El Imperio de Vollachia
Capítulo 5
El Imperio de Vollachia
1
Ante aquella sonrisa arrogante e insolente—dirigida hacia él a través de un rostro cubierto—, Subaru tragó saliva en silencio.
No había duda de que este hombre insolente era el mismo que le había mostrado el camino en la pradera cuando se separó de Rem y quien le había entregado aquel cuchillo. Al llevar el rostro cubierto no podía afirmarlo con absoluta certeza, pero recordaba tanto su voz como su actitud. Y el hecho de que supiera el nombre de Subaru era la prueba definitiva de ello.
—...
En el interior de la jaula de madera, habiendo sido dejado sobre el suelo de tierra desnuda y con todo el cuerpo, no solo las manos y los pies, destrozado, el destino de Subaru parecía seguir su curso sin cortarse.
Al guiar a Todd y a los soldados imperiales hacia el bosque, usar su miasma como señuelo para atraer a la mabestia y aprovechar la brecha del ataque para escapar...
—Y después de eso, yo...
—Por lo que he oído, parece que caíste en una trampa mientras vagabas por el bosque. Los del asentamiento andaban alborotados porque un humano había caído en una trampa para bestias.
—¿Trampa? ¿En un asentamiento...?
Ante la explicación del hombre enmascarado, Subaru sacudió su dolorida cabeza y dirigió su consciencia hacia el exterior de la jaula.
La jaula de madera que encerraba a Subaru era un objeto de construcción bastante más tosco en comparación con las de hierro que había visto en el campamento imperial. Parecía algo muy rudimentario, o tal vez construido a toda prisa.
Y en el exterior de la jaula, a lo lejos, se divisaba un conjunto de árboles altos y un terreno despejado tras talarlos. La impresión de Subaru era que se asemejaba mucho al asentamiento del Santuario.
El Santuario también era un asentamiento construido en lo profundo del Bosque de Kremaldy. Sin embargo, a diferencia del Santuario, que a pesar de estar en medio del bosque contaba con edificios como casas y una iglesia, este asentamiento estaba compuesto en su totalidad, poniéndolo en buenos términos, por cabañas de troncos; y en malos términos, por viviendas primitivas.
Al ver esa escena, una posibilidad acudió de pronto a los labios de Subaru.
—...¿Los Shudrak?
—Vaya, conque los conocías. Pero bueno, viendo el estado tan lamentable en el que te encuentras, seguro te cargaste con un sinfín de problemas en un solo día. ¿Encontraste a la mujer de la que te habías separado?
—...Sí, gracias a ti.
Al escuchar el murmullo de Subaru, el hombre enmascarado le preguntó aquello y Subaru dejó escapar un profundo suspiro.
Aunque el hombre enmascarado mantenía una actitud relajada, al estar dentro de la celda su posición era la misma que la de Subaru; las probabilidades de que fuera una persona importante del asentamiento con el pasatiempo de compartir celda con los prisioneros eran muy bajas…
Lo que significaba que Subaru se había convertido en un prisionero aquí también, recién salido del campamento imperial.
Pero había algo más.
—...Estas heridas en los hombros y la espalda, ¿me las curaron?
Al tocarse el hombro y la espalda, supo por la sensación de fuerte opresión que le habían detenido el sangrado. El olor penetrante que picaba en la nariz también se parecía mucho a una solución medicinal o desinfectante.
Ante la duda de Subaru, el hombre enmascarado soltó un bufido:
—Si no te hubieran tratado, podías haber muerto así sin más. Seguramente a ellos también les supuso un problema decidir qué hacer contigo. Igual que conmigo, no sabían cuál era la respuesta correcta.
—¿De dónde sacas esa... confianza...?
—Si me obligas a decirlo, de mi propia alma. ¿Y tú, hasta cuándo piensas seguir exhibiendo un estado tan patético? Natsuki Subaru.
—No te me...tas...
Justo cuando iba a decirle “No te metas donde no te llaman”, el dolor de las heridas le hizo apretar los dientes.
El tratamiento recibido era el mínimo indispensable para evitar que Subaru muriera; no estaba diseñado para cerrar las heridas rápidamente ni para quitar el dolor. Era de peor calidad que el que había recibido en el campamento imperial.
Al pensar en el campamento imperial de ese modo, Subaru se dio cuenta de algo.
De la razón por la cual debía regresar a aquel campamento imperial lo antes posible.
—Maldición... Desde que me trajeron aquí, ¡¿cuánto tiempo ha pasado?!
—...Veamos… un par de horas, diría yo. Que quede claro que es un gran acto de compasión de mi parte. Si no tuviera consideraciones contigo, te habría despertado mucho más…
—¡¿Por qué no me despertaste antes?!
Apoyando sus rodillas temblorosas en el suelo, Subaru le reclamó de esa manera al hombre enmascarado, quien entornó los ojos.
Desde la perspectiva de aquel hombre, era una queja totalmente infundada. Había sido traído cubierto de heridas, al borde de la muerte; dejarlo dormir por dos horas probablemente fue porque juzgó que su vida corría peligro sin un descanso.
De hecho, sentía dolor en todas partes de su cuerpo. En especial el dolor en la espalda, esa nueva puñalada cerca del omóplato del ataque con cuchillo lanzado por Todd cuando Subaru huía al final.
Pensándolo bien, el cuchillo con el que lo apuñalaron fue el mismo que le había regalado el hombre enmascarado que tenía enfrente, y reencontrarse con él estando herido por esa misma arma era un capricho bastante cruel del destino.
Sea como sea…
—Rem sigue en el campamento… Tengo que volver antes de que los soldados que se encontraron con la mabestia en el bosque lo hagan…
Todd y los demás no tardarían mucho en atravesar el bosque, regresar al campamento y presentar sus informes.
Cuando la gran serpiente rompió la formación, Jamal y los suyos dieron prioridad a lidiar con la mabestia, como era natural. Sin embargo, en medio de todo eso, el único que dio prioridad a matar a Subaru fue Todd.
Probablemente, Todd intuyó que Subaru había sido quien atrajo a la mabestia. Y en ese instante, intentó ejecutar a Subaru inmediatamente para evitar que llamara a una segunda. No se debía subestimar esa capacidad de decisión y acción en una fracción de segundo, ni tampoco se debía tomar a la ligera.
A pesar de ello…
—¡Estoy atrapado en un lugar como este!
—...Ya veo. Supongo que esa tal Rem es la mujer que estabas buscando. Por lo que parece, has pasado por experiencias bastante duras desde que nos separamos. ¿Están esos soldados imperiales fuera del bosque?
—¡Sí, así es! ¡Fuimos capturados! Por eso fingí cooperar para poder escapar... pero no pude traerme a Rem conmigo. Por eso...
—De ahí tu desesperación. Con razón, ya me parecía a mí que tenías cara de estar acostumbrado a ser prisionero.
—¡¿Quién tiene cara de prisionero?! Para empezar...
—...tú mismo eres un prisionero con una máscara, ¿no?
Aunque le estuviera agradecido por su ayuda anterior, debido a la falta de calma, Subaru estuvo a punto de soltarle aquel grito de indignación. Sin embargo, aquella acción precipitada fue interrumpida por algo más de lo que se dio cuenta.
—...
En medio del fuego cruzado verbal, concentrado en su discusión con el hombre enmascarado, Subaru sintió otro tipo de mirada clavándose en su perfil.
Al volverse, vio dos luces asomándose hacia el interior desde fuera de la jaula, a través de los huecos de los barrotes. Al enfocar la vista lentamente, se dio cuenta de que eran un par de ojos verdes.
La dueña de esos ojos, al notar que la mirada de Subaru se dirigía hacia ella, parpadeó sorprendida y dijo:
—Ah, te diste cuenta de Uu.
—¿Qu…?
—Tengo que decirle a Mii.
Diciendo eso, la dueña de los ojos se apartó rápidamente de los barrotes. Asustado, Subaru intentó detenerla gritando: “¡Espera!”, pero ya era tarde. Para cuando Subaru se abalanzó sobre los barrotes, ella ya se estaba alejando ágilmente del lugar y, sin siquiera mirar atrás, se echó a correr.
—Esa chica de ahora era...
—Es una niña de los Shudrak. Será muy curiosa, porque cuando estuve solo también asomó varias veces a ver. Y por si fuera poco, pidiendo que le mostrara la cara y que me quitara la máscara, es increíble lo pesada que es...
—...
Parece que, insatisfecho con la actitud de su mirona, el hombre enmascarado se quejó murmurando con los brazos cruzados.
Por desgracia, Subaru no tenía margen para seguirle la corriente en aquella queja. Porque su atención se había quedado clavada en aquella presencia que se alejaba: la joven niña.
Era una niña de piel oscura, de unos diez años. Llevaba una tela blanca envuelta alrededor del cuerpo, un atuendo ligero y descubierto, probablemente adaptado a un lugar con un clima subtropical como aquel.
Su cabello, cortado en un estilo parecido a un bob, tenía solo las puntas teñidas de un color rosado particular, probablemente debido a algún tinte. La raíz del cabello era de color negro, lo que concordaba con la explicación de Todd de que los Shudrak tenían el cabello negro.
Pero lo que causó un mayor impacto en Subaru no fue su apariencia peculiar, sino el hecho de que no era la primera vez que la veía.
—Fue a mí...
La memoria de Subaru gritaba que esa niña era quien lo había matado.
Esa niña era la misma que había disparado la flecha envenenada a la espalda de Subaru, causándole la muerte.
Aquella niña, que por culpa de un desliz de Subaru el bosque fue quemado, escapaba de las llamas devoradoras y fulminaba a Subaru con unos ojos bañados en odio…
Los puntos se conectaron en la mente de Subaru.
En aquel momento, el rostro lleno de odio con el que la niña miraba a Subaru no era otro que... el rostro de la venganza contra el causante de haber asesinado a sus compañeros y quemado su tierra.
—¿Qué te pasa? Te has quedado tan quieto como si te hubieran echado un jarro de agua fría.
—Ah...
Con la frente apoyada en los barrotes de madera y mordiéndose el labio, la voz del hombre alcanzó a Subaru.
El hombre enmascarado seguía sentado en su posición original, observando la montaña rusa emocional de Subaru. Sentido la enorme incomodidad de aquellos ojos sobre él, Subaru desvió la mirada.
—Eres un hombre muy escurridizo. Sea como sea, ahórrate los gritos. De por sí es bastante complicado hacerte callar en este lugar. Solo gastarás energía en vano. Además, aunque no grites...
—¿Aunque no grite...?
—...ellas vendrán desde allá a hacernos preguntas. Mira.
Siguiendo la barbilla del hombre que señalaba, Subaru se volvió y abrió mucho los ojos.
Lentamente, algo iluminó su sombrío campo de visión: el fuego de unas antorchas. Varias sombras humanas portando antorchas aparecieron y se dirigieron hacia la jaula en la que se encontraban Subaru y su compañero de celda.
La que caminaba al frente era una mujer alta de complexión atlética. Con las puntas de su cabello negro teñidas de rojo, patrones blancos pintados sobre su rostro y cuerpo de piel oscura, y dueña de unos ojos verdes de mirada intensa y penetrante.
Detrás de ella, asomándose tímidamente, venía la niña de antes. El grupo que se acercaba constaba de unas diez personas, y todas parecían ser mujeres.
—...
Sin embargo, ante aquella aura opresiva, Subaru se sintió intimidado por acto reflejo.
Ese grupo de atmósfera salvaje difería de los Caballeros del Reino de Lugunica o de los soldados militares del Imperio de Vollachia que acababa de ver; poseían una belleza similar a una manada de bestias que se mueven instintivamente al unísono.
Daba la impresión de ser un colectivo cimentado en los instintos más que en la razón.
Sintiendo aquella impresión al verlas avanzar, las mujeres—los Shudrak— se detuvieron frente a la jaula donde Subaru estaba encerrado y clavaron su mirada en los dos hombres en su interior.
Y entonces…
—Parece que despertaron al fin… Díganme, ¿quiénes son ustedes?
Le lanzó esa pregunta tanto a Subaru como al hombre enmascarado.

2
—¿Quién demonios eres?
Es una frase que suele oírse en las historias, pero en la vida real uno no es interrogado de esa forma a menudo.
La situación de ser sospechoso y que te exijan revelar tu identidad no ocurre con frecuencia en la vida diaria. A menos que tengas una profesión que requiera hacer o responder ese tipo de preguntas, podrías pasar toda tu vida sin tener contacto con una situación así.
En ese sentido, tampoco era una pregunta a la que Subaru estuviera acostumbrado.
Sin embargo, aún recordaba con claridad la primera vez que se la hicieron en su vida.
¿Quién era Subaru y cuáles eran sus motivos?
Quien le preguntó eso a un Subaru del que sospechaba por primera vez en su vida fue, nada menos, que Rem en la mansión.
—¿A qué te refieres con “ustedes”...?
Tratando de sacudirse aquel recuerdo, Subaru puso cara de confusión ante la pregunta.
A pesar de estar en la misma jaula, la relación entre Subaru y el hombre enmascarado era prácticamente nula. De hecho, que estuvieran en la misma jaula era mera conveniencia de ellas, y la participación de Subaru en ello era cercana a cero.
Tratarlos como si estuvieran en la misma posición parecía una idea un tanto precipitada.
—No te detengas en pequeñeces. Fui yo quien les dijo que nos conocíamos. Por eso nos preguntan a los dos.
—¡Tú...! ¡¿Conocernos?! ¡¿No crees que estás exagerando un poco?!
—No he dicho ninguna mentira. Tanto tú como yo, al vernos, supimos quién era el otro. ¿Qué más se necesita para llamar a alguien un conocido?
—Q-qué lógica tan absurda...
Era una forma de hablar sumamente forzada, pero a Subaru le resultaba familiar ese estilo de argumentación prepotente.
Precisamente, uno de sus “conocidos” solía esgrimir ese tipo de lógica para arrinconarlo a él y a otras personas.
—La gente importante siempre suele ser así.
Pensó Subaru sintiendo que la cabeza le daba vueltas, pero…
—Eh, ¿qué tanto susurran? Respondan la pregunta.
—Ah, cierto. Mi nombre es Natsuki Subaru. Como pueden ver, ¡soy un alma perdida, lastimosa y patéticamente maltratada! Y el tipo detrás de mí es… ¿ummm?
—...Abel.
—¡Exacto, Abel! Un tipo desagradable y arrogante que lleva la cara oculta bajo una máscara, pero que también tiene su lado bueno regalando cuchillos a quienes se han perdido. ¡Un playboy que ha hecho llorar a innumerables chicas con el gap que provoca esa faceta inesperada! ¡Ahora, es el momento de su presentación!
—¿O-oh...? Yo soy Mizelda, pero...
Abrumada por la avalancha de palabras de Subaru, la mujer que iba al frente—Mizelda— se presentó por acto reflejo.
Al tener por fin el margen de observarlas más de cerca, Subaru encontró la palabra perfecta para describir el aura de Mizelda y las demás mujeres: Amazonas.
Una mayoría de mujeres, cuerpos fuertes y musculosos, pintura corporal que encajaba perfectamente con la imagen de una tribu o etnia minoritaria, e incluso algunas que llevaban arcos a la espalda; el aspecto era exactamente el de unas guerreras.
Los Shudrak eran, sin lugar a dudas, lo que Subaru entendería por Amazonas.
—Por cierto, que de pronto se revele que el nombre del Enmascarado sea Abel también es un dato sorprendente, pero...
—...
—¡Dejemos eso para después! ¡Escúcheme, señorita Mizelda, y todas ustedes, Shudrak!
Dejando al hombre enmascarado—Abel— para otro momento, Subaru alzó la voz dirigiéndose a las mujeres reunidas.
Por lo que veía, no parecía que tuvieran la intención de matarlo sin hacer preguntas. Eso se deducía tanto del hecho de que le hubieran tratado las heridas, como de su disposición a escucharlo.
En ese caso, si les hablaba con sinceridad y desde el fondo del corazón, tal vez lo entenderían.
—Tal vez ya lo sepan, pero fuera de este bosque hay un ejército del Imperio montando un campamento. ¡Allí tienen prisionera a una chica muy importante para mí, y si no regreso de inmediato estará en peligro! ¡Por eso, por favor, libérenme!
—...
—Además, los soldados las tienen como objetivo, a ustedes, “los Shudrak”. Dicen que les basta con dialogar, pero están dispuestos a luchar en el peor de los casos. Si es así, yo...
Iba a decirles que podía mediar para crear un espacio de diálogo, pero Subaru se calló de repente.
Ciertamente, si lograba hacer eso, tal vez no habría un enfrentamiento entre los soldados imperiales y los Shudrak, pero lo más probable era que a Subaru ya le resultara imposible intermediar en algo así.
Para Todd y los demás, Subaru era el causante de haberlos hecho caer en la trampa de la mabestia. No había forma de que confiaran en él, y esperar que lo hicieran era ser demasiado optimista.
Subaru, con plena consciencia, los había puesto en la balanza frente a Rem.
Y había elegido perjudicarlos para salvarla a ella. No podía eludir la responsabilidad de esa elección.
—Lo siento, retiro lo que acabo de decir. Es verdad que los soldados van tras todos ustedes. Han montado el campamento con un gran número de personas, así que si pelean...
—...¿Dices que nosotras perderíamos?
—Ah...
Subaru iba a decirles que era innegable que estarían en desventaja debido a la diferencia en número y opciones tácticas, pero Mizelda lo interrumpió con una voz serena. Al escuchar esa reacción, Subaru se dio cuenta de que había elegido mal sus palabras.
Los Shudrak probablemente eran una tribu de cazadores.
Para unos guerreros que afilaban sus habilidades con ese propósito y elevaban constantemente su poder, intentar persuadirlas diciendo que si peleaban perderían, era tocar una mina absoluta; un argumento que jamás debía utilizarse.
—Ya sabemos que vinieron soldados de Volacchia. Pero entre nosotros existe un antiguo pacto. No vamos a pelear.
—¡Esperen! ¡No sé de qué pacto hablen, pero ellos hablan muy en serio sobre...!
—¡Suficiente!
—¡Ngh!
Subaru, que intentó acercarse a los barrotes, cayó de espaldas al recibir el impacto. Mizelda, que había golpeado los barrotes con el puño, albergaba la indignación en su mirada.
Esto también era culpa de la mala elección de palabras de Subaru.
Al igual que su orgullo guerrero, ese antiguo pacto debía ser algo muy importante para ellas.
Y Subaru, inconscientemente y una vez más sin consideración alguna, lo había pisoteado.
—Los soldados de Vollachia realizan entrenamientos de movimientos de tropas fuera del bosque. Lo han hecho en un montón de ocasiones.
—Entrenamientos de movimientos de tropas... ¿Te refieres a ejercicios militares?
Al ser una palabra desconocida, Mizelda frunció el ceño ante las palabras de Subaru. Sin embargo, poco a poco Subaru comenzaba a vislumbrar el panorama completo de la trampa tendida por Vollachia.
Bajo el pretexto de ejercicios militares, los soldados de Vollachia solían montar campamentos alrededor de la Selva de Buddheim con frecuencia. Los Shudrak ya estaban completamente acostumbrados a ello.
Aprovechando ese exceso de confianza producto de la costumbre, el ejército de Vollachia tenía la intención de cercar la Selva de Buddheim y conquistar a los Shudrak de un solo golpe.
—Pero, ¿por qué irían tan lejos para atacarlas?
Por supuesto, no cabía duda de que Mizelda, de pie frente a él, y el resto de las Shudrak eran una tribu sumamente fuerte. La intensa aura de intimidación que emanaba de ellas así lo demostraba.
Sin embargo, ¿cuál era la razón para movilizar un ejército y tender una trampa para conquistarlas?
Como lo estaban haciendo en este momento, no parecía que tuvieran intención de abandonar el bosque. Ellas simplemente vivían en este lugar. Y aun así…
—Ni Natsuki Subaru ni Abel dicen la verdad. Siendo así, sus palabras no resuenan en nosotras.
—Ngh... ¿Acaso significa que...?
Mizelda negó lentamente con la cabeza, declarando el fin de la conversación.
Ante su despiadada decisión, el resto de las Shudrak no puso ninguna objeción. Al parecer, Mizelda, quien iba al frente, era la líder de ese grupo, o tal vez de todo el asentamiento.
Obedeciendo su decisión, los Shudrak le dieron la espalda a los ruegos de Subaru, rechazándolos por completo.
A la espalda de aquel grupo que se alejaba portando antorchas…
—¡Esperen! ¡No es mentira, no es mentira! ¡Están todas en peligro! El pacto... ¡El pacto va a ser roto! ¡Tanto Rem como todas ustedes están en peligro!
Desesperadamente, Subaru suplicó de esa manera.
Sin embargo, los pies de las Shudrak, que ya contaban con la decisión de su líder, no se detuvieron. La única que se giró a mirar a Subaru un par de veces fue aquella niña pequeña, pero tampoco fue suficiente para detener su marcha.
Aunque Subaru suplicó con voz ronca y escupió flemas con sabor a sangre, ninguna de ellas le prestó oídos.
—Gho... mal... dición. ¿Por qué, por qué siempre tiene que ser así...?
Dejándose caer al suelo, Subaru golpeó su frente contra los barrotes y se lamentó.
Su hombro derecho y los dedos de su mano izquierda estaban lastimados, por lo que ni siquiera podía desahogar su frustración golpeando la jaula. Al final, no era más que un inútil cubierto de heridas, incapaz de usar siquiera su labia.
Si era así, ¿qué valor le quedaba a Natsuki Subaru?
—...Supongo que solo no saber cuándo rendirse y mi astucia barata.
Sintiendo una desesperación que parecía nublar su vista, Subaru, sin embargo, rechazó rotundamente rendirse, decidido a apretar los dientes y luchar contra el destino.
El Subaru de antes probablemente habría establecido su propio límite y se habría rendido por su cuenta.
Sin embargo, tras reflexionar sobre su pasado y darse cuenta de que el camino que había recorrido no había sido nada fácil, el Subaru de ahora era un poco diferente.
Se había vuelto un poco peor para rendirse que antes. Y eso era una luz certera que iluminaba las noches oscuras.
—Han tenido una negociación bastante patética.
Así fue como el desprecio mezclado con una burla de Abel llegó a oídos de un Subaru que mordía la madera de la jaula, intentando de algún modo hacer un hueco para escapar.
Le daba rabia. Pero no podía refutarlo. De hecho, Subaru había pisado de lleno las minas de sus oponentes y había hecho fracasar las negociaciones. Había sido el colmo de la imprudencia.
Sin embargo…
—Si yo fui patético, tú no hiciste nada. Para empezar, te lo advertí, ¿no es así? Que había tipos peligrosos en el bosque y no entraras.
—Así fue. Esa opinión sirvió como advertencia. Te doy mis agradecimientos.
—De qué me sirven tus agradecimientos si igual estamos atrapados… Maldición, ¿es que no hay ninguna parte que esté floja?
Intentó empujar con todo su cuerpo, pero no encontró ningún punto débil en la jaula de madera, que parecía improvisada. Los gruesos barrotes, similares a troncos, estaban firmemente clavados en el suelo, como si hubieran sido ensamblados con maquinaria pesada.
Por supuesto, dado que no existía maquinaria pesada en este mundo, esto había sido hecho por manos humanas. O bien lo hicieron entre muchas personas, o tenían una fuerza monstruosa comparable a la de Emilia o Garfiel.
—Mira que construir algo así en un asentamiento lleno de mujeres...
—No subestimes a los Shudrak. Son una raza de descendientes de dioses de la guerra en la que solo nacen mujeres, y han vivido en este bosque por cientos de años. No necesitan de la mano de un hombre salvo para procrear. Y es costumbre secuestrar hombres de fuera para ese fin.
—Eso es lo mismo que las auténticas Amazonas... Oye, ¿no me digas que nos atraparon para...?
Atrapar hombres y usarlos como herramientas para la procreación.
Ese tipo de ideas y prácticas existían en aldeas aisladas en las montañas desde la antigüedad. Y más aún aquí, en un país extranjero de otro mundo donde el sentido común de Subaru no aplicaba; era una posibilidad totalmente real.
Sin embargo, Abel se rio por la nariz ante las palabras de Subaru.
—Descuida. Ellas también eligen la semilla. De la semilla de sujetos que mienten e intentan engañarlas solo nacerá impureza. Seguro rechazarán una semilla así con gusto.
—...Mentir y engañar, eh.
Al escuchar las palabras de Abel, Subaru maldijo la torpeza de su propia explicación.
El hecho de que Mizelda y las demás Shudrak no le creyeran fue, aunque por la prisa del momento, una muestra de lo mal estructurada que fue la explicación de Subaru.
Una persuasión cargada de sinceridad y desesperación, si no se comprende el estilo y el orgullo del oponente, no difiere en nada de un acto de insolencia irrespetuosa. Así de simple había sido.
—Pero no es mentira. Los soldados del Imperio van tras las Shudrak. Y además...
—¿Y además?
—Esos tipos, como último recurso... No, qué va. Como primer recurso, van a prenderle fuego a este bosque.
Ante esa declaración de Subaru, Abel contuvo el aliento levemente por primera vez.
El fuego desatado en el bosque; ese fue un acontecimiento que ocurrió porque Todd se enteró de la existencia de mabestias en el bosque. En el bucle anterior, el ejército del Imperio eligió quemar el bosque solo con escuchar la historia de Subaru.
Si llegaran a confirmar la existencia de esas mabestias con sus propios ojos, era casi inevitable que volvieran a quemar el bosque esta vez también.
—...Aunque, si Todd y los suyos terminan aniquilados, sería una historia diferente.
En el momento en que eligió lanzar a la mabestia contra ellos, consideró plenamente esa posibilidad.
Un plan que consistía en llamar a un enemigo que podía matarlos era exactamente lo mismo que un asesinato indirecto. Subaru ejecutó el plan como señuelo sabiendo eso, y, de hecho, es posible que hubiera provocado muertes.
Al pensarlo, sintió un bulto pesado en el pecho, y un dolor como si su corazón se atascara.
Sin embargo, incluso si iba a cargar con el rechazo y la culpa de ese asesinato por el resto de su vida, había algo de lo que no podía apartar la vista… Lo más probable es que Todd y los suyos no terminaran aniquilados.
A juzgar por la capacidad de decisión de Todd y la iniciativa de Jamal, era muy difícil creer que la gran serpiente los hubiera aniquilado. En ese caso, después de abatir a la mabestias, intentarían volver a su campamento.
Si Todd y los suyos volvían al campamento, para minimizar al máximo las bajas de su ejército como en el bucle anterior, los soldados del Imperio no dudarían en prenderle fuego al bosque… Las Shudrak morirían quemadas.
—¿Qué pasa con esa mirada?
—Nada...
Mientras pensaba en ello, Abel mencionó la mirada de Subaru. Aunque Subaru apartó los ojos de inmediato, lo que cruzó por su mente fue el destino de Abel.
Probablemente, Abel también había sido capturado por las Shudrak en el bucle anterior de esta misma forma. En ese caso, si el bosque se hubiera quemado, él también se habría quemado con él. O bien habría muerto quemado al no poder escapar a tiempo de la jaula.
—...En ese caso, sería como si yo hubiera asesinado tanto a las Shudrak como a Abel.
No quería morir, ni tampoco quería que murieran Rem, Abel o las Shudrak.
Precisamente por eso, Subaru debía ponerse de pie aquí y encontrar una forma de escapar.
—¿Es que no te das cuenta de que es inútil? No son tan estúpidas como para dejar un hueco por el que un individuo con tu fuerza pueda escapar, y menos aun estando herido. ¿Por qué llegas a tanto solo por una mujer?
Abel habló con asombro hacia un Subaru que seguía mordiendo la madera y ofreciendo una resistencia desesperada.
Sin embargo, esas palabras encendieron aún más el fuego en Subaru.
—Porque para mí, esa chica no es alguien que se pueda definir con un “solo por una mujer”. No hay nadie que pueda reemplazarla. Rem es simplemente única en el mundo.
—...
—Y tú, ¿te vas a quedar ahí cruzado de brazos quejándote de todo lo que hago? No sé por qué estás en un lugar como este, pero ¿es que tu viaje termina con dejarte atrapar y ya?
Cuando lo vio por primera vez, Abel llevaba aquella capa de “ocultación” y se comportaba como si tuviera algún propósito en el bosque. Y aunque ese no fuera el caso, según lo que había dicho Todd, era alguien capaz de ceder a un desconocido un cuchillo magnífico, del tipo que el Emperador otorgaría a un súbdito.
Era difícil imaginar, y aún más difícil de creer, que estuviera aquí sin ningún propósito.
—Sentado ahí en la tierra fría sin hacer nada, ¿qué es exactamente lo que quieres hacer?
—...Simplemente esperaba el momento oportuno.
Ante la pregunta de Subaru, Abel respondió con una voz terriblemente serena.
Sonaba diferente a las declaraciones provocadoras que había lanzado hasta ahora o a sus burlas hacia Subaru; era como si aquellas palabras hubieran brotado de sus verdaderos sentimientos.
—¿Esperabas el momento oportuno? ¿Te refieres a una oportunidad, un chance? ¿Un chance de qué...?
—No sé qué sea ese chance del que hablas, pero lo que yo esperaba era a que se preparara el tablero. Me mantuve como espectador para no enturbiar las cosas innecesariamente actuando antes de que estuviera listo. En realidad, pensaba que el momento ideal sería después de que los de fuera del bosque actuaran, pero...
—...
—Si esos sujetos pretenden quemar el bosque, ya no puedo seguir de brazos cruzados.
Diciendo eso, Abel descruzó los brazos y se puso de pie lentamente.
Abrió los ojos de par en par y Subaru se quedó paralizado ante aquella postura esbelta y las palabras de Abel.
—¿Qué pasa con esa cara de pasmado? Es una falta de respeto que me mires de esa manera.
—...¿Tú, crees en mis palabras? Pero las Shudrak...
—No te creyó. Manchaste su orgullo y descartaste como si no valiera nada el antiguo pacto que atesoran por encima de sus vidas. Precisamente, una negociación fallida que debería quedar para la posteridad.
—Ugh...
Como era consciente de que no tenía ninguna defensa, Subaru se sintió abatido por la evaluación de Abel.
Al ver el rostro contorsionado de Subaru, Abel añadió: “Pero…”. Y luego:
—Yo no formo parte de “los Shudrak”. Su orgullo o su preciado pacto no valen más que el polvo para mí. Lo único necesario son los hechos sin mentiras ni engaños que tú has traído.
—...¿Y qué harás si resulta que te estoy mintiendo?
—Es evidente. Lo pagarás con tu vida.
En esas palabras había un peso que trazaba una línea divisoria respecto a hablar de la «muerte» en broma.
Abel hablaba completamente en serio cuando decía que, si las palabras de Subaru eran falsas, las pagaría con la muerte. Esta situación no era ningún juego ni una broma; era un momento que ponía a prueba una resolución genuina.
Al percibirlo, Subaru instintivamente enderezó la postura.
Dejó de luchar contra los barrotes y se enfrentó directamente a Abel. Al clavar su mirada en los ojos negros de Subaru, el brillo en los ojos de Abel aumentó su presencia intimidante.
—Piénsalo bien antes de responder, Natsuki Subaru. ¿Tienes la determinación de sacrificarlo todo por el bien de aquello que deseas salvar?
—...
La pregunta fue directa; no se permitían dudas ni falsedades.
Si mezclaba verdades y mentiras en su respuesta, perdería la vida. La voz de aquel hombre llamado Abel poseía un poder capaz de hacer que Subaru lo creyera.
Subaru recibió la pregunta de Abel en su corazón.
Si tenía la determinación de sacrificar todo, todas las cosas además de lo que quería salvar, con tal de salvarlo.
En cuanto a la respuesta a esa pregunta…
—...No tengo ese tipo de determinación.
—...
—Lo único que puedo ofrecer soy yo mismo. Si es solo eso, puedo apostarlo todo.
Poniéndose sobre el pecho no su brazo derecho apuñalado, sino la mano izquierda de los dedos rotos, Subaru respondió.
Esa fue la respuesta de Subaru a la pregunta de Abel, sin mentiras ni engaños.
Que le pidieran sacrificar absolutamente todo y aceptarlo, era algo que no podía hacer bajo ningún concepto.
Para hacer algo así, en este mundo todavía había demasiadas cosas importantes para Subaru; demasiadas cosas deslumbrantes que aún no había visto.
Por eso…
—Qué respuesta tan insolente. Bufón petulante.
—...
—Sin embargo, no dijiste ninguna mentira. En ese caso, te perdonaré la hoguera.
Al escuchar esas palabras, Subaru sintió verdaderamente que se había salvado por un pelo.
Un sudor frío y repentino le recorrió el cuerpo, y Subaru comprendió que Abel había tenido su vida en sus manos.
Como lo había evaluado en la pradera anteriormente, Abel no era en absoluto un guerrero de fuerza desmedida.
Comparado con los poderosos individuos que Subaru había visto o tratado hasta ahora, poseía una fuerza que no salía del rango de una persona normal. Aun así, Subaru sintió que se había salvado la vida.
Tal como pensaba, Abel albergaba un poder distinto a la simple fuerza bruta o habilidad con la espada.
—Siendo así, es más rápido. Tú, muchacha.
—¡¿Ekyan?!
Sin prestar atención a un Subaru que sudaba a mares por haberse salvado, Abel de pronto llamó a alguien. Al instante, un pequeño grito se alzó desde las sombras en respuesta a su voz.
Cuando un sorprendido Subaru se giró, en la dirección de la mirada de Abel—detrás de un árbol algo apartado de la jaula— vio la figura de la joven que los observaba con recelo.
La joven de puntas teñidas de rosa intentó huir asustada ante la mirada de Subaru y el enmascarado, pero…
—Si huyes, perderás tu oportunidad, muchacha. Y esa no es tu verdadera intención.
—Uu...
Ante las palabras de Abel, que se anticipó a sus movimientos, la joven soltó un pequeño gemido. Luego, con el rostro un tanto avergonzado, se acercó a ellos con pasos vacilantes.
Y, murmurando: “Uu, Uu es…” con los labios temblorosos, dijo:
—Mii dijo que no escuchara las historias de hombres. Pero a Uu le da curiosidad. Tú, le das curiosidad.
—...¿Yo?
Diciendo eso y refiriéndose a sí misma como Uu, la joven señaló a Subaru. Al recibir aquel señalamiento inesperado y abrir los ojos de par en par, la joven asintió con la cabeza.
—Hace rato, tú, te estabas esforzando mucho. Uu y las demás, en peligro. Pero, Mii no te escuchó.
—Ah...
—¿Por qué, te esforzabas tanto? Tú, no tienes nada que ver con Uu y las demás.
A pesar de no tener ninguna relación, ¿por qué intervenías?
Al sentir que le recriminaba su intromisión, Subaru contuvo el aliento por un instante. Sin embargo, las palabras de la joven no llevaban esa intención. Simplemente, tenía una duda genuina.
Por qué Subaru se había esforzado tanto por las Shudrak, además de por sí mismo.
El propio Subaru no sabía la respuesta a eso, pero…
—...Supongo que es porque no quiero que pongas esa cara.
—¿...?
—No quiero que pases por el dolor de tener que fulminar a tu enemigo con esos ojos turbios por el odio.
Aquella joven que intentó cerciorarse de su «muerte» con ojos de odio tras clavarle una flecha envenenada.
En los ojos de Subaru aún perduraba el odio de la joven y la culpa por el terrible incidente que la había llevado a sentir ese odio. Giraba en espirales. Se convertía en espinas y emanaba dolor.
Ese tipo de cosas no debían acumularse. No debían repetirse.
El Retorno por Muerte era algo que ojalá no tuviera que hacer.
Aun así, si a cambio de que Subaru perdiera la vida en un mundo que debía rehacer, existía un método para guiar a las personas involucradas por un camino mejor…
—Creo que el sentido de que yo me esfuerce con todo está en eso.
—...Uu, no lo entiende.
Incluso al escuchar la respuesta de Subaru, a la joven no le llegaban sus verdaderas intenciones. Era evidente. No tenía ningún sentido hablar de estas cosas con alguien que desconocía el Retorno por Muerte.
Y Subaru tampoco pretendía que lo comprendiera. El simple hecho de que algo así hubiera existido era innecesario para la vida de la joven que tenía enfrente.
—...¿Estás satisfecho? Ni yo ni tú tenemos tiempo para charlas largas.
—...Ah, sí, perdona.
Abel cortó de tajo aquella conversación entre Subaru y la joven, demostrando que no tenía el menor interés en ella.
Luego, cuando Abel se giró hacia la joven, esta tal vez sintió la misma presión que Subaru hace un momento, pues tensó su pequeño cuerpo y miró a Abel.
—Muchacha, no pienso alargar la conversación contigo. Tráeme a esa tal Mizelda que vimos hace un rato. Ella debe ser la líder.
—¿A Mii? ¿De qué, vas a hablar con Mii?
—De nada en especial. Solo tengo algo que proponerle.
—¿Proponerle?
Mientras Subaru y la joven ladeaban la cabeza ante su declaración, Abel asintió profundamente.
Y, aunque no se pudiera ver a través de la máscara, una vez más, formó una sonrisa y dijo:
—Dile que me someteré al “Ritual de Sangre”. Es el método más rápido para convencerlas.
Declaró.
3
—¿Qué es el “Ritual de Sangre”?
—Es una de esas costumbres que un pueblo que valora tanto el orgullo y los pactos no puede ignorar bajo ninguna circunstancia. Deja que sean ellas quienes te expliquen los detalles. Pero antes que eso...
Respondiendo solo superficialmente a la duda de Subaru, Abel lo miró fijamente.
La niña de Shudrak había ido a transmitir el mensaje de Abel a Mizelda, la líder de la tribu, por lo que en este lugar solo estaban Subaru y Abel.
Lo que significaba que el tiempo que tenían para hablar en secreto también era limitado.
—Hablemos. Mencionaste que te habían tomado prisionero en un campamento fuera del bosque. ¿Cómo te trataron?
—...Las heridas en mi hombro y mi espalda son el resultado de sus méritos. Y también me hicieron hacer toda clase de quehaceres.
Para ser exactos, los quehaceres y el maltrato físico ocurrieron en bucles diferentes, pero Subaru respondió eso abrumado por la imponente presencia de Abel.
Al escucharlo, Abel entrecerró los ojos diciendo “Mmm”, y observó la mano izquierda de Subaru:
—A juzgar por el hecho de que no mencionas tus dedos, asumo que eso es un asunto diferente. ¿Acaso te los rompió la mujer que estabas buscando?
—Ugh... ¿y eso qué tiene que ver ahora?
—Es la prueba de que eres un idiota que se enamora de una mujer que es capaz de romperle los dedos.
Esa afirmación no era precisamente la adecuada para describir la relación entre Subaru y Rem. Sin embargo, no tenía el tiempo ni la obligación de detenerse a explicarle los detalles.
—Si hacías quehaceres, eso significa que también viste el interior del campamento. ¿Cuál era la distribución aproximada? Exprime al máximo esa cabeza hueca tuya y saca todo lo que recuerdes de tu memoria.
—Unas cuantas tiendas de campaña y más o menos el número de personas en el campamento... Oye, ¿de qué trata todo esto?
—¿No lo entiendes? Es muy simple. Lo que tú viste es...
Ante la avalancha de preguntas que lo hacían fruncir el ceño, Abel soltó un bufido de desdén.
Sin embargo, Abel no pudo responder a la pregunta de Subaru. Antes de que pudiera hacerlo, los pasos de varias personas se acercaban nuevamente hacia la jaula.
Quien se acercaba era Mizelda, traída por aquella niña, junto con su grupo…
—Lo escuché de Utakata. Dijo que ustedes someterán al Ritual de Sangre.
Poniendo su mano sobre la cabeza de la niña que se aferraba a su pierna—la niña que había llamado Utakata—, Mizelda, con su cabello teñido de rojo en las puntas, clavó una mirada seria en Subaru y Abel.
Era una mirada cargada de una agudeza comparable a la intensa intimidación que mostró hace un momento, cuando Subaru pisoteó su orgullo como guerreras.
—¿Dónde escucharon sobre el Ritual de Sangre? Se supone que es un ritual que se transmite únicamente entre nosotras, las Shudrak.
—No me hagas reír, joven jefa de Shudrak. ¿Acaso crees sinceramente que en el mundo actual sus leyendas son desconocidas para todos? Si hay dos personas presentes, los secretos se filtran. Deberías dejar de ilusionarte pensando que la unidad de tu pueblo es inquebrantable.
La mirada de Mizelda se endureció, y el tono de la respuesta de Abel también se volvió más apasionado.
Ante esa forma de hablar tan altanera, no solo Mizelda, sino también el resto de las Shudrak a su alrededor tensaron sus expresiones; Subaru tragó saliva con fuerza en su interior.
En este momento, Subaru era el único que no sabía qué era el “Ritual de Sangre” del que hablaba Abel y que se estaba quedando fuera de la conversación. Sin embargo, era evidente que se trataba de un ritual muy importante para Mizelda y las suyas, y que Abel no era bienvenido por menospreciar ese sentimiento.
Por eso, para evitar que la situación se volviera aún más caótica, Subaru alzó la voz diciendo: “¡Oigan!”.
—Siento interrumpir justo cuando la cosa se está poniendo interesante, pero ¿alguien podría explicarme qué es el “Ritual de Sangre”? Supongo que eso también me involucra, ¿verdad?
—...¿Y por qué crees eso tú?
—Bueno, porque hace un momento este sujeto de la máscara me amenazó. Me preguntó algo así como si era capaz de sacrificarlo todo. Por supuesto que le respondí que no podía.
—Entonces...
—Lo único que puedo apostar soy yo mismo. Si apostara algo más, estaría sobreestimando demasiado mi influencia.
Decir algo como “sacrificarlo todo” era un privilegio reservado solo para personas con un gran poder.
Por desgracia, Subaru y Abel, capturados por las Shudrak y atados de pies y manos en este lugar, ni siquiera tenían el derecho de enfrentarse a una elección tan grandiosa.
Por lo tanto, la apuesta debía limitarse únicamente a las cartas que tenían en la mano. En este caso, solo Natsuki Subaru.
—Pero, tal como dice Abel, a mí también me causaría un gran problema si ustedes, señorita Mizelda, no me escuchan. Será una repetición de lo que dije antes, pero lo diré tantas veces como haga falta. En el peor de los casos, para proteger lo que me importa, necesito que al menos me dejen salir, o no sabré qué hacer.
—...Ya veo. Por lo visto, pareces tener los requisitos para someterte al Ritual de Sangre.
Ante la súplica de Subaru, que intentaba a toda costa establecer una conversación, Mizelda murmuró aquello en voz baja.
Al escuchar esa respuesta, Subaru abrió mucho los ojos, y Abel soltó un ligero sonido con la garganta. Sin embargo, hubo una persona que reaccionó exageradamente al murmullo de Mizelda.
Fue una de las mujeres del grupo que rodeaba a Mizelda; la mujer con el cabello teñido de azul que estaba a su lado.
—¡Hermana! ¡¿Hablas en serio?! ¿Tomarte en serio las palabras de estos hombres...?
—No me las tomé en serio, Taritta. Simplemente pensé que sería una lástima desecharlas.
—Hermana...
La mujer llamada Taritta bajó la cabeza ante las palabras de Mizelda, a la que llamó hermana.
Al parecer, ambas eran hermanas, y si se observaba con atención, sus rostros, cuya intensidad en la mirada era tan llamativa, eran ciertamente muy parecidos.
Tras rechazar las palabras de su hermana menor, Mizelda volvió a mirar hacia Subaru.
—Me preguntaste sobre el Ritual de Sangre. Es un ritual transmitido desde la antigüedad entre nosotras las Shudrak, un ritual para hacerse reconocer por la tribu. Se podría llamar un rito para pasar a la mayoría de edad.
—A la mayoría de edad... Ah, ya veo. Pero nosotros no somos...
—No somos de los Shudrak. Eso lo sabemos todos sin necesidad de que lo digas. No desperdicies el tiempo con comentarios absurdos. Lo importante es la esencia del ritual.
Al enterarse de que era un ritual para ser tratado como un adulto Shudrak, Subaru se sintió confundido, a lo que Abel reaccionó con exasperación. Aunque la forma de decirlo le hizo fruncir el ceño, Subaru comprendió a qué se refería.
La esencia de un rito de mayoría de edad radica en lograr que el grupo reconozca que el retador es un individuo hecho y derecho. Es decir, que la verdadera naturaleza del “Ritual de Sangre” era…
—Un rito de paso para conseguir que las Shudrak nos escuchen de igual a igual...
—Exactamente.
Afirmando el razonamiento de Subaru, Abel se cruzó de brazos y miró a Mizelda. Al recibir esa mirada, Mizelda asintió con la barbilla.
—Si van a desafiar el “Ritual de Sangre”, les pido que se preparen.
—¿Y si nos retractáramos, nos dirías que nos liberarás? Por desgracia, no tengo una mente tan ingenua como para esperar algo tan conveniente y ajeno a la realidad. Y estoy seguro de que este Natsuki Subaru tampoco.
—¡¿Ueh?!
Subaru se sorprendió al verse incluido arbitrariamente como una persona llena de motivación en medio de la creciente tensión entre ambos, pero a Abel le importó un comino.
Siendo arrastrado a ese ritmo, Subaru le respondió a Mizelda, quien le preguntó: “¿Y bien?”:
—...Lo haré. Si no hay otra forma, aceptaré ese ritual para que nos escuchen. Pero si es un ritual que tomará varios días, será un problema.
—Así es. Nosotras tampoco deseamos eso. Siendo así...
—Hermana, en ese caso, ¿Elgina no sería la opción adecuada?
Ante un Subaru que había tomado la resolución de someterse al ritual, Taritta ofreció una tabla de salvación a una Mizelda pensativa. Ante la propuesta de su hermana menor, Mizelda asintió profundamente.
—Es buena idea. Para el “Ritual de Sangre” se elige la mayor dificultad que exista en el momento de realizarlo.
—La mayor dificultad... ¿Eso significa que...?
—...Elgina.
Tragando saliva, Subaru escuchó cómo Mizelda repetía esa palabra una vez más.
Al oírla, los hombros de Utakata dieron un respingo y se encogió de miedo, mientras las demás mujeres Shudrak también se veían envueltas en cierta tensión.
La reacción de aquellas mujeres que se enorgullecían de ser guerreras era más que suficiente para disparar la ansiedad de Subaru.
Sin embargo…
—Ni tú ni yo podemos echar marcha atrás. ¿Estás preparado?
—Mírate hablándome con esos aires de grandeza, a pesar de que fuiste tú quien avanzó con todo esto por su cuenta. Será que estoy en deuda contigo, pero se te va bastante la mano...
Aunque le debía el favor de haberle regalado el cuchillo, con esta interacción cualquier sentimiento de modestia y recato se había esfumado por completo. Por supuesto, también le estaba agradecido por haber enmendado sus errores y creado un margen para que lo escucharan.
Ignorando a ambos sujetos que carecían de cualquier sentido de tensión, Mizelda dio instrucciones a sus compañeras a su alrededor:
—Llevaremos a Abel y a Natsuki Subaru ante Elgina. ¡Demuéstrennos si son capaces de completar el “Ritual de Sangre” o no!
Diciendo eso, abrieron la jaula y sacaron a Subaru y a Abel al exterior.
4
Los dos que fueron sacados de la jaula, Subaru y Abel, caminaban fuera del asentamiento rodeados por las Shudrak sin estar atados ni vendados de los ojos.
Atravesar el denso y espeso bosque era como caminar a tientas en medio de la oscuridad; Subaru perdió el equilibrio innumerables veces, y en cada ocasión, era sostenido por alguna Shudrak a su alrededor.
—Uups, lo siento. Otra vez me ayudaste a...
—No te preocupes~. Yo soy muy fuerte, así que no pasa nada~.
Diciendo eso, quien ayudó a un Subaru que estuvo a punto de caer fue una mujer con el cabello teñido de amarillo.
Era una mujer de aspecto y forma de hablar suaves, con una complexión rellenita. Era un tipo raro entre las Shudrak, donde abundaban las mujeres delgadas y musculosas, pero transmitía un aura muy amigable.
—¿Cómo están tus heridas~? Yo fui quien te curó~.
—Ah, conque tú me curaste. Sí, estoy bien. Todavía duele un poco... bueno, más bien bastante, quiero decir, mucho, pero es soportable.
—Jajaja, eres alguien muy honesto~.
Su actitud despreocupada y su forma de reír también lo aliviaron. Y como de hecho también le había tratado las heridas, debería decir que se salvó en un doble sentido.
Una mujer de aura pacífica y amable. Subaru, con naturalidad, sintió que su corazón se relajaba un poco; aunque no podía evitar sentir mucha curiosidad por el gran trozo de carne con hueso que ella llevaba siempre en una mano.
—¿Mmm~? ¿Tienes hambre~? ¿Quieres un poco de carne~?
—Ah, no, estoy bien. No es que no tenga hambre, pero si como, no podré moverme bien.
—Jajaja, es verdad~. Además, si tienes la barriga llena sufrirás mucho a la hora de morir~.
—Jaja...
Mordisqueando su carne con hueso con expresión relajada, la mujer, a pesar de su aspecto pacífico, seguía siendo una Shudrak.
De todos modos, en las Shudrak que guiaban a Subaru y compañía hacia algún lugar no se percibía ningún tipo de hostilidad.
Al igual que Mizelda, desde el momento en que Subaru y Abel tomaron la determinación de someterse al Ritual de Sangre, parecía que ellas ya no arrastraban las secuelas del primer fracaso en las negociaciones.
Es decir, independientemente del resultado del ritual, se había logrado recuperar su imagen.
Si era así, tal vez, incluso si los resultados del ritual no fueran del todo favorables, podrían lograr que se sentaran de nuevo en la mesa de negociaciones.
—...A juzgar por tu cara, parece que estás pensando en algo muy conveniente.
—...No leas los pensamientos ni adivines cosas por la expresión facial o la mirada. Empezando por ti, ¿acaso todas las personas del Imperio son así?
—Desconozco el motivo de tu fastidio, y no me interesa que me compares con nadie. Solo que los habitantes del Imperio aprendemos a observar bien a nuestro oponente para sobrevivir. Quizás en eso radica la diferencia con los habitantes del Reino.
—Observar bien al oponente, eh...
Subaru sintió que las palabras de Abel, que era escoltado a su lado, tenían cierto peso.
—A propósito, ¿no se te ha ocurrido intentar escapar ahora que tienes la oportunidad?
—...¿Podrías dejar de tentarme de forma extraña? No digo que no lo haya pensado, pero no lo haré.
—Vaya, ¿por qué no? Ahora hay más rutas de escape que cuando estabas dentro de la jaula. Si logras crear una distracción, tal vez podrías eludir la vigilancia de las Shudrak.
—Bueno, cuando la cabeza se me calentó, estuve a punto de lanzarme a esa locura, pero...
Ante las palabras casi provocativas de Abel, Subaru miró a su alrededor nuevamente.
La oscuridad del bosque era profunda, y Subaru apenas podía ver unos pocos metros por delante. Para colmo, tanto la dirección como la distancia hacia el campamento al que Subaru debía regresar eran ambiguas; si escapaba, no tendría adónde ir.
Y, además, todas las Shudrak que los rodeaban eran muy superiores a Subaru con ambas manos lisiadas.
—¿...? ¿Qué pasa~?
—Seguro quedó fascinado con Hoo. Hoo es la más hermosa de la aldea.
—Wah~, me da mucha vergüenza~.
Sobre la mirada evaluadora de Subaru, la mujer a su lado y Utakata charlaban así.
Aunque sacudía la cabeza con disgusto y se sonrojaba, siendo extremadamente adorable, la mujer no dejaba ninguna abertura. Sin duda, si Subaru intentaba escapar, sería sometido en un instante.
—Además, si yo escapo, ¿qué sería de ti?
—...Ya veo. Así que eres de ese tipo de escoria. Tienes un insignificante y despreciable deseo de ser un héroe.
—¿Qué dices?
Tras apartar la mirada, Abel escupió esas palabras.
Molesto por cómo se lo dijo, Subaru estaba a punto de replicarle a ese perfil oculto tras la máscara. Sin embargo, antes de poder cuestionar sus verdaderas intenciones, los pasos de Mizelda, que iba a la cabeza, se detuvieron.
—Es aquí.
—Dices que es aquí, pero no logro ver absolutamente nada...
Incluso con las antorchas iluminando, el rango visible era de unos pocos metros como mucho. A Subaru le parecía que seguía siendo el mismo paisaje de bosque.
—¿Qué demonios hay en este lugar?
—Lo entenderás si avanzas.
—¡¿Uoo... ohhh?!
Subaru se inclinó hacia adelante forzando la vista en la oscuridad. Su espalda fue empujada por Taritta, quien se había posicionado detrás de él, y tras dar uno, dos pasos, su pie cortó el aire.
Era la prueba de que había perdido el suelo bajo sus pies, el fundamento para mantenerse firme.
—Esta sensación... ¡¿Otra vez?!
Lanzando un grito sin querer, Subaru pisó el vacío de la tierra. Para ser precisos, una pendiente pronunciada. Pisó esa pendiente y se deslizó hacia abajo intentando no caerse.
Bajó corriendo la empinada pendiente de esa forma y, de un modo u otro, recuperó el aliento en el fondo.
—A-ah, qué peligroso... Para rematar que no puedo usar las manos, ¡¿esto me pasa de repente...?!
—Apártate.
Un fuerte impacto en la espalda de un Subaru que apenas se había detenido por fin lo hizo caer de bruces al suelo. Al voltear con rencor, vio que quien había chocado contra su espalda era Abel.
Al parecer, él también había sido empujado por la pendiente pronunciada igual que Subaru.
—Por lo que veo, no parece el fondo de un agujero... ¿Este es el lugar del ritual?
—Seguramente. Ahora, la cuestión es qué es lo que sacarán. Elgina, dijeron.
—Tú, ¿tienes alguna idea de lo que pueda ser?
—”El” significa “grande”, pero... mmm.
Mientras hablaban en el fondo de la pendiente, algo fue arrojado desde arriba. Lo que cayó rodando a los pies de Abel fue un bulto de tela.
Al asomarse dentro de él…
—Es mi equipaje. Y también tu basura.
—¡Lo mío también es mi equipaje!
Lo que les arrojaron fue el equipo que les habían quitado a Subaru y a Abel.
Dentro estaba, por supuesto, el Guiltywhip; y también el cuchillo que Subaru tenía clavado en la espalda—el que Abel le había dado—, el cual volvía a sus manos tras dar un largo rodeo.
Abel también recogió su espada y su capa, poniéndoselas rápidamente.
—Pero, ¿a qué viene esto...?
—¡Uu también están mirando! ¡Esfuércense!
Ante la pregunta de Subaru, quien recuperaba su equipo imitando a Abel, respondió una voz aguda. Al mirar arriba, se dio cuenta de que la niña que agitaba las manos desde la cima de la pendiente, Utakata, les había lanzado el equipo.
Mizelda y Taritta tampoco alzaron la voz ante esa acción de Utakata. ¿Significaba que ese nivel de ayuda no interfería con el ritual?
—Entonces, espero que se esfuercen mucho~.
—¿Es en serio...?
La mujer de cabello teñido de amarillo de hace un momento habló con voz y tono relajados, y esbozando una sonrisa despreocupada, la vio bloquear la entrada de la pendiente con una enorme roca.
Una fuerza monstruosa increíble… eso explicaba de quiénes fueron las manos que construyeron esa robusta jaula improvisada.
Con la entrada bloqueada así, el espacio en el que Subaru y Abel habían sido arrojados era un valle de unos veinte metros de ancho.
Frente a la entrada bloqueada se extendía la oscuridad, pero debían abandonar la ingenua idea de que, si corrían recto, los dejarían escapar.
—Natsuki Subaru, ¿qué tanto puedes mover ambas manos?
—¿Ah? ¿Ambas manos...? Pues ya ves. La derecha no puedo levantarla, y con la izquierda tampoco puedo agarrar nada con fuerza. Por supuesto, trabajos finos son imposibles... ¡¿Uoh?!
—¡Póntelo en el dedo que tengas mejor! No hay tiempo.
Diciendo eso, Abel le lanzó a Subaru un anillo que sacó de sus pertenencias. Atrapándolo por puro reflejo, Subaru se lo colocó en el dedo medio de su mano izquierda, presionado por el tono autoritario de Abel.
Era un anillo con una gema negra incrustada, que desprendía tanto una sensación de lujo como una extraña aura intimidante.
—¿Y esto qué es?
—Un anillo que sella magia. Antes de usarlo, bésalo. Tiene un límite, pero escupe fuego.
—¿Qué? ¿Magia? ¿Besarlo? De qué estás...
—...Ahí viene.
Dejando atrás a un Subaru que no podía seguir el ritmo tan rápido, Abel desenvainó su espada. Contagiado por Abel, quien entornó los ojos, Subaru también se apresuró a tomar su látigo.
Y justo cuando habían preparado su equipo medianamente de esa forma…
—...Oye, oye, es una broma, ¿verdad?
Con la pendiente bloqueada a sus espaldas, y de pie junto a Abel, Subaru se quedó boquiabierto ante lo que apareció frente a sus ojos.
Deslizándose lentamente por el suelo, y asomando su figura desde la oscuridad, era una masa de escamas verdes y relucientes como si estuvieran empapadas: una serpiente gigante.
La misma mabestia que ya habían encontrado dos veces en esta Selva de Buddheim.
—No me digas que... ¿Elgina?
—¡¡¡...!!!
Tragando saliva ruidosamente y murmurando con temor para confirmarlo…
La serpiente gigante abrió sus fauces y soltó un rugido enorme, enorme, como si afirmara sus palabras. Recibiendo esa fiera presión de aire de lleno en su cuerpo, Subaru se tensó.
Elgina = Serpiente gigante. Y el “Ritual de Sangre” consistía en enfrentar el mayor desafío.
En ese caso, el muro que Subaru y Abel debían superar esta vez era…
—¡Vamos, luchen, demuestren que son dignos de ser guerreros! ¡Los ojos de las cazadoras de Shudrak serán testigos!
—¡Gaaaaaah! ¡¡Lo sabía!!
Desde lo alto del acantilado, hacia Subaru y Abel que se enfrentaban a la mabestia abajo, resonó la enérgica voz de Mizelda, seguida por las de las demás Shudrak gritando con fuerza: «¡Wah!».
Acompañada por aquellos vítores que no dejaban claro si eran de alegría o de apoyo, la gran serpiente se preparó para atacar.
—¡Ahí viene, Natsuki Subaru!
—¡Ya lo veo! ¡Maldición, últimamente me la paso siendo puesto a prueba todo el tiempo!
Y con la serpiente gigante retorciéndose para silenciar las quejas de Subaru, comenzó el “Ritual de Sangre”.
5
Elgina, la mabestia que habita en la Selva de Buddheim…
Según Abel, “El” significa “grande”, así que la palabra serpiente debe corresponder a la parte de “gina”.
O quizás sea una denominación única y exclusiva de las Shudrak.
En cualquier caso, verificar eso y contribuir a la historia de la antropología cultural quedará para después.
—...¡Ahora mismo la prioridad es lidiar con el enemigo frente a mí...!
Abriendo de par en par sus inmensas fauces y mostrando sus afilados colmillos, la gran serpiente se abalanzó sobre ellos. Con una longitud de más de diez metros, era como si un gran árbol con voluntad propia estuviera causando estragos en el bosque.
Su torso era tan grueso como varios troncos entrelazados, y la fuerza de su cola al balancearse era suficiente para causar heridas graves con tan solo rozarlos.
Como de costumbre, las mabestias estaban diseñadas físicamente con el único propósito de asesinar seres humanos.
—Bea...
“...trice”, estuvo a punto de llamar a su compañera ausente, pero Subaru apretó las muelas.
Al encontrarse ante una situación repentina, la primera reacción de Subaru solía ser dejar todo en manos de la capacidad de juicio y respuesta de Beatrice, su compañera.
Y ahora, eso se manifestaba como una falta de capacidad de respuesta por parte del propio Subaru...
—Primero...
—¡Insolente! ¡¿Es momento de quedarse pasmado?!
Justo después de que su rostro se tensara al darse cuenta de su error, junto a aquel grito iracundo, la parte posterior de la cabeza de Subaru fue agarrada junto con su cabello. Soltando un alarido, “¡Gieh!”, Subaru fue derribado bruscamente hacia atrás.
Por encima de la cabeza del caído Subaru, los colmillos de la gran serpiente se cerraron sin piedad; se produjo un sonido brutal y el aire fue triturado. Al mismo tiempo, la nube de polvo y el viento levantados barrieron el suelo con violencia.
—¡Uooooh...!
—No me hagas repetirlo, idiota. Contén la respiración.
Con la cabeza empujada bruscamente hacia abajo con un "¡Ugh!”, Subaru fue presionado contra la tierra. Al levantar la vista, vio que Abel, también cubierto de polvo, los había envuelto a ambos en su capa.
Sin embargo, dado que el tamaño no era suficiente para cubrir a los dos, Subaru estaba siendo montado a horcajadas por Abel.
—¿Q-qué intentas...? ¡Es cierto! ¡La ocultación!
—Así es. Si contenemos la respiración, no nos descubrirá de inmediato... Aun así, qué falta de suerte. Si el “Ritual de Sangre” hubiera sido cualquier otra cosa que no fuera una prueba de fuerza, podríamos haber tenido oportunidad.
Acechando la presencia de la gran serpiente a escasos metros, en los ojos de Abel se mezclaban la ira y la frustración.
Por sus palabras, Subaru también comprendió dolorosamente lo que estaba pensando.
Al parecer, el contenido del “Ritual de Sangre” cambiaba en cada ocasión.
Seguramente habría otros métodos aparte de luchar contra mabestias. Sin embargo, el camino que se les había impuesto a Subaru y a Abel era el de demostrar su valía como guerreros luchando contra una gran serpiente.
—Mis dos manos están averiadas, y tu habilidad con la espada es de segunda categoría... Qué situación de mierda.
—Tienes el atrevimiento de llamarme de segunda categoría. Sobre todo, cuando, en la situación actual, ni siquiera tienes brazos útiles que impidan que seas una carga para mí.
—Al menos me queda la boca para replicar... Cierto, sobre lo de hace un momento.
En medio de la nube de polvo, Subaru levantó la mano izquierda y le mostró el anillo en su dedo medio.
El anillo que Abel le había lanzado sin suficientes explicaciones. Le había dicho un montón de cosas incomprensibles como que lo besara y que saldría fuego, pero…
—¿Cómo se usa?
—Te lo he dicho. Besa la joya y haz que te reconozca como su dueño. Después, solo úsalo con la misma sensación de lanzar magia.
—¿¡Qué clase de arma de novela ligera es este anillo...!?
Mirando el anillo con incredulidad, Subaru frunció el ceño ante la explicación. Ignorando las impresiones de Subaru, Abel espiaba los movimientos de la gran serpiente a través de la nube de polvo.
Incluso él, que se mostraba tan relajado en la celda, no podía ocultar la tensión ante una amenaza tan real. Respirando hondo varias veces, Abel apretó con fuerza la empuñadura de su espada.
—Aun si logramos acercarnos, es dudoso que podamos atravesar esas escamas. Si no apuntamos a partes sin escamas... como los ojos o la boca, o a zonas donde las escamas sean más delgadas, los ataques no surtirán efecto.
—Para eso necesitamos crear una oportunidad. De algún modo...
—Esa oportunidad la crearás tú. ¿Para qué crees que estamos los dos aquí?
—Iba a decírtelo, ¡pero me irrita bastante que me digan que sirva de señuelo...!
Aun así, dadas las herramientas y el estado físico actual, no había otra forma de repartirse los roles.
Subaru como apoyo, Abel como atacante: un esquema de roles bastante habitual. Como siempre, el papel de Natsuki Subaru se reducía a dar asistencias.
—Por el momento, la mabestia nos ha perdido de vista. Llama su atención con las llamas del anillo. Aprovecharemos ese momento.
—Sí, entien…
Justo cuando Subaru iba a darle la razón al plan de Abel, una disonancia cruzó por su mente.
La verdadera naturaleza de la disonancia era la mabestia “Elgina”.
Una mabestia con forma de gran serpiente. Por su enorme tamaño, sería comparable a una anaconda, pero su nivel de amenaza era mayor porque atacaba activamente a los humanos.
Y si el oponente era una mabestia tipo serpiente, si su ecología se asemejaba a la de una serpiente real…
—...
En el instante en que sintió aquel estremecimiento, Subaru apretó inconscientemente los labios contra el anillo. Luego, lo alzó por encima de su cabeza y apuntó hacia la nube de polvo que Abel vigilaba.
Incluso antes de que Abel pudiera dudar de su acción, Subaru abrió los labios y…
—...Goa.
En ese instante, una explosión de llamas estalló directamente en el hocico de la gran serpiente, que había atravesado la nube de polvo para lanzarse sobre Subaru y Abel.
6
Las fosetas loreales son un órgano de percepción térmica que poseen las serpientes.
Se trata de un órgano que tienen las serpientes de hábitos nocturnos, que habitan en bosques y zonas rocosas, para detectar la posición de sus presas en la oscuridad. Gracias a esto, detectan la temperatura corporal de sus presas, lo que les permite rastrearlas y devorarlas rápidamente incluso en la oscuridad.
Los aparatos conocidos como termografías son una aplicación de este principio, pero las serpientes poseen esto de forma natural. Son verdaderos asesinos en la oscuridad.
Y por desgracia, al parecer esta gran serpiente también poseía fosetas loreales.
—¡¡¡...!!!
La gran serpiente que se arrastraba sigilosamente y estaba a punto de lanzarse al ataque, fue recibida por las llamas. Tras recibir la potencia de fuego directamente en el hocico, la serpiente retrocedió con un chillido, momento en que Abel se abalanzó hacia adelante para atacarla.
Aprovechando la oportunidad sin perder un instante, el ataque de espada de Abel——la estocada, que poseía la mayor capacidad de penetración—— se dirigió hacia la garganta de la gran serpiente, y parecía que la afilada hoja excavaría profundamente en las escamas de la mabestia.
—¡Kgh...!
Un gemido escapó de Abel y, por el impacto, su brazo derecho fue repelido.
La hoja apenas penetró superficialmente en las escamas, impidiéndole seguir avanzando. Aunque la postura no había sido la ideal, no cabía duda de que fue un golpe asestado con toda su fuerza. Y, sin embargo, no logró atravesarlas.
—¡Toma ot…!
Cuando la mabestia lanzó una mirada feroz a un Abel que retrocedía e iba a lanzar su contraataque, una bola de fuego se estrelló contra el costado de su cabeza.
Junto con una ráfaga de aire caliente, un resplandor rojo estalló, quemando la humedad del aire del bosque; sin embargo, el daño a la gran serpiente fue mínimo. La mabestia sacó su larga lengua para lamer su chamuscada mejilla, dirigió sus ojos amarillos hacia Subaru, y con sus enormes fauces abiertas, lanzó un rugido ensordecedor.
—¡Maldición!
Apenas había sido un solo intercambio; ni siquiera habían pasado treinta segundos desde que comenzó la pelea.
Pero en ese corto lapso, quedó claro que Subaru y Abel no tenían posibilidades de ganar. La espada de Abel no podía atravesar las escamas, y los trucos de un Subaru herido tenían poco efecto.
Desde el principio, no tener oportunidad contra una fuerza abrumadora era el límite de Subaru.
—¡Goa! ¡Goa! ¡Y más Goa!
Mientras la gran serpiente se abalanzaba, Subaru agitó la mano izquierda, disparando magia de forma precipitada y repetida.
Con cada disparo que emitía luz, las llamas del anillo fallaban a la mabestia y destrozaban el acantilado del campo de batalla en el valle, separando momentáneamente a Subaru y Abel de la criatura.
—¡Oiga, señorita Mizelda! ¡Este sujeto es…!
A punto de exclamar que era demasiado difícil, Subaru contuvo el aliento.
Sobre sus cabezas, las Shudrak observaban la encarnizada batalla, y cada una de ellas tenía su flecha apuntada hacia Subaru y Abel.
—...
Borrando cualquier emoción, las mujeres de Shudrak tenían la mirada fría y despiadada de un cazador evaluando a su presa.
Mizelda, Taritta, la amable mujer rubia y hasta la pequeña Utakata, sin excepción alguna, miraban a Subaru y Abel con ojos glaciares.
—Un ritual que ha comenzado no puede detenerse. En el “Ritual de Sangre” no hay vía de escape. Si no derrotas a esa bestia, no solo tus deseos no se cumplirán, ni siquiera conservarás tu vida.
Ante las miradas gélidas de las Shudrak, Abel habló a un petrificado Subaru.
Era una diferencia más en la percepción de la vida y la muerte a la que Subaru se había enfrentado varias veces desde que fue arrastrado a Vollachia…. Esas mujeres podían intercambiar sonrisas y, al segundo siguiente, matarse mutuamente.
Si se miraba a Utakata, quedaba claro que esa percepción de la vida y la muerte estaba inculcada desde la infancia.
No tenía sentido discutir aquí sobre el bien y el mal de esa forma de ver las cosas.
Este no era un lugar para debatir principios y obligar al otro a ceder ante la lógica.
Lo necesario aquí era regirse por sus reglas y salir victoriosos del “Ritual de Sangre”.
—Las escamas de su cuerpo no pueden ser perforadas. Si es imposible atravesarle el corazón, ¿habrá que apuntar al cerebro a través de los ojos o la boca?
—Que el cerebro es un punto débil es algo común en todos los seres vivos, pero... probablemente sea igual de difícil. Siendo así, nuestra condición para la victoria está un poquito más arriba.
—...Arriba.
Derrotar a la gran serpiente era difícil. Si era así, solo quedaba apuntar al punto débil común de las mabestias.
—Si le rompemos el cuerno, las mabestias obedecen a quien se los rompió. Solo nos queda eso.
—¿Y el plan?
—Como sugeriste hace un momento. Yo seré el señuelo, y el atacante será el enmascarado sospechoso.
—¿Sospechoso? En este lugar solo hay un enmascarado de noble estirpe.
Intercambiando palabras con un Abel que no perdía el orgullo, Subaru respiró profundamente y exhaló.
Ya habían compartido las condiciones de victoria y decidido lo que tenían que hacer.
Con las gélidas miradas del Pueblo de Shudrak clavadas en ellos por detrás y por encima, Subaru y Abel debían demostrar su valor como guerreros enfrentándose a la gran serpiente que dominaba el bosque.
Demostrar ser un guerrero no iba con él, y ni siquiera deseaba algo así, pero…
—Si sin eso no puedo llegar a ti, entonces lo conseguiré.
Pensando en la Rem que había dejado en el campamento del ejército del Imperio, Subaru dio un paso adelante con fuerza.
—¡¡¡...!!!
Rompiendo a través de la nube de polvo, la gran serpiente se abalanzó con la boca abierta de par en par.
De frente, apuntando a esa gran serpiente, Subaru extendió su brazo izquierdo. Al ver eso, los ojos amarillos de la serpiente adquirieron un matiz de alerta, cerró las fauces y desvió la cabeza hacia un lado.
Las llamas de nivel más bajo no le habían causado un daño significativo, pero al parecer sí fueron suficientes para despertar el rechazo de la gran serpiente y evitar recibir el golpe directo.
Y esa precaución resultó ser su ruina. Ahora mismo, el anillo ya no estaba en la mano izquierda de Subaru.
—¡El objetivo de mi mano izquierda no es tu cara, es más arriba!
Diciendo eso, lo que Subaru lanzó desde su mano izquierda fue la punta de su látigo.
Ya fuera la derecha o la izquierda, su maestro Clind le había enseñado a manejarlo con casi la misma destreza. En lugar de un brazo derecho que ni siquiera se levantaba por encima del hombro, forzó su mano izquierda, de la cual solo dos dedos funcionaban bien.
El objetivo de la punta del látigo, por supuesto, no eran las escamas de la serpiente, sino la gruesa rama de un árbol de la densa selva que se erguía por encima de la cabeza de la bestia. Envolviendo el látigo en ella, el cuerpo de Subaru se elevó rápidamente.
—¡...!
Persiguiendo a un Subaru que había saltado con fuerza, las fauces extendidas de la serpiente se abalanzaron sobre él.
Si no hubiera flexionado las rodillas en el último segundo, el cuerpo de Subaru habría sido atrapado por los colmillos, y le habrían arrancado todo de los muslos para abajo sin remedio.
—¡H-hermana! ¡Ese hombre está huyendo!
—No….
Ante la figura de un Subaru que ascendía vertiginosamente y giraba en el aire sobre el valle convertido en campo de batalla, Taritta gritó mientras tensaba su arco. Sin embargo, Mizelda la detuvo bajando su arco con la mano.
Y entonces, Mizelda hizo brillar sus ojos verdes.
—¡No está huyendo, va a luchar!
En el campo de visión de una Mizelda que gritaba casi como si aplaudiera, Subaru giraba en el aire con el látigo.
Trazando una órbita circular como si fuera la atracción de las sillas voladoras de un parque de atracciones, Subaru apuntó a los bordes del acantilado con el anillo que ahora tenía en la mano derecha.
—¡¡Goooooaaaaa...!!
Más que un hechizo, era un grito ensordecedor.
Y las llamas que brotaron de la mano derecha de Subaru mientras gritaba se propagaron por los bordes del acantilado, hacia las enredaderas y ramas que colgaban hacia el valle, convirtiéndose en un inmenso incendio voraz que devoraba el cañón.
—¡¿Ukyáaaa...?!
—¡Aaaah! ¡Utakata, es peligroso~!
—¡Ah, hermana! ¡Hermana! ¡¿De verdad está bien que haga esto?!
Al ver la escena del valle envuelto en llamas, las Shudrak que observaban el campo de batalla empezaron a hacer alboroto.
Utakata y la joven de cabello rubio se abrazaron, mientras Taritta pedía permiso a su hermana para derribar a Subaru a flechazos. Sin embargo, Mizelda, con los ojos brillando, no se dio cuenta de su petición.
Simplemente apretó con fuerza los puños, sin apartar la mirada de la escena.
—¡Bien, bien, esto se pone interesante!
—¡¡Aaaaaaaaaah!!
El aplauso de Mizelda y el último grito de Subaru, antes de quedarse sin aliento, se superpusieron.
La luz del anillo que había estado esparciendo llamas se apagó; en respuesta a aquel último grito ahogado, una bola de fuego se disparó, derrumbando una parte del acantilado y obligando a la gran serpiente a retroceder para evitar los escombros que caían.
Sin embargo…
—...
La gran serpiente que retrocedía lentamente comprendió que no le quedaban rutas de escape a su alrededor.
El fuego ya se había propagado a los árboles caídos en el valle, y las llamas resplandecientes hacían innecesaria la luz de las antorchas.
Y más importante aún, un fuego esparcido de manera tan espectacular era…
—...Un método que probablemente dependía de la detección de calor. Pero eso ya no te servirá de nada.
Ocultándose bajo la capa de “Ocultación”, Abel saltó, haciendo que la gran serpiente lo perdiera de vista.
—¡¡¡...!!!
Percibiendo el peligro inminente, los ojos de la gran serpiente destellaron ferozmente. Sin embargo, por encima de ella estaba la presencia de Subaru emanando miasma; la detección de calor había quedado anulada por las llamas, y la figura de Abel se había vuelto invisible.
Lo único que la gran serpiente podía hacer era abalanzarse desde allí hacia la zona con menos fuego.
Y esa ruta de escape falsa que Subaru había creado al esparcir las llamas era…
—¡¡Haaaaaa...!!
En ese instante, arrojándose desde el acantilado hacia la cabeza de la gran serpiente que se lanzaba hacia la ruta de escape, Abel atacó.
Blandiendo la espada en un amplio arco, un destello plateado se dirigió hacia el cuerno retorcido en la cabeza de la serpiente. La hoja penetró diagonalmente en el centro del cuerno, intentando cortarlo de un solo tajo y…
—¡¡...!!
Estuvo a punto de cortarle el cuerno y hacerle perder el control, resolviendo el combate en un instante.
En un último intento desesperado, la gran serpiente giró bruscamente la cabeza para evadir el golpe de la espada. Pero los esfuerzos desesperados son solo eso. Una evasión tan desesperada no debería haber funcionado…. Si ese hubiera sido el golpe de un verdadero guerrero.
—¡Gah...!
El destello de la espada se desvió debido a la rotación de la cabeza, y el golpe de Abel se detuvo a la mitad del cuerno. Y antes de que pudiera aplicar más fuerza en su brazo para reanudar el corte, la cola de la serpiente que barría la zona lo alcanzó de lleno.
Sacudido por el impacto, el delgado cuerpo de Abel salió despedido lateralmente. Sin poder estabilizarse en el aire, su cuerpo rodó por el valle envuelto en llamas, y la sangre brotó de su garganta, tosiendo.
—Cof... Ugh, cometí un error... Parece que no me va a salir tan fácil como al necio ese...
La gran serpiente dirigió su mirada hacia un Abel que se arrastraba por el suelo tosiendo sangre.
Una oportunidad única, la oportunidad de cambiar las tornas; con sus ojos inyectados en una luz asesina, la gran serpiente se deslizó hacia Abel. Habiendo recibido un impacto tan brutal, Abel no podía levantarse y no tenía margen para envolverse en la “Ocultación”.
Abriendo de par en par sus fauces, el ataque característico de una gran serpiente para engullirlo entero, se abalanzó sobre Abel.
Al presenciarlo, ya no había tiempo para pensar.
—Yo… puedo Retornar por Mu-
Decir eso en voz alta era algo que no había hecho en muchísimo tiempo.
Sin embargo, para Subaru, que había revivido las huellas de su propio pasado en los “Libros de los Difuntos” dentro de la Atalaya Pléyades, la experiencia de intentar atraer mabestias de esta manera era tan vívida como si hubiera ocurrido hace apenas unos días.
Por eso, en un instante crítico, esta idea le vino a la mente.
—¡¡G-gah...!!
El color se drenó del mundo, los sonidos desaparecieron y, cuando incluso dejó de sentir la corriente de aire, en su lugar, lo que llegó ante Subaru fue una sombra negra que inundaba el mundo estático.
Era una presencia idéntica a esa enorme cantidad de sombras oscuras que se abalanzó sobre un Subaru devastado, tras completar los “Exámenes”, y haber perdido a Shaula...
—Te amo.
—...Sí, ya me lo has repetido hasta el cansancio.
A esa corta frase, Subaru respondió con la misma brevedad.
Inmediatamente después, una mano que se deslizó hacia su interior le estrujó el corazón, y un dolor insoportable que parecía querer destrozarle todo el cuerpo desde la punta de los dedos lo invadió; más que teñirse de rojo, fue como si el impacto de una explosión en sus ojos destrozara a Subaru.
Un dolor al que nunca se acostumbraría, una obsesión y un sentimiento de desesperación que no parecían presagiar un fin.
Sin embargo, cuando finalmente eso comenzó a disiparse...
—¡¡Mí-ra-meeeee...!!
Inmediatamente después de que los colores, sonidos, olores y sensaciones volvieran al mundo, Subaru gritó con todas sus fuerzas.
Acompañando el regreso de esa presencia, la gran serpiente percibió un aumento desmesurado de miasma y se giró. No hacia el hombre enmascarado débil que podía matar en cualquier momento frente a ella, sino hacia el enérgico y maloliente Subaru que gritaba desde arriba.
—¡Te lo encargo...!
En el instante en que sus miradas se cruzaron con la de la gran serpiente que se había volteado, Subaru besó el anillo en su mano derecha.
Entonces soltó el látigo y su cuerpo describió una trayectoria parabólica, volando hacia la gran serpiente. Para alcanzar su cabeza, necesitaba que ella se diera la vuelta.
La confesión sobre el “Retorno por Muerte” fue para lograr eso. También un poco para evitar que Abel muriera.
Y entonces…
—¡¡Aaaaaaah...!!
Apoyando los pies en el maxilar superior de la gran serpiente, se impulsó hacia adelante, tropezando de manera patética.
Ante sus ojos, el cuerno blanco estaba con la espada de Abel incrustada a la mitad, una hoja que solo necesitaba un empujón más para cortarlo por completo. Y Subaru descargó su puño derecho con todas sus fuerzas sobre el pomo de la empuñadura de esa espada.
Por supuesto, Subaru no creía que un simple puñetazo suyo pudiera partir el grueso cuerno de una mabestia.
Pero no era un simple puñetazo; era un golpe cargado de poder mágico, que incluía la mismísima piedra mágica.
La joya del anillo se resquebrajó al colisionar con el pomo, dejando escapar una luz rojiza.
En un abrir y cerrar de ojos, la luz carmesí que se filtraba se expandió, y con el brazo derecho de Subaru y el cuerno de la gran serpiente como epicentro, se produjo una explosión que borró por completo la visión y el sonido.
—...
Girando una y otra vez en el aire, Subaru cayó al suelo y rodó varias veces.
Golpeó su cuerpo violentamente, pero ni siquiera podía evaluar la magnitud de los daños. Solo sabía que sentía su mitad derecha arder como el fuego y que no podía ver en qué estado se encontraba.
Mientras yacía boca arriba, su cuerpo convulsionaba, y de las comisuras de su boca se derramaba un líquido estomacal amarillo. En ese estado crítico, Subaru sintió un temblor en la tierra. Un Subaru al borde de la muerte, sumido en una emergencia personal, no podía darse cuenta de que esa vibración era provocada por la cabeza de la gran serpiente al desplomarse justo a su lado.
Sin embargo…
—¡Natsuki Subaru! ¡Oye, Natsuki Subaru! ¡Levántate! ¡Levántate ahora mismo!
Hacia un Subaru cuyo hilo de consciencia estaba a punto de romperse, alguien se acercó bruscamente, sacudiéndolo mientras lo llamaba por su nombre.
Ya no podía pensar en nada.
Quería perder la consciencia en este mismo instante. El dolor, el calor, la sed, el sufrimiento... En fin, toda clase de palabras funestas que existen en este mundo se arremolinaban en su cabeza...
—¡Levántate, debes decir algo! ¿Qué quieres hacer con la mujer, con esa mujer llamada Rem?
—Ah...
—¡Dilo con tu propia boca! ¡Mi boca no puede hablar de tus deseos!
Una súplica fuerte y ferviente le fue forzada a los oídos, e incluso sintió cómo le levantaban el cuerpo. En un estado en el que ni siquiera sabía qué parte de él estaba arriba y cuál abajo, lo obligaron a incorporarse.
Su cuerpo no lograba sostenerse; tal vez solo la mitad superior había sido levantada a duras penas.
—¡Escuchen, Shudrak! ¡Como pueden ver, hemos cumplido el “Ritual de Sangre” y demostrado ser dignos guerreros! ¡Por tanto, como camaradas de armas, deben cumplir con su deber!
—¡Sí, Mizelda, jefa de los Shudrak, ha sido testigo! ¡Guerreros, hermanos de sangre! ¡¿Qué es lo que desean?! ¡¿Qué quieren que hagamos?!
Las voces atronaban en su cabeza, resonando de cerca y desde arriba.
Como si su cerebro hubiera perdido toda protección, las voces pasaban directamente, sin que entendiera del todo su significado. Aun así, lo zarandeaban de los hombros, sacudían su cabeza y agitaban su alma.
—Responde, Natsuki Subaru. Expresa tus deseos. Exprime todo lo que tienes dentro de ti.
—Ooh...
—Dibuja tras tus párpados cerrados lo que más deseas. A quien no puede expresar sus deseos no se le concederá nada. ¡No hay comida para cerdos perezosos!
—Dibuja lo que deseas tras tus párpados cerrados.
Podía ver a la chica del cabello plateado. A la pequeña del cabello color crema, a la chica del cabello rosa, al joven del cabello gris y al chico del cabello rubio; y los rostros de muchas otras personas aparecían en su mente.
Y se sentía feliz de ver a la chica del cabello azul entre todas esas personas.
—A… Rem...
—¡¿Qué quieres de ella?!
—Sal.… varla...
—...
Sintiendo cómo se desmoronaba en pedazos, los labios de Subaru lograron pronunciar esas palabras. En el instante en el que lo hizo, la mano que agarraba su hombro—o la parte de su cuerpo que se supone era su hombro— se apretó con fuerza.
Y, el dueño de esa voz, asintiendo suavemente con un “Sí”, dijo:
—¿Han escuchado, Shudrak? Ese es el deseo de su nuevo hermano. Es lo que ha demostrado apostando su propia vida. Ante su deseo, que han presenciado, ¡entonces...!
—No digas más. Nosotras poseemos honor y también valentía.
—...
Quedándose completamente sin fuerzas, su cuerpo se aflojó y su consciencia comenzó a desvanecerse.
La voz que antes había intentado mantenerlo despierto por la fuerza ya no lo hizo más. Lento, muy lentamente se alejaba...
—Has cumplido con tu deber. Déjame el resto a mí.
Y en el último instante, le pareció escuchar una voz cuyo significado no entendía, pero que sonaba sumamente confiable.
Sí, solo le pareció escucharla.

7
Tuvo la sensación de que algo, algo espantoso, se estaba arremolinando.
Un vórtice. Así es, un vórtice.
Girando y girando, dando vueltas con fuerza, un vórtice que lo devoraba todo se estaba arremolinando.
Ya fuera en alguna parte, o, mejor dicho, en su propio centro, el vórtice giraba y giraba, arremolinándose.
Un vórtice negro y atroz que terminaría devorándolo todo, tan intenso como una tormenta, tan vívido como un relámpago, tan ardiente como el magma, se estaba arremolinando.
Eso era, tal vez, la espantosa maldición que había permanecido dormida en lo más profundo de este cuerpo durante tanto tiempo.
Una maldición de la “Muerte” que jamás se desharía, entrelazándose, uniéndose y conectándose interminablemente.
Un sello maldito rebosante de codicia, que se negaba a vender esta vida a nadie alegando que ya estaba reservada.
Unas maldiciones que en un principio debían haber corroído su vida; sin embargo, interfirieron entre sí, se odiaron, se negaron a cederlo a la otra, se resistieron y compitieron por él… Como resultado, llegaron a una conclusión contradictoria.
Las maldiciones intentarían no dejar morir a este recipiente.
Girando y girando, dando vueltas con fuerza, un vórtice que lo devoraba todo se estaba arremolinando.
Teniendo como centro este recipiente maldecido por la bestia, por el dragón, girando y girando, arremolinándose…
8
Las tiendas de campaña con bandera roja eran para tratamiento médico. Había un total de cinco en el campamento.
Las tiendas de campaña con bandera negra eran para almacenamiento. Había un total de veinticinco en el campamento.
Las tiendas de campaña con bandera blanca eran para los oficiales. Había un total de tres en el campamento.
La tienda de campaña con bandera dorada era para el comandante. Había solo una en el campamento.
Bajo el pretexto de ser el encargado de los quehaceres, a Subaru se le había dado la libertad de correr de un lado a otro, por lo que, aunque por poco tiempo, pudo echar un buen vistazo a varios lugares de forma inesperada.
Era la segunda vez que Subaru veía un campamento militar en forma.
La primera fue en el Reino de Lugunica, antes y después de la batalla contra la Ballena Blanca.
Cuando acamparon alrededor del Gran Árbol de Flugel para prepararse para la aparición de la Ballena Blanca, aunque no fue tan sofisticado como este, montaron un campamento.
Después de eso, tuvo la oportunidad de acampar al aire libre a pequeña escala un par de veces. Aun así, siempre fueron campamentos improvisados, y muy rara vez hubo algo tan formal como lo del Imperio.
Por eso, sumado a la curiosidad, creía haber observado varios lugares con mucha atención.
Por supuesto, dado que parecía no haber causado una buena impresión en los soldados del Imperio salvo una excepción, si intentaba entrar a un lugar con algo importante, lo más seguro es que la cabeza y el tronco de Subaru hubieran terminado separados, así que solo pudo ver la parte superficial.
Sin embargo, incluso con ese poco conocimiento…
—...Es lo suficientemente útil. Hay una enorme diferencia entre tener información y no tenerla... y, sobre todo, conocer la formación del campamento nos permite deducir aproximadamente la fuerza del enemigo. Y después...
—Solo queda demostrar nuestro valor y nuestra fuerza. Lo entiendes bien, camarada.
—Sí, déjenme verlo. El orgullo y el arte de la guerra de las Shudrak, las valientes guerreras que en el pasado lucharon hombro a hombro junto al Emperador aclamado como el Emperador Marcial, barriendo con todos sus enemigos.
Sentía un sopor, como si estuviera flotando en agua tibia.
En medio de ese letargo, lo que se escuchaba eran las voces de un hombre y una mujer, rebosantes de un espíritu enérgico.
—...
Además de las voces de ese hombre y esa mujer, se escuchaban muchas respiraciones.
Sentía la presencia de un gran, un enorme número de personas.
Sentía el ardiente y abrasador entusiasmo de un gran, un enorme número de personas.
Sintiendo que aquello aumentaba misteriosa y singularmente a su alrededor…
—¡Entonces, comencemos, Shudrak! ¡A partir de aquí, elevaremos la señal de nuestro contraataque!
—¡¡Ooooooh!!
Un tremendo grito de guerra resonó como si quisiera devorar el mundo entero.
—¡¿Oa?!
Con un “¡Plaf!”, sintió una sensación fría y húmeda cubriéndole la cara, y todo el cuerpo de Subaru dio un respingo de la sorpresa.
De repente su consciencia fue arrastrada, y al abrir y cerrar los ojos, su campo de visión estaba cubierto de blanco… En realidad, esta era la causa de la sensación húmeda.
Lo que le habían puesto en la cara a Subaru era un trozo de tela húmedo que apenas había sido exprimido.
Había leído en algún libro antes sobre un tipo de tortura en la que te cubrían la cara con una toalla y dejaban caer agua sobre ella. Una técnica de tortura por ahogamiento infernal que requería solo una toalla y agua para hacerte sentir que te estabas ahogando fácilmente…
—¡N-no tengo nada de qué hablar...!
—Ooh, Suu, despertaste. Uu también se alegra de que estés bien.
—A, ah...
Al escuchar una voz demasiado infantil para ser un torturador, Subaru sacudió, la cabeza, sorprendido. Al hacerlo, la tela que lo cubría se deslizó y pudo recuperar su visión con normalidad.
Al parecer no era ninguna tortura; en el campo de visión despejado se asomaba el cielo ligeramente oculto por las hojas de grandes árboles. Y la persona que se asomaba ágilmente ocultando ese cielo era…
—Tú... eres...
—¡Utakata! ¡Uu es la guardia de Suu! ¡Enfermera! ¡Niñera! ¡Qué bueno que despertaaaastee!
—...Aunque no me queda del todo claro.
Riendo a carcajadas y exclamando aquello con una voz aguda, era la chica con las puntas del cabello negro teñidas de rosa; sí, era Utakata.
—¡Suu, completaste el Ritual de Sangre! Uu, Mii, Hoo, todas, ¡todas se sorprendieron!
—...Ya voy recordando. Es verdad, me obligaron a hacer el “Ritual de Sangre”.
Para hacer que las Shudrak los reconocieran, se habían enfrentado al “Ritual de Sangre”.
Era un rito para pasar a la mayoría de edad transmitido en Shudrak, un acto para ser reconocido como un individuo hecho y derecho. Subaru y Abel, quien también había sido capturado, se enfrentaron juntos a ello y…
—...No puede ser. Tal vez porque estaba desesperado, no recuerdo nada de la segunda mitad. Si he sobrevivido, ¿significa que Abel se las arregló de algún modo...?
—¿...? Suu, ¿no te acuerdas? Mii se reía a carcajadas.
—¿A carcajadas por lo patético que me veía? Dame un respiro... Ouch.
Frunciendo el ceño ante Utakata, que ladeaba la cabeza, Subaru intentó incorporarse con fuerza. Sin embargo, cuando apoyó su mano derecha en el suelo, Subaru experimentó una sensación extraña.
El tacto de su mano derecha era extraño. Y no parecía ser culpa del suelo, sino de algo en el brazo de Subaru.
—Oye... este, ¿Utakata? Mi, eh, mano derecha, ¿le pasó algo?
—¿La mano derecha de Suu? ¡Ah, fue increíble! ¡Hizo gushu gushu y luego bwaah!
—¡¿Gushu gushu y luego bwaaah?!
Ante las onomatopeyas que no presagiaban nada bueno, Subaru abrió mucho los ojos.
Luego respiró hondo varias veces, se preparó mentalmente y tomó una decisión. Primero giró el cuello hacia la mano izquierda. Tres dedos rotos. Le dolía, pero se sintió aliviado.
Y así, lentamente, dirigió su mirada hacia la mano derecha…
—¿...Qué diablos es esto?
Por un instante, creyó que lo que veía era un error de sus propios ojos, tan anómalo era su estado.
Para empezar, el brazo derecho de Subaru ya estaba recorrido por un horripilante patrón de manchas negras, secuela de su enfrentamiento con la Arzobispo del Pecado de la Lujuria en la Ciudad Pristella.
Capella, la Lujuria, afirmaba que su propia sangre era sangre de dragón, y se la arrojó a Subaru y a Crusch. Como resultado, Crusch sufrió heridas incurables, y Subaru, como si absorbiera la sangre horripilante que corría por el cuerpo de ella, adquirió un patrón negro oscuro en su pierna y brazo derechos.
Aun así, dado que no había ningún otro efecto negativo además de su aspecto, Subaru solía ocultarlo con ropa de manga larga e intentaba pensar en ello lo menos posible, pero…
—...
El patrón negro no terminaba ahí.
El brazo derecho de Subaru, desde la punta de los dedos hasta la muñeca, y desde la muñeca hasta casi la mitad del antebrazo hasta el codo, estaba teñido completamente de negro, como si llevara puesto un guante negro.
Tragando saliva, Subaru tocó temerosa y cuidadosamente su mano derecha negra con la izquierda.
La mano izquierda sintió una textura esponjosa y elástica, mientras que la sensación de la mano derecha al ser tocada era muy débil. Era como si llevara puesto un guante de goma; sus movimientos también eran torpes y...
—...No, tal vez esto...
Para dar forma a esa extraña sensación que sentía, Subaru clavó con fuerza las uñas de su mano izquierda en la mano derecha negra. Hundió los dedos y tiró como si quisiera rasgar algo.
Entonces, la parte negra de la mano derecha comenzó a caer a pedazos, como si se desprendiera una pared de tierra.
Con un “¡¿Ueh?!” de sorpresa, Subaru metió el dedo en la parte desprendida y se concentró en pelarla como si estuviera poseído, hasta que finalmente toda la parte negra desde la punta de los dedos hasta el antebrazo se desprendió por completo, y debajo apareció una mano derecha de Natsuki Subaru limpia y como nueva.
—¡¡Q-qué diablos es estooooooooo...!!
—¡¿Ukyán?!
Al presenciar la impactante situación que le había ocurrido a su propio cuerpo, Subaru soltó un grito. Al oírlo, Utakata se asustó y cayó sentada al suelo.
Pero Subaru no tenía el margen de maniobra para ofrecerle una mano a la niña caída.
—¡¿Q-q-q... qué le pasó a mi mano?! Esta, mano... es mía... ¿verdad?
La comprobó con temor, pero la mano derecha se movía sin ninguna incomodidad.
El patrón negro que solía tener en el brazo derecho había desaparecido, y su mano derecha era una extremidad limpia, la misma de aquel Lolimancer que había sido curtida durante un año en este otro mundo.
—¡Espera, ¿quién me llama Lolimancer?!
—...Te escuché gritar, ¿y ahora qué tonterías estás diciendo?
Alguien se acercó a Subaru, quien estaba en pánico al comprobar que su mano derecha estaba ilesa; no, no era cualquier “alguien”. Solo había dos personas que él conociera con una forma tan altanera e insolente de hablar, y al ser un hombre y una mujer, era fácil distinguirlos. Esta era la voz de un hombre, es decir…
—Abel, eh. Veo que sigues vivo.
—Evidentemente. A diferencia de ti, he mantenido mucho más la compostura.
Quien resopló y respondió así fue Abel, a cuya habitual máscara ya se había acostumbrado a ver.
Él había desafiado el Ritual de Sangre junto a Subaru, y al parecer también había logrado sobrevivir a la batalla contra Elgina. De hecho, probablemente Subaru había sobrevivido gracias a él.
Seguramente fue él quien derrotó a Elgina, después de todo.
—...Mmm. Tú, ¿qué le pasó a tu brazo derecho? ¿Decidiste quitarte ese aspecto tan horripilante?
—No es como si estuviera en la pantalla de creación de personaje de un juego occidental como para poder cambiar el color a mi antojo… Cuando lo rasqué, toda la parte negra se desprendió. ¿Verdad, Utakata?
—¡Sí! ¡La mano derecha de Suu se desprendió a pedazos! ¡Qué asco!
—¡Te entiendo, pero aun así!
Ante el sincero comentario de Utakata, Subaru hizo una mueca y extendió su mano derecha hacia Abel. Mirando de un lado a otro esa mano derecha ilesa, Abel murmuró: “Ya veo”.
—De todos modos, si ha vuelto a la normalidad no me importa. Nunca imaginé que golpearías con todo y el anillo de piedra de sello mágico. Cuando te quedaste sin nada de la muñeca para abajo, creí que no sobrevivirías.
—Espera, espera, espera. Me estás contando algo muy aterrador. ¿Quién dices que se quedó sin nada de la muñeca para abajo?
—Tú.
—¡Suu!
Ante la respuesta de Abel con los brazos cruzados y Utakata levantando la mano derecha, Subaru sintió un escalofrío.
—O-oye, deja de decir esas cosas. Si dices que ya no estaba, entonces ¿qué es esta mano derecha?
—Eso fue un suceso muy espeluznante y extraño. Perdiste el brazo y, al borde de la muerte, te hice escupir esas palabras. Pensé que morirías después de eso, pero... de tu mano comenzó a brotar una turbiedad negra.
—¿T-turbiedad...?
—Esa turbiedad tomó forma en un santiamén, y se convirtió en un brazo negro. Si vas a preguntar qué pasó, tendré que ser yo quien te pregunte a ti qué diablos intentabas hacer.
Atravesado por esa mirada afilada, Subaru se atragantó con un gemido.
Sin importar lo que Abel dijera, el propio Subaru tampoco sabía qué había ocurrido. Probablemente, el patrón negro que solía estar grabado en su brazo derecho—aquel que ahora no podía ver— tenía algo que ver.
O tal vez, tal como decía Capella, fue realmente el resultado de la sangre de dragón actuando.
—Priscilla y yo examinamos el tumor de mi pierna derecha, ¿pero resulta que mi brazo derecho estaba en el mismo estado...?
Subaru fue bañado en la Sangre de Dragón hace casi tres meses, durante los sucesos en la Ciudad de las Compuertas.
Desde entonces, durante su viaje a través de las Dunas de Arena de Augria, la batalla a muerte en la Atalaya Pléyades, y finalmente su llegada al Imperio... en ese tiempo se encontró literalmente con situaciones donde casi muere en repetidas ocasiones, pero en ninguna de ellas una capacidad de curación ligeramente anómala hubiera marcado la diferencia entre vivir o morir.
Por eso se podría decir que no notó la anomalía en su brazo derecho hasta ahora, pero…
—Un servicio poco flexible que deja todo igual excepto la mano y la pierna derechas... ¿Cuántas bombas de relojería llevo encima?
—Al final, resulta que es un asunto del que no puedes hablar. Parece que escondes bastantes secretos.
—No quiero escuchar eso de alguien que esconde su cara...
Apenas respondió con una mueca de fastidio, Subaru dejó escapar un suspiro con un “Ah”.
Relajado, había estado reflexionando sobre la anomalía de su mano derecha y comprobando que Abel estuviera a salvo, pero de pronto recordó que había algo mucho más urgente que debía priorizar.
Si había participado en el «Ritual de Sangre» y este había concluido sin que muriera, eso significaba que el tiempo había seguido corriendo mientras él estaba inconsciente.
Es decir, que habían pasado varias horas desde entonces, lo que significaba…
—Rem. Es cierto, ¡Rem! No puedo perder el tiempo aquí, a Rem...
Su objetivo original era traer de vuelta a Rem, a quien había dejado atrás.
Precisamente por eso había desafiado el “Ritual de Sangre”; si con el paso del tiempo se volvía imposible salvarla, el haber arriesgado su vida en esa batalla habría perdido todo sentido.
—¡Ah! ¡Suu, si haces tonterías, vas a morir!
—¡No digas tonterías! Si no muero pero Rem sí, entonces no tiene ningún… ¡Ghh!
Empujado por la ansiedad, Subaru intentó cambiar de postura para bajar de donde estaba recostado.
Ahora se daba cuenta, pero al parecer Subaru había sido puesto en una extraña cama——una especie de palanquín hecho de troncos entrelazados—— y lo habían llevado a algún lugar.
Al bajar impulsivamente de ahí, un dolor desgarrador que le atravesó todo el cuerpo hizo gemir a Subaru.
—Ga, ha...
—Imbécil. ¿Pensaste que por haberte vuelto a crecer el brazo derecho, tu cuerpo al borde de la muerte se había recuperado? Te lo dije, ¿no? A mis ojos, ya eras hombre muerto. ¿Acaso crees que mi diagnóstico fue erróneo?
—Eso... es...
La voz fría de Abel cayó sobre un Subaru que se acurrucaba por el dolor.
Como para confirmar las palabras de Abel, Subaru notó una sensación en lo profundo de su cuerpo, como si algo estuviera filtrándose lentamente.
Para Subaru, que conocía varios tipos de dolor letal, esto era una clara señal de advertencia.
Era como si un globo o un balde con un agujero en un lugar donde no debería estar, estuviera dejando escapar el agua, el aire o lo que fuera que lo mantenía inflado…
—Pero, Rem...
—...Incluso en este estado, ¿aún te preocupas por esa mujer en lugar de por ti mismo? Bueno. Ya lo sabía. Fue lo que pediste aun sabiendo que te faltaba la mano derecha.
—...¿Ah?
—Por aquí.
A Subaru le importaba más la seguridad de Rem, quien no estaba allí, que su propia vida.
Soltando un suspiro de asombro ante las palabras de Subaru, Abel le hizo una seña con la barbilla. Y así, sin siquiera mirarlo, comenzó a caminar. Como si le dijera que lo siguiera.
—Suu, ¿puedes caminar? ¿Quieres que te preste mi hombro?
—No, puedo... Si me apoyo en ti, con la diferencia de altura será peor.
Le sonrió torpemente a Utakata, quien se asomó a su rostro preocupada.
Luego, Subaru respiró hondo y, de un modo u otro, se puso de pie. Arrastrando los pies, alcanzó a Abel, que caminaba adelante.
—...
Abel lo estaba esperando un poco más adelante a que lo alcanzara.
Parado sobre una roca cubierta de hierba verde, contemplaba la vista desde el borde de un acantilado. Con gran esfuerzo, Subaru también trepó la gran roca y se colocó a su lado.
Y entonces…
—...Mira.
Siguiendo su indicación con la barbilla una vez más, Subaru levantó la vista.
Al ver la vista panorámica que se extendía desde la colina, Subaru se quedó boquiabierto.
Totalmente estupefacto y con la mente en blanco. Porque allí…
—...¿Eh?
Una columna de humo negro se alzaba, y el campamento envuelto en llamas—el campamento de los soldados del Imperio, estaba siendo devorado por el fuego.
9
Lo que se escuchaba eran gritos de guerra, un cántico de victoria que hacía vibrar el aire.
—¡¡...!
Quienes soltaban gritos de batalla, o bien entonaban en voz alta un cántico nunca antes escuchado, eran guerreras de piel oscura que llevaban arcos a la espalda y corrían libremente por todo el campo de batalla.
Debido al ataque sorpresa de las Shudrak, el campamento del ejército del Imperio había colapsado, y los soldados imperiales, habiendo perdido cualquier medio para resistir, no tenían más remedio que huir despavoridos, siendo abatidos uno tras otro.
—Esto… es...
—Han pasado a la ofensiva, roban las armas, queman las medicinas y atraviesan al comandante. Una vez que pierden manos, pies y cabeza, lo único que les queda es dar la espalda y huir sin importar las apariencias. Qué patéticos son esos autoproclamados Lobos Espada.
A sus pies, empujados por el humo negro y los potentes arcos, se veían a los soldados imperiales huyendo a duras penas.
Sin embargo, no podían escapar de las Shudrak, cuya profesión era cazar bestias en el bosque. Las flechas de aquellas mujeres, capaces de ver a grandes distancias, perforaban con precisión el corazón de los soldados que huían dándoles la espalda.
¿Cuántos habrían logrado huir? ¿Cuántos habrían logrado sobrevivir?
¿Cuántos, exactamente, habrían muerto?
—Esto es...
—¿Por qué te quedas pasmado, Natsuki Subaru? Con la información que tú trajiste, esta es la victoria que tus camaradas han logrado, tal como deseabas. Si no te ríes de esto, ¿de qué te vas a reír?
Mirando hacia el campamento que se había convertido literalmente en un campo de batalla, la consciencia de Subaru se desvanecía. Por si fuera poco, Abel lo forzaba a mirar la realidad, afirmando que este acto era exactamente lo que Subaru había deseado.
Incapaz de soportarlo, Subaru, usando el brazo derecho que acababa de curarse, agarró a Abel por el cuello de la ropa.
—¿Que yo lo deseé? ¡¿Este... este tipo de escena?! No digas tonterí...
—...Entonces, ¿acaso creíste que tus deseos se cumplirían sin derramar sangre?
—¡...!
Cortado en pedazos por esa mirada serena y esa lengua afilada, Subaru se quedó sin palabras.
Al decirle que si creía que su deseo se cumpliría sin derramar sangre, no pudo responder.
Creía que se podía cumplir sin derramar sangre. Pensaba que se podía hacer.
Porque…
—Te lo diré de otra forma, Natsuki Subaru. ¿Acaso pensaste que tus deseos se cumplirían sin derramar más sangre que la tuya?
—Ah...
—Qué idea tan ridícula. Una convicción absurda e incorregible. ¿De verdad creíste en serio que con solo derramar tu propia sangre podrías detener a terceros que están en conflicto? Eso es una fantasía de héroe de la peor clase, incluso peor que el patético complejo de héroe que intentas sostener.
—...
—Tú eres humano, Natsuki Subaru. No eres ni un héroe ni un sabio. Por lo tanto, aunque estés presente, las personas seguirán derramando sangre, perdiendo la vida, robando y siendo robadas una y otra vez.
Siendo agarrado por el cuello de la ropa, Abel destrozó a un Subaru que perdía fuerzas.
Golpeado por sus palabras, los dientes de Subaru castañetearon y negó con la cabeza una y otra vez con disgusto.
Seguro, así era. Era un hecho innegable. Lo entendía. Pero Subaru no podía asimilarlo. No había vivido en un mundo donde pudiera asimilar eso como algo natural.
Incluso después de llegar a un mundo diferente, la moral de Natsuki Subaru seguía siendo la de un estudiante de preparatoria japonés.
—Yo no aspiro a ser un héroe. No me aferro a ellos, no dependo de ellos ni les confío nada. Cargar con todo tipo de cosas y avanzar hacia la abundancia… Eso es algo que un héroe no puede hacer.
—¿Qué? ¿Qué pasa...? Tú, ¿qué es lo que quieres hacer...?
Perdiendo las fuerzas, Subaru cayó de rodillas, incapaz de comprender a Abel.
Era el compañero con el que había desafiado el “Ritual de Sangre” y había logrado la victoria. El ritmo de la conversación era sorprendentemente bueno, y no creía que tuvieran una mala compatibilidad. Pero no lograba entender lo que estaba pensando.
Era natural. ¿Cómo podría entenderse de esa forma con alguien que ni siquiera mostraba su rostro?
—¿Qué puedes hablar con alguien que ni siquiera muestra su cara...?
—¿Mi cara? Entonces, te la mostraré.
Ni siquiera le dio tiempo a Subaru de lanzar un “¿Eh?” de duda.
Al escuchar la súplica desesperada y apenas audible de Subaru, Abel se llevó la mano al rostro. Y, al desatar con los dedos el nudo de los harapos que envolvían su cara, sopló el viento.
Ondeando por el fuerte viento, la máscara se desprendió con fuerza y salió volando.
Voló, voló, y sobrepasando el campamento convertido en campo de batalla, montada en el viento que se dirigía muy, muy lejos, voló hacia el infinito…
—Tal vez incluso llegue a la Capital Imperial; a la ciudad donde se encuentra el trono en el que debo sentarme.
Mirando los harapos que eran arrastrados por el viento, Abel soltó esas palabras grandilocuentes.
Al ver el rostro descubierto de aquel hombre, Subaru contuvo el aliento en silencio, incapaz de apartar la mirada.
Era un joven hermoso de cabello negro, con unos ojos rasgados muy llamativos.
La edad de aquel hombre era varios años mayor que la de Subaru, quizás entre los veintipocos y mediados de los veinte. Tenía unos rasgos tan perfectos que cautivaban la mirada y, aunque llevaba un tiempo viviendo en el bosque y en el asentamiento, lo que hacía que el desorden en su cabello y la suciedad en sus mejillas fueran evidentes, incluso eso parecía cumplir el papel de resaltar su belleza innata.
Con extremidades largas y esbeltas, y un torso delgado sobre el que descansaba ese rostro, se podía decir que era una presencia acabada que encarnaba la perfección de un hombre apuesto.
Sin embargo, como era de esperar, lo más característico de esa persona eran sus ojos negros.
Una mirada acompañada de un aura intimidante y un espíritu tan tremendo, capaz de hacer postrar a cualquiera que lo viera.
Al recibir esa mirada directamente, Subaru, que ya estaba de rodillas, sintió que ya no podía moverse de esa posición por razones distintas a sus heridas o su agotamiento.
Lo comprendió: su alma se estaba rindiendo ante la persona que tenía frente a él.
La razón de esa presencia abrumadora era…
—Vincent Abellux.
—...¿Qué?
—Es mi nombre. Al menos, es el nombre que usaré hasta que vuelva a sentarme en el trono. Aunque creo que lo más sensato es que de ahora en adelante sigas llamándome Abel.
Diciendo eso, ante un estupefacto Subaru, Abel torció las comisuras de los labios.
Subaru se dio cuenta tarde de que era una sonrisa sumamente feroz, que incluso desprendía un aura salvaje.
Sin comprender aún el significado que encerraba ese nombre…
—¡Abel! ¡Subaru!
Lo que rompió la parálisis de Subaru fue una voz aguda que le lanzaron.
Al girar el rostro instintivamente en esa dirección, vio la silueta de alguien acercándose hacia ellos mientras agitaba la mano. Era la mujer de cabello teñido de rojo, la líder de las Shudrak, Mizelda.
—La supresión del campamento se ha completado. Nuestras bajas han sido mínimas y... ¿Oh? Abel, es la primera vez que veo tu rostro, pero resultaste ser un hombre bastante apuesto...
—Señorita Mizelda...
—Ejem... Subaru, qué bueno que has despertado también. Si hubieras muerto de esa forma, no habrías podido descansar en paz como un camarada.
Por un instante fascinada por el verdadero rostro de Abel, Mizelda se aclaró la garganta y le dirigió una mirada amable a Subaru.
Era una sonrisa gentil, como la que se le ofrece a un ser vivo a las puertas de la muerte, lo que hizo que el cuerpo y el corazón de Subaru se estremecieran. Al igual que Abel, ella también había juzgado que a Subaru no le quedaba mucho tiempo.
—Holly, tráelas aquí.
—¡Sí, sí, enseguida~!
Al volverse y llamar a alguien, Mizelda recibió una respuesta enérgica y despreocupada.
Avanzando pesadamente hacia ellos, venía la mujer de cabello teñido de amarillo que había movido rocas enormes como si nada—la chica a la que llamaron Holly.
Y lo que esa Holly de sonrisa radiante llevaba en brazos era…
—No debes hacer pataletas~. La pobre Kuna salió volando y aún no se despierta~.
—¡Qué insolencia...! ¡Por favor, suéltame! ¿¡Qué me piensas hacer!?
—Cielos, eres una niña que no escucha razones, qué problema~.
Con cara de preocupación, Holly sostenía en brazos a una chica que se retorcía y forcejeaba.
Con el cabello azul, y un rostro adorable teñido de ira, era la chica a la que Subaru más deseaba ver en este momento, cuya voz más deseaba escuchar, a la que más quería encontrar…
—¡Rem!
En ese instante, Subaru olvidó el mal estado de su cuerpo, el temor que sintió hacia Abel y el rechazo hacia el campo de batalla envuelto en llamas bajo ellos; lo olvidó todo y echó a correr.
Y, dirigiéndose hacia Rem, que estaba en brazos de Holly…
—Tú eres...
—¡Rem! Qué alivio, estás a salvo...
—¡¿Tú fuiste el que hizo que hicieran esto?! ¡Eres lo peor!
En el momento en que Subaru extendió los brazos hacia ella, la mano de Rem golpeó la mejilla de Subaru.
Resonó un sonido fuerte y seco, e incluso Holly, Mizelda y Utakata abrieron los ojos por la sorpresa. Fue un golpe con tanta fuerza que Subaru estuvo a punto de salir volando.
Pero no salió volando. Ni siquiera se quejó o preguntó por qué le había pegado.
No tenía de qué quejarse.
Porque Rem estaba viva de este modo, le estaba hablando, y con eso le bastaba.
—Rem...
—¡...! Nunca tiene límites.
Aunque había sido abofeteado con bastante fuerza, Subaru la abrazó sin importarle. Arrancándola de los brazos de Holly y recibiéndola en su pecho, Rem se sorprendió al principio y luego enrojeció de ira.
Apretó el puño para propinarle un golpe contundente y…
—...Tú estás...
Antes de darle el golpe de gracia al cuerpo de Subaru, pareció darse cuenta de su estado destrozado.
Aliviado, Subaru perdió las fuerzas y se desplomó en ese mismo lugar. Mientras seguía abrazada por esos brazos, Rem se quedó sin palabras al ver las heridas en el cuerpo de Subaru: los hombros, el torso, las piernas, la mano izquierda y tantas otras.
—...Bueno, aunque fue Rem quien me rompió la mano izquierda, ¿sabes?
—¡Eso ya lo sé! Pero, aparte de eso, estas heridas... ¡Con estas heridas te vas a morir! Si no te tratan de inmediato...
—Es inútil.
Viendo a Subaru esbozar una sonrisa débil, Rem suplicó con desesperación. Sin embargo, su petición fue denegada por la respuesta corta y clara de Mizelda.
Ante lo afilado de esas palabras, Rem levantó el rostro, sorprendida, soltando un «¿Eh?».
Bajo la mirada de Rem, Mizelda negó lentamente con la cabeza.
—Las heridas de Subaru son profundas; no sanarán, aunque lo tratemos. Hasta ahora se mantenía gracias a su fuerza de voluntad, pero seguro eso también se agotará pronto.
—¡Que se agotará, dice! ¿Por qué? ¡¿Por qué tan de repente...?!
—¿...? Porque ya recuperó a su mujer, no puede ser otra cosa.
Ladeando la cabeza, Mizelda dijo eso como si fuera lo más natural del mundo.
Al escucharla, a Rem se le cortó el aliento y Subaru, incapaz de levantar la cara, rió con amargura.
—Señorita Mizelda, esa forma de decirlo...
—¿Acaso dije algo equivocado? Siendo el último deseo de un camarada, nosotras también pusimos toda nuestra alma en ello. Tú sí que vales la pena, hombre.
—Jaja, me siento inmensamente honrado...
Aunque le alegraban las palabras de sincera confianza de Mizelda, al mismo tiempo eran crueles.
Porque el propio Subaru sabía que sus diagnósticos y sus palabras no estaban equivocados. Por eso, estaban haciendo que Rem, presente en ese lugar, cargara con algo innecesario, haciendo sus pasos más pesados.
Haciendo más pesadas unas piernas de por sí difíciles de mover…
—¿Por qué, por qué haces esto...?
La voz de Rem llegó a los oídos de un Subaru que ya no tenía fuerzas ni para levantar la cabeza.
La voz de Rem estaba temblando y, sin darse cuenta, el Subaru que debería haberla estado abrazando, ahora estaba siendo sostenido por los brazos de ella.
Rem lo miraba con los ojos azul claro-temblorosos, llenos de duda, desconfianza y tristeza.
—¿Por qué llegas a esos extremos? ¿A mí, por qué...?
—...
—¿Por qué?
Le preguntó, por qué hacía todo eso.
Recordaba haber recibido una pregunta así antes.
Una niña muy importante también le había hecho la misma pregunta, ¿y qué fue lo que Subaru le respondió entonces?
Su memoria comenzaba a volverse borrosa, y al estar a punto de perder la consciencia, no podía recordarlo.
Por eso, le dio a la chica a punto de llorar frente a él la respuesta que su corazón dictaba.
—“¿Por qué?”, preguntas…
—Quiero que... seas feliz.
—...
—Quiero que... sonrías. ...Solo con eso, me basta.
—Rodeada de mucho amor, en el mismo lugar que las personas a las que quieres, quiero que sonrías.
—Como si floreciera una flor, como un cielo azul sin una sola nube, como las estrellas brillando intensamente a lo lejos en el cielo nocturno; quiero que sonrías.
—Solo quiero que sonrías. Tú…
—¿Eh? Espera, espera, por favor...
El cuerpo de Subaru fue perdiendo fuerza lentamente.
Su cabeza cayó, su cuello ya no podía sostenerla y la parte superior de su cuerpo se desplomó hacia un lado. Rem lo atrajo fuertemente por acto reflejo y llamó a Subaru, cuya cabeza había quedado justo a su lado.
No hubo respuesta.
—Para nuestro camarada, la paz para el alma del guerrero…
Mizelda enderezó la espalda, y de sus labios brotaron palabras de respeto acompañadas de un cántico.
Siguiendo el canto de Mizelda, Holly, Utakata y el resto de las Shudrak, quienes habían estado entonando el cántico de victoria en el campo de batalla, comenzaron a cantar al unísono.
Era un réquiem para despedir al guerrero que luchó hasta el final y cumplió con su orgullo...
—Esperen, por favor. Ese tipo de cosas... pero si él, es...
Enviado por el réquiem, Subaru estaba soltando lentamente su vida. Mientras miraba el rostro apacible de Subaru, Rem negó con la cabeza, rotundamente en contra de la situación.
No entendía por qué. No tenía sentido.
Las palabras que le había dicho no eran, al final, una respuesta a las preguntas de Rem.
Sin embargo, sabía que de seguir así, esa respuesta se perdería para siempre.
—Por favor, no te mueras, no te mueras, no te mueras en un lugar como este...
Su alma le rogaba que no perdiera aquí a ese hombre, a pesar de que estaba envuelto en un olor insoportable, espantoso, y que generaba un rechazo instintivo; un hombre que la había mirado con ojos llenos de un afecto infinito.
Actuando como se lo pedía su alma, Rem se mordió los labios, deseando ser salvada y…
—¿Aa uuu?
De pronto, sintió cómo una mano se posaba en su hombro junto con el gemido de una niña.
—Ah...
Al girarse con los ojos llenos de lágrimas, vio a una chica rubia que le había puesto la mano en el hombro. La chica, con una expresión ausente, observaba a un Subaru inconsciente.
Así tal cual, la chica soltó un gruñido: “Uauuu”, y...
—...¿Qué es esto?
Una sensación cálida y suave fluyó desde el hombro donde la chica la había tocado hacia Rem.
Era una sensación suave que hacía cosquillas en el fondo de su pecho; a Rem le costó respirar y, sin darse cuenta, no pudo contener las lágrimas que corrían por sus mejillas.
Entonces el calor fluyó a través de la palma de la chica, desbordó a Rem y así…
—...
Fluyó hacia el cuerpo del Subaru que ella abrazaba, quien estaba a punto de perder la vida.
—Ya veo, magia de curación, eh. Esto es algo que ni yo pude prever.
—¿Eh...?
Sin entender ella misma qué estaba pasando, la voz de un hombre golpeó los oídos de Rem. Al levantar el rostro, el hombre de cabello negro de brazos cruzados la miraba con los ojos entrecerrados.
Rem iba a abrir los labios para hacerle una pregunta y...
—Cierra la boca, mujer. Eso que haces de forma inconsciente es un tipo de milagro que se ha activado porque se cumplieron las condiciones. Si te descuidas, la activación se interrumpirá y perderá su efecto.
—...
—Las dudas y el enfado pueden esperar hasta que hayas solucionado lo que tienes enfrente. No desperdicies esta oportunidad.
Las palabras del hombre tenían un peso que las hacía difíciles de ignorar, y Rem cerró la boca con la que iba a replicar.
Luego, tal como dijo el hombre, se concentró en enviar calor al cuerpo de Subaru, al que tenía en sus brazos.
Ni siquiera Rem sabía qué clase de efectos curativos tendría aquel calor. Pero la respiración, que parecía a punto de desaparecer de entre sus brazos, recuperaba poco a poco su fuerza.
Con eso, le bastaba a la Rem de ahora.
—...En este momento, todavía no sé quién eres. Pero...
Deteniéndose tras ese “pero”, Rem vaciló en decir lo siguiente y cerró los ojos.
Porque aquellas palabras en las que le dijo que quería que fuera feliz, no le parecieron una mentira.
—Si no sigues vivo, tampoco podrás verme sonreír.
Susurró Rem, a modo de invocación.

10
La luz curativa se activó, y las heridas mortales de Natsuki Subaru comenzaron a sanar.
—...
Con los brazos cruzados y mirando la escena desde arriba, el hombre—el individuo que se hizo llamar Vincent Abellux— dejó escapar un suspiro ante un Subaru que había logrado aferrarse a una vida que estaba a punto de extinguirse.
Pensó que era, en todos los sentidos, un hombre con una suerte inusualmente fuerte. Estando al borde de la muerte, se ganó el corazón de las Shudrak, y encima de recuperar lo que deseaba recuperar, terminó salvando su propia vida.
Se podría especular que tal vez actuó calculadoramente, pensando que si recuperaba a esa chica de cabello azul—a Rem— salvaría su propia vida, pero...
—Si fuera alguien tan astuto, en primer lugar, se habría curado los dedos rotos de su mano izquierda.
Es el hombre que, dejando intactos los dedos que la misma Rem le rompió, y cubierto de sangre y barro, deseó recuperarla.
Era un hombre que no poseía ni una pizca, ni el más mínimo rastro de la faceta de ese «héroe» del que hablan los rumores.
—Tenía la intención de que fuera una ofrenda de despedida para un hombre a punto de morir... pero si va a sobrevivir, entonces así está bien.
Habiendo perdido la sensación de tener el rostro cubierto, el hombre entornó los ojos mientras tocaba su rostro desnudo, expuesto al viento después de mucho tiempo.
Natsuki Subaru salvó su vida y el pacto de sangre con las Shudrak fue sellado. Al parecer, los soldados imperiales del campamento no habían sido informados de nada, pero eso también entraba dentro de lo previsto.
Aún, la gente de estas tierras… no, la inmensa mayoría de las personas de este Imperio, no se han dado cuenta.
De este acontecimiento sin precedentes: el golpe de Estado que ha azotado a la gran potencia que es el Sacro Imperio de Vollachia.
Sin embargo…
—Primer ministro Berstetz, ustedes, los Nueve Generales Divinos que han traicionado, y ustedes, estúpidos soldados imperiales que desconocen la cima.
En lo alto de la colina donde soplaba un viento cargado de calor, el hombre—Abel— se volvió hacia el lejano oeste, en dirección a la Capital Imperial.
El centro del Sacro Imperio de Vollachia, la Capital Imperial Lupugana, la tierra donde se encuentra el trono que debe recuperar…
—Tiemblen y esperen mi regreso.
Y entonces…
—Ya que lograste sobrevivir, haré que me acompañes, Natsuki Subaru… Para recuperar el Imperio de Vollachia y devolverlo a mis manos.
Fin.
