El Camino del Imperio
Capítulo 4
El Camino del Imperio
1
Una amenaza que corroe el cuerpo lentamente, un dolor como si la sangre brotando se hubiera convertido en magma, va arrancando una a una las capas de la existencia de Natsuki Subaru, intentando exponer al yo despojado de todo adorno.
Es una extensión de una crueldad equivalente a arrancar una costra que aún no ha terminado de sanar para exponer la herida viva al aire frío… El alma toca una realidad en la que no existe nada que la proteja.
Lo que llega, ¿es dolor, lamento o tristeza?
O tal vez sea algo completamente diferente; ni siquiera el propio Subaru es capaz de saberlo.
Si hay algo que entiende, si es que existe alguna salvación, es solo una.
Esa desesperanzadora sensación se interrumpe antes de llegar a su respuesta, y una liberación que parece una mentira…
—Tus jadeos son muy molestos, imbécil.
—¡Mgah!
Liberado del sufrimiento previo, abrió grande la boca de la que se suponía debían brotar burbujas de sangre.
Con su cuerpo vacío buscando oxígeno como si se le hubiera perforado un pulmón, justo cuando intentaba saborear a fondo aquel aire insípido e inodoro, algo le fue introducido a la fuerza en la boca.
Al inclinarse hacia atrás por el impacto inesperado, una lluvia de insultos cayó sobre un Subaru que tosía.
Sin embargo, no entiende qué está pasando. Para ser exactos, no puede ver. La presión que siente en el rostro es la prueba de que le han envuelto algo alrededor de los ojos. Le habían atado la cara.
—No, no es solo mi cara. Mis brazos y piernas también están atados.
En ese estado, alguien le metió algo dentro de la boca.
—¡Cof! ¡Cof! P-pero ¿por qué estoy atado...? ¡¿Gah?!
—¿Por qué te resistes, imbécil? ¿Es que no entiendes en qué posición estás?
—Ah, gah...
Justo después de escupir lo que tenía en la boca, el oponente violento le dio una patada en el estómago. Con la respiración cortada por el impacto, el sujeto le escupió a un Subaru que cayó de lado.
La humillación de ser escupido ni siquiera le importó en comparación al dolor que sentía en el pecho. Pero mientras su visión oscurecida destellaba en rojo por el dolor, Subaru se sumió en la confusión.
Los sucesos de hace apenas unos diez segundos dan vueltas y vueltas en su cabeza.
—...
Había sido despertado por Todd, y luego llevado fuera de la tienda de campaña para ver el bosque sumido en el fuego.
Y entonces, justo después de darse cuenta de que esto había sucedido por un desliz de su lengua, había sido alcanzado en la espalda por una flecha envenenada y se había desplomado. Quien disparó la flecha fue una joven que se veía muy pequeña, y ante su mirada, su cuerpo perdió toda la fuerza y comenzó a convulsionar por completo.
Sufriendo mientras arrojaba burbujas de sangre, escuchando la voz de Rem llamándolo desesperadamente, había intentado aferrarse a su conciencia que se desvanecía, y…
—Q-qué... está…
—¿Ah? ¿Hasta cuándo piensas seguir con esa farsa, pedazo de...?
—¡Eh, eh, cálmate! No está entendiendo nada. Voy a quitarle la venda de los ojos.
—Ah...
Los pensamientos que habían sido tragados por un vórtice de caos son arrastrados de vuelta a la realidad por la conversación que se desarrolla sobre su cabeza.
Lo que se escuchaba era la conversación de dos hombres. Por un lado, la voz de un hombre violento que parecía la encarnación misma de la crudeza y la brutalidad; por el otro, la voz suave de un hombre que mediaba, dando una impresión afable.
En la mente de Subaru emergieron con naturalidad los rostros de los dueños de ambas voces.
Se escuchó un chasquido de lengua; un “tch”, y los pasos del hombre que pateó a Subaru alejándose. Inmediatamente después, se escuchó un suspiro que mezclaba asombro y una sonrisa irónica diciendo “vaya, vaya”.
—Siento lo repentino de todo esto. Supongo que te preguntarás qué está pasando, pero por ahora te quitaré la venda de los ojos. Discúlpame, pero no puedo quitarte las cuerdas de las manos ni de los pies.
—...
Diciendo eso, el hombre que se acercaba le quitó la venda atada alrededor de la cabeza a Subaru.
Antes de saborear la sensación de liberación que llegó junto con un leve dolor, Subaru respiró profundo; lo repitió una, dos veces, y finalmente contuvo la respiración por un momento.
Luego, esperando lentamente a que su vista se recupere, abrió los párpados.
Y entonces…
—...Como lo supuse.
A medida que su visión borrosa se enfocaba, vio tiendas de campaña y hogueras extendiéndose ante él, y a soldados imperiales moviéndose por todas partes. No era exactamente familiar, pero reconoció el campamento; había corrido por todo alrededor haciendo recados y sobreviviendo durante un par de días.
—¿Acaso… morí?
—Y he vuelto gracias al Retorno por Muerte. Esa es la explicación más natural.
E irónicamente, el método para comprobarlo se le ocurrió con mucha facilidad. Basta con girar el cuello y fijar la vista en el bosque verde al otro lado del campamento.
Como resultado de lo que había dicho antes, los soldados imperiales habían obtenido permiso para quemar aquella selva.
Aquel bosque que debía estar ardiendo en las llamas del infierno y levantando humo negro estaba ahí.
Extendiéndose de derecha a izquierda hasta cubrir el horizonte, aquella densa selva verde seguía intacta y con vida.
Habiendo confirmado eso, Subaru ahora lo veía claramente en su cabeza.
Rem arrastrándose hacia él después de que se desplomara por la flecha mientras la sangre burbujeaba de su boca, suplicándole desesperadamente que no muriera. Su voz, su presencia, su súplica…
Pero Subaru había traicionado todo eso, muriendo trágicamente justo frente a ella.
En una tierra desconocida, viendo morir al hombre que la conocía a pesar de que lo detestaba, ¿cuánto miedo y cuánta ansiedad debió haber sentido esa Rem sin recuerdos? Con tan solo imaginarlo se le parte el corazón.
Y, al mismo tiempo, pensó:
—Jamás volveré a dejar que pase por algo así.
—Te encontramos justo cuando fuimos a sacar agua. Lo siento, pero te has convertido en nuestro prisionero.
Así, frente a un Subaru que albergaba ese fuerte sentimiento en el pecho, el hombre se agachó.
Conocía a esa persona que sonreía suavemente con ojos bondadosos. Era Todd.
Dentro de este campamento repleto de soldados imperiales, era la única persona que había tratado de manera amistosa a Subaru y a Rem.
Había tratado con paciencia a Subaru, que sabía muy poco sobre el Imperio, y el propio Subaru estaba agradecido de que Todd hubiera estado allí cuando despertó.
Hasta ese mismo hombre respaldó la decisión de quemar el bosque tomando las palabras de Subaru como justificación.
—...
En su percepción del tiempo no habían pasado ni diez minutos, pero aquel informe casual de que había quemado el bosque le heló la sangre en las venas.
En el Sacro Imperio de Vollachia se venera al fuerte y se oprime al débil.
Un país poderoso cuyo emblema nacional era un lobo con espadas clavadas, un símbolo que enseñaba que solo el “Lobo Espada” tenía derecho a vivir. Puede que una mentalidad como la de Todd no sea algo raro dentro del Imperio.
Que la operación de prenderle fuego al bosque se ejecutara al enterarse de la presencia de mabestias era una forma de actuar comprensible para ellos.
Sin embargo, era evidente que no sería compatible con el propio Subaru ni con nadie de la gente del Reino de Lugunica. Si acaso, tal vez solo con Roswaal, que es la encarnación misma del racionalismo.
Sea como fuere, esta vez no debía permitir que el bosque se convierta en un campo de cenizas.
—...
Tragando saliva, Subaru consideró los sucesos anteriores como un fracaso.
El hecho de que terminara asesinado es parte de ello, pero incluso si los soldados imperiales lo hicieron para tomar una medida de seguridad, quemar el bosque era ir demasiado lejos.
Si no fuera por aquel desliz de Subaru, existía la posibilidad de que Todd y los demás crearan un espacio de diálogo pacífico con los Shudrak y concretaran las negociaciones sin derramar sangre.
Les arrebató esa posibilidad y expuso al peligro a las personas del bosque…
—No, deja de evadir la responsabilidad. Hay cero posibilidades de que nadie muriera en esa tormenta de fuego.
Por su propio desliz, Natsuki Subaru había arrebatado las vidas de las personas que vivían en el bosque.
Incluso si con el Retorno por Muerte ya no puede intervenir en los sucesos de aquella línea temporal, no puede escapar de ese hecho… Porque Subaru jamás lo olvidará.
—...
Por esa razón, Subaru tomó la firme determinación de no cometer el mismo error.
La muerte era un asunto pesado, ya fuera la suya o la de otra persona, y no algo que pudiera permitir que volviera a suceder. Con ese pensamiento, tener al menos la oportunidad de rehacer su primer encuentro con Todd y Jamal era un pequeño resquicio de esperanza.
—Crearé una buena relación con Todd, y también con Jamal, si es posible, y los empujaré a negociar con los Shudrak de una manera que no falle.
—Y para hacer eso…
—¿Me estás escuchando? Entiendo que estés confundido de que te digan de pronto que eres un prisionero, pero…
—...No, sí, tienes razón. Estoy confundido. Estoy confundido, pero, este...
Todd se agachó frente a un Subaru en silencio, intentando ser considerado con sus sentimientos. Aceptando esa actitud, Subaru se quedó pensando para elegir sus siguientes palabras.
La vez anterior, su relación con Todd fue buena. Debía mantener esa relación, continuando por la ruta en la que les concedan ciertas facilidades a él y a Rem.
—Además, debo tener cuidado con lo que le digo, para evitar cualquier acción extrema por su parte.
—Estoy sorprendido, pero entiendo que soy un prisionero. Recuerdo haber saltado al río. Si son ustedes los que me salvaron de eso, entonces les debo…
—...Espera.
—¿Eh?
Subaru intentó con calma desempeñar el papel de alguien que había sido sacado del agua y salvado. Pero Todd lo interrumpió, poniendo su mano frente a la cara de Subaru.
Con la visión bloqueada por los cinco dedos extendidos y la palma de la mano, Subaru contuvo el aliento por acto reflejo.
Y entonces…
—...¿Por qué me miraste con esos ojos hace un momento, amigazo?
Justo después de escuchar aquella voz fría y dura de Todd, una sensación punzante invadió el hombro derecho de Subaru.
Con la visión bloqueada, tardando en reaccionar a los movimientos de su oponente, Subaru dirigió su mirada hacia la extraña sensación en su hombro derecho y se dió cuenta de lo que había pasado.
…La punta afilada de un cuchillo se había clavado profundamente en el hombro derecho de Subaru.
2
—¡¿Ghhh?!
En el instante en que reconoció lo que había sucedido, la garganta de Subaru dejó escapar un grito sin voz.
Una tremenda sensación punzante de calor abrasador estalló con centro en su hombro derecho, y todo el cuerpo de Subaru se adormeció y se tensó ante el dolor agudo.
Hasta ese punto, el impacto de una puñalada inesperada era devastador.
—¡¡¡Ghh, gaaaaaaaaaaaah!!!
Unos segundos después de aquel grito mudo, un alarido provocado claramente por el dolor surgió de sus labios.
Quería retorcerse, frotarse el hombro desgarrado, presionarlo, hacer cualquier cosa para calmar el dolor... Sin embargo, sus manos y pies estaban inmovilizados, incapaz siquiera de intentar arrancarse el cuchillo clavado.
—¡Duele, duele, duele, duele!
—¡O-oye! ¡¿Qué fue ese grito?!
Subaru se retorcía de dolor, gritando una y otra vez. Al escuchar esa voz anormal, quien regresó apresuradamente fue el hombre de aspecto rudo con el parche en el ojo: Jamal.
Jamal, quien hasta hacía un momento había estado pateando y agrediendo físicamente a Subaru, abrió los ojos de par en par al ver la escena: Subaru yacía en el suelo con un cuchillo brotando de su hombro derecho, dejando escapar gritos agónicos mientras tosía sangre.
Y entonces…
—¡Todd, esto no fue lo que hablamos! ¡Fuiste tú quien dijo que no les pusiéramos un dedo encima porque este llevaba la daga de un noble!
—Ah, esa era mi intención mientras no supiéramos su identidad. En cuanto a eso, entiendo que te enojes porque cambié los planes. Fallo mío, fallo mío.
—...¿Significa que ya sabes quién es este tipo y de dónde viene?
El alterado Jamal recuperó la calma al escuchar la respuesta de un Todd que se había puesto de pie.
Sin embargo, ante la pregunta de Jamal, Todd ladeó la cabeza diciendo: “¿Quién sabe?”.
Acto seguido, Todd plantó el pie sobre el cuerpo del Subaru derribado que emitía gemidos de dolor y dijo:
—Como no le he preguntado quién es, no tengo la menor idea. Solo que la probabilidad de que sea nuestro enemigo es alta. Por eso, es un ataque preventivo.
—¡Gh, gyaaaaah!
—Vaaaya, eso parece doler. Tampoco gano nada haciéndote sufrir demasiado, pero dime, amigazo, ¿eres de los que aguantan bien el dolor? ¿Cómo te evaluarías en ese aspecto?
Dejando caer su peso sobre el pie que apoyaba en el cuerpo de Subaru, Todd le preguntó aquello con total tranquilidad.
Sin embargo, al recibir el peso de Todd mientras yacía en el suelo, el cuchillo en su hombro fue empujado aún más profundo en la herida; en medio de aquella repetición de un dolor insoportable, Subaru no tenía margen para responder.
—No respondes. Qué rebelde. Como pensaba, eres un enemigo.
—...Si lo tienes rodando así en el suelo, es normal que no pueda responder ni aunque quiera.
—¿Mmm? ¿De verdad? Vaya, qué torpe soy. Como yo soy insensible al dolor, siempre cometo este tipo de errores. Fallo mío, fallo mío.
Diciendo eso, Todd retiró por fin el pie del cuerpo de Subaru.
El dolor adicional desapareció, pero un dolor punzante y constante seguía clavándose en Subaru; de su boca apretada para soportar aquella agonía insufrible escurría sangre, y de las comisuras de sus ojos brotaban lágrimas.
—Y tú me hablas a mí de que mi comportamiento es malo…
—¿...? Tú golpeas a los prisioneros y a tus subordinados solo para desahogarte, ¿verdad? No vengas con chistes queriendo dártelas de refinado. Yo solo estoy haciendo lo necesario.
Por otro lado, ignorando el patético estado de Subaru, los hombres continuaban conversando sobre su cabeza.
Se desarrollaba una escena que hace un momento habría sido impensable: tras aquel acto sangriento contra Subaru, ahora era Jamal quien intentaba calmar a Todd.
—¿Qué diablos estaba pasando aquí?
Aun considerando que sus recursos mentales se estaban consumiendo para soportar el dolor, sus pensamientos no lograban ordenarse en absoluto.
Todd los había tratado tan bien, ¿por qué razón estaba haciendo semejante...?
—Y bueno, ¿por qué lo apuñalaste?
—Cuando le quité la venda y me miró, tenía la mirada de alguien que intentaba manipularme. Podría entender la inquietud o el nerviosismo. Que tuviera miedo o llorara también estaría bien... pero intentar manipularme no tiene sentido.
—Manipularte, ¿eh?
—Que un tipo inconsciente sea despertado a patadas, le quiten la venda y lo primero que piense sea cómo utilizar a la primera persona que ve... ¿crees que alguien tendría una mirada así? Bueno, tal vez existan sujetos así, pero me dan tanto miedo que no sabría cómo lidiar con ellos. Simplemente es mejor matarlos de una vez.
Frente a un Jamal pensativo, Todd exponía sus ideas de manera completamente lógica y ordenada.
La razón por la que había apuñalado a Subaru era porque lo consideró un peligro. Y, como la mejor medida para lidiar con un oponente peligroso, intentó neutralizarlo.
Para asegurar su propia salvación, Todd simplemente había tomado esa decisión al instante y la había ejecutado.
—¿Cómo que "simplemente"?
—No hay forma de saber si pensó eso apenas se despertó, ¿no crees? Tal vez se despertó mientras lo traíamos y estuvo escuchando toda nuestra conversación…
—Eso es imposible. Estuve vigilando todo el tiempo para ver si se hacía el dormido. Si hubiera recuperado la consciencia en algún momento, habría tenido una reacción biológica natural. Y si, por alguna razón, pasé por alto que se hacía el dormido…
—¿Si pasó eso qué?
—Significaría que nos estaba engañando haciéndose el dormido mientras planeaba manipularme de manera calculada desde el principio. Eso da muchísimo más miedo. Definitivamente matarlo es la opción correcta.
Al escuchar esa conversación mientras luchaba contra el dolor, Subaru contuvo el aliento con un escalofrío.
Conforme escuchaba la explicación de Todd, el tono de Jamal se iba debilitando poco a poco. Al principio debía sentir sorpresa e ira por el hecho de que Todd hubiera apuñalado a Subaru, pero su furia estaba siendo desmantelada pieza por pieza.
Todd se acercaba a su interlocutor, mostraba comprensión y, sobre esa base, le ofrecía una propuesta atractiva y beneficiosa. Tras frenar el ímpetu inicial, la persona, ya con la mente más flexible, evaluaba la propuesta ofrecida y terminaba por querer aceptarla.
Eso era exactamente lo que estaba ocurriendo con Jamal frente a sus ojos.
Y también era lo que le había ocurrido al propio Subaru justo antes del Retorno por Muerte.
—Tampoco sabemos qué son las señoritas que lo acompañan, pero esas dos son simples y es fácil tratar con ellas. Eliminemos el foco de la enfermedad antes de que nos cause problemas.
—Bueno, por mí no hay problema, pero…
—¿O prefieres hacerlo tú? Como te detuve cuando estabas furioso porque la señorita del pelo azul apaleó a tus hombres, supongo que necesitarás a alguien con quien desahogarte.
—...Ahora que lo dices, tienes razón.
Ante la tranquila propuesta de Todd, una sonrisa vulgar se dibujó en el rostro de Jamal.
Jamal se lamió los labios y se acercó desprendiendo un aura de violencia. Sin embargo, lo que hizo que a Subaru se le helara la sangre en las venas fueron las palabras de Todd.
No solo por haber ofrecido a Subaru para que Jamal se desahogara, sino porque, incluso eliminando a Subaru aquí, Todd tenía la intención de indagar sus motivos por otros medios.
Y para eso utilizaría a Rem y, en teoría, también a Ruy.
Pero no importaba qué les preguntaran, ellas dos no podrían responder. Sin importar a qué cruel tortura fueran sometidas, no había ni una sola información que Rem pudiera revelar.
—¡…Ngh!
Apretando las muelas, Subaru utilizó el sabor a sangre en su boca como detonante para buscar un medio de salvar a Rem.
En unos segundos más, la violencia de Jamal se reanudaría, y Subaru sería asesinado por ataques brutales sin piedad alguna, o quedaría en un estado de agonía a las puertas de la muerte. E incluso si Jamal tuviera algo de conciencia, Todd no dejaría a Subaru con vida.
Alguien como Todd, capaz de prenderle fuego a un bosque, no tendría el menor reparo en apagar la vida de Subaru.
Paso a paso, Jamal fue acercándose.
Durante ese tiempo, Subaru calentó sus pensamientos hasta el límite, buscando en su interior la respuesta necesaria. Una estrategia para superar esta situación, una posibilidad, un milagro al que debía aferrarse…
—Grita con buena voz para desahogarme, mocoso de mierda. Vas a pagar con tu cuerpo la cuenta de lo que hizo tu mu…
—...Los Shudrak.
Justo antes de que el matón, soltera su clásico insulto y descargara su violencia sobre Subaru, los labios de este último tejieron esas palabras.
Al instante, los movimientos de Jamal se detuvieron, y la expresión de Todd a sus espaldas también cambió. Jamal mostró una clara sorpresa, mientras que Todd levantó una ceja y luego sonrió diciendo: “Vaya”.
—Parece que sabes muy bien cómo apostar, amigazo.
—Todd, lo que está diciendo este mocoso…
—Espera, espera, Jamal. Podremos golpearlo y patearlo después. Pero es difícil entender la voz de un oponente con la lengua o la garganta aplastadas. Ahora mismo, escucharlo es la mejor opción.
—¡Maldita sea!
Al quedarse sin una vía de escape para su ira, Jamal pateó con violencia una valla de madera cercana.
Mirando de reojo aquella literal forma de desahogarse, Todd se volvió de nuevo hacia Subaru. La sonrisa pegada en su rostro era, para mayor terror, exactamente la misma que Subaru conocía.
Exactamente igual que cuando le curó los dedos a Subaru, cuando lo invitó a comer y cuando elogió su contribución para quemar el bosque, Todd le sonreía a un Subaru que se encontraba en el umbral entre la vida y la muerte.
—Y bien, sacaste el nombre de “los Shudrak”. ¿Puedo esperar que me digas algo que nos alegre escuchar, amigazo?
—...Sí. Sé dónde están los Shudrak en el bosque.
—¡...! ¡Vaya, eso es excelente!
Con una sonrisa teñida de júbilo, Todd dio una palmada frente a su pecho.
Ante esa reacción, Subaru se convenció de que el milagro que había arrancado de su interior había surtido efecto.
Sin embargo, al mismo tiempo, esto era un arma de doble filo para Subaru.
Después de todo, Subaru no tenía ni idea de dónde estaban los Shudrak.
El hombre enmascarado que le había cedido el cuchillo y el cazador que usaba arco y flechas para acechar a Subaru... creía que era probable que uno de ellos, o quizás ambos, estuvieran relacionados con “los Shudrak”, pero no tenía medios para contactarlos desde donde estaba, ni la menor idea de su ubicación exacta.
En otras palabras, esta era una apuesta arriesgada en la que Subaru se jugaba la vida.
—¿Y por qué conoces tú la ubicación de los Shudrak, amigazo?
—...Porque yo soy parte de los Shudrak.
—Ya veo, con que era eso. Dejando a un lado el color de tu piel, tienes el cabello negro, ¿verdad? Por eso pensaba que tal vez era el caso. Es bien sabido que los Shudrak tienen el cabello negro.
—...
Al recibir un dato que desconocía por completo a posteriori, un Subaru salvado por la suerte sintió un inmenso alivio.
Con un sudor grasiento cubriendo todo su cuerpo, Subaru le sumó sudor frío a la tensión de aquella conversación. El dolor de su hombro seguía en aumento, y en respuesta a eso, los dedos de su mano izquierda también empezaban a protestar por el dolor.
Por si fuera poco, su cuerpo aún no se había recuperado del desgaste físico por el alboroto en la Atalaya Pléyades, el posterior altercado con Rem en el bosque y la huida hacia el gran río.
Manteniendo unida su consciencia vacilante y su espíritu a punto de quebrarse, debía seguir enfrentándose a aquel interrogatorio donde un solo error significaba la muerte. Todo para sobrevivir y rescatar a Rem.
Para poder regresar al lado de Emilia y Beatrice, y lograr que Ram y Rem se reencontraran.
—Siendo así, tu posición vendría a ser la de un explorador, ¿no? Y tanto la ropa como aquel cuchillo los preparaste para mezclarte entre nosotros…
—...Le robé el cuchillo a un viajero. Y la ropa también. Y…
—Y así intentaste averiguar nuestra situación interna. Un plan bastante audaz. Que te estabas ahogando parece ser verdad, pero aun existiendo la posibilidad de que no nos diéramos cuenta del cuchillo…
—Pero así era mucho más creíble, ¿no?
Ante la observación de que era un plan descuidado, Subaru sonrió con osadía afirmando que lo había hecho a propósito.
Torció las comisuras de los labios y mostró los dientes para hacer que su mirada ya de por sí amenazante se viera aún peor. Al hacerlo, le dio mayor fuerza persuasiva a sus palabras. Y, de hecho, al escucharlo, Todd evaluó las verdaderas intenciones de su declaración.
—...
Aquel silencio fue pesado, estrangulando lentamente la vida de Subaru como un lazo de seda.
Sinceramente, el dolor y la carga física eran tan insoportables que no era capaz de reflexionar en absoluto sobre si sus palabras resultaban persuasivas, o si su expresión y forma de hablar lograban respaldar dicha persuasión.
Sentía que estaba dando una excusa tan ridícula que no le habría extrañado si, al segundo siguiente, la descartaran por absurda y le partieran la cabeza tras burlarse de él con desdén.
El hecho de no poder medir la postura de Todd no hacía más que intensificar aquella sensación de tensión.
Y, después de un momento…
—...Dime, amigazo, ¿vas a vender a tu tribu para suplicar por tu vida?
Ante aquella pregunta de un Todd que cerró un ojo, Subaru tragó saliva.
Había logrado extraer las palabras que buscaba. Ahora, lo único que le quedaba era no equivocarse en su respuesta.
Vender a su tribu para suplicar por su vida.
Después de declarar que formaba parte de los Shudrak, los venderia al enemigo.
No debía permitir que descubrieran que era un farol. Y para ello, debía poner la expresión y la voz necesarias.
…El rostro y la voz de un hombre miserable y servil que vende a su propia tribu para suplicar por su vida.
—...S-sí, así es. Venderé a los míos.
—...
—¡Se lo suplico, haré lo que sea! Si quiere, incluso puedo atraerlos hacia una trampa. ¡Lo que sea, haré lo que sea!
Con la mirada errática, las mejillas temblando y cubierto de sudor frío, Subaru suplicó por su vida.
Bastaba con convertirse en un ser egocéntrico, aferrado a su propia vida y menospreciando la de los demás, alguien que jamás sería aceptado con agrado por su interlocutor.
No era una gran hazaña.
Durante los días que había pasado en este mundo, había visto incontables veces modelos con esa clase de naturaleza humana.
Aunque jamás creyó que llegaría el día en que usaría como modelo a aquellos arzobispos del pecado con la peor naturaleza humana.
—Qué imbécil tan despreciable. Y para colmo me miras con esos ojos que tanto detesto.
Al escuchar la súplica de Subaru, Jamal escupió aquellas palabras con un desdén y una ira que venían del fondo de su corazón.
Al menos, parecía que la actitud de Subaru había virado en la peor dirección para Jamal. Pero por desgracia, no tenía margen para prestarle atención a Jamal.
En este preciso momento, la persona con el derecho a decidir el destino de Subaru era Todd.
Los rangos y puestos oficiales no tenían el menor significado en este lugar. El estilo imperial, donde el fuerte oprime al débil... era precisamente a esa costumbre imperial a la que debían obedecer.
—...Esa desesperación no parece fingida, ¿eh?
Y, ante un Subaru que había logrado poner una expresión servil con un esfuerzo incesante, Todd por fin dijo aquello.
Al escucharlo, aun temiendo alegrarse en vano, Subaru sintió que se había salvado por un pelo.
—¡¿Hablas en serio, Todd?! Vas a escuchar la excusa de una basura capaz de vender a su propia tribu por su bien…
—Ey, ey, Jamal. Es un sujeto tan miserable como para vender a su propia tribu por sí mismo, ¿sabes? Se esforzará desesperadamente por demostrarnos su utilidad. De lo contrario, no podrá salvar su preciada vida.
Ante aquellas palabras de Todd, un enfurecido Jamal soltó un gruñido y se quedó callado.
Y esa era exactamente la justa evaluación sobre un hombre servil que Subaru deseaba que Todd albergara.
Un hombre capaz de vender la vida de sus camaradas con tal de salvarse a sí mismo. Para hacerles creer que la información que traía tenía valor, era indispensable rebajar la reputación de Subaru hasta lo más bajo posible.
En ese aspecto, haber gritado y pataleado de forma tan patética al ser apuñalado en el hombro seguramente jugó a su favor.
Aunque sentía que aquel dolor era un precio demasiado alto como para que eso sirviera de consuelo.
—¡No pienso hacerme responsable de lo que pase!
Al final, tal como Subaru había calculado, Todd logró persuadir a Jamal.
Apaciguándolo, Todd le dio una palmada en el hombro diciéndole: “Confía, confía”, y luego...
—No hay duda de que está aferrado a la vida. Sea a la suya o no, claro.
...dijo, mientras observaba a un Subaru que agachaba la cabeza con actitud servil.
3
—¡...! ¡Espera! ¡¿Qué van a hacer con él?!
Diciendo eso, Rem se aferraba a los barrotes de hierro de su celda y los increpaba con la mirada cargada de ira.
El lugar era el campamento militar imperial; tras haber aceptado la súplica servil de Subaru, Todd y Jamal se lo llevaban para abandonar la base militar en ese preciso momento.
Desde dentro de la jaula de hierro, una cautiva Rem descubrió al Subaru que era llevado por ellos y agudizó la mirada.
El Subaru al que Rem miraba con odio tenía un aspecto completamente destrozado y patético.
Estaba cubierto de contusiones por haberse arrojado al río, la herida de cuchillo en su hombro derecho apenas tenía unos primeros auxilios rudimentarios, los dedos rotos de su mano izquierda seguían sin ser tratados y, aunque le habían quitado los grilletes de los pies, seguía con las manos esposadas.
Con una apariencia prácticamente igual a la de un esclavo, Natsuki Subaru era sacado del campamento.
Al ver aquello, los sentimientos de Rem debían ser un completo caos entre la confusión y la sorpresa. Por supuesto, Subaru no tenía forma de explicarle la situación. Al haber activado el Retorno por Muerte, la relación entre Subaru y Rem, en la que apenas había empezado a abrigar la esperanza de un pequeño acercamiento, se había reiniciado; todo volvía a empezar desde cero.
Rem consideraba a Subaru un enemigo por el Olor de la Bruja, y no se le había dado el tiempo ni la oportunidad de aclarar ese malentendido; por si fuera poco…
—¡¿...?! El olor es mucho peor que hace un rato... ¿Qué significa esto?
Al percibir el miasma, cuya densidad aumentaba cada vez que repetía el Retorno por Muerte, el nivel de alerta de Rem se había elevado otro escalón.
Desde su perspectiva, Natsuki Subaru era la encarnación misma de la maldad pura.
Y dado que no encontraba ningún beneficio en corregir esa percepción más allá de evitar que el propio corazón de Subaru saliera lastimado, no podía realizar absolutamente ninguna acción para aclarar el malentendido en este momento.
—...Tienen una relación bastante complicada, ¿no? Aunque se supone que la señorita es tu compañera de viaje, te trata de esa manera.
—Esa niña... No, las dos que estaban conmigo...
—¿Las dos?
—...A las dos las compré simplemente como herramientas para ponerme en contacto con ustedes.
Aunque por un instante dudó sobre cómo responder, Subaru fingió crueldad y lo dijo categóricamente.
Ahora mismo, Subaru era un hombre de sangre fría capaz de vender a sus camaradas por el apego a su propia vida. Por consiguiente, debía mostrar cero afectos hacia Rem y Ruy; necesitaba aparentar un cien por ciento de egoísmo por su propia salvación.
Debía evitar a toda costa que ellas dos——sobre todo Rem—— fueran tomadas como rehenes.
—Son dos mujeres que no saben nada. Preguntarles cosas es una pérdida de tiempo... aunque por lo visto ya te habías dado cuenta.
—Bueno, no parecía que estuvieran actuando. La señorita pequeña realmente debe tener la cabeza destrozada, y la otra tampoco estaba mintiendo. Ahora bien, el hecho de que ella misma no tenga clara la razón de su hostilidad lo vuelve bastante problemático por sí solo.
Todd se rascó la mejilla con una sonrisa irónica, mientras a sus espaldas Jamal soltaba un bufido de mal humor.
Liderados por ellos dos, quienes abandonaban el campamento junto a Subaru eran unos veinte soldados imperiales. A partir de ahora, se suponía que Subaru los guiaría hasta el asentamiento de los Shudrak en el bosque.
Les enseñaría la ubicación a Todd y a los suyos, contribuyendo así a la victoria del Imperio. Luego, como recompensa, le perdonarían la vida y pondría en práctica el dicho de que “bicho malo nunca muere”; ese era el plan.
En términos generales, merecería una nota aprobatoria como la historia de éxito de un hombre servil.
Si cerraba los ojos ante el pequeño detalle de que era completamente imposible, claro está.
—Si les estorban, yo me las puedo llevar una vez que me liberen...
—Oye, qué impaciente eres. Que seas optimista está muy bien, pero no olvides que el que te salves o no depende de la información que nos des. Antes de preocuparte por el destino de esas chicas, preocúpate primero por el tuyo propio.
—Jeje, tiene razón. Sin querer me dejé llevar por la codicia de lo que haré después.
Si insistía más en este punto se descubriría su apego por Rem, por lo que Subaru cambió de estrategia de inmediato.
Por culpa de las esposas no podía frotarse las manos con servilismo, pero le respondió a Todd con una actitud que evocaba exactamente esa imagen. Afortunadamente, Todd no insistió más en el tema y, agitando la mano hacia la Rem que estaba dentro de la celda, le dijo:
—Quédese tranquila, señorita. Por el momento, si no hacen nada, nosotros tampoco haremos nada.
—¿De verdad cree que esas palabras tienen alguna fuerza persuasiva?
—No sé qué tanta persuasión tenga, pero creerlas o no ya es problema suyo, señorita.
Ante aquellas palabras de Todd, Rem guardó silencio con frustración.
Lamentando no poder darle fuego de cobertura ni cruzar una sola palabra más con ella, Subaru grabó con fuerza en su memoria la figura y la voz de Rem, utilizándolas como combustible para encender su corazón.
…Debía sacar a Rem del campamento imperial y escapar de allí a como diera lugar.
Subaru ya había abandonado por completo la idea de construir una relación amistosa con Todd y los suyos para que los protegieran a él y a Rem… Eran seres sumamente peligrosos, ya fuera como aliados o como enemigos.
Para empezar, debía evitar confraternizar más de lo necesario con la gente del Imperio de Vollachia.
Su situación era sumamente compleja; si daba un paso en falso, encerraba el peligro potencial de no limitarse a un simple problema personal.
—Bien, entonces nos vamos. Que nadie baje la guardia.
—¡Yo soy el que da las órdenes aquí!
Llevando a un Subaru que fortalecía su determinación de ese modo, Todd les dio aquella voz de mando a sus aliados.
En medio de las respuestas de los soldados imperiales al escucharlo, Jamal gritó mostrando abiertamente su ira.
4
Después de eso, con Subaru a la cabeza, el grupo se adentró en la Selva de Buddheim.
El objetivo era localizar el asentamiento donde vivían los Shudrak en el bosque. Sin embargo, Subaru, su guía, se había tirado un farol y no tenía ni idea de la ubicación de ningún asentamiento.
Es más, era una apuesta arriesgada en la que ni siquiera tenía clara la verdadera identidad de “los Shudrak”.
—...
Mientras avanzaba por el denso bosque, Subaru buscaba desesperadamente una oportunidad para escapar.
Aunque el enemigo era numeroso, llevaban armaduras ligeras que no les permitían moverse con más agilidad que él. Si lograba aprovechar un descuido y escapar, existía la posibilidad de regresar al campamento antes que ellos y huir con Rem. De hecho, en la situación actual, no tenía otro plan más que ese.
Afortunadamente, la jaula en la que habían metido a Rem era de las que se podían abrir con facilidad desde el exterior.
Lo importante era que Subaru consiguiera la oportunidad de hacerlo y si Rem, confiando en él al abrir la jaula, querría seguirlo. Y luego estaba la presencia de Ruy.
—Si le digo que la dejamos atrás, seguro que Rem no me seguirá por nada del mundo...
Ya de por sí, Subaru había perdido toda la confianza de Rem debido al miasma añadido por el Regreso por Muerte.
En ese estado, por mucho que Subaru regresara desesperadamente, Rem no acogería bien su decisión de abandonar a Ruy. Es más, existía la posibilidad de que lo derribara a golpes en ese mismo instante, rescatara a Ruy por su cuenta y dejara solo a Subaru abandonado en el campamento imperial.
—...Por muy Rem que sea, dudo que haga eso. Sus piernas no le responden del todo bien.
Era consciente de que no lo haría únicamente por la condición de sus piernas, pero sentía que, si estuviera en perfecta forma física, era perfectamente capaz de hacerlo. Lo pensaba, pero si llegara a hacer algo así, lo pondría en un gran aprieto.
Por esa razón, si iba a sacarla de allí, tenía que llevarse también a Ruy con ellos. Era una situación sumamente difícil, en la que le resultaba imposible deshacerse de aquel factor negativo al que bien se le podía llamar un grillete.
Y entonces…
—Y bien, ¿cuánto tiempo nos tomará llegar al asentamiento?
—...Más o menos, unas dos o tres horas, supongo.
—¡¿Dos o tres horas?! Eso es bastante rápido. Si es solo eso, es más que una bendición. Para nosotros, esta era una misión que calculábamos nos tomaría años.
Al escuchar la respuesta a su pregunta, Todd relajó el rostro considerando que habían tenido una inmensa fortuna.
Al escuchar las palabras de un Todd equipado con armadura ligera y un hacha de mano colgando de la cintura, Subaru recordó que él participaba en esa misión dejando atrás a su prometida. Por obvias razones, el hecho de que tomara la decisión de herir a Subaru no significaba que sus circunstancias personales hubieran cambiado de la noche a la mañana.
Todd había sido enviado a la selva siguiendo órdenes como militar del Imperio y, por consiguiente, se veía obligado a separarse de su prometida. Lo mismo aplicaba para los demás militares, como Jamal. Ellos también tenían sus propias circunstancias y, por sus respectivos motivos, cumplían con su misión de esta forma.
En ese sentido, no existía ninguna razón real para que Subaru y los suyos tuvieran que pelear contra Todd y sus compañeros.
Simplemente tuvieron mala suerte. Se acumularon las desgracias. El viento sopló en su contra. Si uno se pone a alinear palabras, al final se resumiría en eso.
Solo que…
—...Sé que no me corresponde a mí decirlo, pero ¿no están siendo muy confiados? Ir al asentamiento de los Shudrak con tan pocas personas...
—Crees que estás para preocuparte por nosotros, ¿eh? No hay ninguna garantía de que tu cabeza siga unida a tu cuerpo cuando esto termine. Más te vale esforzarte en complacernos.
—Señor Jamal...
—No te tomes confianza para llamarme, escoria traidora. Cuando esto termine, a ti te haré pedazos y te arrojaré por ahí, y con las mujeres, veamos... ¿Qué tal si se las ofrezco al General de Segunda Clase Zikr, al que tanto le gustan las mujeres? Seguro se pondrá feliz.
—Jamal... deja de decir tantas estupideces. Me cansas.
Seguramente le desagradaba en extremo Subaru, porque la mirada y el tono de voz de Jamal eran de una hostilidad absoluta.
En consecuencia, como su relación con Rem también era pésima, dejar que Jamal tuviera el voto decisivo en esta situación podía llevar a Subaru al peor resultado imaginable.
Y quien apaciguó a ese Jamal diciéndole que se calmara fue, como de costumbre, Todd.
—Al contrario, no olvides que somos nosotros los que tenemos que complacerlo a él. Por el apego a su propia vida, nos dará información que nos sea útil. A cambio, nosotros le perdonaremos la vida. Si no lo hacemos, en cuanto lleguemos al asentamiento seremos atacados por los Shudrak de golpe.
—Que vengan. Si intentan semejante tontería, nosotros los masacraremos a todos...
—...¿Lo dices en serio? Yo no voy a meterme en una batalla sin probabilidades de victoria. Además, tú tampoco quieres dejar viuda a tu hermana antes de casarse, ¿verdad? ¿No es así, cuñado Jamal?
—Ngh...
De esa manera, Todd persuadió a un Jamal cuyos actos y palabras solían carecer de prudencia.
Aunque pudo vislumbrar un poco la relación entre ambos, la cual desconocía, por desgracia aquello no le causó ninguna emoción. Subaru ya había tomado su “conclusión” respecto a Todd y los suyos.
La forma en que se conocieron, toda esta situación, fue todo un golpe de mala suerte.
—...Pero, para mí, Rem es más importante.
Por esa razón, Subaru decidió causarles daño a Todd y a sus hombres.
—¿...?
De pronto, en la parte trasera del escuadrón de búsqueda en formación, uno de los soldados imperiales hizo un pequeño ruido con la garganta. Giró el cuello como si se hubiera dado cuenta de algo, buscando con la vista la causa de ello.
Intentando encontrar aquella leve anomalía que no podía pasar por alto, erró la mirada por el interior de la densa selva y…
—¿Ah?
En la oscuridad de la selva, sus ojos se cruzaron con un punto de luz amarilla que flotaba vagamente.
—¡¡¡Una mabestiaaaaaaaaaa...!!!
Inmediatamente después de cruzar miradas, el soldado imperial que la encontró advirtió de inmediato a sus compañeros para que se pusieran en alerta.
Su reacción hasta ese punto fue perfecta, se podía decir que el soldado imperial no cometió ni un solo error. Lo mismo aplicaba para sus compañeros, quienes entraron de inmediato en postura de combate al escuchar su advertencia.
Sin embargo, el hecho de que atacaran con sus espadas a la mabestia apenas desenvainarlas...
...era un hecho que podía calificarse claramente como una temeridad precipitada.
—¡¡Uooooh!!
El oponente hacia el cual corrió el soldado imperial con la espada desenvainada por el bosque era una serpiente gigante que retorcía su enorme cuerpo: una mabestia serpiente de unos diez metros de largo, cubierta de escamas verdes.
De la misma especie que la mabestia que Subaru había encontrado en el bosque, para los soldados imperiales que desconocían la existencia de estas criaturas en la selva, fue una presencia que cayó literalmente como un rayo en cielo sereno.
Sin embargo, haber intentado lidiar de inmediato con la peligrosidad de la mabestia, precisamente por haber sido una decisión correcta, terminó siendo un error. Porque el objetivo de la mabestia no eran los soldados imperiales.
El objetivo de la mabestia no era otro que Natsuki Subaru, quien estaba envuelto en una enorme cantidad de miasma.
—¡¡...!!
Recibiendo el ataque de espada con sus escamas, la gran serpiente rugió mientras mandaba a volar al soldado imperial con un golpe de su enorme cola. Aquel destello amarillo en sus ojos brilló con ferocidad, arrojando un rugido ensordecedor sobre el grupo.
Habiendo actuado como señuelo para mabestias durante un año, Subaru, siendo un profesional en la materia, lo sabía muy bien.
En la mayoría de los casos, las mabestias apuntarían activamente hacia Subaru por estar envuelto en miasma, pero la situación cambiaba si alguien las agredía. Eso no era diferente ya se tratara de la Ballena Blanca o de la gran serpiente.
La Ballena Blanca apuntó hacia Wilhelm cuando este la cortó, y la gran serpiente dirigió sus colmillos hacia el cazador cuando este le disparó una flecha.
Esa misma regla se aplicaba aquí. El objetivo de la gran serpiente pasó de ser Subaru, a ser los soldados imperiales vestidos con armaduras uniformes que le dirigían su hostilidad.
—¡...!, ¡¿una mabestia?! ¡¡No me dijeron nada de esto!!
Recibiendo la hostilidad de la rugiente serpiente, Jamal sacó sus dos espadas con la voz temblorosa por la ira. Acto seguido, y de forma sorprendente, sus movimientos al abalanzarse con valentía y audacia contra la mabestia fueron tan ágiles que dejaban entrever su alto nivel de habilidad.
Sin embargo, Subaru no podía apoyar aquella inesperada lucha encarnizada de Jamal.
Subaru había caminado por el bosque con Todd y los demás durante horas buscando precisamente esto.
Ellos, que desconocían la existencia de las mabestias en la zona, y las mabestias atraídas por el miasma de Subaru. Usar su propio olor corporal para aprovecharse de las mabestias era el pan de cada día, pero con esto Subaru ya era todo un “Domador de mabestias”.
Un sinfín de logros por los cuales, cuando se reunieran, debería disputarle dicho título a Meili.
Sin embargo, ahora no tenía tiempo para obsesionarse con eso.
—Ahora mismo...
Debía aprovechar este descuido para regresar al campamento imperial y liberar a Rem.
Al intentar echar a correr para lograrlo, Subaru sintió un escalofrío de terror en la nuca. Y, obedeciendo a ese miedo, agachó la cabeza sin importarle nada más.
Inmediatamente después, barrriendo el lugar donde acababa de estar la cabeza de Subaru, un hacha se clavó en un gran árbol justo a su lado.
—...
Si no hubiera bajado la cabeza en ese instante, estaría muerto.
Estremeciéndose por ese pensamiento, Subaru movió únicamente la mirada hacia atrás para ver a su atacante.
…Su mirada se cruzó con la de Todd, quien lo fulminaba con unos ojos afilados.
—...
Para evitar quedar atrapado por aquella mirada, Subaru echó a correr a toda velocidad por el interior del bosque.
Si se detenía, Todd lo atraparía. Y si lo atrapaba, era seguro que le arrebataría la vida. En aquellos ojos había una voluntad así de inquebrantable. Había una intención negra como el carbón.
Sintió un terror de una naturaleza completamente distinta al que provocaba el Culto de la Bruja, los Arzobispos del Pecado, las mabestias o incluso Reid Astrea.
Aquellos ojos estaban teñidos por una tenacidad implacable; era una intención asesina, negra como el carbón.
—¡¿Gah?!
Mientras corría de esa forma, un impacto duro le perforó la espalda.
Lo que golpeó la espalda de un Subaru que no podía darse la vuelta, justo en la zona del omóplato, fue un cuchillo arrojado: irónicamente, era el mismo que había regresado a sus manos de una manera pésima.
Con el cuchillo colgando de su hombro, Subaru jadeó con dureza y huyó desesperadamente.
A sus espaldas sentía la presencia de la batalla que continuaba entre la mabestia y los soldados imperiales, pero Subaru también luchaba desesperadamente para evitar involucrarse con otras mabestias y para no ser alcanzado por Todd.
Con desesperación, con suma desesperación, corrió abriéndose paso una y otra vez sin detenerse.

Se le cortaba la respiración, vomitaba sangre, estuvo a punto de tropezar innumerables veces y otras tantas cayó al suelo de verdad; aun con todo el cuerpo cubierto de barro continuó corriendo, luchando con desesperación para regresar al campamento del Imperio.
—Rem... Rem... Re... m...
Su velocidad se había reducido hasta el punto en el que un niño caminando iría más rápido. Jadeando con la garganta reseca, y con su oxígeno, resistencia y fuerza de voluntad a punto de agotarse, Subaru se aferró a su única obsesión.
Llegar hasta Rem, sacarla de allí, salvarla y regresar con todos.
Regresar al lugar donde estaban Emilia y Beatrice, Ram, Petra y Frederica, Garfiel y Otto, y de paso Roswaal; y entonces, devolverle a Rem su tiempo de paz.
Ese tiempo que ella debió haber vivido, ese tiempo lleno de afecto, y así…
—Ah...
Estirando la mano como si intentara alcanzar aquel sueño efímero, el pie de Subaru pedaleó en el vacío.
De pronto perdió el suelo bajo sus pies y, sin poder usar los brazos para sostener su postura que se desmoronaba, cayó de cabeza al vacío.
Hacia algún lugar, cayendo de cabeza al vacío. Ni siquiera podía gritar. Su garganta no se abría.
Tan solo seguía cayendo.
Cayendo, cayendo hasta el fondo, y como una burbuja tenue que revienta, su sueño también se hizo añicos.
—Rem...
Su voz rasgada se escapó en vano, y su consciencia se desvaneció en ese preciso instante.
5
—¿Hasta cuándo piensas seguir durmiendo, insolente?
—¡¿Gah?!
De pronto, un impacto sacó su consciencia desde el fondo del abismo de una oscura tiniebla.
El golpe lo recibió en el costado de la cabeza, con la sensación de que se la hubieran pisado mientras yacía de lado; no, no fue solo la sensación, sino que al parecer eso fue exactamente lo que ocurrió.
Al parecer tenía el lado derecho del cabeza apoyado en el suelo, por lo que el lado izquierdo que fue pisoteado y el derecho que fue empujado contra la tierra se dolieron al mismo tiempo. Gracias a eso, el dolor agudo lo despertó de golpe.
—...¿Eh? Yo... ¡Gah!
Sintiendo el sabor de la sangre en el fondo de la garganta, Subaru se incorporó pasmado.
Al instante, sintió un dolor agudo en todas las partes de su cuerpo: el hombro derecho, la espalda, la mano izquierda, las piernas...
Ante la agonía extrema, su campo de visión parpadeó en rojo; Subaru volvió a recostar su torso y tembló violentamente como un pez fuera del agua.
El dolor que había podido ignorar en cierta medida gracias a la adrenalina había regresado con toda su fuerza por haber perdido la consciencia. Sin embargo, el hecho de que todas esas partes le dolieran de esta manera significaba que…
—...No estoy... muerto.
—Es natural. ¿Acaso los muertos hablan? Ese patético estado en el que te encuentras es mucho más digno de ver que la actuación mediocre de un bufón. Te felicito.
—¿Ah?
Pasmado mientras se revisaba a sí mismo, Subaru soltó ese murmullo por acto reflejo y recibió como respuesta aquella forma de hablar tan arrogante.
Al comprender lo que acababan de decirle, y manteniéndose alerta ante el dolor que seguramente volvería, Subaru se incorporó de nuevo lentamente.
Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que lo habían dejado recostado sobre la tierra, y alrededor había varias ramas gruesas clavadas en el suelo; no, eran barrotes de madera.
El recuerdo de la figura de Rem cruzó por su mente como un destello, y Subaru comprendió que estaba encerrado en una jaula de madera. Al darse cuenta de ello, su mente se llenó de confusión.
Se inquietó pensando si acaso había fallado en su huida y había sido capturado por Todd y sus hombres, pero…
—No te impacientes. Tus perseguidores no se encuentran aquí. Aunque no puedo negar que nuestra situación actual es un tanto precaria como para decirte que te tranquilices.
—Tú eres...
—Jamás pensé que volvería a ver tu rostro… Natsuki Subaru.
De esa forma, llamando por su nombre a un Subaru que abrió los ojos en un silencio atónito, el oponente torció la comisura de sus labios con una sonrisa de superioridad.
Como llevaba el rostro cubierto y solo se le veían los ojos, era solo una suposición, pero definitivamente sonrió.
…Encerrado dentro de la jaula exactamente igual que Subaru, aquel hombre sonrió con arrogancia.