Ser un Hombre era Duro
Capítulo 3
Ser un Hombre era Duro
1
—…Prisionero.
Al escuchar esa palabra, Subaru tragó saliva sumido en una profunda confusión.
—...
A su alrededor, el lugar donde Subaru estaba prisionero tenía el aspecto de un campamento militar construido para una batalla, como los que se ven en un Drama Taiga. Había numerosas tiendas de campaña montadas, y quienes iban y venían formaban un ejército mixto de humanos y medio humanos equipados con armaduras y envueltos en una atmósfera hostil.
Lo habían hecho sentarse sobre la tierra dura, en un lugar con una cortina rudimentaria montada como cortavientos. Estaba atado con las manos a la espalda y los pies inmovilizados, privado de su libertad.
Sin embargo, para Subaru, lo verdaderamente importante por encima de su propia falta de libertad era…
—Rem... Debería haber una chica conmigo. ¿Qué pasó con ella?
—Vaya, ¿lo primero que te preocupa nada más enterarte de que eres un prisionero es una chica? Supongo que puedo asumir que esas chicas son importantes para ti, ¿verdad?
Ante la tranquila pregunta de Subaru, el hombre agachado frente a él—el joven de cabello naranja brillante que había detenido al tipo violento que le metió el zapato en la boca a Subaru— levantó una ceja.
La edad del joven era un poco mayor que la de Subaru y mostraba una sonrisa agradable, pero por su armadura ligera y la espada en su cintura se podía deducir que era uno de los guerreros del campamento; no un caballero, sino un guerrero.
Habiendo vivido más de un año en este otro mundo, aunque fuera a su manera, Subaru era capaz de notar esa diferencia.
Los caballeros son espléndidos y los guerreros son toscos… No en un mal sentido.
Es la diferencia en lo que se exige de ellos. Para un caballero, además de la destreza técnica por supuesto, es indispensable poder brindar tranquilidad al corazón de la gente. En ese aspecto, se puede decir que una apariencia inmaculada es un requisito fundamental. Reinhard y Julius son las mejores pruebas de ello.
Por otro lado, lo único que necesita un guerrero es la fuerza para luchar y la victoria. El joven frente a sus ojos no era una excepción.
—...Te lo preguntaré una vez más. ¿Y la chica que estaba conmigo?
—Sí que eres terco, amigazo... Las dos están bien. Están tan bien que incluso diría que tienen demasiada energía.
—¡¿D-de verdad?! ¡Déjate de respuestas a medias! Con que la chica de cabello azul esté a salvo, me basta.
—¡¿Eres un tipo así de desalmado?!
Ante un Subaru que se inclinó hacia adelante por acto reflejo, el joven se rascó la mejilla con una sonrisa irónica.
Era su sincera verdad sin reservas, pero, aunque le explicara los detalles de la situación, él no lo entendería. De todos modos, escuchar que Rem estaba a salvo fue un alivio. Ahora el problema era la posición en la que se encontraban.
—Que nos hayan hecho prisioneros es algo difícil de tragar, pero lo aceptaré por ahora... ¿Y qué hay de Rem... y la otra?
—Si quieres verlas, te dejaré verlas más tarde. Siempre y cuando respondas a mis preguntas con sinceridad, claro. Por cierto, sobre esas chicas, ahora mismo están encerradas en una celda.
—¡¿En una celda?! ¡¿Por qué harían semejante... ¡¿Guagh?!
Al escuchar la palabra celda, la imagen de Rem sufriendo en un entorno cruel cruzó por su mente. Sin embargo, en el instante en que protestó por ello, un hombre con un parche en el ojo pisoteó con rudeza los dedos rotos de sus manos atadas a la espalda.
Ante un Subaru que apretó los dientes y gimió por el dolor, el hombre del parche en el ojo soltó un chasquido de lengua diciendo “pedazo de mierda”, y añadió:
—Eres un imbécil que no tiene nada de consciencia de su posición como prisionero. ¡Tú limítate a responder lo que se te pregunte!
—¡Ya basta, Jamal! ¡Se volverá a desmayar!
—Déjame enseñarle cuál es su lugar. Con que esté intacto del cuello para arriba basta, ¿no? Si quieres, puedo romperle todos los dedos que le quedan…
—...Jamal.
Cuando el hombre que pisoteaba las manos del encogido Subaru—Jamal— soltó aquello con una sonrisa maliciosa, el joven lo llamó por su nombre de repente con un tono de voz tranquilo.
Ante ese llamado, Jamal contuvo el aliento y retiró el pie a regañadientes diciendo: “Ya, ya entendí”.
—Gah, gu…
—Tch. Dale las gracias a Todd. Me enfermas.
Jamal le escupió esas palabras a un Subaru que por fin podía respirar tras haber sido liberados sus dedos rotos. Acto seguido, Jamal le dio la espalda y se alejó del lugar con evidente irritación.
—Vaya, lamento que sea tan impaciente. Tiene los nervios de punta. El escuadrón que los encontró a la orilla del agua fue el de Jamal, pero…
—¿El de él, pero...?
—Al parecer, la chica que te acompañaba opuso mucha resistencia. Su escuadrón quedó medio destruido, y él, como capitán, perdió todo su honor.
Ante la explicación del joven llamado Todd, Subaru dejó escapar un “Ah…”, comprendiendo el motivo de la ira de Jamal.
Debió ocurrir después de que saltaron al río y treparon a la orilla. Rem, que se había despertado primero, debió haberles dado una buena paliza a Jamal y a sus compañeros cuando llegaron.
Era comprensible que Jamal fuera tan duro con Subaru, siendo él el compañero de aquella chica.
—Aun así, odio a ese sujeto...
—Jaja, qué coincidencia. A mí tampoco me agrada mucho.
Riendo con confianza, Todd se encogió de hombros. Era una respuesta sin malicia. Para el que acababa de sufrir el tormento de que le pisaran los dedos rotos era algo difícil de tolerar, pero aguantándose por el momento, Subaru dejó escapar un suspiro.
Tras alejar el dolor de su cabeza de ese modo, alzó la mirada hacia Todd, con quien parecía posible hablar de forma racional.
—¿Está bien si le llamo Todd?
—Vaya, sí que estabas escuchando. Así es, soy Todd. Y respecto a las preguntas...
—Solo tengo que responderle con sinceridad, ¿no?... ¿Qué es lo que quiere saber?
Al fin y al cabo, Natsuki Subaru no es más que un insignificante forastero de otro mundo.
No conoce el método para cruzar entre mundos y, por desgracia, carece de los conocimientos especializados como para usar CHEATS, típicos en las historias isekai. Carece absolutamente de todo y, si se pone a pensarlo a fondo, le dan ganas de llorar.
—Alguien en mi situación, ¿qué podría responderle realmente?
—Qué manera tan rara de ser servil. Bueno, aunque hay pocas esperanzas, por ahora solo quiero preguntarte una cosa: ¿Eres de “los Shudrak”?
—...¿Shudrak?
Fue una pregunta que Todd hizo dándose cierta importancia, pero era un término que Subaru nunca había escuchado.
Sin embargo, al ver la reacción de Subaru al devolverle la pregunta, Todd se llevó una mano a la frente diciendo: “¿Ves? Lo sabía”.
—Por esa reacción me di cuenta. No tienes ninguna relación con ellos.
—Oiga, oiga, espere un poco. Aún no he respondido nada. Por mucho que diga, sacar conclusiones tan rápido...
—Para nada. No hay nadie que mienta cuando le preguntan por su clan. Ni nadie que no lo reconozca al escucharlo. Por eso, si ahora me dijeras que eres de “los Shudrak”, absolutamente nadie te creería.
Fue una forma de hablar categórica, pero no sonaba a un farol.
La manera tan segura en que Todd lo dijo tenía poder de convicción, y Subaru no pudo insistir más.
Sin embargo, si ese era el caso…
—Y, ¿qué se supone que son “los Shudrak”?
—Son las personas que estamos buscando. Están en algún lugar de ese enorme bosque... la Selva de Buddheim.
—...La Selva de Buddheim.
—Toda esta zona es un bosque. Si investigamos paso a paso, quién sabe cuántos años nos tomará.
Siguiendo la mirada de un Todd que murmuraba con apatía, Subaru también comprendió la causa de sus suspiros.
…Era un bosque tan vasto, tan inmensamente vasto, que daban ganas de lamentarse.
Visto desde el campamento donde Subaru había sido capturado, la vegetación se extendía sin fin hasta el horizonte tanto a derecha como a izquierda. Si su profundidad era comparable a eso, tal como había pensado innumerables veces mientras caminaba por él, sin exagerar ni usar metáforas, podría rivalizar con la gran selva del Amazonas.
Considerando su extensión, su dureza y la presencia de mabestias junto con plantas y animales desconocidos, era verdaderamente una región demoníaca.
—...¿Buscar personas aquí? Diciéndolo de forma moderada, ¿no es eso imposible?
—¿Tú también lo crees? Sí, de verdad es un fastidio. Si mi regreso se retrasa varios años, mi prometida me va a dar la espalda.
La tristeza de un soldado enviado al campo de batalla y separado de su amada. Al percibir algo similar en las palabras de Todd, Subaru no pudo evitar compadecerse un poco.
Sin embargo, como el que estaba separado de los suyos en ese preciso momento era el propio Subaru, esa compasión no duró mucho.
—Oiga, Todd. A su juicio, creo que he respondido con sinceridad. Si es así, me alegraría que usted también cumpliera su promesa.
—Una persona se lamenta por no poder ver a su prometida, ¿y tú me pides que te deje ver a tu mujer? No tienes sangre ni lágrimas en las venas.
—No quiero que me lo diga el compañero de un imbécil que le pisa los dedos rotos a un herido.
—Jaja, en eso tienes toda la razón.
Fue una respuesta bastante osada por parte de Subaru, pero Todd, en lugar de enojarse, soltó una carcajada. Acto seguido, aflojó las cuerdas que ataban los pies de Subaru, concediéndole la libertad de caminar.
—Al menos podrás caminar con pasos cortos. Te llevaré hasta la celda.
—Sí, podré moverme. Le encargo la guía.
—Qué descarado eres. ¿Acaso eres un noble o algo así?
Todd le dio una palmada en la espalda con una sonrisa irónica, y Subaru comenzó a caminar a pasos cortos.
Al salir de la tienda de prisioneros caminando de esa manera tan particular, se dio cuenta de que los hombres del alrededor lo miraban con curiosidad.
—Definitivamente, parece un campamento preparado para la guerra.
Una valla de madera construida a toda prisa rodeaba el campamento, y en unos establos improvisados había esbeltos dragones de tierra amarrados. Había numerosas tiendas de campaña de diferentes colores alineadas; a juzgar por la escala, probablemente había más de cien efectivos.
Era un grupo considerable... pero, aun así, inspeccionar por completo aquella inmensa selva era totalmente imposible. Comprendía perfectamente el sentimiento de lamento de Todd ante una misión donde no se le veía el fin.
Y mientras Subaru compadecía a Todd y a la prometida que no podía ver de esa manera…
—Ah, hablar de nobles me lo recordó... Cuando revisamos tus pertenencias encontramos un cuchillo, ¿de dónde sacaste eso?
Ante esa pregunta que Todd hizo como si de pronto lo recordara, Subaru frunció el ceño por un instante y se dio cuenta a qué se refería.
Era el cuchillo que le había dado el hombre enmascarado en el bosque. El objeto que tanto le había servido para superar los obstáculos del bosque y las trampas de Rem…. Ahora que lo pensaba, existía la posibilidad de que aquel hombre enmascarado fuera parte de “los Shudrak”.
—Si ese fuera el caso, ¿hablar de su existencia no sería una traición hacia mi benefactor?
—¿Qué pasa?
Todd miró su silencio con extrañeza, pero Subaru también albergaba un difícil dilema en su interior.
En esta situación como prisionero, Todd lo estaba tratando de una manera relativamente moderada, pero seguía siendo el trato a un cautivo. Era difícil calificarlo como un oponente amistoso.
Por otro lado, aunque existía una alta probabilidad de no volver a ver nunca más al hombre enmascarado, le había dado consejos efectivos para buscar a Rem y, además, le había cedido aquel cuchillo. Puesto en una balanza, su nivel como benefactor era alto.
Es decir…
—... Ese cuchillo es de mi familia. Es una reliquia familiar.
—¿De verdad? Oye, oye, en ese caso, ¿no eres alguien bastante importante?
—¿Eh?
Tras pensarlo mucho, decidió en su corazón proteger a su benefactor.
Ante la mentira que soltó Subaru con esa intención, la voz de Todd se agudizó ligeramente por la sorpresa.
Subaru no comprendía la razón de ello, pero Todd continuó diciendo: “Es que…”.
—Es un cuchillo que tiene grabado el emblema nacional del Lobo Espada. Por lo que he oído, ese tipo de objetos los otorga el emperador directamente a sus vasallos. Eso significa que tú también provienes de un linaje honorable, ¿no es así?
—...Espere.
Al escuchar las palabras de un Todd que hablaba con voz animada, Subaru contuvo el aliento de esa manera.
El origen del cuchillo que había recibido podía dejarse de lado por el momento. Parecía tener una historia bastante sorprendente digna de mención, pero debía aparcarlo por ahora.
El problema residía en un punto completamente distinto…. El emblema nacional del Lobo Espada, y el emperador.
—...
Con los labios apretados y deteniendo sus pasos, Subaru volvió a mirar a su alrededor.
Las numerosas tiendas de campaña, las hogueras, los hombres que le dirigían miradas de burla, aquel bosque infinitamente vasto... y entonces, vio una bandera azul ondeando al viento junto a una tienda de campaña especialmente grande.
…En el centro de esa bandera azul estaba dibujado el rostro de un lobo atravesado por espadas.
—No puede ser...
También para Subaru había transcurrido ya más de un año desde su llegada a este otro mundo.
Las oportunidades en las que se le presentaba como el Caballero Número Uno de Emilia habían aumentado y, para no dormirse en los laureles escudándose en ser un forastero, se encontraba en pleno proceso de estudiar diversos asuntos sobre el sentido común de este mundo.
Los resultados de esos estudios coincidieron con el lobo atravesado por espadas: el “Lobo Espada”.
Y eso era…
—...El Sacro Imperio de Vollachia.
El emblema nacional del imperio situado al sur del Reino Dragón de Lugunica, cruzando la frontera.
Fue en este preciso momento cuando Subaru comprendió por primera vez que, atravesando la frontera entre el Reino y el Imperio, habían sido arrojados al territorio de otro país.

2
…El Sacro Imperio de Vollachia.
Ese era el nombre de la tierra... no, del país donde Subaru se encontraba actualmente como prisionero.
Como resultado de sus estudios sobre este otro mundo, la impresión que Subaru tenía de Vollachia era: “Es como en los juegos y todo eso, los imperios suelen ser como nidos del mal, ¿verdad?”.
El Imperio de Vollachia, uno de los Cuatro Grandes Países que mantenían el equilibrio de poder en este mundo junto con el Reino de Lugunica, era una gran potencia que poseía el territorio más vasto y dominaba el sur del mapa del mundo.
En una Vollachia bendecida con tierras fértiles, un clima templado y un suelo rico en comparación con Gusteko al norte o Kararagi al oeste, como era de esperar, se había formado de manera natural un sistema regido por la “ley de la selva”.
Múltiples razas y etnias se entrelazaban en su territorio; el fuerte lo obtenía todo, mientras que el débil lo perdía y era oprimido.
Ese era el Imperio de Vollachia, un lugar donde tales atrocidades pasaban como si nada; en resumidas cuentas, una tierra habitada por las personas menos compatibles con Natsuki Subaru.
—...El Sacro Imperio de Vollachia.
Al ver la bandera militar ondeando junto a la tienda de campaña, aquello se le escapó de los labios a Subaru por acto reflejo.
Al escuchar ese murmullo atónito de Subaru, Todd levantó ligeramente una ceja y exclamó:
—¡Viva Vollachia!
—¡¿Uoh?!
De repente, una voz se elevó justo detrás de él como si hubiera explotado, y Subaru se sobresaltó. Al ver la reacción de un Subaru que había dado un salto por el susto, Todd se rio con un “Jajaja”.
—¿Qué pasa con esa reacción? Si fuiste tú quien sacó el tema.
—¿Viva Vollachia?
—Viva Vollachia.
Era una acusación infundada de la que no tenía recuerdo alguno, pero de algún modo lo entendió.
Si se hace el llamado de “Sacro Imperio de Vollachia”, se responde “Viva Vollachia”. Ese era su sentido común y una parte de su identidad nacional.
Y había algo más de lo que se dio cuenta.
—...Ya no puedo revelar a la ligera que soy de Lugunica.
Para Subaru, aquello era un duro golpe en la sombra.
Actualmente, la posición de Subaru era la de Caballero Número Uno de Emilia, una candidata en la Selección Real que se llevaba a cabo en el Reino de Lugunica.
Bajo la tutela de Roswaal, Subaru ha recibido oficialmente el título de caballero y, de hecho, es un miembro menor de la nobleza de Lugunica por una sola generación.
Incluso si no fuera así, prácticamente nadie en el Reino de Lugunica desconocía el asunto de la Selección Real.
Por lo tanto, si revelaba su identidad, podían concederle ciertas facilidades. Al menos, en cuanto se asegurara de que Rem estaba a salvo, pensaba contárselo a Todd, con quien parecía posible razonar.
Pero si este lugar era el Imperio de Vollachia, la historia era completamente distinta.
—...
Por haber leído los libros de historia de este mundo, Subaru sabía muy bien que la relación entre el Reino de Lugunica y el Imperio de Vollachia era mala.
Ambos países, que habían librado guerras a gran escala en sus territorios en numerosas ocasiones hacen más de cuatrocientos años, se habían mantenido alejados de los grandes conflictos desde que, hace cuatro siglos, el Reino de Lugunica selló un pacto con el “Dragón Divino”.
Sin embargo, después de eso habían estallado pequeñas batallas esporádicas, y no había duda de que en la actualidad la relación entre ambos países se encontraba en un estado de guerra fría. Había escuchado que, antes de que se proclamara el inicio de la Selección Real, se llegó a un acuerdo previo para evitar que el Imperio aprovechara la oportunidad e iniciara una guerra.
Si dentro de ese Imperio de Vollachia él dijera que era parte de la nobleza menor de Lugunica, ¿qué pasaría?
Si estuviera ante un noble del Imperio sensato sería una cosa, pero esto era un campamento en el extremo del campo de batalla… Dejando a Todd de lado, ¿se podía esperar un trato de Representante de Estado por parte de sujetos tan impulsivos como Jamal?
—Es absolutamente imposible.
En resumen, Subaru ya no podía revelar su identidad a la ligera.
Llegados a este punto, que su compañera fuera una Rem que había olvidado incluso eso era una suerte dentro de la desgracia... realmente, una pequeña suerte dentro de una desgracia tras otra.
—Oye, ¿qué te pasa de verdad? ¿Además de los dedos, las piernas también te fallan?
—No, no es eso. Es solo que, al escuchar las palabras “¡Viva Vollachia!”, no pude contener el temblor de un sentimiento de reverencia que brotó desde el fondo de mi pecho…
—Ah, ya veo. Entonces no hay de otra. Fui yo quien no tuvo la consideración suficiente.
Con esa pésima excusa, Todd quedó satisfecho, y una sonrisa forzada y seca decoró las mejillas de Subaru.
—Ya veo, es una visión del mundo que solo conocía por los libros, así que esto es un “Imperio”.
Se podía dar por hecho que el método de usar su identidad como carta del triunfo para regresar al dominio Mathers había quedado sellado.
Tal vez, si se tratara de un ciudadano imperial sensato, respetarían su posición, pero…
—...Para apostar entre dos opciones, las probabilidades están demasiado en mi contra.
—¿Qué estás refunfuñando? Vamos, es el reencuentro que tanto deseabas.
—Ah.
Con un empujoncito en la espalda, le dieron una palmada en el hombro al Subaru que avanzaba a pasos cortos.
Al levantar la vista tras las palabras de Todd, vio una jaula de hierro instalada en un extremo del campamento. Dentro de varias jaulas alineadas ordenadamente, había una chica sentada en el suelo y...
—¡Rem!
—...Tú eres...
Al descubrir la figura de la chica que estaba buscando, Subaru se lanzó hacia la jaula. Rem, que lo reconoció, frunció el ceño ante su ímpetu y lo fulminó con la mirada con la misma hostilidad de siempre.
Pero no le importó. Lo primero era confirmar que estaba a salvo...
—¡Ah, qué alivio! ¡¿No te hicieron nada?! ¡¿Te duele en algún... Puef?!
Como resultado de apresurarse a pasos cortos, se le enredaron los pies y cayó hacia adelante. Obviamente, al no poder usar las manos para amortiguar la caída, Subaru se estrelló de cara contra la jaula de hierro y cayó hacia atrás soltando un “¡Guah!”.
Al ver aquella impactante autodestrucción, incluso el rostro de Rem mostró más sorpresa que desconfianza.
—¡O-oye, ¿qué haces de repente?!
—No, perdón... N-no quería... asustarte...
—¡No estoy asustada! No te burles de mí, por favor… ¿Tu nariz y los dientes están bien?
—¡¿Eh?! ¿Sientes preocupación por mí?
—¿Eh? Claro que no.
La respuesta de Rem hacia un Subaru que se incorporó como una oruga y sorbió por la nariz fue fría.
Sin embargo, al verse reflejado en aquellos ojos azul claro, Subaru dejó escapar un suspiro teñido de cierta alegría en el corazón. Al ver esa actitud, la Rem dentro de la jaula tensó aún más sus mejillas, pero, aun así:
—Como sea, me alegra que estés bien. ¿Hay alguna parte donde te sientas rara? Como, por ejemplo, si ya puedes mover las piernas, o si tienes escalofríos por haber quedado empapada; dime cualquier cosa.
—Por favor, deja de acercarte fingiendo tanta dedicación. En el bosque cooperé porque no me quedó de otra, pero lo sospechoso que eres no ha cambiado en...
—No, cabe la posibilidad de que tus defensas hayan bajado por haber estado durmiendo tanto tiempo. ¡Oiga, Todd! Sería un gran problema si Rem se resfría. ¿Podría prestarme, aunque sea una manta?
—¡Por favor, no me ignores para seguir adelante con la conversación por tu cuenta!
Al exigir mejoras para las condiciones del entorno en las que se encontraba Rem, la propia Rem protestó con fuerza.
Al parecer, tras haber superado el proceso de huir de las dos grandes amenazas—el cazador y la mabestia—, la sospecha y la desconfianza hacia Subaru en el interior de Rem no se habían disipado en absoluto.
Ante ese hecho, Subaru sonrió amargamente rascándose la mejilla, y Todd aplaudió dos veces.
—Ya, ya, entiendo que sea un reencuentro emotivo, pero están un poco desincronizados, ¿no creen? Bueno, entonces, ¿puedo asumir que usted es Rem?
—...Quién sabe, me pregunto si lo seré.
—Oye, oye, qué problemático. Hasta la terquedad debería tener un límite.
Todd puso una expresión incómoda ante la pésima comunicación entre Subaru y Rem.
Rem apartó el rostro con desdén, pero al parecer su recepción fría no se limitaba a Subaru, sino que era consistente hacia este campamento... Es decir, hacia los imperiales, incluido Todd.
Por otra parte, aquello tampoco dejaba de ser muy típico de una Rem con carácter fuerte en casa y reservada fuera de ella.
—Si vas por ahí mordiéndole a todo el mundo sin importar quién sea, pronto te pondrán el apodo de perro rabioso.
—De todas las cosas que podías decir, ¿me llamas perro? No solo tienes un olor horrible, sino que también eres un maleducado.
—¿Qué quieres decir con que mi olor corporal es maleducado? ¿Acaso no estoy limpio?
Existe el dicho de que “quien odia al monje, odia hasta su hábito”, y la forma en que Rem le hablaba a Subaru era exactamente eso. Lo mala que fue la impresión del primer encuentro realmente le estaba pasando factura.
Deduciendo que sería difícil ganarse a Rem, Subaru volvió a fijar su objetivo en Todd.
—Como sea, esta chica es Rem, no cabe duda. Gracias por salvarla... Aunque viendo la situación en la que la tienen metida en esta jaula, es difícil dar las gracias.
—Te lo dije, ¿no? Los de la unidad de Jamal recibieron una buena paliza. Si no les dejamos hacer al menos esto, nosotros tampoco salvamos el honor. Bueno, no le dejarán marcas.
—...¿Puedo confiar en eso?
—Tienes la confianza de un noble imperial. Ni siquiera Jamal podrá ir por ahí quejándose.
Al decir esto, Todd rebuscó en el interior de su ropa y sacó aquel cuchillo. Cuando Subaru abrió mucho los ojos al verlo, Todd desenvainó el cuchillo y cortó las cuerdas de las manos y los pies de Subaru.
—Oh... ¿Acaso me va a liberar, así como así?
—Sí, llévate a esta chica y vayan a donde... es lo que me gustaría decir, pero no se puede.
—...
—No me mires con esos ojos tan intimidantes. No lo hago por molestarte. Como puedes ver, hemos acampado aquí para luchar contra los Shudrak en el bosque. Pero no somos los únicos desplegados. Si andan por ahí merodeando sin cuidado, los atraparán los de otros campamentos.
Se refería a que, para conquistar aquella vasta selva, había otros campamentos militares dispersos además de este.
Era una advertencia de que, si Subaru y Rem entraban por descuido en el territorio de otro campamento, existía el peligro de que los capturaran e interrogaran de nuevo, exactamente igual que aquí.
—¿Significa que existe la posibilidad de terminar en un campamento repleto de Jamals y que me hagan comer botas hasta reventar?
—A mí no me gusta el dolor ni nada de eso, así que intento resolver las cosas hablando en la medida de lo posible. No debería decirlo yo, pero alguien como yo es bastante raro para ser un militar imperial.
—La mayoría de los sujetos son igual de arrogantes que ese hombre tan maleducado.
—Bueno, supongo que eso es lo que la hizo enojar, así que ellos se lo buscaron.
La voz dura de Rem estaba cargada de un intenso desagrado.
Para el propio Subaru, era un oponente por el que le resultaba imposible sentir agrado, pero para Rem, su primer encuentro con Jamal debió haber sido de la peor manera imaginable. Y al no haber ninguna justificación por parte de Todd, tal parecía que sus acciones no podían defenderse ni siquiera entre aliados.
—Todd, ya me quedó claro que se preocupa por nosotros. Pero, ¿qué deberíamos hacer? Se estaba lamentando antes, no podemos esperar hasta que terminen de conquistar toda esta selva.
—Desde luego que no, y a nosotros también nos regañarían por dejar que un forastero se quede tanto tiempo en nuestra base. No tienes de qué preocuparte, en unos días una unidad de suministros se dirigirá al pueblo más cercano. Pueden irse de este campamento junto con ellos.
—Ya veo, una unidad de suministros.
Era algo evidente, pero se requería una cantidad considerable de comida y agua para mantener operativos a un gran número de personas.Era imposible abastecer todo eso de forma local, por lo que en el ejército las unidades de suministro eran tan importantes como las tropas de combate.
En esta base también contaban con ese tipo de logística, y lo que Todd les recomendaba era acompañar a dicha unidad.
—Entonces no hay problema con que me quede a su cuidado por un tiempo... ¿verdad?
—¿Por qué no? La situación de combate no cambiará tan rápido de todas formas... Eso sí, lo mejor es que te mantengas alejado de Jamal. A menos que tengas ganas de que te hagan comer bota otra vez.
—Eso se me ha quedado grabado hasta los huesos... Rem, ¿tú también estás de acuerdo con ese plan?
Con el rostro apartado fríamente, no hubo respuesta de parte de Rem.
Sin embargo, que no se negara directamente significaba que no tenía objeciones ni un plan alternativo.
—Simplemente lo consideraré como una adorable muestra de rebeldía; no, una rebeldía súper tierna y adorable.
—A propósito, ustedes sí que tienen una relación extraña. ¿Qué clase de pareja son exactamente?
—Ah, solo míranos como si fuéramos viajeros. Rem es la chica que más me importa, y la otra es una niña que no conozco de nada.
—Después de todo este tiempo, sigues diciendo eso...
Al escuchar su respuesta a Todd, la desconfianza en Rem aumentó todavía más. Subaru sabía que había cometido un error, pero, por otro lado, le resultaba imposible reconocer a Ruy como una compañera de viaje.
Con toda honestidad, si el Imperio estaba dispuesto a quedársela, prefería que lo hicieran.
—Por cierto, esa chica no está dentro de la jaula junto con Rem. ¿A dónde se fue?
—...Si preguntas por esa niña, se la llevaron para que recibiera tratamiento médico. Al parecer se cortó la frente por algún lado cuando cometiste esa imprudencia de saltar al río.
—Tratamiento... ¿Tratamiento?
Ante la respuesta de una Rem que evadió su mirada, Subaru se quedó pasmado por un momento antes de ponerse serio.
Y de inmediato, se abalanzó contra las rejas de la celda.
—¡¿Dijiste tratamiento?!
—¿Q-qué es lo que pasa? Sí, le están dando tratamiento. ¿O me vas a decir que como odias a esa niña, tampoco quiere dejar que le curen sus heridas?
—Tampoco te equivocas en eso, pero el problema es otro mucho peor. ¡Oiga, Todd! ¿Dónde está recibiendo tratamiento esa Ruy? ¡¿En qué tienda de campaña?!
Ante la vehemencia del Subaru que se había girado hacia él, Todd se sorprendió y dijo: “¿Qué pasa?”. Sin embargo, sujetando por los hombros al hombre que claramente no entendía la gravedad del asunto, Subaru le preguntó una vez más: “¿Dónde está?”.
—Si está recibiendo tratamiento, es en esa tienda de campaña de ahí que tiene una bandera roja. Pero, ¿qué te pasa tan de repente?
—¿Cómo que qué me pasa? ¡Todos vamos a morir!
Empujando el hombro de un Todd que abrió los ojos de par en par, Subaru se dirigió a toda prisa hacia la tienda con la bandera roja.
Ante semejante ímpetu de Subaru, Rem y Todd se miraron las caras por acto reflejo.
—¿Qué fue eso? Como sea, voy a seguirlo, pero…
—Por favor, vaya. Si no lo detiene, es capaz de cometer alguna locura.
—¿Y por qué tengo que ser yo al que usted le pide...?
Rascándose la cabeza, Todd corrió apresuradamente tras los pasos firmes de un Subaru que avanzaba con prisa.
Una vez que la espalda de aquel Subaru que se alejaba desapareció de su vista, Rem susurró en voz muy baja para que nadie pudiera escucharla…
—... ¿Qué pasa con ese hombre? Todo este tiempo, no ha hecho más que arrastrarme de un lado a otro.
Por otro lado, el Subaru que había escuchado la explicación anterior erraba la mirada de un lado a otro buscando la tienda de campaña roja.
Al enterarse de que Ruy estaba recibiendo tratamiento médico, la peor posibilidad cruzó por la mente de Subaru.
El riesgo de que Ruy—quien por alguna razón parecía haber perdido la cordura— volviera a la normalidad al recibir tratamiento médico y resucitara como uno de los Arzobispos del Pecado de la Gula.
Si eso sucedía, ni el propio Subaru ni una Rem sin recuerdos tendrían oportunidad alguna de hacerle frente. Incluso si Todd, Jamal y todos los soldados imperiales del campamento unieran fuerzas, habría un número masivo de víctimas.
No podía permitir que eso pasara. El corazón de Subaru se llenó de impaciencia al pensar en que algo así jamás debía ocurrir.
Y avanzando con zancadas decididas hacia la tienda roja que había captado su atención…
—¡Disculpen! ¿Hay por casualidad una mocosa aterradora de cabello rubio por aqu—?
—¡¡A-u-a!!
En el preciso instante en que intentó abrir la cortina de la tienda, una bala dorada salió disparada desde el interior con una fuerza abrumadora.
Aquel proyectil impactó sin fallar justo debajo de la nariz de Subaru—en el filtro—, haciéndolo exclamar “¡Guah!” mientras su consciencia y su torso se tambaleaban. De esa misma manera, Subaru cayó de espaldas al suelo.
Y por acto reflejo, intentó amortiguar la caída apoyando su mano izquierda en la tierra… La misma mano izquierda que tenía tres dedos rotos.
—¡¡Ghyáaaaaaa!!
—¡Ah! ¡Ah! ¡U-ah!
Subaru se retorcía de dolor en una agonía extrema. Y a horcajadas sobre aquel Subaru que se retorcía de dolor, se encontraba un demonio retozando alegremente con risitas y gritos de felicidad. Era Ruy.
Con exactamente la misma expresión que tenía cuando lo despertó en la pradera, mostraba una sonrisa que parecía la manifestación de una maldad inocente mientras se frotaba feliz contra su pecho.
Quería apartarla de un manotazo, pero el dolor que le quemaba la consciencia se lo impedía.
—Gah, ku, ah, ah…
—Vaya, ¿apoyaste la mano izquierda? Eso debió doler... Pero por lo que veo, esta niña parece estar de lo más normal. Y ya le curaron la herida de la frente.
Todd, que había alcanzado a un Subaru que se retorcía, levantó con cuidado a la Ruy que retozaba sobre su pecho caído. Ruy agitaba brazos y piernas soltando “Ah-uh”, pero Todd no le prestó la menor atención.
Tal como había dicho Todd, la cabeza de Ruy tenía un vendaje y al parecer le habían curado el corte de la frente. No obstante, mediante métodos médicos simples, no con magia.
—Ku, ah... Y-ya veo. Con que a eso te referías con tratamiento para la cabeza...
Se había asustado pensando que sin falta usarían magia para sanar sus heridas, pero con ese método médico no habría forma de que la curación alcanzara lugares que él no quería que sanaran. Parecía que los temores de Subaru habían sido infundados después de todo.
—Tratas como a una extraña a esta niña que se te apega tanto, pero la chica por la que tanto te preocupas te trata con una frialdad increíble... No sé bien qué pasa, pero por lo visto estás teniendo una vida bastante dura, amigazo.
—... No se lo voy a negar. No hay mucha gente en este mundo que pase por experiencias tan terribles como las mías.
Si hubiera un límite en la cantidad de sufrimiento que un ser humano puede experimentar en su vida, ¿acaso a Subaru se le estaban acumulando los sufrimientos de una vida entera de golpe? ¿O era que el contador se reiniciaba con cada “¿Retorno por Muerte”, por lo que el momento en que pudiera estar en paz no llegaría jamás?
Era aterrador con tan solo pensarlo, pero…
Era aterrador con tan solo pensarlo. Aterrador, sí, pero…
—Por ahora, estoy vivo. Y eso es lo que importa.
—Siento que tus metas son demasiado bajas... Como sea, ¿qué vas a hacer? ¿Puedo asumir que seguirás con el plan de acompañar a la unidad de suministros en unos cuantos días?
—Ah, sí, eso se lo encargo, por favor. Pero me sabe mal tener que depender siempre de la hospitalidad ajena.
—¿Mmm? En ese caso, puedes estar tranquilo. No tengo la menor intención de mantener a vagos que no aportan nada.
Ante esas palabras de Todd, Subaru, que seguía sentado en el suelo con las piernas cruzadas, levantó la vista diciendo: “¿Eh?”. Acto seguido, Todd bajó al suelo a la Ruy que pataleaba en el aire y se puso las manos en las caderas.
Luego, señalando con la mano el campamento imperial que se extendía a sus espaldas, añadió:
—El campamento es de este tamaño. No importa cuántas manos tengamos, nunca son suficientes. Hay montañas de trabajo por hacer, así que vas a tener que ayudarnos con un montón de cosas.
—...El que no trabaja, no come; ¿es eso lo que quieres decir?
Murmuró Subaru en voz baja, y Todd al escucharlo repitió la frase: “El que no trabaja…”, para luego decir:
—Así es. Exactamente eso es lo que quería decir. Conoces frases muy buenas, amigazo.
Al lado de un Todd que asentía con vehemencia, Ruy lo imitó asintiendo con la cabeza de la misma manera.
Mirando hacia arriba a aquellos dos, Subaru hizo crujir los huesos del cuello ruidosamente.
—... Es mucho mejor que me digan que me quede sin hacer nada, o que me hagan comer bota otra vez.
3
—¡Uuuuuuuugh...!
—Toma, muerde una tablilla o algo. Esto va a doler, va a doler mucho.
Diciendo eso, Todd aplicó una medicina de olor penetrante sobre los dedos rotos de Subaru, colocó una tablilla y los envolvió rápidamente con un vendaje para fijarlos, completando los primeros auxilios.
—Y, por último, tómate esta medicina líquida. Al menos te aliviará un poco el dolor.
Todd le tendió un frasco con medicina a un Subaru que sudaba a mares por el dolor. El contenido era un líquido verde y viscoso, pero Subaru se armó de valor y se lo bebió de un trago.
—¡Puaj! ¡Qué asco! ¡E-es un líquido tan espeso que se me queda pegado en la garganta...!
—Es una medicina famosa por lo difícil que es de tragar. Pero es muy valiosa y su eficacia es increíble. Hará que tus heridas sanen más rápido.
Todd se rio mientras sostenía entre sus dedos el frasco vacío que Subaru se había acabado.
Limpiándose la boca, Subaru inclinó la cabeza y le dijo un “perdón” ante las palabras de Todd.
—Perdón por hacer que comparta algo tan valioso con un tipo sospechoso como yo.
—No te preocupes. Sinceramente, si los dejábamos así más tiempo, se te iban a pudrir y caer los dedos. Tómalo como si quisiera ganarme el favor de alguien que ha recibido incluso una daga del Lobo Espada.
Ante la respuesta generosa y desenfadada de Todd, Subaru bajó las cejas y se mordió el labio con remordimiento. El trato amable de Todd se debía a que consideraba a Subaru alguien relacionado con la nobleza de Vollachia. Le causaba remordimiento engañar a alguien que lo estaba tratando tan bien. Sentía una punzada de dolor en el pecho.
—Aunque, ahora que lo pienso... en momentos como este, si tuviéramos magia curativa podríamos sanar las heridas en un santiamén.
Por eso, para disimular su sentimiento de culpa, Subaru aprovechó y cambió de tema.
Fingiendo indiferencia, preguntó acerca de una duda que le inquietaba: la falta de un toque de fantasía en los tratamientos médicos.
—¿Oh? Sí que pides lujos. La magia curativa no es algo que se vea todos los días.
—...Como pensaba, ¿es así de rara?
—Pues claro. Sería muy conveniente si se pudieran curar heridas y enfermedades con la misma facilidad con la que se crea fuego o viento. Tu mano izquierda se habría curado en un abrir y cerrar de ojos.
Subaru bajó la mirada ante un Todd que habló con un tono serio mientras se encogía de hombros.
Y, al confirmar que su suposición había sido acertada, sintió una mezcla simultánea de inquietud y alivio.
…Anteriormente, cuando aún no se habían descubierto las intrigas de Roswaal y solo lo consideraba un noble bufón y animado, habían hablado sobre la rareza de la magia curativa.
Que la magia dependía del talento innato, y que los usuarios de magia curativa eran sumamente valiosos.
Además de esa información, en la tienda médica del campamento había hileras de hierbas y frascos de jarabes, estando equipada con diversos instrumentos médicos en lugar de magia.
Incluso Todd, quien se ofreció a curar sus heridas, no recurrió en absoluto a medios mágicos, sino que utilizó hierbas medicinales y una tablilla. Por lo tanto, no había lugar a dudas.
—...La magia curativa es extremadamente rara.
—Al menos yo nunca la he visto. Según tengo entendido, en la Capital Imperial tienen acaparados a los usuarios que pueden lanzarla. Sea como sea, para la gente común es algo de un mundo muy lejano.
—...
—De hecho, me sorprendió más que las palabras “magia curativa” salieran de tu boca. Para mí, es algo que ni siquiera se me ocurriría como opción, ¿sabes?
Lo que no resulta cercano ni siquiera puede reclamar un lugar en un rincón de los pensamientos.
Hasta ese punto, en el Imperio —o al menos para Todd y los suyos—, la magia curativa no era algo ajeno a su realidad cotidiana.
Por eso, Subaru, que ya se esperaba una respuesta así, negó con la cabeza diciendo: “No”, y añadió:
—Te lo mencioné hace un rato, ¿no? Somos viajeros. Hemos viajado por bastantes lugares y en el camino nos hemos topado con personas que usaban magia curativa.
—Ya veo. Ciertamente pensé que llevabas una ropa muy extraña. El calor de por aquí no encaja para nada con la vestimenta que llevan.
Diciendo eso, Todd observó a Subaru de arriba abajo. Su atuendo seguía siendo el mismo que llevaba para cruzar el mar de arena durante la conquista de la Atalaya Pléyades, preparado como protección contra la arena.
A diferencia de la imagen típica de un desierto, las Dunas de Arena de Augria no eran un lugar caluroso, pero para resistir los vientos de arena llevaba casi toda la piel cubierta. Por esa razón, en una Vollachia con mayor humedad y temperatura, era inevitable que su vestimenta pareciera un tanto fuera de temporada.
—Así que se encontraron con un sanador durante su viaje y te dejaste corromper por esa comodidad.
—¡Qué mala forma de decirlo! Aunque, la verdad, sí que es útil.
De hecho, Subaru había recurrido a la ayuda de la magia curativa en varias ocasiones... no, con bastante frecuencia.
Es más, poco después de ser convocado a este otro mundo, regresar con vida de su primer gran obstáculo habría sido imposible sin la magia curativa de Beatrice. Si Beatrice no hubiera estado allí en aquel momento, Subaru habría tenido que llegar hasta el día de hoy viviendo con el vientre abierto y las entrañas derramadas.
—Pisar mis propias entrañas y tropezar con ellas es una experiencia que no quiero volver a vivir jamás.
—Magia curativa, ¿eh?
—¿...? ¿Todd?
Frente a un Subaru que rememoraba una experiencia bastante singular, Todd dejó escapar un silencioso suspiro. Al notar ese cambio de atmósfera, Subaru frunció las cejas y Todd, cerrando un ojo, dijo: “No, es solo que…”, y continuó:
—Pienso que es una suerte no tener cerca algo tan cruel como la magia curativa.
—¿Cruel...? ¿Por qué? ¿No sería justo al revés?
Al mostrar su incomprensión ante la opinión de Todd, este, manteniendo un ojo cerrado, respondió: “Porque…”:
—Que las heridas se curen significa que no mueres. Tampoco te retiran del frente por estar herido. Te curan las heridas y te obligan a seguir luchando sin fin. Eso es lo que significa que las heridas sanen.
—...
—A mí me da un miedo terrible. ¿Qué tanto le gustaba la guerra a quienquiera que inventó la magia curativa en primer lugar? Siento que es una muestra cruda de ello.
Al escuchar las serenas palabras de Todd, Subaru se quedó sin nada que refutar.
Pensó que era una forma de ver las cosas muy sesgada. En realidad, el campo de acción de la magia curativa no se limita únicamente a las batallas. Es más, como extensión de la vida cotidiana, también tiene la función de salvar a personas enfermas o víctimas de accidentes.
Sin embargo, visto desde cierto ángulo, la opinión de Todd también era una realidad.
Curar a alguien herido en el campo de batalla y empujarlo de nuevo a pelear… Dado que es imposible negar por completo que exista esa faceta, tampoco podía refutar el miedo que él sentía al respecto.
Solo que, si la forma de pensar de Todd representaba la mentalidad general de la gente del Imperio, se sumaba un nuevo elemento al que Subaru debía prestar suma atención en su camino de regreso al Reino de Lugunica.
Y eso era…
—...Tengo que mantener en secreto que Rem es capaz de usar magia curativa.
Puede que Subaru solo se estuviera comiendo demasiado la cabeza, pero debía asumir que era un problema sumamente grave.
En la actualidad, Rem había olvidado cómo usar su magia, y muy probablemente también la forma de entrar en su forma Oni y hacer brotar su cuerno. Sin embargo, no había ninguna razón por la cual algo que era capaz de hacer antes le resultara completamente imposible ahora.
Si por algún detonante llegara a activar su magia curativa y fuera vista por la gente del Imperio...
—Como mínimo, el camino de regreso a Lugunica se volverá mucho más largo.
Desconocía si esa retención sería con buenas o malas intenciones, pero sin duda los detendrían. Y debía evitar eso a toda costa. Por supuesto, no sería el caso si estuvieran en una situación de vida o muerte, pero…
—Perdón, perdón, me desvié del tema. No tenía intención de hacerte fruncir tanto el ceño.
Al ver a Subaru quedarse en silencio, Todd lo dijo como intentando aligerar el ambiente. Por su parte, Subaru le devolvió el asentimiento diciendo “No pasa nada” ante una opinión basada en valores en los que él mismo nunca había pensado.
Después, en un intento por cambiar de tema, Todd dirigió su atención hacia el exterior de la tienda.
—Pero, si es así, la señorita en la jaula también es tu compañera de viaje, ¿verdad? Y siendo así, ¿por qué te muerde tanto al hablarte?
—...Fue un accidente imprevisto, supongo. Antes nos entendíamos casi por telepatía, pero ahora pasaron varias cosas y es completamente un camino de una sola vía. Te pediría que nos tengas un poco de paciencia.
—A mí me da igual, pero parece que lo tienes bastante difícil... Sin embargo, siendo así...
Sin indagar más en la compleja situación entre Subaru y Rem, Todd se tocó la barbilla y apartó la vista.
En la dirección de su mirada se encontraba el brazo derecho de Subaru, el cual este había estado ignorando de forma consciente. Aferrada a ese brazo derecho desde hacía un rato...
—¿Aaah?
...estaba Ruy, dejando escapar un sonido tonto con una expresión que demostraba que no estaba pensando en nada.
Sin soltarse de la mano derecha de Subaru, sonreía de oreja a oreja como si se lo estuviera pasando en grande y, de vez en cuando, jugaba con sus dedos, enredándolos en su propio cabello; hacía todo lo que le daba la gana.
—Por obvias razones, no tienen edad para que sea su hija, ¿verdad? ¿Qué relación tienen?
—Ya se lo dije muchas veces, es una niña que no conozco. Pero estoy seguro de que no es nadie bueno.
—Qué trato tan frío... Pero, parece que la señorita de la jaula sí estaba preocupada por ella, ¿sabías?
—Y eso es lo problemático…
suspiró Subaru, al ser señalado una vez más por Todd, ante lo complicado de la situación en la que se encontraba.
En la situación actual, los sentimientos de Subaru por Rem estaban girando completamente en el vacío. El trato frío de una Rem sin recuerdos se veía fuertemente influenciado por el hecho de que Subaru menospreciaba y desdeñaba a Ruy.
Sin embargo, aun sabiéndolo, Subaru no podía aceptar a Ruy.
Era natural. Ella era un arzobispo del pecado, una de las encarnaciones del mal puro con las que jamás podría coexistir.
—¿Por qué tienen que ser así las cosas? Tú, ¿qué estás tramando? ¿Qué demonios es lo que quieres?
—¿Uuh? Aah, a-oh.
Incluso ante el interrogatorio de Subaru, Ruy se limitó a sonreír tontamente sin dar ninguna respuesta.
Era una actitud sumamente irritante. Por supuesto, también habría sido un problema que actuara con la misma malicia que mostró en el Corredor de las Memorias, pero al menos así no tendría que dudar en catalogarla como un enemigo.
Mucho mejor que esta situación donde se comportaba como un bebé o un niño pequeño, y en la que solo Subaru era capaz de reconocer su peligrosidad.
—Bueno, son compañeros de viaje. Vayan a donde vayan, será mejor que intenten llevarse un poco mejor.
—...¿Y para cuál de los dos va dirigido ese ADVICE?
—¿Adba…? Bueno, puedes tomártelo para quien tú prefieras.
dijo Todd poniéndose de pie mientras ladeaba la cabeza ante esa palabra desconocida.
Aquella era una tienda de enfermería; quedarse mucho tiempo allí para una charla trivial probablemente no era bien visto. Subaru también lo siguió, con Ruy aún pegada a su mano derecha.
—Bueno, por ahora ya hemos terminado de curarte las heridas... Así que, sin más preámbulos, ¿te puedo encargar unos quehaceres?
—Sí, claro. Al menos sentiré menos culpa que si me dejan por ahí sin hacer nada. Pídeme lo que sea. Mientras no sea un trabajo que implique comer botas, venga lo que sea.
—Al parecer te ha quedado un buen resentimiento hacia Jamal... Entendido, entendido, no dejaré que pase nada de eso. Por lo pronto, veamos...
En actitud pensativa, Todd echó un vistazo hacia un grupo de tiendas que tenían banderas negras colgadas. Atraído por su mirada, Subaru también vio las tiendas y preguntó:
—¿Y esto es...?
—Son los suministros del campamento. Hemos reunido todo tipo de cosas porque son necesarias, pero lo de organizar detalles minuciosos no se nos da nada bien. Así que ahí es donde entras tú, que eres un experto en orden y limpieza.
—...¿En qué momento dije yo que fuera un experto en orden y limpieza?
—Para nada. Pero pensé que ojalá lo fueras. Y, además, incluso si no se te diera bien, estaba seguro de que te esforzarías al máximo como agradecimiento por haberte salvado.
—…Tiene una personalidad de cuidado, Todd.
Con una sonrisa afable en el rostro, Todd decía cosas bastante malintencionadas. Con las mejillas crispadas ante sus palabras, Subaru echó un vistazo general al grupo de tiendas negras.
A simple vista había unas veinte tiendas, pero si todas estaban repletas de suministros y, tal como decía Todd, solo estaban organizadas de forma descuidada, iba a ser un trabajo muy pesado.
—No parece algo que se pueda terminar en un día o dos…
—No pasa nada, con que termines de ordenarlo todo antes de que partan los carruajes de dragón de la unidad de suministros es suficiente. Jajaja.
—Jajaja...
En otras palabras, le estaba diciendo que se moviera rápido. Considerando la herida de su mano izquierda, el nivel de dificultad era un poco alto, pero no le quedaba de otra.
—Todo sea por ganarme el pan de hoy, y para poder llevar a Rem de vuelta con Emilia-tan...
—¡Uuh!
Al lado de un Subaru que apretaba el puño con fuerza, dispuesto a enfrentarse a un arduo trabajo, Ruy alzó la voz. Al sentir cómo se colgaba de su brazo derecho, Subaru arrugó el rostro con evidente desagrado.
Con una expresión de no entender absolutamente nada, la arzobispo del pecado ponía una pesada carga tanto en la mente como en el cuerpo de Subaru. Era un enemigo formidable que causaba una fuerte impresión de haberse vuelto mucho más difícil de manejar, manteniendo intacta su vileza.
—Entre ella y Shaula, la tasa de personas que se me apegan sin que yo entienda el motivo es demasiado alta…
—Aah, uuh.
Sin saber si entendía o no lo que pasaba, Subaru avanzó hacia las tiendas negras arrastrando a una Ruy que parecía estar de muy buen humor.
Y lo hizo pensando en que, a diferencia de Shaula, con quien al final logró entenderse, con Ruy ni siquiera existía una comunicación mutua; llegar a comprenderse con ella era completamente imposible.
4
—...Con que al final te quedaste ordenando las tiendas hasta que se hizo de noche, ¿eh?
Al regresar después de terminar su arduo trabajo, Rem lo recibió sentada en el suelo, con las piernas recogidas hacia un lado.
Tenía una expresión severa y una voz dura, pero parecía haber dejado de lado su intensa hostilidad por el momento. Al verla así, Subaru bajó las cejas con alivio, pero ella lo fulminó con la mirada y dijo:
—No te estoy recibiendo.
—Oye, no me leas la mente... Como sea, ¿ya te dejaron salir de la celda?
—...Por lo menos, parece que las personas de aquí no tienen hostilidad hacia mí.
Si bajó la mirada con cierta incomodidad, seguramente fue por culpa del remordimiento hacia aquel primer encuentro tan desafortunado que tuvo con Jamal y su escuadrón a la orilla del río.
Por naturaleza, Rem suele ser bastante fría y cortante con las personas en quienes no confía.
Aunque esa actitud se había suavizado mucho después de abrirse con Subaru, ahora que había perdido sus recuerdos, ese rasgo de su personalidad estaba volviendo a aflorar. Y pensaba que ella estaba reflexionando sobre eso.
—Pero el simple hecho de ser capaz de reflexionar sobre tus actos ya es un gran logro, Rem. Te mereces una estrella dorada.
—...¿Desde qué posición me estás mirando para decir eso? Que me halagues no me causa la menor alegría. Para empezar...
Diciéndole eso con mordacidad al sonriente Subaru, Rem alzó la mirada.
Al seguir sus ojos y mirar hacia arriba, lo único que había era el estrecho techo cónico de la tienda de campaña. Subaru ladeó la cabeza con extrañeza: “¿Mmm?”. Rem chasqueó la lengua de mal humor y añadió:
—¿Por qué tenemos que estar los tres en la misma tienda de campaña? Sé muy bien que no estamos en posición de exigir lujos, pero podrían haber tenido un poco más de consideración y...
—No, de hecho, creo que esto es la máxima consideración posible. Le dije a Todd que somos compañeros de viaje, y por eso nos... ¡Ay, ay, ay, ay!
—¡Deja de decir cosas a tu conveniencia!
En el instante en que se sentó a su lado, la mano de Rem lo agarró con fuerza justo en la zona del hueso de la cadera.
Haciendo crujir sus vértebras lumbares, Rem fulminó con la mirada a un Subaru que se retorcía de dolor.
Sin embargo, una pequeña sombra intervino con un “¡Ah!” para detener la acción de Rem.
—Otra vez tú…
—¡Uuh!
Echando todo su peso sobre la mano de Rem que agarraba la cadera de Subaru, Ruy protestó con todo su cuerpo.
Por alguna razón, Rem es débil ante Ruy; soltó un suspiro de resignación ante su actitud y no tuvo más remedio que interrumpir su castigo a Subaru. En su lugar, atrajo el cuerpo de Ruy hacia su regazo.
Luego, recostó la cabeza de la niña sobre sus piernas difíciles de mover y le acarició el cuerpo con suavidad.
—Tch.
—... ¿Por qué eres tú quien chasquea la lengua ahora? No entiendo cómo puedes ser tan despiadado con una niña que se te apega tanto como ella.
Ante la mala actitud de Subaru, la reacción de Rem distaba mucho de ser buena.
Por el lado de Subaru, no tenía más opción que observar minuciosamente cada movimiento de Ruy, quien yacía recostada usando el regazo de Rem como almohada, para poder proteger a Rem en caso de que la niña revelara su verdadera naturaleza de un momento a otro.
…Siguiendo las instrucciones de Todd, Subaru había empezado a organizar las tiendas negras.
Tal como supuso al principio, ordenar el interior de las tiendas no era algo que pudiera terminarse en poco tiempo. Por supuesto, una de las razones era que la mano izquierda de Subaru no estaba en óptimas condiciones, pero además de que los soldados imperiales carecían de reglas de organización y limpieza mucho más de lo que él esperaba, también estaba el hecho de que...
—¡Esta mocosa no hace más que estorbar en todo lo que hago! Justo cuando termino de ordenar una parte, viene ella por detrás y me lo desordena y tira todo. Por su culpa no avanzo absolutamente nada.
—No es capaz de entender nada, así que no se puede evitar, ¿no cree?
—En tu caso es igual, ¿no? Y, sin embargo, tú no haces esas cosas. ¡Por lo tanto, queda demostrado! ¡QED!
—¡Deje de decir cosas absurdas que nadie entiende!
Si la causa de que Rem lo tratara con tanta frialdad era precisamente Ruy, ¿cómo podría pretender que Subaru no tratara con frialdad a Ruy?
La tienda en la que solo estaban ellos tres—Subaru, Rem y Ruy— se las había cedido Todd para su estancia, aunque fuera solo por unos días. Al montarla, les dijo con una sonrisa que podían usarla como quisieran, ya que los soldados que la ocupaban originalmente se habían adentrado en el bosque y no habían regresado.
—Bueno, no es un tema para reírse en realidad.
Aun así, que les hubieran dado una tienda de sobra era una ayuda inmensa.
Dejando a Subaru de lado, era motivo de gran preocupación dejar a Rem sola en un campamento repleto de hombres rudos. Todd había prometido tratarlos como invitados, pero no estaba claro hasta qué punto esa orden era respetada por los demás.
Y para colmo, Rem ya se había ganado el rencor de Jamal.
De ser posible, deseaba que ella se quedara cerca, donde pudiera vigilarla sin apartar la vista incluso entre sus tareas de mantenimiento, pero...
—En esta situación donde me odia tanto, cualquier cosa que le diga es como hablarle a la pared…
—Qué tanto murmuras. Te repito que todavía no estoy de acuerdo con este asunto de la tienda…
—Oye, Rem. Quiero hablar contigo sobre tus "recuerdos".
—...
Al mencionar eso de pronto mientras seguía sentado con las piernas cruzadas, la expresión de Rem se tensó. Manteniendo a Ruy recostada en su regazo, miró a Subaru con una intensa pasión encendida en sus ojos azul claro.
Era una ira profunda, algo que no había mostrado en mucho tiempo desde que los refugiaron en este campamento.
—...Sé muy bien que tienes miedo. Pero tú eres Rem. Para empezar, por favor, acepta eso.
—...Ni siquiera sé si eso es verdad o no.
—Si vas a dudar hasta de eso, ya no hay forma de que podamos hablar de nada...
Ante una Rem que respondía con la mirada cargada de ira, Subaru cerró un ojo.
Sería muy fácil tildar la actitud de Rem de una simple terquedad y descartarla como alguien que no atiende a razones. Pero Subaru no podía hacer eso. Y no solo porque le importara tanto Rem.
Era porque, sin mentiras ni engaños, Subaru era verdaderamente capaz de comprender cómo se sentía ella.
Ella estaba en un estado de alerta máxima; tenía miedo de que su recipiente vacío fuera rellenado con los engaños que Subaru le ofrecía.
—Estás vacía, así que es completamente normal que te sientas así. Comprendo muy bien cómo te sientes.
—No tienes forma de comprenderlo. No puedes entender los sentimientos de alguien que ha olvidado todo y se ha quedado completamente vacía.
—Bueno, en realidad, ayer mismo yo también sufrí de amnesia, así que…
—¿Eh? Si vas a mentir, por favor dime una mentira que tenga un mínimo de sentido.
Era un hecho real, pero como era de esperarse, Rem no le creyó en absoluto. Sin embargo, eso era algo que él ya tenía asumido. Simplemente quería medirlo. Medir la distancia entre el corazón de Subaru y el de Rem.
Saber si, al transmitirle todo lo que Subaru sabía ahora mismo, Rem sería capaz de aceptarlo o no.
Y, tras medir esa distancia entre sus corazones...
—Esperaré a que tu corazón esté preparado.
—Ah...
Al escuchar esa respuesta decidida de Subaru, Rem abrió mucho sus ojos afilados por la sorpresa. Ante esa expresión perpleja, Subaru le sonrió con aire de triunfo.
—Tengo muchísimas ganas de darme prisa y me muero de impaciencia. Pero si por culpa de eso ignoro tus sentimientos o te hago daño, no tendría ningún sentido. Por eso…
—...¿Me estás diciendo que vas a esperar? ¿Hasta que yo cambie de opinión?
—No, no. Lo que voy a esperar no es a que cambies de opinión, sino a que tu corazón esté preparado. Por supuesto, pienso esforzarme muchísimo para que tu forma de verme cambie.
Pedirle un acercamiento a una Rem que ya tenía suficiente con lidiar consigo misma era una completa arrogancia.
Dejaría que Rem se esforzara por su propio bien. Y sobre esa base, para acortar esa distancia que no se cerraba, no quedaba más remedio que el propio Subaru construyera con sus propios pies una confianza tan sólida que pudiera superar incluso el Olor de la Bruja.
—...
Al recibir la declaración de intenciones de Subaru, Rem hizo temblar sus labios en silencio; acto seguido, deslizó hábilmente las caderas para darle la espalda y evitar su mirada.
Pensando que tal vez había vuelto a arruinarle el humor, Subaru reflexionaba sobre su falta de tacto para hablar cuando...
—...Ten, come por favor.
—¿Eh?
Frente a un Subaru que había bajado la cabeza por el remordimiento, Rem se había dado la vuelta y le ofrecía algo con la mano. Sorprendido por el gesto repentino, Subaru enfocó la vista y se dio cuenta de que era una brocheta de carne asada.
—Eh... ¿y esto?
—Al parecer es la cena. Estaban repartiéndola a la gente del campamento, así que pedí una porción para ti también… Después de todo, debo practicar caminar, aunque sea poco a poco.
Diciendo eso, Rem se frotó las piernas con la mano que tenía libre.
Tal como Subaru había pensado hace un momento, entre la pérdida de sus recuerdos y sus piernas inmóviles, Rem ya tenía las manos llenas lidiando con sus propios problemas... siendo así, ¿a qué venía esa consideración?
Estaba absolutamente seguro de que, tras su última conversación, la comunicación entre ellos había quedado rota una vez más.
—...¿Podrías tomarla de una vez? Me estoy cansando del brazo.
—¡S-sí! ¡Entendido! ...Este, ¿y tú ya comiste, Rem?
—¿Eh? ¿Por qué iba a comer yo primero si esta niña todavía no ha comido? Es obvio que no sería capaz de hacer un acto tan egoísta.
Respondiendo con frialdad a un Subaru que se enderezó por acto reflejo, Rem señaló con la mirada un plato colocado en un rincón de la tienda.
Ella retiró la tela que cubría el plato, tomó una brocheta asada y la acercó a la boca de Ruy, quien seguía recostada en su regazo. Al ser mimada por Rem, Ruy empezó a mordisquear la carne a pedacitos, como un polluelo picoteando su alimento.
—...Parece una bebé de verdad.
Rem miraba con una expresión tierna y afectuosa a una Ruy que comía a pequeños mordiscos.
Contemplando esa escena, Subaru también mordió con vacilación la brocheta que le habían entregado. La carne, que había sido preparada con el método brusco de simplemente ensartarla y asarla al fuego, tenía un sabor que no dejaba adivinar de qué animal provenía.
Luchando contra aquella textura gomosa, Subaru intentó asimilar en su interior la sorpresa de hace unos instantes.
—Está dura y apenas tiene sabor... Está a la par con la comida que hacen Emilia-tan o Beako...
Cuando les toca el turno de cocinar, Emilia y Beatrice siempre se esfuerzan mucho, pero terminan girando en el vacío. Ese entusiasmo y esa falta de destreza culinaria se habían manifestado sin reservas durante su viaje hacia las Dunas de Arena de Augria.
—¿Qué tanto murmuras...? Ah.
—¿...?
Al mirar de soslayo a un Subaru sumido en aquellos recuerdos, Rem abrió mucho los ojos de repente.
Con una mirada de asombro, ella observaba el rostro de Subaru. Por lo tanto, dedujo que la razón de su sorpresa se encontraba en su propia cara.
—¿Qué pasa? No me vayas a decir algo tan triste como que es la primera vez que te fijas de verdad en mi cara, ¿eh?
—No es eso... pero, este... tienes lágrimas…
—¿Lágrimas?
—...Te están cayendo lágrimas. ¿Es que no te has dado cuenta?
Ante esas palabras que Rem soltó con timidez, Subaru contuvo el aliento. Luego, al tocarse la mejilla con cautela, sintió una gota caliente en la yema del dedo y se sorprendió.
No era una mentira descabellada de Rem; era verdad.
—Vaya, ¿estoy llorando?
—S-sí, estás llorando. ¿Qué te pasa? Este... ¿te duelen las heridas de los dedos o.…?
Limpiándose con la mano las lágrimas que caían gota a gota, Subaru se sintió confundido por aquella oleada de emociones. Sin embargo, la causa de sus lágrimas no era el dolor de sus dedos rotos.
Era algo diferente; probablemente, se debía a estar pasando un momento así de tranquilo con Rem.
—...
La situación aún distaba mucho de haberse calmado.
Estaban separados de Emilia y los demás sin saber cómo ponerse en contacto con ellos, en una tierra donde revelar su identidad podía ponerlos en peligro, y para colmo, su relación con una Rem sin recuerdos estaba completamente rota. Por si fuera poco, los acompañaba un arzobispo del pecado que representaba el mal supremo de este mundo, y quien lideraba este grupo era un Natsuki Subaru que reunía ignorancia, incompetencia, impotencia y temeridad.
No había ni una sola razón para ser optimista. Ni una sola, y sin embargo…
—...Poder hablar contigo y comer juntos de esta manera... me hizo muy feliz.
—...
—P-perdón, seguro que no entiendes nada. Estoy diciendo cosas raras. Es normal que pienses que doy asco... Pero son mis verdaderos sentimientos.
Renunciando a contener las lágrimas que no dejaban de brotar, Subaru la miró mientras lloraba a lágrima viva y sorbía por la nariz.
—Durante todo este tiempo, lo único que deseaba era volver a pasar un momento cotidiano como este contigo.
Dejando la brocheta a medio comer sobre su regazo, Subaru se esforzó por exprimir esas palabras.
El sonido de él limpiándose las lágrimas con la manga y sorbiendo por la nariz resonaba en el interior de la silenciosa tienda de campaña.
Durante un momento, ese incómodo sonido fue lo único que se escuchó, hasta que…
—...No entiendo de qué me está hablando.
De pronto, Rem habló con una voz tan suave que parecía un leve suspiro. Limpiándose las lágrimas, Subaru pensó que era una respuesta completamente natural. Hasta la inestabilidad emocional tenía un límite.
Alguien que llora y luego ríe; ¿cómo se suponía que ella iba a asimilar algo así viniendo de un total desconocido? Apenas acababa de comprobar lo lejos que estaban sus corazones, y ya estaba metiendo la pata otra vez.
Tal vez sería mejor hablar con Todd para que les diera tiendas separadas para dormir esta noche...
—Sin embargo, al verte derramar lágrimas, no siento deseos de reírme. Me parece algo escalofriante... sí, pero no hasta el punto de darme asco.
Ante esas palabras inesperadas, Subaru levantó el rostro exclamando un “¿Eh?”, abriendo los ojos de par en par.
Justo frente a él, Rem acariciaba la cabeza de Ruy recostada en su regazo; sin mirarlo directamente a él, hacía temblar sus labios como si estuviera eligiendo sus palabras con sumo cuidado.
—...Eso es todo. Por favor, come rápido. Hoy ya me he cansado.
—Ah...
Al escucharlo decir tan rápido por una Rem que había cerrado los ojos, Subaru tardó un instante en reaccionar. Pero en cuanto se dio cuenta de que se refería a la brocheta asada que tenía en el regazo, se apresuró a darle un mordisco.
—S-sí, tienes razón. Mmm, está buena, está buena. Salada y buena.
—Si está salada, es por culpa de sus lágrimas... Por su olor corporal, yo no puedo sentir que la comida esté deliciosa. Es muy injusto.
—Sobre eso... este, pensaré en un plan para mejorarlo. Sí.
La forma de hablar de Rem era fría y cortante. Sin embargo, no le dijo que se fuera ni que no quería comer con él. Siendo así, a Subaru no le quedaba más remedio que pensar en alguna medida por su cuenta.
Para proteger un momento de paz como este, Subaru era capaz de enfrentarse a cualquier adversidad.
—Eres muy amable, Rem.
—...Por favor, no digas cosas que me descoloquen. ¿Qué te pasa?
Ante aquella respuesta igual de fría que siempre, Subaru no pudo evitar soltar una risa amarga.
—...Pero si vamos a hablar de qué es injusto, yo también tengo algo que decir al respecto.
—¿Algo que decir? ¿Qué cosa? Si es sobre sus dedos…
—...Es sobre ella. Esa que está durmiendo tan plácidamente en tu regazo.
Señalándola con el dedo de forma tajante, Subaru torció los labios hacia la Ruy que disfrutaba de usar las piernas de Rem como almohada. Al verlo, Rem entrecerró los ojos como pensando: “Ya empezó otra vez”.
—No saques conclusiones precipitadas. Siempre te quejas de mi olor corporal... Diciéndolo así suena bastante feo, pero siempre hablas de mi olor; sin embargo, ella también debería desprender un hedor muy parecido. ¿Acaso lo vas a ignorar?
El Olor de la Bruja, un hedor que aumentaba su densidad cada vez que repetía el Regreso por Muerte. Pero si eso estaba relacionado con la Bruja—con el Factor de la Bruja—, entonces, por obvias razones, de Ruy, siendo un arzobispo del pecado, también debería emanar el mismo hedor insoportable. Al recordar las reacciones de extrema ira de Rem frente al Culto de la Bruja, aquello debería ser un hecho inevitable, y sin embargo…
—¿...? ¿De qué estás hablando? Por favor, no metas a esta niña en el mismo saco.
—... ¿Eh?
—Te repito que de esta niña no sale ningún olor parecido al suyo. No empieces a inventar cosas absurdas a la desesperada.
Sin embargo, la respuesta de Rem hacia lo que Subaru acababa de decir fue totalmente inesperada.
Por acto reflejo, miró fijamente a los ojos a Rem, pero no percibió nada extraño en su expresión. No parecía estar mintiendo, ni tampoco tratando de engañarlo.
En otras palabras, ella verdaderamente no percibía el Olor de la Bruja ni el miasma en Ruy.
—¿No me digas que es capaz de camuflar el miasma? No, pero, ¿con qué propósito?
En la experiencia previa de Subaru, no existían muchas personas capaces de percibir el miasma conocido como el Olor de la Bruja. Incluso excluyendo a Rem, quien mostraba la mayor reacción, tan solo un puñado muy limitado de personas, como Beatrice o Ryuzu, habían reaccionado a él alguna vez.
Para empezar, resultaba impensable que los miembros del Culto de la Bruja tuvieran siquiera la idea de ocultar algo así.
Eran apóstoles de la traición que pisoteaban este mundo actuando como si fueran sus dueños. Y a pesar de eso…
—¿Ya terminaste? Si ya terminaste de comer, me gustaría acostar a esta niña de una vez.
—Ah, es-este... Oye, ¿lo que acabas de decir es verdad?
—Eres muy pesado.
De forma tajante, Rem cortó de raíz las dudas de Subaru.
Sin embargo, esa misma actitud le pareció una prueba aún mayor de que sus palabras no eran una mentira.
—Disculpa la molestia, pero ¿podrías llevarte el plato y recogerlo? Voy a preparar las camas.
—Ah, sí, entendido. Este... no voy a hacer nada raro, así que puedes estar tranquila.
—...Que diga algo así solo me genera más desconfianza.
Tras recibir una vez más una respuesta con tono duro, Subaru salió de la tienda de campaña cabizbajo para recoger el plato.
En medio de la oscuridad de la noche, se veían las luces de las hogueras por todo el campamento. Aunque a Subaru y sus compañeras no se lo habían ordenado, seguramente habría soldados que montarían guardia durante toda la noche.
Solo lo sabía por mangas y videojuegos, pero los preparativos para una guerra son algo verdaderamente arduo.
—...Qué ganas tengo de irme de aquí cuanto antes.
Todd era un tipo afable, pero, aun así, Subaru sentía que jamás podría acostumbrarse a la atmósfera de un campo de batalla.
Tenía que marcharse de aquí lo antes posible y encontrar la manera de reunirse con Emilia y los demás.
Con esa determinación, Subaru apretó con fuerza el plato y entonces se dio cuenta de algo.
—...Vaya, ya no me duelen los dedos. ¿No me digas que la medicina ya hizo efecto?
Al mirar los dedos de la mano izquierda con los que había apretado el plato sin querer, Subaru se sorprendió por el efecto de aquella medicina.
Aunque todavía sentía una ligera incomodidad, la sensación de un calor punzante que empezaba a circular por ellos era la prueba de que su mano izquierda comenzaba a cumplir su función en condiciones.
—Estuvimos hablando de la magia curativa y todo eso, pero esta medicina cumple su trabajo más que de sobra...
Recordando las palabras de Todd, Subaru agitó levemente la mano izquierda y echó a andar.
Sobre Rem, sobre Ruy, y sobre sí mismo; eran muchísimas las cosas en las que tenía que pensar. Eran muchas, sí, pero iría mejorándolas paso a paso, una por una. Tal como había sucedido con los dedos de su mano izquierda, bastaba con avanzar paso a paso hacia una buena dirección.
5
Y así, al día siguiente, habiéndose decidido a mejorar las cosas poco a poco y a avanzar en la resolución de problemas…
—...Que te hagan algo así, en verdad cala bastante hondo.
Mirando el interior desordenado de la tienda de campaña, Subaru se rascaba la cabeza con un suspiro.
Subaru había estado listo para continuar con la tarea que le había asignado Todd, la cual era ordenar las tiendas negras de suministros, pero esa labor había encallado en el momento en que intentó retomarla.
No era nada complejo. Cuando se asomó a la tienda que tanto se había esforzado en ordenar el día anterior, se encontró con que las bolsas de carga habían sido arrojadas y todo estaba en un desorden mucho peor que antes de empezar.
—Por muy violentos que sean los imperiales, esto no pasa de la nada... Es un acoso deliberado.
—Aaah.
—Sí, también existe la posibilidad de que hayas sido tú mostrando tu verdadera naturaleza maligna, ¿eh, Arzobispo del Pecado?
—¿Uuuh?
Mientras volvía a recoger los materiales esparcidos, fulminó con la mirada a Ruy, quien se asomaba a ver sus manos. Pero ella, mordiéndose el dedo, simplemente puso una expresión de no saber nada ante la pregunta de Subaru.
—...Tampoco sé qué pensar de lo que dijo Rem ayer.
Hoy también, desde que se despertó, Ruy no había dejado de seguirlo a pasitos cortos por todas partes.
Le venía a la mente la mirada severa de Rem, quien se encontraba en otra parte haciendo rehabilitación para sus piernas, pero el que estaba sufriendo molestias por ser seguido era el propio Subaru, por lo que era una protesta irrazonable.
Sea como fuere, lo que Rem dijo la noche anterior—eso de que no percibía miasma de Ruy— le inquietaba.
—Es imposible que una arzobispo del pecado no tenga relación con el miasma. Pero Rem no lo siente en ella. Entonces, ¿qué se supone que eres tú...?
—¿Auu?
Al lado de un Subaru que se atormentaba pensando, Ruy simplemente gemía con voz y cara de tonta.
Suspirando ante eso, Subaru se puso a trabajar en serio para ordenar la tienda de campaña desordenada. El culpable del acoso no fue Ruy, sino seguramente alguno de los soldados imperiales del campamento. La opinión de Todd, al describirse a sí mismo como un bicho raro, era acertada: la mayoría de los soldados no eran amigables con Subaru y las demás.
—Aunque esto es mucho mejor que ser golpeado de la nada o que me hagan comer una bota.
Era consciente de que sus estándares de felicidad estaban por los suelos, pero Subaru estaba acostumbrado a que lo miraran con desdén.
No en vano había fracasado en su debut en la secundaria, pasando casi dos años aislado en su clase. Puede que no hubiera un acoso escolar activo, pero si se trataba de lidiar con un ambiente amargo, era un veterano curtido en mil batallas.
Visto así, pensaba que sus antiguos compañeros de clase habían sido personas bastante sensatas.
—Rezo para que toda esa gente de buen corazón alcance el éxito por allá. Ojalá que Inahata, que se tomaba la molestia de llevarme las fotocopias a casa, se convierta en alguien importante.
Recordando a los compañeros cuyos rostros ya eran apenas un recuerdo borroso, Subaru recuperó el retraso en su trabajo. Sin embargo, como esto era el equivalente a que le taparan un hoyo para tener que volver a cavarlo, el balance general era negativo.
Anteriormente, Emilia le había dicho una vez que siempre habría alguien mirando su esfuerzo, pero…
—En la situación actual, que seas tú la que mira no me aporta nada de motivación. Si tan solo Rem estuviera mirándome, mi estado de ánimo sería muy diferente…
—Ooh, uaaah.
Quizás habiendo aprendido un poco la lección tras haber sido regañada, por el momento Ruy no estorbó en el trabajo de Subaru el día de hoy. Al menos eso le servía de ayuda; al salir de la tienda para trasladarse a la siguiente…
—¡¿Uoh?!
Justo al salir de la tienda, su pie se enganchó en algo y se pegó un costalazo monumental.
Por acto reflejo apoyó las manos en el suelo; dejando la mano derecha de lado, la izquierda le dolió un poco. Estaba en proceso de curarse, pero aún no sanaba por completo. Arrugando el rostro por ese dolor, Subaru se dio la vuelta y vio:
—Tú eres...
Frente a los ojos bien abiertos de Subaru, justo al lado de la entrada de la tienda, se encontraba un hombre de aspecto vulgar.
Con un parche cubriendo su ojo derecho y la barba crecida y descuidada, era un individuo cuya apariencia era la encarnación misma de la palabra "rufián", y el verdadero responsable de haberle hecho comer la bota a Subaru en este campamento.
—Si no recuerdo mal, te llamas Jamal... ¡¿Gah?!
—Se dice señor Jamal. Tanto tú como las mujeres que te acompañan no tienen la menor educación, oye.
En el instante en que juzgó que lo había llamado a secas sin honoríficos, el hombre—Jamal— pasó directamente a la acción.
Jamal pisoteó la mano izquierda del Subaru caído en el suelo, con los dedos aún entablillados y vendados, hundiendo y girando el talón sin piedad.
—¡A-u-a!
Ante ese pie de Jamal que pisoteaba la mano de Subaru, Ruy se aferró gritando. Sin embargo, el peso de la niña era ligero, y con su complexión entrenada, Jamal ni siquiera se inmutó.
Acto seguido, Jamal agarró el largo cabello de la Ruy que se aferraba a él y la arrastró por la fuerza para apartarla.
Al ver eso, Subaru estalló de furia sin pensarlo:
—¡Oye, es solo una niña!
—¿Y qué importa que sea una mocosa? Además, por lo que he oído, tú mismo la tratas con bastante frialdad, ¿no? ¿A qué viene este cambio de opinión tan de repente?
—No es... Si la estimulas demasiado, serás tú quien se arrepienta.
—A falta de una buena respuesta, dices tonterías. Invéntate una excusa que valga la pena.
Jamal resopló y, agitando el brazo, arrojó a Ruy al suelo. Tras rodar por la tierra, Ruy se acercó el cabello que le habían jalado, se agarró la cabeza y fulminó a Jamal con la mirada, gimiendo con los ojos llorosos: “¡Uuuh!”.
—Es una mocosa maleducada. ¡Tanto tú como esa mujer, no hay ni uno solo de ustedes que no me caiga mal!
—¡Guoh!
Como si al hablar se le hubiera calentado la sangre, Jamal pateó a Subaru en el costado de la cara. Había recibido el golpe con la boca abierta por la sorpresa, y sus propios dientes le cortaron el interior de la boca con fuerza. La sangre comenzó a gotear en abundancia.
—Ngh... En teoría, Todd garantizó nuestra identidad, o bueno, nos dijo que podíamos quedarnos aquí, pero…
—Ja, Todd, ¿eh? Por desgracia, yo tengo un rango superior al suyo. No digo que no vaya a escuchar sus peticiones, pero no tengo ninguna razón para ser su perro faldero.
Hablando con una voz feroz, Jamal dio otro paso hacia Subaru. Este se encogió al instante para protegerse la cabeza, pero esta vez la patada se hundió en su estómago.
La punta del pie le revolvió el estómago, y hacia un Subaru que gemía por el impacto, las patadas llovieron de manera implacable.
—Para empezar, en la orilla del río dos de mis hombres fueron apaleados por tu mujer. Tuve que enviar de vuelta a esos inútiles, arruinaron toda la operación. Y justo cuando iba a hacer que pagaras por eso... el bastardo de Todd tuvo que ir a encontrar esa porquería.
—¡Ngh!
—Si no fuera por ese cuchillo, te habría hecho pedazos. Ser soldado es muy duro, ¿sabes?
Patadas implacables y comentarios diseñados para destrozarle los nervios.
Sin necesidad de mirar al ojo parchado del Jamal que lo observaba desde arriba, el objetivo del oponente era evidente.
Lo que Jamal buscaba no era solo lastimar a Subaru. Su objetivo iba más allá.
Probablemente, su propósito era provocar a Subaru para que intentara contraatacar y así tener una justificación para matarlo por insolente.
Aunque Jamal decía no prestar oídos a las palabras de Todd, la interacción que tuvieron cuando le hizo comer la bota demostraba que tampoco podía ignorarlo por completo.
Por eso, Jamal necesitaba una razón. Una razón que le permitiera matar a Subaru.
Y por extensión, una razón para tomar represalias contra Rem.
Siendo así, Subaru no caería en su provocación por nada del mundo.
Si era para evitar que la vil malicia de Jamal se dirigiera hacia Rem, incluso si le volvían a romper los dedos de la mano izquierda, incluso si le rompían los dedos que le quedaban sanos, sería la victoria de Subaru.
Para lograrlo, debía resistir, resistir, resistir y resistir…
—...Oye, ¿qué estás haciendo ahí?
Y mientras Subaru continuaba soportando en silencio, una voz diferente a la de Jamal voló hacia ellos. Al instante, Jamal soltó un chasquido de lengua: “Tch”, retiró el pie y retrocedió lentamente.
El que se acercaba haciendo sonar sus pasos era el joven de cabello color naranja: Todd.
—He oído que habías venido hacia acá sin tener ningún asunto, así que vine a ver, y tenía que ser contigo.
—¿Todd? Te has vuelto muy sobreprotector. ¿Tanto te gusta esa daga de la Capital Imperial? ¿Al punto de andar adulando a un cobarde como este?
Ante la burla de Jamal, la expresión de Todd también se endureció. Una atmósfera peligrosa fluyó entre ambos, pero se rompió cuando Jamal dijo:
—Al diablo. Que te sirva de lección, más te vale vigilar por dónde pisas cuando estés a mi alcance. Si te vuelves a pegar un costalazo como ahora, ¿quién sabe qué pasará? Jajajaja.
Así es, recalcando que la violencia ejercida sobre Subaru nunca había existido, pasó por el lado de Todd.
Subaru tampoco tenía palabras para detenerlo. Si denunciaba la agresión en ese momento, sería lo mismo que haber caído en la provocación de Jamal.
Una vez que la espalda de Jamal desapareció por completo de su vista, Subaru se incorporó.
—Ah, maldición... Qué dolor... Ese imbécil tiene métodos muy cobardes…
—¿Estás bien? Toparte con Jamal ha sido una verdadera desgracia.
Al ver a un Subaru tambaleante, Todd le habló haciendo una mueca. Si él no hubiera llegado, la agresión de Jamal habría continuado.
Le agradecía haberla interrumpido. Pero más importante que eso…
—Yo estoy bien. Más importante, ¿cómo está Rem...?
—Si hablas de esa señorita, está ayudando en la cocina. Si se le sienta en una silla, tiene buena destreza con las manos. Además, Jamal no hará nada donde haya ojos vigilando... quiero creer.
Esa forma de hablar sin certeza no podía tranquilizar a Subaru.
Limpiándose la sangre de la boca, Subaru se miró la mano izquierda. La tablilla se había soltado y el vendaje estaba deshecho. Los dedos que empezaban a curarse habían comenzado a tornarse de un color desagradable de nuevo.
—Vaya... Si está así, tendré que volver a curarla. Maldito Jamal.
—... ¿Qué tipo de persona es él?
—¿Jamal? Entró al ejército en el mismo grupo que yo, es el más destacado. Proviene de una familia de nobles menores y el ascenso a general de tercera clase no es un sueño para él... Ah, ¿sabes qué es un general de tercera clase?
—No, no lo sé. ¿Un rango?
Cuando Subaru negó con la cabeza, Todd levantó un dedo asintiendo: “Exacto”.
Según su explicación, los oficiales militares del Imperio de Vollachia tienen un sistema de rangos llamados Generales. Subiendo desde soldado raso, soldado de primera clase, general de tercera clase, general de segunda clase y…
—Un general de primera clase está en un nivel aparte, solo hay nueve en todo el Imperio. Son los guerreros personales del emperador, llamados los “Nueve Generales Divinos”. Bueno, para llegar a ese punto ya no es cuestión de linaje o logros.
—Es cuestión de talento, ¿no?
—Exactamente. Por eso la gente normal como nosotros aspira a llegar a general de tercera clase.
Al escuchar la explicación de Todd, desprovista de drama, Subaru rememoró la actitud previa de Jamal.
Aunque el término “General” se refería a un rol de oficial en el ejército, era muy difícil imaginar que Jamal tuviera la madera para ello.
Era egocéntrico y carecía de empatía; el arquetipo de superior incompetente.
—Debería advertirle de mi parte a ese tipo, Todd: he oído que en el campo de batalla hay muchos soldados que mueren por una flecha perdida por la espalda.
—Qué cosas tan aterradoras dices. Bueno, ¿qué hacemos con esa mano?
—¿Te puedo pedir el favor? ...Pero primero, después de ver la cara de Rem.
—Vaya, vaya, sí que estás colado por ella... Qué lástima me da esta otra pequeña señorita.
Aun soportando el dolor de sus dedos, confirmar que Rem estuviera a salvo era su máxima prioridad. Ante esa postura de Subaru, Todd se encogió de hombros y señaló con la mirada a la Ruy que estaba hecha una bolita frente a la tienda.
Con los dedos enredados en el cabello que Jamal le había jalado, gruñía bajo como una bestia.
—Tiene la cara de alguien a quien no le gusta quedarse de brazos cruzados después de que la golpean. Me gustan las chicas de espíritu competitivo.
—¡Ah! ¡Uuh, ah!
Al recibir la sonrisa de Todd, Ruy le rugió en respuesta como si le contestara.
Estuvo a punto de decir que si tanto le gustaba se la quedara, pero al pensar en que eso se lo dirían a Rem y se ganaría otro regaño, Subaru se cerró la boca con cremallera.
6
—... Ese olor, ¿te has hecho más daño?
—Ugh... ¿Puedes notarlo?
—Puedo notarlo. Dado que esta niña está observando, procura comportarte con propiedad.
Esa fue la advertencia que le dio Rem cuando se sentaron alrededor de la misma mesa a la hora del almuerzo.
Había partes del contenido con las que no podía estar de acuerdo, pero no ganaba nada discutiendo, así que se limitó a asentir.
Y a su lado, Ruy, imitándolo, también asintió con la cabeza. El almuerzo en el campamento era un sistema parecido al reparto de raciones, donde recogías tu comida en un punto de distribución y luego te juntabas con un grupo para comer y limpiar las cosas en orden.
Como Rem había estado ayudando a servir la comida, era de las últimas en comer, lo que inevitablemente hizo que el almuerzo para el grupo de Subaru también fuera tarde.
Por supuesto, dado que eran forasteros que debían mostrar moderación, la comida en sí eran básicamente sobras.
—Bueno, no podemos exigir lujos. Con tener algo que comer es más que suficiente.
Diciendo eso, Subaru trajo su porción y la de Rem, y las colocó en una pequeña mesa en la esquina. Ruy, de forma descarada, también había asegurado su propia ración igual que Subaru.
—¿Qué estuviste haciendo hasta el mediodía? ¿Pasaste por alguna dificultad?
—Nada en particular. Fueron muy considerados con mi pierna... Lo único en que ayudé fue un poco en la cocina, y eso que fue mientras me enseñaban.
—Te enseñaban... ¿acaso sentiste que tu cuerpo lo recordaba o algo por el estilo?
—...Sería una mentira decir que no tenía esperanzas de que eso pasara.
Ante las preguntas inmediatas de Subaru, Rem entornó sus ojos azul claro y apretó los labios.
Al ver esa reacción, Subaru se preocupó de haber indagado demasiado, pero Rem negó lentamente con la cabeza.
—Pensaba que, si intentaba hacer varias cosas, tal vez encontraría algo que se sintiera familiar en mis manos. Pero, al parecer, eso era esperar algo demasiado conveniente.
Mirando hacia abajo a sus manos, Rem susurró como si se avergonzara de su propia ingenuidad.
Sin embargo, ¿quién en este mundo tendría el derecho de reprender la esperanza de Rem llamándola ingenua? ¿Quién podría criticar la actitud de una Rem que, en una situación donde no puede recordar ni los elementos que la constituyen, se aferra a cualquier respuesta?
—...¿Por qué eres tú el que pone una cara de mayor dolor?
—¿Cómo que por qué? Eso es…
—...¿No me dijiste ayer que esperarías hasta que mi corazón estuviera listo?
Al contemplar a un Subaru que había bajado la mirada, las palabras de Rem lo tomaron por sorpresa.
Sentía como si fueran palabras que indicaban que, por primera vez, era Rem quien daba un paso hacia él. Tanto así, que en el pecho de Subaru brotó la esperanza al pensar si por fin lo había entendido.
Sin embargo…
—Como te dije ayer, no importa cuántas veces me llames “Rem”, no soy capaz de aceptar ese como mi nombre. Y eso no cambiará sin importar lo que me digas.
—Ugh…
—Tal vez sería diferente si fuera esta niña quien me lo contara.
Diciendo eso, Rem suavizó la mirada y acarició la cabeza de Ruy, quien estaba a su lado. Ruy se dejó acariciar, completamente absorta en devorar su propia ración de comida frente a ella.
Además de esa actitud despiadada, por desgracia, incluso si Ruy tuviera una consciencia normal, jamás saldrían palabras sobre Rem de su boca. E incluso si tuviera la boca para hablar, Subaru no se lo permitiría. Pasara lo que pasara, su animosidad indeleble se lo impediría.
—Vaya, vaya, ¿por qué esas caras largas? Es una mesa bastante sombría, ¿no creen?
En esa mesa donde comían los tres, Todd intervino con una actitud desenfadada.
Con el presentimiento de que cambiaría aquella atmósfera incómoda, Subaru dijo: “¿Acaso no es Todd?”, dándole la bienvenida al hombre que se sentaba a su lado. Tanto por el incidente de hace un momento como en general, no había dejado de recibir su ayuda.
—Te agradezco muchísimo que te preocupes por nosotros, pero ¿no tienes que comer con tus compañeros?
—¿Mmm? Bueno, son sujetos con los que llevo mucho tiempo trabajando; no va a cambiar nuestra relación porque no comamos juntos un día o dos a estas alturas. Mejor aprovecho para ganar puntos con ustedes.
—Aunque los ganes, me temo que no tengo con qué pagar.
—Eso se paga cuando tengas éxito en el futuro. Tómalo como una inversión a largo plazo.
Con una conversación ligera, Todd cambió el ambiente del lugar y luego, diciendo “por cierto”, pasó su brazo por el hombro de Subaru y le susurró al oído:
—A juzgar por cómo los veo, parece que pueden hablar mejor en comparación con ayer. ¿Ya lograron reconciliarse?
—Reconciliarnos... no lo sé. Quiero creer que mi sinceridad le ha llegado un poco, al menos.
—...Puedo escucharte perfectamente. Si crees que hemos entrado en confianza, estás muy equivocado.
—¡Uuh!
Con una actitud fría, Rem mostró su descontento hacia la conversación entre los dos hombres. Ruy, como si quisiera ponerse del lado de Rem, pareció mostrarse de acuerdo con ella mientras esta le limpiaba la boca.
Al ver la cercanía entre ambas, Subaru experimentó un torbellino de sentimientos encontrados, y su expresión se ensombreció a ojos vistas.
—No te desanimes tanto. Estás en un lugar y a una distancia en la que puedes hablar con ella. Si lo comparas conmigo, eres sumamente afortunado.
—Ah, ahora que lo menciona, Todd, dijo que estaba separado de su prometida, ¿verdad?
—Así es. Mi prometida vive en la Capital Imperial. Por eso también tengo que terminar esta misión cuanto antes; para empezar, el tiempo que llevamos separados ya es demasiado largo. Cielos, me siento tan solo que no sé qué hacer, ¿sabes?
—¿Y esa soledad es la razón por la que nos prestas atención?
—Exactamente. Así que háganme el favor de dejarse utilizar al máximo. Para que valga la pena haberlos recogido.
Quizás para no hacerlo sentir una carga, Subaru agradeció en silencio la consideración de Todd. Agradecérselo directamente probablemente sería de mal gusto. Él también pareció entenderlo así.
De ese modo, la comida transcurrió entre los cuatro, pero…
—La verdad es que nos dijo que podríamos viajar en el carruaje de suministros, pero ¿cuánto tiempo cree que les tomará a ustedes cumplir su misión, Todd?
—Te lo dije, ¿no? Hasta que encontremos a los Shudrak escondidos en el bosque... Si no aparecen, existe la posibilidad de que nos dejen aquí por años. Servir al Estado no es fácil.
—Los Shudrak...
Con la cuchara de madera en la boca, Subaru reflexionó ante la respuesta de un Todd que mostraba una mueca.
Los Shudrak... Al principio, cuando Todd le preguntó sobre eso en este campamento, Subaru dedujo que se referían al hombre enmascarado con el que se había topado en el bosque.
Tenía una deuda de gratitud con él por haberle regalado el cuchillo. Por eso no le mencionó su existencia a Todd, pero ahora sentía que eso era una falta de lealtad hacia este último.
En términos de gratitud, Todd lo había ayudado tanto como el hombre enmascarado, si no es que más.
Entonces, ¿cuál sería la razón para ser leal con el hombre enmascarado y no serlo con Todd?
—Todd, ¿qué piensan hacer cuando encuentren a los Shudrak? Viendo que tienen un campamento montado de esta manera, ¿van a... luchar?
Intentó preguntar con un tono lo más casual posible. Sin embargo, no pudo ocultar del todo la tensión en su voz. De hecho, aunque no participaba en la conversación, la expresión de Rem cambió al escuchar aquello. Incluso intentando disimularlo, mostró una reacción de rechazo ante la palabra “luchar”.
Al recibir la pregunta, Todd cerró un ojo y respondió:
—Al parecer, la idea de los Generales es que no quieren luchar si es posible. Los Shudrak son una tribu bastante poderosa, por lo que dicen. Si peleamos, una batalla difícil es inevitable; por eso el objetivo en esta ocasión parece ser negociar.
—¿Negociar? ¿Con una tribu del bosque? ¿Sobre qué?
—¡Oye, no le preguntes tanto a un soldado raso...! Bueno, no lo sé bien, pero supongo que será para exigirles que juren lealtad a la Capital Imperial y, por extensión, a Su Excelencia el Emperador, ¿no?
—¿Significa que los Shudrak no obedecen al Emperador del Imperio de Vollachia?
—Hay algunos que no obedecen. Y eso también es el estilo de Vollachia, ¿no crees?
Ante un Todd que mostraba una sonrisa digna de un guerrero, Subaru se limitó a responder: “Viva Vollachia”.
Si lo que decía Todd era cierto, el ejército imperial también prefería evitar un ataque contra los Shudrak. En ese caso, si Subaru aportaba información, ¿no sería posible evitar un derramamiento de sangre innecesario?
Sin embargo, la información que poseía Subaru tampoco era la gran cosa, y si intentaba explicar las razones por las que la había ocultado, tendría que admitir que había falseado su identidad.
—Ugh, qué difícil. Si quedo bien con unos, quedo mal con otros…
—...Vaya, siempre que te veo tienes el ceño fruncido. Ya de por sí tu rostro no es muy agradable que digamos, así que ¿no crees que sería mejor que al menos intentaras sonreír?
— ¡Ese es un comentario doloroso! ...¿Serías más amable conmigo si sonriera todo el tiempo?
—¿Eh?
Ante la respuesta de una Rem que se mostró genuinamente perpleja, el corazón de Subaru se rompió muy rápido.
Al ver a un Subaru que abandonaba su sonrisa forzada y dejaba caer los hombros, Todd se rio.
Que se rieran de él era lamentable, pero era un hecho que este tipo de actitud por parte de Todd le salvaba la vida. Si podía mantenerse sin que el ambiente se volviera demasiado pesado en esta situación de emergencia, era sin duda gracias a él.
—Razón de más por la que me gustaría que su misión aquí terminara antes…
—¿A partir de cuándo empezarán con la conquista real de la selva?
—Según dicen, una vez que termine el despliegue de los otros campamentos, empezaremos todos a la vez. El bosque es grande y profundo. Aunque nos tomemos un día entero, lo que podemos avanzar es limitado…
—Ya veo. Bueno, es normal que no se pueda avanzar tan rápido. No sabemos qué hay dentro del bosque, y es el tipo de lugar que probablemente también tendría grandes mabestias.
Estaba el hombre enmascarado del que Subaru sospechaba que era de los Shudrak. O también estaba el cazador, que igualmente podría serlo. Y luego estaba aquella serpiente gigante, la mabestia que se cruzó con ellos durante el combate contra el cazador; además, por esa zona aún quedaban las trampas que Rem había colocado.
Visto así, las dificultades que Todd y los demás enfrentarían al entrar al bosque eran fáciles de imaginar.
Aunque no pudiera explicar toda la situación, sentía que, si al menos les mencionaba algo sobre las trampas que puso Rem, podría evitar una confusión innecesa…
—¿mabestias?
Sin embargo, al lado de un Subaru que pensaba en eso, Todd, que estaba bebiendo agua, abrió los ojos de par en par. Se limpió con la manga el agua que le escurría por la comisura de los labios y miró a Subaru con ojos asombrados.
—¿Acabas de decir “mabestias”? ¿Estás diciendo que hay mabestias en ese bosque?
—¿Eh? Bueno, este... sí, eso dije, pero... ¿Dije algo raro?
—¡Por supuesto que sí! Las mabestias no son algo con lo que te topes todos los días. Si estuviéramos en Lugunica, el reino de las mabestias, sería una cosa, pero aquí ni siquiera es la frontera con el reino.
—...
—No es una broma... ¿verdad? Oiga, señorita.
Ante el tono cada vez más serio de Todd, Subaru se quedó perplejo sin poder decir nada. Entonces, Todd dirigió su pregunta hacia Rem.
—Por favor, responde. ¿Tú también viste a una mabestia? ¿En esta Selva de Buddheim?
—Si por mabestia se refiere a una criatura grande de piel verde, entonces sí, la vi.
—¿Y el cuerno en la cabeza?
—¿Un cuerno? ...Si recuerdo bien, tenía algo blanco y deforme.
En cuanto escuchó esa respuesta, Todd se giró de nuevo hacia Subaru.
—¿Qué clase de mabestia era? ¿Su forma y apariencia?
—U-una serpiente. Una serpiente gigante. De casi diez metros, una criatura enorme.
—Una, ¿solo una...? Maldición, en un bosque tan enorme es imposible saber si de verdad es solo una. Pero no parece que estés mintiendo. ¡Esto cambia las cosas!
Rascándose la cabeza con fuerza y desordenando su cabello, Todd, con el rostro desencajado, les dio la espalda. Pero antes de salir corriendo, soltó un “Ah”, y volviéndose hacia ellos, dijo:
—Fue una información invaluable. Si no la hubiéramos tenido, las cosas se habrían puesto muy feas. Me salvaron.
—Ah…
—¡Que se reúnan los líderes de escuadrón! ¡Vamos con el General! ¡Es un asunto urgente!
Tras mostrar una sonrisa en medio de su tensión, Todd dio una palmada para llamar la atención de su entorno y luego se dirigió hacia la tienda del fondo del campamento: la tienda del comandante, donde probablemente se celebraban los consejos de guerra.
Viéndolo alejarse con un ímpetu arrollador, se quedaron medio pasmados, hasta que Rem dijo:
—...Tuvo una reacción bastante exagerada. Esa criatura... ¿esa mabestia es algo tan importante? Por supuesto, entiendo que es una criatura peligrosa, pero…
—... No, la verdad es que puede que yo tampoco fuera capaz de reconocer del todo cuán peligrosa es.
—Vaya...
Fue una reacción por parte de Rem que bien podría describirse como de sospecha, pero el propio Subaru tampoco lograba organizar sus ideas por completo. Así de sorpresiva fue aquella reacción para él.
—En el Imperio, las mabestias son raras...
Era una circunstancia completamente inesperada, algo que ni siquiera había imaginado.
Para empezar, en el caso de Subaru, su vida en este otro mundo y la existencia de las mabestias guardaban una relación inseparable. Dejando de lado la capital el día de su invocación, las mabestias estuvieron presentes en la gran mayoría de los eventos posteriores.
En el alboroto que provocó Meili fue el Ulgarm; para que Wilhelm cumpliera su anhelo, la batalla contra la Ballena Blanca; y el Gran Conejo que intentó devorar por completo el «Santuario».
Aunque en Priestella no hubo presencia de mabestias, las Dunas de Arena de Augria y la Atalaya Pléyades, a donde se dirigieron para resolver los problemas de la ciudad, eran prácticamente un nido de mabestias.
Por supuesto, la mabestia más memorable para Subaru era el Escorpión Carmesí.
—...Me he puesto un poco nostálgico, pero jamás se me habría ocurrido que las mabestias fueran raras.
Estaba completamente seguro de que eran como los monstruos en los juegos RPG de consola, que aparecían por cualquier parte del mundo. Pero tal parecía que no era así. Pensándolo bien, incluso en su mundo original los leones y las jirafas no se encontraban en cualquier parte del planeta, así que en cierto modo era algo evidente.
—Es la primera vez que escucho que a Lugunica la llaman el reino de las mabestias...
A pesar de ser una criatura formidable, bastó con la mención de una sola mabestia para que Todd cambiara de color. Si se comparaba con ese sentido común, no era de extrañar que a Lugunica la llamaran así.
Alguien como Meili, una “Domadora de mabestias”, era básicamente como un ser sacado de un cuento de hadas.
—Entonces, ¿será que si ella va a un país o región donde no haya muchas mabestias, podrá vivir como una chica normal...?
—Esto, disculpa.
Justo cuando pensaba en el futuro de Meili, de la cual se habían separado, Rem le habló al perfil de Subaru mientras este reflexionaba.
Al mirar qué ocurría, ella señaló la mesa con la mano. Allí se encontraba Ruy, quien había vaciado su plato de comida y dormía pacíficamente sobre la mesa.
—Al parecer se llenó y quedó satisfecha... Me da mucha rabia, pero ¿puedo pedirte que la cargues?
—No tienes que decir que te da rabia...
Sonriendo amargamente por las palabras de Rem, Subaru cargó a Ruy en brazos a regañadientes.
Como de vez en cuando se le colgaba, ya lo sabía, pero era ligera. A simple vista era solo una chica. De verdad, solo en apariencia era una chica normal.
—¿Estás bien, Rem? Tengo la espalda libre, así que…
—¿Qué clase de ridiculez me estás pidiendo? Puedo valerme por mí misma al menos para esto.
Diciendo eso, lo que Rem tomó en su mano fue un bastón de madera apoyado en la mesa—o más bien, una rama gruesa de árbol que parecía haber recogido de por ahí, con una tela envuelta en el mango; un bastón improvisado y rudimentario—. Apoyándose en él, Rem se puso de pie.
Sus pasos aún eran un poco inseguros, pero…
—...Estoy bien.
—...¿De verdad? No seas terca, si tienes problemas puedes apoyarte en…
—No me apoyaré. Con esto estoy bien. Tú procura no dejar caer a esa niña.
—Ah, entendido. Pero recuerda muy bien esto: si la estoy cargando así, no es porque yo quiera hacerlo, sino por ti.
—No entiendo qué es lo que te obliga a decir todo eso...
Exasperada con un Subaru que se negaba rotundamente a que pensaran que era amable con Ruy por voluntad propia, Rem, apoyándose en su bastón, siguió a Subaru con pasos vacilantes.
Por lo pronto, una vez que regresara a Rem y a Ruy a la tienda que les habían prestado, Subaru tendría que reanudar la limpieza de las tiendas…. Aunque le preocupaba un poco lo que harían Todd y los demás.
—...¿Te preocupan esas personas?
—... ¿Eh? Ah, sí, algo así. Bueno, soy consciente de que estoy actuando como un desagradecido con mis benefactores. Lo de la mabestia tal vez también se me escapó sin pensar.
—...Benefactores, dice.
Subaru empezaba a sentirse deprimido, sintiéndose como un villano que no hacía más que mentir. Sin embargo, al escucharlo hablar, Rem murmuró de una forma un tanto misteriosa.
—¿Rem?
—...No, no es nada. Por favor, no me hagas caso.
—No, si me lo dices así es imposible no hacerte caso…
—Ah, ¿sí? Entonces, por favor, no me dirijas la palabra.
—¡Nos estamos distanciando todavía más! ¡Si empezaste a decir algo, termínalo! ¡Me dejas con la duda!
Como caminaba al ritmo de Rem, el avance de ambos era muy lento. Quizás irritada por el hecho de que él le ajustara el paso, Rem dejó escapar un pequeño suspiro.
—Esa persona llamada Todd... La verdad, no tengo una buena impresión de él.
—¿Eh? ¿Por qué no? Nos ha dejado quedarnos en el campamento cuando no teníamos a dónde ir, y me ha protegido del malvado “come-botas”. No sentir gratitud por eso es un poco…
—No digo que no sienta gratitud. Por supuesto que estoy agradecida. Pero...
Rem se detuvo ahí, dudando en decir lo que seguía. Sin embargo, el silencio apenas duró dos segundos; exhalando profundamente, dijo:
—...Creo que es difícil confiar en alguien que ni siquiera intenta preguntar por tu nombre.
Al escuchar eso de Rem, Subaru contuvo el aliento por acto reflejo.
Y justo cuando iba a responderle preguntando qué quería decir, reflexionó sobre lo sucedido hasta ahora.
…Alguien que ni siquiera intenta preguntar por tu nombre, había dicho Rem.
—Pensándolo bien bajo esa premisa, es verdad.
Hasta el momento, Todd nunca había llamado a Subaru por su nombre. Siempre se refería a él como “tú” y “amigazo”. Si no sabía su nombre, era normal.
—P-pero ¿no será una coincidencia? Tú misma no me llamas por mi nombre y…
—...Natsuki Subaru, ¿verdad? Creo que hay una gran diferencia entre saberlo y no decirlo, y no tener la intención de saberlo desde el principio. Solo es eso.
—...
—Esa es toda mi opinión. De todas formas, no nos queda más opción que depender de ellos.
Diciendo eso, Rem rebasó a un Subaru que se había detenido, avanzando por delante.
Al ver la espalda de Rem alejándose poco a poco, Subaru se quedó sin palabras.
Por desgracia, Subaru carecía de los medios para ablandar el corazón obstinado de Rem.
Tal como quedó demostrado con el incidente de la mabestia, Subaru era sumamente ignorante respecto al sentido común de este mundo. Si en el Reino apenas se defendía, el Imperio era una tierra completamente desconocida.
Tal vez, en el Imperio el preguntar o no el nombre de alguien tenía un significado especial. Que preguntar antes de presentarse era una falta de respeto o algo por el estilo.
Pero incluso si existiera una regla así, Subaru no podía explicársela a Rem. Odiaba profundamente su propia ignorancia y falta de cultura.
—...¿Hasta cuándo piensa quedarse ahí parado?
—Ah...
Al levantar la vista ante la voz, vio que Rem se había girado un poco más adelante.
Con el rostro ligeramente impaciente, apoyaba ambas manos sobre el bastón mientras miraba fijamente a Subaru. En el instante en que vio que lo estaba esperando, sintió un nudo en el pecho.
—Ngh…
—¿Q.…? ¡¿Q-qué te pasa?! No me digas que los dedos…
—No, es solo que pensé que me estabas esperando, y sin querer…
—...No diré en qué, pero acabo de perder mi tiempo.
Con voz y rostro inexpresivos, Rem le dio la espalda a Subaru de forma definitiva esta vez.
Persiguiéndola apresuradamente, Subaru le pidió disculpas a Rem y, reflexionando sobre las palabras que ella acababa de decirle, entornó los ojos.
Intentó convencerse a sí mismo de que seguramente eran solo figuraciones de Rem.
7
…Y así, la duda que había quedado arraigada en el pecho de Subaru se disipó al día siguiente.
—Oye, despierta, despierta. ¿Hasta cuándo piensas seguir durmiendo, amigo?
—¿Nga?
Alguien sacudió su hombro, despertando a un Subaru que estaba profundamente dormido. Despertarse con facilidad era uno de los pocos puntos fuertes de Subaru, pero despertarse por cuenta propia y que alguien te despierte eran dos cosas completamente distintas. Mientras ponía en marcha sus pensamientos un poco embotados, abrió los ojos y, en el campo de visión de un Subaru recostado en el suelo, lo que se reflejó fue el rostro de Todd.
—...¿Todd?
—Sí, pareces cansado. Es comprensible si te hacen hacer un trabajo al que no estás acostumbrado. Como sea, gracias a ti…
—Natsuki Subaru.
—¿Mmm?
Todd le hablaba rápidamente a un Subaru que se había incorporado con lentitud. Sin embargo, abrió los ojos como platos cuando Subaru de pronto dijo su propio nombre.
Por un instante, pareció no entender qué significaba aquello, pero...
—Natsuki Subaru, ese es mi nombre.
—Mmm... Ah, ¿acaso te molestaba que te llamara solo "amigazo"?
—Ah, no, tampoco es que me molestara tanto... pero no me había presentado, así que pensé que tal vez estaba siendo muy maleducado.
—Jaja, eso es pensar demasiado. Pero Natsuki Subaru, ¿eh? Ya me lo aprendí, ya me lo aprendí.
Con una pequeña risa, Todd le dio una palmada en el hombro a un Subaru que bajó la mirada con incomodidad. Al ver que su actitud no cambiaba en absoluto, Subaru sintió un cierto alivio.
Al parecer, la preocupación de Rem de ayer era solo una exageración suya, y las inquietudes de Subaru también resultaron ser temores infundados.
Tal parecía que Todd verdaderamente había pasado por alto ese detalle sin querer, murmurando: “Fallo mío, fallo mío”, y luego añadió:
—Uy, uy, ese tema también es importante, pero hay algo aún más importante. Gracias a lo que contaste ayer, la estrategia de los Generales ha cambiado.
—¿Que la estrategia ha cambiado...? ¿Se refiere a la conquista de la selva?
—Así es. Después de todo, si a la exploración de un bosque desconocido le sumas que está habitado por mabestias, la cosa cambia muchísimo. Nuestras bajas tampoco serían algo que se pueda subestimar. Por eso...
Deteniendo sus palabras ahí, Todd mostró una amplia sonrisa de satisfacción en todo su rostro. Luego, tomando con ambas manos las mejillas de un Subaru que aún no terminaba de despertarse del todo, dijo:
—...Se decidió que concluyéramos la operación por la vía rápida.
—¿Por la vía rápida? Entonces, Todd, ¿significa que podrás regresar con tu prometida?
—¡Jaja, así es!
Ante un Todd que asentía enérgicamente, Subaru exclamó: “¡Ooh!”, compartiendo su alegría. Que un plan militar medido en años cambiara de repente para permitirle volver a su tierra natal debía ser una alegría inmensa para Todd. Chocando las manos con un Todd eufórico, ambos se pusieron a bailar juntos dentro de la tienda de campaña.
Entonces, como era de esperarse…
—...Oigan, ¿podrían hacer un poco más de silencio, por favor?
—Ah, perdón, Rem.
Incorporándose de su cama, una Rem con expresión de disgusto fulminó con la mirada a los dos hombres.
Acto seguido, ella negó ligeramente con la cabeza y tras murmurar: “De verdad…”,
—¿...? ¿No sienten un olor... algo raro?
—¿Un olor?
—Sí. Aparte de tu olor corporal.
Olfateando con la nariz, Rem hizo un gesto con la mano hacia Subaru, como si intentara apartar algo apestoso. Ese gesto hirió un poco los sentimientos de Subaru, pero Todd se disculpó de inmediato diciendo: “Fallo mío, fallo mío”.
—Pensé que no habría problema por la distancia, pero si tienes buen olfato es normal que te des cuenta. Pero cuando ya se ha decidido algo, si no lo haces rápido te quedas intranquilo, ¿no creen?
—¿Todd?
Diciendo eso, Todd abrió la entrada de la tienda de campaña. Luego, les hizo una seña con la mano para que salieran.
Por eso, Subaru cruzó miradas con Rem, le entregó su bastón y se dirigió a la entrada.
Acto seguido se paró al lado de Todd y miró.
—¿Eh?
Era una enorme columna de humo negro que se elevaba hacia el cielo con una fuerza abrumadora, acompañada de un intenso olor a quemado.
Y en todo su campo de visión, aquella inmensa selva que a lo lejos parecía cubrirlo todo de derecha a izquierda—la Selva de Buddheim—, estaba envuelta en llamas al rojo vivo, ardiendo en un infierno.
—Esto es...
Al lado de un Subaru paralizado, Rem, que contemplaba la misma escena, se quedó sin palabras.
Tanto Subaru como Rem se quedaron plantados de pie, contemplando inmóviles aquel bosque que ardía en un rojo vivo como una pesadilla, aquella selva siendo consumida hasta las cenizas, aquel mundo que parecía llegar a su fin.
—Si hay mabestias acechando, es imposible saber qué tantas bajas sufriremos de nuestro lado. Cuando insistí en eso, el comandante, el General de Segunda Clase Zikr, también lo comprendió.
—...
—Gracias a la información que nos diste, pudimos evitar que nuestros aliados sufrieran bajas. Ha sido una ayuda inmensa.
Diciendo eso con una sonrisa, Todd le dio una palmada en la espalda a Subaru. Golpeado por aquel impacto desenfadado, los labios de Subaru temblaron. Sus pulmones temblaron, su garganta tembló, y su voz también tembló.
Ante esa actitud amistosa e inmutable de Todd, lo que la voz temblorosa de Subaru logró articular fue…
—¿P-por qué...?
—¿Cómo que por qué? ¿Qué pasa?
—Pero tú me dijiste... que no querían pelear... contra los Shudrak del bosque, ¿verdad?
Que si peleaban una batalla difícil era inevitable, por lo que su objetivo era negociar para obligarlos a jurar lealtad al emperador.
Eso era lo que Todd le había dicho a Subaru el día anterior durante la comida.
Y por eso, en su interior, Subaru se había sentido aliviado pensando que no habría ninguna batalla.
—¡Pero hacer esto... es peor que una batalla...!
—Ah, claro que no queríamos pelear. No sabíamos cuántas bajas íbamos a tener. Incluso yo podría haber muerto. Pero gracias a que conseguimos material para convencer a los Generales, el problema quedó resuelto. Ahora los Shudrak tampoco podrán oponerse a el Emperador.

—Ngh…
—Y yo también podré volver pronto con mi prometida. En serio, fuiste un gran hallazgo. Ya hablé de ti con el General, así que estoy seguro de que recibirás una recompensa.
Diciendo en tono de broma que tal vez le darían una segunda daga, Todd le dio otra palmada en la espalda a Subaru. Y entonces, murmurando “Ah, por cierto” como si recordara algo, añadió:
—Me dijeron que regresara después de haberte mostrado los resultados de la batalla. Además, ya no tienes que limpiar las tiendas de campaña. En poco tiempo levantaremos el campamento.
—Ah... ¿eh?
—Cielos, contrólate. No preocupes a la señorita.
Susurrándole esas últimas palabras al oído, Todd se marchó del lugar dejando una sonrisa que era de genuina buena intención.
Al final, Subaru no pudo decir nada ante aquella espalda que se alejaba y se vio obligado a guardar silencio.
Sin embargo, por mucho que Subaru guardara silencio, o por mucho que fuera atormentado por la confusión en su interior, la imagen del bosque ardiendo a lo lejos, frente a sus ojos, no iba a cambiar.
Las llamas ardientes lo engullirían todo y reducirían a cenizas a todos los seres que vivían en aquella tierra.
Y eso no era una excepción para la enorme serpiente mabestia, ni para el hombre enmascarado que vivía en el bosque, ni para el cazador que los había acechado… Todo, absolutamente todo, quedaría reducido a cenizas.
—Ngh...
De pronto, junto a un Subaru que apretaba los dientes por ese impacto, el cuerpo de Rem se tambaleó.
Al sostener por reflejo aquel cuerpo delgado con las manos, en el instante en que la tocó, el cuerpo de Rem se tensó. Y, al mirar hacia arriba a Subaru, el rostro de Rem se desbordó de terror y rechazo.
—Ah…
—No es que la culpa sea tuya... lo sé muy bien. Pero…
—...
—Por favor, no me toques.
Tragándose por un instante el terror que estuvo a punto de consumirla, Rem apartó lentamente la mano de Subaru. No se la sacudió con violencia, ni se la rompió; simplemente la apartó.
Sus palabras debían ser sinceras. Rem también comprendía que no era una situación que Subaru hubiera provocado a propósito. Sin embargo, el consuelo que eso brindaba era insignificante.
Ante los hechos que realmente habían ocurrido, era una insignificancia demasiado grande...
—...Parece que esa niña se ha despertado.
Diciendo eso, Rem apartó la vista de Subaru, apartó la vista del bosque en llamas, y se giró hacia Ruy en el interior de la tienda, como si quisiera apartar la vista de aquello que no deseaba ver.
A esa espalda de Rem, Subaru no fue capaz de dirigirle la palabra al instante.
En el interior de Subaru tampoco lograban ordenarse los hechos que habían ocurrido. En ese momento, en su cabeza solo aparecían opciones en las que no importaba lo que dijera, ninguna sería la respuesta correcta.
Por eso no pudo detener a Rem, quien se alejaba a pasos torpes, a una velocidad comparable a la de un bebé gateando.
Y al no poder detenerla…
—¿Oh?
Mordiéndose el labio, Subaru miraba la pequeña espalda de una Rem que lo había rechazado.
Entonces, al notar de pronto una pequeña sensación que le tocaba la espalda, dejó escapar la voz. Se dio la vuelta para ver qué había sucedido, pero allí no encontró a nadie ni nada que hubiera tocado su espalda.
Sin embargo, en el instante en que se giró, pudo ver algo cruzando por el rabillo de su ojo. Era como si se hubiera desplazado hacia atrás acompañando el movimiento de Subaru al girarse…
—¡¡Uuh!!
Inmediatamente después, Ruy alzó la voz desde dentro de la tienda de campaña como si un niño hubiera estallado en un berrinche.
Era una arzobispo del pecado ruidosa apenas despertarse, pero ahora mismo tenía ante sus ojos una situación que debía priorizar por encima de aquella arzobispo del pecado reducida a un infante. Aunque, la verdad, tampoco era como si pudiera hacer algo al respecto.
—¡Ua, ah, ah!
—¡Ngh, cállate! ¡Estamos en una situación crítica ahora mismo! No tengo tiempo para prestarte atención y...
“...no tengo”, iba a gritarle a la Ruy que chillaba sin parar, cuando Subaru arrugó las cejas.
Sentada en la tierra, Rem abrazaba por detrás a una Ruy que se retorcía pataleando, y su expresión había cambiado drásticamente una vez más.
Era un asombro puro, de un «por qué», completamente distinto al terror y rechazo de hace un momento. Lo que miraban sus ojos azules abiertos de par en par era a Subaru; no, para ser exactos, no a Subaru, sino...
—...¿Mi espalda?
A partir del sutil ángulo de su mirada, Subaru identificó el objeto al que sus ojos prestaban atención. Imitando eso, giró el cuello y miró hacia su propia espalda.
Y entonces, se dio cuenta con retraso… De la verdadera identidad de aquello que se había desplazado hacia su espalda hace un momento.
—...Plumas de flecha.
Esa era la verdadera identidad de aquello que había cruzado por el campo de visión de Subaru. Y como era natural, las plumas estaban unidas al cuerpo de una flecha, y si aquello se mecía en la espalda de Subaru, no significaba otra cosa que…
—Ah...
Una flecha disparada le había dado de lleno por la espalda.
Su cabeza se balanceó bruscamente; incapaz de mantenerse en pie, Subaru cayó de espaldas en el lugar. Por acto reflejo, su mano se agarró a la entrada de la tienda, y con la fuerza de su caída, la tienda se inclinó.
Sin embargo, sin margen para preocuparse por ello, el cuerpo de Subaru cayó pesadamente de lado al suelo.
—¡Kyaaaaaa...!
Al ver eso, Rem soltó un grito agudo.
Sus pensamientos giraban en círculos, y la impresión inútil y fuera de lugar de que era la primera vez que escuchaba un grito normal de Rem inundó su cabeza, desbordándose y cayendo por sus oídos.
—¡Ah, uaaah!
Avanzando ruidosamente a gateos, Ruy se acercó al Subaru caído. Acto seguido, sacudió con brusquedad el cuerpo de Subaru, pero no le salía la voz para reprenderla, ni tampoco la fuerza para resistirse.
En qué patético estado se encontraba solo por una flecha…
—¡Alguien! ¡Que alguien venga, por favor! ... ¡E-estarás bien! ¡Con una herida de flecha como esta...!
Soltando su bastón, Rem se acercó casi arrojándose al suelo y, mirando la herida en la espalda de Subaru, comenzó a llamar desesperadamente.
“Ah, Rem es de verdad muy amable”, pensó. Aunque no pudiera confiar en Subaru por culpa del miasma, aunque un comentario desconsiderado suyo hubiera creado aquel mundo en llamas, si Subaru se desplomaba frente a sus ojos, ella alzaba la voz para intentar salvarlo de este modo.
“No quiero mostrar mi debilidad frente a esta Rem”, pensó.
—¿Por qué no te levantas con total compostura y le demuestras que es solo una herida de flecha, Natsuki Subaru? Al ver los Dramas Taiga o las series de época, pensabas que les faltaban agallas cuando morían o quedaban inmovilizados por haberse clavado una flecha tan delgada, ¿no es así?
Bueno, dejando de lado los casos donde una flecha enorme te atraviesa el pecho, tal como decía Rem, la flecha clavada en su espalda no tenía un gran poder destructivo. En realidad, le había dado con tan poca fuerza que llegó a pensar que solo le habían acariciado la espalda.
—Si es así, ¿por qué razón acabé de esta manera…?
—Geh, bu, ueegh…
—¡Ngh, ¿será veneno?!
Justo cuando vomitó aquella sensación de calor abrasador que le subía por la garganta, Rem llegó a la misma conclusión que él.
No lo estaba matando el impacto de la flecha. Era el veneno untado en la flecha lo que lo estaba carcomiendo.
Sus brazos y piernas dejaron de moverse, y su cabeza no funcionaba, como si estuviera sufriendo pesadillas por una fiebre alta.
Algo empezó a brotar a borbotones de sus ojos, de su nariz y de sus oídos, y todo el cuerpo de Subaru comenzó a temblar violentamente.
Un zumbido en los oídos empezó a volverse insoportablemente fuerte; ya no podía oír la voz de Rem preocupándose por él. Tampoco podía oír los gritos chillones y molestos de Ruy. Dejó de oír por completo.
—Veneno, el veneno, el veneno, quién, por qué, la flecha, el cazador, del bosque, quemando, ardiendo, ardiendo, Subaru imprudentemente, la mabestia, Todd, ardiendo, Rem, Rem, Rem.
Su consciencia se sumió en un caos absoluto y, arrojando burbujas de sangre por la boca, Subaru dejó escapar un gemido. Y, abriendo sus ojos inyectados en sangre, intentó ver el rostro de Rem de alguna manera y entonces se dio cuenta.
A una distancia de unos treinta metros de la tienda, una ubicación a menos de diez segundos corriendo, había una pequeña, pequeña figura humana mirándolo con odio.
—...
Era una niña. Una niña pequeña, apenas diferente en tamaño a Ruy.
Era una niña pequeña con una mirada hostil. No, no era eso. No es que tuviera una mirada hostil por naturaleza. Estaba fulminando a Subaru. Con sus ojos enturbiados por el odio, fulminaba a Subaru cargada de intención asesina.
Con el cabello y el rostro manchados de hollín, era una joven que empuñaba algo similar a un arco corto con aquellos ojos enturbiados de odio.
Fue ella quien, con esos dedos, con esas manos, con su propia voluntad, disparó la flecha envenenada a Subaru.
—...
Era natural que lo odiaran.
Era natural que desearan matarlo.
El resultado que Subaru había provocado era lo que había arrastrado a la joven al destino de verse consumida por el odio.
Siendo así, el castigo que había visitado a Subaru…
—¡No! ¡Espera! Por favor, espera. Espera...
Una voz desesperada resonó cerca de su oído.
Deseaba esperarla. Deseaba detenerse. Deseaba tomar su mano y sonreírle.
No podía hacer nada de eso.
Sin poder hacer nada de eso en absoluto…
Arrojando burbujas de sangre a borbotones, convulsionando, con los ojos en blanco, perdiendo el control de sus esfínteres, vomitando sus órganos internos derretidos en una masa informe, cayó en la oscuridad.
—Espera...
Aquel necio feo, sucio e irreflexivo cayó en el fondo de la oscuridad. Cayen…