Quédate a mi lado Pléyades: Las varoniles negociaciones de Petra
QUÉDATE A MI LADO PLÉYADES: LAS VARONILES NEGOCIACIONES DE PETRA
1
——En la Ciudad Comercial de Picoutatte se celebraba una tensa negociación comercial con la Compañía Suwen.
La representante era Emilia, candidata a la selección real, acompañada por su respaldo, el Margrave Roswaal. A pesar de que Otto, el hijo de la familia, regresaba a casa tras una larga ausencia, la actitud de Mazeran y Framir Suwen fue de una imparcialidad tan absoluta que daban ganas de aplaudirlos; eran comerciantes hasta la médula.
De cualquier forma, el contenido de la “mercancía” solicitada lo justificaba. Era natural que fueran cautelosos. El punto central de la negociación era un método para entrar al Imperio de Vollachia, al sur, el cual había sellado sus fronteras y prohibido el tránsito entre ambas naciones. En pocas palabras: la intermediación para una infiltración ilegal.
Sobra decir que una entrada ilegal es un acto ilícito. Si se trataba de infiltrarse en el Imperio, conocido por sus políticas feroces, ser descubiertos no terminaría en algo simple. Además, la posición de los involucrados en esta infiltración era sumamente problemática, refiriéndose a la presencia de Emilia y Roswaal.
Aunque estando cerca de ellos no se sentía con frecuencia, ambos eran figuras cruciales del Reino. Especialmente Emilia, de quien se podría decir que es una persona de una importancia incomparable, incluso frente al Margrave Roswaal.
—Si solo fuera el señor Roswaal, quizás todo terminaría con su decapitación, pero si descubren a la señorita Emilia, podría estallar una guerra con el Imperio...
A pesar de que sus pensamientos estaban teñidos de cierto prejuicio, Petra sabía que no era una exageración.
Petra Leyte estaba ocupada; corría de un lado a otro sumida en una actividad incesante. Tras dejar su hogar en la aldea Arlam para esforzarse como una persona responsable, Petra tenía muchísimas cosas que aprender día tras día: sus deberes como doncella, la educación necesaria para alguien al servicio del Margrave Mathers y el entrenamiento físico y mental para sus objetivos personales. Le faltaban dedos en las manos para contar sus tareas.
Y según lo que Petra había aprendido en medio de su ajetreada vida, la relación entre el Reino y el Imperio era extremadamente tensa; en el pasado, pequeños incidentes habían provocado disputas entre ambas naciones en repetidas ocasiones.
De acuerdo con diversos registros en los libros de historia, existían innumerables guerras que comenzaron por razones insignificantes. Comparada con esas chispas, la presencia de Emilia era mucho más que una simple chispa. Era un acto tan peligroso como arrojar a un Otto borracho dentro de un almacén lleno de piedras mágicas de fuego.
Por lo tanto...
—Tengo que esforzarme para no ser un estorbo para la señorita Emilia.
—Petra-chan, ¿estás lista?
—¡Eep!
Sentada sobre su equipaje recién terminado, Petra dio un respingo que hizo saltar sus hombros mientras reafirmaba su determinación. No fue solo porque le hablaran de repente. Era porque quien hablaba era Otto— el mismo Otto al que, en su mente hacía un momento, había emborrachado y arrojado a un almacén repleto de piedras mágicas.
—Vaya, qué grito tan adorable. ¿Te asusté tanto?
—N-No, estoy bien. Es solo que justo estaba empujando a Otto-san a un almacén lleno de piedras mágicas de fuego.
—¡¿Me estabas empujando a un almacén de piedras mágicas?!
—Ah, no te preocupes por eso. ¡No es nada importante!
— Es un problema enorme para el yo dentro de la cabeza de Petra-chan… De alguna manera, eso te hace parecer exactamente como la pupila estrella de la señorita Frederica."
Petra, que estaba borrando de su imaginación a Otto junto con todo el almacén, abrió mucho los ojos ante esas palabras. Era un cumplido que la hacía feliz. Después de todo, Frederica era el modelo a seguir de Petra y su meta en la vida.
La razón por la que Petra estudiaba tanto era, por supuesto, para estar a la altura de Subaru, la persona que amaba. Pero también era vital no causar molestias a Emilia, a quien servía, y una promesa absoluta el no avergonzar a su instructora, Frederica. Por eso, que le dijeran que se parecía a ella la alegraba.
—Pero preferiría que guardaras ese cumplido para un momento más importante.
—Bueno, no necesariamente era un cumplido... Pero realmente tienes mucha ambición, Petra-chan, eres admirable. Hay mucha gente que debería aprender de ti...
—¿Tú crees? Yo pienso que Otto-san también es el tipo de persona que siente que vale la pena esforzarse cuando la recompensa está en un lugar difícil de alcanzar.
—Ya veo. Ahora que lo dices, puede que sea cierto.
Es más gratificante ser elogiada por lograr algo difícil que por algo sencillo. Otto asintió ante la opinión de Petra y luego levantó una ceja con un "¡Ah!".
—Ya casi es la hora acordada. Vine a buscarte por eso, pero veo que tus preparativos están listos.
—Sí, perfectamente.
Ante Otto, quien recordó su propósito original, Petra dio una vuelta sobre sí misma para mostrarse. Su vestimenta había cambiado radicalmente: de su habitual uniforme de sirvienta a un atuendo de viaje recién estrenado. Una chaqueta de mangas amplias y una falda a la rodilla con pantalones debajo para facilitar el movimiento; era el resultado de equilibrar el estilo con la preparación para el viaje, considerando el papel que le tocaría desempeñar.
—Tuve cuidado de no llamar la atención de forma extraña, ¿qué te parece?
—Sí, creo que se ve muy bien. Como siempre te veo con el uniforme de sirvienta, te ves muy fresca así.
—Mmm... no quiero esa clase de impresión, me refiero a si me veo linda o no.
—Ah, lo siento. Estás muy linda. Te queda muy bien.
Al recibir la respuesta deseada de inmediato, Petra sonrió satisfecha con un "¡Claro que sí!".El corazón de una joven es complicado: no debe destacar por las razones equivocadas, pero tampoco quiere pasar desapercibida. Al haber buscado ese equilibrio perfecto, necesitaba una evaluación adecuada.
De ser posible, le habría gustado mostrarle este atuendo a Subaru y escuchar su opinión con su propia voz, pero...
—No te preocupes. Sin duda nos encontraremos con él.
—...
—¿...? ¿Qué sucede?
Ante el repentino silencio de Petra, Otto ladeó la cabeza con extrañeza. Lo que resultaba un poco irritante de él era que ni siquiera se daba cuenta de que su comentario era especial; tenía esa capacidad de leer los sentimientos de Petra y decir lo correcto sin jactarse de ello.
—... Otto-san, en momentos como este siempre das en el clavo a la primera.
— Oh, ¿acaso me estás regañando?
— Lo estoy elogiando —aunque de mala gana.
—Incluso si me elogias así, no me siento muy aliviado...
Mientras Otto se rascaba la cabeza con una mueca, Petra sintió que su mal humor se disipaba. Luego, dirigió sus ojos redondos hacia el exterior de la habitación, en dirección al vestíbulo de la mansión. Tal como dijo Otto, era la hora acordada: el momento en que llegaría la persona esperada.
—El guía llegará pronto, ¿verdad?
—Sí. Gracias a la cooperación de la familia Regundra, el contrabandista que nos llevará al Imperio está en camino.
Otto cambió el tono y la miró con seriedad.
—Además de esa ropa tan linda, ¿está preparada tu valentía, mi joven señora?
—No seas impertinente, solo eres un sirviente.
Ante el tono burlón de Otto, quien ponía a prueba el “papel” de Petra, ella también respondió con una sonrisa arrogante, actuando exactamente según su rol asignado.
2
—Para cruzar la frontera, va a ser necesario que ustedes pasen por debajo de la tierra.
El guía, que ocultaba su rostro bajo una capucha profundamente caída, soltó aquellas palabras con una voz lúgubre ante el grupo. Era una figura de baja estatura, envuelta en una túnica donde destacaban manchas de barro reseco.
Aunque no mostraba la cara, Petra calculó que tendría más o menos la misma edad que su padre.
No parecía alguien de muchas palabras, pero proyectaba la imagen de un hombre con mucha experiencia; se mantenía firme y digno incluso ante la presencia de la familia Regrundra, los grandes mercaderes de la metrópoli de Picoutatte.
—Como mínimo, guardo las formas, pero no me acobardo más de lo necesario. En un oficio como el mío, si dejas que te subestimen demasiado, el negocio deja de funcionar, jovencita.
—Ah...
—Discúlpeme. Es un gesto de mala educación por mi parte el escudriñar la expresión de una señorita mientras yo mismo oculto mi rostro, pero... Vaya, vaya.
Petra bajó la mirada instintivamente al sentir que la reprendían por su observación indiscreta. En ese momento, Garfiel se interpuso entre ella y el guía con una zancada, fulminando al hombre con una mirada feroz.
— E’cucha, dej’ de amenazar a nue’tra prince’a. Si n’, va’ a pasar’o muy mal.
—¿Pasarlo mal? ¿Se refiere a lo que usted pueda hacerme?
—No, no hab’o so’o de mí. Hab’o de tod’s los demás.
Garfiel mostró los colmillos y señaló con la barbilla hacia afuera, obligando al guía a desviar la vista. En su campo de visión aparecieron Frederica y Ram, ambas vigilándolo con cautela.
Al igual que Petra, las dos vestían ropas de viaje en lugar de sus uniformes de sirvienta, pero el brillo afilado en sus ojos entrecerrados, sumado a su gran belleza, les daba un aire... bastante imponente. Como para respaldar esa presión, ambas le dedicaron una sonrisa al guía.
—Un oficio donde uno no puede dejarse pisotear, me parece perfecto. Sin embargo...
—Por favor, comprenda que somos clientes mucho menos delicados de lo que sugieren las apariencias.
—... Mis disculpas. Veo que llevo las de perder —respondió el guía, ajustándose más la capucha y rindiéndose ante la intensidad de aquellas miradas.
Sintiéndose orgullosa de sus dos figuras de hermanas mayores, tan confiables como siempre, Petra le dio un toquecito en la espalda a Garfiel.
—Gracias, Garf-san.
—¡Bah!, so’o hic’ lo qu’ debía. Mientras e’ Capitán no está, mi deb’r es proteg’r a los compañero’ d’ la facción. Así qu’, señorita Petra, no ande’ de aquí para allá tan de’preocupada.
—Yo no ando "de aquí para allá". No me trates como a una niña.
Hinchando los mofletes ante la broma de Garfiel, Petra le dio una palmadita en la espalda. Luego, para no arruinar la relación con el guía, se disculpó:
—Lo siento, fue una falta de respeto mirarlo tan fijamente. Entonces, usted es...
—Musica, ese es mi nombre.
—Señor Musica, usted nos llevará, ¿verdad? Hasta el Imperio.
Ante la pregunta de Petra, el guía —Musica— asintió profundamente tras un breve silencio. Al recibir esa confirmación, Petra sintió cómo una silenciosa expectativa crecía en su pecho. Por fin, la búsqueda de Subaru y los demás, quienes estaban desaparecidos, comenzaba en un sentido real.
Contactar con un contratista de infiltración ilegal había conllevado dificultades considerables. El mayor obstáculo fue, sin duda, la negociación con la familia Regrundra, los mercaderes ricos que tenían el vínculo con Musica; incluso con la mediación de la Compañía Suwen, las conversaciones fueron complicadas.
O mejor dicho, se podría decir que fueron complicadas precisamente porque la familia Suwen estuvo de por medio.
— Lady Diadora, gracias por la presentación.
—... No, no hace falta que me des las gracias. Esto también me reporta beneficios a mí.
Quien respondió al agradecimiento de Petra fue Diadora Regrundra, una mujer de cabello largo y lujosamente ondulado. Fue gracias a su recomendación que pudieron contactar con Musica.
Sin embargo, la relación con Diadora era extremadamente compleja. Después de todo, ella era la figura influyente de la ciudad con quien Otto tenía una historia personal; la misma razón por la que él había evitado regresar a su hogar durante tanto tiempo.
La disputa entre Otto y Diadora fue un conflicto donde ambas partes habían cometido errores, pero tras reconocer que la irresponsabilidad pasada de Otto pesaba un poco más, se llegó a una reconciliación mediante una disculpa formal. Por supuesto, el hecho de que Diadora hubiera enviado asesinos tras Otto en aquel entonces fue una reacción excesiva, pero...
—Si se dice que mis acciones de aquel entonces, desesperadas y sin consideración por mi entorno, merecían la muerte, supongo que su reacción fue inevitable —había dicho Otto, aceptando totalmente su culpa al reflexionar sobre su pasado.
Fue la propia Petra quien, tras hablar con Diadora y conocer las circunstancias, sugirió a Otto que se disculpara. El hecho de que fuera una disculpa sincera y no solo de labios para afuera fue lo que conmovió a Diadora.
Al ver a Otto enfrentar el problema con tanta seriedad, Petra no pudo evitar pensar:
"Definitivamente, a Otto-san le falta un tornillo...".
— Lady Petra, ¿está lista?
—Ah...
De pronto, la voz la trajo de vuelta a la realidad y Petra parpadeó sorprendida. Por un segundo, la forma en que la llamaron le resultó extraña, pero al notar la mirada de Diadora, recordó de inmediato su "papel". Petra se armó con una sonrisa y se ajustó su máscara de actuación.
Frederica y Ram con sus ropas de viaje, junto a Garfiel y Otto, esperaban en silencio y con naturalidad las palabras de la joven a la que ahora trataban con honoríficos. Y no solo ellos...
—No esté tan tensa. Puede estaaaar tranquila, Lady Petra.
—Así es. Puede contar con nosotras para lo que sea, de verdad.
Al escuchar a las dos personas que se alinearon detrás de ella, a Petra casi se le tuerce el gesto, pero resistió el impulso. Después de todo, ella era una joven dama de alta alcurnia en una situación delicada y...
—... Gracias. Cuento con ustedes, Dudley, Emily.
... Porque ella era la digna maestra de esos dos que usaban nombres falsos: Roswaal y Emilia.
3
Al infiltrarse ilegalmente en el Imperio de Vollachia, el punto más crítico era, por supuesto, que no se descubriera la identidad de Emilia y, de paso, tampoco la de Roswaal.
Como ya se mencionó, debido a la relación entre el Reino y el Imperio, si sus verdaderos orígenes salían a la luz, podrían desencadenar una guerra. Por tanto, durante el transcurso de la infiltración, era imperativo ocultar quiénes eran.
Para ello, se creó una “coartada”: Petra actuaría como una joven dama de la nobleza con circunstancias especiales, mientras que el resto de los acompañantes se disfrazarían como sus sirvientes personales o escoltas expertos.
—Es algo inapropiado, pero me siento muuuuy emocionada —comentó Emilia, quien llevaba puesta la habitual túnica de “obstrucción cognitiva” y se hacía pasar por escolta bajo el pseudónimo de “Emily”.
En el caso de Frederica y los demás, que ya eran doncellas, o de Garfiel y Otto, oficiales militar y asuntos internos respectivamente, sus papeles no se alejaban de su realidad cotidiana y no resultaban extraños. Sin embargo, la presencia de Emilia generaba una gran disonancia.
Originalmente, a Emilia no se le daba bien mentir ni ocultar cosas. Siendo la personificación de la bondad, sincera y honesta por naturaleza, tenía la debilidad de que le dolía el estómago cada vez que mentía.
Por supuesto, ella estaba rebosante de entusiasmo, pero como ese entusiasmo a menudo terminaba siendo contraproducente, todos estaban con los nervios de punta vigilando sus palabras y acciones.
Por otro lado, en contraste con Emilia, que era un manojo de incertidumbre...
—Lady Petra, ¿no tiene sed? Si necesita cualquier cosa, no dude en pedírmelo a míii, por favor.
—…Esa cara tuya es realmente irritante.
—¡Oh, cielos!, por favor, deténgase. Nada de usar lenguaje formal con alguien de clase baja. Puede tratarme con la prepotencia habitual, no me importaría en lo más míiiinimo.
—…Tu cara es irritante, así que vete.
Dentro del carruaje de dragón, Petra respondió con una voz que ella misma reconoció como poco amable, torciendo los labios ante el hombre que intentaba atenderla con excesiva diligencia. El aludido se retiró con aire divertido, lo cual resultaba aún más exasperante.
Quien sacaba de quicio a Petra era Roswaal quien, al igual que Emilia —pero disfrutándolo incluso más que ella—, se deleitaba con la situación. Bajo el falso nombre de “Dudley”, actuaba como el mayordomo de Petra. Su vestimenta no era su habitual traje estrafalario, sino un atuendo de viaje elegante pero práctico, pensado para una larga travesía. No obstante, esa elegancia estaba diseñada para complementar a su “maestra”, sin destacar demasiado, lo cual encajaba con su buen gusto.
Con su largo cabello recogido en una coleta y su rostro lavado, sin el maquillaje de bufón... alguien que conociera a Roswaal L. Mathers difícilmente asociaría su imagen con la de este mayordomo.
—Es detestable que su maquillaje sea tan efectivo... —masculló Petra.
En el sentido de cambiar drásticamente su imagen, el vestuario y el maquillaje habituales de Roswaal surtían efecto ahora por su ausencia. A diferencia de Emilia, él podía camuflarse sin depender de efectos de “obstrucción cognitiva”, lo que demostraba que sus excentricidades diarias tenían una utilidad real.
Ver eso mientras se movilizaban para rescatar a Subaru dejaba a Petra con un sentimiento amargo y sin palabras.
—T’ enti’ndo perf’ctamente, señorita. “La fruta del árbol Kuye parece dulce, pero es ácida” —dijo Garfiel.
Para Petra, fue un consuelo que Garfiel comprendiera sus sentimientos. Al igual que ella, él tenía sus reservas respecto a Roswaal. En otras palabras, eran aliados en la “coalición de vigilancia estricta sobre Roswaal”. Otto también formaba parte de esta alianza, junto con otro miembro más...
—... Beatrice-chan.
—...
Ante el llamado de Petra, la niña sobre sus rodillas no respondió. Petra acarició suavemente la mejilla de la pequeña, que tenía un rostro pálido y dormido, similar al de una muñeca.
Beatrice dormía usando las pequeñas rodillas de Petra como almohada, manteniéndose en un estado de “ahorro de energía”. Aunque esto resultaba sumamente irrespetuoso hacia el papel de “noble dama” de Petra frente a extraños, no había problema. Esto se debía a que le habían explicado a Musica que Petra y Beatrice eran hermanas.
Según la historia, Petra era la hermana mayor y Beatrice la menor.
Petra recordó cómo Beatrice se había sonrojado y se había quejado, "Betty es muuucho mayor, supongo", y sus labios se curvaron suavemente. Las palabras de Beatrice eran tan propias de ella; sin embargo, Petra había crecido más, y, tras un año y algo desde su primer encuentro, la niña se estaba convirtiendo en una mujer joven —a diferencia del espíritu Beatrice, cuya hermosa forma nunca cambiaba.
—Mientras descansas así, el tiempo que pasamos juntas vuelve a distanciarse — susurró Petra frente al rostro dormido de Beatrice mientras tocaba su suave mejilla.
Aunque su deseo de reencontrarse pronto con Subaru era inmenso, Beatrice era una amiga muy importante para ella. Verla obligada a dormir así era mucho más doloroso que estar separadas.
—¿Cómo se encuentra su hermana menor? —La voz de Musica, que cabalgaba junto al carruaje, llegó a los oídos de Petra.
Musica guiaba al grupo montado en su propio dragón de tierra. ¿Preguntar por Petra en su papel de representante y por Beatrice sería cortesía o simplemente un intento de ganarse su favor? Petra sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos negativos.
—Gracias por tu preocupación. El estado de mi hermana no ha cambiado... supongo.
—... Ah, disculpe por preguntar una tontería. Si se fuera a recuperar solo con el balanceo del carruaje, no habrían tenido necesidad de hacer este viaje desde el principio.
—... En efecto —respondió Petra brevemente, advirtiéndose a sí misma que debía ser cautelosa.
La actitud de Musica podía parecer inquisitiva, pero también podía interpretarse como la de alguien que cumplía fielmente las órdenes de Diadora, su cliente principal, preocupándose por sus invitados. A menudo, la mala intención podía encontrarse —o no— dependiendo de cómo uno eligiera percibir las cosas.
—¿Se tomó la molestia de preocuparse por mi hermana?
—En parte, sí. Pero tampoco es algo que haría a propósito para ganarme las miradas fulminantes de sus escoltas. Además... ya casi llegamos a nuestro “lugar de trabajo”.
—¿Lugar de trabajo...?
Aunque no podía ver la expresión de Musica bajo la capucha, Petra notó que señalaba hacia el frente. Alzó la vista y agudizó la mirada más allá de Otto, que estaba en el asiento del conductor. El camino principal se había interrumpido hacía tiempo, adentrándose en tierras donde normalmente no entraría nadie, pero el destino estaba aún más al fondo.
Ese lugar era...
—El Cañón Shamrock. Es nuestro “lugar de trabajo”, por así decirlo.
—...
Al escuchar la voz de Musica, Petra entrecerró los ojos ante su destino. El Cañón Shamrock, situado al este de la ciudad comercial de Picoutatte, era conocido incluso en el vasto Reino de Lugunica como un lugar de mal agüero, rodeado de diversas anécdotas sombrías.
Se decía que era un paraje envuelto en una niebla perpetua donde se acumulaba una alta concentración de maná, y donde vagaban los “Hollows”1, las almas de los difuntos. Era una tierra salvaje que casi nadie se atrevía a pisar.
—Precisamente por eso, es un sitio ideal para cruzar la frontera en secreto, ¿no creeeeés?
—Sí, exactamente por eso. Tanto para nosotros como para los clientes que no tienen más remedio que confiar en nosotros, es como una bendición del cielo, ¿verdad?
—No t’ equivoca’, pe’o no me gu’ta cómo lo dic’s —gruñó Garfiel.
Ante el intercambio entre Roswaal y Garfiel, Musica se encogió de hombros y dirigió su atención hacia Petra. Parecía estar evaluando su reacción frente al infame cañón.
Sin embargo...
—Si nos resulta conveniente, usaremos el santuario de los Hollows o lo que haga falta. No hace falta que intentes leer mi expresión a cada momento.
—... Ya veo, es usted muy audaz. Una respuesta alentadora, se lo agradezco, respondió Musica con un rastro de sorpresa en la voz, inclinándose respetuosamente ante ella.
1: Los Hollows son un tipo de seres que son combinaciones de los rencores de los muertos, dejados atrás en el mundo de los vivos y
que no pueden regresar a Od Laguna, con espíritus malignos.
Mientras Petra asentía con aire majestuoso, Garfiel y Roswaal comentaron en voz baja para no ser oídos por el guía:
—Como era d’ e’perar, e’ la que tien’ más agall’s d’ nosotros.
—Sin duda, fue un acierto recomendarla a ella primero, ¿no creeeeés?
Aceptando el cumplido de Garfiel con sinceridad y el de Roswaal solo a medias, Petra esperaba con ansias la llegada al Cañón Shamrock. No era una bravuconería vacía: carecía de la timidez delicada para temer a los Hollows o vacilar ante rumores increíbles. Estaba lista para cruzar el valle brumoso de inmediato.
Aunque, si había una pizca de inquietud en ella, era...
—... Me pregunto si Frederica-nee-sama y los demás estarán bien.
Así es, le preocupaba la entereza de quienes viajaban en el otro carruaje que los seguía, donde se encontraba la otra mitad del grupo.
4
El Cañón Shamrock se encontraba envuelto en una niebla perpetua y un maná densamente concentrado.
El "atajo" literal que permitía cruzar desde el Reino de Lugunica hacia el Imperio de Vollachia había sido excavado en las profundidades de aquel remoto y siniestro lugar.
—Incluso si lo llaman un "lugar maldito", no hay nada que temer mientras se tenga a un guía —comentó Otto.
—Otto-san, tú no eres de los que se asustan con cosas como los Hollows, ¿verdad? — respondió Petra.
—Bueno, supongo que si viera uno real tendría mucho que decir, pero como hasta ahora no me he topado con nada parecido, así que considero que no hay nada que temer.
Para alguien como Otto, cuya vida dependía de las negociaciones, los seres humanos
—especialmente los mercaderes veteranos— eran mucho más aterradores. Petra estaba, en gran medida, de acuerdo con esa opinión.
De hecho, a pesar de lo irregular y accidentado del camino, la "Protección Divina de la Evasión del Viento " de los dragones de tierra seguía activa. El carruaje tirado por Frufoo, el amado dragón de Otto, avanzaba sin contratiempos. Por supuesto, el segundo carruaje, tirado por Patrasche la dragona de Subaru, seguía el mismo ritmo bajo las mismas condiciones, pero...
—¡Hii! ¡¡A-acabo de ver la cara de alguien flotando entre la niebla!! —gritó Frederica.
—Es el viento. La niebla se está agitando y simplemente te pareció ver eso —respondió Ram con desdén.
—¡Ah, espera, Ram! ¡Parece que alguien está llamando desde la niebla! Dice... "No te irás hasta que mueras ". ¡Qué terrible! ¡Tenemos que ir a ayudar! —exclamó Emilia.
—Es el viento. Al estar en un valle, las corrientes suenan como voces humanas — sentenció Ram.
A diferencia del primer carruaje, que avanzaba en silencio, el grupo liderado por Ram era un caos de ruidos y sobresaltos.
Aunque intentaba ocultarlo, Frederica era sumamente asustadiza. Reaccionaba con excesiva sensibilidad ante los Hollows o cualquier fenómeno extraño que no tuviera explicación. Por otro lado, según se decía, Emilia también solía temer a los Hollows, pero en su caso, el problema radicaba en que no sabía distinguir entre una persona viva y un espectro.
Mientras Emilia siguiera interpretando palabras de maldición como señales de auxilio, el estado de serenidad de Frederica aún estaba muy lejos.
—No me importa si nunca alcanza esa "serenidad". Ya tengo suficiente con cuidar de una sola persona —murmuró Ram.
—Ram-nee-sama... quiero decir, Ram, no puedo rebatir tu lógica.
Sea como fuera, gracias a que Ram mantenía las riendas tanto física como emocionalmente, el grupo de retaguardia logró atravesar el cañón sin perderse, llegando finalmente al "atajo" que buscaban.
—Aquí es...
—Nosotros lo llamamos “Oscuridad Eterna”2. Dicen que es un túnel que excavaron los antepasados de mis antepasados, hace más de cien años —explicó Musica.
—¿Los ancestros de Musica-san lo excavaron...? —preguntó Petra.
—Sí, con estas garras.
Frente a la cueva que abría su boca en la ladera de una pequeña colina, Musica se quitó lentamente la capucha ante una Petra que lo observaba impresionada. Al revelar su rostro por primera vez, todos abrieron los ojos con sorpresa.
—Siento haber sido descortés hasta ahora. Lo que pasa es que los de mi clase solemos ser detestados —dijo Musica con una sonrisa amarga.
Al decir esto, mostró las manos que hasta entonces ocultaba bajo su túnica: manos robustas dotadas de garras gruesas y afiladas. Su rostro estaba cubierto por un pelaje corto de color marrón oscuro; tenía una nariz redonda, una boca grande y orejas pequeñas. Se parecía a un ratón. A pesar de su baja estatura, su cuerpo redondeado no era por grasa, sino por una musculatura densa y poderosa. Sus ojos estaban rodeados por el mismo pelaje color tierra, lo que hacía difícil distinguir sus facciones incluso sin la capucha.
Aun así, Petra identificó de inmediato de quién se trataba.
—¿Un “Hombre-topo”?3
—Exactamente. No es común ver a uno de los nuestros, así que no sé si me ha reconocido porque la señorita es muy culta o porque nuestra mala fama nos precede.
2: O en japones Tokoyami puede referirse de muchas maneras como Oscuridad eterna, perpetua u oscuridad inmensurable.
3: Mogurabito en japones.
—... Creo que es porque me esfuerzo mucho en mis estudios —respondió Petra.
—Je, je, je... qué amable de su parte.
La risita de Musica podía interpretarse tanto como una ironía o como un agradecimiento sincero. Petra pudo imaginar que la raíz del autodesprecio de Musica estaba ligada a los rumores sobre los Hombre-topo y su historia de persecución.
Era una realidad que estaba estrechamente ligada a los ideales que Emilia defendía en su camino hacia la selección real.


—Iris y el Rey de las Espinas…
Al pronunciar Petra el nombre de aquella obra, Musica asintió en silencio, confirmando sus palabras. Esa pieza teatral, supuestamente basada en hechos reales, era una historia famosa originaria del Imperio de Vollachia.
La trama narraba la epopeya de una joven llamada Iris, quien se enamoraba del "Rey de las Espinas". Para salvarlo de una situación desesperada, ella reunía a una gran multitud y se enfrentaba a una calamidad devastadora.
A juzgar solo por el resumen, parecía el tipo de historia que el público adoraría; sin embargo, si la obra permanecía grabada en el corazón de la gente era porque su final se definía como una tragedia.
Al concluir el relato, justo antes de reencontrarse con su amado tras haber repelido la calamidad, Iris era traicionada por sus propios aliados y perdía la vida. La historia terminaba sin que el ansiado encuentro llegara a producirse.
Además, existen múltiples registros que sugieren que los personajes de este drama histórico tuvieron prototipos reales: se cree que el "Rey de las Espinas" era el Emperador de Vollachia de aquella época. También se tiene la certeza de que existió una joven llamada Iris que murió sin poder consumar su amor. Y en esa historia...
—Los que traicionaron a Iris y dieron lugar a la tragedia, después de supuestamente haber ayudado a repeler la calamidad, fueron los Hombres-topo y los Hombres-lobo.4
—Por culpa de eso, los de nuestra clase no hemos tenido lugar en el Imperio durante generaciones. Los Hombres-lobo, que no supieron cómo huir, fueron exterminados. Nuestros ancestros, en cambio, cavaron agujeros y...
—¿Y así nació este "Oscuridad Eterna"?
Con la profunda oscuridad extendiéndose a sus espaldas, Musica asintió ante las palabras de Petra. Luego soltó una pequeña risa y exclamó con admiración:
—Realmente es usted alguien muy dedicada a sus estudios.
—... ¿Por qué te molestas en contarme todo esto?
—Hay personas que sienten un rechazo instintivo solo con oír que se trata de un túnel cavado por Hombres-topo. Sería un problema si empezaran a quejarse una vez estuviéramos dentro, así que, por pura precaución, prefiero darles la oportunidad de dar marcha atrás mientras estemos en la entrada —respondió Musica ante la sospecha de Petra.
4: Ookamibito en japones.
—Supongo que también es una forma de "comprar" nuestra confianza —intervino Otto, metiéndose en la conversación.
Otto, que también observaba la entrada de la "Oscuridad Eterna", levantó un dedo ante la duda de Petra y añadió:
—Si uno conoce los rumores que rodean a los Hombres-topo, es natural sentir la resistencia de la que habla Musica-san. Pero, al mismo tiempo, saber que sus antepasados huyeron del Imperio por aquí le da credibilidad al hecho de que esta cueva realmente conecta a ambas naciones.
—... Ah, ¿entonces no nos está atrayendo solo para atraparnos adentro?
—Precisamente. Si no hubiéramos preguntado, sospecho que Musica-san nos lo habría explicado de todos modos.
—Cielos, qué personas tan aterradoras. Por favor, no interfieran con mi negocio —dijo Musica levantando las manos en señal de rendición ante la agudeza de Otto.
Aquello era la prueba de que las conjeturas de Otto eran acertadas, y también de que, técnicamente, acababa de "obstruir" la labor comercial de Musica.
Otto era alguien de una confiabilidad incuestionable, pero, ya fuera por su naturaleza de mercader itinerante o por su propio carácter, su único defecto era ser demasiado estricto con quienes no formaban parte de su círculo cercano. No era de extrañar que hubiera hecho enfurecer a Diadora en el pasado.
—En momentos como este, vendría muy bien que Subaru estuviera aquí para equilibrar las cosas —comentó Petra.
—Vaya, su expresión se ha suavizado de repente. ¿Y quién es ese tal Subaru?
—Es mi prometido —declaró Petra con total naturalidad.
—¡Pffft! —Otto escupió ruidosamente ante la afirmación de la niña.
Petra le sacó la lengua y volvió a fijar su vista en la boca abierta de la "Oscuridad Eterna". Ya conocía el origen del gran túnel y tenía la seguridad de que los llevaría al Imperio.
—Atravesaremos este lugar, entraremos en el Imperio y cumpliremos nuestro objetivo.
—Incluso si es para salvar a su hermana menor, es usted una jovencita muy valiente — dijo Musica con un suspiro de admiración ante la determinación de Petra.
Él estaba convencido de que el propósito de esta infiltración era ayudar a Beatrice. Se le había explicado que Beatrice sufría una enfermedad que la mantenía en un sueño profundo y que la medicina para curarla solo se encontraba en el Imperio.
En el fondo, no era una mentira total; la única diferencia era que Petra también necesitaba esa "medicina" llamada Subaru.
—¿Y bi’n? ¿Qué sigu’? Supongo qu’ tú mi’mo nos guiarás por d’ntro, ¿no? —preguntó Garfiel.
—En términos generales, sí. Pero, como indica el nombre de "Oscuridad Eterna”, el interior es una negrura absoluta donde no entra ni un rayo de luz. No podemos llevar fuego, porque si lo hacemos, nos quedaríamos sin aire y no podríamos respirar...
—¿Y entonces?
—De aquí en adelante, todo mi clan los acompañará.
A espaldas de Musica, la respuesta a la duda de Garfiel se hizo evidente. El sonido de múltiples pasos sobre la tierra surgió desde el oscuro agujero, y un grupo de unas diez personas apareció. Todos eran Hombres-topo que vestían túnicas manchadas de barro, idénticas a la de Musica.
—Dentro del túnel, la "Protección Divina de la Evasión del Viento" dejará de funcionar. Les ruego que sigan mis instrucciones al pie de la letra. De lo contrario...
Musica bajó el tono de voz, adoptando una actitud solemne mientras miraba a Petra. Ella le devolvió la mirada, tensando sus mejillas al enfrentarse a ese rostro donde no se distinguían los ojos. Él sonrió.
Sonrió y sentenció:
—De lo contrario, es posible que acaben vagando para siempre en la profunda, profunda “Oscuridad Eterna”.
5
Tal como les habían advertido, el trayecto a través de la "Oscuridad Eterna" resultó ser extremadamente difícil.
Primero, estaba la abrumadora oscuridad de los caminos rodeados por paredes de tierra. En el interior del suelo del Cañón Shamrock, donde ya de por sí la luz del sol apenas llegaba, no había margen alguno para que entrara claridad del exterior.
Piedras luminosas colocadas a intervalos proporcionaban luz, pero los espacios entre ellas eran tan amplios que, para una Petra no acostumbrada, eran de poca utilidad.
La carga mental de no poder ver los alrededores era mucho mayor de lo que había imaginado. Aunque sabía de antemano que irían por un camino oscuro, al experimentarlo, su determinación se desvaneció fácilmente en la penumbra.
Lo que volvía su ánimo aún más sombrío era el aire húmedo del túnel. Quizás por la influencia de la niebla del cañón, la humedad bajo tierra era intensa; el aire se sentía pegajoso. Al menos no hacía calor, lo que le evitaba sudar, pero eso era solo el consuelo de no haber caído en lo peor de lo peor. Sin embargo, la humedad combinada con el frío era la receta perfecta para enfermarse, por lo que debía tener cuidado.
Pero todo eso era apenas el comienzo. El mayor obstáculo de este túnel era...
—Me duele el trasero... —se quejó Petra, frotándose con la mano mientras se levantaba un poco del asiento.
Había intentado cambiar de postura e incluso poner equipaje entre ella y el asiento, pero no encontraba una solución óptima. El dolor era constante. La "Protección Divina de la Evasión del Viento" de los dragones de tierra, indispensable para viajes largos, no se activaba dentro de la "Oscuridad Eterna". Para que funcionara, se requería una velocidad constante y que el dragón no se detuviera, algo imposible en un camino oscuro y lleno de baches.
—Petra-sama, ¿estás bien? ¿Quieres sentarte sobre mi regazo?
—Emily…
Siguiendo su papel, Emilia trataba a Petra como su señora. Aunque las condiciones para la protección divina eran las mismas para todos, ella parecía estar perfectamente incluso en la penumbra.
—¿A ti no te duele el trasero, Emily?
—Bueno, me duele un poquito, pero todavía puedo aguantar. Creo que estar sobre mi regazo sería más cómodo que el asiento, ¿qué dices?
—M-me haría feliz, pero... —Petra dudó mientras Emilia palmeaba su propio muslo, tentándola.
Sería un gran alivio, pero ¿se vería natural ante los ojos de Musica y los demás guías? Si empezaban a sospechar por algo tan trivial como un dolor de trasero, todo el plan se arruinaría.
—Pero... me duele tanto que casi quiero llorar...
—No te esfuerces demasiado, Petra-sama. Yo estaré bien. Este camino oscuro nos lleva hacia donde está Subaru, así que puedo soportar cualquier cosa.
—¡Yo también aguantaré! —exclamó Petra de repente.
—¿¡Eh!? ¿¡Por qué!? —Emilia abrió mucho los ojos ante el repentino cambio de actitud.
Pero fue la propia Emilia quien, al mencionar su deseo de ver a Subaru, convirtió ese dolor de trasero en una prueba de amor para Petra. Ahora ella no podía dar marcha atrás.
—... ¿Qué te hace tanta gracia, Dudley?
—... ¿Acaso puede ver mi rostro en esta oscuridad, Lady Petra? —respondió Roswaal
—No necesito verte para saberlo. Casi siempre pones la misma cara conmigo.
En el interior del carruaje, donde apenas se distinguían las manos, Petra frunció los labios mirando hacia donde estaba sentado Roswaal. Justo después de decidir que aguantaría, sintió que él se reía. La imagen de su expresión burlona apareció nítida en su mente. Roswaal no se defendió, simplemente mantuvo esa actitud despreocupada que tanto molestaba a Petra. Realmente alguien debería darle un escarmiento.
—Por mucho que yo diga algo, no sirve de nada —suspiró la niña.
—Es verdad, yo también lo creo. Ros... Dudley, eso no está bien —lo regañó Emilia.
—Vaya, ¿a qué te refieres? Emily, me da mucha curiosidad qué tienes que decirme — respondió él de forma provocativa.
Aunque normalmente Roswaal respetaba a Emilia, parecía estar disfrutando de esta relación ficticia entre "Dudley" y "Emily", donde no existían las jerarquías habituales.
—No se trata de la posición —continuó Emilia—. Petra-sama se está esforzando muchísimo y tú, sabiendo eso, te comportas como un villano... Es muy infantil y poco admirable.
—¿Entonces sugieres que lo correcto es viajar siempre serio, con el ceño fruncido y sumido en la ansiedad?
—Otra vez hablando así. Yo también estoy preocupada por Subaru y Rem, pero eso no significa que debamos estar en la oscuridad emocional todo el tiempo.
Emilia rodeó los hombros de Petra con su brazo y encaró a Roswaal. Incluso en la penumbra, el brillo de sus ojos amatista era inconfundible.
—Dudley, tú quieres decir lo mismo, ¿verdad? Pero no quieres admitirlo y crees que está bien si no se te entiende... Eso es lo que es infantil. Subaru siempre dice claramente lo que ha hecho o lo que quiere hacer. Como yo no soy muy buena captando indirectas, eso me hace feliz. ¿Entiendes?
Hablaba como si estuviera regañando a un niño pequeño. Luego, miró a Petra.
—Dudley tiene ese carácter, y puede que tenga mala intención... pero no es contra ti o contra nosotros, sino contra sí mismo.
—¿Contra sí mismo?
—Sí. Es todo un adulto, pero en el fondo es un consentido.
Petra no pudo evitar soltar una risita. En el mundo de Emilia, incluso los asuntos más escabrosos parecían envolverse en una tela suave. La maldad de Roswaal quedaba reducida a ser un "niño consentido". Y el hecho de que él no respondiera confirmaba que ella no estaba equivocada.
—Lady Petra, ¿por qué no aprovecha para practicar su magia y distraerse? —sugirió Roswaal, intentando desviar el tema.
Era una actitud poco digna, pero Petra sabía que él nunca mentiría sobre la magia. En los últimos meses como su alumna, había aprendido a confiar en sus lecciones técnicas.
Petra cerró los ojos. Aunque sus párpados estaban cerrados, la oscuridad era la misma. Sin embargo, al anular la vista, pudo concentrarse mejor en la circulación del maná en su interior.
—No intentes oírlo. Trata de captarlo como color o calor —le aconsejó él.
El consejo fue tan preciso que su percepción cambió de inmediato. Imaginó su maná de su color favorito: el rosa. El maná rosado empezó a circular por su pecho, su cabeza, sus extremidades...
— Ahora, abre los ojos.
Al abrirlos, Petra se quedó atónita. En medio de la negrura, el mundo se había vuelto rosado. O más exactamente, veía todo en tonalidades de rosa que le permitían distinguir objetos y personas. Era como si el mundo estuviera bañado por una suave luz mágica.
Roswaal la miraba como quien observa a un bebé que acaba de ponerse de pie por primera vez. Incómoda, Petra desvió la mirada y se asustó al ver una enorme masa rosada a su lado.
—¿¡Eh!? ¿¡Emily!?
—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Hice algo raro?
—No es que hicieras algo raro, es que eres una masa gigante de color rosa...
—Rosa... suena a que soy algo muy dulce —comentó la "masa" con la voz distraída de Emilia.
Petra comprendió. Gracias al entorno de la "Oscuridad Eterna", ahora podía visualizar el maná. Emilia poseía una cantidad de maná sencillamente ridícula. Al mirar a Beatrice, vio que ella también era una masa densa, aunque más comprimida.
—¿A Dudley siempre le parece así el mundo? —preguntó Petra.
—No de forma tan extrema. Eso es porque su afinidad es el atributo Yang, que actúa sobre el cuerpo físico.
—Atributo Yang... —susurró Petra mirando sus manos. Era un gran paso adelante, pero...
— Me hubiera gustado tener el atributo Yin, como Subaru y Beatrice...
—Qué desperdicio estar decepcionada. El atributo Yang es raro, es un tesoro —dijo Roswaal.
—Que sea raro no es lo importante —replicó ella. Para Petra, un atributo raro significaba menos maestros y un camino más estrecho para mejorar. Y ella no tenía tiempo que perder.
—Pero es increíble, Petra-sama. ¿Entonces puedes ver todo en la oscuridad?
—Eso parece. Puedo ver el carruaje de atrás, a Frederica-neesama y a los demás... Y, un momento... ¿por qué brilla el camino más adelante?
Petra notó una zona donde el maná era inusualmente intenso. Estaba a pocos metros de donde pasaría el carruaje. Al mencionarlo, Roswaal murmuró: "¿El camino de adelante?".
No hubo tiempo para explicaciones. La situación cambió drásticamente.
—¡Ah!
Un impacto desde abajo sacudió el carruaje. En el momento en que las ruedas pisaron esa zona de maná, todo el vehículo saltó por los aires. No fue un simple bache; el carruaje se inclinó violentamente y empezó a tambalearse.
—¡Petra-chan! —Emilia la abrazó con fuerza, protegiéndole la cabeza.
En medio de la sacudida, Petra comprendió: el carruaje estaba cayendo. El suelo se había desplomado y se hundían más profundamente en la oscuridad. El relincho de terror de Patrasche resonó en el aire. Los dragones y los carruajes fueron tragados por las profundidades.
—¿Se... detuvo?
La caída, que pareció eterna, terminó. Petra, aún en brazos de Emilia, jadeó y buscó a Beatrice.
—¡Beatrice-chan...!
—Está bien, yo la tengo —respondió Roswaal, que estaba arrodillado en el carruaje inclinado, sosteniendo firmemente a la pequeña espíritu.
El alivio fue seguido de inmediato por la sospecha.
—¡Musica-san! ¿Qué ha pasado? ¿Están todos bien? —gritó Petra.
—Siento haber sido tan brusco, jovencitas —respondió una voz desde el exterior.
La respuesta no trajo alivio, sino una alerta máxima. La voz de Musica era calmada, como si nada de esto fuera un accidente.
—¿Ustedes hicieron esto? —preguntó Emilia con una voz firme y llena de determinación, dispuesta a usar la fuerza si era necesario.
—No les recomiendo pelear con nosotros aquí —dijo Musica—. Este es nuestro mundo: estrecho, oscuro y húmedo.
—¿Qué piensan hacernos? —preguntó Petra.
A través de su visión de maná, vio a Musica soltar un suspiro cansado, a pesar de tener la ventaja.
—Si se quedan quietas, no les pasará nada malo. Solo queremos que sean nuestras rehenes para negociar con el Reino. Eso es todo.
6
El trayecto de entrada ilegal a través de la "Oscuridad Eterna" comenzó con la advertencia de que se verían obligados a enfrentar diversas privaciones.
Al habérsele dicho que avanzarían en secreto por una cueva oscura y húmeda, Petra se dispuso a afrontar cualquier inconveniente con la determinación de recuperar a Subaru y los demás. Por supuesto, no esperaba en absoluto que fuera un viaje cómodo, pero...
—... No me había imaginado que el inconveniente fuera de este tipo —murmuró Petra.
—¿Ese es su comentario ante esta situación? Realmente es usted una jovencita fuera de lo común —respondió Musica con una risa de tono bajo.
La melancolía de esa voz apagada y la naturaleza claustrofóbica de su situación hicieron que Petra dejara caer los hombros con desánimo. Al parecer, el cúmulo de maná que ella había detectado era en realidad una trampa preparada por Musica y los suyos. Le resultaba frustrante no haberlo previsto, a pesar de haber tenido la oportunidad de detectarlo; simplemente carecía de la experiencia necesaria.
Como resultado, habían caído a un nivel inferior del túnel y el carruaje había quedado volcado de costado.
—Nuestra chica... ¿Patrasche está bien?
—¿Eh? Ah, ¿se refiere a esa hermosa dragona de tierra? La asustamos un poco, pero nos aseguramos de que la tierra fuera blanda. Se habrá ensuciado, pero no dejamos que se lastimara.
—¡Grrr!
—Vaya, ahí lo tienen.
Como si las palabras de Musica no fueran suficientes, el rugido de Patrasche resonó en la penumbra. A diferencia de Otto, Petra no podía hablar con los dragones, pero de alguna manera comprendió que ese rugido no era de dolor o agonía. Se sintió un poco aliviada.
Patrasche también era una compañera preciada. Después de todo, los humanos no eran los únicos que estaban preocupados por Subaru y los demás que habían terminado en el Imperio.
—Me alegra que Patrasche-chan esté bien, pero... el carruaje de atrás, donde están Frederica-neesama y los otros, quedó separado de nosotros.
Actualmente, los dos carruajes estaban divididos dentro de la "Oscuridad Eterna". El grupo de Petra en el nivel inferior y el de Frederica en el superior habían perdido el contacto físico. Sin duda, esta configuración también era parte del plan de Musica para neutralizar sus movimientos. Hasta ahora, estaban completamente bajo su control.
Además, la razón por la que habían llegado a este extremo era...
—... Negociaciones con el Reino, eso es lo que han dicho, ¿no es así? —intervino Roswaal, con una voz calmada y carente de emoción.
Manteniendo a la inconsciente Beatrice a su lado, Roswaal seguía con precisión la posición de Musica y sus hombres, que los vigilaban desde fuera del carruaje.
—¿He oído mal? ¿Pretenden negociar con el Reino desde el fondo de este agujero sombrío?
—No ha oído mal. Las hemos tomado como rehenes. Ustedes parecen nobles de alta alcurnia, ¿verdad? Si es así, el Reino tendrá que escucharnos.
—¿V-van a hablar con el Reino sobre nosotros? —preguntó Petra.
—Así es. Ah... ¿les preocupa que se filtre lo de su entrada ilegal? En ese caso, solo puedo decirles que han tenido mala suerte. Que ustedes decidieran pasar por nuestra morada hoy mismo solo puede llamarse un capricho del destino.
Musica malinterpretó la agitación en la voz de Petra. Sería injusto culparlo por su falta de perspicacia; después de todo, ellos les habían mentido sobre su identidad. Era imposible que Musica supiera la verdad.
Sin embargo, aunque su percepción de los hechos fuera errónea, el hecho de que contactaran con el Reino era, sin duda, una situación desastrosa para Petra y, por extensión, para la facción de Emilia.
—Van a descubrir que Emilia-neesama entró ilegalmente... —pensó Petra.
Esta infiltración era problemática si la descubría el Imperio, pero también si la descubría el Reino. Si un candidato real cometía un acto ilegal, el impacto en la Selección Real sería inevitable; probablemente se le pondría bajo vigilancia y se le prohibiría salir del país.
—Estamos intentando hacer algo malo, así que no tenemos derecho a quejarnos si nos denuncian... pero esto es un gran problema —susurró Emilia.
—No tenemos nada contra ustedes. Por eso me duele el corazón por su hermana menor. Sin embargo, a pesar de ello, tendrán que obedecernos —sentenció Musica.
—¿De verdad tiene que ser así?
—Sí. No estamos jugando. No les recomiendo que se resistan.
Emilia deseaba una solución mediante el diálogo, pero la respuesta de Musica no dejaba lugar a dudas. Ante esa respuesta, pareció que el aire frío de la "Oscuridad Eterna" se volvía aún más gélido. No, no era una impresión.
—... Ya veo. Es una verdadera lástima.
Al recibir la respuesta de Musica, Emilia, que había bajado la mirada con tristeza, estaba haciendo descender la temperatura real del ambiente. Era la prueba de que el límite de su paciencia —inusualmente corto en esta ocasión— estaba cerca. Petra se dio cuenta del hecho. Roswaal seguramente también lo sabía, pero no hacía nada para detenerla.
La razón era obvia: tenía la total confianza de que el asunto se resolvería rápidamente mediante el uso de la fuerza.
—Me da lástima por Musica-san y los suyos, pero... —pensó Petra.
Si recordaba el nivel superior del túnel, Garfiel estaba en el otro carruaje. Con el ingenio de Frederica, Ram y Otto, aquel grupo difícilmente estaría en aprietos. Aunque la trampa inicial los había sorprendido, Musica y su gente habían elegido como presa a las personas menos indicadas en todo el mundo. Por eso, su objetivo nunca se cumpliría.
—¿Qué es lo que tanto querían negociar con el Reino como para llegar a este extremo?
—¿Lady Petra? Hablar más con ellos no servirá de...
—Dudley, déjame —dijo Petra, interrumpiendo a Roswaal para interrogar a Musica.
No es que quisiera negociar. Simplemente tenía curiosidad por sus deseos. Quería saber qué clase de trato pensaban proponerle al Reino usando como rehenes a quienes creían que eran nobles. Si fuera solo por dinero, era una apuesta con un riesgo demasiado alto. Debía haber otro propósito.
Ante la pregunta de Petra, Musica guardó silencio por un momento y luego respondió:
—La contienda por la sucesión del trono... supongo que ustedes también están al tanto.
—... ¿Eh?
Emilia contuvo el aliento ante el impacto de esas palabras que venían de una dirección totalmente inesperada. Por supuesto, Petra también se sorprendió. Sabía que Musica debía tener una razón especial, pero que estuviera relacionada con la Selección Real era imprevisto.
Ante un tema que parecía apuntar directamente hacia ellas, Petra y Emilia se quedaron rígidas involuntariamente. Sin notar o sin que le importara esa reacción, Musica continuó hablando desde fuera del carruaje.
—Es un asunto de estado que sacude al país. ¿Acaso tienen ustedes alguna candidata favorita?
—Bueno... ¿quién sabe? Todavía estamos en medio de decidirlo... —respondió Petra.
—Una respuesta muy prudente y modesta, en el buen sentido. Por supuesto, nosotros también estamos prestando atención a la Selección Real... pero en el mal sentido.
—¿A qué te refieres con eso? ¿Por qué le prestan atención en el mal sentido? — preguntó Emilia, impaciente por las insinuaciones.
Desde la posición de Emilia, era natural querer saberlo. Petra se preguntó qué pensaría Musica de ese repentino interés por parte de quienes, sin saberlo él, eran las protagonistas absolutas del tema. Ajeno a todo esto, Musica respondió a la pregunta de Emilia.
Fue entonces cuando soltó la confesión de un objetivo que, verdaderamente, no podía ser más perjudicial para la facción de Emilia:
—Queremos presionar al Reino. Exigimos la renuncia de la candidata Emilia, la medio elfo que participa en la Selección. Queremos que ustedes sean nuestras rehenes para lograr ese fin.
7
—La renuncia de Emilia...
Al escuchar ese murmullo cargado de pesar, Petra sintió una punzada de arrepentimiento. Se recriminó a sí misma por haber prestado oídos a las palabras de Musica. Pensó que debería haber dejado que el implacable Roswaal simplemente destruyera los planes del enemigo sin mediar palabra.
Al no hacerlo, había permitido que Emilia resultara herida innecesariamente.
Sin embargo, tras ese breve instante de duda, Petra decidió ir hasta el fondo del asunto. Sabía que obligar a Musica a dar detalles podría lastimar aún más a Emilia, pero la flecha ya había sido disparada y había dado en el blanco. Si no conocía la profundidad de la herida o si la flecha estaba envenenada, no sabría cómo curarla.
—... ¿Qué es lo que quiere decir exactamente con eso? —preguntó Petra, decidida a entender.
——Señor Musica, usted mismo dijo que la Selección Real es extremadamente importante para el reino, ¿no? Y sus reglas no cambiarán tan fácilmente. Incluso si nos toma como rehenes…
—¿Insinúa que las vidas de unas jovencitas no harán tambalear a la nación? — respondió Musica con calma.
—... Así es.
Petra notó que Musica respondía con una lógica aplastante. No intentaba callarla ni divagaba; estaba siendo dolorosamente racional. Y precisamente por eso, sus acciones resultaban tan contradictorias.
—Si nos basamos solo en nuestra posición, somos personas de clase acomodada. Pero eso es solo una perspectiva general; dudo que la opinión de la gente poderosa en el centro del Reino cambie por nosotros —argumentó Petra.
—¿Entonces intenta convencerme de que hacer esto no tiene sentido?
—Si eso sirviera para que nos dejara ir...
Musica soltó una risa amarga. Su capacidad de juicio seguía intacta; él sabía perfectamente que, basándose solo en la información superficial, el secuestro de unas nobles no debería ser suficiente para que Emilia abandonara su candidatura. Pero la realidad era mucho más compleja de lo que él imaginaba.
Roswaal, en silencio, miró a Petra. Ella le indicó con un gesto que se fijara en Emilia. El margen de maniobra era estrecho: Emilia ya estaba lidiando con la preocupación por Subaru, y ahora le cargaban este peso inesperado. Petra sentía que debía quitarle esa carga de encima por el bien de su futuro.
—No usaré el "último recurso" hasta que sea realmente el último momento —pensó Petra.
Si Subaru estuviera allí, él agotaría todas las opciones de diálogo antes de sacrificar algo o recurrir a la fuerza bruta. Petra quería honrar esa filosofía.
—Cuénteme qué es lo que sienten realmente, Musica-san. Necesito entender para poder convencerlos.
—Vaya petición... Le recuerdo que quiero negociar con el país, no necesito convencerla a usted.
—Si su petición no puede convencer ni siquiera a una niña como yo, dudo que el Reino le preste atención.
—... Si esto es una táctica para ganar tiempo, no servirá de nada.
—No tengo esa intención —mintió Petra con firmeza.
En realidad, sí estaba ganando tiempo, pero no para ellos, sino para Musica y su gente. En el momento en que la conversación se detuviera, Roswaal los barrería sin piedad. Eso las sacaría del aprieto, sí, pero no extraería la espina clavada en el corazón de Emilia. Petra no quería llevar a una Emilia herida al Imperio.
—¿Por qué quieren que Emilia-sama deje la Selección? ¿Es solo porque es una medio elfo? —soltó Petra.
—¿Qué otra razón podría haber? Eso es motivo más que suficiente para que se retire.
Era la respuesta predecible. La mayoría de los que odiaban a Emilia usaban su origen como excusa. Pero Petra siempre se sentía frustrada al ver cómo mezclaban el concepto abstracto de "medio elfo" con la Emilia real y maravillosa que ella conocía.
—He oído esa excusa tantas veces que ya me aburre.
—Eso solo demuestra cuánta gente piensa lo mismo. Si una candidata a Rey tiene a tanta gente dándole la espalda, el Reino no tiene futuro —replicó Musica.
—Pero... nadie llega a extremos tan radicales como ustedes.
Petra se calló de golpe. No por miedo a enfurecerlos, sino porque se dio cuenta de algo crucial. La mayoría de la gente que odia a Emilia simplemente piensa que no tiene oportunidad de ganar y se limita a observar con desprecio. Entonces, ¿por qué los Hombres-topo sentían la necesidad de actuar con tanta fuerza?
—... ¿Acaso la participación de Emilia-sama en la Selección Real perjudica directamente a los Hombres-topo?
Ante esa deducción, la reacción de Musica se volvió afilada. Petra supo que había dado en el clavo. Los Hombres-topo eran exiliados del Imperio por la tragedia de "Iris y el Rey de las Espinas" y vivían escondidos en el Cañón Shamrock, dedicándose al contrabando.
—¿Por qué? —se preguntó Petra. No estaban en el Imperio; en Lugunica no tenían por qué vivir ocultos, aunque la obra fuera famosa. Sin embargo, vivían aislados, rechazando el mundo exterior...
—Exactamente igual que en el "Santuario".
El Santuario—hogar natal de Frederica y Garfiel, un asentamiento de semihumanos con circunstancias enredadas.
Petra lo visitó una vez cuando terminó el asunto del Santuario; la aldea cerrada fue desmantelada, su gente trasladada a aldeas del dominio.
Ahora solo quedan unos pocos—empezando por Ryuzu, la abuela de Frederica—como guardianes de una tumba prohibida.
Si era así, el detonante para esa elección también podría ser el mismo.
—Musica-san... ¿la razón por la que quieren fuera a Emilia-sama tiene algo que ver con la Guerra de los Semi-humanos?
—... Jovencita, ¿acaso puede leer el corazón de las personas?
—No puedo. Aunque a veces me gustaría —respondió Petra.
Su deducción era correcta. La Guerra de los Semi-humanos fue una guerra civil masiva en Lugunica décadas atrás. Un conflicto sangriento que duró diez años y dejó cicatrices profundas, alimentado por el resentimiento acumulado entre humanos y semi-humanos.
Y el origen de ese resentimiento era...
—La Bruja de la Envidia —sentenció Musica, terminando el pensamiento de Petra—. Y, por extensión, el odio hacia los elfos y todas las razas de semi-humanos.
Al mencionar a la Bruja, el rostro de Emilia se ensombreció aún más. Musica continuó:
—El mundo ha pasado cuatrocientos años tratando de sanar esas viejas heridas. No podemos permitir que una semi-elfa, en una batalla que no puede ganar, vuelva a abrirlas y haga que la sangre corra de nuevo.
Petra finalmente lo comprendió. Musica y los suyos no actuaban por odio ciego, sino por terror. Temían que la simple presencia de Emilia en el trono provocara una segunda guerra civil que acabara con los semi-humanos que aún quedaban.
8
La voz baja de Musica sonaba desgastada por una mezcla de temor y cansancio.
Petra no lograba procesar del todo las complejas emociones contenidas en ese tono. Era natural; en su corta vida, le era imposible medir la profundidad de los sentimientos de un hombre que triplicaba su edad.
Más aún cuando esos sentimientos no pertenecían solo a Musica, sino que cargaban con el peso de cuatrocientos años de historia.
—Nosotros no queremos vernos envueltos en los problemas de otros. Ya hemos tenido que saborear más perjuicios de los que podemos soportar.
—¿Perjuicios...?
—Así es. Perjuicios por algo que hizo la generación de los abuelos de mis abuelos. Si es usted una jovencita tan estudiosa, debe saberlo bien.
Petra guardó silencio.
—Si fuera algo cometido por mis padres o hermanos, podría resignarme. Pero para nosotros, los abuelos de nuestros abuelos son personas de las que ni siquiera conocemos el rostro. ¿Y por la responsabilidad de alguien así debemos vivir ocultos en madrigueras?
Ante el argumento de Musica, Petra no pudo decir nada. Ella misma había disfrutado de la historia de Iris y el Rey de las Espinas como un simple libro, pero para otros, los involucrados directos, no era un cuento: era la realidad objetiva que les impedía salir a la luz.
Musica y los suyos cargaban con los pecados de ancestros de hace muchas generaciones.
—Pero... ¿acaso no es lo mismo para una semi-elfa? No hay otra persona viva igual a la Bruja de la Envidia, y sin embargo—
—¿Insinúa que estamos estorbando a alguien que intenta esforzarse? Se lo dije: no queremos pagar los platos rotos de otros.
A diferencia de la voz temblorosa de Petra, el tono de Musica fue perdiendo emoción. Su forma de hablar, tan monótona y gélida, era el reflejo fiel de la cruda realidad que le había tocado vivir.
—Como dije antes, nos hemos resignado a nuestra posición. Así como hay gente que nace rica y otra pobre, simplemente existen los hombres-topo y los que no lo son. Vivir en la oscuridad y ser marginados es nuestro destino.
— Es una forma tan horrible de decirlo…
—Para una señorita tan amable como usted, la realidad debe ser dura. Pero incluso nosotros, que nos hemos rendido, no deseamos que las cosas se vuelvan aún peores de lo que ya son.
—¿Aún peores...? —susurró Emilia, dejando escapar el aire por sus labios.
Al escuchar ese murmullo, Musica pareció recordar que había otros oyentes además de Petra. Su voz seca recuperó algo de calor, como si hiciera un esfuerzo por ser escuchado.
—La candidata semi-elfa... no tengo idea de qué estará pensando ella ni la gente que la apoya, pero para nosotros, eso no es más que llamar la atención de forma negativa.
—Yo también estoy de acuerdo en que no sabemos qué piensa el que la apoya... — murmuró Petra, lanzando una mirada fugaz hacia Roswaal, el verdadero responsable. Él no respondió, y ella tampoco esperaba que lo hiciera.
Sin embargo, más allá de los planes de Roswaal, las intenciones de Emilia deberían ser de conocimiento público.
—Las ideas de Emilia-sama han sido anunciadas formalmente. Musica-san, usted también debería saberlo...
—Mejorar la situación de aquellos a quienes se les han arrebatado las opciones desde que nacieron... sí, ha llegado a nuestros oídos. Pero para nosotros, no es más que una intromisión innecesaria.
—¿Una... intromisión innecesaria? —repitió Emilia, incapaz de contenerse.
—Exactamente, señorita guardaespaldas —Musica dirigió ahora su ataque hacia ella— . Una semi-elfa... y para colmo, poseedora del cabello plateado y los ojos amatista, igual que la Bruja de la Envidia. ¿Quién en su sano juicio querría que alguien así se convirtiera en Rey?
—N-no puede saberlo. Por ejemplo... ¡puede que yo lo quiera!
— Entonces me gustaría susurrar al oído de esa partidaria y advertirle cuán precario es realmente su respaldo.
— Mmh...
Petra se sentía acorralada; la terquedad de Musica no dejaba fisuras por donde entrar. Pero entonces, Emilia volvió a alzar la voz. A pesar de ocultar su identidad, sus ojos brillaban con una sinceridad imposible de esconder.
—Déjame escuchar un poco más. Sobre eso que llamas "intromisión innecesaria" y lo de "pagar los platos rotos".
—¿Acaso no están intentando ganar tiempo? ¿Esperan que la gente del otro carruaje haga algo?
—¡Eso no es...!
—No espero nada de ellos —interrumpió Petra con firmeza—. Es la verdad. No espero que Frederica-neesama y los demás solucionen esto. De hecho, si solo quisiéramos capturarlos a ustedes, podríamos hacerlo ahora mismo. El carruaje de atrás debe estar pensando lo mismo; si no se mueven, es porque han decidido observar. La decisión depende de nosotros. Por eso, puede decirnos todo lo que piensa con total libertad.
—Qué respuesta tan audaz. No tengo motivos para creerle, pero... está bien. Hablemos de esa "intromisión" y de las consecuencias.
Musica mantuvo un aire solemne al responder a la duda de Emilia. Quizás era su propia forma de mostrar sinceridad hacia las jóvenes a las que había involucrado.
—¿Necesitan que explique por qué llama la atención de mala manera? Una semi-elfa no tiene oportunidad de ganar, así que participar en la Selección solo atrae miradas negativas.
—¡Eso es solo un prejuicio!
—Señorita, no me haga reír diciendo que es ignorante en ese único punto. Usted sabe perfectamente cuánto miedo inspira la Bruja de la Envidia. El mayor problema es que su presencia le recuerda a todo el mundo ese miedo.
—¿Les recuerda...? —Petra ladeó la cabeza, confundida.
El rumor sobre la Bruja era un conocimiento común en todo el mundo. Era imposible olvidarlo, por lo tanto, no debería haber necesidad de "recordarlo". No obstante, Musica chasqueó la lengua.
—Se lo recuerdan, jovencita. Si una semi-elfa aparece en un lugar público, la gente recuerda que aquello que intentaban ignorar y evitar realmente existe.
—Sigo sin entender muy bien qué quiere decir.
—Para nosotros es de sentido común: la Bruja es aterradora, y relacionarse con una semi-elfa solo trae desgracia. Pero el "sentido común", en otras palabras, es algo que puedes olvidar siempre y cuando no lo mires de frente. Así es, por fin lo habíamos olvidado... y sin embargo, esa candidata llamada Emilia viene a recordárnoslo. Viene a recordarnos que teníamos miedo.
En la profundidad de la “Oscuridad Eterna", las palabras frías de Musica resonaron con una humedad pesada. Al escucharlo, Petra recordó después de mucho tiempo algo fundamental: que ella misma no era más que una chica de pueblo que temía a la Bruja.
No podía recordar cuándo fue la primera vez que oyó hablar de ella. Para cuando tuvo uso de razón, ya lo sabía.
El simple nombre de la Bruja era suficiente para que no pudiera dormir de noche y llorara de puro terror. Era un miedo primitivo, grabado profundamente en el corazón de una niña.
—... Tenía mucho miedo.
Petra había temido de corazón a una "Bruja" a la que nunca había visto ni con la que nunca había hablado. Ese miedo se fue desvaneciendo con el tiempo, hasta que la Bruja quedó relegada a un rincón olvidado de su mente.
Pero no lo había superado. Solo necesitaba un pequeño detonante para resurgir... como la aparición de una candidata semi-elfa.
—... La gente del pueblo también fue muy cruel —recordó Petra.
Recordaba perfectamente el cambio en su aldea natal, Arlam, cuando se anunció la Selección. En cuanto supieron que la chica misteriosa que entraba y salía de la mansión era la semi-elfa de cabello plateado, los aldeanos se volvieron distantes y fríos. Ni siquiera la escuchaban cuando ella intentaba protegerlos desesperadamente.
—¿Y cómo se conecta eso con sus perjuicios? —preguntó Emilia, usando el mismo tono de campana plateada que cuando enfrentó el rechazo de los aldeanos.
—No es que vaya a pasar algo de inmediato. Pero, así como en un río tranquilo el agua fluye de arriba abajo, los problemas también fluyen y terminan llegando a la desembocadura. Si la atención vuelve a la Bruja a través de una semi-elfa, podría repetirse el pasado. Y yo tengo miedo de que eso caiga sobre nosotros.
Musica sacudió la cabeza con pesadez.
—Salvar a los débiles... es una opinión muy noble, pero es como un niño prometiendo que derrotará al "Santo de la Espada". Si fueran solo palabras de un mocoso, se podrían ignorar. Pero lo que lo hace peligroso es...
—Que no se puede ignorar a Emilia, y eso es un gran problema...
—Bueno, dicho de una forma linda, sí.
Musica asintió, sintiendo que por fin le entendían. Emilia, por su parte, frunció sus hermosas cejas con dolor. Petra también había comprendido la postura de Musica más de lo necesario.
—Yo no quiero que ocurra... una segunda Guerra de los Semi-humanos.
—¡Eso es...!
Era una visión extremadamente pesimista, casi una paranoia. Sin embargo, la réplica de Petra se detuvo ante la frialdad de la voz de Musica.
—¿Realmente cree que pienso demasiado? En los viejos tiempos, cuando estalló la guerra, ¿no cree que todos pensaban que "algo así no podría pasar"? Si dice que soy pesimista, puede que lo sea. Pero supongo que es la naturaleza de los hombres-topo que siempre estamos hurgando en la tierra. Podemos sentirlo... el retumbar del suelo.
—¿El retumbar...?
—Sí. El retumbar que precede al colapso de algo grande.
Aunque era una afirmación supersticiosa, pesó profundamente en el pecho de Petra. Tras escuchar los argumentos de Musica, se maldijo por su propia ingenuidad. En lugar de sacar la espina del pecho de Emilia, ahora ella también estaba atravesada por la duda.
—No quiero dudar de Emilia-neesama...
No podía negar la lógica de Musica. En el pasado, el odio hacia la Bruja causó una guerra civil. Nadie podía asegurar que no volvería a ocurrir. Petra conocía a Emilia y creía en ella, pero ¿cómo hacer que creyeran los que no podían distinguir entre la persona y el mito?
—Emily, yo...
Petra estuvo a punto de llamarla por su nombre real en medio de la agitación. Le dolía su propia impotencia al no poder aliviar el dolor de Emilia.
—... Petra-chan, está bien.
De pronto, unos brazos cálidos rodearon a Petra. Su cabeza quedó apoyada en el suave pecho de Emilia. Podía oír el latido de su corazón. Era un latido regular, tranquilo y gentil, impropio de alguien que estuviera siendo acosada por el dolor.
—He estado pensando. Seguramente hay mucha gente como Musica-san ahí fuera. Y me pregunto... ¿qué puedo hacer para que se sientan tranquilos?
—¿Q-qué vas a hacer? —Esa era la respuesta que Petra más ansiaba.
—Creo que lo mejor es que hablen conmigo y me conozcan, para que vean que soy totalmente distinta a la Bruja de la Envidia. Así que supongo que yo—no, Emilia correrá
—¿Correrá...?
—Sí. Cuando las cosas se pongan difíciles por los malentendidos o por ser diferente, Emilia correrá hacia esa persona para hablar con ella. Hablará hasta que la entiendan. Y si no la escuchan, ¡se esforzará hasta que lo hagan!
Petra se quedó sin habla ante la fuerza con la que Emilia apretó los puños. Era una declaración que destilaba su filosofía pura, pero ¿era una solución real para este problema?
—Y, Musica-san, ¿puedo decir algo sobre lo que dijiste? Entiendo perfectamente que no quieras una segunda guerra civil. Yo siento lo mismo. Pero hay algo en lo que no puedo estar de acuerdo. Dijiste que la guerra ocurrió porque nadie pensó que ocurriría. Pero nosotros ya sabemos que esa guerra existió. Y también sabemos que nadie quiere que se repita.
El argumento de Musica se basaba en el pasado para señalar el peligro de Emilia. Pero ella le dio la vuelta a ese precedente. No por astucia, sino por el deseo sincero de usar el pasado como material para mejorar el futuro.
—Si todo el mundo lo odia y todos lo saben, entonces ese retumbar que dices oír es solo una ilusión. Eso es lo que piensa Emilia.
—... Es una sensación extraña. Siento como si estuviera hablando con la misma persona a la que quiero obligar a renunciar. Señorita, ¿de verdad es usted solo una seguidora de Emilia?
Ante la sospecha de Musica, Petra no supo qué responder. Amaba la forma de ser de Emilia, tan propia de ella y a la vez tan irracional. Pero...
—... Está bien. No soy la Bruja de la Envidia, y además, no estoy sola.
Esa declaración de Emilia, fundamentada en la existencia de Petra y sus otros compañeros, golpeó el corazón de la niña con más fuerza que cualquier pesimismo de Musica.
Y entonces recordó cómo los aldeanos de Arlam habían terminado aceptándola: hablando con ella, conociéndola, tocándola. Sabiendo que no era un "semidemonio" de leyenda, sino una semi-elfa amable y dulce.
—Ah...
De pronto, Petra notó algo. Al repasar la conversación que habían mantenido en la "Oscuridad Eterna", una inconsistencia saltó a su mente.
Quizás lo había pasado por alto todo este tiempo. Buscando la respuesta a su duda, Petra levantó la cabeza del pecho de Emilia y dirigió su atención hacia Musica, que estaba fuera del carruaje.
—Musica-san... usted no ha llamado a Emilia-sama "semidemonio" ni una sola vez, ¿verdad?
Con esa pregunta, Petra puso el dedo sobre la grieta que acababa de descubrir.
9
La mayoría de las personas que odian a Emilia lo hacen, al igual que Musica y los suyos, basándose en su origen.
Es sorprendente lo mucho que coinciden todos en ese punto. Y la mayoría de esas personas usan para referirse a ella la palabra "Semidemonio", ese apelativo que Petra tanto detesta.
—Pero usted, Musica-san, no la ha llamado así ni una sola vez. Lo recuerdo perfectamente.
A pesar de desear que Emilia fuera descalificada de la Selección Real y de advertir sobre su peligrosidad, Musica se había referido a ella consistentemente como "Semi- elfa". Esto no era una señal de que le agradara, sino que tenía que ver con su propio origen. No el de Emilia, sino el del propio Musica.
—Usted también es un(Hombre-topo que ha sido visto con desprecio por los demás.
Alguien que también había estado expuesto a los prejuicios seguramente dudaba antes de usar un insulto como "semidemonio". Y para Petra, esa actitud era la clave de todo este plan.
—Musica-san, ¿cómo pensaba negociar con el Reino usando a unos rehenes?
—No es una historia complicada. La casa Regundra sabe que estamos con ustedes. Solo teníamos que informarles de los hechos y enviar la noticia a la Capital Real...
—Pero usted sabe que ese plan no funcionaría, ¿verdad? —interrumpió Petra—. Ustedes sabían desde el principio que, aunque nos tomaran como rehenes, los altos mandos del país no los escucharían.
Si Petra y los suyos fueran realmente simples hijas de nobles, como Musica creía, el plan estaba destinado al fracaso. Eso solo dejaba una posibilidad si su objetivo era realmente hacer que Emilia renunciara.
—... Solo creemos que tiene sentido lanzar una piedra para agitar las aguas.
—Lo que querían era ser los primeros en lanzar esa piedra —dedujo Petra—. Si lo hacían, los Hombres-topo se convertirían en las personas valientes que se enfrentaron primero a aquello que recuerda el terror de la Bruja de la Envidia.
Al escuchar esto, la voz de Musica mostró, por primera vez, una agitación real. Esa reacción confirmó las sospechas de Petra: todo lo anterior había sido una actuación calculada.
—Debería haberme parecido extraño que protegieran a Patrasche-chan para que no se hiciera daño en la trampa, y que aceptaran hablar con nosotros de esta manera.
A pesar de decir que no perderían el tiempo, Musica había caído en la táctica de Petra de prolongar la conversación. Todo ese miedo sobre la reputación de los semi elfos que sembraron en ella era una red de seguridad por si su petición fallaba.
Querían que, una vez liberadas, Petra y las demás difundieran su historia: que los Hombres-topo arriesgaron todo para advertir sobre una segunda Guerra de los Semi- humanos.
—Tomar como rehenes a nobles del Reino también era para generar polémica. Cuanto más grave es el crimen, más curiosidad siente la gente —intervino Roswaal, eligiendo palabras afiladas.
—Querían que el mundo conociera la "barbarie heroica" de los Hombres-topo preocupadoooos por el destino del mundo.
—Guh...
Las palabras de Roswaal calaron hondo en Musica. Petra puso mala cara; no solo por la crueldad de su tono, sino porque se dio cuenta de que él había llegado a la misma conclusión mucho antes que ella.
Por eso había guardado silencio durante la segunda mitad de la charla: estaba observando cómo se desarrollaba el drama.
—Pero yo estoy más enfadada todavía —continuó Petra.
—... Porque esto es un suicidio colectivo de todos los Hombres-topo.
—¡¿Eh?! —Emilia abrió mucho los ojos, incapaz de seguir el ritmo de la deducción. Era una idea que jamás se le habría ocurrido a ella.
Musica y los suyos estaban preparados para morir como héroes que temían por el futuro del Reino.
—Una rebelión contra el destino absurdo de ser perseguidos por hechos históricos...
—añadió Roswaal.
—Su propia guerra para borrar los prejuicios que recaen sobre los Hombres-topo.
—... Y yo creo que también tienen el deseo real de no querer otra Guerra de los Semi- humanos —puntualizó Petra.
—Vaya, qué amable esss Lady Petra —se burló Roswaal.
Petra le sacó la lengua, aumentando su nivel de desagrado hacia él. Aunque las acciones de Musica no eran dignas de elogio, tildar todos sus motivos de "mezquinos" sería una visión unilateral, tan injusta como no distinguir a Emilia del mito de la Bruja.
—Musica-san, ¿es así?
—... Parece que estamos malditos por un destino en el que nada nos sale bien.
Su risa seca permitía imaginarlo con los hombros caídos fuera del carruaje.
—Es tal como dicen. Ese plan era nuestra intención... el estúpido deseo de los descendientes de aquellos que traicionaron a Iris y despertaron la ira del Rey de las Espinas.
—Escuche, Musica-san, yo... —Emilia intentó intervenir, con una voz cargada de determinación para revelar su identidad y enfrentar la situación.
—Emily, espera —la detuvo Petra en el último momento.
Si Emilia revelaba quién era ahora, solo causaría más confusión y posiblemente incitaría a Musica a tomar decisiones desesperadas. Este no era el momento para "Emily la guardaespaldas", sino para "Petra, la señorita que lidera al grupo".
Mirando a esos hombres que buscaban un futuro donde fueran recordados como héroes que detuvieron una guerra, Petra lanzó su contraoferta:
—Musica-san, en lugar de negociar con el Reino... ¿por qué no negocia conmigo?
10
El trayecto a través de "Oscuridad Eterna" con rumbo al Imperio de Vollachia se reanudó, y el carruaje volvió a sacudirse con fuerza.
—Me duele el trasero... —murmuró Petra mientras cambiaba de posición una y otra vez sobre el asiento, tratando de encontrar un ángulo menos incómodo.
Al escuchar sus quejas, esperaba una palabra amable de la persona sentada a su lado, pero...
—Considéralo el castigo por tu imprudencia y limítate a gemir de dolor en silencio — sentenció la voz, carente de toda compasión.
—... Ram-nee-sama, qué poco amable eres.
—No soy poco amable. Para empezar, ni siquiera soy tu hermana mayor, ¿no es así, Lady Petra?
Ante esos ojos de color rosa pálido, totalmente ajenos a la misericordia, Petra dejó caer los hombros con un suspiro de derrota.
—Ram, deja de molestar a Lady Petra —intervino una voz de apoyo.
—¡Frederica-nee-sama...! —exclamó Petra, buscando refugio.
Sin embargo, la mano amiga no llegó a extenderse del todo.
—No soy su hermana, Lady Petra. Y aunque estoy reprendiendo a Ram, yo también estoy muy enfadada con usted. Hmph, estoy absolutamente furiosa.
Frederica, sentada frente a ella, se cruzó de brazos y apartó la mirada con firmeza. Petra retrocedió intimidada, justo cuando una carcajada estrepitosa resonó desde el techo del carruaje.
—¡kuhahaha! Tendrás qu’ aguantar’o un bu’n rato, Lady Petra. Mi increíble yo entiend’ perfectamen’e por qué m’ hermana y Ram s’ ponen así. Aunque d’bo admitir qu’ dejar con la boca abi’rta a ese bastardo de Roswaal se sintió de maravilla.
—¡Garf, no te lo tomes tan a la ligera! —le gritó Frederica hacia arriba, para luego volverse a Petra con preocupación.
—¡Lady Petra, si nota cualquier cambio en su estado físico, debe decírnoslo de inmediato.
—L-lo sé. Siento haberlas preocupado tanto, Frederica-nee... quiero decir, Frederica.
Desde que se unió al grupo que venía en el carruaje de apoyo, Petra no había hecho más que disculparse. Pero era comprensible.
—Quién iba a decir que Lady Petra sería la encargada de negociar para convencer al enemigo... Entiendo lo de Emily, pero ¿qué rayos estaba haciendo el señor Dudley? — preguntó Otto desde el pescante, sosteniendo las riendas.
—Se quedó mirando con una sonrisa burlona para ver si yo fallaba. Tiene un gusto pésimo —respondió Petra con mordacidad.
Otto hizo una mueca ante la severidad de la respuesta. Aunque la percepción de Petra estaba teñida por sus prejuicios, no estaba del todo errada. No había otra explicación para que Roswaal, habiendo detectado las intenciones de Musica tan rápido, se limitara a observar y dejara la conversación en manos de las Petra y los demás.
Aun así, Otto se ajustó el sombrero y preguntó con seriedad:
—Entonces, ¿de verdad se encuentra bien, Lady Petra? Me refiero al efecto del Juramento.
—... No siento nada extraño, honestamente.
Añadir el “honestamente" lo hacía sonar un poco sospechoso, pero era cierto. Físicamente no tenía problemas.
En lo espiritual, aunque sentía que quizás se había precipitado un poco, el sentimiento de logro era mucho más fuerte. Finalmente, como miembro de la facción de Emilia, sentía que había sido de utilidad para ella.
—Tenga cuidado, ese sentimiento puede ser peligroso si se vuelve adictivo —le advirtió Otto.
—¡Usted ya llegó tarde para ese consejo, Otto-san!
—¡Tengo cierta conciencia de ello, así que no quiero que me lo echen en cara!
Mientras escuchaba la voz de Otto quebrarse por la indignación, Petra bajó la mirada hacia su propio cuerpo, consciente del "Juramento" grabado bajo su ropa.
Esa era la contraprestación que había pagado para que todos —incluyendo a Musica y su gente— salieran ilesos de la “Oscuridad Eterna”. Era la prueba de una promesa de futuro, un vínculo que no podía romperse bajo ninguna circunstancia.
Cuando los Hombres-topo se vieron acorralados al descubrirse su plan, Petra les propuso un trato antes de que cometieran una locura:
—En lugar de este método, buscaremos una forma adecuada para que el mundo sepa que los Hombres-topo se esforzaron para evitar otra Guerra de los Semi-humanos.
A cambio, ella prometió organizar una oportunidad para que hablaran directamente con Emilia.
—Hacer la promesa de una reunión directa con Emilia-sama teniendo a la propia interesada justo al lado... ha sido una jugada bastante maliciosa por tu parte — comentó Ram.
—Los Hombres-topo querían limpiar la deshonra de sus ancestros... Si la generación actual puede reescribir esa historia con una nueva reputación, creo que es una solución aceptable —añadió Frederica, suavizando un poco el tono.
Sin embargo, la mirada de Frederica volvió a endurecerse.
—Aun así, cuestiono la sabiduría de arriesgarse al mismo peligro que el Maestro.
Petra se encogió en su asiento ante la severidad de su mentora. Frederica estaba más furiosa que nunca por la audacia de su protegida, y Petra no sabía cómo calmarla.
—... Garf-san, Garf-san, ¿alguna idea de cómo arreglar esto? —susurró Petra hacia el techo.
—¿Eh? Ni id’a, pero cu’ndo yo e’toy de mal humor, mord’r algo duro m’ ayuda a calmarm’. ¡A mí también m’ pican los dient’s cuando e’toy frustrado!
—Vale, entendido. No volveré a preguntarte nada, Garf-san.
—¡¿Gao...?!
Dejando de lado a un Garfiel conmocionado, Petra se llevó la mano al pecho. El Juramento que había hecho con Musica ligaba su propia alma al cumplimiento de la promesa. Si lo rompía, las consecuencias serían fatales.
No obstante, las condiciones eran sencillas: solo requería que Emilia y los Hombres- topo hablaran.
—Si todos logramos regresar sanos y salvos a Lugunica, no habrá ningún problema.
En cierto modo, ese juramento era la declaración de guerra de Petra contra el destino. Era su promesa personal de que encontraría a Subaru y que todos volverían juntos al Reino.
Aunque había una pequeña parte de ella que sentía que debía disculparse con Frederica por otro motivo:
—Quería borrarle esa cara de "lo tengo todo bajo control" a Roswaal-sama, y por eso me puse terca con lo del juramento... Quizás eso sí fue un poco infantil.
Aun así, ver la cara de Roswaal cuando lo sugerí no tuvo precio.


11
Mientras tanto, en el otro carruaje, en el momento en que Petra estaba siendo sermoneada por sus compañeros tras haberse reunido con ellos:
—... Me he dado cuenta de que soy alguien muy, muy afortunada —murmuró Emilia.
—¿Afortunada? —respondió Roswaal.
—¿Incluso cuando tu existencia es la razón por la que personas como ellos se ven empujadas a tales extremos?
—Sí, así es. No puedo estar de acuerdo con lo que Musica-san y los suyos pensaban hacer, pero... me hizo muy feliz el gesto de Petra-chan. El hecho de que ella, a diferencia de ti, Dudley, priorizara mis sentimientos.
— …
—¡Ah, pero que conste que estoy enfadada con ella por haber seguido adelante con lo del Juramento por su cuenta!
—El Juramento, eh...
—¿Ros... Dudley?
—No, es solo que me ha sorprendido. Tanto la idea como la firmeza de su determinación. Y sobre todo, esa actitud de intentar salvar incluso a aquellos que le causaron un perjuicio. Es casi como si...
—¿Casi como si fuera Subaru?
—Sí, aunque parece tener también tu influencia, Emily. Vaya, vaya... a ese paso...
—¿Mmm? ¿Por qué hablas como si fuera problema de otro?”—le cuestionó ella.
—... ¿A qué te refieres?
—Quien le enseña magia y otras cosas a Petra-chan eres tú, Dudley. Por eso, esto también es parte de tu influencia. No debes olvidarlo.
—...
—Ah, voy a ver cómo está Patrasche-chan. También tengo que preguntarle al Sr. Musica y los demás cuánto falta hasta que puedan salir de la “Oscuridad Eterna”.
—...
Emilia se alejó, dejando a Roswaal sumido en sus pensamientos. Entonces, una pequeña voz surgió desde el interior del carruaje:
—... Tienes una cara muy solemne, supongo.
— Oh, ¿te has despertado?
—Solo un poco... ¿Ha pasado algo mientras Betty dormía?
—Veamos... mientras dormías...
—¿...?
—Ha ocurrido algo que me ha dejado una sensación... muy, muy difícil de expresar con palabras.