La vida en la Selección Real desde cero: El León Dorado y el Santo de la Espada
LA VIDA EN LA SELECCIÓN REAL DESDE CERO: EL LEÓN DORADO Y EL SANTO DE LA ESPADA
Traducción Japonés-Inglés:
Eminent Translations
Traducción Inglés-Español:
Gergod Serenno
1
El carruaje de dragón traqueteaba ruidosamente mientras avanzaba por el camino.
El dragón de tierra que tiraba de él se encontraba salvaguardado por la Protección Divina de la Evasión del Viento, que aislaba el interior del carruaje de las ráfagas y el traqueteo del exterior. Sin embargo, esta Protección Divina tenía sus limitaciones; perdía su efecto en cuanto el dragón cesaba su paso. Además, tardaba cierto tiempo en recuperar sus efectos. Siendo este el caso, el traqueteo de las ruedas era la prueba de que la Protección Divina había perdido su efecto. Pero, ¿qué había causado el repentino parón?
[¡Oh, joven Señor! ¡Ha vuelto!]
[¡Vaya, cuánto tiempo, joven Señor! ¡E-Es un placer verlo de nuevo!]
[¡Reinhard! ¡Por favor, ven a ver mi práctica de espada otra vez! ¡Promete que lo harás!]
Con cada sonora ovación, el carruaje de dragón se detuvo, y sus pasajeros se relacionaron con la multitud que había fuera de la ventanilla. Saludando e intercambiando palabras y sonrisas, atrajeron la atención de aún más curiosos, que se acercaban al carruaje en manada.
Con paradas tan frecuentes, no era de extrañar que la Protección Divina de la Evasión del Viento no se reactivara. Desde el momento en que pusieron un pie en el territorio, el carruaje se había familiarizado bien tanto con el viento como con el traqueteo.
El carruaje de dragón se puso en marcha una vez más mientras los agudos vítores los despedían. Entrechocando ligeramente, un joven pelirrojo regresó a su asiento e inclinó la cabeza ante la persona que tenía delante.
[Me disculpo por detener el carruaje tantas veces.]
Era un hombre de notable encanto. De cabello ardiente como una llama y ojos azules como el cielo azur, su semblante poseía una cualidad etérea, con una sonrisa que encantaba por igual a hombres y mujeres. Su voz, indulgentemente dulce, conmovía el corazón de cualquiera que la escuchara.
Este joven cautivador se llamaba Reinhard van Astrea. Naturalmente, la persona que tenía delante se sonrojó en respuesta a su preocupación.
[¡Si vas a disculparte, al menos intenta parecer arrepentido!] con las mejillas enrojecidas por la ira, lo amonestó irritada una chica que llevaba un vestido.
La chica también poseía su propio encanto. Sus relucientes mechones dorados estaban adornados con cintas negras, y sus ojos brillaban en rojo como el sol ardiente. Sus labios mostraban un colmillo acorde con su carácter, y su figura, aún juvenil, estaba envuelta en un vestido. Se llamaba Felt. Y ella, junto con el otro hombre, eran los únicos pasajeros a bordo del carruaje de dragón. No obstante, el aire que flotaba entre ellos contrastaba fuertemente con su aspecto exterior. Era natural. Su relación no se definía por el género, sino como Señora- sirviente, aunque el aire era excesivamente sombrío incluso poniéndolo de esa forma.
En tal ambiente, Reinhard lanzó una mirada de preocupación hacia Felt.
[Lady Felt, son residentes del territorio, directamente bajo el control de la Casa Astrea. El pueblo y la mansión están muy cerca el uno del otro, así que debemos fomentar una buena relación con ellos. Además...]
[¿Además?]
[Tilmi, la chismosa del pueblo, es la más confiable de por aquí, mientras que Jonas sueña con convertirse en uno de los soldados del Reino. Y el pan de Roswell es el mejor del lugar. Son buena gente] elogió Reinhard a los habitantes del pueblo.
[No sé por qué no he oído hablar de ellos antes] exclamó Felt, apoyando la mejilla en la rodilla, con las piernas abiertas de un modo muy impropio de una dama.
Reinhard enarcó una ceja al oír su murmullo.
[Creí que estaba enfadada, mi Señora.]
[Lo único que me enfadada es tu costumbre de hacerme quedar mal en primer lugar mientras tú quedas bien. No tengo nada en contra de la gente.]
[Pero parecía tener prisa, así que supuse que había algún problema.]
[¡Oh, cállate! ¡Quiero usar el baño! ¡Se me está haciendo difícil aguantarme! ¡Y esta maldita ropa! ¡Es tan molesto usar el baño con ella puesta! ¿Te vas a hacer responsable si me orino encima?]
[¿No es un problema independiente de si... asumo la responsabilidad o no?]
[¿¡A quién le importa!? Si no quieres que eso ocurra, ¡entonces date prisa!]
Malhumorada y molesta, Felt extendió una pierna en un intento de darle una patada a Reinhard, pero este la esquivó con gracia, sentándose con un movimiento de cabeza.
[Entendido.] Su mirada se desvió entonces hacia el exterior de la ventana, dirigiendo su atención al camino que tenían ante ellos. [Tenga la seguridad, mi Señora, de que llegaremos en poco tiempo. Pronto se cumplirá su deseo.]
Felt resopló ante su pretenciosidad y miró por la ventana que tenía al lado. Más allá había una amplia vista, con una puerta de hierro en lo alto de una colina suavemente inclinada. Se había dejado entreabierta y mostraba signos de envejecimiento y óxido.
Cuando el carruaje de dragón entró en el recinto a través de un portón, que hacía tiempo que había abandonado su función, apareció a la vista un edificio.
[La casa de tus padres, ¿eh?]
[Sí. El lugar donde nací] afirmó Reinhard con una sonrisa. [La residencia principal de la familia Astrea, así como morada temporal de Su Señoría.]
Los ojos carmesí de Felt reflejaron la vista completa de la casa a la que se aproximaban.
A pesar de haber crecido en los barrios bajos, Felt era oriunda de la Capital Real, por lo que estaba familiarizada con la grandeza de las mansiones de los nobles. De hecho, había pasado los dos últimos meses recluida en una de esas moradas, por lo que solo podía imaginar la magnificencia de la residencia principal de los Astrea, y el hogar del muy alabado Santo de la Espada, Reinhard.
[Es mucho más pequeña de lo que esperaba] admitió Felt sin rodeos al contemplar la mansión de cerca.
Comparada con la otra mansión de la Capital Real, la residencia principal era mucho más modesta. Por supuesto, seguía siendo una mansión en términos de tamaño, pero era tan sencilla que palidecía en comparación con las impresionantes estructuras del Distrito Nobiliario de la capital.
La puerta de hierro oxidado permanecía tal cual, y el edificio también reflejaba sus signos de envejecimiento. El vasto jardín, antes un reino de ocio despreocupado, ahora parecía carecer de propósito.
La aprensión de Felt la hizo anticipar una multitud de sirvientes a su llegada. No obstante, la inquietud que la invadía ahora era de otra naturaleza.
[Puede que esto le sorprenda, pero así era mi familia] confesó Reinhard.
[¿Estás diciendo que ustedes eran una de esas familias de nobles pobres?] Soltó Felt con incredulidad.
[No hay necesidad de que me mire con ojos de lástima] la reprendió Reinhard.
La voz de Felt calló al instante y Reinhard rio al ver la expresión en su mirada.
[Comprendo el malentendido] la tranquilizó. [Pero es demasiado pronto para compadecerme. Es cierto que no soy precisamente el noble más rico del reino. Y el territorio tampoco es particularmente grandioso.]
[Claro...] empezó Felt. [Bueno, da igual. Ten una buena vida.]
[Bueno... se lo agradezco] dijo Reinhard, inclinando la cabeza en señal de reconocimiento ante el alentador pulgar hacia arriba de Felt.
Los dos viajeros llegaron sanos y salvos a la residencia principal. Reinhard bajó primero del carruaje, se dio la vuelta y le tendió la mano a Felt en un gesto caballeroso.
[Lady Felt, ¿me permite tomar su mano?]
[¡Sí, cómo no!] Encogiéndose de hombros, Felt aterrizó ágilmente junto a Reinhard, sacándole la lengua. Reinhard retiró la mano con una sonrisa irónica, mirando hacia la mansión.
Para Reinhard, volver a su pueblo natal, y a la residencia principal, era un regreso a casa largamente esperado. Felt le dirigió una mirada, tratando de discernir sus sentimientos. Sin embargo, algo no encajaba.
[¿Dónde están los tres hombres que vinieron antes que nosotros?] se preguntó Reinhard.
[¿Hmm?] Felt paseó la mirada por la mansión al oír las palabras de Reinhard.
[Oh, ¿el grupo de Rachins? Sí, ¿a dónde demonios se habrán ido?]
Sus compañeros eran un trío de rufianes: Gaston, Rachins y Camberley. Al parecer, se habían impacientado por esperar al lento carruaje de dragón al entrar en el territorio. Supuestamente, se habían adelantado a pie hasta la mansión, también con la intención de recibirlos. Las acciones del trío habían sido aprobadas, por lo que les correspondía informar a la mansión de su llegada.
[Quizá ya estén dentro] pensó Reinhard en voz alta. [Estoy preocupado por el hecho de que no haya nadie para recibirnos, pero le mostraré adentro. Nuestras sirvientas pueden ser pocas en número, pero son muy eficientes.]
[Dijiste que eran las nietas de esa pareja de ancianos, ¿verdad?] recordó Felt. [Si es así, me creería que lo son.]
La mente de Felt recordó a la pareja de ancianos que atendía la otra mansión de la familia Astrea en la Capital Real. Eran una pareja dulce y agradable, a Felt le caían bien. Cuando se separó de ellos, le dijeron que tenían dos nietas en la residencia principal.
[Tenía muchas ganas de conocerlas] dijo. [Esa pareja de ancianos hizo mucho por mí...]
[¡Aaaaahhhhh!]
La puerta principal de la mansión se abrió de golpe y un grito resonó en el patio. Reinhard se apresuró a proteger a Felt. Justo entonces, un hombre, o más bien, un grupo de ellos, aparecieron aullando sin control ante la pareja que estaba en guardia.
Era un trío de hombres, de estatura grande, mediana y pequeña, cada uno de los cuales desprendía una presencia de picardía. No cabía duda de que eran los alborotadores desaparecidos en todos los sentidos.
Era el trío que se suponía que se les había adelantado: Gaston, Rachins y Camberley. Estaban tendidos en el patio hechos polvo, gritando exageradamente de dolor.
Reinhard, que había estado observando a los tres, corrió hacia ellos.
[Gaston, Rachins, Camberley, ¿qué diantres ha pasado?]
[¡¿Qué parece que pasó?!] gritó Rachins.
Los tres idiotas maltrechos, tirados en el suelo, voltearon hacia Reinhard, que se dirigía hacia ellos. Apuntaron hacia la casa de la que acababan de salir precipitadamente al unísono.
[Nos habíamos adelantado y estábamos tomando un descanso] atestiguó Rachins.
[¡Sí, un descanso!] gritó Gaston. [Entonces llamamos a la puerta, pero nadie respondió, así que entramos...]
[¡Entonces esas gemelas locas vinieron hacia nosotros y...!] Camberley se detuvo.
[Hola] llegó una voz. [Aquí está una gemela loca, de pie a su derecha.]
[Y a su izquierda] dijo otra voz.
[¡¿Eeeeeh?!]
Mientras el trío se lamentaba de su estado, dos figuras aparecieron de la nada. Asustados, los hombres se aferraron unos a otros. Sin prestar atención al trío tembloroso, Reinhard miró hacia las dos figuras que estaban en la entrada de la mansión.
Eran un par de pequeñas jovencitas con el cabello color melocotón. Por los comentarios del trío y los posteriores de las propias chicas, sin duda eran gemelas.
[Flam, Grassis. ¿Ustedes les has hecho esto?] Reinhard bajó los hombros y las gemelas abrieron alternativamente la boca para responder.
[Parecían sospechosos, así que nos sentimos obligadas a hacer algo] confesó Flam.
[Son delincuentes] juzgó Grassis.
[No son delincuentes] los defendió Reinhard. [Deberían haber sido informadas por correspondencia. Estos hombres son invitados de Lady Felt. O mejor dicho, trabajarán para ella a partir de ahora, lo que los convierte en sus colegas.]
[Lamento mi ignorancia, joven Señor] se disculpó una de las gemelas.
[Joven Señor, ha sido mi ignorancia] coincidió la otra.
Reinhard parecía exasperado ante las palabras de las gemelas. Ni Flam ni Grassis parecían muy arrepentidas. Felt, por otro lado, espetó un [Pfft] ante la conversación entre los tres.
[¡Ja, ja!] interrumpió Felt a Reinhard con una carcajada. Sonriendo como un demonio, defendió a las gemelas.
[En cuanto al aspecto, no puedo culparlas, señoritas. En su lugar, ¡yo también les daría una golpiza si se presentaran en mi casa!]
[Mi Señora...] El ceño de Reinhard se arrugó cada vez más ante las palabras de Felt, que cruzó las manos detrás de la cabeza.
[¿Qué, tienes algún problema? Yo no tengo nada que ver con su disciplina. Esa es tu responsabilidad.]
[No, no me refería a eso] continuó Reinhard con su pensamiento. [Es que es impropio de una señorita reírse de esa forma.]
[¡Oh, deja ya de ser quisquilloso!] Felt chasqueó la lengua. [¡Especialmente cuando siempre es conmigo! Y ustedes, ¿cuánto tiempo van a estar ahí acobardados? Lleven sus traseros adentro.]
La advertencia de Reinhard cayó en oídos sordos. Regañando al trío, Felt se dirigió a la entrada con largas zancadas, impropias del vestido que llevaba. Su imponente presencia presionó a Flam y Grassis para que le abrieran paso y la recibieran como la Señora de la mansión.
[La esperábamos, Lady Felt] saludó Flam.
[La esperábamos] saludó Grassis.
[¡Hola!]
Felt aceptó su cálida bienvenida con una sonrisa, sin miedo. Las gemelas la dejaron pasar y Felt les palmeó cariñosamente los hombros.
[Sus abuelos me ayudaron mucho en la Capital Real. Ahora estaré a su cuidado.]
[La abuela nos pidió que le sirviéramos bien] dijo Flam.
[El abuelo nos dio semillas de flores] añadió Grassis.
Agradeciendo sus palabras con un movimiento de asentimiento, Felt entró lentamente en la mansión.
[Guaaau]
Una vez dentro, echó una mirada sombría alrededor del lugar, observando el ambiente de la mansión. El interior no contrastaba la impresión exterior del edificio, conservando la atmósfera humilde y acogedora de antaño.
[¿Por qué es tan absurdamente diferente de la mansión de la Capital Real?] preguntó.
[La mansión de la Capital Real se diseñó para que coincidiera con el aspecto del Distrito Nobiliario] explicó Reinhard. [Originalmente, fue obsequiada por Su Majestad el Rey en honor de mi abuela. Así que, naturalmente, en comparación con aquélla, esta es más bien...]
[Pobre, ¿eh?] Felt terminó su frase. [En otras palabras, ¿aquí es donde reside tu verdadera fuerza?]
[Sí, correcto. La otra mansión de la Capital Real estaba destinada a hacer honor al nombre de la familia que porta al Santo de la Espada. En resumen, esa es simplemente una cuestión de vanidad.]
[Vanidad, ¿eh? A ustedes los nobles seguro les encanta cubrirse de ella, ¿cierto?]
Resoplando ante la explicación de Reinhard sobre el tamaño de su mansión, Felt continuó adentrándose en el edificio. Con Reinhard tras ella, se reunieron con el trío. Sin embargo, había una persona más, alguien que era como de la familia para Felt, con quien tenían que reunirse en la residencia.
[Ya era hora, me estaba impacientando por esperarlos.]
[¡Viejo Rom!]
La cara de Felt se iluminó al escuchar la voz. En el segundo piso de la escalera que daba al vestíbulo de entrada se alzaba la figura de un anciano corpulento, agitando la mano en el pasillo. El hombre poseía un físico imponente, que superaba a la mayoría en altura y anchura, testimonio de su pertenencia al Clan de los Gigantes. Este hombre, cariñosamente apodado “Viejo Rom”, era el padre adoptivo de Felt y el único miembro de la familia en el que confiaba de verdad.
Al igual que Felt y los demás, el Viejo Rom había partido de la Capital Real hacia la residencia principal en un carruaje de dragón, pero la razón por la que había llegado antes que los demás era evidente.
[¿Cómo estuvo tu reunión con el pez gordo?]
[¡Horrible! Bueno, la mayor parte del tiempo estuve al lado de Reinhard.]
[Ya veo, ya veo.] El viejo Rom asintió con elegancia, con la mano en la barbilla. [Sin embargo, todo es una experiencia, ¿entiendes?]
Los labios de Felt se crisparon al recordar las penurias sufridas. En la ruta desde la Capital Real, aunque apenas y realizaron paradas por el camino, sí hicieron una visita a la mansión de un personaje influyente como una especie de visita de cortesía. Parecían tener relación con la familia de Reinhard, así que esperaba que cooperaran con ellos en la Selección Real.
Mientras Felt y los demás se fueron a hacerlo, el Viejo Rom optó por salir por separado, partiendo hacia la residencia principal antes que ellos.
“Según el viejo Rom, no le gustan las formalidades. Pero probablemente haya algo más. Después de todo, pueden pasar muchas cosas cuando se vive lo suficiente. Es un proceso natural. Incluso una niña de catorce años como yo puede entenderlo. Supongo que, si algún día quiere contármelo, lo hará”.
Aun así, Felt respetó las intenciones del Viejo Rom y se abstuvo de insistir más en el asunto.
[He traído el equipaje] dijo Rom. [Las gemelas dijeron que podía usar la habitación que quisiera. No te importa, ¿cierto?]
[No, en absoluto] permitió Reinhard. [Mientras no entre en mis aposentos, en los de mi familia o en los de Flam y su hermana, es libre de usar la habitación que quiera.] Con un asentimiento, volvió a mirar a las gemelas que tenía detrás para confirmarlo, y continuó: [No dejaron entrar a Gaston y a los demás, pero sí se lo permitieron a Sir Rom sin problemas, por lo que veo.]
Las gemelas intercambiaron miradas ante el comentario de Reinhard sobre el despreocupado comportamiento del Viejo Rom, que parecía haberse acomodado ya en la mansión.
[Bueno, Sir Rom parece súper fuerte] dijo Flam.
[No quiero que me hagan daño] añadió Grassis.
[Intenten no evitar las tareas difíciles a partir de ahora] las reprendió Reinhard con suavidad. [Esta vez ha estado bien, pero podría haber causado graves problemas.]
De repente, tres voces se alzaron en protesta por la cuestionable ética de trabajo de Flam y Grassis.
[¡Por qué no las regañan un poco más fuerte!] gritó Rachins.
[¡Exijan una disculpa!] insistió Gaston.
[¡Trato injusto!] gritó Camberley.
Felt sonrió maliciosamente al ver el mal manejo de la situación por parte de Reinhard.
[Bueno, al menos no nos aburriremos aquí, ¿eh?]
[Si eso es lo que desea Su Señoría...] Reinhard se interrumpió, recorriendo con la mirada los rostros de todos los presentes. Finalmente se dirigió hacia Felt, que mostraba una sonrisa de satisfacción. [Yo también me esforzaré por robarle una sonrisa, mi Señora.]
2
Tras llevar sus escasas pertenencias a su habitación, Felt completó su mudanza. Como había crecido en los barrios bajos, no tenía posesiones de ningún tipo. Había regalado la mayor parte de sus enseres domésticos en la Capital Real; solo traía consigo algo de ropa que el Viejo Rom le había confeccionado, y su cuchillo favorito para defensa personal, junto con los escasos ahorros que fue acumulando poco a poco y la muda de ropa, vestidos incluidos, que la anciana de la mansión de la capital le había hecho traer.
[Preferiría no llevar nada de esto, pero al menos este es mejor que los que eligió Reinhard...]
Aunque Felt había estado usando estos trajes vaporosos durante más de dos meses, no mostraba signos de acostumbrarse a ellos más de lo que lo hacía a la vida en la mansión del noble. No eran su estilo. Sin embargo, Felt era consciente de que tenía que aceptar llevar ese tipo de ropa. Comprendía su posición.
Ella había elegido voluntariamente este papel, así que estaba preparada para ello. Así que, como compromiso entre la vergüenza y la determinación, como mínimo decidió ponerse el vestido que le dio la anciana. “Si dejo que Reinhard controle hasta lo que me pongo, ¡moriré de frustración!”
[Pero dentro de la mansión me vestiré como me dé la gana.]
Rápidamente se quitó el vestido que traía puesto y lo tiró a la cama. Lo que llevaba sobre la ropa interior era el mismo atuendo que siempre vestía en la Capital Real: un traje de campesina. Con guantes y botas ajustadas, no tendría problemas para volar y saltar. Mientras Felt inspeccionaba el estado de su calzado, alguien llamó a la puerta y habló desde fuera.
[¿Puedo pasar, Lady Felt?]
[No] respondió ella, declinando de inmediato la petición del visitante a pesar de reconocer al instante su voz.
[Entiendo. Discúlpeme] continuó, ignorando sus deseos y entrando de todos modos.
Felt frunció el ceño, irritada por su obstinada insistencia.
[¡¿Por qué demonios tocaste la puerta?! ¿Y si me estaba cambiando?]
[Podía sentirla dando saltos desde fuera de la habitación, Lady Felt] dijo Reinhard. [Oí que iba a cambiarse. Tenía el presentimiento de que la encontraría vestida de esa forma.]
[¡Guárdate tus sermones! ¡Me vestiré como me plazca en la mansión! A cambio, me pondré un vestido cuando la situación lo requiera. ¡Considéralo como un acuerdo!] declaró Felt, señalándolo con el dedo.
[Así que como un acuerdo condicional] dijo Reinhard, mientras consideraba su propuesta por un breve momento antes de ceder.
[Entendido.]
Felt se cruzó de brazos ante la inesperada franqueza de su respuesta e hinchó el pecho.
[Bien. Entonces, ¿qué querías? Estaba a punto de echarme una siesta.]
[Bueno] empezó Reinhard, [estaré encantado de darle una vuelta por la mansión y el territorio, si así lo desea. Sin embargo, estoy seguro de que debe estar cansada después del largo viaje, así que, si quiere descansar, también me parece bien.]
[¿Por qué diablos estás actuando de forma tan indecisa? Estás siendo increíblemente comprensivo, ¿verdad?]
[Su Señoría se ha comprometido, así que quiero corresponder. Vendré a buscarla a la hora de la cena, así que, por favor, descanse.]
[Hmph.]
Después de que Reinhard se retractara de su oferta, pensativa, Felt cerró un ojo.
A decir verdad, Felt no tenía intención de tomar una siesta. Más bien había planeado salir a explorar la zona. La propuesta de Reinhard coincidía con las intenciones de Felt, con la excepción de que él la acompañaría. Mirando de cerca, se dio cuenta de que también había cambiado su atuendo, despojándose de su rigidez tan propia de un caballero. Ahora lleva una chaqueta blanca y pantalones negros, un atuendo típico de un joven normal.
“Aunque ese atuendo no es ni remotamente suficiente para encubrir su gran brillantez”, pensó Felt, mirando el nuevo aspecto de Reinhard. Pero su atuendo le dejaba claro que tenía cierta consideración hacia ella, aunque a su manera.
“La consideración, en esencia, requiere compromiso, ¿cierto?” Felt cedió, y él también. “Así que también podría...”
[Hm... Bien, Reinhard. He cambiado de opinión] anunció. [Quieres enseñarme la casa, ¿no? Pues adelante.]
[¿Está segura?]
[Antes de que se me vuelva a amargar el humor. También he sentido curiosidad por la vista desde el carruaje de dragón, así que ¿por qué no?] Con un giro de cabeza, Felt le dio a Reinhard un ligero codazo en el pecho y se dirigió a la puerta.
Reinhard se puso la mano en el pecho y le hizo una reverencia.
[Como desee. En ese caso, haré todo lo posible por complacerla, mi Señora.]
[Uf, no lo digas de forma tan incómoda. Me harás cambiar de opinión de nuevo. Acabemos con esto de una vez.]
Las palabras de Felt fueron respondidas con un breve [Sí], y Reinhard se puso a su lado. Aparentemente, lucía como un joven corriente sin su atuendo de caballero. A menudo, la vestimenta de una persona era suficiente para alterar por completo su aspecto, y tales cambios solían ir más allá del precio de cada prenda. El atuendo actual de Reinhard combinaba bien con la vestimenta habitual de Felt, exudando una sensación de comodidad.
[Um...] empezó Felt. [Dijiste que sabías que me vestiría así antes de entrar en mi habitación, ¿cierto? ¿Estabas espiando?]
[No era más que una suposición] respondió Reinhard con una sonrisa irónica. [Su señoría parecía incómoda con el vestido mientras estábamos en el carruaje, así que lo extrapolé.]
Los labios de Felt se crisparon de frustración. Estaba lejos de ser divertido, haciéndola sentir como si hubiera sido manipulada en las palmas de sus manos.
[Pero dejemos una cosa clara. No voy a salir contigo sola. Invitaré a Rom y a los otros también. Así que no seremos solo nosotros.]
[¡Nunca he dicho que vayamos a salir solos!] insistió Reinhard. [De hecho, tener a Rom y a los demás cerca hace que sea mucho más fácil protegerla, Lady Felt.]
Una respuesta tan típica no hizo más que empeorar aún más el ya de por sí mal humor de Felt.
3
El territorio de la familia Astrea era sorprendentemente modesto, teniendo en cuenta la reputación del linaje del Santo de la Espada, ampliamente reconocido en todo el reino.
El territorio de los Astrea comprendía solo un pequeño feudo, con un pequeño pueblo llamado Hakuchuri, que giraba en torno a la residencia principal de los Astrea. El tamaño de Hakuchuri también era modesto, y se dedicaba principalmente a la agricultura, la ganadería y la especialidad local: la industria del dragón de tierra.
[Más allá de la Meseta de Alta Klara está Flanders] explicó Reinhard, [una de las cinco grandes ciudades. Se dice que Flanders es el lugar de nacimiento de los dragones de tierra, con una larga historia de florecimiento de su industria dentro de la ciudad. Hakuchuri también se beneficia de ello, ya que da cobijo a muchos artesanos expertos en la fabricación de sillas de montar, riendas y equipo para dragones de tierra.]
[¿Es eso de lo que hablabas antes? ¿Realmente podemos montar un dragón de tierra? La verdad es que lo estoy deseando.]
[Entonces haré que eso suceda] aseguró. [Permítame encontrarle un buen dragón de tierra.]
[Geniaaal] respondió Felt con indiferencia antes de brincar ágilmente por el camino. Reinhard no pudo evitar sonreír ante la incapacidad de su Señora para disimular su entusiasmo mientras seguía guiándolos por el territorio Astrea.
Para Felt, que había nacido y crecido en la capital, esta era su primera incursión real en el mundo exterior. No era de extrañar que casi todo lo que le llamaba la atención le pareciera nuevo y novedoso. De hecho, la mera observación de lo que la rodeaba le servía de entretenimiento para su paseo.
[Eh, Reinhard. ¿Qué pasa con esas cosas?] preguntó Felt con curiosidad, señalando algo.
[Son ovejas negras] respondió Reinhard sin vacilar. [No se crían para carne, sino para lana.] Aun así, estaba claro que esta sencilla explicación no bastaba para satisfacer la curiosidad de su Señora, así que continuó. [Su lana esquilada es muy demandada, ya que puede hilarse para hacer algodón o hilo. La mayoría de los granjeros de esta región crían ovejas negras, ya que es un lugar ideal para el pastoreo. De hecho, imagino que esa lana también se habrá utilizado en su ropa, Lady Felt.]
[¡Vaya, eso es bastante genial! ¿Pero no se los robará alguien si se las deja vagar libres?]
[A diferencia de la Capital Real, en un pueblo de este tamaño todo el mundo se conoce. La gente se preocupa más por los ataques de mabestias a sus ovejas pastando que por que se las roben. Además, los dragones de tierra salvajes las mantienen a raya. Casi nunca hay problemas.]
[¿Qué...? ¿Son salvajes, pero protegen al ganado?]
[Son bastante amistosos con los humanos. Tanto, que a menudo nos ayudan en nuestras tareas cotidianas.]
Felt asintió, impresionada por los conocimientos de Reinhard. Entornó los ojos hacia el pasto. Las ovejas negras eran criaturas mullidas de pelaje oscuro que pastaban tranquilamente en el prado cercado. Reinhard comentó que tenían el tamaño ideal para empezar a esquilarlas.
Las preguntas de Felt sobre el ganado, la maquinaria agrícola, el rancho, el pueblo y todo lo demás eran interminables. De hecho, en aquel momento ni siquiera se quejaba de la orientación de Reinhard. Bueno, aunque hubo una excepción.
[Aunque hubiera sido mejor no estar a solas contigo.]
Reinhard sonrió irónicamente y arrugó la frente, consternado por el comentario sarcástico de Felt.
[De hecho, el oírla decirme eso de frente me hiere bastante, mi Señora.]
Tal y como Felt se había quejado, en realidad solo estaban ellos dos, Felt y Reinhard, paseando por el pueblo de Hakuchuri. Ni el Viejo Rom ni ninguno de los tres idiotas habían venido a acompañarlos. Por supuesto, como había mencionado antes de partir, se aseguró de invitar a los demás miembros del grupo con antelación. Sin embargo, todos los demás estaban demasiado ocupados con sus propias tareas para unirse a ellos.
[Pero no quería cancelarlo solo por eso. No soy una cobarde, ¿bien?]
[Si Su Señoría estuviera disgustada, no habría tenido intención de obligarla a venir.]
[Esto es sobre mi estado de ánimo. No tiene nada que ver contigo. Es una cuestión de mi propia victoria o derrota personal. De todos modos, por ahora me lo estoy pasando bien.]
Agitando una mano en un gesto de desprecio en el aire, Felt rio ante la preocupación de Reinhard. No estaba claro cómo podía haber interpretado su respuesta, pero, no obstante, prosiguió sin pausa. Esa era su propia respuesta.
[…]
Felt paseó, con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, echando un vistazo a la alta figura que tenía a su lado. “Él es fuerte. De eso no hay duda. Además, casi siempre tiene respuestas cuando le pregunto algo. Probablemente es el mejor sirviente que se puede pedir”. Sin embargo, Felt siempre había sentido una picazón de frustración hacia él, un sentimiento particular que siempre la impulsaba a actuar con terquedad a su alrededor. Tal emoción le resultaba desconcertante, lo que solo alimentaba su peculiar obstinación hacia él.
[¿Hay algún problema?]
[Nada] respondió bruscamente. [Pero esta zona es tu pueblo natal, ¿o no?]
[Nací en la Capital Real. Sin embargo, crecí aquí de niño, así que ciertamente se podría decir que este es mi pueblo natal. ¿Por qué lo pregunta?]
[Y a pesar de eso...]
La respuesta de Reinhard hizo que Felt cerrara un ojo. Entonces...
[¡Oh, Sir Reinhard! ¡Ha vuelto!]
Una voz aguda llamó su atención. Cuando se dieron la vuelta, había un lugareño saludando con la mano. El llamativo aspecto de Reinhard, al igual que antes en el carruaje de dragón, hacía que fuera bastante fácil distinguirlo entre la multitud. Cuando le devolvió el saludo, el aldeano inclinó rápidamente la cabeza, con cara de inmensa satisfacción.
[Ese es Cochran. Es el heredero del rancho que vimos antes. Su amigo trabaja como artesano de equipos de dragones de tierra. Pensé en pedirle que hiciera algún equipo para usted, Lady Felt.]
[Es una locura cómo pareces saber tanto de todos a los que ves.]
[Bueno, es un pueblo pequeño, como puede ver. También son los residentes de nuestro territorio. Por no mencionar que los considero mis amigos de mi pueblo natal. No es mucho de lo que presumir.]
[Amigos, ¿eh?]
Felt torció la cabeza para mirar al joven que los había saludado. No le cabía duda de que tenía intenciones amistosas, pues había sido él quien se les había acercado. “Pero ¿realmente considera a Reinhard un amigo?” se preguntó. El joven parecía tener la misma edad que él. Aun así, a Felt le pareció que había trazado una línea divisoria entre ellos debido, entre otras razones, a su diferente origen familiar y personalidad.
Reinhard respondió a las reflexiones de Felt con una sonrisa triste.
[Al fin y al cabo, estoy en una posición diferente a la de ellos] dijo. [Es ciertamente difícil formar amistades informales. Sin embargo, estoy dispuesto a abrirme a ellos.]
[Eres el caballero más poderoso del reino, un noble y un Lord, ¿cierto? Puedo entender cómo se sienten. Oh, ¿puede ser que…? Ni siquiera en tu pueblo natal tienes un solo amigo, ¿o sí?]
[Casi me da vergüenza admitirlo, pero no tengo a nadie a quien pudiera llamar compañero de copas] dijo Reinhard, encogiéndose de hombros con indiferencia ante la involuntariamente sardónica investigación de Felt.
[Aunque soy un caballero, ese título no es más que una carga para mí aquí. Y, aun así, no es algo de lo que pueda desprenderme, aunque quisiera.]
[¿Alguna vez has querido deshacerte de él?] preguntó ella, sorprendida por su último comentario.
[No. Nunca... Es mi destino llevar este peso sobre mis hombros.]
Su respuesta carecía de vergüenza u orgullo, lo que hizo que Felt sintiera un picor de frustración. Aun así, se la quitó al instante, sonriendo para mostrar su colmillo.
[Ya veo, no tienes amigos. No me extraña que nadie viniera a verte cuando volviste a tu pueblo natal.]
[Bueno, si lo pone así] dijo Reinhard. [También es de mal gusto que se divierta por eso.]
[Je, je] se rió Felt. [Digas lo que digas, ahora no va a funcionar conmigo.]
Reinhard nunca se había mostrado abierto, pero ella por fin había conseguido atraparlo en un momento de vulnerabilidad. “Voy a seguir jugando con él por un rato”.
En cambio, Reinhard interrumpió el plan de Felt con sus propias palabras.
[Por otro lado... No parecía que usted tuviera amigos para despedirse en la Capital Real, Lady Felt.]
[¡Ugh!] se quejó Felt.
[De hecho] continuó, [si no fuera por Sir Rom, eso significaría que usted tampoco tenía amigos, mi Señora.]
[¡Ugh, ya basta!] espetó Felt, con la cara enrojecida porque le había dado donde realmente le dolía. [¡El Viejo Rom es el único al que necesito!]
Cuando la situación estaba a punto de llegar a un punto muerto, Reinhard perdió de repente la compostura y sonrió. Sus brillantes ojos azules reflejaban la superficie del lago cercano. Felt apretó los labios.
[¿Qué?] preguntó.
[Nada. Su señoría realmente respeta a Sir Rom. Es entrañable.]
[Somos familia, ¿sí? Incluso un gran espadachín como tú, que puede hacer cualquier cosa, debe tener a alguien a quien admire, ¿cierto? Incluso en la Capital Real, así era con la pareja de ancianos, ¿o no?]
La pareja de ancianos que regentaba la otra mansión se había referido cariñosamente a Reinhard como “joven Señor”. Lo querían. Aunque solo fuera por su relación, podían ser sus subordinados, pero para él eran prácticamente como de la familia. Por eso podía actuar con tanta naturalidad con ellos.
[Por supuesto. Admiro a la pareja de ancianos, pero, si de respeto se trata, eso es para toda mi familia y antepasados. Aunque de todos ellos, supongo que respeto más a mi bisabuelo.]
[¿Tu bisabuelo?]
[El padre de mi abuela. El Jefe de Familia de hace dos generaciones, Bertol Astrea.]
[¿También era un Santo de la Espada?]
Felt no estaba muy familiarizada con las complejidades de las Protecciones Divinas. Todo lo que sabía era que la Protección Divina del Santo de la Espada se transmitía de generación en generación en la familia Astrea. Si Reinhard, el actual Santo de la Espada, lo tenía en tan alta estima, era natural que su bisabuelo también hubiera sido un Santo de la Espada.
En cambio, Reinhard negó con la cabeza.
[Mi bisabuelo no heredó la Protección Divina del Santo de la Espada. Aun así, era un Señor virtuoso querido por su pueblo por su moralidad y buen gobierno. No hay registros de él como espadachín, pero he oído que mi abuelo, él mismo un espadachín, también lo admiraba. Así que imagino que debía tener cierta habilidad con la espada.]
[Jeh. Un virtuoso espadachín. No me lo puedo imaginar] comentó Felt.
Aunque la propia Felt blandía una hoja en forma de cuchillo, era un estilo personal muy diferente al de un espadachín. Cuando pensaba en uno, Reinhard era lo que venía a su mente. Por lo tanto, le resultaba difícil imaginar a un espadachín virtuoso, ya que no tenía más que quejas sobre su carácter.
[Aunque es cierto que eres bastante popular entre la gente del pueblo] admitió. [Quizá sea solo porque soy un perro callejero sin concepto de eso de la “virtud”...]
[¿Lady Felt?] Reinhard hizo una pausa y observó la expresión pensativa de Felt. Sus miradas se cruzaron, un encuentro entre azul y rojo, cuando los labios de Felt se crisparon. De repente...
[¡Estás demasiado cerca!] espetó.
[Mis disculpas.]
Empujó la barbilla de Reinhard con la palma de la mano, obligándolo a apartarse. Reinhard se rio al ser empujado y regresó la mirada al cielo. Por encima de ellos, el sol ya había comenzado a descender, tiñendo el cielo de degradado escarlata.
[Lady Felt, ya es hora de que regresemos a la mansión. Pronto la cena estará servida.]
[Hmm, bien. Llevamos todo el día dando vueltas, así que me está dando bastante hambre.]
[Flam y Grassis están preparando la cena para esta noche, así que me gustaría volver a presentarla ante los demás en la mesa.]
[Cierto, antes solo hemos charlado un poco.]
Las gemelas, que parecían más jóvenes que Felt en edad, poseían la habilidad de superar fácilmente a los tres idiotas, como era de esperar por ser las nietas de la pareja de ancianos. Debía de ser un testimonio del entrenamiento que habían recibido de sus abuelos.
[Ambas son cuidadoras de la mansión y en ocasiones pueden servir de guardaespaldas de Su Señoría si se lo necesita] explicó Reinhard. [Descienden de una familia que ha servido a la Casa Astrea desde el principio, por lo que sus habilidades son realmente impresionantes.]
[Eso me da igual] descartó Felt. [¡Lo que me importa son sus habilidades culinarias!]
[Aprendieron de la Tía] la tranquilizó Reinhard, [así que puede contar con que su finura culinaria también será sobresaliente.]
[¡Genial!] Felt apretó los puños de alegría ante la valoración de Reinhard.
Sin que ella lo supiera, Reinhard sonrió al ver la mayor sonrisa que había mostrado en todo el día.
Mientras Felt se dirigía a casa, una sensación de alivio la invadió. Un sentimiento del que nunca se había dado cuenta. Había sido desplazada a una tierra extranjera, rodeada de extraños y obligada a navegar por un mundo que nunca antes había conocido. Estaba ansiosa y decidida a no sucumbir a la derrota.
“Aquel viaje de medio día realmente despejó algunos de mis temores. La residencia no es tan grande, no hay tantos sirvientes, los lugareños son amables y la tierra no es tan vasta”. La lista podría continuar, pero Felt lo dejó así. “Ver la realidad ante mis ojos me hace preguntarme si esas ansiedades estaban todas en mi cabeza. Gracias a esto, por fin puedo afrontar esta nueva vida”.
[Aunque empiezo a pensar que estás manipulando algunas cosas.]
[Me sobrestima, mi señora. No poseo tal habilidad para controlar las mentes o acciones de la gente. Es mera casualidad.]
[Bueno, solo puedo rezar para que eso sea cierto] dijo Felt, sacando la lengua con picardía, a pesar de no tener ninguna deidad en particular a la cual rezar.
“Todo está bajo el control de Reinhard”. Con estas paranoias en mente, atravesaron el pueblo, subieron la colina y regresaron a la mansión. Justo entonces...
[¿Seguro que no has hecho nada?] preguntó Felt con una mirada desconcertada.
[Me temo que esta vez estoy tan perdido como usted] respondió Reinhard a sus dudas, igualmente desconcertado.
Ante ellos, en la puerta de la mansión, había una cesta con... un bebé. Acompañando a la cesta había una única nota: “Por favor, cuida bien de Ilya.”
4
[Se llama Ilya. Es una bebé. La abandonaron delante de la mansión.]
Felt expuso los hechos directamente, colocando la cesta en el centro de la mesa. Allí, encima de la mesa del comedor, dormía plácidamente una niña de mechones dorados. No tendría más de unos meses. La habían traído de vuelta al interior de la mansión con ellos, al no habérseles ocurrido otra opción.
[…]
Todos en la mansión intercambiaron miradas incómodas ante la presentación de la infante por parte de Felt. Junto con ella y Reinhard, todos los demás se habían reunido en la sala, incluidos el Viejo Rom, los tres idiotas y las sirvientas gemelas. Sin embargo, la presencia de tanta gente no contribuyó a atenuar la conmoción inicial. Un pesado silencio se cernía sobre la sala. Las gemelas de cabello melocotón fueron las primeras en romperlo, mirando a Felt y a Reinhard.
[Joven Señor, Lady Felt] empezó Flam, [ciertamente no perdieron el tiempo en tener hijos.]
[El parto más rápido de la historia] añadió Grassis.
[¡Escúchenme!] explotó Felt. [¡Ahora! ¡Mismo! ¡Yo! ¡NO ESTOY DE HUMOR PARA SUS ESTÚPIDAS BROMAS!]
Lo que las gemelas pretendían que fuera una broma no consiguió hacerles ninguna gracia, sino que alimentó la ira de Felt, que golpeó la mesa con las manos. Si su intención era burlarse de la pareja que llevó a la bebé dentro, no lo consiguieron. Sin embargo, el arrebato agresivo de Felt también sobresaltó a la bebé.
[Ah...] la bebé comenzó a balbucear.
[Vaya, Lady Felt, la ha despertado] señaló Flam.
[Está despierta] añadió Grassis.
[Uh-oh...]
Los ojos de la bebé se abrieron lentamente, revelando idénticas pupilas azules que reflejaban los rostros de los comensales a su alrededor. Entonces, pasó un segundo, luego dos, luego tres, entonces…
[¡Buaaahhhhhh!] La pequeña Ilya lloró con fuerza en respuesta a la explosión de Felt. El volumen de su grito era tan alto que resonó por toda la mansión.
[¡Oh, mierda! ¡Está llorando!] gritó Felt, tapándose instintivamente los oídos. [¡Oh, alguien! Alguien, por favor, ¡haga algo con esa bebé!]
[Lamento informarles, pero...] empezó Flam.
[No tenemos experiencia] terminó Grassis.
[¡Inútiles!] se quejó Felt. [¡Oye, Reinhard!]
[Lo intentaré, aunque...]
Flam y Grassis izaron inmediatamente una bandera blanca de rendición, mientras que Felt se mostraba reacia a hacer cualquier cosa desde el principio. Todas las chicas habían abandonado la pelea, así que Reinhard, nombrado en su lugar, tomó a la bebé, la meció suavemente de un lado a otro y le dio suaves palmadas en la espalda.
[Tranquila, tranquila, no llores] le dijo. [Eres una niña fuerte. Eres una buena chica, Ilya.]
Sin embargo, Felt protestó contra su método tachándolo de inútil.
[¡No coquetees con ella! Ni que ella quisiera que la cargaras.]
Por otro lado, en los brazos de Reinhard, los gritos se fueron calmando poco a poco.
[Ya está, tranquila] continuó. [Tranquila... Ya está, ya estás mejor.]
[Ha sido impresionante. Casi tan sorprendente como cuando volaste el almacén de objetos robados.]
[Oh.]
Felt lo miró sorprendida. Ilya, ahora tranquila, acarició la cara de Reinhard con su pequeña mano mientras él sonreía aliviado. Quizá encontró consuelo en sus ojos idénticos.
[O quizá solo esté contenta de que la abrace un chico atractivo. Es una chica, después de todo] comentó el Viejo Rom.
[Si es por eso, los bebés están locos] replicó Felt.
Reinhard acunó a Ilya mientras el Viejo Rom se cruzaba de brazos. Entonces, el pequeño Camberley de los tres idiotas intervino con:
[¡Un momento!] Dio un paso adelante y tendió los brazos a Reinhard. [Dámela a mí. Tuve muchos hermanos y hermanas, así que estoy acostumbrado a tratar con bebés.]
[Es bueno saberlo, pero Ilya ya ha dejado de llorar.]
[¡Eso no importa! Te enseñaré a calmar de verdad a un bebé.]
Reinhard entregó a Ilya al confiado Camberley, que miró la cara de Ilya y abrió los ojos.
[¡Belobelobelobelobah!]
[¡¡¡Buaaaahhhhhhh!!!]
[“Calmar de verdad a un bebé”, ¡mi trasero!] exclamó Felt. [¡Ahora llora aún más fuerte!]
Camberley, haciendo expresiones cómicamente exageradas, solo consiguió enfadar a Ilya una vez más. A pesar de su intento de poner a prueba sus habilidades tranquilizantes con ella, fue incapaz de aligerar el malhumor de Ilya. Con las negociaciones colapsadas, sucumbió por completo al poder de la bebé.
[¡Maldita sea! ¿Qué hice mal? ¡Gaston!]
[Oh, ¿eh? ¡¿Por qué me la das?! Uhh... belobeloblaaa…]
[¡Buaaaah!]
Camberley lanzó a Ilya a un lado. Gaston, haciendo el siguiente intento, tampoco tuvo éxito. Con la cara de Ilya roja y manchada de lágrimas, Gaston la pasó al siguiente en la fila.
[¡Rachins, cuento contigo!] exclamó.
[¡Espera! ¡¿Qué se supone que tengo que hacer con una niña...?! ¿Eh?] protestó Rachins con una expresión miserable cuando Gaston le dejó a Ilya a su cuidado. No obstante, una vez en sus brazos, su llanto cesó de repente.
[…]
La inesperada reacción de la bebé hizo que Rachins soltara una carcajada. [Je, je... No sé qué pasa, pero ha dejado de llorar. Supongo que...]
[¡Buaaaahhhhhh!]
[¡Oye! ¡No me hagas quedar como un idiota! ¡¿Qué, eres de efectos retardados o algo?!]
[No] dijo Rom pensativo. [Probablemente se estaba tomando su tiempo para evaluarte y, después de pensarlo, llegó a la conclusión de que no eres suficiente.]
[¡Cállate el hocico, anciano! ¡Entonces haz algo al respecto, Cromwell!] Rachins, que no superó la prueba de selección por un ligero margen, gritó indignado mientras el Viejo Rom sermoneaba sobre la psicología de la bebé y se la pasaba.
Al tener a Ilya apretada contra su gran palma, las arrugas de la cara del Viejo Rom se hicieron más profundas mientras sonreía.
[Ya, ya, deja de llorar] la tranquilizó.
[Jeh, ¿qué crees que estás haciendo?] dijo Rachins con desdén. [Si fuera tan fácil hacer que deje de llorar, habríamos...]
[Ah…]
[¿Qué demonios?]
Los tres idiotas habían fracasado en cada intento, pero el viejo Rom parecía tener algún tipo de toque mágico con Ilya. Al final, Reinhard y Rom fueron los únicos capaces de pasar la prueba de la bebé llorona.
[Como chica, puedo ver por qué elegiría al joven Señor, pero...] comentó Flam.
[Con Sir Rom es un misterio] terminó Grassis la frase de su hermana.
[¡No tiene nada de misterio!] estalló Felt. [¡Elegir al Viejo Rom solo demuestra que la niña tiene buen gusto! Aunque no me agrada que lo metan en el mismo saco que Reinhard.]
El trío de rufianes agachó la cabeza en vergüenza mientras las chicas les hablaban con desprecio, a pesar de que ellas también habían sido inútiles. Sin dejar de consolar a Ilya, el Viejo Rom giró la cabeza, lanzándoles una mirada de reojo, y dijo:
[Aun así... Sin más pistas que un nombre, ¿eh? ¿No había nada más en la cesta?]
[Solo una almohada y una manta para envolverla.] Reinhard inspeccionó la cesta con la mirada baja. [Tampoco había firma en la carta.]
[Si son el tipo de padres que se deshacen de su propia hija] dijo Felt, chasqueando la lengua, [¿de verdad crees que firmarían algo? Es ridículo.]
Provocando una mirada de desaprobación, Felt lo señaló con un dedo acusador por su falta de comprensión.
[¿Entiendes? Esta mocosa fue abandonada por sus padres. Probablemente te vieron en esta mansión y pensaron en dejarla aquí para que creciera en un lugar grande. Es un asco.]
[…]
[¿Y en un pueblo cercano? ¿Hay alguna posibilidad de que encontremos a los padres allí?]
Frente a la amargada Felt, el Viejo Rom planteó la reflexiva pregunta a Reinhard, que meditó la cuestión un momento antes de negar con la cabeza.
[Que yo recuerde, es difícil de decir. Había algunas mujeres embarazadas en el pueblo, pero...] se interrumpió, entornando los ojos hacia Ilya. Envuelta en un pañal blanco y jugueteando con los vellos del brazo del Viejo Rom, era evidente que la bebé había nacido hacía muy poco.
[A este paso, Ilya debe de tener solo unos meses] analizó Reinhard. [Teniendo en cuenta las mujeres que han dado a luz en ese periodo, las candidatas potenciales son muy pocas. Además, está el asunto de su aspecto...]
[Cabello rubio y ojos azul oscuro, ¿eh?] intervino Felt, pasándose los dedos por su propio cabello.
Por lo que ella sabía, el cabello de ese tono no era algo inusual en Lugunica, como tampoco lo eran los ojos azules. Gracias a su trabajo y a su anterior ocupación, había desarrollado el hábito de observar a la gente, y ambas cosas eran bastante comunes.
[El cabello rubio no es raro. Incluso el mío es dorado.]
[Efectivamente, no es raro ver a gente con el cabello dorado como usted, Lady Felt] reconoció Reinhard. [Sin embargo, eso se limita sobre todo a los suburbios de la Capital Real. En cambio, en Hakuchuri y en regiones del sureste como Flanders, el cabello castaño es mucho más común. Las personas que conocimos más temprano eran así, ¿o no?]
[Supongo que sí, ahora que lo mencionas] dijo Felt, recordando a la gente del pueblo, aún fresca en su memoria.
“Reinhard tiene razón, todos los que conocimos en el pueblo tenían el cabello castaño, mientras que el de los ancianos era gris. [Pero, ¿por qué?]
[Exactamente lo que este joven intenta transmitir] intervino otra voz. [El color del cabello y de los ojos de la niña son bastante peculiares para un recién nacido... En esta región, al menos.]
[Tiene razón, Sir Rom] afirmó Reinhard. [Aunque espero que mis preocupaciones sean infundadas...] Reinhard se quedó pensativo, mientras Felt se cruzaba de brazos ante su conjetura.
Con un giro de cabeza, resopló ligeramente y se rascó la sien.
[¡Cállate! ¿Qué intentas decir?]
[Existe la posibilidad de que detrás de Ilya haya algo más que solo una niña abandonada. Por lo tanto, debo preguntarle algo, mi Señora.]
[¿Qué?]
[¿Qué quiere hacer con Ilya una vez que la llevemos de vuelta?]
Ante la pregunta de Reinhard, Felt sintió un nudo en la garganta. Ahogándose con su propia respiración, su mirada se posó en Ilya, acunada en los brazos del Viejo Rom. La niña seguía igual, embelesada con los vellos de los brazos del Viejo Rom, ajena a todos los parloteos que se producían a sus espaldas. Abandonada por sus padres y dejada en esta mansión, sin voz ni voto en la dirección de su propio futuro.
[Lady Felt, por favor, tome una decisión] la instó Reinhard mientras reflexionaba.
“¿Quiere mi opinión para esta decisión? ¿Es esta su idea de mostrar respeto? ¿O simplemente está aprovechando la situación para probarme y ver si puedo tomar decisiones por mi cuenta sin la ayuda de él o del Viejo Rom?”
[Eres un idiota descarado, ¿lo sabías?]
[¿Eh?]
[Nada. Así que quieres que yo decida qué va a pasar con esta niña, ¿cierto?]
Cualesquiera que fueran las intenciones de Reinhard, la determinación de Felt era firme. Inflando las mejillas, esbozó una sonrisa maliciosa y señaló a Ilya.
[No tengo nada en contra de esta niña] empezó. [Pero estoy jodidamente molesta con los que la abandonaron aquí. Así que quiero encontrarlos y tener una pequeña charla.]
[¿Una charla, dice?]
[Sí, una charla. Quiero charlar con ellos y saber qué pasa realmente por la cabeza de los padres que abandonan a sus hijos. Quiero tener una conversación.] La expresión de Felt se distorsionó mientras hablaba. [Quiero hablar con la gente que abandonó a su hija, y quiero saber cómo se sienten. Y por esa razón...] hizo una pausa. [¡Voy a tener a esta niña cerca y haré que se caguen del susto!]
[…]
Reinhard enmudeció ante la proclamación de Felt. Los demás a su alrededor también se quedaron sin habla. Sin embargo, aparte de las expresiones faciales de Felt, sus ojos mantenían la misma mirada. Sencillamente, eran ojos que transmitían calidez.
[¿Por qué demonios me miras así? ¡¿Tienes algún problema o algo?!]
[Puede que haya sido mi culpa, pero tienes que aprender a ser más sincera con tus sentimientos...]
[¡Cállate!] le espetó Felt con un gruñido a la cariñosa expresión del Viejo Rom. [¡Hablo en serio! ¡Deja de inventarte cosas raras!]
Por otro lado, la intensidad de su emoción volvió a ser demasiado extrema para la bebé.
[¡¡¡¡Buaaaahhhhhh!!!!]
Una vez más, los gritos de la bebé reverberaron por toda la mansión desde la mesa del comedor.
[¡Ahh, maldita sea!]
5
Ese mismo día, pasada la medianoche, Ilya se cansó de llorar y se durmió.
[Los niños son otra cosa] exhausta, comentó Felt dejándose caer en el sofá. [¿De dónde saca un cuerpo tan pequeño tanta resistencia?]
[Hablando de cuerpos pequeños...] dijo Flam.
[Como el suyo] añadió Grassis.
Cuando las gemelas replicaron a su protesta, Felt las fulminó con la mirada.
[Cállense. No quiero oír nada de ustedes que son la mitad de mi tamaño. ¿Cuántos años tienen de todos modos?]
[Cumpliremos doce este año.]
[Es hora de independizarse.]
[No serán independientes si siempre están juntas] se burló Felt. [Pero, aun así...]
Las gemelas, hinchando el pecho, se sorprendieron ante las palabras de Felt.
[Eso es verdad...]
[No fue contemplado.]
Ignorándolas, Felt desvió la mirada hacia el fondo de la habitación, a la mesa de la sala común, con la cesta encima y Reinhard trabajando duro junto a ella.
[¿Puedes incluso cambiarle el pañal a un bebé? De verdad puedes hacer cualquier cosa.]
[Cualquier cosa es un poco exagerado] contestó Reinhard. [Pero una vez cuidé a las bebés de un conocido. Así que tengo algo de experiencia con pañales.]
[Ah, cuidaste bebés, ¿eh?] Sorprendida por esta escena inesperada, Felt volvió a recostarse y apoyó la mejilla en la mano.
Por el rabillo del ojo, vio a las gemelas retorciéndose, con las mejillas ligeramente sonrojadas. Extrañada por su reacción, las miró con desconcierto y también a Reinhard.
[Oh, ya lo entiendo. Ustedes son las bebés de ese conocido suyo.]
[¡Lady Felt, es tan vergonzoso!]
[Tan humillante.]
Sonrojadas, las gemelas afirmaron furtivamente las observaciones de Felt. Convencido por su reacción, Reinhard rio entre dientes.
[¿Se ha dado cuenta? Sí. Conozco a Flam y Grassis desde que ambas eran bebés...]
[¿Quieres decir que les pusiste las manos encima a esas pobres bebés?] lo acusó Felt.
[Espere un momento. Por favor, permítame que me explique.]
[Solo estoy bromeando. Una cosa es que me tengas prisionera, pero otra muy distinta es cambiarles los pañales a estas dos cuando eran bebés. También es completamente diferente a cambiarle el pañal a esta otra bebé ahora mismo] dijo Felt, bajando el dedo y soplando en su punta.
[Es un alivio] respondió Reinhard retirando la mano. [Dicho esto, el pañal ya está cambiado con éxito. Flam, Grassis, ¿lo han entendido?]
[Sí, joven Señor. Es perfecto.]
[Es el Señor de los pañales.]
[Cuento con ustedes] les informó. [Ahora bien, cambiemos la manta y el colchón. Pero podría sentirse incómoda si usamos algo a lo que no está acostumbrada, así que de momento mantendremos la sábana original.]
Ante las rápidas y eficientes instrucciones de Reinhard, Flam y Grassis hicieron una reverencia y salieron de la sala común. Solo Felt y Reinhard permanecieron en sus confines, los dos solos... o tres si se contaba a la dormida Ilya.
[A excepción del Viejo Rom, todos los hombres son unos inútiles] se quejó Felt.
[Aunque no puedan atender a Ilya, deberían poder ayudar a encontrar a sus padres] sugirió Reinhard. [Mañana haré que esos tres hombres nos ayuden en nuestro esfuerzo.] Apoyó una mano sobre la cesta, abogando por el trío en contra de la anterior valoración de Felt.
Felt frunció el ceño ante su respuesta, pues solo pretendía decir ese comentario para sí misma.
[¿Mañana, eh?] preguntó. [¿Estás seguro? Son unos inútiles. Podrían escaparse, por si no lo sabías]
[Ya he hablado con la gente del pueblo y con los de la parada de carruajes de dragón] confirmó Reinhard. [Les ordené que se detuvieran y denunciaran a cualquiera que llevara ropa de viaje o tuviera rasgos similares a los de Ilya. También pregunté por las mujeres embarazadas del pueblo. Pero, por desgracia, no había nadie que se pareciera a su madre.]
[Después de hacer todo eso] se preguntó Felt, [¿les queda algo por hacer a esos tres idiotas?]
A Felt le sorprendió un poco la diligencia de Reinhard mientras lo miraba con escepticismo. “Para empezar, Reinhard es el que principalmente ha estado cuidando de Ilya después de la cena. ¿De dónde demonios ha sacado tiempo para hacer todo eso?”
[Si no le importa, Lady Felt] dijo Reinhard cambiando de tema, [¿le gustaría intentar cambiarle el pañal?]
[Uh, tal vez la próxima vez, si me siento capaz] concedió ella. [He visto cómo se hace, así que probablemente pueda hacerlo.]
[Me alegra oírlo] Reinhard asintió, y Felt frunció los labios ante su aparente distanciamiento.
Fingiendo enseñar a Flam y Grassis, Reinhard procedió a mostrarles cómo cambiar pañales, con la intención de que Felt también aprendiera de ello. Felt tampoco quería confiárselo todo a Reinhard, así que había planeado aprender desde el principio.
[Sabías que yo no iba a decir nada, ¿cierto?] Murmuró Felt. [Mierda, eres tan molesto.]
[¿Qué sucede?] preguntó Reinhard, enarcando una ceja ante el comentario irónico de Felt.
[Nada... Espera, no, no es nada. ¿Qué crees que es, en realidad?] Felt se rascó la cabeza con la mano libre mientras yacía desplomada en el sofá.
[¿Lady Felt?]
[Traer a la bebé aquí, encontrar a los padres y cuidar de ella fueron decisiones mías. Tú me hiciste elegir. Pero, ¿qué opinas al respecto?]
[…]
[Ah, y que conste que no quiero que incluyas mi opinión en tus pensamientos. Yo soy yo. Tú eres tú. Mantengamos las dos cosas separadas. Si no, me sentiré muy rara.]
Balanceó las piernas arriba y abajo para tomar impulso. Levantándose en el sofá, Felt se enderezó y volteó hacia Reinhard. Notó que cerraba los ojos.
Luego volvió a mirar a Felt, señalando cautelosamente a Ilya con la mano.
[Supongo que, aunque me hubiera ordenado abandonar a la bebé, habría accedido] respondió finalmente Reinhard. [En este caso no hay una respuesta verdaderamente correcta.]
[Aunque esa no es tu opinión...]
[Y entonces] continuó, [creo que habría buscado en secreto a los padres de Ilya y la habría refugiado en algún lugar de la mansión, a espaldas de Su Señoría.]
[¿Ah, sí?] dijo Felt mientras Reinhard sonreía suavemente, con los brazos extendidos.
Aturdida por su sonrisa, se dio cuenta de que ella había sido la que él estaba engañando. Su rostro se sonrojó y la ira creció dentro de ella.
[T-Tú...]
[Lady Felt, Ilya está...]
[¡Ugh...! ¡No actúes con tanta superioridad!]
Felt quiso gritarle, pero se contuvo en el último momento, reflexionando sobre la situación. Pero la rabia persistía, miró a Reinhard con indignación, soltando su exabrupto en esa sola frase. Al final, Reinhard siempre se salía con la suya. Independientemente de las intenciones de Felt, él se estaba dedicando a esta bebé ya fuera por su propio deseo o no.
[Solo lo haces porque crees que es lo mejor para la bebé] dijo.
[En efecto, está en mi naturaleza ayudar a los necesitados] reconoció Reinhard. [Pero en este caso, no creo que haya que pensárselo tanto cuando se trata de ayudar a un bebé, ¿verdad?]
[…]
[Y si no le importa que me ponga un poco personal...]
Felt enarcó las cejas al oír la palabra “personal”. No era muy frecuente que Reinhard antepusiera a una declaración su opinión personal. Y esa era precisamente la respuesta que esperaba en esta ocasión. Reinhard esbozó una fina sonrisa ante la expectación de Felt.
[Es un honor para mí como caballero estar de acuerdo con usted, Lady Felt.]
[Yo... eh...]
[Recuerdo aquel momento en que me dio sus órdenes durante la ceremonia de la Selección Real. A mí también me gustaría seguir los deseos de mi Señora siempre que sea posible.]
Felt se quedó con la boca abierta por la audacia de su comentario. Ante su reacción, Reinhard se limitó a encogerse de hombros como de costumbre. No se trataba de un acto de cortesía ni de un lapsus. Era sin duda su opinión sincera, pero solo ese hecho provocó la agitación de Felt.
Felt apretó los dientes con un estremecimiento y soltó:
[Sabes, realmente eres un imbécil, ¿o no? Eso es exactamente lo que me da escalofríos de ti.]
Su acalorado arrebato resonó por toda la mansión. Entonces, un instante después...
[¡Buaaaahhh!]
Y, en retribución por su mal juicio, la mansión tembló con lamentos durante toda la noche.
6
A medianoche, al mismo tiempo que la Mansión Astrea se tambaleaba con violentos temblores...
[¿Encontraron a la mujer y a la niña?]
Una voz grave atravesó una habitación poco iluminada. La voz era madura pero robusta, a pesar de su rudeza. Poseía el tipo de poder atribuido solo a aquellos que han reinado sobre otros durante numerosos años, un poder que solo se puede llamar dignidad. Naturalmente, el dueño de la voz tenía sus subordinados. Como para demostrarlo, múltiples bocanadas de aire se agitaron en el ambiente cuando un hombre tomó la palabra.
[Por favor, discúlpeme, señor, pero todavía estamos en persecución. No nos cabe duda de que ya han abandonado la ciudad.]
[Encuéntrenlas. ¿Alguna pista sobre su destino?]
[No tienen a nadie a quien recurrir y sus recursos son limitados. Debemos empezar por el punto más cercano e ir subiendo.]
Al oír este informe de su subordinado, el hombre de aquella voz emitió órdenes sin dudarlo ni un instante.
[Estás tardando demasiado. Redúcelo. Empieza por Hakuchuri.]
En respuesta, la sala se agitó con inquietud. Sin embargo, el subordinado que hacía el informe se inclinó en silencio.
[Entendido, señor. Enviaré a alguien inmediatamente. Aunque las cosas pueden complicarse un poco...]
[Eso no es asunto mío. Mi prioridad es asegurarlas, pero aunque la mujer no regrese, cerciórate de que la bebé sí lo haga.]
[Que así sea. Vámonos.]
Con eso, el subordinado salió de la habitación, acompañado por el resto de los hombres. La puerta se cerró silenciosamente tras él, dejando al solitario hombre en la sombría cámara. Se levantó de la silla, se puso en pie y se acercó a la ventana que tenía detrás para mirar hacia fuera.
[Me pregunto adónde habrán huido...]
Al otro lado de la ventana, la ciudad de Flanders, una de las cinco grandes ciudades, asomaba a lo lejos en la noche. La habitación que ocupaba pertenecía a una mansión situada en una colina desde la que se contemplaba una vista panorámica de la ciudad. En su habitación del último piso, el hombre sacó un puro del cajón de su escritorio y lo encendió. El tenue resplandor reveló un rostro profundamente arrugado. Su cabello dorado ya había perdido brillo. Y sus ojos azules desprendían un destello feroz.
[Te encontraré, Ilya] murmuró el hombre, y su voz se desvaneció, engullida por el cielo oscuro y estrellado de Flanders.
7
Los últimos días en Hakuchuri transcurrieron como un reloj. Se había convertido en rutina escuchar los lamentos de una bebé y la intensa pelea entre un joven y una chica en la residencia principal de la familia Astrea, situada en lo alto de una colina.
[¡Buaaaaah!]
La bebé lloraba con todas sus fuerzas, haciendo que la gente del pueblo se detuviera en su trabajo. Intercambiando miradas, reían y comentaban:
[Parece que ha vuelto a empezar] antes de volver a sus tareas.
Así era el ritmo diario en la ciudad de Hakuchuri.
[Lady Felt, no quiero repetirme demasiado, pero le ruego que me escuche atentamente una vez más.]
Con un rígido preámbulo, Reinhard intervino con una expresión seria en el rostro. No era habitual que este hombre, de modales apacibles, mostrara tal estridencia en su voz, pero no era necesariamente un reflejo de su estado emocional, sino más bien porque, de lo contrario, su voz podría no llegar a su destinatario. Después de todo, la bebé había estado llorando con una ferocidad que sacudía toda la mansión.
[¡Buaaah!]
Ilya, la bebé que sollozaba, había hecho todo lo posible por protestar con todas sus fuerzas contra los males de su vida. Felt y los demás también habían hecho todo lo posible por atender a Ilya en los últimos días, desde que decidieron mantenerla en la mansión. No obstante, Ilya no era de las que hacían concesiones y utilizaba su condición de bebé como escudo.
Por supuesto, nunca podrían cargar a una simple bebé con asuntos de adultos, pero...
[¡Todo lo que haces es llorar, llorar y llorar!] exclamó Felt, tapándose los oídos. [¡Eso es todo lo que haces, todo el día, todos los días, las veinticuatro horas!]
[No exagere] dijo Reinhard. [No es todo el día. La frecuencia real es cada pocas horas. Es solo que los bebés no distinguen entre la mañana y la noche, así que es fácil sentirlo así.]
[¿Te he dado la impresión de que me importan una mierda esos detallitos?] ladró Felt, con las manos sobre las orejas. [¡Si tienes tiempo para estupideces, enséñale tu cara y haz que deje de llorar!]
Sin embargo, Reinhard negó con la cabeza.
[No. Ahora mismo, cualquier cosa que haga para que deje de llorar solo sería una medida provisional. Si no llegamos al meollo del asunto, Ilya llorará y sollozará una y otra vez. Se está volviendo insoportable, incluso para mí.]
[No te pongas ahora en el papel de víctima. ¿Qué quieres decir con “meollo del asunto”?]
[Eso, por supuesto, reside en usted, Lady Felt. Por eso Ilya está llorando ahora mismo.]
[¿Yo? ¿De qué mierda estás hablando? ¿Qué tiene que ver conmigo?]
[Dé un vistazo] dijo Reinhard, señalando a Ilya, que estaba recostada en su cama. Felt, molesta por el comentario de Reinhard, echó un vistazo al pañal que la envolvía.
[Es el pañal de Ilya] continuó. [Su Señoría fue quien se lo cambió. Pero mire cómo se lo ha puesto. Es bastante descuidado. No me cabe duda de que a Ilya le pica.]
[Ah, ¿a quién le importa?] se quejó Felt, refutando la acusación de Reinhard. [¡Funciona mientras le cubra el trasero y le impida que se cague por todas partes!]
En efecto, la tela que servía de pañal a Ilya estaba envuelta alrededor de ella de forma bastante desordenada, y de hecho había sido Felt quien la había envuelto. Dicho esto, la idea de cambiar pañales le parecía ridícula.
[Lady Felt... Por favor, sea más considerada con los sentimientos de Ilya. De lo contrario, solo conseguirá alejarse más de su búsqueda del trono.]
[¡Deja de decir tonterías! ¿Qué tiene que ver un pañal con convertirse en reina? ¿Te excita verme cambiar los pañales de una mocosa o algo así? ¡Pervertido!]
El argumento de Reinhard fue cambiado por una polémica, y Felt se agarró la cabeza en frustración.
[¿Por qué tengo que aguantar esto? ¿Dónde están esas gemelas? ¿Y esos tres idiotas? ¿Qué demonios están haciendo?]
[Flam y Grassis están ocupados con las tareas de la mansión. Rachins, Gaston y Camberley están buscando a los padres de Ilya, y estoy seguro de que Su Señoría sabe qué trama Sir Rom.]
[Mmghhh...]
Felt no pudo decir una palabra mientras Reinhard la arrinconaba. Al mismo tiempo, se dirigió hacia Ilya y le preguntó:
[¿Estás bien?] Procedió a reajustarle el pañal. [Ya, ya, ahora mismo nos encargamos de ti.]
A pesar de lo molesto que resultaba escuchar a Reinhard, el Viejo Rom se había ausentado de la mansión. Se había ido a ver a un conocido fuera de la Capital Real, así que estaba bastante ocupado por su cuenta. En consecuencia, con el anciano ausente y Felt al cuidado de la bebé, su ánimo se había desplomado.
[Así que ahora mismo solo estamos disponibles usted y yo, Lady Felt] concluyó Reinhard.
[Si es así, ¿por qué no buscas a los padres en lugar de esos tres imbéciles?] preguntó Felt.
[Los tres apenas y pueden hacer algo por Ilya] explicó Reinhard. [Así que, si hago eso, se quedaría usted sola para ocuparse de ella. ¿No se da cuenta?]
[¡Qué he hecho...!]
Con la cabeza entre las manos, Felt suspiró al ver a Ilya, ahora de buen humor tras haberle cambiado el pañal.
Habían pasado cinco días desde que Ilya llegó a la mansión, y las tendencias tiránicas de la bebé no hacían más que empeorar. “Qué despreocupada estás, a pesar del alboroto que has estado causando a todo el mundo por aquí, todo el tiempo luciendo la sonrisa de un ángel. ¿Quién te crees que eres, una reina?”
[Tenemos que encontrar a sus padres rápidamente] se lamentó Felt. [Si no, ni siquiera yo sé lo que acabaré haciéndoles por hacerme pasar por esto.]
[En tales momentos] sugirió Reinhard, [basta con mirar la cara de Ilya. ¿No la invade su inocencia y la hace sentir en paz?]
[Es precisamente esa cara la que me está volviendo loca en estos momentos.]
Aunque Felt tuvo la tentación de responderle por costumbre, esta situación requería algo diferente. “De verdad no es posible ganarle a un bebé cuya vida no está ligada ni al día ni a la noche. No puedo evitar preguntarme si sus padres la abandonaron no por pobreza, sino por su llanto incesante.”
[Santo cielo, si ese es el caso. Dame un respiro.]
Si el llanto fuera razón suficiente para abandonar a un bebé, el mundo estaría plagado de niños abandonados. “Antes incluso de discutir si me convertiré en reina o no, no quiero creer que el país en el que vivo sea un lugar tan cruel”.
[Ah, es un día precioso.]
Con Reinhard preocupado por Ilya, Felt miraba distraídamente por la ventana. El cielo azul, las nubes blancas y un idílico paisaje se extendían bajo ellos. No era particularmente tranquilo, pero su falta de sueño por el llanto de la noche anterior la hacía sentirse un poco aturdida.
[Si quiere dormir junto a Ilya, puedo cantarte una canción de cuna] le ofreció Reinhard.
[No me trates como a una niña] espetó Felt. [Te patearé el trasero.]
“¿Qué, este tipo tiene ojos en la nuca? ¿Cómo sabía que me estaba durmiendo?” Apoyada en el alféizar de la ventana, el viento despeinó su flequillo dorado mientras se dormía...
[¿Hmm?]
Felt entrecerró los ojos por la brisa y la luz del sol, aclarándose la garganta con una repentina sensación de incomodidad. Vio a alguien merodeando por el paisaje desde su posición elevada. En cuanto vieron a Felt, se dieron la vuelta asustados y se alejaron corriendo.
[¡Qué demonios! ¡Ese desgraciado!]
[¡Lady Felt!]
Sin dudarlo un instante, Felt saltó por la ventana. Reinhard se sobresaltó ante su rápida reacción, pero no pudo alcanzarla porque ya había aterrizado en el jardín. A cuatro patas, Felt dirigió su atención cuesta abajo, donde aún podía ver la espalda de la figura, que se alejaba en la distancia. Decidida a perseguirlos, Salió corriendo, cuando de repente...
[Lady Felt] dijo Reinhard, apareciendo a su lado una fracción de segundo después con una mano en el hombro de Felt. [Si necesita algo, hágamelo saber. Para eso estoy aquí.]
Por un momento, Felt quiso quitárselo de encima, pero desechó sus reflejos espontáneos. Haciendo balance de la situación, señaló colina abajo.
[Un tipo raro estaba mirando la mansión. Tras él.]
[¡Sí, Señora!] exclamó Reinhard, aceptando su orden. [Por favor, cuide de Ilya] añadió, poniéndole a la bebé en brazos.
La figura de Reinhard se desvaneció con el viento no un instante después de que Felt recibiera el cuerpo ágil y cálido de la pequeña. Pateando el suelo, alcanzó al hombre en un santiamén. El sospechoso parecía confiado en su capacidad para escapar, pero no era rival para Felt, y mucho menos para Reinhard. Después de todo, se trataba de un hombre de defensas impenetrables del que ni siquiera Felt había podido escapar en los últimos dos meses.
[Ya está arreglado. Eso lo soluciona todo.]
Felt asintió mientras ponía las manos bajo las axilas de Ilya, dejándola colgar las piernas. Una nube de polvo se levantó al final de su campo de visión cuando Reinhard inmovilizó al hombre, incapaz de oponer resistencia. Todo sucedió tan rápido que Felt no pudo ver exactamente lo que le hizo al hombre, pero supuso que eso no era importante. Esperando, aún con Ilya en brazos, Reinhard regresó a un ritmo tranquilo, arrastrando al hombre por el cuello de su camisa.
[Lady Felt, por aquí.]
Sin detenerse a recuperar el aliento, Reinhard tiró al suelo al tipo que había arrastrado. Era un hombre de mediana edad, de aspecto ordinario, que miraba a Reinhard con ojos inexpresivos y temblorosos.
[Ugh, eres más monstruo de lo que dicen los rumores, pues...]
[Aunque estoy acostumbrado a que me llamen así] interrumpió Reinhard, [ahora mismo soy el caballero de Lady Felt.]
[Deja de dar esa respuesta siempre que te llamen así.] Felt chasqueó la lengua ante su respuesta típica. [Es molesto de oír.]
Después regresó su atención al hombre tembloroso. Observando su sonrisa nerviosa, ladeó la cabeza y preguntó:
[Corrígeme si me equivoco, pero has estado espiando en nuestra casa, ¿o no?]
[Je, je. Bueno, me enteré de que el Santo de la Espada había vuelto, y tenía curiosidad por echarle un vistazo.]
Felt miró a Reinhard.
[Reinhard, haz lo que quieras con sus dedos.]
El rostro del hombre, presa del pánico, palideció.
[¡Espera, espera! ¡¿Qué vas a hacer?! ¡No me hagas daño! ¿Qué haces?]
“Reinhard sí que lo impresionó, ¿eh?”
Reinhard se frotó la frente al ver al hombre histérico que pedía clemencia.
[Lady Felt, me ha retratado como un ser bastante aterrador...]
[Eso es solo sentido común. Deberías saber los problemas que me has hecho pasar.]
Encogiéndose de hombros ante el gesto preocupado de Reinhard, Felt sonrió, mostrándole al hombre su colmillo.
[En fin, ahora te toca a ti. ¿Quién eres, de dónde vienes y por qué estás aquí? Responde, o si no.]
[¿O-O si no...?]
[Te echaré a Reinhard encima.]
Reinhard ya no se defendía de las despiadadas proclamas de Felt. Rio entre dientes, aceptando las duras órdenes.
[Si ese es mi deber como caballero] aceptó.
Presintiendo algo mucho mayor que una amenaza en esta unión, el hombre exclamó con pánico:
[¡Muy bien, muy bien! ¡Ya entendí, ya entendí! Soy de la Moneda de Plata Negra. Mis superiores me ordenaron encontrar a la bebé.]
8
[La Moneda de Plata Negra, ¿eh?] Felt se llevó una mano a la frente mientras el hombre relataba su historia por completo.
“Para ser sincera, habiendo crecido en la Capital Real, no estoy tan familiarizada con los asuntos de fuera de la zona, pero incluso yo puedo adivinar quiénes son estos tipos de la Moneda de Plata Negra y a qué se dedican”.
[La Moneda de Plata Negra es una organización con sede en Flanders, una de las cinco grandes ciudades] explicó Reinhard. [A primera vista, pueden aparecer en un bar de la ciudad, o como comerciantes de bienes de dragones de tierra...]
[Pero en realidad, son el bajo mundo de la ciudad, los líderes de las fuerzas oscuras de la sociedad. Un tropo común, ¿no?] conjeturó Felt.
Había entidades similares en la Capital Real con nombres diferentes, pero la realidad era la misma. Felt había intentado evitar involucrarse, pero la sociedad no era lo suficientemente grande como para que no le afectara en absoluto.
[Pero ni siquiera los barrios bajos parecen saber mucho más que eso] suspiró. [No tenemos ni idea de quién de la Moneda de Plata Negra está buscando a Ilya, ni por qué. Además...]
[No tenemos ni idea de por qué dejaron a Ilya en mi residencia] añadió Reinhard.
Al final, no obtuvieron más información, aparte de que Ilya era el objetivo. El hombre que habían capturado estaba enrollado en un tapete de bambú y metido en un almacén, pero eso era otro asunto. “Podríamos ir directamente a la Moneda de Plata Negra”, pensó Felt, sabiendo que era un método bastante tosco. “Puedo ir a su cuartel general, utilizar a Reinhard como escudo y descubrir la verdad”. Sin embargo, Felt abandonó rápidamente esta idea. No solo por su reticencia a confiar en Reinhard, sino también porque sabía que no resolvería la causa del problema.
[Pero si no hacemos algo, nos quedaremos estancados como...]
Reflexionando sobre qué hacer, Felt se hundió en el peso de sus pensamientos mientras yacía en el sofá. De pie a su lado, Reinhard miraba cariñosamente a Ilya que dormía plácidamente en su cama. Pero Felt solo podía pensar en pasar a la acción para salir de aquel estancamiento.
[¡Guu-ju! ¡Ya estamos de vuelta! ¡Levanten las manos y dennos una calurosa bienvenida!]
Una alegre y aguda voz subió las escaleras desde la puerta principal de la mansión.
[...¡Esos idiotas!] gruñó Felt.
“¡Se suponía que estaban de guardia buscando a los padres!” Al ver que la cara dormida de Ilya se estremecía por la conmoción, Felt chasqueó la lengua y salió de la habitación. De pie en la puerta, enarcó una ceja.
[¡Cállense, malditos idiotas! Van a despertar a Ilya] les gritó.
Camberley hinchó el pecho y se rio.
[¡Mira quién habla! Además, ¡deberías dirigirte a nosotros con gratitud!] gritó, antes de señalar la puerta principal con toda la fuerza que su pequeño físico podía reunir.
Felt le lanzó una mirada dudosa.
[¿Qué? ¿Qué acabas de decir...?]
Allí aparecieron Rachins y Gaston, y con ellos, una hermosa mujer de largo cabello castaño grisáceo. Parecía tener unos veinte años y desprendía un aura suave y apacible. Intimidada por la imponente atmósfera de la mansión, sus ojos recorrieron la estancia con un aire de temor. Al notar que Felt la miraba, inclinó apresuradamente la cabeza.
[…]
La aparición de la mujer ahondó las arrugas de interrogación entre las cejas de Felt.
La mujer temerosa y los tres idiotas que se regodeaban en su triunfo no eran más que problemas... bueno, el trío al menos lo era.
[Reinhard, amárralos a todos.]
[Sí, Señora.]
[¡Detén esa orden! ¡Fíjate bien! ¡Es la madre de la mocosa!]
La reacción instantánea casi se superpuso con el rápido veredicto, pero eso, también, se deshizo rápidamente con las palabras de Rachins; su declaración fue que esta mujer no era otra que la madre de Ilya.
[¿Cómo sabían... que era la madre de Ilya?] preguntó Felt.
Sin duda, fue una revelación bienvenida. Pero este no era el momento para la complacencia. Todavía existía una fuerte posibilidad de que el trío hubiera cometido un error en su prisa. En respuesta a las dudas de Felt, Rachins sonrió con un [Jeh] antes de añadir:
[Puede que la gente tonta no se haya dado cuenta, pero yo me lo imaginé en cuanto vi su ropa. Los padres suelen abandonar a sus hijos por dinero. Por eso los niños abandonados suelen estar tan desaliñados. Pero esta niña tenía ropa limpia y una bonita cesta, así que enseguida supe que algo andaba mal.]
[A este tipo lo educaron bien. A diferencia de nosotros] intervino Gaston, de pie junto a Rachins.
Rachins, avergonzado, carraspeó de inmediato e intervino:
[Eso ya no le importa a nadie. La razón de abandonarla no fue por el dinero. Además, la dejaron en la puerta del Santo de la Espada. Así que la historia es sencilla. Había vidas en juego. Por eso sus padres la dejaron aquí.]
Si fue acogida por la familia del Santo de la Espada, las posibilidades de que fuera rastreada se redujeron significativamente. De hecho, un asesino de la Moneda de Plata Negra había sido repelido. Si su especulación resultaba correcta, todo iba según lo planeado.
[Es estupendo que hayas averiguado tanto] comenzó Felt, [pero, ¿qué pasa después?]
[Bueno, si yo fuera un padre que deja a su hijo con el Santo de la Espada] empezó Camberley, [¿sabes lo que haría? Huiría muy, muy lejos actuando como un señuelo para proteger a esa niña. Así que, aunque vigilar las paradas de los carruajes de dragón no estaba mal, ¡lo llevamos un paso más allá! Al fijarnos en los carruajes de dragón de larga distancia, ¡por fin pudimos dar con este factor decisivo!]
Exagerando sus gestos, Camberley extendió las manos ante sí. Felt, por otro lado, no tenía ni idea de qué era ese “factor decisivo”. Ladeó la cabeza, confundida.
[¡Mira bien, bien!] continuó Camberley. [¡Es esto, esto!]
[Esto... ¿Hmm?]
Dando un paso adelante ante la afirmación de Camberley, Felt finalmente comprendió la situación. En sus manos extendidas, sostenía un largo y delgado hilo de algún tipo. No, no un hilo, sino un mechón de cabello humano.
El cabello era largo y de un tono marrón grisáceo. Camberley lo agarró con fuerza, orgulloso de su victoria sobre Felt.
[¡Este cabello, encontrado en la cesta de esa niña, pertenece a otra persona! Su color es diferente al de ella, ¡lo que debe significar que procede de uno de los padres que la abandonaron aquí! Lo que significa... ¡Que es de su madre!]
[Ese es un método espeluznante...]
[¿Eso es todo lo que tienes que decirnos después de haber llegado hasta aquí!]
Camberley arrancó el mechón de cabello en sus manos y fulminó a Felt por su comentario descuidado, pero ella rápidamente lo desestimó con un ademán de disculpa.
[Como sea, buen trabajo. Pero sigue sin ser suficiente...]
[Una forastera, un cabello coincidente y un largo viaje en un carruaje de dragón. Sin mencionar…]
Interrumpiendo a Felt, Gaston enumeró sus razonamientos y luego señaló a la mujer con la barbilla.
[…]
Mirando detenidamente a la mujer una vez más, Felt vio a qué se refería. La mujer que estaba ante ellos tenía un vendaje enrollado alrededor del cuello y el pecho, oculto por la ropa.
[Así que no solo estaba en peligro la hija, sino también la madre...] Felt chasqueó la lengua. [¡Oigan, gemelas!]
[¿Nos llamó?]
[Lady Felt nos llama.]
Flam y Grassis aparecieron de repente como si hubieran salido literalmente de la nada. El trío se sobresaltó por su repentina aparición, y la mujer también las miró incrédula. Felt, por otro lado, lo aceptó como algo natural.
[Espero que estén listas para curar esa herida] dijo. [Yo no lo haré. ¿Quieren que sus vendas queden como uno de los pañales que he atendido?]
[Lady Felt, ha reconocido su culpa] dijo Flam, tapándose la boca con una mano.
[Arde en sus propios pecados] dijo Grassis, tapándose la boca con una mano.
[¡Cállense!]
Tras sus bromas sobre Felt, las gemelas se acercaron a la mujer de aspecto nervioso. La tomaron de la mano y comenzaron a guiarla hacia la sala. Pero...
[Ah, antes de eso] Felt las detuvo. [¿Cómo te llamas?]
[…]
[Tu nombre, señora. Tu hija tiene uno. Tú también tienes uno, ¿o no? Al menos...]
Justo cuando Felt iba a decir: “díganos”, la mujer se señaló la garganta. Después procedió a mover la cabeza hacia los lados, indicando que no podía hablar.
[Le dije que su herida necesitaba tratamiento, y ella cedió. Al principio, nos confundió con sus perseguidores] explicó Rachins a Felt mientras la mujer desaparecía en la sala.
Felt asintió.
[No me extraña. No parecen el tipo de personas que uno esperaría encontrar en la casa del Santo de la Espada. Pero gracias por encontrarla. Realmente ayuda.]
[¡Jeh!] Rachins quedó momentáneamente sorprendido por el elogio de Felt, respondiendo con una sonrisa inmediata. Gaston y Camberley reflejaron su sentimiento desde atrás.
Sin embargo, había una figura que se sentía totalmente excluida.
[¿Por qué pareces tan tonto? Es raro] comentó Felt.
[Debo confesar que me sorprende] respondió Reinhard vacilante cuando Felt se dio la vuelta.
La presencia de la mujer, los esfuerzos de Rachins y los deberes de las gemelas... en cada caso, Reinhard los observó en silencio. Evidentemente, su corazón estaba lleno de una rara sensación de sorpresa.
[¿Qué te parece?] preguntó Felt. [No están tan mal, ¿eh? No está nada mal para un grupo de rufianes callejeros, al menos.]
[…]
[Aunque no me esperaba algo así. Bueno, supongo que hay veces que son más útiles que tú, el no tan todopoderoso Santo de la Espada.]
Al cruzar las manos detrás de la cabeza, Felt le dedicó a Reinhard una sonrisa traviesa.
Reinhard exhaló suavemente ante la expresión y continuó.
[Sin embargo, no sabemos realmente si esa mujer es la madre de Ilya, ¿cierto? Aún no hemos podido sonsacarle nada, mientras no podamos hablar con ella. A este paso...]
[Pruebas, ¿verdad? Pan comido] intervino Felt, cerrando un ojo, haciendo frente a las preocupaciones innecesarias de Reinhard. [Solo tenemos que conseguir que se reúna con Ilya. Entonces no tendremos problemas.]
9
[¡Guah!]
Al ver a Ilya feliz en brazos de su madre, Felt miró a Reinhard, esperando que hubiera admitido su derrota.
[No es una derrota en absoluto] comentó Reinhard. [Gracias a este reencuentro, Ilya vuelve a estar a salvo en brazos de su madre. Es un logro sin precedentes. Es una victoria para todos nosotros. Mejor dicho, para Ilya.]
[¿Por qué tienes que ser tan quisquilloso al respecto?] Felt replicó. [De todos modos, ahora ya estamos seguros.]
La mujer sentada en el sofá del centro de la sala era, en efecto, la madre de Ilya.
Así lo demostraban tanto Ilya en sus brazos como la mirada compasiva de la mujer que observaba a su bebé. No había nada que dudar al respecto.
[Una mujer que abraza a su hija con tanto cariño nunca querría abandonarla, ¿verdad?] reflexionó Reinhard.
[Y también es hermosa] comentó Gaston.
[Sí, eso es importante] asintió Rachins.
[Yo estoy abierto a las mujeres mayores] añadió Camberley.
Las convicciones de Reinhard perdieron su énfasis con los comentarios adicionales del trío. Flam y Grassis les lanzaron una mirada de desaprobación por sus comentarios innecesarios, lo que los hizo retractarse. Al ver esto por el rabillo del ojo, Felt resopló y regresó su atención a Reinhard. Este bajó la cabeza con una reverencia ante su mirada.
[Permanezca tranquila, Lady Felt. Soy su caballero, y mi lealtad hacia usted es inquebrantable.]
[¿De qué estás hablando? Ni siquiera he dicho nada, así que deja de actuar tan preocupado. Además, ahora deberías centrarte en la señora y su hija, no en mí. Al menos, por ahora.]
“Si lo que ella quiere es al Santo de la Espada, entonces lo mejor que podemos hacer ahora es concederle su deseo”. Las heridas de la mujer fueron atendidas sin incidentes, encontrándose más tranquila. En ese momento, la curiosidad de Felt iba más allá de su bienestar, pues quería saber quién era el responsable de haberla herido y de haber puesto a Ilya en peligro.
[Habría sido más fácil si se hubiera tratado simplemente de un mal marido que se puso violento con su mujer y su hija] comentó Felt.
[Fácil es algo exagerado, mi Señora. Esa es una de las tragedias más dolorosas del mundo.]
[No quiero decir que desee tal sufrimiento a esta familia. Simplemente sugiero que resolverlo habría sido más sencillo.]
Reprendiendo a Reinhard por su rígida opinión sobre el asunto, Felt se encogió de hombros. “Sin duda habría sido menos complicado si el problema se hubiera limitado a la madre, la hija y al marido, o mejor dicho, a una sola familia. Solo tendríamos una persona a la que procesar. Sin embargo...”
[La Moneda de Plata Negra está involucrada. Esto ya no se trata solo de ellos.]
[¿Qué? ¿La Moneda de Plata Negra?]
Rachins, Gaston y Camberley, que habían jugado un papel importante en la caza de los padres, se quedaron atónitos al oír el veredicto de Felt. Felt explicó brevemente la historia al incrédulo trío. Mencionó al asesino que iba tras Ilya y su afiliación a la Moneda de Plata Negra. Al oír esto, los rostros del trío palidecieron mientras exclamaban:
[¡Tienes que estar bromeando! La Moneda de Plata Negra es la entidad gobernante de una de las cinco grandes ciudades.]
[¡Les importa un carajo quién se les cruce!]
[¡Y los que se les cruzan acaban en el río!]
Los tres apelaron desesperadamente a los demás, culpando a sus adversarios. Felt, rascándose bruscamente la cabeza, estuvo de acuerdo:
[Así es. Si esos tipos son tan malos, ni siquiera podemos mantener una conversación en condiciones sin antes pensar en una forma de enfrentarnos a ellos.]
[¡No nos referimos a eso!] protestaron los tres idiotas al unísono, pero la postura de Felt era inflexible.
[Si quiere que abra una vía de escape, arriesgaré mi vida para cumplir con mi deber...] ofreció Reinhard.
[Eso no va a resolver todo este problema] replicó Felt.
[De hecho, estoy plenamente consciente de eso.]
Si el problema pudiera haberse resuelto solo con la fuerza bruta, no habría mano más poderosa que la fuerza inigualable de Reinhard. Aun así, Felt estaba muy consciente de que esos medios no siempre eran la mejor opción. El evento al que ahora se enfrentaban era uno de ellos.
[¿Hmm?]
De repente, Felt, perdida en sus pensamientos, levantó la vista, sintiendo el peso de la mirada de alguien. La fuente de la mirada era la madre, que sostenía a su hija en brazos. Sus ojos, verde avellana, estaban llenos de una mezcla de ansiedad, esperanza e incertidumbre. La raíz de sus complejos sentimientos se hizo evidente.
[¿Te preguntas por qué intentamos ayudarte?] preguntó Felt, con tono firme.
En respuesta, la mujer asintió con la cabeza.
[No me malinterpretes] continuó Felt. [Nosotros... o al menos, yo, no estoy haciendo esto por ti. Si hay alguien que me preocupa, es Ilya.]
[…]
[He tenido que soportar sus llantos nocturnos día tras día. Estoy a punto de explotar por la falta de sueño. Pensé que no les tendría piedad a los padres una vez que los encontrara, pero cuando por fin hallé a la madre... me di cuenta de que estaba en un apuro. Qué puta molestia.]
La dureza de las palabras de Felt hizo que la mujer se pusiera rígida a la espera de lo que pudiera decir a continuación. Ilya, en cambio, ajena a la tensión de la sala, tendió la mano hacia Felt, sonriendo débilmente en el seno de su madre.
Felt notó que se relajaba ante esta visión.
[Maldita sea…] murmuró.
A diferencia de su madre, para Ilya nada era fuera de lo común. Desde que llegó a esta mansión, solo había visto a Felt destilar una ira explosiva de su pequeño cuerpo, siempre alzando la voz.
[Me estoy impacientando] dijo Felt. [Y no estaré satisfecha hasta que descargue esto sobre los responsables. Oye, tú... ¿Y tú?]
La mujer se señaló sorprendida, con expresión perpleja.
[Dejaste a esa mocosa aquí para volverte un señuelo, ¿verdad? ¿No estás enfadada porque te obligaron a hacerlo? ¿No te jode tener que correr por todos lados?]
[…]
[¿Crees que Ilya quiere crecer oyendo que su madre básicamente corría por ahí con un cartel en la espalda que decía “perdedora”?]
[…]
La expresión de la mujer cambió ante la provocación de Felt. Su rostro enrojeció, sus ojos se abrieron de par en par, y a excepción de los brazos que sujetaban a Ilya, el resto de su cuerpo se tensó. No con palabras, sino con todo su cuerpo, expresó que no quería que eso sucediera. Felt rio al verla. [¡Gemelas! Traigan papel y una pluma] ordenó.
[Aquí tiene papel] Flam le dio una hoja a Felt.
[Aquí tiene una pluma] Grassis le dio una pluma.
Felt extendió las manos mientras Flam y Grassis respondían rápidamente a su petición. Recibió el papel y la pluma para después ofrecérselos a la mujer.
[Escribe sus nombres. Los dos. Los nombres de la madre y el padre de Ilya.]
[…]
[Esta es una oportunidad única en la vida. Es tu decisión. Esta es] explicó Felt.
La mujer cerró los ojos, contemplando las palabras de Felt. Luego, abriéndolos de nuevo, ofreció a Ilya a Reinhard. Reinhard tomó suavemente a la bebé en sus brazos y jadeó. Ante sus ojos, la mujer pasó la pluma sobre el trozo de papel. El nombre de la madre, el suyo, era Kalifa. Y en el espacio que quedaba, escribió el nombre de un hombre: el padre de Ilya.
[¿Doltero? ¿Es ese el nombre de su padre?] preguntó Felt.
[¡Noooo!]
En el momento en que oyeron ese nombre, los tres idiotas se derrumbaron detrás de ellos en estado de shock. Gritaron y se encogieron hacia atrás, juntando las manos y sacudiendo la cabeza frenéticamente con disgusto.
[¿¡Cuál es su problema!? Dejen de ser tan quejumbrosos, ¿quieren? Están perdiendo el respeto que empezaba a tenerles.]
[Te regresamos todo el respeto que quieras] exclamó Rachins. [¿Pero Doltero? No es posible. ¡Ese es el nombre del líder de la Moneda de Plata Negra! Oh, ¡espera! Ya lo entiendo. Tiene que ser otra persona con el mismo nombre. Hablando de confusiones.]
Tal vez por angustia, Rachins y los demás intentaron desesperadamente reescribir la realidad de la situación. Sin embargo, la mujer, Kalifa, procedió a escribir el apellido de Doltero después del nombre.
[Doltero Amule.]
[…]
Esta vez, los tres idiotas se quedaron sin opciones, y se desinflaron en el acto. Al parecer, el apellido también coincidía con el Jefe de la Moneda de Plata Negra tal y como lo conocían. “En otras palabras, Ilya está emparentada con el jefe de la Moneda de Plata Negra...”
[No me extraña que vayan tras ella... Espera, algo no está bien] dijo Felt.
“La Moneda de Plata Negra estaba tratando de recuperar a la hija de su líder. Lo entiendo. ¿Pero qué pasa con Kalifa? Es su amante o algo así y huyó porque temía por su vida. ¿No es eso exactamente lo contrario de querer volver?”
[Si el enemigo hubiera sido otro que Moneda de Plata Negra, lo habría entendido. Pero el tipo que capturamos también era de esa organización. ¿Cómo puede ser eso posible? Hablando en general...]
[…]
[¿Por qué Kalifa no acudió al líder de la Moneda de Plata Negra?]
“Si su señora e hija estuvieran en peligro, el jefe de la Moneda de Plata Negra no se quedaría callado. ¿No buscaría Kalifa naturalmente su ayuda por el bien de la seguridad de Ilya? Pero no lo hizo. Entonces, ¿qué podría haber pasado?”
[Esto empieza a oler mal, ¿o no? Me gustaría darle una buena paliza a este Doltero.]
[Entiendo lo que está pensando, Lady Felt, pero no será tan fácil. Cuando la otra parte es la Moneda de Plata Negra y su líder, hay que estar preparados a la hora de entrar en contacto con ellos.]
[¿Estabas hablando de Doltero?]
Una voz ronca interrumpió de repente, haciendo que todos en la sala dirigieran su atención hacia la entrada. Allí estaba el Viejo Rom, que había regresado de su reunión anterior.
[¡Viejo Rom, has vuelto!]
[Acabo de llegar. ¿Qué es eso de Doltero? ¿Y quién es esa joven de ahí?]
Frotándose la calva, el Viejo Rom frunció el ceño mientras observaba a la desconocida Kalifa.
La situación se desarrolló tal y como parecía. Todos los habitantes de la mansión se reunieron en una sola habitación, cada uno con una mirada complicada en el rostro. El trío casi había perdido su vitalidad habitual. Las gemelas mostraron un papel con dos nombres. Reinhard acunaba a una niña en brazos y Felt estaba sentada en el sofá. El Viejo Rom asintió profundamente y habló.
[Hmmm. Así que has hecho algunos avances. Pero, ¿qué tiene que ver esto con Doltero?]
[A mí también me gustaría preguntar algo. Si esto es verdad, entonces eres realmente extraordinario, Viejo Rom.]
Saltando del sofá, Felt corrió ágilmente hacia Rom y lo miró directamente a los ojos.
[¿Conoces a ese tal Doltero de la Moneda de Plata Negra?]
[No solo le conozco, sino que es a quien acabo de ir a ver.]
[¡Claro que sí!] Felt saltó de alegría ante la respuesta del Viejo Rom, cerrando un ojo.
[¿Pero qué...?]
El Viejo Rom rápidamente sujetó el liviano cuerpo de Felt, con una expresión atónita mientras preguntaba:
[¿Qué es todo esto?]
[¡Genial, genial, genial! Sabía que serías tú quien me ayudaría.]
[Es una apreciación halagadora, pero sigo sin entender qué está pasando...]
Con Felt en brazos, Rom buscó en Reinhard alguna pista sobre la información que faltaba.
Reinhard sostuvo a Ilya bajo su mirada y se dirigió a Felt.
[Lady Felt.]
[Sí, lo has oído, ¿o no? Ahora tenemos todas las claves que necesitamos. Solo queda averiguar qué hacer con ellas, ¿verdad?] Los ojos carmesí de Felt brillaron mientras sonreía satisfecha.
Reinhard se inclinó en respuesta a su sonrisa y volvió a hablar.
[Lady Felt, ahora mismo, se parece mucho a Ilya por la forma en que está siendo acunada por Sir Rom.]
[¡Cállate! ¡Date prisa y prepárate de una maldita vez!]
10
[…]
El aire de aquella única habitación le produjo a Felt una extraña sensación de déjà vu. Transmitía una sensación sofocante, causada por una inquietante sensación de opresión que llenaba el amplio espacio. Las gruesas paredes, la luz tenue y el tosco mobiliario parecían destinados a intimidar a los invitados, junto con la ausencia de sillas para reposar, y, tras pensarlo un poco, Felt comprendió la verdadera naturaleza del déjà vu que sentía.
Le recordaba al Castillo Real. El ambiente de aquella sala, el escenario en el que se encontraba cuando fue obligada a participar en la Selección Real, todo ello era muy similar.
[En otras palabras, está lleno de enemigos, al igual que antes. Solo que esta vez, he logrado llegar hasta aquí por mi cuenta. Eso me hace sentir mucho mejor.]
[No se preocupe. Pase lo que pase, Lady Felt, le garantizo que protegeré a su persona... no, a todos los presentes. Si algo sucede, y si tengo que cargarla, por favor, resista y contenga sus gritos.]
[Me siento igual que antes. Tenerte a mi lado me arruina el humor.]
Felt, como de costumbre, resopló ante la afirmación llena de lealtad de Reinhard y se cruzó de brazos despreocupadamente. Reinhard rio ante su respuesta, también emanando su serenidad habitual. Su valentía era evidente al mantener su capacidad para mantener una conversación normal.
Los dos se encontraban en una habitación de la mansión de Doltero Amule, situada en el corazón de Flanders, una de las cinco grandes ciudades. En otras palabras, se encontraban en el corazón de la Moneda de Plata Negra.
Naturalmente, era de esperar que un visitante repentino fuera rechazado en la puerta. En cambio, esta noche, Felt y su grupo pudieron entrar en la mansión, donde fueron atendidos con la hospitalidad típica del bajo mundo.
La razón de esta excepción tan especial no tardó en revelarse.
[Disculpen la espera...]
La puerta de una gran sala se abrió y una voz severa acompañada de una solemne reverencia se dirigió a ellos.
Apareció un hombre esbelto vestido con un traje negro. Todo su cuerpo irradiaba una penetrante sensación de intimidación, con unos ojos similares a los de una serpiente. Verdaderamente la imagen de un adversario.
El hombre de ojos de serpiente dirigió su mirada hacia el Viejo Rom, que estaba detrás de Felt y los demás.
[El Jefe está aquí. Señor Cromwell, considere esto una excepción especial.]
[Agradezco tus esfuerzos, Safis... De todos modos, no es un mal trato para él.]
[Ya veo.]
Según el Viejo Rom, el nombre del hombre con ojos de serpiente era Safis. Su mirada se desvió hacia Kalifa, que sostenía a Ilya, acompañada por Felt, Reinhard y el Viejo Rom. Detrás de aquellos ojos fríos, nadie podía discernir qué impresión tenía Safis de la madre y la hija.
La respuesta no llegó a revelarse, pues el sonido de la gran puerta crujiendo interrumpió el silencio.
[…]
En el momento en que apareció la figura, el aire de la sala se hizo notablemente más pesado.
El aire tenía un sabor amargo, un color negro y una resonancia baja. La figura se sentó pesadamente en la única silla que había en el extremo opuesto de la sala, rodeada de esa aura de intimidación. Tenía el cabello rubio y brillante peinado hacia atrás con unos ojos de un azul intenso que coincidían perfectamente con los de Ilya. Sin embargo, había un marcado contraste en el resto de su aspecto. Era muy diferente al de un humano ordinario.
[¿Eres un semihumano?]
[En todo el sentido de la palabra. Pero, ¿qué importancia tiene la sangre aquí, chica humana?]
[Bueno, nada, supongo] respondió Felt, mirando a Ilya plácidamente dormida en los brazos de Kalifa. [Supongo que es bueno que no haya heredado demasiados rasgos de su padre.]
El hombre carraspeó en respuesta al comentario de Felt.
[Eres una mocosa honesta con muchas agallas. Aunque estoy de acuerdo contigo.]
Estando de acuerdo con el irreverente comentario de Felt, el hombre se tocó la nariz, no una nariz humana, sino una parecida a la de un cerdo, sonriendo satisfecho. A primera vista, era evidente que se trataba de un cerdo-humano.

El Rey Cerdo, Doltero Amule, como era conocido, se sentó ante ellos con toda su dignidad.
[Ahora que hemos terminado con las presentaciones, me gustaría proceder] dijo. [Sabes por qué hemos venido hasta aquí, ¿verdad?]
[Por supuesto que lo sé] Asintiendo gravemente a la pregunta de Felt, Doltero pronunció el nombre de la madre silenciosa con su hija. [Kalifa.]
La expresión de Kalifa se endureció ante la llamada, pero mantuvo el contacto visual con el hombre.
El intercambio de miradas entre el hombre y aquella mujer, el padre y la madre, conllevaba complejas emociones que quedaban ocultas a los ojos de cualquier otra persona.
[¿Por qué te escapaste?]
[…]
Kalifa no pudo responder a aquella pregunta con palabras. Le era imposible decir nada. Su laringe había sido destruida. Tal era la razón detrás de su amarga decisión de dejar a su hija en la mansión del Santo de la Espada y usarse a sí misma como carnada. La causa que había llevado a Kalifa a tales extremos no podía ser otra.
[Huiste con Ilya. Envié a mis hombres tras de ti, pero no regresaste. No pensé que tendría la oportunidad de preguntarte por qué. Pero ahora que estás aquí, dímelo.]
La pregunta de Doltero fue cruel con Kalifa, que claramente era incapaz de hablar, y su postura reveló otra cara de las cosas: las circunstancias ocultas del envejecido Rey Cerdo, Doltero.
[¿Por qué huiste? ¿Por qué volviste junto al Santo de la Espada?]
[No la culpe por huir. No tuvo otra opción más que hacerlo. A ella y a su hija las amenazaron de muerte, así que recurrió a la familia Astrea. Eso es todo] respondió Reinhard en nombre de Kalifa. Miró el rostro de Ilya, que dormía plácidamente en brazos de su madre, antes de dar un paso adelante. [Cuando su vida se vio amenazada, confió en nosotros para que protegiéramos a su hija como mínimo. Por eso se alejó de usted.]
[Tonterías. ¿Huyó porque su vida estaba amenazada? Entonces, ¿por qué confiar en ustedes? Si hubiera pasado algo, ¿por qué no recurrir a mí primero? Yo soy...]
[Cállate, pez gordo. ¿Cómo puedes confiar en alguien que no puede ver ni sus propios pies?] se burló Felt provocativamente, interrumpiendo la conversación. [Por eso la mujer y la niña te abandonaron.]
Una tremenda ira se apoderó de la sala ante las palabras de Felt, pero no fue el propio Doltero quien se enfureció.
[Será mejor que cuides tu tono. Olvidas que esta es la sede de la Moneda de Plata Negra. No te recomiendo que cruces la línea, aunque seas una invitada.]
Con sus ojos carmesí, Felt cruzó miradas con la fuente de la voz fría y que poseía una mirada gélida: Safis. De pie al fondo de la sala, Safis era el único miembro de la Moneda de Plata Negra al que Doltero permitía estar presente. Un testimonio de su nivel de confianza en él.
[¿Crees que no hay peligro solo porque tienes al Santo de la Espada a tu lado? Si eso es lo que crees, entonces nos subestimas enormemente. Tenemos nuestra propia manera de hacer las cosas. Puedes contar con eso...]
[Oye, no estoy bromeando. ¿Parezco una cobarde que no puede luchar sin un guardaespaldas? No me importa si está aquí o no] Felt señaló a Reinhard a su lado, chasqueando la lengua en respuesta al comentario insultante. [Y no te atrevas a hablarme tan descaradamente, estúpida serpiente doble cara.]
[¿De qué demonios estás hablando? Estás haciendo acusaciones sin fundamento.]
[¿En serio? Aplaudo tu capacidad de actuación.]
Felt elogió la actuación de Safis, que había fruncido ligeramente el ceño.
Doltero se tocó la nariz de cerdo con una mano huesuda en medio de la sombría conversación entre su invitada y su subordinado. El viejo Rom, pensativo, abrió la boca diciendo:
[Bueno...] El sabio anciano, que había estado observando en silencio los acontecimientos detrás de Felt y Reinhard, bajó la mirada y habló. [Si estas madre e hija eran el objetivo, Doltero, es imposible que no tuvieran nada que ver. Cualquiera hostil a la Moneda de Plata Negra estaría deseando capturarla. Y, aun así, estas madre e hija no acudieron a ti. No porque simplemente no quisieran incomodarte. Había una razón diferente...]
[No consideraban a la Moneda de Plata Negra un aliado, ¿cierto?]
Al asimilar la parte final de la declaración del Viejo Rom, los ojos azules de Doltero brillaron con comprensión.
La organización que dominaba el bajo mundo de Flanders tenía enemigos sanguinarios que aprovecharían cualquier oportunidad para explotar una debilidad que pudiera llevar a la caída de su líder. Y la palabra “enemigo” no siempre tenía que referirse únicamente a los de fuera. Si el jefe caía, ciertos individuos de dentro también podrían obtener beneficios.
[Fuiste el único al que le confié que Ilya era mi hija, Safis.]
[…]
La voz profunda y retumbante de Doltero se clavó en Safis, su confidente. El hombre de ojos de serpiente se lo tomó con calma y le devolvió la mirada a superior. No había rastro de confusión o duda, ni de enojo o pretensión.
[Si la Moneda de Plata Negra las atacara] dijo el Jefe, [Kalifa no tendría más remedio que huir con su hija a cuestas. Y tú eres el único que sabe que son mi debilidad. ¿Tienes algo que decir al respecto?]
No era una invitación a defender su caso, sino más bien una oferta de clemencia para dejar una última voluntad. El corazón de Doltero debía de estar lleno de emociones por el impacto tras la traición de su confidente más fiel. Felt observaba con la respiración contenida para ver cómo se desarrollaría todo.
Entonces, en respuesta a la pregunta del Rey Cerdo, Safis se pasó la mano por el cabello verde oscuro y respondió:
[Todo es cierto. No hay nada que corregir, señor.]
[Te he estado observando] dijo Doltero con profundo pesar a Safis, que tramó esta oposición en su contra. [Eras el hombre más leal a la organización. Eso sigue siendo cierto.]
Al escuchar estas palabras, Safis soltó una risa amarga, tomando por sorpresa a todos en la habitación.
[¿Qué te hace tanta gracia?] preguntó Doltero.
[Sus ojos no están equivocados, señor] respondió. [Sigo siendo leal a la organización... o mejor dicho, a usted. He comprometido mi vida a la organización y a su jefe, y no mentiré sobre mi lealtad.]
[¿Eh? ¿De qué demonios estás hablando?]
Felt estaba desconcertada por la peculiar respuesta de Safis después de confesar su traición. “Si está tratando de reconciliar la situación, no está acertando. ¡Confesar su traición y luego enfatizar su lealtad? ¡Solo está poniendo excusas!”
[Te aprovechaste de la debilidad de tu jefe e intentaste derrocar a la organización utilizando a su hija y a su amante, ¿o no? ¿Y dices esto ahora? ¿De verdad crees que puedes salirte con la tuya con esos pretextos?]
[Corrección. Las palabras que acabas de pronunciar son solo parcialmente exactas. Esas madre e hija son una piedra en el zapato del Jefe. Suponen una amenaza para la seguridad de la organización y para el jefe mismo. Esa es la verdad.]
[…]
Felt frunció profundamente el ceño, tratando de procesar lo que acababa de decir. Su cabeza estaba ocupada por incógnitas, y el Viejo Rom asintió en su nombre.
[Ya veo] comenzó. [El hombre que conocía nunca fue alguien que intentaría una rebelión. Me preguntaba cómo podrías haber llegado a tales extremos, pero tu lealtad ha ido demasiado lejos, Safis.]
[Estaba en deuda contigo y juré lealtad a la organización] replicó Safis, enderezando su postura. [Debo mi vida y mi orgullo a este lugar, y no me queda nada más a lo que llamar mío. Es mi deber eliminar responsabilidades por el bien de la paz de la Moneda de Plata Negra.]
Entonces, Safis se arrodilló en el acto y, con un solo movimiento del brazo, una daga apareció en su mano como por arte de magia. Por un momento, el aire crepitó de tensión. En medio de ella, Safis colocó la daga contra su propio cuello.
[¡Señor! Estoy dispuesto a pagar esta deslealtad con mi vida. Pero una vez más, le insto a que considere esto mientras está de pie sobre mi cadáver: ¿Cuál es el propósito de mantener a la señorita Ilya a su lado?]
[¡Maldita sea! Reinha…] gritó Felt para que Reinhard detuviera a Safis en su prisa, pero antes de que pudiera hacerlo, la afilada hoja desgarró la piel de su delgado cuello. Inmediatamente después, una ráfaga de viento barrió la habitación.
Una onda expansiva atravesó el aire, seguida del rugido retardado de un fuerte golpe que impactaba la carne. Cuando se dio la vuelta para ver qué había pasado, no vio el cuerpo sin vida de Safis en un charco de sangre. Él había recibido un puñetazo en la cara y estaba tendido contra la pared con los ojos en blanco. El que dio el golpe fatal no fue otro que...
[El nombre del “Rey Cerdo” se mantiene vigente, ¿eh?] comentó el Viejo Rom.
[Si así fuera] respondió Doltero, [nunca habría permitido que Safis hiciera algo tan estúpido.]
Doltero, con una complexión gigantesca comparable a la del Viejo Rom del Clan de los Gigantes, se movía más rápido que el viento. Bajando la mirada, el Rey Cerdo retiró el puño que había golpeado a su subordinado y se giró lentamente para mirarlos. Sus tranquilos ojos azules se fijaron en Kalifa e Ilya. El sonido del golpe hizo fruncir el ceño a la dormida Ilya, pero pronto recobró la paz.
[Nada la perturba, ¿eh?] comentó Felt.
[Tiene el sueño pesado] comentó Doltero. [Debe de parecerse a su padre en ese sentido.]
El rostro de Doltero se relajó mientras se burlaba ligeramente de sí mismo por la falta de control de su subordinado, pero solo por un momento.
[¡Jefe! ¿Qué fue todo ese alboroto?]
Cuando las grandes puertas se abrieron, aparecieron los miembros de la Moneda de Plata Negra que habían estado esperando fuera. Echaron un vistazo a la sala y sus ojos se posaron en Safis, que estaba inconsciente, y en Doltero, que retiraba el puño. No pudieron disimular su sorpresa.
[Esto es... Jefe, ¿qué ha pasado... señor Safis?]
[No se alteren. Están ante invitados. Llévense a Safis con ustedes. Todavía tengo que hablar con él. Asegúrense de que reciba tratamiento y no muera] ordenó Doltero a sus perturbados subordinados sin más explicaciones. Tampoco pidieron más aclaraciones, y abandonaron rápidamente la sala llevándose al caído Safis.
Tras presenciar esto, Doltero volvió a sentarse en su silla con un fuerte y pesado golpe de sus pies. Los ojos de Doltero, o mejor dicho, los del Rey Cerdo, se centraron en Felt mientras apoyaba su grueso brazo en el reposabrazos, con una mano en la mejilla. Al ver el color de sus ojos, sintió una desagradable incomodidad, como si alguien hubiera frotado sus dedos sobre sus órganos internos. La causa de este malestar era evidente.
[Gracias por venir hasta aquí, Candidata a la Selección Real. Pero has perdido el tiempo.]
[¿Qué?]
[No tengo ninguna hija. Por lo tanto, considéralo un viaje perdido.]
[…]
Por un momento, la mente de Felt se quedó en blanco, tratando de comprender lo que acababa de decirse.
Al ver el cambio en la expresión de Felt, Doltero preguntó:
[¿No lo entiendes?]
Y continuó:
[Saca a esa mujer y a esa niña de aquí de una vez. Son un estorbo.]
En cuanto comprendió las verdaderas intenciones de Doltero, Felt enseñó el colmillo con rabia y gritó:
[¡Tú eres el estorbo! ¡Eres una puta molestia!]
Doltero se había tomado en serio el consejo de Safis. Reconocía que la mera existencia de Kalifa e Ilya, madre e hija, era una piedra en el zapato. Trató de apartarlas de su vida para evitar que los que lo rodeaban se dieran cuenta de esta debilidad.
Entre este hombre, su amante y su niña… había un padre a punto de abandonar a su propia hija.
[¡No he venido aquí para que abandones a Ilya!] “¡Vinimos a hacerte pagar por lo que has hecho! ¿Por qué tuvimos que llegar a esto?” [¡Tienes un hogar, tienes dinero, tienes poder! ¡Si eres el padre, al menos deberías cuidar de tu hija! ¡Las dejas de lado tan fácilmente cuando las cosas se ponen difíciles! Si ese es el caso, entonces ¿por qué te molestaste en...?]
[Felt.]
La gran mano del Viejo Rom agarró el hombro de Felt desde atrás mientras ella estallaba en una furiosa ira. Sacudió su cabeza con una expresión sombría mientras sus ojos carmesí destellaban de ira. El sabio anciano instó en silencio a Felt a que no se rindiera, sino que diera un paso atrás.
El corazón de Felt se llenó de indignación ante esta actitud.
[...Sí, tienes razón] dijo. [¡Está bien, está bien!]
Su ira se calmó rápidamente y dejó de luchar, chasqueando la lengua en señal de frustración. Una vez más, no había ira en sus ojos mientras miraba a Doltero. Solo decepción y desprecio.
[De todas formas, estaría mejor sin un padre de mierda como tú. Al igual que yo.]
“Los niños están mejor separados de los padres que ni siquiera se molestan en protegerlos”. Como alguien que creció sin conocer a sus padres, Felt simpatizaba con Ilya que estaba a punto de encontrarse en la misma situación que ella. Quería sacar a Ilya de ese lugar lo antes posible. “Ilya no puede encontrar la felicidad en un lugar como este. Ella no debería tener nada que ver con eso”.
[Lady Felt.]
Felt, que estaba a punto de tirar del brazo de Kalifa con un comentario sarcástico y un gruñido, fue abordada por Reinhard. Viéndolo con fastidio, su mirada se encontró con sus claros ojos azules. Esperó su siguiente palabra, curiosa por saber qué quería decir, pero sus labios temblaron. No podía decir nada. Ni siquiera el caballero entre caballeros, el Santo de la Espada, podía hablar.
[Vámonos...] dijo Felt, levantando la barbilla, ante el callado Reinhard. Reinhard bajó las cejas ante sus palabras y se adelantó en silencio para seguirla.
[Estoy muy agradecido por tu ayuda, Candidata a la Selección Real.]
[No estoy segura de si estás siendo sarcástico o no. ¿Qué te importa, tarado con nariz de cerdo? No quiero volver a verte nunca más, y, desde luego, no quiero volver a tener nada que ver contigo] le espetó Felt a Doltero, quien la había dejado con ese comentario de despedida, sin voltear a verlo. Con un tirón en su brazo, se giró para escoltar a Kalifa e Ilya fuera de la habitación.
[…]
Justo antes de salir de la habitación, Kalifa se detuvo en seco, volteó hacia Doltero e inclinó la cabeza. Como si quisiera mostrarle el rostro dormido de la bebé que llevaba en brazos por última vez.
[...Tú también te arrepentirás algún día] le dijo el Viejo Rom a Doltero mientras se marchaban.
[No, no me arrepentiré] La respuesta de Doltero fue firme y no exigió nada más.
Con un suspiro, el Viejo Rom abandonó el cuarto. En la habitación vacía, después de que todos los invitados se hubieran marchado, Doltero se llevó la mano a la cara. Se miró las palmas arrugadas y cerró los ojos. [Ilya] susurró con una voz solo audible para sí mismo.
11
[Al final, no conseguimos nada por ello, ¿o sí?]
Cuando todo se había terminado y regresaron de Flanders a la mansión Astrea, Felt se rascó la cabeza en el ruinoso jardín de la mansión, dejando escapar un suspiro. En cuanto a la madre y la hija, lo ocurrido en el cuartel general de la Moneda de Plata Negra se convirtió en verdad. Doltero e Ilya ya no eran parientes. Eran completos extraños. Ilya se había convertido en una bebé sin padre. Gracias a ello, tanto la madre como la hija ya no tenían que temer por sus vidas, así que todo fue mejor para ellas. Era seguro decir que no les había ocurrido nada malo, sino que simplemente habían desaparecido algunas conexiones de sus vidas.
[Aun así, es un sentimiento que no puedo quitarme de encima.]
[…]
Felt estaba sumida en sus pensamientos, y a su lado, Reinhard estaba igual de pensativo. Eran las dos únicas personas que se encontraban en ese momento en el jardín de la mansión. Normalmente, a Felt le disgustaba que la acompañara, pero esta vez hizo la vista gorda. Ahora Felt solo quería hablar con alguien, aunque fuera Reinhard.
[Es mejor que hablar con una pared] resopló.
[Es un honor. Un verdadero privilegio que Su Señoría confíe en mí.]
[…]
[¡Deja de decir cosas tan molestas...! Por cierto, Reinhard.] Felt frunció el ceño y miró a Reinhard. Recordó la última vez que había sido detenida por él, justo antes de terminar su conversación con Doltero. “Él no pudo decir nada. Y tampoco pude decirle algo”.
No estaba segura de si no podían decir nada porque no había palabras adecuadas en ese momento, o simplemente porque eran incapaces de encontrarlas. En cualquier caso, recordó que no había nada que pudiera decirle.
[Bueno, yo no tengo padres y tú tienes una situación familiar complicada. No somos “gente de familia”, así que supongo que era mucho para nosotros.]
[No sé cómo responderle cuando lo dice tan directamente] Reinhard se rio ante el comentario de Felt, revelando que había tocado un punto sensible.
Felt conocía muy poco de la complicada relación que mantenía con sus padres. Sabía que su madre padecía una enfermedad inexplicable y que permanecía en estado de sueño perpetuo desde que él era niño. En cuanto a su padre, ella lo consideraba como el peor tipo de persona, por decirlo suavemente. En sus propias palabras, él era un desgraciado.
Reinhard había crecido en ese ambiente familiar, y la huérfana Felt había sido criada por el Viejo Rom. Como resultado, ninguno de los dos era muy bueno con esto de la familia.
[Pero a pesar de ser un Santo de la Espada sin enemigos formidables, si te encuentras en una situación que no se puede resolver simplemente golpeando a tu oponente, sería un empate. ¿No deberíamos reconsiderar tu título de “el mejor caballero”?]
[Lo admito, los resultados esta vez fueron bastante decepcionantes. No pude serle de ninguna ayuda, y la hice sentir que era indigno del título de “el mejor caballero”.]
[No me tomes en serio, imbécil. Es una broma, un chiste. No digo que me alegre de estar contigo. No se trata de eso. Pero en cuanto a ser un caballero, supongo que cumples por ahora.]
Después de regañar a Reinhard por no entender el chiste, Felt se dejó caer sobre el césped descuidado y cruzó las piernas. Reinhard, que solía ser muy quisquilloso con la ropa sucia, no hizo ningún comentario. Los dos se limitaron a pasar el tiempo juntos en silencio, bañados por la brisa de la hierba, contemplando el mismo cielo.
[Justo cuando estábamos pensando en hacer una jugada, parece que fuimos nosotros los que recibimos el golpe, ¿no crees?]
[¿Qué? Yo... no, Lady Felt, verá...]
[Entonces, no será así la próxima vez] dijo Felt enfáticamente, con los puños apretados.
[¿Disculpe?] preguntó Reinhard, sorprendido.
Al oír su atónita reacción, Felt arqueó el cuello hacia atrás, viéndole la cara desde abajo.
[Acabas de hacer un sonido estúpido, ¿dije algo raro?]
[No he dicho algo así. Solo pensaba que podría estar deprimida, mi Señora.]
[¿Yo, deprimida? Oye, oye, qué dem...]
Felt levantó la cabeza y giró las caderas para encararlo directamente. Todavía en cuclillas, levantó la vista hacia la alta figura de Reinhard y fijó sus ojos en su semblante iluminado por el sol. Felt reconoció la mirada sombría del caballero.
[Tú eres el que está deprimido, Reinhard, no yo.]
[¿Yo?]
[El hecho de que no seas consciente de ello es grave. No tienes experiencia en perder, ¿verdad?]
Sacudiendo la cabeza con consternación, Felt se levantó y se limpió el trasero. Luego dirigió su puño al pecho de Reinhard, con expresión preocupada, y le dio un ligero toque.
[Oh, te he golpeado.]
[No sentí la necesidad de evitarlo. Además, es su mano.]
[¿Era realmente necesaria esa parte? Y recuerda esto. Si vas a seguir siguiéndome de ahora en adelante, vas a tener que lidiar con este tipo de derrota más de una vez.]
[…]
[¿Qué te pasa, hombre? De verdad no esperabas que ganara todas las batallas y subiera al trono tan fácilmente, ¿o sí?]
A Reinhard lo tomó por sorpresa la declaración de Felt de que era posible que perdiera.
Aunque formuló su pregunta en tono sarcástico, Felt solo estaba parcialmente convencida. Reinhard nunca se había planteado la posibilidad de perder. No era tanto su confianza en ella, sino más bien su inmensa certeza en el camino que él mismo recorría. “Debía de tener una sensación de omnipotencia que le hacía creer que era imposible perder mientras estuviera con él”. No obstante, incluso con la presencia de Reinhard, podían surgir situaciones que escapaban a su control. De hecho, se encontraron con una situación así justo cuando acababa de comenzar la Selección Real. Se vio obligado a enfrentarse a la disparidad entre sus ideales percibidos y la realidad que tenía ante sí, y experimentó inconscientemente una disonancia entre estas visiones contradictorias del mundo.
[A veces eres como un niño pequeño, ¿cierto? No eres tan diferente a Ilya.]
[Eso es... un poco excesivo, ¿no cree?]
[No, no es ni mucho ni poco. Seguro que hay muchas cosas de las que no te das cuenta. Vamos a ponerte pañales, Reinhard.]
[¡Mi Señora!] Reinhard se escandalizó un poco y Felt resopló ante su reacción.
Ella no estaba necesariamente tratando de buscar pelea, simplemente quería que estuviera preparado.
[Reinhard, ¿qué esperabas que sucediera con Ilya?] le preguntó.
[Yo... quería que Ilya se reuniera de manera segura con sus padres. Creíamos que ellos la habían abandonado, pero nuestra suposición resultó ser incorrecta. En cuanto a Ilya, tanto Kalifa... e incluso el señor Doltero...]
[Bueno, con Kalifa, así fue. Pero Doltero abandonó a Ilya. La apartó como si fuera basura.]
En el fondo, Felt misma no podía dejar de entender el razonamiento de Doltero. Su decisión de mantener alejada a la madre y la hija no estaba motivada por el deseo de proteger a la Moneda Negra de Plata o a su propia posición.
[Pero a la que fue desechada no le importa si el motivo fue la protección o el abandono.]
[…]
[Ni siquiera llegó a decir que la amaba. ¡Absolutamente imperdonable!]
Reinhard se quedó callado, impresionado por la rabia en la voz de Felt. A pesar de sus complicados antecedentes familiares, nunca había experimentado el abandono. No estaba cualificado para intervenir en las palabras de preocupación de la abandonada Felt por la igualmente abandonada Ilya.
[¡Ah, mierda! Esto no es de lo que quería hablar. No digo que no tener padres sea una desgracia instantánea. Conocí al Viejo Rom gracias a ello] se apresuró Felt a aclararlo, sonando algo avergonzada.
Felt nunca había conocido los rostros ni los nombres de sus padres, ni le importaba especialmente la razón por la que la habían abandonado. Si hubiera sido su abandono lo que la habría llevado a la muerte, podría haber guardado algún que otro rencor. Pero, afortunadamente, fue el hombre más fuerte del mundo quien la acogió.
[Si la sangre es el único factor que determina los lazos familiares, entonces preferiría tener una familia a la que yo elija. Incluso Ilya, cuyo padre ya no está, puede elegir su propia familia.]
Si el relato de Reinhard tenía algo de cierto, la familia de Felt podría haber formado parte del linaje real de la nación de Lugunica. Pero toda la realeza había muerto. El hecho de que ya no pudiera hablar con ellos por ese motivo no era razón para que negara sus lazos de sangre. Incluso si aún estuvieran vivos, dudaba que hubiera querido reunirse con ellos… no por mala voluntad, sino por razones totalmente positivas. Había elegido a su familia, ella estaba contenta. No había necesidad de buscarlos. Eso era todo.
[No sé en qué estaba pensando ese tarado. Ni quiero que Ilya lo sepa.]
[¿Pero y si Ilya desea conocer a su padre algún día?]
[Entonces esa será su elección. Si crece y le molesta que yo le diga que no debe conocerlo, también es su decisión.]
No tenía intención de adornar sus palabras diciendo que era ajena a eso. La forma en que Ilya decidiera vivir su vida dependía exclusivamente de ella. No era asunto de Felt lo que Doltero o Kalifa deseaban para su hija. Tampoco lo era cómo Ilya decidiera responder. La única preocupación de Felt era asegurarse de que Ilya pudiera vivir su vida al máximo a partir de ese momento.
[…]
Al oír la respuesta de Felt, Reinhard volvió a quedarse sin palabras. Aun así, aquel silencio no nacía de la sorpresa o la confusión, sino que era fruto de otra emoción. Como prueba, asintió varias veces más para sí mismo.
[Sí, sí] dijo. [Es un honor, Lady Felt.]
[¿Eh? ¿Qué? No salgas de pronto con tus comentarios raros.]
[Acaba de decir que lo que elige es lo importante.]
[Oh, ah, bueno, sí. Supongo que sí...]
No había lugar para la negación. Mientras Felt asentía con la cabeza, Reinhard ofreció una ligera sonrisa y puso su mano sobre su corazón.
[Fue Su Señoría quien me eligió como su caballero] declaró. [Estaba reflexionando sobre ese hecho...]
[¿Eh? ¡Deja de hacer que todo trate sobre ti! ¿En qué maldito momento te elegí yo? Prácticamente me obligaste.]
[Le dejé a usted la decisión. Me enorgullece decir que, aunque no fuera su verdadero deseo al principio, fue usted, mi Señora, quien me eligió a mí.]
[¡Ghh, grh, grh...!] Gruñó Felt, con el rostro enrojecido, ante el elocuente caballero que respondía con tales palabras.
Por otro lado, Reinhard, arengando de tal manera a Felt, parecía haber vuelto a su porte habitual. Parecía que se había recuperado un poco de su anterior estado de abatimiento.
[...Hmph. Soy la Señora que declaró que vas a experimentar innumerables derrotas a partir de ahora. Muy pronto te arrepentirás de haberte convertido en mi caballero, ¿o no?]
[Estoy seguro de que eso no sucederá. Basándome en lo ocurrido con Ilya y Kalifa, estoy convencido de ello.]
Ilya y Kalifa rompieron lazos con Doltero y regresaron con ellos a la mansión. Aunque ya no corrían peligro, la vida de una madre soltera con un bebé no dejaba de ser un reto. Aunque solo duró unos pocos días, Felt no pudo evitar observar su partida por el camino de esta madre y su bebé, a quienes había cuidado a regañadientes, como un sueño melancólico.
[Así que] comenzó Reinhard, [la ayudó a conseguir un trabajo completo en un rancho de Hakuchuri.]
[Fuiste tú quien habló con el ranchero] replicó Felt. [Yo no tuve nada que ver.]
[Entonces, ¿qué hay del dinero que les dio?] Reinhard, bloqueando su ruta de escape con diversión, hizo que Felt le dirigiera una mirada de genuina desaprobación.
Era cierto que Felt le había dado a Kalifa una suma de dinero para que se preparara para su nueva vida, ya que necesitaba algo de apoyo para volver a levantarse. Resultó que ella poseía una cantidad considerable de efectivo sin gastar, remanentes de su plan para ascender en la jerarquía social, que terminó con su partida inesperada de los barrios bajos.
[Espero que Ilya encuentre la felicidad] expresó Reinhard a Felt, que volvió la cara hacia él con un puchero. Por alguna razón, sonaba como una frágil esperanza, y eso la sacaba de quicio.
[Estamos lo bastante cerca como para volver a verlos si quisiéramos, imbécil] resopló.
[Sí, desde luego] dijo Reinhard, respondiendo al insulto de Felt con una sonrisa.
Al fin y al cabo, estas bromas eran típicas de su relación. Felt, aunque ajena a sus propios sentimientos, había llegado a sentirse cómoda en una relación así. Irritada por el silencio, dirigió su atención al desolado jardín que tenían delante.
[¡No es que me importe, pero mira este jardín! ¿No parece una porquería en tan mal estado?]
[Originalmente, aquí había un gran parterre] explicó Reinhard. [Mi abuela lo adoraba. Sin embargo, cuando la familia dejó de cuidarlo, se deterioró y acabó así.]
Agachándose, separó la hierba y descubrió los restos de un círculo de ladrillos. Era evidente que ese espacio había albergado un floreciente parterre, aunque ya no quedaba rastro de su antigua gloria.
[¿Por qué mueren las flores? ¿Por qué no siguen floreciendo?] musitó Reinhard en tono melancólico mientras contemplaba el antiguo emplazamiento del parterre.
Felt ladeó la cabeza y se quedó pensativa, pero enseguida se recompuso.
[No sé. ¿No será porque quieren llamar la atención? Si siempre están floreciendo maravillosamente, se descuidarán, ¿o no? Por eso siempre están ocupadas floreciendo y marchitándose. Al igual que Ilya.]
Reinhard se quedó callado ante la respuesta de Felt. Felt se rascó distraídamente la mejilla, sintiendo que sus palabras podían haber tocado sin querer una fibra sensible en Reinhard.
[Lady Felt] empezó él. [¿Le gustan las flores?]
La repentina pregunta la tomó desprevenida. Felt contempló la pregunta de Reinhard, trazando con el dedo uno de los ladrillos enterrados en el suelo.
[No, no me gustan...]
[…]
[O eso creía, pero en realidad nunca pasé suficiente tiempo mirándolas como para decir que me gustan o me disgustan. Así que ni las amo ni las odio.]
Su respuesta llevaba un tono ambivalente, en el que, en ese momento, una súbita toma de conciencia cayó sobre ella. Ante sus ojos había un parterre desolado, desprovisto de todo salvo de recuerdos del pasado. Así que Felt sugirió:
[Deberías hacer un parterre aquí. Así podré decidir si me gustan las flores o no.]
[¿Yo, con las flores?]
[Si quieres que me gusten las flores, entonces siembra unas bonitas] exigió Felt de forma egoísta, con la postura ligeramente erguida. [Hasta entonces, no voy a darte una respuesta.]
Era divertido imaginarse a Reinhard, el galante caballero, hurgando en la tierra a petición de Felt. Semejante espectáculo realzaría sin duda el paisaje de la mansión.
Reinhard se sorprendió por la inesperada petición.
[¿Pero qué...? ¿Por qué pareces tan contento?]
[Oh, bueno... Este también será mi primer intento de cuidar un jardín] explicó Reinhard, su conducta inquieta indicaba nuevas posibilidades.
Felt abrió los ojos ante su reacción, seguida de una carcajada que dejó al descubierto su colmillo.
[Sí. Recuerda mantener esa actitud para nuestra próxima derrota] bromeó en respuesta a la sonrisa de Reinhard, dándole un toque en el pecho. Él no esquivó su puño.
[Oh, pero no renunciaré a ganar al final. No cometas el error de pensar eso.]
[Entendido, mi Señora] respondió.
Felt se levantó de donde estaba sentada y vio que Kalifa abandonaba la mansión. Detrás de ella iban los tres idiotas, cargados con grandes bolsas y mirando con adoración a la nerviosa Kalifa. Al trío se le había asignado transportar la gran cantidad de enseres domésticos que habían preparado durante los últimos días para la nueva vida de Ilya y Kalifa en el rancho, y ciertamente no parecían insatisfechos con sus órdenes.
Flam y Grassis, quienes habían trabajado arduamente para preparar estos bienes, lanzaron miradas desalentadas a los tres idiotas, mientras el Viejo Rom acariciaba suavemente las cabezas de las dos. Felt se sintió un poco molesta al ver esto, pero rápidamente dejó de lado su frustración cuando sus ojos se encontraron con los de Ilya, llevada en la espalda de Kalifa.
Acurrucada contra su madre, Ilya observó con sus ojos azules a Felt y Reinhard de pie en el jardín, luego esbozó una sonrisa de alegría mientras agitaba su pequeña mano.
Las palabras de Reinhard resonaron en la mente de Felt. “Espero que Ilya encuentre la felicidad”, había dicho. Ella compartía ese sentimiento y sabía exactamente cómo hacerlo realidad. Y así, decidida a expresar sus pensamientos a la bebé, a esa niña que la encontraba tan parecida a sí misma, abrió la boca de par en par y gritó con todas sus fuerzas:
[¡Ilya! ¡Ten una buena vida!]
FIN

Créditos:
Traducción Japonés-Inglés:
[Eminent Translations]
https://www.eminenttranslations.com/
https://www.eminenttranslations.com/reader/rezero-side- content/short-story-collection-4/royal-selection-life-from-
zero-the-golden-lion-and-the-sword-saint
Traducción Inglés-Español:
[Evil Eye Translations]
https://www.facebook.com/profile.php?id=100093851355454
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