La Batalla por la Ciudad Fortaleza de Guaral
Capítulo 3
La Batalla por la Ciudad Fortaleza de Guaral
1
…Si cerraba los ojos, aquella escena volvía a la mente de Subaru.
En la espesura de un bosque frondoso, un suelo embarrado y el aire amenazador de hombres armados…
El rugido de las mabestias, que resonó como para rasgar aquel ambiente, y el ardor marcial que se encendía al comenzar la batalla… Y, dirigida hacia Natsuki Subaru, que lo había provocado, una ferocidad despiadada.
Era un acto que Subaru realizó por voluntad propia, con la conciencia de que, sabiendo lo que hacía, aun así decidió llevarlo a cabo.
Puso una balanza dentro de sí, sopesó lo importante y lo que no lo era, y lo ejecutó.
Era una acción emprendida con la firme resolución de causar daño.
Quienes no estaban acostumbrados a luchar contra mabestias... ¿qué habría sido de ellos al enfrentarse a una? Nadie lo sabe.
Quizá las sometieron en un instante, o quizá hubo quienes acabaron malheridos.
No quería ni pensarlo, pero las cosas podían no haber acabado ahí: era posible que hubiera quienes perdieran la vida.
—No, debía suponer que los había.
Debía justificar lo que había hecho; si lo había decidido y llevado a cabo, debía reconocerlo.
Que Natsuki Subaru había inclinado la balanza y ejecutado un plan en el que el otro bando podía morir.
No eran del culto de la bruja ni Arzobispos del Pecado; no eran gente malvada que dañara a otros por pura malicia.
Atacó a gente que, obedeciendo órdenes superiores, había elegido empuñar las armas como oficio para vivir; gente con la que habría podido conversar, con la que, según las circunstancias, habría podido forjar una relación amistosa.
Entonces, aquello debía de ser algo natural, inevitable, lógico.
La factura de los actos de Natsuki Subaru debía pagarla el propio Natsuki Subaru.
—Señor esposo, no ponga esa cara de ceño.
—...
—Bajo una cara sin sonrisa ni holgura no llega la fortuna... ¿¡Señor esposo!?
Justo después de que la punta del hacha se le clavara en el cráneo, con un sonido seco la vista se le aclaró.
En aquella visión nítida, lo que se le vino encima fue la figura de Flop, presionándose el entrecejo con un dedo.
Al evocar aquel suceso de hacía apenas una decena de segundos—la cabeza del apuesto joven de rostro fino y flequillo largo, partida—, Subaru se cubrió la boca de inmediato y se arrodilló allí mismo.
Entre la náusea que le subía y la cadena de sucesos atroces que habían caído sobre él—el corazón a punto de estallarle, las vísceras oprimidas y un pitido molesto en los oídos—, Subaru sufría.
Hasta la voz de Flop, preocupado por él, le llegaba lejana; ningún sonido lograba entrarle en la cabeza.
—Todd.
Entre el pitido agudo y el grito de sus entrañas, los labios de Subaru articularon un sonido breve.
Era el nombre de alguien a quien había conocido en el Imperio de Vollachia, la primera persona contra la que Natsuki Subaru había sentido una hostilidad pura y, además…
—el atacante despiadado que llevó a cabo la terrible masacre de hace un instante…
—...
La taberna estaba en llamas y el humo negro se alzaba.
Que muchos de los borrachos hubieran caído víctimas de la explosión se debía a la sustancia irritante contenida en el humo. Probablemente algo parecido a una granada lacrimógena casera con especias muy fuertes, pero su efecto había sido fulminante.
Provocó un incendio con piedras mágicas, selló la salida y empujó a los supervivientes hacia la puerta trasera. Bloqueó la puerta y, aprovechando el alivio de haberla abierto, sorprendió y remató al más diestro.
Y él mismo, protegiéndose del humo con un trapo mojado, mató a Subaru de forma directa y certera.
Sus últimas palabras y su voz—sobre todo los ojos que Subaru había vislumbrado a través del trapo—delataban la identidad del hombre.
Era Todd. Un hombre que debería haber muerto en la Selva de Buddheim.
—No...
Pero, a fin de cuentas, eso era solo información sin confirmar.
Con el ataque de las Shudrak, lideradas por Abel, el campamento de los soldados imperiales había quedado devastado. Al oír que había habido muchas bajas, Subaru, por miedo a hacerse daño, había bloqueado a propósito cualquier información adicional. Esta era la factura de aquella debilidad que lo hizo apartar la mirada.
—Si esta es la ciudad más cercana a la selva, es normal que los supervivientes hayan huido aquí.
Y, sin embargo, a Subaru no se le había pasado eso por la cabeza y, tranquilamente, había entrado por su propio pie en la ciudad donde lo esperaba su enemigo. Y, para colmo, con Rem.
Y aquel enemigo era, nada más y nada menos, uno que el propio Natsuki Subaru se había creado con sus actos.
—¡...!
Con un chasquido seco, Subaru apretó con fuerza las muelas.
La carne del interior de la mejilla, mordida, le agarraba la conciencia por el cuello con un dolor agudo y sabor a sangre, arrastrándola a la fuerza de vuelta a la realidad. Si no bastaba, no le importaba arrancarse a mordiscos toda la carne de la boca.
Ahora no podía permitirse dejarse aplastar por la ferocidad y el miedo.
—¡Anímese, señor esposo! ¿Un poco de agua?
—¡...! Estoy bien. Lo siento, señor Flop, por preocuparlo...
Su semblante y su tono no tenían por ningún lado ese “estoy bien”, pero Subaru se lo dijo a sí mismo mientras se ponía en pie con lentitud.
Le quedaban el temblor de las rodillas y la desagradable sensación de las vísceras encogidas. Pero no podía quedarse acurrucado para siempre. Mientras Subaru se entregara así a su fragilidad, el tiempo seguía avanzando.
Porque, incluso en ese momento, el plan de ataque de Todd debía de seguir avanzando, al acecho, con la mirada puesta en su presa.
—Oiga, señor Flop, tengo que pedirle un favor. ¿Podría volver a la posada y pedirle a Rem mi medicina para la enfermedad que padezco?
—¿Medicina? ¿Tiene alguna enfermedad grave, señor esposo?
—Sí, mi enfermedad crónica de tobillos relucientes se ha puesto bastante grave.
—¡Vaya! ¡Una enfermedad desconocida!
Flop, al oír aquel nombre inventado, abrió mucho los ojos, sorprendido.
No era agradable aprovecharse de su bondad, pero Subaru cerró los ojos ante la situación, sin más remedio. Ahora la prioridad era alejar a Flop de él cuanto antes.
Si el objetivo de Todd era la venganza, separándose podría garantizar la seguridad de Flop. Y si el único blanco era él, Subaru podría concentrarse en protegerse.
Todavía no había decidido cuál era la opción correcta, pero…
—Me reuniré con Rowan en la taberna y saldremos de ella para evitar la emboscada. Después...
No tenía más remedio que actuar de forma bastante improvisada.
Pero, como no tenía tiempo de detenerse a pensar con calma, lo único que podía hacer era poner en práctica la mejor jugada que se le hubiera ocurrido e ir por el golpe de suerte.
—Si se lo digo a Rem...
Si Flop volvía a la posada a buscar la medicina de aquella enfermedad desconocida, Rem se daría cuenta de que algo raro le había pasado a Subaru... o eso esperaba. Quería creerlo.
Y quería creer que, de ese modo, lo retendría sin dejar que volviera al lugar de los hechos.
Eran puras expectativas optimistas, pero era el límite de lo que a Subaru se le ocurría en ese momento.
—¡Señor Flop, por favor!
—¡D-de acuerdo! ¡Espéreme aquí! ¡Mantenga el ánimo, señor esposo!
Conmovido por la desesperación genuina de Subaru—que no era una actuación—, Flop regresó por donde habían venido hacia la posada. Despidiéndolo, Subaru decidió correr hacia la taberna.
Pero…
—¡U, aaaaah!
En el instante en que iba a echar a correr, el grito de Flop, del que acababa de separarse, le destrozó el corazón.
Subaru se giró de inmediato y descubrió a Flop caído en mitad del camino. El joven, tumbado boca arriba, tenía levantada la pierna derecha: un cuchillo pequeño la atravesaba por el muslo.
Enterrado hasta el filo, aquel cuchillo le había arrebatado a Flop la fuerza para correr.
—¡Señor Flop!
Retorciendo el cuerpo a toda prisa desde su postura de carrera, Subaru resbaló en el suelo y se mordió el labio. Aun así, impulsándose contra el suelo, corrió hasta donde estaba Flop, con la pierna herida.
Una vez más, el plan se le había ido al traste de golpe.
Había dado por hecho que, si se separaban, Todd priorizaría atacarlo a él. Y, sin embargo, que el blanco fuera Flop no estaba en sus planes. Además, el ataque había llegado mucho antes de lo previsto.
—¡Señor Flop! ¡Lo llevo a un sitio donde puedan curarlo enseguida!
Con todos sus arrepentimientos y reproches a cuestas, Subaru llegó hasta Flop, que se retorcía por el dolor de la pierna, pero no había tiempo de curarlo allí mismo.
Prestándole el hombro y llevándolo a un sitio con gente... no: corría el riesgo de reproducir la misma situación en la que lo habían atropellado en la avenida. ¿Lo mejor sería arrastrarlo hasta la taberna aunque tuviera que forzarse?
—...
Justo cuando llegó a ese punto, una duda surgió de pronto en la cabeza de Subaru.
Que la vida de Flop no corriera peligro era una buena noticia. Pero ¿por qué había ocurrido así? A juzgar por el modus operandi de la matanza de la taberna, el enemigo dominaba el arte de matar.
Y, aun así, ¿por qué había limitado su ataque contra Flop a la pierna?
—¡Mierd…!
En el instante en que la mala sensación lo atravesó, un destello oscuro brilló en el callejón justo al lado del caído Flop.
Al momento, un golpe afilado hizo volar por los aires a Subaru, que había alzado el brazo para protegerse la cabeza.
—¡Gaaah!?
Recibiendo el duro impacto de lleno, Subaru cayó y se golpeó la nuca contra el suelo. Con la vista nublada de blanco y el pitido sonando de nuevo con fuerza, aprovechó el impulso de la caída para dar otra voltereta hacia atrás.
Mientras se alejaba de quien había causado el impacto, se llevó la mano a la frente, que ardía por el golpe que no lo había matado. Probablemente, el fuerte impacto le había abierto una herida en la frente y…
—¿...Ah?
Su mano derecha, que iba a tocarse la frente, había salido volando: le faltaba todo el antebrazo, entre la muñeca y el codo.
—¡Gii, aaaah…!
Del brazo derecho, con la fea herida al descubierto, asomaban huesos blancos y fibras musculares rosadas, y la sangre brotaba a borbotones al ritmo de los latidos. Se apresuró a taparse la herida para detener la hemorragia, pero la palma de la mano izquierda también estaba partida en dos, con los dedos aplastados apuntando cada uno en una dirección.
Había fracasado al bloquear el golpe del enemigo de mala manera. Y, para empezar, también fue un error correr hacia Flop sin protección. Error, error, error, error, error, error, error, error, fallo, fallo, fallo, fallo, fallo…
—...Hm.
Subaru, que sujetaba la sangre que brotaba a borbotones, entraba en pánico por el dolor y la sensación de pérdida.
Quien emitió un pequeño sonido de garganta ante Subaru fue un hombre que llevaba un hacha en una mano: el que apareció del callejón era Todd, el joven que se recogía el pelo anaranjado con un pañuelo.
Esta vez no ocultaba el rostro.
Aquellos ojos despiadados que había visto en la taberna no habían sido una alucinación ni nada parecido.
Como sospechaba, Todd había atacado para matar a Subaru.
—¡Ugh, giiiih...!
Con las muelas apretadas hasta partirse, Subaru fulminó con la mirada a Todd, con los ojos inyectados en sangre.
En esa mirada no sabía si lo que se acumulaba era ira, odio o una súplica por su vida aún más patética; ni él mismo habría sabido responder. La reacción de Todd, en cambio, fue fría.
Con una expresión que no delataba emoción alguna, Todd pasó el dedo por el filo del hacha que le había destrozado ambos brazos a Subaru.

—Tendré que afilarla mejor. Fracaso tras fracaso.
Lo dijo con total desapego, tomando nota de la lección para la próxima vez.
—Bueno…
Subaru abrió mucho los ojos e intentó articular algo con la lengua temblorosa. Pero Todd, sin hacer caso de sus palabras, alzó el hacha con un ademán casual.
Como si quisiera decir que ni las palabras ni la identidad de Subaru le interesaban lo más mínimo…
—¡U, aaaah!
—¡Uah!
Pero, antes de que Todd dejara caer el hacha que había alzado, alguien se le abalanzó encima.
No era Subaru, que gemía de dolor con los brazos destrozados. Quien se había lanzado sobre Todd para proteger al Subaru que un solo golpe lo había dejado fuera de combate era Flop.
El bondadoso comerciante, que debería estar luchando contra el dolor agudo del cuchillo en su pierna derecha, se aferró a la espalda de Todd casi como si quisiera morderla y miró a Subaru por encima del hombro.
—¡Señor esposo, huya! ¡Huya ahora mis…!
El rostro fino de Flop, que suplicaba con apremio, recibió un golpe en la mandíbula que le echó la cabeza hacia atrás.
Todd, al que se habían abrazado, golpeó a Flop con el codo, y el joven, ajeno por completo a la violencia, fue despegado sin dificultad. Girándose hacia él, Todd alzó el hacha.
—¡Basta!
—¡Toma!
Sin tiempo para detenerlo, tras aquella ligera exclamación resonó un sonido húmedo y cortante.
El rostro de Flop, que miraba hacia arriba por el codazo, recibió el filo del hacha: al joven le partieron la cabeza junto con la cara, y se convirtió en un cadáver en un santiamén. La sangre corría, los sesos se derramaban y sus miembros se sacudían en convulsiones.
Al ver cómo el callejón se iba empapando de sangre poco a poco, Subaru se quedó con la boca abierta, atónito.
El dolor, la confusión y el miedo que volvía a aflorar le arrebataron a Subaru hasta el pensamiento racional.
¿Qué clase de hombre era aquel que tenía delante?
—A mí...
—¿Mmm?
—Que me odies... que me odies a mí, lo entiendo...
Esquivando la sangre del muerto Flop, Subaru le dijo aquello a Todd, que se había dado la vuelta.
Las lágrimas y los mocos se le derramaron a borbotones. Por la boca, con las muelas rotas, le corría la sangre; y, encima, empapado por la sangre que brotaba de su propio brazo derecho, Subaru estaba hecho un desastre de pies a cabeza.
Pero, más que todo eso, lo que más le dolía era haber dejado morir a Flop una vez más.
—¡Pero a los demás...! ¡A los demás no los arrastres...!
Había razones para que lo odiaran.
Por eso era inevitable que lo tuvieran en el punto de mira. Pero arrastrar a los demás en el proceso era una violación de las reglas. Era una acción cobarde, lejísimos de la honestidad. Eso era malvado. ¿No era eso la definición del mal?
Al oír las súplicas de Subaru, Todd gruñó en voz baja un “aah” y…
—Eh, amigazo, ¿de qué hablas con eso de odiar?
Dijo, en el callejón empapado de sangre, limpiándose la sangre salpicada en la mejilla e inclinando la cabeza con perplejidad.
Ante aquella actitud y respuesta tan despreocupadas, Subaru contuvo la respiración por un instante; pero pronto le subió una pasión incontenible y, escupiendo saliva, gritó “¡no te burles de mí!”.
—¡Tenderme una emboscada, prepararme una trampa...! ¡Perseguirme a mí con tanta insistencia...!
Lo habían acorralado con insistencia, con tenacidad.
Se le habían adelantado de antemano para poder matarlo con certeza, hiciera lo que hiciera, con preparativos minuciosos y trampas por doquier.
Perseguirlo hasta ese punto y luego hacerse el tonto... era una obstinación ridícula, sin sentido.
Era una profanación de la muerte de Flop. ¿Acaso pretendía humillar a Subaru y desahogar su rencor?
—¡Tú...!
—No sé qué te has imaginado, pero yo no tengo ningún rencor ni nada, amigazo. Encontré a un tipo peligroso en la ciudad. Está claro que hay que matarlo sin más contemplaciones.
—...
—A una serpiente venenosa no la matas por odio, sino por miedo. Y para eso, uso lo que sea para matarla.
Como si no fuera más ni menos que eso, Todd se quitó con cuidado del hacha los pelos y la piel que se le habían pegado. Serían restos de la cabeza destrozada de Flop, pero Subaru no pudo hacer otra cosa que quedarse mudo de estupor.
En la actitud de Todd, que respondía incluso con una sonrisa, sin inmutarse, no había ni rastro de mentira.
Por lo demás, los ataques que Todd le había lanzado hasta entonces ya demostraban que sus palabras iban en serio.
Todd solo tenía intención de matar a Subaru por considerarlo peligroso.
Por eso no le preguntaba nada, no lo dejaba hacer nada y no le permitía decir nada.
Y ni siquiera odiaba lo que Subaru había hecho en aquella selva. De aquella acción, Todd solo había sacado la conclusión de que Subaru era un individuo peligroso.
Por eso Todd intentaba matar a Subaru con total frialdad, sin dejar que la emoción se interpusiera.
—Tú y yo somos de la misma calaña. No te doy tiempo.
Diciéndolo, Todd le plantó la suela de la bota en el pecho a Subaru y lo derribó de una patada hacia atrás. A Subaru, que cayó de espaldas sin poder resistirse, Todd lo cruzó y alzó el hacha.
Con los ojos muy abiertos, Subaru buscó las palabras correctas.
Hacer un Retorno por Muerte y rastrear, desde todas las situaciones posibles, las posibilidades que conectan con el pasado: esa era la forma que tenía Subaru de arrebatar la victoria. Pero había situaciones en las que aquel método, que incluso había funcionado contra Arzobispos del Pecado, no servía de nada.
Y esa situación era…
—Espe…
—No espero.
…era cuando el enemigo es un asesino frío y despiadado.
2
—Señor esposo, no ponga esa cara de ceño.
—¡...!
—Bajo una cara sin sonrisa ni holgura no llega la fortuna... ¿Q-qué pasa? ¡Se ha puesto pálido de repente!
Si uno ve caer un hacha en línea recta hacia su propia cara, es normal que a casi cualquiera se le vaya la sangre del rostro.
Subaru, que se había llevado la mano a la cara sin pensarlo, comprobó el frío de su rostro pálido y el hecho de que sus dos manos, que sentían aquel frío, seguían intactas; y su corazón se vio zarandeado entre el alivio y el terror.
Si se mira el tiempo, todo lo que le había ocurrido a Subaru había sucedido en apenas unos veinte minutos.
En esos veinte minutos, Subaru ya había perdido la vida cinco veces.
En la fase final de la Atalaya Pléyades, también entonces había acumulado más de quince experiencias de “muerte” para encontrar el camino a la victoria, pero en aquella ocasión estaba seguro de que avanzaba paso a paso.
Esta vez, no había esa certeza.
Los cadáveres apilados de Natsuki Subaru no le daban la sensación de estar contribuyendo a la victoria.
Si había una sola cosa que pudiera afirmarse…
—Me están observando, ahora mismo.
Todd ya estaba vigilando a Subaru, que iba junto a Flop.
Por eso, en el instante en que se separaron, Todd había usado a Flop como cebo sin piedad alguna.
Si Subaru hubiera tenido la crueldad de usar a Flop como señuelo, otra cosa sería; pero, como no podía hacerlo, la estrategia de separarse de Flop era imposible de llevar a cabo.
Al mismo tiempo, también se le arrebataba la opción de volver a la posada.
No se sabía en qué momento había descubierto Todd la presencia de Subaru, pero si lo había visto en ese trayecto hacia la taberna, entonces no sabía dónde estaba la posada, ni dónde estaba Rem.
Sí: no sabía dónde estaba Rem. En eso se podía confiar bastante.
Si hubiera sabido dónde estaba Rem, Todd la habría usado para matar a Subaru con un plan mucho más elaborado. Era irónico que la confianza en la astucia de Todd fuera, a su vez, la prueba de que Rem no había caído en sus manos.
—En fin...
Mordiéndose el labio y cubriéndose la cara con la palma de la mano, Subaru hizo girar la cabeza a toda prisa.
El tiempo... sobre todo, el tiempo no alcanzaba.
Si se separaba de Flop, Todd atacaría al momento.
Al contrario: esperar a que atacara para contraatacar... no, tampoco era un rival al que pudiera ganar esquivando el primer golpe. Sin armas, Subaru tendría que arrebatarle la capacidad de combate de un solo golpe. Imposible.
Si huía a la avenida principal, Todd haría que un carruaje de dragón se desbocara y lo atropellaría.
Incluso si esquivaba el carruaje desbocado, era muy probable que Todd aprovechara el caos de la avenida para dar el siguiente paso. Y, por si fuera poco, gente ajena a todo se vería envuelta en el desbocamiento del carruaje. Imposible.
Si intentaba ir por otro camino, todos los callejones que había por todas partes eran el coto de caza de ese tipo.
Era imposible prestar atención a los cuatro vientos, a todas las direcciones imaginables; y, aunque consiguiera esquivar el primer golpe, al final, como en el plan del contraataque, se topaba con la misma falta de fuerza de combate. Imposible.
Después de todo, lo mejor sería correr junto a Flop hasta la taberna y, antes de que Todd terminara de preparar el asalto, reunir sus propias fuerzas y recibirlo allí.
La dificultad estaba en cuánto podía contar con un Rowan completamente borracho, pero, de los planes que se le ocurrían en ese momento, aquel era el que más probabilidades de éxito tenía... o eso esperaba. No se le ocurría ninguna otra opción.
—Mierda, mierda...
Qué enemigo tan problemático se había echado encima.
Si se tratara de un Arzobispo del Pecado, esos tipos, que dependían de sus Autoridades, tenían la gracia de que su punto fuerte fuera también su punto débil. Porque, al desentrañar el mecanismo de su Autoridad, sus debilidades salían a la luz.
Pero Todd no tenía nada de eso. Usaba lo que fuera. Tal como él mismo había dicho.
No dependía de nada y no le importaban los daños colaterales.
Ni siquiera qué excusa pensaba dar a los demás después de matar a Subaru era una incógnita absoluta: no tenía en cuenta nada de lo que viniera después.
Había algo aterrador en cómo no dejaba que ningún pensamiento superfluo se interpusiera entre él y aquello que debía matar.
—¿Señor esposo? ¿Se encuentra bien? Si le pasa algo, mejor volvamos a la posada...
—¡N-no! ¡Eso no! ¡Eso no puede ser!
Subaru respondió con demasiada vehemencia, y Flop abrió mucho los ojos ante aquella voz.
Nada más hacerlo, Subaru maldijo de verdad su fragilidad mental. Si mostraba comportamientos raros, Todd empezaría a sospechar.
Y, si eso pasaba, se esfumaría la ventaja del Retorno por Muerte, conseguida con tanto esfuerzo.
Como ya lo tenían localizado, lo único que Subaru podía explotar era la idea preconcebida de Todd de que su presencia aún no había sido descubierta.
No debía dejar que Todd se diera cuenta de que Subaru ya lo sabía, y sin embargo…
—Espera.
De pronto, una idea cruzó la mente de Subaru, que se esforzaba por dar con una estrategia contra Todd.
Todd no se aferraba a ningún método concreto y no le importaban los daños a su alrededor. Pero lo que no le importaba era el daño a los demás. No el daño a sí mismo.
Al contrario: precisamente porque quería reducir al extremo el daño a sí mismo, atacaba por sorpresa.
¿No lo había dicho el propio Todd, con su propia boca?
“A una serpiente venenosa no la matas por odio, sino por miedo.”
Si era así…
—¡Todd! ¡Sé que estás ahí!
—¿¡Wauhwhaaa!?
Siguiendo aquella idea que le había cruzado como un rayo, Subaru alzó la voz.
Al instante, Flop dio un salto, sobresaltado por lo inesperado. Pero no debía de ser el único sorprendido: Todd, que los seguía, también debía de haberse llevado un susto.
Confiando en ese sobresalto, Subaru agudizó la mirada, torció la mejilla con ferocidad y, poniendo la cara de malo más convincente que pudo, recorrió los alrededores con la vista…
—¡Vaya tipo más cabezota! Con lo que te pasó, di por hecho que habías muerto, pero mira: sigues vivo, con una suerte del diablo. ¡Pero esta vez no te escaparás! ¡Te voy a matar a golpes!
Con la voz más amenazante que pudo, escupió improperios cargados de malicia y hostilidad.
Así, estuviera donde estuviera escondido en el callejón, la voz le llegara con seguridad y le transmitiera que Natsuki Subaru se había dado cuenta de su presencia.
—¿Crees que puedes ganarme? ¡Vaya chiste! ¡Me río de ti, JA, JA, JA, JA, JA! ¡Quiero volver a verte huyendo como un cobarde!
Exhibiendo el doble cartel de la provocación y la burla, Subaru soltó una carcajada en mitad del callejón.
Por una vez, agradeció de corazón su desvergüenza, por tener sangre fría sobre un escenario. De no ser así, la voz le habría temblado, el miedo se le habría reflejado en la cara y el terror, en los ojos.
Que nada de eso asomara se lo debía a la maldad innata de Natsuki Subaru.
—¿S-señor esposo...?
—Shh. Señor Flop, no diga nada.
Haciendo callar al confundido Flop, que no entendía aquel cambio radical, Subaru tiró de su brazo y echó a andar.
No volverían por donde habían venido. De momento, era casi seguro que Todd se ocultaba por allí.
Por eso, deteniéndose a mitad del camino y girando solo el cuello para mirar atrás, hacia el callejón…
—Ah, si quieres atacar, cuando quieras. Como desees; te haré pedazos.
No sabía si surtiría efecto, pero aun así alzó el dedo corazón como última provocación.
Y así, ocultando el estruendo de su corazón, Subaru avanzó hacia el final del callejón con una sonrisa desafiante.
Siendo sinceros, había sido una apuesta total.
El escenario en el que Todd, encolerizado por la provocación, saliera del callejón blandiendo el hacha era más que plausible. Pero Subaru creyó que no ocurriría.
Todd no se encolerizaba. Era el tipo de hombre que, con total frialdad, no dejaba de buscar la mejor jugada.
Y precisamente por eso, pensaba Subaru, su farol funcionaría con Todd.
Si su objetivo era eliminar al Subaru que había encontrado en la ciudad, en cuanto se derrumbara la premisa del ataque sorpresa, cambiaría de método y empezaría a buscar el siguiente paso.
Todd no se aferraba a ningún método.
Ahí estaba la diferencia con los Arzobispos del Pecado. Y Subaru iba a aprovecharse de esa flexibilidad.
—Lo que queda es...
Había puesto en marcha la estrategia que se le había ocurrido de repente, pero lo que viniera después era una incógnita.
Si Todd había aumentado su cautela hacia Subaru, debía de haberse hecho un hueco de tiempo hasta el siguiente ataque. En ese intervalo, Subaru debía elegir entre luchar o huir.
Si luchaba, necesitaría contar con Rowan, el de la taberna. Como no se le ocurría ningún otro recurso, pedir su ayuda era la opción más favorable.
Si huía, tendría que ir a la posada, tomar de la mano a Rem y salir disparado de la ciudad. Y, lo sentía, pero tendría que pedirles a Flop y a los suyos que lo acompañaran; de lo contrario, ellos también correrían peligro.
Y, si huía de la ciudad, el sitio al que Subaru podría escapar era…
—Ya veo... era eso.
—¿Señor esposo?
Mientras vigilaba el callejón a sus espaldas, en ese instante los ojos de Subaru se inyectaron en sangre.
En ese momento, se olvidó por completo del miedo a Todd, de la culpa hacia Flop, de la preocupación por Rem, del cariño por Emilia y de las ganas de ver a Beatrice.
Se olvidó de todo, apretó con fuerza aquella sensación que había aflorado y cerró los ojos con fuerza.
Y entonces…
—Salimos de Guaral ahora mismo. Antes de que descubran mi farol.
3
Una vez decidida la nueva línea de acción, Subaru actuó con rapidez.
Incluso cuando salió del callejón y empezó a moverse, Todd no atacó. Era indudable que aquella provocación de Subaru había servido para aumentar su cautela.
Pero un farol así no era más que un parche temporal.
—Lo van a descubrir enseguida, seguro. ¡Tengo que escapar rápido...!
Con esa resolución en el corazón, Subaru, con una explicación a medias, llevó a Flop de vuelta a la posada de la que acababan de salir—la misma de la que se habían ido antes de sus cinco muertes—y subió las escaleras a la carrera.
Y, llamando a la puerta de la habitación donde estaban Rem y las demás mujeres, entró a toda prisa.
—¡Rem! ¿Estás bien...!? ¡Uah!?
—¡Woojo’a! ¡Ah, son ustedes, manito! ¡poquito má’ y los mato!
Lo que se posó contra el cuello de Subaru, que había abierto la puerta de par en par, fue el filo frío de sus espadas salvajes. Medium, que las empuñaba, retiró el arma pidiendo disculpas con un “Discúlpame ahí, llave”.
Detrás de Medium, al fondo de la habitación, Rem observaba aquel cruce de armas con los ojos muy abiertos.
—¿Q-qué pasa de repente? Pensé que habían salido, y vuelven tan pronto...
—¡Rem!
—...!
La sorprendida Rem soltó un reproche ante la vuelta de un Subaru descompuesto. Pero él no la escuchó del todo: se acercó rápido hasta ella y la abrazó.
Abrazada de frente por aquel cuerpo delgado, Rem encogió los hombros y contuvo el aliento.
—...Suéltame.
—...Uh, perdón. Es que me emocioné sin querer...
—Eso lo entiendo. Viéndote así, está claro que pasa algo fuera de lo común.
Tras comprobar que estaba a salvo, Rem separó con calma a un Subaru a punto de emocionarse.
Subaru se había preparado para que Rem lo regañara por aquel arrebato, pero ella, tras soltar un largo suspiro, sin mencionar la falta…
—¿Qué ha pasado?
—...Un tipo peligroso me ha encontrado. Ahora mismo estoy ganando tiempo como puedo, pero no podemos quedarnos mucho.
—¿Salir de la ciudad? Entendido. Ruy, agarra el equipaje.
Como si hubiera captado que Subaru no tenía tiempo de explicar nada, Rem asimiló la situación sin resistencia. Y hasta Ruy, obedeciendo la indicación de Rem, cargó el equipaje al hombro con un “¡uu!”.
—No, espera: algo no cuadra.
—¿Por qué no han deshecho el equipaje? Si ya se habían instalado en la posada...
—...
—No me digas, Rem, que tú...
Rem, que se había quedado callada, no dijo nada ante la mirada de sospecha de Subaru.
Pero, con solo mantener aquel silencio, ya estaba confirmando las sospechas de Subaru.
—Conque era eso... Con razón me seguiste sin oponer resistencia...
—Señor esposo, parece que tiene algo en mente, pero no es momento para eso, ¿verdad?
—Señor Flop.
Mientras Subaru, con la frente cubierta por la mano, rumiaba su descontento por la actitud de Rem, Flop le dio una palmada en el hombro. Ante la expresión seria de Flop, Subaru se sintió empujado a actuar.
No podía desperdiciar el tiempo que había ganado con aquella gran actuación, la más grande de su vida.
—Hermana, nosotros también salimos de la ciudad con estos tres. Por lo visto, hay un peligroso galán que va por este señor esposo. ¡Hay que poner a salvo a la señorita esposa y a la sobrinita!
—¿¡Ehhh, ‘tonces, manito!? ¡Ya hasta me había quitado las botas!
—¡Vuelve a ponértelas, hermana! ¡Los zapatos se pueden usar las veces que quieras! ¡Esa es su ventaja!
—¡Ohhh! ¡Increíble, manito! ¿¡Ahora eres el propio genio zapatero!?
Convencida por la audaz argumentación de Flop, Medium se volvió a poner las botas a toda prisa.
Como era una conversación entre hermanos, el ajeno a la familia no se metió; pero, dudando mucho de que aquello hubiera servido de algo, Subaru levantó a Rem en brazos.
—¡Oye! ¡Por lo menos en la espalda...!
—¡Ahora es una evacuación de emergencia! ¡Señor Flop! ¿Dónde está el carro de bueyes?
—¡En el establo de la posada! Y te advierto: no es exagerado decir que Botecliffe, el Falo, es nuestro tercer hermano. ¡No podemos abandonar a nuestro querido hermanito!
—¡Manito! ¡Botechín e’ chica!
—¡Nuestra querida hermanita!
—¡Uu! ¡Uu!
A pesar de la situación apremiante, arrastrando a aquel grupo tan ruidoso, Subaru bajó a toda prisa a la primera planta con Rem en brazos.
—¡Perdón por el escándalo! ¡Quédate con el dinero de la habitación!
Pasando por delante de la recepción sin reclamar la devolución de los días no usados, Subaru y los suyos salieron disparados.
Fueron directos al establo y encontraron, entre los carros atados, el de Flop y los suyos.
—¿A qué velocidad corre un Falo a toda marcha?
—Ja, ja, ja, nunca lo he hecho correr a toda marcha. Hermana, ¿cuánto crees que corre?
—No, no sé, pero seguro que e’ má’ rápido que tú, manito.
Oído aquel comentario poco fiable, Subaru subió a Rem a la plataforma del carro. A su lado, dejó caer a Ruy, que llegaba corriendo, y abrió de par en par la entrada del establo.
Con Flop y Medium subidos al pescante, la preparación para la fuga estaba completa.
Solo faltaba…
—Oye, ¿qué es eso de “galán”? ¿Qué le has explicado al señor Flop?
—¡Ahora no es momento para eso! ¡Señor Flop, haga correr a Botecliffe a toda marcha!
—¡Ah! ¡Entendido! ¡Corre, Botecliffe!
Rem, con los ojos entrecerrados de fastidio, tiró de la manga de Subaru, que se había subido a la plataforma, pero él, sin responder a su pregunta, le gritó a la espalda de Flop.
Al oírlo, Flop hizo restallar el látigo y golpeó con fuerza el lomo del Buey Valiente: Botecliffe.
Y el carro de bueyes echó a andar. Despacio.
—¡Es lentísimo! ¡Va andando!
—¡Botecliffe! ¡Corre! ¡Haz caso a tu hermano, Botecliffe!
—Creo que no te considera su hermano...
El comentario de Rem sonaba a pura verdad, pero la velocidad de Botecliffe—no, su velocidad al andar—no cambiaba. A este paso, era mucho mejor que Subaru cargara con Rem y que todos corrieran.
Y, mientras la sensación de urgencia de Subaru iba en aumento…
—¡Corre, Botechín! ¡Vas a ser la comida de hoy si no, ¿oí’te?!
—¡¡...!!
Medium, con las dos espadas salvajes desenvainadas alzadas sobre la cabeza, las frotó con aire amenazador mientras gritaba.
Al instante siguiente, Botecliffe lanzó un mugido grave y potente y empezó a correr por el camino con una furia arrolladora.
—¡Uooooah!
Sacudido por aquella aceleración y aquellos bamboleos brutales, Subaru soltó un grito desde la plataforma.
Botecliffe salió disparado del establo, irrumpió en la avenida principal y giró casi derrapando; Subaru estuvo a punto de salir despedido de la plataforma, y Rem le agarró la mano de inmediato.
—¡Uf, por poco! ¡Me salvaste, Rem! Qué manos más suaves tienes…
—¿Eh?
—¡No me sueltes de repente!
Aquel comentario de más se le escapó por el impulso, y Rem le soltó la mano, con lo que Subaru se golpeó la cabeza contra la plataforma. Por suerte, no llegó a caerse, y todos siguieron a bordo del carro de Falo en marcha.
El carro de Falo cruzó la calle a toda velocidad y, bajo las miradas de todos, esquivando a derecha e izquierda otros carruajes de dragón, carros de bueyes y carros de perros, se dirigió a la gran puerta principal.
—Si seguimos por la avenida, llegaremos a la puerta principal, donde estaba el control...
—No, parece que no va a ser tan fácil.
—¿Qué? ¡Oye, oye, oye, oye!
En la dirección en que avanzaba el carro de Falo a toda velocidad, Subaru abrió mucho los ojos al ver aquello que Rem señalaba.
Bloqueando la avenida en su trayectoria, desplegados, había hombres con armaduras grabadas con el emblema nacional del Lobo Espada: los soldados imperiales, que se habían extendido para cerrarles el paso.
—¿Todd...? ¡Ha cambiado de planes y ha llamado a sus colegas!
No se veía a Todd entre la fila de soldados imperiales apostados, pero que estuvieran bloqueando el camino de Subaru y los suyos era, sin duda, obra suya.
Tras la provocación del callejón, Todd, al ver que solo no tenía ventaja, había reunido a sus colegas. Una decisión sumamente lógica e inevitable. Tan acertada que daba rabia…
—¡Ustedes! ¡No se crean que van a escapar!
Y, en lugar del ausente Todd, quien encabezaba la tropa desplegada era una cara conocida.
Un hombre de aspecto que era la viva imagen de lo rudo y lo brutal, con un parche en el ojo derecho: Jamal. El hombre que había viajado con Todd y al que, en aquella selva, Subaru también había tendido una trampa.
Si Todd seguía vivo, no era extraño que él también lo estuviera, pero…
—¡Cómo te atreviste a soltarnos esas mabestias encima! ¡Te voy a matar!
—...Así que ese tipo me odia sin más. Eso me alivia.
La actitud de Jamal, con los ojos inyectados en sangre y gritando de rabia, era más humana y tranquilizadora.
Dicho esto, aquello no hacía que Jamal dejara de ser una amenaza. La formación de los soldados imperiales, Jamal incluido, era una amenaza en toda regla. La cuestión era cómo atravesarla.
—Sujeta bien las riendas, manito. Cuento contigo.
—¡Ah, ve por ello, hermana!
Pero, en el poco tiempo disponible, antes de que Subaru pudiera elegir su siguiente movimiento, los hermanos O'Connell—Flop y Medium— ya habían dado la respuesta desde el pescante.
Y, sin tiempo para detenerla, Medium, que había apoyado el pie en el borde del pescante, se lanzó hacia delante…
—¡Zas!
Y, pateando el pescante con la suela de la bota, su cuerpo salió disparado a la velocidad de una flecha.
Así, en línea recta, Medium, con las espadas salvajes desenvainadas, se lanzó contra la formación enemiga que tenía delante.
—¡Oraaah!

Frenando en seco dentro de las filas enemigas, arañando el suelo con los talones, Medium agitó ambos brazos.
Las espadas salvajes, hendiendo el viento, se desataron; se generaron ondas de choque descomunales y los soldados imperiales, con sus armaduras, salieron volando por los aires salpicando sangre.
—¡Q-qué fuerteeee!
—¿Así se halaga a una mujer?
—¿Qué se supone que tengo que decir? ¡Esto es un halago! ¡La señorita Medium es foertíiiiisima!
Recibiendo la fría corrección de Rem por aquella opinión sincera, Subaru alzó la voz ante aquel poder inesperado.
Al oír la voz de Subaru, Flop, desde el pescante, se frotó la nariz con el dedo, orgulloso.
—¡Ese es el talento de mi hermana! ¡Yo para el combate no sirvo en absoluto! Compensándonos mutuamente con mi hermana…
—¡Estás tapando tus debilidades! ¡Ahora entiendo el sentido de todo esto!
—¡Me comprendes!
Contento con la respuesta de Subaru, Flop mostró sus dientes blancos con los ojos brillantes.
Era una teoría prestada de Flop, pero la había confirmado con sus propios ojos: era un hecho.
Medium, desatada, derribaba a los soldados imperiales que bloqueaban el camino uno tras otro, abriendo una ruta para que pasara el carro de Falo.
—Con esto...
—¡No te creas tan lista, maldita zorra!
—¿¡Uyquée!?
Justo cuando Subaru, viendo la luz al final del túnel, cerraba el puño con esperanza.
En ese instante, una hoja blanca relampagueó contra Medium; ella lo bloqueó con sus espadas salvajes, pero su cuerpo salió despedido con una facilidad pasmosa. Medium se sobresaltó por el impacto. Quien la había lanzado por los aires era un hombre que, como ella, empuñaba dos espadas: Jamal.
—¡Vamos, rápido! ¡Ustedes! ¡A mis pies! ¡Póstrense!
—¿¡Uyqueé!? ¡’o jo’aaa! ¡Manito, es fuerte ese tipo!
—¿En serio?
Lanzando improperios a raudales, ciego de ira, Jamal blandió sus dos espadas y arremetió contra Medium. Ella las bloqueaba, pero a simple vista se veía la diferencia de poder: estaba en clara desventaja.
Aquel Jamal, que hasta entonces solo había parecido un comparsa o un perro de pelea, tenía un poder de combate inesperado.
—¡Mierda! ¡No hay distancia!
Gracias a la lucha desesperada de Medium, el número de soldados imperiales que bloqueaban el camino había disminuido.
Con el ímpetu del carro de Falo parecía posible atravesarlos a la embestida, pero solo si no estuviera Jamal plantado en medio del camino como una estatua. A este paso, un solo hombre los detendría.
—¡Hermana!
En ese instante, Flop gritó.
La acorralada Medium desvió un instante la mirada hacia la voz sonora de su hermano. Todos esperaban que soltara un consejo capaz de revertir la situación, pero…
—¡Ánimo!
Lo que salió fue, sin duda, un discurso de puro coraje.
Ante aquello, la mente de Subaru se quedó en blanco, y hasta Jamal se quedó boquiabierto.
Pero Medium O'Connell, unida a su hermano por lazos de sangre, era distinta.
—¡Me esforzaré!
Recibiendo el ánimo de su hermano, las espadas salvajes de Medium, que rugió, se pusieron a gruñir.
Dando un giro total a su postura, de pura defensa pasó a un ataque furibundo, y la tormenta de espadas salvajes que blandía cayó sobre todo el cuerpo de Jamal.
—¿Crees que una carga desesperada le sirve a un soldado imperial?
Pero Jamal desvió aquel ataque furibundo con sus dos espadas y su contraataque se clavó en Medium.
Medium sufrió cortes en brazos y piernas; sangrando y con el rostro contraído por el dolor, aun así restó manos de la defensa para sumarlas al ataque y se empeñó en frenar a Jamal. “No puede ser que piense quedarse aquí frenando a Jamal”, pensó Subaru, y se disponía a gritar “eso no” con todas sus fuerzas cuando…
—¡El del parche!
Antes de eso, Rem se puso en pie, cargó con una de las cajas de madera apiladas en la plataforma y la lanzó con toda su fuerza contra Jamal. Girándose con un “¿eh?”, Jamal agitó el brazo con aire molesto ante la caja que se le venía encima y la partió en dos con una facilidad pasmosa.
Y, de paso, recibió en todo el cuerpo las especias que había dentro.
—¿¡Guaah!? ¿Q-qué es esto...?
Con la vista cubierta por el polvo que volaba, Jamal agitaba los brazos, atormentado. En ese instante, Medium intentó aprovechar el hueco para apuntar a su espalda con las espadas salvajes, pero…
—¡Señorita Medium!
Antes de ese ataque, Subaru, sin pensarlo, había lanzado hacia Medium el látigo que acababa de desenvainar. Al verlo, Medium priorizó agarrar el látigo por encima de atacar.
—¡Lo tengo!
—¡Entendido!
En cuanto oyó la voz de Medium, Subaru aguantó con todo el cuerpo el peso que cayó sobre el látigo. Clavando los pies en la plataforma, sostuvo el peso de Medium y la ayudó a regresar.
Medium saltó ayudándose del látigo; con ella de vuelta, la cuestión era atravesar la puerta principal.
—Por eso, no te creas que vas a escapar... ¿¡Buaah!?
—¡Esto es por lo de la orilla del río!
Cuando Jamal, acelerando, se disponía a atacar la espalda de Medium en pleno salto, un golpe de Rem lo recibió en plena cara.
Lo que le destrozó la nariz a Jamal fue el armazón de carga que había en la plataforma. El armazón que habían cedido a Flop y los suyos quedó hecho añicos: esta vez sí, había cumplido su papel por completo.
Jamal cayó de espaldas, y Medium volvió al carro de Falo. Arrojó las espadas salvajes que llevaba sobre la plataforma y se tumbó allí mismo en forma de estrella.
—¡Uf, uf, uf, por poquito! ¡Por poquito! ¡Manito, fue por un poquito!
—¡Oh, sí, hermana! ¡El señor esposo y la señorita esposa también se han esforzado mucho! ¡Nos han salvado!
—¡De verdad, de la plena, gracias! ¡Nos han salvado!
—N-no, qué va. Los que hemos sido salvados somos nosotros, sin duda.
Medium, de vuelta en la plataforma, y Flop, vitoreándola. Pero el agradecimiento de los hermanos iba desencaminado. En esta ciudad, habían sido los hermanos O'Connell quienes los habían salvado de principio a fin.
Y, para colmo, los habían arrastrado a sus propios problemas: ¿cómo demonios iban a disculparse?
—¡Alto! ¡Alto! ¡De...! ¡Uooah!?
El guardia de la puerta, que se había plantado para detener al carro de Falo en plena carrera, se apartó de un salto lateral.
Pasando a su lado sin perder un ápice de ímpetu, el carro de bueyes con Subaru y los suyos se dirigió a la puerta principal de Guaral. Sembrando el caos en la cola del control, se dispuso a salir de la ciudad de una sola embestida.
Habían estado en Guaral apenas tres horas: una situación disparatada.
Pero tenían que atravesar el control como fuera y cruzar la puerta principal. Botecliffe tendría que esforzarse y seguir corriendo un poco más para sacudirse a los perseguidores.
Y después, hablar con Flop y los suyos sobre lo que vendría…
—...
Entre violentos bamboleos, la cabeza de Botecliffe atravesó la puerta principal, hacia el exterior de la ciudad.
La vista se abrió, se veían la llanura inmensa y el horizonte: era el momento de la fuga definitiva.
Fue entonces cuando, desde justo encima de la puerta, una figura blandiendo un hacha cayó sobre Subaru.
—¡Ooooah!
El golpe que descendía iba a caer en vertical sobre la coronilla de Subaru, partiéndolo como una caña de bambú.
Era un golpe al que ni Rem, ni Medium, ni, por supuesto, Flop ni Ruy podían reaccionar. Un golpe de pesadilla que solo se podía bloquear si lo esperabas.
Pero…
—Sabía que vendrías.
Subaru detuvo el golpe del hacha con la espada salvaje que Medium había dejado caer en la plataforma.
Había calculado que Todd atacaría en el instante en que la fuga pareciera exitosa, en el momento de máxima relajación, asestándole un golpe en la cabeza, su objetivo.
Cinco veces de terror le confirmaban a Subaru que Todd haría exactamente eso.
—Oye, amigazo, como pensaba, había que matarte.
—¡Grr...!
Con la ferocidad brillándole en los ojos, Todd empujó el hacha con fuerza, intentando partir a Subaru en dos.
Subaru había conseguido bloquear con la espada salvaje, pero el impacto le había dejado los brazos entumecidos: era cuestión de tiempo que se le cayera.
Ni Rem ni Medium llegarían a tiempo a aquel forcejeo mortal.
Había esquivado el golpe mortal con tanto esfuerzo, y aun así Todd iba a matarlo…
—¡Aaah uuuh!
—¡Uah!
De pronto, la fuerza con que Todd empujaba el hacha se debilitó.
Al fruncir el ceño, Subaru vio a Ruy aferrada al cuerpo de Todd. Sacudiendo su cabello dorado, Ruy se resistía con todas sus fuerzas para detener la barbaridad de Todd.
—¡No te metas, mocosa!
—¡Au!
Sacudiéndose a la Ruy que lo estorbaba, Todd le asestó un codazo despiadado en la cara. Recibiendo el golpe, Ruy soltó un grito y cayó de espaldas.
—¡...! ¡Maldito bastardo!
Al verlo, Subaru apretó las muelas y empujó a Todd con fuerza.
Sorprendido, Todd tambaleó y se abrió distancia de la posición de forcejeo. Pero esa era, precisamente, la distancia perfecta para Todd. Blandiendo el arma de asta, se preparaba el siguiente golpe.
Antes de eso…
—¡Lo estás viendo, ¿no?! ¡Hazlo, Kuna! ¡Holly!
Antes de que llegara el golpe de Todd, Subaru gritó con todas sus fuerzas, como si fuera a escupir sangre.
No se sabía hasta dónde había resonado aquella voz por la llanura.
Pero, aunque no lo supiera…
—Adiós, Subaru. No lo olvides: te estoy viendo.
—¡Va!
Aquellas voces resonaron en el cráneo de Subaru como una respuesta y, en ese instante, un silbido rasgó el aire.
Y el silbido se hundió en línea recta en el costado de Todd.
—¡Kha!
Dejando escapar un leve gemido de dolor, el cuerpo de Todd se tambaleó con violencia hacia un lado y salió despedido.
Sin poder mantener el cuerpo en la plataforma, Todd, girando sobre sí mismo con una furia salvaje, fue arrojado del carro de Falo y rodó por el suelo duro sin siquiera poder amortiguar la caída.
Rodó una y otra vez, alejándose más y más.
—¿Q-qué fue eso...?
En la plataforma del carro de bueyes, ya sin Todd, Subaru dejó caer la espada salvaje y se arrodilló. Mientras levantaba a Ruy, que había recibido el codazo, hasta Rem miraba desconcertada, parpadeando.
Rem ponía cara de no entender qué había pasado, pero Subaru había tenido la certeza de que, si conseguían salir por la puerta, habría ayuda.
El fundamento de esa certeza era…
—Ese maldito emperador de mal carácter... Cuando vuelva, le voy a dar un puñetazo, seguro...
Tendido en la plataforma, sin fuerzas, Subaru soltó aquellas palabras cargadas de rencor mientras evocaba el rostro de aquel malvado que, sin duda, lo había sabido todo desde el principio.
4
Sobre el suelo de tierra dura, un hombre, tumbado en forma de estrella, no se movía.
—...
No estaba muerto, ni dormido.
Con los ojos cerrados, componía con cuidado su respiración agitada y ordenaba en silencio sus pensamientos.
Los ensamblaba, los ensamblaba, los ensamblaba…
—Oye, ¿estás vivo?
—Ah, sí, sigo vivo.
Al recibir la voz desde justo encima, abrió los párpados y lo que se le apareció ante los ojos fue el rostro de un hombre conocido.
Que su impresión de hombre rudo no se desvaneciera ni visto del revés debía de ser un talento poco común. Tenía restos de una hemorragia nasal aparatosa, pero, con tanto color, se podría decir que hasta había ganado en atractivo.
—¿Qué te ha pasado con la nariz? ¿Te dieron un buen golpe?
—Cállate. Solo se me ha llenado la nariz de sangre. No digas tonterías.
Ante el otro, que, molesto por la observación, se sacó un coágulo de sangre de la nariz, esbozó una pequeña sonrisa amarga.
—Vaya humor... ¿Y ellos?
—Tras romper nuestro bloqueo y derribarte, salieron huyendo a toda prisa. Tú... arregla eso de tu barriga de una vez. Me duele solo de verlo.
—¿Eso? ...Ah, esto.
Rascándose la cabeza, se incorporó y miró su propio costado, que el otro le señalaba. Allí, una flecha gruesa estaba clavada hasta el fondo.
Clavada en el costado izquierdo, de haber estado un poco más arriba habría perforado el corazón.
Era una herida de la que había salvado la vida por los pelos, pero no le causaba especial impresión. Ni por lo que veía, ni por el hecho de que su propio cuerpo estuviera atravesado.
—La verdad es que no duele tanto como parece. Me costará moverme un tiempo, pero…
—Idiota. ¿Quién ha dicho que me preocupaba por ti? Digo que me duele a mí, que te estoy viendo. Sácatela de una vez.
—Eres muy brusco con un herido, tú también...Y allá vamos.
Siguiendo la indicación del otro, que torcía el gesto, agarró la flecha clavada, resignado. Lo complicado de una herida de flecha es que, si no la sacas antes de que la carne se cierre, ya no hay quien la saque.
Por suerte, hacía poco que estaba clavada, y con un buen tirón logró arrancarla.
Para la sangre que manaba, metió a la fuerza un trozo de su ropa rota en la herida y contuvo la hemorragia a la fuerza.
—Y así, la flecha, como pediste. ¿Y ahora qué hacemos?
—Si la herida es grave, retírate y descansa. A los que huyeron los aplastaré llevándome a unos cuantos. A enseñarles que la presa son ellos…
—Eso sería una mala jugada, Jamal.
—¿Qué?
Contuvo con la mano al hombre que había expuesto el plan—Jamal—.
Entendía sus ganas de perseguir a los que huían para vengarse de la humillación. Pero, si lanzaban el ataque a lo bruto, los que acabarían pagándolo caros serían ellos.
—Piénsalo. ¿Por qué crees que entraron en Guaral con tanta tranquilidad? Considerando lo que hicieron, era evidente que nosotros estaríamos en esta ciudad.
—...A menos que fueran unos imbéciles sin dos dedos de frente.
—Vinieron aquí a propósito. Y hasta tenían una emboscada preparada fuera de la ciudad.
Jamal lanzó una mirada a la flecha que acababa de extraer y emitió un gruñido.
Jamal, que, aunque no lo pareciera, era un guerrero de cierto nivel, tenía ojo para calibrar lo sofisticadas que habían sido la fuerza y la puntería de aquella flecha que los había alcanzado.
Sin duda, habría llegado por su cuenta a la misma conclusión que él.
—¡Y si es así, entonces su objetivo es...!
—Sacar a los soldados imperiales que estamos en Guaral y cazarnos. Si nos persiguieran con todas sus fuerzas, otra cosa sería, pero perseguirlos con un grupo reducido es jugar en su terreno... ¿Quién es la presa?
—...
Rechinando los dientes, frustrado, Jamal clavó la mirada en la dirección por la que habían huido.
Jamal parecía dominado por una furia que le hervía las entrañas, y sus sentimientos se comprendían a la perfección. Pero no era eso lo que él diría: en su pecho, más que la ira, reinaba la admiración.
Usarse a sí mismo, sin reparos, como señuelo y, aprovechando el descuido del enemigo, pescar con éxito a un rival estúpido.
Sin duda, un rival temible: un hijo de la guerra.
—...No haber podido matarlo… eso sí que fue un fallo de los gordos.
Contemplando la misma dirección que Jamal, lo murmuró con sentimiento.
Después, soltó un “bueno” y tomó aliento, como si se recompusiera.
—Oportunidades de vengarnos habrá. Esos tipos volverán, seguro.
—Cuando llegue ese momento, no tendré piedad, ni una.
Ante aquel asentimiento que reprimía la ira, asintió en silencio, como dando su aprobación.
Y, por el momento, dio aquella batalla por perdida. Y, sobre esa base…
—Jamal.
—¿Eh? ...Oye, ¿qué es esa postura?
Ante la actitud del otro, que, con las piernas estiradas en el suelo, extendía ambos brazos, Jamal frunció el ceño.
Inclinando la cabeza ante lo poco que captaba la indirecta, continuó con un “se ve a simple vista”…
—…A caballito.
—¡Muérete solo!
“Qué respuesta tan poco amistosa”, pensó, encogiéndose de hombros.