La minuciosa enciclopedia de Joshua Juukulius
LA MINUCIOSA ENCICLOPEDIA DE JOSHUA JUUKULIUS
1
…En el año pasado y en los últimos meses, Joshua Juukulius había pensado en algunas cosas en particular.
Eran cosas como que Mimi y sus hermanos casi siempre venían corriendo juntos a su habitación cada vez que él tomaba comida con su mano.
―Cuando toco comida, ¿hace que mi habitación se ilumine o algo así?
―Joshua, ¿por qué dices cosas tan raras de repente? ¿Te pegaste en la cabeza?
En respuesta a las sospechas de Joshua, Mimi inclinó la cabeza, con su boca repleta de dulces.
Cuidándola cómo su hermano menor, Tivey, alegre y galantemente la limpió por ella mientras Joshua sacudió su cabeza con un «No».
―…Terminé preguntando algo tonto. Por favor, olvídenlo.
―¿Oh, en serio? En ese caso, ¡tranquilo~!
Forzando una sonrisa ante la respuesta sincera de Mimi, Joshua se masajeó el ceño en ironía a sí mismo. Mientras lo hacía, una voz preguntó: «¿Estás bien?»
―Si es que estás cansado, puedo hablar con la Señorita para que te dé un descanso.
―…Gracias por preocuparte por mí, Tivey. Pero estoy bien.
―No debes excederte, ¿bien? Al final, solo conseguirás que tu eficiencia en general baje.
Mientras Tivey lo miraba de cerca, el gran ojo detrás de su monóculo brilló para recordárselo.
Como el menor de tres hermanos que de verdad amaba la lectura, Tivey era alguien con quien había construido una amistad afable; eran compañeros, hermanos menores de hermanos mayores. El monóculo de Joshua era una representación de los sentimientos de compañerismo y respeto que sentía hacia él, y eran artículos a juego.
―…
Acomodando la posición del monóculo, Joshua miró al techo y suspiró. La causa de su suspiro no era que Mimi le hubiera asaltado su bocadillo vespertino, sino más bien la abrumadora sensación que lo invadía últimamente.
Como miembro de la Facción de Anastasia en la Selección Real, los días de Joshua habían estado muy ajetreados.
Se sentía realizado por el trabajo que se le había confiado, pero el problema era el siguiente trabajo: el hecho de que Tivey estuviera preocupado por él se debía probablemente a que esa aflicción era demasiado evidente en su cara y en su comportamiento.
Después de todo, el siguiente trabajo que se le había asignado a Joshua era…
―…Hacer de emisario ante alguien en la misma posición de Candidata Real, Lady Emilia. Al darme un deber tan importante, Lady Anastasia está siendo bastante cruel.
Así, mientras se frotaba el estómago, aquejado por un gran dolor, Joshua murmuró con la cara mortalmente pálida.
Debido a la tragedia que sufrió la Familia Real, el Reino Dragón de Lugunica persistía en la peligrosa ausencia de un monarca.
Actualmente, el Reino se encontraba en medio de una Selección Real para decidir quién sería la próxima Monarca, y entre las cinco candidatas reunidas, la casa natal de Joshua, la Casa de Juukulius, había declarado su respaldo a la Gran Empresaria de las colindantes Ciudades-Estado de Kararagi, Anastasia Hoshin.
Durante generaciones, la Casa de Juukulius había dado muchos Caballeros al servicio del Reino. Entre los miembros de la Casa, las opiniones estaban divididas respecto al respaldo a la Gran Empresaria de otra nación, quien se había consolidado como un éxito extraordinario de su generación. Originalmente, la Casa de Juukulius habría adoptado una postura más conservadora. Precisamente por eso, la elección resultaba una oposición directa a esa tendencia.
No obstante, Anastasia decidió enfrentarse directamente a esas opiniones contrarias, y como su único Caballero estaba, por supuesto, el Caballero Perfecto: Julius Juukulius.
Como resultado, ahora que había pasado un año, ya no quedaba nadie que expresara dudas sobre la capacidad de Anastasia como Candidata Real. Anastasia y Julius, Señora y vasallo, habían obligado magníficamente a rendirse a los enemigos que bloqueaban su camino, gracias a su ingenio y sus antecedentes, ganándose así el apoyo.
Como hermano menor del estimado Julius, Joshua se esforzaba por vivir de manera que no le causara vergüenza, y también pensaba que poco a poco se había ganado un poco de la confianza de Anastasia.
Después de todo, este próximo trabajo era inequívocamente una prueba de esa confianza, por lo que debería haberlo avivado, pero…
―Aunque se me haya confiado una tarea tan importante, ¿realmente puedo decir que quería ascender y ganar experiencia de manera más gradual…? No, eso solo es una excusa. Así como están las cosas, ¡no podré darles la cara a mi Querido Hermano ni a Lady Anastasia…!
―¡Jaa, parece que otra vez das vueltas y vueltas, Joshua! ¿No te cansas de pensar siempre así? ¡Mimi cree que eso es muy~ raro!
―Ugh, aunque a Mimi y a mí se nos ha confiado el mismo trabajo, este contraste es… ¡AU, AU!
Con Mimi dándole violentos golpes en la espalda mientras se reía, Joshua comenzó a desanimarse con lágrimas en los ojos.
Para el deber de emisario que se le confió, Mimi lo acompañaría como guardaespaldas. En cierto sentido, aunque los trabajos que se les encargaron eran los mismos, Mimi estaba calmada y serena sin estar bajo ninguna presión.
―Joshua, por favor, cuida bien de mi hermana mayor. Tivey y yo no podemos acompañarla, así que contaremos contigo, Joshua.
―¿Cuentan conmigo? Uhm, ¿no debería ser al revés? Al fin y al cabo, Mimi es mi guardaespaldas… Hetaro y Tivey, ustedes también van a entregar cartas oficiales a las Candidatas Reales, ¿cierto?
A diferencia de Joshua, al que se le había asignado un guardaespaldas, ellos dos, capaces de defenderse por sí mismos, iban a cumplir con su deber como emisarios por su cuenta. Las tareas se dividieron entre ellos de manera que Hetaro iría a visitar a la Valquiria, la duquesa Crusch Karsten, y Tivey a Felt, aquella conocida como la segunda venida del León Dorado.
―Pero, a diferencia de ustedes dos, voy a ir junto con Mimi…
―Bueno, eso es porque era super duper preocupante dejar que mi hermana fuera sola como emisaria…
―Además, por el bien de la Señorita, es crucial que nos aseguremos de que la invitación escrita se entregue correctamente. Si dejáramos a mi hermana mayor encargarse sola de esto, las preocupaciones comenzarían desde el detalle que olvidara llevar la carta en primer lugar.
Tras escuchar las opiniones consecutivas de Hetaro y Tivey, Joshua miró a Mimi con un «Ah..». Al encontrarse con su mirada, Mimi abrió más los ojos y respondió con un «¿Mhmhmhmh~?»
―¿Pasa algo, Joshua? Si es por tu parte de los dulces, ¡se acabaron!
―…Ahora lo empiezo a entender un poco mejor. Creo que en verdad soy un «chaperón».
Mientras Mimi sacaba el pecho y levantaba dos dedos, sus dos hermanos menores a la izquierda y derecha de Joshua le dieron palmadas de ánimo en los hombros mientras él tomaba mayor conciencia de cuál era su papel. Aceptó esa consideración, sin embargo, por una razón diferente a la de antes, Joshua estaba al límite de su paciencia por el motivo de sentirse abrumado, que seguí siendo el mismo.
Eso era…
―Mientras hago de chaperón para Mimi, de entre todas, tenemos que encargarnos de la semielfa, Lady Emilia…
―Uhm, ¿será que no eres muy bueno con los semielfos, Joshua?
―Más que no se me den bien, ¡¿no son aterradores?! Después de todo, no solo es una semielfa, también escuché que posee todos los rasgos de la Bruja de la Envidia, ¿sabes?
Ante la pregunta inocente de Hetaro, Joshua predicó con la tendencia más común.
La leyenda de la Bruja de la Envidia era un miedo primigenio para todas las personas que vivían en este mundo. Para una persona cuyos antepasados y características encarnaban eso, solo imaginarlo era suficiente para helarle la sangre.
―¡Nghhh, Joshua, qué miedoso eres! Honestamente, ¡Mimi cree que esa chica no da nada de miedo! Si acaso, creo que es amable. ¿Pero que dé miedo? ¿O sea aterradora? ¿O peligrosa?
―Ah, Mimi y los demás ya la conocen… En ese caso, Tivey, Hetaro, ¿qué opinan de ella?
Un año antes, el Colmillo de Hierro, al que pertenecían Mimi y los otros dos, participaron en las batallas contra la Ballena Blanca y contra el Culto de la Bruja, y allí probablemente entraron en contacto con Emilia y su gente. Disuadiendo la inclusión de la opinión de Mimi, Joshua así preguntó a los dos hermanos, y mientras intercambiaban miradas…
―Por desgracia, no entramos en contacto con Lady Emilia como parte de la operación. La vimos una vez desde lejos en la ceremonia, pero… no me causó ninguna impresión aterradora.
―A mí tampoco. Ah, pero lo entiendo si hablamos del Caballero de Lady Emilia.
―El Caballero de Lady Emilia… el que tiene esos rumores extraños sobre él.
Hetaro levantó una mano mientras habló, dejando a Joshua con cara de amargura.
La razón por la que Joshua se sentía inquieto ante su próxima visita a la Facción de Emilia se debía a la presión de haber recibido una gran responsabilidad, así como a Emilia, de quien se decía que compartía rasgos con la Bruja de la Envidia. Y, por último, estaba la presencia de su enigmático Caballero.
Según las historias que había oído, este Caballero parecía ser un intruso en el evento de mayor importancia para el Reino, la Selección Real, y sin ningún respaldo familiar ni partidarios, era totalmente incomprensible cómo había llegado a la posición en la que se encontraba ahora.
Pero, cada vez que se buscaba información sobre la Facción de Emilia, este Caballero de cabello negro y origen desconocido invariablemente aparecía.
―Incluso contribuyó con éxito a la subyugación de la Ballena Blanca y de un Arzobispo del Pecado del Culto de la Bruja… Para ser sincero, si no lo hubiera escuchado directamente de mi Querido Hermano, nunca lo habría creído.
―Para ser precisos, aún lo dudaste un poco incluso cuando Julius te lo contó, ¿no?
―¡¿Y eso no es lo normal?! ¿Estás enterado de los rumores? Participó en la subyugación de la Ballena Blanca y Pereza, y aunque no está confirmado, es posible que también haya sometido al Gran Conejo; después de convertirse en Caballero de una Candidata Real a pesar de sus orígenes desconocidos, ¿y que siempre se le ve acompañado de una niñita? ¡¿Acaso no es la personificación misma de una pesadilla?!
Como resultado, se convirtió en una figura extremadamente misteriosa que llegó a ser conocida como el «Lolimancer». Emilia también, al mantener a ese incomprensible individuo como su único Caballero, resultaba difícil de entender y aterradora.
Además de eso, los terribles rumores que rodeaban a la Facción de Emilia eran interminables.
―Para empezar, el marqués Mathers, que respalda a Lady Emilia, es ampliamente conocido como un tramposo y un hipócrita. Incluso se le conoce como el «Amante de los Semihumanos», y hay rumores de que tiene muchas sirvientas semihumanas vestidas con trajes lascivos en su mansión… Se dice que se apropia excesivamente de importantes investigaciones mágicas para sí mismo, ¡es el niño problema de la corte!
Dos de los actores clave bajo su mando eran un salvaje medio bestia maligno, y un oficial de asuntos internos sediento de sangre. Estos dos también parecían bastante sospechosos: el primero no tenía antecedentes cuando se investigó a través de la red de información de Anastasia, pero el segundo parecía ser un hombre buscado en su propia ciudad natal desde hacía muchos años.
Había numerosas historias macabras y misteriosas, como que en los terrenos de la mansión parecían entrar y salir simultáneamente decenas de chicas con cara idéntica, o que cada día se elevaban de la cocina humos que olían a botatas al vapor.
―Verdaderamente un límite siniestro más allá del mundo humano… Una vez más, me pregunto por qué Lady Anastasia me enviaría allí como mensajero. ¿Podría ser que estuviera siendo grosero sin darme cuenta y ahora quisieran reprenderme para que aprenda…?
―No importa cómo lo veas, eso podría ser demasiado pesimista…
―¡Pero si no hay otra conclusión lógica! Ugua, uguaaaaa, ¿qué voy a hacer? Lo mejor sería preguntarle directamente a Lady Anastasia, ¿o no? ¡Quizás fue algún tipo de error!
―Pero, si no fue un error, puede que la Señorita esté tratando de silenciarte para que no reveles sus secretos.
―Incluso para ti, Tivey, pasarse tanto es…
Joshua se puso mortalmente pálido, incapaz de oír la voz de Tivey mientras se disculpaba con: «Era una broma». Sintiéndose como si se hubiera visto atrapado en una gran conspiración, Joshua se tambaleó hacia la puerta.
―¿Oh? Joshua, ¿qué pasa? ¿La pipí? ¿Vas a hacer la pipí?
Tumbada en la cama con la barriga inflada, Mimi lo miró desde arriba, desde una perspectiva invertida, y le hizo una pregunta. Ante su pregunta, Joshua sacudió lentamente la cabeza y apretó el puño.
―M-Mi corazón no puede soportar asumir este importante papel sintiéndome así. Tengo miedo, pero, tengo miedo, pero… ¡Voy a ir a escuchar las verdaderas intenciones de Lady Anastasia…!
―¿Vas con la Señorita? ¡Dile que Mimi quiere carne para cenar!
―¡Una vez que le entregues la carta a la Bruja de la Envidia y al «Lolimancer», te darán tu carne!
Con la mayor parte de la información en su cabeza enredada, Joshua se apresuró a salir de la habitación. Al ver a Joshua, abatido por ese sentimiento abrumador, los trillizos que se quedaron intercambiaron miradas.
Entonces, tras exhalar un suspiro, Hetaro le dio un ligero golpe en la frente a Tivey, y…
―Tivey, no está bien burlarse tanto de él. Después de todo, Joshua es muy serio.
―Mis disculpas. Pero, de alguna manera, entiendo cómo se siente la Señorita, ¿sabes?
Como debía de hacer un hermano mayor, Hetaro regañó a su hermano menor, a lo que Tivey respondió bajando ligeramente las cejas. Y desde atrás, los dos fueron abrazados por los hombros por Mimi con todo su cuerpo, y entonces ella habló diciendo:
―En verdad es duro ser un hermano mayor. También debe de ser difícil para Julius, ¿no?
2
―Por lo tanto, deseo preguntarle cuáles son sus verdaderas intenciones, Lady Anastasia. Dependiendo de eso, puede que yo carezca de la habilidad para llevar a cabo esta tarea…
―Caray, qué tipo tan sherio eres, Joshua.
Aún con la misma mentalidad que tenía tras su conversación con Mimi y los demás momentos antes, Joshua visitó la oficina de Anastasia con una expresión mansa, y se encontró con la sonrisa irónica de la amable chica. Los pensamientos de Joshua, que se habían hundido cada vez más en un estado peor mientras pensaba en esto y aquello, causaron que las manos de Anastasia dejaran de trabajar para que se llevara una a la frente.
―Inclusho sin preocuparshe por todo eso, los dominiosh de Emilia no son shiquiera de miedo. Con Emilia es un hecho, pero Natsuki tampoco va a agarrarte y comerte.
―Pero el marqués y sus dos principales subordinados, las historias macabras sobre los humos de la cocina…
―Mhmm, tenía buenash intencionesh y trataba de ayudarte, pero parece que escuchashte demasiadosh rumoresh y se te nubló la vishta. Esto es mi culpa.
Entrecerrando sus ojos verde azulados, Anastasia reflexionó.
Esa reflexión suya se refería a cómo la precisión de la información de la red de inteligencia que había creado era de diversos grados, y cómo la ayuda de Joshua con ella había dado lugar a un aumento de elementos desconcertantes.
Para Anastasia, que era una comerciante de Kararagi y no había nacido en Lugunica, se requerían decisiones rápidas y precisas para mantenerse en la cima de la Selección Real, por lo que era preferible disponer de una gran cantidad de pruebas para tomar dichas decisiones. Para ese propósito, era importante mantener organizada la red de inteligencia, y ella había ganado confianza en la capacidad de Joshua para ayudarla con eso.
―Pero, por el tiempo que pasé en la costa de la información, caí en el dilema de ahogarme en el lago del conocimiento…
―Mhm, lo pillo. Mi intención no era atormentarte, Joshua, así que tal vez reconshideraré todo el ashunto del menshajero.
―… Lo lamento profundamente.
―No es la gran cosa, en verdad. Pero, ¿te importa si pruebo una última cosa al final?
Con un solo ojo cerrado, Anastasia sonrió maliciosamente. Cuando Joshua abrió los ojos con un «¿Eh?» ante esa sonrisa, se oyó un golpe en la puerta de la oficina.
Tras recibir el breve comentario de Anastasia, quien apareció en la puerta fue…
―Lady Anastasia, ¿me ha llamado? Justo ahora, recibí las novedades por Ia, pero…
―¿Q-Querido Hermano?
Inclinándose cortésmente, quien se mostró fue, sin duda, Julius Juukulius; aquel hacia quien Joshua profesaba amor y respeto infinitos, la encarnación del «Perfecto», su hermano mayor absolutamente insuperable.
―¿Estaba conversando con Joshua? ¿Había algo que usted deseaba pedirme?
―Sipi, exactamente. A decir verdad, esto no llegaría a ningún lado sin ti aquí, Julius.
Al ver a Joshua, Julius preguntó a Anastasia por qué lo había llamado. Entonces, con su maliciosa sonrisa intacta, Anastasia le dio un ligero empujón a Joshua con un «¿Verdad?».
Ante la picardía de Anastasia, Joshua estuvo a punto de titubear, pero…
―Verásh, estábamosh hablando de encargarle a Joshua que fuera como menshajero al territorio de Emilia, ¿vale? No deseamosh que haya ninguna descorteshía en esta ocashión, así que queríamosh pedirte tu opinión.
―Ya veo. En consecuencia, me han llamado aquí.
Mientras la explicación de Anastasia le desglosaba la situación, Julius asintió con comprensión. Después, dirigió sus serenos ojos amarillos hacia Joshua…
―Esa es la prudencia correcta. Independientemente de los rumores, la verdadera Lady Emilia tiene una personalidad que no se corresponde con la imagen pública que se tenía de ella antes de que la Selección Real comenzara. De hecho, sería una falta de respeto cruzarse en su camino con esa percepción.
―… Supongo… que eso es correcto. Tu consejo… es muy… alentador.
Elogiado por el sonriente Julius, Joshua sintió que la imagen que Anastasia le había dado de sí mismo era en cierto modo correcta, y sintió una sensación como si las nubes oscuras se hubieran despejado de su mente. Emilia, a quien más le temía, había recibido una valoración muy positiva por parte de Julius. No había necesidad de sopesar los rumores dudosos contra Julius en una balanza para saber a quién creer.
De un vistazo, Anastasia asintió con satisfacción, como diciendo que las cosas salieron exactamente como había planeado. Como se esperaba, dado que Julius la había descubierto, su perspicacia era excepcional…
―Ah, además, si vas a visitar a Lady Emilia, te conviene ser cauteloso con su Caballero. Él es… bueno. Es un personaje impenetrable a primera vista. No obstante, posee una decisión y una fuerza de voluntad extraordinarias y, lo más importante, posee una lealtad asombrosa hacia Lady Emilia.
―¿…Querido Hermano?
―Mhm. Además, es un Usuario Espiritual. Dado que se le concedieron condecoraciones en la ceremonia y ahora ha obtenido el título de Caballero, supongo que se le podría llamar Caballero Espiritual, tal como a mí. Aunque por razones ajenas a eso, es alguien que vale la pena observar…
Tras haber aclarado sus dudas gracias a su hermano mayor, Joshua frunció el ceño con curiosidad ante sus siguientes palabras.
Elocuentemente expresado de los labios de Julius, se dijo la segunda prioridad en cuanto a precaución, después de la temida Emilia, el «Lolimancer»… compartiendo el logro de la subyugación de Pereza junto a su hermano mayor, qué Caballero tan maldito.
Para empezar, Julius era moderado en cuanto a dar elogios a los demás. Esa era una virtud indudable suya, y esa humanidad era una de las razones por las que se le conocía como el Perfecto.
Sin embargo, precisamente por eso no faltaban quienes intentaban abusar de esa virtud…
―¿…Joshua?
―Querido Hermano, gracias por tu amable consideración. Gracias a ti, he comprendido de quién debo tener cuidado. Lady Anastasia, podré cumplir con mi deber como emisario.
―Mm-jum. Cuento contigo, así que da tu mejor eshfuerzo, ¿vale?
―¡Sí, déjemelo a mí! ¡Le aseguro que volveré con buenas noticias!
Colocando firmemente la mano sobre su pecho, Joshua salió de la habitación con sus ojos brillantes y la respiración entrecortada.


Al ver a Joshua, que partía apresuradamente con una expresión de deber en su cara, Julius volteó hacia Anastasia, que se había quedado sola en la habitación.
Apoyando la barbilla en las manos sobre su escritorio, Anastasia sonrió de una forma bastante placentera.
―Entonces, ¿mi hermano ha cometido alguna descortesía?
―¿Mhmm? Nada de eso. La verdad es que Joshua es un chico bashtante adorable.
―Es un hermano menor mucho mejor de lo que merezco. Una y otra vez, siempre termino siendo salvado por él.
Dejando la adulación y modestia, Julius habló así de su relación con Joshua. En realidad, ese era el caso. La presencia y la mirada de Joshua siempre enderezaban la espalda de Julius. Y eso no era todo. Precisamente por eso, incluso ahora, Julius podía ser como era…
―…En realidad no son hermanosh, ¿verdad? Que sean tan cercanosh a peshar de eso es bashtante impreshionante.
―En efecto. …Es un hermano menor mucho mejor de lo que me merezco, y eso es bastante impresionante.
Mientras Julius y Anastasia conversaban, los pasos de Joshua por el corredor eran impacientes.
La inquietud y la tensión que sintió antes de visitar la oficina, para este momento se habían convertido en cosa del pasado. Por fin comprendió por qué Anastasia no le había confiado encargarse de la Facción de Crusch ni de la Facción de Felt, sino de la de Emilia.
―Debo ir para confirmar con certeza quién es el enemigo de mi Querido Hermano…!
Esta pesada responsabilidad definitivamente no se le podía confiar a Tivey ni a los demás. …La pesada responsabilidad de defender el nombre del Caballero Perfecto fue confiada a Joshua Juukulius.
Después de todo, eso era…
―…Lo único que puedo hacer por mi Querido Hermano y por la Casa de Juukulius.
Deteniéndose de golpe, Joshua miró de repente hacia la ventana del corredor y entrecerró sus ojos amarillos. Inconscientemente, extendió la mano y tocó la ventana, pero las yemas de sus dedos nunca alcanzaron el paisaje que se extendía al otro lado.
Entre los árboles del jardín que se mecían por el viento, el árbol que daba rojas y brillantes manzenes sumergió la conciencia de Joshua en un recuerdo del pasado, en un momento que nunca olvidaría, un momento sumamente maldito para Joshua.
3
…El paisaje fuera de la ventana siempre le parecía un sueño que sus manos nunca podrían alcanzar.
La Casa de Juukulius era un antiguo y honorable linaje, que había dado generaciones de Caballeros para el Reino Dragón de Lugunica.
A través de los diversos escenarios de la historia que el Reino de Lugunica recorrió, los hombres de Juukulius lo siguieron como Caballeros, apoyando en silencio el estado de existencia de la nación.
Su naturaleza no se parecía a la del Santo de la Espada o a la del Demonio de la Espada, quienes brillaban en el centro de atención durante los momentos decisivos de la historia de Lugunica. Pero, al igual que un rey sin súbditos tenía una visión distorsionada de la realidad, en las sombras de los logros de los héroes y las leyendas existían los esfuerzos de muchos Caballeros sin renombre.
Del mismo modo, la Casa de Juukulius no era más que un único linaje que contribuía a esos muchos Caballeros. Aquellos que juraban lealtad al Reino existían como parte de un mecanismo para producir más engranajes que mantuvieran el Reino en funcionamiento.
Por lo tanto, nunca se le había ocurrido cuestionar la forma en que era su casa.
Como anteriormente se dijo, eso era algo necesario. A la sombra de los relatos de héroes y leyendas, era necesario que existieran las historias de gente ordinaria sin tal importancia. Era una cuestión de que todo resultara que la persona adecuada estuviera en el lugar adecuado, además de la asignación de roles.
Por decirlo de otra forma, protagonistas y papeles secundarios... en realidad, él no creía que hubiera una gran diferencia entre esas posiciones. Solo había un problema…
―…Khofghh…
Sin ningún motivo, lo más profundo de su cuerpo, aquejado por la tos, crujió, y comprendió que lo que sentía era dolor.
Incapaz de contener las ganas de toser durante un rato, tosió muchas, muchas veces mientras soportaba el dolor. Cuando finalmente se calmó, un sudor frío empapó su cuerpo y su respiración se volvió irregular.
No era nada fuera de lo común. Solo era uno de esos ataques sin sentido que le pasaban diez veces al día.
No era una enfermedad. Si hubiera sido un ataque, una tos empeñada en luchar contra algo que roía su cuerpo, entonces, aunque fueran cien o mil veces al día en lugar de diez, al menos tendría la sensación de interceptar una adversidad inminente.
Pero ese no era el caso. Solo era irremediablemente débil y frágil.
―…Khofghh.
Así, la realidad de esta «debilidad», más pesada que cualquier otra cosa en este mundo, era un pecado inexpiable.
En la Casa de Juukulius, que había dado generaciones de Caballeros, el hijo mayor nació demasiado frágil para empuñar una espada, pecaminoso hasta el punto de lamentar su propio nacimiento.
―…Khofghh.
Por lo tanto, Joshua Juukulius había estado vinculado al pecado desde su nacimiento, viniendo al mundo como un malhechor.
4
―A partir de hoy, Julius vivirá aquí con nuestra familia. Él originalmente era tu primo, pero a partir de ahora será tu hermano mayor.
Así, lo que su padre había concretado como Jefe de Familia era su primer encuentro con su «hermano mayor».
Ese día, el estado de Joshua era milagrosamente decente y pudo sentarse a cenar con su familia después de mucho tiempo, así la identidad del niño desconocido que estaba a su lado sería revelada con su presentación inicial. Mientras Joshua estaba desconcertado por el repentino acontecimiento, su padre continuó mientras señalaba a su «hermano mayor».
―Julius es el hijo de mi hermano menor, pero el otro día perdió a sus padres en un accidente. Por lo tanto, esta casa lo ha tomado en custodia, pero… Joshua, ¿hay algo que quieras preguntar?
―¿Algo que quiera preguntarle?
―En efecto. Julius es tres años mayor que tú… si lo criamos bajo la tutela de esta casa, él adoptará la posición de ser tu hermano mayor. En ese caso, tu posición y circunstancias se verán alteradas de manera significativa.
“De manera significativa”, Joshua pensó que la forma de expresarse era bastante característica de su padre.
Por un momento, la emoción que brilló en los ojos amarillos de su padre fue probablemente algo parecido a un sentimiento de culpa que no podía reprimir. Y Joshua era perfectamente consciente del pecado que era su origen.
De nacimiento, la débil constitución de Joshua había causado problemas a muchas personas, empezando por sus padres. Cualquier niño en tal estado aprendería naturalmente a interpretar el semblante de los adultos.
Ese era el caso de Joshua. Por eso mismo, era capaz de deducir los verdaderos pensamientos de su padre: aunque se disculpaba con Joshua, priorizaba el sentido del deber de la Casa de Juukulius, sintiendo la confusión entre sus dos posiciones de padre y Caballero.
En primer lugar, Joshua no tenía derecho a oponerse a la decisión que surgió de las deliberaciones de su padre.
Si su padre realmente sentía culpa por sus deliberaciones y su conflicto interior, no había necesidad de guardársela. Si hubiera nacido con un cuerpo decente desde el principio, no habría surgido ahora tal discordia innecesaria.
Siendo ese el caso, Joshua se consideraba a sí mismo la discordia innecesaria encarnada y se mofaba de sí mismo.
―Está bien, Padre. Si eso es lo que decidiste, lo acataré.
Ocultando su autodesprecio tras una sonrisa que había aprendido a mostrar con natural destreza, Joshua optó por asentir, como el niño razonable que era, para tranquilizar a su padre.
Al oír la respuesta de Joshua, las cejas de su padre se relajaron con alivio. Desesperarse y reprochar a su padre por no ser capaz de ver los verdaderos sentimientos de su propio hijo sería desquitarse a la persona incorrecta. Hasta tal punto había perfeccionado Joshua su actitud de ocultar la verdad de sus sentimientos.
Por eso…
―…Julius, preséntate.
―S-Sí, Padre.
Animado por su padre, su «hermano mayor», nervioso, dio un paso adelante. Como para demostrar su linaje como Juukulius, el color de su cabello y sus ojos era idéntico al de Joshua y su padre.
Con esos rasgos delicados y desprendiendo un aire nervioso, el niño se inclinó en un gesto respetuoso y…
―A partir de hoy viviré como miembro de la familia principal, soy Julius Juukulius. Será extraño llamarme tu hermano mayor debido a que llegué aquí después, pero… es un placer conocerte.
Pronunciando sin titubear las palabras que probablemente ensayó muchas veces para esta ocasión, el niño, Julius, extendió su mano.
―Soy Joshua Juukulius. Soy yo quien debería decir que es un placer conocerte.
Mientras Julius buscaba un apretón de manos, Joshua intentó cumplir con su deber de forma educada y sin cometer ningún desacierto.
Esta fue su primer encuentro con alguien con quien seguramente mantendría una larga relación. Para bien o para mal, con el fin de no impedir que se familiarizara con la Casa de Juukulius, se esforzó por adoptar una actitud amable y desprovista de personalidad.
Para que, a diferencia de antes, el pecador como el que se le conocía no obstaculizara sin sentido el avance de los demás.
Eso era lo que pensó, no obstante…
―¿…Eh?
En el momento en que se dieron la mano, Joshua parpadeó al ser testigo de una escena impensable.
Justo después de tomar su mano, Julius se arrodilló frente a Joshua. Después, apoyado en una rodilla en el suelo del comedor, posó delicadamente sus labios sobre el dorso de la mano de Joshua.
…Era un tipo de formalidad que un Caballero realizaría frente a una dama.
―Por los muchos años que están por venir, estaré a tu cuidado.


Al decir eso, mientras estaba apoyado sobre una sola rodilla, las orejas de Julius se sonrojaron por el acto al que aún no se había acostumbrado.
Su voz temblaba y sus ojos se movían rápidamente, pero su expresión era la de un Caballero, de principio a fin.
Ante esa realidad, Joshua tragó saliva y…
―… ¡Pffft, jaja! ¡Pffjajajajajajajajajaja! Julius, eso es para cuando un Caballero da la bienvenida a una dama. No es lo adecuado usarlo con Joshua… ¡pfft, ajajajajajajajajajajajaja!
―Eh… ah… eh… ¿M-Me equivoqué?
Al ser señalado su error, Julius, que creía haberlo logrado, quedó profundamente desconcertado.
Y cuando su padre se lo hizo notar, se sujetó los costados con la risa más fuerte que Joshua le había escuchado. Había otros sirvientes y vasallos presentes en el comedor, y ninguno de ellos pudo hacer más que reírse ante la escena.
Al haberse ganado las risas de los que lo rodeaban, Julius solo se puso aún más nervioso.
―¡P-Por favor, no se rían! Aunque me haya equivocado, hice lo mejor que pude…
―Ah, lo sabemos, lo sabemos. Bueno, está bien, siempre y cuando aprendas correctamente tus modales de ahora en adelante. Mientras estés dispuesto a aprender, con eso es suficiente.
Julius intentó excusarse frenéticamente, y su padre respondió mientras se secaba las lágrimas que le emergieron de las comisuras de sus ojos. Cada vez más desanimado por la reacción de su padre, Julius volteó repentinamente hacia Joshua.
Parecía que estaba a punto de disculparse por avergonzar a Joshua al involucrarlo en su propio error. Por otro lado…
―¿Estás bien?
―¿…Eh?
―Me refiero a que estás llorando… ¿te duele algo?
Encontrándose con la mirada preocupada de Julius, Joshua no supo qué decir. Pero Julius extendió la mano hacia la mejilla de Joshua y, tocándola con los dedos, dijo:
«Mira».
―…Lágrimas.
En la punta del pequeño dedo de Julius, estaba claro que había una minúscula gota de agua que temblaba.
―… Fh… Khhh…
Al momento siguiente, sus emociones estallaron a tal intensidad que ni él mismo podía creerlo.
Era un torrente turbio de emociones desconocidas, y no se había percatado que estuvieron contenidas por un dique.
Sin poder contener la fuerza incontrolable de lo que brotaba de su interior, lágrimas miserables se desbordaron de forma lamentable.
―¡Guah, gua-guah! ¡Buah… ¡Padre! ¿Qué deberíamos hacer?
―¡J-Joshua, ¿qué pasa?! Si está mal, entonces dilo, ¡¿qué pasa?!
Cuando Joshua comenzó a llorar de repente, Julius y su padre comenzaron a entrar en pánico.
Ante el comportamiento inusual de su hijo, que hasta ahora no había sido difícil de manejar —fuera del asunto de su constitución física—, su padre, al igual que los demás adultos, se alarmaron y reunieron todos sus esfuerzos para detener las lágrimas de Joshua.
Al final, terminó tomando un buen rato para que Joshua dejara de llorar, y el festín que se suponía que celebraría su primer encuentro con su «hermano mayor», terminó siendo un recuerdo de todos comiendo una cena fría.
5
…El paisaje fuera de la ventana siempre le parecía un sueño que sus manos nunca podrían alcanzar.
―Me pregunto si mi condición estará bien por hoy.
Con respiraciones entrecortadas y superficiales, Joshua murmuró llevándose su mano al pecho.
Cada mañana, era importante para él identificar esa sensación para determinar qué tanto sería capaz de moverse. Si no distinguía eso, era porque los humanos eran criaturas propensas a equivocarse con facilidad.
Más aún en el caso de Joshua, ya que el grado de ese error estaba directamente relacionado con su propia vida.
Exhaló un leve «Fuuu...», sin embargo, Joshua no confiaba excesivamente en su autodiagnóstico.
Después de todo, en días recientes, el estado de Joshua había alcanzado un punto crítico de fluctuación extrema. Inmediatamente después de ser asediado por pesadillas febriles, repentinamente estaba en el mejor estado que había tenido en todo el año, siendo terriblemente preocupante para los miembros de la familia. Su intención no era imponerse a los que lo rodeaban, así que quería permanecer en uno de los dos extremos.
En cuanto a cuál de las dos partes debía inclinarse, su mente se encontraba en un estado de indecisión, y esa indecisión acabó reflejándose en el estado de su propio cuerpo, o eso era lo que pensaba.
―…
Recostado en la cama con sus ojos cerrados, lo que llegó a los oídos de Joshua fue un sonido procedente del exterior de la ventana al que aún no se había acostumbrado: en algún momento de esos últimos días, había aprendido que era el sonido de espadas de madera intercambiando golpes. Tomándose su tiempo con calma para levantarse de la cama, Joshua abrió las cortinas y entrecerró los ojos ante los rayos de sol, contemplando el paisaje fuera de la ventana; había dos figuras enfrentándose en el patio de la mansión.
Una de las dos figuras era el actual Jefe de la Casa de Juukulius, el padre de Joshua, cubierto con ropa hecha a medida y con una espada de madera en la mano, permanecía tranquilo, con tal margen que ni siquiera había comenzado a sudar. Frente a él, con una camisa blanca manchada de sudor y polvo tras haberse quitado la túnica, estaba Julius, respirando con dificultad mientras se aferraba a su espada de madera con ambas manos. El régimen de entrenamiento especial de Julius Juukulius comenzó a la mañana siguiente de su presentación.
Cada mañana, Julius recibía la tutela directa de su padre de esa manera, haciéndose habitual para Joshua el enfrentamiento de las espadas de madera desde su cama a primera hora.
Esta mañana no fue la excepción; con un espíritu de «hacer o morir» grabado en la cara, Julius blandió decididamente la espada de madera…
―…Hk.
―No pierdas el enfoque. Tu concentración es aún deficiente, Julius.
La punta de la espada de madera de su padre se alzó con elegancia, desarmando la mano de Julius. Después, la hoja que revoloteaba se colocó en el cuello de Julius, quien, conteniendo el aliento, dejó caer la cabeza con desánimo diciendo: «E-Es mi derrota».
La voz que admitía la derrota rezumaba frustración, y su padre de repente sonrió:
―Se necesita ser un gran hombre para sentir frustración por una derrota contra mí. Puede que tenga este aspecto, pero yo también soy un Caballero del Reino. Mi espada ha sido afilada con el fin de proteger el Reino. No la verás rezagarse con tanta facilidad.
―¡Eso n…! Eso no, bien, lo entiendo. Pero eso no significa que no sea frustrante. Si no sintiera frustración al perder, entonces ya no sería yo mismo.
―…Supongo que heredaste esa fuerza de voluntad de tu padre. De hecho, te pareces mucho a él.
Al escuchar las palabras de Julius, su padre mantuvo una mirada distante durante un momento. Julius se sorprendió por esa mirada que parecía añorar a alguien, y entonces su padre sacudió la cabeza con un «No».
―Al admitir tu incapacidad para derrotar a un oponente al que de verdad no puedes vencer, puedes dudar en tu propósito para empuñar la espada… Yo también he tenido que responder a esas palabras. Me pregunto cuándo fue que mi frustración se desvaneció.
―Tí… Padre, yo…
―Es inevitable. Bueno, ve a recoger tu espada. Cámbiate y después ve a desayunar.
―… Sí.
Cuando su padre indicó el final de su entrenamiento matutino, Julius asintió con una expresión de incomprensión en su cara y fue a recoger su espada de madera.
Entonces, al tomarla, se percató de la presencia de un espectador que observaba desde una ventana abierta.
La boca de Joshua se abrió con un breve «Ah» mientras intercambiaba miradas con Julius.
Por un momento, Joshua se quedó callado ante la sensación incómoda, y Julius, tras parpadear varias veces…
―Ahh, ummm… buenos días, Joshua. ¿Dormiste bien anoche?
Joshua entendió que ese era el mejor intento de su hermano mayor por ser más cercano, ya que no hacía mucho que se habían vuelto hermanos. Por eso, mientras Joshua se apretaba su pijama contra el pecho, fingió una sonrisa.
―Sí, buenos días. Parece que has estado trabajando duro esta mañana, Querido Hermano.
Mientras rezaba para que nada desagradable se percibiera en su saludo, esbozó una sonrisa fingida.
6
―Originalmente, nunca se me llegó a ocurrir nada como convertirme en Caballero.
Fue después de que terminaran de desayunar juntos en el cuarto de Joshua cuando Julius empezó a hablar de eso.
Mientras continuara su mal estado de salud, Joshua comería principalmente en su propia habitación.
Lo mismo ocurrió esa mañana, pero esta vez Julius había traído su propia comida, por lo que terminaron comiendo juntos por alguna razón desconocida… No, decir que fue por una razón desconocida sería una mentira.
Desde que Julius sugirió que desayunaran juntos, Joshua tenía claro que quería hablarle de algo. La mirada inquieta de Julius se fijaba en Joshua para que se apurara en terminar la comida, y tan pronto como pudieron hablar, comenzó con esas primeras palabras.
Pero también, como probablemente la mayoría podría imaginar, el tema era el régimen de entrenamiento especial que se le estaba dando.
El padre de Joshua, que ahora también era el padre de Julius, y Jefe de la familia Juukulius, estaba absorto en entrenar impacientemente a Julius, y sus sentimientos de culpa hacia Joshua se habían desvanecido en el aire. Sea como fuere, esta era la educación Caballeresca que su padre había estado esperando impacientemente para darle, por lo que no era necesario preguntarse por qué estaba tan entusiasmado.
Por supuesto, para Julius, que actualmente estaba recibiendo esa educación entusiasta, debía de ser duro. …Pero ¿era un pecado para él que lo considerara una bendición, aunque pareciera difícil?
―Nunca pensé que terminaría siendo así. Todos los días están llenos de cosas que no sabía.
―…Cuando vivías con tu familia en tu antigua casa, ¿en qué pasabas el tiempo, Querido Hermano?
Escondiendo sus propios pensamientos, Joshua proporcionó una salida para los pesares de Julius.
Dos hermanos, una relación familiar que duraría mucho tiempo, su propia posición dentro de la familia de aquí en adelante… nada bueno le esperaría a la Casa de Juukulius si tenía una mala relación con Julius.
Joshua le había restado puntos a su familia desde el momento en que nació. No podía permitir sufrir más pérdidas.
Ante la inocua pregunta de Joshua, Julius inclinó su cabeza y dijo: «¿Casa?».
―En mi casa, mayormente ayudaba a mamá y a papá. Cuando no hacía eso, jugaba con mis amigos cerca de casa… No tenía ni idea de que tenía parientes de una casa tan grande como esta.
―¿…Te dijo algo tu difunto padre sobre la Casa de Juukulius?
―¡Nada de nada! Por eso, cuando mi Tío… cuando mi padre actual vino a buscarme, estuve muy sorprendido.
Julius levantó los brazos en un gesto exagerado, ante lo cual Joshua entrecerró sus ojos amarillos.
El hermano menor de su padre… el verdadero padre de Julius, la persona que era su propio tío, era alguien de quien Joshua había oído muchas historias. Un excéntrico de la Casa de Juukulius que no se convirtió en Caballero, se casó con una mujer de pueblo inmediatamente después de que su hermano mayor heredara la posición de Jefe de Familia y comenzó una vida así sin depender de su Casa.
Prefería la vida en el pueblo, algo impensable para alguien nacido como un Juukulius. Era una persona que abandonó la senda del Caballero y eligió vivir una vida modesta y común. No es que fuera rechazado, pero tenía poco contacto con sus familiares.
La razón por la que ese tío y su esposa fallecieron fue debido a una inundación del río que había ocurrido en el pueblo donde Julius vivía con su familia; los dos fueron arrastrados por la repentina inundación mientras rescataban a otras personas.
―Debieron de ser unos padres admirables.
―…
―¿Querido Hermano?
Si la causa de su muerte fue el salvar a otros, era el resultado de su comportamiento justo y virtuoso.
Al final, aunque se había alejado de la Casa de Juukulius, su tío había muerto de una forma apropiada de un Caballero. Eso en sí mismo solo podía ser descrito como una ironía, pero Joshua pensaba que podía respetar sinceramente a su tío y a su esposa.
Por otro lado, tras quedarse callado ante las palabras de Joshua, Julius se mordió el labio y…
―Papá y mamá no eran tan especiales. Pero todo el mundo me dice que hicieron algo admirable, incluso mi Padre lo dice. Pero…
En ese momento, Julius comenzó a sollozar. Y después, con lágrimas en los ojos, continuó.
―Pero, aunque no hubieran sido tan admirables, solo quería que siguieran vivos. ¿Es extraño que piense eso?
―Eso es…
Esa era una pregunta para la que Joshua no encontraba respuesta.
Lo acababa de pensar hace un momento. Su tío murió como un Caballero, aunque hubiera abandonado la Casa de Juukulius. Para Joshua, eso parecía una felicidad más grande que cualquier otra.
Nacido en un linaje de Caballeros, Joshua era un pecador que había perdido esa cualificación desde su nacimiento.
Como un Juukulius, si Joshua pudiera vivir y morir como un Caballero, el único método posible para hacerlo sería algo similar a los últimos momentos de su tío, o al menos eso parecía…
―Mamá y papá murieron, luego mi Padre me trajo aquí, a esta casa, y tú te convertiste en mi hermano menor, Joshua. Todo cambió de golpe… Aun así, sigo preocupado.
―¿Qué es, lo que te preocupa?
Sin darse cuenta, la pregunta de Joshua se volvió dura e incisiva.
Tenía un cuerpo que podía mover libremente, tenía un padre real que murió como un Caballero, el propio padre de Joshua le estaba proporcionando felizmente el entrenamiento necesario para convertirse en un Caballero. La senda que se suponía que debía recorrer Joshua Juukulius, a partir de ahora la recorrería Julius Juukulius sin que nadie lo cuestionara.
Incluso si no era Caballero por nacimiento, a partir de ahora, su hermano mayor lucharía hasta convertirse en uno. …Siguiendo la senda deseada para él, ¿qué era lo que a Julius le preocupaba?
―…
Manteniendo la cabeza agachada, Julius no se dio cuenta de la mirada penetrante de los ojos amarillos de Joshua. Solo se secó los ojos con fuerza con las mangas, mientras se le enrojecían.
―¿Qué, qué se supone que debo hacer? ¿De verdad está bien que siga haciendo lo que mi Padre dice? Si lo hago…
¿…Se convertiría en alguien capaz de honrar a sus difuntos padres?
Como Julius no encontraba las palabras más allá de la pausa, en su lugar, Joshua comprendió los sentimientos que quería expresar, que lo habían desconcertado, atormentado y angustiado.
Para una conversación entre dos jóvenes hermanos recién formados, sin duda era una propuesta demasiado abrumadora.
Sin embargo, en ese momento, Joshua deliberó seriamente. Reflexionó. Intentando dar la mejor respuesta posible a la angustia de Julius, se preocupó seriamente.
Por qué estaba intentando hacer tal cosa, él no lo sabía. …Solo que, de repente, se le ocurrió algo.
Julius Juukulius era una persona que, como Caballero de la Casa de Juukulius, seguiría la senda que originalmente debía recorrer Joshua Juukulius.
Eso era algo que podía maldecir. Pero, al mismo tiempo, ¿no tenía también la opción de no maldecirlo?
…A pesar de haber nacido en una familia de Caballeros, Joshua viviría como un pecador que había fallado en convertirse en uno.
…A pesar de haber sido criado como un plebeyo, Julius terminaría viviendo como un Caballero de una familia de estos.
Estas dos vidas estaban profundamente entrelazadas por un destino complejo.
Aun así, ¿no era precisamente por eso por lo que se podía descubrir un significado en ellas?
Los pasos de Julius Juukulius seguramente seguirían el recorrido inconcluso de Joshua Juukulius.
―Héroe…
De repente, Julius abrió ampliamente los ojos con un «¿Eh?» ante la palabra que Joshua murmuró. Mientras Julius lo miraba sorprendido, Joshua devolvió la mirada a los ojos de su hermano mayor y sonrió.
No era una sonrisa que ocultara la ironía a sí mismo, ni una para mantener las apariencias; era una sonrisa verdadera y auténtica.
―Querido Hermano, tus padres eran personas admirables. En ese caso, si deseas ser digno de esos padres, entonces mi Querido Hermano debe convertirse en un héroe.
―«He-roe»… ¿qué es eso?
Indagó Julius, parpadeando con sus ojos amarillos, pero, en su pregunta, había una expectativa imposible de ocultar.
Ante los ojos de su hermano mayor, Joshua dirigió la mirada hacia el librero de su habitación. Contenía varios libros de todo tipo de lugares y épocas que su padre había reunido para Joshua.
Dentro de esos libros se encontraban las aspiraciones de Joshua y la historia que se convertiría en los ideales de Julius.
―¿Libros…?
―Tantas historias, tantos relatos, tantas leyendas. Y en todos ellas hay héroes.
―No lo entiendo… ¿Me estás diciendo que me convierta en alguien sobre quien se escriban libros?
―Ese no es el objetivo principal. Pero tampoco es un sueño. Si te conviertes en un héroe.
―Entonces, ¡¿qué es un héroe?!
Sonriendo a su hermano mayor, cuyos ojos se movían rápidamente, ansiosos por la respuesta, Joshua reflexionó.
Con calma y sin prisas, le contaría los relatos de esos héroes.
A su nuevo «hermano mayor», para que Joshua Juukulius le confiara sus deseos, se los contaría con sinceridad.
―Para empezar, ¿a quién debería enseñarle primero a mi Querido Hermano?
Cuando pensó en eso, se puso un poco, solo un poco, emocionado.
Desde esa ocasión, Joshua esperaba ansiosamente las visitas de Julius a su habitación.
Así, ese fue el día en que los dos se convirtieron definitivamente en los hermanos Juukulius.
…La senda para que un Caballero de la Casa de Juukulius se convirtiera en héroe, los dos hermanos la recorrerían juntos.
7
…El paisaje fuera de la ventana siempre le parecía un sueño que sus manos nunca podrían alcanzar.
―Escucha, Querido Hermano. Un Juukulius debe comportarse con la formalidad digna de su nombre. Por lo que mi Querido Hermano debe ir más allá de eso.
―Aunque digas que vaya más allá… ¿qué debo hacer concretamente?
―¿No te lo he dicho ya muchas veces? …Es ser un héroe.
Afirmando esto, Joshua empujó el grueso libro que tenía en las manos hacia el pecho de su hermano mayor.
Desde la mañana en que Joshua hizo el mayor voto de su vida, se había convertido en una rutina diaria para Julius y Joshua desayunar juntos y discutir varias cosas como hermanos.
La mayor parte del tiempo, el contenido de sus conversaciones consistía en que Julius se quejaba de la estricta educación Caballeresca que estaba recibiendo, así como en las estrictas lecciones de Joshua, llenas de aspiración sobre lo que significaba ser un Juukulius.
Por esto mismo, el libro que acababa de entregarle también formaba parte de esas lecciones optimistas.
―Joshua, no puede ser, este libro es…
―En efecto, por fin he conseguido la continuación. «La leyenda de Reid Astrea», que describe la vida entera de la primera generación del Santo de la Espada, Reid Astrea, es el sexto libro de la colección de cincuenta volúmenes.
―¡Ooh, sí! Después de que decapitara a ese dragón de la plaga, ¡tenía curiosidad por saber qué pasaba después!
Con los ojos brillantes ante el libro que tenía entre manos, el buen humor de Julius provocó que los labios de Joshua se curvaran en una sonrisa. Simultáneamente al régimen de educación de Caballero de su padre, el progreso de la educación de héroe que Joshua le impartía a Julius iba sin contratiempos. Su hermano mayor, que al principio ni siquiera estaba familiarizado con el término «héroe», se había quedado completamente fascinado con ellos al poco tiempo.
Para empezar, el honesto y directo Julius estaba totalmente dedicado al entrenamiento. Así como se puede pintar sobre un lienzo en blanco, Julius se acercaba cada día más al ideal de Joshua.
Joshua consideraba que el crecimiento de Julius era igual al suyo, y sentía que las aventuras que se desarrollaban alrededor de Julius eran grandes aventuras para él mismo.
El paisaje fuera de la ventana, al que definitivamente nunca podría alcanzar… para que una mano lo consiguiera, como si fuera la suya…
―¿Mhm? ¿Qué pasa, Joshua? Estás poniendo una cara rara.
De repente, Julius, quien había estado inmerso en la lectura del libro, levantó la vista. Más que el contenido del libro, parecía que le incomodaba la mirada de Joshua, que lo veía de perfil.
En respuesta a la pregunta de Julius, Joshua forzó una sonrisa junto con un «No».
―No es nada importante. Es solo que me deleita que mi Querido Hermano haya tomado tanto interés por los héroes.
―Eso no es gracias a mí, sino a lo increíbles que son las personas que aparecen en estos libros.
Quizás por vergüenza, Julius apartó la mirada y se rascó la punta de la nariz. Al ver que su hermano mayor se puso ligeramente rojo de la cara, Joshua suspiró y…
―¿No es excesivo?
―¿Excesivo?
―Tienes entrenamiento de espada con mi Padre, además de aprender muchas otras cosas, ¿no es así? Aparte de todo eso, también tienes sesiones de estudio sobre héroes conmigo y, recientemente…
―Ah, ¿mi Protección Divina? Sí. Yo también me sorprendí por eso.
Como si no fuera la gran cosa, Julius se rio del asunto de su Protección Divina de la Recolección de Espíritus.
Fue más o menos un mes antes cuando Julius se dio cuenta de su Protección Divina… un día en el que los hermanos terminaron hablando hasta que oscureció, Joshua gritó al ver varias luces tenues que los acompañaban mientras regresaban por el jardín, y se descubrió que en realidad eran una reunión de espíritus menores.
―Desde hace mucho tiempo, siempre he tenido la vaga sensación de que había alguien a mi lado, pero no tenía ni idea de que en realidad eran espíritus. Gracias a ellos, nunca me sentí solo.
―¿Ah, sí? Pero, debido a eso, ahora también tienes más entrenamiento para tu Protección Divina, ¿cierto?
―Ah, ¿me preguntabas si era excesivo? Mhmm, es un poco pesado, pero no es excesivo. Para mí, que sea un poco pesado está bien. Siento que soy apto para hacer cosas pesadas.
―Apto para hacer cosas pesadas… Jeje… ¿y qué se supone que significa eso, tontito?
Al oír un orgullo que no había escuchado antes, Joshua ser rio entre dientes. Al ver su reacción, Julius cruzó los brazos y dijo: «Ah, te reíste».
―Escucha, solo piénsalo. Incluso se aplica a este libro, pero ¿no es cierto que todos los héroes siempre pasan por cosas pesadas? Las superan y sus nombres quedan grabados en la historia… ¡Todos ellos son expertos en cosas pesadas!
―¿Quieres decir que ser apto para las dificultades te convierte en un héroe, Querido Hermano?
―¡Exacto! Eso también te alegra, ¿verdad, Joshua?
Esa actitud dejó a Joshua medio exasperado y medio esperanzado, así que asintió con un «Así es».
Independientemente de si en verdad era así, el hecho de que Julius se sintiera estimulado por su propia percepción era más importante que cualquier otra cosa. Joshua quería que su hermano mayor siguiera la senda del Caballero, la senda para convertirse en un héroe con el pecho levantado de orgullo, no a regañadientes.
Con el fin de conceder el mayor deseo de Julius Juukulius —y, por consiguiente, también el de Joshua Juukulius—, eso sin duda formaba parte del propósito.
Ambos aún eran niños. Sin prisas, avanzarían continuamente paso a paso. Esa era la senda de los hermanos, Joshua y Julius, como Caballeros de la Casa de Juukulius.
Ese camino, empinado y largo, que les tomaría su tiempo recorrer juntos…
…Y en el momento en que posó sus ojos en el niño de cabello rojo, se dio cuenta de que ese ideal era totalmente ingenuo.
―…
Un cabello rojo ardiente y ojos azules que encapsulaban un cielo despejado. Avanzando con un aire gallardo sobre la alfombra extendida había un niño de la misma edad que Joshua, que aún no cumplía los diez años.
Subir al Castillo Real y ser recibido en audiencia por el Rey para escuchar sus exaltadas palabras era un acontecimiento importante.
Cuando un niño nacido de los linajes de Caballeros y nobles al servicio del Reino alcanzaba cierta edad, era llevado ante Su Majestad el Rey en una ceremonia celebrada para que jurara lealtad en el futuro.
Ese día, los hermanos Joshua y Julius fueron llevados por su padre para subir al Castillo Real.
Originalmente se suponía que iba a ser una oportunidad para revelar a Julius, pero queriendo ver el gran momento de su hermano mayor, Joshua suplicó y rogó que lo llevaran con ellos.
El Rey y los ancianos del Consejo de Sabios, la audiencia reunida en el centro del Reino de Lugunica, Joshua esperaba con orgullo el momento de descubrir qué tipo de evaluación le darían a Julius.
Esa perspectiva joven e ingenua se hizo pedazos sin dejar rastro con un simple vistazo a un «héroe» caminando.
Joshua, que admiraba a los «héroes» y había aspirado a forjar a Julius como uno, lo entendió claramente.
Inequívocamente, ese era un «héroe». Esa era la definición misma de un «héroe».
Puede que fuera un niño, pero un niño no era más que la forma que adoptaba. Puede que fuera un humano, pero un humano no era más que la forma que adoptaba.
―…Ah.
Al encontrarse frente a la intensidad de semejante «héroe», Joshua sintió una violenta sensación de asfixia y bajó la mirada. Inmediatamente después de hacerlo, sintió curiosidad por la reacción de Julius a su lado y miró hacia su dirección.
Joshua pensó que su hermano mayor podría estar experimentando el mismo impacto que él, preguntándose si quizás sus ojos se habían nublado…
―…Ese, es el auténtico.
Así, mientras Julius vocalizaba inconscientemente su admiración, nada de la misma humillación que sentía Joshua manchaba su perfil.
…Humillación, al darse cuenta de que sus propios pensamientos eran así, Joshua se quedó atónito.
―…
Humillación, sí, era humillación.
Lo que Joshua experimentó al presenciar la imagen de ese «héroe» era sin duda humillación. Hoy, todos los estudios diligentes de Joshua hasta ese momento fueron completamente negados por la naturaleza de ese «héroe». El hecho de todavía ser un niño, el de haber empezado a aprender, todo eso no eran más que excusas, la existencia de un «héroe», que debería haber tenido el mismo tiempo, se lo había negado.
Entonces, Julius, que debería haber recibido el mismo impacto que Joshua, observaba con los ojos brillantes. … Era como si hubiera terminado descubriendo un sueño distinto, un ideal diferente, un camino por recorrer que no era el de Joshua.
―…Hk, ¡Joshua!
Para cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde.
Incapaz de respirar, Joshua se agarró el pecho y colapsó. Su padre lo sujetó rápidamente en sus brazos. Sin embargo, la conciencia de Joshua se desvaneció y su mundo se volvió oscuro.
La voz de su padre y la de Julius lo llamaban, pero no pudo articular respuesta alguna. …En realidad, no tenía ninguna prueba de que Julius realmente lo hubiera llamado.
Quizás Julius ni siquiera estaba mirando a Joshua, e incluso en ese momento estaba viendo a ese «héroe».
Para poder decir que eso no era posible, Joshua no encontraba suficiente valor en su propia existencia.
Aun así, si había algo que podía afirmar con certeza, era solo una cosa. La senda recorrida por Julius Juukulius y la de Joshua Juukulius no era, de ninguna forma, la misma.
8
Después de eso, el estado de Joshua se deterioró rápidamente.
Incapaz de levantarse de la cama, sus días asediados por pesadillas febriles continuaron durante un tiempo.
Todos los sanadores y miembros de la Casa de Juukulius le habían dicho que descansara bien, pero él no podía hacerlo. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba los eventos en la sala de audiencias, destrozando el corazón de Joshua una y otra vez.
El catalizador había sido la presencia de ese «héroe».
Aun así, lo que en verdad hizo pedazos el corazón de Joshua no fue la naturaleza de ese «héroe», sino…
―…Joshua, ¿cómo te sientes?
―…Querido Hermano.
Entreabriendo la puerta, la voz que llegó era la de Julius, preocupado por Joshua. Al recibir una respuesta, su hermano mayor suspiró, modificando su expresión y caminando hacia él.
Para no mostrarle a Julius su lado débil, Joshua se arañó los brazos y fingió una expresión.
―Hoy es, bueno, creo que… Querido Hermano, ¿cómo estás?
―Yo… no, más bien, estoy progresando favorablemente. Mi Padre también pareció bastante sorprendido de que hubiera cambiado.
Ya fuera para tranquilizarlo o simplemente expresando sus verdaderos sentimientos, la expresión de Julius tenía cierta firmeza en ella.
El comportamiento de su hermano mayor se había estabilizado un poco, claramente distinto al de antes, cuando su objetivo era incierto, y ahora parecía tener la fuerza de voluntad de alguien que había decidido firmemente la senda que quería recorrer.
Y Joshua también había estado presente en el momento en que Julius lo había decidido.
Y, aunque ambos deberían haber contemplado la misma escena… ¿por qué, para Joshua, esa senda era…?
―Joshua, ¿hay algo que te gustaría hacer?
―…Algo, ¿que me gustaría hacer, dices?
Con una expresión impasible, Joshua regurgitó la pregunta, y Julius asintió como un Caballero lo haría.
Como esa reacción le causó dolor en el corazón, Joshua reflexionó por un momento y luego miró por la ventana.
Fuera de la ventana de su habitación estaba el patio en el que Julius era instruido en esgrima todas las mañanas. Había un árbol de manzenes creciendo en el borde del patio… algo que se había plantado para celebrar el nacimiento de Joshua.
En ese momento, podía ver que el árbol de manzenes estaba dando frutos de una brillante tonalidad roja.
―…Manzene.
―¿Mhm? Manzene… ah, ¿esas manzenes?
Siguiendo la mirada de Joshua, Julius dio un aplauso cuando vio el árbol de manzenes. Después, Julius se golpeó con fuerza el pecho y dijo: «Bien, entiendo».
―Déjamelo a mí. Después de todo, ¡tu hermano te hará feliz!
Sacando conclusiones precipitadas, Julius salió vigorosamente de la habitación. A sus espaldas, Joshua extendió la mano con un «Ah». Pero no lo alcanzó.
La mano que no llegó a alcanzarlo era algo de lo que Julius no se dio cuenta.
―Qué tonto soy.
Animado y lleno de vigor, salió corriendo. Se había equivocado al pensar que eran iguales.
Al haberse hecho a la idea errónea de que podían ser iguales, él mismo resultó ridículo, bastante tonto, estúpido y lamentable.
Trepando velozmente el árbol del jardín a lo lejos, Julius tomó la manzene en silencio.
Como si celebraran el acto realizado en consideración hacia su hermano menor, se podía ver el resplandor de los espíritus rodeándolo.
Incapaz de soportar esa visión, Joshua se cubrió la cara con las manos, apartando la mirada de la ventana.
Y así, después de mucho tiempo, lo sintió profundamente. …Que él, era un pecador por nacimiento.
―…Ah, ¿por qué es que todavía estoy vivo?
En cuanto admitió sus pecados —su propia estupidez— Joshua sintió que su cuerpo se volvió más ligero y se rio.
Mientras las lágrimas manchaban sus mejillas, rio, rio y continuó riendo. …Desde entonces, Joshua reevaluó firmemente su propia existencia. Nunca debía hacerse ideas equivocadas. Nunca debía ponerse metas muy grandes.
Nunca debía menospreciar a su maravilloso hermano mayor, Julius Juukulius, al creer que era igual que él.
En lugar de su inadecuada persona, toda la rectitud y magnificencia de un Juukulius, sería cumplida, solo por Julius. Lograda, solo por Julius. Y demostrada, solo por Julius.
Estaba bien por Joshua Juukulius que él mismo no fuera más que un tapete de paja sobre el cual pisar en esa senda.
9
―…
Junto con el viejo y nostálgico recuerdo, Joshua recordó un dolor en su corazón y entrecerró los ojos.
Tras salir de la oficina de Anastasia, Joshua se detuvo en el corredor y, ante la sensación de déjà vu por el paisaje que veía por la ventana, percibió la presencia de una manzene roja similar a la de entonces.
No lo consideraba un recuerdo amargo. Consideraba el acompañamiento del dolor como una herida necesaria.
―Aunque es irónico que, desde que pasó eso, mi constitución ha dejado de deteriorarse.
Los miembros de la familia bromeaban diciendo que era el efecto de la manzene que Julius le había dado.
En realidad, ese día había sido un punto de inflexión para que la condición de Joshua mejorara drásticamente, y ya no volvió a ser asediado por fiebres en la cama. Como si sus sentimientos de no estorbar a su hermano mayor hubieran tenido un efecto en su cuerpo.
Y ahora, para Joshua era impensable conformarse con que su existencia se redujera a tan poco.
―Sin importar nada, tengo que ser útil para mi Querido Hermano.
Ese era el mejor curso de acción que Joshua podía tomar como el hermano menor de Julius Juukulius. Para él, incapaz de alcanzar al «Perfecto», era lo «Mejor» que podía hacer.
―¡Caray, Joshua! ¡¿Por qué te quedash ahí parado como un tonto y con la cara pálida? ¿No te sientesh bien?
Entonces, al renovar sus sentimientos, una voz retumbó tan fuerte que hizo temblar la ventana que estaba tocando. Cuando se dio la vuelta, había un gran hombre perro que se acercaba a él con grandes pasos.
―Ricardo… En realidad estoy rebosante de energía. ¿No lo notas con solo mirarme?
―Ohh, ¿ah, sí? ¡No se notaba en lo más mínimo! ¡Tu cara se ve tan pálida como shiempre!
―Mhm, eso es un poco decepcionante…
Ante las palabras de Ricardo, que sonaban como un grito furioso, Joshua arregló la posición de su monóculo desacomodado.
En realidad, era cierto que la motivación brotaba en su interior. Desde hacía mucho tiempo, el cuerpo de Joshua comenzaba a producir energía en el momento en que decidía algo como objetivo. No había duda de que esto era de la misma naturaleza.
―¡Eshtaba completamente convencido que entraríash en un pánico terrible por tener que ser enviado al dominio de la sheñorita elfa! Si no estásh por los suelosh, entoncesh puedo eshtar tranquilo inclusho si Mimi va. ¡Cuento contigo!
―Si hubiera sido un poco antes, no habría podido aceptar sinceramente el ánimo, pero mi yo actual está bien. Por favor, déjamelo a mí. Cumpliré firmemente con mi papel de supervisar a Mimi.
―Claro, lo pillo, ¡eso es condenadamente maravillosho! Bueno, ¡da tu mejor eshfuerzo sin sobrepashar tu mejor eshfuerzo, ¿vale?!
Con un consejo un poco difícil, Ricardo le dio una palmada en la espalda a Joshua con su enorme mano.
Gritando «¡Ayy!», a Joshua se le cayó el monóculo y lágrimas salieron de sus ojos mientras miraba a Ricardo. Como era de esperar, no tenía fuerzas para resistir el daño físico, por lo que le empezó a dar un ataque de tos.
―¡Ghoghhh, Ricardo! Si actúas así con todo el mundo, ¡la reputación de nuestra Facción va a…!
―¡Maldita sea, volvió a pasar! ¡Perdón, perdón! ¡Buajajajajajajaja!
―¡No es momento para carcajearse con «buajaja», en serio!
De forma despreocupada, Ricardo se dio una palmada en la cabeza, provocando que Joshua respirara muy hondo.
Por otro lado, contrariamente a los sentimientos de Joshua, la expresión de Ricardo era algo divertida. Joshua miró hacia atrás con un «¿Qué pasa?», y…
―Nada, nadita, solo eshtaba impreshionado por lo cercano que te has vuelto con todosh nosotrosh, Joshua.
―Eso… bueno, ahora que lo dices, supongo que es cierto.
―¿Ves? Ese es el eshpíritu. Aunque estésh en conflicto con la Señorita por lo del dominio de la sheñorita elfa, no tienesh por qué eshtar moleshto con nosotrosh.
―…
Ricardo se rio mientras mostraba sus colmillos, y al recordarlo, incluso esa sonrisa había sido algo a lo que temió.
Lo mismo pasó con los trillizos Mimi, Hetaro y Tivey, e incluso con Anastasia. Para empezar, a Joshua no se le daba bien que el mundo a su alrededor se expandiera, y muchas veces se había detenido en seco.
Sin embargo, la doctrina de Joshua era tener la precaución justa para garantizar la prudencia, sin ir demasiado lejos y terminar en la cobardía.
―Por lo tanto, humildemente lo tomaré con pinzas.
―¡Ja! ¡Pero qué deshcarado eres!
Mientras Ricardo se reía en genuinas carcajadas, Joshua entendió su punto. Pero estaba bien.
Guiados por la mano de Julius, aquellos presentes en su mundo inesperadamente ampliado eran Anastasia y los miembros del Colmillo de Hierro, por lo que Joshua no pensaría en desear más que eso, ni lo querría. …Incluso si extendiera la mano hacia la manzene, nunca sería capaz de alcanzarla, así era la vida de Joshua.
10
A través de tales ideas, Joshua Juukulius cumplió con su trabajo como embajador.
No debería haber ningún problema en afirmarlo. En realidad, ni la preocupación por lo volátil que podía ser Mimi ni el peligro de la Facción de Emilia, según los rumores, habían supuesto una amenaza suficiente como para que Joshua estuviera en guardia.
Por encima de todo, no es que no hubiera tenido problemas.
El encuentro con el «Lolimancer» en cuestión le dejó una impresión inesperadamente extraña, que Mimi se enredara imprudentemente con el agregado de combate de la Facción de Emilia, y muchas otras escenas lo habían puesto de los nervios.
Pero, mirando el panorama general, al no haber habido obstáculos en el camino de ida y vuelta, y haber entregado la carta de forma segura, podía felicitarse por haber obtenido una puntuación perfecta como embajador. Por otro lado, lo que se entregó a Emilia fue solo una invitación; como miembro de la Facción de Anastasia, su utilidad para su Señora y para Julius dependería de lo que ocurriera a partir de ahí.
…Una convocatoria a las Candidatas Reales en la Ciudad de las Compuertas, Priestella; cuyo éxito determinaría ese resultado.
Y ahora, con la tranquilizadora adición de la Facción de Emilia, al día siguiente de confirmar la llegada de las Facciones de Crusch y Felt, Joshua recibió una tarea fundamental de Anastasia y se encontraba lejos de la posada.
Su misión era…
―¡…Así que era muy en efecto esta carta! ¡Entonces estaré mucho muy honrado de haber sido de ayuda!
Ante el joven que sonreía con sinceridad al decirlo, Joshua respondió con un «Sí» mientras bajaba los párpados con alivio.
―Es una carta extremadamente, sumamente e invariablemente importante. No habría podido mostrar mi cara ante nadie si no hubiera conseguido volver con ella. Y usted es, uhm…
―¡Ah! Muy en efecto, soy Schult, señor.
―…Joven Schult. Si no hubiera estado allí, la Casa de Juukulius habría tenido una enorme mancha en su nombre para este momento. ¡Gracias por salvaguardar la historia de mi familia…!
―¡Me honra muchísimo!
Ante la reverencia de Joshua, había un joven avergonzado, que no rechazaba por completo aquel gesto; Schult. Mientras expresaba su gratitud al avergonzado muchacho, Joshua notó una sensación en el pecho. En el interior del abrigo que tocaba su mano, estaba una singular carta, que había recibido de un mensajero en una de las grandes puertas de entrada de la ciudad, siguiendo las instrucciones de Anastasia.
La carta no estaba sellada. Aunque Joshua desconocía los detalles, sabía que ese día sería una pieza importante para la integración de la reunión de las Candidatas Reales invitadas a Priestella. Tanto que una de las Candidatas había viajado hasta allí por el contenido de esa carta.
No podía perder esa crucial y fundamental carta…
―¡Pero cuando lo vi caminando rápido tras la carta que revoloteaba en el aire, yo también me sorprendí muchísimo!
―¡Ugh! M-Me disculpo por los terribles inconvenientes… y para que conste, no estaba caminando rápido, sino corriendo.
―¡Muy en efecto! Gracias a que usted corría tan lento, ¡me alegro muchísimo de haber podido atraparla a tiempo! ¡También fui mucho muy capaz de entregarle la carta a tiempo!
Schult, con su gran sonrisa, no guardaba malicia alguna: la causa de su perturbación no era otra que la escasa resistencia y lentitud de Joshua, así que se limitó a molestarse con resignación.
Como sea, Joshua fue rescatado de un fracaso —causado por sí mismo— por Schult, gracias a que este recogió la carta secuestrada por una maliciosa ráfaga de viento. Podría hacer cualquier cosa para devolverle el favor.
Y ante la posterior propuesta de Joshua, Schult tímidamente se cubrió los ojos.
―La verdad es que, por mucho muy vergonzoso que sea, me perdí. Si no supone ningún problema, me gustaría muchísimo que me ayudara a encontrar a mi Señora…
Junto al muchacho que le había dado una oportunidad inesperada para devolverle el favor, Joshua caminó.
Casualmente, al escuchar los detalles, el lugar donde Schult se había alejado de su Señora parecía estar muy cerca del Pabellón Fluvial del Plumaje, donde Joshua y todos los demás se alojaban, lo que lo tranquilizó, ya que podría guiarlo hasta allí.
―Ofrecerme a devolver un favor y luego no ser de ninguna ayuda… eso sí que sería hacerme quedar mal.
La circunstancia de Schult de ser un niño perdido era capaz de provocar sonrisas, pero esto era Priestella, considerada una de las cinco grandes ciudades de Lugunica. Los complicados caminos conectados con los canales se extendían por toda la ciudad y, al no haber señales, era un laberinto artificial en el que los adultos podían perder de vista su destino.
―La verdad es que, al parecer, la ciudad estaba estructurada como una trampa contra los enemigos. Por lo tanto, las complicadas rutas son un arreglo con ese fin.
―Guoa, señor, es usted alguien mucho muy culto. ¿Dónde aprendió eso?
―Todo esto lo aprendí de los libros. Nada de eso es algo que haya aprendido de mi propia experiencia, nada en absoluto.
Moviendo su dedo, mientras recitaba parte de la historia de Priestella, Joshua esbozó una sonrisa amarga. Pero ante ella, Schult pronunció «¿Ah, sí?» mientras inclinaba su cuello…
―Mi Señora a menudo también lee libros. Y suele decir esto: «…El verdadero conocimiento es almacenar el quid que se aprende de los libros para aplicarlo en el momento necesario».
―…
―Por lo tanto, señor, usted que me informó adecuadamente de lo que estudió en los libros, es una persona honorable y genial, ¡eso es lo que pienso!
Joshua tragó saliva ante Schult, que se llevó la mano al pecho para enfatizar sus palabras.
No había ninguna preocupación superflua ni lástima hacia Joshua en las palabras del sincero joven. Schult simplemente estaba expresando la filosofía que aprendió y en la que creía.
Y eso era algo que Schult había aprendido y recibido de su Señora.
―Joven Schult, usted respeta a esa persona, ¿correcto?
―¡…Sí, muchísimo! ¡Tanto que la palabra «respeto» es insuficiente para expresarlo! ¿Usted también tiene a alguien a quien respeta, señor?
―… Jeje. Estaba esperando esa pregunta.
―¡Oh! ¡Me alegra muchísimo haber estado a la altura de sus expectativas!
Joshua asintió mientras Schult, complacido, levantaba ambos brazos para después señalar con la palma de la mano hacia el cielo. Arrastrado por el mismo movimiento,
Schult levantó la cara y ante su vista apareció el sol. Por supuesto, mirar directamente al sol quemaría los ojos del observador.
―Y, para mí, mi Querido Hermano es realmente alguien de un brillo tan radiante.
―¡Su hermano sí que lo es! ¡De alguna forma parece mucho muy increíble!
―¡Precisamente! Mi Querido Hermano es increíble. Puede hacer lo que sea y se esfuerza por ser capaz de hacerlo todo. Su forma de ser, manera de vivir, su voluntad, ¡en verdad es el Perfecto!
―¡Eso es muy genial! Radiante como el sol… ¡mucho muy parecido a Lady Priscilla!
El ánimo de Joshua también mejoró mientras Schult escuchaba con entusiasmo.
Sí, Julius era increíble y maravilloso. A pesar de merecer tal elogio irrefutable, la valoración que su hermano mayor se daba a sí mismo era demasiado baja. Deseaba que reconociera más sus propios esfuerzos, que se estimara más.
Por lo tanto, debía seguir diciéndole perpetuamente que era increíble.
En lugar de Joshua, que era una decepción como heredero, este era el hermano mayor, el sucesor de la Casa de Juukulius…
―¡Usted de verdad quiere mucho a su hermano, señor!
―…
―¡Al escucharlo, yo también me puse mucho muy feliz! ¡Ugh, me gustaría muchísimo conocer a su hermano!
Schult había tomado sus palabras con obediencia e inocencia, a lo que Joshua parpadeó varias veces y, a continuación, inhaló profundamente. Era cierto que cada vez que pensaba en Julius, surgía en su interior un ruido secundario que no deseaba escuchar. Aun así, en respuesta a la sincera réplica de Schult, solo podía decir una cosa.
Sobre lo que Joshua pensaba de Julius, su hermano mayor honorable y de determinación sublime.
―… Sí. Mi Querido Hermano es perfecto, así que una vez que lo conozca, joven Schult, estoy seguro de que será incapaz de resistirse a su encanto. Puede que incluso empiece a plantearse cambiar a quien le sirve.
―¡E-Es-Es-Eso no es mucho muy cierto! ¡Soy mucho muy devoto solo a Lady Priscilla!
Joshua sonrió mientras Schult agitaba tímidamente sus extremidades y exclamaba.
La idea que tenía de querer que conociera a su hermano mayor era cierta. Habiendo quedado deleitado al escuchar la anécdota de su hermano mayor, seguramente se llevaría bien al instante con el hermano mayor de Joshua, del que estaba tan orgulloso. Encontrándolo conmovedor, solo por la anticipación, Joshua sintió su pecho aliviarse.
Naturalmente, debía priorizar su trabajo relacionado con la Selección Real, incluida la entrega de la carta, por lo que debía considerar el asunto de Schult de forma posterior…
―…
Un instante después, una abrupta sensación de inquietud cosquilleó el tímpano de Joshua.
―¿…? ¿Eh? ¿Pasó, algo?
Notando la misma anomalía que Joshua, Schult también detuvo su paso e inclinó la cabeza.
Delante de los dos, que se dirigían hacia la posada, proliferaba una conmoción en una avenida de la animada ciudad, y sentían que su aumento progresivo se dirigía hacia ellos…
―Joven Schult, por favor, dese prisa y corra.
―¿Señor?
Al discernir la identidad del alboroto, Joshua se dirigió a Schult. Al joven perplejo que abrió los ojos ampliamente, Schult, Joshua le tendió la mano. Lo que había en ella era la carta crucial que Joshua tenía la responsabilidad de entregar.
―Por favor, tome esto. Para que su Señora se lo entregue a mi Querido Hermano.
Ante la voz de Joshua, que no permitía afirmación ni negación, Schult aceptó la carta con palma temblorosa. Joshua se adelantó un paso más a Schult y vociferó en voz alta:
―¡Corra!
Obedeciendo su voz, Schult corrió en la dirección opuesta como si hubieran accionado un interruptor. Como si persiguieran al apurado muchacho, en la misma dirección, una multitud en estampida salió a toda velocidad. Mientras cruzaba contra aquella multitud aullante, Joshua avanzó aún más hacia el otro lado.
Y…
―¡…Beber con gula! ¡Comer con gula…!
Tosco y violento, resonaba una voz que rezumaba excitación, sus cortas extremidades se balanceaban y salpicaban sangre por la avenida.
Dejando escapar un gruñido amargo, de un rápido golpe apartó a los guardias encargados de proteger la ciudad. Los soldados, a pesar de estar armados con espadas, armaduras y voluntad, fueron triturados y cortados en pedazos como trozos de papel con una crueldad atroz.
El que ejecutó esto era un bulto negro que se arrastraba ágilmente como un gusano. No era un terrón de lodo ni una sombra, sino un ser con el cabello lo suficientemente largo como para cubrir su pequeño cuerpo, lo que acentuaba el brillo malévolo de su mirada perversa.


―¡Jaja~! ¡Eso no servirá, noserviranoservirano, no servirá para nada…! ¡Aunque haya tanta gente, no alivia nuestra inanición en absoluto…! ¡Si es así, no quedaremos satisfechos!
Expresándolo con tenacidad, el propietario del destello siniestro dominaba su entorno. Chocando con su línea de mira, estaba una mujer agachada y acobardada que retrasaba su huida, gritando: «Hk». Parecía como si sus piernas fueran incapaces de albergar fuerza. Hacia la dama menguada, lenta y constantemente, los pasos se acercaban.
―A juzgar por su apariencia, usted, señora, parece más bien del tipo que le corresponde a Roy, ¿o n~o? Pero también existe la posibilidad de que sea un manjar, así que, por probar, vamos a intentarlo y ya veremos~.
―P, or favor… ¡por favor! Por favor, perdóname… ~hk.
―…Nop.
La súplica de la mujer llorosa, resignada a morir, fue profanada por el pequeño ser que exhibía sus afilados colmillos.
Su mano delgada se extendió lentamente hacia adelante. Con las armas letales que habían convertido a los soldados en montones de sangre, terminaría acabando con ella de manera idéntica. Justo antes de eso…
―Eso, no es nada bonito.
―¿E~h?
Levantando una ceja, el profanador de la vida dejó escapar un murmullo empapado en puro interés. Su mirada de evaluación se dirigió hacia Joshua, que se había interpuesto entre él y la mujer.
Por supuesto, al simplemente interponerse entre ellos, nunca podría obstaculizar la intención del profanador. Por eso, Joshua tomó prestada la espada de uno de los soldados caídos y repelió al oponente lanzándose contra él con la hoja.
―Aunque solo pueda arrastrarse, por favor, corra. Mientras yo mantengo su atención en mí.
―~Hk, ¡lo siento mucho!
Colocando los pies hacia delante, Joshua se enfrentó al profanador, y la mujer entendió que debía dejarlo atrás para correr y escapar.
Recibió una disculpa, pero no le importó. Quería que ella corriera. Si el profanador intentaba obstaculizar su huida, él haría que…
―A~h, no es necesari~a, esa preocupación. Ese tipo de presa que parece tan difícil en comparación con ese sabor, tampoco es digna de ser colocada en nuestro plato, ~jum. Y en lugar de eso, estás tú, t~ú.
―¿Qué pasa, conmigo?
―Se siente suave y rico. Nos encanta la gente como tú, que tienen diversas emociones como condimentos o especias mezcladas en abunda~ncia. Voy a empezar a babe~ar.
Ante los ojos del profanador, que sacaba la lengua y se lamía los labios, donde se atestiguaba el desbordamiento de un apetito voraz en perfecta concordancia con sus palabras. Un escalofrío helado recorrió la columna de Joshua.
Aunque no quería considerar la posibilidad de ser el objetivo de un deseo genuino de devorar a un humano…
―¡Incluso si ese fuera el caso, es una razón más para no dejarte ir y…!
―Aunque el potencial no parecía nada bueno, el potencial es bue~no. Incluso si es de verdad o un engaño, ¡es un toque agradable de condimento para realzar y aumentar la esencia y el sabor, ~jum! ¡Beber con gula…! ¡Comer con gula…!
Juntando las manos, a las que tenía atadas dagas, frente al pecho, el profanador aplaudió con un agudo tono metálico. Al oír eso, Joshua calmó silenciosamente su propio corazón.
―…Querido Hermano, por favor, cuídate.
Aferrándose a la sensación de la espada, Joshua comprendió que su peor momento estaba ante sus ojos, acercándose de forma inminente.
Lo que le aguardaba era el final ineludible. Aun así, el corazón de Joshua se había silenciado sin entusiasmo y, a pesar de que su persona solía asustarse por todo, ahora era incapaz de comprenderse a sí mismo.
Tan solo, con espada en mano, en este preciso instante de enfrentar al profanador de la vida que aterrorizaba a la gente, reflexionó:
―Alguien como yo, viéndose como si fuera un Caballero…
En días pasados, cuando aún era un niño, cuando su equivocada persona había hablado con su hermano mayor, recordó.
Al igual que el padre de Julius, que se alejó de la Casa de Juukulius, el tío de Joshua que había perdido la vida, su paso hacia la muerte era propio de un Caballero, y esa era la única forma en que Joshua Juukulius podía convertirse en un Caballero.
―¡…Comamos!
La ironía. Percatándose de la llegada de ese momento, Joshua sonrió y levantó su espada por encima de su cabeza.
Galante, decidida, el brillo de la espada dibujando un arco, era sin duda la espada de Juukulius blandida para proteger a la gente, para proteger a los débiles.
…Un hermano menor digno del «Perfecto», la espada guardiana de Joshua Juukulius.