El Mal que Acecha
Capítulo 2
El Mal que Acecha
1
…La Ciudad Fortaleza de Guaral.
Ese era el nombre de la primera ciudad civilizada del imperio a la que llegaron Subaru y compañía.
Hasta entonces habían pasado el tiempo entre el campamento de los soldados imperiales y el poblado de las Shudrak, en un entorno que apenas se distinguía de dormir a la intemperie, así que la emoción de ver por fin la civilización era algo muy especial.
Sin embargo, había una razón para no poder alegrarse de ver civilización al cien por ciento: el control de acceso.
Guaral, rodeada de murallas por sus cuatro costados, limitaba las entradas y salidas de la ciudad mediante las grandes puertas principales del este y del oeste. Incluso de lejos se distinguía a los fornidos guardias que imponían un estricto control.
—Ahora mismo no somos más que unos extranjeros de Lugunica sin ningún respaldo... Incluso con mi fama de no saber leer el ambiente me puedo dar cuenta de que no estamos en una posición que el imperio vaya a recibir con los brazos abiertos.
Si se identificaban con honestidad serían unos tontos, y sin duda se ganarían el disgusto de los guardias de la puerta.
Que los echaran literalmente de la puerta aún sería lo de menos; si los arrestaban por descuido, la cosa no tendría arreglo. En otras palabras, aquel control era la piedra de toque para saber si Subaru y compañía podrían o no sobrevivir en el imperio.
—¿Y qué haremos? Con solo ponerse en la fila no vale, ¿verdad?
Rem, subida en el armazón de carga, le preguntó a Subaru mientras observaba la fila de gente que hacía cola en el control. Ante sus palabras, Subaru asintió con un “lo sé”, y...
—No estoy mirando la cola así, sin un plan ni nada. Tengo una idea bien pensada.
—¿No te da vergüenza, como ser humano, mentir con semejante descaro?
—¡¿Y si confías un poco en mí?! ¡Llamarlo mentira en NO TIME es precipitado, ¿no!?
Asustado por el deterioro de la imagen que Rem tenía de él a causa de su sorpresa, Subaru insistió con paciencia en que tenía un plan secreto.
Lo importante era que, solos, Subaru y compañía no podrían atravesar el control.
—Es decir, Natsuki Subaru y sus ciento ocho habilidades especiales... Es hora de desplegar mi mejor talento: el de apoyarme en los demás.
Levantando el pulgar y con los dientes relucientes, así respondió Subaru.
Aunque no podía verle la cara, tuvo la sensación de que, al escucharlo, detrás de él estaba Rem mirándolo con disgusto.
En cualquier caso…
—¡¡Ya hemos pasado!!
—¡Ah-uh!
Ante el paisaje urbano rebosante de un aire exótico, Subaru alzó ambas manos impulsado por la sensación de logro.
Justo a su lado, Ruy también levantaba las manos y reía igual que Subaru. No dejaba de tener reparos ante aquella actitud de auténtica compañera, pero, por el momento, la alegría de haber entrado en la ciudad le hizo pasarlos por alto.
Le fastidiaba, pero también era cierto que la presencia de Ruy había ayudado a superar el control.
—En fin… Sí que es distinto a Lugunica, ¿eh?
Mientras contemplaba el ambiente de la ciudad, Subaru la comparó con la imagen que tenía en la cabeza del Reino Dragón de Lugunica.
Lo que más grabado tenía Subaru era la Capital Real de Lugunica, la Ciudad de las Compuertas de Priestella y la Ciudad Industrial de Costuul, cerca de la mansión, pero Guaral no se parecía a ninguna de aquellas ciudades del reino.
Comparado con el reino, que tenía esa atmósfera típica y arquetípica de fantasía isekai, el paisaje urbano del imperio era más tosco y de colores más apagados. Daba la impresión de que primaba lo práctico sobre lo decorativo.
—En Lugunica las calles están empedradas, pero aquí lo básico parece ser el suelo al descubierto, ¿eh?
—Emm... ¿Te importaría bajarme ya?
Rem, desde el armazón de carga, le habló así a Subaru, que estaba absorto en su propia disociación. Subaru se disculpó con un “perdona, perdona” mientras depositaba el armazón en el suelo con cuidado.
—Así que este es...
Rem, ya bajada del armazón, se plantó en mitad de la ciudad por su propio pie y abrió mucho los ojos ante aquella vista.
La sorpresa y la leve emoción que asomaron a sus ojos de un azul pálido hicieron que también a Subaru se le distendiera la cara sin querer.
—¿Qué te parece la primera ciudad que ves?
—...Me ha sorprendido. No solo la cola, sino que haya tanta gente junta.
Como ya se ha dicho, hasta entonces lo único que Rem había conocido eran lugares y tratos excepcionales.
Al no tener memoria, Rem tampoco conservaba el recuerdo de haber convivido con nadie. Su vida junto a Subaru, Ruy y las Shudrak era la totalidad de sus experiencias.
Como ciudad, difícilmente podía decirse que Guaral rebosara vitalidad.
El control que los obligaba a hacer cola y el paisaje urbano tosco, de tonos oscuros… En conjunto, era una tierra muy lejos de dar una impresión espléndida. ¿Y la escala de la ciudad? Unos pocos miles de habitantes, quizá.
Aun así, el valor de la emoción que había cruzado los ojos de Rem no tenía por qué devaluarse.
—Siendo así, ¿quieres dar una vuelta y echar un vistazo?
—...No, estoy bien. No quiero hacerte perder tiempo innecesariamente.
—Si es por ti, no hay nada que sea innecesario...
Subaru le respondió a Rem, que negaba con la cabeza, mientras se rascaba la mejilla.
—Sin ti no habría podido arreglármelas con Flop y los demás. Puedes permitirte ser un poco caprichosa, ¿sabes?
—...Te estoy diciendo que no está bien hacer esperar a ese tal Flop y su grupo. Ya me estoy aprovechando demasiado de ellos; ¿Acaso piensas contraer más deudas?
—Uh... si me lo pones así, entonces... sí, lo siento...
Del gesto con que miraba el paisaje urbano, Rem pasó a clavarle una mirada tan afilada que Subaru se llevó la mano al pecho.
A espaldas de Subaru y los suyos, haciendo sonar lentamente unas pesadas ruedas, llegó un carro de bueyes: un carro de Falo tirado por el Buey Valiente, Falo.
El Falo era un tipo de animal de tiro, como los Dragones de Tierra o los grandes perros Ligre.
Al igual que los Dragones de Tierra y los Ligre, se usa a menudo para arrastrar carros de carga. Su velocidad es lenta y, como no tiene la Protección Divina de Evasión del Viento de los Dragones de Tierra, se dice que básicamente se emplea dentro de las ciudades.
Y entonces…
—¡Buenas, buenas, buenas! ¡Les he hecho esperar, ¿eh?! ¡Me han entretenido con la inspección de la carga! ¡Vamos, que el trabajo de los funcionarios es de locos!
Quien hablaba así, encogiéndose de hombros desde el pescante del carro de Falo, era un joven de flequillo largo.
Era un apuesto joven de cabello dorado y deslumbrante, piel pálida y cuerpo esbelto envuelto en ropas de mangas anchas, que transmitía una impresión tan suave que a quien lo veía se le relajaba el corazón.
Ante la aparición de aquel joven del carro de Falo, Subaru inclinó la cabeza con un “buen trabajo”.
—Lo siento, señor Flop. Y encima nos han dejado pasar antes que a usted.
—¡No, no, no me importa en absoluto! Inspeccionar la carga es un trabajo aburrido. ¡No es nada que merezca la pena contemplar como para que se queden a hacerme compañía!
Ante la disculpa de Subaru, el joven del pescante—Flop—negó con suavidad con la cabeza.
En sus elegantes ademanes, el largo flequillo ondeaba como una cola, y a su sonrisa suave se le superponía, en la imaginación, un efecto de destellos. A pesar de su aspecto, había un contraste con su forma enérgica de hablar.
Frente a un Subaru con semejante impresión, él se alisó de nuevo el flequillo y...
—Sí, un trabajo aburrido. ¡Eso debería dejárselo yo a... no, a mi hermana!
—¡Manito, manito! ¡Te estoy oyendo, ve!
—¡Ja, ja, ja! ¡No lo he dicho para que no se oyera, hermana! No subestimes el volumen de voz de tu hermano.
La que oyó aquella respuesta de Flop, de enfoque sutilmente desviado, fue la mujer que caminaba al lado del carro de bueyes, avanzando despacio.
Era una mujer alta, del mismo color de pelo que Flop y de facciones muy parecidas: al menos, más alta que cualquier mujer que Subaru hubiera conocido en aquel otro mundo. Vestía ropas que dejaban al descubierto hombros y piernas con atrevimiento, y llevaba un peinado estrambótico con su abundante melena dividida en multitud de mechones.
Su aspecto ya era peculiar, pero lo que más llamaba la atención eran, sin duda, las dos espadas salvajes que llevaba a la espalda, en la cintura. Que no eran simple decoración ni herramientas de farol quedaba claro por el aire gastado que desprendían.
Ella se llamaba Medium y, al parecer, viajaba junto a su hermano Flop, con el que se lleva muy bien. Esos dos, los hermanos O'Connell, eran los grandes benefactores que tanto se habían esforzado por ayudar a Subaru y compañía a cruzar el control.
Al poner en marcha la operación de apoyarse en los demás, Subaru había elegido con cuidado a quién proponérselo, y por eso se había fijado en los hermanos O'Connell.
El motivo era…
—¡Nojoda, manito! ¡O sea que ya te habías leído mis pensamientos enteros!
—¡Por supuesto! Si no sabes anticiparte, no ganas en los negocios. ¡Nuestra Compañía O'Connell se sostiene gracias a mi cerebro y a tu fuerza bruta!
—¡E’ la mondá! ¡Aunque no me entero nada de lo que dices!
—¡Ja, ja, ja, ja! ¡Aun siendo mi hermana, vives la vida con mucha alegría, y eso me parece estupendo!
Los hermanos O'Connell se miraron y rieron a carcajadas. Aquella actitud franca y su oficio eran precisamente la razón por la que Subaru se había fijado en ellos. En concreto, al parecer Flop se encargaba del comercio como mercader ambulante, y Medium de escoltar a su hermano y la mercancía durante el camino.
—Me ha servido la experiencia de hablar de esto y aquello con Otto y Anastasia...
Otto, quien era uno de sus amigos, y Anastasia, con la cual había compartido un largo viaje, aunque no fuera ella en persona, sino Echidna haciéndose pasar por ella, no debía de tener nada que envidiarle a la Anastasia original en cuanto a conocimientos.
Influido principalmente por aquellos dos, Subaru albergaba cierta confianza hacia los mercaderes.
Una cosa quedó muy clara: Por muy al otro lado de la frontera que estuviera, si se trataba de un mercader, siempre había margen para negociar. Y así, tras ir proponiéndoselo a un mercader tras otro, Subaru y los suyos se toparon con los hermanos.
Y, tras persuadir a aquel par de personajes peculiares, consiguieron con éxito su colaboración para cruzar el control.
El elemento de negociación que había despertado fuertemente su interés era…
—De todos modos, ¿de verdad les vale este armazón de carga como recompensa? Seguro que le he puesto algún apaño, pero tiene muchísima pinta de que fue hecho a mano, ¿eh?
—¡No negaré que es un poco tosco! Pero me ha intrigado que sea desmontable y ese mecanismo ideado para facilitar el transporte. Servirá también para acarrear cargas pesadas, ¿no lo crees?
—...Bueno, si al señor Flop le parece bien, a mí también.
La condición de los hermanos O'Connell para colaborar era, precisamente, la cesión del armazón de carga fabricado por Subaru.
Se lo entregó plegado, observó cómo Medium lo arrojaba a la plataforma del carro de bueyes y respiró aliviado.
—Pensaba hacerme otro al llegar a la ciudad. Aunque existe la posibilidad de que Rem ya no quiera subirse.
—Es cierto que, en la medida de lo posible, quiero caminar por mi propio pie. Cuando voy en el armazón, su hedor me llega arrastrado por el viento.
—SORRY...
Apoyada en su bastón, Rem le pinchó con calma con el asunto del miasma.
Aunque, todo hay que decirlo, fue todo un detalle por su parte aguantarlo durante el viaje y no mencionarlo hasta llegar al destino.
Al ver aquel intercambio entre Subaru y Rem, Flop se encogió de hombros con un “eso no está bien”. Era un ademán que parecía decir “qué lamentable”, pero aquella actitud tenía un motivo.
—¡Deben de llevarse mejor, ustedes dos! La esposa y el marido deben de apoyarse mutuamente. Esa imagen de hace un momento, de puro apoyo mutuo, fue de lo más hermosa, ¿lo saben?
—¡Ajá, pero el que le quitó el armazón fuiste tú, manito!
—¡Exacto! ¡¿Y con qué boca lo digo yo, por favor?!
Flop, sujetándose la frente, y Medium, agarrándose la barriga, rieron a carcajadas.
Acompañando las risotadas de los dos con una sonrisa relajada, Subaru le echó una ojeada a Rem. No se reía en absoluto. Viéndola así, Subaru le habló con un “ehm...”.
—Esto... ¿Señorita Rem? ¿Está usted de casualidad enfadada?
—¿Eh? ¿Y por qué iba a estar yo enfadada? ¿Acaso tienes algo que reprochar?
—No, es que... aunque sea solo de cara a la galería, lo de ser marido y mujer quizá no te haga gracia...
Juntando las puntas de los dedos, Subaru tuvo en cuenta los sentimientos de Rem con todo el temor del mundo.
Según la percepción de Flop y comapñía, Subaru y Rem estaban casados.
El origen estaba en que, al proponerles lo de cruzar el control, los hermanos les preguntaron por su relación y a Subaru se le atascó la respuesta en el acto… No, no fue que se le atascara.
Tenía preparada una respuesta, pero se la pusieron en duda y no le quedó más remedio.
—Quién iba a decir que no se iban a creer lo de los hermanos de viaje...
—El señor Flop y la señora Medium estaban en la misma situación y se parecen mucho entre sí. Una mentira contigo, conmigo y con esta niña no tenía pies ni cabeza.
Habría que reconocer que a Subaru le faltaba entrenamiento para engañar a unos mercaderes que sobrevivían en un mundo donde la mentira y la verdad se cruzaban sin cesar. Aunque, en realidad, la que desenmascaró la mentira de los hermanos fue Medium, que alzó la voz con un “¡No se parecen en na’, manito!”.
En cualquier caso, derrotado por aquella perspicacia, el espectacular largometraje que Subaru había improvisado a partir de la historia de los hermanos—la de ir a arrojar un anillo maldito a una montaña lejana—fue cancelado. Y, al final, lo que sacó a Subaru de aquel apuro, balbuceante, fue una sola frase de Rem: “soy su esposa”.
—La historia es que Rem y yo somos marido y mujer, y que esta niña es hija de la hermana mayor de Rem, que nos la ha dejado a cargo...
—El que dijo que yo tenía una hermana fuiste tú, ¿no? Como también dijiste que éramos gemelas, no es creíble que haya una niña tan mayor, pero... sobre eso haré la vista gorda.
—¿Uuh?
Acariciada en la cabeza por Rem, Ruy soltó un pequeño gruñido con cara de cosquillas.
Aquella actitud de Ruy, que parecía inofensiva, fue también uno de los factores por los que Flop y los suyos creyeron a Subaru. Al menos, no parecían una panda de malhechores que anduvieran haciendo fechorías por la ciudad.
—¿Y por qué te quedaste sin respuesta en un momento así? Si no paras de soltar cosas sin ton ni son a todas horas.
—Eso suena a una queja disfrazada de halago...
Aun así, era cierto que la patética actuación de Subaru había estado a punto de poner en peligro a Rem.
También los chistes tienen un límite para salir del paso. Subaru, que no quería seguir dañando la confianza de Rem, soltó un pequeño “ah...” bajo la mirada fija de ella y...
—A mí mismo me sorprendió, pero en cuanto me pillaron la mentira se me quedó la mente en blanco. A lo mejor se me ha quedado como trauma lo de aquella vez que solté una tontería y me clavaron algo en el hombro.
—Ah...
—Pensé que si respondía mal, Flop y los demás iban a cambiar de actitud de golpe. Es patético, pero se me paró el pensamiento por eso. Perdón.
Tras confesarle aquel patético autoanálisis, Subaru inclinó la cabeza ante Rem con sinceridad.
Se le vino a la cabeza Todd, que en el campamento había cambiado de actitud al ver a Subaru justo después del Retorno por Muerte. El terror que aquel intercambio grabó en el cuerpo y el alma de Subaru quizá le había provocado aquel bloqueo a la hora de mentir.
Tiene a su cargo la vida de Rem. Y, sin embargo, no puede permitirse un fallo torpe.
—...Ya entiendo la situación. No hay más remedio, supongo.
—...¿De verdad? ¿Después de semejante pifia?
—Cualquiera se queda rígido si le han hecho daño. Al menos, yo lo veo así.
Subaru, que daba por hecho que le iba a caer una buena reprimenda, se sorprendió ante aquella reacción de Rem.
Claro que, como Rem es de buen corazón en el fondo, ya sabía que era capaz de ser considerada con los demás. Lo inesperado fue que dirigiera esa consideración también hacia él.
—...¿No estás enfadada?
—No lo estoy. Pero, como tampoco creo que yo vaya a saber excusarme bien cada vez, consúltamelo.
—A-ah, de acuerdo… ¿Segura que no estás enfadada?
—No lo estoy.
—¿Segura, segurísima?
—¡¿No te dije ya que no estoy enfadada...?!
De tanto preocuparse, acabó por ganarse la ira de Rem.
Con la cabeza entre las manos ante la afilada mirada de Rem, Subaru se encogió y, al final, pidió perdón.
Y, con aquella escena de por medio, Subaru y comapñía entraron por fin en Guaral.
2
—¡Al fin me siento como una persona!
Y, con eso, Subaru se dejó caer en la cama de la posada y estiró brazos y piernas, saboreando la libertad.
Con una cama y unas sábanas de calidad decente, un ambiente de habitación con cierta limpieza y una categoría de alojamiento tirando a media-alta: era una habitación con un precio acorde.
Dada su posición, no debería permitirse demasiados lujos, pero lo dio por bueno como gasto necesario para comprar seguridad.
Aunque, más bien…
—El reparto de habitaciones dio bastante guerra...
Quejándose así, Subaru se tumbó de lado en la cama y clavó la mirada en la pared.
Al otro lado de esa pared, en la habitación contigua, deberían estar Rem y Ruy juntas. Al tomar alojamiento en Guaral, se había decidido separar las habitaciones por sexos, pero para Subaru era un resultado que no le convencía.
Aunque ya llegaba tarde: la desconfianza y la cautela de Subaru hacia Ruy no se habían disipado. Le incomodaba dejar a Rem y a Ruy a solas donde él no pudiera verlas.
—Vaya, vaya, señor esposo. Está usted de lo más blandito, ¿eh? ¡Bien, bien!
Quien habló así, entrando en la habitación de la posada a destiempo, era Flop.
Flop tenía mucho desparpajo, pero no había irrumpido en la habitación por su cuenta y sin permiso.
Aquella habitación la habían alquilado contando con que la compartirían él y Subaru. De modo que, por lógica, a Rem y compañía les había tocado compartir la de al lado con la hermana, Medium.
—De verdad, lo siento. Le estoy en deuda por todo...
—¡No es nada! Tú te protegiste a ti mismo con el ingenio. ¡La enseñanza de “que los ciudadanos del imperio sean fuertes y valientes” no se sostiene solo con las armas!
—...Si me lo dice así, me quedo más tranquilo.
Sentado en la cama con las piernas cruzadas, Subaru esbozó una sonrisa amarga ante las palabras de Flop.
Incluso después de superar el control, Subaru y los suyos habían recibido muchísima ayuda de los hermanos Flop y Medium. Además de recomendarles una posada donde podían comprar seguridad, lo que más les ayudó fue el asunto del cuerno de mabestia.
El cuerno de mabestia que llevaba Ruy a cuestas ya no estaba en manos de Subaru y compañía.
Y era porque, siguiendo el consejo de Kuna y las demás, lo habían canjeado por dinero en un comercio de Guaral. Y en aquella negociación del precio colaboró, no se sabe por qué, Flop, que se había venido con ellos.
La encarnizada negociación que se libró entre él y el dueño fue, para alguien sin conocimientos de leyes, tan intensa que lo más que pudo captar fue algo parecido a una batalla de tribunal.
—Nosotros solos no me imagino hasta qué punto nos habrían tomado el pelo.
En cualquier caso, gracias a ello el cuerno de mabestia se transformó sin contratiempos en monedas de oro imperiales.
Una bolsa de monedas de oro de un peso considerable: esa sería la financiación de Subaru y los suyos en el imperio. Como con ella se pagarían los gastos del viaje, había que tener mucho cuidado.
—Con el ritmo de hace un rato, no podemos dejar que nos coman vivos.
—¡Ja, ja, ja! En todo, lo primero es mostrarse seguro. Si se saca pecho y se endereza la espalda, el rival tampoco podrá atacar con facilidad. Y quizá, con el tiempo, esa confianza sin fundamento se vuelva real. Entonces sería una ganga, ¿no?
—Mm, cuando lo dice alguien que lo practica, resulta convincente...
Para bien o para mal, Flop rebosaba confianza.
Y, de hecho, Subaru había recibido la ayuda de esa forma de ser suya, así que aquí tocaba admirarla con sinceridad.
—Pero ha viajado llevando a su esposa a cuestas, ¿no? Hoy descansa a pierna suelta y lo de hace un rato podemos dejarlo para mañana, ¿qué le parece?
—Es una propuesta que también me tienta, pero no puedo permitirme perder tiempo.
Acosado por la tentación de la blanda cama, Subaru logró despegarse de ella a duras penas.
Al verlo bajarse de la cama diciendo eso, Flop sacó pecho con un “¡estupendo!”.
—Esa es la actitud. Hay momentos en que, por alguien importante, hay que mover unas piernas pesadas. ¡Como mi hermana lo es para mí, y como su esposa lo es para usted, señor esposo!
—¡Si me lo dice así, me da vergüenza ajena! ...Bueno, ¿me hace de guía?
—Por supuesto. ¡Si es algo que he propuesto yo!
Dándose una palmada en el pecho, Flop aceptó de buena gana.
Al recibir su respuesta, Subaru se armó de valor una vez más, despegó su mente de la cama y, acompañando a Flop, se dirigió a la habitación de al lado.
Llamó a la puerta y avisó a Rem, que estaba dentro.
—Rem, ¿todo bien por ahí?
—Sí, sin problema. Ahora mismo estábamos discutiendo en qué cama dormirá Ruy.
—...Ya veo.
—Acabas de poner cara de querer decir que ya la acostarías en el suelo, ¿verdad?
—¡Si no lo he dicho es porque sabía que te enfadarías...!
Si se tenían en cuenta los peligros que entrañaba Ruy, tampoco podía recomendar que compartiera cama con Medium. Aun así, sin nada más que hacer en la situación actual, no quedaba otra que confiar en que, en esos diez días, no había hecho nada.
—Confiar en una Arzobispo del Pecado... Menuda idea más disparatada.
—Como te he dicho antes, me voy a pasear con el señor Flop. Cenemos fuera, todos juntos.
—Entendido... Pensándolo bien, aquí hay muchísima gente, así que ya no necesito depender solo de ti, ¿no?
—¡No entiendo por qué de repente me sueltas algo que hace que me cueste tanto separarme de ti!
Aunque las palabras de Rem le tiraban de la espalda, Subaru dio prioridad a mantener su propósito inicial.
Dentro de la habitación, saludó con la mano a Medium, que jugueteaba con Ruy mientras esta le tiraba del pelo, y...
—Señorita Medium, le encargo a las dos. Si le dan problemas, no dude en darles un buen sopapo.
—¿Ah, sí, en seeeeriooo? Este puño duele muchísimo, ¿eh?
—Sí, porque si no les duele, no aprenden.
Y, dejándole a Ruy de aquella manera, Subaru salió de la posada junto con Flop.
Solo podía rezar para que no pasara nada. Por fin estaban en una ciudad, y quería relajarse un poco.
—Parece que ha sido un viaje de lo más duro, ¿eh, señor esposo?
Flop, riendo, palmeó el hombro de Subaru, que rezaba así, mientras caminaban por la ciudad.
Que le dijeran que el viaje había sido duro casi le daban ganas de derrumbarse con un “pues sí”, pero con eso solo conseguiría dejar en apuros a Flop.
—Por mucho que “apoyarme en los demás” sea mi habilidad especial número ciento ocho, no puedo seguir causando más molestias.
—Yo creo que apoyarse en la gente está bien, siempre que no sea a cuestas de principio a fin. Si no nos completáramos en lo que nos falta, mi hermana y yo hace tiempo que habríamos muerto tirados en un camino. Eso también es el estilo imperial, ¿no?
—El estilo imperial...
El “estilo imperial” que había salido de la boca de Flop volvió a pesar con fuerza sobre el pecho de Subaru.
Probablemente, eso era precisamente el origen de aquel miedo sin forma que Subaru sentía: la diferencia de valores.
En ese sentido, la forma de pensar de Flop era fácil de entender para Subaru y le resultaba cercana. Solo que difería bastante de la impresión que hasta entonces tenía del Imperio de Vollachia.
—No todo el mundo puede adaptarse a una manera de vivir y de ser tan marcial. Lo importante es, dentro del marco que te dan, llegar a un acuerdo contigo mismo.
—Llegar a un acuerdo, ¿eh?
—Como ya he dicho, mi hermana y yo, vistos como individuos, somos seres con bastantes puntos débiles. Pero, si unimos fuerzas, ocultamos esos puntos débiles y nos convertimos en algo digno de mención. De hecho, que hasta hoy hayamos podido seguir vivos se debe, sin duda, a esa victoria.
—...
—Recuerde esto, señor esposo. Si mi hermana, yo, usted y su esposa hemos podido seguir vivos hasta hoy, es porque hemos salido victoriosos de todas las batallas que nos han planteado. ¿Qué te parece? Yo también soy un hombre del imperio, ¿verdad?
El perfil de Flop, con la cara relajada, parecía buscar un elogio.
Mirándolo fijamente, Subaru tuvo la sensación de recibir una revelación inesperada. Completarse en lo que a uno le falta. Eso no difería en nada de los valores de Subaru.
Aunque también le habían hecho pensar que, quizá, en el imperio aquella forma de pensar de Subaru no funcionara en absoluto.
—O sea, que no todo son cosas tan desesperanzadoras.
—Dicho esto, ¡el estilo imperial de la mayoría de la gente se refiere a la fuerza bruta! Esta idea mía también se reiría de ella como el zumbido de un cobarde. Y no es en absoluto lo habitual.
Al lado de un Subaru que había obtenido cierta convicción, Flop insistió en que no había que confiarse.
Aunque, sobre esa base, él continuó con un “por eso mismo” y...
—También se sostiene la idea de ponerle precio a esa destreza. Como la que voy a presentarle, señor esposo.
—Ajá, me ayuda mucho.
Asintiendo, Subaru agradeció de nuevo la propuesta de Flop.
Se trataba, además del paso del control y de la recomendación de la posada, del objetivo de aquella salida: la presentación de monturas y escoltas que querían asegurarse para facilitar el resto del viaje de Subaru y los suyos.
Igual que en el camino hasta Guaral los habían escoltado Kuna y Holly, para protegerse de los peligros del trayecto era difícil sin un escolta diestro.
Llevar a Rem en el armazón de carga mientras Subaru caminaba también tenía un límite. Lo ideal sería un Dragón de Tierra, pero si eso era difícil, un Buey Valiente o un gran perro; en cualquier caso, necesitaban una bestia de monta para desplazarse.
Y ambas cosas había que gestionarlas con una financiación limitada.
—Que el señor Flop me diga que conoce a alguien es una ayuda enorme, de verdad...
—Aunque diga que conozco a alguien, no es más que saber de una taberna por la que se dejan ver gentes de ese oficio. En lo de la montura sí puedo aconsejar. ¡Eso, un carro de Falo, o algo así!
—Falo, lo está empujando muchísimo, ¿eh...?
—¡No es exagerado decir que yo me crié con leche de Falo! ¡Soy un fanático de Falo!
Riendo a carcajadas, Flop se puso a perorar sobre lo recomendable que era Falo.
Aunque, dejando aparte el transporte de cargas pesadas, no encajaba muy bien con Subaru y compañía, que querían recorrer largas distancias. Como además su velocidad era bastante lenta, Falo sería el último recurso.
—En cualquier caso, más vale tomar cuantas más precauciones, mejor, durante el camino. ...Esto que sea entre nosotros: parece que la capital imperial anda bastante revuelta. Y no se puede descartar que las chispas salten hasta aquí.
—La capital imperial está revuelta...
Subaru alzó una ceja, pero Flop, sin darse cuenta de su reacción, respondió con un “así es” mientras se cruzaba de brazos.
—El imperio es un lugar donde siempre hay una brasa encendida en algún sitio, pero preocupa la posibilidad de que esa brasa se extienda. No quiero preocupar a su esposa, así que solo se lo cuento a usted.
—Gracias por la consideración... Por cierto, ¿esa brasa tiene algo que ver con el Emperador?
—¿Con Su Excelencia Vincent Vollachia?
Como si acabara de oír algo inesperado, Flop abrió mucho los ojos.
—No, no, no, de que Su Excelencia el Emperador esté en algo no he oído hablar jamás. Aun sin eso, Su Excelencia ha pacificado el país de forma admirable hasta ahora.
—Pero antes ha dicho que había una brasa encendida, ¿no?
—Que se quedara en una brasa es mérito de Su Excelencia el Emperador. Que el actual Excelentísimo Señor ascendiera al trono fue hace siete u ocho años; antes de eso, el imperio estaba mucho más revuelto.
—...
—También en este alboroto, Su Excelencia está al mando en persona. Pronto volverá nuestra patria, la de la brasa encendida.
—¿Eh?
Flop decía, como si presumiera, que la brasa encendida era precisamente su patria.
Pero a Subaru algo le chirriaba en aquellas palabras. En lo de que el Emperador estuviera al mando en persona.
—O sea, ¿que los líos de la capital imperial los está arreglando el Emperador?
—Aunque es algo excepcional, si se trata de su propio feudo... bueno, si de verdad se convierte en su feudo, Su Excelencia se moverá. ¡Y, al parecer, se ha emitido una declaración de que no tendrá piedad con quienes se aprovechen de esta ocasión!
—Una declaración del Emperador...
No se percibía mentira en el Flop que peroraba.
Para empezar, no había razón alguna para que él engañara a Subaru. Al menos, debía de estar contando lo que para él eran hechos. Pero, de ser así, a Subaru le chirriaba.
—Si Abel es de verdad el Emperador, ¿la declaración también la habrá hecho...? Pero qué raro es el momento elegido.
Por supuesto, una declaración del Emperador quizá pudiera emitirla otra persona, incluso sin estar presente el propio Emperador, al estilo de “fue cosa del secretario”. En primer lugar, si se creía lo dicho por Abel, lo que quedaba en la capital imperial no era sino rebeldes contra el Emperador. Al menos, usarían su nombre a su antojo.
—Pero la posibilidad de que Abel no sea más que un chalado, también conviene tenerla en cuenta.
Si se tragaba todo sin más, no sobreviviría en un océano tempestuoso. Con esa disposición quería encarar el imperio. Aunque, por otra parte, habiendo hablado con el propio Abel, también pensaba que aquello no era una presencia que pudiera emanar un autoproclamado Emperador…
—Señor esposo, no ponga esa cara de ceño.
Y, considerando el estado de Subaru, Flop se puso frente a él y le dijo eso.
Ante un Subaru que se había detenido sin querer, Flop se señaló el entrecejo y...

—Bajo una cara sin sonrisa ni holgura no llega la fortuna. A partir de ahora, va a buscar a alguien que los acompañe en el viaje, ¿no? Entonces hay que buscar un buen encuentro.
—Eso es...
—Entonces, borre las arrugas del entrecejo y relaje las comisuras de los labios para aparentar holgura. Eso es lo que distingue a un hombre capaz.
Jugueteó con el entrecejo que se señalaba, restregándoselo con el dedo, y a continuación Flop se relajó las mejillas con ambas manos.
Al presenciar aquel gesto suyo, Subaru contuvo el aliento. Luego, tal como él decía, se masajeó despacio con los dedos el entrecejo y las mejillas.
—...Ah, se me había olvidado. Si ya tengo de por sí una mirada agresiva, al menos tendré que suavizar el ambiente, ¿no?
—¡Perdone! ¡Con mis fuerzas no puedo hacer nada por su mirada!
—¡No hace falta que te lo tomes tan en serio! ¡Como me la dieron mis padres, en realidad no me importa tanto como digo!
Le habían lamentado con tanto dramatismo que respondió con el mismo dramatismo, pero incluso eso sería seguramente una consideración de Flop para aflojar la tensión endurecida de Subaru.
Y, entre semejante farsa, Subaru y Flop llegaron a la calle a la que se dirigían.
Lo que Flop señaló con la mano era una taberna con aire escondido al fondo del callejón.
—Si fuéramos un grupo numeroso, habría que contratar escoltas a lo grande, pero siendo solo tres, usted, su esposa y la sobrinita, tampoco podríamos andar con una tropa enorme. ¡Y, la verdad, mi hermana y yo no podemos acompañaros hasta fuera de Guaral!
—Pero creo que, si se lo propusiera bien, la señora Medium podría venir con nosotros...
—¡Si me arrebata a mi hermana, yo, que no puedo completar mis puntos débiles, no tendré más remedio que morirme!
Puestos a sopesar confianza y seguridad, Flop y Medium no eran en serio una mala opción, pero no podían aumentar más las deudas y las molestias.
—No, en el peor de los casos, me los llevo a los dos y salimos del país rumbo a Lugunica. Y luego, hacer que los dos alcancen ese ascenso como mercaderes que Otto no pudo lograr, también es una opción...
—¡Eh, señor esposo! ¿Está bien?
Ante un Subaru sumido en sus pensamientos, Flop agitó la mano preguntándole qué tal estaba.
Ante aquella reacción, Subaru se rascó la cabeza con un “perdona”. Era una idea repentina, pero empezaba a parecerle que no era mala propuesta.
Aunque era una lástima que lo hubiera acompañado hasta allí…
—Oiga, señor Flop, quería pedirles una cosa a usted y a la señora Medium...
Fue justo en el instante en que iba a decir “hay una cosa”.
En algún lugar, resonó un sonido duro y tenue.
3
—Señor esposo, no ponga esa cara de ceño.
—...¿Eh?
De repente, como si hubiera parpadeado, el campo de visión cambió y la conciencia de Subaru se quedó en blanco.
Frente a ese Subaru, Flop se señalaba el entrecejo. Él, como aleccionando a un Subaru que se había detenido, se frotó el entrecejo con el dedo y...
—Bajo una cara sin sonrisa ni holgura no llega la fortuna. A partir de ahora, va a buscar a alguien que los acompañe en el viaje, ¿no? Entonces hay que buscar un buen encuentro.
—...
—Entonces, borre las arrugas del entrecejo y relaje las comisuras de los labios para aparentar holgura. Eso es lo que distingue a un hombre capaz.
Y, sin más, Flop se puso a relajarse las mejillas con ambas manos.
Aquel gesto suyo le resultaba conocido. Demasiado. Porque era cosa de hacía apenas unos minutos.
Estaban repitiendo la misma conversación que habían mantenido hacía unos minutos.
—Oye, oye, oye, espera un momento...
Como por sorpresa, el sudor se le quedó frío y Subaru se cubrió la cara.
Al verlo, Flop alzó la voz con un “¡no la esconda, relájela!”, pero a Subaru se le había esfumado el margen para atender a esas palabras.
Y, mirando bien, la calle de alrededor también le resultaba conocida.
Era la primera vez que veía aquel paisaje urbano y no conocía Guaral a fondo. Aun así, no tenía tan mala memoria como para olvidar una escena que acababa de ver.
Es decir…
—¿He hecho un Retorno por Muerte?
En una situación anodina, sin entender siquiera qué le había pasado, Subaru tensó la cara por una razón completamente distinta a la de hacía un instante y murmuró aquello.
Masticando un hecho difícil de creer, Subaru sintió cómo un sudor frío le empapaba todo el cuerpo.
Era, hasta donde él sabía, una de las situaciones más aterradoras.
Una escena conocida, una conversación ya oída: aquello no estaba en el nivel de un déjà vu.
No era un suceso que le parecía haber vivido, sino un suceso que de verdad había vivido, repitiéndose. Y lo que eso significaba era una sola cosa: había hecho un Retorno por Muerte.
—Pero, ¿por qué...?
No había habido señal previa alguna.
Era, más bien, la sensación de que el mundo había cambiado justo después de parpadear.
Era tan poca la sensación de realidad que hasta dudó de un fallo en el funcionamiento de la Autoridad que albergaba. De que, por algún motivo, la parte de “muerte” del Retorno por Muerte se hubiera caído y solo se hubiera activado la de “retorno”.
—Qué idiota soy. Es más, un verdadero idiota.
Subaru se refrenó a sí mismo, que en semejante trance intentaba ver la situación con optimismo.
Aunque era una forma idiota de decirlo, debía creer en el Retorno por Muerte. Hasta ahora, el poder de retroceder en el tiempo que albergaba Subaru no se había activado jamás con un desencadenante que no fuera la “muerte”.
Si había retrocedido en el tiempo, era que Subaru había perdido la vida. Eso era absoluto.
—OK, ya lo he asimilado. Lo asimilo, y ahora, ¿qué hago yo?
Presionándose el puño contra la frente, Subaru se exigió a sí mismo, presa de una intensa agitación, que mantuviera la calma.
Si aceptaba que había hecho un Retorno por Muerte, lo siguiente en lo que centrarse era la causa de la muerte. Retrocedió a lo de hacía apenas diez o veinte segundos y trató de recordar qué había pasado.
—...No se me ocurre nada.
Sin embargo, por más que repasó el instante en que debía de haber encontrado la muerte, no le vino nada.
La taberna a la que se dirigía, Flop con quien conversaba, el bullicio de la avenida un tanto lejano, el olor a sombra propio del callejón que flotaba tenuemente, el sonido duro que se oyó apenas: eso era todo lo que pudo recoger.
Ninguna de esas cosas conectaba con una razón que pusiera en peligro la vida de Subaru.
—Mierda, ¿por qué me pasa esto siempre a mí...?
Si estuviera siempre atento a los cambios a su alrededor, no habría hecho semejante ridículo; Subaru maldijo y se insultó a sí mismo por su descuido, pero no dejó de pensar.
—La situación se parece a la de la primera vez que me mató Shaula.
De camino a la Atalaya Pléyades, Subaru y compañía, que se habían adentrado en las Dunas de Arena de Augria, fueron aniquilados por un golpe de Shaula, que defendía el mar de arena desde la atalaya. El bautismo de aquel mar de arena fue una tragedia infernal que empezó cuando a Subaru lo desintegró una luz blanca a la que ni siquiera pudo reaccionar.
Una situación en la que no sabías qué había pasado ni cuál era la causa de la muerte, solo que habías muerto: aquello era, sin duda, el refrán de la primera muerte en el mar de arena.
Solo que, a diferencia de aquella vez, ahora estaban en plena ciudad.
El entorno difería de raíz del mar de arena, donde ya contabas con estar al filo de la muerte.
—En esta situación, ¿qué narices va a llevarse mi vida...?
Lo que se le venía a la cabeza ante una “muerte” sin aviso era, al fin y al cabo, la fuerte impresión del tiro de Shaula.
Entonces, cabía pensar que también esta vez lo habían tiroteado, pero Subaru había muerto dentro de un callejón: un lugar de poca visibilidad, flanqueado por edificios, aunque no muy alto.
En aquel entorno, ¿cómo podían haberlo abatido a Subaru de un disparo?
—¿Señor esposo? Lleva un rato arrugando más el entrecejo, ¿qué le pasa?
—Ah...
—¿Acaso no ha escuchado mi consejo? ¡Si arruga el entrecejo, la fortuna se escapa! ¡Y perseguir lo que se escapa es una proeza casi imposible! ¡Yo, básicamente, voy siempre subido al carro!
Flop gesticulaba de forma exagerada ante Subaru, con la mano en el pecho.
Sintiendo que aquello era una actuación exagerada para animar al ceñudo Subaru, no pudo evitar ponerse rígido ante aquellos aspavientos.
Si buscaba la causa de la muerte, en paralelo también buscaría al culpable.
En ese caso, si la causa de la muerte de Subaru no era un disparo, el sospechoso más probable era Flop: el que actuaba junto a Subaru y estaba más cerca de él.
Solo que, en el instante en que Subaru murió, no se percibió en absoluto un ademán de Flop de lanzarle un ataque. Claro que sabía que en este mundo abundaba la gente con la destreza de arrebatar una vida de un solo golpe sin que Subaru se diera cuenta de nada. Pero no le parecía que Flop fuera uno de esos.
—Para empezar, ¿tiene el señor Flop alguna razón para matarme?
La posibilidad más alta sería la de que, fingiendo bondad, quisiera atracar a Subaru. Pero le parecía que faltaba motivo para montarlo en plena ciudad.
Para empezar, a los hermanos O'Connell los habían conocido fuera de la puerta, en la cola.
Si quisiera rematarlo sin ser descubierto, le bastaría con engatusarlo y sacarlo fuera de la puerta, antes de entrar en la ciudad donde estaban los guardias. No era razonable. Ni la acción, ni el motivo.
Eran muchos los que habían matado a Subaru hasta ahora, pero todos tenían alguna razón razonable. Salvo que fuera una mabestia con la que no te entendieras, esa debía de ser una regla absoluta.
Por eso…
—Señor Flop, ¿por qué es tan bueno con nosotros?
—¿Mmm? Esa sí que es una pregunta repentina.
—Ah, perdón por soltarlo así. Es que me ha entrado un poco de inseguridad.
Ante la pregunta de Subaru, que parecía repentina, Flop alzó sus bien formadas cejas, sorprendido.
Fingiendo una sonrisa amarga ante aquella reacción, Subaru esperó la respuesta de Flop conteniendo el aliento. No había dudas razonables. Así que, a partir de ahí, solo quedaba saber si podía confiar o no.
Quería confiar en que los hermanos O'Connell, que tan de corazón se habían portado con ellos, no tenían segundas intenciones.
Recibiendo aquella mirada fija de Subaru, Flop asintió con un “mh”, de un modo en cierto modo intelectual, y...
—No es nada complicado. Es algo sencillo. Lo que mi hermana y yo hacemos por ustedes, por usted, por su esposa y por la sobrinita, pensando en su bien, es...
—¿Es...?
—¡Una venganza!
Abriendo los brazos, Flop se lo soltó a Subaru en voz alta.
La contradicción entre aquella declaración enérgica y jovial y lo siniestro de su contenido era tan grande que Subaru se quedó confundido con un “¿eh?” y abrió los ojos de puro asombro.
Y, ante un Subaru que se quedaba rígido, Flop se alisó el flequillo con un “¿ves?” y...
—¡Mi hermana y yo, antaño, llevábamos una vida al límite mismo de la vida y la muerte! Nuestros padres nos abandonaron y nos criamos en una institución que acogía huérfanos..., ¡pero aquello era un entorno de lo más terrible!
Borroso, en la mente de Subaru surgió la imagen de una institución parecida a un orfanato.
Aunque no hacía falta mucha imaginación para suponer que las instalaciones y el entorno de una institución de este mundo serían muchísimo más miserables que los de la sociedad moderna que Subaru imaginaba.
—Cada noche, apretándonos con otros niños en la misma situación, me prometí salir de aquella situación. Y mi hermana y yo tuvimos una oportunidad y logramos escapar de allí. La primera noche que pudimos pasar sin que nos pegaran, hice una promesa. La de vengarme.
—¿Vengarse...? Esto... ¿de la gente de la institución de huérfanos?
—No, no es eso. Del mundo.
Con la misma cara de hacía un momento, cuando proclamó en voz alta lo de la venganza, Flop apretó así el puño.
Ante un Subaru desconcertado, él se inclinó hacia delante con una expresión acalorada y...
—Mi hermana y yo crecimos golpeados por los adultos de la institución. Pero, ¿eran felices, mientras me golpeaban, los adultos que me golpeaban? No. Ellos también eran desdichados. Unos adultos desdichados golpeaban a unos niños desdichados. ¿Puede haber algo más desolador?
—...
—Ni siquiera los adultos que ejercían la violencia eran felices. Yo me hice mercader y decidí sacar de la desdicha a mi hermana y a mí. Y, en la medida de lo posible, quiero que mucha gente salga también de la desdicha. Como aquella persona que, aquella noche, nos sacó de allí.
—¿Y eso es la venganza contra el mundo?
—Exacto. Mi hermana y yo pataleamos para vengarnos de un mundo que impone la desdicha. Ayudar a usted y a su esposa también forma parte de ello.
Tras decirlo, Flop se frotó un poco la nariz, como avergonzado.
Ante aquel gesto y el calor de las palabras de Flop, Subaru se quedó sin palabras. Y, a medida que aquel calor le fue calando en el cerebro, el ánimo de Subaru quedó decidido al instante.
—Gracias, señor Flop. Menos mal que en aquella cola me topé con usted y con la señora Medium.
Había buscado la respuesta porque quería un criterio para saber si podía confiar o no.
Y la respuesta que le habían dado superaba lo que Subaru buscaba. Entonces, estaba decidido.
Subaru no dudaría de la buena voluntad de Flop O'Connell.
Decidió creer hasta el final en aquella preciosa sed de venganza de quien había decidido oponerse a lo absurdo del mundo.
Entonces, solo quedaba…
—Señor Flop, esta calle da, según el feng shui, un presagio bastante malo. Así que, ¿podríamos ir por otra calle?
—¿Feng? ¿Y eso del Feng, qué es? ¿Acaso es por eso lo de suss arrugas del entrecejo y su mirada?
—Es un ITEM para adivinar la buena fortuna, ¡aunque con la mirada no tiene nada que ver! Pero esta calle no es buena. Demos un rodeo, por favor.
Aprovechándose de la buena voluntad de Flop, Subaru siguió adelante con el asunto de forma bastante forzada.
Si creía que el culpable no era Flop, el siguiente problema era esquivar la “muerte” que se acercaba. Fuera un disparo o lo que fuera, no había duda de que era un ataque.
Había que esquivar las condiciones en que se producía aquel ataque y evitar la “muerte” no deseada.
—Para empezar, una “muerte” deseada no la he tenido jamás… Bueno, solo una o dos veces.
Y esas también habían sido opciones inevitables porque la situación apretaba.
Si no se veía acorralado en una situación en la que solo la muerte podía salvarle, ni siquiera entonces Subaru elegiría la “muerte”. Qué curioso, a Subaru también le empezaban a entrar ganas de vengarse del mundo.
—No entiendo lo del feng, pero su expresión seria me ha gustado. Daremos un pequeño rodeo, así que vayamos por otra calle, ¿le parece?
—¡Me saca de un apuro! Vayamos por una avenida lo más concurrida posible.
—¡Entendido!
Por suerte, Flop no insistió en los comportamientos poco naturales de Subaru.
Siguiendo su guía, cambiaron el camino hasta la taberna por el previsto. Dieron la vuelta por donde debían haber avanzado y tomaron una ruta que pasaba lo mínimo por callejones desde la avenida hasta la taberna.
Aun con esa ruta, quizá no cambiara el que apuntaran a Subaru. Aun así, si sabía que lo atacarían delante de la taberna, había forma de hacerle frente.
—Entonces, señor esposo, por esta calle...
Pasando al lado de Subaru, Flop empezó a guiarlo por una calle distinta.
Fue en ese instante: Flop abrió los ojos como si se hubiera percatado de algo.
—...Oh.
Intentó comprobar la reacción de Flop, preguntándose qué pasaba, pero no pudo.
Porque la boca de Subaru, en lugar de palabras para preguntarle a Flop, se había abierto de par en par para vomitar sangre a borbotones.
—A, ¡¿kha...!?
Fue cosa de un instante.
Sintió cómo algo le agarraba la nuca y le obligaban a mirar hacia arriba. Y entonces, algo ardiente le atravesó la garganta, ahora al descubierto, y la sangre saltó.
Ahogándose en la sangre que brotaba y en el dolor, Subaru comprendió que le habían rajado la garganta.
—Ga... buh...
Presionándose la herida del cuello con ambas manos, Subaru buscó una salida entre el dolor agudo y la pérdida de sangre.
La herida era profunda y ancha; le habían cortado vasos sanguíneos importantes y la sangre manaba a chorros. Quitarse la chaqueta y enrollársela al cuello para detener la hemorragia… No, antes debía dar prioridad a huir de allí, del enemigo que tenía a la espalda.
Y, además, Flop estaba allí. Siento haber desconfiado. Aunque luego volviera a confiar, quizá no le perdonara. Pero Flop estaba allí.
—Re... m...
En la posada está Rem. De algún modo, aunque fuera sangrando por el cuello, debía volver junto a ella.
Volver, sacarla de allí, agarrarla de la mano porque es peligroso. Aunque se resistiera, tirar de ella. Si Rem siguiera viva. Tiene que seguir viva. Para eso, la sangre del cuello… detenerla.
Sangre, sangre, sangresangresangre, sangre, detenla, detente, deten-deten-deten-de—
—...Ugh.
—te.
4
—Señor esposo, no ponga esa cara de ceño.
—...
—Bajo una cara sin sonrisa ni holgura no llega la fortuna. A partir de ahora, va a buscar a alguien que los acompañe en el viaje, ¿no? Entonces hay que buscar un buen encuentro.
De frente, Flop peroraba así mientras se frotaba el entrecejo con el dedo.
Mirando aquel gesto suyo, Subaru se llevó de pronto ambas manos al cuello. No sentía la sensación ardiente ni el calor de la vida que se escapaba. Ni el tacto de la sangre que brotaba a cada latido.
Ni aquel pulso desesperado de acercarse a la “muerte” mientras la vida se le escapaba.
—Entonces, borre las arrugas del entrecejo y... ¿qué le pasa, señor esposo? Está pálido.
Al ver a un Subaru mudo, Flop se preocupó por él, sorprendido.
Aquella mirada suya, seria, le hizo recordar a Subaru el instante de hacía un momento, cuando le rajaron la garganta.
Sí, le habían cortado la garganta.
Le cortaron la garganta, la sangre brotó, el instinto hizo sonar la alarma de que tenía que huir y, sin embargo, ni siquiera aquella alarma llegó a oírse, y volvió a este instante.
Es decir, había muerto. Había hecho de nuevo un Retorno por Muerte.
Y, además, esta vez no era como la primera muerte instantánea. Había sido de una forma más clara, con una hostilidad hecha forma.
—...Puaj.
Tocándose el cuello, Subaru recordó de pronto, apresurado, la respiración que había olvidado.
Flop, tocando a un Subaru que subía y bajaba los hombros, le dijo “¿está bien?”, pero no le quedaba margen para responder. Solo que tampoco podía quedarse allí parado.
—Se-señor Flop, hoy es, esto, un día malo según el feng shui. ¡Volvamos por ahora...!
—¿Feng shui? Pero, con esa cara, más le vale descansar un poco...
—¡No, de nada sirve descansar! ¡Es un ataque que no se me pasa si Rem no me agarra la mano!
—A-ah, ¿es así...? ¡Vaya, menudo problema!
Con el corazón ardiendo por la impaciencia y la urgencia, se le había escapado algo sin sentido, pero el bondadoso Flop pareció dar más importancia al ambiente que al contenido de las palabras.
Llevando a Flop consigo, Subaru se decidió a moverse, pero dudaba si avanzar hacia delante o hacia atrás.
Si avanzaba, seguiría la ruta; pero si retrocedía, iría hacia el lado donde hacía un momento le habían cortado el cuello.
Con la sensación de que, avanzara en una dirección u otra, lo engulliría un callejón sin salida mortal, Subaru eligió no ir ni hacia delante ni hacia atrás, sino salir a la avenida por otro callejón distinto: una calle concurrida.
—¡Señor esposo! ¡Tiene las manos heladas! ¡Más le vale que su esposa se las caliente cuanto antes!
—Sí, quiero verle la cara a Rem lo antes posible.
Como resultado, no le importaría que lo regañaran por volver sin cumplir el objetivo.
En cualquier caso, hacia donde está Rem…
—...No.
¿De verdad podía volver? La duda se arremolinó en la mente de Subaru.
En una situación en la que aún no tenía claro quién era el enemigo, ¿podía volver tan campante a la posada? ¿No acabaría indicándole al enemigo, sin más, su base y el paradero de Rem?
Maldiciendo su falta de previsión, Subaru se mordió el labio y, al mismo tiempo, el campo de visión se abrió.
Saliendo del callejón, Subaru y Flop desembocaron en la avenida de la ciudad. A la derecha e izquierda, el número de gente que iba y venía no podía compararse con el de una gran ciudad, pero era mucho mejor que el callejón de la taberna escondida.
Aun así, lanzarse a la multitud requería valor. Evitándolo, debía decidir la siguiente directriz de acción.
—Si esta es la calle, la posada debería estar por allí. Entonces, hacia allá...
—¡No, señor Flop! No podemos volver a la posada. ¡Ni hablar de ver a Rem!
—¡¿No está diciendo ahora algo distinto a hace un momento?!
Eran palabras propias de una persona emocionalmente inestable, pero la preocupación de antes no dejaba volver a Subaru junto a Rem. Dicho esto, zarandear a Flop sin darle información también era una deslealtad.
Pero, ¿cómo convencerlo?
—¡Mierda...!
A Subaru le faltaban demasiadas cartas para abrir la situación.
Separado de su querida Rem, el lugar donde lo atacaban era una ciudad desconocida. Quien estaba con él era un Flop bondadoso pero sin capacidad de combate. El propio Subaru no tenía ninguna baza que desplegar.
Si no sabía quién lo apuntaba, tampoco sabía ante quién estar en guardia.
—¿Señor esposo? ¿Está bien? ¿Qué diantres le preocupa? Si es algo en lo que yo pueda ayudar, cuéntemelo primero. Está actuando raro.
—Señor Flop...
Flop le habló así a un Subaru que, oteando a izquierda y derecha de la calle, se desgastaba los nervios.
Con Flop agarrándole ambos hombros de frente, su mirada seria y su ofrecimiento, al que dan ganas de aferrarse, hicieron que Subaru considerara en serio si no debía apostar de una vez por su bondad.
Si era Flop, quizá creería en Subaru y le prestaría su fuerza.
—Señor Flop, es patético que no haga más que depender de usted, pero ¿puede escucharme?
—¡Ah, por supuesto! Mire, aunque sea algo en lo que yo no pueda ayudar, quizá mi hermana sí pueda. Mi hermana y yo somos una relación en la que nos completamos mutuamente los puntos débiles.
—La verdad es que, más que con usted, quizá sea un asunto para la señora Medium...
Si el rival venía con una violencia sin piedad, quizá no quedara más que oponerle una fuerza mayor. La fuerza de Medium, claramente superior a la de Subaru y Flop.
Incluyendo eso, Subaru intentó explicarle la situación a Flop. Primero, ocultando lo del Retorno por Muerte, que alguien lo apuntaba con insistencia.
—En realidad, hay alguien que nos sigue...
—¿Qué pasa?
—¿Eh?
Armándose de valor, Subaru intentó explicarle la situación a Flop, con cuidado con la penalización del Retorno por Muerte. Sin embargo, en cuanto empezó a hablar, la mirada de Flop se desvió hacia otro lado.
Siguiendo su mirada, Subaru también miró hacia allí de pronto y abrió los ojos.
Los gritos y los insultos que se alzaban en la calle, y una sombra gigantesca que embestía con ímpetu feroz: una rueda enorme, enorme, se abalanzaba sobre Subaru y Flop.
—¡¿Qué—!?
—Señor esposo, ¡cuida—!
El “do” no llegó a salir de la boca de Flop: antes, el impacto engulló con fuerza el cuerpo entero de Subaru. Salió despedido por los aires y rodó, rebotando una y otra vez sobre la tierra dura.
El impulso no se detuvo y se estrelló contra una pared. Pero aquello no acabó ahí. A continuación, un impacto se abatió sobre el caído Subaru y su cuerpo volvió a salir volando.
—...Agh.
Dando volteretas, Subaru quedó tendido en el suelo mientras su campo de visión se teñía de negro.
No era que el cielo se hubiera nublado de repente. Otra razón, distinta, le había aplastado la vista. No sabía la causa, y comprendía que, aunque la averiguara, no sacaría nada bueno.
Solo que, si había algo que pudiera decirse…
—M-mo...
Era que todas las células de su cuerpo gritaban a su instinto que iba a morir.
Natsuki Subaru, que hasta entonces había experimentado más de cuarenta “muertes”, sabía más o menos hasta qué punto de daño podía aguantar su cuerpo antes de perder la vida.
Esta vez, había superado con creces el límite que podía soportar apretando los dientes.
Le dolía, punzante.
No era que le doliera alguna parte. Natsuki Subaru, en sí mismo, era “dolor”. Siendo “dolor”, era natural que doliera. Le dolía todo, en todas partes. El dolor no desaparecía.
A lo lejos, en su cabeza, resonaban un zumbido en los oídos y un sonido como el silbido de un tren.
Y, mezclado con aquello, lo que se oía eran los gritos de la gente que corría de aquí para allá, entre penas y alegrías; no, alegrías no. “Clamor infernal” era más apropiado. Clamor infernal, qué risa. Menudo compuesto de catorce caracteres.
Al contrario que el sonido, lo que estaba ocurriendo era demasiado pesado y duro.
—A-hi, oh, a...
No podía pronunciar.
La boca con la que intentaba emitir palabras estaba hecha jirones. Le faltaban los dientes y a la boca le corría el aire. Alguna parte se había rasgado y se le escapaba el aire. Había sangre, sonido y “dolor”.
Algo, algo, algo…
—Ai-i, a.
Algo había vuelto a matar a Natsuki Subaru.
5
—Señor esposo, no ponga esa cara de ceño.
—...
—Bajo una cara sin sonrisa ni holgura no llega la fortuna. A partir de ahora, va a buscar a alguien que los acompañe en el viaje, ¿no? Entonces hay que buscar un buen encuentro.
Flop, señalándose el entrecejo con el dedo, se relajaba la piel y la carne restregándoselas.
Mientras presenciaba aquella actuación suya, Subaru se abrazó los dos hombros. Y pensó en la boca por la que ya no se le escapaba el aire y en el “dolor” que se había desvanecido…
…Que había muerto otra vez.
—Es más... es más, esta vez eso era... ¿un carruaje de dragón...?
La vela de su vida, mascada por el impacto, despedida por los aires hasta no poder moverse, se extinguió a medida que se adelgazaba.
Dominado por el “dolor” que reclamaba todo su cuerpo, a Subaru lo mataron. Perdió la vida.
—...
Los hombros que se agarraba temblaban, sacudidos, y las rodillas empezaron a flaquearle.
Aunque el cuerpo no recordara la calamidad que se le había abatido, el alma sí la recordaba. El impacto y el dolor, como de ser desgarrado por completo, seguían carcomiéndole el alma aun desvanecidos.
Por fin, Subaru no podía ocultar el espanto ante la maldad que se cernía sobre él.
La primera muerte instantánea, el segundo degüello y la tercera muerte por atropello de un carruaje de dragón: ninguna podía ser casualidad. Era, sin lugar a dudas, una voluntad de matar a Natsuki Subaru.
Y aquello mató a Subaru sin piedad. Y lo más aterrador era que, pese a haber hecho tres Retornos por Muerte, Subaru no había obtenido aún más información que “hay un enemigo”.
El rival no dejaba ni una sola información al Subaru que moría.
—Entonces, borre las arrugas del entrecejo y... ¿qué le pasa, señor esposo? Tiene una cara horrible.
—Señor... Flop...
Flop volvió a preocuparse por el cambio de color de la cara de Subaru.
El clamor infernal de la avenida de hacía un momento sería la reacción al carruaje de dragón desbocado. Y, en el instante del choque, Flop había alargado la mano para ayudar a Subaru.
No llegó a tiempo y Subaru recibió un impacto mortal, pero era imposible creer que Flop, que estaba a su lado, hubiera salido ileso. Él también debía de haberse visto envuelto en aquel daño.
—Para empezar, hasta ahora también...
No estaba garantizado que el enemigo matara a Subaru y se retirara satisfecho con eso.
¿No estaría Flop ya envuelto en la situación de Subaru?
Eso no podía permitirse. Subaru apretó las muelas.
—¡…! ¡Señor Flop!
—¿Q-qué pasa?!
Apretando las muelas, masticó la cobardía y Subaru miró al frente con fuerza.
Con ese ímpetu, agarró la mano de Flop y lo dejó muy sorprendido. Pero no podía ocuparse de esa sorpresa. La cuenta atrás hacia la muerte ya había empezado.
Un triple sufrimiento: ir es un infierno, volver es un infierno, esquivar es un infierno.
Aun así, debía buscar el camino a la supervivencia. No solo Subaru y Rem; debía devolver junto a su hermana a aquel buen hermano que los había ayudado.
—¡Por eso, señor Flop, corramos!
—¡Menuda ocurrencia repentina! ¿Qué pasa?!
—¡No hay más que hablar, la vida es limitada! ¡No podemos desperdiciar ni un segundo!
Pararse y convencerlo con paciencia era aquí una mala jugada.
Así lo juzgó Subaru y, como hasta entonces, se puso a derribar la resistencia de Flop con una lógica forzada. Tal como esperaba, Flop, arrastrado por el ímpetu, asintió con un “¡es cierto!”.
—La vida es corta. También para lograr el objetivo de mi hermana y mío, el tiempo es valioso, pero...
—¡Corramos! ¡Entremos corriendo en la taberna enseguida! ¡Los detalles, para después!
—¡E-entendido! ¡Está bien, así que no tires de mí! ¡Se me despeina el flequillo!
Tirando de él a la fuerza por el brazo, Flop, con las piernas enredadas, soltó un grito.
Oyendo aquella voz de Flop, casi un grito, Subaru avanzó por la calle que ya había recorrido una vez: tal como era el objetivo original, se apresuró hacia la taberna para contratar un escolta.
Solo que el objetivo no era que los escoltaran en el trayecto del viaje.
Corría para obtener la ayuda necesaria, cuanto antes, que lo salvara de aquella sucesión de “muertes” sin remedio.
6
—¿Quieres contratar al más diestro de por aquí?
El dueño de la taberna a la que por fin llegaron alzó una ceja ante un Subaru que lo acorralaba sin aliento.
El dueño, de mediana edad y con hebras blancas empezando a asomar en el pelo, miró de arriba abajo a un Subaru que subía y bajaba los hombros, con unos ojos que miraban algo no muy de fiar.
Ahora, Subaru y Flop estaban dentro de la taberna que había sido su destino original.
Al principio, como lo habían matado con la taberna a la vista, lanzarse allí era una apuesta considerable. Pero, quizá porque apresurar el paso dio resultado, no hubo obstáculos para entrar en la taberna.
Solo que juzgar que con eso habían escapado del apuro sería precipitarse demasiado.
—Por eso necesito que me preste su fuerza alguien diestro.
—...Si hablamos del más diestro de por aquí, será Rowan, el que está tirado en un rincón del local.
El dueño, limpiando un vaso, señaló con la barbilla. Al mirar hacia allí, en el oscuro interior, entre varios hombres que parloteaban, encontró a un hombre desplomado sobre una mesa en un rincón.
Era un hombre de unos cincuenta años, con el pelo largo y desgreñado recogido de cualquier manera y un arma—una katana—al cinto.
Sobre la mesa donde estaba desplomado se alineaban varios vasos vacíos, y se veía que había bebido de lo lindo cuando aún era de día.
—¡Vaya, así que él es el diestro! ¡Las apariencias engañan, desde luego!
—Que tiene mal vino es seguro, pero es diestro. Aunque tiene mal vino.
—Si me lo dices dos veces, solo me entran recelos.
El dueño de la taberna le había advertido dos veces, insistiendo, de que tenía mal vino.
Cabía considerarlo un borracho de cuidado, pero no había más remedio. Lo que necesitaba ahora no era humanidad ni un hígado fuerte, sino fuerza en los brazos. Un hombre de verdad que lo sacara del apuro apremiante.
—Oiga, señor Rowan, ¿puede escucharme un momento?
—¿Mmm?
Llevando consigo a Flop, Subaru se dirigió, decidido, a la mesa donde Rowan estaba desplomado. Al sacudirle el hombro y hablarle, Rowan levantó la cara respondiendo con una voz atontada.
Con la cara enrojecida y unos ojos soñolientos y vidriosos, sus facciones, que no estarían mal, quedaban arruinadas por una nariz completamente roja.
—¿Y bien, muchacho? ¿Qué se le ofrece a este servidor...?
—Vas borracho perdido... En fin, escúchame. Tengo un trabajo para ti... ¡Hueles a alcohol!
—Vaya, vaya, qué gente más maleducada...
Subaru apartó la cara de Rowan, que se incorporaba tambaleándose y soltaba un largo suspiro.
Flotaba un hedor a alcohol tan tremendo que hasta tuvo la ilusión de que la vista se le distorsionaba. No era cuestión de beber de día. Hasta un gran bebedor tiene un límite.
Pensándolo bien, como en el campamento de Emilia no había bebedores, era la primera vez que trataba con un espécimen de este tipo.
—¡Si lo llego a saber, en vez de tirar a Otto borracho al jardín, le habría hecho más caso...!
—Ui, hick...
Ante un Subaru que se lamentaba así, Rowan, sentado en la silla con desgana, agitaba boca abajo el vaso vacío sobre su cara, intentando saborear con la lengua las gotas de alcohol que caían.
—Eh, me falta alcohol. Oye, muchachos, inviten a una copa, ¿no?
—Mh, ¿quiere alcohol? Entendido. Dueño, una copa para él...
—¡Espera, espera, señor Flop! Lo digo yo, que me salva su amabilidad, ¡pero guarde ahora mismo la buena voluntad en la cartera!

Tras callar a un Flop que estaba a punto de invitarle a beber tal como se lo pedían, Subaru se plantó frente a Rowan, que fruncía los labios. Y, poniendo con fuerza las manos sobre la mesa...
—Señor Rowan, vayamos al grano. No le invitamos a alcohol. Pero podemos pagarle la recompensa con la que usted se compre el alcohol. Quiero que acepte un trabajo.
—Aahn, ¿un trabajito, dices...?
—Eso es. Lo que quiero pedirle es que sea escolta. Y, además, desde este mismo instante.
Con el hedor a alcohol de cerca, Subaru presentó así sus condiciones, con aplomo.
Al oírlo, Rowan, con los ojos soñolientos, devolvió la mirada a Subaru, fijamente.
—...Hablas con un tono bastante brusco. Muchachos, ¿acaso están en una situación bastante delicada?
—Sí, no es cosa de risa. ¿Qué? Es mi tope, lo que puedo pagar.
—Señor esposo, eso...
Con los ojos abiertos, Flop intentó detener la acción de Subaru.
Pero, sujetando a su vez a un Flop que lo frenaba, Subaru dejó caer con un golpe sobre la mesa una bolsa: la que contenía todo el dinero obtenido al vender el cuerno de mabestia.
Era, auténticamente, toda la fortuna que llevaba encima el grupo de Subaru.
—Esta es la carta que puedo pagar. ¿Qué? ¿Acepta?
—...
Rowan, que había abierto la boca de la bolsa y echado un vistazo al interior, se quedó callado. Seguía con la cara enrojecida, pero la mirada ebria de hacía un momento se había esfumado y se percibía un examen serio.
No conocía bien el valor de la moneda imperial, pero el contenido de la bolsa debería ser una suma con la que vivir holgadamente unos meses.
—Iba a decir que la pericia de este servidor no es barata..., pero empezar con esto ya es otra cosa, ¿eh?
—Te aviso: no puedo aceptar una subida de salario.
—No lo dudo. Que no es un juego, se ve que va en serio.
Frotándose la nariz enrojecida con el dedo, Rowan se levantó despacio. Recogió la bolsa de monedas que Subaru había sacado y se la guardó con cuidado en el pecho.
—Aunque me digas que la devuelva, no pienso devolvértela, ¿eh?
—Es una pena, pero no te pido que la devuelvas. Si haces bien el trabajo.
Riendo con un aliento alcoholizado, “juá”, Rowan aceptó el trabajo de Subaru.
Al oír aquella respuesta, a Subaru se le fue la fuerza que había tenido metida en los hombros todo el rato. La tensión no se le deshacía y la inquietud le dominaba el pecho sin fin, pero…
—Señor esposo, ¿está bien? Ese dinero...
—Está bien. No puedo cambiarlo por la seguridad de este instante. Perdón por haberlo sorprendido, señor Flop, y gracias por presentármelo.
—...Si usted dice que está bien, a mí me vale. ¡Por suerte, la posada ya está pagada por adelantado!
En cuanto a la posada, la parte de Flop y Medium, que compartían habitación, también la pagaban Subaru y los suyos.
Era una forma de no cometer la deslealtad de contratar a Rowan sin pensar en las consecuencias y hacer que les pagaran la posada.
—Con todo, señor patrón. ¿Aún no ha tenido este servidor el honor de preguntar sus nombres?
—Ah, es verdad. Perdona. Es que tenía prisa. Mi nombre es...
—Espera.
Al oír lo del nombre, Subaru se apresuró, pensando que ya había sido desleal con Rowan. Y, justo cuando iba a presentarse, Rowan le detuvo.
Él puso la mano delante de la cara de Subaru y dirigió una mirada afilada hacia la ventana de la taberna.
—¿Señor... Rowan?
—...Hay una presencia extraña. Muchacho, ¿acaso te han seguido?
Ante la voz baja y queda de Rowan, Subaru contuvo el aliento.
Al lado, Flop preguntaba confundido “¿qué pasa?”, pero solo Subaru tenía una idea de la existencia de la presencia que Rowan había notado.
Más que “no me digas”, habría que decir “lo sabía”. La presencia extraña que Rowan había percibido, el ser que había seguido a Subaru, era el enemigo que lo había atacado en el callejón.
El enemigo que había matado tres veces a Subaru tampoco esta vez se había rendido con él.
—¿Quién diantres te sigue?
—...En serio, no sé quién es. Solo pensé que, si estaba fuera, atacaría. Por eso me di prisa en contratarte.
—Ya veo, ya. O sea que podría haberte sacado un poco más.
La realidad era que no tenía ni una manga que remover, pero Rowan lo dijo con un tono ligero.
Sin embargo, en el tono de Rowan había una leve tensión y seriedad, pero no inquietud. Eso sería señal de que tenía una confianza acorde con su destreza.
De hecho, la presencia de Rowan, con el alcohol ya despejado de sus pupilas, transmitía la de alguien fuerte.
—...
El arma de Rowan era la katana que llevaba al cinto, en la cadera izquierda.
Aunque ya llegaba tarde, ver una katana como arma era raro en el otro mundo. Entre un panorama dominado por las espadas occidentales, la de Rowan era una clara anomalía.
Mirándolo bien, sumado al ambiente de su pelo desgreñado, la figura de Rowan recordaba vagamente a un samurái. Solo que, como le faltaba gallardía, a lo sumo sería un ronin.
—Señor Rowan, el rival es...
—No hay por qué temblar. Sea quien sea el rival, si se planta frente a este servidor, no hay más que partirlo en dos. Con alcohol en el cuerpo, la espada de este servidor está en plena forma.
—O sea, “espada borracha”, en vez de “boxeo borracho”, ¿no? Nunca lo había oído.
Sin embargo, aquello no sonaba a farol, y Subaru creyó en la confianza de Rowan.
Dio la vuelta hacia el lado contrario de la ventana que Rowan fulminaba con la mirada y tiró de la manga de un Flop que no entendía la situación.
—Señor Flop, dejémoselo al señor Rowan.
—¿Dejárselo? ¡Si yo no entiendo bien la situación! ¿Contra qué diantres están luchando el señor esposo y el señor escolta?
—Eso, yo también...
Justo cuando iba a responderle a Flop “no lo sé”, la situación se movió antes.
Solo que no fue que el rival entrara de frente. Fue una anomalía más visible.
—Bueh...
Soltando un gemido así, un hombre corpulento se desplomó desde fuera de la taberna.
Ante aquel suceso repentino, Subaru se asustó tanto que, literalmente, dio un salto. Pero los demás presentes en el local, al verlo, reaccionaron con frialdad, como si estuvieran acostumbrados.
Los únicos que corrieron hacia el hombre caído fueron Flop y el dueño de la taberna.
Aunque, en realidad, quien se preocupó por el hombre fue solo Flop; al dueño se le notaba claramente en la cara que le fastidiaba que se ensuciara el suelo.
—¡Oye, tú! ¿Estás bien? ¡Recobra el ánimo!
—Fu, fuga, fuga...
—¡¿Fugafuga?! ¿Ese es su nombre? ¡Ánimo, muchacho Fugafuga!
—N-no, señor Flop, ese hombre...
Flop intentaba incorporar al hombre caído, pero la respuesta del hombre era un gemido, no una presentación formal ante un desconocido.
Y, además, un hombre que irrumpía en la taberna en esta situación era…
—Fuga...
—¡…! ¡Señor Flop! ¡Apártese!
El hombre caído boca abajo agarró el brazo de Flop, agachado, e intentó incorporarse.
En ese instante, a Subaru, con un mal presentimiento, tiró de Flop hacia atrás y lo alejó del hombre.
Fue justo en ese instante cuando…
—¡…!
El cuerpo del hombre que gemía “fugafuga” se hinchó y, en un instante, resplandeció de un rojo vivo.
Y entonces, el cuerpo hinchado del hombre estalló, y una explosión espantosa asoló el interior del local.
—¡¿Guaaah…?!
Los gritos resonaron en el local y la luz roja saltó de un lado a otro. Enseguida comprendió que era fuego que se extendía ardiendo, y que el cuerpo del hombre que había saltado por los aires era una bomba humana.
—¡Señor Flop!
—¡Es-estoy ileso, señor esposo! Pero esto...
Subaru y Flop, revolcados por la onda expansiva, abrieron los ojos ante el interior del local, convertido en un clamor infernal.
El truco de que el cuerpo del hombre saltara por los aires era, probablemente, que le habían hecho llevar una piedra mágica de fuego. Viendo aquella forma de sufrir, quizá la piedra mágica de fuego estaba dentro de su cuerpo.
Aquello explotó y el fuego saltó de un sitio a otro. Y, además, no solo eso…
—¡Cof, cof! ¿Q-qué es esto?! ¡Los ojos, mis ojooos!
Entre las llamas desbordantes, uno de los clientes borrachos, envuelto en el alboroto del local, se tapó la cara y gritó. Antes de darse cuenta, no era solo él quien gritaba; los hombres de alrededor también.
Los hombres, bañados por el humo que se elevaba desde el centro del local, convertido en el epicentro de la explosión, se tapaban los ojos y la nariz y soltaban gritos de un dolor espantoso.
—¡No pueden quedarse dentro del local! ¡Salgan todos, deprisa!
—Ma…
Un hombre, derramando lágrimas en abundancia, gritó, y los hombres que se tapaban la cara se abalanzaron a la vez hacia la entrada. Al ver a aquellos hombres empujándose, Subaru intentó alzar la voz para detenerlos.
Pero no llegó a tiempo.
—¡…!
Se produjo una segunda explosión y los hombres que se habían abalanzado hacia la entrada salieron despedidos a la vez.
La segunda fue mayor que la primera, y los hombres envueltos en ella, sin poder siquiera protegerse unos a otros, fueron quemados de frente por la deflagración y quedaron carbonizados.
Aquel calor y aquella onda expansiva se abalanzaron sobre él, y Subaru se quedó rígido ante la escena atroz.
Una imagen de pesadilla que se sucedía una tras otra, y que no podía creer que fuera real.
—Cómo... pue...
—¡Aguanta, patrón! ¡Si te caes aquí, este servidor también se vería en un apuro!
Agarraron a Subaru, rígido y aturdido, por el cuello de la ropa y lo incorporaron a la fuerza. Quien hizo eso con Subaru fue Rowan, que se tapaba la cara con la manga de la ropa.
Él indicó con la mano que se agacharan para no aspirar el humo que hacía sufrir a los hombres, y...
—¡Dueño! ¡Salimos por la puerta de atrás! ¡La de delante está vigilada!
—¡En-entendido! ¡Por aquí...!
Al oír las instrucciones de Rowan, el dueño, que sangraba por la frente, asintió obedientemente.
Y, señalando con la mano la espalda del dueño, que se movía arrastrándose por el suelo, Rowan le dio una palmada en la espalda a Subaru con un “¡vamos!”.
—¡El patrón y el muchacho de ahí también! ¡Si no quieren morir, muévanse ya!
—¡Cl-claro que no podemos morir! ¡Mi hermana y yo aún estamos a mitad de camino...!
—¡Mierda...!
Recibiendo el empujón de Rowan, Subaru y Flop también siguieron la espalda del dueño, que iba delante. Mientras lo seguían, la cabeza de Subaru estaba llena de confusión y de ira hacia sí mismo y hacia el enemigo.
Claro que sentía ira hacia el enemigo, que había acumulado semejantes atrocidades. Pero también sentía ira hacia sí mismo, que, sabiendo que había un enemigo, había calculado mal su grado de peligro.
Para empezar, el enemigo había hecho cosas como desbocar un carruaje de dragón en plena avenida.
También en aquello debía de haberse visto envuelto un número considerable de personas. Entonces, debería haber tomado más en serio que era un sujeto que no se preocupaba por los daños a su alrededor.
Por su culpa, los hombres que solo estaban en la taberna se habían visto envueltos…
—¡…! ¡La puerta de atrás no se abre!
Ante un Subaru que se culpaba, el dueño, que había llegado antes a la puerta de atrás, soltó un grito.
Él intentaba abrir la puerta desesperado, pero la puerta en cuestión no respondía a su llamada. ¿Era que el daño de la explosión la había deformado, o bien…?
—¡Mal asunto! ¡La entrada delantera está aplastada! Así que...
—¡Bah, apártense! Una puerta de este tamaño...
En el interior del local, donde crecía la fuerza de las llamas, Rowan saltó como si aplastara el grito de Flop. Puso la mano en la katana del cinto y, de un tajo, la descargó contra la puerta que no se abría.
—¡Bien! ¡Se ha abierto! ¡Todos, agáchense!
Abriendo la puerta de atrás, que estaba cerrada, Rowan gritó así a Subaru y los suyos, detrás.
La confusión que se extendía era tremenda, pero parecía que podrían escapar, de momento, de aquella situación desesperada de la taberna en llamas. También quedó claro que el criterio y la destreza de Rowan eran fiables.
Solo faltaba alejarse de allí cuanto antes y, al autor de aquella maldad…
—...
Y, de pronto, Subaru contuvo el aliento.
Algo le había chirriado. Predecir el pensamiento de aquel enemigo meticuloso y sin piedad.
Había arrojado al local a un hombre convertido en bomba humana, sacado a la gente del local con un humo cargado de sustancias irritantes y los había hecho saltar a la vez con una piedra mágica colocada en la entrada. Luego, bloqueada la entrada, había sellado también la puerta de atrás por algún método. Subaru y los suyos iban a escapar por la puerta de atrás, atravesando aquel sellado, pero…
—Señor Rowa—.
“Qué raro”, intentó decir Subaru, con aquella leve sensación de extrañeza.
Que, si el rival era meticuloso, no podía ser que aflojara la mano del ataque. Para transmitir aquella extrañeza, Subaru llamó a Rowan. No hubo respuesta.
—...
El cuerpo de Rowan, que se había asomado por la puerta de atrás, se inclinó hacia atrás, vacilante, y se desplomó.
Subaru, Flop y el dueño miraron, atónitos, al caído Rowan. A aquel Rowan, la cabeza se le había aplastado desde la frente hacia arriba, y los ojos, empujados hacia fuera, le colgaban.
Lo mirara quien lo mirara, a Rowan le habían aplastado la cabeza y estaba muerto.
—Hii.
Ante aquella muerte atroz, el dueño abrió los ojos e intentó gritar.
Pero ni siquiera eso pudo. Un golpe descargado desde el otro lado de las llamas se le clavó en el pecho y, desparramando las vísceras con estrépito, lo mató en el acto. Cayó entre las llamas y se olió al dueño quemándose.
—...
Entre el humo negro que se alzaba, algo apareció lentamente desde el otro lado de las llamas.
Era un hombre con un paño húmedo enrollado en la cara y un hacha en una mano. Que aquel hombre había aplastado la cabeza de Rowan y matado al dueño en el acto, así lo comprendió. Pero la comprensión llegaba hasta ahí.
—T-tú, ¿quién diantres eres? ¿Por qué haces esto?
Junto a un Subaru que no podía moverse, atónito, Flop, que había presenciado igualmente la muerte de Rowan y del dueño, habló con voz temblorosa. Dominado por el miedo, fulminaba con ojos serios la silueta entre las llamas.
—Que esto se permita... oh.
Con firmeza, la cabeza de Flop, que intentaba denunciar aquella maldad, recibió de lleno el hacha del hombre.
No hizo la tontería de golpear sin poner el filo, con el canto. Poniendo el filo, el hombre descargó el hacha sobre la frente de Flop, cubierta por el largo flequillo, y desparramó su contenido hacia fuera.
Con los sesos salpicando y mezclando el rojo de la sangre con el rojo de las llamas, Flop murió.
Con un ruido de agua desagradable, el cuerpo de Flop se derrumbó. La sangre, fluyendo poco a poco, fue ensuciando el trasero de Subaru, sentado en el suelo. No, los pantalones de Subaru ya estaban manchados con otra cosa muy distinta. Por el miedo, se orinó.
Ante la espantosa figura del hombre que, entre las llamas, bajaba el hacha manchada de sangre, Subaru sintió terror.
Ante aquella obsesión, ante aquella insistencia, ante aquel espanto, el alma le tembló.
—Por... qué...
Fue una pregunta de lo más necia.
Flop, que había hecho una pregunta parecida, fue asesinado sin piedad. Por supuesto, no había razón para que el hombre tuviera compasión solo con Subaru. Subaru también moriría. Lo matarían.
No tenía fuerzas para retroceder ni valor para arrastrarse. Ahora, no podía apartar los ojos del hombre.
Aunque le daba miedo mirar al hombre, también le daba miedo apartar los ojos, y no podía hacerlo.
—¿Por qué...? ¡¿Por qué?!
Como si hubiera olvidado cualquier otra palabra, Subaru gritó así, desesperado.
Aunque oyera aquel grito, el hombre no respondió nada. Con la cara oculta, levantó despacio el hacha y la alzó recta sobre la cabeza del Subaru sentado en el suelo.
Y entonces…
—¡¿Por qué?!
—No pienso enseñarte nada, ¿sabes? Si vuelves a escaparte, me fastidiaría, ¿no?
Y, al grito de Subaru, como si vomitara sangre, el hombre respondió por fin.
Al oír aquel tono de voz, como si contara algo evidente, Subaru contuvo el aliento.
Intentando cotejar aquella voz con algo que había oído en alguna parte.
—Bu.
Antes, el golpe del hacha, descargada, le partió el cráneo a Subaru.
Se oyó un sonido pequeño y duro.
Se oyó.