Una Enfermedad Llamada Desesperación
CAPÍTULO 3:
Una Enfermedad Llamada Desesperación
… Había sido traicionado. Traicionado. Traicionado. Traicionado.
—¡Rem, idiota…!
Cuando Subaru leyó la carta que acompañaba a la bolsa que le habían dejado, rugió con una rabia incontenible.
Estaba sentado en un sofá duro del salón del primer piso de la posada. No había nadie más. El motivo era su prolongado y violento comportamiento. El posadero que le había conducido al salón ni siquiera había sido capaz de mirarle a los ojos al responder a sus preguntas.
Una sabia decisión. En ese momento, cualquiera que apareciera en la línea de visión de Subaru era su enemigo.
—¡Y yo que pensaba… que al menos me entendías…!
La carta estaba escrita completamente en escritura I. Subaru, que aún estaba aprendiendo el lenguaje escrito, no podía leer nada que no estuviese en esos caracteres. Rem había sido considerada en ese sentido, pero a la luz de como lo había abandonado, eso sólo empujó el corazón de Subaru más profundamente en la oscuridad.
La carta rebosaba preocupación por el bienestar de Subaru, pero tal era la cantidad de tristeza que llenaba su cabeza que no tuvo oportunidad de darse cuenta de ello. De la lectura de la carta sólo extrajo un pensamiento.
—Incluso tú piensas que soy inútil e impotente, Rem…
Sus conversaciones en la Mansión Crusch, su diálogo con Rem la noche anterior, y su intercambio con de Emilia en la capital real volvieron a él. Palabras sobre palabras se amontonaban con sus voces, reprochando a Subaru su impotencia e incompetencia. Los había dejado de lado y había aprovechado la oportunidad perfecta para demostrarles el valor de Natsuki Subaru, o eso había pensado. Había pensado que al menos Rem creía que valía algo, pero…
—Sí, lo entiendo… Me estás diciendo que soy peso muerto, así que me estás soltando… ¡Y si no te creo, quieres que mire lo mucho que he estado dependiendo de ti…! —escupió Subaru, apretando los dientes mientras se ponía en pie.
El equipaje y el dinero que Rem había dejado estaban alineados sobre la mesa del salón. Había bastante dinero en el saco. Al parecer, Roswaal había dejado una pequeña fortuna en manos de Rem. Con tanto dinero a su disposición, Subaru no tendría problemas para cubrir sus necesidades diarias durante bastante tiempo. Sabía que eso era exactamente lo que Rem tenía en mente cuando se lo dejó.
Le subestimó. ¿De verdad creía que podía traicionar su confianza, dejarle sin nada más que dinero y esperar que se arrodillara dócilmente y se sometiera? De ninguna manera haría lo que ella quisiera.
No, a Subaru se le ocurrían todo tipo de formas de utilizar el dinero para salir del aprieto.
—Si contrato un carruaje de dragón y un conductor, tal vez pueda llegar a la mansión… Dicho esto…
Rem había hecho cuidadosos preparativos para hacer fracasar cualquier plan de ese tipo que pudiera tener Subaru. Según el posadero, en aquel pueblo no había ningún establecimiento que pudiera prestar un carruaje de dragón. Además, la aparición de la «niebla» había desbaratado los horarios de los carruajes que conectaban regularmente las distintas aldeas.
No había carruaje de dragón a cualquier precio. Sin duda, Rem había empezado a planearlo todo en cuanto se alojaron en la posada del pueblo la noche anterior. Era como si se estuviera riendo de los escasos conocimientos de Subaru, aplastando amablemente sus opciones una a una… todo para encallarle en aquel pueblo y evitar que regresara a la mansión.
—Entonces tendré que ir a pie… Eso es estúpido. No tengo un mapa, y no puedo hacer frente a los monstruos.
Si aparecían bandidos o mabestias, hasta allí llegaría. Había visto mapas del mundo varias veces, pero no conocía el terreno local. Deambular sin rumbo reduciría prácticamente a cero sus posibilidades de llegar a la mansión.
Todo era resultado de su propia ignorancia. La falta de educación y fuerza de Subaru no dejaban de defraudarle.
Para empezar, nunca había previsto tener que enfrentarse a bandidos y mabestias.
El hecho de que nunca hubiera llevado encima ni una sola espada era prueba de ello. Había hecho que Wilhelm le instruyera en el arte, pero no podría hacer nada con ese entrenamiento si partía con las manos vacías.
Subaru no había tomado medidas tan normales y prudentes porque confiaba en Rem.
El precio de una noche en una posada era mucho menor que la tarifa de un carruaje de dragón. Aunque tuviera una pequeña fortuna, su incapacidad para procurarse algo de valor la hacía inútil.
Fue el coste de su falta de educación, resultado directo de que Subaru dejara escapar numerosas oportunidades de estudiar.
—Bueno, de nada sirve quejarse. Tengo que hacer lo que pueda con lo que tengo.
El propio Subaru era la causa principal del estancamiento que le mantenía encerrado. Sus rodillas rebotaron con fastidio mientras intentaba fingir que no era consciente de ello.
—Así que nada de ir a pie. Tengo que conseguir un carruaje de dragón… Tiene que haber una manera. Piensa.
Subaru se llevó una mano a la frente, repasando desesperadamente todo lo que había visto y oído en aquel mundo y todo lo que había aprendido de la gente de su mundo original, intentando idear un plan.
—…
Repasó todos los recuerdos y conocimientos que tenía en la cabeza, concentrando todos los recursos de su cuerpo por encima del cuello. Luego examinó las posibilidades que podrían existir para salir de su jaula.
—Este pueblo… no tiene ningún establecimiento que pueda prestar un carruaje de dragón. Los carruajes regulares no están disponibles… lo que significa…
Ahora la aldea estaba ocupada por sus residentes originales, viajeros que habían llegado en carruaje regular y…
—¿Quizás hay alguien que vino en su propio carruaje de dragón, como Rem y yo, que se detuvo?
Si alguien quería entrar y salir libremente del pueblo, tendría que tener su propio medio de transporte. Esa misma posada tenía establos para uso de sus huéspedes; su pensamiento no podía ir muy desencaminado.
—Para tener un carruaje de dragón habría que ser rico… No, un mercader sería perfecto. Un mercader que no ha sentado la cabeza o trabaja para otro o es un vendedor ambulante que va por ahí con un carro tirado por caballos. Eso es lo básico.
La luz del farol de las esperanzas apagadas de Subaru comenzó a volver a parpadear.
Para encontrar a la persona adecuada, Subaru se dirigió inmediatamente al posadero y le explicó. Al principio, el posadero se mostró reacio, pero le mencionó a varios mercaderes, aunque con expresión crispada.
—Pero la mayoría de los mercaderes que viajan tendrán la intención de enviar mercancías a su destino. No sé si alguno estaría dispuesto a aceptar a alguien como pasajero…
—Bueno, igual lo intentaré. Muchas gracias por hablarme de ellos.
Agradeciendo al considerado posadero, Subaru visitó uno a uno a los mercaderes ambulantes.
… Pero en consonancia con las preocupaciones del posadero, las negociaciones resultaron muy difíciles. Tal y como él había afirmado, tenían poca inclinación a alterar sus rutas de viaje, pero la situación era mucho más grave que eso. Todos y cada uno respondieron de la misma manera a la sugerencia de Subaru, negando con la cabeza.
—¿El dominio de los Mathers? Lo siento, pero ahora no puedo ir allí —dijo un hombre muy escuálido mientras ponía fin a las negociaciones con Subaru.
Se puso de pie con su carruaje de dragón con dosel mientras sus ojos se detenían en Subaru con cierta simpatía.
—Odio decir esto, pero no creo que sea el único que diga que no. En mi caso, sin embargo, tiene que ver con la carga que llevo.
—¿Carga?
—Transporto armas, armaduras y otros artículos de metal. Se rumorea que los precios de este material en la capital real están por las nubes, así que mañana me apresuraré a ir allí con mi carruaje de dragón. Mis ganancias están en juego. —El hombre palmeó la carga de su carruaje de dragón mientras hablaba, mirando distante en dirección al sol poniente. Luego, al ver la caída de hombros de Subaru, ajustó la posición de su pañuelo y dijo: —Hay mucha gente que utiliza este lugar como escala hacia la capital real, como yo. Por eso este pueblo es bastante acomodado para su tamaño. Así que hay mercaderes que vienen de dos en dos y de tres en tres, pero… Probablemente todos te rechacen.
—… Sí. Eres el sexto que dice que no.
—Eso es porque cada comerciante decente está corriendo a la capital real con los ingresos en la mente. No hay manera de evitarlo. Después de todo, está el alboroto por la selección real. Todo el mundo captó el olor del oro.
—Así que es así, eh…
La respuesta del hombre y su expresión sobria hicieron que Subaru frunciera el ceño al suponer la razón de sus sucesivos fracasos: había malinterpretado a los mercaderes desde el punto de vista de los negocios. No era la perspectiva de una paga temporal lo que les atraía a la capital real, sino la visión de mayores beneficios a largo plazo. Para un comerciante, abandonar tales planes para acomodarse a Subaru sería poco menos que una locura.
El comerciante continuó.
—Además de eso, hay todo tipo de rumores sospechosos sobre el dominio Mathers volando alrededor. Incluso si encuentras a alguien que no se dirige a la capital para obtener beneficios, probablemente no te querrá llevar.
—¿Rumores sospechosos…? Por casualidad, ¿relacionados con la selección real?
—Especulaciones infundadas, creo. Se habla de que una de las candidatas es mediodemonio y que el señor de esas tierras la apoya… Pero aún no he oído los detalles de la elección. ¿Sabes algo?
—… No, no sé mucho al respecto.
Subaru mintió en el acto porque no quería quedar expuesto como parte relacionada, lo que sólo dificultaría las negociaciones. Pero encubrir el linaje de Emilia seguía dejando una extraña sensación en su corazón.
Mientras Subaru hacía una mueca como si se hubiera dado un trago amargo, el hombre dio de repente una palmada.
—Oh, es verdad. Acabo de recordar a alguien que podría aceptar tu propuesta.
—¡¿En serio?! Estaba a punto de rendirme y caer en el lado oscuro.
—No estoy seguro de lo que acabas de decir, pero es verdad. Vamos, te presentaré. —El hombre palmeó el hombro de Subaru con aire despreocupado y le hizo señas para que avanzara. Subaru le siguió un poco por detrás hasta que señaló un edificio al otro lado de la calle—. Estoy bastante seguro de que ha estado allí desde anoche. Espera aquí, lo llamaré por ti.
El hombre salió por las puertas dobles abiertas de par en par mientras Subaru lo miraba marcharse, alzando la vista hacia el cartel.
—… Siento que probablemente diga «Taberna» o algo así…
Sólo tenía una confianza moderada, ya que el cartel que estaba mirando estaba en escritura Ro, que acababa de empezar a aprender. El ligero olor a alcohol que desprendía la entrada hizo que Subaru estuviera un 89% seguro de haber acertado.
La forma enérgica en que el hombre se dirigió hacia dentro sugería que la gente de dentro sería problemática.
—¿Qué hace esta persona, hartándose de alcohol cuando está viajando…? ¿No hay leyes en este mundo que prohíben conducir carruajes de dragón bajo los efectos del alcohol? En mi mundo, perderías la licencia con una sola infracción.
Para empezar, no estaba seguro de que hubiera licencias de carruajes de dragones. Si el recién llegado en cuestión aparecía con aspecto de borracho y peligroso, Subaru resolvió salir corriendo y gastarse todo el dinero que hiciera falta para ello.
Y justo cuando Subaru endurecía tan trágica resolución, el hombre volvió a salir.
—Perdón por la espera. Aquí está. Oye, Otto, preséntate.
El hombre arrastró bruscamente a un joven, prácticamente lanzándolo hacia delante mientras se acercaban. Tenía el cabello canoso y no parecía más de uno o dos años mayor que Subaru, aunque era bastante más bajo. Tenía un rostro delgado y bastante simétrico.
Subaru consideró que, al menos, no se trataba del borracho que había temido.
—Me llamo Natsuki Subaru. Siento haberte arrastrado hasta aquí. Oí que puede que aceptes mi petición, así que… ¡Ughh! ¡Apestas! ¡Apestas a alcohol!
Sus esfuerzos por iniciar las negociaciones con buen pie se vieron inmediatamente interrumpidos por el olor a alcohol que emanaba del tipo. El joven que tenía delante miraba con gesto hosco, desprendiendo un hedor tan fuerte que el estómago de Subaru estaba a punto de vaciarse.
Puede que su aspecto no fuera aterrador ni peligroso, pero no dejaba de ser un borracho tambaleante.
—Vaya, hola, hic. Permíteme que me presente. Mi nombre, hic, es Otto, hic.
Tuvo tres hipos durante su breve saludo.
Con la cara roja por la borrachera, el joven llamado Otto miró entre Subaru y el otro hombre.
—Entonces, ¿qué es lo que querías? ¿Negocios? ¿Eran negocios, hic? Mi negocio es, hic, ajajaja, hic. Eso era una especie de broma, hic.
Finalmente, Otto se puso en cuclillas y de repente estalló en carcajadas.
Subaru, sintiendo que aquello era el sonido de sus esperanzas deteniéndose, lanzó una dura mirada hacia el hombre que los había presentado. Al recibir esa mirada, el hombre rápidamente señaló a Otto.
—¡Espera, espera! ¡No te engañé!
—Si realmente querías que esto fuera una presentación, dudo mucho que tengas la cabeza bien puesta. No es divertido ser arrestado por conducir borracho. Un estudiante sería enviado al director sólo por estar en este estado.
Subaru había salivado ante la perspectiva de encontrar una solución y, sin embargo, el hombre que le habían presentado era un borracho.
El hombre suspiró ante las palabras de Subaru y sacudió bruscamente los hombros de Otto, que estaba en cuclillas.
—¡Otto! ¡Levántate, maldito seas! ¡Tú eres el que me dijo que te presentara a cualquiera que pudiera darle la vuelta a tu situación! ¡¿Qué, vas a dejar que la bebida lo arruine todo?!
—¡¿Una manera de darle la vuelta a mi situación…?!
A Otto le temblaron las orejas, mientras que sus ojos, muertos hasta ese momento, cambiaron por completo. Con el apoyo de la mano del hombre, se puso en pie, como si su estado de embriaguez nunca hubiera existido.
—Fui muy descortés. Mi nombre es Otto Suwen. Soy un humilde comerciante independiente, que se abre camino en la vida como vendedor ambulante.
Otto se encaró a Subaru y adoptó una expresión tan nítida que casi se podía oír el clack que hizo su cara al prestarle atención.
Mientras Subaru se quedaba boquiabierto ante el giro instantáneo, Otto le examinaba de pies a cabeza.
—Ya veo. Parece que tiene cierto estatus. Desde luego, tiene madera de buen cliente. Kety-san, muchas gracias por presentarnos.
—Claro que sí. Estarás bien de aquí en adelante, ¿no? Bien, me pondré en marcha. No olvides mantener la barbilla alta. Y me debes una, Otto.
Otto se había animado hasta el punto de que uno dudaría de que alguna vez hubiera estado beodo, así que Kety-san se dio unas palmaditas de alivio en el pecho y se marchó.
Subaru observó cómo el hombre que le había hecho el gesto amistoso se marchaba antes de volverse hacia Otto. El joven le había escrutado y reconocido como alguien con quien podía hacer negocios.
Otto dio una palmada, sonriendo ampliamente.
—Bueno —dijo—, entonces hablemos de negocios… ¿Qué es lo que desea mi cliente?
A Subaru se le cortó la respiración, sabiendo que no podía dejar escapar ni a él ni a aquella oportunidad, y se puso manos a la obra.
—Es una petición un poco exagerada, pero…
Con ese preámbulo, Subaru explicó la situación, teniendo cuidado con lo que no debía decir. Si Otto decía que no, estaba acabado. Habló con toda la naturalidad que pudo a pesar de su tensión mientras hablaba de negocios. Y entonces…
Después de que Subaru le diera una explicación simplificada de los hechos, Otto se lo pensó un poco y luego asintió.
—Mm, no me importa aceptarlo en absoluto.
Al oír su bien formada respuesta, que parecía provenir de una persona completamente distinta a la que se le había presentado, Subaru le agarró con ambas manos, sorprendido, y le dio una buena y fuerte sacudida.
—¡G-Gracias! Ya veo, ¡lo harás! ¡Eso sería de gran ayuda! En serio, ¡una gran ayuda!
—¡Ayy! ¡Ay, ay, ay! ¡No aprietes tan fuerte! P-Por favor espera, me alegro de que estés satisfecho, ¡pero también tengo condiciones!
Otto movió sus brazos para liberarse del apretón y se alejó un paso de Subaru mientras hablaba.
La palabra «condiciones» hizo que Subaru ladease la cabeza. Ahora que tenía las manos libres, Otto hizo un leve gesto con la mano.
—Mi carruaje de dragón es un recurso para mi negocio… O más bien, mi salvavidas. No puedo desprenderme de él a la ligera. Por supuesto, esto será prestar ayuda en lugar de prestar formalmente el carruaje, sobre todo porque en este momento hay muchas cosas inquietantes sucediendo en las tierras de los Mathers.
—Es natural. Aunque no llegaré a decir que puedes subir el precio.
A Subaru le preocupaba un poco una inflación artificial. Todo lo que podía ofrecer era lo que tenía a mano. Si no era suficiente, de alguna manera tendría que hacer que rebajase el precio.
Al ver la cautela de Subaru, Otto aflojó suavemente las comisuras de los labios.
—Supongo que no. Entonces por todo el dinero que tienes aquí… ¿sí?
Así pues, Otto fue el primero en negociar y tomó la iniciativa para imponer sus condiciones. Sin duda, ya había deducido por el comportamiento de Subaru cuánto dinero había en juego. Impuso su estrategia, controlando con firmeza el ritmo de las negociaciones para aumentar aunque fuera un poco sus propios beneficios, como un comerciante de manual.
Era boca contra boca, lengua contra lengua. La batalla había comenzado, un choque verbal que enfrentaba el discurso y la perspicacia empresarial de ambas partes…
Bueno, no del todo.
—¿Está bien así? De acuerdo. La bolsa es tuya. ¿Podemos irnos ya?
La sorpresa se apoderó de Otto cuando Subaru le entregó la bolsa entera. El peso de la bolsa hizo que Otto tragara saliva mientras miraba nervioso a Subaru.
—¿Qué…? ¡¡Así no es como va!! Normalmente, ambas personas exponen sus demandas y luego comienzan las negociaciones para encontrar un terreno común, ¡¿no es así?! Nunca es tan fácil…
—Sería una pérdida de tiempo, y de todas formas no voy a ganar ningún combate verbal. No tiene sentido librar una batalla sin sentido, y si lo que hay en esa bolsa es suficiente, accederás a mi petición a pesar de todo.
Si con todo el dinero que tenía a mano se resolvía todo, para Subaru era una ganga.
Otto frunció el ceño ante la actitud tranquila de Subaru, probablemente preguntándose si se había precipitado demasiado.
—Esto es… Por casualidad me han presentado a un individuo muy problemático.
—Relájate. No pretendo causarte ningún problema. Al menos no a propósito.
—¡¿Eres consciente de que la forma en que lo has expresado sólo hace que me preocupe aún más?! —Incluso Otto, un hombre al que acababa de conocer, se indignó ante sus declaraciones tan poco convincentes. Sin embargo, suspiró con aparente resignación y ajustó el agarre de la bolsa que tenía entre las manos—. Entendido. Presenté mi condición y la aceptaste inmediatamente. A fin de cuentas, tengo orgullo como comerciante. Sólo permítame ver exactamente cuánto dinero esta… ¡¿Ehh?! ¡¿Q-Qué es esta fortuna?! ¿Qué haces entregando tanto tan a la…? Uaaagh.
Al comprobar el contenido de la bolsa, Otto se sorprendió tanto de la cantidad de dinero que le volvieron las náuseas. Mientras Otto se ponía en cuclillas, Subaru se colocó detrás de él, apretando el puño como si por fin tuviera la esperanza al alcance de la mano.
Tantos obstáculos se habían interpuesto en su camino, pero de alguna manera los había superado todos. Aún no conocía la verdadera naturaleza del obstáculo que bloqueaba el camino de Emilia, pero si se ponía a su lado, sin duda lo averiguaría. Y ese era el tipo de problema que sólo Subaru podía resolver.
—Sólo espera. Pronto… estaré allí.
La sonrisa retorcida en los labios de Subaru estaba a la vista de cualquiera.
Esa sonrisa podría haberle venido de la idea de cumplir su objetivo de salvar a Emilia. Tal vez naciera de otra causa. Ni siquiera él lo sabía, ya que ni siquiera se daba cuenta de que estaba sonriendo.
1
Subaru disfrutó del suave balanceo mientras contemplaba el paisaje ondulado.
El cielo, a punto de atardecer, se teñía de naranja; pronto caería la noche. A esas horas los viajeros normales se estarían preparando para acampar o alojarse en un pueblo cercano.
Parecía que sólo gente como Subaru y Otto decidían salir cuando lo hacían.
—Así que el destino está en los dominios de los Mathers, la propia mansión del marqués —dijo Otto—, con la condición de que cabalguemos durante media noche para acortar el tiempo todo lo posible… Lo acepté porque una tarifa es una tarifa, pero esto es una temeridad, ¿comprendes?
—No quiero oírlo de un tipo que cambia de opinión instantáneamente a la vista del dinero. Por favor. Mi futuro depende de esto.
—Haré todo lo que pueda. Después de todo, mi futuro también depende de esto.
Mientras Otto hablaba, guiaba al dragón de tierra con las riendas mientras corría.
El carruaje de dragón que Otto poseía era un vehículo grande con capota para el transporte de mercancías, por lo que su dragón de tierra era enorme y poderoso. A Subaru le preocupaba que una bestia tan pesada careciera de velocidad, pero Otto le explicó:
—Lo compensa con su resistencia. Se trata de una especie especialmente resistente, incluso entre los dragones de tierra de larga distancia. Podría correr durante tres días seguidos sin agotarse.
—Uno pensaría que correr durante tres días seguidos desgastaría a la gente que lo monta.
—Hace dos años tuve que hacerlo para no dejar escapar una oportunidad de negocio. Los seres humanos pueden pasar por muchas cosas si están dispuestos a arriesgarse a morir para conseguirlo. Dicho esto, me desplomé justo después de que terminaran las negociaciones comerciales, y luego rondé entre la vida y la muerte durante una semana…
—Como si estuvieras dispuesto a arriesgarte a morir, eh.
Mientras Subaru observaba un lado de la cara del mercader, Otto miró hacia él con una expresión que parecía decir: «¿Qué?». Subaru le hizo un gesto silencioso con la mano, apartando la mirada para observar al frente mientras apoyaba los codos en las rodillas y la barbilla en las manos.
—Lo siento mucho, nunca imaginé que llevaría un pasajero, así que nunca preparé los asientos adecuados para uno —dijo Otto.
—Hey, yo soy el que empujó para esto, y no me importa un poco de dolor en el trasero. Esa bendición que evita que el viento me zarandee es más que suficiente para mí.
El carruaje de dragón de Otto, destinado al simple objetivo de transportar carga de un lugar a otro, no tenía espacio extra para que viajaran pasajeros. Naturalmente, eso no dejaba otra opción a Subaru que sentarse junto al otro joven en el asiento del conductor.
—Si tienes sueño, puede que sea un poco duro —continuó Otto—, pero por favor, utiliza el carro. Yo mismo tengo que acampar con frecuencia, así que tengo varias mantas a mano.
—Es muy amable por tu parte… Así que como ya no tengo que cambiar de carruaje de dragón, podemos dejar a Hanumas a un lado y seguir adelante, ¿no?
—Así es. Como escala, Hanumas es más próspera que Fleur, pero tengo comida y agua de sobra. Esta es una solicitud urgente, después de todo, así que seguiremos de largo.
Sin duda estaba muy acostumbrado a viajar. Aunque habían emprendido el viaje sin un plan, Otto no mostró ni un ápice de preocupación mientras mantenía las riendas sujetas.
Probablemente, el propio Otto ya había recorrido esta ruta varias veces. Cuando Subaru observó su rostro, percibió una seriedad que contradecía la gran similitud de sus edades.
Subaru se mordió la lengua al comparar, sin darse cuenta, la diferencia de experiencia y valor entre ambos.
—Oye, ¿por qué accediste a esto? No tengo ni idea de por qué dijiste que sí.
—Acaba de hacer una pregunta muy difícil, Natsuki-san.
De reojo, Subaru vio una sonrisa tensa en la cara de Otto, pero el ambiente amable no tardó en volver.
Desde que llegó aquí, rara vez se habían dirigido a Subaru por su apellido.
Sintiéndose un poco extraño al ser llamado así por primera vez en mucho tiempo, se dio cuenta de que había lanzado una bola rápida directa a algo de lo que la otra parte no quería hablar.
—Bueno, ya no puedo retractarme… Confiesa, y las cosas te serán más fáciles.
—Sí, Oficial. No quise hacerlo, de verdad… ¡Espera, ¿por qué me siento como si hubiera hecho algo malo?! No quise hacerlo; ¡fue un accidente!
Otto siguió su exagerada reacción al comentario jocoso de Subaru girando lentamente la cabeza con gesto hosco.
—El vagón que tenemos detrás está lleno hasta los topes con mi carga… ¿Qué crees que hay dentro?
—… Ahora que lo miro, parecen jarrones o algo así. ¿Qué, llevabas obras de arte?
—Casi, pero no del todo. Lo que vendo no es lo de fuera, sino lo de dentro. Las vasijas están llenas de aceite de alta calidad. Originalmente, planeaba transportarlas a la nación norteña de Gusteko, pero… —Los hombros de Otto se desplomaron, su expresión abyecta dejaba claro que las cosas no habían ido como esperaba—. ¿Será un efecto de la selección real? El camino entre Gusteko y Lugunica fue cerrado temporalmente. Intenté alegar que no podía llevar mis mercancías al mercado… Pero acabaron ahuyentándome con espadas.
En un país tan frío como Gusteko, uno debería poder tener grandes ganancias vendiendo combustible, pero aquello era más un gran erial que un mercado. Para colmo de males, Otto había vendido artículos de metal a precios de saldo para comprar el combustible que ya no podía comerciar.
Como resultado, había perdido una excelente oportunidad de vender artículos de metal, además de perder el acceso al mercado donde habría vendido el aceite. Al parecer, por eso se había puesto tan ebrio como lo había encontrado.
—No hay forma de que pueda vender una gran cantidad de aceite como ésta en Lugunica a un precio justo, y si lo hago a precios de ganga, estaré en bancarrota. Y así, estaba a medio camino de tirar mi vida por la borda cuando apareció usted, Natsuki-san.
—¿Y lo que te pagué compensa tus pérdidas?
—Puedo vender todo este aceite a cualquier precio y seguir estando solvente. Sin duda me permitirá seguir trabajando.
Otto dio una palmada para expresar su sincero agradecimiento a Subaru, pero éste rechazó el gesto.
—Deja eso.
Estaba igualmente agradecido a Otto. En todo caso, los sentimientos de Subaru eran aún más fuertes.
Durante un rato, fueron de un lado a otro: «Todo gracias a ti», «No, gracias a ti», «Estoy aquí sólo gracias a ti», «Sí, es el destino que ambos nos hayamos encontrado», y así sucesivamente mientras su vínculo se profundizaba.
Finalmente, sus alabanzas casuales se apagaron y se hizo un abrupto silencio entre ellos.
La mirada de Subaru pasó del camino por el que galopaban a la llanura, que continuaba hasta donde alcanzaba la vista, mientras murmuraba:
—Eh, Otto. ¿No podemos atajar por esta llanura?
Al oír la sugerencia de Subaru, Otto se dio una palmada en la rodilla como si fuera el mejor chiste que hubiera oído nunca.

—Vaya, vaya. Eso es demasiado, incluso para una broma. Cuando la niebla cae en las llanuras, ahí es donde aparece la Ballena Blanca. Es la más famosa de todas las mabestias… Si nos topamos con ella, perderemos la vida.
—¿Tan peligrosa es? ¿Nadie intenta matarla?
—No, porque al evitar la niebla, también se evita la Ballena Blanca, por lo que el daño es mínimo. Imagino que esa es la verdadera razón por la que persiste hasta nuestros días.
En otras palabras, la gente había intentado someter a la bestia y había fracasado, y los daños sufridos en el proceso desalentaron nuevas expediciones.
Complicados pensamientos envolvieron a Subaru cuando escuchó la palabra «mabestia». Para él, una mabestia significaba un Ulgarm, como los que había encontrado hacía poco: las mismas criaturas que habían herido gravemente a Subaru y perecido a manos de Roswaal. Tenía una especie de historia con ellos.
—Ballena Blanca… eh. Entonces, ¿tiene forma de ballena y es de color blanco? —reflexionó Subaru en voz alta.
—Según los testigos, es el caso. Al parecer, es tan enorme que nadie ha visto nunca su tamaño completo, y esa gente tiraba cualquier cosa a un lado mientras huían para salvar sus vidas mientras la criatura arrasaba. Una historia aterradora —concluyó Otto. Cerró la boca y no quiso decir nada más. Para un mercader como él, la Ballena Blanca era sin duda un ser odioso, ya que su merodeo por estas llanuras durante días y días desbarataría los planes de viaje. Aunque agradecería que alguien se deshiciera de ella, no tenía intención de encontrársela.
Quizá el punto de vista de Otto era común a todos los comerciantes.
Subaru cambió de tema.
—¿A este paso cuánto tardaremos en llegar al dominio de los Mathers?
—Hmm, veamos. Aunque se acerca la noche, mi dragón de tierra tiene una excelente visión nocturna, y no hay señales de niebla. Además, imagino que ahora mismo no hay bandidos dispuestos a arriesgar sus vidas trabajando cerca de las llanuras, así que… si las cosas van bien, ¿quizás mañana por la mañana?
Tras dar esa respuesta, Otto miró a Subaru, que enarcó las cejas en respuesta. Otto rápidamente se hizo el inocente, desviando la mirada y diciendo:
—Ah, nada. —Pero pronto continuó—. Nuestro destino es… la mansión del Marqués Roswaal… ¿no?
—Sí, así es.
—La pequeña fortuna que me pagaste… Esas ropas deben ser caras… Esto queda entre nosotros, pero ¿quién es usted, Natsuki-san? De alguna manera, ¿está… involucrado con el marqués?
Subaru comprendió por qué Otto albergaba tales recelos hasta el punto de plantear sus dudas mansamente. Desde el punto de vista del comerciante, la identidad de Subaru era un completo misterio, y aun así le había puesto una pequeña fortuna en las manos, proponiéndole que se apresuraran a ir a la mansión en un momento en que los rumores que circulaban por el lugar eran uniformemente malos.
—Así es. Estoy involucrado con Roswaal… el marqués. Habrás oído rumores extraños, pero aún no sé lo que es verdad o mentira. Y ya te lo dije, no pretendo causarte ningún problema…
—¡No, no! ¡Eso no me preocupa en absoluto! Es sólo que… según los rumores, el buen marqués es famoso por sus… intereses excéntricos… Me preguntaba si es cierto.
—… ¿De qué estamos hablando?
Subaru dedujo del tono de Otto lo que quería preguntar. Aun así, disimuló lo mejor que pudo la dureza de su voz mientras incitaba a Otto a continuar.
—Si el buen marqués en verdad está apoyando a una joven semielfa.
—… —Mierda, pensó Subaru, con el interior de su pecho hundiéndose de consternación. La ansiedad en la voz de Otto dejaba claro que estaba nervioso por saber la verdad. El nacimiento de Emilia estaba a punto de volver a ser calumniado. Subaru habló rápidamente para atajar sus prejuicios—. Aunque te dijera que no… pronto lo descubrirías por ti mismo. Es verdad. La candidata a la que apoya el marqués es una semielfa. Pero esa chica no es nada de lo que todos piensan…
—Estoy… tan aliviado de oír eso.
Sin embargo, la reacción de Otto no fue la esperada por Subaru.
El comerciante bajó las cejas y se llevó una mano al pecho, aparentemente aliviado. Al darse cuenta de que Subaru le miraba estupefacto, sonrió torpemente, visiblemente avergonzado.
—Ah, ahh… Lo siento, me puse nervioso sin necesidad. Quiero decir, cuando escuché esos rumores… Parecía una persona extraña para defender.
—¿Hablas de… Emilia?
—Ah, ¿Emilia-sama es su nombre? Sí, bueno, ya sabes. Una semielfa habría tenido una vida dura hasta ahora en varios sentidos. Que alguien surja de un entorno desagradable y se presente como candidata real… Sí, es muy impresionante.
Los ojos de Otto estaban distantes mientras observaba la carretera, su voz temblaba débilmente.
Al escuchar la respuesta del comerciante, Subaru se dio cuenta de que le había pillado completamente desprevenido. En su pecho se agitaban emociones complejas que le dejaban sin saber qué decir.
—Puede que sean preocupaciones pequeñas comparadas con las de alguien como Emilia-sama, pero sé lo que es ser incomprendido… —dijo Otto, ajeno al caos del corazón de Subaru mientras se frotaba la nariz con un dedo—. Un extraño punto de simpatía, quizá. Creo que convertirse en rey será muy difícil, pero si ella se esfuerza, tal vez… Bueno, sólo quería preguntar.
Otto cortó por lo sano, ya que si seguía adelante tendría que hablar más de sí mismo.
Una vez más, Subaru se vio incapaz de dirigirle la palabra a Otto. Se cruzó de brazos y siguió mirando hacia abajo.
—…
Normalmente, las palabras de Otto habrían ayudado tanto a Subaru que se lo habría agradecido directamente.
Emilia tenía obstáculos irracionales que bloqueaban su camino. Sin embargo, incluso en un mundo lleno de tales problemas, eso no significaba que todo el mundo la odiara. Algunas personas de ese mundo, como Otto, la aclamaban cuando se enteraban de su origen. Para Emilia, ese hecho tenía que ser el mayor resquicio de esperanza de todos.
Tenía que serlo, y sin embargo…
—…
Por alguna razón, Subaru no fue capaz ni de comunicar su gratitud a Otto ni de contener el incomprensible dolor de su propio pecho mientras el carruaje de dragón seguía balanceándose.
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—… ¡Natsuki-san! ¡Por favor, despierta! ¡Por fin estamos entrando en el dominio de los Mathers!
Subaru, acurrucado bajo una manta en el vagón, abrió los ojos cuando Otto le llamó.
No había podido dormir mucho. Todavía tenía la cabeza confusa cuando la asomó por la cortina y fue recibido por los rayos del sol de la mañana, una línea de montañas y esperanza.
El sol había vuelto a salir, derramando rayos entre las montañas y haciendo que Subaru entrecerrara los ojos. En el medio día y pico que habían pasado en su viaje nocturno, Subaru había vuelto a llegar al dominio de los Mathers.
—Buen trabajo, Otto. Trabajando como un caballo mientras yo dormía…
—¡¿Podrías decir eso como sin hacerme parecer poco profesional?! Más importante, hay un pueblo llamado Earlham cerca de la mansión del Marqués Mathers, ¿no?
Otto tenía un mapa extendido sobre el regazo y lo miraba fijamente, junto con la carretera, mientras formulaba la pregunta. Tenía los ojos un poco inyectados en sangre por haber pasado la noche en vela, pero afortunadamente no parecía agotado.
—Es mi segunda noche seguida con algo de ánimo de por medio, ¡pero me siento genial! ¡Si seguimos recto llegaremos a la mansión! ¡Fuejeje!
—¡¿De verdad estás bien?! ¡¿No habrás tomado alguna droga rara para olvidarte del cansancio o algo así?!
—No te preocupes. Lugunica es un país respetuoso con la ley que prohíbe medicamentos de esa naturaleza.
Subaru observó con cautela a Otto, que parecía estar a caballo entre la lucidez y la locura, mientras su propio corazón se aliviaba un poco por haber regresado a las tierras de los Mathers.
—Me encantaría correr directamente hasta allí sin descanso, pero puede que nos crucemos con Rem por el camino.
—No, no lo creo. Después de todo, nos lleva medio día de ventaja. Más importante, Natsuki-san, ¿no debería prepararse para volver a la mansión? Debería peinarse y demás.
Otto levantó una mano mientras hablaba medio en broma. Subaru se estaba arreglando el cabello cuando se le cortó la respiración.
Ahora que la mansión estaba tan cerca, delante de sus narices, todo lo que Subaru había intentado no pensar sobre un posible reencuentro le vino de golpe.
Le parecía poco probable que ella lo recibiera con los brazos abiertos.
Tras su separación en la capital real, había abandonado el tratamiento para restaurar su puerta de forma deliberada a medio terminar. Seguramente Rem había llegado primero, e ignorar sus advertencias, también, significaba que podría no tener aliados en absoluto.
Pero pensasen lo que pensasen de él, incluso así…
—Volví para hacer lo que tengo que hacer. No me avergüenzo de ello en absoluto. No me equivoco en nada.
Lo decía para justificarse ante sí mismo o, tal vez, para excusarse ante alguien que ni siquiera estaba allí. Murmuraba cosas parecidas una y otra vez como si fueran las palabras mágicas que seguían sosteniendo su espíritu.
—… Es por el bien de Emilia. Ella no puede salir adelante si yo no estoy presente.
Tales fueron los argumentos que evitaron que la frágil mente de Subaru se desmoronara, suprimiendo de algún modo las palabras que, de otro modo, estarían siempre presentes en sus recuerdos.
Entraron por el camino entre las colinas, viajando por la carretera a una velocidad segura. La carretera atravesaba los bosques montañosos que tenían delante, con paisajes cada vez más familiares. A ese ritmo, tardarían menos de una hora en llegar a la Mansión Roswaal.
Fue entonces cuando las ruedas del carruaje se detuvieron con un chirrido y el dragón de tierra emitió un sonido feroz mientras arañaba violentamente el suelo.
—¡¿…?! ¡¿H-Hey, Otto?!
En el instante en que Subaru sintió que el carruaje se detenía, la bendición del dragón de tierra debió cortarse, ya que sintió agudamente todo el impacto cuando el vehículo se balanceó hacia un lado. Subaru chilló al verse repentinamente zarandeado en el interior.
—¡Otto! ¿Qué fue eso? Todavía no hemos llegado, ¿verdad? ¿Por qué de repente te detuviste…?
Otto mantuvo las riendas bajas mientras hablaba con Subaru sin mirarle.
—… Natsuki-san. ¿Podemos acordar que ya llegó a su destino?
Por un momento, Subaru no pudo procesar lo que le habían dicho, pero enseguida agarró a Otto por la solapa y tiró de él para acercarlo.
—¿Qué quieres decir? ¡Ese no era el trato! Maldito seas, ya estamos aquí; no me abandones a mitad de camino. Quédate conmigo hasta que lleguemos…
Al final, Subaru iba a gritar, pero se le cortó la respiración al ver que Otto tenía la cara blanca como un fantasma. Soltó al pálido comerciante, que se sentó en el asiento del conductor y agachó la cabeza.
—Lo… siento mucho. Tenía la intención de quedarme con usted hasta el final, Natsuki-san. Aun así, no tengo valor para ir más lejos.
—¿Qué estás diciendo? ¿Qué tiene que ver esto con el valor? Sólo un poco más y llegaremos a la mansión. No es que el camino este en mal estado. ¡Otto, por favor!
—Aunque me lo ruegues… no puedo. No necesito toda la recompensa. Te devolveré la mitad. Por lo tanto, por favor permíteme retirarme de nuestro trato.
Otto apoyó la mano en el asiento del conductor con una mirada de auténtica disculpa hacia Subaru, aunque seguía negándose a entrar en detalles. Subaru no pudo ocultar su desconcierto ante la mirada trágica de Otto.
—¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo…?
—Mi dragón de tierra… tiene miedo. Y no es sólo eso. La zona que nos rodea me parece demasiado tranquila. Por eso los mercaderes viajeros usan dragones de tierra. ¡Los instintos de un dragón de tierra le indican los lugares a los que no debe acercarse!
Las manos de Otto temblaban sobre su regazo mientras se concentraba en su dragón de tierra. Cuando Subaru se acercó más, el dragón de tierra respiraba tranquila y agitadamente mientras esperaba la orden de su amo. Pero la forma en que resoplaba en la dirección en la que viajaban anunciaba alto y claro que encerraba peligro para ellos. Ese comportamiento, y la confianza de Otto en su propio dragón de tierra, explicaban la reacción del mercader.
Pedir a Otto y al dragón de tierra que acompañaran a Subaru cuando ninguno de ellos tenía ni idea de la situación que les esperaba, habría sido demasiado cruel para ambos.
—… Gracias por todo. Siento haberte hecho pasar un susto, Otto.
—… ¿Eh?
Subaru oyó una voz sorprendida detrás de él mientras saltaba del asiento del conductor al suelo. El dragón de tierra que estaba a su lado miró de nuevo a Otto, apisonando una pata en el suelo para reforzar su caso en silencio.
—Me dirigiré a la mansión a pie desde aquí. Oye, llegué hasta aquí; está prácticamente delante de mí. Ya me llevaste bastante lejos. Toma todo el dinero y vete.
—No puedo hacer tal… ¡No, más importante, Natsuki-san! ¡No debes ir! ¡Vuelve conmigo! ¡La niebla se está acercando a este lugar!
—¿La Ballena Blanca va a aparecer?
—¡Para un mercader viajero esto es un muy mal presagio! Cuando la niebla cubre nuestro destino, es una cuestión de vida o muerte para nosotros… ¡No, eso no importa! De todos modos, por favor reconsi…
—Lo siento.
Subaru esbozó una sonrisa de dolor después de que Otto gritara su preocupación por él. Era demasiado blando para el despiadado y engañoso mundo de los mercaderes. Reflexionó sobre la idoneidad del benévolo Otto para el oficio que había elegido mientras se alejaba del carruaje de dragón.
—Igual que tú estás pesando tu vida y tu dinero en tu balanza, yo estoy pesando mi vida y algo que valoro igual. Algo que vale tanto para mí está esperando justo delante.
—Natsuki-san, ¡por favor espere! ¡Discutamos esto! ¡Podemos hablarlo!
—No te culpo en absoluto por regresar. Quiero decir, si sabes que hay peligro, volver es la decisión correcta. Saberlo de antemano es suficiente para mí.
Ahora Subaru sabía que el camino que tenía por delante, así como su destino, encerraba suficientes peligros como para asustar incluso a un dragón de tierra. Pero tenía que darse prisa. Tenía que correr hacia delante.
La oportunidad de que Subaru encontrara la respuesta que buscaba seguramente le esperaba allí.
—… ¡Natsuki-san!
—Gracias.
La voz de Otto mantuvo la preocupación por Subaru hasta el final. Dejándolo atrás, Subaru corrió a toda velocidad por el camino arbolado. Se dirigió a su destino, dejando de lado al hombre que le había guiado sin intentar cobrarle de más.
Las vistas le parecían casi familiares, pero sólo era un parecido. ¿Cuánto le quedaba para llegar a la Mansión Roswaal? De una forma u otra, correr por el camino le llevaría allí.
Con el peligro alto y claro y su destino ante sus ojos, las emociones de Subaru se desbocaron en su interior.
En cualquier caso, quería llegar sin perder un instante. Si lo hacía, las emociones dolorosas y persistentes en su interior llegarían a un punto crítico. Lo resolvería, tanto si salía como él quería como si no.
—¿…? ¿Qué… coño?
Subaru corría despreocupado —o más bien, mientras reprimía sus innumerables preocupaciones mundanas— cuando se detuvo.
No era porque hubiera llegado a su destino. El paisaje seguía siendo el mismo, y parecía extenderse tanto que tuvo que preguntarse hasta dónde continuaba el camino, con los espesos árboles a ambos lados que parecían bloquear toda escapatoria. Estaba sin aliento, pero aún no había agotado su resistencia.
¿Por qué, entonces, se había detenido Subaru? Eso fue porque…
—Está… demasiado tranquilo, ¿verdad…?
Subaru había hecho una pausa porque intuía que algo iba mal. Sin querer, repitió lo que Otto había dicho antes.
Cuando miró a su alrededor, su entorno no había cambiado en absoluto. Comparado con el susurro de las hojas al paso del viento, su propia respiración era bastante ruidosa.
Pero eso fue todo lo que oyó. Y a Subaru, que había pasado casi dos meses en estas tierras, le pareció mal. El silencio opresivo, sin siquiera sonidos de insectos, era anormal.
… Y entonces, algo apareció de repente, deslizándose limpiamente en la conciencia de Subaru.
—¡¿Q-Qué…?!
Retrocedió un paso, con la garganta apretada por la sorpresa. Sin hacer ruido, una persona había aparecido frente a él. Además, todo el cuerpo de la figura estaba envuelto en ropas negras, con algo parecido a una capucha, de modo que incluso el rostro de este completo desconocido estaba oculto.
Además, eso no era lo único que le escandalizaba.
—Tú… ¡No, ustedes…!
Una tras otra, surgieron figuras negras alrededor de Subaru, como si respondieran a su confusión y a su mirada cambiante. En un abrir y cerrar de ojos, eran más de diez, rodeando a Subaru como si se burlaran de sus esfuerzos por ser precavido.
—…
Particularmente anormal era la insana quietud que continuó incluso después de la aparición del sombrío grupo. Continuaron observando a Subaru en silencio; ni siquiera oyó respirar a ninguno de ellos.
Era imposible que fueran amistosos. Dicho esto, tampoco habían mostrado hostilidad. Las extrañas figuras le dejaron con la lengua trabada, incapaz de mover un músculo. ¿Cómo podían mirarlo así?
Al sentir la presión, Subaru tuvo la sensación de que el tiempo avanzaba con increíble lentitud. Entonces, aquel turbulento silencio se desmoronó con la misma facilidad con la que había comenzado.
—… —Al mismo tiempo, las figuras se encararon con Subaru y le inclinaron reverentemente la cabeza—… ¿Ah?
El cerebro de Subaru era incapaz de procesar la escena que tenía ante sí.
La incomprensible banda que había surgido estaba rindiendo respeto a Subaru por razones desconocidas, y dejándole atrás en su confusión, comenzaron a deslizarse hasta perderse de vista.
La escena sin palabras ante los ojos de Subaru le dejó más estupefacto que otra cosa. En lugar de hacer algo al chico congelado, las figuras se marcharon con pasos silenciosos.
Probablemente fue el silencio de sus pasos lo que les había permitido colarse por el punto ciego mental de Subaru. Pero aunque comprendía eso, no sabía absolutamente nada más de ellos.
Subaru dejó de lado cualquier intento de comprender a esos tipos, reprimiendo la preocupación que se agitaba en su interior mientras seguía corriendo. Se concentró en regresar a la mansión, como si al hacerlo fuera a deshacerse del miedo y la incomodidad.
No entendía quiénes eran los tipos ni qué buscaban, así que dejó de intentar comprenderlos. Por eso nunca se dio cuenta.
Jamás se percató que las figuras desconocidas que se deslizaban fuera de su campo visual se dirigían en dirección a Otto.
Subaru tampoco reflexionaría sobre ello más tarde. Ni una sola vez.
… Sus pensamientos se habían detenido mientras corría hacia delante, como si realmente creyera que eso le salvaría.
3
La preocupación. La preocupación dominaba todo su cuerpo hasta el punto de querer desgarrarlo y arañarlo.
Sus pies avanzaban. Su corazón estaba puesto en el futuro. El destino de su mente estaba delante de él, y sin embargo sentía como el miedo a esas figuras desconocidas le acechaba por detrás.
Los oídos le zumbaban con fuerza. Las náuseas le sacudían la cabeza. Sentía como si cada gota de sangre de su cuerpo se hubiera convertido en agua turbia. La ansiedad que le atormentaba eclipsaba rápidamente todo su interior, haciéndole sentir que cada uno de sus órganos estuviese al límite y a punto de estallar.
… ¿Por qué tenía que ser así?
Todo parecía ir bien. Todo parecía ir en la dirección correcta.
Fue un giro del destino. Fue simplemente la sincronización que había sido lanzada fuera.
Debería haber sido capaz de hacerlo. Debería haberlo tenido claro para poder hacerlo sin vacilar. Lo de la capital real no fue más que un mal sueño, el resultado de pulsar simplemente los botones en el orden equivocado.
Por eso quería reunirse con Emilia ahora. Sabía lo que tenía que hacer.
Tenía que salvarla. Estaba en peligro. Era su momento, como lo había sido antes.
Siempre había sido así. Esta vez también sería así. Todo saldría bien. Subaru sería redimido a los ojos de Emilia. Ella aceptaría que estaba equivocada, que todo saldría bien sólo si Subaru estaba allí con ella. Le permitiría volver a estar a su lado.
—¡Ja… ja… ja!
Le faltaba el aire. Le dolían los pulmones. Sus miembros, sobrecargados, crujían. Su cuerpo gritaba de dolor.
Pero no podía quedarse ahí parado. Si lo hacía, eso le alcanzaría. Algo irracional le perseguía por detrás.
—Mierda… Mierda, mierda… ¡Mierda!
Quería encontrarse con Emilia. Quería que ella le sonriera. Quería que Rem fuera amable con él. Quería acariciarle la cabeza. Echaba de menos y adoraba los insultos de Beatrice y los desprecios de Ram. Las excentricidades de Roswaal y el hecho de que Puck hiciera girar el mundo a su alrededor tranquilizaron el corazón de Subaru.
… Desearía no haberse ido nunca.
Se había dirigido a la capital real, pero el tiempo que había pasado allí, y la propia capital real, eran la raíz de todos los males.
Reinhard. Felt. El Viejo Rom. Ferris. Wilhelm. Julius. Anastasia. Al. Priscilla. El Consejo de Ancianos. Los Caballeros. Uno tras otro surgieron en el fondo de su mente, todos ellos objetos de odio en aquel momento.
… Te maldigo. Sufre y muere dolorosamente.
Si no fuera por ellos, Subaru nunca se habría perdido de vista a sí mismo. Si se hubiera reconciliado con Emilia, volviendo a vivir sus días en paz, habría obtenido la felicidad perfecta.
Todo se le había escapado de las manos. Por eso estaba allí para recogerlo todo.
—¡Sólo un poco más… y volveré…!
Sus pulmones ardían de agonía. Subaru apartó los ojos de los remordimientos que formaban grietas en su corazón mientras corría.
Lo que le mantenía con vida era maldecirlo todo y confiar en que lo que deseaba estaba más allá de esas cosas malditas.
—… Aa.
Durante todo ese tiempo Subaru había estado mirando al suelo mientras corría, y cuando ya casi no podía respirar, levantó la cabeza.
El paisaje que bordeaba la carretera había empezado a cambiar con respecto a lo que había estado viendo mientras corría. Los huecos entre los árboles se ensanchaban y entre ellos aparecían las huellas naturales del trabajo humano. Cuando divisó la pendiente ascendente de una colina que le resultaba familiar, una voz ronca de alegría salió de la boca de Subaru.
Podía ver humo blanco que se elevaba por encima de la línea de árboles y que venía del otro lado del humo.
Tal vez fuera de la cocina, o tal vez fuera del agua de la bañera hirviendo, pero en cualquier caso, salía vapor, producido por manos humanas.
La aldea. Al otro lado de la colina estaba el pueblo de Earlham, el más cercano a la mansión.
—… Uff… ff.
Hasta ese momento, sólo los rostros de la gente de la mansión habían adornado el fondo de su mente, pero ahora se imaginaba a los aldeanos que tanto había echado de menos. Entre ellos estaban los niños muy insistentes y los adultos asombrosamente despreocupados. Eran las buenas personas que habían acogido las cosas triviales que Subaru había traído a este mundo sin reírse de ellas como si fueran absurdas.
Echaba tanto de menos sus caras sonrientes que su recuerdo casi le hacía llorar.
No sabía por qué los había olvidado. Era la prueba viviente de que Subaru había estado en este mundo. Él los había salvado. Podrían haber sido aniquilados si no hubiera sido por él. Fue la hazaña de Subaru. ¿Había algún otro resultado de sus acciones del que pudiera sentirse tan orgulloso?
Con el pilar que le sostenía justo delante, los pasos de Subaru se aceleraron.
El humo blanco que se disipaba casi desapareció con el viento. Subaru siguió adelante, como si temiera eso mismo. Allí había alguien. Personas que conocían a Subaru, personas que sabían lo que valía, definitivamente estaban allí.
Ese momento fue suficiente. Quería una prueba de que alguien se preocupaba por él, de que alguien le tenía afecto.
Corrió. Esprintó colina arriba. Cuando se acercó a la cima de la ladera, por fin pudo ver la fuente del humo blanco. Subaru subió a la cima, utilizando la manga para secarse el sudor que le resbalaba por la frente, y miró alegremente hacia el pueblo.
… Y entonces, la pesadilla finalmente lo atrapó.
4
Cuando Subaru corrió hacia la entrada de la aldea, su mirada se desvió para encontrar al primer ciudadano que pudo. Fue entonces cuando frunció el ceño, sintiendo que algo iba mal.
En el momento en que sus piernas se detuvieron, la tensión acumulada en su corazón y sus pulmones se abatió sobre él. Jadeaba una y otra vez, tosiendo saliva, y se esforzaba por dejar que su cuerpo se recuperara mientras sus ojos escrutaban la zona.
A primera vista, pensó que no había ocurrido nada extraño en el pueblo.
El aire de aquella mañana era muy fresco, suficiente para despertar a una persona somnolienta.
Era un día tan claro y soleado y, sin embargo, no podía sentir a nadie en el pueblo.
Al haber estado despierto hasta tan tarde, Subaru no se dio cuenta de que aún era muy temprano, lo suficiente como para que la gente aún estuviera durmiendo. Bajó los hombros ante los aldeanos dormilones y siguió adelante, buscando la causa del humo blanco.
Si buscaba la fuente, seguramente tropezaría con alguien.
—…
Pero las esperanzas de Subaru fueron en vano. No se encontró con una sola cara.
Cuando casi había llegado a lo que estaba ardiendo, aún no había visto a nadie.
Lo que había sido un incendio seguía ardiendo débilmente, causando el humo, pero no podía sentir la presencia de nadie.
Fue entonces cuando Subaru no se sintió acosado por vagas ansiedades, sino por otras muy tangibles.
Por razones ajenas al cansancio, su respiración y sus latidos se aceleraron. Con su cuerpo reaccionando a ese pánico, Subaru golpeó la puerta de una casa cercana. No hubo respuesta.
Cuando entró corriendo, era un cascarón vacío. No había nadie.
Tal vez toda la familia estaba fuera haciendo las tareas del campo… No, no podía descartar la situación con una broma tonta.
Se apresuró a entrar en la casa de al lado, buscando gente. No había nadie. También estaba desocupada.
Un escalofrío amorfo se apoderó de él. Subaru, dándose cuenta de que se parecía mucho a lo que había sentido cuando se encontró con las figuras en el bosque, casi se perdió mientras seguía buscando desesperadamente una presencia humana.
—¡…!
Gritó lo suficiente para que su voz se volviera ronca, golpeando una casa tras otra, sin importarle que se estuviera partiendo las uñas.
El resultado no fue más que silencio. Subaru, solo en el mundo, se desplomó en el suelo, impotente.
Por muy a menudo que se encontrara con ellas, no podía acostumbrarse a esas situaciones incomprensibles. Naturalmente, lo mismo ocurría con los acontecimientos sin sentido que sí comprendía.
Abandonado por todos, sus perspectivas sombrías, todas las vías de escape cortadas. Este siempre fue el futuro de Natsuki Subaru.
—…
Habiendo perdido la cuenta de cuántos suspiros había lanzado, Subaru lanzó uno más al decidir que seguir buscando no tenía sentido. No importaba cuántas veces mirara por el pueblo, no encontraría a nadie. No quedaba nadie.
Subaru se levantó, se sacudió el trasero e intentó no resbalar en el suelo embarrado mientras avanzaba. Aunque no había rastro de lluvia, había barro por todas partes. Había perdido pie y había tropezado varias veces cuando corría por el lugar. Así que Subaru evitó el barro, esquivó cualquier cosa que pudiera hacerle tropezar y se dirigió al centro de la aldea, en dirección al humo blanco.
El fuego que había provocado el humo ya estaba apagado. Los restos humeantes estaban casi extinguidos. Subaru bajó suavemente la mirada, observando distraídamente los restos.
No había nada extraño que ver, salvo el cadáver carbonizado del anciano del que salía humo blanco.
—…
Subaru se rascó la cabeza, apartando la escena de su mente mientras caminaba hacia la salida de la aldea. Si no había nadie dentro del asentamiento, no tenía sentido quedarse allí. Tenía que darse prisa en llegar a la mansión.
Rodeó el cadáver descuidadamente esparcido de un joven, caminando con cuidado para no resbalar en el barro ensangrentado. Dejó a un lado los cadáveres de la joven pareja, apilados uno sobre otro, y al entrar en la plaza del pueblo pasó justo al lado de la anciana que yacía boca arriba.
Subaru buscó cualquier señal de vida entre los numerosos muertos que había, buscando cualquier salvación, cualquier persona que pudiera pronunciar su nombre.
Pero su esperanza no se cumplió, pues la inactividad era lo único que le quedaba.
Demasiados rodeos. No había cumplido su intención original, y éste era el resultado. Se había tomado demasiado tiempo, y la futilidad fue su recompensa. Todo en aquel lugar era en vano. No había nada allí que no lo fuera, Subaru incluido.
—…
Abandonándolo todo por inútil, arrastró los pies aturdido mientras cruzaba la plaza del pueblo. Al hacerlo, su pie se enganchó bruscamente en algo, haciendo que el muchacho, medio inconsciente, cayera hacia delante.
Gruñendo por el dolor de caer sobre su hombro, Subaru miró reflexivamente lo que había enganchado su pie.
… Y así, se encontró con los ojos vacíos y sin visión de Petra.
—¡¡¡AAAAaaaaaaa…!!!
5
No podía escapar.
Subaru lloró y gritó hasta que su voz temblorosa se volvió ronca, un torrente de lágrimas cayendo mientras envolvía con sus brazos los restos de Petra, tirados en el suelo.
Hacía tiempo que el calor había desaparecido del cuerpo de la niña. Se había instalado el rigor mortis. El cuerpo de una persona inconsciente debería haber sido pesado, pero incluso teniendo en cuenta la juventud de Petra, su cuerpo era demasiado ligero.
Probablemente se debía a toda la sangre que había manado de la herida abierta en su pecho.
Petra había muerto con los ojos abiertos y expresión de sorpresa. El único consuelo que podía encontrarse era que la ausencia de dolor o sufrimiento en su rostro significaba que había muerto instantáneamente cuando le atravesaron el corazón. Después de todo, no había razón para que muriera con un enorme agujero en el pecho y encima sufriera una agonía.
Subaru depositó el cadáver de Petra en el suelo y la cubrió con su sudadera, el único funeral que podía ofrecerle. Había intentado cerrarle los ojos, pero con el cuerpo ya rígido, no podía concederle ni siquiera esa pequeña misericordia.
Rezando para que Petra descansara en paz, Subaru tembló mientras le daba la espalda… Siguió apartando la vista de la escena infernal en la que se había convertido la familiar aldea.
La causa del humo blanco era el cuerpo carbonizado de Muraosa. Sin duda, los jóvenes habían luchado con las espadas que tenían. Había armas y aperos de labranza desperdigados, con la sangre de los aldeanos asesinados empapando la tierra desnuda a su alrededor.
La muerte se había abatido sobre la aldea. Todo había terminado mucho antes de que llegara Subaru.
Demasiado tarde, Subaru era ahora la única persona testigo de los resultados de la tragedia que se abatía sobre aquel lugar. Levantó ambas manos, como suplicando que alguien, cualquiera, las tomara.
¿Qué pasó?
¿Qué ocurrió? ¿Qué cosa terrible y horrible había ocurrido? ¿Quién había violado la aldea en una despiadada matanza de sus inocentes habitantes, pisoteando su dignidad incluso en la muerte?
Nadie seguía respiraba. No quedaba ni una sola persona con vida.
Un recuerdo de días olvidados surgió en forma de voz despreocupada.
—Oh, Subaru-sama. Buenos días. ¿Otra vez aquí para jugar con los niños?
Recordaba las voces descaradas, ruidosas, cariñosas y muy insistentes de los niños pequeños.
—¡Subaru está aquí!
—¡Subaru vino!
—¡Subaru está solo!
Una chica tenía pretensiones de adulta al hacer una descarada promesa sobre el futuro.
—Ejeje, Subaru es el que me salvó la vida, así que cuando sea más grande, voy a devolverle el favor.
Ya no podía verle la cara. Ahora su sudadera la cubría.
No quedaba nadie. Sus recuerdos habían sido pisoteados, triturados, desechados, perdidos.
No se estaba hundiendo. El líquido manaba de cada cavidad de su cara. Ya fueran lágrimas, mocos o babas, había perdido la voluntad de contenerlo mientras seguía mancillando su rostro.
—… Aaa.
Entonces, mientras Subaru se revolcaba vergonzosamente, prácticamente ahogándose en lágrimas, llegó a comprender algo demasiado tarde. Por fin comprendió lo obvio.
No había ninguna razón para que la insensata tragedia se detuviera en los límites del pueblo.
—…
Un escalofrío peor que cualquiera anterior recorrió todo el cuerpo de Subaru.
Desde que Subaru había caído en ese mundo, varias veces había superado crisis mortales.
Incluso entonces, nunca había conocido el miedo y la desesperación como en ese momento.
… La desesperación de que, en algún lugar fuera de su alcance, las personas preciosas para él habían sido arrebatadas.
Le castañeteaban los dientes hasta la raíz. Sus ojos, doloridos de tanto llorar, veían poco, pero alzó su limitado campo de visión hacia el cielo. El claro éter azul parecía inocente frente a la tragedia que había debajo. Y bajo ese cielo, la mansión aguardaba.
Ese lugar al que tanto había deseado volver, que había anhelado, el lugar que tenía prácticamente ante sus ojos, era ahora demasiado aterrador para contemplarlo.
Pero lo que había convertido el pueblo en un infierno seguramente no había pasado por alto la mansión.
—… Ah, ahh.
Estaba asustado. No podía evitar estar asustado.
No quería pensar en la posibilidad de que ese «algo» hubiera destrozado la mansión. Temía que si lo pensaba, y más aún si lo decía en voz alta, se hiciera realidad.
Sacudió la cabeza, desechando las temibles imágenes. Pero aunque Subaru trató de alejarlas del fondo de su mente, una de ellas se aferró obstinadamente, susurrándole al oído, negándose a ser olvidada.
Por eso Subaru se aferró a ella, el medio más bajo para escapar. Si podía expresar incluso la posibilidad, la posibilidad de que algo le hubiera ocurrido a ella, entonces…
—¿Rem…? Rem… ¿dónde estás…?
Era el nombre de la chica que debería haber llegado antes que él, la chica que le había cuidado, que se había acurrucado con él, que le había afirmado y que al final le había traicionado.
Subaru sabía instintivamente lo que significaba pronunciar su nombre. Y sabiéndolo, de igual modo Subaru había decidido hacerlo.
En nombre de la preocupación por la seguridad de Rem, estaba engañando a su corazón con los medios más sórdidos.
—Si Rem volvió… No se quedaría de brazos cruzados después de lo que le pasó al pueblo…
Excusas.
Era otra excusa, dicha en un lugar donde estaba solo, y ni siquiera le engañó.
Era el peor. Era lo más bajo de lo bajo.
No quería entenderlo, pero lo hizo.
Si podía expresar la posibilidad de haber perdido a la chica que le importaba y la posibilidad de que su propio corazón se rompiera, ¿por qué no ofrecer un sacrificio para no tener que hacerlo?
Subaru se contaba a sí mismo tales mentiras para poder fingir que no veía su propio corazón, demasiado falto de escrúpulos.
Sintió que la agradable sonrisa de la chica de cabello azul, la calidez de su abrazo contra él, su voz pronunciando el nombre de Subaru, se alejaban cada vez más.
—Así es… Rem… Rem puede… Rem…
Subaru empezó a tambalearse desganado por el camino hacia la mansión. Arrastró los pies, dejando atrás los restos de Petra y los cadáveres de los aldeanos, tapándose los oídos para bloquearlo todo.
Aún no sabía lo que le esperaba. Pensaba tanto que no quería saberlo como que necesitaba saberlo, pero no tenía valor para correr a averiguarlo.
Subaru subió despacio, muy despacio, por el sendero ascendente, aferrándose al nombre de la chica como si fuera el pilar que sostenía su corazón mientras caminaba hacia la mansión.
… Rem estaba muerta en el patio.

6
El patio que había visto muchas mañanas se había convertido en un infierno como nunca había visto.
El pequeño pero vivo parterre había sido pisoteado y los árboles que rodeaban la mansión habían sido talados, partidos por la mitad.
La hierba verde se había teñido de negro por la sangre, y al cadáver postrado se unían los restos de varias figuras vestidas de negro. Todos mostraban signos de haber sido sometidos a una violencia increíble, y muy pocos permanecían relativamente enteros. El espantoso daño de los restos superaba lo que había visto en la aldea de Earlham, sin duda prueba de la gran rabia que había detrás del arma homicida que había convertido a estas desafortunadas víctimas en carne picada.
La mortífera herramienta que había causado tantos estragos entre ellos, una bola de hierro manchada de sangre, yacía caída entre las oscuras figuras del centro del jardín. El orbe metálico, unido a un mango mediante una cadena, había destrozado a varios enemigos, pero en medio de la batalla, su dueña había renunciado de algún modo a su empuñadura; parecía lamentar no haber podido luchar junto a ella hasta el final.
Y en cuanto a la oni que presumía que la había blandido con una sola mano en una feroz batalla…
—… Rem.
… hacía tiempo que se había ido de ese lugar.
En un rincón del patio, a poca distancia del arma de hierro, estaba Rem, con su uniforme de sirvienta teñido de rojo carmesí. La superficie del suelo donde había caído estaba empapada de una gran cantidad de sangre que hablaba del heroísmo de su muerte.
—…
Mirando el gran número de cadáveres además del de Rem en el patio, lo supo. Ella había luchado. Los colmillos que habían masacrado a los aldeanos habían amenazado la mansión con malas intenciones. Ella había luchado duro para derrotar a varios de ellos, había batallado mientras estaba gravemente herida y había muerto.
—…
¿En qué había pensado el grupo de figuras negras al matar a Rem?
¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué, por qué, por qué, por qué?
¿Qué sabían de ella? Rem se esforzaba al máximo, siempre trabajaba duro, siempre cuidaba de los demás, sacaba demasiadas conclusiones precipitadas, era amable y gentil y severa con Subaru; cuando los tiempos eran difíciles, estaba de su lado, pero le había dejado atrás; quería a su hermana y se odiaba a sí misma, pero acababa de empezar a gustarse un poco más, y… Justo cuando había dejado de llamarse a sí misma sustituta de su hermana mayor, justo cuando había empezado a recorrer su propio camino en la vida…
—… Rem.
Aunque él la llamó, ella no respondió.
Aunque la sacudió, su cuerpo ya se había vuelto frío y duro. Intentó acariciarle varias veces el suave cabello, pero se le pegó a la frente, pegajoso de sangre.
Subaru ni siquiera tuvo el valor de darle la vuelta y ver la expresión de su cara.
Tal vez su expresión era amarga, encerrada en sí misma mientras luchaba contra la muerte hasta su último aliento. Tal vez era pacífica. No tenía derecho a aceptar ninguna de las dos cosas.
Después de todo, fue Natsuki Subaru quien casi la mató.
—…
Dejó a Rem, caída con los brazos abiertos a los lados, cuando se fijó en el cobertizo que contenía herramientas de jardinería.
La ubicación antinatural de Rem. El cobertizo que parecía estar protegiendo. Y la sangre que había manado de debajo de la puerta cerrada. A pesar del olor a muerte, Subaru reprimió las náuseas mientras se acercaba al cobertizo.
Con un creak, la puerta se abrió; al instante siguiente, el olor a sangre desbordada asaltó las fosas nasales de Subaru. Por reflejo, se tapó la boca con las manos al ver los resultados del intento de defensa de Rem.
… Ni uno solo de los niños que estaban dentro del cobertizo seguía vivo.
Subaru cayó al suelo y se arrastró patéticamente sobre la hierba, vomitando el contenido de su estómago sobre el césped. Pensó que sus lágrimas y vómitos desbordantes se detendrían, pero no había límite aparente.
—Uh, fuggh…
Rem había muerto para proteger a los niños y fracasado.
Pensó en los aldeanos que aparentemente habían tomado armas y luchado. Tampoco habían huido. Los adultos se habían quedado en el pueblo para que los niños pudieran escapar. Los pequeños habían huido a la mansión, con Rem luchando heroicamente en el patio para protegerlos mientras ellos se acurrucaban en el cobertizo cerrado, rezando por la salvación.
Pero sus oraciones fueron pisoteadas cruelmente, sin piedad, y luego también les arrebataron la vida.
—Hyeek.
De repente, un grito en falsete escapó de su garganta.
No es que hubiera pasado nada. Simplemente, el terror olvidado había vuelto a asomar su fea cabeza.
Subaru había vuelto al pueblo y a la mansión con la esperanza de encontrar a alguien que le conociera. No obstante, no quedaba ni un alma viva. Sólo los muertos silenciosos saludaban a Subaru.
Sintió que aquellos ojos vacíos y huecos le decían algo. Sintió que las lenguas ensangrentadas de sus bocas anchas y abiertas le reprendían. Sintió que le odiaban. Recordó los días que habían pasado compartiendo sonrisas.
—¡No…! ¡No, no, no, no…!
… ¿Por qué estás vivo?
… ¿Por qué tuvimos que morir nosotros?
—No… No lo es… Esto no es lo que quería…
Había tenido un ideal. Había soñado con una esperanza.
Cuando Subaru se enteró de que Emilia había caído en desgracia, pensó que era una bendición del cielo. Como ella había perdido toda la fe en él, creyó que era su oportunidad de volver a caerle en gracia. Creyó que la salvaría del peligro como había hecho antes, que ella se lo agradecería y que dejarían atrás sus escasas diferencias para caminar juntos, de la mano.
Había menospreciado el sufrimiento, el peligro, la tragedia que había ocurrido como nada más que un medio para ese fin. Se lo había tomado a la ligera, creyendo que podía arreglar cualquier cosa, pasara lo que pasara.
Y si el costo de eso era un gran número de cadáveres…
—No… no es culpa mía… ¡No lo es…!
Subaru sacudió la cabeza, se puso en pie, apartó la vista del cobertizo, dio la espalda al cadáver de Rem y corrió hacia la mansión. Atravesó el patio, pateó una ventana de la terraza y trepó por ella para inmiscuirse en la mansión. La mansión, tenuemente iluminada, pareció tratar a Subaru como a un extraño mientras las suelas de sus zapatos aplastaban fragmentos de cristal. Comenzó a correr alrededor del edificio, aferrándose obsesivamente a la búsqueda de otra alma viviente.
—Alguien, alguien, alguien, alguien, alguien, alguien, alguien, alguien…
Igual que cuando había huido de la aldea, de él seguían brotando las más pequeñas chispas de esperanza.
—No es mi culpa… No es mi culpa… ¡No es mi… culpa…!
… Yo no quería que esto sucediera. Así que no es mi culpa.
Quería que alguien estuviera vivo para ponerse de acuerdo. O tal vez, el hecho de que alguien hubiera sobrevivido sería suficiente para confirmar su afirmación. Así que Subaru siguió buscando supervivientes.
Tenía que encontrar uno. Si no podía, nunca sería capaz de vivir consigo mismo.
Ahora que se enfrentaba a la noción de que sus propios pensamientos frívolos habían provocado esta tragedia, no había forma de que pudiera mantener la compostura. Para evitar que su mente se hiciera añicos y no tener que soportar la carga de la multitud de muertos, necesitaba una defensa más tangible.
Abrió violentamente de un empujón la puerta de la habitación más cercana y, al asomarse, la encontró vacía. Abatido, se dirigió a la habitación contigua. Comprobando la habitación más cercana, Subaru siguió buscando a las cuatro personas que deberían haber estado en la mansión: a Ram, a Beatrice, a Roswaal y, sobre todo, a Emilia.
La voz medio llorosa de Subaru llevaba una pesada huella de desesperación.
—Vamos… Vamos… Te lo suplico… Ayúdame… ¡Ayúdame, por favor…!
Normalmente, Subaru habría podido llegar fácilmente a la biblioteca de libros prohibidos de Beatrice, incluso sin intentarlo. Sin embargo, cuando más lo necesitaba, era incapaz de encontrarla por mucho que buscara.
Deseaba oír los improperios de su afilada lengua casi más que el propio aire.
Subaru, arrastrando los pies de forma poco varonil, aún tenía lágrimas rodando por sus mejillas.
Distraído por las respiraciones sollozantes, Subaru siguió caminando en busca de los vivos, sus propios ojos como los de los muertos.
… Encontró el cuerpo de Ram en la habitación al final del segundo piso.
Al haber visto tanta muerte en tan poco tiempo, Subaru supo de inmediato que no estaba dormida mientras yacía en la cama.
Su piel clara se había vuelto tan pálida que casi se podía ver a través de ella. En contraste, sus labios destacaban por ser más rojos de lo normal. A diferencia de cómo había fallecido su hermana menor idéntica, Ram, adornada por la capa de maquillaje que otorgaba la muerte, era encantadora incluso después de su fallecimiento. Subaru siempre había dicho con desparpajo que sería bella si mantuviera la boca cerrada.
… Pero nunca lo había dicho por el deseo de verla así.
—Hgheee.
A Subaru le pareció oír una maldición. La misma maldición sobre la vida de Subaru pronunciada por los muertos de la aldea y el patio.
Subaru salió torpemente de la habitación de Ram y huyó. Apoyó las manos en la pared, golpeándose las rodillas que no cooperaban, y se distanció tan rápido como le fue humanamente posible.
Cerrando los oídos, sacudiendo la cabeza, Subaru llegó al salón de baile de aquel piso. Se arrastró a gatas, tropezando varias veces a mitad de camino, y subió patéticamente las escaleras.
Ram estaba muerta. Quedaban tres supervivientes. Como si tuvieran mente propia, sus pies evitaron el suelo donde estaba la habitación de Emilia y subieron al nivel superior, hacia la cámara situada en el centro del ala principal.
Éste era el estudio de Roswaal. Las gruesas puertas dobles permanecían cerradas en silencio, su formidable solemnidad las hacía parecer alejadas de la maldad que había infestado el resto de la mansión.
Las puertas no estaban cerradas. Entró y miró a su alrededor, sintiéndose medio resignado ante la posibilidad de encontrar el cadáver de Roswaal desplomado sobre el escritorio.
Rem estaba muerta. Ram había fallecido en la mansión. El propio Subaru ya no estaba seguro de si realmente buscaba supervivientes o encontrar la desesperación que erradicaría su última esperanza.
—…
No había nadie en el estudio.
No había señales de que nadie hubiera entrado en la habitación. El escritorio y el material de escritura estaban tal como los recordaba.
Un ligero sentimiento de alivio se apoderó de Subaru, no sólo porque no podía confirmar si Roswaal estaba vivo o muerto, sino también porque no habría otra baja que pesara más sobre su maltrecha conciencia.
—¿…?
No, se dio cuenta de que su sensación anterior, de que la habitación era igual a como la recordaba, era errónea. De hecho, había una cosa que era significativamente diferente de su memoria. A saber, la estantería no estaba en el mismo lugar de siempre.
—¿Un pasadizo… secreto…?
La estantería de la pared se había deslizado bien a la derecha, revelando la entrada a un oscuro pasillo tras ella. Se acercó tímidamente y se asomó al interior, encontrando unas escaleras que descendían en espiral.
Un pensamiento surgió en el fondo de la mente de Subaru.
Una ruta de escape de emergencia.
Como marqués y señor de la tierra, no era de extrañar que Roswaal dispusiera tales medidas para su propia protección. Era el tipo de cosas que organizaba alegremente de antemano.
El viento frío que soplaba por el pasadizo secreto sugería que continuaba bastante abajo. Naturalmente, imaginó que la ruta era para escapar con seguridad de la propia mansión.
—Si es así, entonces Emilia…
Subaru respiró hondo varias veces, endureció su resolución y se adentró en la vía de escape. Cuando tocó la pared, bastante fría, se preguntó de qué estaría hecha; al hacerlo, desprendió un resplandor azul pálido que le permitió ver varios metros por delante. Confiando en la luz, mantuvo una mano en contacto con la pared mientras seguía con cuidado los escalones hacia abajo, asegurándose de no resbalar.
Al parecer, el pasadizo oculto era subterráneo. Cuando llegó al final de las escaleras, el túnel se extendía hacia delante en línea recta. La fuente de luz no cambió, dejándole depender únicamente del resplandor de las paredes. Pero la sensación de que realmente estaba persiguiendo supervivientes fue suficiente para apoyar a Subaru por el momento.
Ahora le parecía ambiguo si él mismo estaba vivo o muerto.
—… ¿Nn, oh?
La pared que había estado tocando terminó de repente, dejándole bruscamente a tientas en el aire.
Subaru avanzó sin darse cuenta y fue recibido por una sala en medio del pasadizo.
En realidad, tenía más el tamaño de un salón que de un vestíbulo. Más pequeño que una habitación de invitados, el espacio estaba sostenido por pilares distribuidos de forma desigual, tan desordenados que le pareció que el arquitecto tenía una mente retorcida.
Deslizándose entre los molestos soportes, Subaru avanzó perezosamente. Desde que había pasado a la clandestinidad, sentía como si sus miembros estuvieran rellenos de plomo, mientras la languidez embotaba sus movimientos. Incluso sus pensamientos se nublaban; hasta sus recuerdos de apenas unos segundos antes parecían vagos.
Era una dura batalla dar un solo paso cada vez. Le pesaban los párpados; sentía ambos hombros como piedras de molino que le mantenían inmóvil. Aun así, una combinación de tenacidad, odio, sentido del deber y locura empujó el cuerpo de Subaru hacia delante.
Enhebrándose entre los pilares, siguió recto hasta ver una puerta de hierro al fondo de la sala. Cuando llegó a ella, la brisa que se deslizaba entre la hendidura del centro le indicó que el camino continuaba adelante.
… ¿Qué estaba buscando?
Extendió la mano con la punta de los dedos sin sangre antes de que sus estancados pensamientos pudieran producir una respuesta. Subaru abrió y cerró la boca mientras respiraba con dificultad, aferrándose a la puerta sin otra razón que su sentido de la responsabilidad.
—… ¡Agauaa!
Gritando de dolor, Subaru sacudió el brazo derecho como si quisiera arrancárselo. Tocar el pomo de la puerta le había dejado toda la mano escaldada. Subaru anticipó más agonía mientras bajaba los ojos hacia su mano derecha.
… Vio que le faltaba el dedo índice.
—… ¿Huh?
Anonadado y estupefacto, Subaru levantó la mano ante sus ojos y la extendió. Ahora de color blanco, con la piel agrietada, le faltaba el dedo índice desde el nudillo. Al dedo corazón y al pulgar también les faltaban las puntas.
—…
Lentamente, su mirada volvió a la puerta. Los dedos de Subaru estaban pegados a la puerta por donde la había agarrado.
Más concretamente, le había arrancado los dedos.
… Tengo que ponerlos donde van, rápido.
Con sólo ese pensamiento incoherente en la cabeza, Subaru volvió a alargar la mano para recuperar los dedos que había perdido. Pero el letargo afligía su cuerpo aún más que antes; sus pensamientos le llegaban al hombro y al codo, pero no más allá. Impaciente porque su brazo no se moviera, Subaru intentó dar un paso hacia la puerta, pero en el instante en que lo hizo, su pie derecho se hizo añicos desde el tobillo hacia abajo.
—… ¡Aaaa!
Subaru cayó de costado, con la voz escapándosele de la garganta aunque era incapaz de formar palabras. No sabía si gritaba de dolor o en una lucha inútil por vivir.
En el instante en que tomó aliento para gritar más, una escarcha blanca le llenó el interior del pecho y ya no pudo moverse.
Sus pulmones se convulsionaron. En un solo instante, su capacidad para respirar llegó a su fin. Daba pequeños y superficiales jadeos, pero sus pulmones ya no podían expandirse ni absorber oxígeno. En ese peligroso estado, sólo los ojos de Subaru se movían desesperadamente de un lado a otro.
Apenas sentía nada en todo el cuerpo. Era la segunda vez que perdía una pierna, pero el dolor y la sensación de pérdida que le producía su destrozo eran de un nivel distinto al de la mera amputación. El lado derecho de su torso, ahora la parte inferior de él, estaba agrietado en varios lugares.
Su lengua dejó de temblar cuando un aliento blanco se apoderó de ella. Sólo entonces Subaru se dio cuenta de la verdad.
Su mejilla estaba ahora en contacto con el suelo. Si movía la cabeza, su carne probablemente se agrietaría y se desgarraría. Ya no sentía dolor. Se movió violentamente, arrancándose la mejilla derecha y la oreja, pero no le importó. Pasó un rato recolocando su cuerpo de forma que quedara boca arriba. Cuando volvió a mirar la vista invertida de la pequeña habitación, lo comprendió.
Por supuesto, los pilares estaban en lugares irregulares. No eran pilares en absoluto. No, sí lo eran, pero su función no era sostener una estructura.
Eran pilares humanos, hombres que se habían congelado y habían muerto.
Subaru había entrado en el mismo apocalipsis blanco, y su cuerpo se convertiría en una estatua congelada como el de las otras víctimas. Y ocurriría muy pronto.
Su respiración ya se había detenido.
Su limitado oxígeno fluía hacia su cerebro, pero en el mundo del frío absoluto, ¿qué acabaría antes, sus funciones cerebrales o su vida?
No entendía nada. No vio nada.
Desde la punta de sus dedos, el ser llamado Natsuki Subaru llegaba a su fin, sustituido por un fragmento de hielo.
¿O quizás habría sido más exacto decir que Natsuki Subaru ya no estaba allí, sino un loco que llevaba su carne?
Tal vez su mente había muerto mucho antes, en el momento en que llegó a la aldea.
Perdió la sensibilidad en la parte inferior del cuerpo. Ya no podía ver su brazo. Era extraño que su cerebro funcionara. ¿Dónde residía la vida? ¿En el cerebro o en el corazón?
Era imposible que encontrara la respuesta en aquel mundo helado.
En el reino gobernado por nada más que el blanco, había un murmullo gélido.
—… Llegas demasiado tarde.
Y entonces…
… Natsuki Subaru se rompió en pedacitos, en cristales blancos, y desapareció del mundo.