claro parecían ver a través de Subaru, como si no fueran a dejar escapar el cambio en su expresión.
… Como una estafadora observando a alguien que cayó completamente en su acto.
—Así que preparaste todo ese pequeño «encuentro casual» en la calle sólo para preguntarme sobre esto.
—Anoche te peleaste con Crusch y toma’on caminos sepa’ados, ¿no? Me imaginé que aho’a se’ías más fácil de lee’, en todos los sentidos. Tus palab’as, tus ojos y tus exp’esiones.
Le había engañado. A Subaru le hirvió la sangre y se le hizo un nudo en la garganta.
—¡¿Cómo puedes estar tan satisfecha contigo misma?! ¡Emboscando a la gente así…!
—También me duele el co’azón. Pe’o es difícil son’eí’ e inte’cambia’ info’mación sin p’roblemas con nuest’a ‘elación. Es natu’al que’e’ algún segu’o cuando haces negocios con alguien en quien no confías.
La forma en que le miró fijamente y le tachó de indigno de confianza le dolió en el alma. Poniéndose una mano en el pecho, Subaru miró a Anastasia con resentimiento.
—Así que me juzgaste mal sólo porque no te caigo bien…
—¿Te juzgué mal…?
—¡Digo que te distraes con las estupideces que tienes delante y te pierdes lo importante! ¡Aunque luego te arrepientas de tus errores y de haber perdido el camino correcto…!
—Me p’egunto qué está bien y qué está mal aquí. Bueno, cada uno tiene su opinión, pero yo te da’é la mía. —Anastasia ladeó ligeramente la cabeza mientras Subaru rechinaba los dientes, sin que su encantadora sonrisa flaqueara en ningún momento—. Si quie’es que la gente c’ea que tu camino es justo, tienes que mostra’les algo conc’eto que ‘espalde tu afi’mación. No veo eso en ti, Natsuki. No puedo evita’ valo’a’te menos po’ la falta de ello.
—…
—Tu valo’ lo decide lo que has hecho… En ot’as palab’as, tu pasado. No impo’ta lo que hagas, no puedes cambia’ el pasado. Así que el valo’ del Natsuki que conozco no ha cambiado ni un ápice. —Anastasia se palmeó su modesto pecho y miró a un Subaru enfurecido con los ojos entornados—. Cuando cometes un error, nunca, nunca desapa’ece.
—¡¡…!!
—Oiga, Onii-san, no se acerque más a Anastasia-ojou. Mimi es súper fuerte, ¿de acuerdo?
Cuando Subaru dio un paso adelante sin darse cuenta, Mimi le estampó un gran bastón contra la cara. Se había interpuesto entre Subaru y Anastasia, adelantándose a la pérdida de control de Subaru.
—G’acias, Mimi. Pero no necesitas hace’ nada. Segu’o que Natsuki no puede hace’ nada.
—¡…! ¡¿Cómo puedes simplemente… decidir que no puedo hacer nada…?!
Mientras Subaru escupía y gritaba, Anastasia puso distancia entre ellos y cruzó las manos detrás de ella, ladeando la cabeza.
—Ahh, ¿di en el clavo? Lo siento si lo hice. Pe’o no me disculpa’é por usa’te. Es una ‘egla de hie’o ent’e los me’cade’es toma’ cualquie’ cosa que no esté ato’nillada. Además, ninguno de los dos dijo nada que nos hi’ie’a pe’sonalmente, ¿ve’dad? Me p’eguntaste lo que quisiste, y ‘espondiste a va’ias de mis p’eguntas, Natsuki.
—¡Eso es sólo porque tú me llevaste a ello! Es sucio… Es turbio, ¡maldita sea!
—Te lo dije al p’incipio, miento y engaño. Y cuando me of’ecí a pone’lo por esc’ito, fuiste tú quien no quiso, ¿ve’dad, Natsuki?
—¡Nunca dije nada de eso…! ¡Eres lo peor, ama y sirviente por igual! ¡Vete a la mierda!
Debería haberse mantenido fiel a su instinto inicial, a la aversión que había sentido en cuanto vio su cara en la Calle del Mercado. Debería haber sabido que era lo peor de lo peor por el simple hecho de que Julius la servía. Ella lo había manipulado mediante el arte de la conversación para que creyera que podía ser digna de confianza.
De verdad, ¿cuánta desgracia tenía que soportar antes de que la gente estuviera satisfecha?
—… Tampoco te he compensado po’ Julius. Bueno, eso también fue en pa’te culpa mía.
Subaru no prestó atención a las palabras de Anastasia cuando estaba a punto de romper el papel que tenía en la mano y tirarlo a la basura, pero vaciló justo en la cúspide de esa acción impulsiva, sabiendo que entonces realmente no habría ganado nada por todo lo que había soportado.
—Me alivia sabe’ que no e’es tan estúpido… Mimi.
—¡Muy bien! ¡Onii-san, gire hacia aquí!
Subaru respiraba de forma entrecortada y agarraba el papel con la mano cuando Mimi levantó su bastón. Subaru se quedó clavado en el sitio mientras una pálida luz envolvía suavemente su rostro.
—¡Sana, sana, colita de rana…!
—…
Usando magia, le curó el corte en el labio que tenía antes de su encuentro inicial.
Mientras Subaru se quedaba sin habla, Mimi le sonreía, aparentemente sin importarle lo más mínimo.
—Ojou es muy exigente, pero nunca quiere hacer cosas malas, así que perdónala, ¿sí? Por eso no tiene amigos.
—Mimi, no hace falta que le digas eso… Bueno, nos vemos, Natsuki.
Anastasia lo había destrozado hasta el punto de que incluso su seguidora se había apiadado de él. Los hombros de Subaru temblaron cuando Anastasia le dio la espalda.
—Añadi’é una última lección sob’e los fundamentos de la negociación, Natsuki. —Anastasia permaneció de espaldas a él mientras levantaba un dedo y hablaba—. El sec’eto es p’epa’a’ todo lo que puedas antes de llega’ a la mesa de negociación. Ap’ende’ pequeños t’ucos fo’ma pa’te de pone’ la situación a tu favo’. Tienes que conoce’te a ti mismo y pone’ delante de la ot’a pa’te lo que quie’e. Donde te quedas co’to, Natsuki, es que quie’es y deseas, pe’o no tienes nada que ofrece’ a cambio.
Él no sabía el verdadero motivo de Anastasia. Aunque la escuchara, no tenía sentido.
Pero pronto comprendería el significado de esas palabras.
—¡Muy bien, gente, nos vamos! —gritó Anastasia dando una palmada. Subaru enarcó las cejas ante su gesto cuando los clientes del local se levantaron de sus asientos a la vez. Juntos, hasta el último cliente del local, lleno hasta las esquinas, siguió a Anastasia a la salida.
Todas las personas del grupo llevaban capucha, ocultando su verdadera identidad. No obstante, cuando miró más profundamente, había protuberancias antinaturales bajo sus capuchas. Por ello, Subaru dedujo que probablemente ocultaban orejas de animales.
Claro como el agua, el nombre del ejército privado de Anastasia saltó del fondo de su mente: los Colmillos de Hierro.
—¿Qué, todos estaban todos aquí? Ah, Onii-san, ¡hasta luego!

Mimi sonrió a sus camaradas mientras salían y le hizo un gesto con la mano a Subaru antes de salir corriendo. Los únicos que quedaban en el local eran Subaru y el propietario.
… A eso se refería con lo de preparar todo lo que puedas antes de sentarte a la mesa.
—¡¡Mierda!!
Incapaz de soportar su propia inutilidad, Subaru golpeó con el puño el tablero de la mesa. Al no quedar clientes en el establecimiento, el propietario se retiró en silencio a la parte de atrás. Su rostro era tan conflictivo como el de Subaru.
Subaru se quedó así, con los hombros temblando por la humillación, cuando una voz le llamó.
—¿Subaru-kun?
Era Rem. Ella había arreglado para que se reunieran en ese lugar, y ahora se apresuró a estar a su lado.
—Subaru-kun, ¿qué pasa? ¿Ocurrió algo…?
—… No es nada, Rem. ¿Qué tal te fue?
Subaru interrumpió la voz preocupada de Rem, ocultando con todas sus fuerzas su actual humillación. Aunque le contara a Rem cómo Anastasia había sacado lo mejor de él, no cambiaría nada. Ante la actitud rígida de Subaru, Rem cerró la boca, y luego informó cortésmente de los resultados de sus actividades.
—Informé de las maniobras encubiertas del Culto de la Bruja a la guarnición de los Caballeros. Al invocar el nombre de Roswaal-sama, no fui despedida al instante en la puerta, pero…
La torpe elección de palabras y el tono frágil de su voz en la última parte le dijeron a Subaru cómo había ido aquello. Era más probable que Rem, la sirvienta de Roswaal, tuviera éxito en incitar a los Caballeros a la acción que Subaru, que les guardaba rencor. Intentar explotar eso fue su último acto de resistencia, pero…
—¿No te dieron una buena respuesta?
—… Parece que los Caballeros tienen un revoltijo de informes similares. Pocos detalles concretos se conocen sobre los fundamentos del Culto de la Bruja, y aparentemente un flujo interminable de pistas fluye con constancia sin ninguna forma práctica de verificarlas.
—Ahh, ahora lo entiendo. Esto es en serio como cuando tenían verdaderos juicios de brujas… No da nada de risa si así es como el Culto de la Bruja se esconde en realidad.
El gran número de personas temerosas del Culto de la Bruja que acechaba en las cercanías dio origen a fantasmas imaginarios en cada rincón de la tierra. Esos miedos tomaron forma de propinas a los Caballeros, arrastrando como resultado el valor de cualquier pista real. De alguna manera, eso parecía retrógrado.
Tanto la arrogancia de los Caballeros como la vileza del Culto de la Bruja eran culpables. Los Caballeros deberían haber investigado rigurosamente todas y cada una de las posibles pistas relacionadas con el Culto de la Bruja, teniendo en cuenta que eran una plaga para todos.
Con eso, Subaru comprendió que todas sus jugadas habían fracasado.
—Si reunir refuerzos no es posible… Lo odio, pero no hay forma de evitarlo.
—¿Qué vas a hacer?
—No hace falta decirlo. Volveremos a la mansión y sacaremos a Emilia y Ram de allí. Las traeremos aquí, a la capital o a donde sea que Roswaal se haya ido, el destino no importa. De todos modos, donde están ahora es peligroso.
La sonora carcajada de Petelgeuse revivió en su cabeza. El puño de Subaru tembló de frustración. Aunque lo único que deseaba era pulverizar el esquelético rostro de aquel bastardo, no disponía de los medios necesarios. Incluso si decidía enfrentarse al enemigo con sus recursos actuales, implicaría, de forma invariable, poner a Rem en la punta de la lanza.
… Evitaría eso a toda costa. Hacer daño a Rem por los pensamientos y acciones de Subaru era impensable. Él no podría soportarlo.
Si no podía reunir fuerzas para luchar contra Petelgeuse, enfrentarse a ellos era impensable. Cualquier opción que significara perder a Rem estaba descartada.
Incluso entonces, la sed de sangre le hacía hervir por dentro. El odio inagotable era como una maldición que resonaba una y otra vez dentro de su cráneo.
—Disculpa, Subaru-kun. En realidad, sobre el carruaje de dragón necesario para volver a la mansión…
—… ¿Es difícil conseguir uno? En ese caso…
Mientras a Subaru le hervía la sangre, Rem abordó un tema que a ella le parecía difícil de sacar. Asintió ante su preocupación y le mostró el papel que Anastasia le había entregado. Como había prometido, tenía el nombre de la tienda y su firma. Era el premio de consolación de Subaru por su ignominiosa derrota durante las negociaciones.
—Si vamos a este lugar y hablamos con ellos, deberían tratarnos bien… de eso estoy seguro.
—¿En serio? Esto es bastante increíble… ¡Justo lo que esperaba de ti, Subaru-kun!
—«Lo que esperabas». Esperar, eh… Jaja, eres graciosa, Rem.
—¿…?
Rem, sin tener ni idea de cómo había llegado a sus manos, no podía haber querido decir nada malicioso o irónico con ello. Aun así, Subaru no pudo evitar que se le escapara una risa seca.
—No hay tiempo. Pongámonos en marcha.
Tirando de la desconcertada Rem, Subaru salió a la calle principal en dirección a la tienda indicada. Molesto por los ruidos estridentes y desorganizados, chasqueó la lengua mientras caminaba.
—Si podemos salir de la capital en medio día, podemos volver a la mansión al tercer día. Si hacemos eso, deberíamos tener tiempo para rescatar a Emilia y a los demás.
Subaru había repasado sus recuerdos de la primera vez una y otra vez para asegurarse de ello. La razón por la que no podía afirmarlo con absoluta certeza era porque no podía confiar en sus recuerdos de la segunda vez. Natsuki Subaru había desperdiciado el tiempo que le habría permitido comparar y estar más seguro.
—La segunda vez… ¡Mierda! ¡¿Cuántos días no estuve en mi sano juicio…?!
Se rascó la cabeza, reprochándose sus inútiles recuerdos y su inservible yo mientras seguía caminando. Detrás de Subaru, Rem, cuyas zancadas eran de una longitud diferente a las de él, se esforzaba por igualar su velocidad a la de él.
Pero Subaru nunca se dio cuenta de que Rem lo hacía, porque se había olvidado de mirar atrás.