El problema de asuntos internos de Ot To Suwen
EL PROBLEMA DE ASUNTOS INTERNOS DE OTTO SUWEN
1
―Otto-san, me parece algo injusto que siempre viaje con Subaru-sama.
Con tal comentario más violento, llamó y detuvo a Otto una chica maid.
La novata de la mansión, tal expresión ya era inapropiada para lo habilidosa que era. La chica, quien durante este año se había ganado el mérito suficiente para portar el título de maid, se llamaba Petra.
Ahí estaba Petra, con su cara encantadora, sus lindas mejillas enrojecidas, haciendo una linda afirmación, a la cual Otto sonrió amargamente.
El lugar era el pasillo de la residencia Roswaal, el tiempo era temprano por la mañana.
Aunque estaba caminando por el sitio con la intención de relajar su cuerpo, endurecido después de haber terminado con el papeleo que le había tomado toda la noche, su cabeza somnolienta terminó recibiendo tal acusación inesperada.
―No, me parece absurdo que me digas eso, o, mejor dicho, es que es vis maior.3
―¿De verdad lo es? ¿Entonces no le ha estado pidiendo en secreto al Maestro que, cuando Subaru salga, por favor lo deje salir junto con él?
―¡Eso significa que crees que soy un tipo bastante desagradable, ¿no es así?!
Ante los ojos dudosos de Petra, Otto hizo una exclamación cargada con una negación de fuerza extraordinaria.
――El foco de las sospechas de Petra estaba en el plan de visita a la Ciudad de las Compuertas, decidido abruptamente ayer.
Francamente, aparte de la oportunidad de brincar al bolsillo de un oponente bien preparado, no había mucho que le interesara a Otto en este asunto. Pero, aun así, parecía ser objeto de envidia para Petra.
Porque, después de todo, en la lista de aquellos destinados a la Ciudad de las Compuertas ‘Priestella’, el nombre de Petra no estaba.
―Pero creo que para eso no hay otra opción. Después de todo, Petra-chan, ya tienes planes de asistir a la reunión dirigida por el margrave desde hace tiempo.
―Pues… entiendo. O sea, eso yo misma lo sugerí.
Dejando un toque infantil al final de la oración, Petra pellizcó, de manera frustrada, el delantal de su uniforme con sus dedos.
3: "Vis maior" es una expresión latina que significa "fuerza superior" o "fuerza mayor" y se refiere a un evento
irresistible e imprevisible que libera a las partes de un contrato de sus obligaciones.
Petra, quien no los acompañaría a Priestella, tendría el rol de pararse al lado de su amo, Roswaal.
Eso era verdad, era algo que Petra misma había propuesto, y también un desafío. Por lo tanto――,
―¿Qué tal si yo hablo con el margrave entonces?
―Está bien. Ya no soy una niña, no puedo estar causando problemas por este tipo de cosas.
Cuando Otto hizo una distracción ligera, Petra respondió claramente con su propia determinación. Cuando Otto comenzó a reír al escuchar esa decisión libre de dubitación, ‘¡Aaah!’, los ojos de Petra se abrieron de más,
―¡Otto-san, qué malo! ¡Me acaba de poner una prueba!
―Jaja, perdón. Pero respondiste de inmediato, ¿no? Eso me ha aliviado.
Mientras Petra mostraba su enojo con las mejillas infladas, Otto se disculpó con ella.
Pero en el fondo de su disculpa, el alivio que sentía por la decisión de Petra era genuino. Aunque se sentía mal por Petra, él quería que ella se desempeñara de manera excelente en su rol como vigilante de Roswaal en la reunión.
Durante este año, la conducta de Roswaal no mostraba puntos cuestionables. Desde la revelación de sus planes en el ‘Santuario’, Roswaal había estado enérgico, realmente realizando su trabajo como patrocinador.
La reunión de esta vez era fruto de dicho año. Ya que Otto no podría acompañarlo a ese lugar, si hablaban de a quién asignar en su lugar, era Petra.
Subaru, Emilia, por supuesto Ram, e incluso Garfiel y Frederica, siendo los afectados por su plan, demostraban tolerancia hacia Roswaal. Eso era una virtud de ellos.
No perdonarlo era mucho más fácil que perdonarlo. A Subaru y los demás, quienes lograban hacerlo naturalmente y sin agobiarse, Otto les tenía aprecio.
Por lo tanto, él y Petra, personas capaces de no perdonar a Roswaal, eran necesarias.
―Te pido amablemente que hagas de niñera para el margrave. Petra-chan, eres la única que puede hacerlo.
―Bueno. Lo iba a hacer bien aunque no me lo dijera. …Y usted, Otto-san, cuide bien de mi parte a Subaru y a Emilia, por favor. Beatrice-chan también, que si le quita la vista de encima un momento, se desaparece, ya ve. Y Garf-san también… bueno, él es bastante fornido, así que tal vez no haya de qué preocuparse.
―Hmmm, esa es una evaluación increíblemente precisa. Por cierto, ¿estás preocupada por mí?
―¿――? Otto-san, usted va a estar bien, ¿no? ¿Por qué me preocuparía?
―¡De verdad no entiendo por qué me miras con esa cara tan confundida, ¿sabes?!
Al serle dirigido un rostro que parecía más incrédulo de lo imaginado cuando él solo estaba preguntándolo como prueba, los lamentos de Otto crearon alto eco dentro de la residencia Roswaal por la mañana.
2
―Otto-sama, ¿me permite ahora?
Junto con un toque de puerta refinado, habló e hizo su aparición la hermosa maid líder de largos cabellos dorados.
Quien llegó, con sus ojos verdes viendo abajo y actuando con un aire pesaroso, fue Frederica, la mujer que dirigía las tareas de las maids en la residencia Roswaal.
Al verla visitar su espacio de trabajo, ‘Vaya’, Otto levantó las cejas.
―Frederica-san, qué inusual que venga a esta hora. ¿No iba a ser pronto el receso de fin de hora de fuego?
―Así es. Hoy también prepararé té y postres horneados en el comedor. Petra también horneará suglés tan esponjosos que… Perdone. Me he desviado del tema.
Frederica avanzó al centro del cuarto, poniendo una mano en sus labios, un poco avergonzada.
Ella mostraba ese gesto frecuentemente, al reír o cuando miraba a alguien de frente. Probablemente lo hacía para ocultar sus colmillos, los cuales eran ligeramente más afilados que los de un humano, y parecía haber terminado convirtiéndose en un hábito.
A Otto no le causaba ninguna molestia en particular, pero quizás era algo de lo que se preocuparía una mujer madura. Después de todo, cuando ella sonreía sin contenerse, su parecido con Garfiel se tornaba evidente, pues eran hermanos.
―Otto-sama, parece que Petra le ha sido descortés temprano en la mañana, por lo que ofrezco disculpas de mi parte también. Ya me he asegurado de darle una firme advertencia a esa niña.
Y mientras Otto reflexionaba sobre tal asunto, Frederica inclinó su cuerpo muy profundamente y le habló. Al escuchar lo que dijo, ‘No, no’, Otto sacudió su cabeza hacia los lados,
―Qué exageración. Lo que hizo fue tan leve que ni siquiera lo llamaría descortesía. Petra-chan y yo siempre conversamos de esa manera… aunque yo mismo me pregunto si eso es sano, honestamente.
―Vamos, Otto-sama, me parece obvio que usted cree lo mismo que yo, ¿o me equivoco? Simplemente no es correcto. Me alegra que esa niña esté rodeada de tantas personas bondadosas, pero, si sigue aprovechándose de ellas de esa manera, su crecimiento se detendrá.
―Pues, me da la sensación de que, más que consideración por mí, lo que tiene es preocupación por el futuro de Petra-chan.
―Oh, no, eso no es… algo que pueda negar por completo.
La mirada recriminatoria de Otto hizo que Frederica sonriera embarazosamente, como si se sintiera derrotada.
Aunque fue valiente de su parte no ocultar eso, era un hecho bien conocido que Frederica adoraba a Petra y estaba tratando de educarla para ser una maid espléndida. Petra estaba muy interesada en mejorar sus habilidades, y, naturalmente, idolatraba a la mujer que, además de serle cariñosa, era buena en su trabajo, por lo que se podía apreciar que tenían una buena relación, incluso desde un punto de vista ajeno.
―Entonces, ¿su desempeño en la próxima reunión será algo como la culminación de su crecimiento?
―Así es. Aparte, esa niña siempre aprende tan rápido… No puedo quitarle los ojos de encima.
Cabeceando, Frederica habló orgullosamente sobre cómo había crecido su aprendiz preferida. Otto cerró un ojo al ver su expresión calmada, y después sacó cierto tema,
―Y bien, ¿acaso es en realidad su hermano por quien está más preocupada?
―…Veo que no es posible ocultarle nada, Otto-sama. Así es, es correcto. A diferencia de Petra, quien está donde puedo verla, Garf está donde mis manos no alcanzan.
Mencionando sus preocupaciones infinitas, Frederica puso su mano en su amplio pecho y dio un suspiro. Incluso Otto comprendía la zozobra de Frederica y sus infinitas inquietudes sobre su hermano menor.
En el caso de Garfiel, la ansiedad estaba más dirigida a sus alrededores que a la persona en cuestión. Durante este año, Otto había estado teniendo varias dificultades a causa de aquel chico temperamental y poseedor de fuerza extraordinaria, al cual veía como su hermano menor.
Aunque, afortunadamente, Garfiel adoraba a Otto como un hermano mayor y le mostraba respeto.
―Lo que a mí me preocupa es si la conducta de ese niño le causará problemas a Emilia- sama. Hasta ahora, ese niño nunca ha tenido interacciones significantes con los demás involucrados en la Selección Real, pero…
―Esta vez, deberá hacerlo. Ciertamente, eso también me pone ansioso a mí…
Aun así, Otto no sentía tanta ansiedad por Garfiel como lo hacía Frederica.
A pesar de las apariencias, Garfiel tenía la prudencia necesaria para mantenerse callado cuando se trataba de asuntos fuera de su propia área de conocimiento. Si tuviera que elegir entre los dos, diría que ese tipo de ansiedad la sentía de forma mucho más grande por Subaru.
Alborotar la escena con comentarios innecesarios era su especialidad. Increíblemente, muchas veces las cosas resultaban bien en virtud de ello, pero eso no hacía que parara el intenso dolor en el estómago de Otto.
―Aunque Emilia-sama tampoco es la excepción en ese aspecto.
―…Otto-sama siempre tan afligido. Pero, aun así, Otto-sama, debo disculparme por hacerlo lidiar con mis preocupaciones sin su consentimiento.
―No hay problema, siempre lo… Ay, no, sueno como si estuviera explotándome a mí mismo.
―Jeje. Pero sepa que aquí apreciamos su trabajo. A fin de cuentas, esta facción simplemente no funcionaría si usted no estuviera, Otto-sama. Se lo pido amablemente, por favor, cuide de todos… en especial de mi torpe hermano.
Mientras Otto rascaba su mejilla con su dedo, Frederica hizo una reverencia cortés ante él, una sonrisa en su rostro.
Otto admiró su postura, tan hermosa que podría fascinar a cualquiera, a la vez que quedó profundamente conmovido por sus palabras.
―Oh, Otto-sama, ¿qué ha ocurrido?
―No lo sé, ser tratado con tanta decencia ha movido mi corazón más de lo que imaginé… Lo juro, daré lo mejor de mí.
Firmemente, ante la sorprendida Frederica, Otto levantó su puño, mostrando el entusiasmo que acababan de darle.
Y luego, con su puño apretado, Otto inclinó su cabeza,
―Por cierto, Frederica-san, ¿está preocupada por mí?
―¿Por usted, Otto-sama? Um, eso, ¿qué quiere decir…?
―¡¿Hasta Frederica-san me trata así?!
Así fue como ver en ella esa perplejidad, genuina y carente de malicia alguna, dejó a Otto herido.
3
―Otto, estaré entrando cuando yo quiera. Solo te preparé té, así que agradéceme.
Cuando Otto regresó a su cuarto de trabajo después de tomar un baño, fue recibido por tal voz y actitud insolentes.
Dentro del cuarto, sentada sobre el escritorio de Otto mientras inclinaba elegantemente una taza de té, estaba una chica maid de cabello rosa y dulzura cortante, Ram.
Ante su actitud mayestática y respeto por el prójimo inexistente, Otto sonrió amargamente y se encogió de hombros.
―Llegado a este punto ya no es sorprendente, pero, ¿por qué ahora? Supongo que, en un día normal, a esta hora estaría recibiendo tratamiento con el margrave, ¿o me equivoco?
―Sí, así es. Así que hice un espacio en mis horas de trabajo y decidí pasarme por aquí. E incluso durante esta pausa, mi tiempo con Roswaal-sama se está haciendo picadillo. Espero que estés consciente.
―Qué terrible manera de decirlo.
Aun así, comprendiendo que tales cosas eran típicas de Ram, Otto tomó la taza que había sido puesta para él en el escritorio y la llevó hacia su boca. Un aroma y sabor exquisitos pasaron por su nariz y lengua, haciéndolo entrar inadvertidamente en un trance.
―En serio. Ram-san, su habilidad como servidora de té es de primera clase.
―Es natural. Aparte, las demás virtudes de Ram son como estrellas. Pero, como es corto el tiempo por el que pueden asomarse desde un cielo limpio de nubes, deben escoger sobre la cabeza de quién posarse.
―Eso también lo sé.
―…Eso no me sirve. No esperaba más de Otto.
―Disculpe, ¡¿no puede parar con eso de despreciar todo con mi nombre?!
―¡Ja!
Resoplando, Ram hizo a un lado el reclamo de Otto, cerrando toda oportunidad de discutir. Aunque, en su estado mental actual, ya se resignaba a aceptar incluso eso como algo cotidiano, los labios de Otto formaron una sonrisa inmediatamente después.
―¿Qué? Si disfrutas que te reprendan, eso es ya no tener remedio.
―Entonces está consciente de que me está reprendiendo… No, es que, hoy ha habido un montón de personas con tareas para mí. Ram-san, usted también, por supuesto, viene por algo sobre Priestella, ¿no es así?
―…
Entrecerrando sus ojos color rosa claro, Ram mantuvo el silencio ante las palabras de Otto. Pero el simple hecho de que no lo negara fue suficiente como apoyo para la conjetura de Otto.
Ella también supo de inmediato que su silencio solo era una afirmación, y dejó escapar un suspiro,
―…Estamos lidiando con quien es una candidata decente de la Selección Real. En cambio, es la no-decente Emilia-sama quien irá a verla en persona. Tu deber como su asesor es importante, ¿entiendes?
―¿No debería decirlo de una manera un poco más suave…?
―Los hechos no van a cambiar solo porque los endulcemos. Además, las acciones que tome Emilia-sama también afectarán al mayor anhelo de Roswaal-sama. ――Y tampoco quiero ver su cara cuando falle y se desanime.
―…
―¿Qué?
―No, solo me pregunto, la cara que no quiere ver, ¿es la del margrave o la de Emilia- sama?
Viendo a Otto inclinar su cabeza, ‘Tch’, Ram chasqueó su lengua fuertemente y sin piedad. Ya que los sentimientos de Ram eran difíciles de entender, no era fácil darse cuenta, pero ella era genuina y amorosa.
De hecho, Subaru, Garfiel y hasta Beatrice alcanzaban a ser personas a las que ella les tenía consideración.
―Como sea, ya te advertí. Parece que ya terminaste de beber el té que Ram preparó personalmente. Piensa en que ya se te pagó la recompensa por adelantado, y ve a dar todo lo que tengas en ti.
―¿Qué, esto fue para sobornarme? Al menos quiero una taza más para cuando regrese.
――Entonces está decidido.
Ram, bajándose ágilmente y con delicadeza del escritorio, relajó sus labios. Ante esa sonrisa, Otto suspiró con la sensación de que había sido meticulosamente derrotado.
Y, aprovechando que ya estaban con los acuerdos, Otto miró de vuelta la sonrisa de Ram,
―Por cierto, también será la primera vez que yo me involucre de verdad en la Selección Real, ¿no está preocupada?
―Deja de preguntar cuando ya sabes la respuesta. Qué desagradable.
4
―¿Será que, después de todo, confían en mí?
Recordando sus conversaciones con Petra, Frederica y después Ram, Otto inclinó su cabeza pensando.
Ya que se había quedado despierto durante toda la noche anterior, hoy planeaba descansar un poco, antes de que llegara la mañana. Antes de hacerlo, Otto se lavó los dientes en el baño y fue de regreso a su habitación.
―Ah, Otto-kun.
Y a quien se encontró en el camino hacia su cuarto fue a Emilia vestida con ropa para dormir.
Con su largo cabello plateado empapado en agua, Emilia era hermosa sin exagerar cuando sonreía. No era nada irracional que Subaru enloqueciera, pensó Otto desde un punto de vista objetivo y sonrió amargamente.
―Emilia-sama, ¿ya irá a dormir pronto?
―Sí, así es. Tengo que descansar muy bien y prepararme para ir a Priestella. Sé que a veces puedo terminar causando muchos problemas, pero voy a esforzarme como nunca y dar todo lo mejor de mí.
Apretando su puño frente a su pecho, Emilia habló con entusiasmo y una apariencia llena de ánimo. Después, ‘Pero’, ella continuó,
―Si estás tú, Otto-kun, de seguro va a estar bien. Porque dependemos muuucho de ti.
―…
―Bueno, buenas noches. Otto-kun, ten dulces sueños.
Sacudiendo su mano, Emilia le dejó una sonrisa a Otto, le dirigió la espalda, y así fue retirándose. Mientras veía su espalda alejarse, Otto sacudió lentamente su cabeza hacia los lados,
―Parece que, después de todo, confían en mí.
Y así, dejando escapar una voz ligeramente elevada, dio un profundo y largo suspiro viendo hacia el frente.


5
―Ya veo… Hm, entiendo. Lo recordaré, maestro.
―Por favor, hágalo. Bueno, regrese directamente, por favor.
Sonriendo amargamente ante la respuesta ambiguamente traviesa de Emilia, Otto se separó de Subaru y los demás, y comenzó a caminar hacia la ciudad de agua.
Ese intercambio en el camino de regreso servía también como reunión de evaluación, después de que las negociaciones en la Compañía Muse terminaran siendo canceladas.
Recibiendo la invitación de Anastasia, habían llegado a Priestella todos los miembros de la facción de Emilia. Otto había propuesto separarse de quienes eran sus semejantes, como Subaru y Garfiel, e ir solo a hacer algo diferente.
Como razón ostensible, decía que era para vincularse, como el Ministro de Asuntos Internos de su facción, con una persona influyente en la ciudad. Y de hecho, sí planeaba cumplir con tal función, pero su razón primordial no era aquella.
Respirando sutilmente, Otto dirigió su vista hacia la bolsa que tenía en sus propias manos.
Era un bolso de mano sin nada extraordinario, pero la cuestión era su contenido. Dentro de la bolsa ligera se encontraba un solo libro——del cual, además, la mayoría de páginas estaban quemadas y reducidas a montones de cenizas.
El nombre del libro era el ‘Libro de la Sabiduría’——más precisamente, esa cosa solía ser el ‘Libro de la Sabiduría’.
Una gran parte de la encuadernación estaba carbonizada, y ni una sola página permitía consultar su contenido. Estaba en una condición en la que era más preciso llamarlo un bulto de papel quemado que llamarlo un libro, haciendo desconocidos los pensamientos de la persona que lo cargaba.
En realidad, incluso la razón de Otto apelaba para que se deshiciera en seguida de algo como ese libro de brasas. Pero también su instinto apelaba para que no lo hiciera.
Atrapado entre su razón y su instinto, Otto dio un suspiro muy, muy profundo.
Al pensar en lo que vendría después de esto, se sintió bastante desmotivado. —— Porque, de todas formas, a partir de esto, Otto estaría tratando de, irónicamente, restaurar el libro del que bien sabía que debería deshacerse.
——El nombre del ‘Maestro Restaurador’ Darts era un nombre famoso en su campo.
Era una persona que se dedicaba, como ocupación, a reparar artículos rotos o dañados, y se decía que usaba una magia de extrema rareza, llamada magia de restauración, para hacer que cualquier objeto volviera a ser lo que era originalmente.
Había una gran cantidad de artesanos que reparaban obras de arte, como pinturas, con sus técnicas; pero la magia de restauración parecía ser algo que él había ideado por cuenta propia, y algunos rumores decían que había regresado incluso un ‘Meteor’ a su estado original.
La ubicación de Darts estaba en la Ciudad de las Compuertas Priestella——y en consecuencia, Otto, guiándose por sus rumores, había traído el misterioso escrito de brasas hasta esta ciudad de agua.
Si el escrito misterioso era restaurado por sus manos, quizás podría inspeccionar el contenido del libro. Pero con solo devolverlo a su forma original, existía el riesgo de que su contenido no pudiera ser leído. Por lo tanto, para poder restaurar hasta la función original del artículo, era necesario el poder del ‘Maestro Restaurador’ Darts.
Los rumores lo pintaban como una persona difícil de complacer, pero debía hallar alguna forma de hacerlo ceder.
Era absolutamente necesario hacerlo, reparar el ‘Libro de la Sabiduría’, y verificar su contenido.
Solo si podía hacer eso, Otto Suwen podría aceptar su posición actual.
——Aquello sería la ceremonia necesaria para erigirse a sí mismo como el Ministro de Asuntos Internos de la facción de Emilia.
6
——Una historia de aquellos tiempos, cuando el tema del viaje a Priestella aún ni siquiera había salido.
—Estamos a estas horas de la noche, ¿y sigues trabajando?
Al serle repentinamente dirigida la palabra por detrás, Otto volteó hacia atrás.
El tiempo era tarde por la noche, el lugar era el comedor de la residencia Roswaal. Era aquel momento del día en el que era tan tarde que se decía que hasta las plantas dormían; pero, para una parte de los residentes de la mansión, solo era el inicio de sus horas de actividad.
Otto era de esa parte, y de esa misma parte también era la chica parada detrás de él—
—,
—Así que también estaba despierta, Ram-san.
―Por supuesto. Más me vale, aunque sea un poco, aligerar la carga de Roswaal-sama, o si no él solo se estará esforzando de más.
Al ver a Ram sosteniendo sus propios brazos mientras decía eso, Otto sonrió amargamente.
Habitualmente, esta chica de uniforme de maid aparentaba una disposición descuidada, frívola, e indolente respecto al trabajo; pero en realidad, era ella quien servía al dueño de la mansión con más pasión que nadie.
Aunque no era algo de admirar, eran muchas las veces en las que Otto, completamente inmerso en su papeleo, había visto la salida del sol desde su cuarto. Al igual que en el caso de él, era tarde cuando las luces del cuarto de Ram desaparecían.
Sabía que eso era un vestigio del hecho de que ella se llevaba el trabajo a su cuarto y seguía apoyando a su amo.
Por supuesto, si él señalaba eso, ella reaccionaría sin más——,
―Qué desagradable.
―¡Qué, pero si no he dicho nada, ¿por qué me ha mirado al decir eso?!
―Deja de hablar en voz alta. Sería una molestia si despertaras a Emilia-sama o Petra. Si quieres desahogarte, puedes ir a golpear la puerta del cuarto de Barusu todo lo que quieras.
―No voy a hacer algo tan malicioso. ¿…Ram-san, también beberá cofé?
Encogiéndose de hombros ante los insultos de Ram, Otto sacudió su propia taza y le enseñó el contenido.
El contenido de la taza era cofé——una bebida simple, hecha de granos tostados que se pulverizaban y disolvían en agua caliente. El sabor era controlado por la calidad de los granos y el modo de preparación, pero Otto no le prestaba mucha atención al sabor.
Su objetivo principal al beber cofé era su cualidad como la mejor bebida para combatir el sueño.
En su vida diaria como comerciante, que ocupaba una parte considerable de toda su vida, su cuerpo se había acostumbrado totalmente a una vida sin sueño.
En los negocios, cosas como conducir un carruaje de dragón, compitiendo contra la velocidad mientras ignoraba el sueño, eran el pan de cada día.
En esos días, el poder del cofé era sumamente indispensable para abrir de golpe sus párpados caídos, haciéndolo algo similar a un compañero de armas para Otto.
Observando al compañero de armas de Otto, ‘Ja’, Ram resopló,
―No lo necesito. No sé qué haces para poder beberte esa agua lodosa.
―He oído esa expresión muchas veces, pero es la primera vez que encuentro a alguien que realmente la usa.
Viendo a Otto sonreír amargamente y beber el cofé, Ram no dijo nada. En cambio, ella pasó al lado de Otto, sacó hojas de té de la alacena, y comenzó a preparar su propia porción de té.
Que el sabor era influenciado por el modo de preparación era verdad para el té y el cofé por igual. En ese aspecto, el modo de preparación de té de Ram era tan refinado que podría retirar lo anteriormente dicho, e incluso Otto reconocía claramente la diferencia en el sabor.
Después, Ram vertió el té en una taza preparada y echó un vistazo a Otto,
―Si dejas esa agua lodosa que tienes en las manos, te permitiré beber el té de Ram.
―Hmmm, una oferta atractiva. Aunque hay algunas objeciones que me gustaría hacer sobre que lo trate como agua lodosa.
―Para mí es solo agua lodosa. Incluso la ropa de Otto es verde, y encima sorbes agua lodosa, al igual que la hierba.
―¡Entiendo! ¡Vamos, ya tiré el agua lodosa! ¡Prepáreme té, por favor!
Rindiéndose ante su lengua afilada, Otto fue a tirar a su compañero de armas por el fregadero. Aunque el resentimiento de su derramado compañero de armas se escuchó desde el drenaje, Otto se cubrió los oídos para no escuchar absolutamente nada.
Viendo eso desde un lado, Ram empujó la taza humeante hacia Otto,
―Sórbelo.
―¡No lo diga así!
Recibiendo esa oferta tan propia de Ram, Otto tensó sus mejillas y aceptó el té.
Cuando lo llevó a su boca, una dulce fragancia pasó por sus fosas nasales. Tal y como pensaba, el modo de preparación de Ram tenía algo diferente.
Y——,
―—Parece que tu desconfianza hacia Roswaal-sama aún no ha disminuido mucho.
Se le hizo saber que el sabor del té no podía ser lo único que tenía algo diferente.
Cuando escuchó esas palabras, Otto tragó lentamente el té que tenía en su boca. Tampoco era algo particularmente sorprendente. Podía estar seguro de que no era mera coincidencia encontrarse con ella aquí esta noche.
Más que nada, era que, siendo Ram, ya habría predicho las respuestas de Otto.
―Supongo que es natural. ¿Es posible no tenerle desconfianza al margrave?
―Alguien con una magnanimidad tan grande que da escalofríos y una amabilidad destacable no lo haría.
―Una persona que posee tales cosas… tengo a alguien así cerca y, honestamente, me da dolor de cabeza.
La precisa metáfora de Ram hizo doler la cabeza de Otto de una forma no metafórica.
Era difícil olvidar el incidente que, aproximadamente un año antes, Roswaal había ocasionado a su facción, población y todo aquel relacionado con él, en general. Hasta era más pertinente referirse a aquello como una felonía imperdonable.
Y a pesar de todo, Subaru y Emilia habían perdonado la felonía de Roswaal. ——No era como si en realidad lo hubieran perdonado formalmente, pero su tratamiento hacia él no era diferente de una exoneración.
Aunque, por supuesto, definitivamente no podían perder la posición que Roswaal tenía en la Selección Real como margrave.
―Incluso sin eso, me temo que parece que la conclusión sería la misma…
―Los intereses propios no son todo lo que mueve a la gente. Vivir pensando que, solo porque para uno mismo es así, es igual para todos los demás es prueba de una mente pobre, Otto.
―Es un argumento impresionante, pero, ¿y si esto fuera un asunto no relacionado con el margrave?
―Todos tienen sus propias razones para perdonar. Barusu no importa, pero me pregunto cómo se siente Emilia-sama sobre eso.
La pureza de la despreocupada actitud de Ram lo dejó sin más palabras que decir. En cualquier caso, Otto no podía volverse tan indefenso como Subaru, Emilia y los demás. Que no debía hacerlo, también pensaba.
―Ya ha pasado alrededor de un año desde que empecé a ayudar con el trabajo aquí en la mansión, ¿no es así? Ya no puedo evitar que mis hombros se pongan rígidos con lo mucho que me desvelo. ¿Por qué será que, aunque tengo un techo, una cama y un cuarto, mis horas de sueño han disminuido más que cuando era comerciante ambulante?
Fuera comerciante ambulante o trabajara bajo otra persona, en cualquier lugar y sin importar lo que hiciera, Otto estaba destinado a cargar con problemas. ——Quien lo había dicho era, probablemente, el hermano mayor de Otto.
En su momento, era algo de lo que solo se reía; pero ahora se había convertido en su situación, de la que era bastante incapaz de reírse. Y aun siendo consciente de ello, Otto se atrevió a pensar en reírse.
Si, de cualquier forma, eran problemas con los que no podría evitar cargar, al menos los cargaría todos bien mientras reía.
―Me gusta mi vida ahora, tal y como es. Incluso aunque sea un ambiente en el que, por ejemplo, mis horas de sueño sean horriblemente cercenadas, o me hagan tratar a mi compañero de armas de tanto tiempo como agua lodosa.
―Ram solo hizo una oferta. El que apuñaló por detrás a su compañero de armas fue Otto.
——Por eso, yo lucharé con todo lo que me sea posible para proteger este ambiente.
Sin seguir la broma de Ram, Otto bebió todo el contenido de la taza y habló. Recibiendo esa mirada de Otto directamente desde el frente, Ram bajó sus ojos color rosa claro.
―Otto protegerá dudando. Por lo tanto, Ram protegerá el presente creyendo.
―…
―Nos dividiremos los roles. Ram estará a cargo de creer, Otto estará a cargo de dudar como mala persona.
Al ser llamado una mala persona, Otto experimentó un sentimiento inquietante.
Pero, ¿sería incluso tal evaluación apropiada si se comparaba con aquellos cuyas someras imágenes surgían en su cabeza?
―Aun así, creo que ya hay muchos a cargo de creer en esta mansión…
―Por eso es que Otto es necesario. La persona correcta en el lugar correcto. …Esa expresión da una impresión de utilidad muy fuerte. Mejor hablemos de algo como una cubeta para una gotera.
―Emilia-sama se enojará. Que su nivel de gratitud hacia las cubetas es extrañamente fuerte.
Escuchando esa respuesta de Otto, Ram recogió la taza vacía y la llevó hacia la cocina. Otto se rascó la cabeza mientras contemplaba su pequeña espalda.
La plática había terminado, decía su espalda. ¿Precaución ligera o advertencia? ¿O solo quería transmitir ‘te estoy viendo’, como lo haría Ram?
―Otto.
De repente, una voz se dirigió a Otto mientras éste se disponía a retirarse del comedor.
Cuando miró atrás, Ram estaba parada en la entrada de la cocina, viéndolo a él con los ojos entrecerrados.
―¿Qué tendría que pasar para que quieras perdonar a Roswaal-sama?
―…Perdonarlo es algo que probablemente no podré hacer. Pero.
Los ojos rosas de Ram demandaban la continuación de las palabras que Otto cortó. Habiendo reanudado su avance, Otto puso su mano sobre la puerta del comedor y, mientras daba un paso hacia el pasillo afuera, respondió.
―—Si tuviera la oportunidad, quizás podría pensar en disipar mi desconfianza.
7
Sin importar qué pasara, quizás Otto no perdonaría a Roswaal.
Solo eso hacía. Solo eso era hecho. Así que era una retribución razonable.
Las acciones siempre tendrían repercusión en uno mismo. Las adversidades actuales de Roswaal eran fruto de sus propias acciones. Porque pensaba eso, Otto no sentía nada de lástima por Roswaal.
Pero era tal y como había respondido a Ram. ——Si tuviera la oportunidad, quizás disiparía su desconfianza.
Y quizás, queriendo él esa oportunidad, era que se había involucrado en este acto desleal.
——Ya veo. Esto sí que es gran cosa, tú.
En el sombrío interior de la tienda, un hombre delgado y de alta estatura dio un vistazo a los restos del escrito misterioso que se le había traído, y habló mientras tocaba su bigote ordenado. Dentro de la tienda que ya había sido completamente evacuada, ‘¿Lo entiende?’, Otto levantó la voz ante las palabras del hombre——el ‘Maestro Restaurador’ Darts.
―Aunque está en una condición tan arruinada que me hace sentir culpable siendo el que lo muestra…
―Yo he estado en este camino por mucho. Reconozco un artículo que trae historia cuando lo veo, ya sabes. Aun con mi larga experiencia como restaurador, cosas con un encanto tan profundo como esta son rara vez vistas.
A pesar de sus peculiares expresiones, los ojos de Darts brillaban, y quien lo viera sabría que estaba entusiasmado. Mientras Otto sentía alivio sobre haber aparentemente superado el primer obstáculo,
―Entonces, ¿cree que pueda repararlo?
―Restaurarlo es un trabajo que siento tan lejano como devolver un castillo de arena colapsado a su estado original. Si el artículo está así, devolverlo a su estado original sería una hazaña legendaria… Sí se puede.
―¡—Ngh! ¡¿Entonces puedo pedírselo?!
―No hay problema, pero, ¿puedo preguntar algo?
Asintiendo al ansioso Otto, Darts cerró un solo ojo mientras pasaba su dedo por su bigote.
―Dejando para al rato el tiempo de reparación y la recompensa… si no te importa, ¿puedo preguntar para qué planeas usar esto?
―…Lamento desperdiciar todo el esfuerzo que pondrá en repararlo, Darts-san, pero cuando verifique el contenido general del libro, planeo quemarlo sin dejar fragmento alguno.
―Hm, un hombre honesto eres tú. ¿…Con eso se cumplirá tu propósito?
Sin ningún signo de desagrado, Darts observó el escrito misterioso en el escritorio y preguntó. A esas palabras, ‘Así es’, Otto se encogió de hombros y asintió,
―De ser posible, en lugar de seguir estando a cargo de dudar de las personas, quiero tener la seguridad de que, por lo menos, mis semejantes no me apuñalarán en la espalda. Y estaría bien si esa seguridad también ayudara a mi estómago.
―—Eso es bueno. Lo tomaré. Pero, antes de que yo haga mi trabajo…
―Lo sé. Por eso lo traje.
Ante los ojos afirmantes de Darts, Otto sacó de su bolso una botella de alcohol y la puso sobre el escritorio.
El ‘Maestro Reparador’ Darts era famoso por su gusto por los artículos raros y el alcohol. Y también por beber hasta quedar lleno antes de aceptar un trabajo.
―—Permítame hacerle compañía. Si es para que mi mente esté en paz, no me molesta.
Empujando la botella de alcohol sobre el escritorio sin dudar, Otto mostró sus dientes y sonrió. Al serle dirigida esa sonrisa, Darts también formó una sonrisa tremendamente maliciosa en su rostro.
La ceremonia necesaria, para convertirse Otto Suwen en el verdadero Ministro de Asuntos Internos de la facción de Emilia.
Como si se preparara para aquella ceremonia, este día, Otto bebió alcohol junto con Darts hasta quedar lleno; y, a la mañana siguiente, regresó al ‘Pabellón del Plumaje de Agua’ estando completamente borracho.
Hubo un acto en el que Beatrice vio su aspecto intoxicado y temió como un héroe, pero esa historia difería de lo que era la actual. ——Esto era uno de los problemas que el naturalmente afligido Otto tenía.


8
―¡¿Bueeh?!
De repente, Otto abrió los ojos al experimentar la sensación de agua fría siendo vertida sobre su cara.
Levantándose de un brinco ante el abrupto incidente, comprobó apuradamente la situación a sus alrededores. El primer paso crucial fue bajar su postura y verificar la posición de la presencia hostil.
Desde el punto de vista de Otto, quien estaba acostumbrado a acampar, no notar la inminencia del oponente antes de que éste pudiera ocasionar algún daño resultaría después en un grave error.
Si era una bestia, su vida corría peligro; si era un ladrón, su vida corría peligro; y si era un perseguidor proveniente de su ciudad natal, su vida corría mucho peligro. De cualquier forma, su vida corría peligro.
Colocado en el sitio de campamento que se juntaba con esa crisis de vida, sabiendo que, hasta este punto, jamás habían sido muchas las ocasiones en las que había podido bajar la guardia, Otto acrecentó conscientemente su preparación para la crisis――,
―…Otto-san, está increíblemente alborotado.
―¿Eh? ¿Petra-chan?
Viendo a Otto tirado en el césped verde, con una mirada fría, estaba una joven chica, Petra.
Ella trabajaba en la mansión de Roswaal como maid principiante――aunque se podía decir que ese título, ahora que ya había pasado alrededor de un año desde el inicio de su trabajo, ya no era apropiado para ella, ni por su experiencia laboral ni por cómo hacía su trabajo.
De cualquier forma, en esa situación en la que estaba siendo visto desde arriba por ella, Otto inclinó en grande la cabeza. Porque en la mano de la chica había una cubeta, dejando suficiente evidencia circunstancial para concluir que el origen del impacto que fue vertido sobre él al despertar estaba en ella.
―Uuh… Petra-chan, ¿por qué vertiste agua sobre mí? ¿Acaso alguna cosa que yo hice te ha hecho enojar?
―¿Quién sabe? Es solo que, cuando vine a ver las flores para el riego matutino, lo encontré enrollado en el jardín y me asusté, Otto-san, pero juro que no es venganza ni nada de ese tipo.
―…Gracias por la explicación cortés.
‘No, no’, Petra hizo una cortés reverencia; y, viéndola, Otto se rascó la cabeza mientras arreglaba su cabello mojado. Después, miró el césped que parecía haberse convertido en su propia cama.
El césped verde; aunque era bastante vergonzoso llamarlo un campamento, Otto comprendió que no se hubiera despertado ahí hasta recibir el contraataque de Petra.
――Porque, en una mansión llena de gente despreocupada, no había manera de seguir manteniendo alta la cautela.
9
―Lo e'cuché de Petra, Otto-nii, andabas dormido en el jardín, ¿verdad? Hacer esas cosas no t' va a quitar el cansancio, y ademá' te puede dar un resfriado, ¿sabes?
Cuando Otto ya había regresado a su cuarto tras pasar por ese acto en las primeras horas del día, Garfiel vino a donde él estaba. Al escuchar lo que Garfiel dijo mientras hacía sonar sus afilados colmillos con una mordida, Otto puso su mano en su frente,
―Qué rápido se enteran de todo… Es sobre lo que pasó hace un rato, ¿no es así?
―Justo Petra s'estaba quejando d' cuando fue a regar las flores. Qu' mal, si yo también hubiera ido un poco má' rápido, hubiera podido verte cubierto d' pasto, Otto-nii.
―No es necesario que te preocupes por esas cosas, en serio…
Mientras acomodaba lo que estaba encima de su escritorio, Otto sacudió cansadamente la cabeza hacia los lados ante la sonrisa del chico al que veía como su hermano menor.
Aunque el intercambio de información se había dado pronto entre Garfiel y Petra, seguía siendo inesperado que los dos tuvieran una buena relación.
Garfiel tenía quince años y Petra tenía trece, por lo que eran los dos con las edades más cercanas dentro del grupo de los jóvenes de la mansión de Roswaal; y, recientemente, era frecuente ser testigo de cómo Garfiel era alimentado por Petra, cuya mente estaba concentrada en el progreso de su cocina. Petra adoraba especialmente a Frederica, así que quizás también tenía buena compatibilidad con Garfiel por ser su hermano menor, o quizás tenía buena compatibilidad con la sangre del linaje que esos hermanos tenían.
―No, Petra-chan puede llevarse perfectamente bien con quien sea, así que no creo que importe.
―Y, ¿como por qu'estabas durmiendo en el césped, Otto-nii? Ayer, después de jugar al Shatranj conmigo, dijiste qu'irías a bañarte y luego a dormir, ¿o no?
―Y eso era lo que iba a hacer, pero Ram-san y compañía me atraparon cuando salí del baño…
La noche anterior, habiendo, inusualmente, terminado su trabajo del día, Otto se disponía muy alegremente a lanzarse sobre su cama después de salir del baño. No obstante, era ahí donde Ram y Frederica lo habían atrapado, y, al recibir una invitación para ir a beber, se había lanzado a ello sin pensarlo dos veces.
―No planeaba beber hasta ponerme borracho, pero ya sabes…
―Aaah, el alcohol. Hasta tú ere' catastrófico con eso, Otto-nii. No entiendo qu' tiene de agradable beber esas cosas, pero parece qu' le gusta tanto a Ram como a mi hermana.
Colocando su trasero sobre el escritorio que Otto estaba organizando, Garfiel se encogió de hombros con empatía.
Los cuatro bebedores de alcohol en la mansión de Roswaal eran Otto, Roswaal, Ram y Frederica.
Debido a que Emilia era horriblemente débil al alcohol, lo tenía prohibido; y en cuanto a Beatrice, ignorando su edad real, a Subaru no le gustaba, así que no dejaba que lo bebiera. El mismo Subaru usaba como razón ―porque soy menor de edad― para rehusar a beber, por lo que, para Otto, los compañeros de bebida eran valiosos.
Siendo ese el caso, había surgido la combinación de la sensación de libertad por haber terminado su trabajo, y la oportunidad de tener compañeros para beber que no había tenido en mucho tiempo; y como resultado, Otto había terminado pasando una noche usando el césped del jardín como su cama.
―Afortunadamente, no me dio un resfriado, así que no será un obstáculo para mi trabajo. Eso me alivia.
―…Algo m' dice qu' tu preocupación está desviada, pero si estás bien así, Otto-nii, pue' está bien, supongo. ‘Ahora es cuando Hemuken goza’, como dicen.
―¿Qué tiene que ver aquí el nombre de un millonario famoso por quedar en la ruina tras tomar a una mujer malvada como su esposa…?
Aun así, ya que hubiera sido probablemente deprimente escuchar la explicación detallada sobre la razón, Otto no indagó más en el tema.
―Bueno, no saber los detalles es, precisamente, lo que hizo a Hemuken gozar más, y aquí es donde yo debería seguir sus pasos… Oh.
Apilando documentos y emparejando sus esquinas, Otto notó de repente la escena afuera de la ventana, y su mirada se tornó suave. Al ver a Otto así, ‘¿Qu' pasa?’, Garfiel también contempló afuera junto a él.
Y al hacerlo, notó bajo sus ojos las siluetas de tres personas que estaban haciendo una danza rara en el jardín de la mansión.
―Ah, el Capitán y Emilia-sama, ma' Beatrice. Siempre parece qu' se la pasan muy bien cada mañana.
―En realidad, la radio calistenia se está volviendo una costumbre, como puedes ver. Es algo espléndido, en el sentido de que no interfiere con el estilo de vida de la gente. …Aunque sigo sin tener idea de cómo funciona su plan para difundir eso por todo el dominio.
Desde las dimensiones de salud y estilo de vida, era algo bueno que la radio calistenia se difundiera, pero Otto tenía ciertas reservas sobre la postura de intentar anunciarla como un compromiso público para la Selección Real.
Dejando las bromas de Subaru como tema aparte, Emilia tenía cero malicia y muchas buenas intenciones, por lo que sería un trabajo arduo persuadirla para que hiciera un cambio de planes. Aunque eso tampoco era algo malo.
―Ahora qu' m'acuerdo, el Capitán dijo qu' deberíamo' pregonar qu'hacer radio calistenia todos los días t' convierte en una hermosura.
―¿Pero acaso no es eso una rotunda mentira? Emilia-sama tiene más de cien años de edad, así que seguramente ya era una hermosura desde hace un siglo. No me digas que va a usar una historia, sin contundencia alguna, sobre cómo ha estado haciendo radio calistenia desde hace cien años, porque sería un problema si eso se difundiera rápidamente…
Deseando mantenerse libre de preocupaciones extras, Otto dio un suspiro. Y, tras escuchar eso, Garfiel desvió la mirada indiscretamente.
Al ver la reacción del chico al que veía como un hermano menor, Otto experimentó un presentimiento desagradable, y se asomó hacia donde se desvió la mirada de éste. Su mirada se apartó. Se asomó. Se apartó. Se asomó――,
―No puede ser, ¿ya avanzó con ese rumor?
―Nah, a lo mejor lo e'tá propagando de vez en cuando, o a lo mejor yo mismo lo he ayuda'o, o a lo mejor ya e'tá cerca d' ser la nueva moda en Costuul…
―Q-qué molestia. Para empezar, eso de convertirse en una hermosura con radio calistenia es… ¡¿Ah?!
Sorprendido por el mecanismo oculto que acababa de descubrir, Otto recordó la ocurrencia más reciente, y sus hombros brincaron. Ahora que lo recordaba, el otro día, durante un viaje a la Ciudad Industrial ‘Costuul’, la cual estaba cerca de la mansión, los ciudadanos que ya estaban completamente familiarizados con su cara se lo habían dicho.
―Me dijeron: ‘Es que Otto-san es todo una hermosura, ya ves’, y yo pensé que era como una expresión característica de Costuul, pero… ¡¿Acaso es por eso?!
―Aaah, tal vez sea por eso… Uh, ¿Otto-nii? ¿Pa' dónde vas?
Indispuesto a permitir que esto sucediera, Otto se rascó la cabeza y se preparó para salir del cuarto; y cuando Garfiel le hizo una pregunta a su espalda, ―Creo que es obvio―, Otto volteó a verlo,
―¡Ahora mismo voy y silencio los absurdos chismes que Natsuki-san ha perpetrado! ¡¿Qué pasaría si la propagación de esos rumores ridículos tuviera una influencia negativa en la Selección Real como resultado?! ¡Además, también tengo miedo de que las damas que pasen por aquí me vean y tengan expectativas extrañas sobre la radio calistenia!
―A mí se m'hace qu'eso último e' tu verdadero motivo, pero… ¡Espérame! ¡Qu'yo no m' quedo atrás!
Otto caminaba con pesadez mientras sus ponderosos pasos sonaban; y, mientras iba apuradamente detrás del hombre al que veía como un hermano mayor, Garfiel hizo sonar sus colmillos con una mordida,
―Desde el incidente de la Estatua de la Diosa, Otto-nii s' pone bien delicado cuando lo tratan como una hermosura, ¿eh?
Y murmuró.
10
―Y por esa razón, Subaru y Emilia fueron a la ciudad a aclarar el malentendido, supongo. Ya que Betty es una señorita capaz de consideraciones, hizo lo sensato aquí y los dejó solos.
Era un periodo de tiempo en el que ya había terminado el desayuno y comenzado la hora de fuego――ahí estaba Otto revisando el material, al cual trataba como un asunto que debía revisar nuevamente, que en algún momento se le había traído al cuarto, y frente a él estaba linda y educadamente sentada una niña sacando su pequeño pecho. Era Beatrice.
Aunque ella era un espíritu contratado por Subaru y siempre estaba pegada a Subaru, también había escasas ocasiones en las que, por razones de consideraciones como ella misma dijo, se apartaba del lado de Subaru.
La que estaba con Beatrice con más frecuencia durante esos momentos era Petra, quien la adoraba, pero también había veces, como esta, en las que venía hacia Otto.
Su razón principal era――,
―Tú estás ocupado y no tienes tiempo para prestarle atención a Betty, lo cual ayuda a que sea más fácil quejarse, supongo.
―¡¿Y acaso no puedes esperarte ni un segundo más a que yo entre al cuarto para esto?!
―No me hagas escándalo. Esa es la verdad a la cual el sentido estético de Betty, quien durante cuatrocientos años ha visto todo tipo de humanos, la ha llevado, supongo. En ti hay un talento innato. Uno de entretenimiento.
―¡¿De entretenimiento?!
Aunque no era una verdad nada jubilosa, tomaría en cuenta con reservas las palabras de Beatrice. Recientemente, Beatrice estaba recibiendo una muy fuerte influencia de Subaru, y su conducta era considerablemente cercana a la de Subaru.
Solía pensar que, mientras no le hiciera daño a nadie, eso era algo encantador; pero después de percatarse de que, en esencia, Subaru podría estar multiplicándose por uno y medio, ya no pudo seguir viéndolo como algo encantador.
Era necesario que, de alguna manera, mientras Otto estaba ausente, Beatrice le cumpliera con su deber como la encargada de controlar a Subaru.
―En ese sentido, tú me has ayudado mostrándome el nivel real de la contaminación recibida de Natsuki-san, y así haciéndome más fácil comprender la causa de mis dolores de cabeza. ¿…‘Ayudado’?
―El soliloquio es una buena oportunidad para examinarse a uno mismo, supongo. Y en tu caso, sería más constructivo dejar de prestarle atención únicamente a los demás y pensar un poco en tu propia felicidad, de hecho.
―Q-qué consejo tan sincero… No parece ser la misma persona que, hace un momento, me estaba diciendo que es más fácil quejarse cuando se habla conmigo.
Con la sensación de que, quizás, esto era un signo de que se preocupaba por él, Otto se rascó la cabeza incómodamente.
El informe de que Otto estaba durmiendo en el pasto se había dado a conocer dentro de la mansión en un abrir y cerrar de ojos, y todos aquellos con quienes se había encontrado desde la mañana habían mostrado, uno tras otro, preocupación por su estado. Petra, siendo quien le había vertido el agua encima, le había servido, por voluntad propia, una segunda taza del té que tomaba después de comer; y Frederica también parecía estar bastante arrepentida por lo sucedido en la noche anterior.
En las primeras horas del día, que Garfiel, en lugar de la radio calistenia en la que siempre participaba, hubiera priorizado a Otto también debía ser porque estaba preocupado por él; y los documentos que debía atender como Ministro de Asuntos Internos en su cuarto, probablemente dejados ahí por Ram, eran menos de lo usual. Aunque, al final, eso era un asunto relativo. Cuando Otto se preguntó qué tanto de la consideración de Roswaal estaba incluido ahí, las arrugas entre sus cejas cambiaron de profundidad.
Entonces, si Beatrice también se había molestado en venir a su cuarto――,
―Una consideración incomprensible, es lo que es esto, ¿verdad?
―…No entiendo muy bien lo que estás diciendo, supongo. Pero lo que sé es que, si fuera una consideración comprensible, se convertiría en un aprieto del que ni tú podrías librarte, supongo.
―¿――? ¿Qué significa…?
Y, al mismo tiempo que Otto inclinó la cabeza, la puerta del cuarto se abrió con un gran sonido.
―¿Otto-kun, estás? ¡Todos en la ciudad se sorprendieron el escuchar que estabas durmiendo en el jardín esta mañana!
Fue Emilia, quien supuestamente estaba dirigiéndose hacia Costuul junto con Subaru, la que se introdujo con gran energía en el cuarto. Aunque le sorprendía que ella, quien supuestamente había ido a corregir la desinformación relacionada con la radio calistenia, hubiera regresado así de rápido,
―¡¿Por qué dijo en la ciudad que yo estaba durmiendo en el jardín?! ¡¿Hay rumores sobre eso ahora?!
―Justo Frederica estaba hablando con el señor de la tienda que trae todo a la mansión… Pero lo importante aquí es, ¡si tan cansado estabas, entonces hubiera estado genial que nos lo dijeras!
―¿Quién tendría sus prioridades tan revertidas como para ir a corregir un rumor, luego escuchar otro rumor y regresar…?
Al ver el rostro de descontento que puso Emilia cuando él le ocultó su mala condición, Otto reflexionó sobre qué excusa decirle.
Pero más rápido de lo que Otto pudo encontrar una respuesta a su problema, aquel que llegó detrás de Emilia cayó dentro del cuarto.
―Aaaah, qué rápida, Emilia-tan, corres horriblemente rápido…
―Ah, Subaru, perdón, no quise dejarte atrás. Es que no pude aguantarme más…
Al ver a Subaru respirar agitadamente después de alcanzarla, Emilia acarició gentilmente su espalda. Mientras recuperaba lentamente la compostura de su respiración, ―Jaaa―, Subaru suspiró profundamente,
―Emilia-tan, aunque me parece muy estupendo que seas atenta, que Otto haya estado durmiendo en el jardín tampoco es para sorprenderse. Eso es como una preferencia suya, ¿verdad?
―¡No es ninguna preferencia! Como sea, lamento haber causado una inconveniencia para ustedes…
―Tampoco es realmente necesario que te disculpes, solo digo que me gustaría que nos dijeras que estás mal cuando estás mal. Porque, cuando a nosotros nos pasa algo, en seguida acudimos a ti, Otto-kun…
Desanimadamente, Emilia alzó sus cejas con preocupación por el trabajo excesivo de Otto. Al lado de Emilia, Subaru y Beatrice también parecían haber reconsiderado algo.
Al ver su laudable aspecto, Otto sintió un muy pequeño cosquilleo en el fondo de su estómago.
―Ciertamente, es un hecho que todos mis días han estado ocupados por una cosa u otra. Sin embargo, eso es algo que yo he decidido hacer… porque habrá veces en las que me tomaré un buen tiempo para relajarme.
Y eso sería, por ejemplo, un día como hoy, en el que despertaría en el jardín y todos le darían su consideración.
Aunque fuera solo un poquito, un día en el que no tuviera a todos trayéndole favores se sentía sano y al mismo tiempo insatisfactorio, pero eso era obra de su naturaleza problemática.
―Entonces, Otto-kun, ¿todo bien?
―Sí, agradezco su preocupación. No quisiera molestar, pero ya que estamos en eso…
Cortando ahí sus palabras, después de mirar los materiales――la montaña de documentos, sutilmente más baja de lo usual, encima de su escritorio, Otto calculó el tiempo necesario para el proceso y sonrió.
―Ya que parece que podré estar libre para la hora del té, ¿le importaría si los acompaño?
Nunca estaba de más ocasionalmente tomarse un tiempo no para favores ni para consultas de trabajo, sino para una charla y nada más.
Así fue como el Ministro de Asuntos Internos de la facción de Emilia, Otto Suwen pasó su ocupada vida diaria――su tarde de asueto repentinamente surgida en uno de esos días, el día en que se había despertado en el jardín.


11
Cuando perdió el sentido del equilibrio y se dio cuenta del problema en el que estaba, fue demasiado tarde.
Experimentó una grave sensación, como si el suelo bajo sus pies y el mundo que tenía a mano se volcaran al mismo tiempo, y después se invirtieron el cielo y la tierra.
―¡¿Adaaagh?!
Cruzándose el lamento inane con el sonido del derrumbe, un bastón fue rodando junto con un sonido duro. Al final, no pudo impedir que las sábanas que agarró en el momento fueran arrancadas de la cama, tirando al suelo los libros, materiales, etcétera que estaban sobre ella. ―…
Abierto de brazos y piernas sobre el piso, se quedó completamente estupefacto mientras miraba arriba al techo.
Empeorar la situación en cadena hasta este punto no era algo de lo que él fuera muy capaz. ――No, no fue nada inesperado ni inusual que él, específicamente, lo hiciera; pero le hubiera gustado que esos accidentes maliciosos tomaran en cuenta el hecho de que ahora se encontraba recuperándose de sus heridas.
―No, ya que he llegado hasta aquí, mejor me pongo a reír. Jajaja… auch.
Cuando intentó, por lo menos, reírse ante la situación, el dolor de sus piernas llegado con retraso se lo impidió.
Mientras le era absurdamente arrebatada hasta la opción de reír y nada más, masajeó sus piernas envueltas en vendas y dio un largo suspiro.
―A ver, a ver, a ver, ten cuida'o, oi. Otto-nii, ¿to' bien?
Habiendo captado ese sonido bullicioso, alguien abrió la puerta del cuarto desde el exterior. Así mostró su presencia con calma un joven de cabello dorado, quien bajó la mirada, lo vio a él acostado en el piso e inclinó su cabeza.
―Vengo pensando en qu'estás aburriéndote ahí solo, y te encuentro jugando a no sé qu'.
―…No estoy jugando a nada. Aun así, es bueno que lo hayas hecho, Garfiel.
Le sonrió sin fuerza a Garfiel, el chico que había aparecido en su campo visual invertido. Después, el hombre caído――Otto extendió su mano hacia Garfiel,
―¿Podrías prestarme tu mano por un momento? Ya que no creo que pueda levantarme solo.
Y así, masajeando sus piernas maltrechas, solicitó rescate.
12
―¿M'estás diciendo qu' pensaste qu' t'iba a salir bien solo con un bastón? …Otto-nii, entre todos esos pensamientos qu' tienes, de vez en cuando t' sale una idiotez.
―Lo que me frustra es que, ya que la situación es exactamente esa, no tengo palabras para replicar.
Al responderle, Otto apartó de Garfiel su rostro de descontento. Ante la actitud del hombre al que veía como un hermano mayor, Garfiel hizo sonar sus colmillos como indicio de una sonrisa.
Sobre la cama, estaba Otto con ambas piernas estiradas y todas envueltas en vendas. Las lesiones de sus piernas eran honorables heridas, recibidas durante la lucha ocurrida en la Ciudad de las Compuertas. En su posición actual, Otto estaba recibiendo atención especial en su cuarto del hospital, sin que nada le faltara, para la recuperación de estas heridas.
―Es verdad que aquí no me falta nada, pero parece que, a cambio, tengo que morir de aburrimiento…
―¿Cómo qu' de aburrimiento? Andabas diciendo qu'ibas a aprovechar esta oportunidad pa' leer un libro qu' querías leer, o algo así, ¿o no? Y hasta yo mismo m'he tomado el tiempo pa' venir a matar el tiempo contigo, Otto-nii.
―Pues, en cuanto a esa matanza de tiempo, es cierto que me ha sido de mucha ayuda, pero…
Dirigió su mirada para dar un vistazo a una esquina del cuarto, y ahí se encontraba el tablero de Shatranj con el que, bajo el pretexto de matar el tiempo, Otto y Garfiel competían incesantemente.
Estar inmovilizado por sus heridas hacía a Otto, para Garfiel, una presa fácil.
Habían sido varias las ocasiones en las que, muy ocupado con su trabajo, decía que no tenía tiempo y no podía aceptar sus desafíos. Ya que en su situación actual no tenía razones para rechazar un desafío, quizás no era un mal momento para Garfiel en ese aspecto.
―Ahora que recuerdo, Regin también pasó por una fase como esta durante cierto tiempo, ¿no es así?
Al rememorar la época en la que vivía en su viejo hogar, fue evocado el tiempo pasado con el hermano menor que demandaba su atención.
Incluso su hermano, quien ahora era alguien espléndidamente destacable, alguna vez había sido un gran mimado. Cuando Garfiel buscaba a Subaru o a Otto, podía ver cosas en común con su hermano en esa época.
Aunque era por eso que, en descuidos, Otto mismo terminaba consintiendo a Garfiel.
―. Garfiel, lo sabes, ¿verdad?
―¿Eeeh? ¿Toca limpiar este cuarto desordena'o? Ya sé qu' sería absurdo ponerte a hacerlo con como estás ahora, Otto-nii. Así qu'yo mismo seré el qu'…
―Hablo sobre Natsuki-san, Emilia-sama y los demás.
―…
Cuando Otto bajó repentinamente el tono de su voz, la expresión relajada de Garfiel se puso tensa. ―Oooh―, afiló su mirada y respondió cortamente,
―¿Lo del ‘Sabio’ de la Torre de Arena? Y yo qu' quería ir con ellos si era cierto…
―Yo lesionado, y tú fuera de tu condición normal… Nuestro único mérito es ser un impedimento. Para ser franco, este incidente nos ha dejado sin méritos. Estás consciente de ello, ¿verdad?
―Aaah.
Al escuchar las palabras de Otto, Garfiel bajó la cabeza y soltó un suspiro cargado de autoreprensión.
Hipotéticamente, si Subaru hubiera estado escuchando el intercambio que los dos tenían ahora, quizás se habría entrometido diciendo: ―¿Ja? ¿Pero qué andan diciendo ustedes dos?
Sin embargo, la autoevaluación de Otto y Garfiel era absoluta.
Ciertamente, no eran pocos los aspectos que habían mejorado gracias a las acciones de los dos. No tenían nada de qué avergonzarse respecto a sus logros. También comprendían que eran aspectos de los que no tendría ningún sentido apartar la vista.
Pero Otto era el Ministro de Asuntos Internos de la facción, y Garfiel era su Militar.
Consecuentemente, se había cumplido el objetivo inicial por el que habían venido a Priestella――la obtención de un cristal mágico acromático. Y aun así, esto no había sido consecuencia de sus negociaciones, sino algo proporcionado por la amabilidad de Kiritaka.
Solo algo que, como muestra de agradecimiento por haber contribuido a la repulsión de los Arzobispos del Pecado que habían atacado la ciudad, Kiritaka le había otorgado a la facción de Emilia. ――La tal contribución de Otto, ¿dónde estaba?
Y la insuficiencia de fuerza de Garfiel, como Militar, era aún más grave.
―Natsuki-san y Emilia-sama se dirigieron a las dunas de Auguria, en búsqueda del método para salvar a la gente de la ciudad. Garfiel, quien más poder debería demostrar ahí, tú, no puedes acompañarlos.
―…
―Ambos sabemos exactamente qué nos falta. Y se siente terrible.
Lo que había en el corazón del callado Garfiel era la misma emoción que sentía Otto, y éste la conocía hasta un punto doloroso.
Para resumir, tanto Otto como Garfiel se habían dejando llevar por el momento.
Durante este año, habían estado actuando como miembros de la facción de Emilia y, hasta cierto punto, siendo bendecidos con buenos resultados. Como consecuencia, se les había subido a la cabeza la idea de que estaban haciendo todo bien, y eso había sido su error.
A quien sobreestimaba su propia fuerza, le esperaban errores que no podrían ser fácilmente retractados. Y Otto, cuando supuestamente él sabía eso mejor que nadie, había errado.
Por lo tanto――,
――Entonces nunca seré fuerte.
―Garfiel…
Fue una frase sin concreción. Pero ya que era correcto su principio, Otto observó a Garfiel.
Con su puño apretado, el chico al que veía como un hermano menor ocluyó sus colmillos temblantes y observó a Otto de vuelta.
―Como dijiste, Otto-nii, nosotro' no pudimo' hacer nada esta vez. Y pa' acabarla, tampoco pudimo' ir junto con el Capitán. Por eso…
―…
―Por eso, debemos ser má' fuertes pa' cuando el Capitán y lo' demá' regresen. Yo qu' soy el escudo má' fuerte de la facción, también seré la lanza. Yo jamá' volveré a perder contra nadie. ――Ni contra el ‘Santo de la Espada’.
―…Eso escaló muy rápido.
Al escuchar la manifestación de la determinación de Garfiel, Otto dejó escapar un murmullo.
Qué recta y límpida era la resolución que manifestaba. Escucharla daba inquietud, pero al mismo tiempo placer. ――Esta característica era una con la que Otto no contaba.
En cuanto a Garfiel, lo que dijo no fue una declaración hecha solo por querer impresionar. Estaba ahí, totalmente en serio, preparado para llegar a su meta.
―Ya veo. …Tú ve y haz eso, por favor. Mientras tanto, yo…
―Vamos, Otto-nii, tú también conviértete en el combatiente Ministro de Asuntos Internos que no perderá contra el ‘Santo de la Espada’.
―¡Tampoco creo que pueda asentir a eso, ¿sabes?!
Ese comentario, difícil de distinguir si era broma o serio, definitivamente no era algo a lo que Otto podría asentir. Aunque, después, el sonido de sus colmillos y su sonrisa parecieron indicar que se trataba de una broma.
De cualquier manera, la resolución de Garfiel era genuina. Y en ese caso, Otto también tenía la obligación de responderle.
Porque para eso era que Otto, quien, aunque de forma inesperada, había tomado la posición de un hermano mayor, debía estar preparado.
13
―¿Oíste eso? ¿Tan fuerte como para no perder contra nuestro Reinhard, dice?
―…Por favor, deténgase, se acortará mi esperanza de vida.
―¡Jam! ¿Ahora resulta que al tipo que se anda ofreciendo de freno para ese bastardo demente le importa su esperanza de vida? No me hagas reír, Ministro de Asuntos Internos.
Dijo la visitante y, con una gran sonrisa, mordió animadamente la manzene que tenía en mano.
Aunque esa manzene era originalmente una de las frutas dentro de la canasta traída como presente para Otto, él no podría terminar de digerirlas todas por sí solo, así que agradecía que ella se la comiera.
―De todas formas, aunque Garfiel también es así, ¿no sería lo lógico que, por lo menos, pidiera permiso primero…?
―¿Aaah? ¿Y a quién le importan la lógica y esas pequeñeces? O sea, ya pasamos juntos por la línea entre la vida y la muerte. Anda, tú también, siéntete libre de comer todas las manzenes que quieras cuando vengas a visitarme.
―¿Siquiera se presentarán oportunidades limitadas como esa?
Inclinando su cabeza, Otto sonrió amargamente al escuchar las palabras de la visitante――Felt. Al ver a Otto así, Felt procedió a darle, sin vergüenza alguna, una mordida más a la manzene.
―Felt-sama, me gustaría pedirle que deje de sentarse con las piernas cruzadas sobre la silla. Y además, como dijo Otto, no debería tomar lo que no es suyo.
―Anda, calla.
Al lado de Felt, criticó sus modales un hombre joven de cabello rojo, el caballero de Felt, Reinhard van Astrea.
Contemplando al duo de ama y sirviente que habían llegado juntos, Otto se rascó la mejilla con un dedo.
Al acudir juntos a él una candidata de la Selección Real y el ‘Santo de la Espada’, había quedado en una posición bastante extraña. Él por sí solo era lo extraño.
―¿Oh? ¿Y esa sonrisita a qué viene, o qué?
―No, es solo que esto es un poco extraño. Se supone que al principio yo era solo un humilde comerciante… Y no es que ya haya olvidado esa ambición, para nada, pero siento que ha quedado terriblemente lejos.
―Jeee, ese sentimiento, yo también lo conozco. Si por mí fuera, tal vez no estaría parada en un lugar como este. Pero el deber me ha llamado.
―…
―Y por eso, no me queda de otra más que pelear por ese deber. En eso estoy contigo, Ministro de Asuntos Internos.
Como si se rebelara contra las instrucciones de Reinhard, Felt mecía su cuerpo de atrás para adelante, aún con las piernas cruzadas. Cuando ella mostró su sonrisa, en la que destacaba un colmillo, la sonrisa de Otto se tornó aún más amarga.
Al igual que en el momento de su combate compartido contra ‘Gula’, escuchar sus opiniones resultaba plácido. Aparte de Otto, probablemente había una multitud de personas que sentían lo mismo.
―Cambiando de tema, ¿qué han venido a hacer los dos aquí conmigo? Supongo que no han venido solo para asistirme en la disminución de las manzenes de regalo, ¿verdad?
―¿Pues para qué más? Y, ya que estamos, te disminuyo las narenjas y las frosas también, ¿vale?
―En realidad, agradezco que lo haga.
El gusto de Otto por las cosas dulces era moderado, así que lo ayudaría más si se las disminuía que si las dejaba sobrar.
Pero, cuando ya estaban teniendo esa plática trivial, Reinhard le dirigió la mirada a Felt. Con esos ojos azules fijados en ella, ‘Ya, ya sé’, Felt asintió,
―Fuera bromas, vine a dar las gracias. Ministro de Asuntos Internos, supongo que esta vez tú nos has salvado a nosotros.
―Si habla sobre lo ocurrido con ‘Gula’, déjeme decirle que el sentimiento es mutuo. De no haber sido por el ‘Meteor’ que trajo usted, Felt-sama, nosotros hubiéramos sido aniquilados.
―En eso tienes razón. El Reinhard este los ayudó y ustedes pudieron recuperar a su chica secuestrada, así que ahí tenemos un empate. Pero.
Puntuando ahí sus palabras, Felt se rascó la cabeza de forma sumamente brusca,
―Todavía te debo por lo de antes, cuando me tenía atrapada el padre de Reinhard, ¿no?
――. Aaah, eso no lo recuerdo muy bien.
―Nada de drama innecesario. Nosotros te estamos agradeciendo con toda honestidad.
La respuesta fingida de Otto causó que los ojos carmesíes de Felt se afilaran. Eso tensó por completo la atmósfera, haciendo desaparecer la sensación de una escena de simple agradecimiento.
―Felt-sama, cálmese, por favor. Otto, no me gustaría incomodarte.
Nuevamente Reinhard se entrometió, intentando ablandar la rígida atmósfera. Él tocó los hombros de Felt, quien tenía los brazos cruzados, y calmó gentilmente a su ama,
―Otto, no me gustaría alarmarte demasiado. Como dijo Felt-sama, nosotros estamos agradecidos contigo. Quién sabe cómo estaría la ciudad en estos momentos, si tú no hubieras entrado en aquel lugar.
―Y yo siento lo mismo que ustedes. En realidad, es un hecho que una gran parte de los problemas de la ciudad se resolvieron gracias a usted, Reinhard-san. Incluyendo el barrido de esas miserables semibestias.
―…
―Aunque por eso pienso que se me ha pagado mucho por logros demasiado simples…
―Entonces, ¿también sabes cómo se siente cuando no se calman los bichos en tu panza?
A pesar de la forma vulgar en la que dijo eso, Otto bajó la cabeza ante la técnica de negociación directa de Felt.
Por más desafortunado que fuera, tanto Otto como Felt tenían sus propias posiciones, y sus caminos estaban separados por su pertenencia a diferentes facciones. El mundo era algo complicado y nunca simple.
Ellos eran diferentes de Emilia, quien pensaba que, cuando se trataba de ayudar a alguien, no era necesario recibir nada a cambio.
―En ese momento, estábamos liados con problemas propios. Y es un hecho que quien nos ayudó fue un tipo de una facción ajena. Así que esto es una deuda.
―No me desagradan las personas sinceras.
―Si te quitamos lo de Ministro de Asuntos Internos, en el fondo eres un comerciante, ¿no? No puedes simplemente dejar a un comerciante a cargo del manejo de los préstamos, da miedo.
Felt era alguien con ideas demasiado visionarias para su edad. Y también era correcta la fuerte cautela que sentía hacia los comerciantes.
―Por supuesto, incluso si no fuera así, no queremos ponernos hostiles con ustedes. Pero yo creo que es obvio que lo que tenemos aquí es una deuda. Más te vale recordar bien eso.
―Sí, ciertamente…
――Que no es con esa muchacha ni con ese muchacho. La deuda es contigo, como individuo.
―Hm…
Al escuchar esa frase, Otto experimentó una sensación de acorralamiento y calló. Al instante, tras ver su reacción, ‘Ja’, Felt soltó una risa similar a un suspiro,
―Ya está, te la he devuelto. Vi que andabas tomándolo todo como tú mismo querías. Así que me dieron unas ganas de meterte un golpe en toda la cara.
―¿Tan terrible era mi cara? No me digan que lo del margrave es contagioso…
Aunque eso era algo que en serio quería abstenerse de imaginar, Felt estaba indiferente ante los miedos de Otto. Ella se bajó rápido de la silla, estiró firmemente su cuerpo, y le dirigió la espalda a Otto.
―Y bien, como ya se dijo lo que se tenía que decir, ¿nos marchamos ya? Debes descansar todo lo que puedas.
―Otto, lo que has hecho realmente nos ha sido de ayuda. Recupérate pronto. Cumplamos con los respectivos roles que nos han sido asignados, tú y yo.
―Siento que es demasiada la diferencia entre las cosas que cargamos como para desearnos suerte mutuamente…
De cualquier forma, Otto sacudió su mano y vio las siluetas de los dos alejarse.
Sabía que Felt y Reinhard, al igual que Emilia y Subaru, tenían cosas que hacer. Esos deberes eran pesados por sí solos. Pero quería que, de alguna forma, los llevaran a cabo con seguridad.
―Aun así, sigo irritado. Como esperaba.
Lo impacientaba pasar el tiempo aquí, como un herido, luchando contra el aburrimiento y sin poder hacer nada.
Aunque no recordaba ser tan adicto al trabajo, cosas habían pasado y, por alguna extraña razón, así había terminado.
――Pero, cuando él creía que seguiría luchando contra ese aburrimiento, a Otto acudían, uno tras otro y sin interrupciones, visitantes.
A veces era alguien relacionado con una candidata de la Selección Real; a veces era Kiritaka, un ejecutivo de Priestella; a veces era el Maestro Restaurador al que le había encargado un trabajo valioso; y a veces era el loable chico al que veía como un hermano menor.
Durante el tiempo que pasaba con ellos, terminaba hablando sobre trabajo y más trabajo encima de la cama.
―Aaah, si no trabajo, solo le causaré problemas a todos, ¿no es así?
Con un murmullo, como si intoxicado por la inconsciencia sobre sus hábitos de trabajo se hallara, transcurrió toda la vida de recuperación de Otto.