Orgullo, prejuicio y zombis
ORGULLO, PREJUICIO Y ZOMBIS
Traducción Japonés-Inglés:
Negi
Traducción Inglés-Español:
Gergod Serenno
1
Un joven corría por la colina con desesperación. Sin aliento y con el cuerpo empapado en sudor, el joven siguió corriendo por el oscuro sendero sin reparar en su aspecto. Incluso con las ramas rozándole la mejilla y el cuello, dejándole punzantes arañazos rojos, no le molestaba.
De momento, estaba desesperado. Corría más rápido que en cualquier otro instante de su vida.
Si no lo hacía, lo atraparían. Lo atraparían. Sería atrapado por las cosas que veía, por lo que lo hizo abandonarlo todo con tal de escapar. Sería atrapado por las caras que conocía, pero por las cosas que desconocía.
[¡Maldita sea, maldita sea...!]
Frustración y miseria brotaron de sus labios, y amargas lágrimas afloraron en las comisuras de sus ojos. Lo que cruzó por su mente fue el paisaje de su vieja y querida aldea natal... recuerdos del lugar que acababa de dejar atrás.
Era una zona rural sin nada. No le gustaba. Por eso se había marchado en cuanto cumplió quince años.
Después, había vagado de un lugar a otro, ganando experiencia a base de perseverar ante la adversidad, y finalmente se había convertido en adulto. Cuando por fin consiguió un lugar donde establecerse, se le ocurrió de repente pensar en su aldea natal.
Sus padres, que se habían opuesto hasta el final a que abandonara su hogar. Su hermano, que le había ayudado en secreto durante su huida de casa. La chica que era su amiga de la infancia, que había expresado su pesar cuando se despidió de ella.
“Cómo pude tener el valor de pensar en eso después de tanto tiempo”, había pensado para sí, pero su trabajo iba sin contratiempos. Podía adoptar una actitud desafiante y regresar con aire triunfal. Así que, por primera vez en años, el joven había puesto rumbo hacia su aldea natal. Y ahora, corría por las montañas en medio de la oscuridad, mientras sentía el sabor de la sangre en el fondo de su garganta. ¿Por qué había terminado así? ¿Qué podía hacer al respecto? Lo único que sabía era que no podía simplemente abandonar aquel lugar, aquella zona, aquella aldea.
No podía dejar a su familia, a su hermano y a su amiga de la infancia en un estado tan enfermizo...
[¡Alguien, alguien tiene que ...!]
“Hacer algo”. Manteniendo ese pensamiento en su corazón, continuó corriendo.
Siguió corriendo hacia donde el sol se asomaba entre las montañas. Como si persiguiera al sol, siguió corriendo.
2
La “Princesa del Sol” de la Baronía Barielle.
La razón por la que Priscilla Barielle era admirada por su pueblo como tal, era por su naturaleza y habilidad, así como por su resplandeciente belleza sin exageración alguna.
Antiguamente, el gobierno de la Baronía Barielle era opresivo con su pueblo.
Leip Barielle, el marido de Priscilla y el hombre que murió antes del inicio de la Selección Real, no era exactamente incompetente, pero era un anciano de corazón frío que parecía tener una absoluta falta de compasión.
Por eso, tras su muerte, Priscilla, habiendo asumido su deber de gobernar la Baronía, apareció como una salvadora para la gente que vivía en la penuria. Ella era el sol mismo, que iluminaba las tinieblas en las que estaban envueltos.
Por eso, como muestra de reverencia, el pueblo admiraba a Priscilla como la Princesa del Sol.
[Personalmente, en el sentido de carecer de compasión, me parece que la Princesa y el Viejo Leip son más o menos iguales.]
Apoyado en la barandilla del pasillo que conectaba dos edificios, el hombre que contemplaba el vestíbulo de entrada de la mansión murmuraba para sí mismo.
Era alguien que tenía un aspecto muy excéntrico y distintivo. Vestía ligeramente con ropas toscas sobre su cuerpo razonablemente entrenado, llevaba un tipo de calzado inusual conocido como zori, y le faltaba el brazo izquierdo por debajo del hombro. Era lo que se llamaba un manco. Sin embargo, lo que le hacía destacar todavía más que el hecho de ser manco era el casco de acero negro azabache que le cubría toda la cabeza.
Un atuendo excéntrico, un brazo que le faltaba y un casco que le ocultaba la cara: era la persona que Priscilla Barielle tenía a su lado y a la que había designado para el papel de bufón, Al. A primera vista sonaba como un insulto, pero el propio Al estaba encantado de que le dieran el título de “bufón”. Lo prefería a la posición de ser el primero y principal caballero de Priscilla, un estatus que seguramente sería el blanco de las habladurías. No es que no le agradara Priscilla. Simplemente le disgustaba el título de caballero. Los caballeros eran unos inútiles, después de todo.
[En todo caso, la Princesa siempre es bienvenida. No se enfada cuando le miro el escote, y además me perdona por ello.]
[Otra vez diciendo ese tipo de cosas, ¿eh? ¿Debería delatarte con la Señora…?]
[Uuuups.]
Al, que había estado hablando solo, se dio la vuelta al oír una voz burlona. Detrás de él había una chica vestida con prendas rojas y blancas de sirvienta.
[Oh, eres tú, Yae. Tienes mal gusto, espiando así a alguien que está hablando solo.]
[Aunque me arrepiento de haber escuchado porque era algo vulgar.]
[De lo que estoy hablando ahora es del problema con la integridad del que escucha a escondidas. Lo que respecta a la mía es para otro momento.]
[¿Eeh…? Estás siendo injusto...]
Diciendo eso, la chica que se retorcía de mala gana era Yae Tenzen... una de las criadas que servían a Priscilla en la Mansión Barielle, y también alguien que sería compañera de Al.
De piel clara, extremidades delgadas y largo cabello pelirrojo recogido hacia atrás, era una muchacha hermosa de unos veinte años. También traviesa, tenía unos ojos que daban la impresión de ser los de un gato. Como alguien que había sido designada Gran Chambelán por Priscilla, a quien le gustaban las cosas inusuales, era una de esas personas raras. Un atisbo de su rareza se podía ver en cómo rápidamente fue capaz de aceptar la extraña apariencia de Al, y cómo podía interactuar con él de una manera directa.2 En fin…
[Todos los tipos de ahí abajo vinieron aquí por la Princesa, ¿cierto? Nunca se rinden, ¿o sí?]
Mientras decía eso, Al levantó la barbilla hacia el vestíbulo de entrada. Allí estaba la vista que Al había estado contemplando anteriormente, que consistía en la gente de la Baronía agolpándose alrededor de la mansión, con los sirvientes ocupados mientras trataban de manejar la situación.
En condiciones normales, aglomerarse en torno a la mansión del Señor del territorio en tal número podría considerarse un acto de levantamiento armado, pero…
[Los sentimientos de la gente que trae regalos, y los de los que piden verla solo para poder saludarla... Porque la Señora no es del tipo de persona que pasa por alto estas cosas, también la admiro, ¿ves?]
De pie junto a Al, Yae presumía mientras observaba lo que ocurría abajo.
2 NdT: Chambelán es un título honorífico otorgado a un funcionario, normalmente se encargan del hogar de un soberano.
Tal y como había dicho, la gente que estaba reunida en el vestíbulo no estaba allí por mala voluntad, sino por respeto a Priscilla. De hecho, la entrada de la mansión estaba repleta de regalos llegados de todas partes, y las peticiones de audiencia con Priscilla no cesaban. Si la mansión de una persona en el poder era accesible a las masas de esa manera, inevitablemente sembraría la semilla de los problemas. Por eso, la respuesta hacia la gente que entraba en la mansión debía manejarse con cuidado…
[A pesar de todo eso, ¿cuál es tu intención, Gran Chambelán, al no manejar la situación? En nombre y por la seguridad de la Princesa, a la que tanto admiras, ¿no es esta la parte en la que deberías trabajar arduamente?]
[Pero siguen viniendo uno tras otro, y no parece que tenga fin. Además, Yae solo quiere trabajar por la cantidad que le pagan. También, podría ser una buena oportunidad para que las otras sirvientas adquieran experiencia...]
[¿Y qué parte de eso es verdad? Qué astuta sirvienta...]
Esto era exactamente lo que se diría al mismo tiempo. Al ver la descarada actitud de Yae mientras le sacaba la lengua, Al puso el dedo en la parte soldada de su casco, jugueteando con los herrajes metálicos provocando que tintinearan.
Era una costumbre suya cuando estaba pensando en algo, pero se dio cuenta de que había estado tocándose el casco más a menudo de lo habitual. Al era consciente de que estaba nervioso, ya que la Selección Real había comenzado oficialmente.
[Sacar a alguien de sus casillas y jugar con él es mi especialidad, pero estos días es a mí a quien sacan de sus casillas, y no me sienta bien.]
[Cierto, eres una persona bastante honesta además de tu aspecto. Lo que es útil porque es fácil relacionarse contigo.]
[Con eso quieres decir, que es fácil que me vean la cara, ¿verdad?]
[¿…? ¿Qué diferencia hay entre ambos?]
[Da miedo que pienses que no hay ninguna diferencia.]
Cuando Yae ladeó la cabeza para indicar su curiosidad, Al se encogió de hombros con un movimiento de cabeza.
Aun así, le sorprendió un poco que lo hubieran evaluado como una persona honesta, además de su aspecto. Teniendo en cuenta que estaba al servicio de Priscilla, era difícil aceptarlo como un cumplido. Las partes de un humano en las que la chica carmesí veía valor eran todas efímeras y ambiguas hasta el extremo.
Ella no necesariamente se abstendría de cortarle la cabeza en el momento en que considerara que Al era aburrido.
[Aun así, creo que te estás burlando demasiado de la Señora.]
[Para la Princesa, tenerle miedo es lo justo. ¿Hmm?]
Fue justo después de que Yae percibiera sus pensamientos internos a pesar de no poder verle su expresión facial, y que Al diera respuesta a lo que ella había dicho. El área de abajo se volvió repentinamente ruidosa, y la atención de Al volvió a centrarse en el vestíbulo de entrada una vez más. Mientras se preguntaba de qué se trataba, le llamó la atención la visión de un joven que se abría paso entre la fila de gente. Cubierto de sudor y barro, se dio cuenta de que el joven estaba sucio a primera vista.
Dado que se trataba de la mansión del Señor de la Baronía, toda la gente vestía adecuadamente. Ese es el mínimo de consideración que eran capaces de mostrar, y el joven no la tenía. Es decir…
[A menos que sea un gran idiota o carezca de sentido común...]
[Probablemente se trate de algo urgente de lo que necesita hablar, si es que tiene tanta prisa…]
Respondiendo de forma despreocupada, Yae se acarició el cabello mientras entrecerraba sus ojos negros como el carbón. En ese momento, al ver que el aire de despreocupación que la rodeaba se había desvanecido, Al se tocó inconscientemente los herrajes metálicos de su casco.
Entonces, el joven de aspecto harapiento llegó frente a una sirvienta y gritó:
[Por favor, permita que me reúna con el Señor de la mansión... ¡Mi hogar, mi aldea natal está siendo invadida por cadáveres vivientes!]
El grito del joven resonó por toda la zona, y el silencio reinó instantáneamente en el bullicioso vestíbulo. En medio de él, el joven cayó de rodillas, jadeando, y las lágrimas que no podía contener más empezaron a caer al suelo.
Al ver al joven desplomado en el suelo, así como las gotas que rodaban por sus mejillas…
[...Parece que este es el tipo de peticiones que le gustan a la Señora.]
[...Llamaré a la Princesa.]
Así, frente a Yae, que tenía una sonrisa ilegible en el rostro, Al dejó que la hebilla de su casco hiciera un tintineo metálico.
3
[Fue... fue hace cuatro días cuando regresé a mi aldea natal. Al principio, como hacía varios años que no volvía a casa, pensé que por eso mi familia se mostraba distante conmigo.]
Poco a poco, el joven, arrodillado en el suelo, empezó a hablar de lo que le había ocurrido.
El lugar en el que se encontraba no era el vestíbulo de entrada, sino la gran sala que en días recientes se utilizaba cada vez más para las audiencias con la gente de la Baronía. En el interior de la sala, cuyo suelo estaba completamente cubierto por una alfombra escarlata, se encontraban los miembros del ejército privado de la Baronía Barielle, el Frente Carmesí. Cada uno de ellos lucía un equipamiento de color rojo radiante, y estaban alineados junto a las paredes izquierda y derecha de la sala.
[…]
En la sala dominada por el color escarlata, una chica, con un vestido rojo resplandeciente, estaba sentada encima de una lujosa silla. Era la persona a la que más le sentaba el color rojo en esta mansión, la mismísima Priscilla Barielle.
Mientras se exponía a la mirada rojo sangre de Priscilla, el joven que se acercaba a hacer una petición intentaba por todos los medios explicar la situación, sin dejar de hablar entrecortadamente.
[Lo que me pareció extraño, fue lo antinatural de las respuestas que obtuve de ellos. Nuestras conversaciones eran incoherentes, y hablaban de cosas que no coincidían con mis recuerdos.]
[Así que estás diciendo que no se puede descartar como olvido. Pero, llamarlos cadáveres vivientes por eso parece un poco descabellado.]
Así, el que se burló de la explicación del joven, era la única persona preocupada por la mansión que no vestía el color rojo, Al. Incluyendo el Frente Carmesí que estaba en posición de firmes, la Gran Chambelán, Yae, que estaba detrás de Priscilla, y el joven asistente que estaba al lado de Priscilla, Schult, cuyos ojos carmesí se habían ganado su favor, todas las personas relacionadas con el gran salón llevaban el “rojo” de una manera característica.
Entre ellos, la existencia de Al era una anomalía, teniendo la apariencia de una persona que no pertenecía allí. Al parecer, el joven había tenido esa impresión de Al, ya que le dirigió una mirada interrogativa.
[P… Por supuesto, esa no es solo la causa de ello. Vi un... momento crucial...]
[Cierto, un momento crucial. ¿Qué viste?]
[Eso, fue...]
La mirada del joven, que ya no tenía color, recorrió la sala cuando se le pidió que explicara lo que había visto. Era la expresión de alguien asustado por los recuerdos de su propia cabeza, con el cuerpo agarrotado por el miedo. Respirando sin voz a través de sus labios resecos, el joven fue incapaz de pronunciar sus siguientes palabras. O, fue una reacción capaz de marchitar su amor por su aldea natal, junto con sus palabras.
Aun así…
[No te quedes callado ahí, plebeyo.]
Dijo Priscilla con la mirada hacia el petrificado joven, que estuvo a punto de dejar de hablar. Sus hombros temblaban por el tono insensible de su voz.
[Si te dejas vencer por tu cobardía, tus labios no volverán a moverse. Basta ya de engreimiento, pretender depender así de mi misericordia es totalmente absurdo.]
[Ah...]
Las palabras feroces que no tenían ni una pizca de amabilidad quemaron el corazón acobardado del joven con su calor abrasador. Al momento siguiente, al ver el vendaval que azotaba su corazón y la lamentable manifestación de su decepción, Al albergó un sentimiento de simpatía por el joven.
Entonces, Al se encogió de hombros hacia Priscilla, y la llamó diciendo [Princesa].
[No le agregues insultos a su desgracia cuando está tan debilitado. Siempre puedes hacerlo de otra forma, ¿sabes?]
[No hay “otra forma” de decirlo. Solo es la verdad. Escucha, plebeyo.]
Olfateando con desdén a Al que intentaba aconsejarla sobre el asunto, Priscilla cruzó los brazos de forma que resaltaba su abundante busto. Así, mientras atravesaba al rígido joven con la mirada…
[Si guardas silencio, el riesgo que corriste día y noche, y el pesar que sientes por tu aldea natal que te llevó a hacerlo, todo quedará en nada. Pregúntale a tu corazón si eso es plausible.]
[…]
[¿Qué, es la aldea natal que abandonaste una vez? No pensar más en ello ni una sola vez, y continuar viviendo tu vida podría considerarse como una decisión. Si eso debe ser calificado de sabio, o de cobarde, no es mi problema.]
Manteniendo la fiereza de sus palabras, Priscilla abrasó sin vacilar el corazón del joven hasta convertirlo en un campo quemado. A ella no le importaba, aunque solo dejara como resultado un montón de cenizas. Sin embargo, al recibir sus palabras ardientes, el joven abrió los ojos.
[…Entonces, ¿qué es lo que harás? ¿Eres un cobarde?]
[… Un cobarde, lo soy. Como sea, tampoco soy sabio. Pero, no seré un pusilánime.]
Frente a la pregunta formulada, el joven respondió levantando la cabeza. Como si conociera la respuesta desde el principio, Priscilla mostró su aceptación con un generoso movimiento de cabeza. Como resultado, las palabras de Al sirvieron de escalón, y eso le hizo sentir un picor en el estómago.
Por eso, la sonrisa pícara que Yae le dedicaba provocó su enfado. En comparación, Schult, que estaba junto a Priscilla con una mirada nerviosa, parecía más encantador que aquello.
[Durante la noche del día que volví a casa, no pude dormir porque la sensación de que algo iba mal actuaba como una llaga. Sin siquiera haber cenado con mi familia, estaba acostado en mi habitación… entonces, noté que alguien salía de la casa. Era como si no quisieran ser vistos, así que me picó la curiosidad y los perseguí, y...]
Con una expresión que proyectaba su determinación, el joven reanudó su explicación. Entonces, tras un breve momento de vacilación, soltó las palabras decisivas que cimentaron la cuestión.
[Vi aldeanos, con miembros que se caían a pedazos, cosiéndolos de nuevo al cuerpo.]
[…]
[Al principio, pensé que lo había confundido con otra cosa, pero no era eso. Estaban tratando de pegar sus brazos y pies podridos de nuevo a sus cuerpos, tratando de restaurarlos a como estaban antes. Yo... lo vi.]
Ver algo que no debería haberse visto. En una historia, solo había una ruta hacia el final que esperaría a un testigo así. Sin embargo, el joven había ido en contra de las leyes de la narración, y de alguna manera fue capaz de escapar de donde todo había ocurrido.
[Pisé una rama y me vieron. Pero corrí por mi vida y logré escapar por el pasadizo que llevaba a las montañas desde la parte trasera de mi casa. Luego seguí corriendo y...]
Y así, sin más, había llegado a pedir ayuda a Priscilla, la Señora de la Baronía, mientras estaba completamente sin aliento.
[Dime, ¿de dónde ha salido el término de los cadáveres vivientes? ¿Estás diciendo que se hacían llamar así?]
[... Hace mucho tiempo, había una historia de cadáveres que se movían y atacaban a la gente cerca de mi aldea natal. Por eso, cuando los padres regañaban a sus hijos, les advertían de que venían cadáveres vivientes. Por eso...]
[Lo que pensabas que era una superstición, en realidad apareció. Llegaste a esa conclusión, ya veo...]
Al señalar con calma los datos que la conclusión del joven olvidó mencionar, Yae añadió información complementaria a la misma. Una vez hecho esto, lanzó una mirada de soslayo al rostro de Priscilla, antes de cerrar la boca. Del mismo modo, Al no dijo nada. Comprendieron que Priscilla debía ser quien decidiera qué hacer con la petición del joven.
Sin embargo, había alguien presente en la sala, alguien que era incapaz de asumir un punto de vista racional como ellos.
[Lady Priscilla...]
Llamando a su Señora con voz débil, quien enfocó sus ojos llorosos en ella fue Schult. El joven de buen corazón se solidarizaba con las palabras del apenado joven, pidiendo clemencia a Priscilla. Aquella era una petición que podía provocar el desagrado de Priscilla, y corría el peligro de recibir un juicio por ello.
Sin embargo, cuando Priscilla miró a Schult, deslizó sus dedos entre los mechones de su cabello rosado, acariciándolo. Lo hizo sin decir nada.
Solo con esa acción, una expresión de alivio apareció en el rostro de Schult.
[Y entonces, ¿qué deseas de mí? Me has informado de que tu aldea natal ha sido invadida por cadáveres vivientes, y me has entregado el informe de una crisis en curso. ¿Qué buscas a cambio?]
[Por favor, que devuelva mi aldea natal a... no…]
Mordiéndose el labio, el joven negó con la cabeza. Había intentado buscar esperanza en la pregunta de Priscilla, y se dio cuenta por sí mismo de que era una súplica carente de realidad. Priscilla no era el tipo de persona que intentaría conceder un deseo sin esperanza. Por el momento, la respuesta que ella buscaba no era un deseo imposible.
Lo que ya había ocurrido nunca podría cambiarse. No importa qué o quién, fue un acto de orgullo que nunca podría ser perdonado. Por eso, el joven no pidió que ella los salvara.
[Por favor, destruya los cadáveres vivientes. A mi aldea natal... a mi familia, a mi hermano, a mi amiga de la infancia... Por favor, concédales un descanso… se lo pido.]
Bajando la cabeza, el joven habló de su deseo, uno que era doloroso pero que requería determinación para ser dicho.
[…]
Al oírlo, ¿qué clase de respuesta le devolverá Priscilla? Observando a su Señora desde el interior de su casco metálico, Al ya lo sabía con una sola mirada. Todos los que estaban a su servicio dentro de la sala también lo entendieron.
Y es que Priscilla había aflojado sádicamente las comisuras de sus labios rojos, esbozando una sonrisa de satisfacción.
4
La aldea natal del joven, Coffleton, era una de las aldeas desoladas que se encontraban en la zona más al sur de la Baronía Barielle.
Fiel a las palabras del joven, que había dicho que se cansó de lo vacía que estaba, la aldea no tenía rasgos distintivos. Las condiciones eran también diferentes de Ladrima, otra aldea que Priscilla había visitado en el pasado.
Durante ese tiempo, Priscilla había ido tras la especialidad de Ladrima, que eran unas flores de color rojo brillante que se conocían como Kurenai. No obstante, a diferencia de Ladrima, Coffleton no tenía ningún aspecto atrayente.
Así que, como uno de los extraños incidentes que eran comunes dentro de la Baronía, podría haber sido fácilmente tratado con solo enviar una parte del Frente Carmesí, pero...
[Una vez más, me pregunto cómo fue que esto se convirtió en una visita de la Princesa en persona.]
Dentro del carruaje que era tirado por un dragón de tierra escarlata, Al refunfuñó mientras miraba el extravagante interior. Bajo el efecto de la Protección Divina de la Evasión del Viento, el carruaje era excesivamente acogedor debido a que ni sentía el viento, ni temblaba por la velocidad a la que corría. Teniendo en cuenta que Al no estaba muy entusiasmado con el viaje, un camino sin inconvenientes le resultaba bastante inapropiado.
Frente a Al, que tenía sentimientos bastante fuertes respecto al viaje, Priscilla cerró uno de sus ojos con un [¿Qué?].
[¿No estás conforme con mi decisión? Eres bastante temerario, Al.]
[¿Por qué una queja hace que se me trate de imprudente? ¿No se me trata con mucha dureza en estos días?]
[Tonto. Mi opinión sobre todo es siempre justa. Si sientes que se te trata como tal, es porque tus servicios solo equivalen a eso. Echarme la culpa a mí... Eso sí que es el colmo de la idiotez.]
Volviendo a cruzar con elegancia sus largas piernas, Priscilla se tapó la boca con el abanico que sacó de su escote. Agitando la mano ante el gesto con un [Claro, claro].
[En realidad, ¿que venga la Señora de la Baronía en persona, sin traer siquiera su ejército privado no parece una mala jugada? Bueno, si nos enfrentamos a aldeanos corrientes, puede que se arrastren ante su autoridad. Pero, por lo que hemos oído, estamos contra zombis, ¿verdad? Me pregunto si ejercer el poder sobre esa gente con cerebro de esponja de verdad funcionará.]
[Una vez más, has utilizado palabras que desconozco. ¿Qué quieres decir con “zombi” y “esponja”?]
[Ah, los cadáveres que andan por ahí se llaman zombis. Una esponja es... cómo decirlo, un objeto que se utiliza para lavar los platos. En pocas palabras, me refería a que está seco y es asqueroso.]
[Juhm. Dejando de lado “esponja”, me gusta cómo se escucha “ zombi”.]
Aflojando las comisuras de los labios por buen humor, Priscilla entrecerró sus ojos color rojo sangre.
[Entonces, decías por qué opté por visitar el lugar. ¿No te imaginas la razón?]
[La única razón que se me ocurre es porque te pareció interesante. ¿Hay algún motivo diferente?]
[Tal vez. De hecho, la razón que viene en primer lugar es porque me pareció atrayente. No obstante, no es la única razón. Hasta que se resuelva la cuestión, evaluarás mis intenciones. Si no eres capaz de obtener una respuesta antes de que todo se solucione, espera que tu trato empeore.]
[¿Qué es eso, una prueba? Si existe una penalización por ello, me gustaría que también hubiera una recompensa.]
[Qué rapaz. Muy bien. Cuando hayas averiguado mis intenciones, te dejaré lamerme los pies.]
[¿Es esa tu nueva afición o algo así, Princesa? Empiezo a preguntarme si realmente debería lamerte los pies.]
¿Era una recompensa o un castigo? Sería una recompensa para aquellos con intereses peculiares, pero fundamentalmente, sería un tipo de castigo. Aunque, si pensaba en ello como poder estar cerca de los pies de Priscilla, entonces Al podría hacer lo posible por imaginárselo como una recompensa.
[Erm… me disculpo por tener que interrumpir la sugestiva conversación entre ustedes dos, pero...]
Como eso, fue una voz que, vacilante, se encajó en la conversación de Al y Priscilla. La voz procedía de Yae, sentada junto a Priscilla en el interior del carruaje durante todo el tiempo.
Levantando ligeramente la mano, esbozó una sonrisa despreocupada e inclinó la cabeza de forma indiferente.
[¿Por qué me ha llevado consigo? Normalmente, llevaría una flor en cada brazo como Schult y el señor Al... y una de esas es una planta carnívora, aunque eso sería en condiciones normales.]
[Una planta carnívora... No, aún cabe la posibilidad de que Schult sea esa, aunque apenas podría...]
[Ah, claro que eres la planta carnívora. Te he dado una crítica suave e indulgente.]
[Correcto...]
Mientras sus hombros se hundían por la despiadada evaluación de Yae hacía él, Al tenía internamente las mismas dudas que ella. Esta vez, Priscilla no llevó a Schult con ella en el viaje a Coffleton. Era raro que lo hiciera, ya que normalmente la seguía a todas partes. Era la primera vez que traía a Yae de la mansión en lugar de a Schult.
[Para empezar, fui contratada por el Señor... aunque ya falleció, fui empleada por él como sirvienta de la mansión, con el fin de servir a la Señora. Mi situación en este momento se siente como trabajar en cosas para las que no se me contrató…]
[En otras palabras, ¿qué? ¿Estás diciendo que deseas dimitir porque has recibido un trato impropio de tus condiciones laborales?]
[Nunca he llegado a decir eso… Es solo que, desde mi punto de vista, prefiero no trabajar fuera de mi horario ni de mi contrato, así que si eso me lo impusieran de cualquier forma...]
[Te gustaría que te concedieran una recompensa acorde, ¿verdad? No te preocupes. Yo recompenso los esfuerzos de la gente corriente. Después de todo, la resolución fue mía para que me acompañaras. ¿Crees que te engañaría?]
[…]
Por un momento, el aire del interior del carruaje olió como si lo estuvieran quemando, Al endureció el cuerpo en respuesta. Intimidada por la voz baja de Priscilla, las mejillas de Yae también se endurecieron ligeramente.
Aun así, Yae volvió inmediatamente a su ser la habitual, colocando ambas manos en sus mejillas, y…
[¡En absoluto! De ninguna manera. Por supuesto que no. ¡Qué temeridad dudar de usted! Lo único que hice fue exponer mi postura. Si usted lo dice, no hay ningún problema. Soy su perro fiel. Regaré con gusto sus preciosas flores, así como sus plantas carnívoras…]
[Solo digo, pero si no alimentas adecuadamente con bichos a las plantas carnívoras, hay datos de investigación que afirman que serán evidentemente más débiles que si solo les das agua...]
[Deja de entrometerte, Al. Actualmente no hay necesidad de tus conocimientos sobre plantas carnívoras. Bien, Yae. Si has cambiado de opinión, lo demostrarás con tus acciones. En cuanto a Coffleton, ¿qué pasa con él?]
Reprochando al rezongón Al, Priscilla lanzó una amplia pregunta hacia Yae. Entonces, Yae agarró un manojo de su cabello rojo, mientras le hacía cosquillas en las puntas contra los labios…
[Eh… no hay ninguna información en particular que pueda darle. Ah, el hombre que la informó sobre los cadáveres vivientes es Array Denkuts. Es el segundo hijo de Charon Denkuts y Monet Denkuts, y el hijo mayor es Riddle Denkuts... Hmmm, quizá eso sea todo... No hay nada destacable en la aldea, así que…]
[Siento no haber podido serle de ninguna ayuda] añadió a modo de disculpa, pero lo que dijo era lo suficientemente digno de asombro. Por supuesto, no era como si hubiera hecho una declaración arbitraria. Todo se basaba en la verdad.
En todos los pueblos y aldeas de la Baronía se realizaban censos para conocer el número de habitantes y sus nombres. Naturalmente, esos registros se entregaban a la Señora de la Baronía, Priscilla. No obstante, Yae, la Gran Chambelán, había exhalado fácilmente la información necesaria como si lo supiera todo.
Aquellos que fueran competentes serían utilizados en consecuencia. Era una chica misteriosa, pero por eso Priscilla le había dado un puesto que requería responsabilidad.
[… Ah, parece que hemos llegado…]
Una vez que la conversación llegó a su fin, el carruaje de dragón se detuvo gradualmente. Cuando el conductor, que llevaba las riendas, abrió respetuosamente la puerta del carruaje, una brisa fresca saludó la visita de los tres.
Después, no hubo nada más que fuera lo suficientemente decente como para llamarlo bienvenida.
[... Por lo que veo, no hay más que granjas y campos.]
[Porque es ese tipo de lugar. Solo hay ochenta y ocho aldeanos, y es más estrecho que la mansión... más bien, que los terrenos de la mansión.]
Contemplando la aldea desde lo alto de una colina, Al y Yae intercambiaron impresiones sobre el paisaje de la zona rural. Sonaba bonito si se proclamaba como verde y pastoril, pero bastaba un simple vistazo para que quienes lo contemplaban lo percibieran como una aldea desolada, un lugar demasiado monótono para los jóvenes. Era comprensible por qué el joven había abandonado su aldea natal.
[Hay muy pocas casas, son diminutas y están dispuestas muy cerca unas de otras. Pero...]
Al hizo una pausa y observó la aldea desde la distancia. Estaba relativamente lejos, pero las actividades cotidianas de la aldea aún podían verse desde donde él estaba. El humo salía de donde estaban cocinando y había gente paseando por el lugar. Un rumor como que estaba ocupada por cadáveres vivientes, parecía terriblemente contradictorio con lo que parecía.
[Aunque ahora mismo parece una aldea normal. Los zombis que imagino no me parece que cocinaran o lavaran la ropa así.]
[Al parecer, hace cuarenta años, los soldados cadáveres que asolaban el Reino de Lugunica no se encontraban en un estado en el que pudieran llevar una vida normal. Mientras sus cuerpos seguían pudriéndose, lo único que hacían era seguir atacando a los vivos. Sin embargo, se decía que los soldados cadáveres de gente fuerte eran tan poderosos como cuando estaban vivos.]
Al recibir las palabras de Al, Yae contestó con los conocimientos que había ido adquiriendo a base de recoger retazos. En cualquier caso, ser mandado incluso después de muerto sonaba a algo horrible de experimentar.
[Bueno, podría ser peor, porque al menos pueden morir. Si su mente dejara de funcionar, probablemente no serían conscientes de su desgracia, así que…]
[Es una suposición muy graciosa la tuya...]
Mientras Al se tocaba los accesorios metálicos del casco, sumido en sus pensamientos, Yae le dirigió una burla. Sin responder a ella, con el fin de averiguar lo que iban a hacer a continuación, Al se volvió hacia Priscilla, que permaneció en silencio todo el tiempo.
[Existe la posibilidad de que el joven que vino a la mansión estuviera mal de la cabeza. Quizá deberíamos haberlo investigado primero... Princesa.]
[…]
No hubo respuesta a su llamada, y Priscilla permaneció en silencio mientras contemplaba la desolada aldea de debajo. Sin embargo, lo que habitaba en esos ojos rojos como la sangre era un odio intenso y una rabia que se había convertido en llamas brillantes. Sus convicciones habían encendido sus emociones, algo que obviamente era distinto de lo que sentían Al y Yae.
[No podría importarme menos quiénes o de dónde son, pero inducir el desorden por debajo de mí de esta manera...]
Curvando el labio, Priscilla dejó esas palabras mientras comenzaba a caminar. Al verla avanzar con paso firme, Al y Yae tardaron un momento en darse cuenta, antes de apresurarse a alcanzarla.
[¡Oye, Princesa! Entiendo que estés tan molesta, pero ¿por qué tan de repente?]
[Lo entenderás si miras. Si hueles, lo percibirás. Si agudizas el oído, escucharás a los degenerados que están manipulando sus hilos, jugando con muñecas. Todo eso, lo consideraré un acto de insolencia contra mí.]
[¡Nada de eso tiene sentido!]
La forma de hablar de Priscilla era difícil de entender, y a Al le llevó tiempo simplificar sus palabras dentro de su cabeza. Y ahora, Priscilla caminaba muy deprisa, así que no le estaba dando tiempo suficiente para hacerlo.
Bajando de la colina con aire confiado, Priscilla entró en Coffleton, la aldea en cuestión sin un solo titubeo en sus pasos. Al notar la presencia de Priscilla y sus dos acompañantes, el hombre que estaba a la entrada de la aldea levantó las cejas.
[Oh, qué raro es tener visitantes de fuera. Con un vestido así, ¿para qué ha venido a la aldea?]
[Silencio.]
Levantando ligeramente la mano, el hombre que les había hablado en tono amistoso abrió mucho los ojos.
Al momento siguiente, con la espada carmesí que Priscilla sacó de la nada, el hombre recibió un corte diagonal desde el hombro.
[… Khh]

Un corto grito escapó del hombre, y su cuerpo fue envuelto en llamas poco después.
La Espada Yang que poseía Priscilla, era una espada encantada que incineraba todo lo que acuchillaba. Permaneciendo encendidas, las llamas del infierno prendían la existencia misma de aquellos con los que entraba en contacto, hasta que no quedaban más que cenizas. Como para demostrarlo, el cuerpo del hombre se transformó en cenizas y…
[¿¡Guou, guou, guou!? ¿¡Qué demonios!? ¿Quemar al primer aldeano hasta la muerte?]
[Para ser exactos, creo que lo rebanaron hasta la muerte, pero parece que da igual cuál sea el caso. Eeh...]
Al presenciar el acto de violencia que se produjo justo delante de ellos, ni siquiera Al y Yae pudieron ocultar su confusión. Sin embargo, sin siquiera dirigir una mirada hacia el desconcierto de sus compañeros, Priscilla olfateó con desdén el cadáver ennegrecido del hombre.
[Un “zombi” no debería hablarme de forma tan poco ceremoniosa. Concedo mi protección a la aldea, no obstante, no me resulta tan barato concedérsela a un farsante como tú. Conoce tu posición.]
[¡Pero estaba hablando, y además tenía una sonrisa amistosa! ¿De verdad era un zombi?]
Como mínimo, Al veía al hombre que había muerto calcinado como un humano. Por si fuera poco, había catalogado al tipo como un humano amigable, por lo que solo podía describirse como una tragedia que lo mataran así sin más.
[Voy a repetir que creo que fue rebanado hasta la muerte... Ah, los otros aldeanos...]
Junto a Al, que sostenía la cabeza entre las manos, las mejillas de Yae se crisparon mientras miraba a su alrededor. Delante de los tres se encontraban los aldeanos que murmuraban entre ellos, habiéndose mostrado tras percatarse de la presencia de los visitantes desconocidos.
Priscilla había hecho un trabajo increíblemente rápido con el hombre, por lo que no habían visto el destino del primer aldeano. Sin embargo, había un trozo de ceniza con forma humana, así que era cuestión de tiempo que comprendieran lo que había ocurrido.
[Uhhmm, todo el mundo, esto solo es...]
Yae se rompió la cabeza buscando una excusa para decir algo que pudiera disimular la situación. Pero, Al había entendido a Priscilla mejor que ella, al menos por un pequeño margen de medio paso.
[Princ…]
[Hmph.]
Incluso con medio paso, fue incapaz de acercarse a Priscilla, que ya estaba muy por delante de él.
[…]
Los aldeanos habían sellado su destino en el momento en que se acercaron indefensos. Con un destello despiadado de la Espada Yang de Priscilla, el pequeño anciano que estaba al frente fue acribillado, estallando en un fuego abrasador poco después.
[¡Ah... AAAAAAAHHH...!]
Contemplando la abrupta muestra de asesinato ante sus ojos, los aldeanos se sumieron en un estado de pánico. Sin embargo, el grito se calmó de inmediato. El hombre que lo soltó había sido decapitado, su grito fue cortado.
[Ves, Al. El hombre había dado un informe preciso.]
[¿Cómo que preciso? Ahora mismo no puedo pensar en esto como otra cosa que no sea una escena en la que el superior, que tomó una decisión equivocada, ¡pierde la cabeza y va por ahí silenciando a la gente!]
[¿Por qué razón, no hay ni una sola mujer ni infante presente en este lugar? ¿Cuál es la razón para que estemos rodeados por nada más que hombres bien fornidos?]
Girando su espada carmesí en la mano, Priscilla empujó la punta de la hoja contra el pecho del hombre sin cabeza. Naturalmente, con el impacto de ser empujado hacia atrás centrado en su zona superior, el cuerpo... no se derrumbó.
La razón por la que no salía sangre de la superficie del cuello cercenado era porque la Espada Yang había cauterizado las heridas que había creado, pero eso no era todo. Meciendo una parte de sí mismo, el cuerpo sin cabeza intentó poner sus manos sobre Priscilla.
[... ¡Tch!]
Chasqueando la lengua, Al aplacó con fuerza al hombre sin cabeza. Sin ella, el hombre salió volando con facilidad, pero se recolocó aterrizando en el suelo con las manos y los pies.
[Puaj.]
Mirando directamente a la superficie del cuello cortado, Al expresó su repugnancia ante la nauseabunda visión.
Retorciéndose junto a la herida del hombre, había tentáculos que parecían las incontables raíces de una planta. Como hierbajos que danzaban bajo el agua, los apéndices retorcidos impidieron que Al hiciera ningún movimiento y se abalanzaron sobre él, no sin antes arder.
[No creas que permanecerás a salvo cuando ya has hecho contacto físico con el filo de la Espada Yang. Arde hasta las cenizas, farsante.]
Frente a Priscilla, que le había escupido esas palabras, el hombre lanzó un grito sordo de muerte mientras se desintegraba en un montón de cenizas. Mientras tanto, los aldeanos de los alrededores no huían, sino que miraban fijamente al “enemigo foráneo” con ojos desprovistos de emoción humana.
Al comprobar que la intuición de Priscilla era indiscutiblemente correcta, Al desenvainó su Espada del Dragón Azul de la parte posterior de su cintura.
[¡Maldita sea, esos sí que son zombis! No te acerques, Princesa.]
[Hmm, te lo dejo a ti. Ya me harté de que esta asquerosa inmundicia entre en mi campo de visión.]
[¿Eh? ¿Hablas en serio?]
Mientras intentaba poner buena cara, sus expectativas de que Priscilla le ayudara a deshacerse de los zombis se fueron a la basura. Una vez que Priscilla puso su espada en el cielo, le dio una palmadita en el hombro a Al y se puso a sus espaldas. Así, Al estaba lidiando con más de treinta cadáveres vivientes inexpresivos…
[Voy a morir por esto, ¿cierto?]
[¡Vamos! ¡El señor Al es tan genial! ¡Aquí es donde deberías mostrarnos tu hombría! Si llegaras a morir por mordiscos de forma extraordinaria, ¡le diré a Schult que pereciste noblemente…!]
[¡Deja de tontear y ayúdame!]
[¿Ehh?]
Adoptando una postura con su Espada del Dragón Azul, Al le ladró a la Gran Chambelán que lo animaba sin entusiasmo. Como si fuera una señal, el hombre frente a Al, que sostenía una herramienta de labranza, lo golpeó.
Entonces, una hoja negra penetró directamente a través de la frente del hombre.
[…]
El hombre detuvo sus pasos, con el cuello erguido hacia atrás por la fuerza. Sin embargo, su cabeza rebotó como un resorte y reanudó su acción de intentar golpear a Al con su herramienta agrícola. Cortando los dos brazos del tipo con la Espada del Dragón Azul, Al inmediatamente le atravesó el cuello, el torso y las rodillas con un golpe de vuelta.
[¡Por fin, uno menos... después de hacer tanto!]
[Guah, ya me siento abrumada. ¿No son mis habilidades demasiado ineficaces contra esta vigorosa gente?]
Después de que Al silenciara por fin a un zombi mientras respiraba agitadamente, Yae le hizo un puchero. Un cuchillo negro, el mismo kunai que se clavaba en la frente del hombre, se sostenía firmemente en su mano.
Los kunai eran dagas exclusivas de Occidente, y ella tenía muchas más armas ocultas bajo su uniforme rojo de sirvienta. Por lo tanto, su verdadero valor como sirvienta de Priscilla era su habilidad para el combate.
No podía evitarse que uno se quejara de las circunstancias actuales. El estilo de lucha de Yae consistía en atacar puntos vitales tras tender una emboscada al oponente, lo cual era completamente ineficaz contra los zombis, ya que ni sus cabezas ni sus corazones servían como puntos débiles adecuados.
[¡Princesa! ¡Hey, Princesa!]
[No parlotees como si fueras un pájaro. Estás degradando mi autoridad. Si eres mi asistente, deberás permanecer digno.]
[¿Qué no lo ves con esos ojos tan bonitos? Me voy a morir por esto, ¡oigan!]
Mientras vocalizaba sus quejas, Al fue abatiendo a uno, luego a dos zombis, abriéndose paso en medio del enemigo mientras estaba preparado para morir.
Tratando de pasar a través de los aldeanos zombificados, que lo atacaban todos a la vez, se sentía como si estuviera tratando de buscar una salida a una situación fatal. Aun así, era solo cuestión de tiempo que se viera superado por la diferencia numérica. Por otro lado, Priscilla parecía disfrutar viendo la lucha desesperada de Al, y…
[Señor Al, da tu mejor esfuerzo. Lo único que yo puedo hacer es animarte.]
[¡Cállate!]
Por alguna razón, Yae le estaba lanzando palabras de ánimo como si no tuviera nada que ver, así que Al le gritó que se callara. Con dos personas que no estaban afrontando bien la situación a sus espaldas, la feroz batalla sin precedentes de Al continuó. Fue después de varias decenas de segundos que Priscilla sacó su Espada Yang una vez más, para salvar a Al, que en realidad estaba a punto de morir.
5
[Aun así, pensar que de verdad era una aldea zombi...]
Murmurando para sí mismo, Al usó su pie para dar la vuelta al cadáver del aldeano que había cortado. La cara que ponía el habitante distaba mucho de ser pacífica, pero lo único que podía hacer era rezar por él. Porque, a diferencia de los cuerpos normales que caían víctimas de las armas blancas, el cuerpo que yacía frente a él estaba en un estado espantoso, cubierto de profundos cortes y descuartizado. Dañar un cadáver hasta ese punto, del que uno sospecharía que era responsable un desquiciado, no era algo habitual. Sin duda, Al no tenía intención de descuartizar al aldeano, y tenía la excusa de que lo hizo por necesidad.
[Para empezar, hay diez veces más cuerpos quemados que descuartizados, así que ni siquiera necesito un pretexto para eso.]
Dijo Al, mirando a su alrededor para descubrir que había montones de cuerpos calcinados por todas partes.
Mientras luchaba contra la oleada de aldeanos, el número de cadáveres había ascendido a cincuenta, pero el noventa por ciento de ellos eran cuerpos quemados, y el número de aldeanos que Al abatió acabó siendo casi nulo. Durante la fase media de la batalla, Al solo pudo animar la danza de la espada carmesí de Priscilla junto con Yae. Esa era la solución óptima, ya que los aldeanos convertidos en cadáveres vivientes tenían una cantidad anormal de vitalidad, y se movían libremente incluso después de que sus puntos débiles, como el cuello y el corazón, fueran aplastados. Por casualidad, los zombis estaban indefensos ante las llamas de la Espada Yang, y matarlos de cualquier otra forma requería la crueldad de descuartizarlos. Su vitalidad anormal, y el aspecto que tenían cuando eran calcinados. Cada vez se parecían más a los zombis que Al conocía, incluso tenían características similares. Además, etiquetarlos como parásitos sonaba como si encajara más con ellos, en lugar de referirse simplemente a ellos como zombis, pero...
[Los llamaré zombis para que sea más fácil de entender... De todas formas, fiel a la observación de la Princesa, no hay zombis de mujeres y niños. A menos que los conviertan secretamente en comida dentro de la aldea...]
[Por favor, deja de pensar en cosas terroríficas como esas. Créelo, fui a buscarlos como es debido.]
Mientras Al comparaba los rostros de los cadáveres ennegrecidos con lo que había dentro de sus recuerdos, Yae, que se fue a revisar la aldea por su cuenta, regresó después de haber terminado con ella. Hizo una mueca ante las palabras que murmuró Al, y luego señaló a sus espaldas con una mano.
Allí estaban las mujeres y los niños, que probablemente eran todos residentes de Coffleton.
[Al parecer, durante el día los obligaban a permanecer dentro de los cobertizos y almacenes de sus casas. Según ellos, unos monstruos idénticos a su familia los obligaban a seguir viviendo normalmente...]
[Eso es...]
Para ser sinceros, era una demanda bastante inquietante. Incluso si los zombis eran idénticos a los familiares de los aldeanos, lo que había dentro de ellos seguiría siendo completamente diferente. Por si fuera poco, habían ordenado a los aldeanos restantes que actuaran como si todo siguiera igual. Al solo pudo pensar: [¿Están en condiciones de hacer esas exigencias?]
A pesar de eso, lo único que podían hacer los aldeanos era obedecer. Para colmo, como los miembros de los zombis se caían a pedazos, también se vieron obligados a cosérselos.
[Y creía que era bastante resistente a este tipo de temas, pero sí.]
[No puedo verte la cara por el casco, y tampoco puedo trabajar en un entorno en el que mis compañeros puedan ver esto sin pestañear, porque es demasiado escalofriante. Así que no pasa nada si tienes miedo, señor Al.]
[No es que tuviera miedo. Aunque sí es algo horripilante.]
Mientras sonreía, Yae pronunció algo que sonó como si intentara consolar a Al, que crujió el cuello en respuesta. Así, Yae le dirigió una mirada que decía “¿Qué hacemos?”, indicando la pregunta de cómo iban a tratar con los aldeanos.
Lo que preocupaba a Yae era cómo iban a informar a los aldeanos del destino de sus familiares. Además de estar convertidos en zombis, estaban carbonizados en montones de cenizas. ¿Debían Al y Yae decirles la verdad?
Habiéndose encontrado con un problema difícil que realmente no había imaginado que le ocurriera en la vida, Al jugueteó sin decir palabra con los herrajes metálicos de su casco, pero…
[Ya veo. Así que esos son los supervivientes de la aldea.]
Priscilla, que había vuelto al carruaje de dragón que había quedado en lo alto de la colina, entró caminando. Mientras fijaba su mirada en los supervivientes, Al la tomó apresuradamente del hombro con un [Princesa].
[Sé cómo te sientes. Pero, ten paciencia. Si les decimos que te has deshecho alegremente de los hombres, las mujeres y los niños entrarán en pánico y acabaremos teniendo una veintena más de cadáveres calcinados.]
[¿Quién te crees que soy? ¿Crees que yo, a las esposas que han perdido a sus maridos, a los hijos que han perdido a sus padres y a las hermanas que han perdido a sus hermanos, les clavaría la verdad delante de ellos y me reiría por eso?]
[…]
A decir verdad, realmente pensó que lo haría, pero se tragó sus palabras antes de que salieran de su boca.
Mientras tanto, Priscilla se dirigió hacia los supervivientes de la aldea. Delante de ellos había una chica que permanecía sin rumbo, mirando a Priscilla y armándose de valor para preguntar.
[Um... ¿está Array a salvo?]
[¿Array...?]
[Es el hombre que vino a la mansión a dar un informe sobre esto. Array Denkuts.]
Cuando Al ladeó la cabeza al oír el nombre de la persona por la que había preguntado la chica, Yae se lo recordó susurrándole al oído. Ese era el nombre que había escuchado mientras estaba en el carruaje de dragón, todavía de camino a Coffleton. Si la chica estaba tan preocupada por la seguridad del joven, entonces…
[Ciertamente. ¿Fuiste tú quien dejó escapar a ese de la aldea?]
[... Lo único que hice fue distraer a los impostores. Pero me alegro de que esté a salvo.]
Exhalando un suspiro, la chica pareció aliviada desde el fondo de su corazón al saber de la seguridad de Array. Estaba realmente preocupada, hasta el punto de estar dispuesta a entrar en un terreno peligroso por él.
Sin embargo, como resultado, las acciones de la chica habían acabado informando a Priscilla de la invasión furtiva de los cadáveres vivientes.
[Te concederé una recompensa. Ven.]
[Eh, ah... sí...]
Aprobando las aportaciones de la chica, Priscilla le hizo señas para que se acercara. Mientras mostraba su perplejidad por ser tratada de una manera tan jerárquica, la chica dio un paso hacia Priscilla.
[No muerdas.]
[¡¿EH?!]
Al momento siguiente, sin dudarlo ni un segundo, Priscilla tomó los labios de la joven.
Su primer encuentro, sin explicaciones, y entre dos mujeres... saltando por encima de esos factores con un solo aliento, los aldeanos de atrás se quedaron estupefactos ante el repentino movimiento de Priscilla, uno que podría considerarse violencia si se miraba desde otro ángulo. Por supuesto, no eran los únicos que estaban estupefactos.
[¡Oye, oye, oye! ¿Qué demonios está pasando?]
[¡Hk! ¡Señor Al!]
[¡¿Sí?! ¿Qué... espera, guoa!?]
Mientras Al parecía debatirse sobre cuál era la definición de recompensa, Yae lo llamó. Justo después de fruncir las cejas por la llamada de su nombre, Priscilla soltó los labios de la chica…
… Mientras mordía un grotesco tentáculo con los dientes.
[…]
Inmediatamente, Priscilla arrastró el apéndice fuera del cuerpo de la chica. Con un metro de largo, el tentáculo se agitó, intentando golpear la afilada punta de su cuerpo contra Priscilla.
[¡Oraaagh!]
Pero, fue bloqueado por la Espada del Dragón Azul de Al. De un solo golpe, el tentáculo que parecía tan grueso como las raíces de un árbol, fue partido por la mitad sin dificultad, y empezó a dar vueltas salvajemente por el suelo. Como un pez fuera del agua, parecía que el tentáculo luchaba desesperadamente por sobrevivir.
[Sin embargo, no mereces vivir.]
Con esas palabras, su preciada espada prendió fuego al tentáculo. De forma similar a los aldeanos zombificados, los apéndices cayeron inmóviles en el momento en que fueron calcinados.
[Así que esta es la naturaleza de los zombis. Son parásitos... no, ¿criaturas parásitas?]
Al tragó saliva al ver las cenizas de los tentáculos que yacían en el suelo, sintiendo repulsión al verlo.
Recordó la sustancia extraña que se arrastraba por la superficie cortada del hombre sin cabeza de antes. Significaba que las mismas cosas que estaban dentro de los hombres zombificados, también estaban arraigadas dentro de las mujeres y los niños.
Pero la chica no se había convertido en un zombi. ¿Cuál era la diferencia entre ellos?
[Puede que dependa de su constitución, o de su sangre. O, más simple que eso, ¿quizá solo sea que no pueden controlar los cuerpos de mujeres y niños?]
[No obstante, quizá se aprovechan de ellos para subir a tierra firme. Realmente repugnante.]
Priscilla escupió, entrecerrando los ojos hacia Yae, que miraba a la chica que tenía un ataque de tos. Luego invirtió la posición de la Espada Yang en su mano y lanzó un golpe contra los aldeanos acobardados.
[… Ah]
Inmediatamente, los supervivientes se desplomaron y todos empezaron a vomitar en el suelo. Mientras Al estaba estupefacto por lo que sucedía frente a él, Priscilla dirigió un gruñido hacia él.
Después de eso, cuando ella acarició suavemente la hoja de la espada escarlata que sostenía…
[Mi Espada Yang corta a quien quiere cortar, y quema a quien quiere quemar.]
[¿Quieres decir que solo cortaste y quemaste los tentáculos dentro de sus cuerpos?]
[Eres rápido para entender. Te alabaré por ello.]
[Por un segundo, pensé que también habías cercenado a los supervivientes, así que me preocupé mucho.]
De todos modos, si la Espada Yang de Priscilla no estuviera disponible, probablemente habrían tenido que hacer algo así. Peor aún, tendrían que besar a cada uno de los supervivientes y sacarles los parásitos.
[Aunque, la recompensa fue un beso de la Princesa, ¿eh? Para mi recompensa, en vez de obligarme a lamerte los pies, ese tipo de cosas está bien por mí.]
[Tonto. Es cierto que mis labios son un tesoro glorioso. Pero a lo que yo insinuaba por “recompensa” eran sus vidas. Como resultado de que aquel priorizara la emoción a la supervivencia, toda esta odisea salió a la luz. Es un esfuerzo indiscutiblemente digno.]
Exhalando un suspiro ante las palabras de Al, Priscilla elogió las acciones de la chica.
[Así que el amor de una chica consiguió detener una tragedia. Eso suena demasiado bueno para ser verdad, pero me alegro de que no hubiera más daños que este...]
[No, es demasiado pronto para sentirse aliviado.]
Priscilla sacudió la cabeza ante la conclusión que se daba sobre el alcance de los daños causados a Coffleton, rechazando la idea de que todo hubiera terminado. Tras captar la nota de asertividad en su voz, Yae dejó momentáneamente de controlar a los aldeanos y se dio la vuelta.
[¿Tiene algo que ver con el carruaje de dragón que partió, después de que la Señora ordenara algo al conductor?]
[Desde luego. He dirigido el carruaje de dragón al Frente Carmesí, en la mansión. Están fuertemente equipados, y les he dado la orden de realizar investigaciones en tres aldeas distintas, cerca de la cuenca del río Tenrill.]
Mientras respondía a la pregunta, Priscilla extendió su abanico escarlata, apuntándolo hacia el río que fluía junto a la aldea. Al darse cuenta del verdadero significado del gesto de Priscilla, Al y Yae se estremecieron ante las implicaciones que se hacían.
[Así que la Señora cree que el río es la fuente de la infección.]
[Por lo poco que sé, se da por hecho que los que son mordidos por zombis se infectan, ¿o no?]
[Aquellos no tenían la costumbre de morder a sus huéspedes. Además, hacían el esfuerzo de pasar desapercibidos, ¿correcto?]
[Eso es cierto.]
Esa era la diferencia entre los zombis que Al conocía y los aldeanos controlados por las criaturas parasitarias. No intentaban iniciar la violencia, pero sí ocupar el lugar de los aldeanos originales, y proteger su propio territorio.
Era como si no persiguieran los cuerpos de sus víctimas, sino sus vidas enteras.
[Si así están las cosas, entonces los parásitos no son nada agradables.]
[Asegúrate de no beber nunca del río. Si es posible, ni siquiera lo toques. También hay que quemar los cultivos que se hicieron con el agua.]
[Estás siendo bastante meticulosa con esto. Si es así, también debemos tener cuidado con los bichos de la orilla del agua, porque los chupasangre son comunes en esas zonas. A menudo he oído que los bichos contagian enfermedades.]
[En cualquier caso…]
En voz baja, Priscilla entrecerró los ojos rojos como la sangre y luego hizo una pausa.
Instantáneamente, un escalofrío recorrió la espina dorsal de Al... no, era algo parecido a eso, pero no era un escalofrío. No era frío, era calor. Un calor abrasador le rozó la columna al atravesarla. Un olor a quemado recorrió sus fosas nasales, uno que recordaba haber percibido en el carruaje de dragón. El aire que rodeaba a Priscilla Barielle era el signo revelador de su juicio, de su decisión de qué hacer contra los responsables de causar estragos en su tierra.
En otras palabras…
[… Sea quien sea, pagará el precio de su acto de insensatez. De hecho, lo hará con su vida.]
6
El Frente Carmesí se apresuró a actuar siguiendo las órdenes de Priscilla.
Tal y como les había ordenado su Señora, los soldados, todos ellos fuertemente equipados de rojo, se habían reunido en la cuenca del río Tenrill, para proceder a la investigación de otras tres aldeas. Como resultado, se descubrió que dos aldeas también estaban afectadas por las criaturas parasitarias, y a cambio de procurar la seguridad de las mujeres y los niños, el Frente Carmesí acabó deshaciéndose de los hombres infectados.
[¿Ni siquiera con tu Espada Yang puedes salvar a los hombres como hiciste con las mujeres y los niños?]
[La Espada Yang no es omnipotente. Aunque sea capaz de erradicar la sustancia extraña que está dentro de un cuerpo, no puede rellenar el hueco que queda. Si lo dijera con tus palabras, no hay salvación para un cerebro que se ha transformado en “esponja”.]
Al recibir la respuesta de Priscilla, Al alzó la barbilla con un “ya veo”. En otras palabras, las criaturas parásitas echaron raíces en los cerebros de los hombres, y poco a poco habían obtenido el control sobre sus cuerpos. Puesto que sus cerebros eran lo primero de lo que se apoderaban, sus recuerdos y acciones se volvían más vagos y confusos a medida que pasaba el tiempo.
Una vez más, lo que estaba ocurriendo coincidía con los testimonios que el joven había dado en la mansión Barielle.
[Entonces, sobre el tipo que vino a la mansión... Sin comer nada, salió corriendo de la aldea en cuanto vio a los tipos cosiendo sus miembros, ¿cierto? …Espero que no bebiera agua.]
[Las mujeres tuvieron mucho cuidado con eso, porque estaban centradas en sacarlo sano y salvo. Le dieron agua hervida y comida de emergencia... manteniéndolo alejado de la fuente de infección.]
[Hicieron un gran trabajo. Parece que lo quieren.]
Al silbó, impresionado por todo lo que habían hecho las mujeres para mantener a salvo al joven. Gracias a sus esfuerzos, estaba ileso, y la chica que arriesgó su vida por él también estaba a salvo, gracias a Priscilla. La aldea estaba en ruinas, se había quedado sin hombres excepto por uno, pero no lo habían perdido todo. Tal vez, era posible reconstruirla.
[Ahora, si pudimos evitar un final con mal sabor de boca por esto y aquello... ¿En qué estás pensando, Princesa, mirando fijamente el mapa de esa manera?]
[¿No te parece que hay algo extraño? Hay cuatro aldeas cerca de la cuenca del río Tenrill, sin embargo, solo tres de las cuatro han sido infectadas por los “zombis”. Hay una aldea que no ha sido afectada por ellos.]
Dentro de la casa del jefe de la aldea que ahora estaba deshabitada, situada en el centro de Coffleton, Priscilla le hizo una pregunta a Al mientras miraba el mapa sobre la mesa. En respuesta, Al murmuró un [Ah].
[¿Quizá estaban ayunando y sin beber agua también? He oído que hay una especie de religión que hace esas cosas. Dicen que no comer, no beber y no distraerse es un símbolo de su creencia.]
[Si esa es la razón por la que no se vieron afectados, entonces ese será un problema diferente. Sobre lo que he especulado es sobre el caudal de agua. La aldea que no se vio afectada se encuentra río arriba.]
Señalando el mapa, Priscilla dividió la corriente superior y la corriente inferior del río, según estuvieran afectadas o no, respectivamente. El agua fluía de forma natural hacia abajo, así que si alguien la hubiera envenenado, la zona afectada estaría por debajo de ese punto, que sería el arroyo inferior.
[Por eso, fui a investigar la conexión entre Coffleton y la aldea no afectada.]
Abriendo la puerta de la casa del jefe de la aldea, Yae hizo acto de presencia, con su cabello rojo suelto tras ella. Con actitud despreocupada, se interpuso entre Al y Priscilla, marcando un punto en el mapa.
[¿Para qué es la marca?]
[Es para indicar dónde está el molino de agua. En el bosque de la ribera se extrae madera, que se lleva río abajo en un barco. Creo que el molino de agua se usaba principalmente para moler, pero algo me huele mal en esto.]
[Funciona como una fachada para su plan, ya veo.]
Con la respuesta de Priscilla dando en el clavo, Yae le dedicó un asentimiento.
Al ver que las dos ya habían llegado a una conclusión sobre el asunto, Al levantó el brazo derecho con un [Espera].
[Siento interrumpir su ánimo, con planes, fachadas y lo que sea... pero ¿han aceptado que esto ya es todo? ¿Como un ataque terrorista o algo parecido?]
[Naturalmente. Por muy lerdo que sea uno, ¿qué pensaría de esto, si no es otra cosa que una crisis ideada por alguien? No te rebajes a ser imbécil, Al. Seguro que entiendes la diferencia entre un bufón y un imbécil.]
[...El que hace reír a los demás, y del que se ríen.]
[El primero es muy prometedor. Mientras que el segundo seguirá siendo inútil hasta el final, a menos que se busque activamente. De ninguna manera debes olvidar esto.]
A pesar de decir esas palabras de una manera tan prohibitiva, con Priscilla siendo Priscilla, era bastante considerado de su parte. Sin embargo, Al tenía una razón personal por la que la situación actual no le sentaba bien.
El “brote zombi” que se produjo en la Baronía Barielle, era algo de lo que nunca había oído hablar.
[Señor Al, tu cara da miedo. Eso no es algo bueno, ¡así que sonríe!]
[Ni siquiera puedes verme la cara.]
Al gruñó en respuesta a los ánimos de Yae. Era como si ella pensara que estaba malhumorado por su conversación con Priscilla. Después de eso, señaló con el dedo el mapa que Priscilla estaba mirando fijamente, y…
[Si el molino de agua es una fachada, ¿eso significa que sospechas de su gerente, o de los comerciantes de madera por ser los responsables?]
[Es razonable empezar a sospechar a partir de ahí. Yae, ¿quién es su representante?]
[Edda Rayfast. Dicen que es una mujer heroica que unifica a los alborotadores. Hay posibilidades de que la Señora se lleve bien con ella.]
Sin tener que echar un vistazo a sus recuerdos, Yae respondió en un santiamén.
[Hmm. Dejando a un lado la posibilidad de que esa se lleve bien conmigo, hemos “despejado” el primer requisito.]
Respondió Priscilla, cerrando un ojo. Al oír su respuesta, Al y Yae ladearon la cabeza con un [¿Requisito?].
Al ver la reacción de sus compañeros, Priscilla aflojó los bordes de sus labios rojos.
[Sí, todos y cada uno de esos “zombis” eran varones. Si tenemos en cuenta lo que se estableció como precedente, entonces hay una baja posibilidad de que esa heroica mujer o lo que sea tenga “cerebro de esponja”.]
[Ah, ya veo. Es cierto.]
[Pero...]
Ahí, Priscilla se detuvo a mitad de la frase y cerró también el otro ojo. Al se sintió incómodo por su silencio, así que intentó llamarla, pero...
[Olvídalo. Todo vendrá después de que vea la verdad en persona.]
[…]
Era muy característico de Priscilla decidir todo por sí misma antes de dejarlo hablar.
Sin duda era consciente de las preocupaciones de Al, pero no le dedicó ni una sola mirada. A pesar de eso, cuando se dio cuenta de que Al no la comprendía empezó a caminar.
[¿Qué estás haciendo, Al? Sigue detrás de mí como un perro amaestrado.]
Decía algo así como si fuera obvio, lo que a Al le resultaba irresistible.
[¿De verdad debo lamer esos pies pálidos como un perro, mientras respiro agitadamente?]
[Iagh. Eres realmente desagradable, señor Al.]
Mientras intentaba seguir a Priscilla, que caminaba por delante con la cabeza en alto, la sirvienta pelirroja que estaba a su lado expresó su disgusto. Tocándose los herrajes metálicos del casco, Al empezó a anhelar ver al joven mayordomo de cabello rosa que no estaba presente.
7
La primera impresión que tuvo Al de Edda Rayfast fue más de “sangre de hierro” que de “mujer heroica”.
Bajo su piel oscura, la sangre que corría por sus venas podía colorearse de negro intenso, en lugar del rojo normal. Un cuerpo regordete, extremidades gruesas y un maquillaje cargado que parecía más obsesionado con el valor que con la belleza, junto con un abrigo de piel sobre un atuendo que parecía que iba a estallar en cualquier momento. Con una sola mirada, se podía deducir que tenía un sentido estético diferente al de una persona normal.
[Veo que es la Señora Priscilla Barielle.]
Dijo Edda, mirando a Priscilla que estaba sentada en una silla en la sala de recepción. Por otra parte, la razón por la que Edda estaba mirando hacia abajo en ella no era debido a la altura de la silla, pero sus diferentes complexiones.
Priscilla no era una mujer baja, pero Edda era tan alta que incluso Al tenía que inclinar la cabeza hacia arriba hasta el punto de que le dolía el cuello. Sin embargo, ni siquiera Priscilla podía enfadarse con…
[Baja la cabeza. ¿Quién te crees que soy?]
[¿Te vas a enfadar por eso? ¡¿Aunque sea una cuestión de altura?! ¡¿No hay nada que se pueda hacer al respecto?!]
[¿Por qué hay que armar un escándalo? Teniendo en cuenta que esta tiene la osadía de mirarme por encima del hombro, se solucionará en un momento si este ser queda semienterrado bajo el suelo. Mi disgusto se ha producido, todo porque no había ni un solo mecanismo que abriera el suelo.]
[¡La gente no hará preparativos a gran escala a ese nivel, aunque usaran la mentalidad de “tal vez conduciendo”! Si no estás semienterrado bajo el suelo, podrías provocar que un importante invitado se sintiera disgustado contigo... ¡Pero qué vida más complicada!]3
[Qué ruidoso. Esta vez estás siendo insoportablemente molesto por cualquier cosa.]
[Es por… Estoy preocupado por ti.]
Al sintió que sus palabras se le atascaban en la garganta mientras Priscilla se enterraba más en el sofá, al mismo tiempo que se ponía las manos sobre las orejas.
Si le había dicho que estaba preocupado, estaba diciendo la verdad. Sin embargo, las preocupaciones de Al no eran motivo suficiente para que Priscilla se detuviera al instante. A su lado, pudo ver cómo Yae dejaba escapar un suspiro.
Efectivamente, Priscilla olfateó desdeñosamente con un [Hmph], y luego volvió a girarse para mirar a Edda.
[Solo he venido por una cosa. O tu industria maderera o el molino de agua que diriges están siendo utilizados por alguien para orquestar un plan atroz. ¿Te has percatado?]
[…Un plan atroz, ya veo.]
[Empezando por Coffleton, tres aldeas situadas en la cuenca del río Tenrill ya se han visto afectados por él. ¿Alguno de sus empleados ha afirmado sentirse mal, señora Edda?]
Edda enarcó las cejas gruesas cuando Priscilla la hizo notar el problema, y se puso un dedo con forma de gusano en los labios al ser interrogada por Yae. Su reacción era un indicio de que sabía algo sobre el calvario.
3 NT: かもしれない運転(kamoshirenai unten, “tal vez conduciendo”) es una mentalidad negativa que pueden adoptar los conductores para evitar accidentes de tráfico. Algunos ejemplos son “Quizá el semáforo se ponga en rojo...”. “A lo mejor un peatón va a salir por detrás de esa esquina...” y cosas por el estilo.
“Esa no es una buena mirada para poner delante de Priscilla”, fue lo que Al le habría dicho si estuviera en su estado de ánimo habitual, pero en ese momento no estaba lo suficientemente tranquilo como para ser considerado con Edda.
Por eso, fingió que no era consciente de que los ojos turbios de Edda serían la causa de la irritación de Priscilla.
[Tienes una cara que dice que tienes una idea de lo que pasa.]
[Esto es entre tú y yo.]
Posiblemente habiéndose resignado al hecho de que no podría escapar de la investigación de Priscilla, Edda respondió inmediatamente. Tal vez esa era una de sus habilidades, ser capaz de seleccionar la opción óptima para su supervivencia.
Si se hubiera hecho la tonta una vez más, Priscilla habría desenvainado sin piedad su Espada Yang contra ella. Y así, se evitó la posibilidad de una escena de derramamiento de sangre. Al se sintió aliviado de que la situación no tuviera que reducirse a…
Ahí, a eso había llegado en su descuido…
[Oh.]
Al se dio cuenta de que se tambaleaba, incapaz de mantenerse firme. Al mirarse los pies, comprendió por qué.
El suelo había desaparecido. Junto con la alfombra, el sofá e incluso la mesa de recepción, el suelo se abría hacia abajo. El cuerpo de Al empezó a caer hacia la zona subterránea, arrastrado por la fuerza de la gravedad.
[Princ…]
[¡Lo siento, señor Al!]
En el momento en que empezó a caer, Al intentó llamar a Priscilla, pero fue volteado por una fuerza que golpeó su hombro. Mirando lo que lo había golpeado, Al vio que la persona que le había pateado el hombro para agarrarse al techo era Yae. Al verse en la misma situación que él, evitó por poco caer en picado al espacio negro por agarrarse a las luces del techo.
A su vez, Al perdió el equilibrio y quedó claro que no podría evitar la caída. Así que, en su lugar, buscó con el rabillo del ojo a la figura que tenía que vigilar.
[…]
Su línea de visión se entremezcló con la mirada de la chica carmesí, entonces Al comenzó a caer.
Cayendo, cayendo, cayendo. Cayendo por debajo de la superficie con el cuerpo boca abajo.
Dejando escapar un grito insonoro, Al permaneció indefenso mientras se sumergía en las profundas y densas sombras.
8
[…]
Bajo el suelo había una vasta oscuridad insondable. El suelo que se había abierto sin previo aviso lo había engullido todo en su grieta, que debería denominarse abismo.
En la oscuridad se fueron la alfombra roja, el gran sofá, la mesa de recepción, las tazas que aún tenían té y un hombre con un casco negro azabache cuya reacción retardada le impedía actuar a tiempo. Al ver al hombre desaparecer en el fondo del vacío con un grito duradero, la mujer escarlata contra la que se había conspirado, Priscilla Barielle, entrecerró sus hermosos ojos que eran iguales a la exquisitez de una joya.
[Descuidada has sido.]
[... ¿Descuidada, dices?]
Detrás de ella, una voz llamó a la nuca de Priscilla mientras su mirada se detenía en el abismo, y se giró para ver a la dueña de la voz. Curvando los labios del color de la sangre estaba Edda, la persona que había conspirado contra Priscilla y sus compañeros. Priscilla contempló impávida su fea sonrisa sin cambiar un ápice su expresión,
[Dirigir tu hostilidad hacia mí de una forma tan abierta es algo que no puedo imaginar como el acto de un ser cuerdo.]
[¿De verdad?]
[Encima, has considerado que fui descuidada con tu capacidad. Eres merecedora de diez mil muertes.]
[¿De verdaaaaad?]
Incluso con Priscilla confirmando su culpabilidad, el cuerpo de Edda temblaba con un placer fuera de lugar. Su piel oscura seguía estremeciéndose a cada momento, lo que solo sirvió para aumentar el disgusto de Priscilla.
Sin vacilar, Priscilla extendió la mano hacia el espacio vacío, con la intención de sacar su espada carmesí, que utilizaba el “cielo” como vaina. Pero…
[… ¡Señora!]
Al mismo tiempo de la exclamación, las hojas de obsidiana zumbaron en el aire, y el sonido de la carne cortada resonó por toda la habitación. Lo que voló por la sala fueron kunai, cuchillos originarios del oeste, y quien los lanzó fue Yae, que había esquivado su caída tomando prestado el hombro de Al como plataforma. Los kunai que lanzó habían penetrado en la frente de los enemigos: los dos hombres que aparecieron por la puerta oculta en la pared, detrás de Edda. La longitud de las cuchillas no era larga, pero fue suficiente para arrebatarles la vida empalándoles la cabeza y revolviéndoles la masa encefálica, Como Edda recibió una de las cuchillas en el centro del cuello, ella tampoco fue la excepción.
[Uy. Señora, lo siento. Lo hice descuidadamente por reflejo.]
Aterrizando ágilmente sobre sus pies junto a Priscilla, Yae se disculpó por haber derribado a los tres usando sus cuchillos. Al escuchar esas palabras, Priscilla bajó el brazo y…
[No me importa. Aunque hubiera preferido ejecutarlos yo misma, no tiene suficiente valor para mí menospreciar la lealtad de mi chambelán. Más importante...]
[Eeh, desde esta altura, el señor Al podría... vaya, ni siquiera puedo ver el fondo.]
Con Priscilla cruzada de brazos a su lado, Yae frunció el ceño mientras miraba al abismo.
No era de extrañar que pusiera esa cara, ya que el fondo de la oscura grieta era completamente imperceptible. Yae dejó caer uno de sus kunai por el agujero para comprobar la profundidad, pero no se oyó ningún ruido al golpear el suelo. Teniendo en cuenta lo profundo que era, y el hecho de que se trataba de una trampa hecha específicamente para atraer a los enemigos, no se sabía qué otras trampas habría en el fondo. En definitiva, no había más opción que creer que las posibilidades de que Al sobreviviera eran casi inexistentes.
[Señora, es muy difícil decirlo, pero creo que el señor Al pasó a...]
[Hm. ¿Qué fue lo que te hizo pensar en lanzar una emboscada contra mí?]
[¿Señora?]
Tras terminar de analizar la trampa y dar la luctuosa noticia de Al, Yae ladeó la cabeza inquisitivamente.
Priscilla miraba fijamente a la Edda con el kunai incrustado y a sus subordinados, concentrándose en sus cuerpos como si estuviera estudiando su intención, sin un solo atisbo de preocupación por el bienestar de Al.
Estaba siendo indiferente hasta el punto de que era como si toda la existencia de Al hubiera sido relegada al olvido.
[Señora, no creo que el señor Al pudiera descansar en paz, siendo tratado así…]
[Tonta. Ni tú ni yo tenemos tiempo para perderlo en esas nimiedades. Para empezar, ¿no te parece extraño?]
[¿Extraño?]
[Si el objetivo era hacerme daño, ¿por qué se activó la trampa cuando me alejé del abismo? Su objetivo habría estado fuera de lugar. Si es así, es ilógico.]
Yae apretó las mejillas, percibiendo la sensación de que algo iba mal tras oír la indicación de Priscilla.
Estaba en lo cierto. Al principio, Priscilla estaba por encima del abismo. Si la facción de Priscilla... no, el corazón de la facción había sido el objetivo, la trampa no tendría sentido si no era Priscilla la que cayera en ella.
A pesar de eso, el enemigo había activado a propósito la trampa de una manera que no arrastrara a Priscilla al vacío.
[Eso es porque no quería dejar ninguna herida en tu cuerpo.]
[Hk…]
Priscilla y Yae levantaron la cabeza al oír la voz baja y reverberante. En su línea de visión, una figura gigantesca se incorporaba lentamente, con el kunai aún clavado en el cuello. Sus gruesos dedos, como gusanos, se aferraron a la empuñadura de la hoja y tiraron de ella bruscamente. Actuaba como si no le importara el cuerpo humano, pero, extrañamente, no salía sangre de la herida.
La razón podría deducirse fácilmente, a la luz de todo lo sucedido hasta ahora.
[¿Por casualidad eres un cadáver viviente?]
[Me ofende que me llamen así. Solo me muevo en un cuerpo sin sangre.]
Edda... o Edda, el cadáver viviente, ensanchó su espeluznante sonrisa, respondiendo a la pregunta de Yae con una molesta despreocupación. No había rastro de dolor en su expresión, y no sería más que una humana viva con un rostro monstruoso si no tuviera la herida en el cuello. Sin embargo, un agujero en el cuello estaba a la vista, y mirarlo le haría a uno dudar de su sentido de la realidad.
[…]
Frente al cadáver viviente, Yae se colocó casualmente frente a Priscilla para defenderla, pero sin reconocer la consideración de su chambelán, Priscilla dirigió un despectivo bufido a Edda.
[Comparto la misma opinión. “Cadáver viviente” no me parece atractivo. A partir de ahora te llamarás “zombi”.]
[Espere, Señora, ¡¿usted cree que es momento para eso?!]
[No importa el momento ni la situación, siempre seré quien soy. Si eso te angustia, pues a mí no. Aunque, supongo que esta es una situación imprevista.]
Priscilla solía hablar como si lo viera todo, pero esta vez dejó claro que era incapaz de prever lo que estaba ocurriendo. Cuando Yae expresó su sorpresa por ello, Priscilla se encogió de sus pálidos y delgados hombros.
[Podría calificarse simplemente de “horripilante” si se tratara de criaturas que solo son capaces de imitar a un humano, así como de hablar. Sin embargo, el estado de estos “zombis” sin duda no se limita solo a eso. Dijiste que no querías dejar ninguna lesión en mi cuerpo, ¿cierto?]
[Sí, eso dije.]
[Ya veo. En otras palabras, tu próximo objetivo es mi cuerpo.]
Los labios rojo oscuro de Edda se torcieron en una sonrisa más siniestra.
Al momento siguiente, los dos hombres muertos que yacían en el suelo se levantaron e inmediatamente se lanzaron sobre Yae y Priscilla. Obviamente, los hombres también eran cadáveres vivientes. Yae utilizó sus largas piernas para dar una patada a uno de los hombres que intentó agarrarla, y tomó al otro por el cuello, lanzándolo hábilmente sobre su espalda. Como resultado de su esfuerzo, los dos cadáveres se desvanecieron en el fondo del abismo.
Y después de eso…
[Todavía tengo más hombres, por si no lo sabías. ¿Creías que podías huir de mí?]
[¡Ugh!]
En el momento en que Edda soltó una carcajada, todas las puertas de la sala se abrieron de golpe.
Aparecieron refuerzos desde la entrada y las puertas ocultas, y otros más se dejaron caer desde el ático del techo abierto. Yae tensó las mejillas mientras contaba los kunai que le quedaban, observando el abrumador número de hombres que se alzaban ante ella.
[Parece que estamos en una desventaja ridículamente grande. Señora, ¿tiene alguna buena idea sobre qué hacer?]
[La chambelán es quien debe exponerme sus ideas. ¿Depender de mí es lo primero que harás? Qué lamentable.]
[¡Pero, Señora…!]
Yae golpeó con su kunai a los cadáveres vivientes que se acercaban, rebanándoles brazos, piernas y cuellos mientras derribaba enemigo tras enemigo, amontonando cuerpos que despedían un olor putrefacto. Aun así, no importaba cuántas veces los derribara, los cuerpos volvían a levantarse.
Al ver que Yae se veía arrinconada poco a poco, Priscilla suspiró.
[Yae, déjame y retrocede. Entonces, podrás buscar a Al.]
[¿Eh? Señora, creía que se había olvidado de la existencia del señor Al.]
[Lo único que dije es que no tenía tiempo para perder en esas nimiedades. No te quejes por semejante tontería. Si es para que escapes, entonces te conseguiré la oportunidad para hacerlo. Deberías sentirte honrada. Arrodíllate.]
[¿Arrodillarme...? ¡Ahh!]
Justo después de la muestra de arrogancia de Priscilla, un destello carmesí pasó horizontalmente.
Yae se arrodilló instintivamente, y la preciada espada de Priscilla navegó sin piedad por encima de su cabeza en un amplio arco. El rojo resplandor de la espada provocó una erupción de fuego, y los cadáveres vivientes que se encontraban en su trayectoria se agitaron mientras se convertían en cenizas.
[Debes irte.]
[¡Señora, por favor, manténgase a salvo!]
Habiendo llegado ya al techo de un salto, Yae se deslizó hacia el ático. Así, se retiró rápidamente de la sala de recepción que se convirtió en un campo de batalla, y Priscilla se quedó sola en la zona.
[Hm.]
Después de ver pasar la huida de Yae, Priscilla blandió su espada carmesí tres veces más, envolviendo en llamas a los tipos sin escrúpulos que intentaban acercarse. Pero…
[Parece que se acerca el final.]
[En efecto.]
Se mofó Edda, que antes había observado relajada la desesperada lucha de sus hombres. Estaba mirando la preciada espada en la mano de Priscilla, cuyo brillo se había nublado y no quedaban rastros de fuerza de sus brillantes llamas.
[Parece que el sol se ha ocultado. Como de costumbre, esta espada no acata mi voluntad.]
Dicho esto, Priscilla lanzó descuidadamente su espada al aire. La espada decapitó a un cadáver viviente que estaba detrás de ella, y se desmaterializó como si hubiera sido succionada por el cielo. La espada que tenía el “cielo” como vaina había vuelto a su “funda”. Los cadáveres vivientes rodearon a Priscilla, que ahora tenía las manos vacías.
[No quiero hacerte daño. ¿Te portarás bien y nos seguirás?]
[No dejes que esas inmundicias me pongan un dedo encima. Además, ustedes me entretendrán de forma amable.]
Cruzándose de brazos, Priscilla levantó su abundante busto como si estuviera presumiendo de él, e hizo tales exigencias. Al oír eso, Edda levantó las cejas y su rostro se descompuso en una sonrisa. La “heroica mujer” continuó sonriendo.
[No me disgusta tu altivez. Es lo más adecuado para la administradora del paraíso.]
9
En el fondo del profundo y oscuro abismo, Al estaba perdiendo la esperanza en su ser cubierto de aguas residuales.
[¿De verdad...? Sí que he hecho un buen trabajo sobreviviendo, eh.]
Con una mueca de disgusto por el suelo inestable, así como por la sensación tibia del piso contra sus manos, Al se limpió las manos sucias con los pantalones y raspó el barro que se metió en los huecos de su casco.
Mientras lo hacía, Al chasqueó la lengua ante la oscuridad mientras daba un vistazo a su alrededor. Detuvo momentáneamente la tarea de quitarse el barro del casco y sacó una piedra blanca de una de las bolsas que llevaba cerca del estómago.
Se trataba de un mineral de lagmita, que era una piedra especial que emitía un resplandor al ser sometida a un impacto externo. Tenía características diferentes a las piedras de maná, y era un objeto conveniente por poder actuar como fuente de luz sin necesidad de fuego. Al golpear la lagmita contra su casco, un tenue resplandor blanco iluminó la zona.
Entonces, mirando lo primero que entró en su vista, Al pronunció un [Puaj].
[No es que pensara que había tenido suerte por no morir, pero...]
Estaba en el fondo del abismo, que era la trampa de la sala de recepción de la mansión Rayfast, dispuesta bajo los suelos con un mecanismo que permitía abrirlos. El objetivo del enemigo era, obviamente, la muerte de quienes cayeran en la trampa, pero Al había conseguido evitar el peor desenlace.
Eso no significaba que esquivara la trampa con frialdad y se pusiera fuera de peligro. Al solo sobrevivió porque aterrizó justo encima de un cojín, que absorbió el impacto de su caída.
Sin embargo, el cojín era…
[...Una montaña de cuerpos putrefactos, ¿eh? Qué olor tan horrible.]
Esperando que lo que taponeaba los huecos y los accesorios metálicos de su casco fuera de verdad “barro”, Al hizo una mueca ante el destino de los humanos que le habían servido de cojín. El número de cadáveres no llegaba a diez, ni a veinte. Lo más probable es que formaran parte de los trabajadores de la industria maderera que dirigía Edda. Cada uno de los cadáveres llevaba la ropa puesta, y no les habían quitado ninguno de sus accesorios, por lo que definitivamente no habían sido asesinados por dinero. Los cuerpos fueron tratados con crudeza, pero la razón por la que los tipos estuvieran muertos probablemente no era un asunto sencillo.
[Eso significa que el hecho de que los cadáveres vivientes no duren mucho es un defecto. Si es así, es probable que el plan de los cadáveres vivientes no tenga éxito. Está lleno de elementos que la clase-al odiaría, de todos modos.]4
Desde que dio el primer paso, estaba garantizado que Edda Rayfast estaba relacionada con los cadáveres vivientes. Teniendo en cuenta su influencia y sus activos financieros, también había muchas posibilidades de que fuera la autora intelectual.
Si ese era el caso, entonces la seguridad de Priscilla, que se había quedado arriba, sería motivo de preocupación.
[Esa Yae... se aseguró de quedarse allí incluso si eso significaba echarme abajo, así que probablemente esté haciendo bien su trabajo.
4 NT: ハイソ (clase-al) es la abreviatura de ハイソサエティー (clase alta). Es una palabra obsoleta.
Incluso sin ninguna ayuda, la Princesa podría darse cuenta por sí misma, pero... ¿ah?]
Mientras Al observaba su entorno, apoyándose en la luz del mineral de lagmita, percibió una extraña presencia que provenía de la dirección de la montaña de cadáveres. Girando el rostro, Al inclinó su fuente de luz. Inmediatamente, su mirada se encontró con unas cuencas oculares huecas, y dio un intuitivo paso atrás.
[¡Uoh!]
[¡Aa, aaAAaAaagh!]
Con un largo gemido de muerto, el cuerpo destrozado se retorció. Extendió los brazos, mostrando huesos expuestos bajo la carne despojada, y se abalanzó sobre Al para arrastrarlo al pozo del infierno. Al tragó saliva con un retraso momentáneo en su reacción. Incapaz de enfrentarse al ataque a tiempo, el cadáver extendió los dedos para perforarle la piel.
[Bh]
[¿Eh?]
Al momento siguiente, un kunai cayó desde arriba, perforando sin piedad la cabeza podrida del muerto.
En aquel momento, Al no tenía forma de saber que el kunai era el que Yae había dejado caer desde la sala de recepción, para medir la profundidad del abismo.
Salvado por una incomprensible racha de suerte, Al había logrado escapar de la muerte por poco.
Tal vez incluso los cadáveres vivientes diferían en calidad, ya que el cuerpo se quedó inmóvil una vez atravesada su cabeza. Su brazo podrido cayó de nuevo a su lado, y el cuerpo se desplomó sin un solo grito, cayendo completamente en silencio.
Por otro lado, Al solo se había librado de la difícil situación en la que lo había puesto el primer cuerpo.
[...Tienes que estar bromeando.]
Frente al murmurante Al, la montaña de cadáveres se convulsionó, y pudo comprobar que su carne y sus fluidos putrefactos empapaban el suelo embarrado. Preguntándose por la verdadera identidad del “suelo fangoso”, Al retrocedió lentamente mientras un hedor agrio llenaba sus fosas nasales. Intentaba evitar llamar la atención de “aquello” en lo más mínimo.
A pesar de sus intentos ante la mismísima muerte, se vio frustrado por unos intrusos que aparecieron de forma inesperada.
[¡Uagh!]
Como burlándose del esfuerzo de Al por asegurarse de no provocar a los cadáveres, los intrusos se estrellaron justo encima de la montaña de cuerpos, salpicando su entorno con una enorme cantidad de carne putrefacta. Lo que se mostró a la luz blanca de la lagmita fue algo extraño que cayó desde arriba, una vez más, pero esta vez se trataba de dos humanos.
Si Al había visto correctamente, uno de los cuerpos tenía un kunai sobresaliendo de la cabeza.
Eso significaba que su asesino había sido Yae. Era una prueba de que estaba teniendo una dura batalla en el piso de arriba, pero también era un mal momento.
[¡Guo, Uoaaaaahh...!]
Impactados por los hombres que habían caído, empezaron a formarse movimientos más grandes dentro de la montaña de cuerpos que se había estado convulsionando antes. Sus movimientos fueron justamente aumentando de tamaño, y era como si la propia montaña estuviera empezando a moverse.
Masas de cuerpos humanos que superaban con creces los números de diez y veinte se fundieron entre sí, formando una sola entidad que era grotesca hasta el punto de que ya no parecía humana. Tras unirse en un enorme bulto de cadáveres vivientes, empezó a rodar hacia Al.
[¡¡¡Esto... tiene que ser una broma...!!!]
Dando la espalda al inminente grupo de cadáveres, Al empezó a correr con todas sus fuerzas.
De todo lo que había experimentado en su vida, la inestabilidad del suelo y la poca visibilidad de este lugar era una de las peores experiencias que había tenido. Correr desesperadamente por su vida hasta este punto, era algo que no había hecho desde que había escapado del Coliseo de la Isla de los Gladiadores durante la noche... solo que, en ese entonces, sus perseguidores eran humanos, por muy aterradores que fueran. Y ahora, lo que lo perseguía en este momento era de una naturaleza completamente diferente.
[¿Las alcantarillas? ¡¿Una planta de tratamiento de aguas residuales?! ¡¿Este lugar tiene salida?!]
Los zori no eran compatibles con el agua sucia, pero Al pudo seguir corriendo sin tropezarse con sus pies. Como el ancho pasadizo continuaba recto, no había otros caminos por los que pudiera desviarse para dejar pasar la combinación de cuerpos. Tal estrategia era inútil en este lugar.
Probablemente no era muy recomendable seguir huyendo sin un mapa, ni una pizca de conocimiento sobre dónde estaba la salida. Huir valía la pena si el amasijo de cadáveres era capaz de quedarse sin aliento, pero Al no tenía ninguna posibilidad de ganar un enfrentamiento de resistencia contra un montón de cadáveres que ya habían puesto fin a sus actividades vitales. Por si fuera poco…
[Guh, ¿esto es en serio?]
Frente a él, múltiples siluetas aparecieron a la vista. Sacaban las manos, tambaleándose sobre sus pies al estilo ortodoxo de los zombis. Pensando que tal vez los zombis parlantes que vio en Coffleton eran de un tipo poco común, Al rechinó los dientes al ver a los zombis poco inteligentes hacer su entrada.
Por supuesto, era imposible que los zombis que bloqueaban el paso no se percataran de la presencia de Al y el amasijo de cuerpos, ya que esparcían el olor a podrido a su paso, mientras sus pies chapoteaban contra el suelo embarrado.
Había zombis en la puerta delantera, y un grupo de cadáveres en la puerta trasera.5
5NT: Al se refiere al dicho: 前門の虎、後門の狼(“tigre en la puerta delantera, lobo en la trasera”). Significa que, aunque uno consiga evitar un desastre, tendría que enfrentarse a otro.
Ser agarrado por uno de los zombis lo pondría en riesgo de muerte, pero antes de eso, ser aplastado bajo la masa de cadáveres también pondría su vida en peligro. En este lugar, no había ni un solo aliado fiable que pudiera venir a rescatar a Al de su crisis.
Para salvar su propia vida, tenía que esforzarse al máximo. Usando todo lo que disponía.
[¡Mierda, no conozco el ancho ni el largo de este lugar! Estoy en desventaja, ¿pero puedo envolverlo en…?!]
El encuentro con el amasijo de cadáveres que se le acercaban, y los zombis que se aproximaban frente a sus ojos. Al prestó desesperadamente atención al terreno circundante, mordiéndose el labio por debajo del casco.
Entonces, junto con su determinación, ladró.
[¡Maldita sea! ¡Expansión de dominio!]
En el momento en que gritó, el espacio que rodeaba a Al se contorsionó brevemente, retorciéndose, curvándose y hundiéndose. Como si recibiera la intervención de un ser inimaginable, similar a la sensación desproporcionada de observar el mundo a través de burbujas que flotaban en la superficie del agua, una escena tan extraña como aquella se filtró por la zona que estaba llena hasta el borde de una espesa fetidez.
Entonces…
Entonces, entonces…
Entonces...
10
[Aquí mismo, estamos planeando crear el paraíso de nuestro creador.]
Diciendo esto, Edda miró a Priscilla a la cara desde donde estaba sentada en el suelo, justo delante de la chica carmesí. Al recibir su mirada, Priscilla apoyó la barbilla en la mano mientras cruzaba las piernas de forma elegante, murmurando un [Huh].
[Tu coloquio no consigue captar mi interés de ninguna manera. ¿Cómo van a recuperar el terreno perdido a partir de ahora?]
[Qué frialdad. Pero, la coherencia en tu actitud es valiosa. Eres arrogante con todo el mundo, sea quien sea, y además tienes el poder y la posición necesarios... sin duda eres ideal, diría yo.]
[Ya veo. Soy capaz de discernir esta conspiración en su mayor parte.]
[Ohh, ¿de verdad?]
Aparentemente ajena a cualquier filtración de información de ese tipo, Edda ladeó su grueso cuello. Dirigiendo una mirada cautelosa a la acción que carecía de una sola pizca de encanto, Priscilla echó un silencioso vistazo al exterior de la ventana.
Dentro de la mansión de Edda Rayfast, Priscilla estaba confinada en la habitación más alejada.
Tenía las manos libres y podía caminar sin restricciones por la habitación. Estaba en el tercer piso, pero también tenía la opción de escapar por la ventana. Sin embargo, había ojos vigías apostados fuera de la recámara, y podía ver más de diez cadáveres vigilando la zona con solo echar un vistazo.
El sol ya se había ocultado una vez. Después de hacerlo, tardaría en volver a salir.
Ni siquiera Priscilla creía que pudiera escapar de la multitud de cadáveres con las manos vacías. Para empezar, rechazaba absolutamente la idea de intentar escapar de la masa de difuntos con el sudor de su frente.
[Cuando llegue el momento de salir de esta mansión, ya he decidido que saldré triunfante por el frente.]
[Qué palabras tan atrevidas. Pero, tal vez se te pueda conceder ese deseo, porque...]
[¿Porque estás maquinando apoderarte tanto de mi cabeza como de mi cuerpo, usando esas viles criaturas parásitas?]
[Fufu.]
Al recibir una mirada incineradora a través de unos ojos entrecerrados y carmesí, el gran cuerpo de Edda tembló. Con dedos demasiado grandes para el vaso transparente que sostenía, lo dejó sobre la mesa. Dentro del vaso había un líquido ámbar. A juzgar por su tenue fragancia, Priscilla pudo deducir que se trataba de una bebida alcohólica de excelente calidad. Sin embargo, no se lo acercó a la boca.
El recipiente había sido colocado allí después de la conversación. Teniendo en cuenta lo que habían hablado, era imposible que se tratara de una bebida corriente.
[Eres inteligente. Así que no necesitas explicaciones, ¿verdad?]
[Las aldeas que rodean el río Tenrill se han ensuciado con la asquerosa ponzoña que han esparcido en él. Probablemente el licor de aquí esté contaminado por la misma sustancia, ¿me equivoco? Qué aburridos y poco interesantes son.]
[Lo siento. Para compensarlo, te he preparado una bebida especial.]
Una bebida especial. Era raro que la prueba preliminar sonara tan hueca para Priscilla.
Pensando en las aldeas que utilizaban el agua del río Tenrill, así como en la grave situación en la que los pobladores de dichos lugares se convirtieron uno a uno en cadáveres vivientes, ya no había forma de dudar de que los parásitos, la causa del fiasco, entraban en el cuerpo a través del agua que se había ingerido del río.
Priscilla era consciente de ello desde el día en la aldea de Coffleton, pero había un solo problema.
Antes se creía que las criaturas parasitarias tenían como únicos objetivos a los hombres adultos, y que también eran inofensivas contra las mujeres y los niños.
La razón por la que estaba controlando a Edda Rayfast, estando tras el cuerpo de Priscilla como su próximo objetivo era porque…
[Entre determinadas razas de insectos y ratas, hay ciertas especies que prefieren construir un nido en grupo. ¿Qué se necesita para mantener el orden dentro del nido? La respuesta está clara, aunque sean animales salvajes que solo tienen una minúscula porción de cerebro.]
[... Huh. ¿Y eso es…?]
[Una reina.]
Considerando la situación actual como entretenida, Priscilla sonrió por primera vez desde que entró en la mansión.
Las criaturas que hacen sus nidos en grupos, priorizando la reproducción y la expansión, pondrán a una reina en lo más alto de su sociedad. La idea de que las hembras eran esenciales para criar hijos parecía ser una lógica invariable, sin importar el tamaño de las criaturas vivientes.
No un rey, sino una reina. Era una forma extraña de existir, pero coincidía con la situación actual.
Eso significaba...
[Aparentemente, ustedes, horribles parásitos, son capaces de establecer la lógica de una reina, a pesar de no tener vida en sus cuerpos. Para todos ustedes, la reproducción debe serlo todo.]
[Ah, quién sabe. La velocidad de nuestro crecimiento es muy rápida. Al principio, puede que seamos cadáveres que solo son capaces de moverse una vez que los cerebros están podridos, pero eso deja a los anfitriones que tienen su intelecto y proceso de pensamiento intactos... Si eso sigue así, seremos capaces de alcanzar el control sobre nuestros huéspedes mientras están completamente vivos.]
[¿Estás diciendo que en algún momento en el futuro crearán “zombis” natos? Qué repulsiva era de milenarismo están maquinando, de verdad. Ese es el paraíso que desean, ¿y me propones que me convierta en su administradora?]
[No dejaré que te niegues. Sabes que no serviría de nada aunque lo hicieras, ¿verdad? La sirvienta que dejaste escapar aún no ha sido capturada, pero eso también es cuestión de tiempo.]
Yae tenía dificultades para escapar, pero los cadáveres apostados alrededor de la mansión y sus alrededores vigilaban la zona estrictamente. El bosque que rodeaba la mansión era sobre todo un campo en el que los subordinados de Edda, que trabajaban para su industria maderera, podían moverse a sus anchas. Incluso con la rapidez de Yae, estaría en desventaja.
Mientras Priscilla analizaba la situación con calma, Edda se rio de ella.
[Mufufu. No tienes por qué estar tan poco dispuesta. Aunque esté diciendo esto, no significa que yo sea una persona completamente distinta. Es solo que he cambiado el orden de mis prioridades.]
[No digas esas tonterías. La muerte, eso es lo que tienes.]
[Gufu…]
Exhalando un aliento de olor crudo por sus gruesos labios, Edda produjo un sonido bajo y gutural mientras reía. Al oír el feo ruido, Priscilla frunció sus bien formadas cejas.
Después, tomó suavemente el vaso con sus delgados y pálidos dedos.
[Nn.]
[Lo engulliste, sin siquiera intentar beberlo a escondidas. Obediente, ¿no es así?]
Mientras Priscilla volcaba el vaso de licor de color ámbar, relamiéndose los labios, una expresión de sorpresa cruzó el rostro de Edda. Tal vez, le costaba creer que Priscilla hubiera acatado sus órdenes sin oponer resistencia.
Como sea, no había indicios de que fuera algún truco. Priscilla no escupió el contenido del vaso contra el suelo, sino que se lo bebió tod o. Eso significaba que los mismos parásitos que estaban en Edda también habían entrado en el cuerpo de Priscilla.
[Tarde o temprano, los efectos empezarán a aparecer lentamente. Una vez que lo haga, deberíamos poder tener una charla más amistosa. Hablemos también de nuestro creador.]
[Otra vez ese nombre, ¿eh? Parece que le tienes bastante devoción.]
[Bueno, eso es porque nuestro creador es nuestro creador. Nuestros verdaderos padres... para ser exactos, nuestro creador es el incentivo que nos permitió renacer. Construir un paraíso donde nuestro creador pueda estar en paz... esa es la misión que se nos ha encomendado.]
[Construir un paraíso para tu creador, ya veo. Qué absurdamente aburrido.]
Priscilla se encogió de hombros ante Edda, que hablaba con un siniestro tono de reverencia en la voz, mientras se inclinaba para mirar a la joven carmesí. La hostilidad cruzó brevemente los ojos de Edda al oír las palabras de Priscilla, pero se desvaneció tan pronto como apareció. Cuando Priscilla apoyó de nuevo la barbilla en la mano, Edda se irguió frente a ella, observando su bello rostro.
[No importa lo que digas, no suena nada convincente después de que huyeras de nosotros, asustada por cómo te trataríamos. Será todo un espectáculo ver a alguien tan arrogante como tú comprometida a servir a nuestro creador.]
[Hum, ese gusto sádico tuyo no está mal para una mujer tan desagradable como tú. Por fin he encontrado algo de sentido para las tonterías de Yae. Hay una posibilidad de que sea capaz de llevarme bien contigo, es lo que ella había dicho.]
[Ahh, ¿de verdad? Entonces, ¿significa que ahora te apetece hacerte amiga mía?]
[No digas cosas tan absurdas. Te ejecutaré por mi mano. Valdrá la pena verte estremecer tu cuerpo gordo y abultado, suplicando que te perdonen la vida mientras derramas algunas lágrimas. ¿Qué te parece? Si soy capaz de obtener placer de eso, seguramente estarás de acuerdo con lo que he dicho.]
Priscilla aflojó los labios con una elegante sonrisa. Ser excepcionalmente bella, esa era su verdadera esencia. Por primera vez, Edda se estremeció como si le aterrorizara la existencia de Priscilla. Casi como si no pudiera creer que realmente le tuviera miedo, le dio una mirada a su propia palma.
El cuerpo de Edda ya había sido reformado, liberándola del sufrimiento y las penurias de este mundo. A pesar de eso, ¿a qué se debía el temblor que recorría su cuerpo en ese momento? Con los ojos entrecerrados, Priscilla miró a Edda, que se suponía que tenía ventaja sobre ella. Sacó su abanico del escote y lo usó para taparse la boca.
Entonces, lo dijo. Su frase emblemática, así como la mentalidad que era absoluta, una que ella creía sin lugar a dudas.
Y eso era…
[Debes tener esto en mente. Este mundo está hecho a mi conveniencia.]
[…]
[Por lo tanto, no importa cuánto esfuerzo pongas en tus intentos, encontrarás tu fin, calcinada en meras cenizas. Mientras tanto, emplearás tu tiempo sabiamente como mucho… hasta que llegue la actuación de mi bufón.]
Diciendo esto, Priscilla dirigió la punta de su abanico al suelo, y no dijo nada más.
No había necesidad de decir nada más que eso.
11
Cuando Yae Tenzen entró en la zona subterránea, fue después de que todo hubiera terminado.
[Iagh, el olor me va a estropear el olfato.]
La carne podrida se mezclaba con las aguas residuales, creando un hedor pútrido que provocó que Yae hiciera una mueca. Era como si su conciencia se desvaneciera con solo respirar el hedor. Ya que podía ver bastante bien en la oscuridad, Yae no llevaba consigo ninguna fuente de luz. No obstante, la visión que surgió en la oscuridad parecía un cuadro del infierno, algo que hizo que Yae se arrepintiera de haber recibido entrenamiento para mejorar su visión nocturna. Cadáveres, cadáveres y más cadáveres. Mirando hacia su izquierda y hacia su derecha, la zona estaba llena de montones de ellos.
Reflexionando sobre su vida, ver cadáveres no era algo raro para ella, pero ver tantos cuerpos como personas despojadas de ellos era un espectáculo que no se veía a menudo. A diferencia de la tortura y la humillación, como si hubieran sido juzgados como inútiles y desechados, las montañas de vidas miserables que encontraron su trágico final estaban esparcidas por el suelo.
[¿A caso no soy lo suficientemente leal, obedeciendo las órdenes de la Señora en esta situación…? Pero, las posibilidades raras solo ocurren una vez cada diez mil, así que…]6
Yae vino aquí para buscar a su compañero que había caído, pero, las posibilidades de su supervivencia eran bastante escasas. Yae había tenido dificultades para llegar al espacio subterráneo, se había hartado de bajar una vez que había llegado al abismo.
Al extenderse decenas de metros desde el suelo de la mansión, estaba a una altura desde la que incluso Yae podría caer hacia la muerte. Crear una zona así bajo el suelo era una idea que hacía que Yae albergara una fuerte aversión a ella, de solo pensarlo. Lo más probable era que los cadáveres que yacían por todo el lugar fueran valiosas fuerzas de trabajo que participaron en la ardua labor que costó construir la trampa. Los cadáveres vivientes nunca se quejarían de nada, así que podría decirse que eran las personas adecuadas en el lugar adecuado, en el sentido de cavar sus propias tumbas.
[Bueno, como compañeros de trabajo, supongo que fallan en cuanto a la atención que presta a su aspecto. En ese sentido, el señor Al era igual a los cadáveres vivientes, pero su limpieza era un poquito mejor que la de ellos…]
Por eso, la balanza apenas se inclinaba a favor de qué tanto le gustaba Al como compañero de trabajo. Pero, para ser honesta, ella no estaba impresionada con la justa comparación que se estaba llevando a cabo entre Al y los cadáveres vivientes.
[...Compararme con los zombis da un resultado parejo, ¿eh? No me alegraré aunque gane una comparación de ese tipo.]
6 NT: 万一 (“rara posibilidad” en este contexto) utiliza los kanji 万 (diez mil) y 一 (uno).
[¡Uoah!]
Caminando por el borde del pasadizo para mantener al mínimo el daño causado por el fluido putrefacto, Yae levantó la cara, sobresaltada al oír la voz que salió de la nada, y se sorprendió aún más por la figura que apareció en la oscuridad.
Con un andar que parecía el de un fantasma, aquel, cuyos pies hacían repugnantes chapoteos por el suelo al acercarse, era…
[…Señor Al, ¿eres tú? ¿Está bien que te acerques a mí? ¿Te has convertido accidentalmente en un cadáver viviente?]
[Me han mordido y arañado por todas partes. Ahora mismo no hay síntomas que yo sepa, pero no puedo decir que no sea nada. Sé que hay muchos casos que son: un arañazo y se acabó.]
[Según lo que hemos averiguado la Señora y yo, no se te infectarán las heridas. A menos que hayas bebido agua... Para ser sincera, no me gustaría relacionarme con nadie que bebiera cualquier tipo de agua de este entorno, aunque fuera un cadáver viviente.]
[Yo también soy de los que sobreviven con agua turbia, pero si me dan la opción de beber el agua de aquí, entonces es un “no, gracias”.]
Diciendo esto, el hombre manco que llevaba un casco negro azabache salió de la oscuridad. Estaba en un estado lamentable, cubierto de mugre de la cabeza a los pies, pero bastaba echarle un vistazo para darse cuenta de que ninguna de sus heridas era mortal. Tampoco tenía heridas provocadas por la caída.
[¿Puedes volar, señor Al? He oído que al marqués del Oeste eso se le da bien.]
[Supongo que también me llaman bufón, pero es de un tipo diferente comparado con esa clase. Simplemente tuve suerte. Justo cuando caí, había un cojín hecho de una montaña de cuerpos...]
[Ughh, ¿de verdad llamas a eso “tener suerte”?]
[Es barato mientras no mueras. Es una forma de justificar las cosas, así se dice en mi pueblo.]7
Una vez tuvieron su conversación, Al se apoyó en la pared y se desplomó en el suelo.
[…]
Estaban intercambiando bromas, pero Yae podía ver que Al estaba profundamente agotado. Habían pasado varias horas desde que cayó al abismo, y si se movía continuamente, sin saber si viviría o moriría, era natural.
Antes que nada…
[Estos... montones de cuerpos a nuestro alrededor que eran cadáveres vivientes... ¿Tú...?]
Si su especulación era correcta, entonces algunos de los cuerpos eran la mano de obra que existía para crear esta zona subterránea, y también eran sacrificios. Sin embargo, también había bastantes cadáveres que parecían haber sido utilizados de otras formas, lo que hacía pensar a Yae que había una gran diferencia entre las condiciones de los cuerpos. En resumen, parecía que los cadáveres vivientes que poseían intelecto en la mansión de la superficie y en la aldea de Coffleton, y los cadáveres vivientes que no poseían la misma inteligencia, se mezclaban entre sí. Lo que esos cadáveres tenían en común, eran laceraciones q ue recibieron de una hoja que era grande en anchura.
[Ahh, estoy cansado. Buen trabajo sobreviviendo, yo. De verdad, buen trabajo, y gracias a Dios...]
[…]
Mirando de reojo al Al con casco que dejaba escapar un largo y cansado suspiro, Yae entrecerró los ojos.
Suponiendo que el desastroso espectáculo en esta zona subterránea fuera lo que Al había llevado a cabo por su cuenta, entonces Yae lo calificaría de “inesperado”.
7 NT: 死ななきゃ安い(“Es barato mientras no mueras”) proviene de Chipp (Guilty Gear), así que no es un dicho real.
Si Yae valorara a Al con honestidad, entonces era un hombre que no era tan hábil. Como espadachín era de segunda categoría, pero como había perdido uno de sus brazos, como mucho sería de segunda y media incluso como guerrero. También era difícil pensar que destacara en batallas continuas, así que a ella le costaba encontrar en qué era el mejor. En realidad, ella lo percibía como un animador. Yae pensaba que lo máximo que podía esperar de él, era que fuera el escudo de Priscilla a la hora de la verdad. Pensar que era capaz de aniquilar a una horda de cadáveres vivientes, aunque no estuvieran en las mejores condiciones.
[Es el poder del amor, ¿verdad?]
[No digas algo tan aterrador Ah, entonces, ¿cómo está la Princesa? ¿Está a salvo?]
[Hablando de eso, las cosas no pintan demasiado bien…]
[¿Aah?]
Encogiéndose de hombros ante la voz de escepticismo de Al, Yae explicó los sucesos que habían ocurrido después de que él cayera al abismo.
La conspiración de Edda Rayfast, y toda la zona que estaba controlada por un enjambre de cadáveres vivientes. De cómo Priscilla había sido capturada por el enemigo, y cómo Yae y Al eran los únicos que estaban en condiciones de moverse libremente...
[No obstante, nos superan en número. Si soy yo sola, es probable que pueda hacer todo lo posible por escapar, pero, para cuando regrese con refuerzos…]
[Estás diciendo que es muy probable que los parásitos ya hayan entrado en la Princesa.]
[Si eso sucede, entonces no tiene sentido intentarlo ... es lo que pienso.]
[¿Qué deberíamos hacer?] añadió Yae, pidiendo la opinión de Al.
Sin embargo, no había muchas medidas que pudieran tomar. Contra la horda de cadáveres vivientes, solo tenían dos cartas en su baraja. La supervivencia de Al fue un evento afortunado, pero era difícil pensar que fuera un movimiento que cambiara drásticamente la situación, y la atención de Yae se centró fuera de la mansión: en el Frente Carmesí, adornado de rojo, que patrullaba las aldeas cercanas al río Tenrill, acabando con los cadáveres vivientes que había allí. Si los llamaban, entonces algunos cadáveres vivientes equivaldrían a nada frente a sus ojos. El problema era la posibilidad de que Priscilla se convirtiera en una marioneta y los parásitos se apoderaran de su conciencia mientras el Frente Carmesí se dirigía hacia ellos. Ante eso, Yae solo podía pensar en una contramedida infundada q ue consistía en contar con el anormalmente fuerte sentido de sí misma de Priscilla. Confiar en eso para realizar su jugada, era algo que Yae se sentía más en contra que a favor de hacerlo.
Ignorando los complicados sentimientos internos de Yae…
[¿Por qué has venido a buscarme? Si planeabas salvar a la Princesa, entonces tu mejor opción sería escabullirte y llamar al Frente Carmesí.]
[...Al principio pensé lo mismo. Para ser sincera, no podía contar con que siguieras vivo después de esa caída. Pero, la Señora...]
[¿Qué hizo la Princesa?]
[Me dijo que te buscara. Dijo que no tenía tiempo que perder en esas nimiedades, así que pensé que tenía bastante fe en ti... ¿señor Al?]
Yae recordó la audaz orden que Priscilla le dio, justo cuando se retiraba del campo de batalla. Sinceramente, era un mal movimiento que ella no vería ningún valor en obedecer si no era idea de Priscilla. A fin de cuentas, no resultó en vano porque Al estaba vivo, pero Yae no tenía ni idea de cómo esto iba a conectarse con lo que sucedería en el futuro.
Con ese punto de vista sobre la situación, Yae miró a Al, percibiendo un cambio en el aire a su alrededor.
[¿Señor Al?]
[…]
Levantándose lentamente de su posición anterior, en la que estaba desplomado en el suelo con la cabeza gacha, Al jugueteó con los herrajes metálicos de su casco y los hizo sonar. Fue un pequeño y débil sonido metálico.
El gesto era algo que Al mostraba a menudo, pero, solo por este momento, dio a Yae una impresión diferente a la habitual…
[De verdad lo hizo, esa mujer.]
Su murmullo contenía un eco de disfrute, y aumentó aún más el desconcierto de Yae. Entonces, frente a la desconcertada Yae, Al empezó a caminar de un modo que parecía que arrastraba los pies. Hacia donde se dirigía era al rumbo del que provenía Yae, que era el camino que llevaba de vuelta a la mansión de la superficie.
[¡Señor Al, hay muchos enemigos ahí arriba!]
[Yae, ¿no te das cuenta?]
[¿Eh? ¿Darme cuenta de qué...?]
[¿Crees que la Princesa haría una jugada aburrida que resultara infructuosa? Una jugada estúpida que la gente como tú y como yo podemos reconocer como una mala... No creo que ella tomara ninguna decisión como esa.]
[Eso es...]
Con las palabras atascadas en la garganta por lo que señaló Al, Yae empezó a cuestionarse sus propias acciones. Al tenía razón. Ella misma había pensado que buscar a Al no valía la pena. A pesar de eso, ¿por qué siguió las órdenes de Priscilla? Fue porque…
[Después de todo, este mundo está hecho a la conveniencia de la Princesa.]
Así que, si Priscilla había elegido a Al para la ocasión, entonces era la mejor jugada que se podía hacer en esta situación.
[…]
Sacando su Espada del Dragón Azul de la parte posterior de su cintura, Al comenzó a caminar por el sendero que conducía a la superficie, con rastros de fastidio en sus pasos. Detrás de él, Yae lo seguía apresuradamente, preguntándole: [¿Qué piensas hacer?].
[Hay montones de enemigos ahí fuera, ¿entiendes? Señor Al, ¿piensas ganarles cien contra uno?]
[Peor que cien contra uno, es peligroso para mí, aunque sea dos contra uno. Sé de lo que son capaces. Pero, he estado en muchas circunstancias así.]
[¿Muchas circunstancias de cien contra uno, dices?]
[Me refiero a circunstancias en las que me superan en número. Luchar cien contra uno y que haya cien enemigos son dos cosas distintas, Yae.]
[…]
[No hay posibilidad de ganar si son cien contra uno, pero ¿y si son cien uno contra uno? Por supuesto, estaré en desventaja, aunque ¿no crees que podría haber una pequeña posibilidad, como una entre diez mil?]
Esa era la forma correcta de atacar cuando el enemigo era más numeroso, pero era una idea descabellada, teniendo en cuenta la diferencia de fuerza entre los dos y los cadáveres vivientes. Sin embargo, el hombre que estaba frente a Yae hablaba con un aire de confianza, casi como si tuviera la experiencia de haber derribado una estrella en el pasado, sobre la posibilidad que era diminuta como un agujero hecho por una aguja.
[Una entre diez mil es tan buena como nada... Además, si se trata de esa posibilidad, entonces ya la he agotado. Pensaba que la posibilidad de que el señor Al sobreviviera era una entre diez mil, así que...]
[Si se llega a eso, entonces significa que tengo que sacar una posibilidad que sea una entre veinte mil. También soy un hombre, así que esto me entusiasma. Si la posibilidad no es cero, entonces la obtendré.]
Frente a los dos que conversaban, apareció una escalera de caracol que conectaba con la superficie. Llegarían a la mansión si subían las escaleras, pero lo que les esperaba era un infierno de hordas de cadáveres vivientes que era peor que cualquier otro...
[Mientras hago ruido, deberías escabullirte de la mansión e ir a buscar al Frente Carmesí. De cualquier forma, hay que erradicar a todos los parasitados.]
[... ¿Vas a hacerlo, de verdad?]
[No me hagas repetirlo. No quiero quedarme sin aliento durante mi frase característica.]
Diciendo esto, Al dio su primer paso en la escalera de caracol. Sabiendo que intentar detenerlo sería una falta de tacto, Yae le hizo una respetuosa reverencia,
[Les tenía mucho cariño a ti y a la Señora.]
[No lo digas como si te despidieras de nosotros. Traerá mala suerte.]
Terminado su breve conversación, Yae pasó rápidamente junto a Al mientras empezaba a correr.
Como no sabía qué clase de truco oculto se guardaba Al bajo la manga, Yae decidió que tendría en cuenta sus sentimientos, incluso si lo que él le proponía no era más que un acto de fanfarronería que ponía en peligro su vida. Llamar al Frente Carmesí les permitiría acabar con los cadáveres vivientes.
Para exterminar la fuente del hedor que le picaba la nariz, sin dejarlos salir del sucio jardín en el que se encontraban.
Así, detrás de ella, Yae captó los últimos rastros de la voz murmurante de Al mientras corría hacia delante.
Eran palabras cuyo significado Yae no podía captar en absoluto.
[Expansión de dominio, comenzar experimento mental.]
12
Decapitando al cadáver viviente que tenía delante, sin darse la vuelta, clavó su espada en el torso del enemigo que apareció tras él. Girando con fuerza su espada, el torso del cuerpo putrefacto fue arrancado con facilidad, y salió rodando por el suelo.
[…]
Después de eso, Al continuó cortando los cuerpos uno tras otro. Había pasado cierto tiempo desde que empezó a hacerlo, ya que la mansión estaba rebosante de cadáveres.
Para empezar, los cadáveres solo andaban por ahí, así que podía afirmar que lo único que había hecho era depurar la anormalidad de la normalidad.
De un modo u otro, un cadáver era un cadáver, y así debía ser. Aun así, si se llegara a eso, entonces Al empezaría a dudar de lo que estaba haciendo.
[No es que los esté exorcizando, y tampoco es que esté poniendo sus almas a descansar. Es una operación en la que se acribilla a todos y cada uno de los cadáveres que se adentraron en el callejón sin salida del destino... Es demasiado irónico, teniendo en cuenta que soy yo quien está haciendo eso.]
O tal vez, incluso eso era algo que Priscilla esperaba que ocurriera, todo en la palma de su mano. La poseedora de unos ojos carmesí que parecían ver a través de todo... ni siquiera Al podía llegar a comprender los sentimientos dentro de su abundante pecho. Sin embargo, Priscilla, que nunca sopesaría su propio destino en otra cosa que no fuera su propia balanza, había elegido a Al para cambiar el punto muerto en el que se encontraba el tablero, y no había forma de cambiar la verdad de que ella lo había elegido a él para hacerlo. Tampoco había forma de cambiar la verdad de la estupidez de Al, ya que se estaba esforzando al máximo por eso.
[Ahora, matando y matando, tengo ciento treinta y cuatro de ellos... que, según Yae, solo hizo una estimación aproximada, ¿no es así? Esto es mucho más que ciento uno. Pero, pronto...]
[Nuestra paciencia va a llegar a su límite.]
[…]
Limpiando en las cortinas el fluido putrefacto que manchaba su Espada del Dragón Azul, Al se giró para ver una sombra gigante que se alzaba al final del pasadizo. Un armazón gigantesco que era difícil referir como de tamaño humano, rasgos faciales feos, y llegando a sus tímpanos había una voz que lo ponía de los nervios...
[Esto es entre tú y yo, pero ¿no deberías cambiarte el nombre de “mujer heroica” por el de “inmundicia”?]
[¿Cómo te atreves a hacer esto? ¿Sabes cuánto esfuerzo me costó preparar esta cantidad de cadáveres? Todos formaban parte de la preciada mano de obra para el paraíso.]
[¿Esfuerzo? Lo único que hiciste fue hacerlos beber agua. No pongas cara de haber pasado las mismas penurias que un corredor de maratón, cuando solo estabas en la parada de hidratación.]
Construyendo un paraíso, o lo que fuera, Al no tenía ningún interés en lo que el capo de los cadáveres vivientes tenía que decir. Por desgracia, no recordaba haber sido disciplinado para escuchar en silencio el discurso del villano.
Por eso…
[Te mataré, y me llevaré a la Princesa de vuelta a casa. Pronto, y lo digo en serio, lameré esos pálidos y largos pies.]
[Eres una persona vulgar. No dejaré que te interpongas en nuestra misión.]
Edda se rio malévolamente de Al, que la apuntaba con su Espada del Dragón Azul mientras hablaba de sus obscenos deseos. Al momento siguiente, la piel de Edda, de un acerado color petróleo, se hinchó, y unos aberrantes bultos empezaron a agitarse bajo sus ajustadas y estiradas vestimentas. Al instante, sus ropas se rasgaron, revelando una piel que a Al no le hizo ninguna gracia ver... y horripilantes abominaciones hicieron su aparición.
[…]
Eso... era una acumulación de múltiples cadáveres vivientes que Edda había tomado en su pesada complexión. Manos y pies sobresalían por todo su cuerpo de forma antinatural, y los rostros de los muertos que soltaban gritos silenciosos estaban pegados a lugares como su estómago y su espalda.
Sintiendo repulsión por la presencia anormal y anómala que desprendía, Al curvó el labio dentro del casco, chasqueando la lengua.
[Qué asco.]
[También te convertiré en parte de mí, y te usaré como ingrediente para bajarle los humos a esa mujer. Una vez hecho eso, con el estatus y la belleza de esa mujer, se construirá un paraíso en el subsuelo... ¡Hh!]
[… ¿¡Hk!?]
Haciendo rebotar su cuerpo con gran fuerza, el gigantesco armazón de Edda se acercó a Al con un salto que ignoraba su pesadez. Lo que hizo eso posible, fue tal vez porque ella estaba reutilizando la fuerza muscular antinatural de los cuerpos que había tomado. Volando por el aire mientras regaba su entorno con fluidos fétidos que brotaban de todo su cuerpo... era sin duda el peor enemigo al cual enfrentarse. Si una mente de libre albedrío estaba unida al grupo de cadáveres que encontró bajo tierra, y era justo eso, fue lo que Al acababa de descubrir. Frente al monstruo que había amontonado desastre tras desastre, convirtiéndose en lo que sería la definición de “horrendo”, Al dio un enorme salto que lo impulsó hacia atrás.
Entonces, en su mente, lo que visualizó no fue al enemigo que se acercaba, sino a la damisela en apuros que estaba en un lugar más allá de donde Al y Edda estaban parados.
“Ah, por el amor de Dios, ¿por qué tengo que pasar por una experiencia tan terrible como esta?”
Eso se debía inequívocamente a que tuvo la mala suerte de cruzarse con ella.
Por lo tanto…
[¡¡¡MUEREEEEEEEEEE!!!]
Surcando el aire, el gigantesco cadáver avanzó hacia Al mientras lanzaba su asquerosa saliva y esparcía el agrio hedor que desprendía, extendiendo hacia él sus incontables manos.
Viendo aquello con sus propios ojos, Al dio un ligero encogimiento de hombros, y…
[Para mí y para ti, las estrellas no estaban a nuestro favor.]
13
[Llegas tarde, Al. ¿Cuánto tiempo tienes que hacerme esperar? Incluso la irreverencia tiene sus límites.]
[... ¿De verdad son esas las palabras que hay que decirle al valiente y elogiable yo, que por fin ha llegado aquí después de terminar una feroz batalla?]
Tras abrir la puerta con aspecto embarrado y cubierto de fango, los hombros de Al se hundieron al recibir una antipática bienvenida. Mirando fijamente a Al, la chica que volvía a cruzar las piernas de forma elegante era Priscilla, que había estado asumiendo el papel de damisela en apuros en el lugar más recóndito de la mansión. Sin embargo, no dio señales de verse afectada por la insegura posición en la que la habían colocado, sin desviarse de su habitual arrogancia, muy propio de Priscilla Barielle.
[Yo también soy un completo idiota, sentirme aliviado por eso en lugar de hartarme...]
[Es inevitable que los hombres se arrodillen ante mí. No hay por qué avergonzarse de ello. En todo caso, deberían comprender la lógica de que es algo natural. Entonces, ¿qué hay de ese descortés e insolente cabecilla de los cadáveres vivientes?]
[Me costó mucho luchar contra él, como si de verdad solo tuviera una oportunidad de ganar de una entre diez mil, pero... bueno, pensé que querrías hacerlo tú misma. Me aseguré de que no pudiera moverse y lo dejé allí.]
[Hm, eso está bien. Te alabaré por ello.] dijo Priscilla, levantándose tranquilamente de su asiento y pasando junto a Al con aire confiado. Inclinando el cuello ante su galante figura, dejó escapar un pequeño suspiro y la siguió desde la retaguardia.
Saliendo de la habitación más alejada de la mansión, tras avanzar un rato, llegaron a…
[...uh, aah, uhh...]
[Hmph. Realmente, te has reducido a un estado risible.]
Bajo los pies de Priscilla yacía lo que una vez fue Edda Rayfast, abandonada en el suelo.
Estaba en un estado que podía describirse con una palabra: horrendo. El cuerpo que era un amasijo de cadáveres ya no era una visión agradable, pero la carne podrida que tenía por todo el cuerpo había sido rasurada, y su aspecto era similar al de una oruga con las extremidades arrancadas.
Al había descrito los gruesos dedos de Edda como gusanos, pero ni siquiera era una historia divertida si el cuerpo principal se convertía en eso.
[Planeaba verte sollozar vergonzosamente mientras suplicabas por tu vida, y satisfacerme con eso, pero... Eso no va a suceder con este miserable estado en el que te encuentras.]
[Tú... qué, era... eso. Todo… solo, como, eso...]
Convertida en cadáver viviente, había separado de sí misma las penurias de este mundo. Eso era lo que Edda había presumido, pero ella sacudía la cabeza, las raíces de sus dientes castañeteaban por el miedo que sentía hacia las cosas que le habían pasado. Sabiendo que las palabras de Edda iban dirigidas a Al, que la había reducido a ese estado, Priscilla no le respondió, desenvainando su hermosa espada carmesí del aire.
Inmutable desde que había sido guardada una vez, el intenso brillo escarlata no había vuelto a su hoja, pero…
[Aun suponiendo que el sol se oculte, el calor ardiente no se extinguirá. Tu muerte no será indolora, pero he dicho que te reduciré a cenizas. No faltaré a mi palabra. Soñarás con tu paraíso y te convertirás en cenizas.]
[En… cualquier caso... tú harás lo mismo, como yo...]
Tal vez algo le rondaba por la cabeza, pues estaba a punto de expresar su negativa a aceptar su derrota, hasta que la punta de la espada se hundió en su rostro. Obligada a optar por el silencio, el rostro de Edda, con los ojos muy abiertos, empezó a brillar con un débil color rojo, y acabó por arder en llamas.
Sin más, las llamas que hicieron de Edda su punto de partida se extendieron por el suelo y las paredes, su alcance seguía expandiéndose mientras rogaba por madera que convertir en combustible, para volverse en un gran fuego que incineraría la propia mansión.
[Princesa, ¿no le pasa nada a tu cuerpo?]
Mirando fijamente el fuego creciente, Al hizo su pregunta hacia la espalda de Priscilla.
Era difícil imaginar que Edda y los cadáveres vivientes no le hicieran nada mientras era su prisionera. Por lo que él veía, no había rastros de que la hubieran lastimado físicamente, y su actitud era también la de siempre.
Por eso, no quería pensar que los parásitos creadores de cadáveres vivientes se hubieran abierto paso incluso dentro de Priscilla, pero...
[Te hicieron algo, ¿verdad? Por ejemplo...]
[¿Se trata del zafio tratamiento que existe para modificar mi impecable cuerpo y convertirlo en un “zombi”?]
[…]
Al recibir la mirada de Priscilla, Al se calló instintivamente. Seguía estando bien que sus ojos escarlata contuvieran ira. Aun así, lo que habitaba en su mirada era la emoción de una calma en el mar de la que él no podía leer los detalles.
Hacia Al, perplejo por su mirada sin ánimo, Priscilla aflojó los labios con una bocanada de aire.
[No te preocupes. Suponiendo que la materia extraña me esté erosionando desde dentro, seguro que conoces el método que se utiliza para eliminarla.]
[¿Qué quieres decir con un método para eliminar...? ah.]
Ante la sonriente Priscilla, Al recordó lo que había sucedido en la aldea de Coffleton.
Priscilla había besado a una chica que había sido infectada por el mismo parásito, arrastrando a la fuerza el tentáculo parasitario fuera de su cuerpo. Si se trataba de ese método, entonces sería posible eliminar el parásito que se había arraigado en el cuerpo del huésped. Pero…
[Pero, ni Yae ni Schult están aquí. También quemaste a la única persona de tu mismo sexo que quedaba así que…]
[Idiota. Aunque quedara una parte sin quemar, ¿quién confiaría mis labios a unos podridos en varios sentidos? Basta ya, prepárate. ¿A caso no es asunto tuyo, no te importa lo que me suceda?]
[No, eso es...]
Al dio un paso atrás cuando Priscilla lo miró fijamente. A pesar de eso, la distancia que se creó entre ellos fue fácilmente cerrada por las zancadas certeras de Priscilla, y pronto, Al se encontró acorralado contra una pared.
[¡Espe... espera, Princesa! Mira, la mansión está ardiendo ahora mismo, así que no es el momento para...]
[Has arriesgado valerosamente tu vida por mí. Te concederé tu recompensa por ello. No te muevas.]
Al negó lentamente con la cabeza, pero Priscilla actuó como si su negativa no significara nada para ella. Tocándolo, que estaba cubierto de pies a cabeza de una suciedad que daba asco incluso rozar, sus pálidos dedos engancharon el borde de su casco. Y entonces…
[No importa cuántas veces lo vea, tienes una mirada desagradable.]
Continuando con sus palabras, el estridente sonido de un casco negro golpeando el suelo resonó por toda la mansión en llamas.

14
[Como era de esperar de la Señora. La misma Señora está a salvo, así como su aliado. Es fantástico.]
[Era de esperarse. Aun así, las palabras de elogio son agradables. Me alabarás tanto como quieras.]
[Ja ja ja.]
De vuelta a la habitación privada de Priscilla en la mansión Barielle, Yae estaba postrada ante Priscilla, habiéndosele ordenado que cuidara de sus uñas.
Ahora el plan de Edda Rayfast, la persona que había estado al mando de los cadáveres vivientes, estaba arruinado, así que lo único que tenían que hacer era deshacerse los cadáveres que quedaban en los alrededores, y zanjar la situación de una vez por todas. Desde el principio hasta el final, Priscilla había resuelto casi todos los asuntos con su propia fuerza. Por supuesto, incluso Yae se enorgullecía de cómo había prestado una pequeña porción de su ayuda para ello, pero en realidad era solo una minúscula aportación. Todo había transcurrido en la palma de la mano de Priscilla, y había terminado sin poder salir de allí. Todo, incluyendo a Edda y los cadáveres vivientes, así como la lucha encarnizada de Yae y Al. Eso daba un poco de miedo.
[Tus manos están desocupadas, Yae.]
[…Ups, lo siento, Señora. Estaba repasando las cosas un rato.]
[Ya veo. Es irreverente estar absorta en pensamientos mientras me asistes. ¿En qué has pensado?]
[Eh, verá, es eso. Fue cuando traje de vuelta al Frente Carmesí y me reuní con la Señora y el señor Al delante de la mansión en llamas. En ese momento, ¿no parecía el señor Al bastante inquieto? No, se dice que siempre está inquieto, entonces es cierto, pero...]
Por supuesto, podría pensarse que el regocijo de haber salido con vida de una crisis a vida o muerte aún permanecía en su interior. Después de todo, había sobrevivido contra un enorme número de cadáveres vivientes. Realmente, había pasado por la estrecha posibilidad de una entre diez mil.
A decir verdad, cuando encontró a los dos frente a la mansión, Yae estaba segura de que era el momento que más la había sorprendido en toda su vida. Casi quiso felicitarse a sí misma por no mostrarlo en su rostro.
Era solo que Yae tenía la sensación de que Al estaba percibiendo algo incomprensible, algo que no podía definirse como “euforia”.
[Eso es porque él es un hombre idiota.]
La respuesta de Priscilla parecía una aclaración a las sospechas de Yae, pero en realidad no lo era. Era una respuesta aireada que no hurgaba en el meollo del tema, pero no parecía que fuera a hablar más de ello.
[Ya está, Señora. He terminado con su tratamiento. Como siempre, sus uñas son increíblemente hermosas.]
Con la sensación de estar envuelta en humo, sin poder expresar sus sospechas, Yae terminó de trabajar en las uñas de Priscilla. Sus palabras no eran un halago, ya que la belleza innata de Priscilla realmente brillaba incluso en las yemas de sus dedos. Todo su cuerpo, sin importar qué parte, era la personificación de la belleza. Hasta tal punto que resultaba increíble, incluso tratándose de una mujer.
[¿Debería llamar a Schult ahora mismo? Podrían compartir su cama como siempre...]
[Esta noche no. Tal vez lo haga por si acaso, pero esperaré a ver cómo transcurre la noche. He quemado la materia extraña que había ingerido por el licor, pero, no hay necesidad de atemorizarlo.]
[Ya veo... Los cadáveres vivientes eran demasiado ambiciosos, intentando robarle el cuerpo de esa forma.]
Con el poder de la espada carmesí, Priscilla era capaz de quemar lo que quisiera a su antojo. Era natural que cualquier sustancia que entrara en su cuerpo fuera inmediatamente eliminada. No era difícil imaginársela prendiendo fuego al parásito, justo después de llevarse a los labios el vaso que le habían regalado en un ostentoso alarde.
[Bueno, Señora, debe de estar cansada, así que me voy. Incluso el señor Al parecía agotado, por lo que, por favor, descanse bien.]
[Mhm. Yae, lo has hecho bien.]
Justo cuando Yae estaba a punto de salir de la habitación después de realizar una reverencia, Priscilla pronunció sus palabras de reconocimiento. Al recibirlo, Yae bajó aún más la cabeza y desapareció delante de su Señora sin dejar atrás ni un solo paso. Después, Yae se dio cuenta con una repentina sacudida de que era la primera vez que Priscilla reconocía sus esfuerzos de un modo tan natural.
Significaba que Priscilla había reconocido que lo que Yae hizo hoy era una tarea importante y complicada. Incluso Yae, a la que se había exigido que asumiera un papel indigno de una simple chambelán, sentía que el cansancio y la sensación de plenitud se acumulaban en ella a la misma velocidad.
Si tuviera que ser sincera, hoy era el peor día, pero no era... malo. Desde el día en que empezó a trabajar en la mansión Barielle a las órdenes de Priscilla, Yae pensó que el día de hoy había sido el más interesante que había tenido nunca.
[Realmente, tengo una naturaleza desafortunada, ¿cierto...? Pero...]
Abriendo y cerrando las palmas de las manos, Yae soltó un pequeño suspiro.
Fue divertido. No estaba mal. No era como si ella no pensara: “Si las cosas siguieran así…”.
Por eso…
[Eso es suficiente.]
En medio de la profundidad de la noche, donde la luna estaba oculta por las nubes y no se oían los cantos de los insectos, alguien llamó a Yae por detrás.
[…]
Deteniéndose al instante, conteniendo la respiración y cesando el temblor de su corazón, Yae volteó.
Reconoció la voz. Pero, no recordaba que sonara tan gélida. Al mismo tiempo, sintiéndose aprensiva por la situación actual, Yae esbozó su sonrisa habitual.
[¿Eres el señor Al? ¿Qué haces fuera a medianoche?]
[…]
[Seguro que hoy estás cansado, así que pensé que te estabas tomando un descanso. O, ¿es que no has podido dormir porque estabas muy nervioso, ya que has matado a demasiada gente? Si es así, creo que no deberías estar allí. Si es por los otros chambelanes, entonces te perdonarán aunque hayas hecho algunas cosas con ellos, pero más allá de eso...]
[Es la habitación de la Princesa. Sí, lo sé.]
Interrumpida por un tono de voz tranquilo, Yae cerró la boca un momento. Luego, esbozó la misma sonrisa.
Todavía no. Aún no había terminado. Aún no lo sabía. Aún podía salvar la situación.
Ella aún podía asegurarse de que estos días memorables no terminaran todavía.
[Más aún si lo entiendes. Por supuesto, si te escabulleras en el dormitorio de una mujer, sería al de una hermosa, pero hacerle eso a la Señora es realmente difícil, como cabría esperar. ¿Te gustaría que te acompañara entonces? Verás, con tu arduo trabajo hoy, tal vez luzcas un poco más guapo para mí, aunque solo un poco…]
[Hablas mucho cuando estás preocupada. Pero, eso no servirá de nada. No dejaré ninguna oportunidad.]
[…]
[Lo diré una vez más. Más allá de esta zona está la habitación de la Princesa. ¿A qué vas allí en una noche como esta?]

Al recibir las palabras de Al, que parecía convencido del asunto, Yae bajó los hombros con la respiración contenida. Con una lenta sacudida de cabeza, su atado cabello rojo se balanceó insensiblemente en la noche.
Así pues, esta era la conclusión que la decidida Yae había obtenido de su corazón.
Su intento de engañarlo no surtió efecto, así que probablemente él tampoco escucharía sus excusas. Al lo sabía todo.
[Creía que lo ocultaba perfectamente, ¿cómo lo has averiguado?]
[No te preocupes, lo hacías a la perfección. Es que soy yo el que hace trampa, jugando un poco al despiste y todo eso... Aunque fue una respuesta que no quería creer.]
[Como siempre, tus palabras son complicadas, y no son comprensibles para una persona inculta como yo.]
Con una actitud despreocupada, Al era el hombre que actuaba como un bufón, y siempre se colocaba junto a Priscilla como si la mantuviera a salvo. Yae pensó en ello como si él fuera cauteloso con ella en todo momento, además de considerado.
Yae no sabía si esa hostilidad se debía a que había deducido el objetivo de Yae o si se debía a otra cosa. Como la razón seguía sin estar clara, la relación entre Yae y Al llegaría a su fin.
[...Si pudieras pasar por alto esta situación, no te causaría ningún daño, señor Al …]
[Quizá habría hecho caso, si no hubiera nada que llevarse a cambio.]
[Así es. Sí, es una pena. Pero, si tú lo dices...]
Levantando las comisuras de las cejas, Yae actuó como si fuera a hablar de otro tema mientras extendía el brazo. Al instante, la hoja lanzada voló directa hacia Al, clavándosela en el pecho.
[Guh.]
[No te odiaba, señor Al.]
Mientras Al soltaba un gruñido de dolor al desplomarse, pues la hoja se le había clavado en el corazón, Yae le habló con palabras que no sirvieron de consuelo.
Viendo la muerte de Al hasta el final, causada por el decidido golpe que ella le había provocado, Yae exhaló un corto suspiro y le dio la espalda, intentando retomar su avance hacia la habitación de Priscilla. Priscilla era extremadamente intuitiva, así que no había ninguna posibilidad de que durmiera durante todo el acontecimiento. La posibilidad de que se despertara por la disputa entre Al y Yae seguía ahí. Yae se avergonzaba de decirlo, pero se quedaría sin movimientos que hacer si Priscilla se despertaba. Es por eso que antes…
[Aun así, quería llevar a cabo mi tarea.]
Con la Espada del Dragón Azul sujeta contra su nuca por detrás, Yae dejó caer su kunai de forma despreocupada. Echando una fugaz mirada hacia atrás, pudo ver al hombre del casco negro azabache de pie detrás de ella.
El kunai que supuestamente se le había clavado en el pecho cayó al suelo, y Yae vio que la punta de la hoja se había enterrado en un trozo de madera que Al había escondido en la zona del pecho de su ropa. Era como si supiera adónde apuntaba Yae cuando había lanzado el kunai.
[¿No te lo dije? Hice trampa. Justo en el momento en el que me matas a mí también, y todo eso.]
[No lo entiendo... Si te digo que me voy a rendir, ¿vas a parar?]
[...El caso de que realmente estuvieras planeando pasarte a nuestro bando, lo he considerado. Hasta esta mañana.]
Yae sabía que estaba pidiendo demasiado cuando le dirigió la pregunta, pero lo que Al le devolvió mientras sonaba dolido, fue una respuesta extraña.
Dijo que habría llegado a una conclusión diferente si hubiera sido hasta esta mañana. Dijo que podría haber considerado la sugerencia de Yae. Como sea, no había nada por lo que preocuparse ahora. Lo que lo provocó fue…
[En la cima de la montaña podrida y embarrada de cadáveres, Priscilla me eligió a mí. Por eso yo la volveré a elegir. Yae Tenzen. Tú eres la mujer que matará a Priscilla. No dejaré que la mates dos veces.]
[Pero… No lo he conseguido ni una sola vez…]
[Sí, tienes razón. Para que quede claro, cortaré de raíz lo que es incierto.]
Al oír las palabras de Al, que escapaban a su comprensión, Yae sintió que el miedo se instalaba en su piel. No era hacia la hostilidad que le haría a uno imaginar su muerte. El sentimiento se dirigía hacia la fijación anormal que albergaba Al, algo insondable para el resto de la gente. No era por su sentido del deber, ni porque fuera su trabajo. Confiando en su propio instinto y habilidad, Yae pensó que tenía que matar a aquel hombre.
[Lo siento. Para ti y para mí solo fuimos desafo... no.]
[¡Sshhh…!]
En un instante, Yae giró su cuerpo, con el objetivo de golpear la tráquea de su oponente con la hoja que salió de su manga. En ese momento, justo cuando la reluciente hoja negra estaba a punto de alcanzar su objetivo, se oyó una voz.
Una voz.
[… las estrellas no estaban a nuestro favor.]
Al día siguiente, una chambelán de la mansión Barielle renunció a su trabajo por asuntos familiares.
Fue una manera extremadamente grosera de renunciar a su trabajo, ya que la chambelán no había dicho una sola palabra a su Señora, Priscilla, al respecto. Sin embargo, cuando Priscilla recibió el informe, lo único que dijo fue: [Ya veo] y no pronunció más que eso.
La chambelán que renunció estaba angustiada por la emergencia que había ocurrido un día antes en la Baronía Barielle, era de lo que había estado parloteando el hombre con casco de acero que servía a Priscilla. Los otros chambelanes que eran todos sus colegas habían simpatizado fuertemente con ella, pero como estaban enterrados bajo el trabajo que les deparaban sus ajetreados días, su interés por su antigua compañera había empezado a desvanecerse.
Solo el joven mayordomo de cabello rosa seguiría lamentando no haber podido despedirse.
Como asunto zanjado, su existencia seguiría oculta por las penumbras de la historia.
15
El inusual evento en la Baronía Barielle ocurrió y fue resuelto. Esto, era algo así como una adición superflua a eso.
[…]
En el fondo de la oscura y húmeda área, existía una pequeña silueta. La silueta era la de una única chica con aspecto infantil, que había sido mantenida cautiva con rígidas ataduras.
En medio de la oscuridad, la niña no movía un solo músculo, esperando en silencio el paso del tiempo.
Al poco tiempo, los ratones empezaron a congregarse bajo ella, con un leve repiqueteo audible a su paso. Aunque eran ratones, si solo había uno o dos, no dejaban de ser adorables. No obstante, el número de ratones en esta zona era incalculable.
Superando los cien, doscientos, mil y dos mil, los ratones que rodeaban a la chica cautiva en la oscuridad eran inmensos en número, permaneciendo inmóviles sin soltar un solo grito. Si esta cantidad de ratones se juntara, serían capaces de devorar a una niña pequeña en cuestión de minutos, sin dejar ningún hueso. Sin embargo, el propósito de la reunión de los ratones no era en absoluto porque la vieran como una presa.
En todo caso, era lo contrario. Los ratones no la veían como una presa, sino que la veneraban como algo especial.
Esa era la lealtad que se dirigía hacia una reina, la que solo podía establecerse mediante el dominio de su instinto, que era un mal imposible que se había logrado. Los ratones, habiendo perdido su libre albedrío, miraron a la joven con ojos idénticos a los de un cadáver. Describir su devoción como algo dirigido a una reina, palidecía en comparación con lo que realmente era. En lugar de estar dirigida a una reina, era más bien algo que apuntaba hacia un dios... hacia el “creador” que los había engendrado.
Tomando el control de todo, utilizando todo lo que podríamos utilizar y creando un paraíso, daremos la bienvenida a nuestro creador.
Y así, comprendiendo el caos inesperado de sus queridos hijos, la joven siguió esperando en silencio el paso del tiempo. Hasta entonces…
[… Deliberación: Requerida.]
FIN
Créditos:
Traducción Japonés-Inglés:
[Negi]
https://docs.google.com/document/d/1bW8MRd6glwdLFYrlVb
REtr2kB_50EWLPO4qXCxlNJsc/edit
Traducción Inglés-Español:
[Evil Eye Translations]
https://www.facebook.com/profile.php?id=100093851355454
1.2.1.0.8