Sección 6
Sección 6
—...
Aquella noche, Omega se despertó lentamente en su cama.
Sinceramente, levantarse no era su punto fuerte. No creía que fuera un problema de su cuerpo, sino de su alma. Pensándolo bien, nunca se le había dado bien levantarse, ni siquiera cuando había tenido su propio cuerpo. No había sido consciente de ello, pero quizá se debiera a lo que llamaban “baja presión arterial”.
Qué extraño era que ni siquiera cambiando el recipiente de su alma se le solucionasen sus problemas de presión. Pero ahora no era el momento de pensar en la relación de las almas y la presión sanguínea.
—…No está aquí.
Su tosca cama no era más que una manta extendida en el suelo. Su piroxeno azul, que debería estar cerca de la almohada, no se veía por ninguna parte. Omega solía llevarlo como collar, atado a una cuerda, aunque naturalmente se lo quitaba cuando se iba a dormir. Recordaba haberlo hecho también esta noche antes de acostarse.
—¿Colette?
En el interior de la cabaña completamente oscura, una llamarada surgió de los dedos alzados de Omega. No había rastro de Colette en la cama contigua a la suya, y su capa, que debería haber estado colgada de la pared, tampoco se veía por ninguna parte.
Colette había desaparecido, al igual que su piroxeno. Esta relación entre causa y efecto probablemente no hacía falta decirla.
—No es posible, es difícil imaginar que ella estuviera fuera por dinero.
Cansada, Omega se frotó los ojos y se puso apresuradamente la capa, antes de salir de la cabaña.
El aire del bosque por la noche era gélido, y su aliento empañado le restaba fuerza a las piernas. Pero no tenía la opción de abandonar su piroxeno y volver a la cama. No podía separarse de él. Era una de sus cosas más importantes en el mundo.
—...
Cuando empezó a caminar, un sonido sacudió los tímpanos de Omega. Pudo oír un aullido a lo lejos.
El aullido provenía de lo más profundo del bosque. Había sido agudo, parecía llegar hasta más allá del gélido cielo nocturno. En cuanto Omega lo oyó, la palabra “Bestia” pasó por su mente.
—No una mabestia, una “Bestia”, eh.
Omega recordó el estado en que se encontraba Palmyra cuando le había dejado esas palabras, y entonces dio otro paso adelante. No había duda de hacia dónde se dirigía; El bosque del este.
—...
Omega entrecerró los ojos al entrar en el claro que había visitado durante el día, con el cementerio dentro.
El olor a sangre que llenaba sus fosas nasales yacía más espeso en comparación con lo que había olido durante el día. Probablemente debido a toda la sangre fresca que acababa de salpicar el cementerio.
—Hmm.
Omega asintió con la barbilla mientras observaba el cementerio, que ahora estaba teñido de rojo.
La carne y la sangre que estaban esparcidas debían de pertenecer a animales que vivían en el bosque. A primera vista, la escena parecía horripilante, pero ninguno de los cadáveres aparentaba ser humano. ¿Podría haber sido un gesto de la conciencia de la “Bestia”?
—O, quizás, ya había decidido su primer objetivo.
Omega echó lentamente un vistazo al cementerio y a los cadáveres. La luz de la luna estaba obstruida por pesadas nubes, y el suelo estaba envuelto en una oscuridad tan tranquila, que haría que cualquiera quisiera morir.
…Pero la horda de bolas de fuego que Omega había conjurado cortaba la oscuridad sin tregua. Se convirtieron literalmente en lámparas que dejaban al descubierto el estado de los alrededores manchados de sangre. Eso, y que no era sino un acto de desprecio para aquellos que moraban en la oscuridad, que no sentían aprecio por la luz.
—¡¡¡…Tss tss!!!
La “Bestia” salió volando del velo de oscuridad, soltando un feroz aullido. Atronó hacia Omega a una velocidad vertiginosa y lanzó sus garras contra ella con una fuerza tremenda. Seguramente acabaría como la carne y la sangre esparcidas a su alrededor si terminaba recibiendo su ataque. Dicho esto, Omega no tenía la delicadeza necesaria para esquivar estos ataques con la suficiente rapidez. En cuanto a su capacidad física, era tan delicada y frágil como una niña, tal y como parecía.
Sin embargo, a pesar de su esbeltez, estaba hecha de una naturaleza diferente a la de una semielfa atípica, incluso capaz de romper rocas al golpearlas.
—Vaya, eso me recordó a alguien que me desagrada.
La cara de Omega se amargó unos instantes antes de que las garras se clavaran en su cabeza, mientras los recuerdos pasaban por su mente.
La velocidad a la que pasaban los pensamientos significativos era mucho mayor que la del movimiento de su cuerpo. Había algunas teorías que afirmaban que los flashbacks que aparecían al borde de la muerte eran operaciones de búsqueda que el cerebro, acobardado por el riesgo de muerte, realizaba, utilizando los propios recuerdos para encontrar una forma de escapar de la situación en la que se encontraba. Así de abrumadora era la velocidad de sus pensamientos. Las garras de la “Bestia” aún no habían alcanzado a Omega, incluso cuando terminó con su absurda intromisión de pensamientos.
…De ahí que un muro protector de tierra se interpusiera fácilmente en el ataque de su enemiga.
—Dona.
En realidad, no necesitó recitar el conjuro. El muro de tierra se levantó mucho más rápido que el movimiento de sus labios. Aun así, se había molestado en recitarlo porque le gustaba poner palabras a las cosas que pasaban.
—...
La “Bestia” salió despedida desde abajo por el muro de tierra que se elevaba, y voló hacia el cielo nocturno. Su pequeña sombra dio vueltas y vueltas; sin embargo, rápidamente dio una patada a la rama de un árbol cercano, dejó de girar y volvió a caer a tierra. Se protegió hábilmente la cabeza y la espalda de la caída, aterrizando en el suelo sobre sus propias cuatro extremidades. Nada mal.
Sin embargo...
—¿No te golpeé hace un momento usando esa misma tierra?
De ninguna manera iba a superar su ataque con una simple contramedida provisional.
Su ofensiva comenzó antes de que la “Bestia”, que ahora había aterrizado en el suelo, hiciera su siguiente movimiento. Una vez más, la tierra se retorció, y esta vez se tragó las extremidades de la “Bestia”, inmovilizándola.
—¡¿…Tss Tss?!
Con los brazos y las piernas engullidos hasta las rodillas y los codos, no le quedaba absolutamente ningún lugar donde depositar su fuerza. Una estaca de tierra se elevó salvajemente hacia el vientre expuesto de la lamentable y forcejeante “Bestia”, mientras yacía incapaz de moverse.
—…Tss Tss
—Usar todo lo que tienes alrededor como herramientas es donde realmente puedes demostrar tus habilidades como mago. Viento, tierra, fuego, agua; todo bajo mi conjuro. …Así debe ser como se siente hacer del mundo tu enemigo.
Omega murmuró esas palabras sin ninguna emoción real mientras soltaba su despiadado golpe. Al recibirlo, la “Bestia” fue impactada en el vientre. Lanzó un rugido de dolor y levantó la cara, enseñando los colmillos.
—…Tss Tss
—Hmm, todavía pareces animada, ¿o no? ¿Tal vez deberíamos repetir dos o tres más de estos?
Omega cerró uno de sus ojos mientras miraba a la animada y aullante “Bestia”, para después apuntarle con la palma de la mano.
Su estaca de tierra le había golpeado las entrañas, aunque había redondeado la punta antes de soltarla, para no hacerle daño. Aun así, tal vez le resultara más fácil dispararle una afilada. Por ahora, si tenía que recurrir al derramamiento de sangre para detener sus movimientos, entonces...
—...¡Ya es suficiente!
Omega había intentado extender la palma de la mano y desatar un torrente de ataques contra ella. Sin embargo, fue detenida en seco.
En sus fríos ojos azules se reflejaba primero la “Bestia” que luchaba, cuyas extremidades estaban atrapadas en el suelo, y luego la chica que se había puesto delante de la “Bestia” para protegerla, Palmyra.
Grandes lágrimas brotaban de sus redondos ojos mientras miraba con odio a Omega.
—¿Qué estás haciendo?
—¡Te lo ruego, ya basta! ¿No crees que no hay necesidad de ir más lejos?
—Es cosa tuya si no soportas mirar, pero no puedo evitar sentir que sería una irresponsabilidad de mi parte dejar que esto exista. Imagino que, en primer lugar, a ti también te habrán molestado, ¿cierto? Debiste de evitado a la “Bestia”.
—¡No! Como si yo fuera a pensar: “¡Quiero que mates a la “Bestia”!”
Palmyra se dio la vuelta mientras las lágrimas corrían por su cara, ignorando las palabras de Omega con un gruñido. Entonces rodeó con sus brazos a la “Bestia” encadenada, tirando de ella en un fuerte abrazo.
—Nunca quise convertir a Colette en una “Bruja”. ¡Quería ayudarla!
Gritó desesperadamente mientras seguía abrazando a la “Bruja”… Más bien, a Colette.